Humilladero que según la tradición recuerda la aparición de la Virgen de Gracia al pastor

Juan López. Paracuellos de la Vega.

Acto Segundo
en el que se contiene el
desenterramiento de
Nuestra Señora
1

Personas que hablan en él:
El Rey Don Jaime
Don Ximén, privado
Don Artal, General
Don Rodrigo
Pedro López
Juan López, pastor
Montano, labrador
Toribio, pastor
Hergasto, pastor
Un Cura
La Virgen
Un hombre reo
Abenzoar, moro
Zelauro, moro
Zulema, moro gracioso.
Dos fantasmas
Dos soldados
Música

Jornada Primera

Salen el Rey Don Jaime, Don Ximén y
acompañamiento habiendo sonado los
instrumentos. Lleva el Rey un pliego.
Rey

¡Que grave resolución!

Ximén

Es Alfonso denodado, Señor.

Rey

Basta!

Ximén

Es sol de invierno
todo yerno en cualquier cabo.

Rey

Muy a lo largo me escribe;
y olvidando los pasados
disgustos, en Azmirra
(si es posible) nos veamos.
Tomad, despachad el pliego,
2

que yo, como valenciano,
soy corto, y la ocupación
de la guerra y el cansancio
hacen que tan breve escriba.
Doile este gusto.
Ximén

Es acertado,
que en Azmirra, Invicto Rey,
queden negocios a un lado.

Rey

Allí seremos amigos;
que se olvidan los agravios
al visitarse los reyes.
¿Si habrá Don Artal llegado
a Caudete, Don Ximén?

Ximén

Si, Señor, que a su cuidado
se debe lo que se dice
también del Cesar romano,
que fue llegar y vencer.

Rey

Es Don Artal gran soldado;
el cielo le dé victoria.

Ximén

Y el verde laurel tal mano.

Vanse.

Salen Abenzoar y Zelauro, moros.
Zelauro

La pena y el llanto resiste,
y dime, padre y señor,
(si lo consiente el dolor)
¿que tienes que estás tan triste?

Abenzoar Ay! hijo, si el sentimiento
no me ahoga, con presteza
la causa de mi tristeza
te diré, si estás atento.
Habrá setecientos años,
si, bien habrá setecientos,
que perdió a España Rodrigo
y la ganaron los nuestros.
Hanla gobernado en paz
hasta ahora, que ya el cielo
3

ha permitido se truequen
de la fortuna los frenos:
pues Alá Santo permite,
por justísimos respetos,
quede restaurada España
y nuestro Imperio deshecho.
Y sujeto a la inclemencia
de este Don Jaime, a quien dieron
los Ados, por venturoso,
valor y merecimiento.
Ese, Zelauro, ha de ser
(no me engaño, no) el acero
vigoroso, que amenaza
a todo estirpe agareno.
Este ha de echarnos de España,
y siendo así, por lo menos,
bastante causa me obliga,
Zelauro, a este sentimiento.
Zelauro

Serena, Señor, el rostro,
que el verte lloroso, es cierto
me llega al alma y quisiera
asegurar tus recelos.
Yo soy Zelauro, y soy
tu hijo, padre; imagina
que en esta ocasión te heredo.
Déjate de agüeros, padre,
que siempre fueron agüeros
de amilanados cobardes
el sagrado de su templo.
Caudete está fuerte; vengan,
que por Alá te prometo
que es difícil de sacar
una piedra de su centro.

Abenzoar No dudo yo, hijo amado,
de tu valor, que en tu pecho
tienes sangre de Almanzor
que te dá vigor y esfuerzo.
Mas presto veras deshechas
estas dudas, y el acero
manchado el corte y teñido
4

en sangre de nuestros cuellos.
Zelauro

Padre, desecha el temor
y acudamos al remedio:
que la prevención fue siempre
parte de mis desempeños.
Pertrechemos las murallas
y este lugar pertrechemos,
que no es razón que nos hallen
con las manos en el seno.

Abenzoar Eso sí, joven bizarro,
póngase en los muros luego
soldados, que nos defiendan
de este castigo del cielo.

Vanse.

Suenan cajas y clarines dentro y salen Don Artal, Don
Rodrigo y soldados, aquellos con bastones.
D Artal

Cese el estruendo bélico de Marte,
pues el contrario vemos frente a frente
y a trecho de arcabuz el valuarte.
Póngase en orden toda nuestra gente
que la ventura está de nuestra parte.
Demos el fiero asalto de repente.
que ahora es ocasión para ofenderlos
tomando la ocasión de los cabellos.
Que, aunque es cierto vienen fatigados
nuestros soldados, son como leones,
que se muestran altivos y arrojados
en viendo semejantes ocasiones.
Aquí los fieros pechos, denodados,
alentarán sus fieros corazones,
que el español, preciado de valiente,
ni siente hambre ni cansancio siente.

D Rodrigo Valiente, Don Artal, tu noble pecho
determina prudente, ejecutando
las Leyes de Milicia tan de hecho
que solo a tu valor se debe el mando;
y he quedado de suerte satisfecho
que por ir tus acciones imitando,
5

no Capitán, soldado te quisiera,
si a conquistar subieras a la Esfera.
D Artal

Discreto Don Rodrigo, airoso y fuerte,
yo estimo ese valor como de amigo;
mía es la ocasión, tuya es la suerte;
esta pienso seguir, siendo testigo,
que a imitación del hijo de la Herte,
con este acero, en la ocasión, me obligo,
sin pérdida de infante ni jinete,
conquistar a Bogarra y a Caudete.
Sale Zulema, moro gracioso, cantando:

Zulema

No está para Vosarced
maduro el higo;
no está para Vosarced
cristiano amigo;
no está para Vosarced
maduro el higo.
Todo me caer de sonio
que no me he quitado: mate,
y más de cuatro me merran
que les dir a los alcances;
Válame santo Mahoma
e más sus coraterales
que les sabe bien el vino,
que hay poquitos que le amarguen.
Oh! que bona centinela
hacer yo en aquella parte!
Pues me andar alrededor
todos los montes e valles,
válame santa Natava!
Sin duda más penetrante
tener el vista, pues ver
soldados enumerables;
exércitos cristianilios
parecer, quiero cuntarles:
uno, dus, mel, enfenitos:
jura diez que es lindo alarde.
Querer yo avisar mi gente,
6

Vanse

e dar voces; mas ya es tarde:
¡ Guerra, guerra, al arma, guerra,
al arma mis capitanes!
Sale Zelauro, moro, con la espada desnuda.
Zelauro

Santo Alá, que sobresalto
el recelo me previene!
¿quién da voces?

Zulema

Yo, que tener
bona vista, Senior; cristanilios
que cubren el campo y traer
cabalios para correr,
lanzas e picas en elios.

Zelauro

No importa: yo te agradezco
el aviso que me has dado;
lleguen, que ya mi cuidado
a la defensa le ofrezco.
Vengan, que si todo el mundo
cifraran en su poder,
atrás les hará volver
este brazo sin segundo.
Espérame en la muralla
y verás que, en verme en ella,
el que llegare a ofenderla
mi dicha y su muerte halla.

Vase.

Zulema

Oh! bon Zelauro, aquí te espero.
mas ay! que el sonio me alcanza,
y mentras llega el mudanza
por diez dormerme quero.
Vase.
Tocan cajas y clarines y salen Don Artal, Don Rodrigo y
soldados.

D Artal

Valerosos españoles
a quien deben respetar
por tener siempre lugar
en la guerra los primeros:
Hoy nuestro valor ocupe
de los anales del tiempo
7

la mejor plaza, mostrando
el valor de vuestros pechos.
Que si a Caudete rendimos,
que si a Caudete vencemos
y esta victoria alcanzamos
debida al luciente acero:
hoy restauramos la patria,
hoy a la rueda ponemos
un clavo, y a la inconstante
quedará el vigor opuesto.
Mirad que, si sois sus hijos,
os obliga el sentimiento
a liberar a una madre
que el ser natural debemos.
Cautiva está, y es razón
su rescate procuremos,
que es bastante acción poner
la tardanza en el remedio.
Conozcan estos consortes
de Mahoma que hoy el Cielo
se opone contra sus bríos
siendo el horror escarmiento.
Hoy de Caudete, soldados,
han de quedar los cimientos
desquiciados de los sitios
y arrancados de su centro.
D Rodrigo Generoso Don Artal,
claro y evidente ejemplo
del valor, tu brazo es digno
de semejantes trofeos;
¡tóquese al arma! ¡envistamos!
D Artal

Pedro

¡Al arma toquen, que pienso
hoy, Don Jaime, han de ser
estos desdichados Pueblos!

tocan las cajas.

Sale Pedro López de camino, vestido de labrador, con
una espada.
Gracias al Cielo que miro
el campo donde pretendo
servir de soldado al Rey
8

Don Jaime.
D Rodrigo Oh, que bueno!
Hola, hermano ¿qué buscáis?
Pedro

Busco, Señor, es lo cierto,
una plaza que servir.

D Rodrigo ¿De soldado o mochilero?
Pedro

No Señor, pese a Mahoma!
que aunque me ve tan grosero
soy hombre de bien, si bien
hombre de poco dinero.

D Artal

Despejo muestra el villano.

aparte los dos.

D Rodrigo Don Artal, yo me sospecho
que debe de ser espía.
D Artal

Presto, amigo, lo veremos:
¿quién sois, hermano, decid?

Pedro

Yo, Señor, en Paracuellos
tengo toda mi prosapia,
tengo todo mi abolengo.

D Artal

¿Cómo os llamáis?

Pedro

Pedro López,
de María Díaz nieto,
biznieto de Antonio López
y de un tal Juan López chozno.

D Artal

Si de esta suerte tomáis
la descendencia, sospecho
que Adán no estará seguro
de deberos parentesco.
Con resolución, queréis servir?

Pedro

Pese a, si quiero;
yo vengo a buscar la guerra;
9

y por solo servir, dejo
a María de la Paz, mi mujer,
y un hijo como un Lucero,
el cual queda con Hergasto
y Toríbio, dos mancebos
que gobiernan como quieren
sus ovejas y borregos.
D Rodrigo Esta sencillez me admira!
D Artal

Y a mí también! Mirad, Pedro,
yo os asentaré la plaza
de soldado, si primero
ese valor que mostráis
sabéis oponer al riesgo.

Pedro

Mándeme Vuesencia,
que yo soy hombre que tengo
sangre en el ojo, y hace
que tiemblen de mí los perros.

D Artal

Pues mirad, por esta parte
de muralla estad atento:
habéis de reconocer al enemigo.

Pedro

Soy contento:
ponga pues su potestad
en orden todo el Ejército
que yo soy quien hace y dice.

D Rodrigo Presto lo veremos, Pedro.
Adiós.
Pedro

Aquí pide la ocasión
particulares alientos,
ánimos para vencer
y en los males sufrimiento.
Quiero entrar conmigo en cuenta
y sustanciar el proceso
de mi vida, que hay fiscal,
culpa de mi parte y reo.
Dice el fiscal: Pedro López,
10

¿quién os movió el pensamiento
a dejar vuestra familia?
Yo respondo, y digo a esto
que fue un sueño. Mal hicisteis
si disteis crédito a sueños,
que los sueños, sueños son,
oí decir a mi abuelo.
Mas quién soñó que la Virgen
le alentaba el pensamiento,
disculpa tiene bastante;
ea, yo he ganado el pleito;
y pues estoy victorioso
a reconocer me llego
este lienzo de muralla;
que, por Dios, a ser de lienzo
no fuera tan invencible.
¡Válgame Dios, que portento
de fortaleza es aquesta!
Mas.. que le castigue el tiempo.
Salen Zelauro y Zulema y lo prenden.
Zelauro

Rinde la espada, cobarde!

Pedro

Si me tenéis prisionero
y la traición ha podido
reducirme a tal aprieto
la espada tenéis segura.

Zelauro

Llévale agarrado y preso
que en una obscura mazmorra
pagará su atrevimiento.

Zulema

Ea, vamos, compañero.

Pedro

Llevadme donde queráis,
que con extraño contento
padeceré por la Virgen
mil géneros de tormentos.

Vanse y llévanlo preso.

Salen Don Artal, Don Rodrigo y demás soldados
cristianos.
11

D Artal

Moro disfrazado fue
sin duda vuestro mancebo;
y con esta traza vino
a solo reconocernos.

D Rodrigo Presto pagará el cobarde
semejante atrevimiento,
que ya las murallas cubren
los capitanes bermejos.
Aparecen en lo alto de la muralla Zelauro, Abenzoar,
Zulema y otros moros.
Zelauro

Soberbios españoles, arrogantes,
varios, presuntuosos, inconstantes,
llegad, veréis los bríos
Conque resisten los soldados míos;
y ese cristiano orgullo, esa braveza,
la morisca fiereza
castigará de suerte
que, envueltos en las ansias de la muerte,
del postrer paroxismo
tropezareis en un profundo abismo.

D Artal

Moro cobarde, infame,
pues que das ocasión que así te llame:
ahora, en este punto,
verás la muerte y tu castigo junto.

Zelauro

Llegad, viles cristianos:
sabréis a lo que saben estas manos!

Tocan al arma.

D Rodrigo ¡Cierra España! ¡Toca al arma, guerra, guerra!
Cristianos! A ellos, Santiago!
¡Muera Mahoma, muera!

Tocan.
Vase.

Suena dentro ruido de cajas y clarines, de pelea y de
guerra con espadas y salen riñendo Zelauro y Don Artal
detrás.
D Artal

¡Rinde las armas, Zelauro,
12

o te quitaré la vida!
Zelauro

Por bien perdida la diera,
que a un hombre en tantas desdichas
siempre la vida le sobra.

D Artal

Ríndete a la valentía
española que sujeta
vuestras banderas moriscas.
Yo te concedo, Zelauro,
la vida, porque se diga
que venció lo generoso.

Zelauro

Mil años, Don Artal, vivas,
que yo, en agradecimiento
de esta merced, esta Villa
de Caudete y las demás
que hoy es su distrito miras
se rinden a tu valor.

D Artal

¡Viva el Rey Don Jaime, soldados!

Soldados ¡Victoria! ¡Victoria! ¡Viva! ¡Viva!
(dentro)

Vanse.

Salen Toríbio y Hergasto, de pastores.
Toríbio

Voto a San, Hergasto, que
es Juanillo como un oro.

Hergasto No pienses que le desdoro,
mas todas sus tretas sé.
Él es gentil, palaciego,
y para hipócrita, vale
lo que pesa, y cuando sale
a los campos pone fuego:
y en Paracuellos murmuran
apacienta su ganado
en trigos que no ha sembrado;
y aún de cojerle procuran
en el lazo.
13

Toríbio

Voto a mí,
que es engaño manifiesto,
que Juanillo es muy honesto;
y en toda mi vida vi
semejantes travesuras.

Hergasto Pues yo sé que la langosta
menos daño y menos costa
hace, pues tanto me apuras.
Toríbio

Hergasto ¿por qué tan mal
quieres a Juanillo, dí?

Hergasto Porque en mi vida le ví
sino de mal natural.
Toríbio

Tu te engañas; que él ayuna,
reza y, sabio, se entretiene
en aquello que conviene.

Hergasto Él te dejará a la Luna.
Toríbio

Él viene ahora, y verás
tu desengaño invencible.

Hergasto Anda, que eres muy terrible,
que tú el engañado estás.
Retíranse a un lado y sale Juan López de pastor, con
una cruz en la mano y un zurrón con cruces y santos al
hombro.
Juan

Cruz santa y peregrina,
tu me gobierna, ampara y encamina
a que por ti padezca redención
y en estos ejercicios permanezca.
Que consuelo, que gloria
en esta dulce historia
es daros mil abrazos,
pues mi Dios y Señor os dio los brazos.
Oh Cruz divina y santa!
que siendo de mi Dios feliz Atlanta,
14

cargó sobre estos brazos alentados
de todos los pecados
aquel peso inmortal, y sin segundo
y rendimiento al mundo
vos fuisteis medianera
de nuestra redención, oh! quien pudiera
fijar en vuestros brazos soberanos
la vida, el corazón, los pies y manos!
Hergasto Ahora verás, Toríbio,
que lo que digo es verdad:
¿puede ser mayor maldad
que, dando a su vida alivio,
se esté con la Cruz jugando
y el ganado, sabe Dios
que al fin veremos los dos
que va los campos talando?
Toríbio

Anda, que no puede ser; pero...

Juan

Rumor siento: guarda, el lobo.
Me voy, reconozco el ganado,
que siempre el maldito airado
anda con la oveja al robo.

Toríbio

Ah! Juanillo!

Juan

¿Qué mandáis?

Toríbio

Vuelve, que importa, traidor!

Juan

Poco me importa, Señor,
que tan mal nombre me deis,
¿yo traidor?

Toríbio

Mucho lo sientes.
Anda y déjame el apero.

Juan

Helo aquí, Señor, mas quiero
sepas que son excelentes
muchas cosas que hay en él,
mientras doy vuelta al ganado.
15

dáselo.
vase.

Toríbio

Eso no te dé cuidado.
Mira, Hergasto, qué de santos
tiene Juanillo entre tantos
palos de olivo y laurel.
Mira qué de cruces hace.

sácalos.

Hergasto Bien, Toríbio, estoy en eso;
mas la verdad, te confieso
que a mí no me satisface.
Sale Juan López, siempre la mano manca.
Juan

En este punto se apea
el amo. Ya os vengo a llamar
y juntamente a avisar
como queda en la Aldea.
Dame ahora mi zurrón,
que estimo lo que hay en él:
que es una cruz de laurel
a quien tengo devoción.

Toríbio

Tómale, y vamos a ver
a nuestro amo, que otro dia
saldremos de esta porfía.

Hergasto ¡Tijeretas han de ser!

Vanse.

Salen por una puerta el Rey, Don Ximén y
acompañamiento; y por otra Don Artal y soldados.
Sacan sillas.
D Artal

Déme vuestra Majestad la mano.

Rey

Los brazos quiero;
que se debe a un Caballero
como Vos toda amistad.
Contadme, Artal, si es posible,
de la pasada victoria
el triunfo, el lauro y la gloria.

D Artal

Escucha, Rey invencible.
16

siéntanse.

Diome Vuestra Majestad
de General, con airosa
gentileza, este bastón;
y viendo que por la posta
me tocaba el acudir
a sujetar la briosa
nación agarena, puse
en orden todas las tropas.
Salí de Valencia un lunes;
y el cielo, con envidiosa
acción, antíparo puso
a la más luciente antorcha.
Fue, quizá, porque temió
fueran de su luz inópia
los rayos del blanco acero,
que brillaban de tal forma
que pareció en la campaña,
(digo la menos fogosa cuchilla),
un rayo de Marte
y un destierro de las sombras.
Llegamos pues a Caudete
a tiempo y cuando la aurora
lloraba perlas un dia,
advirtiendo recelosa
daños, ruinas y desmanes,
fracasos, muertes forzosas,
que a su tiempo especularon
los secuaces de Mahoma.
Puse el cerco y, pertrechados
con trincheras espaciosas,
legamos a estar a trecho,
que mil veces las pelotas
mismas que nos arrojaban
sacándolas con rabiosa
diligencia, ensangrentadas
de heridas muy peligrosas,
volvían donde salieron,
si bien ya tan venenosas
que solo el aire quitaba
la vida a muchas personas.
Llegose a dar el asalto
17

y en menos, Señor, de la hora
el foso, de cuerpos muertos
se vio tan lleno, que cortas
escalas fueron bastantes
a trepar el muro, a costa
de poca sangre cristiana.
Aquí, Don Rodrigo, (honra
de su patria), enarboló
las banderas españolas
en vuestro nombre, que fue
hazaña eterna y heroica.
Mientras duró lo fragoso
de la guerra, sangre mora
guarnecía las murallas
de claveles y amapolas.
Volaban, Señor, volaban
por el aire algunas rosas,
como cuando suda el cielo
cristal desatado en ondas.
El asombro y confusión,
el aprieto y la congoja,
el llanto y el desacierto,
la turbación, la destreza,
que no se vio ni se ha visto
en las humanas historias
tal portento, porque fueron
infinitas las derrotas.
Yo entonces, sobre los muros,
al son del parche y la trompa,
animando a los soldados
y apellidando Victoria,
dije: ¡Viva el Rey Don Jaime!
a cuya voz animosa
todos respondieron: ¡Viva
más años que tiene hojas
el Abril! En este tiempo
Zelauro, un moro, se arroja
al peligro, procurando
eternizar su persona.
Subió al muro, y como el toro
que le cubren de garrochas
en la plaza, y se defiende,
18

él se defendió dos horas
tan valiente, que esforzado
yo de mirar su dichosa
suerte, tomé por mi cuenta
refrenar su facción loca.
Díjele: “Moro arrogante,
Hoy quiero honrarte, reporta
el orgullo, que a mi brazo
tu rendimiento le toca”.
Miróme, y medio turbado
me respondió con voz ronca:
“Solo este alfanje se rinde
a personas generosas”.
“Yo lo soy”, dije, y provocando
su suerte, como leona
ofendida, me acomete,
y a pocos lances, a pocas
vueltas de la rueda varia,
a pesar de su briosa
condición, conoció el moro
bizarrías españolas.
Rindiose, Señor, y al punto
cesaron las peleonas
de los campos, que venía
por Capitán de sus tropas.
Entregó luego las llaves
de la fortaleza, a costa
de su agravio, y de otros muchos
que les tocó su deshonra.
Cesó el furor, cesó el llanto,
y recogida la corba
guadaña, treguas ofrece
la obscura noche espantosa.
Amaneció claro el sol;
y las fortalezas, todas
de gallardetes vestidas
y diversas banderolas,
reconociendo otro dueño,
parecían que de Auroras
le bordaban rayos de oro
y les pintaban de aljofar.
Y viendo que, con mil gustos,
19

toda la morisma, toda,
unánimes reconocen dicha
en la desdicha propia,
en vuestro nombre mandé
se observase rigurosa
la Ley del perdón, porque
vuestro valor reconozcan.
Esto Señor, ha pasado;
y a quien se debe la gloria
de este triunfo, de este aplauso,
es solo a vuestra corona.
Rey

Generoso Don Artal,
levántase y le abraza.
dadme los brazos, que es corta
satisfacción no abrazaros
por segunda vez.

D Artal

Si estas honras
Vuestra Majestad me hace,
es subirme al cielo.

Rey

Importa levantaros al Zafir
y estimar vuestra persona.
Vamos, y descansareis:
que un Caballero que a costa
de su sangre me defiende
con acciones tan briosas,
muchas más honras merece.

D Artal

Gravedad majestuosa,
siempre obliga a obedecer.

Rey

Dejáis la fama envidiosa.

Vase.

D Artal

La misma lleve, Señor,
volando a las más remotas
provincias, dé vuestro nombre
noticias que os reconozcan.

Vase.

20

Jornada Segunda
Sale Pedro López, de cautivo, con una cadena al pié,
como en prisión, y debe estar atada la cadena.
Pedro

Prisión dichosa, amada,
justamente sin culpa padecida,
estáis bien empleada;
que en el largo discurso de mi vida,
con no ser dulce y buena,
es leve el peso de esta gran cadena.
En este calabozo,
desde la noche al alba, lloro y canto,
unas veces con gozo,
otras con triste y afligido llanto,
hasta que Dios permita
me quite la piedad pena infinita.
Sale Zulema con un zurrón o alforjas y en ellas una
perdiz compuesta, una bota con vino, unos pimientos,
una costilla y unos manteles.

Zulema

Este veliaco estará
aparte
en parte tan oculta y escondida
que es imposible el dar
en aquesta mazmorra en todo el vida,
y así me percibo
a estar cautivo y a tener cautivo.
Este engaño ha de ser:
que si mal me trata Don Rodrigo,
mí vengara tener
en este cristianilio como digo;
y en recibir un palo,
dos mil palos le dar por mi regalo.
Él estar ignorante
que nosotros haber perdido e la tierra;
y el mísero pecante
no saber los socesos de la guerra,
y mientras no los sabe
reciba el bellaco golpes de cabe.
21

¡Hola! ¿Qué hacer Perro López?
¿no picar esparto?
Pedro

Esa es mi pena:
mas en este destierro
mucho me alegrará, señor Zulema,
saber en el estado
que está la guerra, que me dá cuidado.

Zulema

Si quieres saber eso,
ya no quedar cristiano en todo el mundo,
la verdad te confieso;
tu solo estar en él, y lo segundo
advertir, so cristiano,
que si os querer degollar estar en mi mano.
Oh! Como le engañar,
que en esta casa vivir Don Rodrigo;
donde yo, a mi pesar
que estar cristiano, con mentiro digo;
y de este atrevimiento
a Mahoma pedir repentimiento.
Mas yo traer un perdiz
que hoy le comprar, porque querro
comermele aquí escondido
hasta dejarle en los huesos.
Una bota de bon vino,
panecillo e su pemento
que dentro el cestilio viene;
y con esto borlar querro
a Perro López, mi esclavo,
porque le dé mas sentimiento.
Perro López, yo querrer
convidarte (estáme atento)
a un perdiz que aquí traer;
y así pregontarte querro
si tener bona la gana.

Pedro

Señor, tan buena la tengo
que a seguro que ha tres días
que aqueste mísero cuerpo
no sabe que cosa es pan,
ni tampoco otro alimento.
22

aparte

A Elías vengo a imitar,
que estoy esperando el cuervo
que mis desdichas socorra.
Zulema

Esos te piquen, manchego;
mira, pues aquesta vez
has de quedar satisfecho;
porque querrer ser amigo
y así regalarte querro.

Pedro

Zulema, Dios te lo pague,
porque es de piadosos pechos
socorrer al afligido.

Zulema

Pues poner el mesa querro;
pone la mesa donde no
este es el manteles, y este
pueda llegar Pedro.
el panecillo, el pimento
es este, este es el bota
y este el perdiz; comer querro;
animarte, Perro López.

Pedro

Si no puedo llegar,
porque me lo impide
la cadena, es desacierto
dar tal chasco a un simple esclavo,
y aún es burlarse del tiempo.

Zulema

Pues si no poder llegar,
alarga un poco el piscuezo.

Pedro

¿Es posible que este moro
de mí se burle? Yo quiero ver
si le puedo ablandar
con lágrimas y con ruegos.
Zulema, ¡por caridad,
dame un bocado, que muero
de hambre!

Zulema

Si te lo dar,
¡pero será en el piscuezo!

Muérdele.
23

Pedro

¡Virgen, que un perro me muerde!

Zulema

Pues tornarme al mesa querro
y darle a la hermana bota
por mi gustillo dos besos.
Bebe.
¿No beberás, Perro López?

Pedro

Ya me dices que no, perro,
beberé, si no son penas.

Zulema

Pues adverte, amigo Perro,
que si no hacer el razón
segunda vez me la apeto.
Perro López, veve Cresto,
que de ti me compadezco:
pápate aqueste pechugo.

Bebe.
Cómelo él.

Pedro

¡Hágate tan buen provecho
como el bocado de Adan!

Zulema

Mirra, la bota me peto,
que Ha mucho que no beber.

Pedro

¡Mas que se emborracha el perro
según da priesa a la bota!

Zulema

Ah! Que divino licor!
y como me saber bono
el vinilio! Veve Cresto,
que si me saber tan bono
el morir, que me moriera
tres veces mil. Ay! mas ¿que es esto?
yo me querer retirar,
que parecer que me siento
de cabeza algo cargado.
Mas...! que es esto, amigo Perro!
¿qué es esto que te reluce?
¿son los ojos?
dale con los dedos en los ojos.

Pedro

¡Santo Cielo,
que los ojos me ha sacado!

Bebe.

24

Zulema

Pedro

Seniores, entrarme querro
a dormir, que ver más luces
que tener un monimento,
y parecer que me un día
y no poderme estar quedo,
pues no sentir que hace aire;
seniores, ¡yo no estar bueno!
¿Quién me levanta los pies?
¿Por qué andar como un lodeno?
Este vinilio traidor
me ha traído a tal extremo
que me hacer andar rodando
y a cuatro pies, como perro.

Vase borracho.

¿Hay desdichas semejantes?
¡Que se perdiese aquel Campo
de Don Artal y que el moro
venciese! ¡Rigor extraño!
Según esto, yo estaré
(¿Quién lo duda?) algunos años
bajo el poder de este perro
que me tiene aprisionado.
Paciencia es justo tener
y si el cautiverio es largo
apelemos de estas penas,
Virgen, a vuestro rosario.
Cantemos ahora un poco
mientras machaco el esparto,
Pues quiera Dios que padezca
como Joseph empozado.
Éntrase, comienza a picar esparto dentro, y a un tiempo

canta lo siguiente:
Canta

Cándido bellón del Cielo,
más que no la nieve intacto,
sobre quien cayó el rocío
del Alcázar Soberano!
Sale Don Rodrigo, escuchando.
25

Vara de Aarón celebrada;
zarza que se está abrasando,
sin consumirse, de amor;
trono de Dios regalado;
templo de la Trinidad;
cedro altivo levantado;
olivo, palma y ciprés,
fuente, pozo, espejo claro.
Deja de picar.
D Rodrigo ¡Válgame Dios! si el que canta
será Zulema, mi esclavo,
que quiere mostrar con gusto
cómo se ha vuelto cristiano!
Pero no: que estas ternezas
y estos epítetos, claro
está que son de pecho
más compasivo y más santo.
Quiero averiguar de hecho
esta verdad, escuchando
la dulzura de estos versos,
y lastimoso del caso.
¡Válgame Dios, el silencio
me ha quitado este regalo!
Pues no vuelven a cantar
ni acierto donde cantaron,
voyme, y volveré después
y, con singular cuidado,
procuraré de saber
qué canto es este, o qué encanto.
Sale Pedro López.
Pedro

Aunque son innumerables,
Virgen, las penas que paso,
siendo por Vos, me parecen
más que no penas, regalos.
Solo me lastima el alma
el pensar que se quedaron
mis prendas en Paracuellos,
pobres y con poco amparo.
¿Qué hará ahora María,
26

Vase.

mi esposa, que el desengaño
de no verme, me asegura
ausencia de tantos años?
¡Ay, Juanillo de mi vida!
Quien pudiera, en estos brazos,
como Atlante, sustentar
dos vidas que tengo a cargo!
Bien sé, que la devoción
de la Virgen por el cabo
la llevarás adelante,
como te dejé encargado.
¿Qué es esto, sueño enfadoso?
¿Cómo ahora, tan pesado
me acometes, y me obligas
ser de la muerte retrato?
Venciome el sueño invencible;
Virgen Santa, en vuestras manos
pongo esta cansada vida,
que en Vos hallará descanso.

Duérmese.

Aparece Juan López en tramoya, y lleva
una cruz en la mano.
Juan

Padre, Padre, escucha, atiende,
y despierta del letargo
si quieres ver una cruz
que tu Juanillo ha labrado.
Tómala, padre y señor,
que la Virgen me ha mandado
que la veas y reconozcas
y sepas con el cuidado
que vivo.

Pedro

Hijo querido,
en sueños.
hijo, espera, aguarda, cuanto
cuanto, la tome y te abrace.

Juan

El Cielo
ese favor te ha negado.
Adiós, padre.

Pedro

Deja la cruz y desaparece.

Ay!, hijo amado!
27

vuelve, vuelve, que regalo!
Que dulzura es esta, Cielos!
Despiertase.
Ah! sueño inconstante y vacío!
Que poco los bienes duran,
y menos si son soñados!
Válgame Dios, cuán de veces
en aqueste breve rato
me ha parecido que estaba
con mi Juanillo hablando!
Oh! vana imaginación!
No hubiera el sueño durado
una eternidad! No hubieran
durado más los engaños!
Mas... ¿qué miro? Esta es la cruz Toma la cruz
donde mi Dios enclavado
redimió piadosamente
a todo el género humano.
Venid, Cruz Santa, venid,
que habéis de ser mi regalo
y anticipo de una vida
que a vuestra deuda consagro.
Soberano Madero, en quien el Verbo
de rodillas
cargó sobre sus hombros el pecado,
para dejar del mundo rescatadas
todas las culpas del pecado acerbo;
Madero, que venciendo la protervo
de la culpa de Adán, dejó pagados
los daños a que estaban obligados
todos sus hijos juntos, mas preservo,
(pues Dios la preservó por su tesoro)
a su Madre, triunfando del Abismo,
quedando vencedora e invencible.
Sacad, oh! Cruz bendita, de mi mismo,
pues os venero yo, y con fe os adoro,
que al mismo Dios en Vos vimos posible,
me lleve a aquella Gloria inascesible.
Salen por una Puerta Don Rodrigo y por otra Zulema.
D Rodrigo Escondido en esta parte
esta vez tengo de ver
las finezas de Zulema.
28

Zulema

Viva Cristu, que esta vez
ma de pagar el enojo
el cautivilio; ¿por qué
cantar y dar ocasión
de alborotar el cuartel?
Aquí pagarás, biliaco,
una vez, y dos, y tres,
el garaza.

aparte
a él

dale

D Rodrigo Oh! perro infame,
¿qué es esto? ¿en mi casa hay quien
sin mi licencia castigue?
Zulema

Yo haber caído en la red.

aparte

D Rodrigo ¿Quién eres, hombre, quién eres?
Pedro

Yo soy Pedro López; yo
el que a Don Artal llegué
a que me sentase plaza
de soldado, y para ver
mi valor, me hizo espía
perdida y, al reconocer
las murallas, me prendieron.

D Rodrigo Yo mismo el caso miré;
pero ¿cómo estáis cautivo,
si la tierra por el Rey
ha quedado, y estos perros
viven ahora a merced?
Pedro

Señor, este moro infame
me dio a entender al revés
los sucesos de la guerra.

D Rodrigo Oh, perro! aquí será bien
que los arpones se truequen;
y esa cadena que al pie
tenéis Pedro López, vos
al cuello se la pondréis
porque quiero que la lleve
hasta que me diese gusto.
29

Zulema

Senior...

D Rodrigo No me repliquéis,
porque en aquesta mazmorra
habéis de estar.
Zulema

Ah! fortunilia cruel!

D Rodrigo Esa cadena
al punto al cuello le poned;
y en virtud de buen soldado
sea justo que se os dé
el premio de lo que hicisteis.
Pedro

Dios os pague la merced.

D Rodrigo Vamos, donde el General sepa
cómo fuisteis fiel
y verdadero español.
Pedro

La gloria, al cielo se dá.

Vanse los dos.

Zulema

Ah! fortunilia cruel!
y como me parar bono,
pues me tener aquí atado
como si ser yo algún perro;
pero lo que sentir más
es ver que aqueste manchego
quedar libre y yo cautivo,
y con aqueste cadeno
que me pesa treinta arrobas,
que me hacer hundir el cuerpo,
y si aquesto durar mucho
pienso que mis pobres huesos
han de quedar bien molidos
y yo he de perder el seso.
Mahoma Santo! ¿que hacer
en aqueste flijimento
sino llorar, mientras Vos
no me dar algún consuelo?
30

Salen Zelauro y Abenzoar, moros.
Zelauro

¿Qué es esto, Zulema amigo?

Zulema

Ah, senior, que poder ser,
sino cautivo, padecer
ofensas de Don Rodrigo?
Aquí me hallar, castigando
a Perro López y, en pena
del castigo, esta cadena
me manda llevar rastrando.

Abenzoar Ay, hijo mio! y como se cumplen
tantas, cuantas profecías
te he dicho; y en estos días
con nuestras vidas se suplen.
¿Hay desdicha como ver
nuestros vasallos queridos
de todo punto oprimidos
y no poderlos valer?
Y aún esto, hijo, es lo menos,
pues muy breve se verá
que Don Jaime mandará
su tierra desocupemos.
Zelauro

Padre y señor, vive el cielo
que cuando el Rey lo mandase
y a salir nos obligase,
que es el mayor desconsuelo;
tan solo por no pasar
por estos inconvenientes,
me fuera donde las gentes
no me pudieran hallar.
Lo que importa por ahora
es llevar este presente
al Rey Don Jaime y, prudente,
rogar por la estirpe mora;
que cuando se determine
que salgamos desterrados,
hemos de lograr cuidados,
aunque al revés lo imagine.
31

Abenzoar Mi Hijo amado, ese fin
tan solo a Azmirra me lleva;
quiera Alá que en esta leva
yo pronostique del fin.
Zelauro

Dí, Zulema, a Don Rodrigo,
que le vine a visitar,
y ten paciencia.

Zulema

Apelar
Senior para mi enemigo.

Vase.

Sale Don Rodrigo.
D Rodrigo Zelauro, amigo ¿en mi casa,
que se ofrece?
Zelauro

Don Rodrigo,
como os tengo por amigo
y sabéis bien lo que pasar,
vengo a tomar un consejo
de Vos en esta ocasión.

D Rodrigo Quisiera ser un Catón
y en la prudencia el más viejo.
Decid lo que pretendéis,
que yo no os puedo faltar.
Zelauro

He sentido murmurar
y es cierto, que lo sabéis
amigo, que el Rey pretende
nuestro destierro.

D Rodrigo Es verdad,
Zelauro, Su Majestad,
es lo cierto, que se ofende
mucho de ver que Al-Azarque
había intentado alterar
la tierra, y por no llegar
a más, quiere que se embarque
la morisma valenciana.
Abenzoar Ay! Zelauro, que temido
32

tuve este trance!
Zelauro

Si ha sido
la condición humana,
no importa Padre Señor
Don Rodrigo, estadme atento,
que en lo que voy a decir
me habéis de dar un consejo.
Tenemos por cosa cierta
que el Rey Don Jaime ha resuelto
que lo que pecó Al-Azarque,
todos juntos lo paguemos.
Y viendo que será justo
haya excepción en aquellos
que hayan sido fieles vasallos,
hoy, mi Padre, está resuelto
de echarse a los pies del Rey
y advertirle que estos pueblos
(supuesto no han delinquido),
que se proceda con ellos
con más piedad, si es posible;
Y que en agradecimiento
de esta merced, se le sirva
con un presente que tengo
prevenido, y si gustáis
de saber lo que pretendo
enviar, os lo diré.

D Rodrigo Mucho holgaré de saberlo.
Zelauro

Treinta caballos briosos,
a pares de un mismo pelo,
le envío a Su Majestad;
y con tales aderezos
que si envidia en el Sol cave,
le tuviera el Sol, es cierto,
que sus gireles son rayos
que bordan de luz el cielo.
Doce paños de brocado
tan admirables, que en ellos
se cifran varias historias
de la antigüedad ejemplo.

alados, hijos del viento,
con tan vistosos jaeces,
y con tales ...
el Sol de ellos,
porque había en sus realces
de obscurecer sus reflejos.
con tal variedad compuestos
de Países y de Historias
que en ellos, como en espejo,
33

se miran presente y, viva,
la antigüedad de los tiempos.

Seis leones africanos
que, para el debido efecto,
que para este Real cortijo ...
hice traer, tan altivos,
tan valientes y soberbios,
que en lo grave, representan
les ha concedido el tiempo
Imperio en su majestad,
y Majestad en su Imperio.
Diez Ninphas de plata tersa,
de mano de un arquitecto
que fue afrenta de Lisipo
y admiración de estos tiempos.
Una carroza bizarra
que seis caballos overos
con clavos de plata, y llenos
la tiran, a emulación
de ébano y de marfil,
de la de Faetón soberbio.
que la tiran seis overos
lucidos, bellos caballos
émulos de los febéos.
Una docena de halcones
tan veloces y altaneros
que de la región del aire
pasaron a la del fuego.
De lo bruto, cien novillos;
estos para el bastimento
de lo común de la casa,
que para el Rey le traemos
de lo volátil gran suma;
y en oro, plata y dinero
cuatrocientos mil ducados;
y esto todo lo ofrecemos,
solo a fin que en nuestras casas
nos deje el duro precepto.
El llegar en ocasión
siempre fue acertado, y temo
de errar; y en esto os pido,
amigo, me deis consejo.
D Rodrigo Dádivas quebrantan peñas;
y mañana, con su yerno,
en Azmirra come el Rey;
34

y así tengo por acierto,
Zelauro, lo que intentáis,
y, en cuanto pudiere, es cierto,
os serviré hasta la muerte.
Zelauro

Haréis como Caballero.
Vamos, Padre. Adiós, Rodrigo.

D Rodrigo Adiós, Zelauro, que el tiempo
dirá lo que se ha de hacer,
que él es el mejor maestro.
Vanse los Moros.
Sale Zulema con la cadena arrastrando.
Zulema

Senior, mandad Vuesanced
quitarme aqueste cadeno,
que estar crestiano, y crestiano
ser de la piedad ejemplo.

D Rodrigo Zulema, yo te perdono;
mas con este advertimiento:
que cada día tres veces
has de renegar del perro
de Mahoma.
Zulema

Así, así hacerlo.

D Rodrigo Pues sígueme hasta la cuadra.

Vase.

Zulema

Ay, Mahoma! ¿que es aquesto?
¡Malos años para mí
si de Vuesanced reniego!
Vase.
Salen Hergasto y Toríbio, pastores.

Toríbio

¿Es posible que aún estés incrédulo
habiendo visto cosas tan únicas
que merecen estar en blancos mármoles
escritas para siempre?

Hergasto Toríbio, soy un bárbaro,
que quieres que te diga; estoy tan tísico
que con verle, acumulo cosas lícitas,
y ninguno me responde a mí propósito.
35

Toríbio

Recélome que tienes malos hígados
y, por el mesmo caso, peor ánima.
Mas que tal fuese, Hergasto, que algún mágico
te hubiese dado alguna pócima
para quererle mal, como aquel mísero
que para querer bien y dar escándalo,
le dieron unos polvos odoríferos
que vino, de amar tanto, a estar frenético.
Si es que tú presumes algo, dímelo,
iremos a buscar un hombre práctico,
que gracias al Señor hay de gran número,
y aunque todos pretenden ser muy hábiles,
un clérigo conozco que es tan único,
que en un Amén Jesús saca un espíritu
aunque esté con más raíces que un chopo.

Hergasto No hay para qué buscarlo, segurísimo
estoy, gracias a Dios, de estar diabólico.
Si yo le quiero mal es por ser mísero
y ser, en estos valles, un hipócrita,
grande amigo de hacer cosas fantásticas;
que eso que dicen que en los vientos frágiles
fue a ver a su padre, para mí son fábulas.
Y cuando conste por verdad auténtica,
no será mucho, que mujeres débiles
suelen también volar por arte mágica;
y viendo que se emplean estos ángulos,
jamás he de creer cosa a propósito.
Toríbio
También serás tenido por flemático.
Salen Montano, labrador, y Juan López
Montano Ya estoy satisfecho, Juan,
de vuestro buen proceder;
y, aunque mozo, habéis de ser
de mi hacienda rabadán.
Hergasto y Toríbio quiero
que te obedezcan en todo.
Hergasto Pardiobre! Mal me acomodo
a servir lo que mal quiero.

aparte.

36

Montano Anda, que eres mal sufrido!
Sírveme aqueste verano,
que entretanto, yo
otro pastor buscaré.
Hergasto Ese tiempo yo estaré
penando, pero más no.
Montano Mira, que Juan es capaz
de todo merecimiento;
que es de mi hacienda el aumento
y admiración de la paz.
Más quiero que él me destruya,
que no que me ganen otros.
Hergasto Las yeguas parirán potros,
muesamo, donde él ayuda.
Y porque se desengañe,
vuelva para acá otro dia,
que le prometo, a fe mía,
la venida no le dañe,
que le contaré cosillas
que se tiene de admirar,
y entonces será el notar
de su Juan las maravillas.
Montano Según esto, Hergasto amigo,
mucho me importa saber
lo que pasa.

(aparte con Hergasto)

Hergasto Pues yo he de ser
de sus finezas testigo.
Vuelva como tengo dicho,
que ahora no es ocasión
de contar la confusión
que nace de su capricho.
Montano Pues adiós, y ojo al ganado.
Juan y Toríbio, quedad
en paz, y tened amistad
con Hergasto, que es hombre honrado.
Juan
Dios, Señor, le dé salud
37

Vase.

y le vuelva a la presencia
de su esposa y, con prudencia
goce descanso y salud.
Salen Don Artal y Don Rodrigo.
D Rodrigo El concierto de los reyes,
Señor Don Artal, ha sido
en esta forma, escuchadme,
que en breve está referido.
Llegó Alfonso de Castilla
tan severo y tan altivo
a Azmirra, que allí mostraba
sus castellanos designios.
Visitóle el Rey Don Jaime,
y los dos reyes invictos
enmudecieron al verse;
pues los dos, enternecidos,
sin poder hablar palabra
por entonces, al retiro
remitieron de sus guerras
los enfadosos principios.
Comieron los dos monarcas,
y después de haber comido
se repartieron las tierras
que pretendo referiros.
La Antigua y Noble Valencia,
con lugares y castillos
que parten Reino con Murcia,
a nuestro Rey le previno.
Al Rey Don Alfonso dieron
Almansa con su distrito
y otros diversos lugares
que es el contarlos prolijo.
En esto el Rey Don Alfonso
pidió, por lo comedido,
que a Xátiva le entregasen
y tenencia del castillo.
Extrañó la novedad
el Rey Don Jaime, y le dijo: Yerno,
como es razón, os estimo;
mas quien en Xátiva ponga
38

Vanse.

los pies como dueño, os digo
que ha de pisar mi corona;
y baste sobre lo dicho.
Un rato estuvo suspenso
lo majestuoso y rico
de los dos Reyes insignes,
hasta que, admirado, dijo
Don Alfonso: No haya más;
baste, Señor, que yo admito
y apruebo lo concertado,
y vuestro favor estimo.
Con esto, para Castilla
se partió Alfonso, y el mismo
suegro salió a acompañarle
hasta que dejó el distrito
valenciano; y allí todos
en los Reyes conocimos
un particular agrado
y un singular regocijo.
Esto pasó en mi presencia,
Don Artal, y como amigo
os he dicho cuanto pasa,
y la verdad os he dicho.
D Artal

Por Dios que estoy satisfecho
de que las paces han sido
a gusto de todo el mundo
y a contemplación del mismo
Don Jaime, pues ven curiosos
pretensiones que al Olimpo
llegaron, hoy tan humildes
que se vayan al Abismo.
¿Y cuando se parte el Rey
para Valencia?

D Rodrigo Imagino
no pasarán cuatro días;
que el cuidado es peregrino
que le da el moro Al-Azarque.
Mas con todo, compasivo,
mañana tiene consulta;
don piadoso y benigno,
39

mostrará, con su piedad,
la justicia y el cuchillo,
que lo soberbio aborrece
y ama lo que no es altivo.
Zulema

Sale Zulema.
Ya estar, Señor, el comida,
y lo demás prevenido:
la mesa puesta a la usanza
y el vino, a la nieve frío.

D Rodrigo Pues entremos, Don Artal,
que es tarde.
D Artal

Por Dios, amigo,
que no lo escuso, por daros
gusto en todo.

D Rodrigo Así lo estimo.

Vanse.

Salen el Rey, que se sentará en una silla con un bufete
delante con recado de escribir, y Don Ximen, que llevará
seis memoriales; y después salen Zelauro, Abenzoar y,
si hay, otros moros. Y habiéndose sentado el Rey, dirá:
Don Ximén, que es justo empleo
dar lugar a la Justicia,
cuyas voces en el cielo se escuchan.
Ximen

Rey

Este, Señor,
es un pobre marinero
que llevando de Valencia
para Mallorca unos pliegos
de Vuestra Majestad...

un memorial

Ya sé lo que pasa;
y que no fueron bastantes
para quitarle (con cautivarle)
del pecho mis despachos, y en razón
de este valor, mando y quiero
que este rescate se libre,
que después ya lo veremos.
40

Ximen

Este memorial segundo
es de una mujer que preso
tiene al delincuente, y dice
que es su marido.

otro

Rey

Ya entiendo.
Y, ¿por qué, decid, no se casa?

Ximen

Porque dice y niega el reo
que no es verdad, ni hay testigo,
que le obligue al casamiento.

Rey

Traedme aquí al delincuente. van los criados a traerlo
Sacan los criados al delincuente preso.
¿En qué parte, Don Ximen,
sucedió este desconcierto
contra Dios y contra mí?

Ximen

Rey sabio, Rey justiciero,
fue en el campo, y solo había,
que pudiera estar atento
al deshonor y a la infamia,
un verde y copado almendro.

Rey

Pues vaya al punto un notario;
que yo en la causa presento
por testigo al árbol mudo;
y estoy, Don Ximen, tan cierto
que ha de decir la verdad,
que ya me parece, veo
tantas lenguas como hojas
que substancien el proceso.

Ximen

Haráse luego al momento.

Rey

Pues venga, que él ha de ser
el testigo de sus yerros,

Ximen

La diligencia se ha hecho.

van los criados.

41

Rey

Está muy bien.

Ximen

Dos Caballeros,
Señor, el Consejo nombra,
para que el más benemérito
Vuestra Majestad elija,
por la muerte del Sargento,
para Sargento Mayor.

Rey

Mucho me dolió Don Diego.
¿Quiénes son los pretendientes?

Ximen

El uno, Señor, Don Pedro
Moncada, valiente y noble.

Rey

¿Y el otro?

Ximen

Es pobre y discreto;
llámase Don Juan Bisaba,
cuyas partes no refiero,
que es objeto de los pobres
la gala y el lucimiento.

Rey

Don Ximen ¿a quien, decidme,
os parece que le demos
el cargo?

Ximen

Señor...

Rey

Decidlo.

Ximen

Con lo poquito que entiendo
diera la plaza a Don Juan.

Rey

Buena elección habéis hecho:
que yo también se la diera,
y se la doy, desde luego,
que es evidente y claro
que a Don Juan lo doctó el Cielo;
que yo bien puedo hacer Nobles,
pero solo Dios discretos.

otro memorial

42

Ximen

Por este memorial pide
Pedro López, un manchego,
Vuestra Majestad le ayude
por estar pobre y enfermo
y pasar necesidad.

otro

Rey

¿Tiene servicios?

Ximen

Y buenos.
En el cerco de Caudete
fue a reconocer el lienzo
de la muralla y en ella
le cautivaron.

Rey

Es cierto
que los soldados estimo
como mi corona y cetro.
Que le den quinientos ducados
para el convalecimiento
de su enfermedad, que es justo
se premien atrevimientos.

Ximen
Rey

Mallorca pide Virrey
por este, Señor.
Y es razón le demos
lo que pide, que las Islas
mucho las estimo y quiero.

Ximen

Don Artal de Luna es quien...

Rey

No sigáis, que es pequeño
cargo para quien ha sido
tan grande en todos sus hechos.
Vaya Don Pedro Moncada;
que para Virrey es bueno
un Noble valiente y rico,
si sabe tomar consejo.

Ximen

Por este pide y suplica
Abenzoar que sus pueblos,
si es posible, se rediman
de la Ley que se ha dispuesto;

otro

43

otro

y con esta confianza,
en fe de agradecimiento,
dos millones ha juntado.
Rey

¡Dos millones! ¿A qué efecto?
El Rey que ha de ser buen Rey,
no le ha de vencer dinero,
ni presentes; ni es razón
reinen reyes avarientos.
Lo que una vez he mandado
sirva de Ley y Precepto.
Salgan, que eso quiero yo,
y sus presentes no quiero.

Ximen

Señor...

Rey

¡No me repliques!

Ximen

¡Válgame Dios, que portento
de severidad!

Aben.

Zelauro, hijo, esto es hecho.

Zelau.

¡Airado se muestra el Rey!

Rey

Don Ximen ¿cómo no ha vuelto
el hombre que fue a tomar
deposición del almendro?

Delincuente.

Aún se tarda, Señor,
porque está el almendro lejos
y es bueno que haya llegado.

Rey

Oh, que bueno! según eso,
¿que hay almendro confesáis?
Ved pues si reo os ha hecho
el almendro, pues en él
mando que os ahorquen luego.

Delin.
Rey

¡Oh, nunca hubiera yo hablado!
A la mujer que dio queja
de este hombre, Don Ximen,
44

la meted en un convento;
y ved si hay más memoriales.
Ximen

Este es, Señor, el postrero:
Caudete pide...

Rey

¿Qué pide?

Ximen

Gobernador.

Rey

Yo le ofrezco;
que le tengo prevenido
desde que se ganó el cerco.
Su Gobernador será
Don Rodrigo, que hay gobiernos
que son venturosos siempre
en dar en buenos sujetos.

Ximen

Ya, Señor, dará la una.

Rey

Ese es buen advertimiento:
que es razón que sepa el hombre
como se le pasa el tiempo.

Abenz.

Hijo, aquí ya no hay remedio.

Zelau.

Pues a partirnos, Señor,
aunque con gran sentimiento.

levántase.
Vanse.

Vanse.

Jornada Tercera
Salen Don Rodrigo y Zulema.
D Rodrigo ¿Zulema, ha venido hoy
el médico a visitar
A Pedro López?
Zulema
Ya estar;
45

pero ya a comer no doy,
porque estar tan fatigado...
Zulema

Estar ya tan fatigado
Pedro López, Mi Señor,
que no le quedar valor
para pasar un bocado.

D Rod.

Mucho me duele.

Mucho me duele, que era
hombre de bien, por mi vida.
¿Ya no quiere la comida?
Zulema
No, Senior, echarla fuera.
D Rodrigo Pues al instante vete
y le darás aquel pisto
que he dejado.
Zulema
¡Veva Cresto,
que le diera un pistolete!

¿Hasle dado aquel pisto?
Zulema

¿El cazolete, Señor?

D Rod.

Anda, calla y vete.

Zulema

Ya me voy, y no resisto
a darle, Señor, el pisto;
y aún quisiera un pistolete.

Zelauro

Vase.

Sale Zelauro.
A despedirme de Vos,
Señor Don Rodrigo, vengo.

D Rod.

Esa merced yo la tengo,
en el alma vive Dios;
y esto para entre los dos.
Mucho, Zelauro, he sentido
que tan mal hayan salido
todas vuestras pretensiones,
mas el Rey, por mil razones,
disculpa en todo ha tenido.

Zelauro

Ya, Señor Gobernador,
con mucho gusto nos vamos.
46

y supuesto que os dejamos
prendas de tanto valor
por no pasar el rigor
que la sujeción promete;
no digo yo de Caudete
fuera acertado ausentarme
mas del mundo, por no hallarme
sujeto al valor de Amete.
Lo que yo siento es dejar
un amigo tan amigo
como Vos.
D Rod.

Lo mismo digo;
y que a poder remediar
vuestro disgusto y pesar,
con la sangre de mis venas
lo hiciera yo.

Zelauro

Nuestras penas
se acabarán de una vez
cuando en la ciudad de Fez
nos amparen sus almenas.

D Rod.

¡Que dolor!

Zelauro

¡Que duro trance!

D Rod.

¡Que desdicha!

Zelauro

¡Que tormento
puede igualar al que siento,
pues dá a mis penas alcance!

D Rod.

Que la fortuna, este lance
hecho, amigo, y duro ha sido,
y así quedad advertido,
son golpes de la fortuna,
y el que no tiene ninguna
muy necio o dichoso ha sido.

Zelauro

Voime, con vuestra licencia.
47

D Rod.

Los brazos os quiero dar.

Zelauro

¡Ay, Rodrigo, que pesar!

D Rod.

¡Ay, Zelauro! ¿Qué paciencia
podrá mediar esta ausencia?
Adiós!

Zelauro

Ampáreme el Cielo!

D Rod.

Él os guíe y dé consuelo;
porque dudo haya pesar
como es un hombre dejar
sin morirse el patrio suelo.

Abrázanse.

Vanse.

Salen Montano y Hergasto.
Montano ¿Es posible? No lo creo.
Hergasto ¿No me cree? Bueno está;
por Dios, que cuando verá
muesamo que queda feo,
entonces su mal empleo
llegará a reconocer;
y sin poderse valer,
menoscabada su hacienda,
empezará la contienda
y entonces será el creer.
Yo le digo la verdad:
que el buen mancebo hace pella
para cogerse con ella
so capa de santidad.
Que a mí, por buena amistad,
me tiene dicho y contado
que está muy determinado
por los ruegos de su madre
ir a buscar a su padre,
que dicen que es gran soldado.
Anteayer vendió un rebaño
de borregos, y el dinero
le compuso en el apero;
mire si es bobito el daño.
48

Montano Basta; yo me determino
esta vez, desengañado,
a despedirle.
Hergasto Un pollino
vendió también,
y este robo le supo aplicar al lobo,
que es ladrón a lo divino.
Montano Yo creo que Juan
ha dado en esa flaqueza.
Hergasto Por Dios, Señor, que es la pieza
de condición del Imán.
Montano Con santulario ademán
me ha engañado este villano.
Vive Dios, que con mi mano
la vida le he de quitar,
y con su sangre lavar
este agravio chabacano.
Vamos, que el llano y el monte
he de trepar, hasta tanto
que llegue a ver aquel santo,
polilla de este horizonte.
Tu, Hergasto, al punto dispónte
para ser mi mayoral,
que quien me avisa del mal
y mis aumentos procura,
su buena suerte asegura,
paga y premio de leal.
Hergasto Yo, Señor, voto a mi sayo,
que ha de ver como soy fiel
y que me mato con él
antes que se pase Mayo.
Montano Quédate a Dios.

Vase.

Hergasto Como un rayo
parte Montano: Ah, cruel
envidia! Si da con él
49

por mi testimonio, al fin
yo vengo a ser el Caín
de aquel inocente Abel.
Ya estoy medio arrepentido,
¡válgame Dios! ¿Qué me ha dado?
Mas que propio es el pecado
en haberlo cometido...
¡hallarse un hombre afligido!
¡Ah, malicia desabrida!
pues no ha de haber quien lo impida,
quiero correr y volar,
por ver si puedo estorbar
que no le quiten la vida.

Vasse.

Sale Juan López como en el campo y habrá
una fuente. Lleva rosario.
Juan

Páramo solitario
cuyo silencio al Cielo santo imitas,
del bullicio contrario
adonde el alma humilde solicita
gozar de aquel consuelo
y dulzura mayor que ofrece el Cielo;
en ti quiero alegrarme
sin envidias, tesoros ni grandezas,
pues no puede faltarme
la riqueza mayor de las riquezas.
Si con silencio miro
la grandeza de Dios ¿de que me admiro?
Aquí miro las flores
que el aurora atiza con sus perlas,
y arpados ruiseñores
de flor en flor madrugar a cogerlas,
alternando suaves,
dulces motetes, misteriosos, graves.
Miro esta clara fuente
que, por no murmurar, desliza
su líquida corriente;
y con este silencio, se eterniza,
y traslada, suaves,
la mayor hermosura en sus cristales.
Aquí miro el Prado Gordo
50

que galán le vistió la primavera,
y el blanco ganado todo
le contemplo esparcido en su ribera,
sirviendo de guirnaldas
al campo, de zafiro y esmeraldas.
Pose allá el poderoso
la privanza mayor en sus favores,
que yo, de este reposo
me quisiera alabar entre pastores,
que no hay mejor fortuna
como llegar a no tener alguna.
Aquí mis ejercicios
pastoriles prosigo, y no me canso;
y desterrando vicios
guío mi dulce y regalado Manso,
unas veces al prado,
y otras al monte altivo y elevado.
Aquí con la Aurora,
vestido de esperanza, al Cielo pido
los bienes que atesora
al que los sabe dar y, enternecido,
apenas pido, cuando
me dan, sin merecer, lo que demando.
Aquí, con mi rosario,
paso las cuentas que me toca al dia
sin temer del Contrario
la fuerza del poder y tiranía;
y pues solo me hallo,
esta es buena ocasión para rezarlo.

Sácalo.

Arrodíllase a un lado a rezar y salen Montano
y Hergasto, cada uno por su puerta y, al verlo,
se suspenden.
Montano Aquí el ladrón he hallado;
y antes de darle la muerte
acechar quiero en lo que
está ocupado.
Hergasto Desde este puesto remediar espero
el daño que se espera;
51

que no será razón
Juan López muera.
Juan

Ave, Santísima María,
toda llena de gracia y Reina mía:
el Señor es contigo,
y si contigo está, qué mucho, si eres
lo que yo también digo,
bendita sobre todas las mujeres;
y séalo otro tanto
bendito el fruto de tu vientre santo.
Purísima María,
Madre de Dios, Princesa Soberana,
Estrella, norte y guía,
Alba divina, espléndida mañana:
rogad y haced favores
a todos los que somos pecadores.
Mucho se regocija
mi alma cuando os mira tan dichosa;
el Padre os llama Hija,
el Hijo Madre, el esposo esposa,
y yo, Señora mía,
os llamo Serenísima María.
Cuando llegue la hora
que me toque la cuenta, Virgen Santa,
seréis mi intercesora;
y entre tanta desdicha y pena tanta,
tomad por cuenta mía
el rosario que os rezo cada día.
Más..! Ay, cielo! ¿Qué sueño
es este que oprime mis sentidos,
y al dulce desempeño
les miro en este trance reducidos?
Oh! Morfeo invencible,
que siempre has de vencer es infalible;
mas ya que dormir quiero,
pues el sueño es imagen de la muerte,
Mansísimo Cordero,
por si ante vos estoy cuando despierte,
yo doy en esta calma
al sueño el cuerpo, pero a Vos el alma.
52

Música

Quédase dormido y descúbrese en lo alto la Virgen,
en su trono, rodeada de ángeles y bajando, en una
tramoya, despacio. Canta la música, ínterin baja,
la música siguiente:
Cuando la Aurora María
se pasa a mayor cenit,
quien duda que de sus gracias
mayor copia ha de lucir.
Hombres llegad, venid,
y a María la Gracia pedid.
Rayos de su luz envía
sobre este nuestro país
que a golpe de resplandores
nos hace a todos vivir.
Hombres...
Derrama en nuestro horizonte
otro mejorado Abril
donde son las plantas todas
remedio contra el morir.
Hombres...
Como aparece risueño
halla la tristeza fin,
y como es vida, al mirarla,
se pone la muerte a huir.
Hombres...
Al llegar la Virgen como a una vara del tablado,
al comenzar a hablar, despierta Juan López y se
pone de rodillas.

Virgen

Despierta Juan al acento
de mi voz, que ya la aurora
rompe los vidrios al alba,
dora el campo y flores borda.
Y advierte que yo he bajado
en mi celeste carroza
desde el Imperio, a premiarte
y acreditar tu persona.
53

Por humilde, has granjeado
dos palmas y dos coronas;
la primera por devoto,
y por ser Virgen la otra.
Parte al País Valenciano
luego al instante, que importa,
a hacer una diligencia
que de mi parte me toca.
Ves a Caudete y revela
que en las entrañas piadosas
de la tierra hay una Imagen,
tan bella y tan milagrosa
que ha de ser patrona suya.
Y para que reconozcan
aquel tesoro divino
y deidad majestuosa,
debajo de una retama
está mi retrato y copia
en la partida Los Santos;
este advertimiento nota.
Y para que fe te den,
de esa mano, que hasta ahora
has estado manco, quiero
no lo estés: la salud cobra.
Y para que fe te den,
ves a Paracuellos y toma
auténticas escrituras,
y que estas afirmen todas
como naciste manco.
Y advierte que, si la sombra
de la Gloria te suspende
¿qué será la misma Gloria?

Tiende la mano.

Sube la Virgen por la tramoya, cantando la música
las coplas siguientes:
Música

María a la tierra vino,
ved que ventura tan rara;
y porque no tropezara
Dios le aderezó el camino.
Tan por la posta, llegado
habéis a nuestro lugar,
54

Virgen, que osaré apostar
que no os alcanzó el pecado.
La que concibió a la vida
y es de los cielos la puerta,
tiene otra Gracia encubierta:
que es en Gracia concebida.
Concebida fuisteis Vos,
Virgen, en Gracia, no más,
porque para los demás
no está para gracias Dios.
Juan

Desaparece.

¡Válgame Dios, que hermosura
trepa la región celeste!
¿Qué favor, Virgen, es este
que tanto bien me asegura?
Concededme, Virgen pura,
ya que de vista os perdí,
que, remontado neblí,
publique y cante, Señora,
con voz canora y sonora
toda la gloria que ví.
Dadme gracia, que yo sea,
Torre de David altiva,
el que en vuestra gracia viva,
el que vuestra gracia vea;
que supuesto lo desea
veros el alma insaciable,
Virgen, por gracia impecable,
vuestra gracia he de alcanzar,
que será desgracia estar
sin vuestra gracia admirable.
Hoy a serviros me aplico,
Virgen, como lo mandáis,
y es justo, pues me apremiáis
y estoy de favores rico.
Al mandato no replico,
antes bien quiero partir
para Caudete, y decir
sin seros en nada ingrato,
donde está vuestro retrato,
honra y gloria del Zafir.
55

Montano Ay, engaño! Hergasto fue traidor.
Hergasto Si Señor, yo he sido
traidor; mas arrepentido
estoy de todo a la vez;
y porque se entienda, que
conozco mi perdición,
le pido humilde perdón
y aquí confiesa mi llanto
que Juan López es un santo
y yo soy un bellacón.
Montano Juan esos brazos me ofrece
y a ambos a dos nos perdona,
que cuando el Cielo te abona
tu santidad lo merece.
Juan

Abrázanse.

Muesamo, si le parece,
por satisfecho me doy,
que yo agraviado no estoy!
Antes bien, por ser amigos
hoy llegan a ser testigos
como ya manco no estoy.

Hergasto ¡Que milagro!
Montano ¡Que portento!
Hergasto Yo le vi, no es fantasía,
que aquesta mano tenía
más gafa que un avariento.
Montano Juan, acompañarte intento.
Hergasto Yo también; vamos los tres
a Caudete,
si allí es
donde la Virgen nos llama.
Juan

Si bajo de una retama
la Palma está de Cadés,
venid los dos y veréis
la Morena más graciosa,
56

la imagen más milagrosa
que vio el Cielo.
Montano No dudéis,
Juan, de nuestra compañía;
que, por Dios, con alegría
os hemos de acompañar,
hasta ver desenterrar
la Hermosísima María.

Vanse.

Zulema

Salen el cura y Zulema.
Perdónele Dios, amén.

Cura

¿Fue grande la calentura?

Zulema

Y tan grande, señor Cura,
que suspirar

Cura

Está bien:
ayer le dio Don Ximen
en oro y plata, contados
digo, quinientos ducados,
como el Rey se lo mandó,
y al punto, de ellos testó,
por alivio a sus cuidados.
A un hijo que en Paracuellos
tiene, ha dejado heredero,
con advertencia, primero,
que si viniese por ellos
muestre, para poseerlos,
que está manco de una mano.

Zulema

Según eso, caso es llano:
que el que viniese a heredar
manco se vendrá a quedar
si está de las manos sano.

Cura

Ya he despachado un correo
a Juan López.

Zulema

Bono está:
siendo a heredar, le traerá
57

volando el mismo deseo;
las espolas de Perseo
le recabará su madre,
que es bien tal nombre le cuadre.
Cura

Yo ya le quisiera ver
por llegar a conocer,
un hijo de tan buen padre.
Sale Don Rodrigo
.
Oh, señor Gobernador!
Ya Pedro López pagó
su deuda al Cielo.

D Rod.

¿Mostró compasión en su dolor?

Zulema

Dios le perdonar, Senior.

Cura

Que murió santo recelo,
y para nuestro consuelo
dándole muerte tan buena
Dios le ha sacado de pena
y ha trasplantado en el cielo.

D Rod.

Tu, Zulema, has de velar
esta noche a ese difunto.

Zulema

Oh, Senior, como a mal punto!

D Rod.

¿Qué es eso? Aquí has de estar
y solo lo has de guardar
en esa guardia.

Zulema

Ay de mí!
yo quedar defunto aquí
si con el defunto quedo,
que estar siscado de miedo
y poder doblar por mí.

D Rod.

Este, señor Cura, es perro;
y fingiendo ser cristiano

aparte.
58

que se ha escusado está llano
de aquel general destierro,
y así, con razón, le encierro
en esta sala hasta ver
si el perro sabe morder.
Cura

Burla ha de ser extremada.

D Rod.

Un poco será pesada
y los dos la hemos de ver.

Vanse los dos.

Zulema

¡Bono has quedado, Zulema!
Solo estar; ahora puedes
encomendarte a Mahoma
todo lo que tu quisieres.
Ah! ¿Cómo faltar la luz?
Senior? Senior? Tomó y fuese
y dejóme perdigado
para lo que Dios quisiese.
Hechas demonios mis manos
van tentando las paredes,
y mis narices también
todas a defunto huelen.
Yo quiero entrar en la cuadra
donde está el defunto, y verle,
y sacar luz acá fora;
quiera Mahoma que acierte.
Esta es la puerta... Ay de mí!
¡Que beliaca cara tiene
Perro López! Yo me animo
a entrar... y venga lo que viniere.
Vase.
Salen el Cura y Don Rodrigo al paño.

D Rod.

Desde aquí podemos ver,
señor cura, los papeles
que mis dos criados hacen
contra este moro insolente.

Cura

Está muy bien.

Sale Zulema con una vela encendida.
59

Zulema

Ya, gracias a Alá, estaré
para lo que se ofreciere
mejor que mejor, que el medo
hacer carantoñas sempre.
Sale una fantasma, por la misma puerta y lleva
un pellejo o pergamino para dar a Zulema.

Fant. 1

Zulema... Zulema... Auuu!

Zulema

¿A mí dices? Ay! Que quieres?
Zulema

Fant. 1
Zulema
Fant. 1
Zulema

A mí llamar? Que me quiere?
Mas... Ay, que feo demonio!
¿eres Perro López? Vete,
no querer contigo nada!
No soy Pedro.
¿Pues quien eres?
Embajador de Mahoma.
¿Tu embajador? ¿Pues que quieres?

Fant. 1
Zulema

Llevarte al infierno quiero.
¿Por qué causa?

Fant. 1

Porque vendes
eres cristiano, sabiendo
que mientes, perrazo, mientes.

Zulema

Si senior, miento y remiento,
y rementiré mil veces,
porque me deje y se vaya,
que pienso mis zaraguelles
están de olor que no cogen
y es mucho lo que trascienden.
Se va retirando de espaldas a la otra puerta y por
allí aparece otro fantasma.

Fant 2

Zulema... Zulema... Auuu!

Zulema

Ay, senior, aquí perderme!
¿Qué querer asombro, a sombra?
60

Fant. 2

Llevarte al infierno quiere
Mahoma, pues siendo moro
dices que cristiano eres.

Zulema

No senior, que soy más moro
que no los moros de aliende;
y por Mahoma le juro
que soy moro para siempre.

Fant. 1y2 Zulema... Zulema... Auuu!
Zulema

Esto es hecho. Aquí me prenden
y a los infiernos me llevan
adonde pague el que debe.

Fant. 1

Dame una mano.

Zulema

Toma.

Fant. 2

Esa otra es bien que me entregues.

Zulema

¿Cómo, si tener el luz?

Fant. 2

Yo quiero que la luz sueltes.
Tómanle de las manos, danle y se le cae la luz.

Zulema

Ay, que al infierno me llevan!

Fant. 1y2 Sufre y calla!
Zulema

El diablo puede
sufrir le maten a palos
sin consentir que se queje.
Danle y llévanle. Salen Don Rodrigo y el Cura.

Cura

Por Dios, que ha sido extremada
la burla.

D Rod.

Pues lo merece,
tenga paciencia el perrazo
61

y llévela.
Cura

Cuatro dientes le han faltado
en la batalla.

D Rod.

Mas que le faltaran veinte,
pues diré que en el infierno
ha visto muchos parientes
suyos; y el que de Plutón
llega a ver los eminentes
palacios, jamás se alaba
que pisa verdes tapetes.
Retíranse al lado izquierdo hablando, y salen
Montano, Juan López y Hergasto de camino;
lleva Juan López carta y papeles en el zurrón.

Juan

Gracias al cielo que estamos
en la Villa de Caudete.

Hergasto Por Dios que es apacible
y galán sitio el que tiene.
Montano Que llano que se descubre!
Juan

Dichoso lugar, que albergue
le da a la Reina del Cielo
sin saber el bien que tiene.
Esta gente ¿será del lugar?

Montano Y aun me parece que es gente
de valor, yo quiero hablarles.
Hergasto Razón es que, Señor, llegue.
Montano Señores, por cortesía
suplico a Nuesasmercedes
nos encaminen a donde
la Justicia vive.
Cura

De este lugar el Gobernador
es el que tenéis presente.
62

Montano Pues Señor, Vuesamerced
vea y mire unos papeles
que mi criado Juan López
trae.

busca los papeles
en el zurrón.

Cura

Más si fuese
Juan López, este mancebo
que ya por la herencia viene...!

aparte.

D Rod.

No, Señor Cura, es engaño,
que ha de ser el que pretende
manco, y todos los que miro
bien sanas las manos tienen.

Juan

Gracias a Dios que le hallé.
Esta carta, Señor, viene
al Gobernador y a todos
cuantos el lugar gobiernen.

D Rod.

Dádmele acá ¿quién las envía?

Juan

El Cura y el Arcipreste
de mi lugar, los Alcaldes
y toda la demás gente
de Paracuellos.

Cura

Por Dios,
que a ser manco el mozalbete,
a los quinientos ducados
les daba con la del viernes.

D Rod.

La carta quiero leer,
pues que yo tengo las veces
de todos los oficiales,
y sabré lo que contiene.
Lee:
Señores, en esta Villa consta por verdad autentica
como Juan López, Hijo de Pedro López y de María de la Paz,
nació manco de una mano y, milagrosamente, la Virgen
le ha restituido la salud; y a fin de que por esta verdad
se le dé crédito en lo que dijere y le tenga para mayor acción:
suplicamos a Nuesasmercedes se le dé en cuanto dijere.
El Gobierno de Paracuellos.

dásela.

63

Hermano, para tan poca
cantidad como es quinientos
ducados, es mucho abono
y demasiado el afecto.
Digo que a tiempo venís,
que a vuestro padre tenemos
sin enterrar.
Juan

¡Virgen Santa!
¿Qué es esto que escucho y siento?

D Rod.

¿No sois Juan López?

Juan

Yo soy Juan López.

D Rod.

¿Natural de Paracuellos?

Juan

Sí Señor.

D Rod.

Pues vuestro padre
murió ayer, y le tenemos
del modo que tengo dicho.

Juan

Mil gracias le doy al Cielo
que me trajo para ver
un entierro y desentierro.
Mi Señor Gobernador,
es lo cierto que no vengo
para heredar a mi padre,
sino para hacer heredero
de un tesoro peregrino
a este Lugar.

D Rod.

No os entiendo.

Hergasto Bien puede Su Señoría
dar crédito a este mancebo,
que yo le ví con mis ojos
hablar con la Virgen.
D Rod.

Menos entiendo lo que decís.
64

Juan

Para que no nos cansemos,
en la partida Los Santos
está el tesoro y prometo
que todos los tres venimos
tan solamente por verlo.

Hergasto Sí, mi Señor, con la vista
estaremos muy contentos;
que lo que será el tesoro
aquí nos lo dejaremos.
D Rod.

Que confusión! Señor Cura,
en este caso ¿qué haremos?

Cura

Dar, Señor, al desahogo
lugar, que el tiempo
sacará a la luz este enigma,
como tan grande maestro.

D Rod.

Vuesa Merced dice bien:
quiero admitir el consejo:
vamos de conformidad
todos juntos, y saquemos
el tesoro
que no quieren
los que a sacarle vinieron.

Juan

Gracias al Cielo que vamos.

Montano Vamos, Señor, y llevemos
azadas para cavar.
D Rod.

Que no faltarán, prometo,
azadas y cuanto fuere
menester.

Juan

Guíeme el Cielo.

Vanse.
Sale Zulema.

Zulema

El que quisiere saber
de algunos amigos muertos,
65

yo daré razón de muchos
porque venir del infierno.
Válame Alá! Que haber visto,
(seniores, vamos atentos),
que hay en el infierno algunos
que pensaron ir al cielo.
Padres hay, porque a sus padres
les perdieron el respeto,
sin advertir que estas burlas
vienen a pagar los nietos.
Mujeres he visto allá
que, sin encarecimiento,
se tragaban en el siglo
muchos altares enteros.
Discretos hay, tan burlados,
que se trocaron por necios,
y es engaño, que también
en este caso lo fueron.
Un necio vi, presumido,
tan hinchado y tan soberbio
que el infierno estremecía
con la voz de ¡Yo me entiendo!
Caballeros, Ay! que están
sobre de sí caballeros,
y como bonos jinetes
de su bestia no cayeron.
Oh! Que de lindos he visto
que, peinándose el cabello,
con el tormento que pasan
se olvidan de los tormentos.
Escribanos, ay! que penan,
no por lo mal que escribieron
Si no porque jamás guardaron
el séptimo mandamiento.
Un poeta gravedoso
vi que se estaba comiendo
las uñas, porque tener
en las uñas los conceptos.
Vi sastres, vi boticarios,
doctores, picapiqueros,
que en ajuntarse parecen
las Áspides de Tinéo.
66

Finalmente, he visto nueras
que por no tragar los suegros,
todo un infierno se tragan
como quien traga un cerezo.
¿No hay quien me pregontar nada?
¿Ninguno hay que tener deudos
por allá? ¿todos caliar?
¡Pues a buscar mensajero!

Vase.

Salen el Cura, Don Rodrigo, Juan López, Montano y
Hergasto con azadas y espuertas; y habrá una
retama puesta encima de un sepulcro, donde
estarán Nuestra Señora, San Blas y las demás cosa
que se enterraron por los monjes en el Auto Primero.
Juan

D Rod.

Este es el sitio, señores,
donde está el bien que buscamos,
y la retama que esconde
un Cielo, que tiene a cargo
seiscientos años o más.
Y yo, que vengo informado
de esta verdad infalible,
tomo el azadón y cavo
en nombre de Dios.

Cava.

Yo pienso seguir este rumbo, en tanto
que el Cielo Santo permita
ver el fin de este milagro.
Hergasto, dame esa azada.

Hergasto Señor, por ese otro lado
puede cavar.
D Rod.

Así lo haré.

Cura

También Hergasto y Montano
trabajaran en sacar
lo que se fuere cavando.

Juan

El Señor Cura será
sobre estante, que este rato
yo sé bien que lo dará

Cava.

67

por él más bien empleado.
Cura

Ya que a cavar no me ofrezco,
yo quiero en el entretanto
pedir a Dios que suceda
Pónese de rodillas a hacer
todo como deseamos.
oraciones.
¡válgame el Cielo! ¿qué escucho?
Suena una campana.

Juan

Yo siento, si no me engaño,
una campana que, a voces,
dice en su lengua aquí estamos.

D Rod.

Todos, pienso, la sentimos.

Cura

Señor Don Rodrigo, extraño
suceso, Cavar importa.

D Rod.

No lo tengo por trabajo
el cavar, que en el cavar
parece que hallo descanso.
¡Jesús! ¿Qué caverna es esta?

Levántase.

Vayan con tiento; veamos
lo que la tierra piadosa
nos ofrece en su regazo.

Mirando todo.

Cura

Hergasto ¡Cuerpo de Sán! ¿No reparan,
no ven aquel tabernáculo
que dentro del cóncavo luce
más que del sol los rayos?
Montano Tienes razón, ya le veo;
y aún me parece que al lado
tiene otro más pequeño.
D Rod.

Es la verdad. Entre, Hergasto,
y sáqueles acá fuera.

Juan

No está bien, ni es acertado,
que Hergasto llegue a tocar
el tesoro con sus manos.
68

Montano ¿Pues quién entrará a sacarles?
Juan

¿Quién ha de entrar? ¿No está llano
que al señor Cura le toca?

D Rod.

Pues entre luego y veamos
lo que el Cielo nos ofrece.

Cura

Si está así determinado,
yo, en nombre de Dios me arrojo
al portento que miramos.
Señor Don Rodrigo, el Cielo
hoy nos ampara y quedamos
sin el tesoro, si bien
el verdadero hallamos.
Aquí he rompido una tabla
y he descubierto el retrato
de la Emperatriz del Cielo.

Entra.

Juan

Ese tesoro buscamos.

Cura

¡Qué hermosura peregrina!
Señores, vayan tomando
esta caja de reliquias, que luego
verán el Cielo abreviado.
Esta cruz, esta cajuela,
Va sacando lo que dicen
Ara y lámina que saco,
los versos.
pongan en cobro, que importa
el mirarles más despacio.
Esta campana sin duda
fue la que, viendo cercanos
estos prodigios que vemos,
se repicó por milagro.
Con la decencia posible
tomen este Obispo Santo
que, sin duda, de la Virgen
ha sido depositario.

Juan

Todo está como conviene.

Cura

Pues el Tesoro Sagrado
de la Virgen Santa es este.
69

Denme, si pueden, la mano,
que con esta otra, aunque indigno,
la Virgen de Gracia saco,
que el título así lo dice.
Todos de rodillas.

Juan

¡Que gloria es esta! ¡Que aplauso
se debe a su Majestad!
Virgen Santa, relicario
donde el Verbo se hizo hombre
por todo el género humano,
dadme gracia que en la Gloria
llegue a veros.

D Rod.

Dulce amparo
de los hombres, dadme gracia,
pues hoy la gracia me hallo.

Montano Templo de la Trinidad,
yo no he de ser desgraciado;
hoy vuestra gracia me dad,
hoy vuestra gracia esperamos.
Hergasto ¿Pues Hergasto ha de quedarse
sin gracia de vuestra mano?
Señora, la gracia espero,
que así quedaré agraciado.
Cura

Yo, Virgen, que gracia hube
70

porque aquí me la habéis dado
para que sacase en gracia
toda la gracia en mis manos.
Gracia os pido, dadme gracia,
que con la gracia alentado,
podré vencer la desgracia
quedando de vuestra mano.
Juan

Señores, para sellar
toda esta historia, yo traigo
en este zurrón papeles
que cuidadoso he guardado.
Manco de esta mano estuve;
si a los quinientos ducados
tengo derecho, y de mi padre
los heredo, quiero y mando
que en misas se distribuyan.

D Rod.

Los papeles estimamos,
para poder celebrar
este bien tan soberano.

Cura

Hergasto, vaya al lugar
y avise al clero volando,
para que la procesión
lleve el Divino Retrato
de la Emperatriz del Cielo;
y que Justicia y Jurados
la honren como es razón.

Repican campanas.

Montano Eso fuera, si el milagro
de las campanas no diera
noticias de este milagro.
Ya el Lugar, enternecido,
dulcemente alborotado,
viene en procesión, Señor.
D Rod.

Pues aquí, a esta historia
damos fin, pidiendo perdón
a aqueste Ilustre Senado.

71

FIN
Copié estos Autos yo, Lorenzo Jossepf Evangelio,
Escribano de Su Majestad público del Número
y Ayuntamiento de esta Villa de Paracuellos,
para mi regalo y memoria de su célebre Historia
en ella, y el ingreso de este año de 1762.

Trastos que se ofrecen para estos
Autos de Nuestra Señora de Gracia.
Auto Primero
Jornada Primera
Rameado de teatro.
Bastón para el Gobernador.
Instrumentos Músicos.
Una escoba para el Hermano.
Escopetas y pistolas para los bandoleros.
Unas alforjas y seis pliegos cerrados para el correo.
Tres hábitos de monjes Benitos.
Una cédula escrita con sangre para el correo.
Almagre.
Dos cirios.
Escopeta o trabuco bien cargado para Mireno.
Alforjas, dos conejos, honda y piedras fingidas para el Hermano.
Una medida de Nª Sª para D. Gonzalo.
Una campana.

Jornada Segunda
Cajas y Clarines o dulzaina.
72

Un saco de penitente y un crucifijo para Mireno.
Una estampa de la Virgen que llevan los bandoleros.
Nuestra Señora puesta en el altar.
Cuatro sillas, dos a cada lado.
Bastón para D. Gonzalo.
Un frontal para la bandera del Hermano y sombrero.
El coro.
La tramoya para que baje el ángel cantando con un instrumento.

Jornada Tercera
Un altar bien adornado y en él Nuestra Señora y San Blas.
Una caja.
Una ara, una lámina de plomo, una cruz, una campana, dos
medias tablas y el sepulcro para enterrarlo todo.
Dos azadas y dos espuertas.
Vestido para la visión, horrible y que arroje fuego.
Un saco de penitencia para Mireno.
Un papel escrito para D. Gonzalo.
Un palo para el Hermano.
Escopetas, pólvora, dulzaina y tambor para la guerra.

Auto Segundo
Jornada Primera
Instrumentos músicos.
Un pliego para el Rey, dos bastones para Artal y Rodrigo,
escopetas y pólvora.
Una cruz para Juanillo.
Un zurrón con cruces y santos.
Garrotes y zamarras para los pastores.
Dos o tres sillas.

Jornada Segunda
Una cadena de prisión.
Alforjas, zurrón, una perdiz compuesta, una bota con vino, un
panecillo, unos pimientos, una cestilla y manteles.
73

Un manojo de esparto, una maza y una cruz.
Una silla, un bufete con tapete, tintero, plumas y salvadera.
Seis memoriales que llevará Ximen.

Jornada Tercera
Una fuente.
Rosario para Juanillo.
Instrumentos para cantar música.
La tramoya para que baje la Virgen María.
Bastón para el Cura.
Una vela para Zulema.
Las dos figuras con pellejos para darle a Zulema.
Un zurrón para Juanillo con cartas y papeles.
Dos azadas y dos espuertas.
Una retama florida puesta sobre el sepulcro don de estará
enterrado San Blas y la caja, una ara, lámina, cruz, campana y
dos medias tablas.
Uno prevenido para que repique las campanas.

Foto hecha en Caudete en 1957, con motivo de la Representación
de los Autos de Ntra. Sra. de Gracia por los vecinos de Paracuellos

74

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful