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POLITICA ENTRE LAS NACIONES

La lucha por el poder y la paz

Hans J. Morgenthau

/

POLI<fiCA EN.<fRE

LAS N

ACIONES

La lucha por el poder y la paz

Hans ]. Morgenthau

·

Sexta edición revisada por

Kenneth W. 'fhompson

GEL

Grupo Editor Latinoamericano

Colección ESTUDIOS INTERNACIONALES

l! edición - 3.000 ejemplares

Colección ESTUDIOS

212.{)85

ISBN 950-9432-84-9

INTEaNACIONAL
INTEaNACIONAL

ECONOM/ A

Título del original en inglés:

POLITICS AMONG NA'ÚONS

The Struggle for Power and Peace

Copyright

1948, 1954, © 1960, 1967, 1973,

1978, 1985 b y

Alfred A

Kno f

Esta traducción s e publica por acuerdo con Alfred A. Knopf, l~c.

P '

lnc.

Traducción de Heber W . Olivera

3a. Edición.

¡,

1 (>

©

1986

by

Grupo

Editor Latinoamericano S .R .L., Laprida

1183,

Buenos Aires, Argentina. Tel. 961-9135.

1•.

(1425)

Queda hecho el depósito que dispone la ley 11.723.

Impreso y hecho en la Argentina. Printed and made in Argentina.

Colaboraron en la preparación de este libro:

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Pablo

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acetal?s:

Tipografia

Pompeya

S .R.L.

ImpresiÓn

mtenor:

E DIGRAF.

Imprestón

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tapa :

Impren ta

de

los

Buenos

Ayres

S .A.

Pelfc!Jias

de

tapa ;

Fo.to-

cromos

Rodel.

Encuadernación:

Proa

S.R.L.

Se

ulllizó

J>!lra

el

mtenor

papel

OESPE

de

70 gs.

y

para la

tapa

cartulina

grano

fmo

de 240

gs.,

provistos por Copagra S.A.

Q·---- 1_177 ~:~

Prólogo

Es muy. probable que PolltU:a etllre las Naciones sea la obra que más ha 1 ~flu1doen la leona y la pi'Ktica de las relaciones internacionales a pa~11~de la sepn~ posperra, particularmente en los Estados Unidos, pa s '"'!de se pubhcó por ~rimera vez en el allo 1948 y para el que fue desunada. ResulLa pi'Kucamente imposible encontrar un libro de l~rlade las re:aciones internacionales o de poUtica exterior norteame- ncana donde no aparez.ca cilada. Hijo único de una familia judla, Hans Morgenthau, su autor, nació en 1904 en Coburgo, una pequella ciudad del norte de Bavaria. Cierta· mente, la derroLa alemana en la Primera Guerra Mundial, la humillante paz ~ _Versalles, la ~ragilidad poljtica de la República de Weimar y el

~r¡t~tcnto d~l naz.Jsmo, con su carp

de

racismo y antisemitismo,

e¡erc.•eron un Impacto profundo en el desarrollo de su pensamiento polltJco. En efecto, la tremenda crisis y los avatares pollticos por los que atravesó Alemania en las décadas del diez y del veinte contribu- yeron de manera decisiva a alimentar el pesimismo de su concepción antropoJ6&ica, y le ayudaron a descubrir tempra namente el espacio ineductible de la pasión en las relaciones humanas, a desconfiar del racionalismo y del utopismo y a comprender -como él mismo lo expre- sar.- las "'-omplejidades t"'aicas" de la vida. En 1923 ingresó a la Universidad de Frankfurt, aunque al poco tiempo. desencantado por "la pedanterfa de las fútiles diferencias epis· temológicas", se trasladó a la Univenidad de Munich, donde estudió Derecho y Filosofla Polftica. Ya graduado, sus inquietudes académicas, y en buena medida el ascenso vertiginoso del nazismo en su pais. lo

llevaron a

Instituto

de Estudios Internacionales de Ginebra y ensel\6 Derecho Público en la Universidad de esa misma ciudad. Luego de una estadfa como docente

en Madrid durante los allos 1935-1936, emigró definitivamente a los

Estados Unidos en

su

1937, pafs en el que aün no tenia. al decir de

Thompson. ni amigos ni mecenas, y en el que

intensa e influyente carrera académica. Sucesivamente, se desempeñó como profesor e investigador en Brooklyn College ( 1Y37-1939) , la Uni- versidad de Kansas City (1939·1943). la Universidad de Chicago (1943- 1971 ) . el City College de Nueva York (1968-1975) y, hasta su muerte en 1980, en la New School for Social Rcsearch de Nueva York. '

Suiza, donde realizó trabajos de

pos¡rado en el

de,

rrollaria

toda

New School for Social Rcsearch de Nueva York. ' Suiza, donde realizó trabajos de pos¡rado en

2

Prólogo

numerosos

semi-

na n as, fo rmó va~ias generaciones de agradecidos estudiantes y ejerció

país de

ado peton . convertido. luego de la Segunda Guerra Mundial, en la po-

en conse-

cucnc oa, en una nación "peligrosa y vulnerable, temida y temerosa". '

Naciones , Hans Moraero-

te nc ia m undialmente más poderosa de todos los tiempos y,

una

años:

A

lo

la rgo

de _todos

estos

Morgcnthau

publicó

cientos

1

rab a JOS, dto

mftmdad de conferencias, participó en

de

tmportante tnfluencia sobre los dirigentes politicos de su

Fundam entalmenre por Polít ica tntre las

thau ha sido considerado con toda justicia el padre del realismo Poli- uco en los Estados Unidos. Seglin la respetable opinión de Reinhold Noebuhr -<>tra de las figuras clave del realismo norteamerican<>- el autor de este libro y de otras obra; importantes sobre relaciones inter- naciona les fue " el más brillante y mas autorizado" de los estudiosos de la politica internacional inscriptos en esta escuela del pensamiento político moderno. 1

Tal como lo señala el propio Morgenthau en el segundo capitulo del libro, Política entre las Naciones tiene dos propósitos: uno teórico y otro empirico-nor mativo. El primero, procura idenlificar y compren- der las fuerzas "atemporales" que determinan las relaciones pollticas

entre los Estados-naciones; el segundo, proporcionar un mapa de ruta para el diseño y puesta en práctica de la política exterior, en especial la d e Estados Unidos en el escenario internacional de la segunda pos-- guerra, caracterizado -<:n palabras de Morgenthau- por una "triple

por un sis·

tema bipolar, cuyos centros están fuera de Europa; la bifurcación de la " unidad moral" del mundo en dos sistemas de pensamiento y acción incompatibles y antagónicos que se disputan la lealtad de los hombres;

y , finalmente, el desarrollo de la tecnologla nuclear que. por pri~ra

destrucción

revolución" : el reemplazo del sistema multipolar europeo

vez

en

la

historia

de

la

humanidad,

puede

llevar

a

la

universal.

En relación con su contenido teórico, Po/ltica ''"tre las Naciones

es, entre todas sus obras, la que analiza en forma más sistem,tica dos cuestiones centrales para la escuela realista: el fenómeno del poder en la política internacional -<:oncepto que considera _clave ~ra ente_nder v explicar las relaciones internacionales-- y la obstinada e 1rremedaable continuidad de la lucha por el poder en todo tiempo Y es~io. que

la cateaoria ~e supra ·

a dquiere por ello -<:n la perspectiva d~l autor -

histórica . De tal manera , rechaza de plano las VISIOnes utópicaS que

suponen que " el orden social no llega a estar a la altura de lo~ ~!ro­

nes racionales"

el progreso de la civilización internacional,

ins tituciones sociales 0

mente descreído de estos argumentos. Morgenthau. en cambao, sosuene que la imperfección del mundo encuentra sus causas en tres esencaas -en

por falta de conocimiento, por atavismos que_mhtben

por_ la obsole_SC:~¡"caa ~e ~

por la perversión de caertos mdava _uos.

~la·

!lcar a le» E&-U~~ J~

' AcUeU•<» emp!Md<» por Worpnth&U ., la pjlllna ":n,da -

~T=

Ubro para c:all·

,

frOm W•bnlo Klul

aaW:. =~~S~~. Loulstana. siate Untverlty Praa, 11118. P

I:M

-

Pr61oco

3

el k:ntido de la filosofía clásica- inmodificables.: el esoísmo y el deseo

de poder de los hombres; la definición de los intereses nacionales de los

~stados.en tt!nninos de poder; y la naturaleza anárquica del sistema ~ternacr~nal,que lleva a que la única garantla efectiva de una "~

ll~estable -p~ra. ~r una conocida expresión de Aran- sea el meca-

nasmo del equahbno de poder y no el derecho internacional, dado que sólo el poder puede ~renaral poder. En consecuencia, el analista político

Y el hombre de accaón deben comprender "las fuerzas inherentes a fa

naturaleza hu?'ana" y "no luchar contra ellas", como proponen ingenua-

~~te los ma~mbros de las escuelas idealistas, cuyos prejuicios les

~.m~nden aprec;aar -como diria Herz- los problemas que surgen del dalema segundad y poder". Para Morsenthau es imposible esca~r"dd mal del poder, independientemente de lo que uno haga". •

. f:ste _análisis descamado de la lucha por el poder, de su recurrencia

Y hml!acaones, fue acompañado tte una dura critica a la creencia "cien-

tificista" en el "poder de la ciencia para resolver todos los problemas Y. ~rtacularmente, todos los problemas polfticos que el hombre en·

frenta en la edad moderna". ' Al respecto, sus cuestionamientos más agudos fueron expresados con anterioridad a la publicación de Política entre las Naciones, en otra obra fundamental del año 1946, titulada

El hombre científico wrsw la polltica del poder, en donde destaca la

incapacidad del "cientificismo" para comprender la naturaleza del hom- bre, la naturaleza del mundo, y la naturaleza de la razón misma. En sus propias palabras, el error fundamental del racionalismo es su per-

cepción de que el mundo entero está "

fuerza independiente y autosuficiente que, tarde o temprano, no puede fracasar en· la eliminación de los vestigios aún remanentes de la sin-

razón". Desde esta perspectiva, el mal seria entonces -agrega Mor-

genthau- "

presencia seria

característico del modo racionalista de pensar, es una desviación de la tradición del pensamiento occidental. En esta tradición Dios es desa- fiado por el Diablo, quien es concebido como un elemento necesario

y permanente en el orden del mundo". ' Este pensamiento de pura ~ realista fue la base filosófica utili- zada por Morsenthau ~ desarrollar la ~rte emplrico-normativa de su obra, que tiene, como quedó dicho, un destinatario privilegiado:

los polfticos norteamericanos responsables de la formulación y realiza· ción de la polltica exterior. Situado en la vereda de enfrente de las "ilusiones utopistas", criticó, de manera severa, a quienes, 'desde la academia y la polftica prictica, todavla se aferraban al viejo ideario aislacionista y al pacifismo y al racionalismo sobre los que se habla fundado históricamente la ideoJosla polftica norteamericana, sin com- prender el tamallo de las responsabilidades internacionales que Estados

dominado por la razón, una

.uraa mera cualidad neptiva, la ausencia de algo cuya

Este monismo filosófico y t!tico, que es tan

,

-

Baao, Sclftllf*; lfaa Vo. -

Qlk:eCO Prua. IINI, p . :ID!.

111114., p . ft.

• t&ld., p . :101.

l'ollllco , ~.

UDI~ Gil

4

P•ologo

Unidos. po r su situación de

po s guerra, estaría oblig d

llva . . e l o bjetivo principal a o d

domi nad o por la idea del

e n el carácter Un ico de la exexcr~pca~nal~smo:· norteamericano -basada

el no

X IX-

n dehm- . .

1 aut o r a lemán es m ost rar a un país, aún

rime

P

.

e

a

asumir en

r~ potencia en el orden mundial de

fonn

a

mexora . . bl

c.

E

involucramiento d 1 "": lencl~hlstónca de Estados Unidos y en

que

resultaría a 1 e

pats en os confhctos mundiales del si¡lo

al

bien

pasado automar inána vez vano y peligroso ~odo intento de retomar

. g dose del ¡uego de la pohllca mtemacional Antes

h

no

sÓt or a la hlS_tona . ineludiblemente, requería que Estados Unido s

ci

arao comprendiera la esencia de ese juego sino que, además, parti-

p

su

en .el

rrusmo. estableciera sus

com p le¡o desarrollo.

reglas y controlara y ordenara

 

Nat_uralmente, las ideas de Morgenthau, enraizadas en la tradición

de_

Tuc 1d1des, Maquiavelo y Hobbes, chocaron frontalmente con Jos

C~llenos o rdenadores del " American dream" . Esto es, con la fe inconmo- VIble en el poder de la ciencia para realizar un orden polftico racional

•Y moral . d~nvado de

con la _VISIÓn hberal_ de un mundo integrado por Estados-naciones en arrnoma natural de mtereses, vinculados c:omercialmente y gobernados por una "ruling class" elegida democráticamente por una ciudadanfa educada y esclarecida. 7

principios abstractos y universalmente aceptados y

En un principio la mayoría de los acad~micos norteamericanos -socializada en Jos supuestos del utopismo y del racionalism<>- reac- cionó despectiva y agriamente contra Jos argumentos de Morgenthau,

a quien c riticarun "su manera alemana de ver las cosas". Tambi~n se

disociaron de ell:l Jos pollticos, que no encontraro'n en los textos de

Mo rgenthau frases

provechosas para inspirar sus discursos. El inte~s

nacio'lal definido en términos de poder resultaba poco atractivo a una clase política y a una opinión pública acostumbradas a ver la polftica en términos de causas más elevadas. Sin embargo. a partir de fines

de la década del cuarenta, de la mano de la agudización de la Guerra

Fría y de la ruptura, por el peso de los hechos, del "liberal approach".

la obra d" Morgenthau logró rápidamente abrirse paso en el mundo

acad~mico y político norteamericano y sentó las bases -junto a los escritos de Niebuhr y Kennan- para el desarrollo de la escuela realista

en los Estados Unidos, hoy largamente dominante, aunque en buena parte remozada.

sus apasionados lectores -como sucede

inevitablemente- fueron más allá de las enselianzas del maestro, sin escuchar sus advertencias sobre la necesidad de utilizar moderada y prudentemente Jos recursos de poder. En el marco de la Gue_rra Fria, supusieron erróneamente que el enorme poderlo norteamencano de ¡:;osguerra justificaba una definición extensiva y prácticamente ilimitada del interés nacional y. por consiguiente, de los compromisos de Estados Unidos en el mundo. Este realismo de cruzada -deplorado ad naus~am

Más

aún,

muchos

de

de

'

Ver Horrman . Sl&nleJ , Rcollam """ /~ 'Dia<Oflk>W. '!be A&l8n&lc. novlombre

11115, p .

132.

Pr6loto

S

por Morgenthau- tarde o temprano, como efectivamente ocurrió, estaba condenado a sufrir un Vietnam. A d iferencia de Jos cruzados de la

presente la cuest ión de las limi-

taciones en el uso del poder y, al igual que Lippmann, com prend ió per-

fecta~nte los peligros de definir los intereses nacionales s in guardar

potenciales disponibles7 Por ello, se

opuso de entrada a la guerra de Vietnam y a la utilización obse•iva del ant~comunlSmo como criterio ordenador de la polft ica exterior, o denunció, por e¡emplo, el sin sentido de la "superioridad nuclear"

o las estrategias que han sugerido la posibilidad de pelear "guerru nu·

cleares limitadas", igno~ndo la diferencia existente entre

nucleares y las convencionales. • Vale .~puntar que en Am~rica Latina -particu larmente en las es- cuelas mlll!ares- la obra de Morgenthau sirvió para alimentar algunas lamentables concepciones geopoliticas que sirvieron a sus cultores para azuzar absurdamente Jos conflictos fronterizos y las rivalidades entre los países del área. También en este caso. sus discípulos latinoamerica- nos fueron mis papistas que el Papa, o sólo leyeron aquello que mis l~s convenía para engrosar sus prejuicios o poner en prtct ica sus polf- llcas, las mis de las veces en función de intereses meramente perso- nales o facciosos. Sin embargo, al contrario de lo que suele creer la mayorfa de sus apresurados -<l int~resados- lectores en América Latina, Morgenthau nunca fue -como sellala con acierto Hoffmann- un " apóstol" del conflicto. Al respecto, es preciso recordar que mis

de la mitad de este libro está dedicada a exponer extensamente una serie de valiosas reflexione• sobre los lfmites en el ejercicio del poder y

el problema de la paz. Así, en su mundo de "lucha por el poder" pero

tambibl " por la paz", como reza el subtitulo del libro, Morgenthau asigna un rol de primer orden a la diplomacia a la que considera como el "mejor medio", aunque "insuficiente", para mantener la "situa- ción precaria de la paz" que nos ofrece uña sociedad de naciones sobe- ranas". Con un dejo extraftamente idealista, el libro concluye que la paz internacional podrá ser tan segura como la doméstica sólo cuando

las naciones hayan subordinado a una autoridad superior Jos medios de destrucción masiva que la tecnología moderna ha puesto en sus manos, es decir. cuando hayan cedido su soberanía. Es claro que la teoría de Morgenthau, escrita en el momento de incubación de la Guerra Fria, no alcanza para dar cuenta de la com- plejidad de los fenómenos y procesos que signan al orden mundial de

fines de los años ochenta. cuyos perfiles y áreas de problemas centrales difieren de manera importante de aquellos que signaron al mundo de la posguerra. Por consiguient~. desde diversos ingulos y perspec-

tiva• . incluy~ndo un extenso

espectro que abarca desde el neornarxismo

y la t~oria del imperialismo hasta las escuelas neo-realistas a la Waltz, centenares de autores -particularmente a partir de fines de la década del sesenta- se han ocupado de marcar las falencias y falacias del

Gu~rra Fria, Morgenthau tuvo siempre

relac1ón con los recursos reales y

las armas

• Ver lbld

'

'lbom¡MOil, ol>. cU

p . •

·

6

Próto1o

¡radigma de Morgenlhau, como. por ejemplo el monismo del poder

a

c~nc~pc~ón ~e un interés nacional supucsta~ente autoevidente 1\1~

Y

cn leno . mfahble de una polllica nocional, la inadecuada sepa.:.ción

en

tre

pohtlca

exte~1or Y polític a

interna,

la visión

del

Estado-nación

c ol!'o .un actor ra~ 1onal y unificado , su incapacidad para comprender Y exphcar la cueSioón de l cambio en la polllica y economfa mundiales

la o b so l escenc oa de ~a división enlrt: "alla" y " baj a" polflica y, eslre :

c ha.mente

rclativi-

zaca_ó n

inter-

rel.ac•onado

de

la

con

este

último punto , la

económica

de

ignorancia o

las

relaciones

exccs1va

dime nsión

nacJonales.

Por cierlo, la mayoria de cslas crilicas lienc argumenlos muy fuert es en s u favor. Sin embargo. pc~c a e llos y a los feroces embates recibi d os por la escuela rea lis ta a rafz de las transfonnaciones produ- cidas en e l sis tema internacional en los últimos treinta años -interde-

pende n cia c reciente. proliferación de actores estatales

a dvenimiento de pro blemas g lo b a les, e nt re otros-, e l "núcleo c~n­

rral" -c o m o diría

pe lea en el campo teórico. Además , los sup ueslos básicos del realismo.

Lakatos- de esta teoría aún sigue dando una dura

y no estatales,

at!nquc modificados y a mpliados en re lación a su versión m orgr:nthau-

n iana, continúan dominando las visiones del mundo y guiando los pasos

socialislas-

q uc ocupa n los primeros escalones de la est ratificación internacional.

el campo teórico

de

los

dirigenles

polílicos de

los

paises -<apilalislas

y

De ta l man e ra, e l r ea lis mo s igue prevaleciendo tan to en

como en la política práctica. Aunque más no sea por este solo hecho

la

mac iones

lcc tur ;l - --o re lec tu r a -

d el

sistema

de es t e libro a la luz de las recie ntes tran sfo r -

internacional

bien

vale

la

pena_ Si

a

ello

~

agregan

ciones teó ri c a s c uanto en ~us co ntenidos

revisada

parlida incomparable para quienes quieran adenlrarse e n la compren-

s ión

incesanle y elusiva lucha de los Eslados-naciones " por el

poder y la paz".

los

Inc uest ionables

de

mérit os de la o b ra . lanlo

en de polftica práctica , esta edición

formula-

sus

y aclualizada

la

Po/frica entre la< Nac iones es un punlo de

de

Roberto Russe/1

Buenos Aires, agosto d e 1989.

Prefacio

Universidad

de Chicaf!O, tu ve el privilegio de traba jar junto al profesor Morgenthau en carácter de úzvestigador asistente. Más tarde, nos aplicamos a la pre-

paració, de wr libro de texto titulado Principies and Pro blems

nationa l Po litics. Fue él quien tuvo la principal responsabilidad en mi

depar-

tamento de Ciencias Políticas_ Cucudo se aco rdó qu e yo debía ed itar W1 festsch rift en su honor, trabajamos juntos en la ídeutificación de sus primeros estudiantes, colegas y amigos especialm ente familiar izados con sus escritos. En lc.s últimos años, cuaudo rwest ras actividades profesio-

reg reso a la Unive r sidad , a comienzos d el '50, como mie mbro del

of 1ntcr-

Lu e¡.:o de la segwrda gue rra mundial, com o graduado de la

nales nos tra¡eron a Nueva York , mantuvimos frecuentes contactos y largas discus iones. Como miembro de varios conse jos asesores, cont ri-

bu y ó sigt~i{ica tiv am e nt e a l os programas de l a Fu nd a ción Rock e f elle r,

para los qu e tambié n yo 1ra ba jé. Pocas sem emas antes de m o rir, pre .'ien-

t ó una

Cen ter

en el p rofesional, uuestra a mistad

h a s ta s u s 1Íl t im os d ías. Aquella estrecha edición de su clásico

po s e n cilla y uzás dif íci l. Por uu a pa rt e, m e Jrahia mar1t e ni do razo n able-

m

tiem-

ponencia sobre la presiclerrcia y la polít ica e.tterior ante el M illt! r de la Unive rsidad de Vi rginia_ Tmrtu eu el aspec to pc rsorzal como

, colaburación intelectu al coutiuuó

rda ciún determinó que la p repa ración d e la sexta

Política e ntre las naciones resultara al mismo

pensamieuto d es de la publi- has ta la revisión , poco a ,ltes

de su muer te, de ciertos eusayos inéditos. Cuarr clu Bertrarul W _ Lumm us,

S enior Editor d el Co llege Departm ent de la Random H ouse, m e invitó a

cacióu d e S cien tific Ma n vs. Po w c r Po litics

eut e fam ilia ri zado co u la ev o luc ióH de su

pr e p arar w ra , ;u eva e di c ió n de Po lí t ica

conocimiento u ecesario para la tarea. Por otra parte, al realitar la revi-

sión y c urre cc i ó 11 d e lo s úl t imos e sc ritos d e l p r ofe s or M o r g e ntlwu., d !!S· cubrí nuevos e importantes desarrollos en las e:apas fiuales de su traba- JO q u t: lr a!'ota e 11to n c:es m e e rau de sco nocidos . De no m e diar ~'u IW Ht!St idad,

Jwúria

la dt! fc u sa d~ una posit:ió ll iutel ec tual , si rw " la bú squ edu ele

Fiel a mi dcscubrimieuto de continuos desarrollos en su pen~anrien­ lo, c u es ta edirió" he procu rado, en los casos posible:,, dejar que Mu rgcn - tluw hable po r :,í mis mo . G rac ias a la c o l abo rad ó u d e sus lliju s S us anna y Matthews, ,,; asistente y yo hem os tenido acceso a sus papeles, que se

, m e se ntí se guro dt! posee r el

resulwdo !'oOrpreud ente que adoptara como principio rector no

la ve rdad ".

fl allan en la

maH Ira s ido

Ios, étlito~ e

Aldermar¡ Lib rary de la U ni versidad de Virginia. Pet er (;eJ t-

tw Üt c ausable c olabo rado r eu la búsqu e da d e nue\' OS e sen - iu e ditos , do11d e se abordabw 1 l os más ur ge nlts pr o b l e mas ·

1

Prefacio

que rnfrcntaba la humanidad en las décodas del '70 y del '80. E11 su prefa-

cio a la q11ittta, )' re visada, ed iciótr , Morgenthau esc rib ió q11e aquella edi-

ción co11timwba "en 11n estilo orgánico y casi inevitable el trabajo de las

h ec h o d e qu e s u gra 11 l og ro fue

el ltal/a~¡¡o d e una integridad a través de las sucesivas ediciones, procuré preservarle acudiendo a rumbos que habrlan sido intransitables sin el 14SO de sus prupios escritos. Tatnbién consulté borradores, cartas a los

editores y s u correspondencia profesional. Al m ismo tie mpo, la quinta edición tu vo qru

re -

vis ada para que re fleja ra los cambios que habían ocurrido desde la muerte tic/ profesor Mo rgenthau. Gel/man y yo Iremos tratado de rum - pla~a r l a i11(or ma c ión fa c tual y lo s dato s en lo s casos ne c esarios, aunque

reconociendo que aún nrientras realizábamos nuestro trabajo las mareas

d e la h i>to ria se e n cargaban de volver obsole ta algu11a i nformación nues- tra sobre tóp icos tale• como población, producción industrial, decisiones tfe la Corte Internacional de Justicia y acciones de la5 Naciones Unrda5. En cuanto a tema5 como derechos humanos, détente y el problema nu c l ear r~alicé s u .'Hancialcs revi s i o n es, introdu cien do, dond e era pos i ble ,

fra¡¡mentt,s d~ los propios escritos de Morgenthau. Dado que su pensa- nri~trto era tan c r e ativo y s util , nin g ún alba ce a literario pu e de manifestar

con SeJI.t4rid ad qu e Mo rgenthau habría formulado

to s de vista

mar qu e /te tratado d e s er fiel a su filosofía y a su s opiniones sobre pro-

blemas y pollticas tul co m o las he e ntendido .

at e nt o al

e <licim res tm t c ri ores". Siempre

se r pues ta al día y

y presentado sus pun· aq« l. Sólo puedo afir-

den tro del co ntexto en qu e aparecen

K ENNETH W . THOMPSON

Charlollesville, Virginia

PRIMERA

PAR'TE

'Teoría y

Práctica de la Política Internacional

1

Una 'f eoría Realista de la Política Internacional

La finalidad de este libro consiste- en presentar una teoría de la política internacional. El modo en que debe validarse una tal teoría debe ser empírico y pragmático antes que apriorístico y abstracto. En otras pala- bras, la teoría no debe ser juzgada mediante algunas nociones abstractas y preconcebidas, y conceptos desligados de la realidad, sino por su pro- pósito: aportar orden y significado a una masa de fenómenos que, sin ella, permanecerán desasidos e ininteligibles. Se debe hallar un doble sistema de comprobación, lógico y empírico a la vez. Los hechos tal como se presentan, ¿asimilan la interpretación que de ellos ha hecho la teoría? Y con respecto a las conclusiones, ¿podemos sostener que son consecuencia directa y necesaria de sus premisas? En suma, ¿podemos sostener que la teoría es compatible con los hechos y consigo misma? La problemática que esta teoría afronta concierne a la naturaleza de toda política. La historia del pensamiento pOlítico moderno es la his- toria de la confrontación entre dos escuelas que en lo sustancial difieren en sus l:oncepciones sobre la naturaleza del hombre, de la sociedad y de la política. Uno piensa que puede realizarse aquí y ahora un orden polí- tico, moral y racional, derivado de principios abstractos y universalmente aceptados. Supone la bondad esencial y la infinita maleabilidad de la naturaleza humana, y sostiece que la razón por la que el orden social no llega a estar a la altura de los patrones racionales reside en la falta de conocimientos o de comprensión, en la obsolescencia de las instituciones sociales o en la perversión de ciertos individuos y grupos aislados. Confía en la educación, en la reforma y en el ocasional uso de la fuerza para remediar estos defectos.1 j La otra escue-la afirma que el mundo, .imperfecto desde un punto de vista racional, es el resultado de fuerzas mherentes a la naturaleza hu- ~ mana. Para mejorar al mundo, se debe trabajar con estas fuerzas y no contra ellas. Al ser el nuestro un mundo de intereses opuestos y co~flic­ tivos, Jos principios morales nunca pueden realizarse plenamente. (Pero

12 Teorla y prdctica de la política internacio"'ll

al ~~n~s pod~rnos accrcarnc:>s a ellos ntediante el siempre temporario

y la stempre precaria conciliación de los conflic-

Esta escuela: por lo tanto, extr~e de un sistema de represiones y

cquthbttos un pnnctpto untversal aplicable a todas las sociedades plura-

~qUihbno de mtcrescs

t.os

hstas

Recurre a precedentes históricos antes que a principios abstractos

Y asptra. a que ocurra el menor mal posible antes que el bien absoluto. Dcbtdo a su preocupación teórica por la naturaleza humana tal como es Y por los procesos históricos tal como han ocurrido, la teoría que presentamos ha sido llamada realista. ¿Cuál es la doctrina del realismo polltico? Resulta imposible exponer aquí la filosofía del realismo politi·

co, por lo que nos limitaremos a destacar seis principios fundamentales

que frecuentemente han sido mal interpretados.

SEIS PRINCIPIOS DE REALISMO POLITICO

1

l. El realismo político supone que la política, al igual que toda la soci~­

dad. obedece a leyes objetivas que arraigan en la naturaleza humana. /l

los efectos de cualquier mejoramiento de la sociedad es necesario enten- der previamente las leyes que gobiernan la vida de esa sociedad. El fun· cionamiento de esas leyes es completamente ajeno al curso de nuestras preferencias; desafiadas significa el riesgo de exponerse al fracaso. !;¡ realismo cree tanto en la objetividad de las leyes de la polltica como en la factibilidad de elaborar una teoria racional que explique, aunque sea imperfecta y parcialmente, estas leyes objetivas. También cree, como no podia ser de otro modo, en la posibilidad de discernir en- tre verdad y opinión en el campo de la politica, entre lo que es verdad objetiva y racionalmente, entre lo sustentado por la evidencia e ilu- minado por la razón y lo que sólo es un juicio subjetivo, desprendido de los hechos tal cual son e influido por el prejuicio y el optimismo. La naturaleza del hombre, en la que arraigan las leyes de la poli- tica, no ha variado desde el momento en que las filosofias clásicas de

China, India y Grecia descubrieron estas leyes. Por lo tanto, la novedad no es necesariamente una virtud en el campo de la teoria politica, del mismo modo que la antigüedad tampoco es un defecto. La circunstan-

sea algo com-

cia de que una teoría política -si es que existe tal teoría-

pletamente nuevo implica, por lo tanto, una prevención en su cont.ra antes que un prejuicio favorable respecto a su sohdez. Por el co.ntrano, el hecho de que una teoría política haya sido desarrollada hace ctentos o

miles de años -como la teoria del equilibrio del poder-, no suscita ne- cesariame nte la presunción de que sea anticuada y no responda a la realidad actual. Las teorías políticas deben someterse a la doble prueba de la razón y la experiencia. Descartar una teoría simplemente porque

floreció hace varios siglos significa incurrir en un prejuicio moderno que da por sentada la s upe rioridad del presente sobre el pasado. Asimismo, exhumar una teoría por razones de moda e extravagancia implica reco-

nocer que en política podemos tene r opiniones pero no Para el rea li smo . la teoría consiste en la ve rifica c ió n

verdades. de los hec hos Y

Una

teorúl re4lista de

la

polltica internacional

13

darles sentido a través de la razón. Supone que el carácter de una polítí· ca exterior sólo puede surgir del análisis de los hechos políticos que se producen y de las consecuencias previsibles de estos actos. Podemos, entonces, observar los actos contemporáneos de los estadistas y de las

consecuencias

previsibles de

estos hechos

llegaremos

a averiguar

los

objetivos que han tenido en mente. Sin embargo, no basta con el simple análisis de los hechos. Para dar sentido a los elementos iniciales y fácticos de la politica exterior debe-

mos acercarnos a la realidad política con una especie de esquema raci~

nal, una suerte de mapa que nos sugiera los posibles sentidos de la polí- tica exterior. En otras palabras, debemos ponernos en el lugar del esta- dista que tiene que colocar cierto problema de política exterior bajo

ciertas circunstancias; conviene entonces preguntamos cuáles son las alternativas racionales (presumiendo siempre que actúa de modo raci~

nal) que debe elegir y que encuadran el problema, y cuáles de estas alternativas racionales deberá elegir el estadista que actúa bajo aquellas circunstancias. La comprobación de esta hipótesis racional, contra los

hechos reales y sus consecuencias, 1a sentido teórico a los hechos de la

polltica internacional.

2. El elemento principal que permite al realismo político encontrar

su rumbo en el panorama de la polltica internacional es el concepto de interés definido en términos de poder. Este concepto proporciona el enlace entre la razón -en tranc~ de comprender la política internacio- nal- y los hechos que reclaman comprensión. Fija a la polltica como una esfera autónoma de acción y comprensión distinta de otras esferas tales como la económica -entendida en términos de interés definido como beneficio-, la ética, la estética o la religiosa. Sin tal concepto, cual- quier teoria política, internacional o interna, seria totalm~nte imposible ya que no podrlamos distinguir entre hechos pollticos y los que no lo son, ·ni estariamos en condiciones de introducir la menor medida de orden sistemático dentro de la esfera política.

Debemos suponer que los estadistas piensan y actúan movidos por un Interés que se traduce en poder, ya que todas las evidencias de la historia confirman esa suposición. Ella nos permite historiar y predecir los pasos que cualquier hombre de estado - pasado, presente o futuro- haya dado o esté dispuesto a dar en la escena política. Miramos sobre su hombro cuando redacta sus documentos, olmos las conversaciones que mantiene con otros hombres de estado, leemos y anticipamos sus pen- samientos más recónditos . Al pensar en términos de interés definido como poder, pensamos del mismo modo que él y como despreocupados

observadores

entendemos

sus

pensamientos

y acciones

tal

vez

mejor

que él mismo, que es parte fundamental de la escena política. El concepto de interés definido como poder impone al observador una disciplina intelectual, confiere un orden racional en materia de política y posibilita la comprensión teórica de la política. Desde el punto de vista de los ac tores, proporciona una disciplina racional a la acción y crea esa magnífica continuidad en política exterior que hace inteltgtble las que llevan adelante Estados Unidos, Inglaterra o Rusia; asimismo,

les da un aspecto racional. continuo, autoconsistente, independientemente

de las motivacionrs, prdercncias o cualidades morales e intelectualrs de los sucesiv.os estadistas que lleguen a la cima del poder en cada uno de esos patses. Por lo tanto, una teoria realista de la política internacio- nal ?os permitirá eludir dos falacias populares: la preocupación por las mottvactones y la preocupación por las preferencias ideológicas.

Busaor la clave de una polltica exterior exdusivamente en las mo- tivaciones de los hombres de estado es fútil y engañoso. Es fútil por· q.uc la motivación es uno de los aspectos psicológicos mas inasibles, 51<: mpre <:xpu es to a la deformación s ubj e t iv a qu e introduc<: tanto el interés del actor como del observador. ¿Realmente sabemos cuáles son nue s tro s mot ivos? ¿Y qu é sabemo s d <: lo s motiv os de l os demás? Aunque tuviér.tmos accc~o a los reales mo tivos que a nima n a los hombres de estado, ese conocimiento cont1;buida muy poco a la com- pre nsión de la polilica exterior y bien podría confundirnos. No obstante:, e• ve rdad que el conocimiento de la mo t ivación de los hombres de esta· do puede en t regarnos una en tre J¡¡s muc has claves po•iblcs que orientan s u políti c a ex t <: ri or . P ero e n modo alguno será la clave qu e nos permita predecir el rumbo de esa política exterior. La historia no muestra una co rr-elació n exacta y necesaria entre la calidad d e Jos mo t ivos y la calidad de la política exterior. Esto es cierto tanto en términos morales como políticos. No se puede concluir de las buenas intenciones de un estadis ta que

w politic a exte rior será moralmcnl e loable o polí t icame nt e exi tosa. Al

enjuiciar s u s m o tivadoncs , podremos dec ir qul.! no lleva rá adelante, de

pero n o estaremo s

en condiciones de decir nada sobre las posibilidades de éxito que tiene.

actos,

ésto~ son los que d e ben oc u par nues tr a atenció n y n o los m o tiv os que los han impulsado. ¿Cuántas veces los cstadbtas han sentldo el impulso

mejo rar el mundo y, sin embargo, han terminado e mpeorándolo ?

¿C u á ntas veces se han fi jado determinado o bj et ivo y e n cambio han

modo i nt enciona l , polllica~ m ord lm c nt e ce n s urables,

Si quere mos conocer las cualidades morales y políticas de sus

de

te rminado cons iguie ndo otro que nadie

dcscab.:t?

La po lft ica de apaciguam ie nto de Ne ville Chambe rlain estuvo - has ta

inspirada por buenos motivos. Seguramente

do nde se puede j uzgar-

fu e. co mo la de nin gl1n o t ro primer mini s tro brit á nico, la

sólo se conce ntró en la preservación de la paz y el logro de

que m e n os

en cuenta tuvo cons ide•·aciones acerca de l poder personal y

su o bjeuvo la felic ida d

pa.-a todos los implicados. Sin embargo, la política de Chamberla in

ayudó a que sobrevinit·ra la segunda gut:rra mundial y a arreó inena- rrable mise ria a millo nes de ser es hum anos. Por otra parte, los mo tivos

que anima ba n a Wins ton Churc hill ten ían un a lcance m ucho menos uni-

versal y

es taban mucho más estrechamente dirigidos hacia el poder

personal

y naciona l; sin embargo, la polflica ex lci'Íor q ue s urgió de

c~os motivos inferiores fue c.icrtamen te de c alidad moral y polít ica s u -

a cabo s u pre d ecesor. J uzgndo e n func ión de sus rue uno de los hombre s más virtuosos que hayan

mo t ivos,

perior a

la q ue llevó Robespierre

ex i

Fue el r adica li s m o ut ó pi c o , nac ido de una pos ición

'irtuosa . qu ie n lo llevó a matar a aque llo s m e nos vir tuosos que é l,

st

td o a lguna vc.t

U"a

teorla

,.alista de la polltica i"tem«lotuJI

15

quien más tarde lo colocó en el patfbulo y finalmente quien destruyó la revolución de la que habla sido líder.

políticas

Los

buenos

motivos

proporcionan

seguridad

contra

las

deliberadamente malas, pero no g.lrantizan la bondad moral o el éxito

polftico de las polfticas que inspiran. Si se desea entender una polftica exterior, resulta importante conocer no tanto los motivos primario!' del estadista sino su habilidad intelectual para comprender lo esencial

de la política extranjera asf como su habilidad polftica para trasladar

esa comprensión a un acto político exitoso. De donde se desprende que

la ética juzga, en forma abstracta, la calidad moral de lo• motivos, en

tanto la teoría polftica debe juzgar las cualidades polfticas del intelecto,

la voluntad y la acción.

Una teoría realista de la política internacional tamb ién eludirá o tra falacia popular, la de igualar las polfticas exteriores de un estadista con sus simpatías filosóficas o políticas y deducir las primeras de las

últimas. Los estadistas, especialmente bajo las condiciones contemporá- neas. bien pueden recurrir a la costumbre de presentar sus politicas exteriores en términos de sus simpatías filosóricas y políticas a los

efectos de conseguir apoyo popular para ellas. Pero distinguen, con Lin-

coln, e ntre su deber oficial. que consiste en pensar y actuar en runc aón

del interés naciona l, y su deseo personal, que tiende a la corporización e n t odo d mundo d e los p ropios va lore~ m orales y principios poli ti - ces. El realbrno político no requiere ni condona la indi[crcncia hacia

los ideales políticos o los principios morales, pero si reclama una

entre lo dc>eablc y lo posible.j enlrc lo que es

dc.:seablc e n t o das parte~ y e n cualqu i er ti empo y lo que es po~iblc bajo

nítida diferenciación

circ unstancias concretas de tiempo y lugar.

Es evidente que no todas las politicas exteriores han seguido un

cu rso tan racional, objetivo

de personalidad, prejuicios y preferencias - y ludas las debilidades del intelecto y la voluntad de que es capaz el ser humano- suelen apa r tar

a las políticas exteriores de su curso racionaL Cuando la política e~­

terior es implementada bajo condiciones de control democrático , es espe-

ere c tos de de po lítica

l'"( tc rior que a spire al racio nalismo neces ita , por aho ra , deshac e rse como sea de esos elementos irracionales. al tiempo que const ru ye un ma rco de polll ica exte rio r qui.· integre la esenc ia racional que se halla

en

del

, r acio n a li "'mo q ue tambi én se enc u e nt r

no son re sult a do d e c apn -

y

no e mocional. Los elementos cont inge ntes

cialmen t e n e c esar io manejar l a s e m oc iones pop ul ares a lo~ lograr apoyo para la propia política. No obs tante, una teo ría

la

experienc ia

si n

la~ d es\ iacio ncs

co nt inge n tes

p ruvcnic ntt:s

t n e n la e xpe r ie n cia.

c

ho.s . pcrsona k s

o

de

la

ps tcopato logía

persona l

d e

quit

:

n

ejecuta

la

P?

ht t C3 , so l o ¡~ued~n pa rece r con ti n g c.· n t cs des de e l vent a j oso pun t o

de

Est~ rlcsviac io nt·'\ d e la :a cionalida d , que

v1s t.a

d e tr ra c w n a ll da d . V a l e , ~a p e n a exp l orar la posi b i l idad de co n\ tr u ir una

cont ra tc-ona de la po l1ttta irracio nal.

n o r tcamc.ricano

a cti tu dt.· s

er rón e a

l os

bajo

s o b re

d e . la ra.clO na ll d ad , a un que se a n ele m e n tos d t· un coh c 1 ente sb tcma

Cu a n do se o b~ ~~' a e l d e~ arro llo de l

pol!u ~a ex t e n or ,

rc~ ul ta ~0 1 pre nd en t e

,

qu e

·

han

,o b rn 1 vido

-

l a

p e n s a m iento

d iferentes

p c r~•~ tcncia de

muda lidade~ -

cl

16

Teoría y práctica de la políticu i .uenu

c.:wnu ¡

embates de los argumentos

Una vez

se somete a los resultados de la búsqueda de comp re nsión racional. llegamos a una conclusió n al mismo tiempo co nfortadora y perturba· dora : nos encontramos en presencia de l:1llas intelectuales compartidas

por todos nosotros en modos y grado di fere ntes . En conj unto prupor·

cionan el perfil de cierto ti po de patología de la politica internacional. Cuando la mente humana se acerca a la realidad con el propósi to de emprender una acción - y la acción polít ica es una de las instancias

más conspicuas- . a menudo suele des pi s tarse e n alguno de e s tos cuat ro fenómeno s mentales: re manentes de un adecuado modo de pensar y ac tuar previo que ahora se ha vuelto obs ole to an te una nue va realidad !ítOC:ial; interpretaciones demono lógicas de la realidad que rccrnplazan

poblada por personas

por

una

situaciones en verdad inmanejab les- po r la que se vive; negativa a aceptar la existencia de un amenazante es tado de cosas, que es negado mediante una verbalizació n ilu soria; con fi anza en la infinita mal eabi·

lidad de una realidad ciertamente turbulenta.

Los hombres responden a las situaciones sociales con modelos rcpc 4

titivos. La misma situación, reconocida en su identidad gracias a s itua-

requie re e nto nces la id entificación de un caso parti-

intelectuales y de la experiencia po lítica.

que es la perplej idad -e n el verdadero sentido ari s to té lico-

realidad fic ticia -

malvadas

más que

ciones previas , só lo

cular para aplicarle el modelo preformado apropiado a él. Así. la mente

humana sigue el principio de economía de esfuerzos, obviando un exa-

men de novo de cada situación individual y el modelo de pensamiento y

acción adecuado a ella. Sin embargo, cuando las circunstancias e xperi · mentan cambios dinámicos , los modelos tradicionales dejan de ser apro-

piados;

deben ser reemplazados por otros qu e reflejen ta les cambios . De

otro modo, se produciría una brecha e nt re los modelos tradicionale s y las nuevas realidades, y pensamiento y acción se dcscncontrarán.

En el plano internacional no es c•agerado decir que la propia es-

truc tura de las re lacio nes inte rnacionales -c onw se refleja en las in s ti· tucioncs políticas, en los procedimientos diplon1á ticos y en los acuerdos

realidad de la polít ica

legales- ha tendido a estar en desacuerdo con la

internacional. Mient ras la primera as ume la "igua ldad soberana" de to·

das la s nac iones. la última se caracteriza po r una marcada desigualdad en-

tic·

nen en s us manos

tanto mucha s de e ll as reci ben el n omb re d e " m in ic~ tadus " pue s t o que s u poder es minúsc ulo aun com para do con el d e las nac ro ne:s C:!:.tado t ra- di c ionales . Es es te contrast e e incom pa tib ilidad c nl rc la rea lidad de la

política inte rnacio na l y los co nceptos, ins tituciones y proccdulllc ntos

un poder s in prccedcn tt: de des trucció n to tal, en

tre la s naciones . do s de la s c ua les son lla mada s :!:.Upcrpo tcncia s po rqu e

c reado s para hace rla inteli gibl e y contr o lar l a , qui e n ha

nor de bajo de l nivel d e grandes

ca u>a d o, a l meno s

las

potencias, la

inrna nejabilidad d e

d e an a rquía . E l h .: rro r i s rno in -

te l·nado na l y las diferentes reacc io nes de los go bie rnos an te é l, el invo~

luc ra mic nto de gobierno s extra nj e ros en

ope raciones militares de Estados Unidos en el sudc, tc a>iático o la mtcrvcnción IJ!ilitar de la Unión Soviética en Europa orien tal no pueden

la guer ra c ivil li ba ne sa , 13,

rela c i o n es

int erna c ional es

h

a

~

ta

lím i t e s

Una

t eo rla realista

de

la

politica intemacion4l

17

explicarse o justificarse c.on referencia a conceptos, instituciones o pro- cedimientos tradicionales. Todas estas situaciones tienen una característica común. El hecho

moderno de la interdependencia requiere un orden politico que lo tenga

en cuenta : no obstante, la superestructura legal e instit.uc~o~l, que se

remonta al siglo XIX, supone la existencia de una muluphctdad de es-

E~tos rema·

tados

naciones autosuficientes , impenetrables, soberanos.

nentes de un orden legal e institucional obsoleto no sólo se mterponen

en el camino hacia una transformación racional de las relacsones tnterna-

cionales a la luz de la desigualdad del poder y la interdependencia de los intereses, sino que también vuelven precaria, si no imposible, la po- sibilidad de politicas más racionales dentro del defectuoso entramado de un sistema tal. Es una caracteristica del pensamiento primitivo la personalización de los problemas sociales. La tendencia es particularmente fuerte cuando el problema parece no susceptible de una comprensión racional y de un manejo satisfactorio. Cuando una persona o un grupo de personas es identificado como causante de la dificultad, esto parece volver el problema tanto intelectualmente accesible cuanto susceptible de solu- ción. Así, creer en Satán como la fuente del mal nos hace "entender" la naturaleza del mal al concentrar la búsqueda de su origen y su con- trol sobre una persona particular cuya "xistencia física presumimos. La complejidad de los conflictos políticos excluye soluciones tan simples. Las catástrofes naturales no se evitarán quemando brujas; la amenaza de una poderosa Alemania estableciendo su hegemonía sobre Europa no se evita desembarazándose de una sucesión de líderes gennanos. Pero al asociar el problema con ciertas personas sobre quienes tenemos -o esperamos tener- control, reducimos el problema, intelectual y prag- máticamente, a proporciones manejables. Una vez que hemos ident.ifi· cado a ciertos individuos o grupos de individuos como la fuente del mal nos parece haber entendido el nexo causal que lleva desde los individuos al problema social; ese aparente entendimiento sugiere la aparente solu- ción: eliminemos a los individuos "responsables" de él y habremos re- suelto el problema. La superstición aún domina nuestras relaciones dentro de la socie- dad. El modelo de pensamiento y acción demonológico ahora se ha trasla- dado a otros campos de la acción humana, cercanos al tipo de indagación racional y acción que ha desalojado a la superstición de nuestras rela- ciones con la naturaleza. Como dijo William Graham Summer, "la can- tidad de superstición no ha cambiado mucho, pero ahora acompaña a la

la religió n".' Los numerosos fracasos de Estados Unidos

en reconocer y responder a la policéntrica naturaleza del comunismo es u _n primer ejemplo d e este defe c t o. ~1 corolario de s u indiscriminada opo-

SICIÓn al comumsmo es .cl ln<Üsc nmmado apoy.n.a &obic rnos y movi.niie n-

tos que profesan y practican el anticomunismo. Las políticas no rteame-

ricanas en Asia y Latinoamérica han derivado de esta posición simplista.

r.olítica y no a

Las políticas no rteame- ricanas en Asia y Latinoamérica han derivado de esta posición simplista. r.olítica

11 T~oría y prdctic u. de la politit.a inte rnacional

_guerra ~e Vietnam y nuestra incapacidad para ll eg ar a a c u c nlus c on

Ch1na contmcntal encontraron aquí su razó n de se r. Lo mismo vale para la teoría y práctica de la contrainsurgcncia, incluyendo los asesinatos en gran escala bajo el programa Fénix en Vietnam y los intentos de asesi-

La.

nato --o asesinatos- de estadistas. Signos de enfoque similar han sido evidentes más recientemente en Ccntroamérlca.

o tra

El e nfoque dcmono lógico de la política internacional fo rtalece

tend e n cia pat o l ógica, l a de ne gar !'\e a reco n ocer y vérsda ~ efec tivamen-

te con una realidad amenazante. El enfoque demonológico ha desplazado

indi -

vidualmente en lo interno y en lo internacional, movimientos políticos,

gobie rnos e xtranjeros- alejándolas de la real amenaza: el poder de Jos estados. sean comunis tas o no . El m aca n is mo no sólo significó e l m ás mara-do ejcntplo norteamericano del enfoq ue demonolOgico, sino que también fue uno de los más extremos exponentes de este tipo de juicio

nuestra atención e inquietud ha c ia l os adh ere nt es al comuni~mo -

la ampliamente ilusoria am enaza de subversión do-

méstiCJ con la real amenaza del ¡.>Oder soviético . Firralmcnte , fo rma parte de c s h; enfoque de la política creer que

erró neo: confundió

no hay problemas -

por más irremediables que puedan parecer- real·

mente insolubles si existe n esfuerzos bien intencionados, bien financiados

y

comptlentcs. En o tra parte he intentado poner al descubierto las rai·

ces intc)(•c tuale s e hist ó rica s de es ta c rcencia: 1 aquí me limitaré a

s

señalar

co ntra ri o,

u

persb tcnt e

fo rtaleza . a

pesa r de

mu c ha

ex per ie nci a

en

como

ha

sido la guerra de

Victnam y la

decl inac ión

general del

po-

dc rio nort eamericano. Esta preferencia por las soluciones económicas a

problemas

politit

:us

y

milit a res

se encuentra

sólidamente apoyada por

los interest

s

de los potenciales rccep lores del apoyo económico, quienes

prefieren el obviamente provechoso tras lado de las ventajas económicas ·

presenta

al penoso y riesgoso regateo diplomático.

La difere ncia entre

la po lítica

int ernaci01:ml

ta l co mo

se

en la ac tualidad y la teoría racional que se desprende de ella es seme- jante a la que existe entre una fotografía y un retrato del mismo rostro. La fotografía muest ra todo lo que puede vc1·,c a 'im ple vista; el retrato, en cambio, no muest ra todos Jos detalles, pero nos permite ve r - al menos Jo intenta- algo que no suele surgir de una simple o jeada : las carac terísticas humanas de la persona

retratad~.

1 EI realismo político no sólo co nti e ne e

h.!mL·ntos

teó ric o s s ino

ta m·

bién fac tores normativos. Sabe que la rea lidad política está lle na de

contingencias

mostrar la típica influe n c ia que eje r ce n 'obre la po líti ca inte rnac io na l.

Por otra parte, tiene en común con cualquier teoría social la necc,idad

de enfatizar Jos fac tores racionales d e la rea lidad política

a una completa comprensión teórica. En última ins tancia, estos factores racionales son lo' que d a n inteligibilidad a la realidad en el marco de la teoría. El realismo político presenta una construcción teórica de una

para aspirar

e irracionalidades sisté111icas y, por lo ta nto, a punta a

1 Scierdific Jlart

I:M6.

ocrsus Powtr Pol.ilics.

Chicago , University ur Chicaco Press,

1

Uua

uoría

realis ta

de.

la

política

int ernacional

19

política

exterior

racional

que

la

experiencia

nunca

llega

a

asumir

por completo.

 

Al m ismo ticmpo,l cl

reali smo

polílico

co n side ra que

una

politica

exterior racional es una buena política exterior; sólo una política e xte- rior raci o nal minimi za los ri esgos y max imiza los benefidos y, ade m ás,

cu mpl e s imult áneame nte co n e l ~rece pto mor a l de la prudencia Y e l /

requerimiento

registro rotográfico del mundo político se parezca todo cuanto sea

político del éxito.l El realismo

político

prete nde

que el

posibl~ a l

re trato

pintado.

Consciente

de

la

inevitable

brecha

entre

política

exterior como las que existen actualmente , el realismo político sostiene

una buena

política exterior -es

decir, una racional-

y una

que la teoría no sólo debe apoyarse sobre los elementos racionales de

la

realidad política, sino además que la política exterior debe ser racional

en

vista

de sus propios propósitos morales y práct ico s.

lo tanto, no resu lta un argume nto consistente contra la teoría

aquí presentada el hecho de que la actual política exterior no se desa-

Po r

rro lle -o no pueda dcsar•ollarsc- de acuerdo con sus preceptos.

E se

argumento malinterpreta la in tención de este libro, que consiste e n

pre-

sentar no una indiscriminada descripción de la realidad política, sino una teo ría racional de la política internacional. Le jos de quedar invali-

dada por la circunstancia de que un perfecto equilibrio de poder rara vez se produce en la realidad, supone que la realidad , al ser defectuosa

en

una aproximación

este sentido. debe entenderse y evaluarse

como

a un sistema ideal de equi li brio del

/ 3. El realismo supone que su concepto clave de interés definido como poder es una categoría objetiva de validez universal, pero no otorga al concepto un significado inmutable. La idea de interés es, en efecto, la esencia de la política y resulta ajena a las circunstancias de tiempo y lugar. Recogiendo la experiencia de la antigua Grecia, Tucídides afirmó que " la identidad de intereses es el más sólido lazo que une a les estados y a los individuos". En el siglo XIX, lord Salisbury retomó la idea al señalar que " el único lazo que perdura" entre las naciones es "la ausencia de intereses contrapuestos". George Washington lo elevó a P!incipio general de su gobierno:

poder.

Tan solo un pequeño conocimiento de la naturaleza humana bastará para convencernos de .que e l principio rector para gran parte de la hum an 1dad es el 1ntcre s y que, en mayor o menor medida , casi todos lo~ hombres se enc!-'entran bajo su influencia. Por razones de virtud pubhca, durante c1erto tiempo, o en determinadas circunstancias

los hombres pueden afectar una conducta totalmente desinteresada:

Per_o no son razones suflc1cntcs como para producir una permanente

act 1tud en acuerdo con no rmas más refinadas y obligaciOnes socia- les. Pocos son .los hombres capaces de hacer un constante sacrificio de todos sus mtereses pnvados en beneficio del bie n común. Re- sulta vano clamar contra la corrupubtlidad de la naturaleza humana en este a s pecto; la rea hdad es as t, ha sido d emos t rada por la ex . ne,n c 1a de cada epoca y c ada nación . Deberíamos ca mbiar en ian

med1da la naturaleza del ho mbre antes de poder pensar b1o de ca mmo . Nm g una instituc ió n que co n s truya sobre

un g

otras :::s

en

.

20 T~orfa y prdctica de la política it~teruactOnal

que no sean las de la verdad pre s untiva eJe esta máxim a pu ede llegar

a tener éxito.J

En nuestro siglo, estas idea!-. encontraron eco y elaboración en Max Weber, quien escribió:

no las ideas son quienes

domm an d 't \'Ctamcnt c la s a cc ion es d e los h ombres . N o obs tant e, las "irnágclh'' del mundo" creadas por estas ideas a menudo han scrv.ido c?mo indicadores para dctcnninar los caminos por los cuales

Los .intereses - materiales e ideales- y

el dmanusmo dc los intereses impulsa el movimiento de las acciones.•

Sin

embargo, c:l tipo de interés det ermin ante de las a iones poli·

ticas en un período particular de la his toria depende del cont exto J)()lítico

Y cu ltu ra l dcnlro del que se formula la poHtic:l exterior. Los o bjetivos

que persiguen las naciones en sus políticas exteriores pueden incluir

toda la @a ma de objetivos que c ualqui er nación haya perseguido o pueda

perseguir en el futuro . Las mismas observaciones se aplican al conccplo de poder. Su con· tenido y el m~o en que se usa están dctcm1inados por el entorno poli·

tico Y cultural.j EI poder puede comprender c ualquier cosa que establezca

mantenga el control del hombre sobre el hombre. En consecuencia, l poder abarca todas las relaciones sociales que sirven a ese fin, desde la violencia física hasta el más sutil lazo mediante el cual una mente

controla a otra. El poder cubre el dominio del hombre por el hombre,

ya se lratc de la

en

rales y contro lado por salvaguardas constitucionales. como sucede

circuns t a ncia e n que se halla di sci plinado por f ines m o-

las democracia~ occident a les. o de csJ. b:irbar.1 e indómita fuerza que en c uentra su~ lcyc~ en s u propia fortaleza y s u úni ca ju s tificación en su cngrandecirnicnto.

El realismo poHtico no presupone que las actuales condiciones bajo las que se desarrollan las pohticas cxtcrio1·es, con s u cx tr·cmada inesta· bilidad )' ha ~icmpre pre se nt e amcnaz.a de una escalada de la violencia,

no puedan cambiarse. El equilibrio de poder,

por eje mplo, es induda-

blemente

un

ele mento

con~tante e n

todas

las

sociedades

pluralistas,

como

bien lo supieron

los

autores de The Prderalist. No obsla nte, es

capaz

d e opcra1·, corno

lo

hace en

Estados

Unidos,

bajo condiciones

de relativa estabilidad y conflictos pacíficos . Si loo fac tores que han

pern1itido el surgimiento de estas condiciones pueden ser duplicados en la esce na internacional , análoga s co nd iciones de c~ tabilidad y paz tambié n p1·evalcccrán en ella, como h a ocu rrido durante largos tramo s en la hisloria de cicrlas naciones.

internaciona les

también lo es en el Estado-nación como punto de referencia final de la

Lo que es verdad

en el carácter de las

relacio nes

polltica exterio r contempo ránea. Mient ras c,d rcalisla

picn~a qu e

e l

in·

J TM Wntzng• of George Wa.Jhmgton, editado por Jotm C. Fitzpatnck, UnUed

C. B. Mohr, Tubiflcen, ln&, p&gs. 3474. VÑ.se

también Mar: Weber, Guammdte nr Rellgao nassoziologie, J . C. B. Motu, Tubtncen,

States

1100,

Pnnlin& Office, Washln&ton, 1931-44, vol. X, P'¡ . 363.

• Mananne Weber. Ma:r Weber, J

P'¡ . :!Sl.

Urra teoria r~alista d t: la polí tt c a iutcrnacional 21

tc rt:s'

es

el pa rámet ro permanente mediante

el que debe juzgarse Y diri-

girse

la

acción polftica, la conexión conte mporánea e ntre el

Estado-m1ción es produc to

de la his toria y, en co nsecuencia,

interés Y e l es tá cond e -

nada a desaparecer con el trancurso de la historia. Nada en la posición realista está en contra del supuesto de que la presente división de.l mundo político en Estados-nacio nes vaya a ser reemplazada por unJ· dadcs mayores de distinto carácter, mis de acuerdo con Jas potenciali· dades téc nicas y las exigencias mo rales del mundo contemporáneo.

El realista se a leja de otras escuelas de pensamiento ante la vital cuestión de cómo debe transformarse el mundo contemporáneo. Se en-

cuentra persuadido de que esa transformación sólo podrá concretarse

mediante el cuidadoso manipuleo de las fuerzas perennes que modelaron

el pasado y que configurarán el futuro. El realista no logra convencerse

de que esa trans formación puede lograrse a través de una simple con·

frontación de la realidad política, regida por sus propias leyes. 4. El realismo político conoce el significado moral de la acción poll-

tica. También tiene conciencia de la inevitable tensión entre los precep- tos morales y los requerimientos de una exitosa acción politica. Tampoco

pretende eludir

conseguirla distorsionar tanto el problema polltico como el moral ha-

ciendo aparecer los hechos políticos como mucho más satisfactorio5 mo-

ralmente de lo que en realidad son y las leyes morales como menos

exigentes de lo que efectivamente son. . El realismo sostiene que los principios morales universales no pueden

aplicarse a los actos de los Estados en una formulación abstracta y untversal, SinO que deben ser filtrados a través de las circunstancias concretas de tiempo y lugar. El individuo puede sostener, como indivi- duo: Fiat iusticia, pereat mundus (hágase justicia aunque el mundo pe- rezca). El Estado, en cambio, no tiene derecho a decir lo mismo en nombre de los que tiene a su cargo. Tanto el individuo como el Estado deben juzgar la acción politica a la luz de principios morales universales lales como el de la libertad. Mientras el individuo tiene el derecho moral de sacri~icarse a sí mismo en defensa de este principio moral, el Estado no llene_ el derecho de permitir que su desaprobación mo- ral a una determinada violación de la libertad interfiera en el re- s.ultado cxito~o de_ una acción política inspirada en el principio moral oe la superv1venc1a ~ac10nal. No puede existir moralidad politica sin prudencia, esto es, Sin consideración de las consecuencias políticas de una acc1ón aparentemente moral. El realismo, pues, considera a la pru- d~ncla- la con secuencia de _más peso entre las acciones políticas alter- nativa como la suprema VIrtud en polltica. En abstracto, la ética juzga ~~~ ~ctos en función de s u _acomodamiento a lo s principios morales ; la elle~ p o lltl c a _lo s Juzga segun s u s co nsecu e ncia s políticas . Las filosofías clás1ra y mcd1eval conocían esto al igual que Lincoln, quien señaló:

rápidamente ese conflicto, ya

que

de ese modo sólo

Hago las cosas como

contmuaré ha iéndola> has ta el fin

que

mejor sé hacerlas

Si

de mi

como me·

~l fi

. .1°'-fucdo Y as1 JUStllca, todo lo

nmguna 1mporta nc1a.

se ha

di c h o en co ntra

~o tend~ m e

22 T corúa y prdclictJ de ltJ polltica i"tcm.JCiorual

Si elhfinb.demuestra que estaba equivocado, ni diez ángeles jurando que a ta actuado correctamente me salvarían.

5. El realismo político se niega a identificar las aspiraciones mo-

rales de ~na na~ón en particular con los p receptos morales que gobier- el mismo modo que establece la diferencia entre verdad Y op_m1on, también discierne entre verdad e idolatria. Todas las naciones se Sienten tentadas -y pocas han sido capaces de resistir la tentación durante much~ tiempo- de encubrir sus propios actos y aspiraciones con los pror?s1tos morales universales. Una cosa es saber que las nacio- nes est~n su¡etas a la ley moral y otra muy distinta pretender saber qué e~ el bte~ y el mal e n la s relaciones entre l as n acio nes . Ha y una enorme d1ferencta entre la creencia de que todas las naciones se someten al inescrutable juicio de Dios y la convicción blasfema de que Dios sicm· pre está del lado de uno y de que los deseos propios coinciden exacta· mente con Jos deseos de Dios. La livia~a _ecuación entre un nacionalismo particular y los consejos de la prov1nc1a_ es moralmente indefendible; en ella radica ese pe·

nan el1~mv,erso.

cado de sobertna contra el que t an to Jos trágicos griegos como

bíblicos . han prevenido a gobernantes y a gobernados. La

ecua_c1ón es tamb1én políticamente perniciosa porque puede engendrar la distorsión del juicio que, en medio del frenesi enceguccido de una

cruzada, de:struyc naciones y

rales, ideales o del propio Dios. Por otra parle, es precisamente el concepto de interés, definido en términos de poder, el que nos pone a salvo tanto de esos excesos mora- les como de esa locura política. En efecto, si consideramos a todas las naciones, incluida la nuestra, como entidades políticas en pos de sus respectivos intereses definidos en términos de poder, entonces cstarc· mos en condiciones de hacer justicia con todas. Y nos encontraremos en condiciones de hacer justicia en un doble sentido: estaremos en aptitud de juzgar a otras naciones del mismo modo como juzgamos a la nuestra y, al hacerlo de este modo, seremos capaces de llevar adelante politicas que respeten los intereses de otras naciones al tiempo que protegen y promueven Jos nuestros. En politica . la moderación no puede ser más que el refle jo de la moderación en e l juicio mora l.

y otras escuelas

civilizaciones en no mbre de principios mo-

profe~as

Jos

6. La diferencia, entonces, entre realismo político

de" pensamiento es muy profunda. A pesar de lo mucho que se ha mal- entendido y malinlcrpretado la teoría polftica del realismo politico, resulta imposible hablar de contradicción entre sus actitudes intelec- tuales y morales en materia politica. En el aspecto intelec tual, el realista político mantiene la autonomía de su esfera politica. del mismo modo como el economista, el abogado o el moralista mantienen la suya., Piensa en términos de inte rés, defi- nido como poder, del mismo modo como el economista piensa en térmi· nos de inte rés entendido como beneficio; el abogado, en la conformidad de Jos ac tos con las reglas legales; y el moralis ta, en la conformidad de los a c tos con los principi os morales .f E l economis ta se pregunta : ¿Cómo afe c ta e sta política l a riqueza de l a soc iedad o . a l m e n os, a alguno!~. de

riqueza de l a soc iedad o . a l m e n os, a alguno!~.

•u• sectores? El abogado se preaunta: ¿Esta polftica está de acuerdo con las normas legale•? El moralista se preaunta: ¿Esta política está de acuerdo con los principios morales? Y el realista político se pregunta:

¿Cómo dec ta esta polftica el poder de la nación ? El realista polftico no ignora la existencia y relevancia de otros parámetros de pensamiento distintos a Jos políticos. Pero como realista polfllco no puede subordinar esos parámetros a los políticos. Y se aleja de o_tras escuelas cuando éstas imponen parámetros de pensamiento prop1os de otras esferas a la actividad polftica. Es aquf donde el realis- mo toma distancia de la "aproximación leplista-moralista" a la politica internacional. Que este apartamiento no es, como lo hemos explicado, una mera creación imaginaria sino una proyección del corazón mismo de _Ja controversia puede comprobarse mediante muchos ejemplos hil- tóncos. Tres nos serán suficientes.s E? 1939 la Unión Soviética atacó a Finlandia. Este acto puso a

y el otro político .

<La acc1ón sov1éllca v1olaba el Pacto de la Liga de las Naciones? y. en ese caso, ¿qué contramed1das debían adoptar Francia e Inglaterra? El pr~blema l_e~l podía esclarccerse fácilmente puesto que obviamente la Un1ó? Sov1ét1ca había hecho algo que el Pacto prohibía. El problema polítiCO dependía en pnmer lugar del modo en que la acción de Rusaa afectaba los Intereses de Francia e Inglaterra, y, luego, de la distribución c!e poder existente por ese entonces entre Franela e Inglaterra, por una parte, y la Unión Soviética y otras naciones potencialmente hosti· les por otra. En tercer 1érmino dependía también de la influencia que las eventuales contramedidas podían llegar a tener sobre los intereses de Francia e Inglaterra, como, asimismo, sobre la futura distribución del poder. Como principales miembros de la Liga de las Naciones, Francia e Inglaterra se ocuparon de que la Unión Soviética fuera éxpul- sada de la Liga y no pudieron unirse a Finlandia en la lucha contra la Unió_n Soviética a causa de la negativa sueca a permitir que tropas ex· l':"n¡eras pasaran por su territorio para llegar a Finlandia. Si no hu- biera s1do por esta negativa sueca, muy rápidamente Franela e Inglaterra se habrían encontrado en guerra contra Alemania y la Unión Soviética al mismo tiempo.

~rancla .e lngl~te_rra ~nte dos problemas , uno legal

La política de Francia e Inglaterra fue un ejemplo clásico de lep- lismo al permitir que una solución legal, legitima dentro de su propia e_sfera, determinara sus actos polfticos. En lugar de oponer ambas cues- hones, la legal y la de poder, atendieron sólo a la cuestión legal y la re_spuesta que obtuvier~m no estuvo en función del problema que cond1c10naba su prop1a ex•stcnr.ia como países.

. El segu~do eje'?plo ilustr a la "aproximación moralis ta" a la polf-

llca mter~actonal. ~tene que ver con el estatuto internacional del gobier· no comumsta de Chana. El ascenso de este gobierno colocó al mundo occi-

5 Otros ejemplos pueden conaultane en Hana J . Mor¡enthau, "Anot.her 'Grat

Polilictll

Debate' : The

Natlonal

lnterest ol

the

Unlted Stateo" en

Tlle Ammcon

Sdence Review, vol. XLV_I •. dic iembre de UJ62, pie. Wl'8 y aJ.&Wentes. Vánae ademú

Rana J . Morc:e nthau , PolltiCI

ira liLe 20th

Declbut O/

crall<: Polllic1. Unlverally ot Chicaco Pnoo, ChlcaCo, tila , pq. '111 y &illulontea.

Centvry,

vol.

1

J

Tll.e

Demo-

24 T eorfa y práclica de la polftica i"ltr"acio"al

dental ante dos problemas, uno moral y otro politico. ¿La naturaleza y las pollticas de ese gobierno estaban de acuerdo con los principios morales del mundo occidental? ¿Debería el mundo occidental mantener relaciones con tal gobierno? La respuesta a la primera pregunta sólo podla ser negativa. No obstante, esa primera negativa no necesanamente debla extenderse a la segunda pregunta. El parámetro de pensamiento aplicado a la primera -el moral- consistla sencillamente en comparar la naturaleza y las políticas del gobierno comunista de China con los principios de moralidad occidentales. Por otra parte, la segunda cu~s­ tión -la polltica- debió someterse a la complicada prueba de los m- tereses en juego y al poder de cada parte, y la influencia de uno u otro curso de acción sobre esos intereses y ese poder. Puede haber ocurndo que el resultado de esa prueba llevara a aconsejar que lo más sabio ~ra no mantener relaciones con el gobierno de Chma. Llegar a tal conclusión sin haber mediado la aplicación de esa prueba y dando una respuesta moral a un problema tlpicamente político no habrla sido -como en realidad lo fue- un ejemplo clásico del "acercamiento moralista" a la polltica internacional. El tercer caso ilustra con claridad el contraste existente entre d realismo y la aproximación legalista-moralista a la polltica externa. Inglaterra, en tanto prante de la neutralidad de Bélgica, declaró -la I'Jerra a Alemania en agosto de 1914 porque esta última nación habla violado la neutralidad de Bélgica. La acción británica puede ser justifi- cada tanto en términos realistas como leplistas-moralistas. Se podria

argumentar en forma realista que por siglos habla sido axiomático pa~ la polltica exterior británica evitar que los Paises Ba!os q,uedaran baJO

potencias hostiles. Por lo tanto no fue la Vl~lac1ón de _la neu-

control de

tralidad belga en si misma, sino las intenciones hostiles. del VIOlador, lo que determinó la actitud británica. Si la violadora hubiese s1do ~Ira nación distinta a AJernania, es muy posible que Inglaterra ~ hubieSe abstenido de intervenir. Fue ésta la posición asumida por s1r Edward Grey, ministro de Relaciones Exteriores bri_tánico durante el periodo. En 1908 el subsecretario de Relaciones Extenores Hardmge le formuló d

siguiente comentario: "Si en el transcurso de una guerra contra Alema-

nia

Francia violara la neutralidad belga es muy dudoso que Inglaterra

Rusia movieran un dedo en favor de la neutralidad de Bélgica; pero, en cambio, si fuese AJemania quien violara la neutralidad bel.~ es muy

0

probable que Jos cursos de acción fuesen total~ente opuestos . A l_o que

sir Edward Grey

los aspectos morales y legales que aparejaba la violación d': la neutrali- dad belga, ya que las carencias morales y _legal~s del act~, mdependle~­ temente de los intereses en juego y de la 1dent1dad del violador, JUStifi-

caban Ja intervención británica y también la norteamericana. Esta fue Ja posición que adoptó Theodore Roosevelt en su carta del 22 de enero de 1915 a sir Edward Grey:

replicó : " Exactamente". Tamb1én se pueden constder~

Para mi el nudo de la situación ha sido Bélgica. Si Inglaterra o. Fran-

cia hubiesen actuado contra Bélgica como lo

habría opuesto del mismo modo como ahora me opongo a AJemama.

ha hecho Alemama , ~e

Untl

teoriG

rtali.sta dt

la

politica internacional

25

He apoyado enfáticamente su modo de actuar porque lo considero un modelo de lo que deben hacer quienes creen que los tratados deben observarse con buena fe y como parte de la moral mternaclo- nal. Asumo esta posición como un norteamencano que no se Sltnte más inglés que alemán, que pretende servir lealmente los intereses de su pafs, pero que también intenta hacer todo lo que le es po~1ble en favor de la justicia y la decencia y que, por lo tanto, se s1ente obligado a juzgar a todas las naciones por su conducta en ocas10nes determinadas.

Esta defensa realista de la autonomfa de la esfera polltica frente a la subversión que significan otras modalidades de pensamiento no im- plica desprecio ni disgusto por la existencia e importancia de esas otras modalidades de pensamiento. Significa, más bien, la aspiración a que cada una tenga su propia esfera y función.IEI realismo polltico se apoya en una concepción pluralista de la naturaleza humana. El hombre real es una combinación del "hombre econól'"lico". del "hombre polltico", del "hombre moral", del "hombre religioso ·. etc. Un hombre que sólo tu-

viera una proye-:ción

de todas las con•endones morales. Alguien que sólo fuese un "hombre moral" seria un l<.co, puesto que desconocerla la prudencia. Quien sólo fuese "hombre religioso" sería un santo, ya que no conocerla en absoluto los deseos mundanos. / Al dar por sentados todos estos aspectos de la naturaleza humana , el realismo político también acepta que para comprender a cada uno de ellos es preciso ubicarla dentro de sus propios términos. O sea que si se desea entender al " hombre religioso", primero debe abstraerse ese aspecto de todos los demás que componen la naturaleza humana y tra- tarlo como si fuera el único. Además deben aplicarse a la esfera religiosa las pautas de pensamiento coocordantes con ella, aunque sin olvidar que existen otras pautas que también operan sobre las inclinaciones religiosas del hombre. Lo que es verdad en esta faceta de la naturaleza humana, también lo es en las demás. Ningún economista moderno, por ejemplo, considerar{a a su ciencia y a las interrelaciones de ésta con otras cien~ cias de otro modo. La economía se ha convertido en una teoría autónoma de todas las actividades económicas del hombre precisamente a través de un proceso de diferenciación de otras modalidades del pensar y me- diante el desarrollo de normas aplicables a su propio objeto . El propós i- to del realismo político consiste en propender a un desarrollo análogo en el campo de la política.

"poUtica" seri a como una bestia, ya que carecerla

Pertenece a la naturaleza de las cosas el hecho de que una teoría política basada_en prioci?ios c_omu los expli':"dos no consiga un apoyo unámme; lo m1smo podna dec1rse de cualquter política exterior susten- tada en las mismas bases. Tanto la teoría como la política van contra dos corrientes de nuestra cultura que no pueden ponerse de acuerdo con las premisas y resultados de una objetiva teoría racional de la política. Una de esas corrientes subestima el papel del poder en la sociedad con argu- mentos que provienen de la experiencia y la filosofía del siglo xtx; d"'

26 Teoria y prdctica de la politica iuttruacional

ella nos ocuparemos detenidamente más adelante.' La otra corriente. opuesta a la teoría realista y práctica de la polltica, proviene de las pro- pias relaciones que existen, y que deben c:xistir, entre la mente humana y la <'Sfera politica. Por motivos que discutiremos más adelante, en sus operaciones cotidianas la mente humana no puede estar frente a frente con la verdad de la política. Debe enmascarar, distorsionar, empequei\e· cer o embellecer la verdad cuando se encuentra implicada en procesos políticos, especialmente si son de política internacional. Sólo mediante esa ficción el hombre puede vivir en paz consigo mismo y con los de- más en tanto animal politice. Es, por lo tanto. inevitable que una teoría que intenta entender la política internacional tal como es en la actualidad, y tal como debiera ser en su naturaleza intrínseca antes que como la gente desearla que fuera, deba remontar una resistencia psicológica que no existe para la mayor parte de las otras ramas del conocimiento. Por eso mismo un libro destinado a la comprensión teórica de la política internacional exige una explicación y una justificación especial.

exige una explicación y una justificación especial. 2 La Cien cia de Política I nternacíonal la

2

La Cien cia de

Política Internacíonal

la

COMPRENSION DE LA POLITICA INTERNACIONAL

Diferentes aproximaciones

Este libro tie ne dos propósitos. El primero consiste en detecta r y entcn· der las fuerLas que movilizan las relaciones políticas entre las naciones y comprender los modos por los cuales estas fuerzas actúan entre sí, sobre las relaciones políticas internacionales y sobre las instituciones. En la mayor parte de las demás ciencias sociales esta finalidad se daría por sentada, ya que el fin natural de toda investigación científica im· plica el descubrimiento de las fue~s que subyacen en los fenómenos y la modalidad en que operan. Al acercarnos al estudio de la política inter- nacional no se: puede dar por descontado este propósito; antes bien, re-

quiere un

énfas is espec ial.

Al respecto, el doctor Grayson Kirk ha se-

ñalado:

Hasta hace muy poco, el estudio de las relaciones internacionales en Nortcarnérica ha estado monopolizado por investigadores que han adoptado alguna de las siguientes tres aproximaciones. Primero, han sido hi '\toriadores, quienes han considerado las relaciones inter- nacionaks romo mera historia reciente ante la cual el estudiante se siente en desventaja debido a la ausencia de un adecuado y asequible conjunto de datos. Un segundo grupo, el de los juristas intcrnacio- nalc~.se ha ocupado razonable y primariamente de los aspectos lega- les que surgen de las relaciones intcrestatales; sin embargo, pocas veces han realizado esfuerzos serios a los efectos d e indagar en las razonl'S fundamentales que hacen de este nexo legal algo incompleto e inalkcuado. Finalmente, se encuentran quienes poco se han preo- cupado por las relaciones internacionales tal como se dan en la rea- lidad, ya que postulan la construcción ideal de un sistema que las organic'-'. Sólo tardía y recientemente hemos visto estudiantes a pli-

28

T eoría Y prdc tica de la política ltltCIHucwnal

c~dos ~~.exa m en de l as

do pohuc.~Y de las ins t ituciones que las ¡·cp rcscntan si bien no con

scncÚiamclltc como

p arte de u n ~sfucrzo p ara l ograr un m ejor e ntendimient o de e s t os

•mpulsos bás tcos que determinan las polft ica s inte rnacionales de I~>Sestados. De es te modo encontramos , a l fin , a l científico de la po- htlca moviéndose en el campo internacional.•

la

fuerz as fundamentales y co n s t antes de l mu n -

mtcnc10n

de e logiarlas o condenarlas sino

E l profesor Charles

E. Martin ha

doctor Ki r k agregando que

retomado las observaciones del

pr o f eso res

el dua -

l.•smo que dc:nv~ de_m ovemos en dos áreas difere ntes y opuestas: el

a r ca de .las JnStltu c ro ncs de la paz, a la que se relacio na e l arreglo

de las do s putas. y el área d e l pode r polí tico y de la guer r a . Así es

Creo que uno de los ma-

yores errores en nuestra actitud al enseñar du rante los úhimos veinte años ha sido probablemente e l de dejar de lado la institución de la guerra y menospreciar los libros que estudiaban la influencia del poder politico. Pienso que los científicos de la politica han come- tido un gran error al actuar de este modo. Nos corresponde a noso-

tros estudiar la política del poder, sus implicaciones y las situacio-

y no podemos escapar a ese dualismo

~ e relac i ones . Jnterna cwna lc s con~i~tc,

· e l pr~blen1a. que dct;J c n e n frentar los

es tudiante s y l os

en

c~ p ccíficamcn tc,

n es que se desa r rollan en torno a e lla; tamb ié n es te ma que deb e ocupar nuestra atención el de la institución de la guerra.l

Defin ida en estos términos. la política internacional como disciplina académica es distinta de la hi storia recie nte. de los hechos contempo-

reforma politica. más que la hi s to ria r ecient e y

los acontecimientos contemporáneos. El observador se ve asediado por la escena conte m poránea con su énfasis y perspectivas sie mpre cambian-

tes. No encuentra un piso finne sobre el cual apoyarse ni parámetros de evaluación objetivos a menos que se interne en los principios fundamen-

ta les, qu e sólo surgen de la correlac ió n e nt re lo-; acontecimientos recien-

tes y el pasado más distante con las pe rmanentes cual idades de la natu· raleza hum ana subyac«!ntc~ en ambos términos.

int ernaciona l no p u~dc reducirse a_ las norma s lega les y

a l as ins litu cio n es. Opera dentro de l a trama d~ tale s nom1as y a t ravés

del instrumental de ta les ins tituciones. Pe ro nunca llega a ser idénti·

ca a ellas del mismo modo como la política norteamericana, a nivel na- cional, tampoco es idéntica a la Constitución de Estados Unidos, a las leyes federa les o a la s o fi cinas del go bierno federal. En lo que tiene que ver con esfuerzos orientados a introducir relor·

mas en

política intemac iona l s in ha be r hecho previament e el esfu erzo

para tra ta r de entender Jo que es la po lítica internacional. com partimos

el punto de vista de William Graham S ummcr:

ráneos, del derecho inte rnacional y de la La polilica internaciona l compre nde

La política

Amencan Journal oJ lnternatíonal Law, vo l. 39, 1945, págs. 369/ 70.

z

Pr oceed zngs o j

t he

E1ght Conjerenc e

Related

66.

J)ag

Sub Ject s,

Camcgle

Endo wment

ro r

O/

T eachers O/

l nternahonal

Law a nd

Jnternaliona l

Peace

Washmgton ,

1946,

La ciencia de.

la

política

mte.rnacio,al

29

El peor vicio de las discusio nes P?lítica~ es ese dogmatismo 4uc se

basa e n grandes

preciso examen de las cosas tal como son y de la n aturaleza h!-lmana

tal omo

a c tual es ta do de cos as

mir qu e e s t e ideal es a l go ya ex i s t ente; de

c~ p cc ul a i ó n ~ in raíces en l a

"·' distancia

tópicos políticos se encuentra viciado. Se ha hecho popular porque

no es demasiado difícil. Es más fácil imagmar un mundo nuevo que

aprender a conocer el q ue tenemos. Es más fácil emb~rcarsc.en e.s-

ipó t esis que es tudoar la hos t ona

un

dogma popular que analizarlo para ver si es verdadero o fa~so.Todo esto lleva a la confusión , a admitir frases h ech as y banalidades, a mucha discusió n pero a pocas conclusiones en e l campo de la pros-

peridad de las naciones-'

. Todo el método de espcculacoón abst racta soboe

Nos construimos un ideal que eleva y meJOra el

pri n cipios o e n hr pó t CS IS e n vez de apoyarse e n un

y cas i i~ co ns c icntcmc.nt c e

~h1 a

cs

mpezamos a as u - ta . ble cer bas~s de

realidad no cxtst c P. rácucamcntc nm g~­

fác ol

t o

mar al

v u e lo

pcc ula cioncs basadas e n unas pocas h

de los es t ados y las in st itucion es. E s más

Limites al entendimiento

La más formidable dificultad que se opone a b indagación teórica en la naturaleza y en las modalidades de la política internacional consiste en la ambigüedad del material con que debe trabajar el observado r. Los hechos que se procura t:ntender son. por una parte, sucesos Unicos. Ocu· rrieron de ese modo una vez, nunca antes ni después. Por otra partt:, !.On a n á logos en t ant o i m p li can manifestacion es d e d e terminada s fuerzas sociales. Y las fuerzas sociales son producto de la naturaleza humana en acción. Sin embargo, bajo condiciones similares deberían manifestarse de modo semejante. Pero, ¿dónde se encuentra la línea que divide lo similar de lo único? Esla ambigüedad de los hechos a comprender mediante una teorla

de la poli tica internacional

insta ncia especial dentro de

humano. "Como ningún acontecimiento y ninguna forma --Qbservaba

Montaignc- es completamente igual a otra. tampoco ninguna es com-

implica ~onvicne decirlo al pasar- una las limitaciones gene rales del conocimiento

p

l etamen t e diferente d e o tra : una i P1geniosa mtzcla realiz ada por la natu - raleza. Si ,o hubiera nÜJgwJa similitud e n nuest ros rostros no podríamos

dist úrgrár a l ho mbre d e la bes tia ; s i no exis tieran diferencia s no

pod ría-

mos distin guir a wz hombre de otro. Todas la s cosas tienen e n

común

alguna sim ili tud ; todo ejemplo es vacilante y las comparaciones que se

derivan de la experit·ncia son siempre imperfectas. Sin embargo, sicm· pre es posible encontrar modo de establecer comparaciones. Y las leyes

se vue lve n úti les y adap ta b les a

c ualquier as unto s i se las somete a in te r·

prelaciones forLadas y parciales" 4 Una teoría de la política internacional debe estar constantemente en guardia contra esa "inte rpretación forzada

y parcial" de los hechos políticos.

J "Democr acy

and

Responsible

Go vemmcnt"

en

T he Clulllenge

o j

Facts

and

O !her E ssay~s. Yal c Umve r s lty Pr ess, New Ha ven, 19 14 , págs . 2 4 5 / 4 6 .

4

The

E ssays O/

Mzc hcl

de

M o ntazgne . editado y

t r ad u c ido

por J acob

ZeiLUn

~¿~~i:'ne.Kn opf, Nueva Y o rk , 1936. v o l. 111 . pag

270 . La bastardtlla. es d el p r opiO

30 Teoria y prdc tica d e la polít ica iwerrwciorral

~1 c~mpar ar .eso s h

ec ho s aprend e mo s l o q u e so n l os prin ci pi os d e l a

polft1ca

formulac ió n Y la e jecución de una d e terminada política exte rio r. Al

enfrc~t~rnus con un a s ituación po lít ica

'l:ué d1f1ere es ta ::,itua c ió n de la a ntc.:rior y en qu é se le parece? ¿ Las Slmi-

lltu~~s Y dif ere nci as permiten el m anten imi e nt o d e l a ese n c i a de aqu e ll a

dife-

que d e termin an l a i na p li ca bil i -

dad de la política anterior? Si se desea entender la política internacional, cap tar el significado d e los aco nt e cimientos co nt c mpo t·áncos y pn: \'e r cuál será s u influencia en el futuro, se debe ser capaz d e cumplir la

d o b le

e n

c o ndici o n es

impo rtan ci a de

políticas exteriores alternath·as. Tres

series de hechos, escogidos al azar, pueden ilus trar este problema y su s dificullades.

El 17 d e se ti e mbre d e 1796 Gcorgc Wa s hin g t on p ro nun ció un di scur· so de despedida en el que delineaba los principios de la po lítica exterior norteame ricana en términos de abstenció n con respecto a los asuntos cu· ropcos. El 2 d e dic ie mbre d e 1823 e l preside nte Mo n roe e nvió un m ensaje al Congreso en el que fo rmulaba los p rincipios de la política

exterior no rteamericana

dos

en términos similares. En 19 17. Estados Uni-

Ale m a nia, que a me na- c ur s o

d e a cció n simi lar. El 12 de m arzo d e 1947, en un me nsaje d cvado a l Con· gr eso , e l pr es i de nt e Truman re f or m u ló los p r in cip ios d e l a po l11 ica e,'( t C·

d e u na contenció n mun dial del comu-

estas s irnilitudcs y dife rencias para

nte nus prcgu nt a mo::.: ¿ En

~ntcrnac10nal. Una d e te rm inada

dif

s ituación

:re

politica

p rod uce

l as

t ar

la

poht_I Ca e .n . t a nt o

deb e n c a mbi ar ::,c al g un o ::-. a~pcctos d e

S e

e ll a? ¿ O

elc h e

ren c ias VICi a n de tal modo la s an a log ías

t area

!tÍLua c iune s

int e le c t ua l implí ci t a en es ta s c u es ti o n es.

de di s tinguir e n t1·e las s imilitud es y

la

s

po lítica s. Ad e m

ás, debe

p o derse

va lora r

la

e dife r e nci a.;; de do s

a zaba la in dependen cia d e amb os. En 1 9 41 Es t ados

En 1512, En r ique VI II d e

i a .

En

1756 l a

p ro pi a

1522 y

G ran

1542 s e Br e t añ a

1793 Gr a n

o

n

se unió

Francia

y

a Gran

B re taña co ntra

U n ido~ ~ig uió u n

rior no rteamericana en términos nis mo.

In gla terr a es tab leció u na a lia nza con los

Hab s burgo contra Francia . E n 151 5 cele bró una a lianza con F ranc ia con·

tra lo> Hab ; burgo . En

c

H ab sb u rgo >C al ia·

ron co ntra

co ntra Aus t r ia y Al e mania y, e n 1939, cvn Fran cia y Polo n ia co ntr a Ale·

manía. Napole ó n , Gui ll er m o JI y

Fran ci.J y R u -. ia

bur go y Franc ia . En

Fra n · H a b s -

uni ó a los H a h s bu r go co ntra

~e

a

li ó

co n

P ru ~ia co nt ra

y

lo s

un1 ó

a

co nqu b t ar

e l

('

l os

O

II

ti

n

B r etañ a, Pru s ia

B re taña

se

d e

Napoleó n . E n 19 14 Gr a n

Hitl er

tr

at.~H

~ ntc

c

u

ro

p~:o

y

f racasaro n .

tres se rie::, d e hechos. ::,imllltu-

des que nos permita n form ula r un principio de política intern acional para

cada ser ie ? ¿O c ada h ec h o e s t an dife re nt e de los d e n1á s en c ada una

¿ Ex is te n , dentro d e cada un a

d e

e s ta s

/A

ciencia

de

la

Q

política

.

1

-

-1- - ·

-

.

iuteruacioual

,.

31

a n e s una s impl e m odi fi c ació n d e l pr in ci pi o _ ge n era l sub raya~~ po~.la~

m

co

cal de h s trad icionales po liticas exteriores no n camcncanas . S1 as1fuera,

M onr oc o co n s titu ye u~ ap ar t.~ m .lt;n~ o r ad i -

n c epcione s de W as h i n g t o n y

¿~e ju

;ifica a

l a lu z de la s nu evas c o ndi c i o ne s?

En dtC.:rn~n ?; gc n c r~ ~:·

¿

1

y

la s dif e r e n ci a s e n

l a

p os i c i ó n

in te1 · naciona l d ;

. E s t a .

o~

.

~

1

os

t: n

·

823.

J \} J 7

y

1 9 4 7

j u s tifi c a n

l as ditcrcn t CS ~ O ilt1~3S e ,'(t C I ~a.S fo~ n:ulad ~S

e jecutadas e n vis ta

de esas d ife re n tes

s nu ac10ncs

poii~Jcas. c.Cu á lcs

so

n

b. s

~ im i li tu d cs y d if e r e n cias d e

la s itua c i ó n co n

la q u e

E _u rupa cn . t _r e n ·

 

t

ó

a

Es t ados

Unidos e n

19 17,

! 941

y

1947 y

en

qu é

m edtd a

r eq u•c;en

s

im ilares o di fere ntes po lí ticas externas po r pa rt e d e E~tados U.m dos .

á

 

· Que

sig nif icado ti enen es r os ca m b io s e n l a

e xt L: II~r bn t

·

~ nica? · Ha n crecido e n m edio de los manejos y la pcrhdr~de pnnclpcs Y

estad i~tas? ¿ O

d ebe n at r ibuirse a

la

in sp ir ació n

p rodu c 1da p o r

l a

a c u ·

mulada sabiduría de un

pueblo consciente

de

que

las

fuerzas . pc rma·

nc

ntc s se sob re pone n a las circ unst a ncias

indi viduales y

relaciones cori el continente europeo? L os d esas t res qu e so b 1· e v ini c ron

a

dc tcrm ma n las .

es t os t res i nt _c nt os

d e conq~1sta

cont in e ntal , ¿co nstitu ye n o tr os t a nt os a cci d e nte s deb t dos a ca u s a . s d as~a­

res ? ¿ O l a s imilitud e n l os r es ulta dos

po lí tica global, s imilitudes que implican u na lccció.n a se_r te md a e n cuenta por quienes deseen intentarlo de nuevo? Y mas particularmen te,

a la segunda gu~rra mun·

d ial si mil a r a las d e N a pole ón, G uill er m o

¿es la p olítica d e la Um ón

Sov ié tica pos tcd or

s u g ~t:.r c simi litud es

e n

l a

s

n~

a

c

to

n

11

y

H i tl e r ?

Y s up o m e n do ~uc

lo sea, ¿la pohtica que despliega Estados Unidos habrá de ser semeJan-

te

a

la

q ue ejecutó e n

19 17

y

194 1?

 

.

.

 

A

com o e n

t:1 caso

d e

lo s cambios e n

la p o lítica cxte n or bn-

t

á

n i ca, l a rcspu ~st::t

clara : l o s ca mbi os pro c eden de l a sab 1du·

rí;:' an tt•s que dd ca

par e ce pric ho.

Sin emb a r go, la

m ayo r

part e

de

las veces ,

en

especial

cuando

manejamos

el

presente

y

el

futu ro,

la

respuesta

d ebe ser t cnt:t.ttva y ~ujl!ta a es p eci fi cac io n es . Los hechos d e los qu e debe

derivar la 1·cspuesta son esencialmente

continuos cambios. Para quienes tra ta n de encarar esta realidad de o tro modo la historia no aporta otra cosa que no sea n fa lsas a na lo gías. Cu an·

do tales

d e su~ país es. ~iempt·e h a n terminado en m edio de desast res. Guillcr·

mo 11 y ll i t lcr

p e n saro n que n a d a p odía e n se ñarle s . Q u i e n es eri~ic ro n e l cor.l !tCjo de \Vashington en dogma que h abía que sostener a c1cgas se eqUivocaron no menos que aque llos q u e p re te ndi e ron igno r arlo.

El acuerdo de Munich de 1938 es o tro caso de esta indole . Retros·

supuesto , sabe mos por la expe riencia prác tic a que

fu e.: un fracaso y de esa experiencia h emos d esa r ro llado las ca tegorías

ambiguos

y

están

sometidos a

hombres ha n te nido bajo su responsabilidad la po lítica exte rna

n o ap r e n dieron n a da de l d c:s tino d e N a p o le ó n pue s to qu e

por

pec llvam ent e,

de las series co m o para r e qu e ri r una polít ica di fere nt e? La d ifi c ult a d

t

c ó n cas que

c::.tr~m qu e e s tab a c ond e n a do a se r un fr ac a so . No o b s ·

para to rna r esta dec isió n es la medid a d e la dificult ad p ara formular jui-

tante, recuerdo muy bien el consenso que obtuvo en su tiempo el acuerdo

cios correc tos en po lítica ex te rn a. e n proyec tar ~abiamenll: e l futuro y

de Mu nich d e bido a su s conclu::,io ncs

po r par te de teór icos. y practica ntes

en hace r lo co rrc<.:to, del m odo cor rec to y en

¿ Debe m os cons iderar que Jas po líticas exte rnas delineadas e n las des·

pedida> de Was hingto n y Mo n roc ;on compatibles con la doctr ina de

Tl'um a n ? O p a ra

pon er e l p 1·o b l c m a e n o tr o s t~rmin o::., ¿ l a do c tr i n a d e Tru -

d

tie mpo corrL':c tu .

dr.:: la po ll t 1Ca int e rnacio nal y t a mbié n por el ho mbre comú n . F u e viSto

c nto n ce~ c omo un g ra n

!'>

en t o n ce s

es t a di s t a, co m o una co n c c -

consi d e r ó

e l

acto d e h abi li dad d e

e n

i ó n

h e c h a

a

un H . Carry

s upu c~ to triunfad o

a s í

r l o c nt ic nd r.:: a h ora

aras d e

l a

paz . A ~í l o

J

. P . Ta y l or.

L

a

fa ll a

en

32 Teoría y práctica de la poli ice

.trternac io,tal

razonamiento, d e la que poca gente fue -y

tal vez t a mpoco podía se r-

~~ consciente en su m on1ento, consistía en volver a despreciar las con·

tingenc ias inhe re ntes

te se revela como la sencilla verdad, era entonces completamente desco- nocido para cualquier prospectiva y no podía ser determinado por ninglin

otro medio que no fuera una vaga corazonada.

Tomemos finalmente el problema contemporáneo de la guerra nu-

clear. De tanto en tanto. los ejecutores de política norteamericanos cspe·

culan abiertamente sobre la posibilidad de "vencer" en una guerra nu· clear. En esto reflejan los comentarios realizados por los líderes milita-

res rusos, aunque no por líderes políticos tales como Brczhnev, quien más de una vez ha advertido que una guerra termonuclear sería suici·

da para ambas superpotencias. Particularmente durante la década de los

ochenta, cuando volvían a ganar intensidad las tensiones de la guerra

fria, en ambos países se oyeron voces apoyando la creencia de que la victoria en una guerra nuclear no era algo impensable y reclamaban un vasto aumento en los gastos de defensa que contemplara el subsi- guiente aumento de las fuerzas estratégicas. Es posible desarrollar una teorla de la guerra nuclear que sólo la considere como otra clase de vio- lencia, mucho mayor en magnitud pero no diferente a los demás tipos de violencia con los que nos ha familiarizado la historia. De esta supo- sición se deriva que la guerra nuclear va a ser mucho más terrible que

cualquier guerra convencional, pero no ha de ser necesariamente intole·

en la predicción política. Lo que re trospecti va m en-

rabie ya que tomaremos las medidas necesarias que permitan, al menos a ~lgunos de nosotros, sobrevivir. En otras palabras, una vez que se co- mienza a seguir esta hipótesis teórica acerca de la naturaleza y las con- secuencias de la guerra nuclear, lógicamente se llega a la conclusión de que la política exterior de Estados l!nidos no necesita limitarse para tratar de evitar la guerra nuclear sino que Estados Unidos también debe

prepararse para sobrevivir a un acontecimiento semejante. Entonces se

puesto

vuelve

perfec tamente

legitimo suscitar

el

siguiente

problema:

que cien millones de norteamericanos morirán en una guerra nuclear y

nueve décimas partes de la capacidad económic.1 de Estados Unidos qu~­

óará destruida, ¿cómo se las ingeniarán los norteamericanos sobrcvi· vientes para reconstruir los Estados Unidos con la décima parte rema-

nente de la capacidad económica? El elemento contingente en esta teoría de la guerra nuclear es su pronunciada incertidumbre, típica en todos los niveles del análisis teó- rico y predicción en el campo de la política, tanto doméstica como ínter·

nacional. Aun si se aceptaran todas las es timaciones de muertes y des-

en ese caso es-

ta te oría con tinuaría manteniendo un alto grad .J de ince rtidumbre en lo que tiene que ver con las reaCciones frente al tipo de devastación huma·

na y material que produce la guerra nuclear. Obviamente, si una socie- dad humana altamente compleja puede homologarse en su modo de operar a una primitiva sociedad de hormigas, su habilidad para la re- cuperación puede darse po r descontada. Si la mitad de las hormigas de

trucción n1at e rial , todos los índices de recuperació n, aun

un hormiguero son destruidas junto a nueve décimas partes del hormi- g u ero. es seg uro qu e la ~ h o rmigas so brevivient <! s volverán a re co nstruir

LA ciencia

de

la

politica

tnttrnacian~l JJ

hormiguero

el

obligue a

y

reco":'cnza r.

a

repro

d

.

uctrse

Pero la soctedad humana no t

hasta

que

la

próxima

catást rofe

ienc este t ipo de unto límite

habilidad recupe_ra ,_ al igual que los tndt-

va mecáni ca . Las sociedades tJen.cn un_p h

mana no