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María Fernández Carballo


ã l corazón helado´ no es una novela para leer de un día a otro y no solo por las cerca
de 900 páginas que la conforman, sino porque es un libro para disfrutar, para mascar
página a página cada acontecimiento, cada rasgo de los personajes, cada
detalle«porque son los detalles, uno de los factores en los que se podría resumir la
compleja esencia de este libro. Una simple muñeca, unos documentos perdidos, juegos
de magia« todo tiene su ãpequeña gran importancia´ a lo largo de esta novela.

Se plantean unos interrogantes en el primer capítulo del libro que abren grandes
posibilidades. Intuimos, divagamos, tramamos«pero en realidad no sabemos muy bien
en qué terreno nos movemos hasta que poco a poco el pasado aclara, o por lo menos nos
da unas pistas, para poder seguirle la huella al presente.

l tema de la Guerra Civil como telón de fondo, como unión de dos historias distintas
dentro de una misma familia. Historias que, casualmente, se vuelven a reencontrar años
después en forma de peculiar historia de amor. Y todo ello a partir de una misteriosa
mujer que aparece a lo lejos en el entierro del padre de Álvaro Carrión.

Almudena Grandes se deja llevar por la pasión que comienza a surgir entre esa
misteriosa mujer (Raquel Fernández Perea) y Álvaro Carrión. Un amor que escondía en
sus inicios la venganza del pasado, la figura de Julio Carrión y el recuerdo de una
pequeña Raquel a quien el padre del que después sería su amado, había sacado un
caramelo detrás de la oreja. Otro detalle más en una historia de familia que se
caracteriza por la avaricia de unos, la defensa de los ideales de otros« y la impasividad
de otros muchos.

Con estas breves y muy generales premisas, introduzco un libro que ha llamado mi
atención por la forma en la que está escrito. Los saltos temporales, las repeticiones que
sirven de vínculo entre una historia y otra, la voz del narrador« todo hace que sepamos
con quién y de qué estamos hablando pero siempre con la duda de qué ha pasado y qué
está pasando en realidad. Siempre falta algún detalle, se puede decir que es como una
especie de ãrelato agregativo´ en el que poco a poco rellenamos los huecos de la
historia que en un principio, se nos da de manera completamente desnuda.

A lo largo de toda la novela destacan las repeticiones. Ralentizan el ritmo de la historia


pero además, matizan lo contado como en el siguiente ejemplo: en la página 746 se
inician los párrafos con un rezo ã spañolito que vienes al mundo, te guarde Dios«´
que se modifica según lo siguiente que se cuenta como en ã spañolita que vienes al
mundo, te guarde Dios´ o ã spañolito que vienes al mundo, vengas de donde vengas
nunca confíes en que te guarde Dios´. Aunque el ritmo de la narración descienda, los
pensamientos de Álvaro se entrelazan de manera genial con estas expresiones dándole a
esta parte del capítulo un toque de estilo ãsurrealista´; Almudena Grandes enuncia lo
que Álvaro tiene en su cabeza tal y como lo haríamos si pudiéramos escucharlo dentro
del propio personaje. Cual técnica del surrealismo, se exponen sin más, todas las
palabras que concentra Álvaro en su mente en una especie de escritura automática.
Pero en algunas situaciones, las repeticiones se hacen excesivas. Quizás porque hay
reiteraciones en algunos de los puntos álgidos de la trama que hacen que el lector se
ãdesespere´ al querer devorar las páginas y llegar por fin, a alguna de las respuestas que
contesten a las numerosas preguntas de la historia; incluso hacen que, en algún punto, la
lectura se haga pesada. Da la sensación que en menos páginas se podría haber escrito lo
mismo, incluso de manera más atractiva ya que, el lector suele huir de las repeticiones
(como en la página 303 en la que se mezcla la carta que le escribe la madre de Julio a
éste con los pensamientos de Álvaro, que es quien la está leyendo en ese momento).
Quizás sea excesivo que se llegue a repetir este mecanismo hasta tres veces. Se hace
demasiado largo y espeso al fragmentar el pensamiento de Álvaro en tan breves
elementos textuales.

s un acierto el comenzar el libro con el momento en el que Álvaro ve a Raquel (sin


saber que es ella) en el entierro de su padre. Se cuentan muchas cosas en el primer
instante de lectura. Aunque se podría haber empezado por cualquier otro elemento de la
novela, me parece un genial inicio. Álvaro preguntando por ã(«) esa chica que ha
llegado al final´, el interés que despierta Raquel en él ya desde un primer momento y la
pregunta de Mai a Álvaro de por qué no le había preguntado por la chica antes« todo
parece un prólogo premonitorio de un cúmulo de acontecimientos que explotan mientras
conocemos poco a poco, el pasado de esta familia.

Los personajes me parecen geniales. Pero sobre todo la figura de Raquel aunque sea un
personaje menos cambiante que el de Álvaro (que sufre una ruptura total con su vida
anterior al enamorarse de Raquel). Sin embargo, veo más real al personaje de Raquel,
quizás porque está presentada de una manera más simple, más directa. A Álvaro le
precede la relación con sus hermanos y sobre todo con su padre (y la historia de Julio
Carrión que parece que le perseguirá toda su vida) y además la caracterización le hace
ãdébil´ un hombre que se expresa de manera demasiado sentimental. Lo veo bien dentro
de la historia pero a veces me da la sensación de que es un personaje que en la realidad
no se expresaría de esa forma. n cambio Raquel es ãtal cual´. Directa, fría en el
momento en el que trama sus planes contra la familia Carrión, apasionada cuando está
con Álvaro, destrozada cuando sabe que en algún momento todo lo que ha hecho debe
salir a la luz« es un personaje más creíble.

Julio Carrión está muy bien caracterizado. Con voz propia habla escasas veces y
siempre en un contexto de pasado. Pero me parece formidable la forma en la que vemos
las distintas caras de este hombre: el amor de sus hijos, el odio de la familia de
Raquel«diferentes ángulos para un personaje que vemos muerto ya en el primer
capítulo pero, irónicamente, que es la pieza angular del resto del libro. Incluso nos
llegamos a creer a fe ciega, que tiene un affaire con Raquel. Caemos en el engaño de
esta mujer junto con Álvaro. Y ése es uno de los puntos fuertes de la novela: Almudena
Grandes hace que caigamos con los personajes y que nos levantemos también con ellos;
nos introduce tan bien en su mundo que nos inmiscuimos en el contexto de cada uno de
los personajes y en cada una de las épocas sin confusiones (aunque el relato nos
retrotraiga a unas tres generaciones pretéritas a la historia entre Raquel y Álvaro).
l personaje que causa más sorpresa es el de Angélica, la madre de Álvaro. s
indiscutible que la conversación que al final de la novela mantienen ella y su hijo hace
ver a una viuda impertérrita ante las preguntas de su hijo; no quiere remover el pasado
pero sabe que éste ha acabado por aparecer en el presente en el amor de su hijo por
Raquel. Y aunque en un primer momento la culpemos de ser fría y terca por no querer
dar explicaciones a Álvaro (incluso sabiendo que el tema había causado peleas entre sus
propios hijos), vemos cómo al final la familia siempre es lo más importante para ella
(admite que no le importaría ver a Raquel porque sabe que su hijo está enamorado).
Angélica se presentaba como una joven aniñada que suspiraba a escondidas por Julio
Carrión. Poco a poco la vimos en su evolución: fuerte, porque con lo poco que tuvo en
la vida fue capaz de labrarse un futuro; inteligente, al saber utilizar sus armas de mujer y
hacerse con el inalcanzable Julio quien años antes la había echado de su casa junto con
su madre; fiel a su marido y a sus hijos, sabiendo el pasado de Julio siempre le protegió
incluso habiendo dañado a su propia madre« y al final de la novela se presenta como la
defensora de su marido ante todo, pero como la que comprende el amor de su hijo por
Raquel, ante todo también.

Y es que, en el fondo, la historia que le ocurre a Álvaro con Raquel se podría comparar
con la de Angélica con Julio. s verdad que Angélica no dejó atrás a ningún marido ni a
ningún hijo por casarse con Julio pero sí a su propia madre. Angélica sabe lo que es
enamorarse y sabe lo que es el tener una madre que no acepta a quien ella quería; quizás
por eso, aunque sigue defendiendo a su marido con su silencio, no puede acallar las
siguientes palabras: ãQuiero que sepas que, si tú quieres, puedes venir también con esa
chica, Raquel, ¿no?´

l arriesgarse a contar la historia de esa manera en vez de decantarse por una forma
lineal (que sería aburrida y ralentizaría el conocimiento de los hechos, pero a la vez
sería más fácil de escribir) es un reto que supone el ordenar convenientemente las partes
para que el lector no pierda detalle además de que haya una mínima coherencia entre las
diferentes partes. Almudena Grandes lo consigue, además de darle una oportunidad a
pequeñas anécdotas de la vida real de la spaña de la Guerra volviéndolas en
acontecimientos dentro de la novela. Un gran acierto para esta escritora que consigue
mantener al lector pegado al papel hasta que por fin, se vislumbra un posible final o
resolución de conflictos.

Conflictos del ayer que se enlazan con los conflictos del hoy; una guerra como fondo de
un amor del siglo XXI; una familia dividida por las circunstancias de la spaña del
36«y al final, Álvaro y Raquel deciden dejar todo atrás (un pasado más que pesado, el
plan de una venganza casi perfecta, una mujer y un hijo«) por ellos mismos. Por seguir
una historia ãSólo una historia española, de esas que lo echan todo a perder´.

Me quedo con la frase de Antonio Machado que abre el libro y que tan bien condensa la
esencia de ã l corazón helado´: ãUna de las dos spañas ha de helarte el corazón´.