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Como un salto de campana Victor Carvajal Nacié en Santiago de Chile en 1944, inicié st producci6n literaria con lat publicacién de varias obras teatrales, alguna de ellas estrenadas en Berlin y en Lyon. Luego se dedic6 a ta narrativa infantil y juvenil. En 1984 gan6 el coneurso de Literatura {Infantil de la Fundacién Santa Marfa en Espaia. Su produccién literaria esté centrada en mostrar divers6s aspectos de la vida de nifios y jévenes de hoy en la América Andina. COMO UN SALTO DE CAMPANA, Es un libro que nos permite conocer {a afectiva y estimulame correspondencia ‘entre el nieto, Pancho y su abuelo don Pachi. A través de los suefios del nifio y las cartas de su abuelo, visualizaremos en pinceladas ta vida del viejo mundo y ‘gozaremos con la magica y mitica vide cexistente al sur del mundo, donde Chile se hande en el océano. ALFAGUARA i Victor Carvaj or (CATALINA GUEVARA ee ING 98 S98 S LPI PRE PPG 0G IPAS MOD 4 ALE, RA © Dal een: 1992, Views Carl © De la hseacioncr: 1992, Cstaina Guevara Guzmin Luisa Adriana y Fernanda; a Paulo Andrés, Juan José y René. © De ma sticiin 2004, Aguilar China de Ediciones S.A De Anibal arin 145, Providencia Samigo de Chile 1 Aguilar, Altes, Taurus, Alfguara S.A. de Beazley 3860. 1437 Buenos Ares, Argentina ‘Avda, Arce 2333, entre Rorendo Guster 1 Belisaio Salinas, La Pr, Bolivia > Distibuidors y Editors Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguaca S.A, Calle 80 Num. 10-23, Sanafé de Bogord, Colombia, + Santana SA Av. Eloy Alfaro 2277, y 6 de Diciembre, Quito, Ecuador. ‘Santillana Ediciones Genetales SL. Trelguna 60, 28043 Madrid, Espafa ‘+ Sanillna Publishing Company Inc. 2043 N.W, 87 ds wene, 33172, Miami, B., EEUU. = Sanaillana S.A, ‘Avda. Veneuuela N° 276 e! Meal Lope y Espana, ‘Acuncién, Paraguay + Sanillana SA ‘Avda. San Felipe 731, Jess Mala, Lima, Pei 1 Béiciones Sanillana SA. ‘Consiucién 1889, 11800 Montevideo, Unig: ISBN: 956-270-001-1 Impreso en ChilfPrimted in Chile mera edcin: 1992 Diécimo segunda edci: enero 2004 Diao dela coleccitn Josd Crespo, Ross 0 es OR es PROS IAG _ IRR _ OG OR Jess Sanz “Vado los derechos reservaes. feu pubfcacén no pucde ser reproducida ni en codo ni en pat Jpiala en, o wansriida por un vstema de recupeacin de informacion, ‘ae winguna Forma i por nngin medio, sea mecinico, forogumico lec Tide, imag, elecrodptico, pot forocopia,o cualquier oto, sin eh emia previo por exerico dela Flicoral. eUgA—aG Ie (§ {NDICE LAMAQUETA DE LA COLECCION : id DBERO DE LA CUBIERTA ) BstUVIERON A CARGO DE "i ENRICSATUE ® A Q) (3 PRIMERA PARTE ( £. Don Pachi 9 ¢ 2. De visita en Copenhague u ) ,Cudntos kil6metros hay de Alemania a Chiloé? 16 g 4. El mensajero det ( 5. Una tertulia ? 6. Un paquete ) 7, Recoleccién feliz con algo de tristeza | g 8. Navidad chilota ( 9. No todo es perfecto en Legolandia ? 10. Una bicicleta de palo y una casa que navega ) LL. Realidad hecha sueio. 8 ( SEGUNDA PARTE fo “eaveate ke "3 ) 2. Abuelo y nieto por fin 86 | f_SiomcenchleySeamenatmann & 4. Queridos Vati y Mutti 10s } 5. Feierabend en Achao 110 ° 6. Batre paréntesis 13 ( 7. Caguache a (Tercera parte gin samege : at ( ) 2. Corto viaje, larga carta 126 B shchs cas yeni 129 ) k &§ EP{LOGO. 142 ( 5 'S arosario 3 ee ee ee meee ly WEL IA VS= 90 DSP VT_ AVS MDT PRIMERA PARTE 1. Don Pachi E. abuelo Patricio, a quien de puro carifio apodaban don Pachi, regresaba en su blanca chalupa, cargado de papas y animales. La abuela Cafe, que solo sabfa el dia del regreso de su marido, ya habia enviado cuatro veces al emplea- do a ver si el abuelo se acercaba. Todo dependia del viento, Una luvia muy fina cafa sobre el abuelo y la costa asomaba temerosa a los ojos del viejo que navega- ba solo y entumecido, ansioso por llegar a destino. Mientras los techos de las casas en tierra iban creciendo a través de la Huvia, el viejo no dejaba de pensar en sus hijos repartidos por el mundo, en su nieto Pancho, que vivia tan lejos que ni con la imaginacién lo aleanzaba. . Junto al muelle de desembarco, un grupo de mu- chachos se desplaz6 dgilmente. Alguien siempre espera- ba al abuelo. La casa de don Pachi estaba a cien metros del embarcadero y llevar alli los sacos era tarea que el Pelli- 10 Io cumplia sin dificultad, Luego, la chalupa serfa arras- trada playa arriba y el velamen guardado en un galpén trasero, siempre frente al mar. {Qué novedades hay? —dijo don Patricio y se encaminé seguro al hogar que lo aguardaba con el bra- sero encendido, aunque fuese verano. 2. De visita en Copenhague Dearne unas vacaciones, Pancho visité Di- namarca con sus padres. Desde Alemania le habja bas- tado cruzar el mar Baltico, que nunca es tan ancho ni tan vasto como el océano Pacifico 0 el Atlintico. La sirenita de Copenhague, ubicada junto a los anchos brazos de mar que entran en el viejo puerto, es el paseo obligado de los visitantes. Aquel dia el sol chocaba en las construcciones de ladrillos rojos, que Pancho relacioné con los colores propios de Dinamarca. El parquecito donde se hallaba la preciosa estatua es- taba Leno de gente. Unos metros més alld, se movian las aguas, las mismas que segtin el cuento de Andersen habfan evado a la sirenita hasta esa playa. Pancho record6 las fra- les del relato. Lo hizo en aleman, pues era éste su idioma matemo, aun cuando sus padres fuesen chilenos: Lejos y en las afueras del mar el agua es tan azul como las hojas de la hermosa flor del azuiino y tan clara como ei cristal més puro. Pancho se detuvo a observar el agua turbia de la orilla y concluy6 que habia pasado demasiado tiempo desde entonces. Pero el abuelo sf tendria un mar azul frente a su playa y un paisaje siempre verde, tal como lo describiera en una de sus tantas carias. El abuelo de 12 Pancho vivia al otro lado de los océanos. Alli donde los mares cambian de nombre y donde son otros los pafses y los idiomas. Vivia en una isla, rodeado de otras islas y mucho mar. Pancho se senté al borde de la negra piedra sobre Ja cual descansaba la graciosa escultura. Era una figurilla de hierro fundido, no més grande que el tamafio de una persona y mostraba a una joven sentada sobre tuna roca, mirando siempre al mar, pero con el busto diri- gido a tierra, En direccién al mar se hallaba su extensa cola de pez. Puesta asi, no por capricho ni por azar. “iEs ist doch klar!”*, -pensé Pancho Estaba muy claro. La parte marina del cuerpo apuntaba al mar porque en él estaba su origen. La parte humana, en cambio, apuntaba hacia tierra porque en ella vivia el principe que la habia cautivado. — No se puede prescindir de nuestro origen— le habja escuchado Pancho a su padre. Sinti6 un deseo incontenible de enviarle un salu- do al abuelo, que se hallaba tan lejos. “Querido nieto: Siempre navego por las islas en mi chalupa”. Asf le habia escrito la tiltima vez, el abuclo. Pan- cho hurgé en sus bolsillos de profunda sombra azul de mezclilla con la esperanza de hallar en ellos una moneda. + Fab claro! 13 de valor. {Tendrfa que recurrir a sus padres, como siem- pre? Tendria que hacerlos participes de su proyecto. Sin embargo, decidié arreglarselas con sus propios medios, aun cuando no poseyese ninguno. i Qué mensaje se podria enviar sin un centavo en los bolsillos? En este mundo en que vi flexionando~ nada hacemos sin dinero. imos -siguié re- ~jUna botella con un papel en su interior? ~y mi- 16 a la sirena, pues le pareci6 ver que habia movido la cabeza. Y sacudié tres veces la suya, espantando una idea que no ten‘a asidero. ~{Una paloma mensajera que cruce los océa- nos?- y volvié a mirar a la sirena, pues nuevamente le parecié ver que ella habia movido la cabeza y la boca. Y é1 negé tres veces mas con la suya. Tampoco tenia asi- dero. —iBastarfa con un trozo de madera! mir6 répi- damente la boca de la sirena, pero ella no dio sefiales de vida. “js una idea mia!", ~pens6 con entusiasmo, Aprovechando un momento de descuido de sus padres, sin que nadie lo viera, hizo lo que ningtin nifio haria, ninguno de Alemania o Dinamarca: meter la nariz en un tacho de basura, ~iPancho! Instintivamente oculté la paleta de helados en la palda, ~{No quieres columpiarte?~ pregunté la madre. Negé rotundamente y se dio la vuelta. Se habia 15 salvado de un regafio, Abrié su navaja y hundié la cu- chilla delicadamente en Ia blanda carne de la madera. Allf escribié el siguiente saludo: “Abuelito cariftos también de la sirenita”. Ser mas extenso no pudo. Como en Dinamarca el dia se marcha muy pron- toy la tarde apura el regreso 2 casa, corrié hasta la orilla y lanz6 el mensaje a las aguas. El pequefio madero flo- 6 con soltura y se quedé un largo rato chocando contra el muro de contencién, PRDE~ IA DT~ IWS DAWT_ OWI IO 3. ,Cudntos kilémetros hay de Alemania a Chiloé? Auer dia, una semana después del regreso de Dinamarca, Pancho se encontré en la parada del bus, ala hora programada. Ni un minuto antes, que te hielas, ni un minuto después, que lo pierdes. Tomé asiento junto a su madre, mientras el pa- dre se sentaba justamente en el asiento de atras, —Antes que me olvide, Pancho, {Qué es esto? pregunté en alernén. La madre le habia entregado un sobre que conte- nia una fina postal con la imagen de la sirena de Copen- hague. En el reversn se sefialaban los lugares precisos para un saludo corto y la direccién del destinatario. ~{Cémo la conseguiste? —La compré el dia que visitamos el parque de la sirenita, Sélo que habja olvidado dartela. ~