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La Categoria de Elite

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Texto de Oscar Mejía Quintana, en que hace un recorrido sobre la cateogoría de elite en la Ciencia Política.
Texto de Oscar Mejía Quintana, en que hace un recorrido sobre la cateogoría de elite en la Ciencia Política.

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En este apartado, el escrito se orienta a exponer, en primer lugar, la refexión
del pensamiento francés estructuralista-postestructuralista sobre el poder,

que inaugura lo que podríamos denominar una nueva unidad de análisis
de la teoría y la ciencia política, superando la concepción monolítica que lo
reducía al Estado y poniendo de presente la red de vectores que el poder
supone, tanto a nivel micro como macrosocial. Concepción que si bien no

es un tratamiento específco de las élites, aborda la problemática a través

de una tensión que recorre su planteamiento: en un polo, la existencia de
“élites” que encarnan el poder en multiplicidad de situaciones políticas y

sociales, pero, de otro, confrontadas permanentemente por otras minorías

que ejercen sobre el poder estrategias de resistencia espontáneas y variadas

(3.1.). Mayo del 68 fue, de hecho, el ejercicio de estas “minorías actuantes”

que pulularon por toda Francia y, más tarde, por Europa entera como
expresión de microresistencias generalizadas que pusieron en calzas prietas
al poder establecido.

Pero el discurso estructuralista-postestructuralista cae, pese a estos efectos

prácticos colaterales y no propiamente previstos, en una abstracción de los

mecanismos concretos y específcos de dominación ejercidos, precisamente,

por las minorías en el poder. En ese orden, el trabajo de Poulantzas permite
articular la dimensión del poder con la del Estado y de estos con las clases

sociales que detentan el poder a través, específcamente, del Estado. La
categoría de bloque en el poder constituye un paso adelante en la refexión

sobre las élites, en la medida que permite comprender cómo el bloque en el

poder se articula a través de la dominación de una fracción hegemónica y
cómo esa fracción hegemónica se articula a través de élites o minorías a su

interior. Minorías económicas, políticas y sociales que, además, se articulan
con élites burocráticas al interior del Estado para concretar la red de poder
institucional que el postestructuralismo no alcanzaba a captar (3.2.).

(Post)estructuralismo y poder

Tal como Foucault lo mostró a lo largo de todas sus investigaciones, tanto
la estructura del poder como la del Estado han cambiado sustancialmente
en los últimos cincuenta años. En un simposio en la Universidad de

Vincennes, Foucault definió esos cambios como un replanteamiento

estructural del “Estado providencia” y, con ello, como el surgimiento de

un Estado cualitativamente diferente y, en consecuencia, como una nueva

economía del poder66
.

66

Michel Foucault, “Nuevo orden interior y control social”, Revista Viejo Topo (Extra
No. 7), Barcelona: 1976.

2

La CategoRía de ÉLIte en Los estudIos PoLítICos

Esta reestructuración se hacía manifesta en un repliegue aparente del Estado,
caracterizado por los siguientes elementos:
• una ampliación del margen de tolerancia del Estado en zonas que no
eran claves para la supervivencia del sistema;
• la ubicación de áreas estratégicas donde el Estado no permite la más
mínima incidencia de la sociedad civil;
• la consolidación de un sistema de información que permite cubrir
todo riesgo potencial, sin necesidad de una vigilancia represiva
permanente;
• la constitución de consensos estadísticos para legitimar sus decisiones
a través de un manejo institucional de los medios de comunicación.
De esta nueva caracterización del Estado derivaba Foucault, como es
obvio, cambios sustanciales en el ejercicio del poder en la sociedad
contemporánea.
Foucault partirá de un cuestionamiento radical de los postulados
convencionales sobre el poder para plantear cuáles son sus nuevos
parámetros en las sociedades contemporáneas. Los postulados que, a su
entender, deben ser puestos en suspenso para lograr una reinterpretación
adecuada del poder son:
• el postulado de propiedad, que considera que el poder es poseído por
la clase dominante;
• el postulado de localización, que señala al Estado como el ámbito
exclusivo del poder;
• el postulado de subordinación, que subordina el poder a un modo de

producción específco;
• el postulado de modo de acción, que defne a la coerción física e

ideológico-política como instrumentos de dominación, y
• el postulado de legalidad, que considera que en el derecho y la ley se
materializa el dominio del poder67
.
Dejando de lado estos argumentos, no para negar su validez, sino para
que no contaminen, a priori, una perspectiva diferente en su análisis,
enuncia entonces Foucault la serie de proposiciones que defnen la nueva

economía del poder en las sociedades contemporáneas:
• el poder se ejerce a partir de innumerables puntos, en un juego de
relaciones móviles;
• las relaciones de poder son inmanentes a toda situación particular,
micro o macropolítica;

67

Miguel Morey, Lectura de Foucault, Madrid: Taurus, 1983.

3

osCaR Mejía QuIntana / CaRoLIna CastRo

• no hay matriz general del poder, sino que surge de acuerdo a cada
circunstancia;
• las relaciones de poder no son espontáneas sino intencionales,

ejerciéndose siempre hacia miras y objetivos específcos;

• el poder absorbe la verdad y utiliza el saber –así como el placer– como
mecanismo de control68
.
La red de poderes que, como vectores invisibles, entrecruza la sociedad

contemporánea, tendrá como fin principal la interiorización del
orden institucional con vistas a conformar una sociedad disciplinante

y disciplinada. Este proyecto de dominación masivo, permanente
y homogéneo ya no amenaza de muerte sino que gestiona la vida,
ejerciéndose como anatomía política del cuerpo humano y biopolítica de la
población a través de una vigilancia jerarquizada, un cuerpo de sanciones,
procedimientos de selección y una disciplinización del sexo y la sensibilidad
que nos convierte en sujetos predispuestos al dominio.
Esta reconsideración del poder, aguda y punzante, será complementada

por otros autores en diferentes sentidos. Roland Barthes lo definirá

como un organismo trans-social, ligado a la historia del hombre, que no se
encuentra sólo en el Estado, sino que se desliza en las cuestiones sutiles
y cotidianas de la vida, incluso en los mismos impulsos liberadores que
intentan cuestionarlo69
.
El poder se presenta, desde esa perspectiva, como un elemento plural en

el espacio y perpetuo en el tiempo histórico, que Barthes califca como una

libido dominandis, la cual, a través del lenguaje, se reproduce y multiplica
por el tejido social. Ante ello, la alternativa que nos queda es la literatura
como espacio del despoder, donde la dimensión utópica nos permite tomar
la distancia necesaria para relativizarlo y, cuando es necesario, incluso
desplazarse y abjurar de esa verdad que el poder termina utilizando para
someternos.
Elias Canetti realiza una de las aportaciones más singulares a esta
reinterpretación del poder70

. Las entrañas del poder son exploradas por
Canetti desde una óptica que desborda la consideración socio-política
convencional, hundiéndose en las raíces del mismo y mostrando cuáles
han sido los símbolos, instrumentos y elementos que desde siempre han
caracterizado su ejercicio. Sin embargo, su aporte decisivo a este debate
viene, sin duda, representado por su análisis del secreto como médula del
poder, punto clave en el ejercicio contemporáneo de éste y del control que
ejerce sobre la sociedad.

68

Michel Foucault, Historia de la Sexualidad (Tomo I), México: Siglo XXI, 1984.

69

Roland Barthes, Discurso Inaugural, México: Siglo XXI, 1985.

70

Véase Elias Canetti, Masa y Poder, Madrid: Alianza Editorial, 1987.

4

La CategoRía de ÉLIte en Los estudIos PoLítICos

Donde hay secreto hay poder. El conocimiento de algo y el desconocimiento

de ello determinan la relación de dominio entre las partes. La información
que alguien posee lo coloca en situación de ventaja frente a quien no la

posee. La dominación, individual y social, se estructura a partir de lo que
alguien o alguna clase o sector sabe y que no saben los demás. La dinámica
que se genera a partir de ello, constituye la esencia misma del poder que,
con nuevos mecanismos, no hace sino reproducir las prácticas primitivas

que desde entonces han defnido su ejercicio.

Poulantzas: bloque en el poder

La cuestión del poder

Poulantzas se propone estudiar –en la órbita de refexión, por supuesto,

que introdujo el estructuralismo de la década de los 60– un tema que, a
su juicio, constituye el problema capital de la teoría política, el del poder.
Este concepto tiene gran relación con el campo de las prácticas de clase,
dado que ese es su lugar de constitución, puesto que allí, debido a la
situación de predominio, existe una constante lucha de clases que genera
posiciones de dominación y subordinación entre ellas, lo cual es producto
de las relaciones de poder existentes. Pero, los conceptos de clase y de poder

son afnes sólo en la medida en que estén circunscritos al campo de las

relaciones sociales71
.
Sin embargo, como lo muestra en la primera parte de su obra, tal

concepción del poder genera una confusión sobre las estructuras, las

relaciones de las prácticas de clase y las relaciones de poder, que puede
llevar a una mala interpretación sobre la visión del marxismo en este
punto. En esa dirección, Poulantzas acude a una serie de autores, tales

como Renner, Schumpeter, Dahrendorf y otros, quienes buscan extender

el concepto de las clases sociales más allá de las relaciones de producción,

lo cual es uno de los principales factores para que se dé la confusión antes

mencionada, concluyendo acerca de ello que:

“Según los autores que he citado, las clases y el conficto de
clases, lejos de fundarse en las relaciones de producción, se
fundarían en la distribución global, en todos los niveles, del

poder en el interior de las sociedades ‘autoritarias’, es decir,
sociedades caracterizadas por una organización global de
dominio-subordinación consistente en una distribución
‘desigualitaria’, en todos los niveles, de aquel poder”72
.
Pero esto nos llevaría a un nuevo dilema, en el cual el problema sería ver

si la lucha de clases se fundamenta en las relaciones de poder o viceversa.

71

Nicos Poulantzas, “Sobre el Concepto de Poder”, en Poder Político y Clases Sociales en
el Estado Capitalista, México: Siglo XXI, 1976.

72

Idem, p. 119.

osCaR Mejía QuIntana / CaRoLIna CastRo

Ya está la visión economicista de que el concepto de clase social proviene
exclusivamente de las relaciones de producción, y que como tal, el

conficto entre ellas –lo cual hace referencia a las relaciones de poder en

los términos ya establecidos– es producto de esta situación. Y, por otro
lado, está el punto de vista de los autores mencionados por Poulantzas,
lo cual genera dos miradas ciertamente erróneas, en cuanto, aunque las
relaciones de clase pueden estar en todos los niveles, la estructura de
éstos últimos no viene determinada por ellas:
“Lo exacto es que la estructura de las relaciones de producción,
lo mismo que la de lo político o de lo ideológico, no puede
captarse directamente como relaciones de clases o relaciones
de poder [...] sin embargo, es igualmente exacto que las
relaciones de clase constituyen, en todos los niveles de las
prácticas, relaciones de poder”73
.

No se puede afrmar que las relaciones de poder se fundan en las relaciones

de clase o lo contrario. Justamente existen relaciones de clase en todos

los niveles y, de acuerdo con ello, existe una especifcidad de cada uno

de éstos en relación con su contexto de lucha de clases y con el poder.
Es decir, hay diversos niveles de lucha de clases y relaciones de poder

en una determinada formación social, razón por la cual no se puede

decir que tales conceptos provienen solamente de la práctica política o
de las relaciones de producción. De la misma manera, existe un mutuo
condicionamiento entre relaciones de clase y relaciones de poder que
implica que uno no puede provenir del otro, y que Poulantzas puntualiza
en los siguientes términos:
“Las relaciones de poder, que tienen como campo las
relaciones sociales, son relaciones de clase, y las relaciones de
clase son relaciones de poder, en la medida en que el concepto

de clase social indica los efectos de la estructura sobre las
prácticas, y el de poder los efectos de la estructura sobre las

relaciones de las prácticas de las clases en “lucha”74
.

El inconveniente ahora, es que, tal como lo demostró W. Mills desde la

teoría de las élites políticas, el concepto de clase es un término económico,

razón por la cual, decir clase dominante, haría referencia a dos términos

de distinta naturaleza, pues dominio es una palabra de carácter político, lo
cual la sobrecargaría de dos sentidos diferentes75

. Es por ello que, tratando

de superar las defniciones desde la economía, se reemplaza el término

clase por el de grupo.

Poulantzas propone así una defnición para poder: “Se designará por

poder la capacidad de una clase social para realizar sus intereses objetivos

73

Idem, p. 121.

74

Idem, pp. 122-123.

75

Idem, p. 123.

6

La CategoRía de ÉLIte en Los estudIos PoLítICos

específcos”76

. Esta defnición se contrasta con las defniciones presentadas
por Lasswell, Weber y Parsons, y se señala en cada una de ellas una
serie de errores, como, por ejemplo, para el caso de Weber y Parsons,

su extremado apego a la perspectiva historicista, lo cual las convierte en
algo bastante reducido y rígido.
Su propuesta teórica es, entonces, analizada a partir de cuatro elementos que
la componen. En el primero toma el concepto de clase para determinar que
las relaciones de poder son sólo posibles en sociedades que están divididas
en clases y que existen oposiciones entre ellas, puesto que, de no ser así,
deberían ser empleados otros términos, como el de autoridad, utilizado en

situaciones en las que relaciones de clase no pueden ser clasifcadas como

de dominación-subordinación, o el de potencia, que es muy empleado

en la ciencia política y sirve para indicar un elemento de fuerza, todos
los cuales son, simplemente, otras formas de poder. Tampoco puede ser
usado el concepto de poder para referirse a relaciones interpersonales o a

relaciones que, como ya lo habíamos dado a entender, son independientes
de las relaciones de producción, que equivale a decir sociedades divididas en
clases, lo cual genera un conficto entre ellas.
El segundo punto de análisis hace referencia al concepto de capacidad y a la
forma como es empleado en la defnición propuesta. Aquí hará referencia

el autor a los estudios de Marx y Lenin sobre organización de clase,

determinando algunos factores que son esenciales para su entendimiento,

tales como la práctica de clase, las condiciones de existencia de la clase

(fuerza social) y, principalmente, las condiciones de poder de clase,

entendidas por Lenin como condición de su acción abierta77
.

Como el concepto de poder especifca tanto los efectos como los límites de

la estructura práctica de las clases en lucha, el poder de una organización
y, por ende, la capacidad de una clase para lograr la realización de sus
intereses depende directamente de la capacidad de otras organizaciones
de clase, lo cual es clave para las relaciones de poder, es decir, de
dominación-subordinación.
El tercer punto de análisis hace referencia al concepto de intereses. Nos dice
el autor, en primera instancia, que los objetivos de clase se encuentran
en el campo de la lucha de clase, jamás en la estructura, como intentó
demostrarlo Parsons. En segunda instancia, los intereses no están
compuestos por motivaciones del comportamiento: los intereses indican
los límites impuestos por la estructura, los cuales operan como horizontes
de acción de las clases en las relaciones de poder, habiendo intereses de
largo y corto plazo y siendo éstos objetivos, puesto que son de una clase,
no de un sujeto o de una clase-sujeto. Por ello, no pueden ser producto

76

Idem, p. 124.

77

Idem, p. 129.

7

osCaR Mejía QuIntana / CaRoLIna CastRo

de motivaciones del comportamiento, y esto es tan claro para el autor
que, teniendo en cuenta el poder de la ideología y lo ambiguo que puede
ser el término objetivo, decide retirarlo de los intereses y ampliar este

concepto hacia todas las funciones de la formación social.

El cuarto punto de análisis toma el concepto de especifcidad como base.
Teniendo en cuenta que el poder se sitúa en diversas prácticas de clase,
puesto que existen intereses de diversa índole, tanto económicos, como
políticos, ideológicos, etc., podemos decir que existen diversas relaciones
de poder, así como clases dominantes que detentan el poder predominante

en determinados lugares o niveles de la formación social, de la cual el

Estado es el centro del poder político.
Aclarados estos puntos, Poulantzas hace alusión al Estado como centro
de poder. Si se acepta el concepto de poder propuesto, se puede decir que
el Estado es el centro del poder político. Pero el Estado, o cualquier otro
tipo de institución social, no tiene poder en sí mismo: las instituciones
son solamente instrumentos de poder de las clases sociales y son ellas
las que las dotan de tal, teniendo en cuenta que existe una relación de

fuerzas y que, en esta medida, las instituciones se deben articular con

otras instancias. Por supuesto que, por la variedad de luchas de clase, es

difícil que se traduzcan inmediatamente en los centros de poder, que en

su mayoría son dependientes de otras instancias.
Al tenor de Lenin, Poulantzas considera imperativa la distinción entre poder
formal y poder real, así como la distinción entre poder de Estado y aparatos
de Estado. Hay instituciones que poseen poder, pero hay sólo algunas que

tienen poder efectivo, y esto es producto de las luchas de clase que hacen

que exista una desviación de tales centros de gravedad, ocasionando

que las relaciones de poder se refejen más en un centro que en otro.

Lo que se quiere demostrar es que no solamente existe una visión
instrumentalista del Estado, según la cual las instituciones son simples
aparatos de poder de una determinada clase social, sino que debido a la

formación social y a la constante lucha de clases se asiste a una permanente

relación de fuerzas que son las que dotan de poder a tales instituciones y

les conferen, digámoslo así, una identidad:

“Lo que se trata, pues, de retener es que la expresión leninista
de aparato de Estado no se reduce de ningún modo a una
concepción ‘instrumentalista’ del Estado como órgano o
instrumento de poder, sino que sitúa, en primer lugar, la

superestructura política según su localización, y su función,

en un conjunto de estructuras”78
.
Por ello, es importante la separación que hace Lenin entre aparato de
Estado y poder de Estado:

78

Idem, p. 143.

8

La CategoRía de ÉLIte en Los estudIos PoLítICos

“Por aparato de Estado indica Lenin dos cosas: a) el lugar del

Estado en el conjunto de las estructuras de una formación
social, en suma, las diversas funciones técnico-económica,

política en sentido estricto, ideológica, etc., del Estado; b)
el personal del Estado, los cuadros de la administración, de la
burocracia, del ejército, etc. Por poder de Estado Lenin indica,
por el contrario, la clase social o fracción de clase que detenta el
poder”79
.

Justamente teniendo en cuenta que uno de los factores de los

desplazamientos es el lugar de los centros de poder, el lugar del aparato
de Estado es de vital importancia como centro del poder político, tal y
como sucedió con el Estado burgués y los soviets en Rusia, donde son
los segundos quienes tienen el poder real y, en esa medida, ellos se
constituyen en un centro de poder real mucho más importante que el
Estado burgués ya mencionado.
Poulantzas aborda, enseguida, el concepto de poder como suma-cero. Aquí
el poder se entiende como una cantidad determinada, la cual, si la posee
alguna persona, no la posee otra. Cualquier reducción de poder en una

organización o persona se da a favor de otra que es la que lo obtiene. El

poder se torna en algo invariable que sólo cambia de poseedor pero no
de cantidad.

Pero si el poder se considera como el efecto de las estructuras, las cuales

son las que proporcionan los límites dentro de los cuales se desarrollan las
prácticas de clase, podremos apreciar que el poder que pierde una clase
no lo gana la otra. Además, ésta idea de poder como suma-cero desconoce
por completo la especifcidad característica de cualquier formación social,
puesto que una reducción de poder económico de una clase no implica
automáticamente un aumento del poder ideológico o del político.

Élites y bloque en el poder

Para Poulantzas, el Estado debe ser entendido como una condensación de
contradicciones sociales que se encuentran inscritas dentro de las relaciones

de fuerza de una clase con otra, no obstante que el poder de una clase

remite a su lugar objetivo en las relaciones económicas, políticas e
ideológicas, lugar que abarca las prácticas de las clases en lucha, es decir,
las relaciones no igualitarias de dominación-subordinación de las clases
ancladas en la división social del trabajo y que se constituyen ya en
relaciones de poder80

. Así pues, el lugar y los intereses de cada clase están

defnidos por las otras clases, pero sólo una clase, la dominante, podrá

realizar sus intereses en oposición a los intereses de otras clases.

79

Idem, p. 142.

80

Nicos Poulatnzas, Estado, Poder y Socialismo, México: Siglo XXI, 1979, p. 177.

9

osCaR Mejía QuIntana / CaRoLIna CastRo

Ahora bien, la formación social, entendida como la coexistencia en el
campo de luchas de clases de varias clases y facciones de clases, tiene
una particularidad dentro del Estado capitalista, a saber, la formación

de un bloque en el poder que exterioriza

[…] la unidad contradictoria particular de las clases o fracciones
de clase dominantes en su relación con esta forma particular
de Estado. Se refere pues a la periodización de la formación
capitalista en estadios típicos. Comprende la confguración
concreta de la unidad de esas clases o fracciones en estadios,
caracterizados por un modo específco de articulación, y un

ritmo propio de división, del conjunto de las instancias81
.

El Estado capitalista crea las condiciones para la aparición del bloque
en el poder en su dominio político, asegura la coexistencia de varias

clases y facciones de clase “por el juego interno de sus instituciones,

hace posible, en su relación con el campo de la lucha política de clases,
relación concebida como demarcación de límites […]”82

. Para Poulantzas,

el sufragio universal es en ese orden una institución que extiende la
coexistencia entre las clases y facciones en el poder, al punto de consagrar

el dominio exclusivo del Estado por una clase. Las estructuras del Estado

capitalista permiten la coexistencia de clases dominantes y facciones. A
nivel político, el bloque en el poder hace referencia a prácticas políticas
que concentran los niveles de la lucha de clases en una fase determinada.
La representación refeja los desplazamientos de las contradicciones entre

clases, “desplazamientos situados no obstante, en los límites del bloque
en el poder característico de un estadio”83
.
En su dominio económico, este tipo de Estado permite la coexistencia de
varios modos de producción y la presencia de varias clases dominantes.
En síntesis, el bloque en el poder constituye una unidad contradictoria de

clases y fracciones políticamente dominantes bajo la égida de la fracción

hegemónica. La lucha de clases, la rivalidad de los intereses entre esas

fuerzas sociales, está presente allí constantemente, conservando esos
intereses su especifcidad antagónica. La relación del Estado capitalista
con las fracciones dominantes actúa en el sentido de su unidad política
bajo la égida de una clase o fracción hegemónica84

.
Para Poulantzas las teorías elitistas (principalmente las de Mills y Aron),

malinterpretan dos fundamentos de la teoría marxista. En primer lugar,
la identifcación que hacen entre la clase políticamente dominante con la

clase económicamente dominante, y, en segundo lugar, las teorías elitistas

81

Nicos, Poulantzas, Poder Político y Clases Sociales en el Estado Capitalista, México: Siglo

XXI, 1976, p. 178.

82

Idem, p. 296.

83

Idem.

84

Idem, p. 309.

60

La CategoRía de ÉLIte en Los estudIos PoLítICos

ven en la concepción marxista una concentración del poder del aparato de
Estado en manos de la clase económica políticamente dominante. Esta es

la razón fundamental por la que las teorías de élites recurren a un poder

político autónomo, paralelo a los dominios económico y burocrático.
La idea de élites en el poder proyecta una pluralidad que inhabilita toda
unidad que pueda desembocar en una lucha de clases, ya que no tienen
entre sí otras relaciones que la de estar circularmente integradas en
el conjunto social y, en tanto high social stratums, representar intereses

divergentes pluralmente integrados; de ahí la difcultad de fundamentar

el poder de la élite. En esa línea, el único autor al que Poulantzas tiene
presente es a Mosca, por aceptar éste la unidad de las élites políticas bajo la
categoría de “clase política”, con la que se hace una primera aproximación

a la dominación política. La unidad de las élites se funda sobre su

relación con el poder político institucionalizado, y bajo esta perspectiva

se descubren como fuentes de poder político lo económico y el Estado85

.
La primera critica elitista relativa al concepto de clase dominante sugiere
que este concepto está determinado por el nivel económico, no obstante el

dominio es lo verdaderamente político, y así pues se hace una identifcación

entre la clase económica y políticamente dominante. Sin embargo “el
concepto de clase no comprende de ningún modo sólo la relación de

los agentes con las relaciones de producción, sino que indica los efectos

del conjunto de la estructura en el campo de las relaciones sociales”86
.
El concepto de dominio no comprende de ninguna manera sólo el nivel
de las estructuras políticas, sino el conjunto del campo de las relaciones
sociales, es decir, de las prácticas económicas políticas e ideológicas de
clase. Si el nivel económico de las relaciones de producción determina, en
última instancia, los lugares de poder y de dominio en el campo de la lucha

de clases, no es sino por su refejo en el conjunto complejo de una formación.

En suma, la concepción marxista de clase dominante no implica de ningún

modo la concentración empírica de las diversas funcionen políticas en las

manos de los individuos de una clase, sino que explica la descentración
eventual, según las formas concretas de la lucha de clases y las estructuras
políticas, los tipos y formas de Estado y las formas de régimen. La esfera
de lo político comprende diversas funciones que son detentadas por
diversas clases; por esta razón, es necesario hacer una diferenciación
entre clases políticamente dominantes que forman parte del bloque en
el poder y la clase hegemónica de ese bloque, que detenta en defnitiva el
poder político y que tiene el papel de organización política del bloque
en el poder87
.

85

Idem.

86

Idem, p. 433.

87

Idem, p. 434.

61

osCaR Mejía QuIntana / CaRoLIna CastRo

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