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Unidad 1: Controt bibliogrfico Gabriel Zaid Materiales Editoriales UBA. Carrera de Edicién Los demasiados libros m EDITORIAL ANAGRAMA ARCELONA, AL LECTOR IMPENITENTE ‘A mediados del siglo xv, eutando empezs la impre sidn de libros, se publicaban cientos de titulos anus les, con tirajes de cientos de ejemplares. Predomina ban los textos antiguos (biblicos, griegos, romanos o Patrsticos) en latin 0 traducidos,y las explicaciones ¥ comentarios de los mismos, aunque algunos contem- pporsneos se atrevian a alternar con los clasicos. Quiza Por eso, desde entonces verse en letras de molde parece una consagracion: inmortalizarse como un cl sico, Lo normal era escribir y transcribir manuscri tos, que circulaban entre los amigos y discipules, como circulan hoy las fotocopias, el correo electro 2 Fines del siglo xx, la grafomanta universal publica tun millon de ttulos anuales, con tirajes de miles de ejemplares. Muy pocos se reeditan, menos alin se tra ucen, Predominan los autores que no publican para el piblico, sino para el curriculo, En el otro extremo, estin los que eseriben para el mercado: para educatlo, informarlo o divertrlo ganando dinero. Quedan aparte los libros que nos acompasan: los viejos libros dignos 9 de ser releidos (los clisicos) y los contemporineos Inspirados en esa tradicion, Los demasiados libros son un hecho central para entender el problema del libro, contra los diagnésticos y remedios convencionales. Por ejemplo: que la telev sion es enemiga del libro; que las computadoras lo dejaron sin futuro; que los libros son caros, y por eso no llegan al gran pilblico; que para bajar los costos hay que aumentar los tirajes; que los libros que uno busea deberfan estar en las librerias, Tratando de entender la cuestisn central, de buscar soluciones, de refutar convencionslismos, mi propia zgrafomania me ha puesto en contradiccién: atadir uno mas a los demasiados libros, 10 eS LOS DEMASIADOS LIBROS La gente que quisiera ser culta va con temor a las librerias, se marea ante la inmensidad de todo lo que no ha leido, compra algo que le han dicho que es bbueno, hace el intento de leerlo, sin éxito, y cuando tiene ya media docena de libros sin leer, se siente tan ‘mal que no se atreve a comprar otros. En cambio, la gente verdaderamente culta es capaz de tener en su casa miles de libros que no ha leido, sin perder el aplomo, ni dejar de seguir comprando mas. ‘Toda biblioteca personal es un proyecto de lect: ray, dice un aforismo de José Gaos, La abservacion es tan exacta que, para ser también irénica, requiere la ‘complicidad del lector bajo una especie de imperative ‘moral, que todos mis o menos acatamos: un libro no letlo es un proyecto no cumplide, Tener a la vista libros no leidos es como girar cheques sin fondos: un fraude a Ias visitas mest Dichter, en su Handbook of Consumer Moti ‘vasions, habla de esta mala conciencia en los clubes de libros. Hay gente que se inscribe como si entrara a un festival de la cultura. Pero, a medida que los libros n EE legan y se acumula el tiempo que hace falta para leerlos, cada nueva remesa, y el montén, se wuelven un reproche muy poco festivo: una acusacion de incum plimiento; hasta que rompe con el elub, decepeionada Y resentida de que le siga enviando libros, a pesar de ppagarlos. Por eso se inventaron los libros que no son para leer. Libros que se pueden tener a la vista impunemen: te, sin sentimientos de culpa: diccionarios, enciclope- dias, atlas, libros de arte, de cocina, de consulta biblio- graficos, antoldgicos, obras completas. Libros que la gente discreta prefiere para hacer regalos: porque son. caros, Io cual demuestra aprecio, y porque no amen zan con la cuenta pendiente de responder a la progun- tar «eYa lo leiste?, qué te parecié2s, lo cual demuestra lo mismo. El antieslogan mis anticomercial del mundo pudiera ser, en efecto: «Regale un libro: es como rega Jar una obligaciéne. Los autores de libros no son tan discretos. Dejando aparte los casos extremos (los que Haman para ver en qué pagina va uno, cutndo terminara y, sobre todo, ‘cuando publicara una resefa larga, inteligente objet va), se sienten obligados a repartir obligaciones cada vvez que publican. Ya se sabe que Ia elegancia torera en. estos casos consiste en responder de inmediato con luna tarjeta que diga: «Acabo de recibir su libro. ;Qué estupenda sorpresa Lo felicito y me felicito de antema no por la alegria que me dara leerlo.» (Alfonso Reyes las usaba impresas, con espacios en blanco para la fecha, nombre y titulo.) Si no, la deuda sé triplica y ‘rece a interés compuesto, conforme pasa el tiempo, 2 hasta que Hega un momento en que el deber pendiente delleer ef libro, de escribir una carta, que ya no puede sertan breve, y de formalar un elogio que no sea falso ni mezquino, se vuelve una pesauilla. Nose sabe que es peor, si esto o la tarjeta a vuelta de correo. Pero hay més: gqué hacer fisicamente con el libro? EL autor puede presentarse un dia y encontrarlo sin, abrir. Otru buena medida, que desgraciadamente tam: bien requiere disciplina, seria desflorar las primeras, péginas en el momento de recibirlo, y dejar un marca. or, para indicar la intencién. © hacerlo dessparecer, explicando, si es necesario, que un amnigo se entusias, ‘mo tanto que se lo llevé prestado, antes de que uno Dudiera leerlo. En este caso, es prudente arrancar la decicatoria, Los libros dedicados tienen la extrania vo ceacion de acabar en las librerias de viejo, y hay esas historias horribles de los libros de Dario o de Rilke decicados melosamente Valéry y encontrados des pués con los buquinistas del Sena, sin abrit. O aquella historia del libro de Valle-Arizpe que enconté, inton. 50, en una libreria de viejo, y que compra y envio de ‘nuevo a sui amigo: «Con el renovado alecto de Artemio de Valle-Arigpe» ‘Ina pésima solucién consiste en conservarlos, has ta formar una biblioteca de miles de volumenes, di- ciendo: En realidad, no tengo tiempo de leerlos, lo hago para dejarles una herencia a mis hijos. Excusa ‘cada ver mis débil, hoy que las ciencias adelantan que es una barbaridad. Casi todos los libros se vuelven ‘obsoletos desde ef momento en que se escriben, si no antes. Y la mercadotecnia esta logrando imponer la 13 planted obsofescence hasta de los autores clisicos (con nuevas y mejores ediciones criticas), para acabar con, Ja ruinosa trasmisin de gustos de una generacign a la siguiente, que tanta fuerza resté al mercado en otro tiempo, a formacion de bibliotecas obsoletss para los hijos se justfica como la preservacion de ruinas: por razones puramente arqueologless. Y hay excusas mejores que Ia biblioteca heredable. Si uno forma una biblioteca sobre historia de Tlaxcala, 0, mejor alin, de ediciones del Quijote, nadie tiene derecho a exigirle que haya leido miles de veces el Quijote, una por edicion. Aun que no faltaran visitas inocentes que se escandalicen de ver tantas veces el mismo titulo. 2No es como retra tarse y exhibirse mil veces, bajo mil angulos, con el ‘unio pez gordo que se ha pescado en la vida? Bajo el Imperativo Categerico de Leer y Ser Culo, ‘una biblioteca es una sala de trofeos. La montana magi a es como una pata de elefante que da prestigi, sive de taburete y permite conversat de peligrosas excursio- nesal Africa. ¥ qué decir del ledn que le guiné un ofo al eazador antes de rodara sus pies? Asi, quien tiene las ‘memorias de Churchill, dedicadas y sin abrir, dice Pobre Winston! Por respeto, las guardo como las reci- ‘i. {Qué formidable [edn britanico! Le supliqué al taxi dermista que conservara cuidadosamente el puif. Los cazadores tienen fama de exagerados, Por eso fs un principio de ética profesional del lector que aspira a ser culto no exhibir jamas piezas no cazadas ebidamente. Menos aiin piezas que, en realidad, ley tun amigo, o el guia, en el safari cultural. De ahi tam: 4 bién que un libro solo pueda ser visto como un cadaver disecado, no un animal de presa vivo, Tigres en el tangue de Ia gasolina? Pase. Pero crugiendo por toda la aa, echados en el cuanto de bafio o en Ia cama, estirindose y bostezando en las ventanas, encaramados en los anaqueles? Jamas! Por respeto a las vistas El Imperativo Categorico viene de los libros sagra: dos, Karl Popper (Los libros 9 el milagro de ta democra ie) supone que la cultura occidental nace con la apar. ion del mercado del libro en Atenas, en el siglo V antes de Cristo: el libro comercial acaba con el libro sogrado. Pero cacaba? El mereado es ambivalente, Te- ner en casa ya la mano lo que antes s6lo se veia en el templo es un gran atractivo para la demanda, porque los libros tienen todavia el prestigio del templo. La desacralizacion democritica prospera como simonia: permite vender lo que no tiene precio. No acaba con los libros sagrados: los mulkiplica, ‘Socrates crtied el fetichismo del libro (Fedro). Dos sidlos después, en otro pueblo del libro (el puchlo Diblico), dijo el Kelesiastés (12:12): «componer muchos lib-os es munca aesbar, y estudiar demasiado data la sa luc. Basta de palabras. Todo est escrito.» En el siglo 1, Seneca le escribe a Luclio: «La multitud de libros di. sips el espiritu.» En China, en el siglo 1x, el poeta Po Cha Yi se burla de Lao‘Tsé: «De sabios ¢s callar, los que hablan nada saben, dicen que dijo Lao-Tsé, en un librito de ochocientas paginas.» En Argelia, en el siglo XN, Tbn Jaldiin: «Los demasiados libros sobre un tema hhacen més dificil estudiatlo» (ALmugaddimah, VI, 27). En Alemania, en el siglo xv, Lutero: «La multiud de Is eae eee eee oe ee libros es una calamidad» (Charlas de sobremesa). Don Quijote, al enterarse de que se habia escrito el Quijote shay algunos que asi componen y atrojan libros de st ‘como si fueran bufueloss (I, 3). Descartes: «abandoné el estudio de los libros, decidido a no buscar mis ciencia que en mi mismo 0 en ef gran libro del mundo» (Discurso de! método). Samuel Johnson: «Para conven: ccerse de la vanidad de las esperanzas bumanas, no hay un lugar més impresionante que una biblioteca pl bi Alguna vez propuse un guante de castidad para los autores que no se puedan contener. Pero también pue de servir un bano de agua fria: sumergirse en una gran biblioteca, para desanimarse, come Johnson, ante la ‘multtud de autores desatendidos. Fl progreso ha logra- do que todo ciudadano, no sélo los profetas elegidos, pueda darse el luo de hablar en el desierto cQuign podrii detener la multiplicacién de libros? Por un momento, parecia que iba a ser la televisién, ‘Marshall MeLuhan escribio (jeseribi6!) libros proféti os sobre el fin de los tiempos librescos. Pero la explo- sidn del libro lo dej6 hablando en el desierto, El lanzamiento y apogeo comercial de la television en los Estados Unidos, medido en niimero de hogares ‘con receptores, ue de 1947 a 1960, cuando paso de 16 mil a 45 millones de aparatos, 0 sea pricticamente de ‘cero al 88 4% de los hogares (Warde B. Orden, The Television Business). Todo estaba, pues, lista para aca: bar con el libro. Sin embargo, el nimero de titulos ppublicados cada aflo, en ef mismo periodo, subié a mis el doble: de 7 a 15 mil (Statistical Abstracts of the 16 eee eeeeeeeE— United States). Mayor sorpresa: de 1960 a 1968 volvi6 a doblarse ef numero de titulos anvales, y en un periodo ‘menor, mientras que el numero de hogares con recep: tores, naturalmente, ya no podia subir mas que a la saturacion (98 %), ‘A mediados del siglo XV aparecié la imprenta de caracteres movies en Europa. No sustitayé de inme iato a los copistas, ni a la impresién con placas de madera, pero multiplieé los ttulos disponibles. En el priner siglo de la nueva imprenta se publicaron unas 35,(00 ediciones (Agustin Millares Carlo, Introduceién 4 lahistoria del libro y de la biblioteca), 0 sea 350 titulos por afio, que tal vez empezaron siendo 100. Para 1952 (Robert Escarpit, La revolucién del libro), se publica ‘ban ya unos 250 mil, Esto implica un ritmo de cree rmiento cinco veces mayor que el de la poblacién, Se suponta que la television iba a acabar con ambas expiosiones, pero no sucedio, como puede verse en las cifras para el ato 2000, estimadas a parti del Anuario estadistico 1994 de la Unesco. Después de la television, la poblacion crece al 1,8% anual (en vez del 0,3 % en <1 medio milenio anterior) y la publicacion de libros al 2,8 % anual (en vee del 1,6 % anterior). 145019502000 (Gutenberg) (television) Titles anuales $00 250.000 1.000.000 Pobicién (millones) 500 2500 6.000 Tiulos por millon de habitants 02. 100 ter 7 A partir de estas cifras gruesas, pueden hacerse inter polaciones tambign gruesas. Se publicaron anos 500 tit los en 1550, unos 2.300 en 1650, unos 11,000 en 1750 y ‘unos 50,000 en 1850. La bibliografia acumulada hasta 1550 fue de unos 35.000, hasta 1650 de 150,000, has- '2.1750 de 700,000, hasta 1850 de 3.300.000, hasta 1950 de 16 millones, hasta el atto 2000 de 52 millones. En el primer siglo de la imprenta (1450-1550), se publi caron unos 35 mil titulos, en el ultimo medio siglo (1950-2000) mil veces mis: unos 36 millones. La humanidad publica un libro cada medio minuto, Suponiendo un precio medio de quince délares y un grueso medio de 2 centimetros, harian falta quince rillones de délares y 20 kilometros de anaqueles para Ja ampliacion anual de la biblioteca de Mallarme, si hoy quisiera decis: Helis! La came es triste y he leido todos los libros. Los libros se publican a tal velocidad que nos vuel: ven cada dia més incultos, Si uno leyera un libro dia vio, estaria dejando de leer cuatro mil, publicados el mismo dia. Es decir: sus libros no leidos aumentarian cuatro mil veces més que sus libros leidos, Su incult +a, cuatro mil veces mas que su cultura Es mucho el saber y poco el vivire, dijo Gracién, Pero, de nuevo, el aforismo opera potticamente, mas alls de su verdad cuantitativa, con ese dejo melancoli 0, porque remueve los sentimientos de cllpa que nos da nuestra finitud frente a las tareas infinitas que exige el Imperativo Categérice. Si, hay algo profundamente ‘melancélico en ira una biblioteca o libreria llena de 18 ee ee libros que no Ieeremos jamais. Algo que trae a la memo: ria aquellos versos de Borges: Hay un espejo que me ha visto por altima vez. Hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo, Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndalos) hay algunos que ya nunca abrité e¥ para que leer? ¥ para que escribir? Después de leet cien, mil, diez mil libros en Ia vida, zque se ha lefdo? Nada. Decir: Yo solo sé que no he leida nada, después de leer miles de libros, no es un acto de fingida modestia: es rigurosamente exacto, hasta la primera decimal de cero por ciento. Pero no es auiza, so, exactamente, socraticamente, lo que los muchos libros deberian ensetiarnos? Ser ignorantes a sabien: as, con plena aceptacién, Dejar de ser simplemente Jqnorantes, para legar a ser ignorantes inteligentes. uizd la experiencia de la finitud es el tinico acceso ‘que tenemos ala totalidad que nos llama, y nos pierde, con desmedidas ambiciones totaltariss. Quiza toda ex periencia de infnitud es ilusoria, sino es, precisamen: te experiencia de finitud. Quiza por eso la medida de la Teciura no debe ser el numero de libros leidos, sino el lesado en que nos dejan {Qué demonios importa si uno es culto, esta al dia 0 haa leido todos los libros? Lo que importa es como se anda, c6mo se ve, como se acti despues de leer. Sila ‘alley las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, fisicamente, mis reales. OUPJARSE DE BABEL, De casi todos los libros se venden miles de ejempla res: no decenas ni centenas de miles, menos ain millo- nes, Se dice que es lamentable. Sin pensar Una pelicula requiere cientos de miles de espects: ddores para justificar Ia inversion, Y cqué sucede con las peliculas que no pueden interesar a publicos de ese tamanio? Que no se producen. Por eso, el niimero de peliculas producidas en el mundo no es ni el 19 de los titulos publicados. Si producir y distribuir un libro