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per Eric Wilson ASESINATO EN EL ANADIAN EXPRESS 1 ih] ‘TOU AUSTEN, UN MUCHACHO CANADIENSE (QUE ACABA DE TERMINAR EL CURSO [ESCOLAR, VIAIAENEL CANADIANEXPRESS. ESTE FERROCARRIL, EL OF MAYOR FRECORRIDO DEL MUNDO (+499 KILOWE. “TROS), SALE DIARIAMENTE DE MONTREAL Y EMPLEA TRES DIAS EN LLEGAR A SU DESTINO, VANCUVER. EN EL VIAJE SE CCOMETE UNASESDIATO:LA BELLAESPOSA 1 UN BANQUERO APARECE APURALADA OM AUSTEN, KUO DE UN JEFE De POUCA Y LECTOR EMPEDERNIDO DE NOVELAS. POUICIACAS, EMPIEZA A RVESTIGAR POR SUCUENTA PARADESCUBRIRALASESDNO, VIVE UNAS INTERESANTES AVENTURAS, ‘CON RIESGO INCLUSO DE SU PROPIA VIDA. [ERIC WILSON ES UN CONOCIO ESCRI TOR CANADIENSE TIENE OOS GRANDES PASIONES: SUS CLASES, PUES ES PROFE SOR EN LA COLUMBIA BRITANICA, ¥ A LUTERATURAINFANTILJUVEML. OENTRO. DE ESTE ULTIMO CAMPO HA CULTIVADO" CON ExITOLANOVELAPOUCINCA AESTE CGENERO PERTENECE ASESINATO EN EL. CANAGIAN EXPRESS LOS MSUOS PRCT: CGONISTAS APARECEN EN TERROR EN WINNIPEG Y EN PESADILLA EN APARTIR DE 9 ANOS Asesinato en el «Canadian Express» Eric Wilson Traduccién de Pedro Barbadillo Primer dics: pine 1982 Cachan et on: abil 2010 Direc editors: Ele Aguiar ustraciones Tom McNeely Cable Ang! Eteba “Titulo original, Marder on the Canadien Pablicadocn Ingltees poe The Bodley Head Led, 1976 © de texor Ext Hamilton Wilson 1976 © dela ihusraciones The Boley Hea, 1976 © Ediciones M1. 1982 Iimpreores,2 UUrbunzacin Pad del Espino 28600 Bola del Monte (Madd) ‘ewregruposmicom e902 121333 Fae 902 241 222 mai clintesegraposm com ISBN O7888-548-1121.8 Deposit legal: M-7-049-2010 Iimpresn en Espa / Prone in Spa Gabegra Incas Gifs SL 28977 Casaeubucls(Madeid) ‘Culguer fms deepen dab. conn pic 0 wane Im es iy pe inn in de fae tarpon pees pr Ly. Danes CEDRO Cur Epil Se Derecho gen we cede mca opr 9 eae in Fg doc A mis padres, con amor El Canadian Express sale diariamente de Mon- real, para efectuar un viaje transcontinental de tes dias de duracin, por la linea de ferrocarril panorémica més larga del mundo. En Sudbury se une con otro tren que sale de Toronto. Provisto de vagones con mirador panorémico, de coches-cama y vagén-restaurante, se dirige hacia el oeste, a través de las ricas tierras de cultivo de Ontario, atravesando enormes Hanuras y bor- deando las impresionantes Montatias Rocosas de Canada, coronadas de nieve, en direccién a Vanctiver, en la costa del Pacifico. En total, el viaje, de 4.633 kildmetros, dura setenta y una horas y treinta y cinco minutos. Al mismo tiempo, otro Canadian Express sale todos los dias de Vanciiver en direccton al este. Denrno det paquete, algo hacia tietae. Una bomba. Si, Tom estaba seguro de que se trataba de una bomba. Observ6 el envol- torio de papel en el que no habia nada es- crito, y acercé su cabeza. Tic-tac, tic-tac Asustado, Tom dirigié su vista a la aba- rrotada estacién de ferrocarril. {Qué hacer? Si gritaba , pens6 Tom. Ten- 86 sus miisculos, dispuesto a lanzarse contra a mujer, pero en ese momento se oy6 llamar a la puerta y ella levanté el revolver. —(Quién es? -dijo la sefiora Ruggles, con Ia vor de sefiora mayor. —EI mozo, sefiora, Quiere que le traiga un poco de té? —Esta tarde no, gracias. —{Va todo bien? —Estupendamente -dijo la sefiora Rug- gles, sonriendo a Tom-. Esta conmigo un jo- ven que ha venido a tomar unos bombones. —Pues que lo pase bien -dijo el mozo. iBombones! Tom se sintié mal al compro- bar con cuanta facilidad podia haber sido envenenado. Su trabajo de detective le habia 139 metido en un lio del que no sabia cémo salir. ahora ~dijo la sefiora Ruggles~ ha Ile- gado el momento de climinar al joven Tom Austen. —Usted no disparard contra mi -dijo Tom, tratando de parecer valiente. —{Te apuestas algo? Sin dejar de encanonar a Tom, la sefiora Ruggles se acereé a la ventanilla y miro ha- cia Ta cabecera del tren. —Estupendo -dijo-. Ahora tengo una oportunidad. —No podria salir bien de esto ~dijo Tom-. Entréguese a la policia La sefiora Ruggles se eché a reir. —Eso suena a pelicula de televisién, Aho ra escucha atentamente, muchacho. Vamos a salir del departamento y nos dirigiremos hasta el final del coche-cama. Llevaré el re- vélver bajo mi chal, y si algo sale mal te mataré. Si lo hace, ir a la cércel —No olvides que ya he matado a otra persona. Un cadaver mas no va a importar mucho. Tom sintié un escalofrio al recordar la 140 manta gris que tapaba el cuerpo de Cathe- rine Saks cuando lo sacaron del tren. Seria mejor que obedeciera, porque, si no, también I saldria del tren con los pies por delante. —Abre la puerta. om hizo lo que se le ordenaba, esperando ingenuamente que hubiera una docena de policias aguardando a la sefiora Ruggles, para echarle el guante, pero el pasillo estaba vacio y silencioso, a excepcidn del traqueteo de las ruedas. —jRapido! -dijo la sefiora Ruggles, em- pujando a Tom por detras con su bast6n. Recorrieron el pasillo y pasaron junto a fas literas sin ver a nadie, Cuando Ilegaron a la plataforma que habia entre el coche- cama y el vag6n siguiente, Tom miro hacia la ventanilla y solo vio la oscuridad. Por un que era de noche, pero en- seguida cayé en la cuenta de que estaban atravesando un téinel. —Abre la puerta exterior ~dijo la sefiora Ruggles. ‘Tom empezaba a comprender lo que ella plancaba. La mir implorante, pero la mi- ada fria de sus ojos le hizo comprender que debia obedecer. Levant el pestillo de la 141 puerta y la abrid, escuchando el ruido del tren aumentado por el tine. —Ahora, la escalerilla -dijo la sefiora Ruggles en voz. alta, para que la oyera Tom levant6 la escalerilla plegada y la empujé hacia adelante, quedando listos los escalones de acero, —iVamos! dijo Ia sefiora Ruggles, em- pujando a Tom con el baston-. Baja hasta el Ultimo peldaiio y salta ‘Tom comenz6 a descender despacio, mien tras el humo de la locomotora Henaba su na- riz, Lleg6 al escalon inferior y miré asustado exterior. Aunque sabia que el tren iba des- pacio, le daba miedo saltar al vacio en la oscuridad. lea! -gritd 1a sefiora Ruggles. Tom se volvié y mir a la mujer. —No puedo -dijo-. Me da miedo. —jHaz lo que te digo! ~dijo enfadada la sefiora Ruggles, adelantindose para empujar a Tom con el bastén. EL miedo atenazaba a Tom. —No puedo saltar dijo, esquivando el baston. —jAhora veris si puedes! La sefiora Ruggles bajé dos escalones tra- 142 tando de empujar a Tom, pero este esquivaba el baston. La mujer bajé un escaln mas, se echo ha- cia adelante y empujé a Tom con Ia mano. ‘Al mismo tiempo, Tom levanté el brazo para defenderse y sus dedos se agarraron al chal aque ella Ilevaba; cayé hacia atras, agarrado al chal, y los dos rodaron fuera del tren. Algo metilico golpeo la espalda de Tom; sintio un golpe en la cabeza y un estruendo le ensordecié. Abrié ahogado la boca para respirar, seguro de que se estaba muriendo, y por fin, abrié los ojos y vio la borrosa Sombra de las ruedas del tren que pasaban junto a él. Volvio 1a cabeza, sintiendo unos intensos latidos, y vio a la sefiora Ruggles caida de espaldas. Se sent6, con todo el cuerpo dolo- rido, y se arrastr6 hacia ella con Ia esperanza de encontrar el revélver. Pero la mujer abrié Jos ojos y sujeté su brazo. En aquel momento pas6 junto a ellos el ultimo vagon del tren y sus luces se perdieron en la profundidad del tinel. Luego solo hubo silencio y oscuridad. Tom traté de zafarse de la mano de la mujer, pero le tenia sujeto con fuerza. Oi el ruido de su respiracion, pero no dijo nay la. —Tengo el revolver ~murmuré la sefiora Ruggles-. Dame el mas minimo motivo y no dudaré en matar Tom permanecié callado, para que su voz no delatara el miedo que sentia, La fuerza con que le agarraba el puiio de aquella mujer le hacia dato, y las piedras del suelo del tt nel se clavaban en sus rodill: pero solo > y haimedo pensaba huir de aquel aire fi que le sofocaba AyGdame a incorporarme ~dijo la se fiora Ruggles. La seda de su viejo vestido crujié al le vantarse, apoydndose con fuerza en los hom bros de Tom, y luego él tiré de ella para qu se incorporara. —Todo ha sido por tu culpa ~dijo la mu jer con voz enfadada-. Cuando salgamos de este ttinel voy a librarme de ti para siempre. Tom escuché el eco de aquellas amenaza- doras palabras, sabiendo que tenia qu tuar rapido para salvar su vida, Sin pensarlo mis, le pegé una patada en la pierna, La mu- jer dio un grito de dolor y afloj6 el pufio con el que sujetaba el brazo de Tom; con un 144 movimiento rapido este se solt6 de ella, dio la wuelta y ech6 a correr. —jWuelve! -grité la sefiora Ruggles. Hubo un destello rojizo, se oy un estam- pido y una bala se estrell6 contra la pared del tanel. Tom se detuvo, pensando que ella habia disparado hacia el lugar de donde vi nia el ruido de sus pisadas, y se qued6 quie~ to, aguardando con temor. Solo silencio en Ta oscuridad mientras transcurrian unos se- gundos interminables. Luego, oy6 unas pisadas. La seftora Ruggles se acercaba lentamente en direccian suya. Tom distinguia sus pisa- das cautelosas, que se dirigian hacia él en la oscuridad, Con el corazén latiéndole accle- radamente, se agachd, cogié una piedra y la lanz6 en direccion a la mujer. Durante un momento no oy6 nada, pero enseguida escuché el choque de la picdra contra la pared del cine. La senora Ruggles dio un grito de sorpresa y disparo hacia el lugar de donde habia venido el ruido, agra dandose el destello y el estampido del rev ver en el interior del tanel. De nuevo se hizo el silencio en Ia oscu- ridad. Tom escuchaba, pendiente de cual- 145 quier movimiento, y, finalmente, percibio las pisadas cautelosas de la mujer. Se fue acercando, crujiendo las piedras bajo. sus pies, hasta que Tom pudo oir su fuerte res piracién, Sus miisculos estaban tensos por el miedo cuando ella pas6 junto a él. Las pisadas con- tinuaron en la oscurdidad, hasta que se de tuvieron de repente. De las vias del tren venia un ligero tem- blor. Tom volvié la cabeza hacia atrés, ¢s- cuchando el creciente sonido que producian las vias al temblar. Enseguida oy6 un tra queteo lejano. El ruido se hizo mas fuerte, y una luz lejana empez6 a divisarse en la o5- curdidad del canel, Allé lejos, en el tanel, acercindose, habia una luz cuyos rayos iban desvaneciendo poco a poco la oscuridad que rodeaba a Tom y a la sefiora Ruggles. Poco después ella vio dénde estaba Tom y dispard. ‘Tom se agachd y cogié una piedra en mano. Miro hacia la oscuridad, donde habia ido Gltimamente las pisadas, echo hacia atras un brazo y lanz6 una piedra. La piedra se estrell6 contra la pared del tanel y el revolver volvié a disparar. Tom lanzé la segunda piedra, con toda su 146 cenergia, hacia el lugar donde habia visto el destello del disparo. Esta vez oy6 un grito de dolor; Tom se dio la vuelta y ech6 a correr cen direccién a la luz que se veia a Io lejos, ¥ en ese momento oy6 otro estampido y el silbido de una bala. Tom agaché la cabeza y aceleré la carrera. La luz estaba ya cercana, reluciendo en la oscuridad frente a él, y oyé el ruido de un motor. Unos segundos después, un foco lanz6 sobre él su luz. Respirando entrecortadamente, Tom se Ianz6 hacia adelante. Cuando el foco se hizo mayor, levanté los brazos para lamar la atencién y escuché el chirrido del acero al aplicar los frenos. — (Quien es usted? ~grité un hombre. Tom se protegié los ojos de la luz del foco y corrié hacia la voz. Cuando paso de la zona de deslumbramiento, vio a dos hom- bres sentados en una vagoneta de reparacio- nes, cargada de herramientas. Feliz al verlos, Tom sefialé con una mano el interior del inel. —jAyGdenme, por favor! ~dijo-. Ahi den- tro hay una mujer con un revolver. Los hombres se miraron uno a otro. 147 Ya te dije que eran disparos dijo uno de ellos. EL otro se agach6 hacia Tom. —Suba -dijo, ayudindole a subir. Tengan cuidado, que volvera a disparar advirti6 Tom. La vagoneta se puso en marcha, iluminan. do con su foco los railes. Al principio no vieron ni rastro de la sefiora Ruggles, pero cagegutla Tom distinguié un figura Iejana jAlli esta! -gritd. La vagoneta redujo la velociada. A Tom le 148: retumbaba en los oidos el ruido del motor. Al acercarse a la sefiora Ruggles, esta disparo casi sin volverse, y la bala se perdié lejos de Ja vagoneta. La sefiora Ruggles se detuvo para apuntar, apret6 el gatillo, pero no dis- par6, Lo intent de nuevo, y luego lanzé el revélver vacio en direccin a sus persegui dores. El arma se estrell6 contra la parte delan- tera de la vagoneta y rodé por el suelo del tunel, La sefiora Ruggles se volvié para echar a correr, pero uno de los hombres habia des- cendido ya de la vagoneta y la sujet por un brazo. Lucho ella, desesperadamente, pero el hombre le dobla el brazo por detris de la espalda y la condujo a la vagoneta. La sefiora Ruggles miré a Tom y le ensefié una mano ensangrentada. —Mira lo que me has hecho con una pie- dra dijo, casi Horando-. ;Como has podido hacerme esto si decias que yo te caia bien? Tom no supo qué contestar. 149 10 MUA senonA Range ahaa avn goneta y esta se desliz6 répidament salir del camel y Iuego hasta Ia estacién i guiente. Desde alli, se avis6 a la policia y se envi6 un mensaje por radio al Canadian’ Ex- press para que se detuviera Una vez que Tom presté declaracién ante la policia y vio cémo se Ievaban, debida- mente custodiada, a la sefiora Ruggles, los ocupantes de la vagoneta le condujeron hasta el tren, que se encontraba detenido en un apeadero situado frente a un lago rodeado de verdor y de montafas. Algunos pasajeros habian descendido del tren para estirar las piernas y hacer unas fo- tos del paisaje. Ya habian comenzado a cir- cular rumores acerca de Tom y de la sefiora Ruggles, y cuando se detuvo a vagoneta, Ia rodearon muchos rostros curiosos, 150 asta — {Qué ha pasado? -pregunt6 Dietmar, abriéndose paso entre los curiosos y dirigién- dose a Tom. —Poca cosa -respondié Tom-. Que me cai del tren y estos amigos me han traido de nuevo. Pero su modestia no era’ compartida por Jos ocupantes de la vagoneta, uno de los cua- les se puso de pie y se dirigié a 1a gente. —Este muchacho y nosotros somos unos héroes -dijo orgullosamente-. jHemos cap- turado a un asesino! — Quien? ~pregunté alguien, y enseguida surgieron otras preguntas-: {Dénde? {Por qué? Cuando? —|Un momento! -era el revisor, abrién- dose paso entre los pasajeros-. Que todo el mundo suba para que el tren pueda reem- prender la marcha. Vayan ustedes al vagon restaurante, y alli este joven les podra contar lo sucedido. : Ya en el tren, el camarero sirvid unos re- frescos, y Tom cont6 su historia a la gente que abarrotaba el vagén-restaurante. Luego, Ie hicieron preguntas para aclarar los puntos oscuros. — Sospechaba usted que la seitora Ruggles ist habia asesinado a Catheris un hombre. No -admitié Tom-, aunque habia algu- nas pistas que deberian haberme hecho advi- era el asesino, les eran? cro, la colilla con la mancha roja de lipiz. de labios. Puesto que Catherine Saks fu- maba con boquilla, debia haberme imaginado que en el departamento C habia estado otra mujer. c Saks? ~pregunté Tom hizo u gaseosa. 152 pausa y bebié un sorbo de —Durante el bingo, la sefiora Ruggles dijo que Catherine Saks habia tenido un papel muy pequefio en una pelicula. Como sabia cla los detalles exactos de la carrera cinema togrifica de una desconocida? Esta fue una sefial evidente que se me escapé, junto con el hecho, que resultaba extrafio, de que la sefora Ruggles no tuviera ninguna foto de sus nictos, a los que decia que iba a visitar. La mayoria de los abuelos llevan una docena de fotos de sus nietos. EI sefior Faith levant6 la mano para hacer una pregunta. —(Habia algo que indicara que el asesino era una mujer? —Si -dijo Tom-. Durante el desayuno me emteré de que Catherine Saks habia trabajado en un banco con una amiga. Mas tarde usted me dijo que Richard Saks le habia echado la ‘culpa a una cajera de su banco. Yo sospechaba que alguien queria hacer que Richard Saks apareciera culpable del asesinato, por lo que deberia haberme imaginado que lo tenia que haber hecho a cajera para vengarse. Mientras hablaba, el tren redujo la veloci- dad y entré en vin tinel. Aunque sabia que 153 estaba a salvo, Tom se estremecié al mirar la oscuridad de fuera. —Ya ven -continué-, fue una pena que no se quedara en Hollywood, porque es una ac- triz. realmente buena. —Nos engaiid a todos ~dijo el seftor Faith-. Con tanto labio pintado y tantos polvos en la cara, nunca me hubiera imaginado que fuese tuna mujer joven. Alguien estaba tirando de la manga de Tom. Bajé la vista y vio a la mujer de las pastas, sentada ante una mesa, con la caja de pastas abierta, —Tome una -dijo sonriendo-. Creo que es usted un joven estupendo. —Gracias dijo Tom, cogiendo una pasta grande recubierta de chocolate-. Por cierto, dle he dicho que usted era una de las sospe- chosas? — Yo? ~dijo la mujer, estupefacta, —Si -dijo Tom, engulléndose la pasta antes de que la mujer se la quitara de nuevo-. Pensé que usted podia haberle dado a Catherine Saks una pasta envenenada con cianuro. Por supuesto que no se la dio, y, desde luego, yo deberia haber recordado que la sefiora Ruggles ofrecié bombones a todo el mundo, bom- 1s4 bones que también podian estar envene- nados. La mujer se volvié a su marido: —|Imaginate! -dijo-. ;Pensar que mis pastas ian matar a alguien! ‘Aquello produjo una carcajada de los de- mis pasajeros, ¢ incluso el rostro desvaido de la sefiora de las pastas sonrié cuando se dio cuenta de lo ridiculo que habia sido su comentario. Algunas personas se Ievantaron para irse y otras se acercaron a estrechar la mano de Tom. Entre ellas estaba el chico de Ia gorra de béisbol. —jEnhorabuena, sefior! dijo, extendien- do la mano. Vio la pistola de agua demasiado tarde. El chico dispar un chorro de agua a la cara de ‘Tom y se alej6 corriendo, pero esta vez Tom reaccioné rapidamente y le atrapo por el cuello. —iVen aqui! ~dijo al chico, que forcejeaba por soltarse, arrastrindolo al pasillo vacio. ‘Cuando regres6, Tom venia sonriente, y el chico no parecia haber sufrido ningin dani Los pasajeros daban palmaditas a Tom en la 155 espalda, feliciténdole, y entonces divis6 al se- fior Faith, que se marchaba. —(Seitor Faith! ~dijo, abriéndose paso en- tre los pasajeros-. jEspere un minuto! — Qué desea? -pregunté el hombre, de- teniéndose en la puerta. —(Quiere hacer el favor de abrir el ma- letin y ensefiarme lo que lleva dentro? —No puedo hacerlo ~dijo el hombre. Pero se habian acercado otras personas y tuna mujer dijo que debia abrirlo, como pre- mio para Tom. El seftor Faith accedié mala gana; marcé primero la combinacion del candado y luego gird el disco, —Me muero por ver lo que hay -dijo Tom inclinandose sobre el maletin-. Apues- to a que esti leno de diamantes y rubies, Pero se equivocaba, porque todo lo que pudo ver dentro fue un montén de papeles. Desilusionado, levanté la vista hacia el sefior Faith. —Estaba seguro de que no me iba a creer ~dijo el sefior Faith-. jNadie me cree! —No lo entiendo. Yo soy escritor. Este es mi dltimo ma nuscrito, y se lo Hevo a un editor de Van- cuver. 156 —Pero, como puede valer un millén de 6lares? BeAr Hailey gané un millon de do- fares con su libro Aeropuerto, Con un poco de suerte, yo puedo ganar lo mismo con este. — (Como se titula? : —{Oh, no! jNo puedo decirselo! -El sefior Faith cerré la tapa del maletin-. Nadie pue- de saber el titulo. — {Por qué Heva el maletin sujeto a la museca? —pregunt6 Tom, sefialando las ¢s- S. Pesos primeros manuscritos de Heming- way fueron robados en una estacién de fe- rrocarril -dijo el sefior Faith-. A mi munca me sucedera eso. {Caramba! -dijo Tom-. No habia co- nocido antes a ningin escritor, Estaré pen: diente de la publicacién de su libro. El sefior Faith parecia encantado. —Ya me han publicado varios, con_los seudénimos de William Hope y Robert Cha- rity. ;Por qué no compra esos, ademas? —Apuesto a que usted ha usado también ‘otro scudénimo ~dijo Tom, chasqueando los dedos. —Cual? 1S7 Franklin W. Dixon —No lo he oido nunca. —Me extrafia que no lo haya oido ~dijo Tom, sorprendido-, porque es el mejor, Es- cribe las historias de los hermanos Hardy. {De qué tratan? Tom mir6 al sefior Faith, asombrado de su ignorancia, De dos hermanos que son detectives. Sus libros estin en todas partes — Si? El sefior Faith parecia interesado y se qued6 mirando atentamente a Tom-. Us- ted también es un detective, Quizd escriba algéin libro sobre usted y gane un millon de dolares. —Eso seria estupendo -respondié Tom, sonriendo, —Aunque, pensindolo bien, no creo que se vendiera mucho ~dijo el sefior Faith-. Ol- videlo. ‘Tom se sintié defraudado, aunque no lo dio a entender. Estaba a punto de irse cuan- do un hombre pelirrojo y con barba le hablo desde un rincén. —Yo escribiré acerca de usted, y sera un personaje famoso dijo. ‘Todo el mundo se ri6, incluso Tom 158 Una iiltima cosa -dijo el sefor Faith-. Por qué me dejé solo en aquella ciudad? Casi pierdo el tren. i —Acabé harto de sus preguntas. Ademas, Jos trenes son como las novias. Si pierdes tuna, pronto encuentras otra, El sefior Faith cogio su maletin y dond el vagén restaurante. Los otros pasajeros también comenzaron a marcharse. Y Tom vio a Dietmar junto a una mesa, sirviéndose unos trozos de tarta en un plato. Min estis hambriento? -le dijo, acer cindose a él-. Quieres un chicle? Dietmar asintio. {Sabes una cosa? dijo Tom, ofr dole el paquete de chicles-. An no he ol- vidado aquella broma que me gastaste con la bomba —jPobre Tom! -dijo Dietmar riéndose. Y sac6 del paquete una pastilla de chicl n- 159 8 aie Eric Wilson ASESINATO EN EL. ANADIAN EXPRESS "CANADIAN EXPRESS. LOS MISUOS PROTA (QUE ACABA OE TERMINAR EL CURSO [ESCOLAR.VIAJAENEL CANADANEXPRESS. [RECORRIDO DEL MUNOO (+433 KILOME ‘TAOS, SALE DIARIAMENTE DE MONTREAL ‘COMETE UN ASESINATO:LABELLAESPOSA “OM AUSTEN HLIO DE UN JEFE DE POLICIA YY LECTOR EMPEDEANIDO DE NOYELAS POLICICAS, EMPIEZA & DWESTIGAR POR ‘SUCUENTA PARA DESCUBAIN AL ASESINO VIVE UNAS INTERESANTES AVENTURAS, ‘CON RESGOINCLUSODE SU PROPIA IDA [ERIC WILSON ES UR CONOGIDG ESCA TOR CANADENSE. TIENE 008 GRANDE: PASIONES. SUS CLASES, PUES ES PROFE- ‘SOR EN LA COLUMBIA BRITANICA, Y LA LUTERATURAINFANTILY JUVENI. OENTRO. DE ESTE ULTIMO CAMPO WA CULTIVADO™ CON EXITOLANOVELAPOLIGINCA. AESTE._ (GENERO PERTENECE ASESINATO EN EL CGONISTAS APARECEN EN TERROR EN APARTIR DE 9 ANOS: 5