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Gomez Yanez, Salvador - Para Un Matrimonio Feliz

Gomez Yanez, Salvador - Para Un Matrimonio Feliz

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Predicador Católico

NUEVA EDICIÓN

NUEVA EDICIÓN
Con textos del Catecismo Católico y Documento de Santo Domingo

PARA UN MATRIMONIO FELIZ
Salvador Gómez Yánez

EDITORIAL CATÓLICA SIEMBRA
48 AVE. 3-02, ZONA 2 DE MIXCO COL. MOLINO DE LAS FLORES II TELS: 597-4705 FAX: 595-4696 GUATEMALA C.A.

Para un Matrimonio Feliz
TITULO ORIGINAL "Para Un Matrimonio Feliz" AUTOR Salvador Gómez Yánez EDITOR Editorial Católica Siembra DISEÑO Y DIAGRAMACION Orlando Vinicio Mérida Ch.

ÍNDICE

PRIMERA PARTE INTRODUCCIÓN
1. Usted no vive con él 2. ¿Por dónde empezar? 3. Para los que quieran aceptar el plan de Dios 4. Cambio de actitud 5. Los cambios empiezan dentro de nosotros 6. Jesús convirtió el agua en vino 7. Llenen las tinajas de agua SEGUNDA PARTE EXIGENCIAS PARA UN MATRIMONIO FELIZ 7 9 11 13 15 17 20

COPYRIGTH© 1997 EDITORIAL CATÓLICA SIEMBRA 48 AVE. 3-02, ZONA 2 DE MIXCO COL. MOLINO DE LAS FLORES II TELS: 597-4705 FAX: 595-4696 GUATEMALA C.A.

D E R E C H O S R E S E R V A D O S EN A G A Y C , BAJO REGISTRO 610, A C T . 2 5 9 3 . E S T E L I B R O N O P U E D E SER R E P R O D U CIDO TOTAL O PARCIALMENTE POR NINGÚN SISTEMA O M É T O D O MECÁNICO O ELECTRÓNICO, SIN EXPRESO C O N SENTIMIENTO DEL EDITOR.

SÉPTIMA EDICIÓN PRINTEDIN GUATEMALA

1. Un camino que conduce a la felicidad 2. "Todo lo que vale cuesta" 3. Exigencias para un matrimonio feliz 4. Para el hombre 4.1 La cabeza ama a su cuerpo 4.2 La cabeza cuida al cuerpo 4.3 La cabeza gobierna al cuerpo 5. Para la mujer 5.1 Débora o devora 5.2 Raquel supo motivar a Jacob 5.3 El peor error que puede cometer 6. Conclusión

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TERCERA PARTE CONSEJOS PRÁCTICOS 1. Casa-dos 2. Un altar para Dios 3. Necesidades económicas y recursos 3.1 Cuando el hombre trabaja remunerado 3.2 Cuando los dos trabajan remunerado 4. La sexualidad 4.1 Principios básicos 4.2 Antes, durante y después 4.3 Posiciones 4.4 Fantasías sexuales 5. Versatilidad 6. Los derechos 7. Trato amable 8. Estar y estar atentos 9. Saber pelear 9.1 Para no llegar al pleito 9.2 Para salir con menos heridas 10. El Final CUARTA PARTE JUNTOS PARA LA GLORIA DE DIOS 1. Sirviendo juntos al Señor 2. ¿Por dónde empezar? 3. Dios no se deja ganar en generosidad 4. Las cosas y el tiempo QUINTA PARTE EL MATRIMONIO EN EL CATECISMO Y SANTO DOMINGO 124 125 126 128 57 60 63 64 66 69 71 80 91 92 94 96 99 101 103 103 106 111

PRIMERA PARTE

INTRODUCCIÓN

1. USTED NO VIVE CON EL

A mi esposa con frecuencia muchas personas le dicen: "Dichosa usted, el esposo que tiene", a lo que ella contesta: "Usted no vive con él". Todos los matrimonios tenemos las dificultades normales de la vida, la diferencia es que no todos las logran superar. Está pasando hoy lo mismo que pasó en el Antiguo Testamento con el pueblo de Israel. Los israelitas pasaron por en medio del mar sin mojarse, los egipcios se lanzaron en su persecución, caminaron toda la noche y al día siguiente, el pueblo de Israel salió al otro lado, cantando y alabando a Dios, en cambio los egipcios se quedaron ahogados en las aguas del mar. (Ex. 14, 15-31). Podríamos preguntarnos: ¿Estaban pasando por el mismo mar o por mares diferentes? La respuesta es clara: "Por el mismo mar". ¿Por qué entonces, unos salen cantando y alabando a Dios y otros mueren? Porque el éxito en la vida no consiste en las circunstancias que nos tocan vivir, sino en la manera como las vivimos. Los matrimonios estamos repitiendo esta misma experiencia. Nos toca atravesar el mar de problemas y dificultades que nos presenta la vida. Todos vivimos bajo las mismas presiones: económicas, políticas, sociales, morales, e t c . . Pero unas parejas se ahogan en desesperación, mientras otras se toman de la mano y logran con la ayuda de Dios salir al otro lado cantando, alabando y bendiciendo al autor de la vida y del amor. Quiero dedicar estas reflexiones a las parejas que en el camino hacia la felicidad les toca vivir momentos en los que creen que han llegado al final. Querido hermano (a): espero que tu experiencia de matrimonio sea dichosa y encuentres en las siguientes meditaciones sólo la 7

confirmación de las ideas que tú tienes. Si por el contrario estás frente a la dolorosa realidad de no poder continuar caminando unidos hasta el fin, lee con atención y no dejes que el cansancio te detenga, pues en las siguientes páginas encontrarás pistas concretas que te señalarán una nueva ruta que pueda conducirte a UN MATRIMONIO FELIZ. Estas páginas contienen el resumen de mi experiencia personal y pastoral. No intento en ellas realizar exégesis bíblica ni estudios de teología moral. Lo que me ha animado a compartir las presentes reflexiones es haber constatado que cor ideas tan sencillas como éstas, muchas parejas se han tomado de la mano para emprender juntos lo que les falta del camino. Pienso en las parejas que con buena voluntad se esfuerzan por ser felices. Para ellos es mi oración y el amor con el que escribo. Espero que no te toque leer sólo. Pues cuando un matrimonio no es feliz, los dos deben buscar el camino. Pero si eres el único que se esfuerza, si logras pasar el momento difícil, serás doblemente feliz. Y sí, a pesar de todo, tienes que sufrir el fracaso, sabrás que hiciste lo que debías hacer y esto te dará, en la medida que sea posible, la paz contigo mismo y frente a los que te vieron luchar hasta el fin.

2. ¿POR DONDE EMPEZAR?
Debemos empezar por aceptar libre, voluntaria y humildemente la ayuda que Dios quiere brindarnos. Cuántas veces llenos de orgullo y de autosuficiencia hemos luchado solos y rechazamos la ayuda que se nos podría brindar, ocultamos nuestra realidad pues nos avergüenza que otros se enteren. Nos engañamos creyendo que lo que nos está sucediendo es un mal momento que pronto pasará, pero en realidad las cosas empeoran cada día. ¿Hasta cuándo vas a esperar? ¿Hasta dónde quieres llegar? Dos hombres iban en un automóvil y atrepellaron a una persona. Por no aceptar la responsabilidad del accidente no quisieron detenerse y continuaron la marcha. Pocos metros adelante tuvieron que parar, pues advirtieron que el cuerpo se había trabado en el vehículo y lo venía arrastrando. Si se hubieran detenido antes, hubieran llevado un herido al hospital, pero al detenerse después necesitaron recoger los pedazos de un cadáver. Dios te conceda la gracia de reflexionar y detenerte hoy. Que el Señor te dé la fortaleza de enfrentar tu realidad y hacer los cambios necesarios para mejorar el camino de tu vida. Recuerda que si no te detienes hoy, tendrás que hacerlo mañana y quizá sea para recoger el cadáver de tu vida, de tu matrimonio y de tus hijos, destrozados por tu falta de humildad para reconocer que necesitas ayuda. Dios tiene un plan maravilloso para tu vida pero debes aceptarlo libremente. Dios no se impone, sólo propone, y respeta la libertad del hombre. Jesús se acercó un día a un hombre que llevaba 38 años de estar enfermo y le preguntó: "¿Quieres curarte?" (Jn 5,2-6). ¡Qué pregunta! con 38 años de estar sufriendo esa pregunta era aparente9

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mente innecesaria, pero Jesús la hace porque aunque tiene poder para sanar a ese hombre, no lo quiere hacer sin su consentimiento. "El Dios que te creó sin pedirte permiso, no te salva si no le das permiso" (San Agustín). Tú puedes escoger entre aceptar el plan de Dios para ayudarte o continuar hundiéndote en tu propio dolor e impotencia.

3. PARA LOS QUE QUIERAN ACEPTAR EL PLAN DE DIOS

San José, el esposo de la Virgen María, es un ejemplo para los esposos que están dispuestos a cambiar sus planes para aceptar el plan de Dios respecto a sus matrimonios. El Evangelio nos dice: "La generación de Jesucristo fue de esta manera: su madre María, estaba desposada con José y, antes de empezar a vivir juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, RESOLVIÓ ABANDONARLA EN SECRETO. ASI LO TENIA PLANEADO, CUANDO EL ÁNGEL DEL SEÑOR SE LE APARECIÓ EN SUEÑOS Y LE DIJO: JOSÉ, HIJO DE DAVID, NO TEMAS TOMAR CONTIGO A MARÍA TU MUJER, PORQUE LO ENGENDRADO EN ELLA ES DEL ESPÍRITU SANTO... DESPERTANDO JOSÉ DEL SUEÑO, HIZO COMO EL ÁNGEL DEL SEÑOR LE HABÍA MANDADO, Y TOMO CONSIGO A SU MUJER" (Mt. 1, 18-20.24. José estaba planeando "ABANDONAR EN SECRETO". Desafortunadamente es el plan más común ante la incomprensión y los problemas matrimoniales. Plan que para nosotros va desde la ausencia física y el abandono total hasta continuar viviendo bajo el mismo techo, pero ya ausentes. Dios que es amor y no quiere ver destruido el amor entre sus hijos, interviene en la vida de José de la manera más sencilla y natural; "EN UN SUEÑO". Le propone otro plan: El plan de regresar y sin temores aceptar a su esposa. ¡ Qué admirable docilidad de José! Duerme con un plan personal y despierta con el plan de Dios! 10 11

Cuántas veces nos cuesta abandonar nuestra postura; esperamos argumentos convincentes, mejores razones, y esperamos sucesos dramáticos. Querido hermano (a), que el silencio de tu mente pueda escuchar la voz de Dios que dice: "NO TEMAS EMPEZAR DE NUEVO, NO NECESITAS CAMBIAR DE PAREJA, SOLO NECESITAS CAMBIAR DE ACTITUD"

4. CAMBIO DE ACTITUD
Un hombre oraba diciendo: "Señor, cambíame a mi mujer". La esposa que escuchaba esa oración decía humildemente: "Sí Señor, transfórmame". El esposo interrumpe diciendo "No, digo que me la cambies por otra". Muchas personas sienten más fácil cambiar de pareja que de actitud. El Evangelio nos cuenta que Jesús vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: "Rabbi, quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?" Respondió Jesús: "Ni él pecó ni sus padres, es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado... Jn 9, l-4a. El ciego a la orilla del camino representa nuestra dolorosa situación de fracaso; al lado del ciego un grupo pregunta "¿Por qué? ¿Quién tiene la culpa? ¿Quién pecó?" Pero Jesús no entra en el juego de buscar culpable, sino que inicia el proceso de buscar soluciones. Ellos preguntan: "¿Por qué está ciego?" Jesús contesta: "Para que se manifieste en él la obra de Dios. Tenemos que trabajar..." Este es el cambio de actitud: no pierdas el tiempo buscando culpables, pues el que busca culpables ya aceptó el fracaso. Cuántas veces hemos dicho o escuchado: — Fracasamos porque nos casamos por compromiso. — Nuestro matrimonio se ha destruido por tus vicios. — No podemos continuar después de lo que has hecho.

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— Tarde he comprendido que no te amo como eres, pues no he podido olvidar tu pasado. — Hubiéramos sido felices, si no fuera porque... En todos estos razonamientos los PORQUE pueden ser muchos, pero lo grave es que se está aceptando el fracaso y sólo se busca un culpable. Jesús nos quiere trabajando por buscar la solución. Lo que urge no es preguntar: ¿quién le cerró los ojos al ciego? sino ¿quién se los puede abrir? Jesús tomó barro en sus manos y se lo puso en los ojos al ciego. Este gesto, trae a la memoria el relato de la creación y muestra el inmenso amor de Dios que está dispuesto a empezar de nuevo su trabajo en nosotros, como en el primer día. ¿Es esta nuestra actitud? ¿Estamos dispuestos a trabajar para crear de nuevo nuestra felicidad?

5. LOS CAMBIOS EMPIEZAN DENTRO DE NOSOTROS

"Después de esto, Jesús, hizo que sus discípulos subieran a la barca, para que cruzaran el lago antes que él y llegaran al otro lado mientras él despedía a la gente. Cuando la hubo despedido, Jesús subió a un cerro, para orar a solas. Al llegar la noche, estaba allí él solo, mientras la barca ya iba bastante lejos de tierra firme. Las olas azotaban la barca, porque tenía el viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua. Cuando los discípulos lo vieron andar sobre el agua, se asustaron, y gritaron llenos de miedo: ¡Es un fantasma! Pero Jesús les habló, diciéndoles: ¡ Tengan valor, soy yo, no tengan miedo! Entonces Pedro respondió: Señor, si eres tú, ordena que yo vaya hasta ti sobre el agua. Ven, dijo Jesús. Pedro entonces bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como comenzaba a hundirse, gritó: ¡Sálvame, Señor! Al momento, Jesús lo tomó de la mano y le dijo: ¡Qué poca fe tienes! ¿ Por qué dudaste ? En cuanto subieron a la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca se pusieron de rodillas delante de Jesús, y le dijeron ¡En verdad tú eres el Hijo de Dios" Mt 14, 22-32. ¿Cuántas veces hemos sentido que nuestra vida está a punto de hundirse? La tormenta es tan grande que nos parece imposible sobrevivir. ¿Qué pidió Pedro? ¿Cuál fue su oración? El no dijo: "Señor, que se calme la tormenta". Tampoco pidió:

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"Señor, Sácanos de aquí". Su oración fue: "Señor, manda que yo camine sobre el agua". Esta debe ser nuestra oración: "Señor, no te pido que quites la tormenta o resuelvas mis problemas, no te pido que cambies las circunstancias en que me toca vivir; sólo te pido que me des la gracia de caminar por encima de ellas sin hundirme en el desaliento, o la autocompasión, para no ahogarme en el fracaso y el dolor. Ayúdame a no quitar mis ojos de ti, para recordar siempre que todo lo puedo en Cristo que me fortalece. SI HAS CAMBIADO TU ACTITUD, SI ESTÁS DISPUESTO A CAMINAR POR ENCIMA DEL AGUA ¡ESTAS A PUNTO DE VER UN MILAGRO!

6. JESÚS CONVIRTIÓ EL AGUA EN VINO

Escuché a alguien que decía: "Cuando éramos novios la quería comer a besos, ahora después de tres años de casado, me arrepiento, ¡por qué no me la comí!" Esto parece una broma pero es una realidad. Cuan pronto se acaba la paciencia, la comprensión, la tolerancia, peor aún, se muere la ilusión con la que los jóvenes novios decidieron casarse. Es urgente que Jesús realice en nosotros el milagro que realizó en la boda de Cana. Allá convirtió el agua en vino, ahora convertirá nuestras lágrimas en sonrisas, la indiferencia en ternura y nuestra frialdad en amor. ¿Cómo será posible este milagro? Veamos como ocurrió el primero para prepararnos al nuestro. "Al tercer día hubo una boda en Cana, un pueblo de Galilea, La madre de Jesús estaba allí, y Jesús y sus discípulos fueron también invitados a la boda. Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dijo: Ya no tienen vino. Jesús le contestó: Mujer, ¿por qué me dices esto ? Mi hora no ha llegado todavía. Ella dijo a los que estaban sirviendo: Hagan todo lo que él les diga. Había allí seis tinajas de piedra, para el agua que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada tinaja cabían de cincuenta a setenta litros de agua. Jesús dijo a los sirvientes; Llenen de agua estas tinajas. Las llenaron hasta arriba, y Jesús les dijo: Ahora saquen un poco y llévenselo al encargado de la fiesta. Así lo hicieron. El encargado de la fiesta probó el agua con-

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vertida en vino, sin saber de dónde había salido; sólo los sirvientes lo sabían, pues ellos habían sacado el agua. Así que el encargado llamó al novio y le dijo: Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido bastante, entonces se sirve el vino corriente. Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora" J n 2 , 1-10. En primer lugar vemos que en la lista de los invitados estaban "María y Jesús". Qué sabia decisión de esta joven pareja. Es una verdadera lástima que cada vez son más los jóvenes que prefieren vivir su amor en unión libre o realizando matrimonios como un requisito social, pero sin la profunda intención de poner su amor humano bajo el amparo y protección de Dios. Esto es básico, pues en Jesús está la fuente misma del amor y la Virgen María acudiendo a El, nos muestra cuál es el camino. Son muchas las personas que al ver su matrimonio en crisis, buscan las más diversas soluciones que van desde la profesionalidad de un Psicólogo, consejero u orientador familiar, hasta el intento desesperado de encontrar soluciones en el espiritismo, la brujería, la pulsera balance, etc. Tú puedes perder todo el tiempo que quieras y buscar en todos los métodos que puedas, pero la Virgen María te propone el camino más corto: Hagan lo que El les mande. Aquí se inicia una etapa diferente, termina la senda para el curioso y empieza el camino para el discípulo. Tú tienes libertad de escoger los principios en los que deseas basar tu vida, pero cuando tomas libre y conscientemente a Jesús como tu Señor y Maestro, el trabajo que te espera es de obedecer su Palabra. "Yo soy el camino, la verdad y la vida" Jn. 14,6 "Yo soy la luz del mundo, el que me siga no caminará en la obscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" Jn 8,12. Procura que tu respuesta sea como la de San Pedro: "Señor, ¿dónde y con quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, 18

y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" Jn 6, 68-69. Haz una pausa, suspende la lectura, cierra este libro y abre tu corazón, dobla tus rodillas donde te sea posible, cierra los ojos y ora con la mucha o poca fe que creas tener. Comienza repitiendo estas palabras o algunas parecidas: JESÚS, MI SEÑOR Y REDENTOR YO ME ARREPIENTO DE TODOS LOS PECADOS QUE HE COMETIDO HASTA HOY. ME PESA DE TODO CORAZÓN PORQUE CON ELLOS OFENDÍ A UN DIOS TAN BUENO. CONFIO EN QUE POR TU SABIDURÍA INFINITA SABES QUE HE FALLADO MAS, POR DEBILIDAD O IGNORANCIA, QUE POR MALDAD. HOY QUIERO PONER EN TUS MANOS EL CONTROL DE MI VIDA. ILUMÍNAME PARA VER CLARAMENTE EL CAMINO Y DAME LA FUERZA PARA CAMINARLO SEGURO. AMEN.

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7. LLENEN LAS TINAJAS DE AGUA
Jesús no viene a aparecer vino en las tinajas vacías. El no anula al hombre; supone su colaboración. No fue fácil para los de aquella boda llenar seis tinajas de 50 a 70 litros de capacidad cada una. Jesús no quiso ahorrarles ese esfuerzo, lo pidió, lo esperó, lo bendijo y lo complementó. Desde ese día quedó marcado el camino. Cada pareja que ve interrumpida su fiesta porque se ha acabado el vino del amor, la comprensión, las ilusiones, la alegría, debe llenar las tinajas vacías con el agua de su buena voluntad, de su confianza, generosidad y entrega; para tomar luego del mejor de los vinos, el vino que se toma después de haber aceptado al otro como es, después de haber puesto nuestra esperanza en Dios y de haber superado el desaliento. "SEÑOR JESÚS, TE INVITAMOS A NUESTRA BODA, QUE LASTIMA QUE LO HAGAMOS CUANDO EL VINO SE ESTA TERMINANDO O CUANDO YA NOS ESTAMOS TIRANDO LAS TINAJAS, PERO TE NECESITAMOS HOY MAS QUE NUNCA Y CONFIAMOS EN TU AMOR INFINITO QUE TE MANTIENE AL LADO NO DEL QUE MAS TE MERECE, SINO DEL QUE MAS TE NECESITA. QUEREMOS PONER EN TUS MANOS LO POCO QUE NOS QUEDA DE ESPERANZA, LAS ULTIMAS GOTAS DE FE QUE AUN TENEMOS, LOS MUCHOS DESEOS DE QUE LAS COSAS CAMBIEN, EN UNA PALABRA; EL AGUA DE NUESTRA VOLUNTAD. SE QUE ES MAS FÁCIL LLENAR ENTRE DOS LAS TINAJAS VACIAS; PERO TE PIDO QUE MIENTRAS EL OTRO SE DECIDE, COMIENCE A PONER LO QUE ESTA DE MI PARTE.
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QUIERO PERDONAR TANTAS OFENSAS Y PEDIR PERDÓN POR LO QUE HE OFENDIDO. QUIERO DEJAR ATRÁS TANTAS MENTIRAS Y CON TU GRACIA LLEGAR A OLVIDAR O AL MENOS RECORDAR SIN DOLOR ESE PASADO, QUE AMENAZA CON LLENAR DE OBSCURIDAD NUESTRAS VIDAS. HAZ, SEÑOR, QUE PODAMOS TOMAR LOS DOS LA INICIATIVA Y SUPERANDO FRACASOS Y RENCORES, TENGAMOS UNA MENTE SANA Y CREATIVA PARA PODER TOMAR VINOS MEJORES. AMEN.

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SEGUNDA PARTE

EXIGENCIAS PARA UN MATRIMONIO FELIZ

1. UN CAMINO QUE CONDUCE A LA FELICIDAD

La mayor parte de matrimonios que no son felices es porque no conocen el camino para lograrlo. Pero aún, conociéndolo no tienen el valor de caminarlo. Es natural que un recién casado diga: "Me casé para ser feliz", y este deseo, aunque sea una legítima aspiración, no es un buen punto de partida para llegar a la felicidad. Sabemos que estamos en el camino correcto cuando somos capaces de decir: "Me casé para hacer feliz a la persona que amo y al verla feliz encuentro mi propia felicidad". Los que se casan para ser felices, fracasan. Los que se casan para hacer feliz al otro, llegan a ser verdaderamente felices. El fracaso más grande en la vida no consiste en no recibir lo que queremos, sino en no estar compartiendo lo que tenemos. San Pablo nos recuerda un principio que es válido para toda la vida cristiana y que en el matrimonio tiene una aplicación especial: "Mayor felicidad hay en dar que en recibir" Hch 20,35. Es una lástima que tan tarde nos demos cuenta que hemos sido poco generosos. La Biblia nos presenta el ejemplo de un matrimonio que fracasó porque no supo dar. "Pero hubo uno, llamado Ananías, que junto a Saflra, su esposa, vendió un terreno. Este hombre, de común acuerdo con su esposa, se quedó con una parte del dinero y puso la otra parte a disposición de los apóstoles. Pedro le dijo: Ananías, ¿por qué entró Satanás en tu corazón, para hacerte mentir al Espíritu Santo
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quedándote con parte del dinero que te pagaron por el terreno ? ¿Acaso no era tuyo el terreno?, y puesto que lo vendiste ¿no era tuyo el dinero ? ¿ Por qué se te ocurrió hacer esto ? No has mentido a los hombres sino que a Dios. Al oir esto, Ananías cayó muerto., Y todos los que lo supieron se llenaron de miedo. Entonces vinieron unos jóvenes, envolvieron el cuerpo y se lo llevaron a enterrar. Unas tres horas después entró la esposa de Ananías, sin saber lo que había pasado. Pedro le preguntó: Dime, ¿vendieron ustedes el terreno en el precio que han dicho ? Ella contestó: Sí, en ese precio. Pedro le dijo: ¿Por qué se pusieron ustedes de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Ahí vienen los que se llevaron a enterrar a tu esposo, y ahora te van a llevar también a ti. En ese mismo instante Safira cayó muerta, y se la llevaron a enterrar al lado de su esposo. Y todos los de la Iglesia, y todos los que supieron estas cosas, se llenaron de miedo" Hch 5, 1-10. El pecado de esta pareja no fue haber dado una parte de lo que tenían, su error fue asegurar que esa parte, era todo lo que poseían, todo lo que podían dar. Sus tumbas son un monumento a la falta de generosidad y los jóvenes que los enterraron comprendieron (como deben hacerlo las jóvenes parejas) que debemos enterrar la actitud mediocre de dar un 50% para crear una nueva actitud de entrega al 100%. Los besos que no se dan, se pierden. Las palabras de amor que no se dicen, se olvidan y las sonrisas que no compartimos, se marchitan. El matrimonio no es una sociedad de 50%. Debemos estar dispuestos a poner todo lo que está de nuestra parte. Pensarás: ¿Yo que recibo? ésa no es tu preocupación, ésa es la TAREA DEL OTRO. El apóstol San Pablo, con palabras inspiradas dice de esta manera:
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¿El casado se preocupa... de cómo agradar a su mujer... La casada se preocupa de cómo agradar a su marido ". ICor 7,33-34. Qué noble preocupación es la que debemos tener en el matrimonio. Agradar al otro. Tengo en mi mano una argolla con el nombre de mi esposa. "María Elena " y seguramente en su mano estará una con el nombre: "Salvador". Me pongo a pensar... ¿Por qué no tengo una argolla con mi nombre y ella con el suyo? Porque el matrimonio es un ponernos en las manos del otro y esas argolla es un grito que en silencio me dice: "CUÍDAME, MI FELICIDAD ESTA EN TU MANO". Cuando veo a una mujer que no se siente valorada, amada, realizada o respetada, no es ella la que ha fracasado, ha fracasado el hombre en cuyas manos ella puso su confianza y la esperanza de ser feliz. Cuando un hombre está insatisfecho y se ve reducido a productor de dinero, poco valorado, no se puede decir que ha fracasado, el fracaso es de la mujer que prometió amarlo y respetarlo hasta el fin. Sufrimos cuando estamos más preocupados de que nos agraden o insatisfechos por qué no lo hacen. Y nos sentimos felices cuando nos preocupamos de agradar al otro pues estamos cumpliendo nuestro compromiso de amar. Qué tremenda responsabilidad tenemos los casados. En nuestras manos está que el otro se sienta: USADO DE UNA MANERA EGOÍSTA O VALORADO, AMADO Y RESPETADO.

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2. "TODO LO QUE VALE CUESTA"

Todos quisiéramos tener matrimonios llenos de amor y paz, pero, ¿estamos dispuestos a pagar el precio? Si uno desea ser médico, maestro, mecánico, etc., sabe de antemano que debe pagar por una escolaridad y entrenamiento. Sólo después de un aprendizaje y muchos sacrificios puede coronar su carrera y empezar a adquirir la experiencia que con el paso del tiempo, si continúa su dedicación, llegará a tener muchos éxitos. ¿Y en el matrimonio qué? ¿Se puede ser feliz sin más? Mi abuelo bajaba cada semana al pueblo para realizar compras que luego repartía entre los vecinos que le hacían encargos. Un día un niño se le acercó para decirle: "Don Chon, me trae un pito". Al oir esto, los demás niños empezaron a decir: "A mi también", "Yo quiero uno". "Yo quiero dos"... El abuelo caminaba sin decir palabra. De repente se acercó un niño con unas monedas, y poniéndolas en su mano le dijo: "Don Chon, aquí le doy este dinero, me trae un pito". El abuelo respondió "Tu si vas a pitar, hijo". ¿Estas dispuesto a pagar el precio para tener un matrimonio feliz? "Tú si vas a pitar". La paz y la felicidad tienen un precio. Jesús se acerca a un endemoniado, y ante la orden dada por el Señor los espíritus malos contestaron' "Mándanos a los puercos para que entremos en ellos". Y Jesús se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron del hombre y entraron en los cerdos y la piara de unos 2000 se arrojaron al mar y se ahogaron... Cuando la gente del pueblo vino a ver lo que había pasado encontraron al que había estado endemoniado, vestido, sentado y en su sano juicio". Me 5, 12-15.
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El cambio de aquel hombre fue notorio. Antes estaba herido, desnudo y vagando por los montes, ahora "sentado, descansando, vestido con dignidad y en sano juicio". ¿Cuál fue el precio? Tuvieron que ahogarse 2000 cerdos; a la gente del pueblo, sobre todo a los dueños de los animales pareció que Jesús no había calculado muy bien el costo, por eso le pidieron que se retirara de ese lugar. ¿Por qué Jesús permitió eso? ¿No podía liberar al hombre sin que se ahogara ni un cerdo? ¡Claro que podía! Pero El quiso mostrarnos anticipadamente lo que después nos confirmó en la cruz, que para salvar al hombre es necesario pagar un rescate. En la balanza de Jesús pesó más el hombre que los dos mil cerdos que tuvieron que ahogarse. ¿Cómo está tu balanza? Si ponemos a un lado la felicidad de tu matrimonio, y al otro tus vicios, infidelidades, odios, celos, rencores, orgullo, etc. ¿hacia dónde se inclina? Estás dispuesto a dejar que se ahogue? Recuerda que no puedes tener las dos cosas al mismo tiempo. ¡Algo tiene que ahogarse! Posiblemente pienses que es muy duro y radical, pero tener un matrimonio estable y feliz es algo tan valioso, que sólo los que se atreven a pagar el precio pueden disfrutarlo. Si estás dispuesto a pagar el precio, y quieres saber cuál es, continúa leyendo.

"TODO LO QUE VALE CUESTA" "EL QUE QUIERA CELESTE QUE LE CUESTE" "LA QUE QUIERA SER BELLA QUE MIRE ESTRELLAS"
"EL QUE QUIERE PESCAR, QUE SE MOJE..." "EL QUE QUIERA UN MATRIMONIO FELIZ SIGA LEYENDO Y PONGA EN PRACTICA LO QUE LEE"

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3. EXIGENCIAS PARA UN MATRIMONIO FELIZ
Ya en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel sabía que el matrimonio era algo sagrado que se debía cuidar. Para ello tenían leyes específicas y muy estrictas. "Si un hombre comete adulterio con la mujer del prójimo, será muerto tanto el adúltero como la adúltera". Lv 20,10. La fidelidad y estabilidad del matrimonio eran considerados más valiosos que la vida misma. La ley era entonces: "Fidelidad o muerte" De esta manera no duraban mucho las discusiones entre parejas que ya no se amaban. Eso sí, había muchas viudas y viudos. Jesús dice: "No he venido a abolir la ley, sino a darle su pleno Mt5,17.

Un poco más difícil que en el Antiguo Testamento, porque aquí es morir cada día y, más aún, un morir voluntariamente al orgullo, las pasiones, los malos deseos y todo orgullo que impida que la vida de Cristo esté en nosotros. Todo esto debe hacerse voluntariamente, según el modelo de Jesús. "Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida... nadie me la quita, yo la doy voluntariamente" Jn 10, 17-18. Cuando tratamos de aplicar esta ley de "dar la vida voluntariamente" al matrimonio, entonces se sacan conclusiones muy concretas. Querido hermano (a), si has llegado leyendo hasta aquí, es que realmente estás interesado. Dios bendice tu interés pero pide al Señor que te de una gracia especial para leer, meditar y sobre todo practicar lo que a continuación está escrito. En el capítulo siguiente estudiaremos las exigencias más importantes que la Palabra de Dios pide al hombre y a la mujer que desean tener un matrimonio feliz. Deberíamos hablar a los dos al mismo tiempo, pero por cuestiones prácticas se hará por separado. Solemos decir: "las damas son primero, es cuestión de caballeros". Pero en el orden de Dios no es así. Le hablaremos primero a los hombres, ya que Dios se presenta siempre como el "Dios de Abraham, Isaac y Jacob" Ex 3,6. Un Dios interesado en hacer alianza con los varones pues en su plan el varón es el líder, cabeza y responsable de guiar no sólo su vida, sino la de toda su familia.

significado"

De manera que a la ley de la muerte no sólo le da su pleno significado, sino que la extiende para todos los que desean ser sus discípulos. Jesús nos dice: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niegúese a sí mismo, tome su cruz de cada día y sígame. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí, ese la salvará". Le 9,23-24. Tomar la cruz quiere decir estar dispuestos a morir para ser fieles a Cristo. Y esta es la nueva formulación de la ley: "Muerte, para ser fieles" 30

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4. PARA EL HOMBRE

"QUE SIGNIFICA SER CABEZA "Sométanse los unos a los otros, por reverencia a Cristo. Esposas, estén sujetas a sus esposos como el Señor. Porque el esposo es cabeza de la esposa, como Cristo es cabeza de la Iglesia. Cristo es también el Salvador de la Iglesia, la cual es su cuerpo; y así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las esposas deben estar en todo sujetas a sus esposos. Esposos, amen a sus esposas. Como Cristo amó a la Iglesia y dio su vida por ella. Esto lo hizo para consagrarla, purificándola por medio de la Palabra y del lavamiento del agua para presentársela a sí mismo como una Iglesia gloriosa, sin mancha, sin arruga ni nada parecido, sino consagrada y perfecta. Así como el esposo ama a su propio cuerpo así debe amar también a su esposa. El que ama a su esposa, se ama a sí mismo. Porque nadie odia su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida, como Cristo hace con la Iglesia, porque ella es su cuerpo y nosotros somos parte de ese cuerpo. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa y los dos serán como una sola persona'. Esto es un secreto muy grande; pero yo me estoy refiriendo a Cristo y ala Iglesia. En todo caso, que cada uno de ustedes ame a su esposa como a sí mismo y que la esposa respete al esposo" Ef 5,21-23. En pocas palabras: "LA CABEZA AMA, CUIDA, Y GOBIERNA AL CUERPO; ESO ES LO QUE EL ESPOSO DEBE HACER POR SU ESPOSA"

Es muy curioso, la sociedad en la que vivimos acepta normalmente que el hombre es el jefe de la familia, es más, si un menor de edad tiene algún problema con la ley, inmediatamente llaman a su padre pues lo consideran responsable legal. El hombre mismo tiene conciencia de que él manda en su casa y no falta quien hasta se le ocurra gritar: "¡AQUÍ YO MANDO!" Pero al preguntar ¿por qué?, son pocos los que saben dar una respuesta correcta. Es más, por no saber dar una respuesta correcta se ha llegado a pensar (sobre todo en las corrientes feministas) que en el hogar no hay un jefe. Que en la casa no manda el hombre o, como dice Mafalda, "Aquísomos un sindicato". Cuánto desastre familiar, cuántos pleitos matrimoniales, cuánta lucha innecesaria. Sólo por no comprender esta verdad. "El marido es la cabeza de la mujer, como Cristo es la cabeza de la Iglesia" Ef 5,23. Muchos, incluso cristianos, se esfuerzan por disculpar a San Pablo por semejante afirmación diciendo de que eso era en aquel tiempo, pero que hoy ya no es así. Otros simplemente se burlan y dicen: "Eso ya pasó de moda". Pues por no comprender este principio y por haber pasado de moda, ya pasó de moda también tener matrimonios estables y felices. Querido hermano: lo primero que debes saber es que: "Tú eres la cabeza del hogar". Ahora eres tú quien pregunta: ¿Por qué el hombre es la cabeza? No es por ser más fuerte, ni más inteligente. No es por ser el que gana más dinero. No es por ser el macho... Y entonces, ¿por qué? Por una sola razón. "Porque ese es el plan de Dios".
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4.1. La cabeza ama su cuerpo
El apóstol San Pablo nos muestra dos formas concretas de cómo el esposo debe amar a la esposa. Así deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. Ef 5,28.
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Esto es muy fácil de entender. ¿Le gustaría a tu cuerpo que lo golpearan? Pues no golpees a tu esposa. Ella es tu cuerpo. ¿Le gustaría a tu cuerpo que lo traicionaran? Pues no traiciones a tu esposa. Ella es tu cuerpo. ¿Le gustaría a tu cuerpo que le mintieran? Pues no le mientas a tu esposa. Ella es tu cuerpo. ¿Le gustaría a tu cuerpo que le gritaran y lo insultaran? Pues no le grites ni insultes a tu esposa. Ella es tu cuerpo. ¿Le gustaría a tu cuerpo que lo vistieran y alimentaran bien? Pues viste y alimenta bien a tu esposa. Ella es tu cuerpo. ¿Le gustaría a tu cuerpo que lo abrazaran y lo acariciaran con amor? Pues abraza y acaricia con amor a tu esposa. Ella es tu cuerpo. ¿Le gustaría a tu cuerpo dormir tranquilo y descansar seguro? Pues llega temprano a la casa para que duerma tranquila tu esposa y no esté preocupada por lo que te puede pasar en la calle, pues ella es tu cuerpo. "Maridos, amad a vuestras Iglesia"Ef 5, 25. mujeres como Cristo amó a la

dades de practicar esta forma de amar. Por ejemplo: dar el primer beso de la mañana, tarde o noche. Tomar la iniciativa para disfrutar de la intimidad conyugal; iniciar una conversación cuando por discusiones hemos dejado de hablarnos y sobre todo pedir perdón para dar por finalizado un conflicto. Amar gratis Los esposos cristianos debemos amar sin preguntar si la esposa merece o no nuestro amor. El amor lo damos como regalo, no como premio. "Más la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" Rom 5,8. Cuántas veces dejamos de decir palabras amorosas o hacer cosas agradables para la esposa, porque pensamos que no lo merece, Pues la próxima vez que tengas buenos deseos, realízalos; que sí crees que tu esposa no lo merece y aún así le muestras todo tu amor, entonces te pareces a Jesús. Amar hasta el Extremo

Esto sí es más difícil y sólo puede hacerse con la ayuda de Dios. Pero veamos brevemente qué es amar, como Cristo amó a la Iglesia. Dar el primer paso Tomar la iniciativa, dar el primer paso, acortar la distancia y todo lo que tenga que ver con ser el primero en amar. "En esto consiste el amor: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó y nos envió a su Hijo" Jn 4,10. A lo largo de nuestro matrimonio tendremos muchas oportuni34

"Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" Jn 13,1. Esto para un esposo que quiere ser cabeza como Cristo, quiere decir: estar dispuesto a amar siempre y con toda la intensidad. El matrimonio no se construye con actos de amor, sino con la decisión permanente de amar. Es natural que en unos días sintamos más ilusión, alegría y entusiasmo que en otros, pero en todos estamos dispuestos a amar. La promesa que hemos hecho es de amar, "en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, cuidar y respetar a nuestra esposa todos los días de nuestra vida". 35

Se acabó la amenaza de "irnos de la casa", la decisión que tomamos es de quedarnos y cuando las cosas no marchen bien entonces poner todo lo que está de nuestra parte por mejorar nuestra relación. Dios bendice a los esposos que permanecen fieles y al lado de su esposa, aún cuando la enfermedad, mal carácter, incomprensión o falta de ternura de ella, podría darle pretexto para justificar su infidelidad o abandono.

4.2 La cabeza cuida al cuerpo
"Porque nadie aborreció jamás su propia carne antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo, a la Iglesia, pues somos miembros de su cuerpo" Ef 5, 29-30. Esta es una de las maneras más concretas que el esposo tiene para evaluar si está cumpliendo como cabeza de su esposa. Cuidar al cuerpo es en primer lugar proporcionar a nuestra esposa un lugar decente donde vivir, la alimentación y el vestido adecuado. Ser considerados buscando para ellas el descanso y la recreación necesarios. Luego estimular y colaborar con su crecimiento intelectual y espiritual. En una palabra, cuidar el cuerpo es proveer a nuestra esposa de todo lo indispensable para su desarrollo integral. Todo esposo debe estar consciente que para casarse con él, su esposa tuvo que abandonar la propia casa y las muchas o pocas comodidades que tenía al lado de sus padres. Esta es una razón más para esforzarnos por brindarle algo mejor de lo que ha dejado. Cuidar al cuerpo es también no exponerlo a peligros innecesarios. Cuántos esposos arriesgan la vida de sus esposas al conducir su automóvil a excesiva velocidad o bajo el efecto del alcohol o drogas. Es una verdadera irresponsabilidad y falta de cuidado permitir cualquier tipo de vicios en nuestra casa, pero aún fomentar la presencia prolongada de personas que los practican. El esposo pone en peligro la vida de su esposa cuando creyendo
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encontrar un rato de placer sexual en otra compañía, encuentra contagio de enfermedades que les ocasionarán como matrimonio, grandes dificultades y hasta la muerte. Una de las faltas de cuidado, que desafortunadamente cometemos los esposos, es prolongar innecesariamente nuestra ausencia. Cuántas personas parecen viudas o madres solteras. Pues ya sea en la casa como en la calle, se les ve pasar la mayor parte de su tiempo como personas solitarias. Y recuerda que la soledad es mala consejera.

4.3 L a cabeza gobierna al cuerpo
"Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a su maridos en todo" Ef 5,24. Este es quizá el aspecto más profundo y delicado de lo que significa para el hombre el ser cabeza. El hombre tiene la autoridad y por lo mismo la responsabilidad. No se trata de gritar: ¡Aquí mando yo!, se trata de aceptar que ¡aquí yo soy el responsable! En general, pocas personas entienden bien el concepto de autoridad y por el mal ejemplo de muchos que la han ejercido, sienten un rechazo a la misma. Tener autoridad no significa que tú vas a mandar y todos van a hacer lo que a ti te de la gana. No, nada más lejos del concepto de autoridad. El término autoridad traduce el vocablo griego exousía, el cual deriva de la forma verbal compuesta con preposición éx-eimi, literalmente "estar fuera", por lo que equivale a: "salir", "venir a prueba", "descender", "provenir de" (Miguel Balague, Diccionario Griego-Español, 1958). La autoridad no es algo que reside en uno mismo. Es algo que de afuera se nos ha dado. La razón por la que tengo autoridad no está en mí, sino en el que me la ha confiado. Por eso dice San Pablo:
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"Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se revela contra el orden divino..." Rm 13, 1-2. No es mi intención analizar cómo en la sociedad y en la Iglesia se aplica este principio, pero sí, cómo debe ejercerlo el esposo en su matrimonio. Un ejemplo que nos hará comprender lo que es autoridad, son las palabras del centurión romano que causó gran admiración a Jesús. "Al entrar Jesús en Cafarnaúm, un capitán romano se le acercó para hacerle un ruego. Le dijo: Señor, mi criado está en casa enfermo, paralizado y sufriendo terribles dolores. Jesús le respondió: Iré a sanarlo. El capitán le contestó: Señor, yo no merezco que entres en mi casa; solamente di la orden, y mi criado quedará sano. Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. Cuando le digo a uno de ellos que vaya, va; cuando le digo a otro que venga, viene; y cuando a mi criado le pido que haga algo, lo hace. Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre" Mt 8, 5-10. Lo que nos llama la atención es la razón que da el centurión, el "¿por qué?", que le hace estar seguro de que una palabra de Jesús basta. No le dice "Porque tú eres Dios". El centurión dice: "Porque yo que soy un subalterno tengo soldados a mis órdenes". En otras palabras le dijo: "También yo que obedezco, tengo autoridad". Qué profundo secreto descubrió ese hombre: Jesús, porque obedece la voluntad del Padre que lo ha enviado, tiene la autoridad sobre la enfermedad; así como él, que está bajo la autoridad de sus superiores, tiene autoridad sobre sus soldados.
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Cuántos hombres se quejan de tener esposa e hijos rebeldes que no los respetan, pero ¿respetan estos hombres y están sujetos a la autoridad de Dios? Es difícil acatar las órdenes de alguien que no obedece ni respeta la autoridad de nadie. Ese tal se llama "Tirano". Pues se quiere presentar como dueño absoluto. Recuerda que donde hay un tirano, habrá quien luche por derrocarlo. Querido hermano, quizá estés preguntando: ¿En qué resolverá todo esto mis problemas matrimoniales? Posiblemente lees para encontrar ideas, luces, para resolver problemas sobre familia, finanzas, sexo, etc. Todo eso y más encontrarás en este libro, pero a su tiempo. En este momento fijaremos nuestra atención en un solo punto que es la base misma sobre la que un hombre debe construir su felicidad conyugal. Respeta la autoridad de Dios y ordena tu vida según su voluntad y luego tendrás autoridad para gobernar tu casa. Mi hermano Antonio, con sus hijos, se encontraban bañándose en el mar; ante el temor de ser arrastrados por las olas, mi sobrina agarrándolo fuertemente de la mano le dice: "Papito, yo me agarro de ti, y tú agárrate de Dios". Sin darse cuenta esa niña estaba señalando el orden de Dios, para un matrimonio y una familia. Construir un matrimonio feliz y, más aún, ser cabeza del mismo, es sólo para hombres que están dispuestos a dejarse guiar por la mano de Dios. Dios dijo a Abraham: "De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición... Por ti se bendecirán todas las familias de la tierra" Gn 12, 2-3. Qué misión más grande la de Abraham: "Ser una bendición para todas las familias". Por otro lado, Dios dijo a Adán: "Maldita será la tierra por tu causa" Gn 3, 17. 39

Qué triste realidad: "Ser responsable de una maldición, sufrimiento y dolor para toda la tierra". ¿A cuál de los dos te pareces? ¿Has sido hasta hoy una bendición llevando a tu familia, el amor, la paz, la alegría y todo lo que Dios desea que llegue a ellos por medio de ti? ¿Reconoces que eres responsable de tantas lágrimas, pleitos, abandono, inestabilidad. En una palabra, de tantas maldiciones para los tuyos? El pueblo de Israel vivió un momento histórico muy difícil en el que lo único que hacía era llorar, pues sentía que ya ni Dios los escuchaba. Qué experiencia más dolorosa. Qué soledad más grande. Y cuando ellos preguntaron a Dios ¿por qué sufrimos tanto? ¿por qué no nos escuchas? Dios contestó: "Porque Yahvéh es testigo entre tú y la esposa de tu juventud a la que traicionaste, siendo así que ella era tu compañera, la mujer de tu alianza... Guardaos, pues, vuestro Espíritu: no traiciones a la esposa de tu juventud. Pues yo odio el divorcio, dice Yahveh Dios de Israel... " Mal 2, 14-16. Todo un pueblo sufriendo por la falta de fidelidad y responsabilidad de los esposos. Cuántas lágrimas se derraman hoy. Lágrimas de niños abandonados que están creciendo como ovejas sin pastor. Querido hermano, es tiempo ya de detenerse y meditar. Suficiente dolor hay en el mundo. No seamos nosotros causantes de más lágrimas y desesperación. Ser cabeza, es guiar al cuerpo con el mayor cuidado y respeto posible para encontrar la felicidad, y la felicidad del cuerpo es también la felicidad de la cabeza. Pues "son una sola carne". Posiblemente te sientas desanimado, como un hombre que sufre de parálisis en alguna parte de su cuerpo y sufre, pues los miembros no responden al deseo de moverse que él tiene. No te toca juzgar ni convencer a tu esposa, pídele a Dios que le aumente la luz que necesita en las páginas que leerá a continuación.
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Tu debes poner lo que está de tu parte. Correr como Zaqueo. ¿Lo recuerdas? El hombre de pequeña estatura de que nos habla San Lucas en el capítulo 19 de su Evangelio. Pues bien, ese hombre corrió y subió a un árbol para ver a Jesús. Jesús al ver su esfuerzo quiso corresponder quedándose a cenar en su casa y sobre todo pronunciando aquellas palabras tan llenas de amor y de esperanza: "Zaqueo hoy ha llegado la salvación a tu casa". ¿Cuántos de la casa de Zaqueo corrieron y subieron al árbol para ver al Jesús? Zaqueo hizo solo el esfuerzo. ¿A quién dijo Jesús que llegaba la salvación? A todo los de la casa. Dios bendice a los. esposos como Zaqueo que en lugar de estar sentados o arrastrándose en el suelo de sus vicios e infidelidades, y tratando de justificar su actitud en la indiferencia o errores de su esposa, están corriendo y luchando por subir cada vez más alto en la vida; sabiendo que quien alcanza la mayor altura ve más lejos y mejores horizontes. Todos tus esfuerzos serán compensados cuando, sirviendo y cuidando a tu esposa, estás cumpliendo con la voluntad de Dios. Y si en algo estimas tu relación con Dios, si deseas orar y ser escuchado, piensa en las palabras del apóstol San Pedro: "De igual manera vosotros, maridos, en la vida común, sed comprensivos con la mujer que es un ser frágil, tributándole honor como coherederas que son también de la gracia de vida, PARA QUE VUESTRAS ORACIONES NO ENCUENTREN OBSTÁCULOS. 1 Pedro 3,7. Toda nuestra actitud de amor, cuidado y protección que brindamos a nuestra esposa facilita nuestra relación con Dios. Por el contrario, no podemos imaginar que Dios está sonriendo con nosotros, si por nuestra indiferencia, egoísmo y falta de amor está amargado el corazón de ella.

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"EL ROSTRO DE DIOS SE ASOMA EN EL ROSTRO DE NUESTRA ESPOSA". Ser amorosos, brindar cuidado y protección a nuestra esposa, no es un buen consejo que deberíamos poner en práctica, es una exigencia si deseamos construir un matrimonio feliz.

5. PARA LA MUJER

Ahora con mucho respeto y amor me toca compartir mis reflexiones a la mujer, y lo hago con la esperanza de encontrar en ellas un corazón abierto como el de la Virgen María, para aceptar el plan de Dios para sus vidas. Ya desde el primer libro de la Biblia, Dios se encarga de instruirnos en la tremenda dignidad que tiene la mujer y lo mucho que significa para el hombre. Luego, Dios el Señor, dijo: "No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él. Y Dios el Señor, formó de la tierra todos los animales y todas las aves, y se los llevó al hombre para que les pusiera nombre. El hombre le puso nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves y a todos los animales salvajes, y ese nombre se les quedó. Sin embargo, ninguno de ellos resultó ser la ayuda adecuada para él. Entonces, Dios el Señor, hizo caer al hombre en un sueño profundo y, mientras dormía, le sacó una de las costillas y le cerró otra vez la carne. De esa costilla, Dios el Señor, al verla dijo: ¡Esta sí que es de mi propia carne y de mis propios huesos! Se va llamar mujer, porque Dios la sacó del hombre. Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, los dos llegan a ser como una sola carne. Tanto el hombre como su mujer estaban desnudos, pero ninguno de los dos sentía vergüenza de estar así" Gn 2, 18-25. Dios nos muestra un Adán dueño de todo, rodeado de las diversas especies animales. Adán tenía campos, ríos, mares a su disposición. Los árboles, las minas, los tesoros naturales pero... solo, siempre solo. 43

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Este segundo relato de la creación nos destaca y pone en alto relieve la figura de la mujer, presentándola como broche de oro, como obra maestra con la cual culmina el Creador el gran poema de la creación. La mujer es presentada pues como única "ayuda adecuada", capaz de llenar el profundo vacío de soledad del hombre. El Adán moderno puede tener todo: trabajo, carro, cuenta bancada, deportes, amigos, dinero, etc. Pero todo eso pasa a segundo plano cuando aparece a su lado la mujer que él ama y la única capaz de compartir como ayuda idónea su vida. Pocas mujeres están conscientes de todo lo que a nuestro lado significan, y otras aprovechándose de esta profunda necesidad que el hombre tiene de ellas, se han convertido en "muñecas". Se han prostituido. Se han reducido a objetos, instrumentos que sin dignidad no son más la "ayuda adecuada". No abriremos aquí una discusión para buscar las culpabilidades. Queremos descifrar más bien algunas pistas que Dios muestra en la Escritura a las mujeres que desean realizar el plan para el que han sido creadas. ¡SER SOSTEN Y AYUDA SEMEJANTE!

Baraq le respondió: 'Si tú vas conmigo, voy. Pero si no vienes conmigo, no voy, porque no sé en qué día me dará la victoria el Ángel de Yahveh" Jue 4, 4-18. Baraq está dispuesto a la guerra, pero aún acompañado de diez mil hombres se siente solo. No teme pelear, está decidido a hacerlo, pero quiere que Débora lo acompañe, pues ella presagia la victoria, sus palabras le animarán en cada momento. Cuántas mujeres actúan como Débora, y en los momentos más difíciles de la vida del hombre, saben acompañarlos, animándoles a vencer. Nos sentimos seguros si caminan a nuestro lado, pues el respeto y la admiración nos estimulan y con su comprensión y su ternura vendan nuestras heridas. Pero existe también la mujer que ha puesto su acento en otro lado; ya no es Débora, ésa devora. A ésta es mejor dejarla en casa, pues a lo largo del camino nos irá diciendo: "Ya viste, yo te lo decía, vas a perder la guerra; mejor regrésate, tú no tienes fuerza para vencer, eres un fracaso... Bien me lo decía mi mamá". En este caso el hombre prefiere ir solo al combate diario en la vida, pues en lugar de una ayuda semejante, tiene semejante estorbo que no le permite luchar.

5.1. Débora o devora
La Biblia nos presenta el modelo de una mujer que era juez en uno de los momentos más difíciles para el pueblo de Israel. En aquel tiempo, Débora, una profetiza, mujer de Lappidor, era juez de Israel. Se sentaba bajo la palmera de Débora, entre Rama y Betel, en la montaña de Efraín; y los israelitas subían donde ella para resolver sus pleitos. Esta mandó llamar a Baraq, hijo de Abinoam, de Quedes de Neftalí, y le dijo: 'Acaso no te ordena esto Yahveh, Dios de Israel. Vete, y en el monte Tabor recluta y toma contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón. Yo atraeré hacia ti sus carros y sus tropas, y los pondré en tus manos'.
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5.2. Raquel supo motivar a Jacob
El libro Génesis, en el capítulo 29, nos presenta la historia de Jacob y la mujer que amaba llamada Raquel. Jacob llegó a un lugar donde había un pozo. Sobre la boca del pozo había una gran piedra y sólo cuando todos los pastores reunían su rebaño movían la piedra y daban de beber a las ovejas. Jacob se encontraba platicando con tres pastores que ya estaban reunidos en torno al pozo, cuando llegó Raquel que también era pastora, trayendo a sus ovejas. Entonces Jacob al verla se acercó al pozo, quitó la gran piedra y sacó agua para dar a las ovejas de Raquel. Luego la besó y se puso a llorar.
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Cuántos sentimientos despertaríe en ese hombre la presencia de aquella mujer. Le hizo abrir el pozo antes de tiempo y, sobre todo, mover la gran piedra, con una fuerza insospechada. ¿Dónde encontró el motivo para hacer eso? En el amor que Raquel le inspiraba. La historia continúa. Deseosos de casarse habló con el padre de la joven al que le prometió trabajar siete años en sus campos con tal que le concediera la mano de su hija. Y el versículo 20 es digno de aprenderse de memoria. "Sirvió, pues, Jacob por Raquel siete años y le parecieron unos cuantos días, ya que la amaba tanto" Gn 19,20. Dios bendiga a las mujeres que a nuestro lado nos despiertan con su amor, esa fuerza capaz de mover las piedras más pesadas y de sentir que ningún trabajo es grande. Nunca dejes de brindar a tu esposo las palabras de aliento que .son necesarias. La lucha por la vida es dura. Las cosas no están saliendo muy bien. Y al verlo regresar a casa, tal vez cansado y mal humorado, no le recibas con una lista de quejas, ni cometas el error de decir como los niños... "¿Y sólo esto me trajiste?". Dile que tu alegría es verle. Le amas por lo que es, no por lo que pueda darte. Tú le admiras y lo valoras a él, no por los logros que alcance. Muchos hombres se sienten defraudados al sentirse máquinas de hacer dinero y, peor aún, cuando a pesar de todos los esfuerzos no logran ver feliz ni agradecida a la mujer que aman. No permitas que tu esposo llegue a pensar que otra mujer en tu lugar, con menos de lo que él te da a ti, estaría contenta y feliz. Acostúmbrate a premiar con un ¡Muchas gracias! todos los esfuerzos que tu esposo realiza y le darás la energía para el esfuerzo siguiente.
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5.3 El peor error que puede cometer
Según el libro de Ester, Vasti, era reina, esposa del Rey Asuero. Esta reina que es un personaje desconocido en la historia, cometió un gran error, que es el que más influye en la historia de cada matrimonio. El que más destruye. Cuando el Rey estaba rodeado de todos sus amigos y en el momento más alegre de la fiesta, quiso presentar a su esposa (que realmente era bella). Mandó a sus siervos para que la trajeran. Ella mandó decir al Rey que no tenía ganas de ir. Los consejeros del Rey dijeron: "La reina Vasti, no ha ofendido solamente al Rey, sino a todos los jefes y a todos los pueblos de todas las provincias del Rey Asuero. Porque se correrá el caso de la reina entre todas las mujeres y hará que pierdan estima a sus maridos, pues dirán: El Rey Asuero mandó hacer venir a su presencia la reina Vasti, pero ella no fue. Y a partir de hoy las princesas de los persas y los medos, que conozcan la conducta de la reina, hablarán de ello a los jefes del rey y habrá menosprecio y altercados. Si al rey le parece bien, publíquese de su parte o inscríbase en las leyes de los persas y los medos, para que no sea traspasado este decreto: que no vuelva Vasti a presencia del Rey Asuero. Y dé el Rey el título de reina a otra mejor que ella. El acuerdo tomado por el Rey será conocido en todo su reino, a pesar de ser tan grande, y todas las mujeres honrarán a sus maridos desde el mayor al más pequeño. Pareció bueno el consejo al rey y a los jefes, y el rey llevó a efecto la sugerencia de Memukán. Envió el rey cartas a todas las provincias, a cada provincia según su lengua, para que todo marido fuese señor de su casa" Est 1,16-22. A Vasti se le olvidó algo que a menudo se le olvida a muchas mujeres. El que le estaba llamando no era sólo el Rey, sino su esposo. Y esto fue lo que preocupó a todos los presentes y dijeron
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al rey: "Que hagan contigo lo que quiera la reina, el problema es que nuestras esposas sabrán este caso y cuando les digamos algo, ellas contestarán: Si la reina no le hace caso a su esposo menos te voy a hacer caso a ti". Y perdió su trono Vasti por haber perdido antes la estima y el respeto a su esposo. Cuántas mujeres no entienden todavía que hay cosas más importantes que el orgullo. Esta es pues la exigencia más grande que se impone a las mujeres que desean tener un matrimonio feliz: Ser dóciles. "Igualmente, vosotras mujeres, sed sumisas a vuestros maridos porque, si incluso algunos no creen en la palabra, sean ganados no por las palabras, sino por la conducta de sus mujeres al considerar vuestra conducta casta y respetuosa. Que vuestro adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas y modas, sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena: esto es precioso ante Dios. Así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperan en Dios siendo sumisas a sus maridos; así obedeció Sara a Abraham, llamándole Señor. De ella os hacéis hijas cuando obráis bien, sin ningún temor" 1 Pe 3, 1-6. Mujeres sed sumisas a vuestros maridos. Para nuestras lectoras modernas estas palabras pueden sonar muy duras y anticuadas. Sé que muchas teorías feministas luchan por establecer paridad en autoridad y liderazgo. No es mi intención argumentar para convencerte. Sólo quiero enfatizar este aspecto, ya que todo el desastre de un matrimonio comienza cuando se ha perdido el respeto y la admiración del uno al otro. Uno de los peores errores que puede cometer una mujer es competir con su esposo o tratar de dominarle. Cuando un hombre se siente retado o siente que está perdiendo su autoridad acude a los gritos y a la violencia, ya que todo complejo de inferioridad se convierte en agresividad.
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Cuando la Biblia dice que el hombre es "Cabeza" no está tratando de establecer el dominio del "Macho", del fuerte, del masculino; se trata de establecer un orden en vista a facilitar un entendimiento y la paz. No es fácil escribir acerca de esto, que es un punto muy discutido, pero más allá de nuestras teorías y razonamientos, San Pablo nos presenta no sólo el orden divino, sino la espiritualidad profunda que éste encierra. "Sed sumisos los unos a los otros en el temor a Cristo. Las mujeres a sus maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, el Salvador del cuerpo. Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo" Ef 5, 21-24. Cuánto puede ayudar una mujer sumisa a que su marido tome conciencia del valor de sí mismo. Aquí está la fuerza de la sujeción de la mujer, que se inclina ante su esposo. No se somete al macho, no está aceptando los vicios, infidelidades o malos tratos. Por el contrario, está reconociendo en este hombre la dignidad que tiene como templo del Espíritu Santo, como reflejo de la gloria de Dios. Con su actitud respetuosa y humilde está obligando al hombre a mirarse a sí mismo, como alguien que merece respeto y a mirar a Dios como aquél del cual viene la autoridad y dignidad. Tomar la actitud contraria o pasar por encima de la autoridad del hombre es invitarlo a perder la estima de su dignidad. Es propiciar su hundimiento. Es aceptar su condición de irresponsable y de fracasado. Se cuenta que Santo Tomás de Aquino tenía fama de ser muy confiado. Un día un fraile amigo suyo, queriendo burlarse de su sencillez entró en su habitación gritando: "Tomás, Tomás, asómate a la ventana, mira que va una vaca volando". El Santo de inmediato se asomó a su balcón buscando en todas direcciones al animal. Su compañero sabiendo que se trataba de una broma le dijo: Pero,
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Tomás, ¿cómo has creído que una vaca vuela? A lo que Tomás respondió: "Prefiero creer que una vaca vuela y no que un fraile como tú, mienta". Esta respuesta puso fin a la risa burlona de su compañero y le hizo recordar la dignidad de su estado. Cuando una esposa califica a su esposo de mentiroso, irresponsable, le dice que no le cree; que no le extrañaría que viniera de... que ella sabe de todo lo que es capaz, etc. Le está creando una actitud mental para realizar todo tipo de tonterías, pues él sabe que a su mujer no le extrañaría nada de eso. Pero si, por el contrario, le manifiesta todo el aprecio que le tiene, lo mucho que confía en él, lo orgullosa que está de ser la esposa de un hombre así, etc., le está creando una actitud mental en la que cualquier tontería que esté pensando no va con la dignidad y la imagen que de él tiene. Aquí están, pues, las exigencias más urgentes e inmediatas a realizar para un matrimonio feliz. No olvides que eres la "Ayuda Idónea"; la Débora que acompaña y anima; la Raquel que despierta en su esposo, la fuerza que ni él sabe que tiene y sabe valorar ' cada uno de sus esfuerzos. Por ningún motivo pierdas el trono como la reina Vasti, pues, eso significa que antes has perdido la estima y el respeto por tu esposo. Trata, más bien, con tu conducta, hacerle más consciente de la dignidad y la autoridad que tiene como hijo de Dios y líder espiritual de tu casa. "TU ESPOSO SERA EN GRAN PARTE, LO QUE TU CREAS Y DIGAS QUE ES". Además, recuerda que: "el que habla mal de su cónyuge, habla mal de sus propios gustos".

6. CONCLUSIÓN

El Apóstol San Pablo que no tenia todo el tiempo para escribir largas exhortaciones, resume todo lo que el esposo y la esposa cristianos deben esforzarse por cumplir, como primera exigencia, para tener un matrimonio feliz. "Esposas, sométanse a sus esposos, pues éste es su deber como creyentes en el Señor. Esposos, amen a sus esposas y no les traten con aspereza" Col 3, 18-19. Las esposas deben esforzarse por ser "dóciles, suaves" y facilitar de esa manera al esposo la difícil misión que tiene como cabeza. El esposo, por su parte, debe tener en cada momento presente que su más grande exigencia es ser cariñoso, comprensivo, amoroso, y sobre todo, encontrar la manera de que su esposa lo sepa. No basta con decir: "Gracias, Señor, porque hoy no he cometido adulterio". Nuestra oración deber ser: "Gracias, Señor, porque hoy encontré la forma de mostrar a mi cónyuge el amor que le tengo".

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TERCERA PARTE

CONSEJOS PRÁCTICOS

Cada pareja vive en su matrimonio una experiencia única e irrepetible. Pero conocer y meditar en aquellos que han logrado llegar unidos y amándose hasta el fin, puede ayudarnos a caminar mejor nuestro propio camino. A continuación estudiaremos diversos aspectos de la vida de un matrimonio. Por momentos sentirás que se está hablando secretos de tu vida matrimonial, pero no es así. Calma, si lo que leerán a continuación se parece a tu realidad, no es pura coincidencia. Es que Dios quiere hablarnos a lo más profundo del corazón, para mostrar cuál es el camino que nos conduce a tener un matrimonio feliz. Mi oración es para que ninguno tenga que caminar solo. Que sean los dos, como María y José, que vayan caminando de la mano con Jesús.

EL EJEMPLO DE ABRAHAM Y SARA
Siempre que oímos hablar de Abraham lo asociamos con un modelo de fe. Pero cuando analizamos detenidamente esta figura al lado de su esposa Sara, se levantan como un modelo para los matrimonios que desean ser felices. San Pablo refiriéndose a Abraham nos dice: "No vaciló en su fe al considerar su cuerpo ya sin vigor— tenía cien años — y el seno de Sara igualmente estéril" Rom 4, 19. La fe de este profundo creyente no radica sólo en el hecho de haber creído a Dios y su propuesta. Creyó también en él mismo, en su esposa y en que su matrimonio estéril podía ser fecundo. Esta es la fe que a muchos nos hace falta. Cuando vemos el aparente fracaso en nuestra relación matrimonial, a pesar de todo, debemos seguir confiando en que con la ayuda de Dios podemos ser felices. Recuerda que Abraham no dijo al Señor: ¿Cómo será posible que con esta anciana y estéril esposa podré lograr un hijo? El solamente creyó y esa fe los hizo fecundos.
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San Pedro por su parte nos presenta a Sara como modelo para las esposas cristianas: "Así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sumisas a sus maridos; así obedeció Sara a Abraham, llamándole Señor. De ella os hacéis hijas cuando obráis bien, sin tener ningún temor" 1 Pe 3, 5-6. Mi interés por ver a esta pareja del Antiguo Testamento aumentó al ver que hasta en el sepulcro sus cuerpos quedaron juntos. "Allífue sepultado Abraham con su mujer Sara" Gn 25, 10. ¿Qué fue lo que los hizo llegar hasta el fin? Lastimosamente en la Biblia no encontramos una respuesta directa a esa pregunta, pero leyendo con atención descubrimos diversos acontecimientos que, en la vida de ellos, ocurrieron, y la manera como enfrentaron las circunstancias que les tocó vivir. Todo esto nos anima, pues ellos fueron pareja como nosotros, que supieron superar los mismos obstáculos que hoy estamos enfrentando. Meditemos a continuación los aspectos que fueron fundamentales en la experiencia de Abraham y Sara, y que son decisivos en la vida de cualquier pareja que tenga deseos de llegar unida hasta el fin.

1. CASA-DOS

"Yahveh dijo a Abraham: vete de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré... Tomó Abraham a Sara, su mujer..." Gn 12, 1-5., Como vemos, el matrimonio de Abraham y Sara llevó hasta las últimas consecuencias el antiguo mandato bíblico: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se hacen una sola carne" Gn 2, 24. Hablar de este aspecto es tan delicado, como tan decisivo para alcanzar la realización como pareja. Los casados son eso CASA-DOS, no son casa-tres, ni casa-cuatro. Es comprensible que en nuestro medio, por la falta de recursos, los nuevos matrimonio comiencen compartiendo la casa de algún miembro de la familia, pues aun en este caso, que no es el ideal, es necesario dejar bien claro que: aquella persona elegida con libertad y amor, para compartir el camino de nuestra existencia, se convierte, al mismo tiempo, en la persona más importante en nuestra vida. Todos los amores, amistades y compromisos dejaron de ser los míos para ser los nuestros. Es al cónyuge a quien se deben decir con más propiedad las palabras que Ruth dijo a su suegra Noemí: "¡Donde tu vayas, yo iré; Donde habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, moriré y allí sea enterrada.

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Que Yahveh me dé este mal y añada este otro todavía, si no es tan sólo la muerte lo que nos ha de separar" Rt 1, 16-17. Es urgente que entendamos y aceptemos sanamente las consecuencias de este principio por la paz y la felicidad de nuestro matrimonio, y de nuestros hijos. El esposo es el hombre más importante en la vida de la esposa. Y la esposa es la mujer más importante en la vida del esposo. Esto es claro y definitivo, lo demás es pura poesía. ¿Significa esto que debemos alejarnos de nuestros padres, familiares y amigos? En algunas ocasiones, sí. Y sobre todo, al inicio de nuestra vida matrimonial. Lo que dificulta y, en el peor de los casos, destruye a muchas parejas, es la injerencia familiar y, más aún, cuando se manifiesta en cuidados y protección hacia la pareja. Muchos padres de familia con su excesivo deseo de atender, proveer y proteger el matrimonio de sus hijos, sientan las bases de la despreocupación e irresponsabilidad. Privan a los jóvenes esposos de las aventuras y privaciones del comienzo, que constituyen los retos para el progreso y son más que recuerdos, cimientos en el sano desarrollo de sus vidas. Mira las aves: Cada una fabrica con amor su propio nido. Los esposos que desean sentar las bases para su felicidad, deben empezar por dejar claro; que ellos mismos, ante sus familiares y amigos, que la esposa y el esposo tienen el primer lugar. Ya que amar, cuidar y proteger a mi cónyuge es amarme a mí mismo, pues somos una sola carne. Luego, desde esa relación de pareja integrada y realizada, podemos amar y servir a nuestros familiares y amigos, con quienes nos unen lazos de sangre y, más profundamente, vínculos de gratitud y verdadero cariño. Si hay algo por lo que una pareja debe luchar es por ser ellos. Y cuando en la intimidad de su cuarto comiencen las tradicionales discusiones de: "Mira, tu madre... pero tu hermana, pero tu tía, pero
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tu abuelo, etc." El primero que logre salir de esa situación asfixiante, abra la puerta de la habitación y saque de ella a ese montón de gente, pues será muy incómodo dormir con todos ellos en la misma cama. Si a los demás y a la persona que amamos les queda claro que el cónyuge es lo más importante de nuestra vida, se acabarán los celos inútiles, los reclamos infructuosos y la sensación de frustración y abandono. Si por el contrario, nunca lo ponemos en el lugar que le corresponde (que es el primero) seguiremos escuchando exclamaciones como ésta: ¡Que viva mi suegra!, pero que viva bien lejos. O leyendo epitafios tan elocuentes como aquel que estaba escrito sobre la tumba de una insigne suegra: "Aquí descansa en paz mi suegra... y en la casa todos". Nada hay para una pareja que sea más importante que la felicidad de ambos. La fuerza de nuestra unidad nos sacará adelante, incluso en los momentos más dolorosos y difíciles de la vida, y, por el contrario, si no hemos descubierto y hecho realidad el principio de que somos "una sola carne", cualquier tropiezo, por pequeño que sea, parecerá como el obstáculo infranqueable para continuar unidos hasta el final del camino.

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2. UN ALTAR PARA DIOS

cuando las razones, cualidades o circunstancias que ahora nos unen, comiencen a faltarnos. La Escritura nos dice: "Más vale dos que uno solo, pues obtiene mayor ganancia de su esfuerzo. Pues si cayesen, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante. Si dos se acuestan tienen calor, pero el solo ¿ cómo se calentará ? Si atacan a uno, los dos harán frente. LA CUERDA DE TRES HILOS NO ES FÁCIL DE ROMPER" Ecl 4, 9-12. ¡Qué manera de revelar este secreto! Está hablando el autor sagrado de la importancia de estar dos unidos, pero al hablar de lo que hará duradera esa unión nos señala que la cuerda debe ser de tres hilos. Ese tercer hilo natural para muchas parejas son los hijos. Pero no es necesario escribir más de dos renglones para concluir que esto no ha sido suficiente para mantener unidos los hogares que están desintegrados. El tercer hilo espiritual es la presencia de Dios que bendice y fortalece la decisión que tenemos de amarnos. La presencia de Dios en la pareja no es algo que viene a disminuir, limitar o censurar las alegrías y satisfacciones en la vida conyugal; por el contrario, esa presencia nos asegura continuar hasta la eternidad unido a la persona que amamos. No es este el momento ni el lugar para explicar en qué consiste esta espiritualidad que necesitamos tener como pareja; afortunadamente cada día son mayores los esfuerzos que se hacen por realizar jornadas de reflexión para matrimonios que desean crecer en este aspecto. Puedo recomendar vivir un fin de semana, ya sea con Encuentros Matrimoniales o con Encuentro Conyugal. Son tres días que marcarán una diferencia en la vida de la pareja. Pero mientras ese momento llega, se puede comenzar de una forma muy sencilla, con pequeños momentos de oración, ya sea antes de las comidas; por la noche al acostarse o por la mañana al 61

"Dios se apareció a Abraham y le dijo: A tu descendencia he de dar esta tierra. Entonces él edificó allí un altar para Dios, que se le había aparecido. De allí pasó a la montaña, al oriente de Betel, y desplegó su tienda... Allí edificó un altar al Señor e invocó su nombre" Gn 12,7-8. Estamos ante un aspecto que establece claramente una diferencia entre los matrimonios. No es lo mismo fundamentar el amor sobre bases puramente humanas, aunque sean muy buenas y lo hagan duradero, que ponerlo también en las manos de Dios para que sea eterno. No es necesario hablar de las miles de parejas que, vacías y frustradas, dan por finalizado el esfuerzo de caminar unidos. Son muchas las canciones populares que se encargan de exteriorizar las decepciones amorosas, diciéndonos por ejemplo: "Porque nada es para siempre y hasta la belleza cansa, el amor acaba". Pero, ¿realmente el amor acaba? ¿De que amor está hablando? ¿A qué cosas está reducida la palabra amor? Por otro lado, vemos a otros superar sus dificultades y emprender decididos el camino. ¿Por qué éstos están dispuestos a empezar de nuevo? ¿Qué los hace avanzar cuando otros retroceden? ¿Por la misma razón que los jóvenes esposos de las bodas de Cana continuaron la fiesta, y con un vino mejor. Porque invitaron a Jesús. La presencia amorosa de Dios nos permitirá seguir amando, 60

despertar; aprovechando los viajes juntos para orar en el camino, escuchar un cassette con música, o reflexiones espirituales y leer un buen libro. Podemos dar un poco más, asistiendo a la misa, comulgar juntos, participar en grupos de reflexión, etc. Lo importante es que, al menos en cada momento que nos sea posible, demos gracias a Dios por habernos creado y haber cuidado nuestras vidas hasta encontrarnos, y pedirle la fuerza para llegar unidos hasta el fin. Trino y Florita son una pareja a quienes, mi esposa y yo admiramos, no sólo por los más de 50 años que tienen ya de caminar juntos, sino por la energía y el amor con que lo hacen. Al preguntarles cómo han hecho para superar las dificultades y continuar con el mismo amor, la respuesta es muy sencilla: ORAMOS JUNTOS Cada mañana, al despertar, lo primero que hace Trino es extender su mano y ponerla en la frente de su amada esposa diciendo esta oración: "Gracias, Señor por Florita y por tenerla un día más, tan llena de salud y tan bella como siempre". Florita, por su parte, no se queda atrás, y a esa oración responde: "Gracias, Señor, por Trino. Te pido que NO le sanes los ojos para que siempre me mire bella". Si todos comprendiéramos la fuerza que da a una pareja la paz espiritual, dedicaríamos más tiempo a la oración que a las extensas discusiones que nunca ponen final a nuestros conflictos. El amor, como el pan, sólo se multiplica cuando lo ponemos en las manos de Cristo.

3. NECESIDADES ECONÓMICAS Y RECURSOS

"Hubo hambre en el país, y Abraham bajó a Egipto a pasar allí una temporada, pues el hambre abrumaba el país" Gn 12, 10. Este pequeño dato nos hace descubrir que el matrimonio de Abraham y Sara vivía ya las mismas limitaciones y preocupaciones económicas que las nuestras. Es natural que todos experimentemos períodos más o menos prolongados de escasez. Lo que marca la diferencia está en cómo eso nos une y cómo juntos logramos superar la crisis. La lección que nos da Abraham en este aspecto es: asumir la responsabilidad y buscar nuevos horizontes para un mejor futuro financiero del hogar. "Abraham bajó a Egipto". Y aún cuando Sara lo acompañó y le ayudó, era él quien asumía, en primer lugar, la responsabilidad. No creo que sea necesario dar un recorrido por las páginas de la Biblia para descubrir que, en el plan de Dios, es el hombre, el padre de familia, el responsable directo de proveer las necesidades de los suyos. "Con el sudor de tu frente comerás el pan" Gn 3, 19. Estas palabras en la vida familiar se concretizan según el salmo 128, en un hombre que considera como una bendición de Dios, el poder sostener a una esposa fecunda en el centro de su casa, y unos hijos creciendo en torno a su mesa. Y bajando al plano puramente de la pareja, el esposo, según las palabras del apóstol, da muestras del amor que le tiene a la esposa, proveyendo a sus necesidades.
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"Así deben amar los maridos a su esposa, como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, se ama a sí mismo, porque nadie aborreció jamás a su propia carne; antes bien, la alimenta y cuida con cariño..." Ef 5, 28-29. Con todo esto, no queremos decir que la mujer sea un ser inútil o un pasivo receptor de lo que le da su marido. No. A ella le compete la delicada y ahora, no sólo creativa, sino milagrosa tarea de "multiplicar los panes", administrando con sabiduría los recursos disponibles en el hogar. Esta es pues, la sugerencia que nos hace la Iglesia en el Rito Nupcial. El esposo entrega unas monedas a la esposa y dice: "Recibe estas arras que son prenda del cuidado que tendré de que no falte nada en nuestro hogar". Ella por su parte responde: "Yo las recibo como prenda del cuidado que tendré de que todo se aproveche en nuestro hogar". Así pues, podríamos concluir sin más argumento que en el hombre recae, de una manera más directa, la responsabilidad financiera del hogar. En este contexto me gustaría ahondar un poco más sobre dos aspectos:

3.1 Cuando el hombre trabaja remunerado
Note en primer lugar, que no he dicho, cuando sólo el hombre es el que trabaja, pues muchos cometemos la injusticia de decir: "Mi esposa no trabaja, ella está en la casa". Da la impresión que ella es una mujer rodeada de servidumbre que la atiende. Con carro y chofer en la puerta y todo el dinero que desee en sus manos. Aunque esta fantasía sea realidad en nuestra mente de sacrificados esposos, seríamos más realistas si dijéramos: "Mi esposa
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trabaja en la casa". Y si deseáramos acercarnos más aún a la verdad, deberíamos agregar: "Sin sueldo y sin vacaciones". Todas estas palabras quieren decir una sola cosa: Debemos valorar más y ser más comprensivos, acerca de lo que significa "ama de casa". Pero sobre todo debemos ser generosos y dar con alegría más todavía, según lo permitan nuestras posibilidades. Es una sana costumbre en la economía del matrimonio dejar una cantidad de dinero, aparte del presupuesto, en manos de la esposa, para que ella lo use según crea conveniente en sus personales necesidades. Así, menos esposas pasarán la humillación de tener que declarar en los gastos para que cuadre la cantidad recibida, hasta la caja de toallas sanitarias femeninas que tuvo que comprar. Peor aún, tener que pedir entre sus familiares y amigos dinero prestado, para estos u otros gastos personales, o irse endeudando en las tiendas de la colonia, del barrio o del pueblo, con cuentas que más tarde pagará haciendo exageradas economías, o metiéndose a algún negocio, con toda la tensión de desgaste y los riesgos que esto significa. Por otra parte, debemos meditar que este estricto control, que según nosotros es necesario ejercer sobre el dinero en el hogar, en nombre de una sana economía y el ahorro, tarde o temprano se convertirá en grandes cantidades de dinero a pagar en consultas, tratamientos médicos y otros esfuerzos inútiles, para devolver a nuestra esposa y a nuestros hijos, la salud física y mental que han perdido en ese ambiente de limitaciones innecesarias en el que los hemos sometido. Muchos hombres se equivocan siguiendo el refrán popular que dice: "Ni todo el amor, ni todo el dinero ". Y nunca dan a conocer a su esposa la cantidad exacta de lo que ganan. Generan con eso en ella desconfianza, pues es muy fácil que la mujer piense que su esposo gasta mucho más con otras mujeres en la calle. Lo mejor, para la sana economía del hogar, es que los esposos sean transparentes y generosos. Y la esposa conforme y responsable en la administración de los recursos.
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Recuerda que el dinero en las manos de tu esposa, bien o mal invertido, estará siempre gastado en la casa; pero el dinero en la cartera del esposo (que no sea el capital de inversión de su negocio) en el mejor de los casos, irá a parar en las alcancías de los templos o pagará la factura petrolera de su gasolina o pasajes de autobús; de lo demás nunca sabremos; pues son los gastos confidenciales.

A la esposa A la esposa que trabaja fuera de la casa debemos recordarle continuamente que no puede pagar con dinero a su esposo e hijos la ausencia de su persona. El trabajo fuera de la casa siempre será para la esposa y madre una fuente de conflicto que sólo podrá resolver a base de mucha eficiencia y, sobre todo, de amor y sacrificio, aún cuando no siempre sea reconocido y valorado su esfuerzo. No es conveniente, aunque pueda pagar, dejar el cuidado de sus hijos y el de su esposo en otras manos, por muy profesionales que sean. A veces la mayor decepción de un esposo, y que después puede convertirse en decepción para la esposa, es que, al llegar a la casa la encargada del oficio doméstico le diga: "Llamó la Señora por teléfono y dijo que la disculpara, pero que no va a poder venir temprano, porque tenía algo que hacer en su trabajo; pero que no tenga pena, pues aquí estoy yo para atenderlo y hacer lo que quiera". ¡De comida, por supuesto! Peores cosas pueden ocurrir a los hijos que deben permanecer lejos del cuidado de sus padres por mucho tiempo. Dios fortalezca y proteja a las mujeres que, por necesidad, deben correr estos riesgos. A los dos Cuando ambos son generadores de dinero, el primer peligro que deben evitar es caer en las clásicas discusiones de "Mi dinero y tu dinero". En el verdadero amor, no existe la palabra mío o tuyo, todo es nuestro. Y de mutuo acuerdo se empleará el dinero en proveer, en primer lugar, las necesidades de casa. Luego, se compartirá con los más necesitados y se harán los gastos que se consideren convenientes. Todo lo demás, pasará al ahorro común, que permitirá a la pareja, no sólo gozar de recreación o vacaciones, sino planificar su plan de retiro para los años de la madurez.
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3.2 Cuando los dos trabajan remunerado
Muchas veces por la necesidad económica de la familia o por legítima realización profesional, la mujer trabaja fuera de su casa. En este caso me gustaría decir solamente tres palabras. Al esposo Cuando la esposa trabaja fuera de casa, el esposo debe ser más cariñoso y comprensivo, al mismo tiempo menos exigente. Recordando ellas realmente tienen cuatro trabajos: 1. El remunerado, que es el más sencillo y el que brinda más satisfacciones. 2. El de ama de casa. A ella le toca mantener todo en su lugar, velar por la limpieza y porque no falte nada. Debe pensar también en la comida y el vestido de todos los días. Y en miles de pequeños detalles que, por ser pequeños, no se miran, aún cuando tenga personal de servicio que la ayude, no deja por ello de ser la responsable directa del funcionamiento del hogar. 3. Es madre. Si un hijo pequeño despierta por la noche, es ella quien generalmente se levanta; en la mayoría de enfermedades es la que vela; de vez en cuando le toca revisar las tareas y asistir a las reuniones de padres de familia. Y si llega a pasar algo a los niños, ELLA TIENE LA CULPA. 4. Además es su mujer. Trabajo que debe hacer en horas extras y de buen modo.
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Uno de los errores más grandes que podemos cometer es querer comprar el amor de nuestros hijos a base de regalos, que por separado les damos. Así entramos en una competencia inútil y destructiva. Lo mejor es dar un solo regalo en nombre de los dos. Este peligro se aumenta cuando la pareja se divorcia y quieren compensar su falta de amor y presencia con regalos costosos. Esto es sumamente destructivo. No sólo para los hijos sino para toda la sociedad; pues los hijos de matrimonios divorciados son los que en muchos casos, van a todas las fiestas, y los primeros a los que vemos llegar en su carro propio. Así, los jóvenes no ven el divorcio de sus padres como algo malo, sino como la oportunidad de tener más libertad y cosas materiales. Aún cuando en otras áreas nos cueste entendemos, en este aspecto debemos usar de toda la prudencia y proceder con verdadera madurez.

4. LA SEXUALIDAD
Uno de los aspectos que más nos llama la atención en la vida de Sara era su belleza física y lo atractivo de su cuerpo. Por otra parte, vemos a Abraham que está consciente de la belleza de su esposa. "Dijo a su mujer Saray: Mira, yo sé que eres mujer muy hermosa... efectivamente cuando Abraham entró a Egipto vieron los egipcios que la mujer era muy hermosa" Gn 12, 11-14. Cuando Abraham le dice a Saray que era mujer hermosa no estaba tratando de agradarla, estaba simplemente expresando la verdad. Era admirable la belleza de Saray que, sin los recursos cosméticos ni tratamientos de hoy, y siendo ya una mujer mayor de 40 años, atraía las miradas de todos, hasta el extremo de hacer que el Faraón de Egipto, rodeado como estaba de mujeres bellas, se interesara en ella. Por este pequeño dato que nos da la Escritura podemos imaginar que en el matrimonio de Abraham y Saray el atractivo físico era algo muy importante, como lo debe ser en la vida de cualquier matrimonio que desea realizar plenamente todos los aspectos de su relación. Con esto abrimos aquí la puerta para entrar en la zona más íntima de nuestra vida conyugal, con el deseo de iluminarnos con la Palabra de Dios. Entiendo al comenzar este tema, que me estoy comunicando con personas adultas que viven su vida sexual en el marco de un matrimonio, pues no tendría la misma valoración moral, las relaciones sexuales fuera del mismo; a eso se le llama fornicación, prostitución o adulterio, en cambio todo lo que en este campo ocurre en el matrimonio lo llamaremos: encuentro que fortalece el amor, diálogo conyugal en los niveles más profundos. 69

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Aclaro también que no pretendo exponer el punto de vista de un experto en teología moral; tampoco es la opinión de un científico en el campo de la sexología; lo que voy a compartir es la opinión sencilla de un laico de 38 anos de edad y 11 de casado. Sobre todo, comparto mi vida a. la luz de la Palabra de Dios y, en mi vida, la vida de muchos hermanos que buscan respuestas concretas a sus problemas existenciales. Me anima el tratar con amplitud este teme», la apertura que la Iglesia ha tenido al considerar el aspecto antropológico en el acto conyugal. Marido y mujer se pueden unir no sólo con el fin de procrear, sino de fortalecer el amor. Esto es tan importante, que el sacerdote interroga a los que desean casarse sobre la plena capacidad para realizar el acto sexual. Sobre este tema debería escribir no un capítulo, pues gran porcentaje de los problemas conyugales residen en la insatisfacción sexual. Insatisfacción que, en algunos casos, es por falta de generosidad y en otros por sencilla ignorancia. Dios nos ha creado inteligentes, libres, capaces de amar. Sobre todo, somos seres para vivir en diálogo, diálogo que nos llevará a establecer relaciones a niveles diferentes según sean las personas con las que nos comunicamos. Me gustaría insistir que todo encuentro sexual debe realizarse en el marco de una relación estable y permanente, pues sólo en ella puede servir para fortalecer el amor, de lo contrario, será una experiencia puramente genital, marcada con el signo del temor, la prisa y la duda, que sólo puede causarnos traumas, recuerdos, heridas, que nos harán más difícil el alcanzar la plenitud del placer sexual, cuando llegue el momento de fortalecer la relación definitiva con la persona que amamos y que realmente nos ama. Ya desde el primer libro, la Biblia nos dice: "Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios los creó. Macho y hembra los creó" Gn 1,27. "Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer pero no se avergonzaban uno del otro" Gn 2,25
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Parece mentira, pero muchas personas se escandalizan cuando se expone con amplitud el tema de la sexualidad. En unos casos se debe a la ignorancia de los que piensan que las personas decentes y, sobre todo los cristianos católicos, no deben hablar de sexo, pero ese no es el sentir de la Iglesia. Es verdad que el sacerdote no trata estos temas desde el pulpito, pero no porque sea malo hablar de eso, sino porque la información llegará inadecuadamente, dada la diversidad de edades de los presentes. Pero en un libro como éste y, con la advertencia de estarme comunicando con personas adultas que desean vivir a plenitud su vida sexual para fortalecer el amor, considero no sólo es conveniente, sino necesario hacer a un lado los prejuicios y tabús que rodean un tema tan importante como éste y exponerlo desde la óptica de un hombre casado.

4.1 Principios básicos
Lo primero que queremos establecer son los cuatro principios con los que debe conducirse nuestra vida sexual. Son como los puntos de partida para desarrollar y profundizar este aspecto de la vida conyugal. Fidelidad "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se une Q su mujer, y se hacen una sola carne" Gn 2, 24. Con estas palabras contenidas en el primer libro de la Biblia, queda señalado, desde el comienzo, dos características esenciales del matrimonio: EXCLUSIVIDAD E INDISOLUBILIDAD. La relación que se establece con el cónyuge es tan especial que viene a desplazar de su lugar a personas únicas e irrepetibles como son el padre y la madre. No digamos a otras, como amigos y compañeros. Además, al ser una sola carne se señala la imposibilidad de romper esa unión, sin que eso signifique dolor, sangramiento o muerte. 71

Es en este marco de exclusividad y permanencia que se va acrecentando la confianza y la capacidad de entregarse, y todo esto junto, permite que cada relación sexual sea un encuentro que fortalece el amor. Cuando hablamos de exclusividad estamos hablando de fidelidad, y cuando hablamos de fidelidad estamos hablando de mayor confianza, y cuando hablamos de mayor confianza estamos hablando de plena satisfacción sexual. Es ya un pensamiento comúnmente aceptado aquel que dice: "En la variedad está el gusto". Pero lo que podemos afirmar con toda verdad es: "El que mucho abarca poco aprieta". La pregunta a responder es ésta: ¿Qué nos interesa para nuestra vida sexual? ¿La variedad en cuanto a personas o la profundidad en la satisfacción? ¿Qué deseamos? ¿Cantidad o calidad? El incluir diversas personas en nuestra vida sexual es estar decididos a no establecer relaciones profundas con ninguna, esto quiere decir que nos hemos quedado en un nivel de satisfacción física y biológica, sin pasar de un acto genital a la sexualidad de un verdadero acto humano. En un matrimonio cristiano católico, la fidelidad es un punto de partida, una decisión inicial y no una meta que se deba alcanzar con el tiempo. Cuando no existe fidelidad no existe plena confianza, y sin plena confianza no se alcanza la plena satisfacción. Debemos aprender a superar los celos, dudas, temores y, sobre todo, a ayudar al otro para que superando todo eso, confíe cada vez más en nosotros. Esto no se hace con largos discursos o inútiles juramentos, la mejor manera de lograr la confianza del otro es ser transparente en la administración de nuestro tiempo y del dinero. Si el otro sabe dónde estamos y en qué gastamos el dinero, le ayudaremos a superar la desconfianza. Por otro lado, recordemos que los celos son un complejo de inferioridad convertido en desconfianza. Eso sólo se sana aumen72

tando la estima por la propia persona y mostrándole al otro que somos capaces de amar más y mejor que nadie. La persona celosa sólo sabe reclamar y pelear su lugar, pero no sabe ganárselo y cuidarlo. Nunca cometamos el error de creer que por ser casados el lugar está seguro; eso sería dejar el amor en manos de las estructuras legales y las instituciones. El matrimonio más que de obligaciones, deberes y derechos, debe estar lleno de amor, ilusiones, esperanzas, proyectos y un poco de fantasía. Podemos concluir que la fidelidad construye la felicidad, pero la búsqueda de placer sexual aún cuando éste sea disfrazado de una inocente y agradable compañía con otra persona fuera del matrimonio, tarde o temprano acabará destruyéndolo y destruyéndonos a nosotros mismos. Recuerda que con el adulterio, no sólo está en peligro tu matrimonio y la estabilidad de tus hijos, está en peligro tu salud (pues es mejor vieja conocida que nueva con sida). Tu paz, (pues esa persona que te satisface sexualrnente también tiene su historia, problemas, frustraciones, que pronto te tocará cargar y compartir). Y sobre todo tu vida eterna "los adúlteros no heredarán el Reino de Dios" I Cor 6, 9-10. Siempre hemos criticado a Esaú que, por un plato de lentejas, vendió su primogenitura, negocio del cual después se arrepintió con lágrimas (Cfr. Gn 25, 29-34), o más cerca de nosotros, Judas que por treinta monedas vendió al Maestro (Cfr. Mt 26, 14-16). Negocio que más tarde lo llevó al remordimiento, a la desesperación y a la muerte (Cfr. Mt 27, 3-10). El adulterio es un negocio tan malo como aquellos, pues por pocos momentos de placer pasajeros, se pierden valores tan permanentes y por destellos fugaces de felicidad en este mundo pones en peligro la felicidad y la luz eterna. Mutuo acuerdo San Pablo nos dice:
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No os neguéis el uno al otro, sino de mutuo acuerdo por cierto tiempo, para daros a la oración, luego volved a estar juntos, para que Satanás nos os tiente por vuestra incontinencia I Cor 7, 5. Estar de mutuo acuerdo es uno de los principios más importantes en toda la vida matrimonial, más aún en el campo de la sexualidad. Podríamos decir con toda propiedad que el acto conyugal es tan propio de la pareja que pocos o, mejor dicho, un solo consejo es necesario darles: Diálogo para ponerse de acuerdo. No hay patrones establecidos, no hay recetas fabricadas; la mejor experiencia sexual es la que ambos construyen para sentirse amados, entregados, acogidos y satisfechos. Esto se logra a base de confianza, de comunicación, hablar para decir cómo me siento, cómo te sientes, expresar el mayor o menor agrado que me proporciona tal o cual caricia. Hablar para pedir u ofrecer, manifestar sin temores nuestra satisfacción o insatisfacción; en una palabra: hablar para entendernos. Los esposos que evaden este diálogo es porque todavía piensan que la satisfacción y la fantasía sexual es propia y exclusiva del hombre. Y dicen: "Las mujeres decentes no hablan de sexo". Piensa que en el matrimonio debe tenerse mucho recato en este aspecto, pues no es bueno que la esposa experimente el deleite sexual, ya que se llenan de temor al pensar: ¿qué va hacer mi esposa si casi siempre está sola? Ahora bien, él por su parte no tiene por qué reprimir su fantasía sexual, pues es hombre y para eso está la amante o la prostituta. Con ellas sí se puede buscar el placer, ya que no son decentes, en cambio con la esposa no es así, la esposa es para procrear y educar hijos, y para cuidar la casa. ¡Nada más lejos de la verdad que todos estos pensamientos! Rechazar el diálogo que nos lleve a profundizar este aspecto denota egoísmo e ignorancia. El acto sexual en el matrimonio es una manifestación más de la entrega de uno al otro. Una manera excelente de mostrar que no buscamos sólo nuestra propia satisfacción, sino la de ambos. Qué 74

elocuentes e iluminadoras son las palabras de San Pablo cuando habla acerca de esto: "El marido cumpla con sus deberes de esposo y también la esposa. La esposa no dispone de su propio cuerpo: el marido dispone de él. Del mismo modo, el marido no dispone de su propio cuerpo: la esposa dispone de él" I Cor 7, 3-4. No debemos cometer el error de comparar nuestra actividad sexual con la de otros. Lo importante es hablar de la nuestra y llegar a establecer un acuerdo que nos deje satisfechos. Este acuedo debe incluir la frecuencia con la que deben realizarse los encuentros sexuales, si están más o menos satisfechos de su vida sexual, eso sólo cada pareja puede decirlo, nadie puede ni debe opinar por ellos. El mutuo acuerdo es necesario también a la hora de decidir el tipo de caricias que se desean emplear o la posición que se debe adoptar en el acto sexual. Como veremos adelante, no hay nada en el otro que no puede ser visto y acariciado, pues Jesús ha redimido a todo el hombre y no hay ninguna parte de nuestro cuerpo que sea despreciable. El mutuo acuerdo podríamos resumirlo con estas palabras: No podemos obligar al otro a complacernos en algo que no se está dispuesto a hacer, mucho menos a amenazarlo diciéndole que si no lo hace buscaremos otra persona que esté dispuesta a hacerlo. Cuántos matrimonios se destruyen por no esperar. Quisieran llegar a caricias más profundas, cuando no han sido capaces ni siquiera de ganarse el amor y la confianza del otro. Cuántas parejas, sobre todo de recién casados, usan sus primeras experiencias sexuales para traumarse y, por impaciencia, no se dan cuenta que están bloqueando el desarrollo normal de la vida sexual que con ternura, confianza y, sobre todo, con el paso del tiempo, puede proporcionar en un matrimonio estable grandes y plenas satisfacciones. Muchos matrimonios ven derrumbarse su vida sexual, pues 75

quieren poner el techo de la satisfacción, sin haber puesto los cimientos de la fidelidad y el mutuo acuerdo. Mutua satisfacción Este principio es el que puede iluminar de una manera más clara el desarrollo de la sexualidad en la pareja. "El que está casado se preocupa de agradar a su esposa... La casada se preocupa de agradar a su esposo " I Cor 7, 33-34. Aunque ese "agradar" no se refiere exclusivamente al campo sexual, lo incluye. Así podemos decir: Todo lo que la pareja haga debe tener como objetivo buscar el complacer al otro y la mutua satisfacción. Buscar cada uno su propio placer es estar masturbándose con el otro; la masturbación es una negación de la sexualidad, ya que debemos buscar en todo momento establecer una mejor y más profunda relación con el otro. La masturbación nos encierra en la satisfacción personal y egoísta. Es desde este punto de vista que debemos enfocar las relaciones orales y anales, que además de los riesgos de salud que representan (como infecciones, irritaciones, etc.) convierte el acto sexual en una manera egoísta con la que el hombre se complace. Cuando en un matrimonio existe verdadero amor, ninguno de los dos debe sentirse usado, mucho menos explotado en el campo sexual. Reducir al otro a un instrumento de placer es prostituirlo. Es natural que en la intimidad de un matrimonio no todos los momentos, ni todas las caricias sean vividas con el mismo grado de placer sexual por ambos, pero, aún así, no debe perderse de vista la mutua satisfacción. Satisfacción que, en algunas ocasiones, no será física, pero no por eso menos profunda, pues no rechazar y acoger con amor y generosidad al otro, nos da la satisfacción de saber que somos capaces de complacer por amor a la persona que amamos. La esposa, con más frecuencia y, a veces el esposo, no están
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dispuestos a vivir con intensidad un encuentro sexual, pero es preferible ceder con amor y comprensión a la insistencia del otro que rechazarlo por nuestra comodidad o cansancio. Por otro lado el que insiste en realizar el acto sexual con mayor frecuencia, debe recordar que una oportunidad perdida puede proporcionarle un futuro encuentro con más entrega e ilusión, y que el uso continuo de ese aspecto del diálogo conyugal (sobre todo cuando no media entre una relación y otra por lo menos 24 horas) puede volverlo menos placentero y, lo que es peor, rutinario. Aceptar los límites de la satisfacción ¿Cuál es la cantidad de dinero que debemos tener para ya no desear más? ¿Cuántos son los vestidos y zapatos que una mujer necesita tener para ya no comprar otros? ¿Cuál es el automóvil, equipo o aparato que estamos usando, que no deseamos reemplazarlo por un modelo más reciente? Y podríamos continuar con este tipo de preguntas que sólo servirían para reafirmar algo que por experiencia personal y por lo que nos han dicho sabemos: "El hombre es un ser insaciable". Dios nos ha creado con hambre infinita, para que ningún pan de este mundo pueda saciarnos. No es necesario ser filósofo ni teólogo, basta analizar detenidamente nuestra experiencia y comprenderemos que nada puede satisfacernos plenamente y, menos aún, por todo el tiempo. Debemos llegar a la conclusión de que en esta vida tenemos sólo instantes de felicidad que nos ayudan a enfrentar los demás momentos difíciles de los que se compone nuestra existencia. Si este razonamiento es válido para todos los campos del quehacer humano, vale también para evaluar nuestro matrimonio y, en el matrimonio, nuestra sexualidad. Cuántos por no conocer y respetar este principio se ven atrapados en el torbellino de la curiosidad y la búsqueda de mayor placer. Esta carrera vertiginosa detrás del placer sin límites termina en los abismos de las aberraciones sexuales que van desde prostituir
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al cónyuge, reduciéndolo a objeto sexual, que debe complacernos con o sin voluntad, hasta la búsqueda de mayor satisfacción, mediante el uso de estimulantes, que si bien es cierto pueden brindar una satisfacción inmediata, pero, a mediano y largo plazo destruirán no sólo nuestra capacidad sexual, sino nuestra vida. El no aceptar los límites de la satisfacción sexual nos lleva casi irremediablemente a la infidelidad, en la búsqueda de aventuras amorosas con otras personas para tener nuevas experiencias. Peor aún, cuando el hombre permite que la búsqueda del placer se adueñe de su vida sexual pierde de vista todo el sentido cristiano y humano de la sexualidad. Muchas son las aberraciones sexuales en que caen aquellos que desean "sentir más" y, lo peor, es que los que cometen esas inmoralidades tratan de justificarse o decir que eso es normal. En esta situación están: — Los que mezclan el sexo con la violencia (ya sea golpeando a su pareja o buscando el placer en la violación). — Los que pretenden tener relaciones sexuales con dos personas al mismo tiempo. — Los que buscan experiencias homosexuales o bisexuales (hombres con hombres, mujeres con mujeres, o con un hombre y una mujer al mismo tiempo). — Los que practican la promiscuidad sexual (cada uno con su pareja, pero en una sola habitación, en donde unos pueden excitarse viendo a los otros). — Los que violan a un niño o una niña y, en algunos casos, no sólo por placer, sino por la ignorancia de pensar que eso les da más vigor sexual o les sanará de enfermedades venéreas. — Los que buscan realizar o ver que otros realicen actos sexuales con animales. Contra todo eso el Espíritu Santo, por medio del apóstol San Pablo, nos dice: Por eso, los entregó a sus malos deseos. Llegaron a cosas
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vergonzosas y deshonraron sus propios cuerpos. Han cambiado al Dios de verdad por la mentira; han adorado y honrado a seres creados, prefiriéndolos al creador; ¡bendito sea él por todos los siglos. Amén! Por eso Dios permitió que fueran esclavos de pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones sexuales normales por relaciones contra la naturaleza. Igualmente los hombres abandonando la relación natural con la mujer, se apasionaron Unos por otros, practicando torpezas, varones con varones, recibiendo en si mismos el castigo merecido por su extravío. Despreciaron a Dios, al no tratar de conocerlo según la verdad, y allí, a su vez, los abandonó a su corazón sin conciencia, que los llevó a cometer toda clase de torpezas. Por ello andan llenos de injusticia, perversidad, codicia, maldad; rebosantes de envidia, crímenes, calumnias; desafían a Dios, son altaneros, orgullosos, farsantes, hábiles para lo malo. Se rebelan contra sus padres, son insensatos, desleales, sin amor, despiadados. Conocen las sentencias de Dios que declara dignos de muerte a quienes obran en esta forma, pero, a pesar de eso, lo hacen y aplauden a quienes no lo hacen Rom 1, 24-32. Como matrimonios cristianos católicos que deseamos experimentar el placer permitido por Dios, al crearnos macho y hembra, debemos aceptar y agradecer la satisfacción que sentimos y guardar el deseo que nos queda para el próximo encuentro; esta dinámica asegura no sólo la procreación, sino la búsqueda frecuente del diálogo y del encuentro. Cuando nos sintamos atrapados por la curiosidad o el ambiente que nos invita a tener aventuras amorosas con otras personas, buscando nuevas experiencias, recordemos las palabras de Jesús a la Samaritana: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; en cambio, el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed. El agua que yo le daré se hará en él manantial de agua que brotará para la vida eterna" Jn 4, 13-14. 79

Un momento de placer pasajero no puede brindarte más satisfacción que la relación permanente con la persona que, en el matrimonio comparte contigo, no sólo su cuerpo, sino todo lo que significa ser esposa. Y sobre todo es la persona que está en el plan de Dios para ti. Las gotas de felicidad que puedan brindarte las aventuras amorosas fuera de tu matrimonio, no se comparan a los manantiales de agua viva que brotan al saber que estás haciendo lo correcto con la persona correcta. En una palabra, que estás en el orden de Dios.

4.2 Antes, durante y después...
Para alcanzar la mutua y plena satisfacción en el acto conyugal, la pareja debe tener en cuenta los siguientes aspectos:

4.2.1 Antes
El encuentro sexual en el matrimonio no debe ser algo rutinario o algo fortuito, debe ser un encuentro esperado, deseado y preparado; por eso antes de realizar el acto conyugal la pareja debe prepararse: físicamente y psicológicamente. Preparación Física: Higiene: Debemos, en primer lugar, estar en condición física tal, que no nos avergoncemos el uno del otro. Esto tiene que ver con el cuidado y la limipieza de nuestro cuerpo. Tanto el hombre como la mujer debemos, como una muestra de amor, mantener nuestros cuerpos en condiciones tales que puedan ser mostrados, y más aún, que cause (como Sara) atracción a nuestro cónyuge. A veces el mal aliento, el aliento alcohólico o simplemente los olores de la transpiración y el sudor del día, son una barrera para el perfecto acercamiento. las mujeres deben dejar para otro momento sus tratamientos de
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belleza, sus rizadores de cabello, fajas o vendas y, sobre todo, aceites, pomadas o cualquier otro tratamiento médico epidérmico. No hay nada que desanime tanto al decidido esposo que abrazar a su esopsa y quedar lleno de Vick Vaporub, mentol, aceite alcanforado u otras pócimas parecidas. Por todo esto y, por expectativa psicológica e imaginación que despierta, es recomendable una ducha antes de entrar a nuestro nido de amor. Alguno puede estar pensando: "según este hermano, tenemos todo el tiempo disponible para eso". Pero en realidad no se trata más que de unos pocos minutos previos que nos aseguren una relación placentera. Más aún, si el hombre estuviera dispuesto a hacer la prueba, aquí le va una recomendación. Una noche de éstas, entre en el baño. Después de ducharse rasúrese y perfúmese, como lo acostumbra hacer por la mañana. Al salir se encontrará con el rostro sorprendido de su esposa quien le hará la clásica pregunta: "¿Vas a salir?". Usted dígale: "No. Espero a una persona imortante esta noche". Ella dirá al momento: "No dijiste que alguien iba a venir esta noche". Responda usted: "Nadie va a venir esta noche. La persona importante que espero ya está aquí. Eres tú. Haga eso hermano y ¡buena noche! (Recurde dejar puesto el despertador). Espacio y Tiempo: Algo más que debemos cuidar Antes de... es tener el tiempo y el espacio adecuado para hacerlo. Esto según la costumbre y posibilidad de cada matrimonio, deben reservar al menos de 30 a 45 minutos en los que no aparezcan los niños, no suene el teléfono, el timbre o cualquier otra interrupción (las personas mayores de 60 años necesitan más privacidad y más tiempo). En cuanto al espacio, es necesario que sea un lugar en donde puedan estar a solas, seguros. Es decir, sin que nadie pueda verlos o entrar repentinamente. Desafortunadamente, existen parejas que no gozan de la privacidad necesaria, por la mala costumbre de permitir a uno de sus hijos compartir el dormitorio con ellos, o quizá por la falta de espacio en la casa. En todo caso, la pareja debe luchar por tener 81

una habitación, de ser posible con baño privado (esto sería una buena meta en sus proyectos de ahorro). Algo muy importante que no debemos pasar por alto es el hecho de tener una buena, fuerte y silenciosa cama. A veces es más conveniente bajar el colchón al suelo, pues resultará difícil, sobre todo para la mujer, llegar al placer sexual si está preocupada porque todos los que no se han acostado a dormir, están escuchando. Preparación psicológica Así como es importante la preparación del cuerpo, del espacio y del tiempo, lo es más todavía la preparación de nuestra actitud mental. Muchas son las barreras en el campo psicológico que impiden la plenitud del placer sexual. Veamos unas de ellas: El excesivo trabajo o preocupaciones: • Por el ritmo de la vida moderna, a veces, no estamos física ni mentalmente preparados para el romance y el acto sexual. Pero todo matrimonio que desea fortalecer su relación debe encontrar el tiempo y la disponibilidad para hacerlo. Aunque la espontaneidad es buena en la vida sexual de la pareja, no sería malo programar, al menos un día por semana (como el diálogo), un tiempo para el encuentro. Así ambos pueden irse preparando física (con menos trabajo) y mentalmente para fortalecer el amor. El temor al embarazo Este es, sobre todo, en las parejas jóvenes uno de los factores que más impiden disfrutar a plenitud del placer sexual. No puede haber oposición entre la fecundidad y la satisfacción, puesto que ambas son parte del plan de Dios.
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El autor de la vida que nos hizo fecundos nos ha creado también inteligentes, libres y responsables. La pareja, después de un diálogo sincero, deberá buscar la orientación adecuada; consultando para eso a personas idóneas, que puedan orientarlos de la manera más acertada posible. Afortunadamente cada día se tienen mejores métodos para espaciar el nacimiento de los hijos, sin recurrir a los abortivos o a otros que ponen en riesgo la salud de la madre. No es este el espacio para responder a todas las posibles preguntas sobre este tema; aunque se puedan dar orientaciones válidas para todos. Es mejor que cada pareja busque, según su necesidad, la orientación adecuada para su caso particular. Falta de Amor Es decir la falta de generosidad y de ternura en la entrega. Muchos realizan o soportan el acto sexual con su cónyuge, como para cumplir con un deber, o peor, aún, como un mal rato que hay que pasarlo luego. Cuando esté ocurriendo esto debemos buscar pronto la raíz del problema y aplicarnos a resolver esta situación, pues la indiferencia en el acto sexual es como la luz roja que se enciende, anunciando un peligro, y si no la atendemos puede destruir totalmente nuestra relación. La infidelidad Más difícil de superar es el caso de aquellos que han perdido el interés sexual en su matrimonio porque están sustituyendo a su pareja por otra persona. Esto no sólo destruye al adúltero, sino a su cónyuge, que al sospechar o, en algunos casos, conocer con certeza el problema se inhibe totalmente o, al menos, se muestra indiferente, pues rehusa ser comparado, ensuciado y, en algunos casos, hasta contagiado. Para resolver esto se necesita de mayor orientación, buscando a
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las personas adecuadas. No es recomendable en este caso enfrascarse en pleitos o discusiones con el cónyuge, pues lo único que lograrán es hacerse heridas y empeorar la situación; es mejor, como hemos dicho, buscar cuanto antes la orientación de personas idóneas. Recuerda que la búsqueda de placer sexual fuera del matrimonio es ADULTERIO, y eso quiere decir que estás caminando en un sentido equivocado y peligroso, pues vas a destruir tu matrimonio, tu familia y, sobre todo, terminarás caminando fuera del camino de Dios. No hay nada que destruya tanto la plenitud sexual de un matrimonio como la infidelidad o las dudas con respecto a la misma; la solución no está en mentiras, enojos o falsas promesas. La solución está en mostrarnos el uno al otro todo el amor que nos tenemos, dejarle claro al cónyuge que él o ella es la persona que ocupa el primer lugar en nuestra vida. Traumas en el campo sexual

una seducción que culmine en el acto sexual. Esta seducción tiene tres momentos: El acercamiento verbal Las caricias previas El encuentro genital Para enfocar todos estos aspectos bastaría dar una atenta leída al libro del Cantar de los Cantares. En él se nos señala la forma de como la pareja debe celebrar su encuentro de amor. La Biblia de Jerusalén, en la introducción a este libro nos hace el siguiente comentario: "Nada nos indica que haya de aplicarse sobre el Cantar un papel perforado para traducir su código y leer en él algo distinto al sentido que brota naturalmente del texto: una colección de cantares que celebran el amor mutuo y fiel, que sella el matrimonio, proclama la legitimidad y celebra el valor del amor humano, y el tema no es sólo profano, puesto que Dios ha bendecido el matrimonio, considerando, no tanto como medio de procreación, como la asociación afectiva y estable del hombre y la mujer (Gn 2). Enseña a su manera, la bondad y la dignidad del amor que acerca al hombre y a la mujer, destruye los mitos que se le adherían entonces, y lo libera de las ataduras del puritanismo, como también de las licencias del erotismo". El acercamiento verbal

Más doloroso, pero afortunadamente menos frecuente, es el caso de aquellos que no muestran interés sexual por traumas o malas experiencias en este campo. Esto ocurre comúnmente en las mujeres que fueron abusadas sexualmente en su niñez o en cualquier otro momento de su vida. Esto se resuelve sustituyendo el temor, por la seguridad de un matrimonio estable, y sobre todo, pensando que no es justo que la persona que se acerca a ti, con verdadero amor, reciba el rechazo que sientes por el otro que abusó de ti. No es recomendable hablar de esto con el cónyuge, es mejor buscar la ayuda profesional especializada. 4.2.2 D u r a n t e Después de la preparación física y psicológica llega el momento del encuentro, que para que sea placentero, debe estar envuelto en 84

Esto se refiere a las palabras cariñosas que deben preparar todo acto sexual. Es muy difícil besar la boca que nunca nos dice: "te amo, te necesito" o, pero aún, que siempre nos insulta, está reclamando o echando en cara nuestros defectos. En el Cantar de los Cantares, el amado y la amada dicen: "¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! ¡Palomas son tus ojos! ¡Qué hermoso eres, amado mío, qué delicioso! Puro verdor es nuestro lecho 1, 15-16. Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti... Me robaste 85

el corazón, hermana mía, novia, me robaste el corazón con una mirada tuya, con una vuelta de tu collar. ¡Qué hermosos son tus amores, hermana mía, novia! ¡Qué sabrosos tus amores! ¡Masque el vino! ¡Y la fragancia de tus perfumes, más que todos los bálsamos! 4, 7.9-10. Su paladar dulcísimo, y todo él un encanto. Así es mi amado, así es mi amigo..." 5, 16. Es fácil imaginar el acercamiento físico que vendrá después de estas palabras, en las que uno al otro se han manifestado lo mucho que disfrutan del momento en que están juntos. Las caricias previas Ya el libro del Génesis nos dice: "Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro" Gn 2, 25. Y Dios bendijo ese encuentro, como bendice a los esposos que, desnudos uno frente al otro, se disponen a admirarse, a acariciarse y a entregarse en el amor. La amada en el Cantar de los Cantares disfruta mucho con los besos del amado. Ella exclama: ¡Que me bese con los besos de su boca! ¡Mejores son que el vino tus amores! Ct 1, 2. El amado responde con besos profundos y apasionados que lo llevan a decir: Miel virgen destilan tus labios, novia mía; hay miel y leche debajo de tu lengua, 4, 11. Cuántas veces, por la prisa o por cansancio, pasamos por alto
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los besos que son tan necesarios para alcanzar una plena satisfacción sexual. Luego, el amado adopta la posición ideal para acariciar a la amada: "Su izquierda está bajo mi cabeza, su diestra me abraza" Ct 2,6. El amado tiene la mano derecha libre para acariciar a la amada. ¿Qué partes de su cuerpo acaricia? Podrías responder con una sola expresión: "De pies a cabeza". "Hija de príncipes, qué lindos son tus pies con sus sandalias. Tus caderas se curvaron como collares hechos por manos de artistas. Tu ombligo es un cántaro donde no falta el vino con especies. Tu vientre es como una pila de trigo. Tus dos pechos son como dos crías mellizas de gacela. Tu cuello, como torre de marfil. Tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a la puerta de Bar-Rablim. Tu nariz, como cumbre de Líbano, centinela que mira hacia Damasco. Tu cabeza es como el Carmelo, y tu cabellera, como la púrpura; ¡un rey se halla preso en esas trenzas! ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, en tus delicias! Tu talle se parece a la palmera; tus pechos, a los racimos. Me dije: subiré a la palmera a sacar frutos, ¡sean tus pechos como racimos de uvas y tu aliento como perfume de manzanas!, tus palabras sean como vino generoso, que va derecho hacia el amado, fluyendo a tus labios cuando duermes" Ct 7,'2-10. No hay nada en nuestro cuerpo que no pueda ser mostrado, visto o acariciado. Los únicos cuidados que se deben tener son: La higiene, de la cual ya hablamos en la preparación antes de... Pero aquí queremos recomendar, sobre todo, al hombre que debe lavarse bien las manos para acariciar a su esposa.
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Luego, una clara comunicación para manifestar el mayor o menor placer que nos ocasiona tal o cual caricia. Aun cuando todos los hombres consideren que son expertos en esta materia, me atrevería a dar una recomendación que podía, en ese momento, servir de algo: Delicadeza, suavidad, ternura... despacio. Las caricias genitales (o sea directamente a los órganos sexuales) son muy importantes y, en algunos casos, necesarias, para que la mujer pueda alcanzar una plena satisfacción. Esta como todas las caricias, debe hacerse con delicadeza y suavidad. Todo esposo debe saber que la esposa experimenta mayor sensación de placer en la parte exterior de la vulva. No en el interior de su vagina, por eso debe evitarse la introducción profunda de los dedos y dirigir las caricias a la parte superior de la vulva y, más propiamente, al clítoris, en donde la esposa logra mediante la frotación suave y constante el mayor grado de excitación. La amada, por su parte, no es únicamente un ser receptivo Ella también contempla la belleza del amado. Mira extasiada, los ojos, mejillas, manos, piernas y el vientre de su amado de forma que llega a decir: "¡Qué hermoso eres amado mío, qué delicioso!" 1, 16. "Todo es un encanto" 5, 16. Como vemos, no se trata aquí de buscar el placer egoísta o desordenado, sino señalar que es en el matrimonio donde el hombre y la mujer deben desarrollar las formas más profundas del diálogo y encontrar juntos la plena satisfacción.

El encuentro genital Es en este momento en el que cobran todo su significado las palabras de la amada, en el Cantar de los Cantares: "Yo soy para mi amado y mi amado es para mí" 6, 3. "Yo soy para mi amado y hacia mi tiende su deseo "7, 11. Todo esposo amante y cariñoso debe esperar con paciencia antes de iniciar la penetración. Generalmente las mujeres en estado de salud normal, secretan un fluido vaginal para lubricar la introducción del pene. Esa secreción anuncia que "es hora de empezar". Es conveniente que sea la esposa quien indique al esposo cuando está dispuesta a recibirlo; esto debe hacerlo mediante una palabra o un gesto que sugiera la acción. Acción que debe realizarse con la debida calma y no con la brusquedad que llevaría al esposo a una eyaculación más rápida, dejando a su esposa sin la oportunidad de alcanzar el orgasmo. Aquí me gustaría decir una palabra a las parejas que la esposa no alcanza fácilmente la satisfacción. En primer lugar, el esposo que ama a su esposa y desea que ella logre la satisfacción plena, debe estar decidido a lograrlo. Para esto debe aplicar mucho tiempo en estimular con caricias previas a su esposa, sin detenerse a sentir su propia satisfacción. Luego, en el encuentro genital debe permitir que sea su esposa quien tome la posición que más le convenga y que ejerza las presiones y movimiento en el ritmo adecuado, mientras él responde en la medida que su esposa lo requiere. Quizá convenga en un momento dado distraer un poco la atención del acto sexual poniendo su mente en otras cosas que él desea hacer para agradar a su esposa, como un regalo, un paseo, etc. Podría también el esposo al sentir que la excitación es creciente, retirar el pene y continuar el estímulo manual en su esposa para regresar a la posición anterior que les permita disfrutar juntos de la eyaculación y el orgasmo. No se trata 89

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aquí de un coitus interuptus (eyaculación fuera), sino de una espera amorosa para evitar la satisfacción egoísta. Pero aún, con todo esto, puede llegar antes el momento de la eyaculación. En este caso no debe detenerse y, menos aún, retirarse enseguida, debe continuar los movimientos y la presión necesaria para que la esposa logre la satisfacción y, si aún así esto no ocurre, entonces, debe quedarse un tiempo más en la posición que está; no hacer ningún comentario ni pedir disculpa, solamente acariciar y besar a la esposa diciéndole cuanto la ama. Así sentirá ella un placer mucho más profundo y, sobre todo, podrá dormir en paz, sin la sensación de haber sido usada únicamente por alguien que sólo le interesaba satisfacerse. Es menos común, pero existe el caso en que es el esposo el que tiene dificultades para lograr la erección y la satisfacción sexual. Aquí es necesaria la comprensión y prudencia de la esposa, que no aprovechará esta situación para avergonzar o humillar a su esposo, sacando de esa manera toda su frustración y amargura. El hombre, por su parte, debe evitar, en primer lugar, disfrazar su impotencia con el rechazo y el mal carácter y, sobre todo, necesita la creatividad para descubrir que existen caricias capaces de brindar a su esposa la plena satisfacción. En este caso, como en el de la completa frigidez de la mujer, es recomendable y urgente buscar la ayuda médica adecuada. Afortunadamente cada día la medicina encuentra medidas más eficaces para combatir este mal. 4.2.3 Después El esposo debe saber que aún cuando su eyaculación ha pasado, la esposa puede continuar experimentando placer y llegar al orgasmo, por esa razón es conveniente continuar con el mismo interés la relación. Cuando la satisfacción física ha pasado por completo, es recomendable continuar abrazados por un instante y darse un beso. Este es un gran momento para agradecer al otro su amor, 90

su fidelidad, su entrega, y para renovar nuestro deseo de continuar unidos, ayudándonos a superar todas las dificultades normales de la vida. En este momento de mutua satisfacción y de paz, debe brotar espontáneamente una breve oración como ésta: "Gracias, Señor, por los dones de la vida, la salud y el amor, y por tener a mi lado a la persona que me has dado para compartirlos".

4.3 Posiciones
La posición para el acto sexual es como para diálogo o el beso. ¿En qué posición se puede hablar o besar al cónyuge? Cada pareja encontrará la posición más cómoda, usando la creatividad necesaria, sobre todo, cuando la obesidad o el embarazo dificulten el acoplamiento perfecto de los órganos. En todo esto se deben tener en cuenta los principios que ampliamente hemos expuesto con antelación, sobre todo, el mutuo acuerdo y la mutua satisfacción. Con todo, me gustaría decir dos palabras. Ya la amada del Cantar de los Cantares nos ha expresado cuál es la posición en la que más disfruta. "Su izquierda está bajo mi cabeza y su diestra me abraza" 8, 3. El esposo debe saber que la esposa disfruta más de la relación cuando él está sobre ella, pues goza las caricias en los labios, el cuello y los pechos. Sobre todo porque el pene está en una posición ideal para estimular el clítoris. Sin embargo, es bueno recordar a la esposa que el esposo disfruta mucho cuando ella se posa sobre él, ya que esto le hace sentir que no sólo lo soporta o tolera, sino que está dispuesta a participar activamente en la relación.

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4.4 Fantasías sexuales
Todos los seres humanos tenemos, como los animales, el apetito sexual; es parte del instinto de conservación. Pero sólo los humanos nos afanamos en buscar como experimentar mayor placer. Esta fantasía sexual ha llevado al hombre, desde cosas inofensivas como la música, luces, perfumes... hasta verdaderas aberraciones sexuales. ¿Cómo debemos actuar los que deseamos vivir el placer sexual en un matrimonio cristiano católico? En primer lugar, siendo nosotros mismos. Debemos confiar en que en el instinto Dios nos ha dado también la creatividad para disfrutarlo. Por lo tanto, no tenemos necesidad de estimular nuestra imaginación con ninguna de las diversas formas (canciones, revistas, videos, drogas, etc.), con las que la sociedad de consumo nos intenta vender, "más placer". Las películas pornográficas, lejos de estimularnos a una mayor satisfacción puede llegar a crear en nosotros un sentimiento de frustración, pues estaremos continuamente comparando nuestra experiencia sexual con lo que vemos proyectado en la pantalla. Por ingenuos que seamos, debemos comprender que lo que el comercio nos presenta es una caricatura de la sexualidad, es decir una proyección exagerada de lo que ocurre en la realidad. Los gestos de placer, el tiempo que dura una relación, la facilidad para repetir una y otra vez el acto, son sólo ejemplos de esas exageraciones. Así como tenemos el cuidado de advertir a nuestros niños de no lanzarse desde el techo de la casa, creyendo que van a volar como Superman, tengamos también los adultos la madurez necesaria para distinguir entre la fantasía y la realidad de la sexualidad. Como matrimonio iremos descubriendo que el goce sexual más profundo y pleno está en la estrecha relación con la mayor confianza. Confianza que sólo se irá aumentando con el paso del tiempo en una relación estable y permanente, libre del temor del abandono, de la traición, de las dudas... y del sida. 92

Como podemos ver por el número de páginas que le hemos dedicado, la sexualidad en el matrimonio es de vital importancia, pero puede darse el caso en que una pareja por razones diversas (enfermedad, ausencia prolongada, incapacidad permanente) se vean obstaculizados para realizar el diálogo sexual. Cuando esto llegara a ocurrir en nuestro matrimonio es el momento de encontrar otras maneras de mostrarnos el amor del uno por el otro. Recordemos que el matrimonio encierra una riqueza tan grande en sus diversos aspectos y no debemos, por no realizar uno de ellos, considerarnos fracasados en la totalidad.

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5. VERSATILIDAD

Pasamos ahora a analizar otro aspecto que en el matrimonio de Abraham y Sara fue de mucha importancia, y también lo será en el nuestro. Aún cuando este tema no ocupe el mayor número de páginas en este libro, si ocupa el mayor tiempo en nuestra vida conyugal. "Estamos ya próximos a entrar en Egipto, dijo a su esposa Sara: mira, yo sé que eres una mujer hermosa. Los egipcios, en cuanto te vean dirán: Es su mujer; me matarán y a ti te llevarán. Di pues, que eres mi hermana, para que me traten bien en consideración a ti, yo viva gracias a ti" Gn 12, 11-13. Este episodio en la vida de estos esposos, aun cuando nos resulte difícil de entender y explicar, nos introduce en el análisis de un aspecto tan importante en la vida conyugal que puede ser factor decisivo para salvar la vida de cada matrimonio. Ser versátil es tener la cualidad de volverse rápidamente, en lo que en cada momento sea necesario. Abraham dijo a Sara: "Di por favor que eres mi hermana", y Sara actuó como su hermana. Es necesario que el esposo esté dispuesto a ser: amigo, comentarista de telenovelas, chofer, médico, compañero de compras, etc. Y la esposa, a veces, debe ser: amiga, amante, secretaria, enfermera, compañera de deporte, etc. Esta es una de las riquezas más grandes del matrimonio: contar con la ayuda idónea, es decir, adecuada al momento que se está viviendo. No es fácil estar dispuesto a ser para el otro lo que él necesita que sea, pero vale la pena hacer cualquier esfuerzo. Cuántos esposos miran la televisión solos, porque a su esposa no le gusta el deporte. Y es común ver a la señora que camina sola 94

en el centro comercial, porque su esposo no tiene paciencia para acompañarla a comprar, o mejor dicho, a ver y medirse todos los zapatos. Dios nos conceda comprender y poner en práctica la versatilidad, siendo la ayuda adecuada, antes que más esposos prefieran quedarse conversando con una compañera de trabajo porque la esposa no tiene la capacidad de escucharlo con atención; sin juzgarlo, ni acusarlo o antes que más esposas prefieran escuchar música con un amigo, ya que su esposo no tiene tiempo para eso, es más, no comparte sus gustos musicales. Cuando Dios reveló su nombre a Moisés le dijo: "Yo soy el que Soy" Ex 3,14, no le estaba revelando únicamente que El es y El hace existir. Hoy hemos comprendido que El es lo que necesitamos en cada momento de nuestra vida. El es: Camino para el que anda perdido; luz para el que está en tinieblas; compañía para el solo; alegría para el triste; verdad para el que está confundido; perdón para el que está en pecado; salud para el enfermo; vida para el que está muerto. En una palabra: El es. ¿Qué soy yo para mi cónyuge? ¿Qué necesita en este momento que sea? Después de estas preguntas Dios nos conceda la gracia de ser para el otro la ayuda adecuada a lo largo del camino de la vida.

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6. LOS DERECHOS
En el matrimonio se adquieren derechos y deberes. Hablar de los deberes es más fácil. El tema delicado es el de los derechos y, sobre todo, cuando ambos con razón los reclaman. Por el ministerio que realizo me toca estar más tiempo del que quisiera fuera de mi casa. Cuando regreso, bastante cansado, deseo quitarme el traje y ponerme cómodamente a ver televisión y descansar... Mi esposa y mis hijos, que han estado en casa esperando mi regreso, tienen otros planes; ellos desean platicar, jugar, salir a pasear o ir de compras. ¿Quién tiene la razón? ¿Quién tiene el derecho? Generalmente decimos: el que tiene más amor y madurez debe ceder. Pero, ¿siempre debe ceder? Veamos como Abraham y Sara manejaron este aspecto en su matrimonio y tratemos de aprender. "Sara, esposa de Abraham, no le había dado hijos, pero tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar. Y dijo Sara a Abraham: Ya que Yahveh me ha hecho estéril, toma a mi esclava por mujer a ver si por medio de ella tendré algún hijo. Abraham hizo caso de las palabras de su esposa. Y cuando llevaban diez años viviendo en Canaán, tomó Sara a su esclava Agar y se la dio por mujer a su esposo" Gn 16, 1-3. Aquí vemos a Sara cediendo su derecho de esposa para que Abraham pudiera tener la descendencia que tanto desea. Esto (para que nadie lo interprete mal) en el contexto cultural de ellos, era algo normal, pues tener descendencia era más importante. Pasado algún tiempo. Sara tuvo también un hijo y llegado el momento, supo reclamar su derecho. 96

"Sara lo vio y dijo a Abraham: despide a esa sirvienta con su hijo, pues el hijo de esta esclava no debe heredar con mi hijo, con Isaac" Gn 21,10. Esto le desagradó mucho a Abraham, por ser Ismael su hijo. Pero Dios le dijo: no te apenes por el muchacho ni por la sirvienta. Haz todo lo que te pide Sara porque de Isaac saldrá la descendencia que lleve tu nombre. Pero también del hijo de la sierva haré yo un gran pueblo, por ser descendiente tuyo. Como vemos, primero está dispuesta a ceder y ahora reclama su lugar. Más aún, cuando ella cede Dios guarda silencio, pero cuando reclama, interviene para que sea escuchada y atendida. Así ocurre en todos los matrimonios. No siempre se trata de ceder y crearnos un complejo de víctimas, es necesario reclamar y sobre todo poner mucha atención cuando el otro nos reclama. ¿Quién tiene la razón? El que reclama por su hogar, por sus hijos, el que pelea por defender el tiempo juntos y reclama los derechos que tiene de ser atendido, escuchado y acompañado. Ese tiene la razón. El otro debe traer a la mente las palabras que Dios dijo a Abraham: "en todo hazle caso". Cuando uno se los dos sienta que no está siendo atendido satisfactoriamente, debe, con toda sinceridad, invitar al otro al diálogo y éste responder pronta y amablemente. Conocí un matrimonio que llegaron juntos a la ancianidad y cumplieron lo que habían prometido: "hasta que la muerte nos separe". Después que él murió, tomé un tiempo para visitar a la viuda. En la conversación le pregunté: ¿Qué fue lo que más le ayudó a estar unidos hasta el fin? Ella, sonriendo me habló de una bonita costumbre que me gustaría compartir con las parejas que desean amarse siempre. "Teníamos en nuestra habitación una vela que permanecía apagada. Pero al sentir uno de los dos mayor necesidad de ser escuchado o atendido la encendía. Era un grito silencioso que pedía

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tiempo, atención, comprensión cariño, y sobre todo, le recordaba que era momento de orar por el otro. Sería maravilloso que todos tuviéramos en nuestra casa una lámpara que pudiéramos encender para indicar al otro que necesitamos su tiempo y que al ver la lámpara que el otro ha encendido, hiciéramos lo posible de buscar el momento adecuado para escuchar y, sobre todo, de estar al lado de esa persona que amamos y que nos necesita para ser feliz. Aún cuando esto nos cueste sacrificar un poco de nuestro descanso o de nuestro programa favorito de televisión.

7. TRATO AMABLE
Dijo Dios a Abraham: A Saray, tu mujer, no la llamarás más Saray sino que su nombre será Sara. Yo la bendeciré y de ella también te daré un hijo Gn 17, 15-16. Todos recordamos la esterilidad de la esposa de Abraham, por esa razón él la llamaba Saray que quiere decir: "Princesa". Dios le ordena llamarla Sara que significa lo mismo, pero conlleva la promesa de ser "Madre de Reyes". Qué forma más cariñosa de tratarse. Abraham llama "princesa" a su esposa y éste a su vez le llama "Señor" Cf. 1 Pe 3,6. Este es un secreto para llegar unidos y en paz hasta el fin. Todos, o al menos gran parte de parejas, tenemos un nombte cariñoso con el que nos llamamos. Ejemplo: Cielo, Gorda, Negro, Amor, etc.. ¿Cuándo fue la última vez que llamó usted al otro así? Es difícil besar la boca que nos grita o nos insulta, pero cómo es dulce el beso a esos labios que pronuncian nuestro nombre cariñoso. El trato amable incluye el pedir todo "por favor" y agradecer las atenciones recibidas. Cuántas veces multiplicamos los reclamos y los reproches y nos olvidamos de hacer el elogio merecido. Si no encuentro la toalla en su lugar al salir del baño grito: "¿Dónde está la toalla?"; pero si está, nunca grito: "Gracias por la toalla". Tratar amablemente y usar palabras adecuadas estimulará al otro para estar a nuestro lado y atendernos de una mejor manera; más aún, le hará sentir lo que realmente es una persona valiosa, útil y, sobre todo, una persona amada. Una pareja que se acostumbra a usar insultos, pronto usarán los golpes. Y una pareja que usa palabras suaves y adecuadas nunca 99

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usará la violencia en el trato mutuo. Así que habla con las palabras que te ayuden a alcanzar el clima en el que deseas vivir. El trato amable debe ir más allá de las palabras y manifestarse en hechos. Bajar el volumen a la música que estamos escuchando; apagar el televisor o la luz cuando el otro quiere dormir; contestar el teléfono; abrir la puerta del carro para que ella suba; alcanzarle la bata al salir del baño... y no dejar lleno de pelo el jabón ni el lavamanos.

8. ESTAR Y ESTAR ATENTOS
"Dijéronle: ¿Dónde está tu mujer Sara? Contestó: Allí en la tienda... Sara lo estaba oyendo a la entrada de la tienda..." Gn 18, 9-10. Cuando nos casamos lo hicimos pensando en unir nuestras vidas, es decir para estar el mayor tiempo posible juntos. Si Dios nos hiciera la pregunta que le hicieron a Abraham: ¿En dónde está tu mujer? o las mujeres, como a las siete de la noche: ¿Dónde está tu esposo? ¿Podríamos responder con certeza?. No hay cosa que destruya más un matrimonio que la desconfianza de no saber exactamente dónde está nuestro cónyuge. Imagina que por una emergencia la esposa debe llamar o buscar a su esopso en el lugar donde trabaja y le contestan que no está. Que tiene dos días de no llegar a trabajar. La primera pregunta que viene a la mente es: ¿Dónde está? Y si al llegar por la noche a su casa, ante la interrogante de la esposa, el esposo afirma que ha estado en su trabajo; esa pareja está en serios problemas. Cómo se sentirá el esposo que al llamar o llegar un poco más temprano que de costumbre a su casa le contestan que no está la señora, que salió temprano, con un traje de baño y dijo: "Ahí vengo". Pareciera esto muy infantil, pero es un aspecto que hay que tener en cuenta cuando se desea llegar juntos hasta el fin. Más aún, por la inseguridad social en la que nos toca vivir, es un gesto de delicadeza, llamar por teléfono cuando hemos tenido un retraso para nuestra hora de llegada. Así como explicar al salir dónde y a qué hora pensamos regresar. Para muchos (especialmente hombres, aunque desafortunadamente se está haciendo costumbre de mujeres), lo ven como signo de debilidad, pero es todo lo contrario, esto fortalece la relación.

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No poder decir a dónde y con quién estamos, eso sí que es signo de la debilidad y fragilidad de los vínculos que nos unen. Apenas podemos imaginar personas que salen de su casa por la noche o un fin de semana sin dar más explicación que decir. "Ya vengo"; y ante la interrogante de su cónyuge o sus hijos se finge enojado (enojada) y culpando a todos dice: "ya no se puede vivir en esta casa, por eso es que uno tiene que salir para estar un rato tranquilo"; y con estos y otros gritos se aleja del hogar intentando callar la voz de su conciencia que le dice: "Si vas a un lugar a reunirte con personas que tu cónyuge o tus hijos no pueden conocer, es mejor que no vayas, pues no estás con quiénes y donde debes estar". Estar y estar atentos es también recordar fechas importantes (cumpleaños y aniversarios), organizar y animar las fiestas, convivencias y paseos familiares; poner más atención en el funcionamiento de todo en nuestra casa, procurar que se realicen las reparaciones necesarias. Velar además por la limpieza y decoración del hogar. Estar y estar atentos es sobre todo acostumbrarnos a preguntar al otro: ¿Estás bien? ¿Estás feliz? ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Qué te gustaría qué hiciéramos este fin de semana? Cuántas personas parecen viudos o viudas, aunque su cónyuge vive; pero vive ausente. Lo peor de todo es que intentamos poner mayor atención en el otro cuando poco o nada se puede hacer por salvar la relación ya destruida a fuerza de nuestra indiferencia.

9. SABER PELEAR

Con lo que hemos meditado hasta el momento presentando a Abraham y Sara como modelo de matrimonio, podríamos pensar que en esa "pareja ideal" nunca existió la discusión ni el desacuerdo. Pero no fue así, esos esposos, como nosotros, también vivieron las contrariedades, cruzándose los inevitables "si o no", que en muchas ocasiones nos enfrentan. Sara se rió mientras pensaba: Después de haber envejecido conoceré el placer con mi marido tan viejo. Pero Yahveh dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara? ¿Porque ha dicho: Y justamente, ahora que soy vieja, voy a dar a luz? ¿Hay algo imposible para Yahveh? pues bien, volveré a visitarte dentro de un año y Sara tendrá un hijo. Ella trató de defenderse, pues tuvo miedo, diciendo: No me he reído pero El le dijo: Sí, te reiste. Ge 18, 12-15. Todo matrimonio enfrenta en la vida momentos de desacuerdo que pueden llevarlos a serios enfrentamientos, por eso es necesario aprender a manejar las contrariedades. Vamos a poner particular atención en este aspecto dividiendo nuestra meditación en dos partes: Para no llegar al pleito. Para pelear y salir con menos

heridas.

9.1 Para no llegar al pleito
Generalmente se llega a una discusión fuerte cuando no se ha tenido la oportunidad de dialogar periódicamente para ir unificando nuestros puntos de vista. Aquí está el secreto: "Diálogo". 102 103

A continuación algunos consejos prácticos para iniciar o mejorar nuestro diálogo conyugal. Programar el día, la hora y el lugar para dialogar A muchas personas les parecería extraña esta recomendación y dirían: "nosotros hablamos en el momento que necesitamos, no es necesario poner día y hora". Precisamente por eso no logran comunicación correcta, pues por ser espontáneos se dicen las cosas en el momento menos oportuno y de la forma menos adecuada. Al programar nuestro diálogo programamos también el tiempo para realizarlo y, sobre todo, la actitud necesaria para escuchar y hablar con buenos resultados. Mi esposa y yo hemos aprendido que un restaurante o cafetería no es el lugar más indicado para dialogar, pues hemos tenido que saludar a conocidos, bajar la voz y reprimir los sentimientos. Ahora cuando salimos a cenar lo que buscamos es pasar juntos u n buen rato y charlar amenamente de cosas menos importantes, intercambiamos los últimos chistes que hemos oído, celebramos las ocurrencias o travesuras de nuestros hijos... Los mejores momentos de diálogo los hemos tenido en nuestra casa, pues nos ahorramos el tiempo en ir, buscar un lugar y regresar. Por otro lado, esto ha resultado beneficioso en la educación de nuestros hijos, pues ellos van aprendiendo que papá y mamá necesitan de tiempo a solas para dedicarse el uno al otro y que los hijos deben colaborar para que nada interrumpa esa necesaria comunicación. Poco a poco van teniendo conciencia que papá y mamá toman en serio la vida familiar, pues sólo después de esos momentos de reflexión surgen las decisiones más importantes. Una agenda definida Como en toda sesión en la que se va a tratar algo importante, en el diálogo conyugal es necesario tener una agenda con los puntos 104

a tratar; esta agenda la elabora cada uno por separado; primero anota en un papel todos los temas que desea abordar, luego los ordena poniendo, en primer lugar, aquello que consideramos urgente; luego lo demás en orden de importancia. Realizar la agenda previamente nos evitará perder el tiempo pensando de que queríamos hablar; más aún nos ayudará a evitar las improvisaciones de temas, pues muchas veces hablamos de cosas que no hemos meditado suficiente y así se pierde la oportunidad de hablar de lo que realmente es importante. AI momento de dialogar Un esquema que nos ha funcionado bien es el siguiente: - Oración inicial: Unos minutos en los que le pedimos a Dios que nos ayude a usar las palabras más adecuadas y, sobre todo, que nos dé la capacidad de escuchar y entender al otro. Aquí recordamos siempre que Dios nos ha dado dos oídos y una lengua para oír el doble y hablar la mitad. - El punto más importante: Primero el de mi esposa, ella expone, luego escucha mi respuesta y así continuamos hasta llegar a un acuerdo con respecto al tema que le interesa. Después de la reflexión pasamos a tomar decisiones concretas y poner fechas para alcanzar metas sobre el punto en cuestión, y tiempo para evaluar nuestros logros. De la misma manera pasa cuando a continuación expongo mi tema principal. - El resto de la agenda: Luego se habla de los otros puntos a tratar, sin preocuparnos de agotar en una sola sesión el temario. Cuando vemos que dos horas no fueron suficiente para hablar de lo que queríamos es una clara señal que nuestra comunicación no está en su mejor momento, pues cuando tenemos necesidad de hablar mucho es porque nos estamos comunicando mal. - Próximo diálogo y cosas prácticas: Es recomendable, antes de dar por finalizado el encuentro, calendarizar el próximo, y llegar 105

a conclusiones en aquellos puntos que requieren respuestas a corto plazo, ejemplo: compras, paseos, permisos, etc. - Oración final: Cerramos nuestro tiempo fuerte de comunicación con una oración de agradecimiento a Dios que nos permite estar vivos, al lado de la persona que amamos y que después del diálogo, cada día nos vamos conociendo mejor. La oración que con más frecuencia hacemos es ésta. "Te damos gracias Señor Dios nuestro por el don de la vida, y por estar al lado de la persona que más amamos. Danos tu luz y gracia para conocernos, aceptarnos y amamos cada día mejor. Concédenos un corazón abierto como las arenas del mar, capaz de entender, de perdonar y amar hasta el fin".

No se vale huir Durante la discusión, cuando uno se siente acorralado y a punto de aceptar que ha cometido un error, en lugar de reconocer su falta y pedir perdón acude al escape, al chantaje, a la huida. En la mujer el escape más frecuente es el llanto, el recordatorio de la amenaza ya anunciada por el médico de un derrame o un infarto, si ella es perturbada o alterada emocionalmente. El hombre, por su parte, sin excluir lo anterior, prefiere acudir al "me marcho, me voy de esta casa, y si me pasa algo tú tienes la culpa". Esa evasión generalmente termina en la infidelidad, el alcoholismo o la depresión que no pocas veces puede llevar al suicidio. Ante los momentos de dificultad en nuestra relación, lo más conveniente es permanecer juntos, hablando, escuchando o simplemente en silencio. Únicamente en el caso en que exista la amenaza o agresión física, el que se sienta atacado puede buscar un lugar seguro donde protegerse. Aún esto debe hacerse acudiendo al lugar y personas que sean de mutua confianza y de mutuo conocimiento, sobre todo evitando pasar la noche sin que el otro sepa donde estamos. Debemos recordar que huir es dejar el problema para más tarde, quedarse y tratar de resolverlo es estar frente a una oportunidad de crecer. "Me marcho de esta casa" es la frase típica del adolescente que, por falta de experiencia, cree que es mejor huir. En la parábola del hijo pródigo, como en la vida real, el que dice "me voy" es el hijo menor, ya que se necesita estar creciendo y no maduro como para refugiarse en el túnel oscuro de los escapes, evadiendo la realidad, ya sea con vicios o con el abandono. No empobrezca su vocabulario En los momentos de mayor dificultad para entendernos debemos acudir a las mejores o más claras expresiones. Es impresionante lo que nos dice San Marcos que, en el momen107

9.2 P a r a salir con m e n o s heridas
Cuando no hemos realizado con regularidad nuestro diálogo, nos veremos con más frecuencia en momentos de mucha tensión en nuestra relación. Cuando la voz se levanta, cuando la respiración se agita, cuando las palabras comienzan a agredir más que a comunicar... entonces es hora de pelear, pero de pelear de buena manera. El boxeo y la lucha libre, aunque sea libre, tiene reglas que deben respetarse para golpear al rival... Con más razón necesitamos reglas para evitar golpear a la persona que amamos o, que al menos nos ama. Voy a compartir algunas normas para que nuestros pleitos matrimoniales causen las menores heridas posibles. Son cuatro puntos que, como las esquinas del cuadrilátero, nos evitarán salimos de la lucha sin llegar a buenos resultados. 106

to de mayor angustia y temor, Jesús llamó a Dios con el término más dulce y cariñoso Abbá, que quiere decir Papito (Me 14,32-36). Recuerda que "hay que pensar para hablar y no hablar para quedarse pensando en lo que dije". Muchos momentos difíciles podrían superarse más fácilmente, pero todo se complica por lo que dijimos en un momento de cólera o de frustración. Como dice el cantante: "Perdóname... son palabras que nunca sentí y hoy se vuelven contra mí". A veces el silencio es más propicio para que el otro reflexione en los insultos y palabras acusantes. Recuerda esto siempre: "Una pareja que se acostumbra a usar palabras inadecuadas y expresiones fuertes, pronto al terminarse su vocabulario, acudirá a los golpes y a más grandes ofensas. No reaccione en cadena Los grandes pleitos en las parejas ocurren por no manejar bien los pequeños problemas. Me levanto por la mañana y al vestirme me doy cuenta que la camisa que me gusta mucho está manchada o le falta un botón o, simplemente, no está lista. Si no logro manejar bien este pequeño descontento puede ocasionar una seria discusión. Supongamos un pequeño incidente que provoca una gran discusión: -Helen, ¿por qué mi camisa no está lista? -Perdona cielito, pero he estado ocupada en atender muchas otras cosas. -¡Claro, para ti lo mío nunca es importante! -¡Ay Salvador, siempre reclamas por cosas que no valen la pena! - C o m o si tu camisa fuera lo único que hay que cuidar en esta casa. -¡Sí verdad, como si todo lo demás estuviera bien ordenado. Mira la cocina, el baño, mira las ventanas, las lámparas cómo están de sucias...! 108

-Pues si están sucias por qué no las limpias; tú nunca tienes tiempo para ayudar en nada en esta casa. Y no necesitamos más. Con estas frases se han sentado las bases de una dura y difícil discusión ¿Por qué? porque se reaccionó en cadena, es decir que un caso particular (una camisa) se ha generalizado involucrando todos los demás aspectos de la vida. Discusiones como estas nos han enseñado a Helen y a mí a no salimos del área en la que se originó el conflicto. Más aún, lejos de involucrar otros aspectos como argumentos negativos ver que, si en un aspecto estamos fallando, hay otros en los que todo está bien. Supongamos el diálogo que apaga el pequeño fuego que se enciende. -Helen ¿Por qué mi camisa no está lista? -Perdona cielito, saqué toda tu ropa para revisarla y esa camisa no la he alistado todavía, pero aquí hay otras 20 camisas listas. -Sí, pero yo quería esa, pues es la que mejor combina con este pantalón. -Si amor, tienes razón y además buen gusto, aunque te miras guapo con cualquier ropa que te pongas. Por qué no te pones hoy este otro pantalón con esta camisa y mañana te tengo lista la ropa que querías hoy... Con frases como estas se está cerrando la puerta para evita que la pequeña chispa se propague. Alerta, cuando la discusión comienza por un aspecto, tengamos cuidado de no involucrar otros, mantengamos los diálogos dentro del campo donde se han originado y no lo abandonemos hasta sacar conclusiones positivas que nos ayuden a ordenar mejor esa área que nos ocasionó el conflicto. Recuerda que" "El fuego que no se apaga se propaga" O como decían los abuelos: "No le eches más leña al fuego". No involucre a otras personas Todo lo que hemos dicho anteriormente vale también para este 109

punto. Pero merece este aspecto una atención especial, ya que con frecuencia ocurre que las discusiones y contrariedades en la pareja pronto se superan y olvidan, pero aquellos a quienes involucrarnos (familiares o amigos) no siempre logran comprender como, después de todo lo que les contamos o lo que dijimos el uno del otro, podemos caminar todavía tomados de la mano. Este es un aspecto que necesita mucho equilibrio y una seria reflexión. No consiste en tomar la decisión que nuestros problemas no los debe saber nadie y que "la ropa sucia se lava en casa". No, hay momentos y áreas de nuestra vida en las que sí es necesaria la ayuda de otros. Lo que aquí se trata de recomendar es no involucrar a personas que actúen como testigos a nuestro favor o arbitros, parcialmente inclinados a nuestro lado, menos aún, hacer que otros se enteren de nuestro descontento tan sólo con el propósito de poner en evidencia y desprestigiar para avergonzar al cónyuge. Todo esto es desleal y hasta puede considerarse una infidelidad en el matrimonio. Debemos acudir a un consejo cuando ambos hemos agotado la instancia de nuestra reflexión y necesitamos no a alguien que diga quien tiene la razón, sino que nos ayude a entrar en razón para continuar nuestro camino unidos. Recuerda a este propósito la actitud de la Virgen María, nuestra Madre. Cuando en las bodas de Cana se dio cuenta que se había terminado el vino, no perdió tiempo murmurando con los invitados, ni haciendo público el percance; se fue directamente a hablar con quien ella sabía que podía ayudar a proveer esa necesidad, y así ocurrió el milagro. Los problemas no se resuelven regándolos. Se resuelven enfrentándolos con la ayuda de aquéllos que pueden ayudarnos a poner todo lo que está de nuestra parte por encontrar soluciones correctas. Con estos cuatro puntos que nos ayudan a establecer el marco para limar asperezas, que suene la campana y a luchar por alcanzar juntos la felicidad.

10. EL FINAL

Un sacerdote amigo mío solía repetir: "Celebremos esta misa como si fuera la última de nuestra vida". Ese día eran como las seis de la mañana cuando estábamos en la celebración eucarística, luego me invitó a pasar un día de descanso en una casa que le habían prestado a la orilla del mar. Recuerdo que el verlo salir en ropa de playa, le hice el comentario que me parecía raro, pues siempre lo había visto con su hábito de franciscano y, sin pensar, le dije estas palabras: "Mejor lleve su hábito, pues después nos va a tocar salir corriendo a buscarlo si le llega a pasar algo". El me contestó que la muerte es el acontecimiento que le daría la oportunidad de encontrarse cara a cara con Dios. Habíamos pasado una semana de intenso trabajo, por eso al llegar a la playa, preferí acostarme en una hamaca, mientras él disfrutaba de un baño en el mar. Pasaron unos quince minutos cuando los gritos de la señora que nos acompañaba como personal de servicio comenzó a gritar: "auxilio, auxilio, el Padre se está ahogando". Fray Miguel y yo salimos corriendo, luego otras personas que estaban cerca. Nos costó casi una hora rescatar su cuerpo que, ya sin vida, logramos sacar a la orilla. Los médicos dijeron que sufrió un infarto y las olas lo llevaron. No se perdió en el mar gracias a una joven que acudió y, como pudo, logró mantener a flote su cadáver. "Celebra esta misa como si fuera la última de tu vida". Esto se ha quedado como un lema en todos los aspectos de mi vida. Muchas personas, después de escucharme predicar o cantar se han acercado a decirme: "Hermano, cuide su garganta.. No es necesario que predique con tanta fuerza, puede cantar más suave". Casi automáticamente les contestó: "He predicado y cantado como si fuera la última vez que voy a poder hacerlo". 111

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Todas las parejas deberíamos tener ese lema en nuestra vida: "Vivir este día como si fuera el último día que vamos a estar juntos" En el matrimonio de Abraham y Sara, también llegó este momento. "Sara vivió ciento veintisiete años, murió Sara en Quiryat Arbá, que es Hebrion, en el país de Canaan y Abraham hizo duelo por Sara y la lloró" Gn 23, 1-2. La Biblia indica una edad tan avanzada para señalar las muchas bendiciones de Dios para esa persona, pero con todo y eso, tarde o temprano, los seres que amamos mueren. Los antiguos maestros de la vida espiritual solían decir: "Piensa en la muerte y nunca pecarás". Sería bueno que los matrimonios estableciéramos este principio: "Piensa en la muerte y nunca pelearás". Cuántas veces nos disgustamos con el cónyuge y pensamos mantenernos indiferentes durante determinado tiempo, es más, dejamos de hablarle o nos ausentamos físicamente de la casa y todo lo hacemos con la finalidad de que el otro reflexione, tenga tiempo para sentir que le hacemos falta... pero ¿vivirá esa persona el tiempo que dure nuestro rechazo? ¿Tendremos después la oportunidad de reconciliarnos? ¿Por que no hacer el intento ahora? Cuanto realismo encierran las palabras del cantante popular que dicen: vive Nada te llevarás cuanto te marches cuando se acerque el día de tu final. Vive feliz ahora mientras puedes, tal vez mañana no tendrás tiempo de sentirte despertar. Siente correr la sangre por tus venas siembra tu tierra y ponte a trabajar. Deja volar libre tu pensamiento, 112

deja el rencor para otro tiempo y echa tu barca a navegar. Abre tus brazos fuertes a la vida no dejes nada a la deriva del cielo nada te caerá Trata de ser feliz con lo que tienes, vive tu vida intensamente luchando lo conseguirás Y cuando llegue al fin tu despedida, seguro es que feliz sonreirás Por haber conseguido lo que amabas, por encontrar lo que buscabas, porque viviste hasta el final. Cuantos esperan el momento final para decir las mejores palabras; dilas hoy, antes de que se te olviden o tus labios, cerrados para siempre, ya no puedan pronunciarlos; o los oídos del otro cerrados para siempre, ya no las puedan escuchar. Sería provechoso en este momento (aunque un poco doloroso) que escribas una carta con las palabras que desearías despedirte para siempre de esa persona que amas. Cuando tengo la ocasión me gusta hacerlo, suelo pasear por los cementerios y detenerme ante la tumba de aquéllos que han muerto más o menos de mi edad; me entretengo leyendo los epitafios: "Tus padres te recordarán siempre" "Siempre estarás en mi corazón" "Tu esposa y tus hijos te amaremos siempre" "Corto fue tu paso, pero grande nuestra felicidad a tu lado, como grande es el vacío que, sin ti, ahora sentimos". Si mi esposa muriera ¿cómo expresaría lo que han significado estos años a su lado? Cuando murió mi madre no tuve la oportunidad de estar con ella, pues me encontraba con dos de mis hermanos realizando una 113

misión en otro país. Sólo mi hermano mayor pudo regresar para acompañar a toda la familia. Sinceramente lo sentí mucho, pero no me dolió, como algunos pudieron imaginar, pues durante los últimos cinco años de su vida me preocupé de visitarla con frecuencia, proveerla en todo lo que necesitaba. Muchos de mis amigos en México conocen exactamente todas las medicinas que necesitaba mi madre para sus tratamientos médicos, pues cada vez que visitaba ese país era una de mis primeras compras que me acompañaban a realizar, o cuando por razones del intenso trabajo no me era posible, ellos lo hacían por mí. Pero lo que más me llenó de tranquilidad cuando tuve que afrontar la muerte de mi madre, sin poder estar a su lado, era el recuerdo de ese tiempo que dedicaba para estar a su lado, acompañarla al supermercado, invitarla a comer a algún lugar o sentarnos simplemente a charlar. Las personas que me conocen de cerca saben que verdaderamente soy un siervo con mucho trabajo en el campo de Dios, pero creo que no hubo nada que quedara pendiente de decir a mi madre, antes que ella muriera. Continuamente le agradecía sus sacrificios y cuidados (sobre todo cuando niño yo era muy enfermo), sus consejos y regaños. Aprendí poemas y canciones que ella me enseñaba y que en muchas ocasiones eran de su propia inspiración. De las muchas personas que se enteraron que no pude estar presente el día de los funerales de mi madre, pudieron pensar que eso era una muestra del poco amor que le tenía. Pero es todo lo contrario, la conocía tanto, habíamos hablado tanto. Es más, las últimas palabras que le dijo a mi hermano fueron: No quiero que se atrasen por mí. Sigan trabajando en la obra del Señor". Y ahora mientras escribo esto recuerdo que también el día que murió mi más cercano colaborador, Gerardo López, el hombre que por espacio de cinco años, con esa lucidez de memoria que tenía, manejó mi agenda, tampoco pude estar presente. Realmente no me dolió mucho, pues desde el día en que con su esposa Clarita le acompañé a recoger los resultados de sus exámenes, el médico habló conmigo y yo le animé a ser claro, pues ya esperábamos la 114

noticia. Se le diagnosticó cáncer en los pulmones. Gerardo le preguntó con valentía: "¿Cuánto tiempo me queda?" Era un hombre fuerte, de 1.80 de altura y más de 250 libras de peso. Sobre todo era un hombre con muchos proyectos, una esposa y cuatro hijos y 40 años de edad... pues desde ese día creo haberle brindado mi apoyo. Elaboramos tres planes: uno por si el Señor lo sanaba; otro por si era necesario un largo tratamiento médico y el otro por si fallecía. Este último del cual hablamos en muchas oportunidades, él, su esposa y yo. Ese es el plan que con su esposa e hijos estamos realizando. No me dolió no estar el día de su muerte, pues lo acompañé durante más de un año que duró su proceso y sigo acompañando a su familia. Debido al ministerio que Dios me ha dado, viajar y ausentarme de mi casa es casi una rutina en mi vida familiar. Pero cada vez que me toca salir por más de tres días, hablo con mi esposa y mis hijos; les digo lo feliz que soy al lado de ellos; agradezco por todo su amor y su tiempo; pido disculpas por tener que ausentarme y luego, después de algunas instrucciones, hacemos una oración como ésta: "Te damos gracias, Señor, por el don de la vida, por estar vivos hasta el día de hoy, te pedimos que nos protejas y nos ayudes para estar siempre juntos y muy felices. Amén" Cada vez que regreso considero que es una nueva oportunidad que Dios me da para estar al lado de mi esposa y de mis hijos, para continuar amándolos y sirviéndolos de la mejor manera. Quizá porque en varias oportunidades he estado a punto de morir, considero que cada día que pasa es un verdadero regalo de Dios. Y en cada momento que estoy al lado de mi esposa y mis hijos me preocupo de crearles buenos recuerdos para que luego mi ausencia no sea para ellos tan pesada, pues el amor y los buenos recuerdos permanecen aún cuando los seres amados no estén a su lado. Espero vivir unos años más; lo que pido a Dios es que me permita morir hasta el día en que mis hijos estén enamorados, pues tendrán otra persona a su lado capaz de llenar en alguna medida el vacío que puede dejar mi ausencia en su corazón. 115

Cuando pienso en mi esposa, el amor que le tengo, me lleva a no dejarle más complicado y difícil el panorama. Por eso me preocupo de mantener al día los pagos de la casa, el seguro de vida (o mejor dicho de muerte), y aunque le parezca extraño al lector, desde mis treinta y siete años, tengo hecho mi testamento en el que dejo a mi esposa e hijos la casa que estoy pagando y el carro que esté a mi nombre. Lo que me ha parecido más práctico es que si Dios me permite tener algo más, lo compraría a nombre de ellos. Cuántas personas viven tan apegadas a este mundo como si nunca fueran a salir de él. Y cuando esta realidad termina para ellos, dejan a sus seres amados no sólo con el dolor de su ausencia, sino con el dolor de pagar la renta y todos los gastos funerarios. Son muchas las viudas y los huérfanos que perdieron lo poco que pudieron recibir como patrimonio, porque el difunto no pensó en eso, pero aún, porque no tenía en orden sus papeles y murió sin hacer el testamento. Pensar en la muerte debe ayudarnos a superar las pequeñas contrariedades que ahora tenemos. Debe animarnos a aprovechar el tiempo presente y, sobre todo, a dejar preparados a nuestros seres amados, mientras nos vamos preparando nosotros mismos al encuentro con Dios. Algunas veces, me he puesto a pensar ¿que haría si muere mi esposa? Bueno, no se qué haría. Dios me dará la sabiduría para enfrentar el momento. Por las dudas ya le estoy pagando un seguro de muerte y soy beneficiario en su cuenta bancada. Lo que sí hemos dialogado ampliamente es ¿qué pasará con nuestros hijos si morimos los dos? Ya habíamos con un matrimonio de amigos nuestros a quienes consideramos de nuestra total confianza y con un documento legal los hemos nombrado tutores de nuestros hijos, hasta que ellos alcancen la mayoría de edad. En fin, pensar en la muerte no es un pensamiento negativo, pesimista o fatalista, es todo un programa de vida que se puede resumir en una frase de Jesús: 116

"Lo que has de hacer, hazlo pronto" Jn 13,27. O con las palabras del Apóstol San Pablo: "Fíjense como se comportan ustedes, responsables. Sepan aprovechar el momento presente, porque estos tiempos son malos. Por eso, no se dejen estar, sino que traten de comprender cuál es la voluntad del Señor" Ef 5, 15-20.

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CUARTA PARTE

JUNTOS PARA LA GLORIA DE DIOS

Sabemos que Dios nos ha creado a su imagen y semejanza. Y una de las semejanzas con Dios es la capacidad de amar y ser amado. El matrimonio por ser una alianza de amor es usado frecuentemente a lo largo de la Escritura para dar un ejemplo de lo que es el amor de Dios para su Pueblo. Por medio del profeta Oseas el Señor nos dice: "Yo te desposaré conmigo para siempre; y desposaré en justicia y en derecho, en amor y en compasión, te desposaré conmigo en fidelidad y tu conocerás a Yahvéh" Os 2, 21-22. Juan Bautista nos presenta a Jesús como el novio que viene para casarse con la novia (Cfr. Jn 3, 29). San Pablo recomienda a los esposos a amar a su esposa como Cristo ama a la Iglesia (Cfr. Ef. 5, 25-33). Por último, el libro del Apocalipsis presenta a la Iglesia engalanada como una novia, lista para las bodas con el Cordero que es Cristo Jesús (Cfr. Ap 21). Como podemos ver, el matrimonio refleja de manera visible la alianza y el amor del Dios invisible con su pueblo. Por otro lado la Biblia nos cuenta que el diablo, enemigo de Dios y de los hombres, por envidia trata de destruir la obra de Dios. "Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza, más por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen " Sab 2, 23-24. Como Satanás no puede atacar a Dios directamente, pone toda su fuerza en atacar al hombre que es lo que más se parece, y en la vida del hombre el primer objetivo a destruir es la unidad. La unidad de los pueblos, de los creyentes y, sobre todo, de la familia; puesto que Jesús ha dicho: 121

"Os aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" Mt 18, 19-20. Estar unidos asegura la presencia y la acción de Dios entre los hombres. La unidad, el acuerdo y la armonía son tan importantes que Jesús nos dice que: Esa será la señal para que el mundo crea (Cfr. Jn. 13, 34-35; 17, 18-23). Con todo lo que hemos dicho es fácil concluir que destruir los matrimonios es uno de los intereses más grandes de Satanás. Por supuesto que él actúa con más libertad si los hombres se empeñan en negar su existencia y buscar en otras cosas la explicación o culpas de sus fracasos, pero el apóstol San Pablo nos alerta: Por lo demás, háganse robustos en el Señor con su energía y su fuerza; pónganse la armadura de Dios, para poder resistir las maniobras del diablo, porque nuestra lucha no es contra fuerzas humanas, sino contra los gobernantes y autoridades que dirigen este mundo tenebroso. Nos enfrentamos con los espíritus y las fuerzas sobrenaturales del mal. Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila, valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza y como calzado, el celo por propagar el Evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la Fe. Y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el escudo de la Salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios. Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu Santo. Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos. Rueguen también valientamente por el Misterio del Evangelio. Hasta encadenado soy embajador de este Evangelio: Que Dios me défortaleza para hablar como tengo que hacerlo " Ef 6, 10-20. 122

Todo matrimonio cristiano debe saber que luchar por mantener la unidad y el amor entre ellos, no es algo que se deba hacer sólo con la buena voluntad y la energía humana, menos aún buscando recursos tales como la brujería, hechicería, santería, talismanes, espiritismo, control mental y otros que únicamente empeoran nuestra situación. Es necesario en esta lucha armarnos con el poder y las armas que nos da Dios. Jesús nos dice: Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mi. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡Animo! Yo he vencido al mundo" (Jn. 16,33). Así que la tarea más grande de un matrimonio que quiera vencer las muchas dificultades para continuar unidos y amándose, es ponerse en las manos de Dios reconociendo a Jesús como el Señor de su vida personal y familiar. Sólo así podrán realizarse las palabras de San Juan que nos dice: / Vosotros hijos míos, sois de Dios y los habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo! I Jn 4,4. O las célebres palabras de San Pablo que exclama: "Todo lo puedo en Aquel que me fortalece " Fil 4,13.

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1. SIRVIENDO JUNTOS AL SEÑOR
Los que hemos tomado la decisión de perseverar en el camino de Dios, sabemos que la única manera de hacerlo es ocupándonos en las cosas de Dios y trabajando en la extensión de su Reino. En cuanto la suegra de Pedro se sintió sanada por Jesús"... ella, levantándose al punto se puso a servirles" Le 4,39, y cuando el hijo pródigo regresó arrepentido a la casa del padre venía con ganas de trabajar, por eso exclama: "Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros" Le 15,19. El que verdaderamente está decidido a cambiar el rumbo de su vida personal o familiar, no se conforma con arrepentirse de todo lo malo que ha hecho o a lamentar lo bueno que dejó de hacer. La converción verdadera es la que nos lleva hasta la entrega y el servicio. Cuando Jesús manifestó a Zaqueo el deseo de quedarse en su casa, Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: Daré Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien le devolveré cuatro veces más Le 19,8. Como vemos, Zaqueo no se conforma con decir: Perdóname Señor por todo lo que he robado, te prometo que no robo más, con lo que robé me alcanza. Su decisión iba más allá. El llamado de Jesús se convierte en todo un programa de vida que desea realizar: daré, restituiré, compartiré... Esa es la actitud que debemos tomar los que deseamos escuchar como él las palabras de Jesús: "Hoy ha llegado la salvación a tu casa... Le 19,9.

2. ¿POR DONDE EMPEZAR?

Podremos empezar por darle gracias a Dios mediante breves períodos de oración, en diversos momentos del día (ejemplo: al despertar, antes de comer, al viajar juntos, al acordarse en las fechas de cumpleaños, aniversarios, etc). Luego participando activamente como familia en la Eucaristía dominical de nuestra parroquia. Después de hacer esto, que es lo mínimo que se espera de un cristiano, damos dos pasos adelante cuando comenzamos a buscar con interés todo aquello que nos haga crecer en nuestra vida espiritual. Dedicamos tiempo para la lectura de la Palabra de Dios o de libros que nos la presenten con explicaciones sencillas, escuchamos con agrado la música o los mensajes que nos hablen de Dios y, sobre todo, nos unimos con otros hermanos que se reúnen para animarse mutuamente a perseverar en la fe, mediante el compartir de la oración, la Palabra y, sobre todo, de mostrarse mutuamente por medio del servicio, el amor que se tienen en Cristo Jesús.

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3. DIOS NO SE DEJA GANAR EN GENEROSIDAD

Hemos escuchado decir: "Dando es como recibimos". Sólo los que tomamos la decisión de servir al Señor podemos experimentar la verdad y el alcance de esas palabras. Nosotros nos ocupamos de las cosas de Dios y El ya se ha ocupado y continúa ocupándose de las nuestras. El Antiguo Testamento nos presenta el testimonio de un matrimonio que tomó la decisión de dar lo más posible a la obra de Dios, pero que al final siempre salieron dando menos de lo que recibieron. "Un día que Elíseo pasaba por Sunem, una dama lo invitó a comer. Y después, siempre que viajaba a ese pueblo, iba a esa casa a comer. La dama dijo entonces a su marido: Mira, este hombre que siempre pasa por nuestra casa, es un santo varón de Dios. Si quieres le hacemos una pequeña habitación en la terraza, y ponemos en ella una cama, una silla y una lámpara. De esta manera, cuando venga a nosotros podrá quedarse y descansar. Un día pasó Elíseo. Se fue a la habitación de la terraza y se acostó. Luego dijo a Guejazí, su muchacho: Llama a la dueña de la casa. Vino ella a la llamada y se detuvo ante Elíseo, quien le dijo: Por todo lo que te molestas por nosotros, ¿qué podemos hacer por ti?, ¿quieres que hable por ti al rey o al jefe del ejército ?" Ella respondió: No me falta nada en este pueblo. Elíseo dijo entonces a Guejazí: ¿ Qué podemos hacer por ella? Respondió el muchacho; Ella no tiene hijos y su marido ya es viejo. Elíseo, pues, le dijo: Llámala. La llamó el muchacho y la dama se paró en la puerta. Elíseo dijo: El año próximo, por este tiempo, tendrás un hijo en brazos. Ella le contestó: No, mi señor, hombre de Dios,

no engañes a tu servidora, sin embargo la mujer dio a luz un hijo justo en el tiempo que le había dicho Elíseo II R 4, 8-17. ¿Qué fue lo que ellos dieron? Casa, comida, tiempo, atenciones, confianza, amor. ¿Qué fue lo que recibieron? El hijo que tanto seguramente habían deseado. Así ocurre también ahora. Posiblemente servir al Señor va a significar para nosotros sacrificar un poco del tiempo que dedicamos a nuestro descanso, tal vez tengamos que invertir un poco de dinero, poner mucha fe, entusiasmo y, sobre todo, lo mejor de nuestras capacidades. Pero aún cuando creamos que estamos dando más de lo que podemos o nos estamos dedicando más de lo que debemos, todo será poco a la par de lo que Dios nos ha dado, nos está dando y nos dará. Quizá en nuestro caso la recompensa no sea un hijo, ni siquiera sea aquello que le estamos pidiendo. La bendición de Dios se mostrará siempre en aquello que él sabe que estamos necesitando.

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4. LAS COSAS Y EL TIEMPO

Leer y comenzar a practicar lo que has leído, es sólo el primer paso en el largo camino de tu nueva vida; cuando te asalte la duda o la desesperación, cuando pienses que no avanzas o, peor aún, retrocedes, no te desanimes, recuerda que Dios siendo Todopoderoso tomó seis dias para realizar la creación y un día más para descansar. Qué precioso antropomorfismo, Dios desde el comienzo desea mostrarse solidario con el hombre. Con el hombre que se cansa, con el hombre que se fatiga; con el hombre que debe trabajar día tras día. Los cristianos sabemos que cada día tiene su propio afán y su lucha (Cfr. Mt. 6,11). Pero también hemos aprendido que cada día tiene su propio pan y por eso decimos Danos hoy nuestro pan de cada día Mt 6,11. San Marcos nos presenta el testimonio de un hombre que fue sanado poco a poco por Jesús. Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le pidieron que lo tocara, Jesús tomó al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Después de mojarle los ojos con saliva, le impuso las manos y le preguntó: ¿Ves algo? El ciego, que empezaba a ver, dijo: veo a los hombres, pero como si fueran árboles que caminan. Jesús le puso nuevamente las manos en los ojos y empezó a ver perfectamente; el hombre quedó sano, ya que de lejos veía claramente todas las cosas. Y Jesús lo mandó a su casa diciéndole: Ni siquiera entres en el pueblo Me 8,22-28. Lo importante es que Jesús nos ha tomado de la mano y que ya empezó a trabajar en nuestras vidas, ahora lo que se espera es que

vayamos abriendo poco a poco los ojos hasta ver claramente cual es el plan que El tiene para nuestro matrimonio. Si de verdad quieres avanzar, pídele a Dios que ponga los instrumentos en tu camino. No tendríamos a un San Pablo, sin un Ananías que tímidamente le ayudó a comenzar el camino (Cfr. Hch 9,10-19) y sin un Bernabé que lo animó a continuar en el proceso de crecimiento (Cfr. Hch 11,25-26), y sobre todo sin la paciencia que Dios le dio a ese hombre para perseverar por lo menos diez años, desde el día en que fue derribado camino a Damasco en su primer encuentro con Jesús (Cfr. Hch 13, 1-3). Y fue sólo después de diez años que el que antes se llamaba Saulo comienza a llamarse Pablo (Cfr. Hch 13,9). Querido hermano, doy gracias a Dios de haber servido de Ananías (si estás empezando el camino) o de Bernabé (si este libro te ha servido para animarte a continuar). Dejo de escribir, pero me quedo orando con la confianza puesta en el Dios Todopoderoso, sabiendo, como sabía el viejo Pablo, que: Quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el día de Cristo Jesús Flp 1,6.

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QUINTA PARTE

EL MATRIMONIO EN EL CATECISMO Y SANTO DOMINGO

EL MATRIMONIO EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
1.Hombre y Mujer los creó
Igualdad y diferencia queridas por Dios El hombre y la mujer son creados, es decir, son queridos por Dios: por una parte, 369 en una perfecta igualdad en tanto que personas humanas, y por otra, en su ser respectivo de hombre y de mujer. « S e r hombre», « s e r mujer» es una realidad buena y querida por Dios: el hombre y la mujer tienen una dignidad que nunca se pierde, que viene inmediatamente de Dios su creador (cf Gn 2, 7.22). El hombre y la mujer son, con la misma dignidad, «imagen de Dios». En su « s e r - h o m b r e » y su « s e r mujer» reflejan la sabiduría y la bondad del Creador. « E l uno para el o t r o » , « u n a unidad de d o s » Creados a la vez, el hombre y la mujer son queridos por Dios el uno para el otro. 371 La Palabra de Dios nos lo hace entender mediante diversos acentos del texto sagrado. « N o es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada» (Gn 2, 18). Ninguno de los animales es «ayuda adecuada» para el hombre (Gn 2, 19-20). La mujer, que Dios « f o r m a » de la costilla del hombre y presenta a éste, despierta en él un grito de admiración, una exclamación de amor y de comunión: « E s t a vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2,23). El hombre descubre en la mujer como un otro « y o » , de la misma humanidad. El hombre y la mujer están hechos « e l uno para el o t r o » : no que Dios los 372 haya hecho « a medias» e «incompletos»; los ha creado para una comunión de personas, en la que cada uno puede ser « a y u d a » para el otro porque son a la vez iguales en cuanto personas («hueso de mis huesos...») y complementarios en cuanto masculino y femenino. En el matrimonio, Dios los une de manera que, formando « u n a sola c a r n e » (Gn 2, 24), puedan transmitir la vida humana: « S e d fecundos y multiplicaos y llenad la tierra» (Gn 1, 28). Al transmitir a sus descendientes la vida humana, el hombre y la mujer, como esposos y padres, cooperan de una manera única en la obra del Creador (cf GS 50, 1). En el plan de Dios, el hombre y la mujer están llamados a « s o m e t e r » la tierra 373 (Gn 1,28)como «administradores» de Dios. Esta soberanía no debe ser un dominio arbitrario y destructor. A imagen del Creador, « q u e ama todo lo que ixiste» (Sb 11, 24), el hombre y la mujer son llamados a participar en la providencia divina respecto a las otras cosas creadas. De ahí su responsabilidad frente al mundo que Dios les ha confiado.

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2.1534

El matrimonio es una manera de servir

Otros dos sacramentos, el Orden y el Matrimonio, están ordenados a la salvación de los demás, Contribuyen ciertamente a la propia salvación, pero esto lo hacen mediante el servicio que prestan a los demás. Confieren una misión particular en la Iglesia y sirven a la edificación del Pueblo de Dios. 1535 En estos sacramentos, los que fueron ya consagrados por el Bautismo y la Confirmación (LG 10) para el sacerdocio común de todos los fieles, pueden recibir consagraciones particulares. Los que reciben el sacramento del Orden son consagrados para « e n el nombre de Cri sto ser los pastores de 1 a Iglesia con la palabra y con la graci a de D i o s » . (LG11) Por su parte, « l o s cónyuges cristianos, son fortificados y como consagrados para los deberes y dignidad de su estado por este sacramento especial». (GS 48,2.)

1.1601

El sacramento del matrimonio

« L a alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer contituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dingidad de sacramento entre bautizados» (CIC CAN. 1055.1). I.- El matrimonio en el plan de Dios

grandeza de la unión matrimonial. « L a salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar» (GS 47. 1). Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación 1604 fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, (cf Gn 1, 27) que es Amor (cf 1 Jn 4, 8.16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (cf Gn 1, 31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. « Y los bendijo Dios y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla"» (Gn 1, 28). La Sagrada Escritura afirma que el hombre y la mujer fueron creados el uno para 1605 el otro: « N o es bueno que el hombre esté solo». La mujer, «carne de su carne», es decir, su otra mitad, su igual, la creatura más semejante al hombre mismo, le es dada por Dios como un « a u x i l i o » , representando así a Dios que es nuestro « a u x i l i o » (cf Sal 121,2). « P o r eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola c a r n e » (Gn 2, 18-25). Que esto significa una unión indefectible de sus dos vidas, el Señor mismo lo muestra recordando cuál fue « e n el principio», el plan del Creador: « D e manera que ya no son dos sino una sola c a r n e » (Mt 19,6). El matrimonio bajo la esclavitud del pecado Todo hombre, tanto en su entorno como en su propio corazón, vi ve la experiencia 1606 del mal. Esta experiencia se hace sentir también en las relaciones entre el hombre y la mujer. En todo tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenazada por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el odio y la ruptura. Este desorden puede manifestarse de manera más o menos aguda, y puede ser más o menos superado, según las culturas, las épocas, los individuos, pero siempre aparece como algo de carácter universal. Según la fe, este desorden que constatamos dolorosamente, no se origina en la 1607 naturaleza del hombre y de la mujer, ni en la naturaleza de sus relaciones, sino en el pecado. El primer pecado, ruptura con Dios, tiene como consecuencia primera la ruptura de la comunión original entre el hombre y la mujer. Sus relaciones quedan distorsionadas por agravios recíprocos (cf Gn 3, 12); su atractivo mutuo, don propio del creador (cf Gn 2, 22), se cambia en relaciones de dominio y de concupiscencia (cf Gn 3, 16 b); la hermosa vocación del hombre y de la mujer de ser fecundos, de multiplicarse y someter la tierra (cf Gn 1, 28) queda sometida a los dolores del parto y los esfuerzos de ganar el pan (cf Gn 3. 16-19). Sin embargo, el orden de la Creación subsiste aunque gravemente perturbado. 1608 Para sanar las heridas del pecado, el hombre y la mujer necesitan la ayuda de la gracia que Dios, en su misericordia infinita, jamás les ha negado (cf Gn 3,21). Sin esta ayuda, el hombre y la mujer no pueden llegar a realizar la unión de sus vidas en orden a la cual

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La Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer ' a imagen y semejanza de Dios (GN 1, 26-27) y se cierra con la visión de las « b o d a s del Cordero» (Ap 19, 7,9). De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su « m i s t e r i o » , de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación « e n el S e ñ o r » (1 Co 7,39), todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia, (cf Ef 5, 31-32) El matrimonio en el orden de la creación « L a Intima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias, se establece sobre la alianza del matrimonio... un vínculo sagrado... no depende del arbitrio humano. El mismo Dios es el autor del matrimon i o » . (GS 48,1) La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador. El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanentes. A pesar de que ladignidad de esta institución no se trasluzca siempre con la misma claridad, (cf GS 47, 2) existe en todas las culturas un cierto sentido de la

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Dios los creó « a l comienzo». El matrimonio bajo ia pedagogía de la antigua Ley En su misericordia, Dios no abandonó al hombre pecador. Las penas que son concecuencia del pecado, « l o s dolores del parto» (Gn 3, 16), el trabajo « c o n el sudor de tu frente» (Gn 3, 19), constituyen también remedios que limitan los daños del pecado. Tras la caída, el matrimonio ayuda a vencer el repliegue sobre sí mismo, el egoísmo, la búsqueda del propio placer, y a abrirse al otro, a la ayuda mutua, al don de sí. 1610 La conciencia moral relativa a la unidad e indisolubilidad del matrimonio se desarrolló bajo la pedagogía de la Ley antigua. La poligamia de los patriarcas y de los reyes no es todavía criticada de una manera explícita. No obstante, la Ley dada por Moisés se orienta a protegerá la mujer contra un dominio arbitrariodel hombre, aunque ella lleve también, según la palabra del Señor, las huellas de «ladureza del corazón» de la persona humana, razón por la cual Moisés permitió el repudio de la mujer (cf Mt 19, 8;Dt24, 1). 1611 Contemplando la Alianza de Dios con Israel bajo la imagen de un amor conyugal exclusivo y fiel (cf Os 1-3; Is 54.62; Jr 2-3.31; Ez 16, 62;23), los profetas fueron preparando la conciencia del Pueblo elegido para una comprensión más profunda de la unidad y de la indisolubilidad del matrimonio (cf Mal 2, 13-17). Los libros de Rut y de Tobías dan testimonio conmovedores del sentido hondo del matrimonio, de la fidelidad y de la ternura de los esposos. La Tradición ha visto siempre en el Cantar de .los Cantares una expresión única del amor humano, puro reflejo del amor de Dios, amor «fuerte como la muerte» que«las grandes aguas no pueden anegar» (Ct 8, 6-7). El matrimonio en el Señor 1612 La alianza nupcial entre Dios y su pueblo Israel había preparado la nueva y eterna alianza mediante la que el Hijo de Dios, encarnándose y dando su vida, se unió en cierta manera con toda la humanidad salvada por El (cf GS 22), preparando así « l a s bodas del Cordero» (Ap 19,7.9). 1613 En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo - a petición de su Madre- con ocasión de un banquete de boda (cf Jn 2,1-11). La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Cana. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo. 1614 En su predicación, Jesús enseñó sin ambigüedad el sentido original de la unión del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo: la autorización, dada por Moisés, de repudiar a su mujer era una concesión a la dureza del corazón (cf Mt 19, 8); la unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios mismo la estableció: « L o que Dios unió, que no lo separe el hombre» (Mt 19, 6). 1609

Esta insistencia, inequívoca, en la indisolubilidad del vínculo matrimonia! pudo causar 161¡ perplejidad y aparecer como una exigencia irrealizable (cf Mt 19, 6). Sin embargo, Jesús no impuso a los esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada (cf Mt 11,29-30), más pesadaquelaLeydeMoisés. Viniendo para restableceré! orden inicial de lacreación perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la di mensión nueva del Reino de Dios. Siguiendo a Cristo, renunciando a sí mismo, tomando sobre sí sus cruces (cf Mt 8,34), los esposos podrán «comprender» (cf'Mt 19,1 l)el sentido original del matrimonioyvivirlo con la ayuda de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana. Es lo que el apóstol Pablo da a entender diciendo: «Maridos, amad a vuestras mujeres 1616 como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla» (Ef 5,2526), y añadiendo en seguida: «"Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia» (Ef 5, 31-32). Toda la vida cristiana está marcada por el amor esponsal de Cristo y de la Iglesia. Ya el 1617 Bautismo, entrada en el Pueblo de Dios, es un misterio nupcial. Es, por así decirlo, como el bañode bodas (cfEf 5,26-27)que precede al banquete de bodas, laEucaristía. El Matrimonio cristiano viene a ser por su parte signo eficaz, sacramento de la alianza de Cristo y de la Iglesia. Puesto que es signo y comunicación de la gracia, el matrimonio entre bautizados es un verdadero sacramento de la Nueva Alianza (cf DS 1800; cf CIC can. 1055,2). La virginidad por el Reino de Dios Cristo es el centro de toda vida cristiana. El vínculo con El ocupa el primer lugar 1618 entre todos los demás vínculos, familiares o sociales (cf Le 14,26; Me 10,28-31). Desde los comienzos de la Iglesia ha habido hombres y mujeres que han renunciado al gran bien del matrimonio para seguir al Cordero donde quiera que vaya (cf Ap 14,4), para ocuparse de las cosas del Señor, para tratar de agradarle (cf 1 Co 7, 32), para ir al encuentro del Esposo que viene (cf Mt 25, 6). Cristo mismo invitó a algunos a seguirle en este modo de vida del que El es el modelo: Hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y liay eunucos que se hicieron tales a sí mismo por el Reino de los cielos. Quien pueda entender, que entienda (Mt 19,12).

La Virginidad porelReinodeloscielosesundesarrollodelagracia bautismal un signo 1619 poderoso de la preeminencia del vínculo con Cristo, de la ardiente espera de su retorno, un signo que recuerda también que el matrimonio es una realidad que manifiesta el carácter pasajero de este mundo (cf Co 7, 31; Me 12, 25). Estas dos realidades, el sacramento del Matrimonio y la virginidad por el Reino de 1620 Dios, vienen del Señor mismo. Es El quien les da sentido y les concede la gracia indispensable para vivirlos conforme a su voluntad (cf Mt 19, 3-12). La estima de la virginidad por el Reino (cf LG 42; PC; 12; OT 10) y el sentido cristiano del Matrimonio

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son inseparables y se apoyan mutuamente: Denigrar el matrimonio es reducir a la vez la gloria de la virginidad: elogiarlo es realzar a la vez la admiración que corresponde a la virginidad... (S. Juan Crisóstomo, virg. 10. 1; cf FC 16) II.1621 La celebración del Matrimonio

En el rito latino, la celebración del matrimonio entre dos fieles católicos tiene lugar ordinariamente dentro de la Santa Misa, en virtud del Vínculo que tienen todos los sacramentos con el Misterio Pascual de Cristo (cf SC 61). En la Eucaristía se realiza el memorial de la Nueva Alianza, en la que Cristo se unió para siempre a la Iglesia, su esposa amada por la que se entregó (cf LG 6). Es, pues, conveniente que los esposos sellen su consentimiento en darse el uno al otro mediante la ofrenda de sus propias vidas, uniéndose a la ofrenda de Cristo por su Iglesia, hecha presente en el sacrificio eucarístico, y recibiendo la Eucaristía, para que, comulgando en el mismo Cuerpo y en la misma Sangre de Cristo, «formen un solo cuerpo» en Cristo (cf 1 Co 10, 17). 1622 « E n cuanto gesto sacramental de santificación, la celebración del matrimonio... debe ser por sí misma válida, digna y fructuosa» (FC 67). Por tanto, conviene que los futuros esposos se dispongan a la celebración de su matrimonio recibiendo el sacramento de la Penitencia. 1623 En la Iglesia latina se considera habitualmente que son los esposos quienes, como ministros de la gracia de Cristo, se confieren mutuamente el sacramento del Matrimonio expresando ante la Iglesia su consentimiento. En las liturgias orientales, el ministro de este sacramento - llamado «Coronación» - es el sacerdote o el obispo, quien, después de haber recibido el consentimiento mutuo de los esposos, corona sucesivamente al esposo y a la esposa en señal de la alianza matrimonial. 1624 Las diversas liturgias son ricas en oraciones de bendición y de epíclesis pidiendo a Dios su gracia y la bendición sobre la nueva pareja, especialmentesobre la esposa. En la epíclesis deeste sacramento los esposos reciben el Espíritu Santo como Comunión de amor de Cristo y de la Iglesia (cf Ef 5,32). El Espíritu Santo es el sel I o de la alianza de los esposos, la fuente siempre generosa de su amor, la fuerza con que se renovará su fidelidad. III.1625 El consentimiento Matrimonial

elelemen toindispensable«quehaceelmatrimonio»(CICcan 1057,1). Si el consentimiento falta, no hay matrimonio. Elconcentimientoconsisteen«unactohumano,porelcuallosesposossedanysereciben 1627 mutuamente» (GS 48, l;cfC!C,can 1057,2): « Y o te recibo como esposa»-«Yo te recibo como esposo» (OcM 45). Este consentimiento que une a los esposos entre sí, encuentra su plenitud en el hecho de que los dos «vienen a ser una sola carne» (cf Gn 2,24; Me 10,8; Ef 5, 31). El consentimiento debe ser un acto de la voluntad de cada uno de los con-trayentes, libre de 162 violenciaodetemorgraveextemo(cfClCcan, 1103). Ningún poderhumanopuedereemplazar este consentimiento (CIC can, 1057, 1). Si esta libertad falta, el matrimonio es inválido. Por estarazón(o por otras razones que hacen nulo e inválido el matrimonio; cf CIC can. 162 1095-1107). la Iglesia, tras examinar la situación por el tribunal eclesiástico competente, puede declarar « l a nulidad del matrimonio», es decir, que el matrimonio no ha existido. En este caso, los contrayentes quedan libres para casarse, aunque deben cumplir las obligaciones naturales nacidas de una unión precedente anterior (cf CIC can. 1071). El sacerdote (o el diácono) que asiste a la celebración del Matrimonio, recibe el 1630 consentimiento de los esposos en nombre de la Iglesia y da la bendición de la Iglesia. La presencia del ministro de la Iglesia (y también de los testigos) expresa visiblemente que el Matrimonio es una realidad eclesial. Por esta razón, la Iglesia exige ordinariamente para susfíelesla forma eclesiástica de la 16 celebración del mammonio (cf Ce. de Trento;DS 1813-1816; CICcan. 1108). Varias razones concurren para explicar esta determinación: El matrimonio sacramental es un acto litúrgico. Por tanto, es conveniente que sea celebrado en la liturgia pública de la Iglesia. El matrimonio introduce en un ordo eclesial, crea derechos y deberes en la Iglesia entre los esposos y para con los hijos. Por ser el matrimonio un estado de vida en la Iglesia, es preciso que exista certeza sobre él (de ahí la obligación de tener testigos). El carácter público del consentí miento protege el « S í » una vez dado y ayuda a permanecer fiel a él.

Los protagonistas delaalianza matrimonial son un hombre y una mujerbautizados, libres para contraer el matrimonio y que expresan libremente su consentí miento. « S e r libre» quiere decir: - no obrar por coacción; - no estar impedido por. una ley natural o eclesiástica.

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La Iglesia considera el intercambio de los consentimientos entre los esposos como

Para que el « S í » de los esposos sea un acto libre y responsable, y para que la 1632 alianza matrimonial tenga fundamentos humanos y cristianos, sólidos y estables, la preparación para el matrimonio es de primera importancia: El ejemplo y la enseñanza dados por los padres y por las familias son el camino privilegiado de esta preparación. El papel de los pastores y de la comunidad cristiana como < <familia de Dios> > es indispensable para la transmisión de los valores humanos y cristianos del matrimonio y de lafamilia (cfCÍC can. 1063), y esto con mayor razón en nuestra época en la que miu -hn*

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jóvenes conocen la experiencia de hogares rotos que ya no aseguran suficientemente esta iniciación: Los jóvenes deben ser instruidos adecuada y oportunamente sobre la dingidad, tareas y ejercicio del amor conyugal, sobre todo en el seno de la mismafamilia, para que, educados en el cultivo de la castidad, puedan pasar, a la edad conveniente, de un honesto noviazgo vivido al matrimonio (GS 49, 3). Matrimonios mixtos y disparidad de culto 1633 En numerosos países, la situación del matrimonio mixto (entre católico y bautizado no católico) se presenta con bastante frecuencia. Exige una atención particular de los cónyuges y de los pastores. El caso de matrimonios con disparidad de culto (entre católico y no bautizado) exige aún una mayor atención. La diferencia de confesión entre los cónyuges no constituye un obstáculo insuperable para el matrimonio, cuando llegan a poner en común lo que cada uno de ellos ha recibido en su comunidad, y a aprender el uno del otro el modo como cada uno vive su fidelidad a Cristo. Pero las dificultades de los matrimonios mixtos no deben tampoco ser subestimadas. Se deben al hecho de que la separación de los cristianos no se ha superado todavía. Los esposos corren el peligro de vivir en el seno de su hogar el drama de la desunión de los cristianos. La disparidad de culto puede agravar aún más estas dificultades. Divergencias en la fe, en la concepción misma del matrimonio, pero también mentalidades religiosas distintas pueden constituir una fuente de tensiones en el matrimonio, principal mente a propósito de laeducación de los hijos. Una tentación que puede presentarse entonces es la indiferencia religiosa. Según el derecho vigente en la Iglesia latina, un matrimonio mixto necesita, para su licitud, el permiso expreso de la autoridad eclesiástica (cf CIC can. 1124). En caso de disparidad de culto se requiere unadispensa expresa del impedimento para la validez del matrimonio (cf CIC can. 1086). Este permiso o esta dispensa supone que la dos partes conocen y no excluyen los fines y las propiedades esenciales del matrimonio, así como las obligaciones que contrae la parte católica en lo que se refiere el bautismo y a la educación de los hijos en la Iglesia católica (cf CIC can. 1125). En muchas regiones, gracias al diálogo ecuménico, las comunidades cristianas interesadas han podido llevar a cabo una pastoral comú para los matrimonios mixtos. Su objetivo es ayudar a estas parejas a vivir su situación particular a la luz de la fe. Debe también ayudarles a superar las tensiones entre las obligaciones de los cónyuges, el uno con el otro, y con sus comunidades eclesiales. Debe alentar ei desarrollo de lo que les es común en la fe, y el respeto de lo que los separa. En los matrimonios con disparidad de culto, el esposo católico tiene una tarea particular: « P u e s el marido no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente» (1 Co7,14). Es un gran gozo para el cónyuge cristiano y para la Iglesia el que esta «santificación» conduzca a la conversión libre del otro cónyuge a la fe cristiana (cf 1 Co 7, 16). El amor conyugal sincero, la práctica humildey pacientede las virtudes familiares, y la oración perseverante

pueden preparar al cónyuge no creyente a recibir la gracia de la conversión. IV.Los efectos del Sacramento del Matrimonio

« D e l matrimonio válido se origina entre los cónyuges un vínculo perpetuo y 1638 exclusivo por su misma naturaleza; además, en el matrimonio cristiano los cónyuges son fortalecidos y quedan como consagrados por un sacramento peculiar para los deberes y la dignidad de su estado» (CIC can. 1134). El vínculo matrimonial

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El consentimiento por el que los esposos se dan y se reciben mutuamente es 1639 sellado por el mismo Dios (cf Me 10,9). De su alianza « n a c e una institución estable por ordenación divina, también ante la sociedad» (GS 48, I). La alianza de los esposos está integrada en la alianza de Dios con los hombres: « e l auténtico amor conyugal es asumido en el amor divino» (GS 48, 2). Por tanto, el vínculo matrimonial es establecido por Dios mismo, de modo que el 1640 matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás. Este vínculo que resulta del acto humano libre de los esposos y de la consumación del matrimonio es una realidad ya irrevocable y da origen a una alianza garantizada por la fidelidad de Dios. La Iglesia no tiene poder para pronunciarse contra esta disposición de la sabiduría divina (cf CIC can. 1141). La gracia del sacramento del Matrimonio

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« E n su modo y estadode vida, (los cónyuges cristianos) tienen su carisma propio 1641 en el Pueblo de D i o s » (LG 11). Esta gracia propia del sacramento del Matrimonio está destinada a perfeccionar el amor de los cónyuges, a fortalecer su unidad indisoluble. Por medio de esta gracia « s e ayudan mutuamente a santificarse con la vida matrimonial conyugal y en la acogida y educación de los hijos» (LG 11; cf LG 41). Cristo es la fuente de esta gracia. « P u e s de la misma manera que Dios en otro 164^ tiempo salió al encuentro de su pueblo por una alianza de amor y fidelidad, ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacramento del Matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos» (GS 48,2). Permanece con ellos, les da la fuerza de seguirle tomando su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutuamente, de llevar unos las cargas de los otros (cf Ga 6, 2), de estar «sometidos unos a otros en el temor de Cristo» (Ef 5, 21) y de amarse con un amor sobrenatural, delicado y fecundo. En las alegrías de su amor y de su vida familiar les da, ya aquí, un gusto anticipado del banquete de las bodas del Cordero: ¿De dónde voy a sacar la fuerza para describir de manera satisfactoria la dicha del matrimonio que celebra la Iglesia, que confirma la ofrenda, que sella la 141

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bendición? Los ángeles lo proclaman, el Padre celestial lo ratifica... ¡Qué matrimonio el de dos cristianos, unidos por una sola esperanza, un solo deseo, una sola disciplina, el mismo servicio! Los dos hijos de un mismo Padre, servidores de un mismo Señor; nada los separa, ni en el espíritu ni en la carne; al contrario, son verdaderamente dos en una sola carne. Donde la carne es una, también es uno el espíritu (Tertuliano, ux 2, 9; cfFC 13). V.1643 Los bienes y las exigencias del amor conyugal

« E l amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona - reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y de la voluntad-; mira a una unidad profundamente personal que, más allá de la unión en una sola carne, conduce a no tener más que un corazón y un alma; exige la indisolubilidad y la fidelidad de, la donación recíproca definitiva; y se abre a la fecundidad. En una palabra: se trata de características normales de todo amor conyugal natural, pero con un significado nuevo que no sólo las purifica y consolida, sino las eleva hasta el punto de hacer de ellas la expresión de valores propiamente cristianos» (FC 13). Unidad e indisolubilidad del matrimonio

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El amor de los esposos exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos: « D e manera que ya no son dos sino una sola c a r n e » (Mt 19, 6; cf Gn 2, 24).«Están llamados a crecer continuamente en su comunión a través de la fidelidadcotidiana a la promesa matrimonial de la recíproca donación t o t a l » (FC 19). Esta comunión humana es confirmada, purificada y perfeccionada por la comunión enJesucristo dada mediante el sacramento del Matrimonio. Se profundiza por la vida de la fe común y por la Eucaristía recibida en común. 1645 « L a unidad del matrimonio aparece ampliamente confirmada por la igual dignidad personal que hay que reconocer a la mujer y al varón en el mutuo y pleno a m o r » (GS 49, 2). La poligamia es contraria a esta igual dignidad de uno y otro y al amor conyugal que es único y exclusivo. La fidelidad del amor conyugal 1646 El amor conyugal exige de los esposos, por su misma naturaleza, una fidelidad inviolable. Esto es consecuencia del don de sí mismos que se hacen mutuamente los esposos. El auténtico amor tiende por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero. « E s t a íntima unión, en cuanto donación mutua de dos personas, como el bien de los hijos exigen la fidelidad de los cónyuges y urgen su indisoluble unidad» (GS 48, 1). 1647 Su motivo más profundo consiste en la fidelidad de Dios a su alianza, de Cristo

a su Iglesia. Por el sacramento del Matrimonio los esposos son capacitados para representar y testimoniar esta fidelidad. Por el sacramento, la indisolubilidad del matrimonio adquiere en sentido nuevo y más profundo. Puede parecer difícil, incluso imposible, atarse para toda la vida a un ser humano. Por ello es tanto más importante anunciar la buena nueva de que Dios nos ama con un amor definitivo e irrevocable, de que los esposos participan de este amor, que les conforta y mantiene, y de que por su fidelidad se convierten en testigos del amor fiel de Dios. Los esposos que, con la gracia de Dios, dan este testimonio, con frecuencia en condiciones muy difíciles, merecen la gratitud y el apoyo de la comunidad eclesial (cf FC 20). Existen, sin embargo, situaciones en que la convivencia matrimonial se hace prácticamente imposible por razones muy diversas. En tales casos, la Iglesia admite la separación física de los esposos y el fin de la cohabitación. Los esposos no cesan de ser marido y mujer delante de Dios; ni son libres para contraer una nueva unión. En esta situación difícil, la mejor solución sería, si es posible, la reconciliación. La comunidad cristiana está llamada a ayudar a estas personas a vivir cristianamente su situación en la fidelidad al vínculo de su matrimonio que permanece indisoluble (cfFC; 83; CIC can. 1151-1155). Hoy son numerosos en muchos países los católicos que recurren al divorcio según las leyes civiles y que contraen también civilmente una nueva unión. La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo («Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio»: Me 10, 11-12), que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el primer matrimonio. Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación, y por la misma razón no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales. La reconciliación mediante el sacramento de la Penitencia no puede ser concedida más que a aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo y que se comprometan a vi viren total continencia. Respecto a los cristianos que viven en esta situación y que con frecuencia conservan la fe y desean educar cristianamente a sus hijos, los sacerdotes y toda la comunidad deben dar prueba de una atenta solicitud, a fin de que aquéllos no se consideren como separados de la Iglesia, de cuya vida pueden y deben participar en cuanto bautizados: Se les exhorte a escuchar la Palabra de Dios, a frecuentar el sacrificio de la misa, a perseverar en la oración, a incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad en favor de la justicia, y educar sus hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu y las obras de penitencia para implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios (FC 84).

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La apertura a la fecundidad 1652 « P o r su naturaleza misma, la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole y con ellas son coronados como su culminación» (GS 48,1): Los hijos son, ciertamente, el don más excelente del matrimonio y contribuyen mucho al bien de sus mismos padres. El mismo Dios, que dijo: «No es bueno que el hombre esté solo (Gn 2, 18), y que hizo desde el principio al hombre, varón v mujer» (Mt 19, 4), queriendo comunicarle cierta participación especial en su propia obra creadora, bendijo al varón y a la mujer diciendo: «Creced v multiplicaos» (Gn 1, 28). De ahí que el cultivo verdadero del amor conyugal y todo el sistema de vida familiar que de él procede, sin dejar posponer los otros fines del matrimonio, tiende a que los esposos estén dispuestos con fortaleza de ánimo a cooperar con el amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos aumente y enriquece su propia familia cada día más (GS 50, I). 1653 La fecundidad del amor conyugal se extiende a los frutos de la vida moral, espiritual y sobrenatural que los padres transmiten a sus hijos por medio de la educación. Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos. En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio delavida(cfFC28). 1654 Sin embargo, los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden " llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio. VI.1655 La Iglesia doméstica

la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras» (LG 10). El hogar es así la primera escuela de la vida cristiana y «escuela del más rico humanismo» (GS 52,1). Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida. Es preciso recordar asimismo a un gran número de personas que permanecen 1658 solteras a causa de las concretas condiciones en que deben vivir, a menudo sin haberlo querido ellas mismas. Estas personas se encuentran particularmente cercanas al corazón de Jesús; y, por ello, merecen afecto y solicitud diligentes de la Iglesia, particularmente de sus pastores. Muchas de ellas viven sin familia humana, con frecuencia a causa de condiciones de pobreza. Hay quienes viven su situación según el espíritu de las bienaventuranzas sirviendo a Dios y al prójimo de manera ejemplar. A todas ellas es preciso abrirles las puertas de los hogares, «iglesias domésticas» y las puertas de la gran familia que es la Iglesia. «Nadie se sienta sin familia en este mtmdo: la Iglesia es casa y familia de todos, especialmente para cuantos están "fatigados y agobiados" (Mt 11, 2 8 ) » (FC 85). RESUMEN & Pablo dice: «Maridos, amad a vustras mujeres como Cristo amó a la 1659 Iglesia... Gran misterio es éste, lo digo con respecto a Cristo y la Iglesia» (Ef 5, 25.32).

La alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima 166 comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges así como a la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad de sacramento (cfGS 48, 1; CIC can. 1055, 1). El sacramento del Matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a 1661 los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humano de los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna (cf Ce. de Trento: DS 1799). El matrimonio se funda en el consentimiento de los contrayentes, es decir, en la 1662 voluntad de darse mutua y definitivamente con elfin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo.

Cristo quizo nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la «familia de Dios». Desde sus orígenes, el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, « c o n toda su c a s a » , habían llegado a ser creyentes (cf Hch 18, 8). Cuando se convertía, deseaban también que se salvase « t o d a su c a s a » (cfHch 16,31 y 11, 14). Estas familias convertidas eran islotes de vida cristiana en un mundo no creyente. 1656 En nuestros días, es un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, «Ecclcsia doméstica» (LG 11; cf FC 21). En el seno de la familia, « l o s padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada (LG 11). 1657 Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, « e n 144

Dado que el matrimonio establece a los cónyuges en un estado público de vida en la 16 Iglesia, la celebración del mismo se hace ordinariamente de modo público, en el marco de una celebración litúrgica, ante el sacerdote (o el testigo cualificado de la Iglesia), los testigos y la asamblea de los fieles.

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La unidad, la indisolubilidad y la apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio. La poligamia es incompatible con la unidad del matrimonio; el divorcio separa lo que Dios ha unido; el rechazo de la fecundidad priva a la vida conyugal de su «don más excelente», el hijo (GS 50, I). Contraer un nuevo matrimonio por parte de los divorciados mientras viven sus cónyuges legítimos contradice el plan y la ley de Dios enseñados por Cristo. Los que viven en esta situación no están separados de la Iglesia, pero no pueden acceder a la comunión eucarística. Pueden vivir su vida cristiana sobre todo educando a sus hijos en la fe. El hogar cristiano es el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada justamente «Iglesia doméstica», comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y de caridad cristiana.

5.-

Sexualidad en el matrimonio
A.Hombre y mujer los Creó:

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4.- El matrimonio es la base de la familia
I La familia en el plan de Dios Naturaleza de la familia La comunidad conyugal está establecida sobre el consentimiento de los esposos. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y ala procreación y educación de los hijos. El amor de los esposos y la generación de los hijos establecen entre los miembros de una familia relaciones personales y responsabilidades primordiales. 2202 Un hombre y una mujer unidos en matrimonio forman con sus hijos una familia. Esta disposición es anterior a todo reconocimiento por la autoridad pública; se impone a ella. Se la considerará como la referencia normal en función de la cual deben ser apreciadas las diversas formas de parentesco. 2203 Al crear al hombre y a la mujer, Dios instituyó la familia humana y la dotó de su constitución fundamental. Sus miembros son personas iguales en dignidad. Para el bien comúndesusmiembrosydelasociedad,lafamiliaimplicaunadiversidadderesponsabilidad, de derechos y de deberes. Servidores de la oración 2685 La familia cristiana es el primer ámbito para la educación en la oración. Fundada en el sacramento del Matrimonio, es la «iglesia doméstica» donde los hijos de Dios aprenden a orar « e n Iglesia» y a perseverar en la oración. Particularmente para los niños pequeños, la oración diaria familiar es el primer testimonio de la memoria viva de la Iglesia que es despertada pacientemente por el Espíritu Santo. 2201

« D i o s es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. 2331 Creándola a su imagen... Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión» (FC 11). « D i o s creó el hombre a imagen suya... hombre y mujer los c r e ó » (Gn 1, 27). «Creed y multiplicaos» (Gn 1,28); « e l día en que Dios creó al hombre, le hizo a imagen de Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo, y los llamó « H o m b r e » en el día de su creación» (Gn 5, 1-2). La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su 2332 cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro. Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad 2333 sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos. «Creando al hombre "varón y mujer", Dios da la dignidad personal de igual 2334 modo al hombre y a la mujer» (FC 22; cf GS 49, 2). « E l hombre es una persona, y esto se aplica en la mi sma medida al hombre y a la mujer, porque los dos fueron creados a imagen y semejansa de un Dios personal» (MD 6). Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, 2335 imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador: « E l hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola c a r n e » (Gn 2, 24). De esta unión proceden todas las generaciones humanas (cf Gn4, 1-2.25-26; 5, 1). Jesús vino a restaurar la creación en la pureza de sus orígenes. En el Sermón de 233í la Montaña interpreta de manera rigurosa el plan de Dios: «Habéis oído que se dijo: "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: "Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón"» (Mt 5, 27-28). El hombre no debe separar lo que Dios ha unido (cf Mt 19, 6). La Tradición de la Iglesia ha entendido el sexto mandamiento como referido a la globalidad de la sexualidad humana. B.El Amor de los esposos

La sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer. 236(

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En el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos viene a ser un signo y una garantía de comunión espiritual. Entre bautizados, los vínculos del matrimonio están santificados por el sacramento. 2361 « L a sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujef se dan el uno al otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte» (FC 11). Tobías se levantó del lecho y dijo a Sara: «Levántate, hermana, y oremos y pidamos a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos salve». Ella se levantó y empezaron a suplicar y a pedir el poder quedar a salvo- Comenzó él diciendo: «¡Bendito seas tú, Dios de nuestros padres... tú creaste a Adán, y para él creaste a Eva, su mujer, para sostén y ayuda, y para que de ambos proviniera la raza de los hombres. Tú mismo dijiste: "no es bueno que el hombre se halle solo; hagámosle una ayuda semejante a él". Yo no tomo a ésta mi hermana con deseo impuro, mas con recta intención. Ten piedad de mí y de ella y podamos llegar juntos anuestra ancianidad». Y dijeron a coro: «Amén, amén». Y seacostaron para pasar la noche (Tb 8, 4-9). 2362 « L o s actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, realizados de modo verdaderamente humano, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud» (GS 49, 2). La sexualidad es fuente de alegría y de agrado: El Creador... estableció que en esta función (de generación) los esposos experimentasen un placer y una satisfacción del cuerpo y del espíritu. Por tanto, los esposos no hacen nada malo procurando este placer y gozando de él. Aceptan lo que el Creador les ha destinado. Sin embargo, los esposos deben saber mantenerse en los límites de una justa moderación (Pío Xii, discurso 29 octubre 1951). 2363 Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la transmisión de la vida. No se pueden separar estas dos significaciones o valores del matrimonio sin alterar la vida espiritual de los cónyuges ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir de la familia. Así, el amor conyugal del hombre y de la mujer queda situado bajo la doble exigencia de la fidelidad y la fecundidad. La fidelidad conyugal 2364 El matrimonio constituye una «íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias». Esta comunidad « s e establece con la alianza del matrimonio, es decir, con un consentimiento personal e irrevo-

cable» (GS 48,1). Los dos se dan definitiva y totalmente el uno al otro. Ya no son dos. ahora forman una sola carne. La alianza contraída libremente por los esposos les impone la obligación de mantenerla una e indisoluble (cf C1C can, 1056). « L o que Dios unió, no lo separe el hombre» (Me 10, 9; cf Mt 19, 1-12; 1 Co 7, 10-11). La fidelidad expresa la constancia en el mantenimiento de la palabra dada. Dios 2365 es fiel. El sacramento del Matrimonio hace entrar al hombre y la mujer en el misterio de la fidelidad de Cristo para con su Iglesia. Por la castidad conyugal dan testimonio de este misterio ante el mundo. S. Juan Crisóstomo sugiere a los jóvenes esposos hacer este razonamiento a sus esposas: «Te he tomado en mis brazos, te amo y te prefiero a mi vida. Porque la vida presente no es nada, mi deseo más ardiente es pasarla contigo de tal manera que estemos seguros de no estar separados en la vida que nos está reservada... pongo tu amor por encima de todo, y nada me será más penoso que no tener los mismos pensamientos que tú tienes» (hom. in Eph. 20, 8). La fecundidad del matrimonio La fecundidad es un don, un fin del matrimonio, pues el amor conyugal tiende 2366 naturalmente a ser fecundo. El niño no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del que es fruto y cumplimiento. Por eso la Iglesia, que « e s t á en favor de la v i d a » (FC 30), enseña que todo « a c t o matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la v i d a » (HV 11). « E s t a doctrina, muchas veces expuesta por el Magisterio, está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal; el significado unitivo y el significado procreador» (HV 12; cf Pío XI, ene. "Casti connubii"). Llamados a dar la vida, los esposos participan del poder creador y de la 2367 paternidad de Dios (cf Ef 3, 14; Mt 23,9). « E n el deber de transmitir la vida humana y educarla, que han de considerar como su misión propia, los cónyuges saben que son cooperadores del amor de Dios Creadoryen cierta manera sus intérpretes. Porello, cumplirán su tarea con responsabilidad humana y cristiana» (GS 50, 2). Un aspecto particular de esta responsabilidad se refiere a la «regulación de la 2368 natalidad». Por razones justificadas, los esposos pueden querer espaciar los nacimientos de sus hijos. En este caso, deben cerciorarse de que su deseo no nace del egoísmo, sino que es conforme a la justa generosidad de una paternidad responsable. Por otra parte, ordenarán su comportamiento según los criterios objetivos de la moralidad: El carácter moral de la conducta, cuando se trata de conciliar el amor conyugal con la transmisión responsable de la vida, no depende sólo de la sincera intención y la apreciación de los motivos, sino que debe determinarse a partir de criterios objetivos, tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos; criterios que

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conserven íntegro el sentido de la donación mutua y de la procreación humana en el contexto del amor verdadero; esto es imposible si no se cultiva con sinceridad la virtud de la castidad conyugal <GS 51, 3). 2369 «Salvaguardando ambos aspectos esenciales, unitivo y procreador, el acto conyugal conserva íntegro el sentido de amor mutuo y verdadero y su ordenación a la altísima vocación del hombre a la patermidad» (HV 12). 2370 La continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos (cf HV 16) son conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica. Por el contrario, es intrínsecamente mala « t o d a acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización oen el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación» (HV 14): «Al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal». Esta diferencia antropológica y moral entre la anticoncepción y el recurso a los ritmos periódicos «implica... dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana . irreconsiliables entre sí» (FC 32). C2380 Las ofensas a la dignidad del Matrimonio

deroga la tolerancia que se había introducido en la ley antigua (cf Mt 19, 7-9). Entre bautizados católicos, « e l matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano ni por ninguna causa fuera de la muerte» (CIC can. 1141). Laseparación de los esposos con mantención del vínculo matrimonial puede ser 238. legítima en ciertos casos previstos por el Derecho Canónico (cf CIC can. 1151-1155). Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral.

El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrato, 238' aceptado libremente por los esposos, de vi vir juntos hasta la muerte. El divorcio atenta contra la Alianza de salvación de la cual el matrimonio sacramental es un signo. El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura; el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente: Si el marido, tras haberse separado de su mujer, se une a otra mujer, es adúltero, porque hace cometer un adulterio a esta mujer; y la mujer que habita con él es adúltera, porque ha atraído a si al marido de otra (S. Basilio, moral, regla 73).

El adulterio. Esta palabra designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio (cf Mt 5, 27-28). El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento prohiben absolutamente el adulterio (cf Mt 5, 32; 19, 6; Me 10, 11; 1 Co 6, 9-10). Los profetas denuncian su gravedad; ven en el adulterio la imagen del pecado de idolatría (cf Os 2,7; Jr 5,7; 13,27). 2381 El adulterio es una injusticia. El que lo comete falta a sus compromisos. Lesiona el signo de la Alianza que es el vínculo matrimonial. Quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del matrimonio, violando el contrato que le da origen. Compromete el bien de la generación humana y de los hijos, que necesitan la unión estable de los padres. El divorcio 2382 El Señor Jesús insiste en la intención original del Creador que quería un matrimonio indisoluble (cfMt 5, 31 -32; 19, 3-9; Me 10,9; Le 16, 18; i Co7, 10-11),y

El divorcio adquiere también su carácter inmoral a causa del desorden que 238 introduce en la célula familiar y en la sociedad. Este desorden entraña daños graves: para el cónyuge, que se ve abandonado; para los hijos, traumatizados por la separación de los padres, y a menudo viviendo en tensión a causa de sus padres; por su efecto contagioso, que hace de él una verdadera plaga social. Puede ocurrirque uno de los cónyuges sea la víctima inocentedel divorcio dictado 238 en conformidad con la ley civil; entonces no contradice el precepto moral. Existe una diferenci a considerable entre el cónyuge que se ha esforzado con sinceridad por ser fiel al sacramento del Matrimonio y se ve injustamente abandonado y el que, por una falta grave de su parte, destruye un matrimonio canónicamente válido (cf FC 84). Otras ofensas a la dignidad del matrimonio •

Es comprensible el drama del que, deseoso de convertirse al Evangelio, se ve 238 obligado a repudiar una o varias mujeres con las que ha compartido años de vida conyugal. Sin embargo, la poligamia no se ajusta a la ley moral, pues contradice radicalmente la comunión conyugal. La poligamia «niega directamente el designio de Dios, tal como es revelado desde los orígenes, porque es contraria a la igual dignidad personal del hombre y de la mujer, que en el matrimonio se dan con un amor total y por lo mismo único y exclusi v o » (FC 19; cf GS 47,2). El cristiano que había sido polígamo está gravemente obligado en justicia a cumplir los deberes contraídos respecto a sus antiguas mujeres y sus hijos. Incesto es la relación carnal entre parientes dentro de los grados en que está 238 151

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prohibiboel matrimonio (cfLv 18,7-20). S. Pablo condena esta falta particularmente grave: « S e oye hablar de que hay inmoralidad entre vosotros... hasta el punto de que uno de vosotros vive con- la mujer de su padre... en nombre del Señor Jesús... sea entregado ese individuo a Satanás para destrucción de la carne...» (1 Co5,1.4-5). El incesto corrompe las relaciones familiares y representa una regresión a la animalidad. 389 Se puede equiparar al incesto los abusos sexuales perpetrados por adultosen niños o adolescentes confiados a su guarda. Entonces esta falta adquiere una mayor gravedad por atentar escandalosamente contra la integridad física y moral de los jóvenes que quedarán así marcados para toda la vida, y por ser una violación de la responsabilidad educativa. 390 Hay unión libre cuando el hombre y la mujer se niegan a dar forma jurídica y pública a una unión que implica la intimidad sexual. La expresión en sí misma es engañosa: ¿qué puede significar una unión en la que las personas no se comprometen entre sí y testimonian con ello una falta de confianza en el otro, en sí mismo, o en el porvenir? Esta expresión abarca situaciones distintas: concubinato, rechazo del matrimonio en cuanto tal, incapacidad de unirse mediante compromisos a largo plazo (cf FC 81). Todas estas situaciones ofenden la dignidad del matrimonio; destruyen la idea misma de la familia; debilitan el sentido de la fidelidad. Son contrarias a la ley moral: el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de la comunión sacramental. 391 No pocos postulan hoy una especie dé «unión a prueba» cuando existe intención de casarse. Cualquiera que sea la firmeza del propósito de los que se comprometen en relaciones sexuales prematuras, éstas « n o garantizan que la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y una mujer queden aseguradas, y sobre todo protegidas, contra los vaivenes y las veleidades de las pasiones» (CDF, decl. "Persona Humana" 7). La unión carnal sólo es moralmente legítima cuando se ha instaurado una comunidad de vida definitiva entre el hombre y la mujer. El amor humano no tolera la « p r u e b a » . Exige un don total y definitivo de las personas entre sí (cf FC 80). RESUMEN «El amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano> > (FC 11). Al crear al ser humano hombre y mujer. Dios confiere la dignidad personal de manera idéntica a uno y a otra. A cada uno, hombre y mujer corresponde reconocer y aceptar su identidad sexual. Cristo es el modelo de la castidad. Todo bautizado es llamado a llevar una vida casta, cada uno según su estado de vida.

La castidad significa la integración de la sexualidad en la persona. Entraña 2395 el aprendizaje del dominio personal. Entre los pecados gravemente contrarios a la castidad se deben citar la 2396 masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales. La alianza que los esposos contraen libremente implica un amor fiel. Les 2397 confiere la obligación de guardar indisoluble su matrimonio. La fecundidad es un bien, un don, un fin del matrimonio. Dando la vida, los 2398 esposos participan de la paternidad de Dios. La regulación de la natalidad representa uno de los aspectos de la paternidad 2399 y la maternidad responsables. La legitimidad de las intenciones de los esposos no justifica el recurso a medios moralmente reprobables (p.e., la esterilización directa o la anticoncepción). El adulterio y el divorcio, la poligamia y la unión libre son ofensas graves a 2400 la dignidad del matrimonio

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El Matrimonio en las conclusiones de Santo Domingo
(IV CONFERENCIA G E N E R A L DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO)

bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido, que no sea por eso mismo sacramento» (C.I.C. 1055, 2).

4.-

1.-

El Matrimonio es un proyecto de Dios

Los Matrimonios deben colaborar con el magisterio de la Iglesia

El matrimonio y la familia en el proyecto original de Dios son instituciones de origen divino y no productos de la voluntad humana, Cuando el Señor dice « a l comienzo no fue a s í » (Mt 19,8), se refiere a la verdad sobre el matrimonio, que, según el plan de Dios, excluye el divorcio. Con demasiada frecuencia, se desconoce que el matrimonio y la familia son un proyecto de Dios, que invita al hombre y a la mujer creados por amor a realizar su proyecto de amor en fidelidad hasta la muerte, debido al secularismo reinante, a la inmadurez psicológica y a causas socioeconómicas y políticas, que llevan a quebrantar los valores morales y éticos de la misma familia. Dando como resultado la dolorosa realidad de familias incompletas, parejas en situación irregular y el creciente matrimonio civil sin celebración sacramental y uniones consensúales.

1. Subrayar la prioridad y centralidad de la pastoral familiar en la Iglesia 222 diocesana. Para ello es necesario capacitar agentes. Los movimientos apostólicos que tienen por objetivo el matrimonio y la familia pueden ofrecer apreciable cooperación a las Iglesias particulares, dentro de un plan orgánico integral. La pastoral familiar no puede limitarse a una actitud meramente protectora, debe ser previsora, audaz y positiva. Ha de discernir con sabiduría evangélica los retos que los cambios culturales plantean a la familia. Ha de denunciar las violaciones contra la justicia y la dignidad de la familia. Ha de acompañar a las familias de los sectores más pobres, rurales y urbanos, promoviendo la solidaridad. La pastoral familiar ha de cuidar la formación de los futuros esposos y el acompañamiento de ios cónyuges, sobre todo en los primeros años de su vida matrimonial. Como preparación inmediata tienen reconocido valor los cursos para novios antes de la celebración sacramental. 2. Proclamar que Dios es el único Señor de la vida, que el hombre no es ni puede 223 ser amo o arbitro de la vida humana. Condenar y rechazar cualquier violación ejercida por las autoridades en favor de la anticoncepción, la eutanasia, la esterilización y el aborto provocado. Igualmente, las políticas de algunos gobiernos y organismos internacionales que condicionan la ayuda económica a los programas contra la vida. Buscar, siguiendo el ejemplo del Buen Pastor, caminos y formas para lograr 224 una pastoral orientada a las parejas en situaciones irregulares, especialmente las divorciadas y vueltos a casar civilmente. Fortalecer la vida de la Iglesia y de la sociedad a partir de la familia: 225 enriquecerla desde la catequesis familiar, la oración en el hogar, la Eucaristía, la participación en el sacramento de la Reconciliación, el conocimiento de la Palabra de Dios, para ser fermento en la Iglesia y en la sociedad. 3. Invitar a los teólogos, científicos y matrimonios cristianos a colaborar con el 226 magisterio jerárquico para iluminar mejor los fundamentos bíblicos, las motivaciones éticas y las razones científicas para la paternidad responsable, para la decisión libre, de acuerdo con una conciencia bien formada, según los principios de la moral, tanto

2.-

El matrimonio es Imagen de Dios

El hombre y la mujer, siendo imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,27), que es amor, son llamados a vivir en el matrimonio el misterio de la comunión y relación trinitaria. « D i o s inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión» (FC 11). Hombre y mujer son llamados al amor en la totalidad de su cuerpo y espíritu.

3.-

Verdadera Dimensión del Matrimonio

Jesucristo es la Nueva Alianza, en El el matrimonio adquiere su verdadera dimensión. Por su Encarnación y por su vida en familia con María y José en el hogar de Nazaret se constituye un modelo de toda familia. El amor de los esposos por Cristo llega a ser como el de El: total, exclusivo, fiel y fecundo. A partir de Cristo y por su voluntad, proclamada por el Apóstol, el matrimonio no sólo vuelve a la perfección primera sino que se enriquece con nuevos contenidos (cf. Ef 5,25-33). El matrimonio Cristiano es un sacramento en el que el amor humano es santificante y comunica la vida divina por la obra de Cristo; un sacramento en el que los esposos significan y realizan el amor de Cristo y de su Iglesia, amor que pasa por el camino de la cruz, de las limitaciones, del perdón y de los defectos para llegar al gozo de la resurrección. Es necesario tener presente que « e n t r e

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en lo que mira al número de hijos que se pueden educar, y en cuanto a los métodos, según una auténtica paternidad responsable. El fruto de estos trabajos será la promoción de programas y servicios que difundan los métodos naturales de planificación, y elaboren manuales de educación para la sexualidad y el amor, dirigidos a niños, adolescentes y jóvenes. Ante los equívocos de algunos programas « d e m o g r á f i c o s » hemos de recordar las palabras del Papa en su Discurso inaugural de esta Conferencia: « L o que hace falta es aumentar los medios y distribuir con mayor justicia la riqueza, para que todos puedan participar equitativamente de los bienes de la creación» (n. 15).

SÉPTIMA EDICIÓN Este libro se terminó de imprimir en febrero del 2001, en los talleres de Imprenta y Litografía San Juan, 2a. Calle 2-74 Zona 1, consta de 3,000 ejemplares. Guatemala, Guatemala, C.A.

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