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Discursos de identidad, Estado-naci6n y ciudadania en América Latina: Viejos problemas - nuevos enfoques y dimensiones" Hans-Joachim Kénig Resumen Este ensayo se refiere a los problemas de nacién, nacionalismo ¢ identi- dad nacional en una perspectiva comparada. Establece diferencias cua- litativas entre las modalidades en que fueron abordados los procesos de formacién de aquellas entidades en los sigos XVIII y XIX y las formas que se utilizan, cobran vigencia o cambian de sentido a la luz del proceso de globalizacién que vive el mundo en las viltimas décadas El ensayo esta formado por dos secciones y unas conclusiones. En la parte inicial se realiza un ejercicio de sintesis sobre los viejos problemas que enfrentaron las sociedades en la constitucién del Estado-Nacién: los criollos no lo hicieron basados en criterios étnicos 0 culturales como lengua, religién e historia sino a partir de la creacidn del Estado como hecho politico. Las identidades de la ¢poca de la Independencia no eran de tipo nacional sino mas bien locales y regionales, de tal manera que el principal criterio de adscripcién al Estado estaba dado por el ideal de libertad politica ¢ igualdad juridica; solo despues los paises emprendie- ron la lenta tarea de construir identidades nacionales, En la segunda parte del ensayo se hace un andlisis de las transformacio- nes que se han operado en la evolucién de los conceptos de nacién, nacionalismo e identidades, teniendo en cuenta Ja incidencia del de- rrumbe del campo socialista, cl auge del modelo neoliberal y el fuerte proceso de globalizacién que han puesto en cuestisn las viejas formas de elaboracién de las nociones de nacién, Estado, fronteras nacionales ¢ identidadies, de tal suerte que los paises latinoamericanos encaran un * Este articulo fue presentado por el Profesor visitante Hans-Joachim Konig en cl Auditorio Gerardo Molina de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellin, en el mes de marzo de 2003, dentro del programa del Doctorado de Historia. 10 Historia y Sociedad 11 momento de descomposicion y reinterpretacién de las mismas en un perioda en el que los Estados-naciones han dejado de ser los deposita- tios del orden mundial y los garantes de los derechos humanos y civiles. En este contexto sobresale un hecho singular: la ausencia de movimien- tos nacionalistas y cl surgimiento de movimientos particularistas (étnicos, feministas, ecologistas, de defensa de los derechos humanos, etc.). Con- comitante con estos fendmenos se produce en el campo cultural una redefinicién del concepto de cultura y han cobrado fuerza los estudios que reivindican las Ilamadas “realidades blandas”, lo que permite enten- der el Estado-nacién no como una realidad homogénea ni ho- ‘mogericizante, sino como un concepto que designa realidades diversas. Palabras clave: Nacion, nacionalismo, identidad nacional, ciudadania, Fstado-nacién, América Latina, modernizacion, independencia, globalizacién, identidades culturale: enfoques culturales, Introduccién: la problematica Hasta hace algunas décadas en Europa la problematica de nacién, nacionalismo c identidad nacional parecia ser una tematica obsoleta, interesante s6lo para historiadores. Tras los abusos cometidos por un nacionalismo extremo se percibi6 en Europa, y cn especial en Alemania, una actitud de rechazo hacia el na- cionalismo," y el proceso de la inte- Hiian cl nacionalis- ‘mo como una manifestacidn patol6 gica: Wal- ter Sulzbach, Japerialismus tind Natio nalbewussisein, Franefort, 1959; Boyd C. Shafer, Nationalism. Myth and Reality, Nue- va York, 1955; con respecto a Alemania véa- se: Karl O. Frh. v, Aretin, “Uber dic Notwen- digkeit kritiseher Distanzicrung vom Nationbegriff in Deutschland nach 1945", en: lation war Nationalismus, H. Bolewski (ed.), Stuttgart, 1967, pp. 26-45. Acerca del na- cionslismo extremo véase: Rainer M. Lepsius, Extremer Nationalismus. Strukturbe- dingungen der Nationalsozialistischen Machtergreifung, Stuttgart, 1966; Christian Graf v. Krockow, Nafionalismus als deutsches Problem, Munich, 1970. 1. Autores que identidades locales, imaginarios, gracion europea hizo pasar a scgun- do plano la antigua estructura politi- ca europea de un continente subdi- vidido en muchos Estados-naciones. Tanto la predileccién por el Estado- nacién como el empleo del concep- to de nacionalismo o nacionalidad parecian estar superados como fac- tores politicos. Ademas, el proceso de globalizacién ponia en duda no s6lo la importancia y necesidad de! Estado-nacién como la tinica insti- tucin adecuada para garantizar los derechos humanos y el ejercicio del estatus de la ciudadania en la socie- dad civil y social.’ Ponia en duda 2. David Held, Democracy and the Glo~ bal Order: from the Modern State to Cosmopolitan Governance, Cambridge, Polity Press, 1995; Yasemin Soysal, The Limits of Citizenship, Chicago, University of Chicago Press, 1994; Jean L. Cohen “Changing Paradigms of Citizenship and the Exelusiveness of the Demos”, en: inter: national Sociology 14, 3, 1999, pp. 245-268, La tematica de la ciudadania como elemento de la “nacidn civica” en [beroamérica se dis- cutira lo largo de este articulo. Hans-Joachim Kénig también la validez de la vieja con- cepcién de que la nacién formara un espacio unificado u homogéneo: en vez de una sola identidad nacional hoy en dia se subraya la pluralidad de identidades.* Ultimamente, sin embargo, pode- mos observar un cambio de opinio- nes en Europa, pues tanto las turbu- lencias del fin del siglo XX con la desintegracién sangrienta del bloque soviético respecto del bloque socia- lista en la Furopa oriental como las ampliaciones de la Union Europea, llaman nuevamente la atencién de historiadores y politdlogos sobre el rol de los nacionalismos y el rol de los Estados-naciones.* Debido a conflictos entre grupos nacionalistas, sobre todo en Europa oriental, 0 a movimientos nacionalistas xen6fo- bos en contra de una inmigracién creciente, por ejemplo en Alemania, oa lealtades regionales nacionalis- tas, como en Italia y Espafia, las palabras nacion, nacionalidad, na- cionalismo ¢ identidad nacional han vuelto a despertar temores antiguos. 3. Homi Bhabha, Zhe Location of Culture, Londres y Nueva York, 1994. 4. Véase PE. Robert J. Kaiser, The Geography of Nationalism in Russia and the USSR, Princeton, 1994; David D. Laitin, “Identity in Formation: The Russian- Speaking Nationality in the Post-Soviet Diaspora”, en: Archives Européennes de Socialogie (36), 1995, pp.281-316; Rogers Brubaker, Nationalism —Reframed. Nationhood and the National Question in the Nev Europe, Cambridge, 1996; Anne-Marie Le Gloannec (ed.), Entre Union et Nations: L Eta en Europe, Paris, 1998. ll Los acontecimientos en Europa motivaron nuevos estudios sobre nacién ynacionalismo. Pero extra- fia mucho que, con Ia excepcién del libro de Benedict Anderson, los re- cientes trabajos de carcter general no contienen ni reflexiones tedricas ni estudios especiales referidos a América Latina.’ Y eso a pesar de que tanto los problemas socioeco- némicos sufridos por los Estados de América Latina, las dictaduras 0 re- gimenes autoritarios y los procesos de redemocratizacién como nuevas concepciones de espacio y de inte- gracién suprarregional revelan cla- ramente la fragilidad de los Estados- naciones latinoamericanos y los defectos en el curso de su construc- cién. Esta ausencia, jesté relaciona- da con la peculiaridad del fendme- no de nacion y nacionalismo en el proceso histérico de este continen- te? 4O tiene que ver algo con las dudas sobre si se puede hablar de éxito o de fracaso en la construc- cién de lanacién modema en Amé- rica Latina? Pues a diferencia de Europa donde el proceso de inte- gracién supranacional estaen plena Benedict Anderson, Imagined Comnnmities. Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, edicién revisada, Londres, Verso, 1991. Por otto lado Cf. los estudios de Bric J. Hobsbawm, Nations and Nationalism since 1780. Programme, myth, reality, Cambridge, 1990; John Hutchinson & Anthony D. Smith (cds.), Nationatism, Oxford, 1994; Anthony D. Smith, Natio- nalism and Modernism. A critical survey of recent theories of nations and nationalism, Londres y Nueva York, 1998. 12 marcha, en América Latina el pro- ceso mismo de formacién o cons- truccion de Estados-naciones, em- pezado con la Independencia, toda- via no esta acabado como lo insi- nitan algunos trabajos pertinentes.° Laconstruccién inacabada de la nacién moderna en América es la problemitica que quiero tratar aqui, pues tengo la impresién que a los viejos problemas de la formacién o construccién de los Estados y na- ciones estén agreg4ndose nuevos problemas surgidos del contexto contemporaneo, es decir, tanto de los sistemas autoritarios y los pro- cesos de re-democratizaci6n como del proceso de globalizacién y sus impactos. Estos nuevos problemas, estos nuevos efectos sobre la estruc- tura misma del Estado-nacién o de las naciones proyectadas en el pre- sente, no sdlo nos obligan a repen- sar el caracter y la historicidad de los procesos de formacién 0 cons- truccion de los Estados-naciones, 6. Cft, Marco Palacios (comp.), La uni dad nacional en América Latina, Del regio~ nalismo a la nactonalidad, México, El Cole- io de México, 1983; Hans-Joachim Konig, Auf dem Wege zur Nation. Nationalisnius im Prozess der Staats- und Nationbildung Neu- Granadas {750 bis 1856, Stuttgart, 1988 {hay una traduecién en castellano: En el ca- mino hacia la nacién. Nacionalismo en el proceso de formacién del Estado yde la na- téin de fa Nueva-Granada, 1730-1856, Bo- ta, Banco de la Replica, 1994), Antonio Annino, Luis Castro Leiva y Frangois-Xavier Guerta (eds.), De los imperios a las nacio~ nes: Iberoamérica, Zaragoza, 1994, Historia y Sociedad 11 sino que también nos suministran nuevos enfoques de andlisis. Los viejos problemas de la construccién del Estado-nacién Entre los viejos problemas pode- mos contar las causas del surgimien- to de los Estados-naciones al prin- cipio del siglo XIX; los criterios que determinaron los fundamentos o la esencia de los nuevos Estados en el sentido de formar una identidad pro- pia y diferenciarse de otros Estados; y la competencia entre proyectos nacionales de diferentes grupos so- ciales en el transcurso del desarro- lonacional.’ Hasta ahora ya sabemos mucho del nexo entre modemizacién e inde- pendencia a finales del siglo XVII y principios del XIX,* pues para la Para una discusién mas amplia tan- tode estos problemas como de las definicio- nes de Estado, nacién y nacionalismo remi- to ami ensayo “Nacionalismo y nacidn en la historia de Iberoamériea”, en: Estado-naciin, conunidad indigena, industria. Tres deba tes al fina! del milenio, H.-J. Konig, Tristan Platt y Colin Lewis (eds.), Ridderkerk, 2000, Cuadernos de Historia Latinoamericanc (8), pp. 7-47. 8 Cfr. los ensayos en Inge Buisson, Gunter Kahle, Hans-Joachim Kénig y Horst Pictschmann (eds.), Problemas de la forma- cidn del Estado y de la nacién en Hispano- américa, Kiln, Viena, 1984; H.-L. Konig, En el camina hacic la nacién; Frangois-X Guerra, Modernidad e independencias, En- sayos sobre las revoluciones hispanicas, Madrid, 1992, Méxica, 1993; F-X. Guerra Hans-Joachim Kénig época en Europa del norte empeza- ban los procesos de industrializacién y modemizacién e importantes gru- pos de criollos se veian impedidos a participar en dichos procesos, de- bido a su estatus colonial. Este estatus colonial —o el nexo colonial que en tiempos pasados significaba no solo dominacién sino también. relaciones internas y extemas surgi- das tanto de los intereses coloniales de la sociedad metropolitana como de los propios intereses de las so- ciedades americanas— se rompid. porque se diferenciaban los intere- ses de la metropoli y los de los crio- ilos. El anhelo de mas autonomia y los movimientos independentistas eran respuestas al desafio de la mo- dernizacion, eran reacciones frente a cierto atraso econémico con el deseo de participar en los cambios sociales y econémicos. De alli resul- taban reclamaciones politicas que iniciaban un proceso que condujo a la formacién de Estados propics; sdlo en Cuba se reforzé el nexo co- lonial porque un grupo importante de la élite cubana, los azucareros, prefi- rid aprovechar la ayuda de Espafia.” y Ménica Quijada (eds.), Jmaginar la na- cidn, Minster, Hamburgo, 1994, Cuadernos de Historia Latinoamericana (2). En general véase Johann P. Arnason, “Nationalism, Globalization and Modernity”, en: Mike Featherstone (ed), Global Culture. Natio- nalism, Globalization and Modernity, Lon- dres, 1990, pp. 208-219. 9. Cir Josef Opatmy, Antecedentes his- ibricos de Ia formacin de la nacion cubana, Praga, Universidad Carolina, -1986; Hans- 13 Sabido es también que en Amé- rica Latina podemos hablar de uni- dades politicas con fronteras cultu- rales s6lo a partir de mediados del siglo XIX o mas tarde, es decir, a partir de laconsolidacién politica de los Estados.'° Con esto se rectifi- can opiniones anteriores que sefia- Jaban como causa de las revolucio- nes de independencia, de la for- macién de Estados, la previa toma, de conciencia “nacional” que se ba- saba en aspectos culturales y étnicos de la poblacion autéctona."' En aquel entonces no existian “nacio- nalidades” diferentes con identida- des étnicamente definidas, sino una sola—la espaiiola—, en gran parte comun a todos los actores america- nos y espaiioles; cuando mas dos: la espafiola y la americana.'? Pode- Joachim Konig, “La crisis de la sociedad co- lonial en el imperio espaiiol a fines del siglo XVIII principios del siglo XIX y las dife- rentes respuestas en el continente americano yen Cuba”, en: Karl Kohut, Marfa del Car- men Barcia Zequeira y Giinter Mertins (eds.), Cien arios de independencia de Cuba. Mesa Redonda, Neue Folge (14) v. I, Eichstétt, 1999, pp. 23-40. 10, Parael caso de Argentina, ver el tra- bajo de Oscar Ozlack, La formacién del Esta- do argentino, Buenos Aires, 1995; para el caso de Colombia, ver H.-J. KOnig, En el cami- no hacia la nacién; para México, ver Annino yottos (eds.), De las inperios a las naciones. IL. Vera opinién del historiador chile- no Gonzalo Vial Correa, “La formacién de Jas nacionalidades hispanoamericanas como causa de la independencia”, en Boletin de la Academia Chilena de Historia (75), 1966, pp. 110-144. 12. Cf R-X. Guerra dependeneias, cap. 1X; fodernidad e in- La desintegra- 14 mos constatar, sin embargo, que en. el proceso de la desintegracién del imperio espafiol ciertas identidades culturales de los antiguos reinos € identidades locales jugaron un rol importante, pues el imperio espaiiol nunca formé una unidad grande y fuerte. En el curso de la coloniza- cién el imperio se habia subdividido en diferentes 4reas, es decir, por causa de diferentes recursos ecol6- gicos y diferentes procesos demo- graficos, econdmicos y politicos, surgian diferentes entidades con cier- tas identidades culturales. Precisa- mente las identidades culturales de los reinos que a veces se remonta- ban a los primeros tiempos de la época colonial, yse basaban, en el caso de Chile, en la resistencia he- toica de los araucanos contra los espafioles, en el caso de México en la Virgen de Guadalupe, en el caso del Peri en el reino de los incas yen el caso de la Nueva Granada en el reino de los zipas, crearon a largo plazo un espacio propio.” Y en la cién de la Monarquia hispanica: revolucién e independencias”, en A. Annino, L. Castro Leiva y F.-X. Guerra (eds.), De fos imperios a las naciones, pp. 195-227; Id., “Identida- des ¢ independencia: La excepcidn america- na’, en F.-X. Guerra y M. Quijada (eds, Imaginar la nacion, pp. 93-134. Cfr. en cuan- toa situacién en Ja Nueva Granada la opi- nign parecida de Anthony McFarlane, “The Politics of Rebellion in New Granada, 1780- 1810”, en; H-I Kénig y Marianne Wiescbron {eds.), Nalionbuilding in nineteenth century Latin America, Leiden, 1998, pp. 201-217. 13. En cuanto ala formacién de identi- dades véase Simon Collier, Ideas and Polities Historia y Sociedad 11 época de la independencia existia una atencién bastante amplia pres- tada por parte de los criollos a la presencia étnica de los indios. De hecho, hasta en paises donde no habia un pasado glorioso indiano, como en la Nueva Granada, los li- deres de los movimientos indepen- dentistas, en su argumentacién en pro de la independencia de Espafia, po- nian su atencién en fa historia y la existencia de los indios, atencién que muchas veces acrecenté hasta el enaltecimiento del indio. Durante afios [lamaban a reflexionar sobre la historia precolonial, la conquista y sus consecuencias para los indios. of Chilean Independence 1808-183 Cambridge, 1967; David Brading, Lo orige- nes del nacionalismo mexicano, México, 1973; Id., The First America. The Spanish Monarchy. Creole Patriots and the Liberal State, 1492-1867, Cambridge, Cambridge University Press, 1991; Jacques Lafaye, Quetzalebail y Guadalupe: La formacién de la conciencia nacional en México, 1531-1813, México, F.C.E., 1977. Bernard Lavallé, Recherches sur apparition de la conscience ergole dans la Vice-Royauté du Pérou. L'antagonisme hispanocréole dans les ordres religieux (XVle-XV Ile sigcles), 2 Vols. Lille, 1982; Id., Las promesas ambiguas. Ensayos sobre ef criollismo colonial en fos Andes, Lima, 1993. Marie Danielle Demélas, L'vention politique. Bolivie, Equateur, Pérou au XiXe siécle, Paris, ERC, 1992, H- 1. Konig, En ef camino hacia fa nacion. 14, Cfi. el caso de México el estudio de Gloria Grajales, Nacionalismo incipiente en los historiadores coloniales. Estudio historiogrifieo, México, 1961; D. Brading, Losorigenes del nacionalismo mexicano; el caso de Colombia: H.-J. KGnig, Eel camino hacia la nacién; ¢l caso de Chile: 8. Collier, Ideas and Politics of Chilean Independence. Hans-Joachim KG. Sin embargo, la forma en que los criollos se incluyeron en la represién suftida por los indios durante tres- cientos afios y construyeron una his- toria comin entre conquistados y descendientes de los conquistado- tes, deja ver claramente que los crio- los utilizaban la existencia de los indios tnicamente para fines de pro- paganda y para legitimar ante Es- pafla sus propias pretensiones de dominio —como americanos— y para poder declarar la eliminacion dela falta de libertad como objetivo del movimiento. La mencién dela historia indigena no significaba la adopcion de contenidos indigenas en Japroyectada formacién de Estados. Elindigenismo criollo no sepresen- taba como un proyecto politico sino que era un instrumento politico. Los criollos no construyeron sus Estados basados en criterios étnicos 0 cultu- rales como lengua, cultura, religion ehistoria,"° Ahora, si no existian nacionalida- des cultural o étnicamente determi- nadas como fundamentos de las nuevos Estados, jen qué se basa- ban los “movimientos nacionales” y por qué surgian varios Estados so- beranos del imperio espafiol? ¢Cua- les factores servian denticleos de los nuevos Estados?, pues no podemos 15. Véanse mis reflexiones acerca de esta instrumentalizacién: Hans-Joachim Kénig, “EL indigenismo criollo. {Proyecto vital y politico realizable, o instrumento politico”, en: Historia Mexicana (4), 1996, pp. 745- 767. 15 asumir que los Estados nuevos eran una creaci6n de la nada o que eran algo natural. Ya mencioné el impor- tante rol que jugaron ciertas identi- dades regionales 0 locales. Pero atin mas importante fue la percepcién de un espacio propio con todas sus re- cursos naturales y sus posibilidades correspondientes, De algunos traba- jos por lo menos sobre México yla Nueva Granada resulta muy clara- mente que, a partir de la segunda mitad del siglo XVII, una buena parte de las élites provenientes de diversas regiones de sus paises ya no pensaron en dimensiones locales 0 regiones pequefias, sino comen- zaron a hablar de limites “naciona- les” mas amplias.'° Aunque deno- minaron el objeto de la percepeién con términos a veces imprecisos, como por ejemplo este reino, esie pats, esta tierra, este suelo, esta sociabilidad, y sobre todo patria,” estos términos indican que los crio- llos se hacian ideas bastante preci sas de su propio territorio, Para el posterior proceso de la formacién 16, Jochen Meifner, Eine Eli Umbruch. Der Stadtrat von Mexiko zwischen kolonialer Ordnung und unabhdngigem Stat, Stuttgart, Steiner, 1993; H.-J. Konig, Enel camino hacia la nacién 17. Cit. Charles Minguet, “El concepto de nacién, pueblo Estado y patria en las ge- neraciones de la Independencia” en: Recher- ches sur fe monde Hispanique au dix-neuvie- me siécle. Lille, 1973, pp. 57-71; L. Monguio, Palabras e ideas’ “patria’ y ‘nacidn’ en el Virreinato del Peri”, en Revista Iberoameri- cana (104-105), 1978, pp. 45 1-470; of. Konig, En el camino hacia ia nacién e im 16 del Estado no debe subestimarse esta relacién con un espacio parti- cular, porque la organizacion del Estado corresponde al principio te- tritorial, es decir al gobierno eficaz- mente ejercido dentro de un territo- rio definido. Al comicnzo de este proceso vemos una definicién terri- torial por parte de una élite cada vez mas consciente de sus intereses. Su patriotismo representé una fuerza politica trascendente en cuanto a la relacion tanto entre los territorios americanos y Espafia come entre ellos mismos. Esto fue valido entodo caso donde el patriotismo abarcaba no sdlo el aprecio por el propio pais, sino también la exhortacion a tomar parte en el desarrollo de la patria. Las reformas borbénicas, una poli- tica centralista expresada en la prac- tica del nombramiento de funciona- tios espafioles en vez de americanos y la explotacién mas intensiva de las riquezas americanas en beneficio de Espafia, la percepcién de las pro- pias posibilidades econdmicas y de Jos recursos naturales de provincias oreinos ocurtida en el curso de las expediciones botinicas, la comuni- cacion mas y mas creciente por me- dio de los nuevos periddicos fomen- taron la adhesién cada vez mas fuerte con Ia propia regién, cs decir, el amor a la patria, en beneficio de los propios intereses de las élites. Por eso los criollos apelaban a un pa- triotismo como instrumento para poder construir un Estado propio que debia tener todos los rasgos Historia y Sociedad 11 inexistentes en el sistema espafiol: li- bertad, igualdad y posibilidad de desarollo."* Y precisamente por ser un instrumento para un Estado futu- ro veo este patriotismo como proto- nacionalismo 0 nacionalismo ge- nuino.”” Debido a las circunstancias los “movimientos nacionales” tenfan que construir sus Estados sobre criterios indicando la superacién del estatus colonial y crear por medio de un 18, Para la existencia de este patriotis- mo véanse Brading, Origenes det naciona: lismo mexicano; Xavier Tavera Vara, Elna ctonalismo en (a prensa mexicana del siglo XVII, México, 1963: Collier, Ideas and Politics; Ricardo Krebs, “Origenes de la con- ciencia nacional chilena”, en I, Buisson y otros (eds.), Problemas de la formacién., pp. 107-125; Kénig, En ef camino hacia la na- cfdu. Algunos autores le niegan un cardeter politico, como Brading, Origenes del nacio- nalismo mexicano; Ricardo Krebs, “Nat nale Staatenbildung und Wandlungen é nationalen Bewusstseins in Latcinamerika” en: Theodar Schieder (ed.), Skaar griinciungen und Nationalitalsprincip, Manchen, Wien, 1974, pp. 161-182, 176; parecidamente Brian Hamnett, “Las rebeliones y revolucio- nes iberoamericanas en la épaca de fa inde pendencia. Una tentativa de tipologia”, en: Frangois-Xavier Guerra (ed.), Las Rev clones Hispanicas: Indepondencias Amer canasy Liberalismo Espaiiol, Madrid, 1993, pp. 47-70, aqui 59. 19. Cf. J. Meifner, Eine Ele im Umbruch, cap. WV; Hl. Kénig, “Naciona- Jismo: un problema especifico de ta investi- gacién historiea de procesos de desarrollo”, en Victor Manuel Uribe Urin y Luis Javier Ontiz Mesa (eds.), Nacs tori, Medellin, 2000, pp. 323-369; pareci- damente lo califica Alan Knight, “Pueblo, politica y nacién, siglos XIX yXX", en shied, 370-406, esp. pp. 375, 390. Hans-Joachim Kénig imaginario adecuado en la poblacién un sentido de identificacién con y lealtad frente a las nuevas entidades. Por eso el proceso de la formacién, del Estado-nacién en América Lati- na comenzé con el concepto de la nacién civica o de la nacién de ciu- dadanos. Los criollos erigieron el postulado de libertad e igualdad como caracteristica distintiva de los nuevos Estados frente al antiguo es- tatus colonial, pues de esta manera podian sefialar un camino viable ha- cia Ja unidad y la integracion social. Endicha integracion también habrian de incluirse las otras etnias no-blan- cas, esto es la poblacién afroame- ricana y la autéctona, sin que por esto se intentara una adopoidn de las tradiciones indigenas, como por ejemplo la propiedad comin. La solidaridad con los indios que ha- bian sufrido el poder colonial espa- fol en la primera etapa de conquista bajo represién y esclavitud, esta so- lidaridad proclamada en el curso del movimiento nacional, sdlo sirvié para cimentar la justificacion del mo- vimiento y sus objetivos: lograr la li- bertad y la autonomia. De manera andloga, la idea de li- bertad politica influyé en la decisién 20. A titulo de ejemplos véan: ca Quijada nacién’) Dinamicas y dicotomias de la nacién en el imaginario his- penoamericano del siglo XIX", en: F-X. Guerra yM. Quijada (eds.), Imaginar fa na- , pp. 15-51; HJ. Konig, En ef camino hacia la nacién. En general Dominique Schnapper, La communauté des citoyens. Sur Jidée moderne de nation, Paris, 1994. 7 de los grupos dirigentes de que los derechos y deberes del ciudadano debian constituir el principal criterio de la afiliacién al Estado que habria de plasmarse dentro de las fronte- ras de la patria. De este modo, los nuevos Estados no sdlo se delimita- ban positivamente frente al antiguo poder colonial; también podian de- mostrar que la pertenencia étnica- cultural y regional no implicara una desigualdad, sino que precisamente la igualdad politica representara el rasgo caracteristico de los nuevos Estados. Se ve que los criollos no construyeron los Estados con base en rasgos culturales, sino en crite- tios politicos. El Estado aparecié definido politicamente. El titulo de ciudadano desempe- fié un papel preponderante en los esfuerzos de los grupos dirigentes por activar amplias esferas de la poblaci6n y atraerlas a los nuevos Estados. A él podian asociarse va- lores y cualidades como la igualdad, laparticipacién politica, la libertad y el progreso econdmico, ausentes en el sistema espafiol, pero prometidas por el nuevo sistema. Con el titulo de ciudadano se podia documentar que la transformacién politica, pre- tendida durante tanto tiempo, real- mente se habja Hevado a cabo; igual- mente, se podia acusar al sistema colonial de no haber Ievado a la practica el postulado de igualdad. Surtio grandes efectos el hecho de que los habitantes, listos para de- fender la independencia de los nue- 18 vos Estados como patriotas, se vie- ran tratados como ciudadanos por las élites politicas y fueran considera- dos ya no como stibditos bajo tute- la, sino como miembros igualcs del cuerpo del Estado donde gozaban de derechos y posibilidades de desarrollo hasta entonces vedados. Con esto se logré que los “movi- mientos nacionales” no quedaran re- ducidos a un pequeifio circulo de pattiotas. E] titulo de ciudadano, usa- do como simbolo de la libertad, esto es, la caracteristica principal en la que se apoyaba la nueva unidad na- cional y la identidad nacional, era considerado tan efectivo para iden- tificar a la poblacién con los nuevos Estados, que se seguia usando en las fases posteriores del proceso de for- macion del Estado y de lanacion.”* El hecho de que los criollos del antiguo imperio hispanico constru- yeran sus Estados como reptiblicas, basadas sobre el principio de igual- dad de los ciudadanos ante la ley, no significa que realmente se hubie- ran formado naciones de ciudada- nos.” El poder politico estaba en 21, Véasé en Colombia el proyecto modenizadorde los liberales a mediados del siglo XIX, H.-J. Konig, En ef camino hacia la naciéa, Quinta parte 22. Ver para un enfoque diferenciado Hilda Sabato (coord.), Ciuwladania politica y formacién del s. Perspectivas his. toricas de América Latina, México, 1999 “La ciudadania en el siglo XI estudio del poder politico en Amér on: Hal. Konig, etal (eds.), Estado-nacién, pp. 49-70. nae Historia y Sociedad 11 manos de las élites criollas, porque —-salvo las primeras décadas revo- lucionarias— el ejercicio de los de- rechos civicos, tal como el derecho de sufragio activo o pasivo, reque- rian determinadas condiciones so- ciales y cconémicas. Indios, negros ymestizos segnian excluidos de una participacién politica o socioeco- nomica. En las distintas regiones de Iberoamérica, solo muy lentamente se produjo un proceso gradual de ampliar la participacion electoral y crear una universal ciudadania poli- tica y democratica. Ese proceso se prolongé por todo cl siglo XIX, muchas veces hasta la mitad del si- glo XX. Alanalizar el proceso histérico de la formacion del Estado y de la na- cion en América Latina, los historia- doves latinoamericanistas estamos de acuerdo en queel Estado-nacion sur- gido a principios del siglo XIX no re- presenté una entidad preestablecida yprimordial sino que mas bien fue un proyecto politico de desarrollo per- seguido por ciertos grupos sociales y politicos, También hay consenso de que tanto en la fase de la Indepen- dencia como en posteriores fases de consolidacién politica a lo largo del siglo XIX hasta bien avanzado el XX cl Estado precedié ala nacién.» Esto Cfi. los ensayos en 1. Buisson et al. ), E! problema de Ia formacion del Es fo y dela naciéu, H.-F. Konig, En el camino hacia la nacién, FX. Guerra, Modernidad ¢ independencias. revoluciones; F =X. Guerra YM. Quijada (eds.), Imaginar ta nacién Hans-Joachim Konig implica, que partimos de la dualidad o complementariedad de Estado y nacién y tenemos por necesaria la transformacién del Estado territorial en un Estado-nacién para que este Estado sea mas que una institucién de coercién yreciba la aceptacion y lealtad de sus miembros. Porque de otra manera corre el riesgo de fra- casar. Asi la nacién es mas que el Estado. Pero un Estado puede 0 tie- neque llegar a convertirse en nacién, en Estado-naci6n, en virtud de una politica coherente de integraciéno participacién politica y social, y con una creciente lealtad, identificacion ysentimiento nacional del conjunto de sus habitantes, originada en esa. politica. Para que haya una movili- zacion politica de los habitantes hace falta una integracion cultural de la poblacién antes mezclada. Y es pre- cisamente la idea de la “naci6n” que cumple con ese desiderétum; con. ella los ciudadanos pueden desarro- llar una nueva forma de identidad colectiva que va mas alla dc Iealta- des tradicionales frente al pueblo, la familia y el territorio. El simbolismo cultural de un “pueblo”, seguro de su propio cardcter, genera una uni- dad imaginaria y hace conscientes a Jos habitantes del mismo temitorio de su unién, de la homogeneidad que antes era abstracta y transmitida solo Jjuridicamente. Solo la construccién simbdlica de un “pueblo” transfor- ma el Estado moderno en el Esta- do-nacional. 19 Hay que subrayar que las cons- trucciones de Estados en la fase de la Independencia pertenecen a los primetos esfierzos para establecer naciones, o Estados-naciones, y que eran paralelos y atin anteriores a los de Europa, como bien lo describe B. Anderson.*4 No lo lograron en aquel entonces, porque los nuevos Estados entraron a formar parte del conjunto intemacional de Estados con grave déficit, porque los proyec- tos de nacion que los criollos logra- ron imponer, no mencionaron carac- terfsticas 0 criterios que tuvieran en cuenta la situacion social y la estruc- tura étnica heterogénea, sino que se fundamentaron en primer lugar en razones y criterios politicos. Un gru- po econdmicamente privilegiado, es decir los criollos, habia formulado lo que no queria ser —dependiente de un poder colonial— pero muy va- gamente lo que queria ser en el futu- to. No quedo aclarado cémo iban a estructurarse las sociedades, como se iba a superar la desigualdad so- cial existente y cémo se ibaa respe- tar la heterogeneidad ¢tnico-cultu- ral. Ademas, los nuevos Estados carecian deuna comprensién mutua entre sus sociedades, es decir, del consenso entre las diferentes partes de la poblacion. Al lado de un ajus- tado arreglo institucional segtin la definicion politico-institucional del Estado, habia que crear una serie de 24, B. Anderson, Imagined Communi ties, pp. 47-60. 20 usos, habitos y valores que compo- nian la ciudadania, en el sentido de ética o moral civica.*> Habia que desarrollaro fomentar la integracion politica y social para obtener la leal- tad de los diferentes grupos: en el sentido politico, porque dentro de las fronteras de los Estados persis- tian intereses locales motivados por una topografia adversa o por rivali- dades antiguas, por la historicidad de diferentes sociedades locales y regionales*® o por diferentes pro- yectos nacionales.”’ En el sentido social, porque persistia la estructura jerarquica de la sociedad que se caracterizaba por una distribucién desigual e injusta de la riqueza, so- bre todo en lo referido a la disponi- bilidad de las tierras, y era necesa- rio trans formar la ciudadania exclu- 5. Con la finalidad de educar ala gente se publicaron los llamadas catecismos poli- tieas, véanse al respecto Javier Ocampo La- pez, Catecismos politicos en la mdenenden- cia de Hispanoamérica, Tunja, UPTC, 1988. Fernando Escalante Gonzalbo, Ciudadanos imaginarias. Memorial de los afanes y des venturas de la virtud y apologia del vieio triunfante en la Reptiblica Mexicana, Méxi- co, 1992. 26. Veéanse para Colombia los estudios de Catalina Reyes Cardenas, “Soberanias, te- rritorios y conflictos en el Caribe colombi no durante la primera republica, 1808-18 en: Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura (30), 2003, pp. 149-198 Femando Botero Herrera, Estado, naciéa y provincia de Antioquia, Guerras civiles ein venciin de la regién, 1829-1863, Medellin 2003. 27. Ver mis abajo la descripcidn de este concepto, Historia y Sociedad 11 yente en una ciudadania incluyente por medio del sufragio universal. Después de la construccion de Es- tados, las sociedades latinoamerica- nas emprendieron el dificil camino de transformase en naciones, en Esta- dos-naciones, y de construir identi- dades nacionales por medio de ima- ginarios basados en otros simbolos que la sola ciudadania politica. Respecto de la competencia entre diferentes proyectos nacionales y construcciones nacionales sabemos. que fueron sobre todo las élites poli- ticas que lograron realizar o mejor dicho imponer su proyecto nacional yconstruir los imaginarios nacionales segtin sus visiones 0 sus necesida- des, es decir, construir la “nacién” simbélicamente. Ante la exigenciade que las poblaciones dispersas y heterogéneas, mal unidas por lealta- des locales o provinciales, se sintie- ran parte de las respectivas comuni- dades politicas, las ¢lites no solo se sirvieron de los simbolos civicos cla- sicos, como el himno y la bandera, sino también del aparato educative Fueron precisamente la literatura y lahistoriografia oficial, con Ja finali- dad de calmar conflictos internos y estimular identidades colectivas na- cionales, las encargadas de inventar tradiciones, memorias y mitos funda- cionales.* En muchos casos se refe- 28, Véanse en general pars aspectos te6- ricos Eric J. Hobsbawm and Terence Ranger (eds.), The Invention of Tradition, Cambridge, 1983. Para casos de América La tina véanse entre otras Josefina Vasquez. Hans-Joachim Kénig rian ala Independencia como punto de partida. En décadas posteriores, aveces también se usaron simbolos étnicos, como por ejemplo el india- nismo romantico en Brasil” o en Nacionalismo y educacién en México, Méxi- co, 1970. Tulio Halperin Donghi, Proyecto y construccién de una nacién (1846-1880) Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1980, (Bue- nos Aires, Ariel, 1995). Germin Colmena- res, Las convenciones contra la eultura, Bo~ gota, Tercer Mundo, 1987. Nikita Harwich Valienilla, “La génesis de un imaginario co- lectivo: la ensefianza de la historia de Vene- zuela en el siglo XIX”, en: Structures et cultures des societés iberoaiméricaines, Pa- ris, CNRS, 1990, pp. 203-241: Id., “La his- toria patria’, en: A. Annino y otros (eds.), De los Imperios, pp. 427-437. Doris Som- mer, Foundational Fictions. The National Ro- mances of Latin America. Betkeley, Los An- geles, London: University of California Press 1991. Michael Riekenberg (comp.), Latino- amériea: Ensehanza dela historia, libros de textos y conciencia histérica, Buenos Aires, 1991. Josef Opatrny, “El papel de la histo- tia en la formacién de la conciencia de una identidad particular en la comunidad eriolla en Cuba”, en Idestidad Nacional y Cultural en las Antillas hispanoparlantes, Woero-Ame= ricana Pragensia, Supplementum 5, Praga 1991, pp. 51-61. Los articulos en las colecciénes editadas por F-X. Guerra y M. Quijada, Imaginar la nacién, Roberto Blancarte (comp.), Cultura e identidad na~ cional, México, 1994. Michael Riekenberg, Nationbildung. Sozialer Wandel und Geschichtsbewuftsein amt Rio de la Plata (1810-1916), Franefort Am Main, 1995. Id, “GroBe Transformationen des Geschichts- denkens in Lateinamerika seit 1550", en Jom Risen, Michael Gottlob, Achim Mittag (eds), Die Melfalt der Kulturen. Brinnerung, Geschichte, Identtsas 4, Prancfort am Main, Suhrkamp, 1998, pp. 247-268 29. Cf José Murillo de Carvalho, “Bra- sil. Naciones marginadas” en A. Annino et al. (eds.), De los Imperios a las Naciones, pp. 401-423. 21 México en las primeras décadas del siglo XX.” Nuevas coyunturas, nuevos enfoques Precisamente los conflictos inter- nos recibieron una nueva dimensién acausa de las dictaduras y sistemas autoritarios recientes en los afios 1960, 1970 y 1980. Tanto las tor- turas, las represalias, las violaciones de los derechos humanos durante las dictaduras como las intenciones de losmilitares o de los regimenes tran- sitorios de poner punto final al pa~ sado con leyes de autoamnistia y asi borrar las huellas del pasado recien- te, provocaron divisiones muy pro- fundas que afectaron todos los es- tratos sociales. Surgieron comisiones de la verdad. Los procesos de la redemocratizacion son acompafia- dos de dolorosos esfuerzos de re- conciliar los grupos traumatizados de la sociedad, para recuperar la iden- tidad colectiva y construir un nuevo consenso nacional. Estos deseos de reconciliacidn se dirigen al pasado y significan una descomposicién y reinterpretacin de la historia nacio- nal y de sus simbolos, de su imagi- nario, Muchos Estados de América Latina se ven ante la necesidad de ctear no sélo instituciones que pue- 30. Véase Ménica Quijada, “La nacién reformulada, México, Pent, Argentina (1900- 1930)", en: A. Annino ct al. (eds.), De fas Inperios a las Naciones, pp. 367-590. 22 dan incorporar los diferentes grupos, sectores y actores en una sociedad aceptada, sino también una nueva memoria social que cn el presente se ha constituido en un tépico recu- rrente de la conciencia social y poli- tica Acsto se suma lanueva situacién. en el proceso dela globalizacién en marcha, con los cambios que se han dado o se estan produciendo ahora respecto de la multiculturalidad o la heterogeneidad. En ese contexto, el perfil que habia definido hasta aho- racl sistema politico de los Estados- naciones comienza a desdibujarse: en Ja medida en que los procesos econdmicos, sociales y politicos se 31. Luis Roniger, “Human Rights Violations and the Reshaping of Collective Identities in the Redemocratized Southern Cone”, en: L. Roninger, Mario Sznajder (cds.), Constructing Collective Identities and Shaping Public Spheres: Latin American Paths, Brighton, 1998, pp. 168-195. Louis Bickford, “Human Rights Archives and Research on Historieal Memory: Argentina, Chile and Uruguay”, en: Latin American Research Review 35: 2 (2000), pp. 160-182. Brin Loveman, Elizabeth Lira, Las ardien- tes cenizas de! olvido: via chilena de recon- ctliactdn politica 1932-1994, Santiago 2000. Elizabeth Jclin, “Memorias en conflicto”, en Puentes: (1) 1, (2000), pp. 6-13. Elizabeth Jelin, “Historia, memoria social y testimo- nio, o la legitimidad de fa palabra”, en: Hbero- americana, Nueva época |: | (2001), pp. 87- 97; Hilda Sabato, “La cuestién de la culpa”, en Puentes (1), 1, 2000, pp. 14-17; Hugo Vezzetti, “El imperative de la memoria y la demanda de justicia”, en: Iberoamericana. Nueva época (1), 1, 2001, pp. 77-86; Maria Eugenia Horvitz, “La solidaridad perdida entre historiografia y sociedad”, en: Revista de Critica Cultural (22), 2001, pp. 28-29. Historia y Sociedad 11 globalizan, se debilita la relacién con los propios territorios nacionales, de los que éstos hasta entonces deri- vaban su sentido. Las fronteras geo- politicas entre los Estados pierden peso.” A escala global han ido apa- reciendo y surgen a cada momento nuevas estructuras econdémicas y politicas que ya no estan vinculadas en primer término a determinados Estados y espacios territoriales, como son las corporaciones multi- nacionales, los movimientos socia- les transnacionales y las organizacio- nes supranacionales como por ejemplo las Naciones Unidas 0 Iniernational Labour Organization (ILO). En la medida en que la in- fluencia y el peso politico se distri- buyen cada vez mas entre actores publicos y privados (como ONGs) en el 4mbito local, nacional, regio- nal y global, los Estados-naciones dejan de ser los niicleos determi- nantes del orden mundial. Conse- cuentemente, los Estados-naciones ya no son los grandes centros de poder einfluencia; ya no son los tini- 32. Véanse en general Jolin W. Meyer, “The World Polity and the Authority of Nation State”, en Albert Bergesen, (ed.): Studies of the Modern World System, Nueva York 1980, pp. 109-137. Id., “The Changing Cultural Content of the Nation-State: A World Socicty Perspective”, en: George Steinmetz, State/Culture. State Formation after the Cultural Turn, [thaca, 1999. pp. -143. Kenichi, Ohmae, The End of the Nation Siate, Nueva York, 1995; John W. Meyer et al. “World society and the nation state", en: American Journal of Sociology 103, (1997), pp. 144-181. Cf. nota 2. Hans-Joachim Kénig cos garantes de los derechos hu- manos y civiles, o de la seguridad. social. Este proceso de globalizacién, sin embargo, no redunda solamente en una homogeneizacién niveladora y una desterritorializacion, sino que ge- nera también formas reactivas de re- territorializacién, fortalece tradicio- nes y lazos religiosos y culturales a escala regional y local, y promueve larenovacién y diversificacién de expresiones culturales.** Las trans- formaciones sociales que vivimos resucitan discursos de identidad ét- nica, nacional, indigena yteligiosa, fenémenos que se dan en muchas partes del mundo, tanto en Europa como en América Latina. Grupos que de alguna manera fueron exclui- dos de la vida politica, los sectores cultural y émicamente diferenciados, ahora con la ayuda de las organiza- ciones internacionales de derechos humanos 0 de minorias y las respec- tivas declaraciones —como por ejemplo Convention 1969; Inter- national Labour Organization, 1989; Draft United Nations. Declaration on the Rights of Indigenous Peoples, 1994—, han conquistado un papel como actores en el debate sobre las 33. Martin Albrow, The Global Age State and Society Beyond Modernity, Cambridge, 1996. David Held ct al. Global Transformation. Polities, Economics and Culiure, Stanford, (999; Jan Nederveen Pieterse, “Globalization as Hybridization” en: Mike Featherstone / Scott Lash / Ronald Robertson, Global Modernities, London 1995, pp. 45-68. 23 politicas pablicas.* Procesos ma- crosociales de las ultimas décadas han facilitado larevitalizacion de los pueblos indigenas y de las culturas locales y regionales, han levantado una reivindicacion émica y cultural con una fuerza y un apoyo no cono- cidos. Todos estos procesos retinen condiciones para imponer nuevas identidades que incrementan la di- versidad. Empieza.asurgirtmacons- truccion cultural de la nacionalidad (Estado nacional) en vez de Ja cons- truccién politica basada en la ciuda- dania civico-politica, en la figura del ciudadano como portador (titular) de los derechos civicos, politicos y mas tarde también sociales, de derechos basados en un ideal universal.’> Enel marco de estos procesos el Estado-nacion tradicional parece haberse agotado como modelo en. algunas regiones del mundo. Es el 34. Cit, Néstor Garefa Conclini quien describe las oportunidades que estan sacan- do los indios del contacto con lz globalizacién, Néstor Garcia Canclini, Consumidores y ciu- dadanos. Conjlictos multiculturales de la globalizacién, México, (995. Véanse tam- bién los articulos en Hans-Joachim Kenig (ed), El indio como sujeio y objeto de la his- toria latinoamericana. Pasado y presente, Francfort, Madrid, 1998. Hans-Joachim Kanig, Stefan Rinke, “Multikulturalitat und Multiethnizivst: Chancen oder Hemmnisse fir lateinamerikanische Gesellschafien im neuen Globalisicrungsprozess?”, en: Wal- traud Schreiber (ed.), Yom Imperium Romanuin zum Global Village. “Glabali- siernagen” int Spiegel der Geschichte, Neuried 2000, pp. 231-300. 35, Cft. Schnapper: La communauté des citoyens. 24 caso de América Latina, donde una politica fucrtemente neoliberal ha contribuido aque el Estado-nacion perdiera una serie de recursos y fun- ciones y dejara de ser un instrumen- to de integracién social, funcién esta que habia sido prioritaria todavia durante los experimentos populistas de mediados del sigho XX. Otro ras- go claro de esta evolucién es la au- sencia casi total de movimientos na- cionalistas, y el surgimiento, en cambio, de movimientos particula- ristas de caracter étnico, paraestatal o del tipo de los “nuevos movimien- tos sociales” (feministas, ecologistas, de defensa de los derechos huma- nos, etc.) con sus respectivas identi- dades.*° Podemos constatar una pluralidad de identidades en el espa- cio puiblico. En resumen: el Estado- nacion parece haber dejado de ser ese valor politico dominante y central en la esfera publica del que emanaba una fuerza social integradora amplia- mente legitimada a pesar de sus li- mitaciones. Ante las nuevas interre- laciones de lo global y lo local,” el 36. Cfr. Sonia E. Alvarez et al. (eds), Cultures of Politics, Politics of Cultures: Re- visioning Latin American Social Movements, Boulder, 1998; Cristobal Kay, Robert N Gwynne (eds.), Latin America Transformed: Globalization and Modernity, London, 1399; Peter Hengstenberg et al., Zivilgesellschafi in Lateinamerika: Interessenvertretung und Rogierbarkeit, Franefort am Main, 2000. 37. Cir Globale Vergesellschaftung und lokale Kuituren ed. por Volkmar Blum, Volker Luhr, Urs Muller-Plantenberg, Manfied Nitsch, Carlos Rinen y Renate Rott, Berlin, 1992. Historia y Sociedad 11 Estado-nacion y la ciudadania poli- tica parecen haber dejado de ofre- cer una base prioritaria para la co- hesién social y politica, para la construccién de una identidad nacio- nal y para la negociacién de identifi- caciones con perspectivas de futuro. Sintomaticamente en las dos ilti- mas décadas casi todos los Estados latinoamericanos han comenzado a validar esta nueva coyuntura me- diante reformas legalcs y constitu- cionales. Las constituciones como la colombiana de 1991 profesan una socicdad multiétnica y multicul- tural* Se observa una clara tenden- cia abandonar la ficcién hasta ahora vigente de un Estado-nacién culturalmente homogéneo ymas bien areconocer la heterogeneidad cul- tural y 6tnica de las sociedades en cuestion. Con esto se relativiza el modelo nacional de civilizacion y desarrollo hasta entonces vigente y serenuncia al objetivo de “integrar” alos diversos grupos ¢tnicos en una. sola cultura nacional.* Parece que 38. Véase Enrique Sinchez, Roldiin Ro- que y Maria Fernanda Sanchez, Derechos e identidad. Los pueblos indigenas y negros en la constitucidn politica de Colombia de 1991, Bogota, Editores Disloque, 1993. Cfr. Linda Helfrich-Bernal, “Multikulturelle Ge- selischaft in Kolumbien: Die Anerkennungs- frage ethnischer Minderheiten”, en: Hartmut Behr, Siegmar Schmidt (eds.}, Multikarluirelle Demokratien im Vergleich, Wiesbaden, Westdeutscher Verlag, 2001, pp. 309-327. 39. Cft. H.-J. Konig yS, Rinke: “Multi- kulturalivat und Multiethnizitét: ;Chaneen oder Hemmnisse fiir lateinamerikanische Gesellschaften im neuen Globalisierungs- prozess?”, Hans-Joachim Kénig el Estado, que por medio de una racionalizacion burocratica y otras formas o practicas de poder y las teorias de la ciudadania politica, se habia institucionalizado como Esta- do-naci6n, ahora esta transforman- dose en un Estado multiétnico o multicultural, es decir, en un Estado que se presenta como un marco para la articulacion publica de identida- des plurales y que se legitima preci- samente por eso.” Ahora, a dife- rencia de la situaci6n al principio de laconstruccion de los Estados-na- ciones, los gobiernos de los Esta- dos actuales, tanto en Europa por causa de las inmigraciones como en. América Latina por causa de la exis- tencia de diferentes culturas, se ven obligados no sélo a respetar los principios de igualdad y no-discri- minacién respecto de las minorias, sino también a proteger las identi- dades de minorias y fomentar las condiciones de su existencia. Seria muy interesante analizar si con su politica pluricultural los gobiemos de los Estados latinoamericanos querian prevenir conflictos con movimientos de protesta causados por el crecien- te desmontajc del Estado social, es decir si las nuevas constituciones constituyen “tratados de paz”. 40. Cf. Matthias Kinig, “Identitits- diskurse in der Weltgesclischaft. Soziologis- che Uiberlegungen”, on: M. Rickenberg, Stefan Rinke und Peer Schmidt (eds.), Kudtur- Diskurs: Kontinuitat und Wandel der Diskussion wm Identitiiven in Lateinamerika im £9. und 20. Jahrhundert, Stuttgart, 2001, pp. 467-496, 25 Un aspecto de la globalizacién que afecta fuertemente a las identi- dades nacionales de los Estados la- tinoamericanos tiene que ver con la relacion entre globalizacion y“wes- terization”, es decir, con la imposi- cién global de un modelo basica- mente europeo y norteamericano de definicién de los estandares de de- sarrollo y civilizacién, y con la im- plementacin, desde la época de los gobiernos dictatoriales en los afios setenta, de politicas de corte neoli- beral. La identificacién de las élites econémicas, politicas y culturales de América Latina con dichos mode- los y valores, para estar a la altura de los desarrollos centrales en el marco de la dinamica de la globa- lizacién ha contribuido también al debilitamiento de los viejos parame- tros de las identidades nacionales.*! Estos procesos de globalizacién y sus impactos estimularon o por lo menos apoyaron nuevos discursos y enfoques tedricos y metodolégicos que tienen mucho que ver con la in- fluencia del linguistic turn y la pers- pectiva posmoderna o poscolo- nial.” Surgieron reflexioncs criticas 41. Felipe Hugo Mansitla, “Lateina- merikanische Identitat im Zeitalter der Globa- lisierung”, en: Zeifschvift jr Politikwi- ssenschafi (1), 2000, pp. 101-121. 42, Para América Latina véase Walter Mignolo, “Colonial and Postcolonial Discourse: Cultural Critique or Academic Colonialism?", en: Latin American Research Review 28: 3, 1993, pp. 120-131. Birgit Scharlau (ed.), Lateinamerika denken Kulturtheoretische Grenzgiinge zwischen 26 que incluso reexaminaron concep- tos basicos como el de nacién y de identidad situandolos en una pers- pectiva histérica y luego actual. Lamodema “historia social” co- rrigi sin duda una serie de deficits de la historiografia de viejo cufio y promovis ladiversificacién de pers- pectivas de estudio de la historia, entre ellas la aproximacién “desde abajo”, desde la vida cotidiana, etc. Sin embargo creia, como la vieja historiografia, en la existencia de es- (ructuras y datos “‘duros” que habia ‘que comprender para poder dar una version “correcta” de los procesos estudiados. Desde hace algunas dé- cadas se observa un cambio de pa- radigma hacia cl concepto de cultu- ray consecuentemente una apertura epistemoldgica a los estudios cultu- rales ya la critica de la cultura. No s6lo se pregunta por las estructuras y las situaciones socio-econémicas, las supuestas “condiciones duras”, sino también se pregunta por los actores, las acciones y los aspectos que las determinan o condicionan y se manifiestan en las percepciones, los modelos de interpretacién, los valores, las autoidentificaciones y visiones del mundo de los actores individuales y colectivos, es decir, en lacultura simbdlica, las “condicio- nes blandas”. Este enfoque quiere comprender de qué manera indivi- Moderne und Postmoderne, Tubingen, 1994. Fernando y Alfonso de Toro (eds.), Borders and Margins Post-Colonialism and Post- Modernism, Francfort am Main, 1995. Historia y Sociedad 11 duos 0 grupos estén interpretando su mundo 0 estan definiendo el des- tino de sus sociedades. En este con- texto se entiende “cultura” como un conjunto de patrones de comporta- miento y de valores e interpretacio- nes, que se evidencian simbélica- mente. Es porel sistema comin de simbolos y rituales por el que se constituye la cultura de un grupo. Este concepto de cultura no es es- tatico. Las nuevas teorias culturales no solamente subrayan el caracter procesual de la cultura, sino quetam- bien problematizan el cardcter de la cultura como consenso.* Se conci- be la cultura como “‘tejido 0 entrama- do de significaciones que los seres humanos elaboramos constantemen- te”* 0 como “produccidn de signi- ficaciones e identidades, proceso, acontecer relacional y practica”."° 43. Estadefinicién de “cultura” se basa en Clifford Geertz, “Thick Description: Toward an Interpretive Theory of Cultur cn: Id., The Interpretation of Culture Selected Essays, Nueva York, 1973, pp. 3- 31. Pata el simbolismo cultural sigue siendo muy til Alfred North Whitehead, Symbolism. lis meaning and effect, Nueva York 1985, (first edition 1927) 44. Chi. Clifford Geertz, Welt in Stiicken. Kultur und Politik am Ende des 20. Jahrhunderts, Wien, Passagen, 1996. Roger Chartier, “New Cultural History”, en: Joachim Eibach, Gunther Lottes (eds.), Kompass der Geschichtswissenschaft. Ein Handbuch, Gottingen, 2002, pp. 193-206, Martin Dinges, “Neue Kulturgeschichte”, en: tbid., pp. 179-192. 45. Ct. C. Geertz, Thick Desciption 46. Christoph Conrad, Martina Kessel (eds.) (1998), Kudtur & Geschichte: Neue Hans-Joachim Kénig Laconcepcién del tejido cultural no como producto sino como proceso remite también a James Clifford, quien define Ja cultura como “un pro- ducto procesual de la interaccién entre sistemas cuyos limites [...] se definen en este intercambia mismo y son constantemente sometidos a revisién’’.“” También se comprende que la creacién de identidades co- lectivas es un producto cultural que como tal puede ser definido y redefinido transformandose a lo lar- go del tiempo durante el proceso de construccién del Estado-nacion. Dimensiones de sentido y signifi- cado simbélico podemos encontrar por todas partes: en textos, leyes, imagenes y edificios o monumentos, pero también en las fiestas patrias, creencias populares y usos y cos- tumbres. Por eso es evidente que un enfoque histérico-cultural trata de emplear para una investigacion no solamente las fuentes clasicas —los textos— sino también otro material. Precisamente cuando este enfoque no se limita a una interpretacién iconografica de un simbolo, sino que analiza al mismo tiempo como nacid un simbolo, cual fue su resultado y cémo fue instrumentalizado por di- ferentes grupos sociales en distintos contextos, entonces puede suminis- Einblicke in eine alte Bezielnmg, Stuttgart, Reclam, 14. 47. James Clifford, James (1988), The Predicament of Culture: Twentieth Century Ethnography, Literature and Art, Cambridge, MA, Harvard UP, 1988. 27 trar conocimientos sobre la realidad histérica que un enfoque histérico- social analizando las estructuras no puede ver y a veces no quiere ver. Vale la pena decir que semejantes enfoques no sélo preguntan por el porqué, es decir, por las causas y nexos causales en procesos histon- cos, sino que preguntan también por el como, es decir, por los contex- tos, y por el quién, es decir, por los diferentes actores de la historia. También el concepto del Estado- nacién con la idea de una cultura homogeneizadora es revisado des- de nuevas perspectivas por historia- dores, socidlogos y antropdlogos. Enestas nuevas aproximaciones se pone en cuestion la idea de cultura nacional como instrumento de inte- gracién y por consiguiente la con- cepcién tradicional de nacién como un espacio cultural homogéneo y uni- ficador tal como fue desarrollado en Europa. En su lugar se propone la idea de la diferencia, la aceptacién de la coexistencia de diferentes etnias y culturas dentro de un Esta- do. En el transcurso de las tiltimas 48. Paraladiscusién general ver Clifford Geertz, “Ideology asa Cultural System”, en C. Geertz, The Interpretation of Cultures, 1973, pp. 213-220: Id., “The Uses of Diversity”, ew Sterling M. McMucrin (ed.), The Tanner Lectures on Human 7, Salt Lake City, University of Nevada Press, 1986, po. 251-275; Id., Welt in Stiteken. Kultur und Politik am Ende des 20. Jahrhunderts. Cf. Martin Blobel “Differenz, Kultur und Politik bei Clifford Geertz”, en H. Behr, S, Schmidt (eds.), Multikelturelle Demokratien im Vergleich, ‘alues, Vol 28 décadas, se puede notar que en el discurso politico-filos6fico global se desmoroné el antiguo consenso so- bre las teorias liberales o republica- nas de la ciudadania nacional, y fue reemplazado por la discusién sobre la “ciudadania multicultural” como criterio del contenido de la idea de lanacién.” No es ninguna casuali- dad que en ese contexto resuciten las discusiones sobre el origen del nacionalismo, es decir si el naciona- lismo tiene su fuente en cl Estado o en lanacion, definidasegim Anthony Smith como cultura*? También, para poder subrayar que la “nacion” es una construccién, se proponen nuc- vas definiciones denacién como “‘co- munidad pensada” 0 “comunidad imaginada”, teniendo en cuenta el criterio dehibridez o heterogeneidad pp. 55-74. Para América Latina véase Angel Rama, La ciudad letrada, Hanover, NH 1984. Néstor Garefa Canelini, Culturas hibridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad, México, 1990; 1d., La globalizacién imaginada, Buenos Aires, Ber- celona, México, 1990, Antonio Cornejo Po- lac, Escribiren el aire. Ensayo sobre la hete- rogeneidad socio-cultural en las literaturas andinas, Lima, Editorial Horizonte, 1994. 49. Cftal defensor de este proceso Will Kymlicka, Multicultural Citizenship. A Libe- ral Theory of Minority Rights, Oxford, 1995: Id, (¢d.), The Rights of Minority Cultures Oxford, 1995; Will Kymlicka, Wayne Norman (eds.), Citizenship in Diverse Societies, Oxford, 2000. 50. Véase: Fernando Vizeuino, “Naci nalismo, Esiado y nacién", en: Revista C Jombiana de Sociologia (20), 2003, pp. 41+ 65; Anthony D. Smith, Nations and Nationalism in a Global Bra, Cornwall, 1995; Id., Nationalism and Modernisin. Historia y Sociedad 11 cultural, asi como un grado minimo de participacién social, politica y econémica.* Tanto la nueva coyuntura de la globalizacién como los nuevos as- pectos tedricos y metodolégicos nos brindan nuevos enfoques para acer- camos a la problematica de la na- cién, dela identidad nacional ya ciu- dadania. Hace muchas décadas que los estudiosos del proceso de for- macién del Estado y de lanacién en América Latina ya no definimos la “nacién” con criterios objetivos o empiricos extrapoliticos como idio- ma, historia, la ascendencia consan- guinea o la unidad territorial, sino que partimos del concepto de “proyec- tonacional”. Asi se puede compren- der mejor tanto el caracter procesual de la formacion del Estado-nacion como la evolucién conceptual en los procesos de la construccion nacio- nal yal mismo tiempo percibir los diferentes “proyectos nacionales” que rivalizaban entre ellos. Entende- mos que el viejo concepto de na- cién como una “comunidad homo- génea” es, en realidad, una ficcion que muchas veces ocultaba relacio- nes de dominacion y exclusion. Ade- mias este concepto formaba parte de ciertas identidades colectivas cons- truidas por ciertos grupos que logra- SI. Cfr. Ia terminologia del libro de Benedict Anderson. Para enfoques ya ante- riores véase H.-J. Kénig, “Nacionalismo y nacién en la historia de [beroamérica”, en HJ. Konig etal. (eds.), Estado-nacién, esp. pp. 26-29 Hans-Joachim Kénig ron imponerse con su proyecto na- cional.= El nuevo enfoque quiere romper con el viejo supuesto de que la creacién de un Estado-nacion es solamente un proceso realizado de la élite hacia el pueblo o del centro hacia la periferia.’ Pues el proceso de imaginar la nacion es multiple yla formacion de naciones modemas es también el resultado de intensos con- flictos en los cuales los grupos su- bordinados participaron con sus propios discursos.** Hay muchos ejemplos de que en el proceso de construccién del Estado-nacién tam- bién participaron activamente comu- nidades locales 0 las masas popula- res con el desco de formar la nacién segtin sus propias identidades ¢ in- tereses.*> Muchas veces no logra- 52. Cfi. los articulos mencionados de Ménica Quijada y mi articulo H.-J. Konig, “Nacionalismo y nacién”, Joc. cit., esp. pp. 24 y ss. 53. Un ejemplo de este enfoque centza- do en la élite liberal modernizadora es el lie bro de David Bushnell and Neill Macauly, The Emergence of Latin America in the Nineteenth Century, segunda edicion, Nueva York, 1994. Cfr. el estudio de Richard Graham, “Mecanismos de integracién en el Brasil del siglo XIX”, on: A. Anruno et al,, De Jos Imperios a las Naciones, pp. 525-544. $4. Cf. Mark Berger, “Specters of Colonialism: Building Postcolonial States and Making Moder Nations in the Americas en: Lalin American Research Review 35,1, 2000, pp. 151-171. 38. ParaMéxico ver Annick Lompériérc, “,Nacién moderna o repiblica barroca? México, 1823-1857" en: F-X. Guerra y M. Quijada (eds.), finaginar la nacién, pp. 135- 177. Antonio Annino, “Otras naciones: 29 ron realizar su “proyecto nacional”, su proyecto de participar en el pro- ceso de la modernizacién, porque no podian competir con el proyecto dominante de las élites.** Sincretismo politico en el México decimo- nénico™ en: Guerra y Quijada (eds.), Mmagi- nar la nacién, pp. 215-255. Peter F. Guardino, Peasants, Polities and the For: mation of Mexico's National State, 1800- 1857, Stanford, 1996. Cfr. Raymond Buve, “Political Patronage and Politics atthe Village Level in Central Mexico: Continuity and Change in Patterns from the Colonial Period tothe End of the French Intervention (1867)” en: Bulletin of Latin American Rescarch, vol 11, 1992, pp. 1-28. Cit. también algunos de los articulos en H.-J. Kénig yM. Wiesebron (eds.), Nattonbuilding in Nineteenth Century Latin America. Sobre México y Pera Floren- cia B. Mallon, Peasant and Nation. The Making of Postcolonial Mexico and Perw Berkeley, 1995; Cfr. Id., “The Promise and Dilemma of Subaltern Studies: Perspectives from Latin American History” en American Historical Review 99,5, 1994, pp. 1491-1515. David Nugent, Modernity at the Edge of Empire: State, Individual, and Nation in the Northern Peruvian Andes, 1885-1933, Stanford, 1997. Sobre los intentos de negros y mulatos cubanos de redefinir la nacién cu- bana on los inicios del siglo XIX informa Aline Helg, Our Right Share. The Afro- Cuban Struggle for Equality, 1886-1912, Chapel Hill, 1995. 36. Para el caso de Colombia véanse cl libro de Alfonso Mimera, £! fracaso de la nacién. Regién, clase y raza en el Caribe colombiano (1717-1810), Bogota, 1997 Hans-Joachim Konig, “Artesanos y solda- dos contra cl proyecto modernizador liberal en Nueva Granada: El movimiento revolu- cionario del 17 de abril de 1854” en: Antonio Escobar Ohmstede, Romana Faledn, Raymond Buve (eds.). Pueblos, comunida- des » municipio frente a los proyectos modernizadores en América Latina, siglo XIN, San Luis Potosi, Amsterdam, 2002, pp. 207-223. 30 En general se analiza la construc- cién del Estado-nacién y la forma- cién de identidades nacionales a partir de lo politico-institucional y la practica social. La nueva teoria cul- tural posmoderna nos sugiere dar mas importancia al anilisis del peso que tenia la cultura o que tenian los ptocesos y proyectos culturales tan- to en la primera fase como en las fases siguientes de la construccién del Estado y la nacién, Es sabido que la construccién de la nacién no es un proceso acabado sino que a lo largo del proceso de modernizacién surge la necesidad de legitimar cada vez de nuevo el poder. Por lo tanto enla formacién de un Estado-nacién transcurre un largo proceso de re- petidas reconstrucciones con nuevos imaginarios. Ya hay trabajos que han estudiado los imaginarios cambian- tes. Valdria la pena intensificar tales investigaciones y preguntar otra vez por el peso que tenian aspectos cul- turales en el momento de la consti- tucion del Estado y después. Ade- més seria sumamente interesante analizar cuando, con la finalidad de complementar los criterios politico- institucionales, se intensificaban “proyectos culturales” de cohesion nacional, sea con base en factores étnicos naturales y etnohistéricos, sea con base en factores étnicos in- ventados. Eso significaria analizar cuando se notaba la ausencia de as- pectos culturales en el imaginario nacional, es decir, cuando se perci- biasu fuerza cohesiva, y cuando se Historia y Sociedad 11 percibia la necesidad de acepiar la diversidad cultural y étnica en vez de seguir la idea de homogeneidad cul- tural. Por otra parte surge la cuestion desi las naciones modemas en Amé- rica Latina son solamente proyec- tos, discursos o constructos simb6- licos como lo sugiere la teoria de la cultura posmoderna, 0 si son, por lo menos al mismo tiempo, datos geo- graficos y entidades con cierta di- mension objetiva, premoderna y prediscursiva.”’ En cierto sentido reaparece la vieja pregunta por el origen y la diversidad de los Esta- dos-naciones en América Latina. A manera de conclusién Vimos que los ambivalentes im- pactos de la globalizacidn estin apo- yando a las “minorfas” culturales, con el resultado de que con la revitalizacion de las culturas locales yregionales se acentiian las diversi- dades culturales e identidades dife- rentes dentro de los Estados-nacio- nes mismos. Sin duda alguna pode- mos calificar como progreso social que se percibieron y aceptaron la multiculturalidad y heterogeneidad de las sociedades latinoamericanas. 57. Cfr la opinién del antropdlogs Anthony D. Smith quien considera a las na- ciones como comunidades étnico-culturales politizadas, A. D. Smith, Nationalism and Modernism Hans-Joachim Kénig Pero, ,qué significan multicultu- ralidad y heterogeneidad para la cohesién social de las sociedades? Otra vez surge la pregunta como. administrar las diferencias? ;En qué manera puede funcionar una con- cepcién de nacién pluricultural? En el caso de los Estados latinoameri- canos, {sera posible y realizable re- emplazar la ciudadania politica por laciudadania multicultural como cri- terio del contenido de la idea de la nacién? Mucho induce a creer que no se puede abandonar por com- pleto Ja ciudadanja politica en el sen- tido deidentidad democratica. Para que la existencia de la ciudadania multicultural y de identidades multi- ples no conduzca a romper las so- 31 ciedades, hace falta una cohesién social y nacional que esté por enci- ma de las diferentes identidades. Creo que hoy como ayer esta co- hesion nacional tiene que ser la iden- tidad democratica, es decir un com- portamiento que, a pesar de las diversidades culturales, no sélo acepte y practique reglas y valores democraticos, sino que también apo- ye el proceso democratico. Identidad, Estado-nacién y ciuda- danfa en América Latina siguien sien- do temas de investigacién relevan- tes que no han perdido nada de su palpitante interes y actualidad. No existen enfoques estaticos, por el contrario, hoy como ayer hay mu- chas preguntas sin resolver.