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Pruebas de la Existencia de Dios

Pruebas de la Existencia de Dios

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Para comprender en profundidad la postura inconmovible del
Santo Padre, es necesario vivir a la luz del Evangelio con la convic-
ción de que toda obra o acción que se oponga al querer de Dios,
tarde o temprano, perecerá. Este es el ideal cognoscitivo que mue-
ve Karol Vojtyla, y el mismo que llevó hasta el martirio a miles de
santos.

En más de mil discursos y homilías viene abordando el proble-
ma del aborto como una tragedia mundial. Y algunos periodistas
que desconocen el contenido y la fuerza de un ideal sublime, lo
incriminan como retrógrado u obsesivo, cuando en verdad el cum-
plimiento de su deber, como Vicario de Cristo, es impugnar inflexi-
blemente todo lo que Dios condena.

Hace unas semanas les advirtió seriamente a todos los Jefes de
Estado del mundo que el programa familiar de la ONU causará la
ruina de la humanidad, y es que esta Organización de Naciones
Unidas está proyectando -a nivel mundial- el derecho al aborto sin
ninguna clase de restricciones, asimismo se les propone a los jóve-
nes lo que parece una sociedad constituida por energúmenos, con
derecho a hacer todo desde la más tierna edad, sin límite alguno.

En la carta que Juan Pablo II remitió a todos los Jefes de Esta-
do les expone fragmentos como este: «Una institución natural tan
fundamental y universal como la familia no puede ser manipulada
por nadie. ¿Quién podrá dar tal mandato a individuos o institucio-
nes? ¡La familia pertenece al patrimonio de la humanidad!. El de-
recho al aborto sin limitación todavía supera lo que, por desgracia,
ya consienten algunas legislaciones nacionales.»

Como vemos, el Santo Padre pone todas sus energías al servi-
cio de la vida de los inocentes, sabiendo que si fracasa y la ONU
insiste en persuadir a todas las naciones para que su proyecto sea
aprobado en el debate que se celebrará el próximo mes de septiem-
bre en El Cairo, ya nada podrá frenar los atentados contra la vida
de los niños incipientes, contra los ancianos y contra los enfermos.

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Todo esto me recuerda los pensamientos del jesuita Julio
Alarcón, emitidos por el instinto disoluto y bien refrenado por el
santo temor de Dios en la postrimería de su vida eterna.

«¿Y después...?:

Quiero viajar por la tierra,
quiero sus ciudades ver,
y desde el llano a la sierra
las maravillas que encierra.
¿Y después....?

Quiero que por tierra y mares
sientan todos mi poder,
que hablen de mi en sus hogares,
que me alcen tronos y altares
¿Y después...?

Gozar de cuantos placeres
me pueda el mundo ofrecer,
del aplauso de otros seres,
del amor de las mujeres,
¿Y después...?

Que me coronen de flores,
que rindan culto a mi ser,
mendigando mis favores
millares de adoradores.
¿Y después...?

Quiero vivir de esta suerte
en los brazos del placer,
hasta que me arroje inerte
en los brazos de la muerte.
¿Y después...?.»

Publicado en “EL COMERCIO” 13-Julio-1994 y en “LA VOZ DE ASTURIAS” 6-
Agosto-1994

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