PONENCIA MARCO PARA EL ENCUENTRO IRES-2016

1. El escenario
Supongamos que …
a) Los límites biofísicos ya están aquí. Indicadores: agotamiento progresivo de los recursos,
con picos de producción en los próximos 30 años (según la AIE el petróleo tuvo su pico en
2015); y en relación con el cambio climático parece claro que la débil respuesta gubernamental
(recomendaciones de la última conferencia de Paris, sin poder vinculante) nos llevan a un
escenario en el que se sobrepasará el límite de los 2 grados que supone un “punto de no retorno”
y el desarrollo de procesos irreversibles asociados al calentamiento global (cambios drásticos en
los ecosistemas), a lo largo del presente siglo (acompañados, como ya señalan varios estudios,
de fuertes hambrunas y desplazamientos masivos de población).
b) Que el 1 % ( en plan capitalismo kamikaze) ha decidido una huida hacia adelante .
Indicadores: (1) desde 1972 (informe sobre los límites del crecimiento) se pone en marcha la
“revolución” neoliberal (hipótesis del neoliberalismo como respuesta al decrecimiento); (2) ante
la disminución de los recursos se pretende seguir acumulando riqueza, privando de la misma a
cada vez más gente, es decir, entramos en una fase de la evolución del capitalismo en la que la
acumulación se hace por desposesión (saqueo sin más) y no por la producción de bienes, de
forma que las clases medias se precarizan, se generaliza la exclusión social y se liquida el
“estado del bienestar”, fase que algunos autores dudan que se pueda seguir llamando capitalista,
en la medida en que ya no se obtienen las ganancias de la producción sino de imprimir sin más
el dinero (un tanatocapitalismo, que roba y mata más y más mientras no termina de morir); (3)
todo ello acompañado de una guerra por los recursos, y del enfrentamiento entre el capitalismo
financiero anglosajón y los capitalismos más asociados a la producción o a la extracción,
presente en todos los conflictos actuales; (4) la sustitución progresiva del capitalismo “blando”
por un capitalismo “duro” que combina, a una escala sin precedentes, la represión directa
(incremento del autoritarismo), el uso del caos y el miedo (doctrina del shock, indefensión
aprendida, fatalismo) con los mecanismos de control social más amplios que se conocen
(hipervigilancia, cultura de la superficialidad y el espectáculo, etc.) que alienan y enajenan a la
población, y que evitan su reacción a la desposesión global y al incremento de la desigualdad;
(5) el caos económico, de forma que hasta economistas ortodoxos indican que estamos en una
trampa de liquidez y de deflación asociadas a la desposesión masiva, que supone de hecho la
desconexión entre la economía real y la financiera, y el incremento imparable del paro (la
producción y el consumo dejan de ser motores de la dinámica social) y de la desigualdad.
c) Que si el 1 % se muestra incapaz de enfrentar los límites biofísicos y trabaja ya con el
“sálvese quién pueda”, y los gobiernos están a sus órdenes (no parece que les preocupe el resto
de la población), parece previsible que la crisis se profundice, con lo que esto supone de más
desigualdad y empobrecimiento de la población (incluso la muerte para muchos millones de
personas).
d) Que la respuesta social seguirá siendo débil, tanto por los mecanismos de control de la
población antes mencionados como por la postura de la “izquierda” anclada aún en el pasado,
que no asume el fin del modelo socioeconómico basado en el crecimiento ilimitado y que
sigue pregonando que el problema es repartir bien la tarta (que según ellos seguirá creciendo).
Si esta hipótesis es correcta (agudización de la crisis sistémica y posible colapso del sistema)
parece necesario preparar a la población para este cambio.
2. Las alternativas (y un poco de termodinámica)

En los análisis existentes sobre el colapso del sistema (véase, por ejemplo, el texto En la espiral
de la energía), se hace hincapié en dos variables: la circulación de materiales y el flujo de la
energía en los sistemas sociales. Sin embargo, desde los años setenta del siglo pasado, tenemos
desarrollos teóricos (termodinámica de los procesos irreversibles de Prigogine, ecología
energética de Odum y Margalef, paradigma de la complejidad de Morin …) que describen el
cambio de sistemas complejos abiertos en reorganización continua como un cambio en el que
intervienen tres factores en interacción: materia, energía e información. Este tercer factor es
esencial para elaborar alternativas a la crisis, dado que los otros dos, tal como hemos visto más
arriba, son más difíciles de controlar (el decrecimiento, asociado al agotamiento de los recursos
y al cambio climático, parece ya inevitable).
Nos dice la termodinámica que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma, y en esa
transformación se degrada (si yo me como un bocadillo tomo energía química de “calidad” que
transformo, por ejemplo, en calor, forma de energía más “pobre” que ya no puedo utilizar para
realizar un trabajo). Pero también nos dice que determinados sistemas complejos sometidos a un
flujo de energía presentan una interesante cualidad: aunque la energía se degrade deja una
“huella” en forma de información (entendida aquí como organización). Es decir: el sistema se
ordena de una determinada forma, de manera que, aunque la energía fluye, nos quedan
estructuras que van a condicionar el uso posterior de ese flujo de energía. En los términos
de Margalef:
La acumulación de información no es gratuita, pues significa cambios de energía y, por tanto,
un aumento del valor de la función entropía. Pero la información conseguida, persistente en
forma de estructura, puede orientar en uno u otro sentido el uso futuro de la energía, de
manera tal que se puede juzgar más eficiente (p. 21, edición en castellano de La biosfera, entre
la termodinámica y el juego).
Este concepto es clave para el tema que nos ocupa. Con un mismo suministro de energía un
sistema puede hacer cosas muy distintas según sea la información (organización) de ese sistema.
En términos sociales: una sociedad puede evolucionar hacia formas mucho más eficientes
del uso de la energía disponible según sea su organización. De ahí que haya que propiciar el
cambio social en el sentido de optimizar el uso de la energía disponible en un proceso de
decrecimiento justo y ordenado.
Asumir este principio supone un cambio radical en nuestra concepción de las alternativas al
colapso caótico del sistema. Habría que analizar dichas alternativas desde la perspectiva de un
uso más eficaz de la energía (lo que implica integrar cuestiones como las del buen vivir o la
lucha contra la desigualdad en este esquema más ecológico y “termodinámico”). Algunos
ejemplos:
a) La organización del espacio es clave para un uso más eficaz de la energía. En Permacultura
se pueden alcanzar TRE (tasa de retorno energético, cantidad de energía que obtenemos
invirtiendo una unidad de energía) mayores de 40 con bancales profundos y con plena
integración de la producción agrícola en los ciclos naturales (frente a TRE menores de 1 propias
de la agricultura industrial). También sabemos que la ordenación reticular de un territorio
combinando unidades ambientales diversas (por ejemplo, zonas urbanizadas, con zonas de
pastos, huertas y bosque) es mucho más eficaz a la hora de utilizar la energía entrante (en
ecología se habla de redes cuyos nudos son ecosistemas con diferente grado de humanización).
Algo similar se plantea para la ciudad (integración rural-urbano, con espacios diversificados y
polivalentes e interfaces porosas y difusas).
b) En el mismo sentido, es esencial la organización del transporte horizontal de materiales en
los sistemas sociales (sería un transporte vertical la fotosíntesis, la lluvia o la absorción de agua
por las plantas, y un transporte horizontal el desplazamiento de las nubes o de un ser vivo de un
lugar a otro). Actualmente consumimos enormes cantidades de energía en dicha forma de

transporte, por lo que cualquier alternativa pasa por disminuir el transporte horizontal, que
podría ser mucho más eficaz desarrollando redes locales de producción-consumo (aunque se
mantenga una alta tasa de transporte horizontal de información, por ejemplo, internet, pues es
imprescindible para la cooperación entre las redes locales y consume, además, muy poca
energía). En todo caso, y ante la disminución de la energía exosomática disponible, habría que
potenciar el transporte horizontal basado en la energía endosomática (andar, ir en bicicleta).
c) Habría que realizar un cambio radical en la organización del trabajo, evitando por una parte
el transporte horizontal despilfarrador de energía y eliminando todas aquellas actividades
humanas que suponen gasto energético pero con muy poca funcionalidad social (desde la
perspectiva decrecentista). Actualmente solo un 4 % de la población activa se dedica a la
agricultura, mientras que hay una multitud de trabajos del sector terciario dedicados a la
regulación del sistema (seguridad, defensa, burocracia, espectáculos, turismo, finanzas, etc.) que
serían innecesarios en una organización social de redes locales no jerarquizadas. Incluso
funciones como la educación o los cuidados deberían ser revisadas (desaparición del sistema
educativo y educación asociada a las actividades comunitarias, colectivización del tema de los
cuidados). Un cambio de este tipo eliminaría incontables horas de trabajo (y por tanto energía)
dedicadas a tareas perfectamente prescindibles pues no suponen una mayor calidad de vida
(pensemos en los miles de horas/ unidades de energía que niños y niñas – y profesores y
profesoras- dedican a tareas mecánicas en la escuela, o en los miles de horas que dedicamos al
papeleo de todo tipo). Por supuesto que este planteamiento va ligado a una redefinición del
concepto de trabajo (ya no sería el trabajo asalariado sino las horas que dedicamos cada uno a
las tareas comunitarias).
d) En relación con el desarrollo de redes, también habría un ahorro considerable de energía
sustituyendo la familia nuclear como unidad de consumo (una cocina, una lavadora, etc. para
un grupito muy pequeño de gente) por comunas que funcionarían con unas actividades y
utensilios domésticos comunes.
e) Resulta imprescindible, ante una menor disponibilidad de energía, incrementar la calidad de
la información, sustituyendo el pensamiento cotidiano simplificador por un pensamiento más
complejo que ayude mejor a resolver problemas. Debemos pensar, por ejemplo, que en el
sistema actual la investigación y la creatividad solo se potencia en un sector muy pequeño de la
población (científicos, artistas, algunos gestores) y que si esa capacidad se desarrollara en el
conjunto de la población se multiplicaría exponencialmente la posibilidad de resolver los
problemas propios del decrecimiento. Un caso particular sería el de Internet, que tendría que
pasar de ser un elemento de control social (población alienada) a ser un elemento dinamizador
del intercambio de ideas y la construcción de conocimiento útil para la sociedad. En definitiva,
necesitaremos mucha mayor capacidad de procesar información y mejores modelos teóricos
para resolver los problemas.
f) En el mismo sentido, y dado que el trabajo cooperativo y las sinergias optimizan el uso de la
energía, resulta esencial la transición desde el antagonismo como valor social supremo
(competencia, egoísmo, individualismo …) a la complementariedad (altruismo, solidaridad
…). Es decir, no hay solución individual al tema del colapso civilizatorio (no nos podemos
aislar de un cambio de esta magnitud y la respuesta viable debe ser colectiva).
3. Resiliencia y educación
Un programa alternativo como el propuesto más arriba necesita de un cambio radical de la
sociedad: la sustitución de una sociedad jerarquizada, basada en la dominación, por una
organización social igualitaria de redes horizontales, autogestionarias, democráticas, etc.
Pero para realizar tal cambio y aumentar así la resiliencia de la población tenemos que cambiar
la organización de la mente de las personas (en el sentido de la “mente bien ordenada” de

Edgar Morin) y el ideario colectivo de las comunidades. Es decir, hay que educar, ya, desde
esta perspectiva.
Y habrá que hacerlo ajustando nuestras propuestas a los cambios que se van produciendo en las
condiciones de vida de las personas. Así, las mejores condiciones para hacer una campaña de
fomento del uso de la bici se dan cuando la gente tiene que dedicar un porcentaje cada vez más
alto de su renta al transporte. O la proliferación de los huertos urbanos (considerados
inicialmente como un tema de ocio) asociada a la necesidad del autoabastecimiento.
En este contexto, la escuela debe convertirse en un recurso dinamizador del cambio social
(aunque en último término lleguemos a una desescolarización de la sociedad en el sentido de
Illich). Ello supone una actividad educativa centrada en:
a) Comprender que toda actividad humana está integrada en los ciclos naturales, y que existen
factores que limitan el crecimiento. Que ignorar estos factores ha generado problemas como el
cambio climático o el agotamiento de los recursos, que cuestionan la propia continuidad de
nuestra especie. Especialmente, la escuela debe trabajar la problemática de la energía, del agua,
del ciclo de la materia (extracción, producción, transporte, consumo, residuos) y de la
autonomía alimentaria, con recursos como huertos escolares, mercadillos solidarios, campañas
de todo tipo, etc.
b) En todo caso, el estudio de los límites debe asociarse a la idea de que el ahorro de recursos
no supone necesariamente pérdida de calidad de vida, idea que solo se desarrolla
adecuadamente si alumnos y alumnas “vivencian” que se puede ser feliz realizando actividades
que no requieren muchos recursos (solo se trata de potenciar algo que ya viven en el patio de
recreo cuando realizan multitud de juegos sin necesidad de consumir bienes), actividades que
deben ser más juegos que trabajos rutinarios y aburridos (la investigación como juego es
potencialmente muy atractiva y motivadora, una actividad colectiva de juego de rol puede ser
muy divertida y no requiere materiales a consumir).
c) El estudio de esos temas debe ir asociado al desarrollo de estrategias para adaptarnos
mejor a los límites biofísicos existentes, desde la perspectiva del ahorro de recursos. Muy
especialmente habrá que trabajar en proyectos en los que los alumnos y las alumnas tengan que
diseñar y desarrollar distintas modalidades de ahorro ( viendo, por ejemplo, en el huerto escolar,
la diferencia entre la permacultura y un modelo agrícola convencional). También habrá que
analizar el valor comunitario de distintas actividades, evaluando en qué medida satisfacen las
necesidades humanas (desde una perspectiva del “buen vivir”).
d) En cualquier caso, lo que hagamos no debe quedar reducido al ámbito del aula. Si el objetivo
es potenciar redes comunitarias locales a la hora de enfrentar los problemas socioambientales,
desde la escuela debemos “entrenar” al alumnado en un funcionamiento en red, propiciando las
interacciones en el aula, entre aulas, entre sectores de la comunidad educativa, entre centros y
entre el ámbito escolar y el resto de la sociedad. Dichas interacciones se deberán construir en
torno a proyectos concretos (por ejemplo, conectar y coordinar las acciones de los huertos
escolares de una zona con los huertos sociales allí ubicados, crear redes de consumo de
productos ecológicos generados localmente, organizar redes de “caminos escolares”, organizar
eventos como yincanas o mercadillos populares, crear redes de apoyo mutuo, etc.). Los
recursos, proyectos, experiencias y materiales curriculares podrán generarse en diferentes
contextos (aula, centro, barrio, localidad ...) pero siempre buscando la coordinación y el
intercambio de información.
e) Esta vocación de ir más allá del aula supone también educar a aquellas personas y grupos que
en un momento dado pueden “liderar” procesos de cambio (por ejemplo los partidos de
“izquierda”), de forma que nuestros proyectos y experiencias puedan ser un referente para
dichos grupos y personas.

f) Como se indicaba antes, enfrentar los problemas del decrecimiento requiere de un cambio
personal y colectivo respecto al conocimiento, fomentando la “complejización” del
conocimiento cotidiano, el desarrollo del trabajo cooperativo y solidario o la creatividad y el
espíritu crítico (en definitiva, desarrollando nuestra capacidad investigadora).
4. La trayectoria del IRES
En los encuentros precedentes ya hemos trabajado muchas de estas cuestiones, y como es bueno
no partir de cero (también ahí debemos ahorrar energía) resumimos las aportaciones,
organizadas de acuerdo con la perspectiva antes presentada.
En repetidas ocasiones hemos hablado de vincular el proceso de enseñanza-aprendizaje con la
dinámica social, con lo que ocurre en nuestro entorno (p. ej. encuentro del 2010 sobre la
educación en el territorio, encuentro del 2014 sobre La comunidad como base de una
educación emancipadora). Ello puede hacerse bien tratando los problemas presentes en ese
contexto bien conectando (de nuevo las redes) con otros colectivos e instituciones sociales que
también tienen una función educativa.
También hemos hablado varias veces del tema de la respuesta educativa a la crisis, tanto en lo
que se refiere a las condiciones de trabajo como a la propia labor educativa (p. ej. encuentro del
2013: ¿Cómo trabajar la crisis desde la escuela?). Ya en este encuentro se avanzaron tres ideas
que hemos recogido en esta ponencia: la crisis como contenido, preparar al alumnado para que
responda mejor al cambio, y la necesidad de un abordaje colectivo de la problemática. Al
respecto, discutimos la idea de que la crisis puede entenderse solo como una ”catástrofe” o
como una oportunidad para el cambio hacia una sociedad mejor (crisis y revolución).
Por último, y en diferentes encuentros, ha salido reiteradamente el tema de los valores y
actitudes necesarios para un cambio social (necesidad del trabajo cooperativo, de llevar la
democracia a la escuela, de considerar las emociones y los deseos …).
5. Temas a debatir en el encuentro del 2016
La relación que sigue es orientativa, pues habrá que considerar, por supuesto, las
comunicaciones que se presenten por parte de los diferentes colectivos integrados en el IRES.
Ahora se recogen aquí algunas de las cuestiones planteadas anteriormente (escenario,
construcción de alternativas, etc.) y de los temas generados en los últimos encuentros del IRES.
a) ¿Somos capaces de aprovechar el contexto de crisis para hacer modificaciones en el
sistema, primero desde un espacio de trabajo más cercano y después en un contexto más
amplio? ¿Hemos desterrado la idea de que “estamos en crisis”? ¿Ha pasado la crisis a
un segundo plano, ha dejado de tener vigencia en nuestros contextos? ¿Qué otros
temas/problemáticas la han suplantado?
b) ¿En qué medida estamos asumiendo, en el análisis que hacemos de la crisis actual, la
perspectiva “decrecentista” presentada en esta ponencia y trabajada en anteriores
encuentros? ¿y en nuestra labor educativa? ¿debe ser esta perspectiva un eje-guía del
trabajo del IRES y un referente básico en la interacción escuela-contexto social?
c) Si asumimos, como parece por lo expuesto en anteriores encuentros, la necesidad de
desarrollar redes ¿estamos siendo capaces de trasladar la escuela que queremos a los
nuevos movimientos sociales? ¿somos capaces de difundir e incluir nuestra filosofía en
otros movimientos y colectivos? ¿qué dificultades nos está presentando esto?
¿adoptamos una perspectiva “decrecentista” de la crisis en los foros en los que
intervenimos?
d) Dado que en otros encuentros nos ha preocupado el cambio significativo de los valores
de alumnos y alumnas ¿estamos consiguiendo que el alumnado “vivencie” experiencias

alternativas que incrementen su resiliencia en relación con la crisis, vinculándose tanto
en el plano afectivo como en el de las emociones y los valores?
e) Partiendo del principio de que la calidad de las organizaciones y de los procesos puede
ser más determinante que su cantidad y, por otro lado, que los fines y los medios (y no
me refiero a medios materiales sino organizativos y estratégicos) deben guardar un
adecuado equilibrio entre sí, en el sentido de que con pocos medios y poca organización
no se pueden alcanzar fines ambiciosos, creo que a las preguntas de la ponencia se
deben añadir algunas otras del siguiente tipo: ¿en qué medida IRES aprovecha
adecuadamente el potencial de sus propuestas?, ¿qué deberíamos cambiar si queremos
jugar el papel de nodo impulsor de una alternativa a la crisis de carácter decrecentistaanticapitalista-educativo como se puede inferir del documento?, ¿cómo combinar la
diversidad y la riqueza de nuestras actividades autónomas con una estrategia común y
eficaz para producir el máximo de calidad y de influencia con nuestro esfuerzo?

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