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¿ESTÁ TODO ARRUINADO EN LA EDUCACIÓN?

Eduardo López Mendoza

Cuando algún político quiere presentarse ante la opinión pública como un


destacado, innovador y gran alternativa para el país, siente que es imperativo que hable
acerca del desastre de la educación peruana, aunque ignore soberanamente lo referente a
ella, basta con mencionar una que otra recetilla, con ingredientes populistas, algo de
remuneraciones y listo asunto “arreglado”.
Cuando un gobernante quiere que su mensaje inaugural no se vea huérfano de
sensibilidad social, ofrece aumentos salariales – si es el doble al final de su mandato,
mejor-, uno que otro proyectito, más horas de clases, etc. Y con eso suponen que su
cuota en pro de la educación ya está dada.
Cuando un tecnólogo educativo teoriza acerca del problema educativo, propone
enrevesadas salidas como, currículos ultramodernos, modernísima terminología
educativa, grandes extravagancias y las presenta como la panacea universal para el
problema educativo, cree que ya contribuyó a la solución del problema de la educación.
Cuando de educación se trata TODOS tienen algo que decir, todos son
especialistas en potencia, juzgan, analizan, recopilan estadísticas y se convierten en
“expertos”, desde sus respectivas tribunas se suponen los “Mesías” de la educación con
la meta de salvarla de esta grave crisis.
Nosotros pertenecemos a una de las tres aristas que comprenden el sistema
educativo, que a la sazón son: LOS DOCENTES, LOS ALUMNOS y LOS PADRES,
trilogía que, dicho sea de paso, ya no es un triángulo equilátero, como debe ser; sino que
las pseudo recetas aplicadas hoy, la han deformado y desvirtuado, analicemos lo dicho.

1. Los centros educativos:

Está demás decir que la educación pública padece de un cáncer, casi


terminal, y vapulearla aún más es morboso y hasta inhumano; aunque eso no impida que
digamos algo respecto de ella. Esa nefasta organización sindical, metástasis de la
educación tiene la mayor parte de la responsabilidad de la actual crisis y no merece más
que nuestro absoluto desprecio, sumando a ello la pasividad y negligencia de un gran
número de docentes que conocen de esta triste realidad del sindicato, pero que no hacen
nada por denunciarlo y combatirlo.
En cuanto a la educación privada, las miserias y despojos de la educación
pública, le han permitido alcanzar el membrete de “gran salida a la crisis” y presentarse
como el paraíso frente a ese erebo llamado educación pública.
Es menester decir algo respecto de la educación privada: conciente de la crisis
que se vive en la educación nacional, ha pretendido llenar ese vacío sobre la base de una
súper oferta, de lo que denominaremos “valor agregado” frente a la elemental y sencilla
educación pública, los mismos que van desde ofrecimientos cursis hasta aquellos que
invaden las libertades naturales del hombre, expliquemos un poco. Se cree que el
hacimaniento de materias, horarios exageradísimos –mejor si todo el día están en el
colegio- , talleres de toda índole, apoyos, asesoráis y en fin un sinfín de pseudo
bondades académicas, harán del alumno alguien útil para la sociedad, candidato a
ejemplo o futuro líder mundial; grave error y no es el único. El pretender que un
alumno sea una “maquinita sueca” de conocimientos, llámense matemática, química,
literatura, historia, etc., no lo van a hacer digno para la sociedad, o porque esos
conocimientos le permiten ingresar en la universidad, o porque termina una carrera o
tiene una profesión, -y no creo estar diciendo con esto algo nuevo- , no debe ser
considerada esa un meta lograda, el problema es que algunos padres ven a los colegios
privados, como reformatorios en donde sus hijos serán eso que espera cualquier
sociedad conformista y mejor aún porque la exigencia, el control que ofrecen algunos -
¡Gran novedad!- suponen que va a cambiarlo a su hijo y allí está el otro lado de la crisis
de nuestra educación: los padres.

2. ¿Qué pretenden los padres?

Es también conocido, y por ello más patético, que los padres creen que la
educación compete únicamente a los centros educativos, y si es privado tanto mayor la
misma, y más todavía porque están haciendo una inversión económica y suponen que
no puede ser de balde; sino que los frutos deben estar garantizados, cueste lo que cueste.
“La verdadera educación significa más que la prosecución de un determinado
curso de estudios. Abarca todo el ser, y todo el periodo de la existencia accesible al
hombre. Es el desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales…”
Esta educación integral no puede cederse a una institución educativa; porque no puede,
ni debe hacerlo. He aquí el grado de responsabilidad de los padres, convertirse en
simples procreadores y dejar a los hijos en manos de instituciones educativas, y que
sean ellas las que refinen, pulan y encaminen a sus hijos, según su buen o mal criterio.
Luego cuando algunos padres quieren encaminar a sus hijos, solo consiguen rechazos y
no les queda más camino que el lloro y crujir de dientes porque sus hijos nunca les
pertenecieron y su autoridad fue suplantada por otros y su autoridad ha sido extirpada.
El área espiritual en el desarrollo de la educación es tarea de los padres y ninguna
institución –por muy buen intencionada que sea - lo va a hacer; porque justamente, esa
es el área que los padres no deben descuidar y que solo les compete a ellos.
Cuánta lastima inspiran aquellos alumnos que son el reflejo –y herencia- de un
centro educativo y que de sus padres lleven solo el apellido. Padres cíñanse el cinturón
–son parte del problema educativo- y eduquen a sus hijos en casa, con amor, ese amor
de padres que es el reflejo del amor de Dios y luego después de cumplir su noble
misión piensen en mandarlos ocho o diez horas al colegio, donde demuestren lo
aprendido en el hogar y puedan desenvolverse plenamente física, mental y
espiritualmente con el uso de las facultades que Dios les dio.

3. Y los docentes…

El núcleo del problema educativo, sin temor a equivocarnos es el docente, es ese eje
enclenque y débil sobre el cual tambalea la educación nacional.
Los tecnócratas y pseudos vanguardistas de la educación pretenden parametrar la
solución del problema educativo a un docente robotizado por capacitaciones ,
actualizaciones, modelos curriculares, más esquematizados e inflexibles cada vez y que
en el terreno de la teoría se ven tentadores; pero que carecen de pragmatismo y solo
llenan un vacío cabal de manera superficial e ingrata, inclusive.
Nos rebelamos ante semejantes imposiciones que son paliativos para moribundo
hechos por hierberos y chamanes de la educación. Parafraseando al gran maestro M.
González Prada diremos que el docente no puede ponerse en manos de médicos
parkinsoneanos con cataratas seniles en una fría sala de operaciones. No
contravenimos dichas teorías o propuestas; pero tampoco se puede ser docente
aplicándolas por imposición o por sometimiento, por incapacidad o por desdén.
Nos gustaría ver a esos peritos en un aula con alumnos desinteresados,
desmotivados y asustadizos aplicando sus propuestas insólitas, si decimos que un
docente es un artista, no podemos pretender imponerle lineamientos, no se puede decir
aplica esto o aquello y todo v a ir mejor; porque los seres humanos somos
impredecibles, y porque hasta al más grande de los maestros, que traía la salvación, lo
rechazaron.
El docente como eje de la educación no puede ser un pelele conformista que
pretende enseñar en función a remuneraciones, o reconocimientos inútiles, ni supeditar
su labor a intrascendentes tecnologías educativas. La docencia demanda recordar que se
tiene entre manos a una arcilla pulcra e inocente y que, cual alfarero, requiere de dársele
forma como si fuera nuestra propia vida, quien ve a su hijo con hambre y le da una
serpiente, o lo que es lo mismo, quien aplica su plan curricular sin pestañar si se ve una
situación anormal en un aula, se deja los conocimientos y se soluciona el problema a
costa de lo que cueste, ¿verdad? .
El papel de un docente no es hacer de sus alumnos entes útiles a la sociedad o
grandes profesionales del mañana, -cómodos chauvinismos, pero baratos- no, el papel
es encaminarlo a la libertad en todo el sentido de la palabra, no a aprender valores; sino
a practicarlos, a hacer pensadores y no meros reflectores de los pensamientos de otros, a
conservar sus principios como lo hace la brújula al polo; aunque se desplomen los cielos
y aunque se frustren algunos proyectos. Esa es la misión, que cada alumno sea un
pensador en absoluta y total libertad; solo así se podría cambiar la educación, solo así
se podría cambiar el país, solo así se le devolvería al hombre la imagen y semejanza
que Dios le dio.

REFLEXIONES A MODO DE CONCLUSIÒN.

Los padres deben asimilar su rol dentro del proceso educativo, aplicando la mejor de
las didácticas, el más sofisticado de los métodos de enseñanza: el amor hacia los hijos,
ese amor que todo lo puede y no cimentado en exigencias banales, como primeros
puestos, diplomas, sino en poner las bases de ese hombre que esperamos en el futuro,
hecho por ellos mismos, a su imagen y semejanza, tal cual nos hizo Dios.
Las instituciones educativas replantear sus postulados, educar en función a la
individualidad y libertad de cada ser humano y no robotizar al elemento al cual
queremos redimir; ver al alumno como el fin y no como un simple medio de alcanzar
las nobles metas trazadas.
Los docentes no deberían someter el papel que hizo Cristo, enseñar, a soluciones
meramente teóricas y tecnológicas, si el más grande maestro fue rechazado, pudiendo
utilizar su poder de Dios y solucionar todo, no lo hizo, se hizo hombre y como tal se
puso en el nivel de un hombre y así enseñó. Cuanto más un docente no debe ser
esclavo de las formas, por el contrario recordar que el papel de docente consiste en el
que hace el alfarero, en sus manos está aquella arcilla y la forma que le demos
determinará lo innoble o fructífero de nuestra labor.
Creer que siendo un experto elaborador de currículos nos hace óptimos docentes,
desvirtúa la labor misma de la educación, si no se puede lograrlo, es mejor dar un paso
al costado, si la preocupación y desvelo son las notas, los exámenes y el tener menos
desaprobados, se hace un papel contrario al natural y se traba la verdadera educación.
No debe confundirse la misión del docente, el obnubilarse en preparar solo
conocimientos, el invadir el territorio de un padre o el simplismo de enseñar por enseñar
en una pálida sombra de lo que es la educación, no debe olvidarse que nuestra meta es la
redención del hombre.