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Pruebas de la Existencia de Dios

Pruebas de la Existencia de Dios

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Desde que tengo uso de razón siempre me he sentido atraído
por los consejos y amonestaciones de las personas mayores, y creo
que ésto ha sido muy eficaz en el porvenir de mi vida. Ahora -en-
trado ya en la edad provecta- siento verdadera fruición al leer los
escritos y entrevistas que lanzan en la prensa las personas que yo
considero de talla superior, cuando el ejemplo de una vida austera
y piadosa me enseña cómo perfeccionar la carrera que voy siguien-
do con resultados muy positivos, gracias a la experiencia de los
que me precedieron; porque, «si el viejo pudiera y el joven supiera»
se terminarían las desavenencias entre padres e hijos, y los asilos y
residencias para los que viven desamparados tendrían que cerrar.

Se me ocurrió lo dicho cuando vi al catedrático de Psiquiatría,
Enrique Rojas, rodeado de sus cuatro hijos y esposa, sonriendo en
medio de una familia feliz, si bien que la pérdida de su hijo, Quique,
le ha llevado a decir en TV «que era el dolor moral más grande al
que puede ser sometido un ser humano». Y su esposa Isabel nos
dice: «Llevo a Quique en la cabeza y en el corazón. Cuando murió
se me partieron el alma y la vida. Pero mi esposo me ayudó mucho
en aquellos momentos.»

Y es que don Enrique es un hombre de fe ejemplar y
ejemplarizante que conoce perfectamente el funcionamiento de los
mecanismos psíquicos que pueden superar una desgracia tan terri-
ble. Pues él nos dice que «lo primero es educar a los hijos para los
valores morales y religiosos. Lo segundo, la educación de la volun-
tad, que se consigue mediante pequeños esfuerzos, repetidos, de
renuncias inmediatas, que llevan al niño a ser más dueño y señor
de sí mismo. Y en tercer lugar, subrayaría la importancia de apren-
der a superar los fracasos». Y aunque sólo conocemos los éxitos
alcanzados por este personaje, con la tragedia antedicha nos ha
dado pruebas de ser coherente con sus manifestaciones públicas y
optimistas.

Si ahora nos acercamos a la señora Marina Danko, contem-
plando su excepcional belleza e inteligencia, veremos que también
sabe aceptar el reto que le ha planteado su esposo, Sebastián Palo-

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mo Linares, al volver a los ruedos, pues ella no ignora el peligro
que entrañan las plazas de toros para los diestros, pero sabe que la
felicidad se consigue haciendo dichosos a los demás, y aunque le
ha costado mucho aceptarlo, se impone el sacrificio para corres-
ponder al amor que siente por su valiente esposo.

Con respecto a sus tres hijos, Marina nos dice: «Valoro, sobre
todo, que tengan principios, que sepan lo que está bien y lo que
está mal. Me parece importante no ponerles las cosas fáciles y que
se den cuenta de que en la vida eres tú con tus propios esfuerzos
quien tiene que salir adelante. Por otra parte, nosotros somos cató-
licos y practicantes, y yo personalmente soy la que me ocupo más
de su formación. Me encanta inculcarles la fe en Dios y, desde lue-
go, en esta casa nadie se acuesta sin rezar. Me parece fundamental
que Dios ocupe el lugar más importante en nuestras vidas.»

Estamos viendo a todas luces que la familia que reza unida,
permanece unida, porque la «paz y la justicia se besan» (Salmo 85,
11). Y, ¿cómo puede haber paz y justicia por la fuerza del hombre,
cuando en verdad estamos viendo que donde impera el materialis-
mo dialéctico todo son dictaduras férreas o simuladas con demo-
cracias que no consultan con el pueblo los proyectos de leyes injus-
tas y criminales que la inmensa mayoría de los ciudadanos detesta-
mos? ¿No es esto una dictadura simulada con el eufemismo de li-
bertad y democracia? ¿No nos dice la Constitución, refrendada por
la mayoría del pueblo español, «que todos tienen derecho a la vida»?
¿No nos ha dicho el que fue presidente del Gobierno -Adolfo Suárez-
que nuestra Constitución no era divorcista?.

Y ahora, ¿cómo la interpretan y cómo la cumplen queriendo
imponernos el aborto libre dentro de unos meses?.

Publicado en “LA VOZ DE ASTURIAS” 11-Noviembre-1993

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