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EL SIMULACRO DEL LA AUTOFICCION EN LA NARRATIVA ACTUAL* ANa Casas Univeidad te Akal 1, EL DEBATE TEORICO EN TORNO A LA AUTOFICCION: BREVE RECORRIDO Pocas veces ha podido situarse el origen de ug, concep- to en una fecha tan precisa como en este caso: (97) eselaio en el que el escritor y profesor francés Serge-Boubrovsky inventa el neologismo “autoficcién” para definir su novela Fils como una “ficci6n de acontecimientos estrictamente reales". Efectivamente, ta memoria de un narrador lamado Serge Doubrovsky se inserta cn una trama imaginada: una sesion de psicoandlisis que nunca ha tenido lugar, pero que sirve de marco desde el que fluyen los deseos, los temores y Ios recuerdos del personaje, que si son reales. Para su autor ‘no se trata, pues, de una autobiografia; al contrario, en la con- tracubierta del libro, Doubrovsky apuesta por la existencia de un género mestizo en el que, contradiciendo a Philippe Lejeune, sies posible que un héroe de novela lleve el mismo {yo nombre que el autor: ¢s decir, el pacto de ficcién sf es com- hak, patible con la identidad de nombre entre autor, narrador y personaje (cosa que Lejeune, en su fundamental ensayo “t “El pacto autobiogréfico” no veia factible)!. Esa es la razon + F1 presente estado forma part del proyecto “Figuraciones del yo 1 repretentaciénautfieomal ea nats, tine, teat Yovclagafca en "EX mateo de in corn dels generes" dentro del Subprogram Ran y Cal nea 06) 3001. "El abajo de Philippe Lejeune, “Le pace auobiographique” ep ‘ls iniciimemte en 1973,enel mimeo 1 de revista Pia nea tho mere, en 1975, lino LePage (Paria, Sel) El Lejeune proponta une novedosaconcepaniiacon de la autobiograaba- da 10 AKA CASAS de que, retomando de nuevo las palabras de Doubrovsky, la suya sea una “ficcién de acontecimientos y de hechos es- trictamente reales; sise quiere [una] autoficcién”® Desde 1977, especialmente a partir de finales de la dé- cada de los ochenta, el término se ha popularizado de ma- nera ostensible y se usa ya por doquier, tanto en las aulas universitarias como en Ambitos no académicos. Seguramen- te su popularidad se ha visto alentada por la proliferacién, yacveces el éxito, de textos de dificil clasificacién genérica, no siendo del todo ajeno el interés comercial de las edito- riales que, apelando a la curiosidad del lector, con frecuen- cia invitan a hacer una lectura mas 0 menos autobiogritica de ciertas obras, En Espaiia, por ejemplo, dio mucho que ha- blar Todas las almas (1989), de Javier Marias, en cuya prime- ra e¢icién el redactor de la contracubierta sugeria, aunque de manera bastante ambigua, la identificacién del narrador innominado con el autor empirico, lo que geners no pocas lecturas en clave de la obra con los consiguientes desmenti- dos por parte del propio Marias, que no se cans6 de reivin- icar la naturaleza puramente novelesca de su relato*. Por otra parte, Ia generalizacién del término ha acabado convirtiendo la autoficcién en una suerte de cajén de sastre. En él caben las autobiografias que utilizan formas poco ha- bituzles (como Infancia y Juventud, de J. M. Coetzee, narra das en tercera persona y en presente narrativo) o aquellas ssindese en los criterias de identidad y de pacto de lectura; en el cuadro re surgia de combina’ las cuatro posbildades (identidad /alteridad entre autor, narrador y personaje, y pacto referencial/pactofiecional) lamba la datenen la presencia de una casilla vacia endo se enuzaba el pacto nove- lesco i dentidad de nombre entre autor, narrador y protagonista, En ese ‘caso, Philippe Lejeune se preguntaba si“El héroe de una novela, puede te- ner elmisma nombre que el autor? Nada impide que as sca y es tal ez un contradiceién intema de la que podriamos deducir efectos ineresantes, Pero, 2m la prdcica, no se me ocurre ningtin ejemplo” (P. Lejeune, El paca utobigedfce y otras etudios,raducci6n de Ana Torrent, Madrid, Mega Endynion, 1994, p. 70) ® Serge Doubrosshy, Fibs, Paris, Gallée, 1977, contracubierta. 5 Vease especialmente "Quién escribe",en Litalurayfantasna. Madeid, Alfugeara, 200), pp. 98106. Manuel Alberca analiza la polémica recepcon de ‘esta novela en “Las vuelta autobiogrificas de Javier Maras", en Trene Andres ‘Susiresy Ana Casas (eds), Jater Maras. Madrid, Arco/Libros, 2005, pp. 4972 FL SIMULACRO DEL YO: LA AUTORICCION EN LA saRRATIVA acruaL LT que incluyen formas parédicas (por ejemplo, Los hechas, de Philip Roth, donde el paratexto deconstruye la practica auto- biografica del relato central, al presentar una carta-prélogo ‘que cl autor dirige a un personaje de ficcién y, al final, una carta-epilogo, en la que este responde afeando al autor lo que considera falsedades, vacios 0 manipulaciones de su re- ato). Pero también caben los textos autobiogréficos, donde no hay identificaci6n expresa entre autor y personaje, sino que esta solo se sugicre (Proust o Céline); aquellos otros donde la identificacidn sf se hace explicita pero en los que la presencia del autor no es protagénica (Javier Gereas en Soldados de Salamina), los que presentan una vor narradora propensa a la digresi6n y al comentario interno facilmente atribuible al autor (EL mal de Montano 0 Doctor Pasavento, de Enrique Vila-Matas), 0 incluso los relatos donde, si bien el autor aparece ficcionalizado, se incluyen suficientes rupturas de Ja verosimilitud realista como para despejar cualquier duda acerca de su estatuto novelesco ("El Aleph”, de Jorge Luis Borges, 0 El cuarto de atrds, de Carmen Martin Gaite). El propio término autoficcién alude, pues, a un hibri- dismo que admite todos las gradaciones y, por ello, resulta extremadamente labil como concepto. Bajo él encuentran acomodo textos de muy diversa indole, que tienen en comin, la presencia del autor proyectado ficcionalmente en la obra {ya sea como personaje de la diégesis, protagonista 0 no, 0 como figura de la ficcién que irrumpe en la historia a través, de la metalepsis o la mise en abyme), asi como la conjuncién de elementos factuales y ficcionales, refrendados por el para- texto, Sus margenes son, en consecuencia, la autobiografia, con respecto a la cual un buen ntimero de criticos considera Ja autoficcidn una variante o deriva posmoderna, pero tam- bién la novela, incluyendo sus manifestaciones antirrealistas. Ese es el amplio espacio que ocupa la autoficcién. Auutoficci6n y autobiografia Pero retrocedamos de nuevo a 1977. Bs a partir de esa fecha y de que Doubrovsky llame la atencién sobre sf mis- ae 12 ANA CASAS mo cuando algunas voces empiezan a aplicar el concepto “autoficci6n” a obras que s¢ estén publicando por esos atios, pertenecientes muchas de ellas a los antiguos cultivadores del Nowweatt Roman (Alain Robbe-Grillet, Nathalie Sarraute, Marguerite Duras) que por el camino de la experimentaci6n han regresado a la literatura del Yo, extendiendo -retros- pectivamente- dicho concepto a textos fundamentales del canon francés, Asf, por ejemplo, Jacques Lecarme afirma en un articulo de 1984 para la Encyclopaedia Universalis que la casilla de Lejeune no estaba vacfa desde hacfa mucho tiem po, §; para corroborarlo, aporta los ejemplos de Malraux, Céline, Modiano, Barthes y Gary Sollers, entre otros. En ese momento, Lecarme tiene muy presentes las reflexiones de Doubrovsky, pues inicialmente la entrada tenfa que aparecer bajo el titulo “Autoficci6n”, aunque el editor de la enciclo- pedia se decidié finalmente por el de *Ficcién novelesca y autobiogréfica”, ‘A pesar de que la definicién de Lecarme puede parecer excesivamente vaga, en la medida en que engloba todas las tentativas intermedias entre la autobiografia y la novela pur ramente ficcional, es una muestra de que por esas fechas el debate en torno a la autoficcién ya esté servido*, Ni tan siquiera el propio Philippe Lejeune puede sustraerse a él, por lo que en algunos de sus trabajos posteriores 2 "El pac \o autobiografico” acaba rectificando ciertos presupuestos iniciales sobre la autobiograffa ¢ incorporando el concepto de autoficcién, Concretamente, en Moi aussi asume la con- adicci6n aparente entre dos sistemas de signos (los que inducen a pensar en la obra como una novela y, al mismo tiempo, como una autobiografia), Hegando a constatar el + Jacques Lecarme, "Fiction romanesque et autobiographie", ea Uni- veralix. Encelopacia Univarals Paris, Encyclopaedia Universalis, 1984, pp. SI7418. Vésse también su aticulo “Autoficton, un mauvais gente?”, Auto- Raions & Gi, nsimero monogritica de Fitm, 6 (1994), pp, 227-249, asf como nulibto, en colnboracién con Eliane Lecarme-Tahone, Lautahiggaphe Pais, Armand Colin, 1907. Seguin Lecarme, para poder hablar de autoficcén, bas- ‘a con que haya “un relato cuyo autor, narrador y protagonista compari{a}o. la misma identidad nominal y euyo titulo genérieo indi(que] que se trata dle una novela” (*Autofiction, un mauvais genre’, op. ci, p. 227). EL SIMULACRO DEL YO: LA AUTOFICCION EN LA NARKATIVA ACTUAL 13, auge, en los tiltimos arios, de este tipo de obras’. ¥ mis ade- lante, en el ntimero monografico que la revista Ritm consa- gra ala autoficcién, dedica algunas paginas a lo que él de- nomina “lo irreal del pasado” (iréel du passé, expresién que alude al proceso a través del cual el escritor se imagina otro pasado, reclabora sus recuerdos y bosqueja distintas posibi- lidades vitales, permitiendo plasmar una identidad etéstica, susceptible de adoptar formas diversas. No obstante, si bien Lejeune admite que un buen ntimero de autobiografias in- serta en algiin momento “lo irreal del pasado”, contempla el empleo de dicho recurso dentro del marco “estable” del gé- nero autobiogréfico®. Otros autores entre ellos Doubrovsky- reivindican, en cambio, la ficcionalizacién de la experiencia en un sentido invasivo, de modo que la autoficcién acaba siendo toda ella la manifestacién de ese “irreal del pasado”. Estas consideraciones fienen mucho que ver con el cues- tionamiento de determinadas nociones en relacién con la autobiografia, por ejemplo, la autenticidad y la sinceridad que @ esta se le suponen, muy en boga precisamente a fina- les de los 70, Pero también se relacionan con la actitud que, desde el Romanticismo hasta la Postodernidad, ha marcado la evoluci6n de la representaci6n literaria del yo, caracteriza- da por el creciente escepticismo frente a la verdad personal la conciencia que el individuo tiene de sf mi ;ptica, resulta capital la contribucion del psicoanilisis, al sis- tematizar la apreciacién del yo como un ser disgregado y mil- tiple, incapaz de mantenerse fiel a su pasado o de tener una identidad tinica. A la problematizacién del yo univoco se une Ta perspectiva lacaniana de la “linea de ficcién’, proceso a través del cual el individuo, que trata de comprenderse a sf mismo, selecciona determinadas facetas de su experiencia haciendo que estas desemboquen en el tiempo presente y con- tribuyan a dar una imagen coherente de la historia de su vida. Por lo tanto, desde el punto de vista del psicoandlisis, la escritura autobiografica también puede ser entendida como > Philippe Lejeune, Moi aus. Pars, Seuil, 1086, * Philippe Lejeune, “Lirréel du passe", Auwofiions& Gi, mero mo- nogrifico de Ritm, 6 (194), pp. 19-42 4 ASACASIS tuna constrnccién, como un correlato literario de la “linea de ficcién”, en la medida en que el yo se enfrentaa una iden- tidad inasible y, por ello, construye una imagen o mascara de esta. En palabras de Carlos Castilla del Pino, todo acto de escritura “exige la ordenacién de lo escrito, y en este sen- tido el contenido autobiografico ha de ser ordenado con arreglo aun plan, en el que la selecciin de lo que se conside- rarelevante para laescritura es fundamental’; por esta raz6n, el cometido inicial de toda autobiografia es “ponerse en arden uno mismo”, 0, dicho de otro modo, construire a través de la escritura, No obstante, y a pesar del caracter reivindicativo del texto autobiografico (el escritor trata de mostrar su ima- gen “real” ante el otro, ante el lector), cualquier intento de autodefinicién resulta falaz, pues “escribir cs un acto tan cexigentemente lticido que la represién ex, en su mas elevado grado, includible. La autobiogratia es, por tanto, autoenga- ho, en primer lugar, porque es autocensura; en segundo Tu- ‘gar, porque se escribe para la exhibicion de si mismo”. Precisamente una de las direcciones mas importantes de los estudios sobre la autobiografia parte del problema de la identidad como construccién del yo, cuestién que se rela- ciona con “Ia crisis del contrato mimético", caracterizada por Barrenechea como la suspensién del proceso de reco- nocimiento y de lectura en el que el texto remite al mundo yel mundo al texto, de modo que la obra es percibida como ‘objeto verbal auténomo’ pero también alude a otra crisis, la del yo autobiogréfico, al quebrarse la confianza en la ca- pacidad referencial de este. De ese modo, en lostiltimos afios se ha generalizado la tendencia a no plantear la textualidad como un resultado del sujeto; al contrario, se suele pensar ‘que €s el yo quien resulta construido en el texto”. * Carlos Calla del Pino, “Autobiografie", en Temas, hombre, culture, e- ‘edad [1989], Barcelona, Peninsula, 2002, pp. 175-176 y 178. * Ana Maria Barrenechea, “La ctsis del conuato mimético en los textos contemporsneos", vista lemoemariana 118119 (enerojulio de 1982), p. 378 José Maria Pozuelo Yancos, Dela culhiografia. Tara y etlos. Barce- lona, Gritiea, 2006, p. 81. Con distintos matices Georges Gusdorf, Lignes deve, I Les Geiture du moi. Lignes deve, 2: Lautee graphic, Paris, Editions Odie Jacob, 1901, y Paul John Eakin, Fictions in Autobiography: Studies inthe EL SIMULACRO DEL YO: LA AUTOFICCION EN LA NARRATIVA ACTUAL 15 Es la postura que en su dia adoptaron los te6ricos de la deconstruccién, en especial Paul de Man, quien en “Auto- biografia como desfiguracién” y en su comentario a las Con- {fesiones de Rousseau”, ponfa en duda que la autobiogratia dependicra de un referente, concluyendo que la distin entre ficcién y autobiografia “no cs una polaridad o/o, sino que cs indecidible™"!, Ambas, por lo tanto, comparten la re- toricidad del lenguaje (en las dos es tropo, metéfora, des- plazamiento), de manera que el yo es reemplazado por su (des)figura y el cuerpo del texto es una mascara que susti- tuye como la prosopopeya a la persona convocada'™, Desde esta dptica, la verdad del texto autobiografico no seria pre- dicable fuera del lenguaje que (des)figura su voz. Las criticas deconstruccionistas y psicoanaliticas han de- bilitado la creencia en el principio de identidad del yo como origen de verdad para el discurso autobiografico. En este sentido, no son pocos los argumentos que sitian la autobio- grafia en un lugar andlogo al de la ficcidn al negar la iden- tidad autor-narrador-personaje, atribuyéridole ~en palabras de Pozuelo- “una virtualidad creativa mas que referencial, de poiesis antes que de mimesis", pues la autobiogratia dificil- mente se concibe como “un instrumento de reproduccién sino [més bien] de construcciGn de identidad del yo". Este Art of Self tevention, Princeton, Princeton University Press, 1985; ‘Autoinven- cldn en la autobiogratfa: el momento del Lenguaje", Suplemantos Anthropas, 30 (1001), pp. 79.98; Touching the World: Refrence i Autobiography. Princeton, Princeton University Press, 1992 Paul de Man, “La avtobiogratia como desfiguracién” [1979], Suplo imentos Aathropas, 29 (3991), pp. IISA18; “Excuses”, er Aligais dela ete Le langage figeé chez Rowssenu, Nia, Rilke e Proust (1979). Pars, Galilee, 1989, pp. 335-358, 11, de Man, “La autoblografia como desfiguracién’, of. eft, p. 114. Para la nocidn de prosopopey, véanse lox comentarios a Paul de Man ide José Maria Poruelo Ywancos (De la antobingrala.. op. eit, pp. 9-101) Nora Catelli (22 la era dela fnimidad, suid de: El epaci autaiogrjice, RO- sari, Beatie Viterbo, 2007, pp. 924970), 13 J, M, Pozuelo Ywancos, De la autebiografa.., op. ct, p. 88. Es de esta ‘opinign, entre otros, Dar Villanueva: véase, por ejemplo, “Para una prage mmtica de la autobiografia", en Antonio Lara Pouielo (ed.), La aulobigraa fn lengua experla emo siglo wine, Lausana, Hispnica Helvétca, 1991, pp. 201-218, y*Realidad y Ficeibn: la paradoja de In antobiograia", en Jost Ro- pee 6 pe ANA casas ¢s el punto de vista asumido, por ejemplo, en el libro co- lectivo Autobiography and Postmodernism, editado por Ashley, Gilmore y Peters, asf como en la mayor parte de las inter- venciones recogidas en Autobiographie und Avant-garde en tomo ala obra de los franceses Alain Robbe-Grillet y Serge Doubrovsky, el algeriano Rachid Boudjedra, la americana de origen chino Maxine Hong Kingston y los judios americanos Raymond Federman y Ronald Sukenick, cuya perspectiva comparatista viene a subrayar la amplitud del fenémeno'. En este contexto de quiebra de confianza en el discur- so autobiografico, la autoficcién, como advierte Alberca, “se ofrece con plena conciencia del caracter ficcional del yo". Es decir, la autoficcion representaria una salida a la dificul- tad cada vez mas acusada en Ja autobiografia de acceder ala verdad, ya que, como anota Marie Darrieussecq, ia diferen- Ga fundamental entre autobiografia y autoficcién estribarfa en el hecho de que esta asume de manera voluntaria la no referencialidad, la imposibilidad para e? sujeto de ser sin- cero y objetivo que la primera combate". Desde esta éptica, Ja autoficciGn cuestionaria la practica *ingemua” de la auto- biografia, al aevertir que la escritura pretendidamente refe- rencial siempre acaba ingresando en el ambito de la ficcién. mero Casio (e.), uetura autobignéfca, Actas del I! Seminario Pnernacomal (el nstitto te Seiten Literara y Tetra. Madd, Visor, 1999, pp. 15-31. ° Kathieeg Ashley, Leigh Gilmore y Gerald Peters (eds), Auobigeraphie & Posinofenian The University af Massachussets Press, 1904, y Alfred Horoting yEmstpeter Rue (eds), Autobigraphis und avantgarde Tubingen, Gunter Narr-Verlag, 1998, Hay que destacar también las posiciones intermedias en torn a laauto- Diografia que concilian la perspectiva pragmatica, basa en el pacto de lee- ura y que asume la seferencialidad del genero, con ka nocién deconstructi- visa de invencidn del a Véanse, por ejemplo, Albert Stone, Aulbiographical Occasions and Original Ace Fladelfia, University of Pennsyivania Press, 1982; -Eemando Cabo Aseguinolaza, “Autor y autobiografa’, en José Romera Caste Tio (ed), Hsentura autabiogrfcs, op. ct, pp. 138-138; y } M. Pozuelo Wancos, De la autobicgrai... of ci, 2008 "© Manuel Alberca, El pacio ambiguo”, Belin de la Unidad de Estudios Biogrdicas, 1 (enero de’ 1996}, p. 11 "Marie Darrieusvec, Lautfiction, un genre passérieu”, Potique 107 (1996), pp. 376877. El texto traducido al espasel te ncluye ea este mismo volumen TL SIMULACKO DEL YO: A AUTOFICCION EN LA NaRRATIVA ACTUAL 17 En este sentido, la narrativa autoficcional permitirfa al autor hablar de si mismo y dé los demas con mayor liber- tad, sortear esa autocensura que Castilla del Pino conside- ra inherente a la autobiografia, al tiempo que ofrecerfa al escritor la oportunidad de experimentar literariamente a partir de su propia vida, de ser otros y uno mismo a la vez”. El principio de sinceridad lo sustituye la expresin de una subjetividad que, a través de la ficcién, accede a una verdad intima, hecha de equivocos y contradieciones, como equi- voca y contradictoria es la identidad dei individuo. O dicho de otro modo, gracias a subvertir las formas y los pactos de lectura habituales, Ja autoficci6n propone, entre otras cosas, instaurar una relacién nueva del escritor con la verdad. YTo ‘face tomando prestada de la novela toda clase de recursos y estrategias: lo que importa, pues, no es tanto el relato his- \rico o factual de los hechos, sino la manera (novelesca) de narrar esos hechos Aulofcciim y novela En.un primer momento, por lo tanto, la autoficeién nace muy apegada a la autobiografia en tanto que expresion expe- rimental de esta. Poco después, a mediados de los ochenta, empieza a vincularse también a la novela, cuando algunos criticos se muestran reacios a aceptar sin mas la ambigtiedad genérica de la autoficcidn. Lejeune, por ejemplo, admite Ia posibilidad de un pacto de lectura contradictorio, simul- téneamente autobiogrifico y novelesco, pero incluso asi ad- vierte de las “trampas” de los escritores que, Nlamando a sus, textos novelas, se protegen de las reacciones adversas de ami- gos y enemigos, o que, cobijandose en la ficcién, dotan a su ‘obra de mayor prestigio, alejéndola del grado cero de escri- tuura, mas propio de las formas referenciales, Porque para él casi imposible no hacer una jectura autobiografica de un texto como Fils, ya que el lector “retiene sobre todo la idea Sebastien Hubies, Litéatuesintnes. Les expressions du moi, de Ponto. igraphie& Vautoiction. Paris, Armand Colin, 2008, p. 125, 18 ANA CASS de que el libro habla de hechos reales, y el empleo de nom- bres propios reales (al menos el del autor) lo reafirma en esta idea”. Dicho de otro modo, la fuerza contractual del nom- bre resulta *magnética”, tanto que, para que el lector haga una lectura ficcional de una obra aparcntemente autobio- grdfica, debe al menos percibir la historia como imposible, es decir, como un texto incompatible con las informaciones que ya posee”. Esta visi6n de la autoficcién como obra en la que prima Jo inventado ~y que, por lo tanto, no tiene por qué resultar ambigua- es la que desarrolla Vincent Colonna, en su fun- damental tesis doctoral, por ser la primera sobre esta cues ti6n, L’Autofiction. Essai sur la fictionnalisation de soi en ttéra- ture (1989). Este trabajo ~y el libro en el que derivé afios mas tarde- amplia considerablemente el concepto ya que lo relaciona no tanto con la autobiografia sino sobre todo con la novela, al entenderlo como la serie de procedimientos empleados en la ficcionalizacién del yo. La autenticidad de los hechos apenas entra ahora en consideracién, ni la auto- ficcién se limita al periodo bajo el signo de la crisis del suje- to. Para Colonna, por ejemplo, serian autoficcionales La divina comedia y"El Aleph”, aunque en ellos no haya ni som- bra de duda con respecto a su ficcionalidad, pudiéndose establecer para la autoficcién hasta cuatro categorias 0 mo- dalidades: 2) En primer lugar, Colonna advierte de la existencia de la autoficcién fantéstica, en la que el autor se halla en el centro de la obra. Sin embargo, la histo- ria narrada es irreal, inverosimil, de modo que el es- critor se convieste en un héroe de ficcién, al que es imposible confundir con el autor real b) Sigue la autoficci6n biogrifica, a través de la cual el escritor fabula su existencia wtitizando datos reales y protagoniza una historia perfectamente veros{mil No obstante, Colonna puntualiza que en este tipo P Lejeune, Moi ous op. cl, p64 © hide, p. 85, EL SIMULACRO DEL YO: LA AUTOFICCION EN LANARRATIVA ACTUAL 19) de obras el autor se las ingenia para que el lector comprenda que se trata de una “mentita-verdadera” [mentir-vrai], de una distorsién al servicio de la ve- racidad. ©) En tercer lugar, destaca la autoficcién especular, donde el autor no tiene por qué ocupar un lugar cen- tral; de hecho, su intervencién se produce a través, de la reflexi6n metaliteraria, ) ¥, por ditimo, comenta la autoficcién autorial, en la que el escritor no se desdobla en un personaje, pero estd presente en el texto con sus comentarios y di- gresiones, manteniéndose al margen de la intriga®. Esta direccidn, que permite revisar los textos desde una perspectiva diacr6nica y establecer un hilo histérico que una las obras autoficcionales de distintas épocas, ha fomen- tado el interés, partiendo de la identificacién entre autor y personaje, por determinadas figuras y recursos de la fiecién, ‘como la metalepsis y Ia mise en abyme. Colonna, por to tan- to, sigue a su dizector de tesis, el narratdlogo Gérard Genette, quien descarta directamente el hipotético componente hi- brido de la autoficcién. Por ello, en su libro Ficcin y dicciin (1991), Genette Hega a afirmar que cuando la identidad de nombre entre autor y narradot no induce a realizar un pacto referencial, pues él lector se enfrenta a un texto de ficcién, lo mas probable es que no exista tal identidad. Seguin Genette, para que esta se produzca el autor debe asumir la veracidad del texto en el que interviene, cosa que no ocurre con la participacién de Dante en La Divina Comedia 0 con la de Borges en “El Aleph", obras en las que el componente inventado, incht- so fantastico, hace imposible la identidad completa entre autor y narrador (en ambos casos, las dos figuras se parecen, ™ V. Colonna, Autoficions & autos mythomanies lira Auch, Tristan, 2004. La presente antologia recoge un extracto del libro de Colonna donde ‘se incluye Ia categorizacién mencionada. 2 Vincent Colonna, L'aulficton. Essai sur la fctionnalivtion de soi ex iuératur, tesis de la Ecole des Hautes Etudes en Seiences Sociales, Lille, 1989 (igida por Gérard Genette); Auction & autres msthumanis.. op it 20 ANA CASAS pero no son iguales)*, En consecuencia, Genette aporta la formula contradictoria A # N, pero A = P®, resumiendo cl propésito de las autoficciones como "Soy yo y no soy yo” en relacién al autor. Pero matiza: “Hablo aqui de verdade- ras autoficciones ~cuyo contenido narrativo ¢s, por asi decir, auténticamente ficcional, como (supongo) el de la Divina Comedia-,y no de las falsas autoficciones, que no son ‘ficciones’ sino para la aduana: dicho de otro modo, auto- biografias vergonzosas”™. La autoficcién en el cruce de los géneros La negativa de Genette a asumir el estatuto complejo de la mayor parte de lo que hoy considerarfamos autoficcio- nes lo aisla, con alguna que otra excepci6n®, del resto de la critica francesa, De hecho, poco tiempo después de la pu- in de Ficié y diccién, en la Universidad de Nanterre se celebré el pionero Coloquio sobre la autoficcién, bajo la direccién de Serge Doubrovsky. Las Actas, que pueden leer- seen la revista parisina Ritm (1994), retinen los textos de los participantes, entre los que se encuentran algunas voces autorizadas en la materia, como las de Doubrovsky, Lejeune y Lecarme, pero también las de Jean-Francois Chiantaretto y Régine Robin, que en el futuro seguirdn investigando sobre el tema, En el desarrollo de la discusién que nos ocupa, des- taca el trabajo de Jacques Lecarme, “Autofiction: un mauvais genre?” en el que el critico se acoge a una definicién poco Gérard Genet, Fein diction [1991], Paris, Seuil, 2004, p. 159. Hay traduccion espaniola en Aecin y diccién, tra. Carlos Manzano. Barcelona, Lumen, 1993, "A, autor; N,marrador; P, personae: + dfecente; = gual 6, Genette, Fein... op. et, pp. 7071, n. 80. '% Alla opinidn de Genette hay que sumar, por ejemplo, la de Tevetan “Todorew, quien en su libro La itéaturen pint (Mayanne, Flammarion, 2007, pp. 85-30) manifesta parcclda animacversién hacia dicha modalidad lite- risa, al calificarla de autocomplaciente y narcissta. Hay traduceiOn espar hola en La literatura en peligm, trad. Noemt Sobregués. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2008. EL SIMULACRO DEL YO: LA AUTOFICCION EN LA NARRATIVA ACTUAL 21. novedosa (una autoficci6n es “un relato donde autor, narra- dor y protagonista comparten la misma identidad nominal y donde el titulo genérico indica que se trata de una nove- la), pero que permite establecer distintos grados dentro de la autoficcién, De esta manera, Lecarme se acoge, por un lado, a la definicién minimalista de Doubrovsky, segiin la cual la autoficci6n serfa una suerte de variante de la auto- biografia, y, por el otro, a la maximalista de Colonna, que pone el acento en fa invencién de una personalidad 0 exis tencia. De ambas surgen las dos categorias bésicas de la auto- ficci6n: la que depende de la llamada “definicion estricta” yacerca el texto al relato referencial, y la que se deriva de la “definicién amplia” y aproxima la obra a la novela. Efectivamente, durante todo este tiempo han prolife- rado los estudios sobre la autoficcién, en especial en Fran- cia (y en general, en las zonas de habla francesa), donde la prictica de las literaturas del yo -en concreto, de la nove- a autobiografica y de la narrativa autoficcional- ha tenido un importante desarrollo. De ahi que el empefio invest gador en torno a esta temética también haya sido muy nota- ble, como ponen de relieve los trabajos citados, asf como otros realizados en fechas posteriores: las tesis doctorales de Darricussecq, Pag’s, Aulagne o Bouguen, los resultados de Ja investigacién puesta en marcha por el Seminario sobre mé- todos y problemas de la ficcidn de la Universidad de Ginebra, ola aparicién de los sitios virtuales Soi-disant, Site de critique et de création littéraires d’autofiction () y autofiction.org, cuya selecci6n de los conteni- dos corre a cargé de Laurence Bougault, de la Universidad de Rennes 2, en el primer caso, y, en el segundo, de Arnaud Genon e Isabelle Grell, del Instituto de textos y manuscritos modernos (Item) del GNRS-ENS, con sede en Paris”. ‘También en otras latitudes la cuestién ha ido ganando el interés de los criticos, lo que sin duda es un indice de la "© Jacques Lecarme, “Autofiction: un mawvals genre?”, op. cit, pp. 227249, © Lis referenctas pueden consultarse en el apartado final del libro de- dicado ala bibliograa. cr ANA CASAS internacionalizacién del fenémeno. Concretamente, desde hace una década, en el ambito del Hispanismo se han mul- ‘iplicado las actividades en torno a la autoficcién: aumen- tan las tesis doctorales y los libros sobre el tema, y se orga- aizan encuentros como los celebrados en la Universidad de Saint-Etienne en septiembre de 2002, la Universidad de Lausana en mayo de 2008 o la Universidad de Bremen en febrero de 2009. En general, las aportaciones recientes profundizan en la nocidn de indefinicién genérica inherente a la autoficcién partir de dos conceptos fundamentales: el de ambigiedad, dada la recepcién simulténea de dos pactos dé lectura en principio excluyentes (el pacto autobiografico ye! pacto no- velesco) y, en segundo lugar, el de hibridismo al combinar laautoficci6n rasgos propios de los enunciados de realidad los enunciados de ficcidn. Pero, aunque buena parte de los trabajos sobre la auto- ficcién asumen la perspectiva pragmatica, al recordar los origenes de esta modalidad narrativa como un intento de lle- nar la casilla vacia de Lejeune, no son tantos los que pro- fundizan en las implicaciones y consecuencias de la recep- cién paradéjicao contradictoria de los textos autoficcionales. En este sentido, resultan de gran interés las aportaciones de Philippe Gasparini, cuyo libro Estil je? Roman autobiographi- que et autofition (2004) llama la atencién sobre las informa- nes que orientan la recepcién de la obra y que aparecen contenidas en los diversos niveles textuales y extratextua- les. Asi, en el paratexto, las marcas peritextuales (la firma de la portada, la contraportada, la semblanza del autor, su ~ © LeBMoi a tespace auobingrophique et autefiction dans es trauresd Espagne 1 dAmarique Latina drigido por Jacquet Soubeyrou, Universidad de Saint itienne, 2628 de septiembre de 2002: Alon lrtory pablo en la ficcin de las larashispanicas contemporineas, drigido por Antonio Lara, Universidad, de Lauran, 19-20 de mayo de 2008; Auto(rfccin en la literatura expaiola y \atinoamericana,dirigido por Sabine Schlickers, Ana Luengo y Vera Tore, Uni rersidad de Bremeu, 68 de febrero de 2009, Hay un nuevo congreso en mat ‘cha previsto para los diae21y 29 de junio de 2012 que tendri lagaren la Uni- versidad de Borgoita: udorepresenacines 11 Congres nuemaconot del ed de invetigaclin sabre matficin en el mba hpi. [EL SIMULACRO DEL YO: LA AUTOFIOGION EN LA NARRATIVA ACTUAL 93 fotografia) y las epitextuales (entrevistas, resefias, public dad, etc.) pueden ser utilizadas para fomentar la identifi- cacién del escritor con el protagonista 0, todo lo contrario, para hacer que el lector desconfie de una posible asimila- cin entre autor y personaje. En la autofiecién, dada la con- fluencia de datos contradictorios, se procucirfa una lectura simulténea®, que seria al mismo tiempo autobiografica y ficcional. Sin embargo, advierte Gasparini, es extremadamente di- ficil, por no decir imposible, que todos los elementos para- textuales provoquen en el lector un juicio de apreciacion definitivo, pues postulan ciertos términos del contrato que el texto debera completar, garantizando asi la comunicacion con el receptor. Por ello, también tiene en cuenta los juegos metatextuales e intertextuales, cuyo fin, de nuevo, consiste en situar la obra en relacién con Ios horizontes genéricos de lectura. Finalmente, es indispensable atender a los re- cursos textuales, en especial la voz y perspectiva adoptadas, asi como las estrategias temporales. En resumen, el libro de Gasparini pone de relieve hasta qué punto la novela auto- biogrifica y Ia antoficci6n imitan y subvierten los procedi- mientos de la narracién referencial mezelando aspectos tradicionalmente asociados a la autobiografia ~el uso de la primera persona, la focalizacién interna o la presencia explicita del tiempo de la enunciacién~, con otros mas pro- pios de la novela -Ia tercera persona, la focalizaci6n Oy la preeminencia del tiempo de la narracién-. En parte es el punto de vista que también asume Manuel Alberca ya desde-sus primeros trabajos, en los que elabora sir teorfa del “pacto ambiguo” acogiéndese, por un lado, a ® No todos os tesricos estén de acuerdo con est idea, Arnaud Schmit, por ejemplo, lama lz atencién sobre la pacto simulténeo. Para él la lecwura de un texto autafiecional se nna con respecto a los enunciados de ficeiGn y de realidad que en esta clase de obras aparecen entrelazados: "si le acordamos (ala autoficcibn] una do- ble pertenencia genérica {novela y amobiografla) no es generalmente por- que hace que esas se fusionen, sino porque las alter, incluso siello se hace dde manera muy intrineada”; Arnabd Schmitt, “La perspective de l'auto- narration”, Paétique 149 (febrero de 2007), p. 19. 24 ANA CASAS Jos postulados praginaticos de Lejeune y, por el otro, a las ca- tegorias establecidas por Lecarme. La intensidad 0 eficacia del contrapacto permite a Alberca establecer tres zonas autoficcionales: la periferia A, muy cerca del “campo auto- biografico candnico” y, por lo tanto, donde se establece un pacto de lectura fundamentalmente referencial; la perife- tia B, que incluye obras donde el nivel de ficcionalizacién de los acontecimientos narrados es muy alto y, en conse- cuencia, cabe hablar de prevalencia del pacto novelesco; ¥; por tiltimo, el centro autoficcional, donde la ambigiie- dad si es completa®. En trabajos posteriores, siempre so- bre la base del pacto de lectura, este critico distingue yano zonas, sino tres modalidades autoficcionales: Ia autoficcion biografica, que se encuentra muy proxima al pacto autobio- grafico y al relato factual, ya que, pese al membrete “nove- Ja, casi todo lo narrado resulta real (asf ocurre, por ejem- plo, en las novelas de Sonia Garcia Soubriet 0 en Escenas de cine mudo, de Julio Llamazares); la autoficcién fantasti ca, Ilena de aspectos inverosfmiles y, en consecuencia, mas cercana al pacto novelesco, como se aprecia en las obras de César Aira, Justo Navarro o Francisco Umbral; , por Ultimo, la autobioficcién (en la que se incluirfan algunos textos de Mario Vargas Llosa, Javier Cercas y Juan Goytiso- lo), donde la vacilacién lectora es completa, al producir- sc la hibridacién total entre los clementos autobiogréficos y Jos imaginados”, El pacto de lectura contradictorio, que es al mismo tiem- po autobiografico y novelesco, puede ser inducido, efectiva- mente, por el paratexto, tal y como lo entiencen Philippe Gasparini o Manuel Alberca. Esa es la funcién, por ejemplo, del epilogo de La loca de la casa —libro de caracter ensayis- tico donde Rosa Montero vierte sus opiniones sobre el arte de la escritura~ cuando la autora afirma que “todo lo que cuento en este libro sobre otros libros u otras personas es cierto, es decir, responde a una verdad oficial documental- ® Manuel Alberea, “El pacto ambiguo", op. ct, pp. 121. 5% Véase en concreto au ibro El acto ambiguo, De la novela autbiogéfza ‘ala autoicin. Madrid, Biblioteca Nueva, 2007, FL SIMULACRO DEL YO: LA AUTOFICCION EN LA NARRATIVA ACTUAL 25 mente verificable. Pero me temo que no puedo asegurar lo mismo sobre aquello que roza mi propia vida. Y es que toda autobiografia es ficcional y toda ficcién autobiogrifica, como decfa Barthes"™, Antes, Rosa Montero habia trasladado esta supuesta ambigiedad al propio texto, al intercalar en el li- bro episodios de su vida que, en algtin momento wotro, aca- ban por revelarse falsos, 0 al menos distorsionados, como el que alude a la existencia de su hermana gemela, de nombre Martina, puesta en duda ya muy avanzada la obra (“supon- gamos por un momento que he mentido y que no tengo nin- guna hermana”), o la relaci6n amorosa con un hombre del que solo se da la inicial (M.), cuya historia se cuenta hasta de tres maneras distintas™. De igual modo, un premio como el Planeta (que es un premio de novela) puede ejercer una importante influen- cia en la recepcién de la obra. Es lo que ha sucedido con £7 mundo (2007), de Juan José Millés, un texto que se presenta como novela, a pesar de que todo invita a realizar una lec- tura esencialmente autobiografica, dada la identificacion explicita entre autor y narrador, asi como la naturaleza de Jos asuntos narrados: junto a los recuerdos de infancia y juventud en torno a las relaciones familiares, el amor, la amistad y las pérdidas, Millas reflexiona también sobre su experiencia de la imaginacién y Ia literatura. No obstante, esta lectura autobiografica queda puesta en entredicho ha- cia el final del libro, cuando el narrador, refiriéndose a su decisién de esparcir las cenizas de sus pacires en el mar, afir- ma que “resultaba fantastico que aquel viaje tantas veces aplazado formara parte de la trama de El mundo, pues asi habia decidido titular la novela. En los dos casos mencionados, la decisién de los autores de considerar sus obras como novelas y no como autobio- grafias puede afectar puntualmente a la recepcién del texto, % Rosa Montero, La oes deta casa [2008]. Madrid, Suma de Letras, 2004, 858. biden, p. 248, % idem, pp. 3048, 120-136 y 221-282 * Juan José Millis, £7 munda Barcelona, Planeta, 2007, p, 228 26 ANACASS: pero no parece que condicione la lectura de manera soste- ida a lo largo de todo el relato: la ambigiedad de La loca de la casa se limita a dos aspectos de la vida de la escritora, ya que, como esta advierte en el “PostScriptum”, todo lo demas es “documentalmente verificable”; y la muy sutil de El mundo solo se percibe casi en ¢1 desentace, Por lo tanto, el mecanismo autoficcional apenas se activa al nivel del dis- ‘curso, ya que no compromete Ja estructura de las obras ni Tos recursos formales empleados en ellas, La ambigdedad genérica se ve potenciada, en cambio, cuanso mds evidente se hacen los mecanismos de hibridacién, es decir, cuando los yecursos textuales colaboran de manera decisiva en la pro blematizacién de la nocién de autoria o identidad textual, al subrayar de un modo contradictorio la semejanza y la de~ semejanza entre el autor real y su representaciOn literaria, ‘con las consecuercias que se derivan de ello: negar y afit- mar a la ver la relaci6n del texto con su referente a, Io que 6 lo mismo, la relaci6n de lo ficticio con Jo real De qué recursos se trata es algo que intentaremos exa naralgo mas adelante, Antes conviene que os detengamos enla cuesti6n terminolégica. 9. UN TERMING PRORLEMATICO Como se ha visto durante el recorrido te6rico, hay una cierta disparidad en los criterios, las nomenclaturas o las caracteristicas que definen y delimitan la autoficcién, A dia de hoy, no hay un acuerdo general sobre esta modalidad pnarrativa, en la que algunos creen ver un subgénero de la novela y otros de la autobiografia. La principal dificulwad reside, como dectamos al principio, en el alcance de un con- cepto que abarca un tesritorio excesivamente amplio (todas esas formas intermedias entre la autobiografia y la novela) y que parece apuntar a una serie de “problemas” (los tras- vases entre géneros distintos, la tendencia contempordnea y pasmoderna a la hibridacién, la despersonalizacion del yo, fetc.), pero que no ofrece sohuciones concluyentes. Desde Ine {g0, no se trata de nada que los propios te6ricos de Ya wvto- EL SIMULACRO DEL YO: LA AUTORCCION EN LA NARRATIVA ACTUAL 27 ficcién no hayan advertido una y otra vez: lo hace Philippe Lejeune, para quien Ia autolicciOn deviene “la capital de un vasto pais’, o Philippe Gasparini, cuando alerta de la poli- semia y viscosidad seméntica del neologismo™. Acello hay que sumar una notable confusién terminol6- ica que a menudo asimila la autoficcién a otras nociones, como la de novela autobiogréfica (para algunos, como Gas- parini, la primera solo se dierenciaria de la segunda por in- tensificar los recursos de hibridacién) o incluso la de auto- biografia, como se desprende de los trabajos contenidos en Autobiographie und Avantgarde, donde la autoficcin es si- nénimo de “nueva autobiografia”, caracterizada por inchuir una “pieza falsa”, “puramente imaginaria’, dentro det dis- curso referencial con el objetivo de dar ala obra “destello, movimiento, vida”, aun cuando se vulnere el principio de sinccridad”. Otras veces el término autoficei6n se ha iden- tificado con diversas denomtinaciones o neologismos ~naci- dos por las mismas fechas que el acuriado por Doubrowsky- que, sin apuntar directamente aa ficcionalizaci6n del autor, denostan la narrativa lineal, cronoldgica, realista “la que conffa en la existencia de un referente que la obra de arte imita— como es el caso de “surficcién” (susfiction], creado en 1973 por Raymond Federman para definir un tipo de obra experimental que, entroncando con las vanguardias, se proclama antirrealista, antimimética, y se caracteriza por reivindicar el artificio y disolver las tradicionales distincio- nes entre lo real y lo imaginario porque entiende que no hay verdad exterior a la ficcién (incluso cuando el autor finge contar su propia vida"); o también “ficcidn factual” [factual fiction] —asi como su contraccién faction, téxmino con el ‘que Albert Stone designa en 1983 las formas autobiografi- cas de algunos miembros del New Journalism que, como » Philipe Lefeune, “Autoficions & Cie, Piéce en eineq actes, Aulofc- tions & Ci, niimero monogesico de Rieu, 6 (1994), p, 7 Philippe Gasparini, Aioficion. Tne venture ds langage. Paris, Seu, 2008, p. 295, Alain Robbe-Grile etal, "Discussions", en A. Hornt (eds), Aulobiographio und Avant gar, op. cit, pp. 120121, ‘Raymond Federman, Surftion (1973}. Nuova Vork, State University of NewYork, 1998, YE, Ruhe ro c 8 ANACASAS Norman Mailer, Frank Conroy 6 Lillian Hellman, presentan importantes indices de anbighedad™. FEllo ha generado una cierta insatisfaccién entre los auto- res que se han acercado al fendmeno de la autoficcién y ha tenido como consecuencia la proliferacién de nuevos tér- minos 0 expresiones que se pretenden ids ajustados al ‘concepio que se quiere nombtar. Desde la perspectiva prag- mitica, Gaspasini, en su libro de 2008, propone “autofa- bulacién” como sustituto de autoficcién en el sentido que Ganette y Colonna dan a este término: designarfa la pro- yeccién del autor en situaciones imaginarias en textos en los que el pacto de lectura es inequivocamente novelesco; y autoficcién quedaria resetvado para los rclatos donde eh contrato es mixto, es decir, al mismo tiempo autobiogrifico y ficcional*. Por su parte, Yer Toros Sabine Schlickers y ‘Ana Luengo prefieren ‘auto(r)ficcién” para aquellos rela- in corpore o in verbis en e} mundo narrado", Auto(r}ficcién designa, putes, la metalepsis det autor y se identifica con las tipologias especular y autorial establecidas unos afios an- tes por Vincent Colonna; en cambio, autoficcion es, para Tas autoras, “un subgénero literario y filmico, que presen- ta una ficcién menos paradéjica, pero ambigua y Kidica, que en los textos literarios suele ser autodiegética™. ‘Autofabulacién y anto(r)ficcién no denominarian, por lo tanto, un género, sino una estrategia de la ficeién que no gobierna la obra en sti conjunto; no asf autoficcién, con cebida como un subgénero narrative. Ahara bien, algunas voces sefialan la excesiva dependencia de este concepto con respecto al referente, y ello desde los origenes del térmi- no, cuando Doubrevsky sentenciaba que la autoficcién era » A, Stone, Aulobiggaphical Occasions.» oP © P Gasparini, Augfition... of. et Bn cambio, como hemos visto, para Manuel Alberca esta forina “pura de auioficcién pasaria a lamarse auto- bioficei6n, 7 "Vera ‘Toro, Sabine Schlickers y Ana Luengo, “La anto(e}iecion: mo- dalizaciones, problemas, estado de Ia investgacicn’, en La obsesion del yo. La