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Ana ISABEL CEREZO DoMINGUEZ ELisa Garcia ESPANA (Coords.) LA PRISION EN ESPANA: UNA PERSPECTIVA CRIMINOLOGICA Granada, 2007 capiruto I ORIGEN Y EVOLUCION HISTORICA DE LA PRISION ANA ISABEL CEREZ0 DOMINGUEZ Profesora Titular de Derecho penal de la Universidad de Mélaga 1. ORIGEN REMOTO DE LA PRISION La utilizacién de la prisién como lugar de reclusi6n piblico de condenados, que permanecen privados de libertad ambulatoria y sometidos a un régimen espe- fico durante un determinado periodo de tiempo, es tardia en la historia de Ja hu- manidad, Tan solo hemos de remontarnos a finales del siglo XVIII'. ‘Sin embargo, la idea del encierro como forma de castigo surge ya en la Grecia antigua para la retencién de los deudores en las casas de los acreedores, en donde eran tratados como esclavos a pan y agua hasta que resarcfan su deuda?, 0 en el Derecho romano, donde aparece la ergdstula (ergastulum) o arresto de los escla- vos en una habitacién dentro de la casa del amo?, \ Véase, TeLLEZ AGUILERA, A.: Los sistemas penitenciaris y sus pristones: Derecho y reali ded, Ed. Aisofer, Madrid, 1998, 2 nel libro noveno de Las Leyes, Platénalude ala existencia de tres tipos de cérceles: una en 1s plaza del mercado (citeel de custodia), ota, sfonisterion, en la misma ciudad (casa de corec- cin) y la tereera, con el fin de amiedrenar, la céreel como Tugar donde debe permanecer el que ha robedo hasta gue devuelva el duplo de lo sustaido (casa de suplicio),stuada en un pare sombrfo y jada de ta provincia. A este luger s6lo podian acercase los miembros del «Cireulo nocturno>, sociedad fllantrépica que se encargaba de ensefar a los encarcelados als vistud del alma». Véase, NEUMAN, Ex Prisién Abierta, Ed. Depalma, Buenos Aries, 1984, p. 12 y ESCUDERO, J.A.: «Cinco Siglos de edrceles» en Historia 16, extra VIL, octubre, 1978, p. 5-10, p. 7. > Este tipo de cércel tenia caricter doméstico 0 privado, pues era misién del paterfailias de~ cerminar sla relusiGn habfa de ser temporal o definitiva. Véase, PAVON ToRRI6N, Ps: La creel y el encarcelamiento en el mundo romano, Consejo Superior de Investigaciones Cienificas, Instituto de Historia, Departamento de Historia Antigua y Arqueologia, Madrid, 2003 y Garnpo GuaMAs, Lo: Manual de cienciapenitenciaria, Ed Géersa, Madi, 1983, pp. 74-75. 2 AKA ISABEL CEREZO DOMINGUEZ De ningtin modo se puede encontrar en esta época histérica Jos cimientos de la cdrcel entendida como lugar de cumplimiento de penas, ya que las penas a apli- car se resumfan pricticamente en la pena de muerte. Unicamente se puede aludir a un origen remoto de la prisién en el caso de las cérceles de deudores, cuya finali- dad era més bien coactiva y asegurativa, y no punitiva‘ 2. LA PRISION EN LA EDAD MEDIA Y EL ANTIGUO REGIMEN Durante la Edad Media y el Antiguo Régimen la prisién fue concebida como cércel de custodia. No servia para otros fines fuera de los de depésito provisional de Tos sujetos que esperaban ser juzgados o ejecutados. La prisién era por tanto concebida como una medida procesal de cardcter instrumental y no penal. En estas épocas también aparecen otro tipo de cérceles diferentes a la cércel de custodia, en las cuales Ia privacién de libertad Ilegé a constituir incluso un pri- vilegio para ciertos estamentos sociales. Asf, la denominada «prision de Estado» se aplicaba a la nobleza a la cual no se queria imponer la pena capital. Carecen de local fijo, y se utilizan castillos, fortalezas 0 palacios sefioriales. Famosas fueron la Torre de Londres, los castillos de Egelsburgo, la Bastilla de Parfs, el palacio Ducal de Venecia o San Angelo en Roma®. En el Derecho Can6nico se utilizaba la reclusién en monasterios («prisi6n ca- n6nica o monacal») para los clérigos que incurrieran en penas eclesiésticas. Dicha privacién de libertad aislada se encontraba muy condicionada por Ia idea de la en- mienda del delincuente mediante la meditacién . Bste nuevo planteamiento de en- cietro penitencial y correccional influird tiempo después en los postulados institucio- nales del castigo carcelario, pues de forma paulatina se irfa reduciendo la barbarie Gel sistema punitivo para seguir el rmbo marcado por la Iglesia. + Farece que el origen etimoldgico de prisién podria proceder del vacablowtlizada en et Alto Emperio romano scarcer. Otros encuentran su origen en el vocablo latino «coercendo» que significa restrngir,coarar yen la palabra «carcar, término hebreo que significa «meter una cosa 2" Los suetos eran cominmente encerrados en mazmoras, calabo70s,torreones, te © Véase, Puta MatE0s, J: «Antecedentes de la prisién como pena privaiva de libertad en Eu- ropa hasta el siglo XVI, en Historia de la Prisidn, Garcia Valdés (dit), Ed. Edisofer, Madei, 1997, pp. 63-78, p. 68. 7 Bra la pena principal del Derecho Canénico (detrasio in monasterium) y consistia en ta re- clusin en un ala de los monasterios de aquellos cléigos que hubiesen infringido una norma ecle- sidstca para que por medio de Ia oracién lograsen su correccién, Se exigla que cada celda monacal tuviese luz para que el hermano pecador pudiera leer el breviario y los libros sagrados». Cumpltan ‘un estrcto régimen disiplinario, realizando trabajos manuales en sus celdas. (ORIGEN Y EVOLUCION HISTORICA DE LA PRISION 3 3. LAS CASAS DE TRABAJO 0 DE CORRECCION En los siglos XVI y XVII confluyen en algunos paises europeos una serie de circunstancias de carécter socioecondmico ¢ ideolégico que permiten la aparicién de los antecedentes modernos de la prisiGn: las casas de trabajo o de correccién. En primer lugar, se produce un gran descenso de la poblacién, motivado por un alto nivel de mortandad otiginado principalmente por las guerras y las epide- mias que asolaron a Europa. En segundo lugar, se inicia una época de incipiente pre-industrializacién, que requiere una importante mano de obra no disponible en las ciudades. Es por ello que comienza el éxodo del campo a la ciudad y como consecuencia de ello Ia aparicién de bolsas de poblacién marginal y ociosa que a menudo planteaba problemas de orden pitblico (mendigos, prostitutas, menores abandonados, vagabundos, etc). Las autoridades de la época consideraron oportuno internar indefinidamente a estos sujetos y vieron la posibilidad de aprovechar la mano de obra barata que és- tos podfan proporcionar. Todo ello se vio influido por la reforma protestante de Iuteranos y calvinistas, que defendfa la idea de la correccién y la creacién de nue- vos hébitos a través del trabajo bajo una disciplina muy severa* y acorde a la nue- va moral religiosa. A pesar de todo, las casas de trabajo 0 de correccién no pasaron nunca a do- minar la préctica penal en los diversos Estados en los que fueron implantadas. Se establecieron por vez primera en Inglaterra. La primera surgié en Bridewell en 1552 para posteriormente extenderse a otras ciudades inglesas (Oxford, Salisbury, Gloucester y Norwich) hasta el punto de que una ley de 1756 ordenaba la existen- cia de una en cada condado. Este modelo de casas de correccién se implants con algunas variaciones pos- teriormente en otros paises europeos, tales como Francia (Hospitales Generales), Bélgica (Maisons de force), Alemania (Zuchtdiusern), Suiza (Shellenwerke), Italia (Casas de Lavoro u Hospicios) y Holanda. Las pioneras casas de trabajo de Amsterdam —«Rasphuis» (1596) y «Spinhuis» (1597)— no estuvieron nunca destinadas a acoger a delincuentes °. En Italia, en el Hos- * En las casas de trabajo eran frecuentes los castigos consistentes en azotes, eadenas, cepos, ayumos, 0 las famosas celdas de agua, donde el individuo debta sacar el liquide que invadia Ia celda, ppara salvar su vida, ° Véase, Msvosst, D. y PavaRIM, M.: Carcel y fbrica. Los orfgenes del sistema penitenciario (siglos XVEXIX), Siglo XXT, México, 1980, p. 38, quienes explican que en las primeras, destinada a hombres, se realizaba una labor que consistia en raspar con una sierra de varias hojas un cierto tipo ‘de madera fina (campeche) hasta hacerla polvo, del que los tintoreros extrafan el pigmento necesatio para tefir los hilos utilizados en la industria textil. Las segundas reclufan a mujeres para labores de hilanderfa. En 1603 se crea una secci6n para albergar a los més jévenes. 4 ANA ISABEL CEBEZO DOMINGUEZ. picio de San Miguel de Roma (1704), creado por el papa Clemente XI, regfa la regla del silencio. En ¢] Hospicio de San Felipe de Florencia los reclusos Hevaban capucho- nes en los actos colectivos para no ser vistos por sus compafieros. En la prisién-manu- factura de Gante (1775) en Francia, fundada por Juan Vilain, se procede a un inci- piente sistema clasificatorio de los reclusos procediéndose a Ta separacién de Jos men- digos de las mujeres y de los criminales. Se hace hincapié en la instruccién y educa~ cién profesional, de ah que entre los talleres de Ia prisién se encontrasen los de zapa~ teria, hilanderia, tejeduria, sastreria. etc. La prisién de Gante ha pasado a la historia por ser considerada la primera experiencia penitenciaria en Europa, después de las pri- siones candnicas. En Espajia en cambio no se hace apenas presente la experiencia de las casas de trabajo, probablemente debido al retraso con que se inicié el desarrollo de la era industrial !°. Unicamente las «galeras de mujeres» se configuraron como auténticas casas de correcciGn a las cuales eran enviadas principalmente mujeres prostitutas y va- gabundas. Surgieron tras el reglamento de la Madre Magdalena de San Jerénimo en 1608, donde se recogian los principios que justificaban la creacién de estas celes especificas para mujeres asf como sus criterios organizativos y sus fines". El objetivo de las mismas era el de corregir la naturaleza viciada de la mujer que no se ajustaba al modelo y funciones de la sociedad. Las més destacadas fueron la Casa de correccién de San Fernando del Jarama, fundada por Carlos IIL, o el Hospicio, ambos en Madrid. En relacién a los menores existfan desde antiguo establecimientos de correc cién mediante el trabajo. Asi, el Padre de huérfanos de Valencia (1337), el Padre de huérfanos de Zaragoza (1669) 0 los «Toribios» de Sevilla (1724) albergaron tanto a nifios huérfanos 0 abandonados como a los hijos discolos y rebeldes, que podian ser recluidos a peticién de los padres. La privacién de libertad se vincula més bien a las penas de trabajos forzados. "© De forma semejante ocurrié en el sur de Talia, en Grecia o en Turgufa Seguin lo indicado en este breve tratado, las galeras debfan estar en edificios cerrados al exterior y su interior estaba formado por un dormitorio comiin, una sala de trabajo, una capilla y una creel seoreta para castigo de las més discolas. Cuando una presa entraba en prisin se le desprendia, {de todos los rasgos externos que definfan su personalidad y, «por Ja accién combinada de la aplica- ci6n al trabajo, junto con las ensefianzas religiosas y el sometimiento a las severas normas de Ja ins- titacién, se lograrta transformarlas en mujeres virtuosas que aceptaran los dos énicos caminos reser- ‘vados a la mujer ser una perfocta casada o ponerse a servir», Cita recogida en Madre Magdalena de San JerSnimo, «Razén y forma de la Galera y Casa Real que el rey nuestro seijor manda hacer en estos Reynos para castigo de las mujeres vagantes y Iadronas, alcahuetas, hechiceras y otras seme- jantes», Salamanca, 1608, p. 7. Mis ORIGEN Y EVOLUCION HISTORICA DE LA PRISION : Desde 1530 se suceden distintas pragmiticas de Carlos I y Felipe II por las que se conmutan las penas capitales, corporales y de destierro por las penas de remo en galeras. El incremento de la flota naval espafiola y de los conflictos béli- cos lleva a la apremiante necesidad de galeotes, los cuales realizaban un trabajo inhumano y de durisimas condiciones que ningiin hombre libre queria ejercer !?. La duracién de la condena a galeras iba de dos a diez afios; el minimo se debfa a que por menos tiempo no era rentable el transporte y adaptacién del condenado a las labores de remo, y el maximo porque era el periodo que se suponia podia resis- tir un hombre en los remos de la galera. Las mismas causas que motivaron el comienzo de la pena de galeras fueron las que acabaron con ella. Una vez que la galera naval comienza a caer en desuso por la aparicin de la nave de vapor, los prisioneros son enviados a cumplir penas de servicios en minas. De este modo el condenado podia ser internado en la Cércel real de esclavos y forzados de Almadén, para trabajar en Ia extraccién de mercu- tio '3, Esta pena destaca, como la anterior, por la dureza de los trabajos y las con- secuencias sobre la salud. Los intereses de la corona en el norte de Africa y en América fue otra de las razones que llevaron a buscar hombres a los tribunales. Asi, desde el siglo XVI se aplicé la pena de presidio, que consistia en cumplir funciones de avanzadilla mil tar o de fortificacién, mantenimiento y defensa de las principales plazas de Améti cay del norte de Africa '4. Estas tiltimas se encontraban por lo general mal abaste- cidas y sometidas a continuas incursiones de las poblaciones locales. Los trabajos forzados se continuaron aplicando durante el siglo XVIII. Debi- do al desarrollo y cambio econémico, al variar el interés del Estado en la explota- "2 En momentos de necesidad apremiante de brazos para atender a la Armed, dado el sumen- to de los conflictos en el Mediterrineo debido & Ia presién del imperio otomano y ta piraterfa berberisca, se ampliaba el abanico de conductas que eran castigadas con esta pena, «llegindose a castigar a los simples vagabuncos, a los que carecfan de trabajo y a los gitanos, por el simple hecho de usar su tradicional indumentaria y su lengua o realizar oficios prohibidos», Véase ALEJANDRE, J.A.: «La funcién penitenciaria en las galeras» en Historia 16, extra VIL, octubre, 1978, pp. 47- 54, p. 52. | Debido al aumento de la demanda de mercurio desde mediados del siglo XVI, al ser uiliza- do para la extraccién de plata, los Ficares, que desde 1554 tenfan la concesién de su explotaeién, pidieron al rey que se destinaran # los condenados a galeras para trabajar en las labores de Ia mina ‘Véase, TRINIDAD FERNANDEZ, P: La defensa de la sociedad. Cércel y delincuencia en Espaa(siglos ‘XVIII-XX), Ed. Alianza Universal, Madrid, 1991, p. 24. “La acepeidn de la palabra presidio implica «guarnicién de soldados, custodis, defensa, pro- teccién, plaza fuerte, ciudad amurallada». Las plazas del norte de Africa comenzaban con la de Orin, {que era la mas alejada, y continuaban con les de Melilla, Alhucemas, Pefién de Velez de Ia Gomera, Ceuta y Larache. Fn la fortificacién de los pucrtos de La Habana, San Juan de Puerto Rico y Veracruz se emplearon, ademés de esclavos ¢ indfgenas, los presidiarins enviados desde Cédiz. 3 ANA ABEL CEREZO DOMINGUEZ cién de los presos, surge la pena de presidio en los arsenales 0 en obras piiblicas. De este modo, un nuevo destino se ofrece a los penados con el programa de cons- truccién naval del marqués de la Ensenada, los cuales pasan a trabajar en los arse~ nales de Cartagena, El Ferrol o Cédiz. Las obras priblicas iniciadas por los monar- cas ilustrados también se realizaron con mano de obra presidiaria. Asf, gran parte de Jos canales y caminos construidos en Espafia, como el Canal imperial de Aragon, el de Murcia 6 el de Guadarrama, o las notables reformas urbanas levadas a cabo en Madrid por Carlos III, fueron realizadas con el esfuerzo obligado de los conde- nados. 4. LA PRISION COMO CENTRO DE DETENCION Es en el siglo XVIII cuando surge la prisién entendida como lugar en el que cumplir la pena, destacdindose como la columna vertebral del nuevo régimen puni- tivo. Este fendmeno obedece a la confluencia de diversos factores. En primer lugar, es evidente la influencia de las ideas de la Iustraci6n. La libertad individual alcanza un valor preeminente en la sociedad. Las ideas huma- nitarias arremeten contra los castigos corporales ¢ infamantes. Las ejecuciones pi- blicas de la pena de muerte comienzan a plantear problemas de orden piblico pro- ‘vocados por las espontineas reacciones emocionales de compasién hacia el con- denado y de indignacién hacia el verdugo '5. Por otro lado, la pena de prisién res- onde al ideal racionalista de proporeién y precisi6n, en la medida en que permite ajustar la cantidad de pena a la gravedad del delito. En segundo lugar, se produce una importante transformacién socioeconémica, consistente en un aumento considerable de la poblacién, una progresiva mecaniza- ciGn del trabajo y una fuerte presién migratoria a las ciudades, lo que conlleva el consiguiente excedente de mano de obra. Existfan ademas excedentes de mercan- cfas, por lo que era complicado colocar en el mercado las procedentes de las casas de trabajo. En tercer lugar, el surgimiento de un nuevo modelo politico, el Estado moder- no, se muestra capaz de asumir la organizacién de unas instituciones penitencia- sias permanentes, enfocadas exclusivamente a la reclusi6n de los delincuentes. Por diltimo, la prisién se ajusta a los nuevos ideales de disciplina y de distribu- cién del espacio y del tiempo. El encarcelamiento permite hacer efectivo el ideal cristiano del arrepentimiento del culpable. 15 Véase, Foucatr, M. Vigilary castigar. Nacimiento de ta Prisién, Siglo XX1, Madrid, 1984 ORIGEN ¥ EVOLUCION HISTORICA DE LA PRISTON 7 Muy pronto estas incipientes prisiones se ven desbordadas. Surge de este modo la necesidad de acondicionar otros Iugares para albergar al gran mimero de reclusos. Famosos son en pafses como Inglaterra o Espatia los barcos pontones (navios en desuso atracados en puertos o riberas). EI aumento de la poblacién penitenciaria es asimismo uno de los principales motivos, junto a otras razones de cardcter econémico y politico, que lleva a la de- portacién de los presos. Se trata del destierro a un lugar muy lejano del de la co- misi6n del delito, con el fin de evitar el retorno del recluso, al que se obliga a rea- lizar trabajos de colonizacién. La deportaci6n se realizé a las colonias inglesas de Norteamérica (a partir de 1597 hasta la consecucién de su independencia) y poste- tiormente de Australia (a partir de 1788 hasta mediados del siglo XIX), a las colo- nias espafiolas de América, Oceania y Africa o a las colonias francesas y holande- sas de las Guayanas, 5. LOS PRECURSORES DEL PENITENCIARISMO Pronto surgieron voces humanitarias que pusieron de manifiesto las condicio- nes inhumanas en las que se retenfa a los delincuentes en las nacientes cérceles, asi como su falta de organizacién. En nuestro pais son conocidas las obras del fraile Bernardino de Sandoval («Del cuidado que se debe tener con los presos pobres» —1564—), quien explica cémo han de ser las cérceles respecto al trato y cuidado que se ha de dar a los presos, asf como a la necesidad de que no tengan que sustentarse a s{ mismos "6, «Todo se pagaba en Ia cércel: estar en ella era como estar obligatoriamente pagando luna posada, resultando mucho mas cara. A los mismos lechos donde dorméan los pre- sos les tenfa el aleaide puesto arancel, pormenorizando los tipos de cama, sus precios ¥ los descuentos por plazos de uso més largos. Y, por supuesto, la comida y la bebida. Si los presos no tenfan quien se las Hlevase, debian adquirirla, de lo que a menudo se aprovechaban los carceleros que actuaban como sus proveedores» !7 'S EI sistema carcetario de los siglos XVI y XVII en Espaiia no prevefa la manutencién de los Presos, los cuales tenfan que pagar la comida de sus bolsillos, situacién que elevaba considerable. ‘mente los niveles de abuso y miseria. Ello provoes la apariciGa de asociaciones de casidad encami- fnadas a aliviar ta situacién de los presos pobres en la mayor parte de las ciudades. Estas recibfan dinero procedente de mandas testamentarias, de las recaudaciones obtenidas en los corrales de co media, de parte de las penas pecuniarias impuestas por los tribunsles y de las Timosnas oftecidas por |as comunidades religiosas y la nobleza. Véase, GACTO FERNANDEZ, E.: «La vida en las cérceles es- Patolas de la época de los Austrias» en Historia 16, extra VII, octubre, 1978, pp. 11-46, p. 28. ' Véase Vi.tatpa Pénsz, E.: La administracisn de la justicia penal en Castilla y en la Corte @ comienzos del siglo XVII, Actas Ed., Madrid, 1993, pps. 215-216. i | 8 A's ISABEL CEREZO DOMINGUEZ Cerdén de Tallada («Visita de la cétcel y de los presos» —1574—) denuncia Jos abusos cometidos a los presos por parte de los carceleros de la época. Pero su aportacién original reside en la propnesta de un régimen carcelario muy avanzado para sus tiempos, sentando un principio de clasificaci6n de cérceles y presos, ast como exigiendo las visitas de los jueces para evitar abusos por parte de la admi- nistracién. También Cristobal de Chaves criticé las irregularidades que se venfan come- tiendo en la cdrcel de Sevilla en su escrito «Relacién de la cércel de Sevilla» en 15928, Entre todas ellas, narra el proceso gue segufa al ingreso en la cércel. De esta forma, una vez cumplimentadas las diligencias (inscripcién de un registro de entrada, datos del detenido y circunstancias en las cuales se produjo la detencién), el recluso era entregado al carcelero encargado de decidir dénde se acomodaba, haciendo aparicién desde el primer momento el soborno, ya que esa decisién de- pendia principalmente de la generosidad con que el recluso podfa recompensarle. Describe ademés en qué consistia el denominado «derecho de carcelaje», esto es, una suma de dinero que debfa pagar el recluso al abandonar Ia prisién y « ba a formar parte de los ingresos del alcaide. Entre los fildntropos del siglo XVIII destaca John Howard quien, en su famo- so informe de 1776 «The state of the prisons in England and Wales», puso de ma- nifiesto las maltiples deficiencias observadas en sus visitas a las cérceles de su pais. En este informe denuncia el hacinamiento, la ociosidad, 1a promiscuidad, las enfermedades, los abusos y los chantajes, las deficientes condiciones higiénicas y alimenticias de las prisiones, asf como los efectos perniciosos de 1a mezcla de j6- venes y mayores, hombres y mujeres, delincuentes habituales con primarios y en- fermos mentales con sanos !°. Entre las propuestas de mejora que apunta destaca la necesidad de que el Es- tado destine més fondos a la mejora de las prisiones, que se construyan estableci- mientos adecuados para el cumplimiento de las condenas y que se cree un cuerpo de funcionarios de prisiones. Considera urgente, asimismo, atender las necesida- des més elementales de los penados, tales como el régimen higiénico, alimenticio y sanitario, Apuesta por la necesaria clasificacién de los reclusos segiin sexo, edad, estado mental y tipologfa delictiva, asi como por la conveniencia del aislamiento celular nocturno. Por iltimo, presta gran relevancia a la instruccién, educacién re- ligiosa y trabajo de cara a la moralizacién del recluso. 8 Vease Cenvatto DonpERis, V.: Derecho penitenciario, Ed, Tirant lo Blanch, Valencia, 2001, ps. 24-27. '® En la mayor parte de las prisiones de finales del siglo XVIII se hacinaban veinte o treinta presos en celdas de muy reducido tamafo. ‘ONGEN Y EVOLUCION HISTORICA DE LA PRISION John Howard (1726-1790) trabajé como jefe de policia del condado de Bedford, te- niendo a su cargo la prisién de dicho condado. Puede que el principal motivo que le Hev6 a escribir su obra fuera el sistema de sobornos a los que los presos y sus familias ‘eran sometides por parte de los carceleros. Pero su interés por el encarcélamiento sur- ge tras una desagradable experiencia vivida en la que la nave en la que viajaba rambo a Lisboa fue capturada, Io que hace que sea hecho prisionero durante dos meses. Fue trasladado posteriormente a Inglaterra. En su mencionada obra, que completa con tres ediciones en las que aporta estadistica actualizada, alude asimnismo a las condiciones de las cérceles de otros pafses europeos que visité (Holanda, Bélgica, Austria, Fran- cia, Hungria, Espafia, Alemania, Portugal, Rusia, Italia, etc) Sus propuestas fueron es- cuchadas y trascendieron al dmbito politico del momento. Asi en Inglaterra se aproba- ron dos leyes por él inspiradas y conocidas como Howard Acts, alusivas, entre otras cosas, ala eliminacién de los derechos de carcelaje. Murié en Crimea en 1790 a causa del contagio de la fiebre carvelaria (tifus) mientras visitaba un hospital militar”. Como respuesta a las necesidades de organizacién de las nuevas instituciones surgieron los diversos sistemas penitenciarios. Los primeros se implantaron en las colonias inglesas de norteamérica, siendo posteriormente adoptados con diversas variaciones en algunos pafses europeos. Destacamos los més relevantes desde el punto de vista de su incidencia real ?!. 6. Los SISTEMAS PENITENCIARIOS a) El sistema filadélfico 0 celular También denominado sistema pensilvénico, al surgir en el estado nortamericano de Pennsilvania en el siglo XVI bajo la influencia de los cudqueros, grupo reli- gioso que predicaban la no violencia. Entre 1790 y 1792 se construyé en Ia cércel ‘de Walnut Street el primer complejo celular, a iniciativa de la Sociedad Filadélfica, primera organizacién norteamericana para la reforma del sistema penal™. Se im- ® Véase, BETERANO GusRRA, F: John Howard: Inicio y bases de la reforma penitenciaria» en Historia de las prisiones, Garcia Valdés (dir), Ed. Edisofer, Madrid, 1997, pp. 113-132. 31 Dejamos de lado Ja exposici6n de otros modelos teGricos, como el panéptico, disefiado por Benriiaw, que salvo algunos intentos aislados y de Ia influencia de alguna de sus propuestas en ma- teria de arquitectura penite no triunfé como sistema de cumplimiento, La «Philadelphia Society for Allevating Miseries of Public Prisons», fundada en 1787, con- ‘6 con el apoyo del Dr. Benjamin Rusm, reformador social y precursor de la Penologta. Estaba inte- grada ademés por William Bradford y Benjamin Franklin, de notable influencia ambos en Ia inde- pendencia norteamericana, xe AN ISABEL CEREZO DOMINGUEZ puso en una seccién de la prisién a modo de prueba durante cinco afios, afectando s6lo a 30 reclusos, quienes fueron elegidos por ser los més reincidentes y peligro- sos del estado. Su principal finalidad era evitar los vicios que dominaban la vida en las pri- jones inglesas. Su singularidad se debe a la sintesis que realiza de diferentes ex- periencias anteriores. Asi, recoge el ejemplo de la celda del monacato cristiano, basada en Ia idea del aislamiento y de la oracién. Se pensaba que el delincuente era un enfermo de Ja voluntad, un individuo pervertido por los malos contactos. Sélo encerrado en una celda durante las veinticuatro horas del dia, a solas consigo mismo y sin més contactos, escasfsimos y controlados, que con personas «norma- les» (los guardianes y los miembros de sociedades de ayuda a los presos), acabarfa meditando sobre sus culpas y corrigiendo su conducta. En 1818 se construye al oeste de Pittsburg el primer centro penitenciario acor- de con el sistema celular, la «Western Penitenciary» y en 1827 se edifica otro pre- sidio al este del estado, conocida como «Cherry Hill» o «Eastern Penitenciary». En ambos centros, atin procediéndose a un aislamiento continuo de Ios internos en sus celdas, se les permite realizar algiin tipo de actividad, como premio por buena conducta, en el interior de las mismas. Cuando un recluso Hegaba a alguno de estos centros era examinado por un médico, posteriormente se le desinfectaba y recibfa el uniforme de la prisin y un niimero de identificacién. A partir de ese momento y hasta que llegase a su celda, se le cubrfa a cabeza con un capuchén, con el objeto de impedir que el recién legado reconociese a otros reclusos, asf como Ja ubicaci6n de los distintos espa- cios de la prisién. Una vez encerrado en la celda, el vigilante procedia a la lectura del reglamento de la prisién 73, Entre sus logros se encuentra el consistir en la primera férmula para racionali- zar el cumplimiento de una condena a prisién, con la introduccién de criterios pos- tcriormente consolidados, como es el de la separacién de los reclusos. El aisia- miento logra asimismo evitar el contagio ctiminégeno y mejorar las condiciones higiénicas. Ademés este sistema pretende promover la reflexién y el arrepenti- miento sobre el hecho cometido. Por itimo, facilita la vigilancia y en conse- cuencia la inexistencia de evasiones y motines y la escasa necesidad de medidas disciplinarias. Pero las estrictas condiciones de aislamiento absoluto del sistema afectaban considerablemente a Ia salud fisica y psfquica de los reclusos, con frecuentes pa- decimientos de tuberculosis y de psicosis carcelarias que podfan Ilevar al suicidio. Asimismo la vigilancia para hacer cumplir las estrictas normas exigfa una alta in- 3 Vease, TERCERO ARKIBAS, F: «Sistemas penitenciarios norteamericanos» en Historia de las risiones, Garcia Valdés (dit), Ed. Edisofer, 1997, pp. 149-157, p. 152. OBIGENY EVOLUCION HISTORICA DE LA PRISION versiOn arquitecténica, Por Ultimo, y tal vez el defecto més importante &isndt™ ma, no se promovia la adaptacién del interno a la vida en libertad, ya que SE TE sunciaba a todo tratamiento 0 actividad formativa. No mejora ni hace al delincuente socialmente apto, sino que lo embrutece moralmente, lo postra fisicamente, lo agota intelectualmente, lo hace incubar un odio profundo a la sociedad y no lo educa tampoco en el trabajo”, Los idedlogos de este sistema centraron toda la atencién licamente en el encierro y en el remordimiento, y no en la idea del mejoramiento social, de la vuelta al medio social. En Estados Unidos fue pronto abandonado este sistema, pero en el viejo con- tinente arraigé en varios paises 5, donde se mantuvo hasta los afios 30 cuando fue rechazado en el Congreso penitenciario internacional de Praga. En Espafia nunca se implanté%, >) Elsistema de Auburn Se desarroll6 en Ja prisién del mismo nombre en el estado de Nueva York a partir de 1823, cuando Lynds fue nombrado director del mismo. Esta prisi6n, pen- sada inicialmente para un régimen de tipo filadélfico, dio lugar a un sistema dife- rente, denominado mixto, La diferencia con el sistema penitenciario anterior es que, ain existiendo aislamiento celular, éste se produefa s6lo durante las noches, ya que durante el dfa se permitia el trabajo en comiin de los internos. A pesar de ello, este sistema destaca por la severa disciplina, ya que imperaba la regla del silencio?” y los castigos corporales, no permitiéndose visitas, ni siquiera de familiares. La en- sefianza, dirigida a los més jévenes e impartida por los estudiantes de la ciudad, era muy elemental y consistfa en aprender escritura, lectura y nociones bisicas de aritmética, privandoseles de conocer oficios nuevos. Fue su valedor la Sociedad Bostoniana para la mejora de la disciplina en las prisiones, que polemiz6 con la Sociedad de Filadelfia y su defendido sistema celular. 2 Fue duramente criticado por los positivistas. Enrique Ferri en una conferencia impartida en 1885 sobre el tema «Lavoro e celli dei condenatin, afimé que «el sistema celular es una aberracion del siglo XI. % Fue instaurado en Alemania, Inglaterra (1835), Bélgica y Holanda (1851), Francia (1842) y los paises escandinavos (Suecia en 1840) que «creyeron haber hallado un sistema que Hegaria a cu- ta todos los problemas % Se ensay6 en la cétcel de Madtid, sin implanterse por el alto coste y la especial afliccién que significaba para los meridionales acostumbrados al buen clima y a la vida al are libre 7 By extremado rigor del aislamiento y del silencio hace pensar que alli naci el lenguaje so- brentendido que tienen todos los reclusos del mundo. Como no podfan comunicarse entre si 1o ha fan por medio de golpes en paredes, y tberfas 0 sefas como los sordomudos. w ANA ISABEL CEREZO DOMINGUEZ El mutismo era tal que una ley establecfa: «Los presos estén obligados a guardar in- ‘quebrantable silencio, no deben conversar entre sf, bajo ningtin pretexto, palabra al- guna. No deben comunicarse por escrito. No deben mirarse unos a otros, ni guiflarse los ojos, ni sonreir o gesticular. No est permitido cantar, silbar, bailar, corre, saltar 0 hacer algo que de algiin modo altere en lo més minimo el uniforme curso de las cosas o pueda infringir o interferir con las teglas y preceptos de la prisi6n. La crisis definitiva del sistema filadélfico no se originé por razones humanita- tas, sino por un importante cambio econémico. La creciente demanda de trabajo, que no lograba cubrirse con la inmigracién, junto a la escasez, de mano de obra para trabajos duros, dada la decreciente importaci6n de esclavos, di6 lugar al tra- bajo productivo en las cérceles. En un principio se intent6 mantener el régimen de aislamiento, pero éste result6 ser contradictorio con el intento de introducir el modo de produccién en comtin. Con el trabajo en comiin la cércel se convertia en una eficiente fébrica, con una mano de obra disciplinada y barata. En Estado Unidos se generalizé en la mayorfa de los estados. En 1827 se crea la efrcel de Sing-Sing, en el mismo estado de Nueva York para descongestionar la de Aubum. Bl régimen disciplinario en la misma es todavia mas rigido: los reclusos no reciben ningtin tipo de formaci6n educativa, comen en sus celdas, el trabajo es ms duro 28 y reciben castigos més severos. En 1826 la prisién de Wethersfield, en Connecticut, adopta este sistema, con excepcién de las penas corporales que son su tituidas por celdas de aislamiento, donde al penado se le reduce su raci6n alimenti- cia, no puede trabajar y la iluminacién es minima, Tuvo influencia en algunos paises de América latina (Uruguay y Venezuela) En Europa no tuvo apenas presencia”, ©) Elsistema progresivo Se trata de un modelo que se fue forjando en Europa durante la primera mitad del siglo XIX. Obedecia a la preocupacién por alcanzar un sistema més dinémico, orientado a una finalidad puramente reformadora 0 correctiva. 2 Consistia en la extraccién de materiles de constrieciéa de una gran cantera para los edifi cis circundantes y tenfa también actividades dedicadas a In herrea "> La mayoria de las comisiones nacionales europeas que en Ia época acudieron para compro- bar la experiencia estadounidense se decantaron por el sistema celular. Destacadas fueron las visitas de Beaumont y Tocqueville, de la comisin francesa en 1831, de Crawford, dela comisién inglesa fen 1832 y de Tolius, de la comisi6n alemana en 1834. Desde Espafa viajaron Ramén de la Sagra, aque posteriormente public el libro «Cineo meses en los Estados Unidos de la América del Norte desde cf 20 de abril al 23 de septiembre de 1835», en el que recoge sus impresiones, as{ como el frendlogo catalén Mariano Cubt, quien legé a examinar los cerebros de los criminales americanos is renombtados con objeto de encontrar las anomalfas que explicaran sus comportamientos. I ORIGEN Y EVOLUCION HISTORICA DE LA PRISION 5B Consiste en mejorar la situacién del recluso a medida que le queda menos tiem- po de condena por cumplir y valorando para ello positivamente el comportamiento de cada interno, Para ello se establecen diversos periodos de cumplimiento, con regimenes distintos, desde el aislamiento celular hasta la libertad condicional, de tal forma que el recluso progresa de un periodo a otro no de forma automatica sino segiin el tiempo transcurrido, los méritos adquiridos y su buena conducta. Los pe- riodos posteriores son mas ventajosos. Tal sistema fue puesto en practica aisladamente por Montesinos, nombrado co- mandante del presidio correccional de San Agustin de Valencia en 1835 °°. Esta- blecié tres sistemas de cumplimiento diferentes: Periodo de los hierros, periodo del trabajo y periodo de la libertad intermedia. Durante el periodo de los hierros los presos permanecfan con grilletes, ociosos, viendo el trabajo del resto de los reclusos, debiendo realizar solo tareas de limpieza, Durante el periodo del trabajo, el condenado trabajaba en alguno de los numerosos talleres existentes en el presi- dio. Y durante el periodo de libertad intermedia se le permitfa salir al exterior para trabajar o realizar encargos. Al final del tercer periodo se le concedia la libertad si habfa tenido buena conducta y tenfa posibilidad de empleo en el exterior! EI sistema fue desarrollado asimismo en la Isla de Norfolk (Australia) por el capitén Maconochie desde 1840 @ 1844, en Baviera por Von Obermaier en 1842 y en Irlanda por Crofton en 1854, En todos ellos el periodo del trabajo fue sustituido por el denominado periodo de vales, segin el cual el paso de un periodo a otro, 0 de una escala a otra, dependia de un sistema de vales que el preso obtenfa en fun- cién de su conducta y trabajo, pudiendo incluso perder un grado si no obtenia los, vales suficientes. EI sistema progresivo tiene en realidad diversos modelos en los diferentes pafses donde se implant6, Pero prescindiendo de variantes, la ejecucién de la pena en este % Se instalé la céscel en un convento abendonado tras la desamortizaci6n, Los presos fueron hasta allftrasladados desde las deterioradas Torres de Cuarte, donde se encontraba el presidio mili- tar, En la entrada de la prisidn de San Agustin aparecfa la siguiente inscripcin, que resume el ideal de este sistem: «La prisién s6lo recibe al hombre. Fl delito se queds en la puerta, ya que su misién es corregir al hombres. 3 El brillante trabajo de investigacién realizado por SeRwA ALONSO, J: Presos y pobres en la Espata del XIX. La determinacién social de la marginacién, Ba. PPU, Barcelona, 1988, ha demos- tuado que el éxito de Montesinos fue posible por las circunstancias coneretas que se dieron en 1s sociedad valenciana de esa época y, mis concretamente, por los vaivenes que la industria de la seda experiments en Veleacia a mediados del siglo XIX. De este modo, parece que Montesinos consiguié introducir numerosos talleres en el presidio gracias al dinero que tomé de los excedentes amuales de las sumas entregadas a los presidiarios. Una vez. instalados los talleres, implantada tna férrea disci- plina y permitida la redencién de penas por el trabajo, se observa en os reclusos una clara inelina- cig por trabajar a 4 ANA ISABEL CEREZO DOMINGUEZ sistema se puede dividir en las cuatro siguientes fases: a) fase de aislamiento, que tiene por objeto el reconocimiento y observacién del recluso; b) fase de vida ‘en comin, en la que se desarrollan actividades de formacién, educacién, labora- les, etc; c) fase de pre-libertad, en Ia cual se pone al recluso en contacto con el exterior a través de permisos de salida y d) fase de libertad condicional 0 bajo palabra. Este sistema consigui6 ofrecer al recluso un incentivo para su adaptacién a la sociedad mediante la colaboracién de éste en el régimen penitenciario, ya que ob- serva cémo su comportamiento influye en la consecucién de su libertad. Elimina sin lugar a dudas situaciones inhumanas de aislamiento. Quizds la ventaja mas no- table es que posibilita aplicar tratamientos diferenciados mediante el uso de la cla- sificacién en diversos periodos. El periodo de adaptaci6n a la vida en libertad tam- ign supuso un logro que se ha mantenido hasta nuestros dias. ‘Al mismo tiempo este sistema favorece la contaminacién moral entre reclusos. Pero sobretodo fue criticado por su gran rigidez, Por un lado, el penado asciende de grado atendiendo exclusivamente a la parte de condena extinguida y no a datos predominantemente subjetivos. De esta manera se anulaba desde el comienzo el estimulo para un comportamiento positivo del recluso, puesto que éste no habia de influir en la progresiGn de grado. Por el otro, otorga el mismo tratamiento a los reclusos sin atender a sus necesidades especificas de resocializacién. Este sistema leg6 a olvidar que la funcién primordial del paso por Ja prisin debe ser la adaptacién del recluso a 1a sociedad y no al sistema cerrado y vicioso de 1a prision. Se expandié con gran fuerza primero por toda Europa y posteriormente por ‘América Latina a lo largo del siglo XX *, En Espaiia se introdujo por un Real De- creto de 23 de diciembre de 1889 en el presidio de Ceuta, snica colonia peniten- ciaria®, El sistema consistia en cuatro periodos conocidos como: celular 0 régi- 52 Eq Austria en 1872, en Hungefa en 1880, en Italia en el Cédigo penal de 1889, en Finlandia cen ef Cédigo penal de 1899, en Suiza en 1871, en Dinamarca en 1931, en Bélgica en 1932, en No- ruega en 1933, en Portugal en 1936, en Brasil en el Cédigo penal de 1890. Incluso en Japén en ia Ley sobre prisiones de 1872, aunque se implement6 atios mas tarde, 33 Los motivos que impulsaron a implantar este sistema en Ceuta obedeven, una vez mis, tititarismo que orienta las précticas y las normas reguladoras del trabajo de fos reclusos. En efecto, ‘el Cédigo penal de 1870 habia probibido el trabajo de los penados al are libre. Ello planteé proble- mas en vazioe presdios, especialmente en el de Ceuta, donde los penados eran imprescindibles en la ‘vida cotidiana de la colonia, ya que zealizaban tareas en las obras municipales y particulares, y tos babitantes de la ciudad no estaban dispuestos a prescindir de ciertas labores, tales como fabricar cu- bas para trasladar el agua, fabricar cerrojos o herramientas para las fortficaciones, desarrolfartareas ‘en campos de cultivo, en carreteras, en carpinterias 0 edificar cuarteles, murallas o casas de Ia vecin- Gad. Pese al éxito que en su momento tuvo el sistema, se suprimié del presidio de Ceuta en 1911, ORIGEN Y EVOUUCION HISTORICA DE LA PRISION 5 men de aislamiento, instructivo con asistencia a escuela y talleres, intermediario, con salidas al exterior durante el dfa para trabajar, y de circulaciGn libre, autori- zindose a los reclusos a vivir con sus familias pasando algtin control periddico. En 1901 se generaliza y en un Decreto de 1913 se consagra como sistema de eje- cucién de la pena de prisién. En 1914 se incorpora la libertad condicional por ley de 24 de julio. Enel cédigo penal de 1944 se establece que las penas de prisién de mas de 6 meses deben cumplirse siguiendo el sistema progresivo {art. 84). 4) El sistema de individualizacién cientifica Es una variante del sistema progresivo que se caracteriza por emplear una ma- yor flexibilidad a la hora de clasificar al recluso, de manera que éste no debe pasar por todos los periodos, pudiendo comenzar en el segundo o en el tercer grado. En segundo lugar, destaca la ausencia de rigidez en la progresién de grado, pudiendo ser abreviados los plazos minimos de cada periodo o incluso eliminados. En tercer lugar, resalta el especial énfasis que este sistema proporciona al tratamiento indivi- dualizado de cada recluso, a través de Ia intervencidn decisiva de profesionales de ciencias de la conducta y 1s acomodacién del régimen a las necesidades del tratamiento. El primer grado implica que se asigna al recluso el régimen cerrado, en el cual se aumenta el control y la vigilancia sobre el mismo y se limita al maximo el régimen de vida en comin con un aumento del régimen de aislamiento indivi- dual en celda. El segundo grado es el régimen ordinario, donde se desarrolla la etapa funda- mental del tratamiento. El tercer grado determina la aplicaci6n de las normas del régimen abierto. Se trata de una etapa de semilibertad, en la que existe un tratamiento especial para los intemnos préximos a recuperar la libertad, De este modo, el recluso disfruta de un buen niimero de permisos de salida al afio y se relaciona con el exterior durante el dia volviendo a pemnoctar a la prisiGn. La libertad condicional es la etapa final de cumplimiento de la pena. Supo- ne que el penado realiza ya por completo su vida fuera del establecimiento peni- tenciario, si bien el disfrute de dicha libertad se encuentra sometido a diversas condiciones. La flexibilizaci6n del sistema progresivo y la acentuacién del tratamiento flo- recen en Estados Unidos y los pafses escandinavos en los afios 60. Se extiende a Europa en los ailos 70. En Espatia hay que esperar a la promulgacién de la Ley orgénica general penitenciaria de 1979 para su definitiva implantacién, 6 ANA ISABEL CEREZO DOMINGUEZ e) Ultimas tendencias: Las prisiones abiertas Se trata del régimen penitenciario més novedoso, y constituye una de las crea- ciones més atrevidas e interesante de la penologia moderna. Se trata de estableci- mientos sin cerrojos, ni rejas, ni medios de contenci6n. El individuo se encuentra més retenido por factores psicolégicos que por constrefiimientos fisicos. Lo fun- damental de este sistema es la rehabilitacién social, el autogobiemno, el acercamiento al medio social, asi como su bajo coste, ya que se trata de establecimientos con poco personal y autosuficientes. Este sistema requiere de un riguroso criterio de seleccién de ios internos, ya que no todos los delincuentes son aptos para ingresar en el mismo. La seleccién debe hacerse en base a un examen médico-psicolégico y a una entrevista social. El primer Congreso penitenciario de Naciones Unidas * recomendé no seguir el cri- terio de la categoria penal o penitenciaria al que pertenecen los reclusos, ni el de ia duracidn de la pena, sino el de la aptitud del defincuente para adaptarse al régi- men abierto y el hecho de que ese tratamiento tiene mas posibilidades de favore- cer su readaptacién social que el estipulado en otras formas de privacién de liber- tad. Segtin el régimen penitenciario propio de cada pafs, los reclusos pueden ser enviados a prisiones abiertas desde el comienzo de Ja pena o después de haber cum- plido parte de ella en un establecimiento de otro tipo. Si los internos son cuidadosamente seleccionados, otro tanto debe hacerse con el personal penitenciario. La importancia de esto es capital. El Congreso peniten- ciatio de Naciones Unidas recomienda que el personal: «conozca y sepa compren- der el cardcter y las necesidades particulares de cada recluso, y que sea capaz de ejercer una influencia moralizadora favorable». De abi la exigencia de una estricta seleccién del mismo y del nimero reducido de internos, para que puedan ser co- nocidos a la perfeccién. En el Congreso de Ginebra de 1955 se sefialé que entre las aptitudes que debe tener un celador deben encontrase las de humanidad, inte- gridad, idoneidad personal y capacidad profesional. Entre sus ventajas destaca el mejoramiento de la salud fisica y mental de los internos 5, Se estima que esto es indudable por la participacién de elementos como el aire libre, luz, sol, espacios abiertos que son capaces de restaurar el equilibrio fisico, psfquico y moral de los penados, la mayorfa de las veces deteriorados. En 4 Véanse las Normas minimas para el Tratamiento de los Reclusos, adoptadas en 1957 por el Consejo Econsmico y Social en su resolucién 663C (XXIV) y ampliadas por la Asamblea General cen st resolucién 45/111, que contiene las Principios basicos para cl Tratamiento de los Reclusos. 35” As( se expres6 en el XII Congreso de La Haya de 1950, y en el de Naciones Unidas, punto 8, apartado a) «el establecimiento abierto facilita Ia readaptaci6n social de los reclusos y al mismo tiempo favorece su salud fisica y mental. ORIGEN Y EVOLUCION HISTORICA DE LA PRISION ” Segundo Togar, se alude a que atenta las tensiones de la vida penitenciaria y por consigniente disminuye la necesidad de recurrir a sanciones disciplinarias ©. Ea ‘érminos generales, este sistema permite que la sociedad recupere la confianza en el sujeto que cometié el delito, Fero no podemos obviar sus inconvenientes, entre los que destaca la posibili- dad de fugas, Ia facilidad de reestablecer relaciones delictivas con el mundo ente. Hor 0 18 posibilidad de introducir bebidas alcohdlicas, drogas u ottos abjetos pro- Bibidos. En todos los casos la probabilidad de que esto ocurra es muy inferior a la que se produce en las prisiones cerradas. {Las prisiones abiertas han proliferado en todo el mundo, aunque Suecia es sin duda el pais que ha intensificado mas este sistema, hasta el punto de que alberga a Ja tercera parte de sus reclusos y en la actualidad cuenta con mis de cincuents es. tablecimientos abiertos. 7. LOS PENITENCIARISTAS ESPANOLES MAS DESTACADOS DEL. SIGLO XIX Y XX La situaci6n carcelaria de la segunda mitad del siglo XIX y primeros afios del silo XX en Espaiia la conocemos gracias a las obras de Concepeién Acenal y Ra- fuel Salillas. Concepcién Arenal (1820-1893) escribi6 varios libros de estudios penitencia- Tos y numerosos articulos periodisticos sobre estos temas 7. Supo discutir las ven- ‘alas ¢ inconvenientes de los sistemas penitenciarios y fue capaz de denunciar los abusos ¢ injusticias que tenfan lugar en prisién, «En Espafia no pertenecen enteramente a la historia la crueldad con que se trata alos Presos y el punible abandono en que se los deja. El deber de alimentarlos se reconoce, fs cierto, y se cumple, aunque no bien, pero no el de vestirlos y albergarlos conve. aientemente. No en arrinconados pueblos de provincias, sino en capitales, y hasta en Jade la Monarqufa, ocupan Ingares l6bregos, hiimedos, reducides, altos en fin de toda condicién higiénica; carecen de cama y de vestido, y para cubrir su desnudez se im. lora, muchas veces en vano, la cazidad piblicas, 2° En el XII Congreso de La Haya de 1950, y en ol primer Congreso de Naciones Unidas de Ginebra se sostavo en el punto 8, 6) que: «la flexibilidad inherence al xégimen de establecimientos ‘bierios hace que el reglamento sea menos Severo, que se atense Ia tensiGn dela vida carclara » or consiguiente que se mejore la disciplina». [Fue nombrada Vistadora de las prisiones de mujeres de Galicia en 1863 y al aio siguiente Jnspectora de las Casas de Correccin de mujeres, aunque fue cesada al ao siguiente: Enre sus obrac Cestacan los siguientes ttulos: «Cartas a los delincuentes», «Estudios Penitenciarioss, «Manual del ‘Visitador del preso», «Las colonias penales de Australia» 0 «La pena de deportaciGn». 8 ANA ISABEL CEREZO DOMINGUEZ Estimaba que lo més urgente para logar una répida reforma penitenciaria, era crear un cuerpo facultativo penitenciario, hacer que las prisiones dependieran de! Ministerio de Gracia y Justicia, reducir a lo minimo indispensable la prisién pre- ventiva, aumentar el ntimero de los establecimientos penitenciarios para poder dis- minuir el ntimero de presos internos en cada uno de ellos y establecer el principio de que el penado no debe desempefiar en la prisién ningén cargo, ninguna funcién investida de poder sobre sus compaiteros. Rafael Salillas (1854-1923) conocié muy a fondo la vida carcelaria. Unfa a su condicién de médico la de funcionario inspector de servicios sanitarios de las pri- siones. Fue pionero en la elaboracién de estadisticas sobre patologfa carcelaria y sobre mortalidad de la poblacién reclusa. Sus estadisticas de enfermedades, concernientes al cuatrienio 1883-1886, muestran un claro predominio de ta tuberculosis y el célera en los centros penitenciatios, junto 2 otras dolencias del aparato respiratorio y a fiebres no bien diagnosticadas, Destacé principalmente por su censura contra el sistema disciplinario vigente en las prisiones. Su tesis consistfa en afirmar que Ia aplicacién de la disciplina mi- litar a los establecimientos penitenciarios era una aberracién. Los reclusos se divi- dian en brigadas de 100 hombres, mandados por un capataz de la clase de los sar- gentos o cabos primeros retirados del ejército o la armada. Las brigadas se subdi- vidian a su vez. en cuatro escuadras de 25 hombres cada una, mandados por un «cabo de vara» u otro interno (elegido entre los condenados) ***°, Estos habian de ponerse firmes ante el funcionario que les dirigiese la palabra y eran tratados en cambio sin respeto alguno. Se imponfan sanciones de gran dureza (semanas y meses de celda de castigo, palos y azotes, argolla, mordaza, pan y agua, agravacién de hie- 170s) por la mayor parte de las infracciones. Los malos tratos, de palabra y de obra, eran permanentes, asf como la imposicién de sanciones no previstas 0 prohibidas. Propuso que el régimen penitenciario procurase la recuperacién social del de- lincuente, su curacién en el caso de que ésta fuese necesaria, su habilitaci6n profe- sional, su educacién ¢ instruccién por medio del aprendizaje de oficios adecuados su nivel cultural 38 parte I, Titolo I, art, 80 de la Ordenanza General de Presidios del Reino de 14 de abril de 1834, Véase, Rivera Betkas, I: La edrcel en el sistema penal. Un andlists estructural, Bosch, Bar- ccelona, 1996, p. 69. 39 By «cabo de vara» interno se convertfa de esta forma en el verdadero delator de sus compa- fieros ante el comandante del presidio, y padfa con sus informaciones lograr la incoacién de expe- dientes disciplinarios contra otros reclusos. Todo ello le suponfa la obtencin paulatina de méritos ‘que iban a traducirse en un acortamiento de su condena, Por Real orden de 30 de diciembre de 1885 Tos cabos de vara son sustituides por celadores, Véase, Garnipo Gu2MAx, op. cit, p- 166. ORIGEN ¥ EVOLUCION HISTORIC DE LA PRISTON 19 Victoria Kent (1898-1987) fue nombrada Directora General de Prisiones du- rante la segunda Reptblica y durante el breve tiempo que estuvo en el cargo, ape- ‘nas un aio, llevé a cabo importantes medidas para acometer una profunda reforma penitenciaria, Entre todas destacan el aumento del capitulo presupuestario destina- do a la alimentacién de los reclusos, la supresi6n de las celdas de castigo sin luz, las cadenas y grilletes en todas las cérceles *, Ia entrada de la prensa en las cdrce- les, la supresién de 115 cérceles en pésimas condiciones, la instalacién de calefac- cidn en las enfermerias y escuelas de los centros penitenciarios, Ia puesta en liber- tad de los reclusos mayores de 70 afios, la formacién del personal del Cuerpo de prisiones *! o la introduccién de los permisos de salida para aquellos presos con buena conducta. 8. EL FUTURO DE LAS PRISIONES No cabe duda que la prisién a lo largo de la historia de la humanidad ha teni- do una estrecha relacién con los fenémenos econdmicos, sociales, ideoldgicos y politicos de una sociedad, Al revisar los origenes del sistema penitenciario po- demos encontrar Jas razones de fondo que explican la crisis del sistema carcelario actual, En nuestros dias, y desde los afios 60, debido en parte a la notable influen- cia de la Criminologfa critica, se viene reprochando abiertamente Ja eficacia de la prisin en la medida en que se considera una institucién burguesa de sometimien. to de tas personas rebeldes al sistema, cuya pretendida finalidad reformadora no es sino un propésito de asimilaci6n por la destruccién de la personalidad. Se exi- ge, por consiguiente, su supresién. La cércel, como lugar cerrado y aislado de la sociedad, no harfa més que manifestar un modelo socioeconémico de organizacién que se intenta imponer por parte de las mayorfas. Son numerosos los estudios que intentan descubrir los efectos perniciosos que produce la reclusi6n en un centro penitenciario®. Al ser humano le cuesta por na- turaleza vivir en cautividad, Los efectos que conlleva el internamiento penitenc rio se pueden clasificar en consecuencias somaticas y psicosociales, “© Esta importante medida, adoptada por Orden de 13 de mayo de 1931, llevé a Victoria Kent 4 ordenar realizar un busto de Coneepei6n Arenal con los hierras y grilletes fundidos. #1 Bajo la direccién de Jiménez de Asta crearon el Instituto de Estudios Penales en 1932 para impantir clases de derecho penal y penitenciario alos funcionarios de prisiones, entre otros. © Véase, FERNANDEZ GaRcta, J. y otros: Manual de Derecho penitenciario, Ea. Colex, 2001, Pp. 59-63, ‘© Véase, VALVERDE MOLINA, J.: La creel y sus consecuencias. La intervencién sobre la con- ducta desadapiada, Ba. Popular, Madrid, 1991, pp. 100,y ss. 20 ANA ISABEL CEREZO DOMINGUEZ Una primera consecuencia del internamiento penitenciario sobre el recluso son Jas alteraciones sensoriales. El hacinamiento en que vive el preso incide profunda- ‘mente en los sentidos, tanto de una manera fisica como psicolégica, y muy espe- cialmente en a visi6n y la audici6n. En primer lugar, en lo que se refiere a la vi- si6n, el recluso, a los pocos meses de ingresar experimenta lo que se denomina eceguera de prisién», provocada por la permanente ruptura del espacio. Esa confi- guraci6n espacial produce frecuentes dolores de cabeza, ¢ incluso una deforma- cin de la percepcién visual, que hace que se pierdan formas e incluso colores. Otro sentido que se encuentra afectado es la audicién. La pérdida progresiva de audicién se debe a Ja escasez de ruidos contrastados en prisi6n, siendo el nivel de ruido muy alto y, al mismo tiempo, sordo y constante, que se ve inerementado por- que la arquitectura penitenciaria hace que el sonido retumbe permanentemente, Entre las variadas consecuencias psicosociales que el recluso puede padecer destaca el estado permanente de ansiedad, motivado por la ausencia de control so- bre su vida, ante una situacién institucional poderosa, violenta y anormalizadora y ante unas relaciones interpersonales fuertemente jerarquizadas y centradas en la conflictividad, Ja exageraci6n de las situaciones, la alteraci6n de su sexualidad, la ansencia de expectativas de futuro, Ia ausencia de responsabilidad en un medio don- de todo esté preestablecido, la pérdida de vinculaciones con lo que se ha dejado fuera“ 0 la sensacién de desamparo. E} concepto denominado «efecto de prisionizacién», entendido como la habituaci6n del recluso a una serie de usos y costumbres propios del entorno carcelario, parece integrar todas estas consecuen- cias principalmente perjudiciales para la salud mental del recluso. ‘Desde el punto de vista de la eficacia de la prisién, ningéin estudio empirico ha logrado demostrar una relacién positiva entre la aplicacién de esta pena y el control del delito. Muy al contrario, se ha demostrado mds bien que =! encierro en si mismo en pocas ocasiones logra modificar el comportamiento del interno en tér- minos de disuasién delictiva, pudiendo tener incluso un efecto criminégeno**. Pero el camino del abolicionismo no ha conducido a ninguna solucién cons- tructiva. No es posible por ahora suprimir las cérceles. De hecho, la politica crimi- nal actual de la mayor parte de los pafses occidentales tiende a la construccién de -nnevos centros. Desde principios de los afios 80 empresas privadas, con intereses econémicos ¥ bajo concesién estatal, empezaron a dirigir y gestionar prisiones en los Estados Unidos, con Ia intenci6n de aliviar los problemas de la superpoblacién 4 Véase, PAINO QuESADA, S.G. y otros: «Niveles de ansiedad de madres en Ja eércel», en Bo- letin Criminoldgico, nan. 77, dic 2004-ener0 2005, pp. 1-4 4 Véase, Luque Rena, ME, FERRER PUIG, M. y CAPDEVILA T CAPDEVILA, M.: La reincidéncia penitencidria a Catalunya, Centre d'Estudis Juries i Formacié Especialitzada, Barcelona, 2004. ORIGEN Y EVOLUCION HISTORICA DE LA FRISION a carcelaria y el esfuerzo presupuestario que supone mantener las prisiones a costa del erario pitblico 6, Esta iniciativa ha sido trasladada a otros pafses anglosajones como Gran Bretafla o Australia. En determinados pafses europeos, como Francia, Bélgica u Holanda, no se puede hablar propiamente de privatizacién sino més bien de la introduccién de elementos privados en algunos de los servicios que operan en la administracién penitenciaria. Partiendo de que la prisidn es un mal necesario, se tratarfa de convertir, en la ‘mayor medida posible, ese mal en un bien para la sociedad y para el penado. El tiempo transcurrido en prisién debiera ser itil. El interno debe aceptar y asumir su responsabilidad al enfrentarse con sus propias experiencias probleméticas fuera de prisidn y al tratar de conocer, en la medida de Io posible, las consecuencias de su comportamiento delincuente en relacién a las victimas. Este es un valor esencial que debiera determinar la forma y contenido del régimen penitenciario”. Para lograr este objetivo es necesario reconocer el status legal del interno. En los tiltimos afios han protiferado varios textos internacionales tendentes a recoger los derechos y los deberes de las personas sometidas a pena de prisién. Las Nacio- nes Unidas han aprobado varios documentos sobre normas generales para el trato de personas bajo custodia oficial: Las Reglas minimas para e] tratamiento de pre- 50s de 195748, fos Principios basicos para el tratamiento de los reclusos de 1990, los Principios para la proteccién de todas las personas sometidas a cualquier for~ ma de detencién o prisién de 1988 °° 6 las Reglas de las Naciones Unidas para la protecciGn de los menores privados de libertad de 1990! % Véase, entre otros, SANZ DELGADO, E.: Las prisiones privadas: La partiipacién privada en la ejecucin peitenciaria, EA. Edisofer, Madrid, 2000, p. 159. “9 Véase, Pevens, T: «Bl farur de las prisiones: los valores esenciales» en Carceles de matt ra, Reforma penitenciaria en el tercer milenio, Beristain y De la Cuesta (comps) Instituto vaseo de Crimminologis, Donosta, 1993, pp. 101-110, p. 107 4 Las Reglas mfnimes para el tratamiento de los reclusos fueron adoptadas por el Primer Con- reso de las Naciones Unidas sobre Prevencién del Delito y Tratamiento del Delinewent, celebrado en Ginebra en 1955, y aprobadas por el Consejo Beondmico y Social en su resoluciones 663C (XXIV) de 31 de julio de 1957 y 2076 (LX) de 13 de mayo de 197 (itpulww.ohchrore/spanish/law! rectusos. tm). “© "Los Principios bésicos para el tratamiento de los reclusos fueron adoptados y proclamados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su esolucién 45/111, de 14 de diciembre de 1990 (tpwa-ohelsorp/spanish/law/tratamiento_reclusos.him). © Los Principios para la protecciga de todas las personas sometidas a cualquier forma de de- tencisn oprisién fueron adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolusién 43/173, de 9 de diciembre de 1988 (hitp:/www.obchr.org/spanisilaw/detencion btm). 5" Las Reglas de las Naciones Unidas para la protecci6n de los menores privaios de libertad fueron adoptadas por la Asamblea General en suresolucién 45/113, de 14 de diciembre de 1990 (hap! ‘ws ohehr org/spanishlaw/menores.htm). 2 ANA ISABEL CEREZO DOMINGUEZ La Recomendacién «Reglas de las prisiones europeas» es la tercera version de Jas normas penitenciarias europeas, desde su primer intento en 1973. En esta oca- si6n han sido adoptadas por el Comité de Ministros del Consejo de Europa, duran- te su 952.* reunién celebrada en Estrasburgo (Francia), el 11 de enero de 2006 5 Estas 108 reglas se consideran la base minima para el tratamiento del infractor por parte de la Administracién penitenciaria de los 46 paises miembros del Consejo de Europa. En aras de lograr una mayor eficacia de la institucién penitenciaria en la posi- ble readaptacién del delincuente a la vida en libertad es necesario reclamar la uti- lizacién de la prisién como ultima ratio del sistema de penas, asf como la «

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