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CONTEXTO GEOGRAFICO

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ESTUDIO RESUMEN DE TRABAJO PARA TALLER DEL SEMINARIO TEOLOGICO
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Patmos Patmos también está en el mar Egeo, y es una isla que estuvo gobernada por Turquía hasta 1912

, cuando Italia la tomó como resultado de la Guerra Metropolitana, y fue dada formalmente a Italia por el Pacto de Lausanne en 1923, y después de la Guerra Mundial II fue dada a Grecia. Tiene 76 kms. de largo y 10 de ancho en la costa del norte, en su mayor parte es rocosa y sin árboles y alcanza una altura de 244 ms. Tiene un buen puerto y quedan aun algunas ruinas, y especialmente grandes muros de albañilería gigantesca. Un famoso monasterio, San Cristóbulo, fundado en 1088 d. de J.C. queda todavía y también una escuela asistida por estudiantes de todas partes del archipiélago. Tiene ahora una población de cerca de 4.000 habitantes, y la mayor parte de ellos son griegos. En los tiempos romanos era uno de los lugares a donde Roma mandaba desterrados. El apóstol Juan fue desterrado allí por Domiciano, como en el año 95 d. de J.C. y al visitante le es señalada todavía la cueva donde se dice él recibió las visiones dadas a él en el libro de Apocalipsis, Apocalipsis 1:9.
Las relaciones que unen ASIA MENOR con la Biblia, cuya acción se desarrolla en su mayor parte en Palestina, se derivan, además de la proximidad geográfica, de los lazos políticos y culturales que han unido en su largo acontecer a estas dos regiones. En el Antiguo Testamento. Remontándose en la historia, el influjo hitita abarca todo el II milenio a. C., determinando en Canaán y regiones vecinas usos y costumbres, como las alianzas (v.), o formas de contratos como la compra de la cueva de Makpélah por Abraham (Gen 23, 9 ss.), etc. Desaparecido este imperio asiático con la destrucción de su capital Hattusas por los pueblos del mar (hacia 1200 a. C.), los hititas (v.) siguen citándose en la Biblia con referencia, sin duda, a los principados del norte de Siria. Un texto muy curioso de época posterior habla de una zona del A. M. en relación con uno de los momentos más espléndidos de la historia de Israel. En 1 Reg 10, 2829, se lee: «Los caballos los traía (Salomón) de Musri y de Coa; una caravana de comerciantes del rey los compraba a un precio determinado; un tiro de carro venía a costar, al salir de Coa, 600 siclos de plata y un caballo 150 siclos. Traíanlos también como intermediarios para los reyes de los hititas y para los de Siria». Estas regiones estaban situadas en el A. M. y se pueden identificar con Cilicia, en el sur de la península de Anatolia. Según Heródoto (III, 90), la cría de estos animales era la principal riqueza de Cilicia, proporcionando anualmente al rey Darío 360 caballos blancos. Probablemente se trate de esta misma región en Ez 27, 14, cuando, dirigiéndose a Tiro, exclama el profeta: «Los de BétTogarmah abastecían tus mercados de caballos de tiro y de silla, y de mulos». En tiempos de Salomón (v.) se trataba de un próspero y saneado negocio de comercio exterior, dirigido y controlado por el mismo poder real. Dada la importancia del caballo desde que se impuso el uso de carros para la guerra, el rey israelita los importa desde Cilicia para sí y los reyes vecinos. A. M. y Palestina (v.) siguen casi en común el resto de la historia: ambas pertenecen por conquista a los asirios, caldeos, persas y Alejandro Magno. Aparece por primera vez el nombre de Asia en los libros de los Macabeos. En éstos se indica el reino de los Seléucidas (v. SELÉUCIDA, DINASTÍA) (1 Mach 8, 6; 11, 13; 12, 39; 13, 32; 2 Mach 3, 3), que efectivamente abarcaba una parte muy considerable del A. M. En 1 Mach 15, 22 ss., se da una lista de ciudades y estados que, a pesar de su desorden, refleja la situación política del Próximo Oriente en la segunda mitad del s. II a. C. Sin embargo, no precisa cuáles sean las principales colonias judías de esta región. Flavio Josefo (v.) dice que hacia el 205 a. C. Antíoco III llevó a Lidia y Frigia unas dos mil familias judías (Antigüedades Judaicas, XII, 148 ss.). En el Nuevo Testamento. Las citas de regiones y ciudades de A. M. son muy frecuentes en el N. T. Gran parte de la actividad apostólica de S. Pablo se desarrolló en esta región, en la que, según la tradición, también ejercieron su ministerio los apóstoles Pedro y Juan. A continuación ofrecemos un cuadro del contexto histórico de las diversas regiones de A. M. en la época de la aparición del cristianismo. Cilicia (v.). Región marítima en el sur, abrigada por los montes Tauro y Amano y abierta a SiriaPalestina por las llamadas Puertas sirias y Puertas cilicias, desfiladeros en estos montes. Mencionada en documentos asirios y egipcios, y fácilmente identificable con Coa y Musri, de los relatos de los libros de los Reyes, quizá sea la BétTogarmah, de Ezequiel. Conquistada por Pompeyo, constituye una parte de la provincia romana de Asia. En tiempos de Adriano fue desgajada para formar la provincia de Cilicia. De sus hilanderías salía un tejido bastante fuerte y áspero que, con el nombre de cilicio, pasó al vocabulario penitencial. Su ciudad más importante fue, sin duda, Tarso, patria de S. Pablo. Junto al río Cidno (hoy Karasu, «agua negra»), es de origen fenicio y aparece en las inscripciones de Salmanasar II. Ciudad abierta a todo el saber de su época, es comparada por Estrabón (XIV, 5, 13) a Atenas y Alejandría, a las que dice superar. Nota este historiador que la mayoría de los estudiosos enumera muchos son tarsenses. También eran ciudadanos romanos; así lo afirma S. Pablo (Act 16, 37; 22, 25; etc.), quien, acompañado por Silas, recorrió la región camino de Pisidia en su segundo viaje (Act 15, 36 ss.).

Asia Menor en el s. II. De todos los países que recibieron la fe, quizá sea A. M. el que contaba con más cristianos en este siglo. El esfuerzo de S. Pablo, S. Juan y quizá S. Pedro, así como el de sus continuadores, hicieron posible este esplendor. Cuando hacia el 112 Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, consultó a Trajano sobre el procedimiento a seguir con los cristianos, constataba su número e influencia (Carta 10). A causa de la invasión de Palestina en tiempos de Vespasiano y Tito, muchos fieles de aquella región pasaron a A. M. Quizá a éstos se refiera Papías (v.) cuando habla de los «antiguos» que habían oído a los discípulos del Señor y cuyos testimonios él, obispo de Hierápolis, recogió. Tanto Papías como Policarpo, fueron discípulos de S. Juan, que pasó una parte de su vejez en Pfeso; los dos pretendían ser eco de su enseñanza. Escritores de A. M. son Melitón de Sardes (v.), quien durante los reinados de Antonino Pío y Marco Aurelio tuvo fama de ser muy prolífico, aunque se conserve poco de su obra; el apologista Apolinar de Hierápolis; Polícrates de Pfeso, defensor de las tradiciones asiáticas en la disputa sobre la fecha de la Pascua. Las Actas de los Mártires y en especial la de S. Policarpo hablan de la fuerza espiritual del cristianismo. La vida de la nueva religión, la influencia de los múltiples movimientos espirituales tan fuertes en este país, favorecieron la eclosión y desarrollo de doctrinas sospechosas; S. Pablo tuvo que luchar contra ellas, S. Juan denuncia herejías en su Apocalipsis. El gnosticismo (v.) Marción era de Sínope en el Ponto y el montanismo, cuyo fundador (v. MONTANO Y MONTANISMO) era natural de Misia y según S. Jerónimo antiguo sacerdote de Cibeles, tuvieron su cuna en esta parte del mundo.

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