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Semana 09 CASTELLANO Y LITERATURA E.M.P 1º S.

EL ROMANTICISMO

El Romanticismo fue un fenómeno cultural.

Afirma Ugo Dettore que en el siglo XVII comenzó un deleite "con cuanto era fantástico e irracional,
misterioso y extrañante, melancólico o terrorífico...", esto es un anuncio de la estética romántica.
1. Antecendentes:

Iniciadores: Schlegel Lo Sentimental: Musset

Schiller Alemania Víctor Hugo

Heine Lamartine
Francia
Chateaubriand

América

La reacción del Romanticismo en contra del Neoclasicismo puede sintetizarse en


las siguientes fórmulas:
Razón
Neoclasicismo = Objetividad
Sentimiento
Sentimiento
Romanticismo = Subjetividad
Razón

2. Características: valores: las tradiciones, el cristianismo y el espí-


ritu del medioevo.
a. El alma popular:
d. Lo contemporáneo:
Preferencia por lo espontáneo y primitivo.
Con la exploración del pasado surge tam-
b. La libertad de inspiración: bién interés por los acontecimientos recientes.

Caracterizada por la irracionalidad y la intui- e. Lo exótico:


ción proveniente de la intimidad del poeta.
Evasión hacia la lejanía espacio-temporal.
c. El mundo medieval:
f. Lo autóctono:
Sustituye al mundo clásico.
Exaltación de lo nacional y popular. El poeta
Estudios eruditos del siglo XVIII reinvidican reafirma así su individualidad a través de su am-
la épica, los cantares de gesta y con ellos sus biente y su paisaje.

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El Romanticismo Hispanoamericano:

El Romanticismo en Hispanoamérica aparece en el año 1830 y se mantiene, aproximandamente,


hasta el año 1880 cuando es reemplazado por el Modernismo.

• Anarquía Política Caudillismo


Romanticismo
• Caos Social Privilegios de clase
Hispanoamericano
• Colonialismo Esclavitud, Latifundio

Contexto • Rebeldía frente a la adversidad


Histórico
• Exaltación del yo: Contra lo establecido.
• Evasión: La naturaleza como refugio
Alma Romántica
Naturaleza = Dios = Panteísmo
• Expresión sentimental y religiosa del mundo
interior del poeta.

Tendencias
Lírica Color Local Narrativa
• Poesía gauchesca.
• El costumbrismo.
• Romanticismo histórico-social.
• Lírica romántica. • El criollismo.
• La epopeya romántica.
• El nativismo.
• El regionalismo.

Chateaubriand Victor Hugo Musset Lamartine Schlegel

1. Compare las diferencias entre el Romanticismo y el Neoclasicismo.


ACTIVIDADES

2. Señale las principales características del romanticismo y el romanticismo hispanoameri-


cano.

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Semana 09 CASTELLANO Y LITERATURA E.M.P 1º S.

El Romanticismo Histórico-Social.

Princilapes Representantes
En Francia En Venezuela

Juan Vicente González


Rene de Chateaubriand
(1810-1866)

Obras: "El Genio del Cristianismo"

• "Páginas de la Historia de
Colombia y Venezuela".
Obras:
Jule Michelet • "Biografía de José Félix Ribas".

• "Meseniana a Femín”.

Obras: "Historia de Francia"

Características.

Tendencia Literaria: g. Estilo poético:


a. Presenta hechos históricos y sus héroes. Tono declamatorio, uso de recursos literarios
para conmover y convencer al lector.
b. El autor manifiesta su opinión y emoción
ante los hechos.
h. Visión crítica de la realidad:
c. Deseo de transformación social que con-
lleva ideas reformistas. El autor busca explicar los hechos y los rela-
ciona con el pasado.
d. Obras ideológicas-doctrinarias .
i . Visión subjetiva del hecho histó-rico:
e. De profunda repercusión en hispanoamé- El "yo" del autor está presente. Él expresa sus
rica. ideas, sus emociones o sentimientos.
f . La empatía: j. Apoyo en fuentes documentales: El
autor parte de referencias reales para emitir sus
El historiador se identifica con los hechos juicios con veracidad.
que narra.

1. Establezca algunas diferencias entre la literatura neoclásica y la literatura romántica.


ACTIVIDADES

2. Determine a cuál tendencia romántica pertenecen los textos presentados.


3. Señale brevemente la temática de cada uno.
4. Precise las características románticas en ellos y dé ejemplos.

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"VENEZUELA HEROICA"
La Victoria (Ii) Eduardo Blanco
¡He aquí el año terrible! El año de la sangre y de las pruebas, en cuyo pórtico aparece
escrito por la espada de Boves, el Lasciate ogni sparanza para los republicanos de Venezuela.
En torno de aquel feroz caudillo, improvisado por el odio, más que por el fanatismo realista, las
hordas diseminadas en la dilatada región de nuestras pampas, invaden, como las tumultosas olas de mar
embravecida, las comarcas hasta entonces vedadas a sus depredaciones.
Mayor número de jinetes jamás se viera reunido en los campos de Venezuela. De cada cepa de hierbas
parecía haber brotado en un hombre y un caballo. De cada bosque, como fieras acosadas por el incendio,
surgían legiones armadas, prestar a combatir. Los ríos, los caños, los torrentes que cruzan las llanuras,
aparecen erizados de lanzas y arrojan a sus riberas tropel innúmero de escuadrones salvajes, capaces de
competir con los antiguos centauros.
Suelta la rienda, hambrientos de botín y venganza, impetuosos como una ráfaga de tempestad, ocho
mil llaneros comandados por Boves, hacen temblar la tierra bajo los cascos que galopan veloces hacia el
centro del territorio defendido por el Libertador.
Nube de polvo, enrojecida por el reflejo de lejanos incendios, se extiende cual fatídico manto sobre la
rica vegetación de nuestros campos. Poblaciones enteras abandonan sus hogares. Desiertas y silenciosas
se exhiben las villas y aldeas por donde pasa, con la impetuosidad del huracán, la selvática falange, en pos
de aquel demonio que le ofrece hasta la hartura el botín y la sangre, y quien ella sigue en infernal tumulto
cual séquito de furias al dios del exterminio.
Es la invasión de la llanura sobre la montaña: el desbordamiento de la barbarie sobre la República
naciente.
Conflictiva de suyo la situación de los republicanos, se agrava con la aproximación inesperada del
poderoso ejército de Boves.
Bolívar intenta detener las hordas invasoras, oponiéndoles el vencedor en “Mosquiteros”, con el ma-
yor número de tropas que le es dado presentar en batalla.
Vana esperanza, Campo-Elías es arrollado en “La Puerta”, y sus tres mil soldados acuchillados sin
misericordia.
Tan funesto desastre amenaza de muerte la existencia de la República.
Campo-Elías vencido, es la base del ejército perdida, el flanco abierto, la catástrofe inevitable.
Todos los sacrificios y prodigios consumados por el ejército patriota para conservar bajo sus armas
la parte del territorio tan costosamente adquiridas, van a quedar burlados.
La onda invasora se adelanta rugiendo: nada la resiste, todo lo aniquila. Detrás de aquel tropel de in-
dómitos corceles, bajos cuyas pisadas parece sudar sangre la tierra, los campos quedan yermos, las villas
incendiadas, sin el pan rico, sin amparo el indigente: y el pavor, como ave fatídica, cerniéndose sobre fa-
milias abandonadas y grupos despavoridos y hambrientos que recorren las selvas como tribus errantes.
¡El nombre de Boves resuena en los oídos como la trompeta apocalítica!
Cunde el terror en todos los corazones, mina la desconfianza el entusiasmo del soldado; Caracas se

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estremece de espanto, como si ya golpearan a sus puertas las huestes del feroz asturiano; decae la fe en los
más alentados, y una parálisis violenta, producida por el terror, amenaza anonadar al patriotismo. Cual
si uno de los gigantes de la andina cordillera hubiese vomitado de improviso gran tempestad de lavas y
escorias capaz de soterrar el continente americano, todo tiembla y todo se derrumba.
Sólo Bolívar no se conmueve; superior a las veleidades de la fortuna, para su alma no hay contrarie-
dad, ni sacrificio, ni prueba desastrosa que la avasalle ni la postre.
Sin detenerse a deplorar los hechos consumados, alcanza con el relámpago del genio los horizontes
de la patria; pesa la situación extrema que le trae la derrota de Campo-Elías y la doble invasión que prac-
tican a la vez Rosete y Boves sobre la capital y sobre el centro de la República; mide sus propias fuerzas,
que nunca encontró débiles para luchar por la idea que sostuvo, y concibe y pone en práctica, con enérgica
resolución, un nuevo plan de ataque y de defensa.
Seguido de parte de las tropas con que asedia a Puerto Cabello, va a fijar en Valencia su cuartel
general: punto céntrico, desde el cual con facilidad puede auxiliar a D´Eluyar, a quien ha dejado frente a
los muros de la plaza sitiada; al ala izquierda del ejército patriota, que cubre el Occidente; y a atender al
conflicto producido en Aragua con la aproximación de Boves.
A tiempo que Ribas improvisa en Caracas una división para marchar sobre el enemigo, Aldao recibe
orden de fortificar el estrecho de la Cabrera, donde va a situarse Campo-Elías con los pocos infantes sal-
vados de la matanza de La Puerta.
A Urdaneta, que combate en Occidente, se le exige reforzar con parte de sus tropas las milicias que se
organizan en Valencia. Instasele a Mariño a que acuda en auxilio del Centro. Díctanse medidas extremas;
pónese a prueba el patriotismo; al que puede manejar un fusil se le hace soldado; acéptase la lucha, por
desigualdad que sea; y Mariano Montilla, con algunos jinetes, sale veloz del cuartel general, se abre paso
por entre las guerrillas enemigas que infestan la comarca, y va a llevar a Ribas las últimas disposiciones
del Libertador.1
Nada se omite en tan difíciles circunstacias; lo que está en las facultades del hombre, se ejecuta, lo
demás toca a la suerte decidirlo.
El conflicto, entre tanto, crece con rapidez. Como aquellos conquistadores asiáticos, ávidos de poder
y venganza, Boves se adelanta por entre un río de sangre, que alimentan sus feroces llaneros al resplandor
siniestro de cien cabañas y aldeas incendiadas, que el invasor va dejando tras si convertidas en ceniza.
Apercibido a la defensa, el Libertador aguarda confiado en su destino la suceción de los aconteci-
mientos que van a efectuarse. Al terror general que le circunda, opone, como la fuerza mayor, su carácter
tenaz e incontrastable; el huracán que se desata para aniquilarle, enfrenta en primer término, toda una
fortaleza: el corazón de José Félix Ribas.
El jaguar de las pampas va a medirse con el león de las sierras; son dos gigantes que rivalizan en
pujanza y que por primera vez van a encontrarse.
III
Apenas con siete batallones que no exceden en conjunto de 1.500 plazas, un escuadrón de dragones
y cinco piezas de campañas, Ribas ocupa a La Victoria, amenazada a la sazón por el ejército realista.
Escaso el número de combatientes que el general republicano va oponer al enemigo, pero el renombre
adquirido por este jefe afortunado alienta a cuantos le acompañan.

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Empero: ¿sabeis quiénes componen, en más de un tercio, ese grupo de soldados con que pretende
Ribas combatir al victorioso ejército de Boves? ¡Parece inconcebible!
En tres años de lucha, Caracas había ofrendado toda la sangre de sus hijos al insaciable vampiro
de la guerra; hallábase extenuada, sin hombres que afrontar a la defensa de su invadido territorio; y al
reclamo de la patria en peligro, sólo había podido ofrecerle sus más caras esperanzas: los alumnos de su
Universidad.
Allí van a buscarse los nuevos lidiadores que exhibe la República en aquellos días clásicos de cruentos
sacrificios: y una generación, todavía adolescente, abandona las aulas y el Nebrija para tomar el fusil.
Sobre la beca del seminarista se ostentan de improviso los arreos del soldado. Y parten en solicitud
del enemigo los imberbes conscriptos, confundidos con las tropas de línea; así como acostumbran el oído
a los toques de guerra, y a las voces de mando de aquello nuevos decuriones que se prometen enseñarles
a morir por la Patria.
Todos marchan contentos; diríase que están de vacaciones. ¡Pobres niños! ¡Ligero bozo sombrea
apenas sus labios y ya la pólvora va a enardecerles el corazón; apenas la sangre generosa de sus padres
siente correr ardiente por las venas, y ya van a derramarla! ¡La Patria lo reclama!
¡Libertad! ¡libertad! cuánta sangre y cuántas lágrimas se han vertido por tu causa...¡y todavía hay
tiranos en el mundo!
La situación de La Victoria, hasta entonces desguarnecida, y en la expectativa de ver caer sobre ella
el azote del cielo, como a Boves nombraban, expresa elocuentemente el grado de terror que infundían en
nuestras masas populares la vista de la sangre producía vértigos voluptuosos y fruiciones infernales.
Toda humana criatura sin distinción de edad, sexo o condición social, trataba de desaparecer de la
presencia de tan funesto aventurero.
Los bosques se llenaban de almendrados fugitivos, que preferían confiar la vida de sus hijos a las
fieras de las selvas, antes que a la clemencia de aquel monstruo de corazón de hierro, que jamás conoció
la piedad.
En el poblado, el silencio lo dominaba todo; nada se movía casi no se respiraba. Los niños y las aves
domésticas, parecían haber enmudecido; los arroyos callaban; el viento mismo no producía en los árboles
sino oscilaciones sin susurros.
Los que no habían podido huir a las montañas, se iniciaban abatidos en el recinto del hogar, busca-
ban la oscuridad para ocultarse en ella como en los pliegues de un manto impenetrable, y a cada instan-
te, sobrecogidos de pavor, creían oír ruídos siniestros, precursores de la catástrofe que los amenazaba,
ruidos que no deseaban escuchar, pero que el terror sabía fingirles, haciéndoles más larga y palpitante la
zozobra.
Ribas fue acogido por aquel pueblo agonizante, como enviado del cielo.

1
Entre los jinetes que acompañan esta vez a Montilla, y que luego toman parte en la batalla, figuran los entonces muy jóvenes
Santos Michelena, su hermano Vicente y Lázaro Olivo. El primero, en época posterior, uno de nuestros hombres públicos
más eminentes. (Nota de Eduardo Blanco).

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LA EPOPEYA ROMÁNTICA

Significado.

La Epopeya Romántica es una de las manifestaciones del Roman-


ticismo. La integran elementos de carácter épico y del Romanticismo
Histórico-Social.

Su primer representante en Venezuela fue Eduardo Blanco


(1839-1912), autor de:

"Venezuela Heroica"
(1883)
Narraciones de las más importantes batallas de nuestra
guerra independentista

Eduardo Blanco

Episodios:
I Edición (1881) II Edición (1883)

"Sitio de Valencia
Maturín"
"La Victoria"
"La Invasión de los
"San Mateo"
Seiscientos"
"Boyacá"
"La Casa Fuerte"
"Carabobo"
"San Félix"
"Matasiete"

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