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Seccién: Clisicos Jean-Jacques Rousseau: Las ensofiaciones del pascante solitario Prélogo y notas de Mauro Armifio EI Libro de Bolsillo Alianza Editorial Madrid “Thao orginal: Ler révenis dc promenenr soit. ‘radactor Mauro Atif, Primera edici6n en «El Libro de Bolsillo»: 1979 ‘Tercera reimpresién en «El Libro de Bolsillow: 1998 Reservados todos los derechos Fl contenido de esta obra ests proteyido por a Ley, que establece pena de prisin y/o malas, demds de las co- Frespondicatesindemnizaciones por dao y perjuicios, para quienes re produjeren, pagaren, distibuyeren o comunicaren publiamente, en {odo o'en parte una ob iteraria, aritcao cientific,oau transforma: ‘Sn, interpretacién 0 ejecucion ardstca fijada en cualquier tipo de so- [porte o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva auto © prlogo y traduecién. Mauro Armito © Alianza Editorial S.A, Madrid, 1979, 1989, 1988, 1998 ‘Calle Jun Ignacio Luca de Ten, 15; 28027 Madeis rel 91.393 $8 8 ISBN: 84-206-1707-5, ‘Deptt legal M. 27343-1998 Fotocomposicién: EFCA Impreso en Closs-Orcoyen, S.1-PoligonoIgasa Paracellos de Jarama (Madrid) Printed in Spain Primer paseo Heme aqui pues, solo en la tierra, sin més hermano, pr6- jimo, amigo ni compafiia que yo mismo *. El mas sociable y mas amante de los humanos ha sido prosctito por un acuerdo undnime. Han buscado, en los refinamientos de su odio, el tormento que seria més cruel pata mi alma sensible, y violentamente han cortado todos los lazos que me ataban a ellos. Habria amado a los hombres a pesar de ellos mismos. Sélo cesando de serlo han podido sustraerse ‘a mi afecto, Helos ahi ahora, extrafios, desconocidos, nu- los al fin para mi puesto que lo han’ querido. Pero yo, desligado de ellos y de todo, gqué soy yo? He ahi lo que ‘me queda por averiguar. Por desgracia, tal bisqueda debe it precedida de una ojeada sobre mi posici6n. Es éta una idea por la que neceariamentedebo pasar pa gar de ellos a mi. + Exe pusco ha sido datado fines de septiembre o primero de 0: tubre de 1776, dos meses desputs por tanto de la mere (2 de agosto) e su protector el principe de Cont a Jean Jacques Rousseau Hace quince y més afios* que estoy en esta extrafia po- una indigestiOn me atormenta, que duermo un mal suefio Y¥ que voy a despertarme aliviado de mi pena volviendo a ‘enconttarme con mis amigos. Si, no hay duda, sin perca- tarme, he tenido que dar un salto de la vigilia al suefio, 0 ‘mejor, de la vida a la muerte. Sacada no sé cémo del or- den de las cosas, me he visto precipitado en un aos in- comprensible en el. que no ercibo nada de nad: ycuan- to més pienso en mi situacion presente menos pues comprender dénde estoy. ee ee iAy! @Cémo hubiera podido prever el destino que me esperaba? ¢Cémo, incluso, puedo concebitlo hoy que es- toy a él entregado? ¢Podia, en mi sensatez, suponer que un dia yo, el hombre que yo era, el mismo que todavia soy. pasaria, seria renido sin sombra de duda por un ‘monstruo, por un envenenador, por un asesino, que terminarfa convirtiéndome en el hottor de la raza huma- na cn ol jute dela canalla, qué el nico saludo que ‘me harian los viandantes seria escupir sobr jue na generac ee diver, con acutae wndnane en eae terrarme vivo? Cuando esta extrafia resolucién se produjo. cogido por sorpresa, quedé al principio trastornado. Mi agitaciones, mi indignacidn me sumieron en un delitio** que no ha tenido bastante con diez aos para calmarse, y en ese intervalo, cayendo de error en ertor, de falta en fal- ta, de estupidez en estupidez, he proporcionado a los rec- totes de mi destino con mis imprudencias cuantos instru- Ne ea ala a en endl sre oe meres pace ol Bote gee ie at & haces Pe Eo Dia pai nn Be the ge ev kone oe oh 38 Aa ea a ln a “st iid aa Boesch soa nore haan fe ea eens ee eee ee aC igece” oak cane aie Ce ceases hep lane Give ernbe Gmaed hea dace [as ensoaciones dl pascante slitario » ‘mentos han empleado ellos habilmente pars fijarlo sin re- imisin '"Targo tiempo me he debatido con tanta violencia como ‘en vino. Sin habilidad, mafias, disimulo ni prudencia, franco, abierto, impaciente, artebatado, al debatitme no hhe hecho sino statme mas y darles sin cesar nuevos pretex- tos que se han cuidado mucho de despreciar. Por dlkimo, al sentir todos mis esfuerzos y que me atormentaba sin provecho, he tomado el nico partido que me quedaba por tomar: sometcrme « mi destino sin forcejeat mas con fa necesidad. En esta resignaciGn he hallado el desagravio de todos mis males por la tranquilidad que me procura y {ue no podia unitse al esfuerzo continuo de una resisten: cia tan penosa como infructuosa. ‘Orra cosa ha contribuido a esta tranquilidad. En todos Jos refinamientos de su odio mis perseguidores han omiti- do uno que su animosidad les ha hecho olvidar; y ha sido fpraduar los efectos de tal modo que pudiesen renovar sin fesar mis dolores, lanzindome constantemente una ofensa nueva. Si hubieran tenido la habilidad de dejarme algén destello de esperanza, atin me tendrian cogido por ahi. Todavia podrian hacer de mi su juguete con algtn falso scituclo y afligirme después con un rormento siempre ‘nuevo para mi espera decepcionada, Peto han agotado por anticipado todos sus recursos; al no dejarme nada se han despojado de todo a si mismos. La difamacién, el abati- miento, la irtisién, el oprobio con que me han cubierto ‘ho son mis susceptibles de aumento que de alivio; ni ellos pueden agravatlos niyo sustracrme a ellos. Se han afana- do tanto por colmar la medida de mi miseria que todo el poder humano ayudado por todas las argucias del infies- ‘no, nada podrian aBadir. El dolor fisico mismo, en vez de aumentar mis penas las diversficarfa. Al atrancarme gri- tos, quizd me ahorraria los gemidos, y los desgartamientos dde mi cuerpo interrumpirian los de mi coraz6n. Puesto que todo esté consumado, cqué puedo temer de ‘ellos? All no poder empeorar mi situacidn, no logearin ins- jrarme alarma. La inquietud y el temor son los males a Que me han entregado para siempre: al menos es un ali- 30 Jeanucques Rowse vio. Los males reales tienen poco ascendiente sobre mf: 1o- mo con facilidad poscura ante los que experimento, pero ‘no ante aquellos que temo. Mi imaginacién amedrentada los combina, los revuelve, los desarrolla y aumenta. Su es- eta me atormenta cien veces més que su presencia, y la amenaza es cien veces més terrible que el golpe.. Tan pronto como Hlegan, el acontecimiento, al privatlos de to- do cuanto tenfan de imaginario, los reduce a su justo va. lor. Me parecen entonces mucho menores de lo que me los habia figurado. y en medio de mi sufrimiento no dejo incluso de sentir aivio. En ese estado, libre de todo nuevo temor y a salvo de la inguiewud de la esperanza, slo la costumbre basta para hacetme dia a dia més soportable luna situacién que nada puede empeorar, y a medida que el sentimiento se embota con la duracién no tienen ya ‘medios para reanimarlo, Ese es el bien que me han hecho zis perseguidores al apurat con desmesura todos los recur. sos de su animosidad. Se han privado de todo dominio sobre mi y de ahora en adelante puedo burlarme de ellos. No hace todavia dos meses que mi corazén ha recupera. do una calma plena. Desde hace largo tiempo nada teria, Pero atin esperaba, y esta esperanza, tan pronto alimenta. da como frustrada, era una trampa en la que mil pasiones diversas no cesaban de agitarme, Un succso tan stiste co- ‘mo imptevisto vino por fin a borrar de mi corazén ese dé bil rayo de esperanza, haciéndome ver mi destino fijado para siempre sin remisién en este bajo mundo. Desde en~ tonces me he resignado sin reservas y he hallado la paz. Tan pronto como empecé a enuever la trama en toda su ‘extensiGn, abandoné para siempre la idea de hacer volver, en vida, al piblico los ojos sobte mi; ademés, al no podet ser este retomo teciptoco, de poco me servitia en adelante. Por més que los hombres volviesen a mf, ya no me ‘encontrarian. Con el desdén que me han inspirado, su {rato me resultaria insipido e incluso enfadoso, y me hallo cien veces més feliz en mi soledad de lo que podria ser vi- viendo con ellos. Han arrancado de mi corazén todas las dulzuras de la sociedad. A mi edad no podrian getminar de nuevo; es demasiado tarde. Que en adelante me Las cniotacines del paeant solitatio causen bien o mal, todo me resulta indiferente viniendo, aL de ellos, y hagan lo que hagan mis contemporineos nunca ‘nada para Pero comaba an con el fuuuo, y espeaba que una ge- reracién mejor, al examinar con’ mds atenci6n tanto os jucosemitdos sobre mt por Ete como su conducts pare smigo, desenmarafaria. fécilmente las. artimanas tenes io dirgen y me verlan al fn tal cual soy. Esta es peranza me hizo escribir mis Didlogos y ella fue la que me fog il locas tematias para haceros pasar a sidad*. Aunque lejana, esta esperanza mantenia mi ee ee en el siglo un corazén justo; pero mis esperanzas, por més Tejos que las pusiera, me hacian igualmente juguete de los hombres de hoy. En mis Did/ogos he dicho en qué funda- ba esa espera. Me engaftaba, Por suerte, me di cuenta lo bastance a tiempo pata encontrar antes de mi hora Gltima un intervalo de quietud plena y de reposo absoluro. Este intervalo empez6 en la época de que hablo, y tengo moti- ‘vos para creer que no se interrumpiré ya nunca. Pocos dias pasan sin que nuevas reflexiones me confit. ‘men el error en que estaba al contar con el retorno del Pblico, incluso en otra Epoca; puesto que, en lo que a Ini atafie, ese retorno es conducido por guias que se wvan sin cesar en las corporaciones que me cogieron tveridn. Los sere particulates mucten pero los euerpos Goleevos no myeren. Las mismas paiones se pexpettan fen ellos y su odio ardiente, inmottal como el demonio ue lo inspira. tiene sempre igual actividad. Cuando to- * Una de a temas isla cnfat a ser de bo evidence, depeando cman ns didlogo Rona ars de Jeo que, ch el slar de Nowe Dame’ e 34 de fle de 1716en fects cnc sas dos de ede porands ss orgna, pe encons In sea del coe cra: ceyendo,angumado, quel rvdenes te Tain poco de pane dev cnemaon haa punto de nope thine an Pesta lathe pn ea 0 ca gad Ye Sec Se Ulan ep ae on ern {Bidogs, pos sare crbugs gabe scold gue (Gaver cctada ca un beni del cto. qe prt de Pigs is quo» bi peao coand frmo ns proper 32 Jean Jacques Roussems dos_mis enemigos hayan muero, Jos médicos, los ‘oratorianos” viviran todavia, y aunque no tenga més per- Seguidores que esas dos corporaciones, estoy seguro de que ‘no dardn a mi memoria més paz después de mi muerte de a que conceden a mi persona en vida. Quizé por efecto del tiempo los médicos, a quienes realmente he ofendido, puedan calmarse; pero los oratorianos, a quienes amaba, a uienes estimaba, en quienes tenta toda mi confianza, y 4 quienes nunca ofendi, los oratorianos, gentes de iglesia y ‘medio monjes, serin sicmpre implacables; su propia in- dignidad forja mi crimen, que su amor propio no me per- donard jams, y el pablico, cuya animosidad se encargarén de alimentar y reanimar constantemente, no se calmard ‘més que ellos Todo se ha acabado para mi en Ia tierra. No se me puede hacer ni bien ni mal, Nada que esperar ni que te- mer me queda en este mundo, y heme aqui tranquilo en el fondo del abismo, pobre mortal infortunado, pero im- pasible como el mismo Dios Cuanto me ¢s exterior me es extrafio de ahora en ade- lante. No tengo ya en este mundo ni projimo, ni semejan- tes ni hetmanos. Estoy en la tierra como en un planeta extrafo, en el que habria caido desde aquel en que habi- taba. Si reconozco a mi alrededor alguna cosa no son més que objetos afligentes y desgarradores para mi coraz6n, y ‘no puedo ditigir los ojos sobre lo que me afecta y rodea sin encontrar siempre algiin motivo de desdén que me in- digna, © que me aflige. Apartemos, pues, de mi espiritu todos los penosos objetos de los que me he ocupado tan dolorosamente como en vano. Solo para cl resto de mis dias, puesto que sdlo en mi encuentro cl consuelo, la es- pperanza y la paz, no debo ni quiero ocuparme mis que de ‘mi, En este estado me hallo cuando emprendo de nuevo Ja continuacién del examen severo y sincero que antafo llamé mis Confestones. Consagro mis sltimos dias a estu- diarme a mi mismo y a preparar con antelacion las cuentas * En el ricer dalogo de Rowseaw juer de Jean Jacques se explaya sobre las corporacones Que lo persegay Tas preumcasofeneas del sei ‘or. Los médicos son iguslmente blanco de us utagues en el Em Las emsonaciones del paseamt sliatio 2 gue no tardaré en rendir de mi. Entreguémonos por completo a la dulzura de convetsar con mi alma, puesto {que es lo dinico que los hombres no pueden quitarme. Si a fuerza de reflexionar sobre mis disposiciones intcriores alcanzo a ponetlas en mejor orden y a corcegit el mal que puede quedar, mis meditaciones no serén completamente indtiles, y aunque no sirva para nada bueno en la tetra, ino habré perdido del todo mis dltimos dias. Los ocios de ‘mis paseos diatios han estado a menudo lienos de con- {emplaciones deliciosas cuyo recuerdo lamento haber per- dido. Fijaré mediante la escritura las que pucdan venirme todavia; cada vez que las relea volveré a mi su disfrute. ‘Olvidaré mis desgracias, mis perseguidores, mis oprobios ppensando en el premio que habia merecido mi coraz6n Estas hojas no serin propiamente més que un informe diario de mis ensoftaciones. Se trataré mucho de mi, pot- que un solitario que reflexiona se ocupa necesariamente | mucho de si mismo. Por otto lado, cuantas ideas extrafas | Pasen por mi cabeza al pascarme, encontrarin wmbién aqui su sitio. Diré lo que he pensado tal cual me viene y | ¢on tan poca ilacién como la que las ideas de la vispera | suelen tener con las del dia siguiente. Pero siempre saldeé "tun nuevo conocimiento de mi naturaleza y de mi humor @ "través del de los sentimientos e ideas con que mi espititu | sealimenta cotidianamente en la extrafia situacién en que | Me encuentro, Estas hojas, por tanto, pueden ser miradas «como un apéndice de mis Confestones, pero no les doy ya ‘es titulo por pensar que nada de cuanto voy a decir lo "merece. Mi coraz6n se ha purificado en la copela de la ad versidad, y al sondearlo con cuidado apenas si encuentro fen él algan resto de inclinacién reptensible. ;Qué me Sguedaria por confesar cuando rods los afectos terrestres ™e han sido atrancados? No tengo mas de qué alabarme que de teprocharme: nada soy en adelante entte os hombres, y eso ¢s todo cuanto puedo ser al no mantenet «on ellos relacién real ni verdadera sociedad. Al no poder Ya ningdn bien que no se convierta en mal, al no Poder actuar sin perjudicar a oro 0 a mi mismo, abstenct- ‘me se ha convertido en mi Gnico deber, y lo cumplo con 4 JeanJacques Rousseau tanto mayor gusto cuanto que me ¢s natural. Pero en esta desocupacién del cuerpo mi alma sigue activa, atin produ- ‘ce sentimientos, pensamientos, y su vida interna y moral parece incluso haberse actecido con la muerte de todo in- terés terreno y temporal. Mi cuerpo para mi no es ya sino tun embarazo, un obstéculo, y de antemano me desprendo de €l cuanto puedo. Una situacién tan singular merece seguramente ser exa- minada y descrita, y a este examen consagro mis dltimos ocios. Para hacerlo con éxito habria que proceder con or- den y método: pero soy incapaz de este trabajo e incluso ‘me apartaria de mi objetivo, que es percibir las modifica- ciones de mi alma y de sus'sucesiones. En cierto aspecto hhaté sobre mi mismo las operaciones que hacen los fsicos sobre el aire para conocer su estado cotidiano. Aplicaré el batémetro, y estas operaciones bien dirigidas largo tiem- ‘po repetidas podrin proporcionarme resultados tan ciertos como los suyos. Mas no pretendo tanto con mi empresa Me contentaré con llevar el registro de las operaciones sin tuatar de reducitlas a sistema. Hago lo mismo que Mon- taigne, pero con un objetivo completamente distinto al suyo: pues él no escribia sus Ensayos sino para los dems, y yo s6lo eseribo mis ensofiaciones para mi. Si durante mis ppostreros dias, en vispera de Ia partida, contindo, como ‘espero, con la misma disposicién en que estoy. su lectura ‘me recordari los dulzores que disfruto al escibirlas, y el hacer renacer de este modo y para mi el tiempo pasido, duplicaré por asi decir mi existencia. A pesar de los hombres, podré gozar atin el encanto de la sociedad y vi- vir€ decrépito conmigo en otra edad. como viviria con un ‘amigo menos anciano. Escribi mis primeras Confesiones y mis Didlogos con la preocupacién constante de sustraetlos a las manos rapaces dde mis petseguidores, para transmitirlos si fuera posible a ‘otras generaciones. Esa inquietud no me atormenta ya tes- pecto a este esctito, sé que seria indril, yal haberse apaga do en mi coraz6n el deseo de ser mejor conocido de los hombres, no queda en él més que una indiferencia pro funda sobre la suerte de mis vetdaderos esctitos y de los Las ensotacones del pascante sola x ‘monumentos de mi inocencia, que quiza hayan sido todos aniquilados para siempre. Que espien bien lo que hago, aque se inquieten por estas hojas, que se apoderen de cllas, Tas supriman, las falsifiquen, ya todo me da igual. Ni las culto ni las muesto, Si me fas quitan en vida, no me ‘quitarén ni cl placer de haberlas escrito, ni el recuerdo de ea ni las aoe solitarias de que son Wo y cuyo manantial s6lo con mi alma puede apotarse. Si desde mis primeras calamidades hubierasabido o ope: ‘etme a mi destino, y adoptar el partido que hoy adopto, todos los esfurzos de los hombyes, todat sus eepantens ‘Maquinaciones habrian carecido de efecto sobre mi y no thabrian turbado mi teposo con todas sus artimafias como. no pueden turbarlo de ahora en adelante con todos sus Exitos: que gocen cuanto les plazea con mi oprobio: no | me impedirin gozar de mi inocencia y acabar mis dias en Paz a pesar suyo. Segundo paseo Pues habiendo formado el proyecto de describir el estado habitual de mi alma en la posicién més extrafia en que ‘mortal alguno podrd encontrarse nunca, no he visto ma neta més simple y mas segura de cjecutar esta empresa {que llevar un registro fiel de mis pascos solitarios y de las ‘ensofiaciones que los lenan cuando dejo mi cabeza ente- ramente libre y a mis ideas seguir su inclinacin sin resis- tencia ni traba. Esas horas de soledad y meditacién son las Gnicas del dia en que soy yo plenamente y para mf sin distraccién ni obsticulo, ¥ en que verdaderamente puedo decir que soy lo que Ia’ naturaleza ha querido, Pronto comprendi que habia tardado mucho en ¢jecutar ‘este proyecto. Mi imaginaciGn, menos viva ya, no se infla- ‘ma como antafio con la contemplacion del objeto que la ‘anima, me embriago menos del delirio de la ensonacién; hay mis reminiscencias que ereaci6n en lo que ahora pro- dduce, una tibia languidez enerva mis facultades todas, el ‘spiritu vital se apaga en mi por grados; sélo a duras pe- * Exe registo fil podvian ser las «aras de batsae, raducidas en a peters edie conrinoacion de ky pasos % ‘as ensoniaciones del paseaneslitario 37 nas mi alma se lanza fuera de su caduca envoleura. Y sin la esperanza del estado al que aspiro porque siento tener derecho 2 él, no existiria més que por los recuerdos. Pot ello, para contemplarme a mi mismo antes de mi declive, ddebo remontar al menos algunos afios hasta el tiempo en que, perdida toda esperanza aqui abajo y sin hallar ali- ‘mento para mi corazén en la tierra, me acostumbré poco a ‘poco a nuttitlo con su propia sustancia y a buscar todo su asco dentro de mi. Este recurso, que demasiado tarde, se hizo van fecundo que pronto bast pata resarcirme de todo. El hé bito de recogerme en mi mismo me hizo perder al fin el ‘sentimiento y casi el recuerdo de mis males: aprendi as, " Por propia experiencia, que la fuente de la verdadera feli- “Gidad est4 en nosotros. y que no depende de los hombres “hacer tealmente miserable a quien sabe querer ser feliz Desde hace cuatto 0 cinco afos gusto habieualmente exis, ~ delicias internas que hallan en la contemplacién las almas “amorosas y dulees, Aquellos arrebatos, aquellos éxtasis que a veces experimentaba al paseatme asf, totalmente s0- “To, eran goces que debia a mis perseguidores: sin cllos " funca habria hallado ni conocido Tos tesoros que en mi ‘mismo levaba. ¢Cémo llevar un registto fiel en medio de “fantas riquezas? Al querer acordarme de tantas dulces en- iaciones, en lugar de escribirlas volvia a caer en ells. Es tun estado cuyo recuerdo lo hace resurgir, y que se cesa conocer tan pronto como s€ cesa de sentitlo. Experimentaba bien este efecto durante los pascos que Ssiguicron al proyecto de escribir Ia continuacion de mis, - Gonfesiones, sobre todo durante uno del que voy a hablar "E01 cul un acidene imprevisto vino a romper el hilo i mis ideas y a darle curso distinto por alga tiempo". DB msideme de Menon tiene en Lar emofacioneimponan- ia de primer od: Roan I conc cae de ibs po Best crprinctn commence deers cn Cade puns po ot dod sine genes et eran en dy en eg To manor, Ee segundo psc ete cve de I pve ib te Mibo y ak mismo tempo ln weveries que To forma es la ns desta tk 8 Jean Jacques Rouseau El jueves 24 de octubre de 1776 segui, después de co- mer, los bulevares hasta la calle de Chemin-Vere por la ‘que gané las altura de Ménilmontant, y de alli, comando senderos entre vifias y prados, atravesé hasta Charonne el risuetio paisaje que separa esas poblaciones; luego di un rodeo para volver por los mismos prados tomando otro ca mino. Me divertia tecorriéndolos con ese placer y ese inte- és que siempre me han proporcionado los parajes agra- dables, y deteniéndome de cuando en cuando para con- templar las plantas entre la hierba. Vi dos que taras veces vela en los alrededores de Pars y que en aquel cantén en- contcé en abundancia. Una es el picris bieracioides, de la familia de las compuestas, y otra el buplevrum falcatum. de la de las umbeliferas. Tal descubrimiento me alegro y entretuvo largo rato, que concluys con el de una planta ain mis rara, sobre todo en una region clevada, a saber, cl cerastium aguaticum que, pese al accidente que me ocurtié el mismo dia, he vueko a encontrar en un libro que llevaba conmigo y he puesto en mi herbatio. Por fin, después de haber pasado revista detalladamente 12 muchas otras plantas que veia todavia en flor. y cuyo as- ‘enumeracién, que me eran familiares, siempre me procursban, pese a ello, placer. fui abandonando poco 2 poco estas menudas observaciones para entregarme a la impresién, no menos agradable aunque més conmovedo a, que en mi causaba el conjunto de todo aquello. Hacia algunos dias que habia tetminado la vendimia; los vian dantes de la ciudad ya se habfan retitado, los campesinos dejaban también los campos hasta los trabajos invernales. La campifia, atin verde y risuefia, pero deshojada en parte ya casi desierta, oftecia por doquier la imagen de la sole- dad y la proximidad del invierno. De su aspecto tesultaba tuna mezcla de impresion dulce y triste demasiado andloga ami edad y a mi suerte para que yo no me la aplicara. Me veia en el declive de una vida inocente ¢ infortunada, con el alma llena atin de sentimientos vivaces y el espiritu como tal— por Rowseau. Puede verse en lel pao defo ral la en sonacion, 4 eabaz6n fina, la unidad funcional de i seniblidad fs (a hacia ef entorno del autor, y a sensibiidad moral interna nsofaciones del paseaneslitaio 39 adornado todavia de algunas flores, aunque ya marchitas ‘por la tristeza y desecadas por los hastios. Solo y desampa- tado, sentia venir cl frio de los primeros hielos, y mi ima- fginaciGn agotada no poblaba ya mi soledad con seres for- tmados segiin el gusto de mi coraz6n, Me decia suspiran- do: 2Qué he hecho aqui abajo? Fui hecho para vivir y mucto sin haber vivido. No ha sido al menos culpa mia, y al autor de mi ser llevaré si no la oftenda de las buenas ‘obras que me han dejado hacer, por lo menos un tributo dde buenas intenciones frusiradas, de sentimientos sanos fe tin ceo, yun pacenia «prueba del despreio de hombres. Me conmovia con estas reflexiones, recapitu- Taba los movimientos de mi alma desde mi juventud, y durante mi edad madura, y desde que me secuestré ala ‘sociedad de los hombres, y durante el largo retiro en que idebo acabar mis dias. Volvia con complacencia sobre to- dos los afectos de mi coraz6n, sobre sus carifios tan tiernos ‘aunque tan ciegos, sobre las ideas menos tristes que con- soladoras con que mi espititu se habia nuttido desde hacia algunos afios, y me preparaba a recordarlas lo suficiente ‘como para describirlas con un placer casi igual al que hhabia sentido al enteegarme a cllas. Mi tarde se pass en ‘estas apacibles meditaciones, y volvia muy contento de mi jornada, cuando en lo mas tecio de mi ensofiacin fui sa- ‘ado de ella por el suceso que me queda por contar. Mas o menos a las seis estaba en la pendiemte de Ménil- Imoneant, frente por frente casi del Galant Jardiniet fuando al echarse a un lado bruscamente y de’ pronto las Petsonas que caminaban delante de mi, vi caer sobre mi lun gran perro danés que lanzado a toda velocidad por de- Tante de una carroza no tuvo siquiera tiempo de detener Su carrera o de girar cuando me vio. Pensé que el Gnico medio que tenia para evitar ser derribado era dar un gran salto tan preciso que el perto pasase por debajo de mi Imientras yo estaba en el aire. Esta idea més répida que el telampago y que no tuve tiempo de razonar ni de ejecutar fue |a altima antes de mi accidente) No senti ni el golpe + Un lugar, © quiz, el nombre de un café sala de bale 0 Jean Jacques Rousia ‘as ensoationes dl pascanc salitatio a ni la caida ni nada de cuanto siguié hasta el momento en que volvi en mi*. Era casi de noche cuando recuperé el conocimiento. Me ‘encontraba entre los brazos de tres 0 cuatro j6venes que ‘me contaron lo que acababa de ocurritme. Sin poder fre- ‘nat mi impulso, el perro dans se habia precipitado sobre iis dos pietnas y, al golpearme con su masa y su veloci- dad, me habia hecho cact con la cabeza por delante; al | evar todo el peso de mi cuerpo, la mandibula supetior habia chocado contra un pavimento muy escabroso, y la caida habia sido mis violenta porque, al estar en cuesta, mi cabeza habia dado mas abajo que’ mis pies. La cattoza a que pertenecia el perto vino inmediata- mente y me habria pasado por encima del cuerpo si el cochero no hubiera retenido al instante sus caballos. Es ‘canto supe por el relato de los que me habian incorpora- do y que atin me sostenfan cuando volvi en mi. El estado en que me encontraba en aque! instante es demasiado sin- gular para no hacer aqui la descripcién La noche avanzaba. Vi el cielo, algunas estrellas, y un poco de verdor. Aquella primers sensacién fue un mo- mento delicioso. No me sentia a mi mismo més que pot cella. Nacfa en ese instante 2 la vida, y me parecia que con mi ligera existencia llenaba todos los objetos que percibia. Entero en el momento presente, no me acordaba de nada; ‘no tenia clara noci6n alguna de mi individualidad, ni la menor idea de lo que acababa de ocurritme; no sabia ni {quién eta ni dénde estaba; no sentia ni mal, ni temor, ni in- quietud. Veia correr mi sangre como habria visto corter tun siachuelo, sin pensar siquiera que de algin modo aquella sangre me pertenecia. Sentia en todo mi ser una calma arrebatadora a la que nada comparable encuentro, cando ft ecverdo*. en toda la activded de ls placres * Fue a cattora de Le Pll de Suit Fagen, se de Mésilion tant, y jansensta de ctct la Corespondance scare de Frags Mets, Comtesponsal dl rey de Prusia, Le Pelee volvis de casa desu made se ain lca de 23 de noviembve de 1776. de Mets * En Montagne (Eats, bo Il, cap. 64 encuema un pase a go wat una cid de cabal En Reistan a conimcano & mise Me preguntaron dénde vivia; me fue imposible decitlo, Yo pregunté donde estaba; me dijeron en la Haute Bore”; cta como si me hubieran dicho en ¢/ monte ‘Aas. Hubo que preguacar sucesivamente el pais, la poblacién y el barrio en que me encontraba. Incluso esto, ino bast5 para reconocerme; precisé todo el trayecto desde it hasta el bulevar para recordarme mi domicilio y mi ombre. Un sefior a quien no conocia y que tuvo la cari- “dad de acompanarme algiin tiempo, al saber que yo vivia lejos me aconsej6 tomar en el Temple un simén que Ievase a mi casa, Caminaba muy bien, con ligereza, sentir ni dolor ni herida, aunque continuaba escupien- jo mucha sangre. Peto tenia un escaloftio glacial que fa temblar de forma muy incémoda mis dientes rotos. ‘Legado al Temple pensé que, puesto que caminaba sin esfucrzo, era mejor proseguir asi mi camino a pie que ex- jnetme a perecer de frio en un simén. De este modo a media legua que hay entre el Temple y la calle latiere, caminando sin esfuerzo, evitando los obstaculos, | Tos coches, escogiendo y siguiendo mi camino tan bien co- hubiera podido hacerlo en plena salud. Llego, abro el | Secreto que se ha hecho poner en la puerta de la calle, su- la escalera en la oscuridad y entro al fin en mi casa sin accidente que mi caida y sus secuelas, de las que ni Quuiera enconees me daba cuenta todavia. | 9 ems cio gcc to spp a cierto pao de Md, pero tana tazosy durante un laps de empo et prolonged, Ais pimerossenumients aban mucho més cere de avd que de “ce Bee freed te tcp frome imo cn sna eencarme st aspecto ys iea tan cerana lo earl, me econ aigin modo con ela Cuando comence ve, fu com ina i ta tan mortecina que to denis aon ada mas que ia uz. Me fc que mi vida no.me ‘oem mis que cn a punts dels ibis, Stab ls ojos para ayudar. alo que me parca, 4 empujaa fuer, taba placr en peter is focras ydejarme i Era et una mage que no hacia sino nada’ superficamente en mana tan eras {bi como todo lo demis: pero co verdad no so exenia de dingo sino meelads a sa dlnum que Senten quicess¢ dan deizat en os, Probable lugar donde estaria el Galant Jardine. 2 Jean Jacques Rouen Los gritos de mi mujer al verme me hicieron compren- der que me hallaba més maltrecho de lo que pensaba. Pa- sé la noche sin conocer atin ni sentir mi mal. He aqui lo ‘que sent y descubei al dia siguiente. Tenia el labio supe- tor hendido por la parte interior hasta la nariz; por fucra la piel la habia defendido mejor e impedia la separacién total; cuatro dientes hundidos en la mandibula superior, toda la parte del rostro que la cubre extremadamente en ‘tumecida y magullada, el pulgar derecho aplastado y muy hinchado, el pulgar izquierdo gravemente herido, el brazo inguerde aplasado, I rola iauierds ambien, may inflamada ¢ impedida rotalmente de doblatse por una fuerte y dolorosa contusién. Pero pese a todo este estropi- jo, nada roto, ni siquiera un diente, ventura que en una caida como esta s6lo puede ser obra del prodigio. He abi, muy fielmente, la historia de mi accidente. En pocos dias esta historia se propagé por Pars, ran cambiada y desfigurada que era imposible reconocer nada de ella Habria tenido que contar de antemano con semejante me- tamorfosis; pero se le unieron tantas circunstancias extta- fias, tantas intenciones oscuras y reticencias la acompafia- 10 a palabra con un aire tan risiblemente discteto que todos aquellos misterios me inquietaron Siempre he odiado las tinieblas. me inspiran por nacurale- za un horror que aquellas con que se me rodea desde hace tants affos no han debido disminuir, Entre todas las sin- gularidades de ese momento s6lo sefalaré una, pero sufi- ciente para hacer juzgar las demas. M. Lenoir, teniente general de policfa, con quien jamés hhabfa mantenido yo relacién alguna, envié a su sectetario a informarse de mis nuevas y a hacerme apremiantes ofte- cimientos de servicios que no me parecieron en aquella citcunstancia de gran utilidad para mi alivio. Su secretario rno dej6 de exhortarme muy vivamente a aprovechar tales offecimientos, hasta el punto de decirme que si no me fiaba de él, podia escribir directamente a M. Lenoit. Esta gran diligencia y el aire de confidencia que unié me hi Cieron comprender que bajo todo aquello habia algiin ‘misterio que en vano trataba yo de penetrar. No era preci- ensoiaciones del paseante slitario 8 "$0 tanto para amedrentarme, sobre todo el el estado de fagitaci6n en que mi accidente y la fiebre que se le habia "nid habfan puesto mi cabeza, Me entregaba a mil con- jeturas inquierantes y tristes, y hacia sobre cuanto ocurtia ami alrededor comentarios que més bien indicaban el de- + Tirio de la fiebre que la sangre fria de un hombre que no tiene ya interés por nada. Otro suceso vino a acabar de turbar mi tranquilided Madame d’Ormoy me buscaba desde hacia algunos afos “sin que yo pudiese adivinar por qué. Pequefios regalos afectados, frecuentes visitas sin objeto y sin placer me in: © dicaban claramente un objetivo secteto en todo aquello, "pero no me lo mostraban. Me habia hablado de una nove- Ta que queria hacer para oftecérsela a la reina*. Yo le Tabla dicho lo que pensaba de las mujeres autores. Me ha- fa dado a entender que aquel proyecto tenia por ob- jetvo el restablecimiento de u fortuna, para lo cual tenfa necesidad de proteccién; nada tenia yo que objetar a ello Después me dijo que, no habiendo podido tener acceso la reina, estaba decidida a dar su libro al pablico. No era cl caso darle consejos que no pedta, y que no habria se- guido. Me habia hablado de mostrarme antes el manusci 10. Yo le rogué no hacerlo, y no lo hizo Un buen dia, durante mi convalecencia, recibs de su * Se erata de Les Malhenrs de la jeune Elie, ovr sree diner tiom ander vertneuser et retible Las deagracie dela joven Emilie, pa sr de cn ie awa ene gu eve "Fecha de 1777 como lade edi: sin ermbargo. el iby fue edtado a tex: Rovsseus ceibas on ejemplar entre noviembre y diiembee de 1776 Ta nota que provoc las irs de Rowseau audia ala preson fal jer da or el gobierno sobre el campesnado ments e Rey, ignorance de Yodo, se dejabs adular pot los cavesanos «Son Tos Reyes quienes por Afeneral hacen metas vires, sob Ase rodelan Tos que ener las Fendas del gobiceno, Bajo un Rey virtuoso renacen las costumbres 9 la Petia: honradas se apresran 3 todeat el won». El elogo ba ditigido Enis XVI pero Turgor aababa de ac, sin que furan ajenas 2 cada Tas inigasde Matia Antonie. Rouesu, citado enc prlogo dela 20 Vela como cl héroc de Mme. d'Ormoy.n0 pia igaoat el peligro dees fa ota que desaparecis em las sigicntes ediciones de Les- Mathews: e fexto, en ss ambiguedad, parca hacer a Rouseau auto clandestine de Tarnevela, al menos dee opin exptesda por Ia nora “ Jean Jacques Rousseau parte un libro ya impreso ¢ incluso encuadernado, y vi en el ptefacio alabanzas de mi tan gruesas, hilvanadas tan torpemente y con tanta afectacién que quedé desagra dablemente impresionado. La burda adulacign servil que de alli se desprendia jamés estuvo unida a la benevolen- ‘ia, mi corazén no podia engaftarse al respecto Algunos dias después, Mme. d’Otmoy vino a verme con su hija, Me hizo saber que su libro estaba teniendo | mayor repercusi6n por una nota que habia llamado la atencién; yo apenas me habia fijado en aquella nora al re- correr répidamente la novela. La relet después de la parti- da de Mme. d’Ormoy, examin€ su cardcter, cref encontrar cen ella el motivo de sus visitas, de sus zalemas, de las sgruesas alabanzas de su prefacio, y juzgué que todo aquello no tenia mas objeto que disponet al piblico a attibuirme la nota, y por tanto la reprobacién que podia deparar a su autor en la circunstancia en que habia sido publicada. No tenia yo medio alguno para destruir aquel rumor ni la impresi6n que podia causar, y cuanto de mi dependia cra no alimentarlo soportando ia continuacion de las vanas y ostensibles visitas de Mme, d’Ormoy y de su hija, A este ‘efecto, he aqui la nota que escribf a la madre: ‘Al no recibir Rousseau en su casa a ningtin autor agra- dece a Madame d’Ormoy sus bondades y le ruega 0 honratle més con sus visitas.» ‘Me fespondi6 con una carta honesta en la forma, pero retorcida como todas las que se me han escrito en casos se- ‘mejantes. Habia hundido barbaramente el puftal en su sensible corazén. y yo debia creer, por el tono de su carta, que teniendo ella hacia mi sentimientos tan vivos y tan verdaderos, no soportaria sin morir la ruptura. Asi es co: mo la rectitud y la franqueza en cualquier asunto son cri- menes horribles en el mundo, y pareceré a mis contempo- tincos malvado y feroz por mas que a sus ojos no haya co- metido oto crimen que no ser falso y pérfido como ellos Habia salido ya vatias veces y me pascaba con bastante frecuencia por las Tullerias cuando vi, para sorpresa de muchos de los que me encontraban, que atin habia en Las ensotaciones del paseane solitario % respecto otra noticia que yo ignoraba. Supe por fin que el rumor piblico era que habia muerto a consecuencia de mi ‘aida, y este rumor se esparcié tan répida y can obstinada- mente que més de quince dias después de que yo fuese informado, el mismo Rey y la Reina hablaron de ello co- mo de algo seguro. Segin se preocuparon de escribirme, ‘el Gourrer d’Avignom al anunciar esta feliz nueva no dej6 de anticipar en cal ocasi6n el tributo de ultrajes y de in- dignidades que se prepara a mi memoria después de mi muerte, en forma de oraciSn fiinebre* Esta nueva fue acompafiada de una circunstancia mais singular atin, que s6lo supe por azar y de la que no he po- dido conocer ningén detalle, Y ¢s que al mismo tiempo se habia abit una suscipcinpaa la impresin de lo ma fnuscritos que habrian de encontrarse en mi casa, Com- prendf cntonces que ten‘an preparado un manojo de escti- tos fabiados adtede para aribuirmelos nada més mori ‘me; porque pensar que se imprimiese fielmente alguno de Jos que en efecto podrian encontrarse, es una estupidez uc no puede eaber en el Animo de un hombre sensato, y dea que quince atos de experiencia no han hecho mas que protegerme de sobra Estas observaciones hechas una tras otra y seguidas por ‘muchas que apenas eran. menos sorprendentes, estreme- cieron de nuevo mi imaginacion, que yo cteia mitigada, y + BI consponsal en Pat del Courier dAvgnon casi a sp sido a siguiente cana, fecha cl 17 e dcembsey publada en el ‘nomero 20 del mismo mcs: eM. Jean Jacques Rowseaw ha macro aco Teoria de au caida Vin pobre, ba meno miserablemene: jf si [laid dey deiano leh scorpafado hasta lamba, Lamentation poder hablar de los alentor de ene scttor clcuent; nests fe deben seni que el abo que de ellos hizo ns umpone aa el mis Fura lencio Hay moxie pa cect gue el pablo no sr pido dr arviday que chconrar hata el nombre dl pio que ha mata sh. Pars pre Voae encarta de 3 de ie» Hsin econ Geno imputor ira ven: JesnJcqis ha echo muy ben eh oti. So ec tu noo cote que oa un peo cl qu lo mut it de se fis gut su camara el pro le habla hcl peo se de que el 1 de Cicer Ie ecurn echrar la Exalads [eta pnebina en Parison ti co pncbano lado Romilly com como on diablo yal dale ti indigenes come an eno. Qué ora com un Fifa . Jean Jacques Rousseau sas negras tinieblas que reforzaban sin descanso a mi alrededor reanimaron todo el horror que naturalmente me inspiran. Me cansé de hacer sobre todo aquello mil co- ‘mentarios y de tratar de comprender misterios que se han vuelto inexplicables para mi. El Gnico resultado constante de tantos cnigmas fue la confirmacién de todas. mi pan de Movies ue on at predicacisa proves la lapidacign de Bian y ss domi on parmber de 1765" 120 Jeanacques Rousseau Pero, en efecto, equién podria esperar encontratse con una fibrica en un precipicio? En todo

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