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Espiritu Santo Ven

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Guia para la preparación a Pentecostés
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Published by: Diego A. Guerrero J. on May 04, 2010
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08/12/2013

Dice el libro de los Hechos Apostólicos que los discípulos de J Jesús, en el día
de Pentecostés "se llenaron todos de Espíritu Santo" (2,4).

Las expresiones "llenarse del Espíritu" o "quedar llenos de Él" aparecen con
frecuencia en las Sagradas Escrituras. En el libro de la Sabiduría se dice que "el
Espíritu del Señor llena la tierra" (Sab. 1, 7). También se afirma que el Espíritu de
Yahvé llenó a algunos hombres y los movió a luchar en favor del Pueblo Escogido
o a dirigirle algunos mensajes proféticos (Jue. 13,25; 14, 6; 1 Sam. 16,13; Ez. 11,
5).

Esa presencia del Espíritu Santo, aludida en el Antiguo Testamento, es
momentánea, puntual. En el Nuevo Testamento, por el contrario, es frecuente. A
imitación de lo que sucede a Jesús (Jn. 1, 32-33), el Espíritu de Dios permanece
sobre los ungidos durante toda la vida de éstos. En los evangelios se dice que
fueron llenos del Espíritu Santo Juan el Bautista (Luc. 1,15), Isabel (Luc. 1, 41),
Zacarías (Luc. 1, 67) y el Señor Jesús (Luc 4, 1; 10,21).

Esas citas bíblicas pertenecen todas a san Lucas, quien usa la misma expresión
en su segundo libro: la comunidad de los creyentes (Hech. 2, 4; 4, 31; 13, 52),
Pedro (Hech. 4, 8), Esteban (Hech. 6, 5; 7, 55), Pablo (Hech. 9, 17; 13, 9),
Bernabé (Hech. 11, 24), los Siete (Hech. 6, 3), el aposento alto (Hech. 2, 2)
quedan llenos del Espíritu Santo.

Esa expresión podemos entenderla materialmente si pensamos en un recipiente
en el que se vierte líquido. Una vasija llena de agua se desborda si se le echa
más. Lo mismo decimos del hombre que llena de aire fresco sus pulmones,
cuando respira a bocanadas, o el que se envenena de humo. Cuando hay exceso

de gases, el recipiente estalla, como cuando explota la dinamita. Igual expresión
usa quien ha comido o bebido a saciedad y afirma que no le cabe un bocado más.

Idénticas frases sirven para hablar del hombre que abre su corazón al Espíritu
Santo, agua viva de la que Jesús nos invita a beber (Jn. 7,37-39) y de la que todos
los creyentes hemos bebido (1 Cor. 12, 13), y viento que Jesús sopla sobre sus
discípulos (Jn. 20, 22) y que colma la casa de la Iglesia (Hech. 2, 2).

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