COPOS de NIEVE

ISSN 2074-8574

www.antarkos.org.uy

Sentir la Antártida

Número

48

Abril 2016

La Segunda Escuela de Verano de Introducción a la Investigación Antártica

ARTE, CIENCIA, EDUCACIÓN, CULTURA.
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Copos de Nieve - Nº 48 - Abril 2016

ISSN 2074-8574

COPOS DE NIEVE
Revista Digital publicada por Albatros
con el auspicio de la Asociación Civil Antarkos
Apoyamos a Uruguay en la Antártida

Asociación Civil Antarkos

Fundada el 7 de octubre de 1999
personería jurídica 8439.
Presidente: Cnel (R ) Waldemar Fontes
Contacto por email: presidente@antarkos.org.uy
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Nº 48
Abril 2016

Diseño gráfico y edición
Waldemar Fontes
Editor responsable
Albatros
Colaboradores en este número
Waldemar Fontes
Gaspar González
Fuentes
Oficina de RRPP del IAU
Agenda Antártica
Facultad de Ciencias UdelaR—EVIIA
Fuentes varias de Internet

TAPA:

La Segunda Escuela de Verano
de Introducción a la
Investigación Científica, en la
Base Artigas, enero 2016

Copos de Nieve - Nº 48 - Abril 2016

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Copos de Nieve Nº 48
Abril 2016

tercera época

INDICE
EDITORIAL

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Asumió nuevo presidente del Instituto Antártico Uruguayo

6

En Base Artigas se desarrollan 19 proyectos científicos

7

Base Antártica Artigas: Una (casi) utopía con temperaturas bajo cero

9

Misión de la nave ‘Vanguardia’ de la Armada de Uruguay en la base antártica

16

Actividades de la Campaña Antártica 2015-2016

18

Jornada de Cierre de la Segunda Escuela de Verano de Introducción a la
Investigación Antártica.

22

La búsqueda del espíritu antártico. Por Gaspar González Sapriza

27

Monumento al explorador Bellingshausen en Montevideo

48

Homenaje a Alejandro Gatto (QEPD)

50

Convocatoria a la Cena del MidWInter 2016

52

Centenario de la Expedición Nacional al Sur de 1916

53

Fábula: “Un lobo marino diferente” por W. Fontes

54

Agenda Antártica: Noticias Polares

58

Convocatoria al XVI Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos

60

Sentires Antárticos,

62

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Editorial:

Restando para sumar
En 2016 recordamos el centenario de la Expedición Nacional al Sur, que al mando del
Teniente de Navío Ruperto Elichiribehety, zarpara en pleno invierno con el buque Instituto de
Pesca Nº 1, en procura del rescate de los náufragos de la expedición de Shackleton.
Este hecho, que marcó un hito en la historia antártica nacional, fue un acto heroico,
realizado por un grupo de orientales, que respondieron de inmediato a un pedido de ayuda.
La expedición se preparó de inmediato y todos los que participaron de ella fueron voluntarios,
sin esperar ninguna compensación especial por la misión que iban a cumplir.
Zarparon en pleno invierno, el 8 de junio de 1916 y fueron despedidos por una
muchedumbre que colmó los muelles del puerto de Montevideo.
El buque fue aprestado con combustible para la travesía y con víveres suficientes como
alimentar a los náufragos que se esperaba rescatar. Se acondicionó la embarcación con
telégrafo y calefacción y se reforzó la proa como para navegar en los hielos. Se hizo todo con
la premura que exigía la situación y no se descuidó ningún detalle logístico, contándose con
el asesoramiento de los proveedores marítimos de Montevideo, que estaban acostumbrados a
abastecer buques que navegaban a esas latitudes.
La expedición tuvo además un aspecto científico, pues se recibió un requerimiento de toma
de muestras de agua y de datos de velocidad de las corrientes marinas, para los estudios que
venía conduciendo desde tiempo atrás el Agrimensor Hamlet Bazzano, el primer científico
antártico de nuestro país.
Lamentablemente, al llegar a la Isla Elefante, el hielo impidió el desembarco para rescatar
a los náufragos. El Teniente Elichiribehety insistía en seguir intentando cruzar la barrera de
hielo que lo detenía pero la experiencia de Shackleton lo hizo ver que arriesgaban quedar
atrapados y perecer allí, por lo que escribió una carta, deslindándolo de responsabilidad, ante
la cual el Comandante, previa consulta con sus oficiales, aceptó retornar.

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Casi nadie en nuestro país se acuerda de aquella hazaña. Es una lástima, porque fue un
acto heroico que debería ser tomado como ejemplo de liderazgo, de organización, de
ejecución logística, de cumplimiento del deber…
Todo eso pasó hace cien años. Hoy lo recordamos y no dejamos de admirar a aquella gente
que tomaba tan en serio sus obligaciones. ¿Pero ya se terminó el tiempo de los héroes? Creemos que no- En esta campaña de verano 2015-2016, seguimos teniendo actos heroicos.
Solo basta ver el esfuerzo que hace la gente que está desplegada en la Antártida, que sin
vehículos, igual cumple con las tareas que tienen asignadas, o los que navegan en el buque
ROU 26 VANGUARDIA, el que a pesar de todos los esfuerzos de mantenimiento que se
hacen, se ha quedado sin motores en aguas antárticas, más de una vez.
Estas carencias y otras que no se hacen públicas, son resueltas con gran voluntad y
esfuerzo por los que están en el territorio antártico y también por los que trabajan en la
logística y en los planes.
La ciencia no es ajena a estas carencias. En los últimos meses, la prensa se hizo eco de
reclamos de la comunidad científica, que plantean falta de espacio en las misiones antárticas,
falta de laboratorios y falta de recursos. A pesar de esos reclamos, que creemos muy
justificados, en esta campaña se están implementando diecinueve proyectos científicos y se
llevó a cabo la Segunda Escuela de Verano, de la Facultad de Ciencias, entre otras
actividades.
Sin embargo, a pesar de tantas cosas que suman, hay otras que restan.
Recientemente, se modificó el Decreto que regula la integración del Consejo Directivo del
Instituto Antártico y se eliminó del mismo, la participación del Ministerio de Educación y
Cultura (MEC) . En su lugar, ingresó el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y
Medio Ambiente, algo que hace tiempo se reclamaba, pero ¿por qué se fue el MEC?. ¿Quién
se hará cargo ahora de la actividad científica antártica?
A cien años de la proeza del buque Instituto de Pesca Nº 1, creemos que se ha avanzado
algo en la proyección de nuestro país rumbo al sur, pero todavía queda mucho por hacer.
Sumando, tal vez lo podríamos lograr, pero restando, será más difícil…
Hasta la próxima!

Albatros

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Asumió nuevo presidente del Instituto Antártico Uruguayo
Ministerio de Defensa destaca valor estratégico de presencia uruguaya en la Antártida
www.presidencia.gub.uy
Publicado: 04.02.2016

“La presencia de Uruguay en el continente antártico es absolutamente estratégica”, admitió el subsecretario
del ministerio de Defensa Nacional, Jorge Menéndez. Dijo
además que “ Uruguay deberá hacer del tema antártico un
tema nacional”. El jerarca participó este jueves del relevo
de autoridades del Instituto Antártico Uruguayo, cuyo
nuevo presidente del consejo directivo es el director de
Personal Naval, Daniel Núñez.
Con la presencia del subsecretario del Ministerio
de Defensa Nacional, Jorge Menéndez, se realizó este
jueves el relevo de autoridades en el Instituto Antártico
Uruguayo (IAU). Durante los próximos dos años, el nuevo
presidente del consejo directivo es el titular de la Dirección General de Personal Naval, de la Armada Nacional,
Daniel Núñez.
Una vez finalizado el acto y en diálogo con la prensa, Menéndez recordó que Uruguay es, desde el año 1985,
miembro consultivo del Tratado Antártico y, por lo tanto, uno de los 29 países con voz y
voto en el continente.
El subsecretario destacó el reconocimiento internacional con que se destaca a la Base
Científica Antártica Artigas en la comunidad científica mundial. “La presencia de Uruguay
en el continente antártico es absolutamente estratégica”, consideró. Dijo además que la actividad científica, la pesca y la conservación de recursos marítimos son líneas de acción prioritarias.
El subsecretario reconoció la labor que realizan, tanto los científicos como el personal
del instituto, conjuntamente con representantes de otros países, especialmente Chile y Brasil,
en áreas que muchas veces “son olvidadas por el mundo”. “Uruguay deberá hacer del tema
antártico un tema nacional”, sostuvo Menéndez.
Reconoció también que los recursos necesarios determinan la necesidad de consolidar
acuerdos con entidades públicas y privadas para cumplir con los objetivos establecidos en el
Tratado Antártico.

“Uruguay deberá
hacer del tema
antártico un tema
nacional”
dijo el Subsecretario
de Defensa, Dr
Menéndez.

Por su parte, el director del Instituto Antártico Uruguayo, Jorge Núñez, recordó que el compromiso de gestión
asumido por la entidad tiene como principal objetivo la investigación científica.
Según el presidente del consejo directivo, uno de los desafíos principales será la difusión del trabajo que se realiza
en la Base Artigas, especialmente con los niños y los jóvenes. “Tenemos que darlo a conocer, porque nadie quiere lo que
no conoce”, reflexionó.

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En Base Artigas se desarrollan 19 proyectos científicos
Martes 15 de marzo de 2016 - 10:31 hs. En Radio Uruguay www.radiouruguay.com.uy/

En la Base Científica Antártica Artigas
se vienen desarrollando 19 proyectos científicos, contó en De Ocho a Diez el presidente
del Instituto Antártico del Uruguay, contralmirante Daniel Núñez.
Trabajan en ellos unas 50 personas.
Ocho de los proyectos se enfocan en microbiología, cuatro de ecología medioambiente y
diversidad, cuatro referidos a ciencias de la
tierra y tres de ciencias de la atmósfera, según
detalló.
Las actividades se concentran en el período de verano, señaló. Puntualizando que
cada proyecto, antes de su etapa antártica, debe pasar por una evaluación del Instituto Antártico

Contra Almirante Daniel Núñez,
Presidente del Instituto Antártico Uruguayo

Además de los proyectos de investigaciones concretas, repasó Núñez, funciona en la Base Artigas la Escuela de Introducción a la Investigación Antártica de la Facultad de Ciencias que
durante este verano tuvo su segundo ciclo.
La investigación científica es el objetivo principal, dijo Núñez, pero subrayó que esos trabajos no serían posibles sin trabajo
de mantenimiento de la infraestructura. A esa
tarea están dedicadas las nueve personas que
permanecen durante los meses de invierno en
la base.
El impacto de la Antártida está en el futuro de
los uruguayos y no en el hoy, subrayó Núñez
y dijo que aspira a que “en algún momento la
Antártida esté en la mente y en el corazón de
los uruguayos”.
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7

...Aspiro a que “en algún
momento, la Antártida
esté en la mente y en el
corazón de los
uruguayos”.
CA Daniel Núñez
Presidente del IAU

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Campaña Antártica 2015-2016

Logo de la Dotación Antarkos 32
Base Artigas - 2016

COMUNICADO A LOS OYENTES DE
PROA AL MAR:-

El programa "Uruguay, Proa al Mar", con un bloque
denominado "Proyección a la Antártida", a partir del
domingo 8 de mayo de 2016, se emitirá por CX 26
Radio Uruguay -1050 en AM-, emisora de
Radiodifusión Nacional el Uruguay de 7 a 9 de la
mañana.
Espero que nos sigan escuchando… Abrazos
Prof. Roberto Bardecio Olivera
(Director de "Uruguay, Proa al Mar")

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Base Antártica Artigas:

Una (casi) utopía con temperaturas bajo cero.
Por Ángela Reyes, especial para EnPerspectiva.net /// publicado el 25 de enero 2016

Antes de las seis de la mañana, a plena luz de día –porque se acerca el verano y no hay un solo
minuto de oscuridad– ya se escucha el trajín en los distintos edificios de la Base Científica Antártica Artigas. Las botas sobre la nieve, los bolsos arrastrándose, los clics de las últimas fotos: es 9
de diciembre y hoy se despide de la Antártida la dotación que trabajó allí durante un año.
En el comedor se recuerdan anécdotas, desde los días en octubre en que la nevada de inusual
intensidad tapaba las puertas de los edificios y no se podía salir sin ayuda, hasta la celebración
del Midwinter, el solsticio de invierno, el 21 de junio, en la que las bases de distintos países se
reunieron a celebrar, disfraces mediante, que desde ese momento en adelante la noche se vuelve cada vez más corta.
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Están el jefe de la base, el buzo, la cocinera, el mecánico, el electricista, el operador de radio, el
meteorólogo y la doctora. Se respira ansiedad y alivio. El trabajo está cumplido, y no es un trabajo para nada sencillo. Son muchos los sacrificios que las dotaciones soportan en nombre de la
investigación científica, razón de ser de las bases instaladas en la Antártida.
En la Base Artigas se desarrollan numerosos proyectos que comienzan con la recolección de
muestras en el continente –y continúan luego en Uruguay–, por ejemplo para la producción de
biocombustible a baja temperatura y menor costo o para la producción de enzimas utilizadas en
protectores solares que cumplan con los estándares exigidos por la Unión Europea.
Desde su fundación, en diciembre de 1984, la base depende del Instituto Antártico-Uruguayo
(IAU) del Ministerio de Defensa Nacional y es operada por integrantes de las Fuerzas Armadas
que aseguran su funcionamiento para uso de los científicos.
Existen dos formas de llegar desde Uruguay a la base, que se encuentra en la Isla Rey Jorge, en
el archipiélago de las Islas Shetland del Sur, en el paralelo 62º: por barco o avión, en este último
caso con una escala obligada en la ciudad chilena de Punta Arenas. En la isla, que tiene poco
más de 1.000 km2, también funcionan bases de Argentina, Brasil, Chile, China, Rusia y Reino
Unido, entre otros países. El puerto más cercano es el de Ushuaia, la ciudad más austral del
mundo.
El año se está acabando y la dotación vuelve al “mundo real” tras un paréntesis de un año en el
que cambian todas las reglas de juego. En la base, por ejemplo, no existe el dinero. No hay absolutamente ningún sitio donde gastarlo, porque todos los recursos llegan directo de Uruguay.
Esto supone, desde el punto de vista práctico, un esfuerzo supremo de organización. “Lo que hay
que tener en la Antártida sobre todo es mucho imaginación de lo que uno pudiese llegar a necesitar, porque en la Antártida no hay nada, hay que ser absolutamente autosuficiente”, explica Alejo
Contreras, el primer chileno que alcanzó el Polo Sur a pie y que desde hace más de 30 años viaja
al continente. Allí se dedica a realizar traslados, trabajando con la base chilena, la uruguaya y
también turistas.
Sin embargo, su mayor impacto es desde el punto de vista psicológico. Para quienes pasan allí el
año entero, es tranquilizador “olvidarse de que a fin de mes llueven las cuentas”, comentaba en
charla informal un miembro de la base. Esto no quiere decir que no exista conciencia del valor del
dinero. Por el contrario, algunos se postulan precisamente por la posibilidad que desde el punto
de vista económico supone la misión. Sin embargo, el cambio en la rutina es radical y exige un
proceso de readaptación una vez que la dotación vuelve a su país, explica Ángela Quarterolo, la
psicóloga del IAU, quien hace más de 20 años viaja a la Antártida.

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Cuatro vehículos, ninguno funciona
Días antes de irse de la Antártida, la dotación de 2015 comienza a despedirse de las bases vecinas, que pertenecen a Chile, China, Rusia y Corea. Se multiplican las invitaciones a los uruguayos, pero estos no tienen literalmente en qué ir. La base Artigas tiene cuatro vehículos –dos motos y dos carriers, camiones especialmente diseñados para transitar en la nieve–, pero ninguno
funciona y los repuestos para repararlos aún no llegan. Este es el reflejo de un problema mayor:
el presupuesto. Aproximadamente US$ 1 millón por año es destinado a la Antártida, un monto
“insuficiente” de acuerdo a la opinión unánime de la base.
Finalmente, todos los traslados suceden gracias a la buena voluntad de los vecinos: los chinos
van a buscar a los uruguayos, los chilenos prestan un carrier. Este gesto muestra fielmente la fraternidad que existe entre las dotaciones de los países instalados aquí, otra de las características
distintivas del continente.

Foto: Albatros
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Sociedad utópica
Este diciembre también se celebra el cambio de mando en la base Artigas. El comedor se viste
de fiesta para despedir a la dotación que estuvo en 2015 y traspasar el control a la que estará en
2016. Allí corren y juegan cuatro niñas chilenas que viven a pocos kilómetros, en la llamada Villa
Las Estrellas. Cerca de ellas, un joven ruso y otro chino, ambos con gorros con la bandera uruguaya, hablan en inglés con un oficial del Ejército. Se acerca el jefe saliente de la base y se escucha a la niña más pequeña tratando de llamar su atención: “tío Ale, tío Ale”. Pocos minutos después, otras van y le piden torta a la “tía Yose”, una torta que, en honor a la ceremonia, replica el
edificio principal de la base Artigas.
En una misma habitación interactúan uruguayos, chilenos, chinos, rusos y coreanos, todos integrantes de bases que se encuentran cercanas en la Isla Rey Jorge. Las bases se ayudan en casos de emergencias y con recursos humanos y materiales, que incluyen desde el préstamo de
vehículos hasta el intercambio de alimentos.
Pero el vínculo trasciende con creces el apoyo logístico, y la escena que se vive en la base uruguaya se repite luego en otras. Y hay visitas a la iglesia ortodoxa rusa, a la tienda de souvenirs
chilena y al invernáculo de cultivos hidropónicos chino.
“Con los chinos se formó una excelente amistad”, cuenta la doctora Patricia Correa, quien está a
punto de finalizar su tercera misión en la Antártida. “Nosotros no sabemos chino, ellos no saben
español, nuestros ingleses son muy limitados y sin embargo jugamos deporte, básquet, ping
pong”, dice.
Para Quartarolo, la psicóloga de la base, la Antártida puede definirse como una “una sociedad
utópica”. “Es una sociedad donde no importa el idioma, no importa la religión ni tus simpatías políticas ni ideológicas”.
La comunicación es fluida, tanto entre las bases como hacia Uruguay –la conexión telefónica y de
Wi-Fi es de calidad tan alta que no permiten a uno darse cuenta que está a 3.000 km de Montevideo. Sin embargo, el aislamiento existe. Es un aislamiento psicológico, “la ansiedad de no poder
irnos cuando queremos”, explica Quartarolo.
Por eso, los integrantes de la dotación son seleccionados cuidadosamente: deben ser capaces
de adaptarse a situaciones extremas –el clima, los cambios en la luz– y demostrar una alta tolerancia a la frustración. Pasar una temporada en la Antártida es un desafío hasta en los aspectos
más básicos de la vida cotidiana. Para algunos, requiere incluso aprender a caminar de nuevo: a
caminar en la nieve y sortear con éxito la posibilidad de caerse o hundirse cuando está blanda.
Es necesario hasta adaptarse al peso de las botas para el frío.
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Ceremonia de cambio de mando en la Base Artigas. Crédito: Ángela Reyes/EnPerspectiva.net.

Actividad fuertemente regulada
Toda la actividad en el continente está enmarcada en el Tratado Antártico, un documento que dispone que la Antártida se utilizará “exclusivamente para fines pacíficos” y establece un régimen de
cooperación y de intercambio de información entre los países.
En el marco del tratado, Uruguay administra una porción de territorio, pero esto no significa que
sea su dueño. De hecho, el documento establece que ninguna actividad que se lleve adelante
mientras el tratado esté en vigencia “constituirá fundamento para crear derechos de soberanía en
esta región”.
Siete países tienen reclamos de soberanía sobre territorio antártico que son previos a la firma del
tratado y que quedaron congelados mientras se aplica el mismo. El territorio que Uruguay ocupa,
por ejemplo, es reclamado por Argentina, Chile y Reino Unido.

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Vista dese el avión de la Fuera Aérea Uruguaya rumbo a la Antártida. Crédito: Ángela Reyes/EnPerspectiva.net.

Poca “empatía”
En la base Artigas la indignación es patente. No hay declaraciones formales, pero sí una sensación que atraviesa las conversaciones casuales, cuando el viento sopla fuerte y hay que salir a la
intemperie o cuando se agudiza el ingenio para arreglar un carrier porque los repuestos no están:
Uruguay no valora el trabajo que se realiza en la Antártida. Lo que se percibe de afuera es indiferencia, que se traduce en un presupuesto insuficiente.
“Los tomadores de decisiones muchas veces tienen sus prioridades y obviamente la prioridad antártica no está entre las primeras”, opina el mayor Alejandro Capeluto, quien se desempeñó como
jefe de la base durante 2015. La escasez de recursos hace que tengamos que “ser más imaginativos a la hora de desarrollar soluciones a determinados problemas, vamos sobreviviendo en ese
trajinar y no hacemos ver que hay necesidad que son reales”, explica.
¿Por qué la Antártida no es prioridad? Las respuestas son múltiples, dice Capeluto, quien señala
dos de los factores que a su juicio influyen. El primero es que “hay muy poca empatía” con el
científico.
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“Si no soy capaz de ponerme en el lugar del otro y no soy
capaz de darme cuenta de la importancia del trabajo del
otro, no me van a importar nunca sus necesidades”, dice.
Pero además “venimos de un país que vive de espaldas al
mar, porque nuestra riqueza está en el campo, cómo podemos pretender tener una conciencia antártica si ni siquiera tenemos una conciencia marina”.
Retorno del fin del mundo
En la base Brigada Aérea I, al lado del Aeropuerto Internacional de Carrasco, el termómetro marca más de 25º. Bajo
la sombra, esperan familias enteras con carteles de
“bienvenido” y gorros con colores de clubes del fútbol uruguayo. Cuando finalmente llega la dotación se multiplican
los abrazos, las risas, el llanto y los chistes sobre el calor.
Poco a poco, cada cual reemprende su camino de regreso
“al mundo”. Algunos volverían a la Antártida, otros no. Lo
que sí es seguro es que ninguno olvidará el momento en
que se abrió la puerta del Hércules y se enfrentó por primera vez al blanco, la inmensidad y el vacío estremecedor.

Bienvenida a la dotación que trabajó en la Base Artigas durante 2015.
Crédito: Ángela Reyes/EnPerspectiva.net.

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¿Por qué la Antártida no
es prioridad?
Las respuestas son
múltiples, dice Capeluto, quien
señala dos de los factores que
a su juicio influyen.
El primero es que “hay muy
poca empatía” con el
científico. “Si no soy capaz de
ponerme en el lugar del otro y
no soy capaz de darme
cuenta de la importancia del
trabajo del otro, no me van a
importar nunca sus
necesidades”, dice.
Pero además “venimos de
un país que vive de espaldas
al mar, porque nuestra riqueza
está en el campo, cómo
podemos pretender tener una
conciencia antártica si ni
siquiera tenemos una
conciencia marina”.

Sobre la autora
Ángela Reyes es periodista y docente,
colaboradora de EnPerspectiva.net y la
cadena alemana Deutsche Welle. Viajó a
la Base Científica Antártica Artigas en
diciembre de 2015 en el marco del proyecto independiente Antártida te visita,
una serie de cortometrajes sobre la presencia uruguaya en el continente blanco,
auspiciada por el Programa de Difusión,
Educativo y Cultural, del Instituto Antártico Uruguayo.

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Misión de la nave ‘Vanguardia’ de la Armada
de Uruguay en la base antártica
2016-02-23 | Medio ambiente
Por Ximena Moretti

- Publicado en http://dialogo-americas.com/

En el marco de la Operación Antarkos XXXII, el Buque ROU 26 “Vanguardia” de la Armada Nacional uruguaya
cumplió de forma exitosa las maniobras de abastecimiento y apoyo logístico a la Base Científica Artigas en la Antártida.
La tripulación del Vanguardia también efectuó maniobras de vigilancia con el objetivo de combatir la pesca ilegal.
El 4 de enero, el Vanguardia y su tripulación de 72 personas, entre ellos un grupo de trabajo del Instituto Antártico
Uruguayo (IAU) dejaron el puerto de Montevideo con destino a la base situada en la Isla Rey Jorge, en la Antártica. “Su
misión, transportar todos los insumos y el combustible que serán usados en la base científica durante 2016”, indicó el
presidente del IAU Contralmirante Daniel Núñez de la Armada Nacional en entrevista con Diálogo .
Operación Antarkos es el nombre que designa a la expedición uruguaya que cada año se despliega en la Antártida.
La operación está regulada por el Plan de Contingencia y Prevención de la Polución Marina establecido por el Protocolo
de Protección del Medio Ambiente Antártico, según el informe elaborado por IAU Historia de la BCAA, 25 años .
Durante la Operación Antarkos XXXII, el Vanguardia logró transportar un total de 260.000 litros de combustible
diésel. El combustible “servirá para generación eléctrica y funcionamiento de los vehículos de la base. Por primera vez, la
Base Científica tendrá un stock de reserva para contingencias en el nuevo parque de tanques de combustibles de la base”,
informó la Armada de Uruguay en un comunicado de prensa el 22 de enero. Otra de las tareas importantes de la embarcación fue el traslado de 35 toneladas de víveres, además de materiales de construcción, motores y un vehículo para la remoción de nieve.
Según la Armada uruguaya, el reabastecimiento de la base científica se dividió en dos etapas. En la primera se
realizó la descarga de los primeros 150.000 litros de combustible y parte de los insumos embarcados en Uruguay. Al finalizar la primera etapa, la embarcación hizo una escala operativa en el puerto chileno de Punta Arenas, donde cargó los
110.000 litros de combustibles restantes y provisiones adicionales tanto para el Vanguardia como para la Base Científica.
Asistencia de la Fuerza Aérea de Uruguay
Cada año los generadores de energía consumen alrededor de 150.000 litros de combustible diésel que permite el
normal funcionamiento de la base, informó un comunicado de prensa de la Presidencia uruguaya en febrero de 2014. “El
esfuerzo del Vanguardia estuvo acompañado por la Fuerza Aérea de Uruguay (FAU). Durante la operación se realizó
cinco vuelos con aviones Hércules C-130 de la FAU”, según el Contralmirante Núñez. “Muchos de los científicos fueron
trasladados en estas aeronaves”.
El primer avión de la FAU salió el 1.° de diciembre de 2015, seguido por la salida del Vanguardia. “Se cumplió la
misión con las guías de transferencia de combustibles de buque a tierra y su almacenamiento. También se realizó el cambio de personal de la Base Científica de Artigas”, precisó el Contralmirante Núñez.

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El ROU 26 “Vanguardia” culminó con la primera fase del
reabastecimiento para la Base Científica Antártica Artigas,
ubicada en la Isla Rey Jorge. [Foto: Armada de Uruguay]

La Base Científica Artigas, fundada en 1984, depende del IAU y del Ministerio de Defensa Nacional (MDN). Esta
unidad es operada por 10 integrantes de las Fuerzas Armadas uruguayas quienes aseguran su funcionamiento para uso de
los científicos. Actualmente es liderada por el Mayor Alejandro Capelutto, del Ejército de Uruguay.
Los efectivos de las Fuerzas Armadas que trabajan en la base realizan labores de logística y mantenimiento. Uruguay cuenta con otra base científica, llamada Estación Científica Antártica Ruperto Elichiribehety (ECARE).
Combatir la pesca ilegal
Durante la Operación Antarkos XXXII, el Vanguardia realizó vigilancia de buques en la zona delimitada por el
Tratado Antártico a efecto de combatir la pesca no declarada, según lo recomendado por la Comisión de Conservación de
Recursos Marinos Vivos Antárticos (CCRVMA), de la que Uruguay es miembro.
“La pesca ilegal afecta a muchas partes del mundo”, indicó el Contralmirante Núñez. “Uruguay como miembro del
Tratado Antártico tiene un compromiso en cuanto a la protección de los recursos vivos, siempre hacer vigilancia a efectos
de desalentar la pesca no declarada. Nosotros hacemos navegaciones de exploración tratando de ver si hay embarcaciones
cometiendo actos ilícitos y si los hay, reportarlos como es debido”.
A bordo del Vanguardia, elementos de la tripulación llevaron a cabo actividades científicas, estudios meteorológicos, relevamiento hidrográfico y tareas oceanográficas. El buque de rescate y rescate submarino, Vanguardia, fue construido en 1976 y posee una autonomía de 30 días de navegación continua y capacidad para 45 personas. Su velocidad
alcanza unos 23 km/h y tiene una eslora de 72 m.
“Las tripulaciones a bordo del Vanguardia y aeronaves de la FAU cuentan con entrenamiento especial en seguridad para navegar en aguas heladas y medidas extremas de supervivencia”, explicó el Contralmirante Núñez. “Los navegantes pueden encontrarse con una serie de obstáculos muy importantes como lugares donde no se puede acceder porque
la capa de hielo no permite navegar. La avería en Caleta fue menor. El buque tiene la capacidad para enfrentar ese tipo de
situaciones. Lo más importante es cumplir con la misión”.
El objetivo del gobierno uruguayo es estar presente en la Antártida. “La estrategia de nuestro país en la Antártida
nos permite relacionarnos en varios temas con otros países con los recursos marítimos y la pesca”, señaló el subsecretario
de Defensa Nacional, Jorge Menéndez, durante el cambio de autoridades del Instituto Antártico Uruguayo el 4 de febrero,
según la Presidencia de Uruguay.

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Actividades de la Campaña Antártica 2015-2016

El avión Hércules C.130 FAU 592, de la Fuerza Aérea Uruguaya, preparándose para despegar
desde la pista del Aeródromo Teniente Marsh de la Fuerza Aérea de Chile, en la Isla Rey Jorge.
EL FAU 592 realizó varios vuelos durante esta campaña antártica de verano 2015-2016,
transportando personal para los relevos de dotaciones, técnicos, logísticos, autoridades y
científicos que desarrollaron actividades en este período.
Foto Albatros

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Actividades de la Campaña Antártica 2015-2016

El buque ROU 26 VANGUARDIA de la Armada Nacional, fondeado, durante las actividades
de suministro de combustible y de víveres para la Base Artigas. El buque realizó dos cruces del Mar
de Drake en esta campaña antártica Antarkos XXXII, entregando 180.000 litro de
combustible directamente en la Base Artigas. En la navegación realizó tareas de monitoreo
de posibles actividades de pesca ilegal en el área del Tratado Antártico.
Foto Albatros

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Actividades de la Campaña Antártica 2015-2016

La dificultad del camino entre el aeropuerto y la Base Artigas, impidió la subida del tractor que
tiraba de un remolque con víveres recién llegados desde Uruguay.
Los vehículos con oruga son los únicos que pueden subir esas cuestas en condiciones como las
que había en este momento, pero los dos vehículos de ese tipo que hay en la Base Artigas, estaban
fuera de servicio… así que el personal que estaba allí debió cargar cada paquete a hombro, como en
los viejos tiempos de los pioneros, que no tenían vehículos…
Fotos: Albatros
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Actividades de la Campaña Antártica 2015-2016

La imponente belleza del paisaje del famoso “repecho de los tanques rusos” que tantas dificultades
ocasiona al abastecimiento por tierra de la Base Artigas…
En esta imagen, en enero de 2016, la Dotación Antarkos 32, trabajando en subir a mano los víveres
que habían llegado, porque la nieve y el hielo del camino impedían la subida del tractor.
Si hubieran estado los carriers, los vehículos con oruga, hubiera sido más sencilla y segura la tarea.

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Jornada de Cierre de la
Segunda Escuela de Verano de
Introducción a la
Investigación Antártica.

Uno de los equipos que participaron de la
Segunda. EVIIA, en el momento de exponer
los resultados de su investigación en la
Antártida.

El salón de Seminarios estuvo colmado y contó con la presencia de familiares, docentes de la Facultad
de Ciencias, autoridades del Instituto Antártico Uruguayo y de la Asociación Civil Antarkos.

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Cierre de la 2ª Escuela de Introducción a Investigación Antártica
Publicado el miércoles 16 de marzo de 2016—Fuente: Portal de la Universidad de la República UCUR

La presentación de resultados se realizó en un salón que terminó quedando repleto. Los estudiantes que
estuvieron en la Base Científica Antártica Artigas desde el 17 al 28 de enero lucían las camisetas de la Escuela
de Verano de Introducción a la Investigación Antártica.
Estaban los docentes que los acompañaron, entre ellos el decano de la Facultad de Ciencias, Juan Cristina, integrantes del Consejo Directivo del Instituto Antártico Uruguayo —su presidente, el contralmirante Daniel Núñez, y el capitán de navío Albert Lluberas, directivos de la Asociación Civil Antarkos, los padres de los
estudiantes expositores y los participantes de la Primera Escuela de Introducción a la Investigación Antártica.
El Dr. Cristina abrió la jornada con un breve discurso. «La Escuela Antártica es una de las contribuciones que la Facultad de Ciencias pretende, en sinergia con el Instituto Antártico Uruguayo, catalizar la presencia de Uruguay en la Antártida», expresó, aludiendo al papel de la Udelar en la tarea de «dejarle al Uruguay
los mejores científicos que podamos para el siglo XXI que es la sociedad del conocimiento».
Con solvencia, los estudiantes expusieron sus investigaciones, detallaron los trabajos de campo y análisis posteriores, que continuaron cuando regresaron a Montevideo. Las exposiciones fueron cuatro, respondiendo a cada uno de los módulos de investigación: ecosistemas acuáticos antárticos; microinvertebrados polares; bioquímica de los organismos; y ritmos circadianos humanos desafiados por las condiciones ambientales
de la Antártida. Los datos presentados mostraron avances en el conocimiento y la descripción del continente
antártico, tomaron como insumo las investigaciones de la primera escuela, y remarcaron la importancia de profundizar y continuar indagando en la temática, aprovechando la presencia de Uruguay en el territorio.
Al término de las exposiciones, Bettina Tassino, una de las docentes que viajó a la Antártida, contó al
Portal de la Udelar que el desempeño de los estudiantes fue muy bueno. Dijo que lo del viernes fue el cierre de
un proceso, puesto que la evaluación fue continua y abarcó desde el cumplimiento del trabajo de campo y de
laboratorio, hasta una presentación en un seminario, la elaboración de un informe escrito y la ponencia oral.
«Los felicitamos por el grado de involucramiento, por el proceso que hicieron durante ese tiempo, que
fue muy intenso; los estudiantes se apropiaron de la investigación y de los resultados, se metieron dentro de la
investigación, trabajaron con muchísimo compromiso, realmente le sacaron jugo a los resultados», valoró Tassino, que a título personal acotó que «es bien lindo acompañar ese proceso».
Aprendizajes de todo tipo
Los 20 estudiantes que participaron de la experiencia cursan diferentes carreras: Ciencias Biológicas,
Bioquímica, Geología y Biología Humana. Casi todos están cursando 4º año. Federico Máspoli, estudiante la
licenciatura en Ciencias Biológicas y Felipe Montenegro, que cursa las carreras de Ciencias Biológicas y Geología, relataron al Portal de la Udelar que todo comenzó en octubre de 2014, con el curso de Introducción a la
Investigación Antártica, que tuvo una duración de dos meses. Los buenos resultados les permitieron postularse
para participar de la 2ª Escuela de Introducción a la Investigación Antártica. En ese momento pensaban en viajar en enero de 2014, pero como la base uruguaya en la Antártida estaba en refacción, debieron postergar un
año el proyecto.
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Jornada de Cierre de la Segunda Escuela de Verano de Introducción a la Investigación Antártica.

Eliana Walker, estudiante de Ciencias Biológicas, apuntó que «el viaje fue producto de mucho esfuerzo:
tuvimos un curso bastante exigente y una serie de pruebas, requirió mucho de nosotros y mucho trabajo en
equipo que nos unió pila, más todavía al enterarnos de que no iba a salir en la primera instancia sino que se
postergaba por un año. Anímicamente fue muy importante tener la esperanza de que iba a salir». Su compañera de licenciatura, Laura Bruzzone, detalló que «desde el comienzo del curso fueron muchas emociones de
todo espectro: ir o no ir, la tristeza conjunta de que no íbamos y la alegría conjunta de que sí íbamos cuando
efectivamente íbamos. Después, los primeros despertares en la Antártida era una sensación muy compartida de
decir: “Guau, ¿dónde estamos?”. A los días te enterabas de que estabas en la Antártida, en tiempos diferentes
todos íbamos en ese camino de encontrarnos. Y después cuando salíamos al trabajo de campo, era la maravilla
constante de ir mirando y descubriendo cosas todo el tiempo», contó la estudiante de Ciencias Biológicas.
Tal vez por esa sensación increíble y por la lucha previa, de todas las fotos expuestas Santiago Chítaro,
estudiante de Ciencias Biológicas, destaca una en particular: «La foto de Mercedes Alonso, que muestra la
apertura de la cabina del Hércules al bajar en la Antártida, fue la primera imagen que vimos de la Antártida, es
ese el significado de sentir “llegamos verdaderamente, estamos acá”». Además de esa, señala la foto de los
pingüinos, a la que reseña como «el emblema antártico, que habla mucho sobre lo que fue cumplir esa expectativa de estar en el continente».
«¿Qué implicó esta experiencia para ustedes?».
Federico y Felipe coinciden al catalogarla. «Fue algo único», afirman. «Vivimos una experiencia increíble tanto en lo académico como en lo humano, porque estuvimos diez días con un grupo de gente, yo los conocía a todos pero terminé llevándome mucho mejor con todos. Tuvimos prácticas de campo, presentaciones en
seminarios, conocimos una situación totalmente distinta a lo que se conoce en Uruguay, los ecosistemas y el
ambiente antártico es algo totalmente distinto», amplió Federico.
Felipe argumentó que no hay otra formación académica de ese tipo en la Udelar. Señaló, además, que
«el ambiente de la Antártida es una cosa única ya que está aislado, tiene unas condiciones climáticas extremas,
que no se encuentran en otra parte, porque incluso son distintas a las del Ártico. Para mí es una experiencia
invalorable porque más allá de todo lo bueno académicamente que esto me ofrece, fue impresionante desde el
punto de vista humano porque por más que con un montón de compañeros había cursado materias juntos, acá
los descubrí como personas y también descubrimos a la gente que está en la Base, compartimos sus experiencias, su forma de pensar, cómo se vive en la Antártida. Eso es muy enriquecedor a nivel personal y es una de
las cosas que más destaco de este viaje, además de lo que tiene que ver con la parte académica y mi formación
como profesional: la formación como persona, uno no puede disociar la persona de la academia».
En lo académico, Laura comentó la experiencia extra aportada por el clima, puesto que «para sacar determinadas muestras estás muy condicionado al clima, a lo que se va a presentar cuando te levantás, y está
bueno saber amoldarse a esas situaciones diferentes y poder cumplir los objetivos académicos. Como aprendizaje rescato esa plasticidad que tuvimos que tener».
Eliana transmitió que «cuando uno sale al campo siempre te surgen preguntas, pero en otro lugar totalmente nuevo y diferente a todo lo que habías visto, surgen más preguntas para investigación, de curiosidad,
pila de ideas que se generan como disparador para más adelante. Algunos de nosotros, si no todos, nos quedamos con ganas de investigar».
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Jornada de Cierre de la Segunda Escuela de Verano de Introducción a la Investigación Antártica.

En cuanto a la interacción con los docentes, Laura y Eliana comentaron que fue muy
buena y que les transmitieron la experiencia y el conocimiento adquirido durante la primera
escuela de investigación en la Antártida. Valoraron, además, qu «no son solamente docentes
de aula, sino que son compañeros de todo el viaje».
Santiago destacó también las fotos del grupo caminando. «Hicimos muchas caminatas,
muy muy largas, se podría resumir nuestro pasaje por la Antártida como caminar, caminar y
caminar porque fue lo que más hicimos, por las distancias, porque no había otro medio de
transporte». Federico acotó los distintos contextos que transitaron: «Subidas, bajadas, curvas, sobre barro, nieve, hielo, con equipos de frío que pesaban bastante, con vientos y con ventisca».
Mirando las fotos Santiago observó el contraste de colores: «Uno creería que la Antártida es prácticamente de color blanco, pero tiene muchos contrastes de colores: marrón, negro, blanco e inclusive el azul»,
dijo señalando el mar, las rocas, el musgo, el liquen, las gramíneas y el hielo. Federico subrayó, además, la
variabilidad del paisaje: «Sacabas una foto un día y al otro era una foto distinta. El día que llegamos la Base
Artigas, estaba completamente desprovista de hielo y nieve y días después se cubrió de blanco, la foto de la
base era completamente distinta. No te puede pasar que una foto te quede igual a la otra, es de lo lindo que
tiene el lugar».

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En búsqueda del Espíritu
Antártico

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Cuaderno de viaje

La búsqueda del espíritu antártico
Por Gaspar González Sapriza

“Hay muchas Antártidas,
tantas como personas que la visitan”
W.F.

gaspargs@gmail.com

I

ncreíblemente estoy mirando un mar plagado de témpanos, en el continente Antártico. Es 29 de Enero del año
2016 y hace dos semanas que hemos llegado con mi hermano, con propósito de rodar un documental audiovisual centrado en la búsqueda del llamado “espíritu antártico”, entendido como un estado sensible especial, generado por el ambiente
y la lejanía del mundo conocido y una forma peculiar de camaradería.
Todos llegamos a este lugar por alguna razón. Algunos son científicos, otros logísticos, otros políticos… pero todos
hemos venido animados por un impulso, el más antiguo que habita en el interior del ser humano, el impulso por la aventura.
Hay quienes dan rienda suelta a este impulso y lo hacen explícito, otros lo guardan como una procesión secreta,
íntima. La aventura está ligada a la exploración, entendida como la “búsqueda de algo desconocido”. En primera instancia se nos viene a la mente el descubrimiento de nuevos territorios antes desconocidos para el resto de la humanidad, nuevos rincones del planeta. Pero hoy entiendo a la exploración como un concepto bastante más complejo, más amplio, que
puede implicar al mundo exterior, tanto como al mundo vasto e incógnito mundo interior.
Un año atrás me encontraba de expedición en Aconcagua, una montaña de dimensiones descomunales, lejos también de todo lo cotidiano ¿Por qué buscamos intencionalmente colocarnos en situaciones que a simple vista habría que
evitar? La desolación, el frío, la naturaleza en furia, la presencia de la muerte...¿Será simplemente para darle una dosis de
crudeza a nuestras vidas cotidianas y rutinarias? ¿La búsqueda de prestigio personal? Todavía me siento joven para dar
una respuesta concreta, para esto esperaré a la vejez, si así lo quiere el destino. Por otro lado, ya estoy maduro para plantearme ésta y tantas otras interrogantes.
La exploración y la aventura me han llevado por varios lugares fascinantes, y me es difícil confirmar en qué medida
estas experiencias han cambiado algo en mí. Lo seguro es que ese camino, que comenzó tal vez de niño mirando “Indiana
Jones” u hojeando una revista de la National Geographic Society, ha demandado el sacrificio de otras cosas en mi vida,
cosas que brindan estabilidad y permiten proyecciones concretas. Pero después de tanto leer sobre los grandes aventureros de la historia, entiendo para mi tranquilidad, que estos sacrificios son parte del “oficio” por así decirlo, del ser humano que se entrega a la aventura.
Un año antes de llegar al continente blanco sabíamos de nuestro viaje. Por lo que fueron muchos meses de ansiedades, hipótesis, investigación e imaginación. Ya había “vivido” innumerables veces la llegada el avión Hércules, mi primer paso en la Antártida, la llegada a la base uruguaya y tantas otras cosas. Como no podía ser de otra manera, nada de
esto fue de la manera que lo había imaginado. El aire, el paisaje, el frío puro, todo superaba ampliamente mis expectativas. Por suerte, era todo nuevo, un festín para mis sentidos, estaba en al continente más misterioso del planeta, un lugar al
que pocas personas tienen la posibilidad de llegar, ni siquiera Indiana Jones.

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Mentor.
Hace varios años di con una página en Internet sobre un proyecto uruguayo para escalar el Monte Vinson, la montaña más alta del continente antártico. Inmediatamente le escribí al responsable, no para pedir un lugar, que si bien era lo
que quería me parecía un poco atropellado, sino para ofrecerme como colaborador en lo que pudiera.
El intercambio de mails duró un par de años, siempre alrededor del proyecto, de las expediciones y de la Antártida.
Por razones de presupuesto la meta de subir esa montaña quedó postergada, pero la comunicación continuó, hasta que un
día me avisó que se había abierto un llamado para proyectos culturales del Instituto Antártico.
En un principio pensé en un proyecto de índole “montañística”, exploratoria, pero esa idea quedaba por fuera de la
convocatoria y además requería incorporar al menos a dos montañistas más. Pero le conté la idea a mi hermano Gabriel,
quien se dedica al audiovisual, para presentar un proyecto que respondiera a las necesidades del Instituto. El proyecto que
un principio tenía un enfoque documental bastante amplio, fue seleccionado y con el tiempo fuimos acotando el “tema” y
formulamos una pregunta: “¿Qué es el espíritu antártico?”
El “ideador” de este llamado de línea cultural y artística era Waldemar Fontes, un antártico que integraba el consejo
directivo del Instituto y que además presidía la asociación civil Antarkos. Para fines del 2015 yo tenía programada una
expedición al Aconcagua, así que nuestro viaje a la Antártida quedaría postergado para el próximo año.
La investigación iba madurando y yo no dudaba en consultarle o pedirle orientación a Waldemar, por lo que él mismo se fue empapando del proyecto. Nosotros teníamos que adentrarnos en el continente helado mucho antes de pisarlo y
él nos facilitó esa tarea etérea, imaginativa.
Puedo afirmar que hoy no estaríamos aquí de no ser por su dedicación a éste lugar. Si existe una tradición de
“montañeros” también la existe de los “antárticos”. En estas tradiciones las anécdotas y enseñanzas van pasando de mentor a aprendiz, de manera oral y vivencial. Por esas casualidades y fortunas de la vida he encontrado a un mentor antártico
en Waldemar...

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Una película
El domingo es día de descanso en la base científica. Se come sin apuro, la sobre mesa se extiende y empiezan las
películas. Otros están aprendiendo artesanías, que serán luego regalos para la familia, pero son hoy y aquí, horas de ocio y
esparcimiento mental. Hay una amplia selección de películas, la mayoría “de matinee” y está bien así, porque nadie está
con ánimos de ver dramas existenciales. Comienza una de Stallone, bastante mala claro está, pero todos las disfrutamos.
Mientras suceden explosiones y combates delirados, afuera está la bahía Maxwell, invadida por una neblina helada proveniente del estrecho de Brandsfield, que separa a las islas Shetland del Sur con la península Antártica. Bajo las olas cazan
las orcas que acechan desde las profundidades, donde son casi invisibles. Este mar de congelará en pocos meses, convirtiendo lo que veo por la ventana, mientras suenan los tiros de Stallone, en un paraíso blanco y silencioso. Soy consciente
de la paradoja y me da piel de gallina..
Dos plantas.
A los pocos días de nuestra llegada tuvimos la oportunidad de participar en salidas de campo con propósitos científicos. Fue este día que aprendí algo asombroso, o al menos así me pareció. En todo este continente viven solo dos especies
de plantas, si, sólo dos. Una es una gramínea (Deschampsia antártica) y la otra es conocida como “clavel antártico” (Colobanthus quitensis). Muchas cosas me sonaban fuera de lo común sobre el paraíso blanco que estaba pisando,
pero este detalle científico, por alguna razón, me dejó pensando. Extraño el verde, no solamente las plantas, sino el propio
color. A cambio, mis ojos se están llenando de blanco.

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Pionero
Hoy entrevistamos a Derceo Da Costa, una persona que siempre ha estado involucrada con esta base, desde el día 1.
Y si bien han habido muchos cambios, y siente nostalgia, lo mira todo suceder, sin rencor. Una actitud propia de cierto
tipo de sabiduría.
Nos habló de los “antárticos” y dijo que sólo conocía a dos y que éstos, amaban este lugar. Pero amar este lugar no
es lo único, los antárticos además, hacen algo por él, no necesariamente en nombre de un país, sino para sí mismos y la
gente que los rodea, trasmiten ese amor a quienes nunca podrán llegar aquí.
Convertirse en un antártico, entendido de esta manera, no es algo que suceda de la noche a la mañana, ni mucho
menos con el enamoramiento inicial.
Al igual que en la pareja, el amor es más una actitud que un sentimiento, que se sostiene y que demanda dolor por
momentos, sacrificio. Me animo a decir que existen fanáticos de la Antártida y existen los antárticos, de la manera que
existe en enamoramiento y el amor.

A un antártico le brilla el fondo de la retina cuando habla de este lugar. Una estadía larga aquí no es para

cualquiera, “no es para cualquiera la bota de potro”...
Pavlichek

En Uruguay visitamos al marinero francés Pascal Greenberg, quien tiene trayectoria en los mares del Sur, con innumerables cruces a vela del mar de Drake, el mar más bravo del mundo.
Nos contó una anécdota, de cuando una vez, en el puerto de Ushuaia un checo (checoslovaco en ese entonces) le
“hizo dedo” para llegar a la Antártida. El checo tuvo suerte, como quien pide viaje a Rocha en verano, éste lo consiguió.
También nos contó que este checo se movía en kayak, entre los témpanos y que había fundado una base sin logística, una
base hippie. Este personaje se llama Juroslav Pavlichek, pero le gusta ser llamado Jarda.
Entonces le escribí a Jarda y obtuve respuesta un mes después. Nos invitaba a visitarlo en su base, en la desierta isla
Nelson e incluso nos concedería una entrevista.
Habiendo llegado ya a la base antártica recibo un llamado por radio, de muy mala señal, pero aún así se podía escuchar: “Artigas,...Artigas,...Eco Nelson,...Over”. Era Pavlicheck usando su radio con baterías bajas desde su base Eco Nelson. Le dije en Inglés que cambie la batería. A los pocos minutos comenzamos una conversación por radio en la que convenimos encontrarnos en nuestra base al día siguiente.
Al otro día amaneció muy feo, con rachas fuertes de viento y nieve. Supuse que se habría de posponer la reunión,
pero cerca del mediodía se abrió la puerta exterior de la base (muy parecida a la puerta de una heladera) y veo entrar, junto con una racha de nieve a un veterano de barba blanca, cara curtida y ropa sucia. Obviamente era Jarda. Lo saludo y lo
invito con un café. Al rato éramos varios en la mesa conversando con él. Quien lo viera pensaría: “Este viejo es un montañero, antártico, o algo así”.
Jarda habla un inglés bastante bueno, con acento checo y mixturado con español. También se defiende con el coreano. Quien conversa con Jarda abre los ojos, los oídos y la mente, ya que es un personaje por demás interesante y en
igual medida excéntrico. “¡Yo no soy checo, soy cosmopolita!” Y de verdad que así es, lo confirma su historia de vida
que lo ha llevado a los himalayas, al integrar la primer expedición invernal a la montaña más alta del planeta; a Groenlandia, tierra que ha cruzado a pie sin comunicación; a la selva, donde realiza parte de sus experiencias de supervivencia en
condiciones extremas; y un largo etcétera.

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Luego de la entrevista continuamos conversando, café de por medio. Yo no perdí el tiempo y le hice las preguntas
que cualquier expedicionario quiere hacer a otro veterano y experimentado. Son preguntas que no están en los manuales y
que sólo las experiencias (sobre todo las duras) dejan en quienes las viven.
Por un momento me dije “No lo voy a molestar con más preguntas, no quiero parecer pesado”. Acto seguido continuaba la metralla de preguntas. Debido a la naturaleza extrema de sus experimentos de supervivencia ha desarrollado
unas técnicas muy austeras, que dejan de lado muchos conceptos adoptados por el montañismo deportivo, pero que demandan una preparación mental muy peculiar. Según él los niños superan en una primera instancia mejor las condiciones
adversas de supervivencia, ya que los adultos, al tener todo un bagaje conceptual de vida, somos más propensos a crear
problemas de ante mano, llevándonos al colapso mental antes de la muerte real.
La última vez que vi a Jarda fue en la pista de aterrizaje de los chilenos cuando se subía al Hércules rumbo a América del Sur.

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Pulga antártica.
En un seminario de ciencias en la base científica chilena conocí a Nelson Baretta, un alpinista brasilero que estaba
acompañando a unos científicos en sus salidas de campo. Es integrante del Club Alpino Paulista, fundado a fines de los
50s. El hecho de ser un montañista de un país sin montañas me produjo empatía instantánea, así que nos pusimos a conversar mientras los científicos hacían lo mismo en el idioma común, inglés.
Este club alpino tiene un vínculo con el Programa brasilero antártico, para brindar apoyo de campo y seguridad a los
científicos de sus tierras tropicales que poco saben de frío, nieve y glaciares. Ésta ida me pareció de los más interesante y
no pude dejar de trasladarla a Uruguay, a las salidas de campo de nuestros científicos y a mi. Pero dado que se estaba
terminando la velada decidimos encontrarnos otro día y conversar más a fondo, de las montañas y de su función aquí
como montañista.
Días después salimos rumbo a la base chilena con Waldemar. Nelson no estaba, había salido al “campo”. Pero de
casualidad estaba un paleontólogo chileno, amigo de Waldemar y nos invitaron a pasar. Junto con el paleontólogo
(Marcelo Leppe) se encontraban en la mesa unos cuantos “altos mandos” chilenos. Nos invitaron a sentarnos y nos ofrecieron un whisky. No me negué. Al principio me sentí un poco intimidado por los cargos y la formalidad, pero unos sorbos después me relajé. Entre tantas temas de conversación surgió que a unos de ellos lo había picado una pulga, aquí en
la Antártida, cosa que a los demás nos costó creer. Entonces sacó una libreta pequeña y entre dos hojas estaba la pulga
aplastada. Marcelo, con su visión científica, pensó que había que fotografiarla y hacer un reporte, porque por pequeña
que fuera es un “alien species”. Así que la fotografió con su Iphone.
En la misma mesa estaba Alejo Contreras, un auténtico explorador antártico del que tanto había escuchado, pero de
él hablaré más adelante.
También hablamos de los rusos, vecinos antárticos, pero que por un tema de idioma o cultural, no parecían tener
tanta relación con los chilenos. Al parecer estos tienen un mapa de lo más detallado del lecho marino de la bahía. Y como
muchos asuntos de los rusos, éste nace en la época soviética.
Resulta que un barco de los “yanquees” había fondeado en la bahía hace más de veinte años. Estuvo ahí, frente a la
base rusa durante varios días, realizando unas reparaciones en el casco o algo así. Claro que los soviéticos abrieron los
ojos y notaron que se estaban realizando maniobras debajo de la superficie del agua, que podrían estar instalando artefactos para “espiar” a la base soviética. Luego de la retirada del navío éstos se precipitaron a la bahía y la sondearon exhaustivamente en busca de las “instalaciones” de los gringos. Buscaron durante días con buzos y sondas, pero no encontraron
nada de eso. En su lugar habían obtenido un mapa milimétrico del fondo submarino.
Hoy los barcos rusos son los que más cerca de la costa fondean, gracias a esta carta que sólo ellos poseen. Otra curiosidad de la guerra fría, que no escapó al continente más remoto.
Antes de emprender nuestra caminata de vuelta a la base acompañamos a algunos a fumar afuera de la cocina. Marcelo me comentó que hace muchos años un australiano había escrito un libro llamado “Antarctic Spririt” que hablaba
justamente de lo que nosotros estamos investigando, y que solamente en este pequeña península de este gigantesco y desolado continente se ha generado una cultura antártica, hace más de 20 años, debido a la cercanía de las bases científicas.
Estamos en lugar adecuado...
Los primeros en llegar.
Hasta donde se sabe en la Antártida no hubo población humana originaria, ya que los continentes se separaron antes
de nuestra existencia. Claro que existen teorías paralelas sobre un ser humano mucho más antiguo, continentes hundidos

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y mucho más. Pero ateniéndonos a la historia aceptada el ser humano vislumbró por primea vez tierra (o hielo) antártica
allá por 1819. Sin embargo esto trata del primer reporte oficial, lo que no quita que hubiera sucedido antes. De hecho se
puede estimar que “foqueros” o “balleneros” hayan incursionado en estas bahías que miro por la ventana previamente a
estas fechas y que no hayan reportado el hallazgo.
De esos primeros exploradores, atraídos por la explotación de los animales, pueden quedar aún indicios en algunas
playas de esta isla Rey Jorge y otras en el archipiélago Shetland del Sur. Y justamente, en paralelo al rodaje del documental, venimos aquí a continuar un relevamiento de estos asentamientos, con el fin de aportar al misterio y que en un futuro,
mediante un trabajo arqueológico, se esclarezca el asunto de “los primeros”.
A pocos metros al Sur de la base uruguaya se haya aún el “naufragio de Punta Suffield”, a simple vista un montón de
maderas dispersas por la costa. Hay historias o mitos que hablan acerca de los náufragos también y que se habrían refugiado en una cueva cercana donde encontraron su muerte. También he leído que unos ingleses hallaron sus huesos en esa
cueva. Si bien hasta el momento no hemos dado con a publicación que hable de ese hallazgo, ya he gateado un par de veces en ese alero de roca descompuesta semi-tapado con nieve con la esperanza de ver algo. En la segunda oportunidad me
encuentré con un trozo de madera, con una inscripción apenas visible : “Disfruta cada día como si fuera el último, 2005”.
Pensé en el mensaje escrito hace once años, me di por aludido y lo dejé en el mismo lugar.
Lo que es seguro es por estas costas anduvo gente, hace 200 años, cuando esto era verdaderamente tierra virgen,
“incógnita”, y no puedo dejar de sentir empatía. ¿Como se habrán refugiado de los vientos helado?¿Que comían? ¿Se sumían en pensamientos mirando el pasar de los témpanos así como me pasa a mi?

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Salir de base.
El día que llegamos a la base científica uruguaya recibimos una serie de instrucciones de parte del jefe. Una de ellas
era “No salir solos fuera del perímetro, miren que están en la Antártida...”.
Puede parecer un paisaje simplemente hermoso, que invita a recorrerlo en un día soleado, pero hay algo especial en
el clima de acá. Me hace acordar al clima de la alta montaña, la rapidez con la que puede transformarse en un purgatorio.
Con los días uno va tomando confianza, se entabla una amistad con al frío que lleva a la confianza y puede terminar en el
exceso de ésta.
El viento lo es todo, y cambia de dirección e intensidad de un instante para otro. El frío se instala, luego el miedo y a
raíz de éste las malas decisiones. Cuando la temperatura desciende el cuerpo comienza un duro proceso de
“calentamiento”, al buscar compensar este robo de temperatura y entonces, el cansancio.
Llevamos handy por supuesto pero es vhf y hay accidentes geográficos de por medio con la base y la señal no llega.
El cansancio y el miedo pueden ser llevaderos, pero resulta que el viento puede venir con nieve, y ahora se nos suma otro
factor, la falta de visibilidad. Si se suman estas condiciones aumenta el miedo, como dije antes, la falta de criterio, las
decisiones incorrectas y abruptas, desaparecen las sonrisas de los rostros y a veces los diálogos se vuelven abruptos, cuando no violentos. ¿Vamos por buen camino? ¿...estamos perdidos?
En este escenario hipotético ya nos sentimos bastante mal, podemos decir que nos arrepentimos de estar acá, y algunos se enojan con ellos mismos por ponerse en esta situación, los pensamiento se mezclan, va desapareciendo lo humano,
se impone lo animal, las ganas de sobrevivir.
Pero...supongamos que sobrellevamos este panorama, porque queremos volver, queremos vivir. Todo esto sumado
es manejable aún, pero puede empeorar...por ejemplo si pisamos un puente de nieve sobre una grieta que no aguante
nuestro peso. De ir encordados (como se debería en caso de transitar por un glaciar) se impone realizar una maniobra de
rescate.
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En el caso de que el caído esté consciente, éste puede trepar por la cuerda con unos nudos conocidos como Prusik, y
si hubiera quedado inconsciente por un golpe en la caída, los de afuera deberán montar un sistema de poleas para poder
izarlo. Ahora, no debemos olvidarnos que después de este accidente, estaremos aún más extenuados, estresados, y aún
deberíamos poder encontrar el camino de vuelta con poca visibilidad y tal vez arrastrando un compañero maltrecho.
También se dan saludables paseos por la tundra antártica disfrutando de amenas charlas con los compañeros. El anterior era un caso hipotético, trágico, indeseable, pero como dijo el jefe: “...están en la Antártida”.
Antártida en palabras
Voy a hacer de cuenta que no han sido inventadas aún las cámaras de foto ni las de filmar. Tampoco cuento con la
habilidad de la pintura. Tengo un lápiz y papel, eso si, y quiero transmitir lo que veo al salir de la base científica antártica.
Y voy a ir un poco más allá, porque la visión es uno de las cinco, seis (o más...) sentidos con los que contamos para conectarnos con esta existencia.
No sin antes equiparme para el frío abro la puerta de salida, que es más parecida a la puerta de un heladera, gruesa,
pesada con palanca en lugar de pestillo. De hecho hay dos puertas antes de salir, de modo que pueda haber una ante-sala
al mundo exterior y no permitir la entrada de nieve en los días de tormenta.
La palanca de la puerta ya está fría y al empujarla me golpea un aire de lo más puro que haya respirado y helado, me
impacta un poco. El océano antártico esta cargado de fitoplanctón, por lo que éste aire es abundante en oxígeno, siento
que me cura. Mis pulmones despiertan del letargo del aire calefaccionado del interior de la base. Mi mente también se
activa. Por alguna razón pienso en el espacio exterior a la Tierra, en la estratosfera y más allá. Debe ser helado también.

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Mi primer paso en canto rodado de tonos grises y negros, volcánico, mezclado de nieve. Es muy agradable el sonido
de las piedras, pero tengo que caminar despacio, las botas son pesadas, rígidas y las piedras se acomodan debajo con cada
pisada. El impacto de el frío en la nariz y los pulmones ya pasó.
Camino contra el viento, acá siempre parecer haber viento. El viento multiplica la sensación de frío de manera exponencial, cuantos más abundante la curva de frío se dispara. Esto se conoce como sensación térmica y a mí me importa
más este dato que la temperatura real, pues si bien esta es más cuantificable y observable, la que yo siento es la que transforma mi realidad.
La primer subida me cuesta un poco, mi ritmo cardio-pulmonar aún esta en reposo, no he calentado los motores. Me
pesa la mochila, mi espalda también está aún fría. Y si bien hoy voy en una salida por el día acá uno nunca puede salir
demasiado liviano. El clima cambia de un momento a otro y hay que estar preparado. La sensación en los hombros me
trae un recuerdo corporal instantáneo: Estábamos en Bolivia, en una cordillera remota, poco habitada, con mis dos amigos
Mauri y el Gordo. Era temprano en la mañana y las nubes se veían por debajo de nosotros. Recién desarmábamos la carpa
y nos disponíamos a comenzar la jornada de caminata por encima de los 4000 metros a de altitud. Hace días que estábamos en estas alturas y ya sentíamos la debilidad, la falta de oxígeno y la deshidratación. Cuanto más se sube, decrece el la
densidad del aire, el oxígeno disponible, la humedad y la temperatura. Todavía no habíamos desarmado al mate, no queríamos abandonar la bebida caliente. Mauri lo llevará un rato, luego cambiaremos. Me dolían los hombros y el centro de
la espalda de cargar tantos días la pesada mochila...
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Vuelvo al momento actual, en esta nublada mañana antártica. Desearía
un poco de sol, para levantar el ánimo y calentarme la cara. Pero mientras el
astro no se deje ver me voy a cubrir la cara con un pañuelo y me prendo la
campera hasta arriba. El cuello debe estar bien protegido, mucho calor se pierde por ahí. El pañuelo me incomoda un poco para respirar. También tengo
puestas las antiparras para protección de los ojos del viento helado y la nieve.
Sólo la nariz queda al descubierto. En este momento estoy sólo con el guante
izquierdo, ya que el derecho me lo tengo que quitar cada vez que me quiero
acomodar el equipo, en este caso el cierra de la campera.
A los pocos metros comienza el terreno nevado. Ahora el caminar es
distinto. El suelo es más regular y su vez más resbaladizo. Con el canto lateral
de las botas voy tallando escalones en la nieve dura. De esta manera la suela
apoya de manera horizontal. Cargo cada pisada con el peso de mi cuerpo de
manera controlada. Con un bastón me ayudo a mantener el equilibrio. Quiero
que el peso esté siempre sobre mi centro de gravedad, y no perder la postura
erguida. Pasos cortos gastan menos energía. Es otra forma de caminar, igual
que en la montaña. Los tiempos para llegar de un punto a otro no son a los que
estamos acostumbrados. Ya me conozco caminando, conozco mis límites de
energía y cómo administrarlos, lo aprendí de la manera simple: cansándome
incontables veces.
Al superar la primera cuesta se me presenta el primer paisaje antártico,
estoy ya fuera del perímetro de la base. No veo rastros de civilización, de actividad humana. Este pedazo de tierra fue moldeado por fuerzas volcánicas, se
me ocurre que surgió desde las profundidades del mar helado. Disculpen los
geólogos o entendidos del tema, pero este es el relato que me gusta creer, así
me lo imagino. Doy rienda suelta a la imaginación. Vuelvo eones en el tiempo
para presenciar el cataclismo, me da piel de gallina.
Ahora todo ha quedado congelado ¿para siempre?, probablemente no.
Mientras es un paraíso inmóvil en negro y blanco, en perfecto equilibrio. El
blanco de la nieve y el cielo nublado son el mismo, se confunden. No sé donde comienza uno y termina el otro. Las montañas parecen flotar.
Voy en dirección al glaciar, una masa inconmensurable de hielo milenario. He aprendido que esta mole de agua congelada ha sido testigo de muchas
edad de la Tierra, desvelando el paleo-clima y los sucesos cataclísmicos, como la erupción del volcán Krakatoa, en Indonesia, hace más de un siglo. Ésta
explosión fue tan fuerte que se escuchó desde lejanas partes del planeta y las
cenizas llegaron prácticamente a todos los rincones. También, encerradas en
el hielo quedaron pequeñas burbujas de aire antiguo. Solo hace falta derretir
un pedacito de este hielo y respirarlas mientras se liberan. Otra experiencia
sutil y mística.
Adentrarse en un glaciar es algo especial, entraña peligros objetivos, que
están muchas veces ocultos a simple vista: las grietas. Por lo tanto, cada paso
tiene un valor único, trascendente.

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Para que no sea la última experiencia trascendental en esta vida nos encordamos con el resto de los compañeros de
travesía, de esta manera formamos “un sólo ser”. Atarse a otra persona también me ha parecido siempre un momento religioso, ya que las vidas quedan ligadas prácticamente, sin palabras ni formalidades, sino ante la posibilidad de la noexistencia.
Una vez más debe quitarme los guantes, para maniobrar la cuerda, hacer nudos, cerrar los mosquetones, “sellar el
pacto”. La cuerda me lastima las manos con pequeños cristales de hielo, pero he comenzado a segregar una pequeña dosis
de adrenalina y no le doy mucha importancia, los nudos deben quedar bien, no puede haber errores y tampoco podemos
detenernos en este momento por mucho tempo ya que el viento azota y nos roba el precioso calor generado con el movimiento. La ropa interior esta transpirada y comienza a enfriarse. A caminar.
El negro de las rocas volcánicas desaparece, solo queda el blanco de las nubes bajas y el hielo. Todo es blanco y
parece ser en dos dimensiones, de no ser por los compañeros de cordada que dan una referencia de distancias, al menos
hasta los 20 metros aproximadamente. Voy segundo en la cuerda, equipado con una polea y otros elementos que puedo
llegar a tener que utilizar en el caso de que un compañero caiga en una grieta. Soy el único que conoce estas técnicas de
rescate, es una responsabilidad enorme. Voy haciendo ejercicios mentales previendo situaciones, una y otra vez. Tengo
todo lo necesario, he practicado, no es momento para dudar, estoy más tranquilo.

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Entre imaginaciones creadas de hipotéticas situaciones de rescate, se me viene de pronto una de mi niñez, de cuando
tenía apenas 4 años. Otro recuerdo corporal, el olor de la nieve (si es que lo tiene...) me ha llevado 32 años en el pasado:
Estoy en Ohio, Estados Unidos, afuera de un complejo de viviendas en un barrio obrero de la ciudad. Estoy haciendo un
muñeco de nieve, y le pongo una zanahoria de nariz. Al lado mío a una pelota de basketball y huellas de pisadas de ardillas. De noche habíamos dejado una galletitas para atraerlas. No las vimos pero ahí están sus huellas, vinieron. Habíamos ido a Estados Unidos debido a un trabajo de mi padre con la intención de vivir allá, pero mi madre no se sintió a
gusto y nos volvimos a los pocos meses. De aquella época tengo recuerdo que también están teñidos de frío, las calles
congeladas por las que era difícil caminar, los largos días de encierro, las ardillas y las cataratas del Niagara, de la
cual caían enormes bloques de hielo, grandes como casas. Ésta última imagen la tengo impregnada.
Cercano a los bordes del glaciar existen unas acumulaciones de sedimentos conocidos como morrenas. Algunos parecen accidentes geográficos por su tamaño. Con el tiempo estos sedimentos se compactan y forman roca sólida. A poco
rato de caminar por el glaciar llegamos a la primer morrena, un buen lugar para descansar, de lo contrario nos debemos
sentar en la nieve. Parece sólida, pero es blanda al pisar, las botas se hunden hasta 20 centímetros. En las morrena no parece haber líquenes, es un nuevo pedazo de tierra en pleno nacimiento, surgido de las entrañas del glaciar milenario. En lo
profundo y con deseo casi infantil, deseo encontrar un mamut congelado entre la roca y el hielo. Aprovecho el momento
para quitarme la mochila y descansar los hombros, mi mochila está muy vieja y ha perdido la poca ergonomía que tenía
18 años atrás. Sacó unas frutas secas, ración de marcha, que guardo en un bolsillo lateral y me siento junto a los otros a
comer y beber. En ese instante se despejan las nubes y podemos ver hacia el Sur el mar antártico y sus icebergs. Éstos
monumentos acuáticos de hielo se sienten como una presencia, como si tuvieran personalidad. Las rocas, la nieve y el
hielo se encuentran en cadenas montañosas de todo el planeta, pero los témpanos...son la señalización de que uno se encuentra en una región polar, son los que me hacen “volver” a la Antártida cada vez que mi mente se divaga en recuerdos y
pensamiento lejanos (esto me suele pasar, desde que tengo recuerdo). Voy a extrañar los témpanos y su lento navegar.

Aprendí hace poco que la proporción entre la parte expuesta y la hundida de los icebergs es de siete octavos. Apenas
un octavo asoma por encima de la superficie del agua. No puedo dejar de hacer un una comparación metafórica con el
espíritu humano, y sus rincones escondidos y remotos. En definitiva algo de esa interrogante me ha traído aquí. Son lo
primero que veo al despertar desde la ventana de la base y lo último antes de dormir. A veces incluso he soñado con ellos.
Lo mismo me ha pasado con ciertas montañas, se me aparecen en sueños, antes o después de visitarlas. Algunas de éstas
montañas, sobre todo aquellas que dominan sobre las demás han sido dotadas de personalidad divina por las culturas originarias. Los llaman Apus o Achachilas en los Andes, y son venerados desde tiempos inmemoriales. Con cierta ignorancia hemos intentado hacer honor a a éstas presencias en nuestras incursiones a las montañas, haciendo una ofrenda algunas veces, elevando un pensamiento otras, pidiendo permiso y protección. Aún estoy con vida, por lo algo de simpatía nos
deben haber tenido las entidades de las montañas majestuosas. Gracias.
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Vuelvo al momento en que me encuentro, sentado en la morrena, observando el mar. El viento me hace llorar los
ojos, me coloco las antiparras y todo se tiñe de naranja. Quiero volver al azul y al blanco, aunque me duelan los ojos, me
las quito y nos disponemos a continuar la caminata.
Caminar encordado, con carga en los hombros, con varias capas de ropa es una experiencia en sí misma. Con el esfuerzo físico y la transpiración las antiparras se empañan y la visión me queda limitada al siguiente paso que voy a dar. Al
ir en segundo lugar voy siguiendo las huellas del primero, cuidando que la cuerda no pierda la tensión. Sólo escucho la
nieve dura romperse bajo mis pies y los mosquetones colgando del arnés golpeándose entre sí.
Acá los días son largos en verano, cuando llegamos en Enero no había oscuridad total en ningún momento. Dormir
es difícil, aún cerrando con cortinas. En las jornadas de caminata es difícil medir el tiempo, no tengo claro si es mediodía
o avanzada la tarde. Tengo bastante sed, pero no me tienta tomar del agua helada que llevo en una botella de yogurt. Tomo
de a sorbos pequeños y me ayuda.
Estamos en una zona del glaciar donde se ven unas sospechosas franjas de distinto color, me pongo alerta, pueden
ser grietas. Si lo eran aguantaron nuestro peso. En Bolivia, mientras hacíamos el intento de cumbre al Pequeño Alpamayo
pisé sobre un puente de nieve inestable y el suelo cedió bajo mis pies. Fue un segundo pero puede pensar más de la cuenta,
ya me había visto en el fondo de una grieta en un glaciar a 5000 metros de altitud. Por suerte estábamos encordados y no
pasó de un buen susto.
A medida que avanzamos vamos cruzando nubes bajas, o las nubes nos van cruzando a nosotros, del blanco absoluto
surge el mar, una montaña de roca negra, y de vuelta el blanco. Bajamos al fin del glaciar dando un respiro al cuerpo que
venía “remando” en la nieve blanda. Llegamos a una costa desierta en una caleta antártica. Podemos ver al fin el glaciar
rompiendo en el mar, farallones inmensos de blancos y azules de muchas tonalidades.

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Pero hay un azul en especial del hielo glaciar, que no he visto en otras manifestaciones. Podría buscar en una compleja paleta cromática y ese color aún faltaría.
Este es un lugar muy especial, que deseaba ver con mis propios ojos, donde el agua milenaria destilada, desprovista
de toda vida, se encuentra con las profundas aguas antárticas, pletóricas de vida, que dan inicio a la cadena trófica de este
planeta. Nos quedamos mirando esa escena un rato lago sin decir una palabra. Alguien quiere romper el silencio pero se
aguanta. Estamos rezando para que algo suceda.
Pasado el rato reanudamos nuestras tareas de instalarnos en el refugio de los portugueses. Me quito las botas y la
ropa mojada y vuelvo a salir, en ese momento un movimiento en el glaciar me llama por el rabillo del ojo, miro. Un enorme pedazo de hielo va cayendo, parece en cámara lenta. No me da el tiempo para llamar a los demás. Cae el piso y se
deshace, pero no escucho sonido alguno. Instantes después (décimas de segundo) después llega la onda sonora y el temblor del piso. Es un éxtasis para la vista y los oídos, la destrucción y la creación en un solo acto.
Esa noche, mientras intento dormirme pienso que algún día me gustaría ver un volcán en erupción. Espero no hacerme fanático de los eventos cataclísmicos naturales, sería un tanto excéntrico, más aún de lo que ya soy. Al fin me duermo, respirando el aire helado e inmóvil de la carpa. Sueño con pequeñas escenas de la cotidianeidad, signo de que estoy
extrañando ya.

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Se acerca la vuelta
El último campamento lo realizamos en la costa del mar de Drake, junto donde el glaciar cae al mar, una vez más,
pero del otro lado de la isla. Este mar es famoso por ser uno de los más peligrosos del mundo en términos de navegación.
Es donde se encuentran el Atlántico y el Pacífico, pero que además separa a Sud América de la Antártida.
Emplazamos las carpas al reparo de los vientos del Sur, acompañados de algunos lobos de mar. Ya por estas playas
no se ve actividad humana, lejos de las bases y marcas de los caminos. Hacia el Norte puedo ver el contorno de la costa,
los acantilados, la pared glaciar y los témpanos de a cientos. Es embriagante.
Durante la noche que pernoctamos ahí pasé bastante frío, mi sobre de dormir está muy viejo y ha perdido muchas
plumas. Dormí mal, por lo que tuve muchas horas de reflexión. La tarde anterior había decidido subir a uno de los acantilados a ver un poco mejor el paisaje. Como era de esperarse el panorama mejoró. Pude ver más lejos, más bahías, las
grietas de los glaciares desde arriba y las colonias de elefantes marinos. Estos animales son enormes, y se agrupan en
manadas en estas playas remotas. En cada manada hay un macho, que duplica en tamaño a las hembras. Impone respeto.
Desde aquí arriba puedo escucharlos mientras dan gritos de advertencia a otros machos. Es tan profundo el rugido que
hace eco en los acantilados. Una vez más me pone la piel de gallina.

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Se acerca la noche y me dispongo a bajar al campamento. Voy caminando en estado mental especial, contemplativo. A la mitad del descenso me detengo al lado de una piedra, una piedra más como cualquier otra, con algunos líquenes
adheridos. Me acerco a esta y me saco los guantes. Pongo la mano arriba de un liquen, se siente duro, resistente, vivo.
Por alguna razón me siento un poco conmovido. En ese instante entendí que voy a volver a este lugar.
El mundo real.
Cerca de la fecha de vuelta me vienen las preocupaciones de la vida cotidiana, las cuentas, la canilla que dejé sin
arreglar, la bicicleta que quedó en lo de mi madre...No quiero entender que esto fue parte de otra vida, de una no-real. Al
bajar de las montañas me suele sobrevenir el mismo sentimiento, casi nostálgico. Pero esta vez entiendo que debo llevarme todo lo que viví acá, en las montañas, en la selva a mi vida de todos los días. No llevarlos en mis recuerdo o fotos,
sino incorporarlos a mi quehacer, a mi trabajo, siento ese deber como educador y como aventurero. Pero no será fácil, no
hay llamados laborales para aventureros educadores, tengo que inventar, crear.
Cuando nos reunimos en familia, con tíos, primos y sobrinos siempre está el momento de la velada en que yo cuento
de mi aventura pasada y la expedición por venir. En algunas reuniones de amigos también se da ese momento. Con el
tiempo aprendí a disfrutar de eso y fui entendiendo que al contar algo se abre un portal por el cual uno es capaz de traer
una montaña congelada o una tribu de indígenas a una mesa familiar. Los más niños escuchan a su manera, mientras juegan, pero escuchan y lo van a recordar. Y tal vez al tener un tío uruguayo que es montañista puedan sumar a sus vidas la
idea de que las cosas que suenan locas son factibles. No me interesa que se conviertan en montañistas, pero si en eso que
sueñan de niños, que ese sueño no se apague con la adultez. Se puede ser astronauta, arqueólogo, montañista, al igual que
doctor o abogado. Todo es cuestión de motivación. Ya estamos bastante empapados virtualmente de historias de gente
que hace las cosas más increíbles, son gente real, común, con una determinación especial.
Ya lo entendí, como educador debo trabajar en eso, es mi responsabilidad. Y también entiendo ahora que el relato
hablado aún no ha sido reemplazado por medio alguno de registro.
Podemos separar las cosas del mundo real y de las que nos gustan de verdad, o simplemente podemos concluir que
todo cuanto pasa durante nuestra existencia es parte de mundo real.
Tengo que hacer algo para con los demás de todas estas aventuras, algo que me trascienda, que inspire, y así romper
con la maldición del prestigio del hombre que sube hasta la cumbre de las montañas y lo mira todo desde arriba. Ahora
mi aventura toma otro valor, es más vasta, y más significativa.
El espíritu que encontré
Vinimos a la Antártida con un proyecto audiovisual, de investigación sobre el “espíritu antártico”. En un primer
momento pensaba en este concepto como algo que involucra a un grupo humano, a los antárticos y las relaciones que
aquí se forjan. Sonaba muy interesante, una investigación casi antropológica, sin ser un entendido en esa área del conocimiento. Pero como ser humano y observador me sentía capacitado para indagar en estas relaciones antárticas de camaradería, apolíticas y alejadas de los vicios del mundo conocido, donde el dinero y las guerras no formaban parte del panorama.
Ya ha pasado mi estadía aquí, casi dos meses, pero siento que ha sido una vida. No todos los momentos fueron de
goce y felicidad, lo que hace a esta una experiencia completa y compleja. Pudimos hacer muchas entrevistas, indagando
en lo profundo de los antárticos para encontrar una pista hacía el entendimiento del espíritu antártico. Y si, no estábamos
tan alejados en nuestra hipótesis, este es un lugar sin fronteras, donde la cooperación es rutina.

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Pero había algo en algunos antárticos que quedaba sin decir, tal vez porque no es transmisible en palabras o en todo
caso es tarea de la poesía.
Una de las preguntas de la entrevista era “¿Venir a la Antártida ha cambiado algo en ti?” Las respuestas tardaban en
salir, la mirada se posaba en alguna esquina superior del cuarto. Resultaba na pregunta compleja, tal vez para ser pensada
y reflexionada con anterioridad. Pero la pregunta no implicaba a otras personas, ni a las relaciones, era íntima, de esa paradójica relación con uno mismo. Hace falta abstraerse, salir de uno mismo para mirarse de afuera y poder expresar estos
sentimientos de manera que otro los pueda comprender. Esa es la pregunta que me hago a mi hoy, a pocas horas de dejar
este lugar. Este lugar no es solamente hermoso, hay algo especial, y no sé muy que es, escapa a mi entendimiento. Pero
puedo percibir algo de lo que esa magia ha dejado en mí. Una huella en algún lugar profundo. Siento que se han metido en
mis entrañas los líquenes, las rocas, el frío y las miradas de los animales.
Los elefantes marinos tienen los ojos muy grandes, en proporción a su tamaño, claro. Un par de veces tuve que sostener las mirada de esos animales magníficos, y no me fue fácil. Sentí que con esa mirada me indagaba, esa misma que
nosotros exigíamos de los entrevistados: “¿ ...ha cambiado algo en ti?”
No sé si me voy una persona distinta, seguramente no, me siento el mismo. Pero como le decía a un amigo brasilero
“Me quedé pegado a este lugar”. Voy a volver una y muchas veces más. Aún no sé como lo voy a lograr, y que trabajo
voy a venir a hacer. Pero necesito sumergirme en este continente, quiero que sea parte de mi vida de ahora en más. Voy a
extrañar la visión de los témpanos de mañana y el aire helado. Espero poder compartir esto y que ésta anécdota sea una
motivación para otros. Antes del viaje tenía un deseo enorme de venir, ahora es una necesidad.

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La suavidad de los líquenes
Durante nuestra primer caminata antártica, fuimos acompañados por científicos. Alguno de ellos estudiaba las plantas, su suelo y las condiciones en las que sobreviven. Es fascinante que lo hagan en un entorno como este y más todavía
que sobreviven al oscuro invierno, cubiertas de nieve y de hielo durante meses. Tal vez es esa cobertura helada lo que les
permita mantener un vestigio de vida, en suspenso, esperando el próximo deshielo.
Recuerdo ese día, ahora parece que fue hace años, ha sido intensa la estadía aquí. Y recuerdo el sentimiento que me
generó pisar los líquenes que crecían entre las rocas y el hielo. Su crujir delata la aspereza y al tacto recordaba al alambre.
Eran un recordatorio del ecosistema de tundra polar en el que me encontraba y su dureza. Extrañaba el verde vívido de las
hojas y las flores en contraste con el azul del cielo. Aquí el cielo esta cubierto por nubes bajas, negras y grises, rara vez se
deja ver el azul. El paisaje es blanco, negro, gris y en algunos sitios verde grisáceo y marrón de los musgos y líquenes.
Este panorama, sumado el viento helado genera un cúmulo de sensaciones que intimida al visitante, porque aquí todo ser
humano es y ha sido apenas un visitante. En ningún otro rincón del planeta, salvo el fondo de los océanos el ser humano
tiene ésta condición.
A medida que pasaban los días y largas caminatas con el viento helado en la cara la sensaciones cambiaron. Con
cada salida me sentía más cómodo, sentía menos el frío, disfrutaba más. Mis piernas se pusieron fuertes y me acostumbré
a las pesadas botas de plástico. Generé una mejor lectura del terreno y de los distintos tipos de nieve y hielo, perdí así el
miedo a una mala pisada. Pasados cuarenta días me sentía “en mi salsa” y ya faltaba muy poco para la vuelta.
En estos últimos días me siento un poco nostálgico, con sentimientos encontrados. Tengo razones para volver, muy
fuertes, pero siento también el vértigo de abandonar este lugar ante la posibilidad de no volver. Ayer salí a dar mi última
caminata, solo. Y aunque está prohibido salir de la base en solitario, yo me tomé ese atrevimiento a modo de regalo personal. Había un lugar al que no había ido y me generaba mucha inquietud, una meseta en el centro de la península, aislado de ésta por un desnivel de cien metros. Decidí visitarlo.
Salvando una pendiente de nieve dura me encontré
arriba de la meseta y se me presentó el panorama fantástico que imaginaba. Ahí arriba no hay huellas ni
rastros humanos. Es el reino del viento y los líquenes.
Parece una pradera vegetal, adornada de lagos glaciares y picos rocosos. Quiero volver a este lugar, instalar
mi carpa y conocerlo a fondo. Aún hay algo misterioso
en él.
En una de la paradas de descanso en la meseta me quité
los guantes y me apoyé en una roca colonizada de líquenes. Esas extrañas plantas, se sentían ahora suaves
al tacto y la vi verdes, un verde intenso. Me detuve en
esas sensaciones un rato y no pude dejar de compararlas
a las de mis primeros días aquí. Ni las plantas ni los
colores, ni las rocas ni la temperatura habían cambiado,
ni lo han hecho en los últimos eones. Pero yo, en casi
dos meses me sentía distinto.
Puedo decir que me siento amigo de este lugar. Los
líquenes me parecen de las plantas más suaves que he
tocado.

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Apacheta
Antes de volver a la base escalé por las piedras sueltas
hasta la cumbre de unos de los cerros que rodean la meseta.
Desde ahí arriba pude ver la masa del glaciar, las morrenas de
una punta a la otra, el mar de Drake y la bahía Maxwell. Una
vez más me sentí fuertemente emocionado. Casi sin pensarlo
comencé a apilar pequeñas piedras en la parte más alta del
cero, en el último promontorio antes del cielo.
En un estado especial continué apilando piedras, acomodándolas hasta formar una pequeña pirámide de no más de 50
centímetros de alto. La última piedra la froté contra mis piernas y la coloqué encima de todas. Éste fue mi homenaje a los
Andes, en donde comenzó mi amor por la montaña por su
gente, que en perfecta armonía ha personificado a la naturaleza majestuosa, sabiendo al fin, que somos apenas una parte de
ella. Las Apachetas, así le llaman, son monumentos de lo más
simples pero que esconden secretos antiquísimos. Yo no conozco esos secretos, pero si sé que existen.
Mi cumpleaños
No todos los días se cumple años en Antártida, a mi solo
me pasó una vez y fue un día especial. No esperaba que sucediera nada especial en mi honor, pero por esas cosas de la vida
algo así sucedió.
A las siete de la tarde llegó un Carrier (vehículo de origen sueco con orugas en lugar de ruedas) con unos rusos de la
base Bellinghausen, que se ubica a pocos kilómetros de la
nuestra. Hasta el día de hoy no ese si llegaron porque sabían
de un cumpleaños o fue pura casualidad. A mi no me importa,
me sentí honrado. Más aún si uno de ellos era el cura de la
iglesia ortodoxa. Esta iglesia, casi un icono de la Antártida, es
una construcción estilística construida en una madera especial
de un árbol que crece en Siberia. Fue traída desarmada desde
Rusia y re-armada en la cima de un pequeño cerro con vistas a
la bahía Maxwell.
Casualmente también estaban en la base un grupo de
investigadores brasileros acompañados de un montañista, ya
que su campamento se había destruido con la última ventisca.
El grupo era numero para lo que veníamos acostumbrados en
los días anteriores, pasábamos las veinte personas y ya comenzaban a aparecer les delicias de José el cocinero, quesos, salame, papas fritas, pan casero y hasta vino! Esa no era la norma

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en todos los cumpleaños anteriores, me sentí alagado, así fuera una escusa para juntarse y tomar algo, estaba pasando en
un día que siempre ha sido importante para mi. No soy de esas personas que desdeñan de su cumpleaños, ni de los que se
lamentan por ser un poco más viejos. De manera contraria me es un día de reflexión, de agradecimiento por los momentos vividos y por haber estado un año más en este plantea en una sola pieza. Mucho más siendo consciente que he arriesgado mi vida en más de una ocasión. Muchos lo hacen cotidianamente, solo que yo también lo hecho en pleno acto de
conciencia, no por el simple hecho de sentir el riesgo, sino por llegar a lugares que deseaba, como la cumbre de una montaña por ejemplo.
Como suelo hacer muchas veces me puse a observar a las personas relacionarse, sus expresiones e intentar leer sus
pensamientos, mi faceta de antropólogo o psicólogo tal vez actuando. Los integrantes de la dotación jugaban al pool, un
ruso hablaba con un uruguayo, un brasilero con un ruso, otros simplemente bebían su vino disfrutando del momento después de una jornada de trabajo en el frío polar. Una vez más me alegre de ser un poco responsable de esta reunión, de ese
momento especial.
Pasado el rato se me acercó el cura ruso, Máximo. Con un español muy trabajado y una larga barba me mira a los
ojos y me dice: “Gaspar, te deseo buena salud y una buena vida a ti y a tu familia”. En otra situación y dicho por otra
persona esas pueden ser solo palabras. Pero no lo son para un hombre que ha dedicado su existencia al trabajo de la espiritualidad. En definitiva una religión es eso, o al menos así lo entiendo. Sentí que son su mirada seria quisiera poner esas
palabras en algún lugar profundo de mi ser, lo sentí un conjuro, algo que con sólo decirlo se hace realidad. Pensé en el
comienzo de todo, y la palabra de dios creando un universo de la nada.
Nunca he sido una persona muy religiosa, pero hay algo que siempre me ha cautivado en la religión, y esa función
de ligar a las personas con algo más grande, dentro o fuera de si mismos, lo mismo da. Y en todas las religiones parece
estar ponderada la fuerza mágica de la palabra, la oración, el conjuro, cuando es dotado de un propósito verdadero.
Esa noche me fui a dormir sintiéndome saludable, sabiendo que lo mismo debería estar pasando a mi familia, a mi
familia natural y a la elegida, en definitiva, “a los míos”.
La partida
No voy a escribir de mi salida de la Antártica con mucho énfasis, porque es apenas un “hasta luego”. Si puedo decir
que me produjo sentimientos encontrados, los de volver a ver a mi novia, familia y amigos, y el de dejar ese lugar tan
especial. Me acordé de la bendición del cura ruso, y de tantos otros momentos, como una película reproducida en alta
velocidad.
Estuvimos casi dos meses allí, pero me parecieron años. Para sobreponerme a la nostalgia de la partida me propuse
agradecer para mis adentros en esa oportunidad que había tenido. Uno nunca viaja solo aún cuando se viaja en solitario.
Gaspar González Sapriza, nació en Durazno, Uruguay, el 21 de febrero de 1978. Es educador, montañista y espeleólogo, cursando estudios de Ciencias de la Comunicación en la
UdelaR. Algunas de sus expediciones: 1998-99 Travesía/trekking de montaña Ollantaytambo (Perú), 2000 Travesía El Choro (Bolivia), 2002 Travesía Takesi (Bolivia), 2004 Travesía Yunga Cruz (Bolivia), 2011 Cerro Huayna Potosí (Bolivia, 6.088 mts), 2012 Travesía
cordillera Apolobamba, 2013 Cerro Pequeño Alpamayo, macizo de Condoriri (Bolivia,
5.410 mts), 2013-2014 Curso integral de expedición de montaña con Asociación Agreste
Sur, Neuquén (Argentina), 2014 Volcán Domuyo (Argentina, 4.707 mts), 2014 Exploraciones espeleológicas en Sierra de Sosa, 2015 Cerro Aconcagua (6.960 mts), 2015 Fundador
del Equipo Uruguayo de Expedición. Primera expedición Autónoma de alta montaña- Volcán Lanin. 2016 (Enero-Marzo) Guía de campo Proyecto audiovisual “62° Sur” con el Instituto Antártico Uruguayo. Es Secretario General del Centro Espeleológico Uruguayo Mario
Ísola (CEUMI). Exploraciones expeleológicas y campamentos de investigación científica.

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Monumento al explorador Bellingshausen en Montevideo
Montevideo /Sputnik Nóvosti/–

El lunes 28 de marzo de 2016, Rusia entregó a Uruguay una estatua del navegante que hizo posible en 1820 el
descubrimiento de la Antártida, Faddey Bellingshausen, gesto que simboliza la profundización de las relaciones entre ambos países, dijo el lunes el intendente de Montevideo, Daniel Martínez, en un acto en la embajada
rusa de la capital uruguaya.
La entrega de esta estatua "profundiza las relaciones entre
ambas naciones para hacer un mundo más colaborativo y más tolerante; es un proceso de hermanamiento entre ciudades y tal vez pronto podamos celebrar la entrega de un busto de Artigas, ya sea a Moscú o a San Petersburgo", señaló Martínez.
Las "buenas" relaciones entre ambos países se han ido profundizando en los últimos años, pues, "sin duda, comercialmente el papel de la Federación Rusa en el comercio con Uruguay ha crecido",
dijo Martínez, consultado por Sputnik Nóvosti. "En un mundo cada
vez más complejo, profundizar las relaciones con la Federación Rusa
me parece muy acertado y, si podemos contribuir con este pequeño
simbolismo, lo hacemos con alegría", indicó Martínez a los medios.
El embajador ruso en Uruguay, Alexey K. Labetskiy, añadió a
esta agencia que Rusia coopera activamente con Uruguay en el ámbito político y "muy abiertamente en el Consejo de Seguridad de la
ONU" donde este país sudamericano ocupa un lugar como miembro
no permanente.

El intendente de Montevideo, Daniel Martínez, con el Embajador de Rusia, Alexey Labetskiy, en el momento de descubrir el monumento a F. Bellingshausen .

RECEPCIÓN EN LA EMBAJADA DE RUSIA
El 28 de marzo, una delegación de directivos de la Asociación Antarkos, participó de la recepción organizada por
la Embajada de Rusia en Montevideo, donde el Instituto Bering-Bellingshausen para las Américas (IBBA) entregó a las
autoridades de esta ciudad, un monumento del almirante y explorador ruso Faddey Bellingshausen (1778-1852).
La ceremonia contó con la presencia del intendente montevideano, Daniel Martínez, el embajador de Rusia en
Uruguay, Alexey Labetskiy, el director del departamento de América Latina del Ministerio de Relaciones Exteriores de
Rusia, Alexander Schetinin, funcionarios y periodistas latinoamericanos y rusos.
El presidente del IBBA, Sergey Brilev, subrayó que hizo todo lo posible para devolver la figura de Bellingshausen
al mapa y a la mentalidad de Latinoamérica.
El monumento a Bellingshausen ha sido elaborado por el escultor Alexey Leónov con apoyo de la Fundación
"Diálogo de las culturas" y será instalado en la Plaza de Virgilio de Montevideo.
La entrega de este monumento fue el primer acto de la Ronda de Negocios y el Foro Mediático "Rusia-América
Latina".- Adaptado de : ELENA NÓVIKOVA, RBTH

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Jornadas rusas en Latinoamérica co-organizadas por el IBBA y Roscongress
(antigua Fundación del Foro Económico Internacional de San Petersburgo).
Organizado por el Instituto Bering-Bellingshausen para las Américas y el Foro Económico de San Petersburgo (Rusia)
con la finalidad de tratar las sinergias entre América Latina y Rusia, haciendo énfasis en la economía, energía, el agro y la
aviación.
En la inauguración participaron el vicepresidente Raúl Sendic; el ministro de Agricultura Tabaré Aguerre; jefe del Servicio Federal de Supervisión Veterinaria y Fitosanitaria de Rusia, presidente de las partes rusas de las comisiones intergubernamentales con Uruguay, Argentina, Chile, Ecuador, Sergey Dankvert; y el viceministro de Energía de la Federación
de Rusia, Antón Iniutsin entre otros.
El foro servirá para analizar el amplio abanico de sectores y ámbitos de cooperación entre Rusia y los países de América
Latina, que va desde la modernización de centrales eléctricas y el desarrollo de yacimientos de hidrocarburos, hasta el
desarrollo de la infraestructura de transporte. Comprende también la adquisición de productos agropecuarios y alimentos,
así como el suministro de fertilizantes minerales, vehículos y material aeronáutico. El embajador ruso en Uruguay,
Alexey K. Labetskiy, señaló a la agencia Sputnik que Rusia coopera activamente con Uruguay en el ámbito político y
“muy abiertamente en el Consejo de Seguridad de la ONU” donde ocupa un lugar como miembro no permanente.
¿Qué es el IBBA?
El Instituto Bering-Bellingshausen para las Américas (IBBA) es una organización no gubernamental sin fines de lucro,
cuya tarea estatutaria es la contribución al diálogo de los políticos, empresarios, periodistas y científicos de Rusia y los
países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) con sus colegas de ambas Américas.
Como es evidente, el IBBA fue designado así en homenaje a los navegantes rusos cuyos descubrimientos dibujaron definitivamente los contornos del Hemisferio Occidental pero además realmente de ambas Américas: desde Alaska (Bering)
hasta la Antártida (Bellingshausen).
El Instituto está establecido en Montevideo, por considerar a Uruguay como punta de lanza de las relaciones entre la
Unión Económica Euroasiática con el Mercosur.

Representantes del Centro de
Estudios Antárticos Marítimos y
Polares de la Asociación Antarkos,
participaron de las actividades
organizadas por el Instituto Bering
-Bellingshausen para las Américas
y el Foro Económico de San
Petersburgo, realizadas en el Hotel
Sheraton de Montevideo, el 29 de
marzo de 2016

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Sgto. 1ro. (MDN) Alejandro Gatto, falleció en Montevideo el 21 de febrero de 2016 .
Q.E.P.D.
Nuestro reconocimiento a su simpatía y buena onda en cualquiera de las tareas que desempeñara. Su repentina partida
es una gran perdida para la comunidad antártica, pero su recuerdo quedará para siempre grabado en nuestros corazones. Era conocido como el “Gordo Gato” por todos los que frecuentaron el Instituto Antártico Uruguayo y también lo
recordamos de muchas campañas antárticas, donde colaboraba en la cocina. .
Asociación Antarkos

Alejandro Gatto, con las
“chichis”, en el Comedor
del IAU.
Foto de Gabriela Rodríguez.

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Artesanías de la Biodiversidad
de la Fauna Austral y Antártica
en Fieltro de Lana

Felting Pepita
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CENA DEL SOLSTICIO
22 de junio 2016
Celebración del Mid-Winter
Por consultas y reservas,
comunicarse por mail a
info@antarkos.org.uy

El 22 de junio de 2016, celebraremos el
Día de la Confraternidad Antártica, en
la sede de Instituto Antártico Uruguayo.
¡Los invitamos a participar!
El ticket costará $ 500 y los lugares son limitados.
Organizan: Instituto Antártico Uruguayo y Asociación Antarkos

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Un lobo marino diferente.
Fábula

Por Waldemar Fontes

En una playa de la fría isla desierta, los trozos de hielo golpeaban contra las
rocas y se partían en pedazos cada vez más pequeños, produciendo un sonido
musical, armónico, adormecedor, que contrastaba con la furia del viento que
había soplado momentos atrás.
Una bruma se percibía en el horizonte, donde los témpanos puntiagudos
huían hacia el norte, en busca de alimentar con su dulzor, al fitoplancton que se
gestaba en aquellas aguas vírgenes, prístinas.
Los rayos de sol penetraban las delgadas capas de nieve, que sobre el
glaciar se derretían, escurriéndose por grietas que se hacían canales cada vez
más fluyentes, transportando agua por esos túneles, como si fueran las venas
de un monstruo helado que reposara sobre el antiguo manto pétreo.
En esa playa, una roca más dura que las otras, se resistía a la erosión y
afloraba orgullosa entre los bordes del glaciar, haciendo que los canales acuosos
debieran rodearla y entonces, acumulando corrientes formaba una cascada que
surgía de la nada y se volvía a sumergir entre los hielos milenarios que
persistían en mantenerse sólidos, apoyados sobre la arena y el canto rodado de
la playa.
Las aves marinas, se reunían allí cada atardecer, buscando comida en la
bajamar y ahora sin viento, aprovechaban las corrientes que las ondulaciones
del glaciar producían, para deslizarse, planeando, en vuelos rasantes.
Ways el albatros, venía de lejos y descendiendo sobre la costa aprovechó el
paisaje sonoro de los hielos y la cascada y dibujó con su vuelo una línea
imaginaria que marcó la ruta a otras aves menos osadas, que al ver su blanca y
gigantesca envergadura desplazándose silenciosa y en picada, siguieron sus
aires…
Un grupo de elefantes marinos descansaban allí, como cada año y
compartían la playa con la manada de lobos que ruidosa e inquieta, era la única
perturbadora de la paz de ese momento.

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Los lobos más jóvenes jugaban entre sí, practicando la lucha y algunos
machos mayores, ponían en práctica sus habilidades guerreras empujándose y
mordiéndose entre si, tratando de demostrar a las hembras y también a los
otros machos, quién era el más fuerte.
Entonces apareció Romancillo, un lobo de pelaje amarillo; de esbelta figura,
fuerte pecho y ronca voz, pero diferente a los otros de la manada.
Tronador, el lobo macho más violento, al verlo emerger de las olas se
adelantó a interponerse en su camino. -¿Qué haces?, le dijo. -Ya te advertí que
no quería ver lobos amarillos por acá. -En esta playa yo mando y decido quien
desembarca y quien no.
Romancillo lo ignoró y siguió arrastrándose. Sobre las rocas, al resguardo,
su madre lo observaba con pena pero con orgullo, pues su porte y dignidad lo
hacían destacar más que la diferencia de pelaje.
Romancillo pretendió moverse hasta donde estaba su madre y las hembras
jóvenes que la acompañaban, se pusieron inquietas.

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Eso no le gustó a Tronador que viendo peligrar su autoridad, se abalanzó
sobre el lobo amarillo y lo mordió en el cuello. Romancillo se defendió,
devolviendo la mordida y empujando al lobo agresor, pero cuando parecía que
lo vencería, otros machos que estaban observando, haciéndose los dormidos,
acudieron a la playa en ayuda de Tronador, que los dominaba desde que eran
pequeños.
Don Camejo, el viejo elefante marino, vio la pelea y sabiendo el final, se
comenzó a mover despacio, hacia el agua.
En pocos minutos, toda la manada de lobos se abalanzaba sobre
Romancillo y aunque su madre gritara por él, diciendo que tenía derecho a estar
allí al igual que los otros, el lobo amarillo fue empujado, obligado a meterse al
mar por la fuerza de la muchedumbre y por la rabia de sentirse expulsado, por
ser diferente.
Tronador, liderando a los otros, gruñía en la playa intentando asegurarse
que no volviera Romancillo y Don Camejo, se acercó y le dijo: -Ven conmigo.
Romancillo, con su orgullo herido no quería regresar jamás a esa manada
tan ingrata. Solo lamentaba no poder lamer a su madre una vez más, pero la
voz calma del viejo elefante lo hizo reaccionar.

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-Ven conmigo, le repitió don Camejo. –Nademos hasta aquella punta. -En
aquellas rocas anida la familia del pingüino Borravino y se que ellos te recibirán
con agrado.
Al acercarse a la punta rocosa, la costa que dejaban atrás desapareció
entre los témpanos. Un rayo de sol iluminó las rocas donde anidaban las aves y
un arco iris unió las nubes con la playa.
Muchos pingüinos se acercaron, no solo barbijos, sino también papúas de
pico rojo y nadando entre ellos, un delicado lobo marino, que con terribles
cicatrices por todo el cuerpo, demostraba, que él también había sido expulsado
de su manada.
Don Camejo, los dejó seguir nadando y se sumergió un poco, apenas para
evitar que Ways el Albatros lo rozara con su vuelo rasante y entonces regresó a
su playa, a seguir buscando como ayudar a los diferentes, a encontrar su
lugar...

MORALEJA:

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Los pingüinos, aceptando al diferente,
Tomaron una decisión solidaria, e inteligente.

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ANTÁRTIDA: PRIMER CONTINENTE “LGBT FRIENDLY”
El activista y fundador de Planting Peace, Aaron Jackson, ha viajado por
toda la Antártica con una bandera del orgullo gay como acto de reivindicación en favor de los derechos de la comunidad LGTB en todo el mundo,
declarando la Antártida como el primer continente gay friendly.
www.plantingpeace.org

ARGENTINA AUMENTA A 7 LAS BASES CIENTÍFICAS PERMANENTES EN LA ANTÁRTIDA
El Gobierno argentino aprobó la transformación de la base antártica Petrel, en la isla Dundee, en un emplazamiento permanente que se suma a los seis que el país ya tiene desplegados en el continente antártico.
Según confirmó Presidencia de la Nación en un comunicado, personal de las fuerzas armadas argentinas ya
se encuentra trabajando en el lugar y acondicionando la zona para
favorecer abastecimiento del resto de las bases antárticas de ese
país.
La base Petrel cuenta con una pista aérea que funcionará como alternativa a Marambio y al localizarse en un área de gran calado marítimo permitirá el acceso a embarcaciones de importantes dimensiones para el abastecimiento del resto de puntos. Argentina cuenta
con 13 bases y, con Petrel, sumará 7 permanentes: Marambio, Belgrano II, Esperanza, Carlini, San Martín y Orcadas.

MONGOLIA ABRIRÁ SU PRIMERA BASE DE INVESTIGACIÓN EN LA ANTÁRTIDA
Mongolia abrirá su primera base de investigación en la Antártida en la isla de Livingston, donde tienen centros similares España y Bulgaria, anunció la agencia oficial de noticias Montsame.
El establecimiento de la base surge luego de la adhesión de Mongolia al Tratado Antártico, que se materializó
el pasado año, aunque investigadores del país ya han participado en expediciones científicas al continente
helado desde los años de la década 1970.

Agenda Antártica es una organización no gubernamental que tiene como objetivo trabajar por la
preservación medioambiental del continente antártico y el Océano Austral, la investigación en asuntos
polares y la cooperación de los pueblos de las regiones australes.
Agenda Antártica es miembro de la Antarctic and Southern Ocean Coalition (ASOC) con status de
observador invitado en las Reuniones Consultivas del Tratado Antártico y la Convención para la Conservación de
Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA).

www.agendaantartica.org/
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MURIÓ EL EXPLORADOR HENRY WORSLEY QUE INTENTABA CRUZAR LA ANTÁRTIDA A PIE
A unos 48km de lograr completar su misión de ser el primer
hombre en cruzar la Antártida solo y a pie, el aventurero británico Henry Worsley sufrió una deficiencia completa de sus órganos y falleció en un hospital chileno, en la localidad de Punta
Arenas. El explorador de 55 años ya había estado recorriendo
el continente Blanco durante 71 días cuando debió solicitar asistencia tras descompensarse.
Su objetivo final era recorrer la Antártida sin asistencia, solitario
y a pie y recaudar fondos para colaborar con soldados británicos
heridos en las guerras. En lo que fue su recorrido, el aventurero
ya había logrado superar temperaturas de -44ºC y varias tormentas de nieve, propias de las condiciones climáticas extremas
que presenta el territorio antártico. Antes de pedir ayuda a través de un radio, había pasado dos días en su tienda por agotamiento y deshidratación.
Su intención era recorrer en solitario, la senda de la fallida expedición que Ernest Shackleton planeaba recorrer en 1915.

Henry Worsley

http://shackletonsolo.org/

BRASIL INICIA LA CONSTRUCCIÓN DE SU NUEVA BASE ANTÁRTICA
El Ministro de Defensa de Brasil, Aldo Rebelo, se trasladó hasta Punta Arenas para encabezar la Ceremonia
Simbólica de Colocación de la Primera Piedra de la Estación Antártica de Brasil, “Comandante Ferráz”, ubicada en la bahía Almirantazgo de la Isla Rey Jorge. Se trata de la reconstrucción de la base brasilera que
fue dañada por un incendio el 25 de febrero de 2012, debido a una explosión en la sala de máquinas, la cual
arrasó con toda la estación, dejando a dos personas fallecidas.
El Ministro de Defensa se refirió al proceso de reconstrucción: “es un proyecto de construcción de
una base ya existente, que sufrió un accidente y
que hoy debemos reconstruir. Tenemos un proyecto
arquitectónico, moderno, adaptado a todas las exigencias para cumplir su misión de pesquisas en
varias disciplinas de la ciencia”. Además, aprovechó
la oportunidad para agradecer el apoyo chileno.
“desde el primer momento en que construimos la
primera base en 1984 ha sido posible gracias a la
solidaridad, el apoyo y la logística que el Gobierno
chileno y los ministerios de Defensa y Relaciones
Exteriores de Chile han ofrecido a Brasil”.

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PRIMERA CIRCULAR: CONVOCATORIA
PRESENTACIÓN
En el XV Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos (EHAL),
realizado en San Esteban, Chile, en septiembre de 2015, se acordó la realización
del XVI EHAL en Argentina, con el auspicio de la Dirección Nacional del
Antártico, la Armada Argentina y el Centro Naval. Instituciones todas, vinculadas
al quehacer antártico desde sus inicios.
Los objetivos del Encuentro de historiadores son:
-Optimizar el intercambio en todo lo relativo a las investigaciones históricas entre sus
miembros.
-Fortalecer las investigaciones históricas antárticas de cada uno de sus respectivos
países.
-Intercambiar avances de las investigaciones históricas en aspectos que son comunes.
-Fortalecer la investigación histórica latinoamericana para ofrecer una visión de la
misma frente a la historia antártica producida por los países europeos.
CONVOCATORIA
El XVI Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos se realizará
entre el jueves 27 y viernes 28 de octubre de 2016, en dependencias de la Cancillería
Argentina, ubicada en calle Arenales 761, en la Ciudad de Buenos Aires.
Se invita a investigadores y académicos a participar con presentación de
ponencias, libros, y otras actividades afines.

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Los interesados, deberán manifestar su intención de participar antes del 1º
junio de 2016, por mail a XVIEHAL@gmail.com, detallando información personal,
datos de contacto y tipo de presentación: Ponencias oral, Presentación de libro,
Exhibición.
Se solicita adjuntar un resumen de una carilla como máximo, donde consten
los autores y la forma de presentación (oral, gráfica, otra) así como las necesidades
técnicas requeridas (proyector, paneles, otro). Las propuestas recibidas hasta el 1
de agosto serán evaluadas por un Comité Académico que se integrará a esos
efectos y los autores de los trabajos seleccionados recibirán la notificación
pertinente antes del 15 de septiembre de 2016.
Los participantes con ponencias aceptadas serán alojados en el hotel del Centro
Naval, las noches del 26 y 27 de octubre. Para los acompañantes así como para los
que deseen prolongar su estadía, se acordó una tarifa preferencial: Habitación Single:
U$D 51; Habitación Doble: U$D 63. El hotel está ubicado en la Avenida Córdoba
622- CABA., a seis cuadras del lugar de reunión. www.hotelcentronaval.com.
Además, para el evento el Centro naval considerará como socios a los participantes
para los descuentos en almuerzos tanto en el hotel como en la sede central del club.
A la brevedad se enviará información complementaria referida a hospedaje,
actividades durante las jornadas, y visitas post encuentro.
MÁS INFORMACION
Contacto: XVIEHAL@gmail.com
www.facebook.com/HistoriadoresAntarticos

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Sentires antárticos
Antonella Barletta, una de las estudiantes que participó de la Segunda Escuela de Verano de Introducción a
la Investigación Antártica compartió una muy sentida reseña de su experiencia en la Antártida...

"Hay un submundo formado por quienes, quizás alimentados cual Quijote por nuestras lecturas, buscamos esa apertura
hacia nuevas dimensiones.
Puede que lo encontrado, poco tuviera que ver con las tierras que Poe profetizó, o con las montañas descriptas por Lovecraft, pero ninguno de nosotros puede dudar de forma alguna que fuimos transportados a alguna clase de dimensión alterna.
Algo relacionado con los colores cambiantes de los hielos,
o con el ruido ensordecedor del silencio, los mil tonos de
blanco, o ese tiempo que discurre con ritmo propio cuando el
sol no parece querer ponerse ni de broma.
Un grupo de estudiantes y docentes, de una facultad chica y
apartada, buscando hacer algo en estas tierras blancas. Una
ciencia que se transforma en las relaciones diarias entre países
que en el otro mundo están a miles de kilómetros, que se expone a circunstancias inverosímiles para nuestras latitudes y
se adapta como el ingenio permite.

Fuente:
Biblioteca de la Facultad de
Ciencias Universidad de la República

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¡Qué fantástica posibilidad la de poner en una perspectiva,
así de única tus conocimientos a la vez que tus emociones! Se
me sigue erizando la piel sólo de volver un instante en mi
mente a esa isla, ojalá pudiera hacer justicia agradeciendo lo
que me permitieron vivir.
Confío en que sabré buscar la mejor manera de invertir esa
experiencia en mi futuro, después de todo, ¿quién de nosotros
no se muere por volver a pisar esa tierra?

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Queridos amigos de Copos de Nieve,
Con esta imagen de alegría y diversión,
nos despedimos hasta el próximo número!
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Copos de Nieve - Nº 48 - Abril 2016

ISSN 2074-8574

COPOS de NIEVE

Copos de Nieve
- Nº 48 - en
Abrilla2016
Apoyamos
a Uruguay
Antártida

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