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Noviembre de 2009

Universidad Nacional de Colombia


Facultad de Ciencias Humanas
Departamento de Sociología

Carola Gómez Medina


cgomezme@unal.edu.co
Fernán Orjuela Carvajal
forjuelac@unal.edu.co

RESEÑA
CLASE DEL 23 DE ENERO DE 1974
EN “EL PODER PSIQUIÁTRICO”
DE MICHEL FOUCAULT

La idea central de la clase es comprender cómo en la psiquiatría se presenta una


dinámica de poder que impone un juego de verdad en y por el cual, la verdad no se
cuestiona, al tiempo que cuenta con sus propios mecanismos de reproducción. Se
propone mostrar cómo el saber psiquiátrico no radica en el desarrollo de una práctica
terapéutica, sino en el saber del psiquiatra como “uno de los elementos mediante los
cuales el dispositivo disciplinario organiza en torno de la locura el sobrepoder de la
realidad”. (p. 265)1

Foucault enumera tres puntos fundamentales que identifica como determinantes en la


formación del discurso de verdad en el saber psiquiátrico: el interrogatorio y la
confesión (sujetar individuos a identidades fijadas de antemano), el magnetismo y la
hipnosis en los asilos, y el uso de las drogas (para amansar, docilitar al individuo). Estas
técnicas son ambiguas debido a que indican en su mecánica que, por un lado, buscan
un sujeto coherente que obedezca la norma, fijándole su propia identidad, y al mismo
tiempo, son procedimientos que sujetan al individuo a su estado de locura, es decir, el
individuo debe aceptar que está loco.

Estos tres puntos acarrearon cierta cuestión de verdad, pero ¿qué entiende Foucault
por verdad? Por un lado, está el saber científico que supone que hay verdad en todo
lugar y en todo tiempo, y que hay momentos e instrumentos específicos que permiten
descubrir y aprender dicha verdad: acá se encuentra el primer tipo de verdad, la
verdad demostrativa o verdad científica, que es una verdad constante y construida,
también existe aquí una relación de conocimiento entre el sujeto que aprehende y el
objeto que estudia; por otro lado, hay una verdad que no está por doquier y al
alcance de cualquiera, es una verdad discontinua que se muestra como
acontecimiento, en ciertos lugares y a ciertas personas, es una verdad que no se
constata, sino que se suscita y se rastrea, hay un secreto esencial en ella que requiere
de ciertos rituales que deben seguirse para alcanzarla; esta verdad no posee las

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Foucault M. El poder psiquiátrico. Primera Edición, Buenos Aires: 2007, Fondo de Cultura Económica.

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mismas reglas de acumulación de saber propias del saber científico, pero posee el
estatus de verdad igualmente. Por ejemplo, el momento en que dios se reveló a
Moisés y le entregó las tablas de la ley divina. Aquí, se ven implicadas, no relaciones de
conocimiento, sino relaciones de poder.

Estas verdades se relacionan de tal forma que el acontecimiento está permeado por la
demostración, es decir, la verdad demostración deriva de la verdad acontecimiento.
La verdad conocimiento es un aspecto de la verdad ritual, pues el autor entiende el
proceso científico como un ritual donde el sujeto de conocimiento es un individuo
históricamente calificado que no descubre verdad, sino que la produce. La ciencia es
vista, así, entonces, no como descubridora de verdades, sino como productora de
estas en la medida en que el sujeto, históricamente condicionado, produce lo que
estudia, y le da estatus de verdad. La verdad conocimiento colonizó y ha parasitado la
verdad acontecimiento desde la época del renacimiento. Las verdades rito se procuran
hoy contenido de verdad por medio de las tecnologías de la verdad demostración. De
aquí se deriva, igualmente, el conocimiento como invención, no como origen, es decir,
el conocimiento como algo que se construye, y no como algo que se descubre. Esa
construcción está basada en las verdades rito y se procura estatus de verdad hoy, por
medio de la demostración.

Hay dos procesos que dan el paso de una verdad a otra. El primer proceso cuenta con
dos niveles que cubrirían todo con la verdad científica, un nivel, estuvo en la extensión
de los elementos políticos de la pesquisa como: el testimonio, la circulación del saber,
las instancias de verificación y la superposición de información; y, en el otro nivel,
hubo una ampliación a todo el globo de estas prácticas, ampliación que marca el paso
de la pesquisa fiscal individual a la policial sobre el comportamiento de la población.
Estos dos niveles, cubrirían todo con la verdad, el primer nivel sería una colonización
de profundidad y el segundo, una colonización de territorio y superficie. En cuanto al
segundo proceso, este es contradictorio, pues asegura la escasez de la verdad (que no
indica que haya lugares sin verdad), impone la negación a que todos puedan alcanzar
la verdad, y está relacionada con un espacio que asegura la vigilancia de la población y
el establecimiento de las áreas del conocimiento.

Es importante resaltar que, esa verdad acontecimiento subsistió durante mucho


tiempo y posee una importancia histórica muy grande. Por ejemplo en la ilustración, se
desarrollaron tecnologías de verdad científica, donde entonces, esas máximas que
arrojó en su tiempo la verdad rito, debían ser ahora constatadas, demostradas y
explicadas por la nueva práctica de verdad (la práctica científica) para que siguieran
manteniendo el estatus de verdad. Es decir, las verdades rito se (re)producen con las
tecnologías de la verdad conocimiento.

Es así como las ciencias nacen del proceso de recubrimiento de la verdad


acontecimiento por las tecnologías de la verdad demostración. En cuanto al saber
psiquiátrico, éste no pudo fundarse como verdad, pues actúa en un nivel anterior al
de los síntomas, está en el lugar donde decide si hay o no hay locura. Así, en
contraste, por ejemplo, las prácticas médicas se organizaron, inicialmente en torno a la
noción de crisis, entendida como el momento de combate, el momento de batalla

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entre el médico y la enfermedad: “en el momento en que se suscita la crisis, la


enfermedad estalla en su verdad; no sólo se trata de un momento discontinuo sino
que, además, es el momento en que la enfermedad (…) se produce en lo que es su
verdad propia, su verdad intrínseca. (…) Y el médico debe intervenir precisamente en
ese momento”. (P. 285) El tipo de crisis define el modo de intervención del médico.
Foucault entiende al médico –hasta antes del siglo XVIII ‐ más como un administrador
que como un terapeuta, pues conoce la crisis al punto de percibir su anuncio y su
fuerza, y debe introducir las modificaciones necesarias en cada caso para llevar a la
crisis de tal modo que la enfermedad desaparezca al final de ésta. Foucault describe el
siguiente juego:
“el médico no cura, y ni siquiera puede decirse que enfrente directamente la
enfermedad, pues la encargada de ello es la naturaleza; el médico prevé la crisis,
evalúa las fuerzas enfrentadas, trata de modificar levemente el juego, al menos la
relación de fuerzas, y tiene éxito si hace triunfar a la naturaleza. Y en ese papel de
árbitro, el médico es […] juzgado por la manera como ha presidido el combate y puede
salir vencedor o vencido con respecto a la enfermedad” (p.287)

Dado este paso, de la verdad acontecimiento a la verdad constatación, se ha dado una


escasez, no de aparición (producción) de verdad, sino de aquellos sujetos que son
capaces de descubrirla: “se requerirá un sujeto calificado por una serie de
procedimientos que serán precisamente los de la pedagogía y la selección” (p. 290) Es
aquí cuando aparecen los filósofos, los hombres de ciencia, los intelectuales… como
resultado de la postulación de la verdad científica cada vez más especializada. En
cuanto a la medicina, posteriormente, la noción de crisis desaparece. Se desarrolla un
“equipamiento hospitalario y médico que asegura la vigilancia general de las
poblaciones y permite, en principio, poner a todos los individuos al alcance de la
pesquisa sanitaria”, (p. 292) que permite el desarrollo de tecnologías de constatación y
demostración que harán inútiles las técnicas de crisis.

En contraste a lo anterior, en el hospital psiquiátrico, la crisis, como acontecimiento


de la locura y del comportamiento del loco, está excluida por tres razones: 1. Porque
el hospital funciona como sistema disciplinario, como sistema que obedece un
reglamento y prevé cierto orden, este tipo de espacios no da cabida a la locura. Como
principal técnica se usará el “no pensar en eso”, el paciente deberá trabajar, estudiar,
leer, comer, etcétera; pero nunca pensar en su locura; 2. El uso de la anatomía
patológica, que sería el rechazo teórico de la crisis, porque se considera que, si hay
verdad de la locura, sólo puede estar en los nervios y el cerebro de los locos, no en lo
que dicen: “la autopsia será el mecanismo con el cual podremos encontrar la verdad
una vez mueras”; y 3. Se establece una relación entre locura y crimen, se concibe al
crimen como síntoma de una enfermedad cuya esencia es el propio crimen, acá está la
noción de monomanía, que rescata a la noción de individuo. Esta última, la relación
locura y crimen, permitirá fundar el poder psiquiátrico no en términos de verdad
sino en términos de peligro –para proteger la sociedad‐, donde actúa en la defensa
social al proteger la sociedad de la criminalidad latente en el loco.

En la psiquiatría, el saber médico funciona justamente en la frontera entre la locura y


la no locura, en el punto de la realidad y la no realidad, y es aquí, igualmente, donde
funciona su poder. La psiquiatría se construyó a partir de la aparición ‐y bajo el modelo

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de‐ la verdad de constatación, pero su actividad se sitúa en un aspecto que va en


contradicción respecto de la demostración, pues se sitúa en el límite entre verdad y
mentira, realidad y simulación. Ésta paradoja genera una nueva crisis, una crisis de
realidad protagonizada por el loco y el poder que lo interna: el poder‐saber médico.

El espacio del hospital psiquiátrico le otorga estatus de verdad a la locura en la


medida en que da realidad a ésta, le abre un espacio de realización. “El hospital
psiquiátrico está ahí para que la locura se vuelva real, mientras que el hospital a secas
tiene la doble función de saber qué es la enfermedad y de suprimirla” (p. 299). Podría
decirse que el hospital psiquiátrico es una fábrica de locos, pues la función misma de
su poder consiste en tener frente a sí al enfermo, y procurarle un espacio de
realización de la enfermedad. Lo anterior a diferencia de la institución disciplinaria de
la psiquiatría como tal, cuya función oficial y efecto es el de suprimir, no la locura, sino
sus síntomas. No puede suprimir la locura porque es ahí donde su poder, no debe
liquidar al demente, pues éste responde a lo que quiere el poder psiquiátrico, y realiza
la locura como realidad individual dentro del asilo.

Finalmente, hay un individuo que dejaría ver la relación de poder psiquiátrico en sus
efectos, es el individuo histérico. El histérico será quien tenga todos los síntomas de su
enfermedad, es la persona que responde exactamente al funcionamiento de la
institución asilar, responde a lo que quiere el poder psiquiátrico, pero, no asume su
locura, es decir, se resiste al juego asilar.