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UN ENCUENTRO

Diego Salgar

Vine solo, buscando mis propios pesares,


Y al entrar, las voces de unos ancianos
llamaron
La conciencia de mi tiempo, de mi
identidad.

Eran viejos, con los años marcados


En la frente, las canas y la voz ronca,
Gastando las horas encontrándose a reír.

Intuyen lo que yo vengo sabiendo hace


poco,
Que la vida propia se salva con el otro;
Que el tiempo se gasta mejor en una sonrisa
Que en fruncir el ceño y cultivar las penas.

Me cuesta decir que en estos abuelos


Al compartir tan sólo un espacio por unas
horas
El encuentro último al que aspiro se ha
dado.

Vine solo y buscando mis propias penas,


Y me encontré contigo a tu manera
Y ahora la conciencia se ha abierto de
nuevo.

El reclamo que nace de este encuentro,


Mi propio ser ante un jovial grupo de
abuelos,
Es tu voz llamándome de nuevo al trabajo

Por la propia urgencia de ser en ti,


De servir y proponer en todo tu encuentro
Aunque aún no lo entienda y todavía no sea.

Los viejos han bajado la voz


La profundidad de tu palabra
Me deja solo contigo en tu silencio.