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La Misión

@Título Original La Misión

 

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Leila Milà

La Misión

Primera edición 8 de marzo de 2016

Edición y corrección: @LM

Diseño de portada: @LM

Fotografía: @Pexels; pixabay.com

Web Autora:

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Relato registrado; Safe Creative

www.leilamila.es " Relato registrado; Safe Creative 
 Todos los derechos reservados 
 
 Quedan prohibidos,

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Quedan prohibidos, dentro de los límites legales establecidos, la reproducción total o par- cial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, alquiler o cesión de la misma sin la autorización previa y por es- crito del autor.

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La Misión

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Desde el primer momento supo que esa misión no sería como las otras. No solo

por lo que se jugaba en ella sino por el objetivo. Recordaba a la perfección como empezó hacía mes y medio y como se complicó todo. Lo que nunca imaginó sucedió. Eymar creyó que tras la muerte de Maddie jamás sería capaz de volver a amar a otro y sin embargo… no podía negar por más tiempo sus sentimientos. Se había enamorado de ella, día a día le fue robando el corazón por mucho que trató de no implicarse pensando en la que fue su mujer. La madre de su hijo, uno en el que debía pensar y que se había conver- tido en el centro de su universo. Creyó que para él nunca habría más oportunidades, de hecho se negaba a ello, a tener una vida tras ellos, más con lo que acarreaba y ahora todo se complicaba una vez más. La fortuna parecía reírse de él cebándose en su dolor hundiendo el puñal cada vez más. La situación apremiaba y ellos ya no aceptarían más excusas. Eymar dejó salir el aire que retenía apretando con fuerza el móvil apoyando en el perfil de la puerta de la terraza con el corazón atronándole en los oídos y una vez más todo regresó a su mente al cerrar los ojos. Se veía a él mismo guardando la fotografía que tan bien había memorizado, echan- do la americana atrás y metiendo la mano en el bolsillo del pantalón. Había apoyado el codo en la barandilla de la parte superior del club en el que estaba y la localizó entre la gente que bailaba en la pista. Fue fácil hacerlo, ella se movía de modo explosivo, era un huracán que brillaba en la pis- taba, sensual y con una energía increíble. Se movía sin parar al ritmo de la música bailan- do sin reparos, se contoneaba y giraba de un modo exquisito. Elástica, femenina y tenta- dora. Era una provocación que no dejaba indiferente a nadie, menos con los que bailaba, casi rozando sus labios, bebiendo de su aliento sin perder el compás. Recordaba sus ojos clavándose en él desde la parte de abajo y esa sonrisa pícara. Katya era un volcán lleno de vida y alegría, de dulzura y un punto salvaje exótico innega- ble que arrasaba allí por donde pasaba, contagiando su fortaleza. Además, era mucho más bonita incluso que lo que mostraba esa instantánea robada. Su piel satén dorado, rostro aniñado, nariz pequeña y unos apetecibles labios carnosos ro- sados y unos inquietantes ojos felinos de un tono similar al de la miel caliente, que pare- cían ver más allá sin mencionar su cuerpo de menudo.

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Irradiaba seguridad, elegancia e inteligencia. Y a pesar de ser una mujer joven, esos iris rezumaban experiencia y una vida dura. Eymar supo el momento exacto en que ella llegó a su lado, su perfume era exótico y salvaje como toda ella, el aroma de una guerrera al acecho en mitad de una noche tórri- da y caliente en cualquier playa rodeaba de flores. Su voz se le había enroscado pro todo el cuerpo haciéndole erizar el vello de la nuca endureciendo su cuerpo. —Hola soldado. Cuando giró el rostro hacia ella, esta sonreía con una cereza entre sus dientes, ti- rando del rabito. —Agente más bien. ¿Tan obvio es? —Clavó sus ojos en ella. —Es obvio que buscas a alguien, tu cuerpo habla. —Eres muy observadora. ¿Y si te digo que ya lo he encontrado? Estoy aquí como todos, por un buen rato —Bebió de la copa que tenía en la mano. Los ojos de Katya lo habían recorrido en ese instante y alzando el mentón giró in- dicándole que la siguiese. Ese había sido el primer contacto peor no el último ni el único encuentro. Había seguido el movimiento de su cuerpo, se había acoplado a su baile e incluso se dejó llevar. Procuró mantenerse misterioso, despertar su curiosidad para llamar su atención y propi- ciar que quisiera volver a verle y que cuando se encontrasen por casualidad, se dieran más oportunidades de quedar. Ella era cauta, parecía no fiarse y estudiarlo pero habían reído, hablado y disfrutado hasta que empezaron a quedar cada día y una cosa dio paso a la otra. Ella no era para nada como creyó y al final él le había abierto su corazón y había disfrutado del sexo como nun- ca antes. Pero como todo, la realidad seguía pesando y presionando contra él. La culpa, el dolor, la responsabilidad y el odio contra él mismo lo atenazaban temiendo que cualquier día fuese el último. Él iba a traicionarla, era trabajo, uno que en algún punto dejó de serlo porque ella, con su forma de ser, con su dulzura, con sus ganas de vivir y su intensidad lo conquistó. Todas esas palabras callas y promesas no pronunciadas eran como un espejismo que moría con la luz del día. Temía ese momento porque una vez más su mundo se resquebrajaría, se hundiría y jamás se recuperaría de ese golpe. No debió permitirlo pero no mandaba en su corazón. Luchó, bien lo sabían los dioses pero al final… ¿Por qué no merecía poder ser feliz? Ella lo aceptaba, incluso a Niall, cosa que era complicada. No todas las mujeres de su edad estaban dispuestas a enredarse con un hombre con un crío a cuestas, enfermo, con un trabajo peligroso y una mujer muerta en su pasado. Por desgracia, sabía que el momento había llegado y que todos esos sueños y su propia alma se romperían en pedazos.

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Colgó el teléfono consciente de que ella estaba tras él y se giró a mirarla, lo había oído todo. Su expresión corporal así se lo confirmaba. Brazos cruzados y mentón alzado con el cabello todavía húmedo cayéndole alrededor haciendo destacar ese diminuto lunar cerca del labio y que quedaba tan sexy. El momento de la verdad estaba ahí y una maza de demolición destrozaría esos meses de un solo y duro golpe. —¿Quién eres Eymar? ¿Me vas a entregar, lo harás? —Katya —Alargó la mano hacia ella que se apartó haciendo que un enero vacío se abriese en el centro de él, dejándolo congelado y frustrado al mismo tiempo. Furiosos y desesperado con él mismo pro no encontrar una solución que no lo con- denase ni los desgarrase. —No me toques —Le advirtió—, solo respóndeme a una cosa ¿fue todo mentira? —No, yo no pretendí que esto pasara… Katya dio un pasos más atrás tratando de contener tanto la rabia como las lágrimas, su instinto se lo advirtió sin embargo… el pulso la ensordecía doloroso mientras sentía los añicos de su corazón. —Ya… —dijo seca recuperando la compostura, digna y serena. No quería escucharlo, no iba a soportarlo sin romperse ni sentirse traicionada, así que giró para no verle la cara y mantener a raya sus propios impulsos. El dolor la estaba matando partícula a partícula. —Tiene a mi hijo. —¿Y pretendes que me ablande con eso? ¿Vas usar tus sentimientos en contra por qué los míos no importan, no? ¿Sabes siquiera quienes son ellos? —Pueden salvarlo, yo solo tenía que hacer un trabajo. Sí, es un chantaje pero ni si- quiera sabía quién o como eras. Solo era un trabajo y podría recuperar a Niall, era lo único que me quedaba, lo que me mantenía vivo. —Podrías haber confiado en mí, habérmelo dicho. Hay otros modos Eymar. ¡Por Dios! si no tienes ni idea de con quién tratas. Parece mentira que seas policía, no puedo creer que los creyeras, tu sabes que no lo harán. Os mataran. Te eligieron a ti no solo por tus capacidades como agente o por la baza que tenían con tu hijo para obligarte sino por algo que no te ha importado saber. —Katya, no he fingido nada, lo que siento es real. Tú más que nadie sabes lo que he pasado, lo que me costó aceptar que podía tener otra oportunidad. Lo que… —Desistió de tratar de explicarse—. No es tan sencillo, quise aferrarme a ello, pensar que podía ser verdad que cumplieran mientras buscaba un modo de solucionarlo. Ella giró la cara para verle solo un instante sintiendo la punzada en mitad del pecho porque le entendía, él solo procuraba de recuperar a su hijo, de protegerlo y salvarlo. Ella haría lo mismo. Niall era lo más importante para él, era su padre y demostraba lo mucho

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que le importaba y lo quería día a día, ella podía verlo y era por eso mismo que era inca- paz de odiarle pese a lo que estaba a punto de hacer si la entregaba. —¿De qué los conoces, por qué van detrás tuyo? ¿Quiénes son? —Para ti son solo un grupo de científicos, una farmacéutica especializada que de- pende del ejercito pero… —Acabó por enfrentarlo cara a cara—. Son un grupo de felinae, o lo que tu entenderás como cambiadoras, como yo —Katya dejó que la magia la rodease dando paso a garras y colmillos hasta dejarle ver un magnifico ejemplar de jaguar. Recuperó aspecto humano alzándose del suelo para erguirse con la mirada clavada en él deseando que no se asustase o le pegase un tiro. Debía confiar, debía comprender… —Es real Eymar, puedo ayudarte si me dejas, solo has de confiar porque yo jamás podría hacerte daño. Tú, soldado; eres mi pareja. Si me dejas en sus manos moriré, no quieren más que usarme de cobaya porque apenas hay hembras. Eso si no acaba conmigo antes tu rechazo. No debí acercarme a ti —Se pasó la mano por los ojos arrastrando las lágrimas con dureza. Sus palabras impactaron como balas en él, que sin querer pensar recortó la distan- cia que los separaba atrayéndola hacia él con una mano en su espalda desnuda y se adue- ñó de su boca. Esa que lo enloquecía y que sabía bien como sabía y se amoldaba a la suya, exigen- te volviéndose puro fuego. ¿Por qué tenía que sufrir, por qué tenía que elegir y no poder tener cuanto amaba? No podía dejarla, el temor lo atenazaba, jamás se perdonaría si ahora se vendía. —Necesito recuperarlo y protegerte. No puedo perder a nadie más. —Lo haremos, me conoces Eymar, justo por eso hablaste como lo hiciste antes al decirme la verdad. No estás solo. —Tú dirás gatita.

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Eymar sonrió al sentir la mano de Katya en su hombro, el aire mecía su suave cabe- llo castaño y la atrajo hacia él de la cintura, sintiendo como el corazón le latía acelerado lleno de amor y felicidad por una vez tras mucho tiempo se sentía completo y en paz. No había dolor ni sufrimiento, ni siquiera rabia o tristeza, solo ganas de seguir vi- viendo día a día con intensidad. —Se ha dormido ya —Se coló por delante de él dando la espalda al vacío—. ¿Dónde estabas? —Recordando —Cogió su mano besándosela. —El pasado es pasado, vive el presente soldado.

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Unas semanas después…

—Lo tengo gracias a ti. Tú le sacaste, lo salvaste no solo a él aunque por un instan- te creía que te perdía… —Bésame. Y eso hizo llevándola al interior de la habitación apartando las cortinas que se me- cían cayendo ambos enredados en la cama. Sonrió mirando a su mujer y agradeció el día en que le impusieron esa misión.

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