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JOSE ANTONIO RAMOS SUCRE OBRA COMPLETA TRAYECTORIA DE JOSE ANTONIO RAMOS SUCRE I—EL POETA ¥ SU OBRA EN EL TIEMPO La nisroris de José Antonio Ramos Sucre es breve como breves fueton su vida y su obta, Vida y obra intensas, sin embargo, que trascienden del 4mbito histdrico que les es propio hacia una més densa confrontacién Hiseraria y hu- mana. Esta ha sido, precisamente, una de les caracterfsticas mas relevantes, que ha encontrado, al corter de los afios, una justificacién precisa y elocuente de su poesia en las nuevas generaciones del pais que han ido a su encuentro, fortale- cidos en Ja eficacia y brillo de su palabra. En efecto, los jévenes escritores agrupados cn “Sardio” (1958) se movieron alrededor de Ja figura y de la obra de Ramos Sucre con exaltada vehemencia ¢ inusitada beligerancia, afortuna. damente, bien conducida y mejor concretada en buenos resultados. Carlos Augusto Leén, poeta de! 30, de la Hamada promocién de “Elite” y del Grupo Cero de “Teoréticos”, escribid en 1945 una breve y hermosa bio- gtatia sobre el poeta: Las piedras mégicas la tivuld y fue el primer ensayo se- tio, biagrafico y critico, pata deslindar con certeza los valores de la obra de Ramos Sucre, constituyéndose desde entonces en un libro imprescindible pa- ra el conocimiento del poeta. Después han venido ottos y otros ensayos sobre ef autor actualizéndolo frente al discurtir de la nueva poesia venezolana; y contribuyendo asi a rescatar de injusta preterici6n una poesia de sostenido y permanente aliento. Hoy dia Ramos Sucre, revalorizado, aleanza la estature de un adelantado de Ja lirica venezolana contempordnea. Es un hecho innegable que en los jdvenes escritores que se inician a partir de 1950, fa admiracién por Ramos Sucre es creciente y en algunos esta admira- cidn aleanza Ja jerarquia de la influencia. Es “una influencia mas que todo for- mal, mas no por cllo menos importante. Formal porque en muchos casos falta Ix el “pathos” de la creacién ramosucreana, y no puede ser de otro modo: su tor- menzo no es comtn a muchos’! “Ha atraido a nuevas promociones potticas la singularidad de Ramos Su- cre, que fai de los primeros en sefialar, Los ha acetcado a él su vida intensa y concentrada —“vibracién inmévil”, como decia Luis Enrique Mérmol— que se asfixiaba en el duro ambiente. Los ha acercado aquella expresién que culti- v6 el poeta y que no era la del comun de sus contempordneos, en cierto aspec- to, aunque por otta parte tenfa —jy como no tenetlo!— ef aire de su tiempo” El acercamiento de los jévenes a la obra de Ramos Sucre cobra mayor im- pottancia a medida que pasa el tiempo. Pareciera —como anota Paz Castillo— que los afios transcurridos desde su muerte han sido, en realidad, “afios de rea- firmacién de su vida de escritor en lz memoria de los hombres y de acerca- miento, cada vez con mayor intimidad a su obra”... Esto explica la afeccién ex- plicita de los nuevos. Después de un largo silencio, “resurgié su producciéa a nueva existencia, sobre todo entre los jGvenes que persiguen, en arte, expre- siones, si no parccidas a las suyas, muy cercanas por el espitita lirico, a las for- tas depuradas de sus poemas en prosas”? Argenis Pérez H., uno de los iltimos en teferirse a la materia, ha escrito que ef poeta venezolano “esté siendo objeto casi permanente de una continua revaloracidn, en funcién de su singularidad artistica, sustanciada a nivel de un discurso poético nuevo, en Ia lirica venezclana contemporénea”.* Ramos Sucre concilia, con admirable lucidez, el poder fundamental del na- trador con la fuerza sugestiva de la poesia, contenida en un lenguaje de extraor- dinarias tonalidades discarsivas, bajo el amparo de alucinantes manifestacio- nes de la imaginacién creadora, Asi se hace presente en buena parte de La Torre de Timén y on Ia totalidad de El cielo de eswralte y Las formas del fuego. El poc- ta de atormentadas formas, el fabulador constante, el perseguide a diatio por Jos fantasmas invisibles de un pasado que recrea a fondo y a conciencia, ofte- ce, en Ultima instancia, su prosa rica de sensaciones, recuerdos, profectas y ptemoniciones, como un fruto maceredo en el fondo del més remoto vértigo de una irrealidad amenazante y trdgica. Es la desolacién del creador lo que mayormente atrae al lector de nuestros dias, como un rito inexorable. La sin- gularidad del poeta, su originalidad cenital exptesada en un estilo de cortado parrafo, sitve de base a la busqueda de que ha sido objeto por parte de las jovenes gencraciones literarias del pais. De este modo, Ramos Sucte se con- vierte, por obra y gracia de su fuerza poética, en el autor de mayor influencia y atraccién para las jévenes generaciones en lo que va de 1950 a esta parte, Qué sedujo de tal forma a esas nuevas corrientes de expresién literaria en el afatls Augusto Leén. “Invitacidn a Ja critica”, Papel Literario de Ef Nacional, 14-VI-1970. Idem, 3Fetnando Paz Castillo. José Antonia Ramos Sucre, el solitario de La Torre de Timén. Editorial Arte, Caracas, 1973, pp. 23-24. Argenis Pérez H. “La esiética romdncica en José Antonio Ramos Sucre”, En Memoria del LI Simposio de Docentes ¢ Investigadores de ta Literatura Venezolana. Mérida, Vene- zuela, Tomo II, p. 258. pais? No fue, de cierto, la forma impecable en que el poeta clabora sus cuida- dos textos, ya oficializada en las més destacadas figuras del modernismo vene- zolano, obedientes al dominio expansivo de Rubén Dario. Fue, por el contra- rio, la parte incontaminada de su materia poética. Es decir, la fuerza incontras- table de aquella desbordada pasisn imaginativa, asediada por un devastador destino de atormentado y alucinado ser, enfrentado con impredecible rebeldia al reto exterminador de un mundo hostil y negador de Ja existencia. De este modo, Ramos Sucre se convierte en un antecedente sin testigos de la nueva poesia venezolana, por la trascendencia de una obra que parece surgir, como fruto de alquimia a través de las misteriosas zonas de un submundo mi- tologizado, de la mds resonante experiencia de un hombre solitario, sometido a Jas severas pruebas de un desastre emocional, particular y absoluto. Ramos Sucte sobresale por la universalidad o cosmopolitismo de su poesia, sin ataduras visibles a una especifica identidad regional o comarcana. Esta es la via del acercamiento que siguen los jdvenes poetas de “Sardio”, “Tabla Redonda” y “El techo de {a balfena’”’. Colocan al pocta en un nivel de especial reconocimiento: es el adelantado 0 precursor que sefiala el camino. Ast se produce la sacralizacién del autor de La Torre de Timdn, establecién- dose desde entonces como el poeta venezolano més trascendente de las ulti- mas décadas, tanto en el Ambito poético propiamente dicho como en el na rtativo. Al respecto dice Francisco Pérez Perdomo: “Entre los escritores venezola- nos tal vez sea José Antonio Ramos Sucre el més admirado por las tltines pro- mociones poéticas del pais” > Y Ludovico Silva recuerda que el contacto con las prosas de Ramos Sucte de los poetas de la generacién de 1958 tuvo un efecto revolucionario: “Al contacto con este gran poeta, los jévenes creadores sintieron que habia, déca- das atras, quienes los respaldaran cn su cmpefio de transformar los esquemas poéticos que, de una u otra manera, pese a la revolucién del grupo “Viernes” persistia en nuestras letras. No solamente se desterrd ef temor sacramental a los metros y a la rima (desterrados en cuanto a “‘obligacidn”’, por supuesto, y no de un modo absoluta), sino que de una vez por todas comenzaron a surgir por doquier fibros de poesia (en proses), entre los cuales Los cuadernos det destierro, de Rafael Cadenas, se destaca como paradigma. Se volvid, bajo este impacto, a Icer a Rimbaud y a los surrealistas y se asimilé en nuestro pais de una vez por todas el espiritu de 1a Ifriea moderna. Corresponde a Ramos Su- cte, de este modo, un sitial como gran adelantado, y por ello no debe sorpren- der a nadic que cn su época fuese considerado como un ente extraiio poseido por calenturas y demonios. Lo que habia hecho no era otra cosa que incorpo- tar la poesia venezolana a la modernidad, Su cultura y sus dones poéticos le ayudaron, aunque la fragilidad y la cortedad de su existencia —“antes de tiem- po y casi en flor cortada”, que diria Garcilaso— Je impidieron Ilevar su revo- Francisco Pérez Perdomo, Introduccién a Antologia Poética de J. A. Rantos Sucre. Monte Avila Editores, C.A., Caracas, 1969, p. 7. XI lucién hasta el punto en que sdlo pudieron Hevarla después gtandes poctas co- mo Vallejo y Neruda’”.S “Un rasgo positivo de las nuevas generaciones venezolanas —agrega el mis- mo ensayista— lo constituye el reconocimiento de Jz grandeza de Ramos Su- cre como poeta. Hoy, sélo los rezagados contindan Hamdndolo “prosista”, im- plicando con ello el vergonrante juicio de valor de que Ramos Sucre, a fin de cuentas, no fue poeta porque no escribié versos. Pienso que hubiera pedido ha- cerlos con alta grado de perfecciéa, y por ello mismo, pienso también que en esa misma medida se eleva el valor de sus textos, tal como fo conacemos. Fue petfectamente consciente de su tarea, y tuvo un propdsito muy definido, que sélo hasta ahora ha venido a ser valorado en su justa dimensidn. Elo consti- tuye una Ieccién para todos nosotros. Con el antecedente de Ramos Sucte, ya no se le podrd jamés perdonar a ningiin poeta venevolano el no ser perfecta- mente consciente de los recursos que emplea y de Ia situacién histérica en que vive”? José Antonio Ramos Sucre escribié una obra sefialada por su evidente origi- nalidad en el medio venezolano en que tuvo lugar. En tal virtud es una obra de especiales métitos que sobresale por sobre otras de sus contemporéneos, De aqui surge, inequivocamente, la figura del autor como un creador impat, sus. ceptible de ser considerado entre los primetos nombres de la literatura nacio- nal que se inicia en Jos afios fecundos del 900. Su prosa, densa, castigada, en- frentada a todo excesa en busca de Ia eficacia en la comunicacién esctita, ri- gurosa en el exacto cumplimiento de su cometido, revela en primeros planos las singularidades de un espiritu dotado de amplias facultades para el arte literario. No es, por cso, extrafio que la generalidad de quienes se han acercado al estudio de su poesja, destaque, en primer lugar, las excelencias de esa obra lice- taria como manifestacién de una indiscutible personalidad creadora, revelada en Ja amplitud generosa de un gran dominio del intelecto y 1a cultura. Y que por eso mismo se itate de ubicar insistentemente, a largos aiies distantes de su vida, en un sitio de privilegio y de recordacién en el panorama de las letras nacionales y latinoamericanas. Esa caracterfstica de excepcién ya no se pone en duda en nuestros dias, cuan- do se ha realizado, a todo io largo y ancho de estos afios, una como especie de revalorizacién del autor y de su prosa poética, conceptuada entre las de mayor brillo y consistencia de las que haya dado muesteas la literatura vene- zolana contempordnea. SLudovico Silva, “Ramos Sucte y nosottos”, Revista Nacional de Cultura, n° 219, Caracas, marzo-abril, 1975, pp. 6465. “bid. p. 70. xIL Félix Armando Néfiez, autor de un sobrio y ponderado prdlogo a sus Obras, escribe al respecto: “Hay en las letras verezolanas y de Hispanoamérica una obra aparte: J2 de José Antonio Ramos Sucre. Su valor, entrevisto por los me- jores de sus compatriotas y contemporéneos, se estima més cada dia a partir de su muerte”.* Con similar énfasis al de Nuitez se pronuncia Francisco Pérez Perdomo, cuan- do aborda la peripecia de colocar al estudiado en el sitio de bonor que le co- tresponde, Pérez Perdomo se refiere a la obra del poeta més all4 del ambito exclusi- vamente nacional, consideréndolo como creador de una poesfa que trasciende al mundo continental, Asi expresa que Ramos Sucre resulta “ano de los (poe- tas) més renovadores que haya producido Ja poesia Iatinoamericana”.? Juicio con el cual habra de estar de acuerdo quien tenga acceso, como ahora, a través de esta edicién de la Biblioteca Ayacucho, a la presentacién orgénica y comple- ta de su obra. Y otro ensayista y poeta de las nuevas promociones literarias del pafs, Eu- genio Montejo, precisando el alcance de Ja obra de Ramos Sucre, Ja califica co- mo “una de las tentativas més audaces a que se haya consagrado creador algu- no entre nosotros durante el presente siglo”. “Por esto, puede decirse’” —aiia- de— “que en sus péginas se verifica una posibilidad superior raramente al- canzada entre nosotros”, Sin embargo, esa obra, asi definida, “escapé sustan- cialmente a sus contemperdncos’!° Por otra parte —y paralclamente al hecho mencionado— Ja polémica en tor- no a José Antonio Ramos Sucre no se ha cerrado atin entre nesottos. Parecie- ta, a! contrario, que mientras més transcurre el tiempo més se avivan los extre- ios de un debate que siendo critico y literarie a un tiempo invade igualmente el terreno de la vida personal de] autor y, avin mds, su intimidad El hombre, pero en mayor razén ¢l hombre de letras, responde inequivoca- mente a las caracteristicas inherentes a su propia formacién intelectual. El caso de Ramos Sucre es mas ilustrativo y elocuente que muchos otros en este sen- tido, Su formacién humanistica, que arsanca de la infancia y se acendra en el curso de sus afios mayores, le habré de suplir fa més amplia base, histérica y estética, para su afén creador, Por otra pate, Ramos Sucte responde, con seguridad de esforzado que en- srevé desde su exilio humana otras perspectives estéticas, a aquellas incitacio- SLiglix Armando Niifiez. Prdlogo. En Obras de José Antonio Ramos Sucre. Ediciones del Ministerio de Educactén, Direccida de Cultura y Bells Arces, Caracas, 1956, p. ?. SErancisco Pérez Perdomo. Op. cit. p. 9. Eugenio Montcjo, La venlana ablicua. Ediciones de la Universidad de Carabobo, Va- lencie, 1974, p. 69. XU nes particulares de que es objeto por parte del condicionamiento litetario de su tiempo, Ramos Sucre cs un hombre del modernismo, tal vez de un modetnis- mo tardio, pero que adelanta el paso suficiente hacia otras mayores conquis- tas de su trabajo intelectual. Por eso labrar4 con fervor inusitado la perfeccién lingitistica de su estilo. Por eso tenderé a evadirse sistemdticamente del agobio insular de una literatura que poco o nada aportaba a su vehemencia de ade- Jantade. No fue, en tal sentido, un seguidor inconsistente y sin prestancia de férmulas caducas, que ya anunciaban cansancio y pobreza en Ja repeticién. As- pitaba, por cl conttario, a otros aires contagiosos, a otros sucesos de mayor envergadura que lo condujeran a la experiencia solar de la palabra, Su esoteris. mo, su evasién, su buisqueda enconada de orra realidad, distinta 2 la percibida cotidianamente en ef tréfago de la vecindad cataquefia de su tiempo, lo acerca al vértice modernista, al ritual parnasiano de la “torre de marfil” o del ‘arte por el arte”, a le entonacién hermética de los simbolistass pero, al propio tiem. Po, le procura ese reconfortante espacio para diluir ef ardor indeleble en la fen gua del lenguaje, enriquecido en el trafico constante del estudio, y esa inefable condicién del esteta que se reconcilia soberanamente con su propia ¢ inexcu. sable tevelacién personal: ese mundo que va por dentro y anima al hombre en su hazafia constante del vivir y del crear. Ramos Sucte no se desliga de Ja praxis de su tiempo, pero tampoco se deja conducir ni limitar por sus exptesiones. Por el contrario, aspira a resolver su enfreatamiento con el rmindo, en una sélida y gallarda manifestacién de indi- vidualismo estético tendido hacia el futuro, hacia mis abiertas y vastas clari- dades, buenas para alimentar la fe del hombre en la eficacia y perdurabilidad del arte literario, Lo menos affn con Ramos Sucte es el nacionalismo, cettado a los francos aires del exterior. De alli el cardcter cosmopolita de su prasa, La cual era una respuesta a un posible mundo —real o ficticio— a que lo con. denaban las experiencias del momento venezolano de comienzos de siglo, cru- zado, de una parte, por Ia vencida estética de un modernismo a la venezolana y de otra por [a tentativa criollizante de la més significativa literatura de la €poca. Pero no se trata de un desligamiento que reniegue del gentilicio: en buena parte de Ia narracién se percibird un hdlito de esencias venezolanas que Pugnan por manifestar su ascendencia a tradicién, sélo que la tentativa mayor gue apunta hacia lo universal arrastrard inevitablemente, como un torrente poderoso, ese brote insular de la prosa. Buena parte de su libro Le Torre de Timéa alude a la citcunstancia venezolana con cierto apego y simpatia, de- mostrando que las ra{ces del poeta no estaban del iodo desasistidas de la nu- triente fuerza teltirica que depara la consistencia y perennidad de un esfuerzo gue conjuga lo emotive y racionzl, lo real y Jo irreal, lo cierto y lo imaginatio, También esto tiene que hacer con el ambiente politico que se cierne, como una pesada Iosa, sobre el quehacer intelectual de aquellos hombres a quienes les tocé vivir en carne propia la tremenda experiencia de la dictadura gome- cista. ExpresiOn de una juvented Jiteraria marginada, Ramos Sucre también, como otros tantos de sus compafieros de generacida, tuvo que apelar a un es- xiv fuerzo que rehtye el enfrentamiento virtual de Ja realidad por las vias de la evasién y la universalidad del contenido de su obra. La diversidad de los ambientes exdticos reducidos a una reminiscente pro- sodia de inmediatez o ef Jogro mayor de aquel desfile inusitado de los mas extrafios personajes extraidos de la historia pasada, que tan a fondo conocfa en su peregrinaje humanista, son formas de una irrealided, de une abstraccida forzada por el empefio multisecular de su desbordada fantasia, a través de un desolador espacio, que Tena de congojas y amarguras al espfrita contrito. Con tal de no estar aqui, en este momento, la imaginacién del poeta Jo hace vagar inconteniblemente por todas partes y por todos los tiempos. Es un cosmopoli- tismo sustentado en una continua aventura, en un desmesurado viaje que abar- cay disemina a capricho ea su escritura las mas conspicuas edades del mundo y de la historia: Grecia, Roma, Bizancio, Ja Edad Antigua, la Edad Media, el Renacimieato. Actores son fos hombres y los pueblos. Actor es el mismo poeta encarnando distintos personajes. El introvertido se trueca en un extro- vertido que asume los mds diverscs papeles de la escena. La literatura clasica Je presta, asimismo, motives para sv acendramiento literario y muchos son los temas recreados por la tenaz y fecunda fantasia del autor. Apasionadamente se funden en su prosa nombres de posvas y artistas. Pasa insensiblemente de Goethe y Dante a Leopardi y Cervantes, de Leonardo a Tiziano y Durero, de Homero a Plutarco y Ovidio. Los tiempos, los personajes, los paisajes, se confun- den snimadamente desde el fondo resonante de la prosa castigada a profundidad. Parecfa pasar a propésito de un lugar histérico a otro, de la leyenda a la resefia circunstanciada de los sucesos més insdlitos, de la Edad Antigua a Ja Edad Me- dia y de ésta al Renacimiento para hacer el sefialamiento de aquellas figuras in- verosimiles que deambulan con el rigor de los perseguidos en sus paginas ve- races, No hay sosiego ni esperanza en sus testimonios. Todo parece regido pos el fatum ineluctable de la tragedia. Un soplo de crueldad inexorable domina el amplio espectro documental de Ia ficcién narrativa. Como un lector culzo, més atin: como un humanista enardecido por la pa- sién y Ia porffa de Ia alienacién en el tiempo histérico, pleno de resonancias seculares, se nos aparece este poeta venezolano. Esa actitud, es el signe per- manente de su evasién hacia el pasado, donde convoca los mds extrafios ritos y sucesos. El simbolo preside su: expresisa literaria, animada por un cierto tono decadentista que es perceptible, de manera inequivoca, en el juego crepuscular de sus imagenes, rescatades del incendio solar del «répico americana al rememo- rar edades y paisajes de otras latitudes, donde la niebla y la imprecisa circuns- tancia de “otra realidad” dan la inmpresiéa de sustituir el mundo real por el mundo imaginado. Sin que el autor [o pueda evitar, su estilo tiende a un sig- nificativo rebuscamiento de la expresién que lo acerca demasiado al preciosismo modernista, El uso del adjetivo complementario o explicativo, la insistencia en los términos raros y fuera del tiempo, ya inutilizados a veces por la misma vi- gencia del pasado, que se da sobre todo en sus dos iiltimos libros, es caracte- ristico de esta tendencia que, de alguna forma, Jo acerca a las huestes rubenia- xv nas, ya en franca decadencia a finales de la segunda década del siglo. Pero de esta tentacién lo salva, finalmente, su conciencia de escritor comprometido con un esfuerzo de mayor envergadura, desasido de la obediencia formal y I6gica a una determinada escuela. Y ha sido precisamente esta tevelacin la que ha Itevado a alguaos autores —no sin cierta exageracién— a ubicar al poeta venezolano entre los precursoces de la vanguardia y del surrealismo.!! Lo cual silo puede explicarse por la calidad de su poesia inscrita en los cuadros mds tigurosos de] hermetismo y del simbolismo en general. T.—EL TRANSITO VITAL José Antonio Ramos Sucre nacié en Cumand, capital del Estado Sucre, el 9 de junio de 1890; murid en Ginebra el 13 de junio de 1930, victima de su propia soledad, Pertenccia a una noble familia de} Ingar. Por via de su madre dofia Rita Sucre de Ramos, descendia de lz rama principal del Gran Mariscal de Aya- cucho, Antonio José de Sucre. Su padre fue Don Gerénimo Ramos Martinez, en quien se dieron notas de aficién intelectual. Uno de sus tos abuelos, el Pbro. Dr. José Antonio Ramos Gonzalez, —segin relata Félix Armando Ni- Aez— “habia sido latinista notable y dejé una monografia interesantisima sobre “Los Gobemadores de Nueva Andalucia”, Habla, pues, en la familia Ramos Sucre anteccdenies formales de inclinacién literaria y humenistica que han debido influir segucamente en el espiritu del nifio, Su infancia wanscurtié en el ambiente sosegaclo de la Cumand de finales de siglo xix. Su adolescencia despietta igualmente allf en ics albores del nuevo siglo xx. La primera déada del mismo fortalece su formacién intelectual con slidos cimientos en la recoleta ciudad de sus mayotes. A los 20 aiios obiuvo el titulo de bechiller con notas de excelencia, cuande ya eta experto en varios idiomas vivos y muertos, que habia aprendido por iniciativa propia, Su infancia no ha debido ser distinta a Ia de otros nifios de su propia época. Sin embargo, en algo ha debido influir el apartamiento y esquives con que daba muestras frente al halago de Ja compaiiia colectiva. El retraimiento propio de una introversin exacerbada ha debido pesar, nalmente, ett las relaciones de la amistad primera, como después, se hizo evi- dente en Ja etapa de su vida caraquefia. Hay en sa obra insistentes alusioncs a la infancia que bien pudieran compaginarse con la experiencia personal de aque- MUStefan Baclu. Antologia det surrealismo fatinoamericeno, Editorial Joaquin Mortiz, S.A, México, 1974, p. 138. iPelix Armando Néfez. Op. cil, p. 9 llos aifos de iniciacién y definir Ia complejidad de su espfritu frente al proteico espectdculo del mando. Eses circunstancias biogréficas de su nifiez explicarfan, por si mismas, el cardcter de aquel mundo primigenio tan persistente luego en toda su obra de escritor adulto, Por ejemplo cuando dice, como una premonicién: “Un ciprés enigmatico domina el horizonte de mi infancia”. (El alumno de Violante. Fé cielo de esmal- te), O el sefialamiento de aquella insistente materia de poesia: ‘Yo cultivo les memorias de mi nifiez meditabunda”. (La ciudad de los espejismos. El eéelo de esmalte). Pero a ratos también en plano explicativo concreto, con valor de referencia personal de su conducta: “Yo no acostumbraba salir de casa en la ciudad de mi infancia”. (El clamor. E! cielo de esmalte). Lag primeras letras las aprendié en la escuela de D. Jacinto Alareén, cn Cumana, “Seguin el decir de sus compafieros de enonces, —anota Carlos Au- gusto Leén— era un nifio parco en el jugar y entrepaba su cordialidad a con- tados amigos, sin dejar por ello de ser alegre. Extraordinariamente inteligente, ocupaba el primer puesto cn la clase”. Sefiala asimismo Carlos Augusto Leén que sv tio el Pbro. Dr. José Antonio Ramos Martinez, cura y Vicario de Canipano, jugé un papel importantisimo en la direccién humanistica del primer aprendizaje de Ramos Sucre. “Atraido por el brillante talento del nifio, pidié IMevarselo consigo. Queria esmerarse en su adecuada insttuccién”. En Cartpano fue inscrito en la Escuela de Don José Jestis Martinez Mata, Pero —agrega Carlos Augusto Leén—: “...no era la escuela el sitio predilecto del muchacho. El tfo clérigo habla decidido tas. pasatle tode el caudal de sus conocimientos, De 1 recibia clases de Latia y constante instruccién general. José Antonio estudiaba. Aprendia el doble de las paginas fijadas para su estudio en cada leccidn, En la biblioteca del tio lela durante largas horas. Después, en la escuela, asombrabanse sus condiscipulos de cémo respondia, cu4n rapido y fécil, las preguntas del profesor”. A Jos 14 afios comenzé estudios de secundaria en el Colegio Nacional de Cu- mand, ditigido por D. José Silverio Gonzdlez, de quien fue ayudanie “en las clases de Latin, idioma dominado por él a sus dieciséis afios de edad. En aquel tiempo hizo estudios profundes de Francés, Inglés ¢ Italiano. Cotnenzé a estudiar Alemin”,? Meses después de obtenido el grado de bachiller se produjo su viaje a Caracas para seguir estudios en la Universidad. En 1917 obtuvo el grado de doctor en Ciencias Politicas. Nunca dejé de estudiar, de aprender, profundizando cada dia sus concci- mientos 0 ampliando atin més lo ya conocido con nuevas cosas: “Su biografia —comenta Carlos Augusto Leén— es la historia de sus imumerables estu- 13Caclos Augusio Len. Las piedras mdgicas, Caracas Suma, 1945. idem W]bid. p. 12. XVIL dios”. Incluso hubo amigo suyo que exclamaria que “en é el saber constitufa un morbo”. A lo que afiade Carlos Augusto Ledn: “Su biblioteca es sefial de cuanto estudié, de cuanto supo”."* “El estudio es mi tnico consuelo”, le dijo una vez el pocta a su amiga y conterraneo Diego Cérdoba.!? Esa inclinacién y especie de asidero espiritual Pata su inquieto ¢ inestable temperamento era manifiesto ya desde la propia nifiez. “Precoz en Jn sabiduria, existencia de cartujo y estoico —afiade Cérdoba—, dificil seria desciftar el misterio que envolyid, desde joven, el destino de aquel introvertide y nervioso venezolano, flaco de cuerpo, blanco, de ojos azules, quijotesco un poco (...} Clarisima inteligencia, extraordinaria memo- sia, ingenio agude y voluntad de acero, estudiar, aprender, era sx unico con- suelo. Concluidas nuestras tareas escolares, mientras todos los alumnos nos ibamos a los billares o a otras distracciones propias de la edad, nuestro més circunspecto compaficro y cl més sobresaliente en las aulas, silencioso y taci- turno se dirigfa a su casa, a mecerse en el cilicio de su autodisciplina, y se en- utegaba a aprender idiomas, ademds del latin y el griego, el francés, ef inglés y el alemén o en Ja rica biblioteca de su padre don Gerénimo, verén ilustre, se abstraia estudiando a los clésicos Jacinos, en tanto anotaba al matgen de sus lecturas pensamientos, axiomas, fabulas y versos, toda cuanta noticia impre- sionara su espiritu desesperadamente Avido de conocimiento”.! “Lo comtin en él era que hasta bien tatde de Ja noche estuviese cerca de Ia palmatoria en su cuarto de desvelado, leyendo y leyendo, mientras la familia teposaba y la tranguila ciudad de los Sucre dormfa apenas arrullada por las tibias brisas del Manzanares o sacudida por Jos fuertes vientos del mar Caribe. Podian ser los alegres dias de Carnaval o de la Pascua Florida o Ja ficsta social en las casas amigas y José Antonio ni con eso ni con nada se separaba de sus libros. No se le vefa ni aun en el templo de Santa Inés, en las grandes fiestas de la Semana Santa, tan rumbosas en Cumané, ni se supo nunca que tuviera la inquietadora y dulce novia de provincia” 2° “En las horas de esparcimiento —sefiala Paz Castillo— no se echaba al cam po a jugar con los compafieros, a bogar en ¢! célido mar de su Comand, para la cual siempre tiene devoto carifio de hijo, a nadar en el Manzanares bordeada de palmetas como un io sagrado de le India, a caltar, con el cuerpo desnudo en el agua clara de [a amanecida, bajo el limpio cielo de esa Grecia tropical. Erudito desde [a infancia, buscaba [a soledad egligica para leer, a hurtadillas, algin grueso volumen de historia narrativa, o alguna entretenida novela de Walter Scott o Alejandro Dumas”?! Wlbid. p, 12. U Diego Cérdobs. “José Antonio Ramos Sucie, gexstencialista?” Mis memorias de Caracas, del Modernisma, la Bobemia, y 1a Dictadura. México, 1955, p, 123. 1815: pp. 125-124, Widens. pp. 123-124, 20 bid. p. 123. 21Fernando Paz Castillo, Op. cit. pp. 11-12. XVIII Otro condiscipulo de ia infancia, J. A. Cova, lo recuerda, ya adulto y con- viviendo en Caracas, como una verdadera excepcién en el grupo de escritores venezolanos de su época, tanto por su cultura cldsica como por el simbolismo de su poesfa. “‘Parecia un monje laico”, “se reconfortaba en la soledad. Desdefiaba Ja multitud y jams llegé a mezclarse en cella. El ntimero de sus amigos fue siempre reducido. Intimidades no tuvo con nadie. Ni con los miembros de su fa- milia. Era el gran solitatio. Daba Ja impresiéa de una isla reducida, en pleno océano, sin vegetacién, azotada por frecuentes tormentas (...} Muy nifios, en nuestra Cumand nativa, le vimos pasar por las calles, siempre mono- logando, con un libro en la mano. Alls tampoco se prodigd a nadie. Vivia “metido de cabeza” en la biblioteca que heredara de su tio, el gran humanista cumangs presbitero Ramos Martinez, Sus primeros dias de juventud los pasé encerrado en esa biblioteca donde comenzéd —sin maestres— su formacién in- telectual. Eta el perfecto autodidacta, que sin ayuda de vecinos se daba todos Jos dias sus propias lecciones” 2 Carlos Augusto Leén apunta igualmente que eta “Un muchacho ingenioso y recatado, con escasos amigos; no exento, sin embargo, de alegria. Siempre estuve mas cerca de las letras, mas lejano de los hombres. Una insaciable curio- sidad cientifica y filosdfica lo Janzeba sin cesar hacia la atmésfera tibia de los salones de estudio, hacia los libros innemerables, hacia el misterio de las len- guzs extrafias, donde ms adelante entratfa con la Have del Griego y del Latin, suerte de ‘santo y sefia’ a fa puerta de los idiomas desconocidos. Si alguien le echaba en cara su deficiencia en el estudio de las Matemiticas, se daba a luchar con ellas, hasta alcanzar su dominio. La historia le abrié un panorama fantas- tico. ¥ toda su iniciacién fue al edo de aquel clérigo, bajo el signo, precisa- mente, de lo ascético; bajo el dedo levantado de su maestro catdlicu. La sed de saber, impulsada por un claro talento y wna magnifica memoria, se unia, cn aquella infancia de sabio, al Latin lejano en Ia historia; a una erudicién, como la del tio, lena de cristiano sentimiento de desprecio para lo terrenal ¢ inme- diato. Asi comenzd una vida trdgica y solitaria, cuya mayor alegria estaba cn aumentar el saber, en tiunfar cada dia sobre una nueva fiera de misterio erguida ante él, conquistando Ia blanca flor de un nuevo conocimiento. Y en él se cumplis lo de: “Quien afiade ciencia aiiade dolor”, dicho ha tanto tiempo por el Rey sabio y cansado”,# Su prologuista de Obras, publicada en 1956 por el Ministerio de Educacién, se manifiesta en parecidos términos a los anteriores cuando reconstruye esa etapa de su formacién. “Todos los testimonios coinciden —dice— en gue José Antonio fue un nifio extraordinariamente precoz y como ocurre en estos casos no tuvo en ver- dad infancia. Ofa 4vidamente a los mayores, patientes y maestros; estudiaba sin descanso y aprendia con facilidad pasmosa. Su amot al latin y a las lenguas 2}, A, Cova. Bosetos de hoy para retvatos de preitana, Madrid-Catacas, Jaime Villeges, edivor, 1953, pp. 205-206. 26Carlos Augusto Ledn. Op. cit. p. 18, xIx clésicas en general y a les culturas madres aparece como una doble consecuen- cia del ambiente y el talento de privilegio” Luis Correa lo evoca, sentimental, en el trance doloroso de su muerte: “Me acostumbré a quererio desde el dia en que, rompiendo vallas a su carécter, en la codiciada soledad en que espird a vivir desde nifio, me oftecié su amistad, toda impetu cordial, noble y seficra como el abolengo cumanés que decoraba su gentilicio (...) Su educacidn, segtin el mismo solfa refetirme, fee una pro- testa airada, viril y sostenida, contra los cambios intelectuales y sociales que se operaban cn La recatada ciudad de su nacimicnto. Detesié las cosas transitorias; buses en ef pasado las lecciones permanentes de energia, de amoz o de belleze, que pudieran servir al alto concepto de justicia que jalond su vida ciudadana” 2) “\. .Fue asi como se hizo, por propia voluntad, a esfuerzos que al fin que- brantaron sus netvios exasperados, el primer humanista con que contaba en el dia nuestro pais. No era el afén de lucro el que guid sus pasos por esta senda fatal (. ..) Y en esto estriba la avasalladora fuerza de su personalidad, Armonizé su vida con sus suefios; sembré cn sur propia entrafia la simiente de sus ideales; huyé del tréfico vulgar, no del pueblo; al que amaba como reserva de intactas energias” Sa Hegada a Caracas en 1911, cuando contaba apenas 21 afios, va a sefialar atta etapa fecunda de su vida, de su saber y de su inteligencia. Trac el propésito de seguir estudios de derecho en la Universidad Central Detrds de si deja el hondo y paciente aptcrdizaje urdida a le sombra venerable de sa Cumand nativa. Va a enfrearar, con riesgo calculado, otres contingencias especiales “Su carrera universitaria fue accidentada, a causa de inesperados sncesos” 2” En efecto la Universidad cierza sus pucrtas, a causa de Ja peste bubdnica que por entonces azord al pats. “La clausura de la Universidad Central decretada y mantenida por la dictadura de Juan Vicente Gémez lo sorprendié cuando cur- saba el Segundo Afo". Esto significé una prueba més para su aguda inteli- zencia y su autodidactismo, Fue cuando se decidié a estudiar por su cuenta !as materias del curso académico de dezecho, lo que hizo en forma admirable lo- grando Juego “rendir después de tros semestres los exdmencs correspondientes a tres afios y graduarse cn 1917 de Doctor en Ciencias Politics"? Paralela. mente profundizd sus estudios de idiomas, agregando a Jos ya conocidos, el portugués, el sueco, el danés y el holandés, y se dio con pasién itrefrenable al Jogro de un conocimiento literario, extenso € intenso, que sirviera de funda. mento a la obra en cierncs, concebida como una tovalidad de la expresidn. El estudio, el saber, continuaba dominando su complejo mundo intelectual. Felix Armando Nitiez. Op. eit. p. 10. , Blais Correa. Terra Pairum, Biblioteca Populer Venczolana, n? 79, Ediciones del Ministerio de Educacién, Caracas, 1961, p. 421 Ibid. p, 422, 21'dlix Armando Néfiez. Op. cit. p. 10. 28 dem, Plbid. p. 11. xx Asi el Ramos Sucre de sus primeros afios en Caracas se nos presenta como “el estudioso joven”, a que alude el sabio Lisandro Alvarado cuando hace su presentacién en las paginas de Ef Coja Hustrado, para dar a conocer una bri- Ilante traduceién hecha del Lacin. Es entonces cuando prefandiza su versacién autodidacea, iniciada en los atios de Ja nifiez y la adolescencia. Le cusl lo hizo mds seguro de sf mismo, ciertamente, y alimenté el impulso genésico de su obra, pero, al propio tiempo, contribuyd para asegurar atin mds su aislamiento del ambiente que rodeaba su vida y su obra, ‘Al mismo tiempo que lo hacia en la Universidad, ingresé en los cuadros de Ja docencia, obligado de una parte pot las estrecheces econémicas que se cernfan sobre su vida familiar, y por la otra movido por fa inclinacién vecacional a esas freas del tedfico intelectual. Su carrera profesional del derecho no Megd a ejet cerla nunca, tal vex porque no congeniaba esa prdctica con su temperamento, que lo llevé 4 excluirla totalmente de sus preocupaciones cotidianas, enten- diendo que limitaba el yvuelo de su espiritu vinculade a otros solemnes y no- bles pactos de cardcter humanista. Sin embargo, hay un dato curioso recogide por [a Profesora Sonia Garefa, —quien prepaté la cconologia para el presente yolumen de la Biblioteca Ayacucho— el cual demuestra que en e! afio 1918, por el mes de julio y recién egresado de Jas aulas universitarias, Ramos Sucte cjercié el cargo de Juez Accidental de Primera Instancia cn lo Civil del Distrito Federal. Fue muy comentada su actuacién por una scntencia de divorcio que dicts y en la cual plantea ua novedoso criterio sobre el abandono voluntario, en relacién al estatuto personal extranjero en la aplicacién del Derecho Interna- cional Privado. El doctor Lorenzo Herrera Mendoza, famoso internacionalista, cita el caso y destaca la importaneia de la sentencia en referencia. Con todo, un hecho aislado que no contradice Ja generalidad de la conducta mantenida por el poeta en cuanto a su poca afeccién por !a actividad profesional del derecho. Ejercié catedras en el Liceo Sucre v en el Museo, dicté Historia y Gcografia Universal y de Venezuela en la Escuela Normal de Maestros de C 26 otra en la Academia Militar y por ditimo asumié Jas de Latin y Griego en ef Instituto San Pablo y més tarde en el Liceo Andrés Bello, Tralajé, igoalmente, durante catorce afios como traductor e intérprete en la Cancillerfa venezclana, donde rindié servicios de alta excelencia profesional.” El periodo de su actividad literaria se encuadra cn esos mismas afios de su vida en Caracas. Desde su Iegada comienzan sus contactos con Jos principales centros lixerarios de la capital y su amistad con les escritores més significativos del pais para la gpoca. Empieza, también, su labor creadora, de ténica muy particular, publicando en tas principales revistas literarias y érganos de opinién de Caracas, Su nombre aparece con alguna frecucncia en El Cojo Ilustrado, pu- blicacién a fa que tuvo acceso apadrinado por Ja buena voluntad del sebio don Lisandro Alvarado, quien le distinguia con su amistad, segtin hemos apuntado. Widen. XXE Alternando su actividad intelectual con Ia docencia y el trabajo en Ja Cancillerfa como traductor, pronto se hizo de prestigio literario en los estrechos circulos capitalinos de la época. Pese al retraimiento de que se le acusa con frecuencia y su afeccidn al goce creador de la soledad, en que parecia solazatse, no rehuyd en ningdin momento la compaiiia de sus contempordneos y se le vela asidua- mente departiendo y compartiendo con ellos —en medio de la més franca polémica— de las artes, la literatura y la cultura del estrecho medio caraquefio de entonces. Ha habido mucho de fabula en el sefialamiento de la hosquedad y aparta- miento de Ramos Sucre. Era, ciertamente, un espftite sensible poco dado a la efusién y al goce externo, pero ello no impedia su participacién en las lides requeridas por el contacto necesaria con la gente de su misma estirpe intelectual. Su etapa caraquefia es rica en experiencia de toda indole y la que definitiva- mente va a conformer, con catacteristicas inestimables, la obra literaria que pot €s0s mismos eiios comienza y leva a cabo, agobiado, sin embargo, por el terrible drama individual de su insomnio. J. A. Cova dice encontrarlo por entonces en las aulas del Liceo Andrés Bello, donde ambos regentaban catedras. “Por las noches, porque era insomne, después de su charla habitual con los dos o tres amigos de siempre en la Plaza Bolivar, se daba a noctivagar por toda Caracas, desde la Plaza del Pan- tedn hasta San Juan y desde Ja Plaza de Candelaria hasta la Estacién del Ferro. carril inglés, Cuando estaba rendido de cansancio ensayaba entonces dormir dos o tres horas. Muchas veces le sorprendimos muy de maiiana en Ja Plaza del Pantedn, donde habia amanecido, “sin poder pegar los ojos”, después de haber abusado del cloral y todos los sedantes imaginables”2! Sus correriss nocturnas por las calles caraquefias, acuciado por la sombrta impenitente del insomnio, darian pélulo para hacer més valedera la opinién singular de aquel espiritu en busca del sosiego fntimo, Con todo, Ramos Sucre ~—fuera del circulo apretado de su creaciéa— no evidenciaba flaquezas frente al mundo y se mostraba dispuesto a cultivar el trato asiduo de la amistad, como una compensacién necesaria a ese fuego, interior y profundo, que lo devoraba. TU.—PERFIL DEL HOMBRE ¢Cémo eva Ramos Sucre? eCudles eran los rasgos dominantes de su persona- lidad? ¢Cémo lo vieron sus contempordneos y amigos? El més conocido y difundide reteato del poeta nos brinda una magnifica po- sibilidad de acercamiento a si perfil. Desde alli sobresale una mirada pertinaz, AJ. A. Cova. Op. cit. pp. 205.206. XXII atrevida, tal vez inquisitiva. Una mirada particular, intensa, de robusto desafio, que arroja y define 1a totalidad del rostro. Son los ojos, de acerado brill, los que dominan desde el fondo de Ja noble figura. La frente es despejada, bajo el poblado cabello que la escuda. La natiz, aguilefia, la boca pequefia y apretada, el mentén saliente, de imperiosa suavidad. De este rosito asi dibujado, resuelto, victorioso, sereno, emerge [a sombra de una sutil tristeza, de un melancélico rcclamo de no se sabe qué ocultas vibra- ciones interiores. Plasmada queda la cabeza en valiente desafio, el mismo que lo conducira a la aventura de un vivir de inconformidad y desdicha. Tal seré cl proceso de su seveto trénsito existencial. Sus alumnos de La época lo evocan con afecto y admiracién y disefian un pec- fil humano y caracterolégico del poeta, en términos reverenciales. Félix Armando Nuiiez lo recuerda de este modo: “Como alumnos de la Escuela Normal de Cazacas en 1943, plantel a la saz6n reabierto, conocimos a Ramos Sucre entonces de 23 afios de edad, Era nuestto Profesor de Historia y Geograffa de Venezuela en ese establecimiento, donde sélo alcanzamos a estu- diar seis meses (,..) Lo recordamos como a uno de los mejores maestros que hemos tenido a Jo largo de nuestra vida. Mediano e! poste, tronco recio, ancha la espalda, la cabeza poderosa y estatuaria, cn sus ojos, pequefios, azules y penettantes la mirada era de fuego y abismo, de concentracidn y misterio”. “Sus Iecciones de historia patria dichas en lenguaje sencillo, nervioso, plis- tico, de perdurable eficacia, vibraban con recio dramatismo, ni antes ni después conocidos de nosotros en 12 comunicacién entre profesor y alumno (.. .) Felgu- rante imaginaciém retrospectiva, verbo disciplinario y elocuente, pasién de maestro, profundidad de pensedor y socidlogo, amor ardiente de lo hetoico, romanticismo juvenil a tono con nuestra adolescencia, todo sé juntaba alli para aguardat fa clase como un milagro repetido” De parecido talante ¢s el trozo rememorativo, con profundo calor humano, que nos 11226 Carlos Augusto Ledn en su admirable trabajo biografico y critico sobre el personaje: “Aquel hombre menudo, siempre baculo al brazo, entraba calladamence al salén, tomaba asiento y comenzaba Ia clase. Extrafia clase de lenguas muertas, crozada por imégenes y anécdotas en nada referentes al Griego y al Latin, sobre mil distintos temas y personas, Hablaba pausado y solemne, el indice levantado en ademan doctoral, levemente sonreido”’ “Pero sobre todo esto, recordaremos siempre aquellos ojos suyos, siempre enttejuntos, obligando el cefio a la perenne ertuga, como si estuviesen ante una cegadora luz. Ojos claros, semiocultos en toda hora por aquel gesto abru- mado, Ojos ante un constante y encendido arsenal invisible, y cn armonfa con la voz al parecer venida de Jejos, en lucha contra un gran ruido. Era, sin duda, diferente del comtn de los profesores’’. BFGlix Armando Nidiez. Op. cit. pp. 8 y 9. 32Carlos Augusto Leén. Op. cif. p. 7. ‘xXIIT Fue, finelmente, como recuerda Enrique Bernardo Niifiex, “‘sdlo un poeva gue cultivaba su dolor con alegria. El dio todo lo que sabia _y amaba, todo lo que pensé y fue capaz de sentir con impulsiva sinceridad. Por esto relegé la ironia al més apartado rincén de su castillo interiot, Si acaso, Ja visitaba mientras recorefa sus moradas en la alta noche, cuando en la vigilia habjan surgido ya los pensamientos ¢ imagenes de sui contemplacidn, © quizds era una amada imposible. A su puerta él permanecia en pie como ayuel principe rebelde apoyado en el ensuefio”.! Por eso se trata mds bien de ung leyenda, alimentada por su vida de soli- tario y su empecinado divorcio de la realidad, la de su aislamienio ¢ incompren- sida del medio caraqueio pata el momento més propicio de su creacién postica, Afanoso usufzuctuario de le soledad, el poeza no fue totalmente un aislado © in. comprendido, En su vida tuvo mas de un testimonio de fortalecida amistad que 4 cultivé con esmero y fruicién de compafiero mayor. Ocurtida su muerte. el coro de las voces que se levantaron para llorar su desaparicidn, dejé constancia del arraigo, del respeto y de la admiracién gue su vida y su obra habfan de- jado ea el grupo de sus contemporsneos “Le acompaifaron por igual —dice Carlos Augusto Leén— a admiracién y el catifio de un pequeio grupo de amigos y la incomprensién de muchos”.3 No fue ni podia ser, por fa indole de su poesfa, un autor de amplia audiencia colectiva, De alli que sus versos no alcanzaran Ja vettionte popular que muchos se afanan por conseguis, a veces intitilmente. No eran sus propdsitos halagar a la multitud si saborear el ticmpo de la apoteosis de las masas, Labra’a con esmero y pasion su pocsfa, para algo més que el simple goce o disfrute de lo sentimental © def banal halago de las mayorias. Fue, ciertamente, un pocta de élite, de minorfa, @ cuya obta se accede mediante un proceso de acercamiento vital, cer- cania rodeada por el misterio y la fantasia, Peto ello no fue obstécalo para que espiritus afines consagratan, con elogio bien sentido, su estirpe de poeta singular. “Era Ramos Sucre querido y admitado por sus amigos, por sus compatieros de letras. Aungue no, desde luego, comprendide, por muchos otros”, expresa Carlos Augusto Ledn.¥ Y Rafael Angel Insausti anota, con respecto a Ja publicacién de El cielo de esmalte y Las formas det fuego, que “no fueron acogicas con el entusiasmo y mucho menos con el ditirambo que tanto se prodiga en Venezuela. . .””, “Inresponsabilidad freeuente en nuestros drganos de prensa, es la de juzgar en materia que se ignora del todo, Cultera Venczolaa, sin sospechar siquiera el valor litico de esos libros, se limité a afirmar que sus paginas no tenfan ilacién, y, que en ellas el autor atendia, mas que a la idea, a la forma come debla ex: HEntique Bernardo Nufies. Escritores venezolanos. Ediciones del Rectorado. Universidad de Los Andes. Mérida, 1974, p, 215 Carlos Augusto Leda, Op. cit, p. 13. Carlos Auguste Leda, Aricule citedo. XXIV presarla. Asi andaba en punto a teorfa literaria el critico de aquella revista, innegablemente metitoria entre cuantas hemos tenido”. 7 Pero la incomprensidn que pudo haber cn torno a sus poemas —y que en alguna forma resintié su espfritu sensible— no alcanzé munca el grado del re- chazo ni el de Ja postergacién 0 el aislamiento. Ya nos hemos referida a aquella manifestacién, parca, entrafiable, de Luis Correa al ocurrir su muerte: “La muerte de Ramos Sucre me ha sumido en un auténtico dolor. .."°8 © aquella otra, de mayor profundidad, escrita por Augusto Mijares: “Poeta en prose y como tal ininteligible y molesto para los burgueses que no acceden a aventurarse en el torbellino Iitico sino cuando hen sido precisamente adverti- dos por Ja apariencia de los renglones cortos (...) Poeta que convive con los petsonajes de Dante, Shakespeare y Homero, y siente y quiere afirmar que ellos tienen una teslidad més cierta y mds legitima que la del transednte callejero”.” Fernando Paz Castillo, a su vez, exclamarfa en El Universal del 28 de junio: “Forjé un mundo en el cual vivid, acaso conteriulio dicaz de personajes atin no transpuestos a su obra”. IV.--LA EPOCA, LA CIRCUNSTANCIA Variadas tentativas s¢ han dado pata ubicar histéricamente la vida y la obra de Ramos Sucre, tratando de explicarlas, como un hecho sociolégico, dentro de las coordenadas de tiempo y espacio propias del momento. Se ha intentado hacerlo ya en forma explicita o alusiva. Es decir, se ha buscado integrarla al proceso de la cultura venezolana y al ambiente politico y social que se desarrolla en Venezuela en el lapso apretado de las tres primeras décadas del siglo. Creo que es vilida y necesaria esta confrontacién histérica, sin que ella sig- nifique, por si misma, una instancia definitiva para la valoracidn estética de Ramos Sucre, sino tan sélo como un aporte referencial que, dentro del marco existencial del tiempo sespectivo, restablezca las Iineas de un entendimiento de cémo y por qué se produjeron ciertas determinantes caracteristicas en el contexto ideolégico y estético del autor, De tal modo, hay que convenir en que la vida y la cbra de Ramos Sucre se enmarcan en muy precises coordenadas histéricas del pais. Ellas influyen deci- sivamente en la consideracida critica de su poesia. Cuando Mega a Caracas en 2rRafael Ange Insausi, Prego a Los Aver del Presugio. Monte Avila Editores, Caracas, 1976, p. 10. ssLuis Correa. Op. cit. de uypasto Mies “La poesia de José Anronio Rams Sucre”, Ef Universal, 15 de junio je 1930. xxV 1911, a los 21 afios de edad, apenas comienza la larga y sombria dictadura de Juan Vicente Gamez, que va a dominar al pais més allé de la muerte del poeta, ¢Cémo no verse reflejar en la natutaleza de sus poemas, aun cuando sea indirectamente, el peso ineluctable de este proceso de desgarramiento inte- rfor que acongoja el espiritu de los intelcctuales de la época? Por eso, Félix Armando Niiiex diré que Ramas Sucre “no sélo es hijo de su tiempo en el sentido de la cultura cosmopolita, sino también y de manera mas inmediata y restringida, el paciente de su época venezolana. Es decir, de la etapa ominosa en gue se mantiene fa mds cruel dictadura que haya conocido el mundo de Colén: 12 barbara autceracia de Juan Vicente Gomez”.? Ange] Rama encuentra, asimismo, que “es inevicable partir de un marco histético que cortesponde a la cocrcién que sobre la vida intelectual implied el periodo gomecista”.! En ese mismo marco histérico, en cse ambiente se desarrollé la obra literaria de Ramos Sucre. Diffcil seria pensar, por eso, que en su poesia no se encuentren huellas de ese pesado fardo de angustiosa inmi- nencia diatia sobre el espiritu del creador, “Vivié —nos dice Carlos Augusto Leén— cuendo, en Venezuela, no encon traban las ideas campo para su libre intercambio, campo donde cruzarse e inte. grarse, donde probar en limpia lucha su valor”. Por eso, cuando “consideramos la vida y Iz cbra de este hombre” tendré que tomarse en cucnta, primordial- mente, “ese ambiente pesado y tensamente negativo de Ja dictadura”.2 “Bueno es anotar —aclara el mismo autor— cémo, en ninguna ocasidn, bro- taron de los labios de este pocta culto y solizario, palabras de aplauso ni asen- tmiento para la tiran{a. Sus discipulos recordamos, por el contrario, sus finas ironias, dardos lanzados contra el régimen desde La Torre de Timin. ¥ por pedic “un Ejército de Ja Nacién” y no de un hombre, sufrié prisién, segiin se me ha dicho”? Sobre estas citcunstancias el mismo Carlos Augusto Leén dice en otra parte de su libro: “Alcanz6 mayoria de edad cuando se iniciaba In tirania de Gémez. El ambiente corrompido y brutal lo confirmé cada vez més, sin duda, en su vo- Inntad de apartamiento”. A lo cual se agrega una justa reflexién sobre el cardc- ter del intelectual y de su obra cuando no se tiene actitud beligerante: “No tenfa la fuerza de quienes combaren con las armas en Ia mano, pero no era tampoco de quienes alaban al déspota y venden su dignidad, Llevaba altiva- mente, con aquel aire de sacerdate de un culio perdido, el peso de un ambiente ayuno de est{mulos para estudios como los suyos; el peso de un ambiente donde se destacaba su curiosa manera de ser y de vivir, y el cual sefialaba con el dedo solitario”.4 4Pélix Armando Nificz. Op. cit, p. 14. | 4Angel Rama. E! universo simbélico de José Antonio Ramos Sucre. Imprenta de la Uni- versided de Oriente, Cumané, Estado Sucre, p. 14 42Carlos Angusto Leén. Op. cit. p. 49. “81bid. p. 50. 4Tbid pp. 18 y 19. XXVI Todo lo anteriormente expuesto nos Ileva a considerar que cualquiera sea el enfoque critico que se haga de la obra de Ramos Sucre, no podrd pasarse por alta el tiempo histérico en la cual esa obra se realiza. En ese tiempo se imponen las condiciones alienantes de una politica del terror, las torturas y las persecuciones contra los enemigos del régimen encabezado por el tirano Juan Vicente Gémez. “La literatura de Ramos Sucre ser4 una de sus manifestaciones més trdgicas”, dice Victor A. Bravo.* La generacién de Ramos Sucte que padece esa terrible experiencia del gomecismo, es una generacién condenada ai sacri- ficio y a encerrarse en el cultivo ss€ptico de la literatura, porque la literatura no es siempre campo propicio para la beligerancia politica, sobte todo cuando Jas armas que s¢ ticnen a mano para el enfrentamiento no son Jas mas adecuadas para una lucha de csa naturaleza. Aun cuando se corra el riesgo de que la posteridad juzgue como un signo de pasividad el que el escritor se consagre a la obra literaria, con un virtual desentendimiento de su realidad externa, como fue el caso de Ramos Sucre, Por eso, su generacién no pudo ser otra que la dol desatraigo y la evasidn.* Y dentro de esa generacidn, “Ramos Sucre ¢s ol (otro} desesperedo que se construye un lugar imaginario para hacer un inven- tario de su desesperacién (...) (Asi) Ramos Sucre marcard una separacién del mundo y una constancia de rostros y Iugares seductores y desconocidos. El poeta se convierte aqui en un receptor de vivencias colocado fuera del esce- nario {...} para ver, para oir el espectdculo con deseo, y luego apartarse’”.“” Sin embargo, 2 su Ilegada a la capital todavia se alimentan esperanzas de cam- bios favorables, sustituido como ha sido el grotesco régimen de Cipriano Cas- tro por otro que se anuncia con signos de transformacida positiva. Es la época de Lg Alborada, de Rémule Gallegos y sus compafcros de combate literario. Pero pronto la effmera esperanza serfa sustituida por la mds cruda realidad: un gobierno tirénico como pocos habja tenido el pais en su historia, se entroniza en el poder. La Caracas a Ja que arriba el poeta es todavia una ciudad de corte provin- ciano, de gratos recodos poblados por el aliento de la wadicién, de casas y gentes propicias a la amistad y al recogimiento. Como dice Carlos Augusto Ledn —el més versado y comprensivo biégrafo del pocta— era una “Caracas pequefia, con el centro urbano de viejas casonas, en Altagracia, donde estaba el colegio. Una Caracas todavia de! peatén, que se podfa recorrer sin prisa ni sobresalto”.* Ramos Suere va a estar en tensidn permanente entre fa ciudad apzcible y el peso ignominiaso del ambiente politico, Asi va a transcurtir la mayor parte de su vida caraquefia. Entre esos extremos va a realizar lo mas definitivo y pro- fundo de su obra, estimulado por la enfermiza nicbla de su insomnio. 45Victor A. Bravo. “Ramos Sucre: la escritura come itincratio hacia la muerte”, Revista de Literatura Hispanoamericana. Universicad del Zulia. p. 96, +6ibid. p. 97. bid. p. 98. 48Carfos Augusto Leda. Articulo citado. xAV “Sabla yo que José Antonio Ramos Sucre, al igual de infinidad de nuestros contempordneos, no descollaba por la normalidad de sus nervios, Debido a eso tal vez, cuidaba mucho de su salud, rehuia el alcohol; ajustaba su vivir a prdc- tices de estricta regularidad, El aseo y Ja puleritud de su persona, en época sefialada por la mugre de [a bohemia, Ilamaban la atencién del corto cfrculo de sus amistades. Apasionado de la conversacién intelectual, mdltiples veces caminamos juntos desde la Plaza Bolivar hasta mi residencia de entonces en la esquina de Ei Guandbano, devanando reducidas, humildes madejas de sociclogia 0 de historia verndculas... Nuestro paligue se aventuraba igualmente, de tiempo en tiempo, a les cercados de la literatura, repartiendo alabanzas y desa- labanzas a diestra y siniestra. Ramos Sucre propendia a la afirmacién rotunda, categdrica, no obstante su grande amplitud de criterio”.? En el plano literario que le toca abordar, Ramos Suete advierte los signos contrapuestos de un vigoroso criollismo, apuntalado por doctrinas y realizacio- nes vehementes, sobre todo en el mundo narrativo, la vigencia, todavia impor- tante de un modernismo a la venezolana, en prosa y verso, y el repunte en- tusiasta de los ensayistas del positivismo nacional. En poesia edn repercute y alienta el mensaje nativista de Lazo Marti, la brava posicién estética de Rufino Blanco Fombona, el alent terrigeno de Alfredo Arvelo Larriva, tratando de conjugar su ambicién modernista con los trazos de una realidad convuisionada y cadtica como la venezolana, y Ia ritmica, limpia y majestuosa enconacién fide- dignamente modernista de José Tadeo Arreaza Calatrava. Este y Arvelo La- triva encabezan el movimiento modernista en Venemela, pata la época, con dos connotaciones verdaderamente singulares. En Is narrativa se dejan escuchar Jos ecos tardios del modernismo de Manuel Dine Rodriguez, la grata resonancia y el dibujo colorista de Pedro Emilio Coll, junto al despertar de la palabra intima y evocadora de Teresa de la Parra, el arrebato testimonial y agtio de José Rafae] Pocaterra y el caudal de la prosa venezolanista de Romulo Gallegos. El Cojo Hustrado recoge las dltimas manifestaciones del ensayo que se abrid a otros aires mds universales desde la prueba inicial de los aiios tiniseculares del 900. Gil Fortoul, César Zumeta, Pedro Manuel Arcaya, Vallenilla Lanz, Lisandro Alvarado, Pedro Emilio Coll, Pedro César Dominici, destacan en Ja abigarrada y polémica tribu. Hay tentativas para tratar de resolver arménicamente Las tendencias en pugna, En una cncuesta realizada en 1905 por El Pregonero sobre el criollis. ma, se da un cestimonio dificil de pasar por alto. Es el del citado poeta Alfre- do Arvelo Larriva, quien defiende la posibilidad de un arte que combine sin desmedro las posiciones aparentemente antitéticas de criollismo y modernis- mo, expresién del cual su misma poesia podria ser un ejemplo. Al efecto escribia: “Ea Venezuela hay criollismo y “criollismo”. Comprendo y amo aquél, cu- ya tendencia lizeraria es recoger y fijar en versos y prosas las multiformes “Eduardo Attoyo Lameda. “Un admirador recuerda”. Papel Literatio de Ef Nacional, 14-V1-1970. XXVIIT manifestaciones de nuestra compleja alma nacional; encarnar en prosas y ver- sos el alma de los paisajes y de los seres criollos, Abomino el otro, fordgrafo —ni pintor siqaieta— de seres y paisajes”. “Creo que Ja moderne factura artistica es la més propicia a la expresién del criollismo también artistico. De tiempo atrés he pensado siempre que Venezuela tendré literatura nacional, bella y fuerte, el dia en que de moder- nismo y ctiollismo sea hecha una sola literatura. Y, a propésito: gno podrfa lamatse bien neo-criollismo esa fusi6n?” Ramos Sucre va a estar por encima de esas diferencias, se va a desentender de esa polémica localista © inmediata y va a buscar por otros rumbos el norte de su obra literaria, Sus antecedentes més préximos no estarén, por eso, en las inmediaciones de ia literatura nacional de Ja époce, sino que se abrirdn a ottos aires més profundos y misteriosos, més Menos de un presagio mayor, hermanado con su desgarramiento interior. Mariano Picén Salas resume en pocas lineas dentro del contexto histérico de su tiempo, el quehecer fecundo de aquellos escritores surgidos a la sombra del positivismo y entre el fragor de la batalla modernista iniciada por Rubén Dario, Si no tuviera otros méritos la generacién modernista y no le debié- ramos libros tan deleitosos como Ef Castillo dei Elsinor y Palabras, de Pedro Emilio Coll, o Peregrina o ef pozo encantado, de Diaz Rodriguez, diriamos gue ella inicia en nuestro pais una época de mas elaborada especializacién Tie teraria, que la Literatura se lanza a vivir su gozosa vida propia, liberéndose de lo que le era superpuesto y separando los génetos, Por comprensible re- versién, el propio cosmopolitismo modernista servira para descubrir mejor fa atmésfera de nuestra tierra. Pocos patses de Hispano-América ofrecian a co- mienzos del Siglo xx tn grupo de prosistas de tan variada y tica personalidad como Gil Fortoul, Zumeta, Diaz Rodriguez, Pedro Emilio Coll, Rufino Blan- co Fombona. Esto serfa una Reptiblica platénica si no existiera Juan Vicente Gomez, dijo de ellos y por ese tiempo Francisco Garcia Calderén” >! Luego es la referencia a la generacién siguiente, separada de la primera por pocos afios, y la cual presenta tres maestros del atte de contar: Romulo Gallegos, José Rafael Pocaterra, Teresa de la Parra. “Suma de la més diversa y rica venezolanidad serin —mientras dure nuestto pals— Dofia Bérbara, Canaima y Cantaclaro; las Memorias de un venezolano de ta decadencia y los Cuentos grotescos, Higenia y Memorias de Mamé Blanca. {Cudntas y varias lineas del carfcter nacional, de Jo que con la palabra de Américo Castro Ila- marfamos Ja “vividura” venezolana, se disparan desde la fuerte objetivided de Gallegos, de su pupila de brujo adivinador, pasando por el sarcasmo y el agtio expresionismo de Pocaterra, hasta el fresco lirismo, la confidencia y la ternura de nuestra Teresa def Avila! (,..} En tan magnificos y contratios i S0Alfredo Aruelo Lavriva. “Sobre el cxicllismo”. El Pregonero, Caracas, 2 de enero de 1905. SiMariano Picén Salas. Dos siglos de prose venezolana, "Evite prosistas venezolancs” (Introduceién). Ediciones Edime. Caracas, 1964, pp. IX y X. xxIX