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PENSAMIENTO POSITIVISTA Oo fe 2 [aa fl z Oo =| i a 32 GABINO BARREDA (México } CARTA A MARIANO RIVA PALACIO SOBRE LA INSTRUCCION PREPARATORIA * México, octubre 10 de 1870. Sr. D. Mariano Riva Palacio —Toluca. Muy estimado amigo: Conforme a los deseos de usted, tengo ya arreglado el viaje de los profe- sores de esta Escuela que deben ir a hacer los exdmenes del Instituto de Toluca, con objeto de establecer, en lo posible, entre aquel establecimiento y la Escuela Preparatoria de esta capital, una perfecta fraternidad y homo- geneidad, no sélo respecto a las materias que en ellos hayan de ensefiarse, sino también de los métodos diddcticos y de los procedimientos de exdme- nes, para que de este modo los alumnos no tengan tropiezo de ninguna clase, cuando deseen pasar de un establecimiento a otro, facilitandose de esta manera la ensefianza en todos los ramos y Ja vulgarizacidn de los co- nocimientos utiles, sélidos y positives que caracterizan lo que en el plan de estudios actual se designa bajo el nombre de estudios preparatorios para las carreras profesionales. Incluyo a usted un ejemplar de la Ley Orgénica de Instruccién Publica vigente en el Distrito, y otro del viltimo Reglamento expedido por el Mi- nisterio de Instruccidn Publica, para facilitar la ejecucidén de dicha ley. En ese Reglamento, ademas de las disposiciones generales propias pata el arreglo de las escuelas y de los cursos, encontrard usted, en la seccién telativa a la Escuela Prepatatoria, el orden que debe seguirse en el es- tudio sucesivo de [as materias que forman los cursos preparatorios. Sobre él me permite Hamar Ja atencién de usted porque ademds de ser un punto a mi entender de la més alta importancia, presenta algo nuevo respecto * La presente_carta, da a conocer los motivos que dieron origen al primer plan de estudios de la Escuela Nacional Preparatoria. q1 de lo que antes se ha acostumbrado hacer, y como tal, ha sido objeto de algunas criticas, que aunque vagas y superficiales, y aunque jamdés hayan sido formuladas con precisién y franqueza para poder ser debidamente contestadas, me petmiten aptovechar la ocasidn que esta carta me presenta, de prevenir a usted contra ellas, conformdndome en esto con los deseos que me tiene usted manifestados, de ponerlo al corriente de todo lo que en mi concepto sea titil para promover en el Estado que tan dignamente gobierna, el mejor arreglo de la Instruccidn Publica. Come usted podré notar a primera vista, los estudios prepatatotios mds importantes se han arreglado de manera que se comience por el de las mateméticas y se concluya por el de la iégica, interponiendo entre ambos el estudio de las ciencias naturales, poniendo en primer lugar la cosmografia y la fisica, luego la geografia y la quimica, y por Ultimo, la historia natural de los seres dotados de vida, es decir, la botdnica y la zoologfa. En los intermedios de estos estudios que, como luego voy a pro- curar sucintamente demostrar, forman una escala rigurosa de conocimien- tos utiles y aun necesarios, que se eslabonan unos a otros como una ca- dena continua, en que los anteriores van siempre sirviendo de base indis- pensable a los que les siguen, y de medio adecuado para facilitar y hacer mds ptovechoso su estudio: en los intermedios, repito, de esta escala cien- tifica, se han intercalado los estudios de los idiomas, en el orden que exigia la necesidad de que de ellos se habia de tener para los estudios antes men- cionados, o los que més tarde debieran seguir. Asf es que se ha comenzado por ensefiar el francés, ya porque en este idioma estdn escritos multitud de Iibros propios pata servir de obras de texto, ya porque de este mado podriamos aprovechar desde luego las nociones més 0 menos avanzadas de este idioma, que casi todos los alumnos traen actualmente de las escuelas primarias: después se ha continuado con el inglés, por razones andlogas a las anteriores; y por ultimo, con el alemén, en los casos que la ley lo exige. Respecto del latin, encontrard usted también una verdadera novedad, la cual consiste en que en vez de ser el estudio por el que deban comenzar los alumnos, éste se hace, por el contrario, en los dos ultimos afios de su carrera preparatoria, Esta trasposicién ha sido, a mi entender, muy justa- mente motivada por el cambio de circunstancias que las ideas del siglo y su necesaria evoluci6n han ido determinando. Antiguamente, todas las obras cientificas, o que por algtin otro motivo se juzgaban dignas de ser universalmenie lefdas, se escribian en latin, y de aqui la justa prescripcién hecha por los que en aquella época dirigian la ensefianza, de comenzar pot el estudio de este idioma que era, por decirlo asi, la puerta por donde for- zosamente tehia que atravesar todo el que quisiere penetrar en el santuario del saber. Hoy las cosas han cambiado totalmente; cada sabio escribe en el idioma que le es propio, y las lenguas vivas, entre ellas muy sefialadamente él francés, Henan las funciones que antes desemperiaba el latin. Era natural, por lo mismo, y aun sin tener en cuenta el motivo de que antes hice a usted mérito, comenzar por el estudio de los idiomas vives, 12 los cnales, ademds, tienen la ventaja de facilitar las relaciones de todo géneto que los ciudadanos de cada pais tienen necesidad continua de man- tener con los demds. Pero hay otro motive todavia, que setia por si solo bastante a justificar el lugar que a este estudio se ha asignado, Estando el latin destinado hoy ptincipalmente a facilitar [os estudios y cultivo de la jurisprudencia y de fa medicina, si aquél se hubiese hecho en los prime- tos afios y después hubiese tenido que abandonarse en los afios subse- cuentes, por la imposibilidad en que hoy estamos de encontrar libros de texto cientificos escritos en ese idioma (imposibilidad que contrasta visi- blemente con Io que pasaba en el siglo anterior), los alumnos olvidarfan con toda seguridad esta diffcil lengua, y cuando legase el caso de hacer uso de Io que de ella habian aprendido se verfan may embarazados. Lo contrario sucede haciendo su estudio en los tltimos afios: ademds, persua- didos los alumnos de la necesidad que del estudio de este idioma tendran para la profesién que han elegido, lo harén con mds dedicacién, y por lo mismo con mejor éxito. Si se considera el idioma latino como un medio de poder dedicarse, los que a ello tengan aficiéa, a estudios trascendentales, las mismas con- sideraciones son aplicables. El estudio de la gramdtica espafiola se ha transferido hasta el tetcer afio, en vez de dejarlo en el primero como parecerfa tal vez natural, por- que si se desea que este estudio tenga una utilidad real, es preciso salir de esas superficialisimas nociones, que antes de hoy habian constituido los cursos de gramdtica casiellana de todos los colegios, y dar a los alum- nos un conocimiento més profundo y razonado de su idioma, presentén- doles a la vez ejemplos dignos de imitar. Para poder hacer todo esto con fru- to, se necesita que los alumnos tuviesen una inteligencia mds cultivada ya, asf como también que con la edad fuesen capaces de penetrarse de la necesi- dad y de la utilidad de este estudio. El carécter abstruso y eminentemente analitico de todo estudio gra- matical, cuando se quiere que no sea sélo una operacién automdtica de la memoria, sino un ttabajo realmente intelectual, exige un desarrollo mayor de Ja facultad de abstraccién e induccién por parte de los alumnos, y esto justifica el retardo de que se trata, supnesto que la abstraccién es la fa- cultad que mds tarde sc desenvuelve en nuestra mente. . . En cuanto a las tafces griegas, su estudio se ha colocado en el afio en que, por haber menos recargo de materias, s¢ creyé mds oportuna. Pasemos ahora a las materias cientificas que forman el conjunto de estudios preparatorios, y al orden en que se ha crefdo conveniente disponer su adquisicion. En cuanto a lo primero, aunque patecetia indtil insistir con una per- sona tan entendida como usted, en la conveniencia y aun necesidad que hay de que todas las personas en general, y muy especialmente las que se consagran a las carreras literarias reciban una educacién homogénea y completa, por lo menos en lo relativo a les estudios fundamenteles, y que 13 deben formar el cimiento de la educacién profesional; como usted me ha encatgado que sobre todos estos puntos consigne yo en esta carta que debe servir a usted como memordndum, todo lo que haya necesidad de tener presente en taz6n de su importancia, aun cuando algunos de estos hechos pudiesen parecer demasiado obvios, voy a decir a usted sobre ello alguna cosa por parecerme wn punto de Ia mds alta importancia. Todo el que ha hecho un estudio medianamente profundo de las leyes @ que estd sujeto el espiritu humano, sabe que ef modo con que nos habi- tuamos desde los primetos afios a pensar, y las asociaciones de ideas que en esa época hacemos, quedan profundamente grabadas en muestra mente, constituyendo un habito al que dificilmente nos sustraemos después, y que ejerce en nuestras posteriores concepciones una influencia casi irresistible, hasta el grado de que, Iegando muchas veces a convencernos de que ha- bfamos establecido una relacién falsa y aun absurda entre dos ideas, no podemos, sin embargo, en la practica separar concepciones que por tanto tiempo han marchado juntas en nuestra imaginacién; por consiguiente, ellas vienen a set un mévil constante aunque absurdo de nuestra conducta, y un venero inagotable de inspiraciones, que no pueden sino extraviarnos, supuesto el cardcter irtacional y falso del fundamento de que parten. Asi, infinidad de personas hay que, bien convencidas de lo absurdo de multitud de preocupaciones que se les inculcaron en su nifiez, son, sin embargo, in- capaces de obrar de una manera consecuente con las nuevas convicciones que con la edad han Ilegado por fin a adquirir. 2Cudntos hay, por ejem- plo, que no son capaces de sobreponerse al terror que inspitan los apare- cidos, y dormir tranquilamente en medio de un panteén, por mds que es- tén convencidos de gue ningtin caddver puede levantarse de su tumba? eCudntos hay que son incapaces, en momentos supremos, de sobreponerse al influjo de ciertas ideas religiosas, de cuya falsedad creen estar conven- cidos, y las que, sin embargo, ejercen en su dnime una influencia mds o menos grande, pero siempre incontestable? Pues si esto se ve sobre pun- tos en que es tan fécil demostrar su completa falsedad, como en materia de los muertos aparecidos, gqué serd cuando se trate de otra clase de ideas que, por set mds susceptibles de discusién, o por tenerse menos motivos de meditar con frecuencia sobre ellas, se arraigan definitivamente en nuestro espiritu, por mds falsas ¢ inadmisibles que sean? En estos ca- sos, los errores que, por falta de un cultivo propio de las materias corres- pondientes, hayan Megado a inculcarse en nuestra alma, formarén la base real, aunque muchas veces ignorada o disimulada, de todos nuestros actos, © por lo menos de un gran numero de ellos. ¢Quién, que haya cultivado un poco de las ciencias naturales, no ha tenido frecuentes ocasiones de sorprenderse de las nociones falsas, y tal vez debiera yo decir, de las papa- rruchas que circulan entre hombres mds ilustrades en otras materias, pero que, en vittud de [a educacién incompleta que recibieron, nada conocen, por ejemplo, de las leyes de Ja organizacién y de la vida? ¢Quién no ha visto admitidas sin dificultad y aun con cictta satisfaccién, las teorfas mds 14 absurdas y contradictorias sobre las funciones vitales de todo género, sobre las combinaciones quimicas, y aun sobre los fenémenos fisicos y astrond- micos un poco superiores? Por este motivo ha podido decirse con sobrada razén, que en ciertas materias, el vulgo no se encuentra sdlo entre los ignorantes. Asi se comprende que personas de igual aptitud intelectual, pero que por falta de educacién, suficientemente homogénea, y ademds, suficiente- mente general, dejan presa en su dnimo a toda esa serie de errores a que tan expuestos nos vemos desde nuestros primeros afios, principalmente en virtud de la descuidada y fatal educacién que hasta aqui se ha dado al sexo femenino, de quien forzosamente recibimes nuestras primeras nociones del mundo y del hombre: asf se comprende, repito, que personas de igual in- teligencia y capaces de racionar con igual precisién ieguen, de la mejor buena fe, a conclusiones diametralmente opuestas sobre puntos que a to- dos parecen igualmente obvios, y observen por lo mismo en la prdctica una conducta mds 0 menos apuesta: asi se comprende la diversidad de creencias religiosas o politicas: ast se explica, en fin, la completa anarquia que teina actualmente en los espiritus y en las ideas, y que se hace sentir ineesantemente en la conducta préctica de todos. No basta para uniformar esta conducta con que el Gobierno expida leyes que lo exijan; no basta tampoco con que se nos quiera atetrorizar con penas mds o menos terribles, o halagar con recompensas infinitas en la vida futura, como lo hace la religién. Para que la conducta practica sea, en cuanto cabe, suficientemente arménica con las necesidades reales de la sociedad, es preciso que haya un fondo comin de verdades de que todos pattamos, mds o menos deliberadamente, pero de una manera constante. Este fondo de verdades que nos han de setvir de punto de partida, debe presentar un cardcter general y enciclopédico, para que ni un solo hecho de importancia se haya inculcado en nuestro espiritu sin haber sido antes so- metido a una discusidn, aunque somera, suficiente para darnos a conocer sus verdaderos fundamentos. Ahora bien; sélo la edad en que se acostumbra hacer los estudias pre- paratorios, es la propia para satisfacer esta necesidad de la sociedad actual, necesidad que todos sienten, pero que pocos explican. Pero para Henarla por el tinico medio capaz de conseguirlo, que es una educacién sisteméti- camente calculada pata este fin, se necesita que ésta sea igual para todos, cualquiera que sea la profesién que deban abrazar, pues por mds que estas profesiones patezcan disimbolas, todas deben obrar de consuno, porque todas tienden a un mismo fin, que es el bienestar social, y todas deben partir de principios concordantes. La Compafifa de Jestis, a quien nadie ha negado nunca una profunda y nunca desmentida sagacidad para escogitar los medios més adecuados a los fines que se proponfa, comprendié, desde sus primeros pasos, las inmen- sas vetitajas que una educacién perfectamente homogénea y dirigida por ella en todas las clases influyentes de la sociedad, debia darle para unifor- 15 mar las conductas conforme a sus deseos: y en efecto, su principal empefio fue el de apoderarse de la educacién y ef de hacerla idéntica para todos. Nada, ni gastos ni sactificios de todo género omitié jam4s para lograr este fin, cuya inmensa importancia comprende todavia, y a pesat de su deca- dencia, lucha atin por no desasirse de este inmenso elemento de influen- cia social. 2Cémo es, me preguntaré usted, que a pesat de la posesién en que los jesuitas estuvieron por tantos afios de ese elemento poderoso de domi- naciéa moral, las generaciones presentes han acabado por sustraerse mds o menos completamente a su tutela? La respuesta a esta pregunta se encuen- tra toda en Ia segunda condicién que, conforme a lo arriba dicho, debe tener toda educacién fundamental. El motive por que los jesuitas no lo graron, sino de una manera pasajera, el fin que se proponian, fue que la educacién que bajo sus auspicios se daba nunca fue y nunca pudo ser suficientemente enciclopédica. Esos ditectores de la juventud estudiosa, siempre tuvieron necesidad de dejar fuera de su programa de estudios fun- damentales, multitad de conocimientos de la mds alta importancia préctica. Unos porque ain no se habfan desenvuelto fo bastante para que se hiciese sentir sv importancia en su época, otros, porque se consideraban erténea- mente como propios sélo pata el ejercicio de ciertas profesiones, y casi todes porque Jas verdades que daban a conocer entraban en un conflicto, a veces latente y a veces manifiesto, con las doctrinas y con los dogmas que ellos se proponian conservar. La quimica, la historia natural, la astro- nomia realmente cientifica, y aun una buena parte de la fisica, se encontra- ron por estos motivos excluidas del programa general. Las matemdticas, sdlo en su parte mds elemental lograron siempre formar parte de aquél. Sin embargo, la necesidad de no abandonar un terrenc que tan opimas cosechas prometia, abrié el paso a una gran parte de Ja fisica experimental, y una educacién matemética menos incompleta formé parte de los cursos de filosofia que en fos diltimos afios se redactaban para uso de sus escuelas, asi como algunas nociones algo mds precisas de cosmograffa. Pero por una parte, el remedio Hegaba un poco tarde, y por otra, éste era todavia in- completo y parcial. El Trivio y después el Cuadtivio, como se llamaba en aquella épeca, nunca constituyeton un conjunto de nociones bastante ge- neral pata no dejar fuera de su reciato multitud de hechos que a cada instante se presentaban espontdneamente a la observacién, y sobre los cuales, por lo mismo, cada cual era Arbitro de darse las explicaciones que le pateciese, por més irracionales que pudiesen ser. Ahora bien; esta ancha puerta abierta al error y, sobre todo, esta facilidad que semejante método trae consigo, de dejar correr sin contradiccién y acreditarse como ciertas las mds contradictorias concepciones relativamente a un mismo hecho, su- puesto que éstas habfan de emanar de las inspiraciones populares, o de cualquier otta fuente que no fuera el estudio de los fendmenos mismos que se tratan de comprender y de explicar, debia, por precisién, esterilizar todos los esfuerzos que por otra parte se quisiesen hacer para mantener 16 Ja unidad de doctrina y la homogeneidad de opiniones. Ya lo he dicho, uh solo camino que se deje al error, una sola fuente de neciones reales que se abandone a la arbitrariedad y al capricho individual, es bastante para hacer abortar todo wn plan de educacién, por més bien combinado que parezca en lo restante. El estudio de la naturaleza no es un medio de formarnos un conjunto de opiniones ciertas y positivas, que puedan setvit- nos de base segura en nuestras especulaciones tedéricas 0 en nuestra con- ducta practica, sino a condicién de ser completo, y de no dejar ninguno de los hechos generales y fundamentales que forman conjunto, sin tomat de él nociones bastantes para comprenderlo en lo que tiene de mas esen- cial y en sus relaciones con los demas fenémenos. Dos motives, como usted ve, contribuyeron poderosamente a hacer fracasar el plan de los jesuitas: primero, el mdvil retréprado que lo habia inspirado y que por sf solo hubjera bastado para hacer abortar los mds bien combinados esfuerzos; y segundo, el caractcr incompleto y parcial que por precisidn tuvo que dar a la educacién de la juventud. A pesar de estos dos poderosos motives, el resorte social de que su- pieron apoderarse es de tal temple y trascendencia, que los padres de la Compafila consetvan adn influencia en la sociedad, aunque a la verdad, ensanchanda siempre, a pesar suyo y s6lo arrastrados por el torrente de Ja opinidn publica, el programa de la ensefianza secundaria. Una educacién en que ningtin ramo importante de las ciencias natu- tales quede omitido; en que todas los fendmenos de la naturaleza, desde los mds simples hasta los mds complicados se estudien y se analicen a la vez tedrica y précticamente en lo que tienen de mds fundamental; una educacién en que se cultive asf a la vez el entendimiento y los sentidos, sin el empefio de mantener por fuerza tal o cual opinién, o tal o cual dog- ma politico o religioso, sin el miedo de ver contradicha por los hechos esta © aquella autoridad; una educacién, repito, emprendida sobre tales bases, y con sélo el deseo de hallar la verdad, es decir, de encontrar lo que real- mente hay, y no fo que en nuestro concepto debiera haber en los fenéme- nos naturales, no puede menos de ser, a la vez que un manantial inagota- ble de satisfacciones, cl més seguro preliminar de la paz y del orden so- cial, porque él pondrd a todos los ciudadanos en aptitud de apreciar todos les hechos de una manera semejante, y por lo mismo, unifotmard las opi- niones hasta donde esto es posible. Y Ias opiniones de los hombres son y serdn siempre el mévil de todos sus actos. Este medio es, sin duda, Jento; pete gqué importa si estamos seguros de su eficacia? equé son diez, quin- ce o veinte afios en la vida de una nacién, cuando se trata de cimentar el Gnice medio de conciliar fa libertad con la concordia, el progreso con el orden? El otden intelectual que esta educacién tiende a establecer, es Ja Ilave del orden social y moral que tanto habemos menestez. Estos motivos, que serfan por si solos bastantes para fundat sobrada- mente l2 conveniencia y la necesidad de uniformar fa cducacidn preparato- tia, y de darle un cardcter mds completo de lo que hasta aqui habia podi- 17 do hacerse, no son, sin embargo, los tinicos que militan en favor de esta importante mejota inttoducida por las leyes vigentes de la Instruccidn Publica. Otros motivos Idgicos y otras considetaciones prdcticas de la mis alta importancia, tanto social como individual, hablan también en su avon. En efecto, si es cierto que el buen método es 1a primera condicién de todo éxito; si, como dice un gran filésofo: “Los hombres, m4s que doc- tinas, necesitan métodos; mds que instruccién, han menester educacién”, todo Jo que conttibuye a inculcar en nuestro dnimo los métodos mds pro- pios, més seguros y més probados de encontrar la verdad, debe introda- cirse con el mayor empefio en Ja educacién de Ja juventud. Bajo este res- pecto, nada es comparable al estudio de las ciencias positivas, para grahar en el dnimo de los educandos, de una manera prdctica y por lo mismo in- deleble, los vetdadetos métodos con la ayuda de tos cuales la inteligencia humana ha logrado elevarse al conacimiento de Ia verdad, Desde los més sencillos raciocinios deductivos hasta las mds complicadas inferencias in- dactivas, todo se pone sucesivamente ante sus ojos, no por simples reglas absttactas, incapaces las mds veces de ser comprendidas y mucho menos de ser puestas en uso, sino haciendo practicamente cada dia o viendo he- chas Ias mejores aplicaciones de dichos métodos. Las matemdticas, que partiendo de un cortfsimo mimero de verdades fondamentales, Ilegan de consecuencia en consecuencia, por medio de la mds irreprochable ilacién, hasta las verdades mds remotas y a veces ines- peradas, pero no por esto menos seguras, serén siempre la mejor escuela en que tedos podrdn aprender las verdaderas reglas practicas de la De duccién y del Silogismo. La simplicidad de las matetias que forman el verdadero dominio de las matematicas, y el riguroso método légico que esa misma simplicidad permite, hacen de esta ciencia el mejor medio de prepararnos a emprender después, con menos peligro de errar, ottas es- peculaciones més complicadas. La utilidad del estudio de las mateméticas, muy grande ya por las verdades que directamente ensefia y que son diaria- mente aplicables en multitud de citcunstancias de [a vida comin o profe- sional de todos les individuos, es todavia infinitivamente mayor bajo el punto de vista del método que emplea, con el que necesariamente nos connaturalizamos, aun sin echatlo de ver, al hacer su estudio, y el que pot lo mismo aplicamos después con facilidad y precisién. Permitame us- ted que copie aqui lo que sobre este punto dice J. Stuart Mill en su “Lé- gica del raciocinio y de la induccién”: “El valor de la instruccién matemd- tica, como preparacién para mds dificiles investigaciones, consiste no tanto en fa aplicabilidad de sus doctrinas, sino en la de su método, Las mate- miaticas serdn siempre el tipo perfecto del método deductive en general, y la aplicacién de las matematicas a la parte deductiva de las ciencias fisicas, constituye la mejor escucla en que los filésofos pueden aprender la parte mds diffcil ¢ importante de su arte, el empleo de las leyes de los fenédmenos mds simples con objeto de explicar y de predecir los més com- 18 plejos. Estos fundamentos son mds que suficientes pata creer que los ta ciocinios matemdéticos son la base indispensable de una verdadera educa- cién cientifica, y para mirar (de conformidad con el dicho que se atribuye a Platén) a todo el que carece de estos conocimientos, como falio de la condicién mds esencial pata el cultivo fructuoso de los mds elevados ra- mos de la filosofia’. (Mill. A System of Logic rationative and inductive). éNo le parece a usted extrafio que después de todos estos motivos tan evidentes y que, no diré ya justifican, sino exigen que el estudio de las matemdticas se ponga como inttoduccidn a los otros y se haga obligatorio igualmente a todos los alumnos, haya todavia, entre petsonas que pasan por ilustradas, quien pregunte c4ndidamente: gpara qué pueden servir las matematicas a los abogados, pot ejemplo? ¢A Ios abogados que son pre- cisamente los que, en el curso de su profesién hacen el mds frecuente y el més dificil uso del raciocinio deductive, es decir, del método que las matematicas estén precisamente destinadas a ineulear y perfeccionar? La interpretacién de Jas leyes, hecha por el juez o por el simple abo- gado, no es, segtin demuestra el autor citada, sino una deduccién silogistica; y la utilidad del silogismo, en Ja época actual, no es otra que la de servir de instrumento de incerpretacién. ¢Cémo, pues, la ciencia que lleva [a idgica del silogismo a su mds alto grado de perfeccionamiento, y de la cual es la mejor escuela, podria reputarse por imitil? El hébito antifiloséfico de no considerar en los estudios preparatorios sino la aplicabilidad directa de las doctrinas, y no el método, ha podido sélo acteditar la opinida de que [os estudios superiotes de la matemdtica trascendente son initiles, y no faltaré quien diga que hasta nocivos para los abogados y los médicos. Pero si se reflexiona que tales estudios, y en general todos los preparato- rios, son una verdadera gimndstica intelectual, destinada a fortalecer y desarrollar nuestras aptitudes o facultades diversas a la wez que a regla- mentarlas, todas las objecciones que pudieran hacerse a estos estudios desaparecen. Nadie objeta a la gimndstica corporal la perfecta inutilidad efectiva de todos y cada uno de los esfuetzos musculares que la constitu- yen, porque ven en ellos un modo de desarrollar los 6rganos, y no un medio de alcanzat resultados directos, utiles por si mismos. ¢Por qué no apreciar en la misma forma la gimnéstica espiritual? Aun suponiendo que lo que es cierto de la gimndstica corporal lo fuese también de la men- tal; aun concediendo que algunos de los ramos que durante esta ultima se cultivan, quedasen sin aplicacién posible ulterior, lo cual es més que du- doso, y que se olvidasen completamente como muchos suponen, exagerando lo que en realidad pasa, el vigor intelectual que dejan tras si, y la logica rigurosa que inculcan, no se pierden jamds y se utilizan en cada acto de la vida, tanto especulativa como practica. La educacién, es preciso repetirlo, la educacién intelectual es el prin- cipal objeto de los estudios preparatorios; la variada y sdlida instruccién que ellos proporcionan es una ventaja inmensa y, sin embargo, secundaria 19 si se compara con fa que resulta de Ia disciplina mental a que nos acos- tumbran. Después del estudio de las matemdticas se ha colocado el de cosmo- gtafia o astronomia elemental, por la razén de que enzre todas las ciencias ésta es, después de Ia mecdnica, Ia que se ocupa del estudio de fos fené- menos mds simples que se presentan realmente en la natutaleza, y porque en ella, asi como en la mecdnica (que se estudia como introduccién a esta ciencia y a la fisica), se hacen las més esponténeas y perfectas aplicaciones de los teoremas matemdticos. Ademés, las sanas nociones que sobre el verdadero mecanismo del sistema césmico se dan en ella, y los numerosos errores que con sdlo esto se disipan desde luego en la mente de los edu- candos, hacen de este estudio, y han hecho desde hace ya algiin tiempo, una base indispensable de toda educacién regular. La fisica lega después, la cual, ocupdndose de propiedades més com- plicadas de los cuerpos, exige ya la aplicacién de nuevos métodos y de nuevos medios de investigacién. En las matemiticas, que sdlo se ocupan de] mimero, de Ia extensién y del movimiento, prescindiendo de las demds propiedades de las cuerpos, el método deductivo habia podido ser suficien- te por si solo; y Ia induccién, reducida a los procedimientos elementales y esponténeos, propios para establecer sus axiomas fundamentales, ha po- dido pasar casi desapercibida. Pero ya en Ja fisica, sus verdades mis ele- mentales tienen un car4cter mds francamente experimental y de la obsetva- cién, mientras que en la astronomia, la pura observacidn es el nico me- dio que tenemes de investigacidn. Asif, primero raciocinio puro, después observacién como base del ra: ciocinio, y luego, observacién y experimentacién reunidas, van formando Ia escala I6gica por la que debe pasar nuestro espititu al caminar desde las matemdticas hasta la fisica, en donde todavia se hace frecuente e impor- tantisimo una de los teoremas y de los métodos matemdticos para las investigaciones que son de su resorte. Viene después la quimica, en donde el método experimental adquiere su més completo desarrollo, y en donde por lo mismo Ia induccién es ef procedimiento Mégico predominante. Aqui las propiedades que se estudian en los cuetpos son mucho mds numerosas y mucho mds complicadas, y asi el espiritu va poco a poco ascendiendo en complicacién de ideas y en complejidad de métodos. Llegan después los cstudios relativas a los fendmenos de los seres vi- vientes (botdnica, zoologia): aqui la observacién, la experimentacién, [a comparacién, son los medios que nos proporcionan los conocimientos que en estas cienclas se adquieten, y Ja escuela por lo mismo en que nuestras facultades mentales deben adiestrarse, no sélo en el uso de los dos primeros medios de investigacién, que ya se habian puesto en practica en el estudio de las ciencias anteriores, sino también en el de la compatacién que, o no se habia empleado para nada, o se habia hecho de él un uso muy elemen- tal. Como en el estudio de los seres vivientes, las propiedades que somete- 20 mos a nuestto andlisis son infinitamente mds complicadas, los medios de observacién de que hacemos uso son también mucho més numerosos. Asi, mientras en la astronomfa sélo hacemos uso del sentido de la vista, en la fisica nos servimos, ademas, del tacto y del ofdo, y en la quimica echamos mano del olfato y del gusto prescindiendo casi enteramente del oido; pero en el estudio de Ja organizacién y de la vida, todes los sentidos son de grande utilidad y todos se ejercitan a la vez. El importante artificio Idgico de la nomenclatura, cuyas ventajas para la claridad y precisidn de los conceptos y de las ideas, asf como para su mas facil combinacién, son tan nototios y tan importantes que Condillac y su esenela han podido sostener, con cietta apariencia de verdad, que una ciencia no es otra cosa sino una lengua bien construida, en ninguna parte puede aprenderse y practicarse mejot que en la quimica, cuya nomenclatura ser4 siempre el tipo que deba uno proponerse en toda construccidn de este género, asi como también Ja terminologia botdnica, con cuya ayuda se pueden consignar como en una fotografia los caracteres mds fugaces y més minaciosos del més insignificante vegetal, sin que esta descripcién tan detallada deje por esto de ser admirablemente Jacdnica. Peto et fo que aventaja a todas las otras ciencias en el estudio de la historia natural, y muy sefialadamente el de la zoologia, es en la practica y cultiyo del mds importante de los artificios Iégicos; quiero hablar del arte de las clasificaciones. En ninguna parte se ha elevado este arte a mds alto grado de perfeccién, porque en ninguna podria encontrar reunidas las condiciones necesayias para su desarrollo y porque en ninguna era tam- poco més indispensable, en vittud de la inmensa variedad de seres que tenfa que estudiar: si se quiere, por lo mismo, comprender y poseer a fondo esta parte del método, que es y serd siempre un preliminar indis- pensable de toda medida practica y de toda especulacién tedrica, es preciso estudiarla en la ciencia que le ha sabido dar las mejotes y més importantes aplicaciones. Todas las reglas tedricas que pudiesan datse pata hacer bien wna clasificacién, serian enteramente perdidas, si no nos hubiéramos adies- trado y ejercitado en clasificar los seres que mds se prestan a ello por su inmensa variedad unida a sus profundas y multiplicadas analogias. Por esta complicacién de métodes y de doctrinas que caracterizan el estudio de los seres vivientes y de fas funciones que les son propias, y por el auxilio que pata el estudio de éstas se saca de los conocimientos acu- mnulados en las otras ciencias, sin los cuales, todos los actos vitales, aun los més elementales serfan enteramente incomprensibles, se han puesto estos estudios después de los de las ciencias fisicas y quimicas, que vienen a continuacién de las mateméticas y de la astronomia, en la cual se ha podido estudiar la aplicacién més racional, mds fecunda en resultados, y al mismo tiempo més sobria y seguta de otro importantisimo artificio légico, las hipétesis, de que esta Ultima ciencia se sirve a cada paso con un éxito completo, y adonde, por lo Ultimo, habrd siempre que it a buscar los me- 2 jores ejemplos y las mds seguras reglas para su uso en otros casos més dificiles, EI estudio de la geografia y la historia se han dejado para el tercero y cuarto afios, porque para poder comprender la primera necesitan los co- nocimientos que da lq cosmografia, sin los cuales todas las nociones de polos y paralelos, de meridianos, de climas, etc., serian enteramente pre- matutas. La historia se ha colocado después de la geogtaffa, o concuttente con ella, porque asi se facilita el estudio de ambas y se hace més ameno. Las consideraciones puramente [dgicas, vienen, pues, como las consi- deraciones sociales de que primero hice mérito, a justificar y sancionar la hecesidad absoluta de que en Ia educacién preparatoria todos los alumnos recortan el ciclo completo de las teorfas cientificas, sin cuya condicién no podrén nunca considerarse suficientemente preparados para desempefiar sus respectivas funciones sociales, con el acierto y el tino que exigen la estabilidad y el progreso. Estas consideraciones me conducen, naturalmente, a hablar a usted antes de apreciar ottos motivos menos generales, aunque siempre muy propies para fundar la tesis que vengo sosteniendo, de otra dislocacién que se ha hecho de uno de los ramos més importantes de los estudios pre- paratorios, y que por este motivo ha llamado la atencién de muchas per- sonas y ha sido objeto, segtin he Ilegado a saber, de algunas criticas, aun- que como las otras, siempre vagas y fundadas sdlo en la rutina de lo que acostumbra hacerse. Desde luego comprenderd usted que quiero hablar de Ja légica e ideologia, las cuales, en los planes antiguamente seguidos se ponian siempre como introduccién a los estudios filoséficos y cientfficos; mientras que, en el que actualmente rige, sc han colocado como corona- miento y recapitulacién de todos ellos. Esta importante modificacién revela y resume en sf misma todo el espiritu profundamente filoséfico que ha presidido a la distribucién y al orden con que deben seguirse los cursos que forman los estudios prepa- ratorios. En efecto, ya sea que se considere Ja légica como arte o ya como ciencia, supuesto que ambos caracteres reine en Ja opinién de las personas m4s competentes, su estudio abstracto, tedrica y sistemdtico, tal como puede y debe hacerse en un caso especial, no puede venir sino después de que los diferentes métodos ldgicos y los diversos artificios de que se vale el entendimiento hymano para llegar a [a evidencia se hayan hecho prdc- ticamente familiares a los educandos, a la fuerza de ponerlos y de verlos puestos en uso en los estudios cientificos que sucesiva y gradualmente han ido recorriendo. Ningin arte, en efecto, es susceptible de aprenderse puramente en abstracto, y con entera independencia de las aplicaciones a que esta destinado. Lo inverso es lo que se observa constantemente en el desarrollo de todos ellos, y lo tinico también que es capaz de dar un re. sultado prdctico y positivo. Primero se aprende a ejercitar las operaciones correspondientes, y luego vienen las reglas tedticas, que no pueden ser otra 22 cosa sino la sistematizacién y el perfeccionamiento de aquello mismo que antes se habia ejecutado de una manera puramente espontdnea y empitica. Entonces se perciben con una claridad inesperada, los motivos de ciertos procedimientos de que se habia hecho uso, sin explicarse la verdadera ra- z6n de las ventajas que con su empleo se habjan logrado, y las dificultades de todo género que con ellos se habfan vencido. Entonces se sabe apteciat con suma facilidad la importancia de ciertas reglas abstractas de método que, expuestas desde el principio, hubieran parecido ininteligibles o super- fluas, pero que, formuladas como un verdadero resumen de lo que se ha ejecutado ya con buen éxito en las dificiles investigaciones cientificas, se grabardn profundamente en el dnimo, como medios preciosos de que podemos echar mano para superar las dificultades de método que, en nues- tras ulteriores especulaciones tedricas o investigaciones prdcticas, puedan presentarse, Dos son tnicamente los caminos que el entendimiento humano puede seguir en la investigacién de la verdad: la induccién y la deduccién, La primera, partiendo de lo particular a lo general, o de lo menos a lo més general; lq segunda, procediendo de lo general a Jo particular, o de lo mas a lo menos general, pero siempre procurando pasar en ambos casos de lo conocido a lo desconocido. Y bien, uno y otro de estos dos caminos para Iegar a la evidencia, se han recorrido de una maneta incesante du- rante el estudio que han hecho ya los alumnos, desde las matemdticas hasta la zoologia, segtin he procurado hacer ver en las consideraciones que pre- ceden, comenzando principalmente por la deduccidn que es incuestionable- mente el mds f4cil de entre los mézodos de inferencia, del cual fas mate- maticas ofrecerdn siempre la mds exacta y rigurosa aplicacién, y conclu- yendo con la induccién que es el camino de todos los descubrimientos, el venero unico de donde el espiritu humano puede sacar verdades realmen- te nuevas y desconocidas. Las dificultades de ambos métodos y los medios accesorios, aunque de Ja més alta impertancia, con que estas dificultades se han logrado vencer, tales como la cbservacién, Ja experimentacién, el uso de jas hipdtesis, el artificio de las clasificaciones y de Jas nomencla- turas, etc., todo es ya en esta época conocido de los alumnos, y conocido ptecisamente en sus mds ttiles y brillantes aplicaciones; de suerte que, cuando ven formuladas las dificiles y complicadas reglas de estos procedi- mientos, los ejemplos cientificos propios para ilustrarlas surgen espontd- heamente en su espfritu, y la conveniencia y necesidad de aquéllas se in- culean en él pata siempte. Este curso prdctico de Iégica, que gradual y progresivamente han ido haciendo los alumnos al pasar del estudio de unas a otras ciencias, es Ja mejor preparacién que pudieran tener para hacer con provecho el curso tedrico y abstracto de légica, en el cual podrén ya discernir y apreciar de- bidamente el valor y las dificultades de cada uno de les procedimientos del método y de las cuestiones que a él se refieren, 23 En el antiguo sistema, un curso de Iégica se reducia a un estudio ele- mental del ptocedimienta deductivo, con el cual no se lograba otra cosa que conocer en abstracto las reglas del silogismo y el modo de sacar con- secuencias de un conjunto dado de proposiciones univetsales. Pata lograt en este arte alguna prdctica se emprendian de ordinario Jas mds insulsas y anticientificas disputas, con tal de que ellas pudiesen dar lugar a la formacién de una serie m4s o menos prolongada de silogismos, lo cual no podia menos de pervertir el espiritu y cl cotazén de los jévenes acostum- brdndolos a gaster su tiempo en cuestiones impertinentes, sostenidas con la mas insigne mala fe. Por este motivo, y aun por los ejemplos que or- dinariamente se escogen en los tratados de Idgica para ensefiar lo que es silogismo, y los casos en que cumple con las reglas que la ldgica le marca, este poderoso instrumento de inferencia y de rigurosa interpretacién ha Hegado poco a poco a desacreditarse hasta el grado de que, muchos lo repu- tan como una vana traba, y como un todeo pueril que a nada conduce y que nada ensefia. ¢Qué se puede aprender, en efecto, en silogismos como ef siguiente, que vemos por ahi en los cursos de Idgica: “Todo metal es cuer- po. Todo plomo es metal. Luego ¢todo plomo es cuerpo?” ¢Qué hay de nuevo en esa conclusién, que no fuese ya perfectamente conocida pata el que habia puesto o admitido la proposicién mayor? Por el contrario, ha- ciendo ver a los alumnos que todo el curso de matemdticas que han segui- do, y la geometria muy particularmente, no es otra cosa que una serie de silogismos perfectamente ilados, y en virtud de los cuales se ha llegado a verdades realmente nuevas e inesperadas, desde Inego se persuadirdn de la importancia y de la utilidad de ese poderoso medio de deduccién y de las condiciones a que debe satisfacer. Pero hay otto inconveniente todavia mds grave en la colocacién que antiguamente sc daba al estudio de la légica, y es que éste tenia forzosa- mente que reducirse al simple estudio del raciocinio deductivo, mientras que la induccién, que es la verdadera fuente de todos nuestros conocimien- tos reales, y de la cual tienen que partir hasta nuestras inferencias deduc- tivas, se omitfa en los cursos de Idgica, o se hablaba de este procedimienta importantisimo coino de une cosa insignificante y muy obvia. De aqui resultaba que cuando Jes educandos llegaban al estudio de las ciencias positivas y de los fenédmenos efectivos de la naturaleza (al de Ia fisica por ejemplo), y veian que ni una sola de las verdades fundamen- tales de esta ciencia se han obtenido a fuerza de silogismos, como ellos debfan naturalmente esperar, en virtud de lo que en légica se les habia hecho creer; cuando reconocian que las mds importantes reglas del sifogis- mo sé violan a cada paso en estas ciencias, y que, sin embargo, se llega en ellas a nuevas y muy importantes verdades, toda la fe que hasta alli po- drfan haber tenido en cuanto se les habia ensefiado, debia desaparecer casi totalmente, reduciéndose de esta suerte la tarea de fa enseflanza a un trabajo estéril y semejante al de Jas Danaides. De dos o weds particulares, se les habia dicho, #usca se puede inferir una proposicién universal; y, 24 sin embargo, no hay una sola proposicién universal en las ciencias que no tenga por fundamento tinico observaciones singulares y, por lo mismo, proposiciones particulares. Si nosotros sabemos que los cuerpos tienden hacia el centro de la tierra; que los metales son buenos conductores de Ja electricidad; que el oxigeno se combina con el hidrégeno para formar agua; que los mamfferos, aun cuando vivan en el agua tienen pulmones; si todas las verdades, en fin, de las ciencias, pueden y deben formularse en proposiciones universales, también es de todo punto cierto que ninguna de elias se ha inferido de otra proposicién mds universal por via de de- duccidn, sino que todas son generalizaciones inductivas, cuya unica base son hechos particulares. A veces, un solo hecho es bastante en las ciencias pata formular una proposicién universal; y la conclusién tiene siempre ma- yor extensién que las premisas. De esta manera los conocimientos que se iban adquiriendo después, se iban poniendo en contradiccién con los que se habian adquitido antes, y el escepticismo y el desaliento se inculcaban en el dnimo de los jdvenes desde sus més tiernos afios. Se les habia ensefiado a sacar consecuencias de las proposiciones uni- versales que se les daban; pero ni una sola palabra se les decfa del modo con que ¢sas mismas proposiciones universales podrian llegar a formular- se ni sobre qué bases debian descansar. Sélo una autoridad divina o hu- mana, pero en todo caso incontrovertible, podfa legitimamente servir de base a Ia légica deductiva, considerada bajo el punto de vista que se le podia dar. Y, en efecto, asi se practicaba siempre; las proposiciones uni- versales no tenfan, no podian tener, mds prueba que una autotidad que no estaba sujeta a discusién. Desde luego comprenderd usted, supuestos estos antecedentes, la es- pecie de antipatia que el espiritu moderne, naturalmente propenso a de- sechar toda autoridad gue no sea la de los hechos, debia sentir por esta Iégica que a su vez rechaza, como una consecuencia natural de sus princi- pios, la autoridad de Ja observancia, y que sdlo puede servir para inter- pretar o conocer el valot de férmulas o proposiciones tenidas ya por in- dudables, pero de ningtin modo para encontrar éstas. Desde luego se dard usted cuenta de esa especie de divorcio que por tanto tiempo ha existido entre los Iégicos y los que cultivan las ciencias naturales, pues mientras los primetos se aferran en no cultivar sino la pura deduccidn los otros fundaban y perfeccionaban con sus investigaciones y sus descubrimientos, Ja induccién; mientras los unos sdlo querian interpretar y, las mds veces, sélo repetir en términos precisos las proposiciones ya conocidas, los otros jiban en busca de proposiciones o verdades realmente nuevas. Los primeros daban por supuesto que nuestros antecesotes lo habian sabido todo por revelacién o intuicién y que, nibil novus sub sole; los segundos, dejando a sus competidores en esa tarea de ardillas de revolver incesantemente textes envejecides, y aun con frecuencia simples méximas o teglas gene- rales de conducta, se ocupahan en observar, en generalizar y en experi- 25 mentar, pata hacer progresar las ciencias y enriquecerlas con hechos o verdades generales en Jas que ni sofiaron los antiguos. Asf se explicard usted el hecho, al parecer extrafio, de que en ciertas materias, los que por mds Idgicos se tienen, llegan con una naturalidad que encanta, de silo- gismo en silogismo, a las consecuencias més extravagantes, consecuencias que ellos se creen sinceramente obligados a admitir, pero que el buen sentido rechaza. Diariamente cncuentra usted en politica y sobre todo en materia de administracién, ejemplos deplorables de estas abertaciones que no dependen de otra cosa sino de que tales personas no conocen més 1é- gica que la del silogismo, y quieren inflegiblemente aplicarla a todo asun- to, aun a aquellos en que menos cabida puede tener. Esta clase de personas, a quienes el buen sentido piiblico estigmatiza con el nombre de fedricas, son el fruto natural de la edycacién incompleta y viciosa que hasta aqui se ha dado, mientras que los hombtes prdcticos no salian de los colegios sino por excepcién. El cultivo oportuno de las ciencias experimentales y de observacién, familiarizindolos con ta légica inductiva, los habria eurado, o més bien, los habria preservado del desarro- flo de esa mania de deducir indefinidamente consecuencias de ciertas méxi- mas que podran ser muy buenas como reglas habituales de conducta, pero que no deben jamds aceptarse con ese cardcter absoluto que el silogismo necesita dar a los axiomas para que puedan servirle de punto de partida. Sélo por medio de ese conjunto de estudios convenientemente eslabonados, podsé hacetse la debida conciliacién entre fa teorfa y la practica, entre la abstracto y lo concreto. El exceso opuesto, caracterizado por una tendencia itteflexiva, pero muy comin, a dar a lo que se cree apoyado en la observacién o la experi. mentacién un valor que no tiene; ese error en que incutren multitud de petsonas que se tienen por practicas y que afectan un desprecio sistem4- tico de lo que ellas Iaman feorias, en virtud del cual estén prontas a ad- mitir los mayores absurdos, con tal que se les presenten apoyados con algunos hechos que parezcan favorables a su modo de ver, sin examinar el valor de esos hechos, y sin reflexionar ni comprender que no son Ios hechos mismos, sino la interpretacién que a ellos se da, Ja que es favorable a su opinidn; esa exageracién del valor real de la experiencia y de la ob- servacién, que es la base de todos los chatlatanismos y la tnica explica- cién del ascendiente que logran sobre no pocas personas ciertos delirios modernos, tales como la homeopatia o el espiritismo; esa tendencia pseudo practica, en virtud de Ia cual ciertas personas creen haber satisfecho cum- plidamente a las mds fundadas objeciones contra una explicacién inadmi- sible, cuando pueden decir: es an hecho, yo lo be visto, y contra los becbos no bay argumento; esa especie de enfermedad mental cuyo sintoma predo- minante es un injustificable orgullo que nos conduce a erigirnos en jue- ces Unicos de las cuestiones cientificas que menos comprendemos; esa propensida a querer decidir con una simple vista de ojos las més arduas di- ficultades de la ciencia; esa peligrosa ceguedad que nos inclina a acordar 26 una ilimitada confianza a hechos mal observados y mucho mas mal inter- pretados, cuyo menor inconveniente es el de dejar, como dice Diderot, nuestra je y nuestras creencias a merced del primer saltimbangui, s6lo pue- de hallar un eficaz remedio en un conocimiento suficiente, a la vez prdctico y tedrico, de !a legitima induccién y de las condiciones indispensables de una buena experimentacién, El estudio de las ciencias que han sabido hacet el mejor y mds fecundo uso de la experimentacién, tales como la fisica, la quimica, la biologia, etc., es el mejor, o mds bien el unico correc- tivo capaz de ir poco a poco extinguiendo el abuso de la generalizacién jaductiva, al mismo tiempo que, como acaba de decir a usted, se opondra eficazmente al exagerado racionalismo deductivo. La combinacién de estos dos importantes métodos, o mejor, de estos dos procedimientos de! método, ayudando con todos Ios artificios de que el entendimiento humano puede echar mano para Megat al descubrimiento de la verdad y pata formular [as concepeiones que nuesttas necesidades reales, tanto especulativas como practicas exigen, es lo que debe constituit hoy tn curso de Iégica. Pero cuanto Ievo expuesto hasta aquf, no puede dejar duda de que semejante curso sélo puede emprenderse con esperanza de éxito cuando fa inteligencia esté bien desenvuelta y cuando se conozca ya prdcticamente el uso de todos ellos; es decir, al fin de los estudics preparatorios. E] argumento sofistico y superficial que alguna vez se ha querido hacer valer contra esa mejota, y que se funda en que, dejar Ja légica para lo ul- timo equivale a decir que ella no es necesatia para las investigaciones que se han debido hacer con anterioridad, no puede ya subsistir un momento después de las explicaciones que he procurado dar a usted, de las cuales se desprende claramente que, lo tinico que se deja para lo iliimo es la légica abstracta considerada como arte y come ciencia especulativa, pero no fa légica préctica y concteta, de Ja cual toda Ia serie sucesiva de conocimien- tos que se han ido inculcando constituye un curso prdctico y completo. La ideologia y Ia psicologia, no pudiendo ni debiendo ser otra cosa que el estudio de Jas leyes a que estén sujetas las mas nobles y elevadas facultades del hombre y también, por lo mismo, las mds complicadas, no podian venir sino después de los demds estudios, la mayor parte de los cuales (como las leyes de la vida orginiea, por ejemplo) fe sirven de base indispensable, o concurrentemente con 1a légica, que no es en el fondo otra cosa, considerada como ciencia, sino el estudio de las leyes a que estd sujeto el espfrite humano en una de sus més importantes fun- ciones. Veamos ahora si las consideraciones puramente practicas, y si el interés individual de los alumnos se opone a estas exigencias sociales y de método, o si pot el contratio, el interés individual se pone de acuerdo con las nece- sidades generales, viniendo asi a demostrar la perfecta armonfa que por fuetza debe existir entre todas las verdaderas necesidades. a7 El ptimer deseo que naturalmente debe tener todo el que trata de elegit una carrera, ya sea para sf, ya para las personas que de él dependan, serd el de hacer la eleccién en conformidad con las inclinaciones y con la capacidad de los interesados; pues de esa suerte el éxito se asegura de antemano y todas las dificultades se allanan por si solas. Para lograr este fin, que estd enteramente de acuerdo con los verdaderos intereses de la sociedad, a la cual perjudican tanto esas profesiones adoptadas y ejercidas sin gusto y sin aptitud, nada puede ser mds eficaz ni més seguro que demorat Ja eleccién definitiva de profesién, hasta el tiempo en que, en virtad de una edad mds avanzada y del conocimiento que se ha tomado durante los estudios preparatorios de todos los métodos y de todas las doctrinas que constitayen el vasto campo de la ciencia, el alumno puede ya con perfecto conocimiento de causa y con maduro juicio, seguir el consejo de Horacio, de calcular con precisién lo que puedan y lo que rebusen aguantar los hombros. La conducta que hasta aqui se habia seguido de hacer una eleccién tan dificil y trascendental, desde fos primeros pasos que se daban en la carrera de los estudios, no podfa menos que exponer a frecuentisimos ettores y a decepciones Jastimosas, obligando muchas veces a los alumnos a perder un tiempo precioso, y a retrogradar algunos afios pata tomar el hilo de los estudios pteparatorios necesarios a otra carrera. Note usted qué inconsecuencia tan palmaria: la doctrina de la predestina- cién divina ha sido abandonada hace tiempo en teoria, por la inmensa mayorfa de los tedlogos, y en Ja prdctica, por la Iglesia entera. Esa eleccién previa de fos hombres para tal o cual destino ha parecido, ademés de contradictoria a la justicia y a la equidad divina, muy poco propia para garantizar el buen desempefic de un cargo; asi es que la Iglesia Catélica, a pesar de sostener como un dogma Ja infalibilidad de su jefe, y que goza constantemente de Ja proteccién directa de la divina inteligencia, ha esta- blecido como regla general e invariable de todas sus provisiones y nombra- mientos, que éstos hayan de hacetse siempre 2 posteriori, es decir, después que los candidatos han manifestado tener las dotes indispensables para ello. Desde ei Papa hasta el tiltimo tonsurado, estén sometidos a esa garantia de acierto; solamente los padres de familia y los defensores de estudios especiales y diferentes desde que comienzan, ereen podet, y aun debiéramos decir, creen deber eximirse de esa precaucidn. Fiados en un Espfrita Santo particular, del que la Iglesia no hace mencién, predestinan a sus hijos, y en general a Jos alumnos, a una carrera particular sin apelacién, y también sin conciencia, pot no consultar sus aptitudes ni su voluntad muchas veces. Todos esos inconvenientes quedan obviados con hacer los estudios unifor- mes y completos para todos. Las razones que suelen alegarse para que los estudios preparatorios sean diversos para cada cattera, y limitados sélo a lo estrictamente indis- pensable para el ejercicio de cada profesién, no merecerian después de lo que ya he dicho a usted contestacién alguna, si no fuera porque, a fuerza de repetirlos muchas personas que no han tenido tal vez ocasién de meditar 28 lo bastante sobre estas materias, parecen haber Megado a adquirir cierta especie de valor como moneda corriente; y si el empefio irracional que muchos padres y no pocos alutmnos tienen de lograt con cuanta precipi- tacién les sea posible un titulo profesional, aun con Ja plena conciencia de que no lo merecen, no dispusiese a todas estas personas y a otras muchas a su ejemplo, a sactificar tode estudio que por algtin tiempo pueda demorar el fin que se proponen. Este fin, aunque enteramente petsonal, pues no es otro en el fondo sino el de proporcionarse, con el menor trabajo posible, una elevada posicién social y los goces que ella procura, necesitaria ser siempre tomada en alguna consideracién si tuvieta algo de racional y de fundado, aun a su punto de vista mezquino y egoista; pero un maduro examen de Ja cuestidn hace ver que, en el estado actual de Ja sociedad, y en el que bien pronto va a sucederle en virtud de la esponténea difusién de todos los conocimientos cientificos en las clases todas de la sociedad, Jas personas que carezcan de ellos serdn, por mds que posean titulos oficiales, sepatadas de toda posicién un poco elevada y pexderdn 1a confianza piiblica, aun en lo més peculiar de su profesién; porque facilmente se percibird en ellos, al través de sus actos mds insignificantes, una falta de instruccién y de preparacién mental, incompatible con el prestigio intelectual que Sas carreras cient{ficas necesitan tenet por base para poder asegurar un resul- tado permanente. Si esto ne era absolutamente necesario en épocas anteriores, y si por desgracia no lo es atin en Ja época presente; si todavia hombres indignos de obtener la confianza publica en el ejercicio de ciertas profesiones, logran sorprender la credulidad hasta de personas de inteligencia cultivada; si todavia el mds grosero chatlatanismo suele hacerse Iugar entre las altas clases sociales, esto depende precisamente de la incompleta educacién que éstas recibieron, la cual, sin haberlas puesto en verdadera aptitud para juzgar con rectitud de ciertas aserciones y de ciertas promesas del charlatanismo, ha exaltado sin embargo, su orgullo lo bastante para ercerse jueces com- petentes en aquellas materias sobre las que faltan hasta las nociones mds elementales. El dia, sin embargo, esté tal vez muy ptdéximo y a esto va a contribuir muy poderosamente el actual sistema de estudios preparatorios, en que habiéndose puesto la mayorfa de la sociedad en aptitud de juzgar del valor real de ciettos titulos puramente oficiales, y del verdadero grado de instruccién de los que los evan, todos los que por cualquier motivo los hayan obtenido indebidamente, o no adquirirdn nunca ascendiente algu- no, o lo perderdn con suma facilidad, y de uno u otro modo verdn burladas sus vanas esperanzas. EI interés bien entendido de todas estas personas estd, por lo mismo, aun bajo este estrecho punto de vista, en perfecta armonfa con el interés social; ambos demandan, por parte de los que adoptan las carreras literarias, una sdlida y completa instruccién. Exigir que cada uno de los conocimientos que se adquieren en los estudios preparatorios haya de servir, por fo que él mismo directamente 29 vale, para todos, o al menos pata la mayor parte de los actos propios del ejetcicio de una profesién, y querer, por lo mismo, excluir todos aquellos que parecen no rozarse de una manera directa con cada una de cellas, es desconocer de una manera lamentable la profunda y perfecta sinergia que existe entre todos los tamos de las ciencias: creer que el resultado que se tenga en una carrera literaria serd siempre el mismo, con tai que se posea una buena inteligencia, cualquiera que sca, pot otra parte, la preparacién intelectual que se haya recibido, es olvidar las leyes mds elementales a que todo movimiento est4 sujeto, y sostener que una resultante serd siempre Ja misma, cualquiera que sean las fuerzas que se agreguen © quiten al sistema de que procede. Cada uno de los conocimientos que se adquieren, cada hecho real cuyo verdadero mecanismo se comprende, es una nueva fuerza que se agrega al sistema complejo de nuestra actividad mental, y una fyente inagotable de la que podzdn sutgir en el momento mds ines- perado las inspiraciones mds felices, inspiraciones de que el mismo que las ha tenido se babrfa crefdo incapaz, si una previa preparacién intelectual no lo hubiese conducido, de un modo insensible, pero seguro, a ese resultado. Muchas personas ilustradas, y que han logrado elevarse con justicia y con aplauso a [as primeras posiciones sociales, podrdn tal vez preguntarse: equé habrian podido aventajar, qué habrian hecho de inds si hubiesen tecibido una educacidn preparatoria m4s completa? No es fAcil, sin duda, dar una respuesta categérica y precisa a estas cuestiones. E] modo con que cada inteligencia vivifica y fecundiza Jas nociones que adquiere, varfa con sus peculiares dotes y segiin la atmdsfera de circunstancias y acontecimien- tos en medio de los cuales ctece y se desarrolla; pere no serfa, sin embargo, dificil sefialarles lo que indudablemente no habrian hecho, las cosas que no habrian emprendido, y que no son, sin duda, las que mds les honran, si su educacién fundamental hubiese sido como debiera. Perderia yo, sin duda, y harfa petder a usted un precioso tiempo que otras atenciones urgentes reclaman, si me detuviera aqui a pormenorizar en concreto, después de la demostracién que en abstracto acabo de hacer, las ventajas que cada profesidn en particular puede sacar de una de las nociones com que un cultivo suficiente de las ciencias fisicas y naturales enriquecerd el espiritu de los que deban ejercer aquéllas. Muchos de ellos, como los abogados, por ejemplo, comienzan ya a sentir espontd4neamente los servicios que en el ejercicio de Ja judicatura y en general de todo lo que se refiere a las cuestiones médico-legales, sacarian de un conjunto de nociones elemen- tales, pero sdlidas y adecuadas de [as verdades de la quimica, y con mayor razdn de las funciones de los seres vivientes en general, y del hombre en patticular. Ya comienzan a echar de ver con cudnta mds precisién y proba- bilidad de buen éxito dispondrian sus procesos, desde las primeras actua- ciones, y los Ievarian a feliz término si hubiesen tenido sobre aquellas materias los conocimientos necesarios que en lo sucesivo, gracias a la uni- 30 formidad que la ley vigente introduce en les estudios preparatorios, todos adquiriran debidamente. No hablaré a usted tampoco de las ventajas que de estos estudics saca- tan los médicos, porque este punto no creo que esté sujeto ya a ninguna contradiccién; ni tampoco de las que son propias a la carrera de ingenieros, porque éstas son también demasiado obvias respecto de ciettos ramos, tales como la quimica, la fisica y las matemdticas; sélo diré a usted pues, que la botanica y la zoologia, que podrian, a primera vista, parecer un poco extrafias al ejercicio de su profesidn, les sen, por el contrario, alta- mente titiles, considexadas en s{ mismas (pues ya tespecto del método que cada uno emplea, y de las ventajas Iégicas que cada uno proporciona, me he extendido bastante}, no sdlo para el estudio de [os terrenos y de sus capas, y por consiguiente, de la eleccién de materiales que puedan necesitar, sino también porque teniendo la mayor parte de ellos necesidad de hacer frecuentes y latgas excutsiones por todo el pais, estén espontdneamente destinados, ya sea en la medicién y avalio de los tetrenos baldios o de patticulares, ya sea en el trazo y ejecucién de los caminos, etc., a estudiar con ptovecho de ellos, de los propietarios y de la nacién entexa, Ia fauna y la flora del pats, cosa que hoy no pueden hacer todavia sino muy pocos de entre ellos, por falta de una educacién apropiada; falta que el Ministerio de Fomento tiene continuas ocasiones de deplorar, y falta, sobre todo, a la que es debido que inmensas riquezas de los tres reinos, y muy especial- mente del animal y vegetal, permanezcan igneradas, y por lo mismo, perdidas para la riqueza publica; cosa que sélo difundiendo en lo posible el gusto de estas ciencias entte los ingenieros puede remediarse. Dos palabras sobre la extrafia anomalia que hasta aqui se habla adoptado en el conjunto de Ja instruccién péblica; anomalia que se explica por la influencia poderosa de la rutina, pero que no por esto puede justificarse. Les abogados, o como largo tiempo se les ha llamado por antonomasia, los letrados, fueron por algin tiempo los més instruidos entre los hombres prdcticos, y por este motivo, primeto los magistrados y después los simples abogades, fueron absorbiendo poco a poco la direccién de los negocios publicos, y por consiguiente, la de la instruccidn laica de Ja juventud, hasta el grado que, entre nosotros, se creyé cosa muy natural poner como apén- dice forzoso del Ministerio de Justicia, que exige para su desempefo la presencia de un abogado, la direccién de Ja instruccién publica. jComo si todavia fuese una verdad inconcusa que todos los abogados, y sdélo los abogados, son realmente letrados, es decir, versados en todos los conoci- mientos cientificos cuya direccién se les conffal ;Como si hoy fuese cierto, por el contrario, que haciendo justas y honyosisimas excepciones, la verdad es que en ninguna profesién pueden hallarse personas, que poseyendo un ritulo profesional, tengan, sin embargo, mayor dosis de ignorancia en el conjunto de conocimientos cientfficos que forman el orgullo de nuestra época, y que son el otigen de la riqueza material y el bienestar social, y dignos, por lo mismo, de fomentarse y vulgatizarse! 31 Yo estoy muy lejos de querer arrancar de manos de los abogados la direccién de un tamo de la administracién, que por sdlo el hecho de la denominacién de un Ministro, han venido a monopelizar; lo tnico que pretendo es hacer ver con cuénta justicia y con cudnto acierto, la ley vigente de instruccién publica ha procurado poner a esta elevada clase de la socie- dad, a la altura de su noble y trascendental misién, deteniendo oportuna- mente la progresiva decadencia en que visiblemente iba entrando, por su descuido irreflexivo en ponerse al nivel de la ciencia moderna; descuido que, como todos los de su género, se ha ido poco a poco transformando en una verdadera resistencia activa, que de conservadora que fue en su principio, ha pasado a ser esencialmente rettrégada y perturbadora. Si consideramos el caso, bastante frecuente, de todas aquellas personas que por cualquier motivo se ven obligadas a interrumpir, o po Ilegan a cotmenzar sus estudios profesionales, desde luego se percibiré la inmensa diferencia que existe entre el porvenir que les promete la actual educacién preparatoria, y el que aguardaba a los antiguos alumnos que sdlo habian concluido su curso de filosofia, Mientras estos dltimos sélo podian aspirar a enirar de meritorios en una oficina, o enttegatse al charlatanismo de tinterillos en los juzgados, o de curanderos en los pueblos, todo el inmenso horizonte de las artes industrialcs queda abierto para los primeros, porque todos los hechos cientificos en que se fundan, les son ya conocidas. Cortar la carrera a un alumno, en el antiguo sistema, era, casi con toda seguridad, condenarlo a evar una vida oscura y miserable; hoy, sdle ser4 cambiar el tumbo de su actividad, pero dejandole siempre abundantes medios de ase- guratse un bienestar independiente y de hacer honradamente fortuna. Por cualquier lado, pues, que examinemos la cuestién, ora sea bajo el punto de vista social, ora bajo el filosdfico y de método, ora el practico, y aun teniendo en cuenta tan sdélo la conveniencia personal de cada uno de los alumnos, conveniencia que, por lo demds, deberia siempre ceder ante el interés general, resulta, a mi ver, de la maneta mds patente, que nada habia mds necesario ni mds urgente en el momento en que se expidid el plan de estudio que ahora rige, como uniformar en lo posible la enseiianza telativa a los estudios preparatorios, y completarla al mismo tiempo con todo aquello de que antes carecia y que la civilizacién y el progreso moder- no reclaman tan abiertamente. Pata Ilenar esta necesidad el Ministerio de Justicia, a cuyo frente se encontraba el ilustrado, recto y perseverante C. Antonio Martinez de Castro, expidié en 2 de diciembre de 1867, en virtud de las facultades de que entonces se hallaba investido el Ejecutivo, un plan de estudios, el mds liberal y completo que hasta entonces se hubiera dado, en el cual se veian claramente dominar jas ideas de uniformidad y generalidad en el conjunto de los estudios preparatorios; pero en el que todavia se petcibia la poderosa influencia de los hébitos contraides, que obligaba a hacer ciertas concesiones a la idea de la diversa prepatacién exigida para cada una de las carreras que en aquella ley se consideraban. Poco tiempo después, ef 24 de enero de 1868, se expidié por el mismo 32 Ministerio el reglamento que debfa facilitar la ejecucién de Ja ley. En este teglamento se nota ya un avance visible sobre ciertos puntos importantes, tales como una mucho més amplia libertad de ensefianza, y una uniformidad de preparaci6n universal, tan gtande como era compatible con la ley que se iba a reglamentar. La ejecucién de este reglamente y de Ia ley correspondiente hizo ver en la prdctica, que si era muy racional y muy conforme con los principios de la ciencia y de la légica la mds completa iguaidad en los estudios prepa- ratorios, no lo era menos con las necesidades de orden y de disciplina en el establecimiento que se fundé al efecto bajo el nombre de Eseyela Pre- paratoria, Exigiéndose diversos estudios preparatorios para cada carrera, y quedando Ia eleccién de ésta, como indispensable, a merced de Jos alum- nos, podian éstos cambiar, al menos cada afio, de resolucién, a medida que se les fueran presentando algunas dificultades, principalmente relativas a exd4menes: introduciéndase de esa suerte un desorden inevitable en el régimen del establecimiento, y fomentdndose al mismo tiempo la versatili- dad a que todas somos naturalmente propensos, y que nos inclina mds bien a eludir que a vencer una dificultad. Por estos motivos, y porque la conviccién relativa a 1a justicia de los fundamentos que militan en favor de la uniformidad, llegé a penetrar en el dnimo del C. Ministro que sucedid al que habia expedido la primera ley, asi como habfa también penetrado en el de Ja mayorla de los CC. Diputados de aquella época, quienes al principio pensaton en reformarla, o més bien, en derogat la ley, principalmente bajo este respecto, todos fueron poco a poco reaunciando a esta idea, y en 13 de enero de 1869 el Congteso de la Unién se limité a dar un decreto, en el cual facuttaba al Ejecutivo para hacer en la ley de Instruccidn Puiblica las reformas que la experiencia hubiera acreditado ser necesaria; pero conservando siempre las bases fundamentales en que descansaba la primera, es decit, la libertad de ensefianza, la existencia de escuelas especiales, e implicitamente la uni- formidad de estudios preparatorios, recomendando muy especialmente la popularizacién y la vulgarizacién de las ciencias mateméticas y naturales. Prueba inconcusa de la conviccién que el Congreso tenia de la necesidad de que el cultivo de estas ciencias se extendiese lo posible, como que de él depende, en gtan parte, el fomento de la riqueza nacional, y como que él es la necesaria condicién de Ja uniformidad preparatoria. El Ejecutivo expidid, en efecto, el 15 de mayo de 1868, haciendo uso de Jas facultades que habia recibido, la Ley Organica de Instruccién Publica que rige actualmente en el Distrito Federal. El sefior Mariscal, con un acietto que le honra, se penetrd del espiritu que habia presidido a Ja redaccién de ia ley anterior, y se ptopuso secun- darlo. En tal virtud, las modificaciones que introdujo consistieron princi- palmente en incorporar en la ley ciertas prevenciones que no se encontraban, tal vez, muy bien en un simple reglamento; en agregar algunos estudios 33 importantes en las cartetas profesionales y sobre todo, en uniformar toda- via mds el conjunte de los estudios preparatorios, En esa ley y en el reglamento expedido en 9 de noviembre de 1869 por el ilustrado ciudadano que actualmente tiene a su cargo [a cartera de Justicia e Instruccién Publica, se observa, es verdad, todavia cierta distin- cién entre los estudios preparatorios para cada carrera especial; pero esta distincién es ya mds aparente que real, y esté tal vez destinada principal- mente a facilirar las investigaciones de los que deseando seguir una carrera determinada, quisieran saber los estudios que necesitan hacer antes de emprendet los profesionales, sobre todo si han hecho ya algunos cursos preparatorios en los Estados o en cualquiera otta parte. En efecto, sdlo respecto del estudio del idioma latino, el cual se exige a todos menos a los ingenieros, se nota ya una diferencia de alguna importancia en los cursos que cada alumno debe seguir en la Escuela Preparatoria antes de pasar a la profesional. Esta distincién, que como usted comprende bien, yo habria deseado ver desapatecet, no es, sin embargo, tan trascendental que pueda impedir tos buenos resultados que la instruccién publica debe sacar de estas felices, progresivas y bien encaminadas mejotas introducidas en la educacién de la juventud desde que la nacidn recobré su autonomfa e independencia, los buenos frutos que en Ja instruccién de los alumnos se han obtenido desde 1868, de fos cuales pueden dar a usted una idea los programas de exdmenes que he entregado al C. licenciado Sanchez Solis, y de los que, sobre todo, son una irrecusable prueba los resultados de los exémenes, no sélo de los afios pasados, sino también, y muy especialmente, del pre- sente, no dejan duda sobre Ja conveniencia y oportunidad de las mejoras introducidas +. Mas de una vez se habian ensayado importantes reformas en Ia instruc- cién publica del pafs entero, o por Jo menos del Distrito Federal, segtin las facultades de los Ministros que las intentaban, y otras tantas se han estrellado contra las resistencias conservadoras o las tentativas retrégradas. Sdlo en esta vez important(simas reformas han podide efectuatse y petfec- cionarse peco a poco, saliendo triunfantes de las resistencias de todo género con que han tenido que luchar. Si se examinan los motivos de estas diferencias de resultados no creo que sea posible poner en duda que éstes son debidos a Ja oportunidad y madurez de la reforma, asi como también a que ésta no fue, al menos en lo més esencial, ni parcial, ni contradictoria, como lo habian sido otras, ni mucho menos empirica, incoherente e indigesta como la que se habia intentado plantear en tiempo del Hamado imperio. El completo desprestigio en que este ultimo plan de estudios cayé luego que se puso en practica, contrasta visiblemente con el crédito que el actual ha ido ganando mds y mds, por los excelentes resultados que comenzé desde luego a producir, y 4 En el estudio preliminar, ya se hace referencia al mayor _aptovechamiento apteciado entre el alumnado de aquella época, y se citam las estadisticas relativas. 34 que han ido aumentando de dia en dia. Estos resultados habrian sido mejo- res si hubiera sido posible que las personas afectas, bajo distintos pretextos, al stain quo, hubiesen podido resignarse a esperar siquiera los primeros resultados de ta reforma, antes de combatirla o de procurar desprestigiarla sin estudiar ni sus fundamentos ni sus tendencias. Pero semejante esperanza hubiera sido Husoria y aun pueril de parte de los autores de la ley. Ellos no debieron jamds esperar un resultado més satisfactorio, ni una conquista més répide de la opinién publica, que la que hasta hoy se ha logrado. Era natutal aguardar que por todas partes surgiesen dificultades en la ejecucién de uno de los mds trascendentales mejoramientos que en la Instruccién Publica se hayan introducido hasta hoy, no séle en nuestro pais sino tam- bién en el extranjero; en efecto, estas dificultades no han escaseado, ni por parte de los alumnos, ni por parte de otras personas, que ya encubriendo mala fe, ya encubriendo miras retrégtadas o por lo menos mezquinas y personalisimas, han procurado poner trabas a su ejecucién. Pero la pruden- cia y enetgia del Ministerio, secundado por !a junta directiva de estudios y por todos jos directores de los establecimientos, se ha ido cada dia sobre- poniendo mds y mds a estas resistencias. Ellas, sin embargo, han logrado lo que ordinariamente Jogran todas las de su género: entorpecer y demorar algo el progreso, pero jamas impedirlo. Una de las maneras mds eficaces con que estas maniobras retrégradas han influido en detener la evolucién progresiva de la teforma, ha sido haciendo creet a cada paso que el plan de estudios iba a ser derogado; que multitud de estudios que él exige quedarian de pronto suprimidos y que una tetrogradacién, en fin, estaba préxima. De esta suerte, el entusiasmo de los alumnos recibfa a cada paso un golpe mortal, su celo por el estudio se entibiaba, cuando no se extingufa, y los esfuerzos de los profesores y directores debian escollar por esa falta de la més indispensable de las cooperaciones. Sin embargo, los hechos han hablado todavia tan alto en favor de Ja mejora, que los espfritus imparciales y capaces se han ido poniendo del lado de los que defendemos su conveniencia. Esta no podia menos de contar a usted entre sus adeptos, a pesar de que nadie podré acusarle ni de imprudente novador, ni de incauto imitador de lo que otros han hecho. Si usted como amigo sincero del progresc, intentara entrar francamente, bajo este respecto come bajo muchos otros, en las miras del gobierno general, es porque esté persuadido de su madurez y oportunidad, y por consiguiente, de Ja conveniencia que ellas entrafian. Los opositores a estas ideas habian anunciado que ellas eran irrealiza. bles porque el cimulo de materias que a los alumnos se exigian, princi- palmente en los estudios prcparatorios, en el corto periodo de cinco afios que la ley les consagré, no permitia que los alumnos pudiesen adquirir en ellos sino una instruccién superficial ¢ insuficiente: que por lo mismo semejante exigencia no podia dar otro resultado que el de sacar, a lo més, 35 una generacién de eruditos a la violeta, que de todo hablasen sin conocer nada a fondo. Este reproche, que seria terrible si fuese fundado; este tiro que serfa mortal si fuese asestado, cae, sin embargo, inetme delante de los hechos. Jams, en inguna época ni en ningiin establecimiento, se habian estudiado en nuestro pais de wna manera tan completa, y mucho menos tan prdctica, las ciencias fisicas y naturales, como se ha hecho en Ja Escuela Preparatoria durante los tres afios que Ileva de funcionar. Cada afio se introducen, bajo este respecto, mejoras importantes, a pesar de las notorias escaseces del erario: el cardcter positivo y de aplicacidn que se da a todos estos estudios, con lo cual se hace resaltar mds la importancia y necesidad de los respec- tivos métodos de cada uno de ellos, siempre acaba por hacer brotar en los alumnos ef entusiasmo por el laboratorio, extendiéndose asi cada dia mds el gusto por el estudio de fa naturaleza, en vez de Ja aficién a insulsas y pueriles sutilezas que antes se despertaba en ellos. Las herborizaciones dominicales, el examen y clasificacién de animales de toda especie; los andlisis quimicos y los experimentos de todo género, forman uno de los mads importantes elementos de adelanto, y aun de distraccién, de los alum- nos de esta Escuela, Sila Escuela de Medicina tuvo la honra de inaugurar entre nosotros el caltivo de Ia historia natural, haciendo que se estableciesen en ella cursos de estas materias, como necesaria preparacién para las carreras de medicina y farmacia; si de su seno y del de la Escuela de Agricultura, que le siguid después, ha salido esa pléyade de jévenes naturalistas de cuyo entusiasmo e instruccidn el pais comienza ya a sacar tanto provecho, la Escuela Pre. paratoria esté destinaca a completar Ja obra, ya tan felizmente comenzada, y a generalizar en todo el pais y en todas las clases de la sociedad el gusto pot los conocimientos titiles. Los esiudios mateméticos se han hecho en este afio, segin han demos- trado los exdmenes, con un provecho superior al del afio pasado, el cual habia sido ya bastante notable, no sdlo atendidas las circunstancies y las dificultades bajo cuya influencia se ha marchado, sino de una manera general y comparado con lo que antes se acostumbraba hacer, En este ramo se ha introducido respecto de los ingenieros, una importante mejora, con el objeto de hacer que su educacién matemdtica sea mds completa, en razén de la importancia directa que para su carrera tienen los conocimientos propios de esta ciencia. Esta mejora consiste en disponer que dutante los dos ltimos afios tengan Ios alumnos que se decidan por seguir esta carrera, academias bajo la direccién de un profesor, en las cuales cultivardn los ramos mds importantes y de mayor aplicacién de esta ciencia, con lo cual se logrard que sus conocimientos en este ramo sean completos, y superiores a cuanto se habia hecho hasta ahora. Tan buenos resultados no han debido sorprender sino a los que no han podido penetrarse de la importancia de las mejoras introducidas y de la facilidad que el orden adecuado en que se van sucediendo los cursos, trae 36 forzosamente consigo en virtud de la ayuda que unos van prestande a los que les siguen; orden y sucesién Idgica que, para decirlo de paso, forma un contraste manifiesto con esa olla pedrida que se Ilamé Plan de Estudios en tiempo de la intervencidn, en el cual, como ya indiqué a usted, se encontraban desde el principio hacinadas todas las matetias sin método ni discrecién. Sdlo la mala fe o la ligereza, han podido alguna vez confundir planes tan opuestos. Por lo demds, si el deseo hubiera sido formar de todos los alumnos otros tantos especialistas en cada uno de los ramos que van a estudiar, la empresa hubiera sido irrealizable y poco menos que una locura, Mas, afortunadamente, ni la ley se pudo proponer esto, ni ello es tampoco necesario; mds ain, semejante cosa, si fuese asequible, no seria ni siquiera util. Lo que la sociedad ha menester, es que no se consagre a las especialidades, sino la persona que, en virtud de sus disposiciones pecu- liares, tiene para ello una aficién decidida. Estimular éstas més allé de lo que exigen las necesidades efectivas, seria ir derecho contra el objeto fundamental! que la ley ha debido proponetse respecto de las personas que cultivan los estudios: seria fomentar la dispersién, en vez de la solidaridad y armonia de todos los esfuerzos, que son las condiciones mds seguras de Ja estabilidad y progresa social. Lo que la ley se propuso sin duda, fue poner a cada uno en aptitud de juzgar de sus propias y naturales disposiciones, pata cultivar con mds esme- to las que resultasen m4s propias para el servicio de la sociedad, y dar a todes un fondo comtin de sdlida instruccién, del cual pudiesen mds tarde sacar sus ulteriores inspiraciones; fines que pueden mds que suficientemente Jogtar con el tiempo que los alumnos dedican a cada ramo, vista la ayuda que éstos se prestan mutuamente y de que acabo de hacer a usted mérito. He aqui cémo, con sélo metodizar Iégicamente los diferentes estudios y con dar a la ensefianza del Jatin un cardcter mds prdctico y mucho menos gtamatical, se ha ttansformado en un hecho de facil realizacidn la paradoja de dejar el mismo téxsmino de cinco afios que antes se consagtaba a los estudios preparatorios y de lograr, sin embargo, que los alumnos adquieran una vasta y sdlida instruccién. Empleando pata la ensefianza del Jatin un metodo semejante al que se usa respecto de las lenguas vivas, se evita el inconveniente de abrumar a los alumnos con una infinidad de reglas apren- didas puramente de memoria; se logra que aprendan mejor y mds fécil- mente Ia lengua y se economiza un tiempo precioso, que pueden aprovechar adquiriendo otres conocimientos al mismo tiempo que el de la lengua latina. Con el arte de la gramética sucede como con el de Ia légica; querer aprender primero las reglas y luego la prdctica, es invertir el método natural, es creatse attificialmente dificultades sin cuento y malgastar el ticmpo en formar pedantes en vez de hombres itiles. Verdad es que, tratandose en el nuevo sistema de que los alumnos, durante su carteta, se instruyan tealmente y eduquen su espftitu; y no de que vayan tan sélo matando el tiempo en los colegias y ganando con sélo ello o con un poco de memoria un titulo profesional —como Jo hacian no 37 hace muchos afios todos cuantos asf lo deseaban, o cuantos por su ineapa- cidad intelectual etan ineptos para las carreras literarias—, no dejar de haber mds de uno para quien esta necesidad de aprender sea un obstéculo insuperable para fa realizacién de sus deseos, o mas bien, porque asi sucede de ordinario, pata satisfacer los caprichos de sus mal aconsejados padres. Peto esto, lejos de ser un inconveniente, vendrd a ser une ventaja mds que se obtenga para la sociedad con el nuevo plan adoptado. Porque asf se logrard desde los primeros atios, separar de las carreras literarias para las que no tienen disposicién, muchos jévenes que, consagrados a otra especie de labores, podrfan prestar buenos e importantes servicios a la sociedad y proporcionarse ellos mismos medios honrosos de subsistencia, mientras que en una carrera literatia habrian sido, a lo mds, pardsitos gravosos al erario o una verdadera plaga de la humanidad, por la impericia, y la mayor parte de las veces la consiguiente mala fe con que ejercerfan su profesién, si es que por fin llegaban, como sucede con frecuencia, a obtenet, a fuerza de debilidades y concesiones, un titulo inmerecido; o bien detenidos en la mitad de su catrera tendrian, por fin, que abandonarla después de haber malgastado un tiempo precioso, Respecto de aquellos que no por falta de capacidad sino de aplicacidn, sean detenidos en su carrera, el efecto sera diverso, pero no por eso menos provechoso para el individuo y para la sociedad. La necesidad en que se les pone de aprender, y para ello de estudiar, y la conviccién que Ilegarén a poseer, de que sélo a ese precio podrdén obtener el titulo profesional que ambicionan, acabard por sobreponerse en ellos a sus habitos de pereza y, obligdéndolos a consagrarse al estudio, les proporcionaré la ventaja de corre- gir uno de los més funestos hdbitos de la juventud: la ociosidad. Para esto, sdlo se ha menester un tigor y una inflexibilidad en los exdmenes que no dejen cabet en el dnimo de los alumnos la menor duda sobte que el unico y seguro medio de salir bien en un examen, es el de haber estudiado y conocer bien !a materia sobre la cual debe versar; mas no simplemente de memoria por medio de frases aprendidas mecdnicamente, como solfa hacerse en los colegios, y como se hace hoy todavia en las escuelas primatias respecto de ciertos ramos, como Ja geografia y otros; sino obligandolos siempre a hacer aplicaciones practicas e improvisadas de las doctrinas, y sobre tado, de los métodos que se les han inculcado, en tado el curso. Los exdmenes hechos de esta manera y con este objeto, deben ser, en cuanto fuere posible, précticos, y asi Io son en efecto en todos los ramos, aun en los mas abstractos y con mayor razén en los otros, porque se trata de saber si los alumnos se han asimilado la materia del curso, y ne si han aprendido de memoria su autor para olvidarlo al mes siguiente. Esta severidad y este espiritu prdctico, son los tnicos que pueden llegar a hacer de los exdmenes un freno que impida el abuso de Ja libertad y una verdadera garantia de la aptitud de los alumnos. 38 Sobre este ultimo punto nada tengo que decir a usted porque conozco ya sus buenas ideas, de las cuales tengo una prueba en el hecho de haberme pedido algunos profesores de esta Escuela para que fuesen a hacer los exdmenes al Instituto de Toluca, y a poner a Ja vista de los profesores y alumnos de aquel establecimiento la manera con que aqui se hacen Jos ex4- menes, asi como la garantia de imparcialidad y de justo rigor que, con el método que acostumbramos seguir, se obtiene en todos los casos. Sin em- bargo, si usted desea refrescar sobre este punto la memoria de lo que ya hemos hablado, puede consultar el documento numero 27 de la Memoria de Justicia, que con otro motivo ya he citado anteriormente, y en el cual hallard una explicacién circunstancial de este método y de sus ventajas ?. El harneo intelectual y moral, petmitame usted la expresién, que por el conjunto confluente de todos estos medios se lograta hacer, pasando a todas las capacidades por una verdadera criba que sefialard a cada una el lugar que le corresponde, y que apartaré de las carreras literatias a todos los egofstas que buscan tan sdélo en ellas sus goces personales, sin tener en cuenta, o mds bien, sactificando criminalmente los mds sagrados intereses de la sociedad; esta especie de harneo, repito, seré siempre una inapreciable ventaja del actual sistema. La libertad de ensefianza que, como una necesidad de la época y sobre todo, como una consecuencia necesaria de un precepto constizucional, ha tenido que sancionatse con la fey, ha sido una circunstancia que ha influi- do desfavorablemente en el dnimo de los jévenes, sobre todo en los dos ptimeros afios. Encontréndose repentinamente con la libertad, que antes no tenfan, de aprender, de las materias de los cursos en cualquiera parte, aun cuando no fuese en las clases que se dan en las escuelas, y estando seguros de ganar su afio con sélo manifestar suficientemente la instruc- cién en los ex4menes, era natural que de pronto abusasen de esta libertad con la esperanza de resarcir después en su casa y a solas el tiempo que habian perdido, no asistiendo a Jas clases. En efecto, asf sucedié con una parte de los alumnos externos (a los internos siempre se les obliga a asistir a clases); pero el cuidado que la escuela se ha tomado de po- net en conocimiento de los padres o tutores Ja falta de Jos alumnos ins- critos cuando éstas son algo frecuentes, y sobre todo, el mayor riesgo en fos exdmenes a que estas faltas dan lugar, y el resultado desfavorable que en ellos se obtiene f4cilmente por este motivo, han side un corrective eficaz para que estas faltas vayan distninuyendo gradualmente, y para que se vayan introduciendo en la juventud los nuevos hébitos que esta libertad necesita para que puedan sacar de ella las ventajas que esta des- tinada a ptoporcionarles. Ya muchos alumnos han logrado, en efecto, en este afio, apresurar el término de sus estudios, abarcando mucho mayor mamero de materias del que la ley les exige para un afio; y suftiendo, 2 Por fazones de espacio, nos hemos visto obligados a suprimir tales textos, asf como las frecuentes notas que acompafian la presente carta. 39 sin embargo, lucidos exdmenes en todas ellas; ya la mayor parte han co- menzado a asistir con puntualidad a las clases, persuadidos de las ventajas que esto les proporciona; ya muchos padres de familia, que comprenden las obligaciones que este titulo trae consigo, han cooperado con sus es- fuerzos, con su autoridad y con los demds medios que estén a su alcance, a secundar los fines de la ley y los esfuerzos de los establecimientos. Todavia habré, sin duda, algunos padres que, desconociendo sus de- beres, © dotados de poca energia y perseverancia para decidirse a cumplir con ellos, obren como si el gobierno y los funcionarios piblicos tuvieran obligacién de substituirse en su lugar en todo [o relativo a la formacién del caracter y de la moralidad de sus hijos, todavia habré algunos, y no pocos por desgracia, que nada encuentren mejor que abandonar a sus hijos a sus propias inspitaciones, asi como a las que adquieran en [as escuelas con los contactos de todo género a que por fuerza estén sujetos, y des- pués, cuando Jos malos resultados les hagan ver las consecuencias de su negligencia, nada cncuentren tampoco mds natural, como encargar la co- rreccién de sus hijos a los empleados piblicos, que jamds podrén tener, ni el interés, ni el prestigio, ni el podcr suficientes para convertirse asi en padres de familia universales, mientras aquellos que en su propio do- micilio debieran [lenar esta importante misién social y doméstica, preten- den eximirse de este trabajo, y también, aunque en vano, librarse de la responsabilidad que han contraido. Peto todos estos son inconvenientes que en el estado actual de la so- ciedad ningtin plan de estudios pucde salvar de pronto: que sélo una educacién mejor de los futuros padres de familia puede ir poco a poco extinguiendo; sdlo las utopias de Fourier y de los falansterianos se han propuesto corregirlo de raiz y desde luego, suprimiendo en realidad los padres y las madres de familia para convettirlos tan sélo, en el riguroso sentido de la palabra, en vetdaderos proletarios. Yo no sé si esta funcién puramente animal, que en semejante estado de cosas se les asigna con respecto a la familia, podr4 agradar a algunos; pero si creo poder asegurar que fa mayor parte rechazardén con disgusto semejante degradacién de es- pititu y de corazén, decidiéndose, por fo mismo, a cumplir con sus sagra- dos y gratos deberes. Los padres de la Compafifa de Jestis, a quienes ya he tenido ocasién de citar a usted y a quienes habrd siempre que recordar cuando se trate de instruccién priblica, pretendieron también, aunque no al gtado que los so- cialistas, nulificar a los padres de familia para procurarse el completo do- minio sobre las conciencias. El mal éxito de su empresa es la mejor prue- ba de su irracionalidad; pero la influencia que ellos ejercieron sobre los 4nimos no ha desaparecido todavia lo bastante para que todas los padres se persuadan de que pasd ya el tiempo y la oportunidad en que esto pudo, al menos, intentarse, y aun oftecet, mediante la indiferencia punible de los padres, alguna apariencia de realizacién. 40 Otra dificultad se presenta también para que los grandiosos fines de Ja ley puedan tener su entero cumplimiento. Pero esta dificultad es, como muchas de las que ya he mencionado a usted, del género de aquellas que, en vez de ser un reproche, se convierten en un elogio, porque suscitan y activan un importante perfeccionamiento intelectual y moral en [os encar- gados de la noble misidn del profesorado. Esta dificultad consiste en la necesidad que un plan tan bien coordinado y tan filosdfico como el actual, sobre todo en lo relativo a estudios preparatorios, hace nacer de un con- junto de obras de texto adecuadas al efecto y redactadas con un mismo espiritu y bajo la influencia del genio y de las verdaderas necesidades na- cionales, en vez de servirse, como hasta aqui, de obras extranjeras super- ficiales muchas veces y casi siempre incoherentes y contradictorias entre si, y sabre todo, inspiradas por otro genio y otras necesidades sociales. La costumbre de servirse para todo de textos extranjeros, cuyo primer efecto es el de matar en su cuna la actividad intelectual de los mexicanos, © por lo menos, el de dirigirla por el camino de la superficialidad y por consiguiente de la arbitrariedad y de la anarquia, comienza ya a desapa- recer notandose en todas las escuelas, y muy especialmente en la Prepa- tatoria, un empefio grande por parte de los profesores para redactar ellos mismos, de acuerdo con las necesidades de la instruccién, los libros de texto que deben servir en sus respectivos curses. Esta mejora, que no sera sin duda una de las menos impottantes a que las leyes vigentes habrén dado origen, estarfa ya casi terminada, si las continuas alarmas difendidas de buena o mala fe por los ciegos par- tidarios de la rutina o por Jos espiritus metaffsicos o retrégrados, sobre la estabilidad de una mejora que es hoy un hecho consumado, no hubiese entibiado en los profesores, como lo ha hecho con frecuencia en los alum- nos, el ardor por un trabajo que sdlo puede emprenderse y continuarse con el tesén y el empefio que él exige cuando se ticne la entera seguridad de Ilenar con esto una necesidad de la Instruccién Publica, pero de nin- guna manera cuando ésta se ve amenazada de continuos e inmatures cam- bios. Por més que yo esté persuadido de que esos cambios radicales y re- trdgrados con que algunos suefian son irrealizables, porque todo retroceso es irrealizable, al menos como medida definitiva, usted convendrd conmigo en que poner cada afio y bajo cualquier pretexto a discusién y en pro- blema la existencia de una institucién, por mas bien meditada y calculada que haya sido, no es el medio mds a propdsito para cerciorarse de to que ella es capaz de producir, ni mucho menos para fomentarla y hacerla propresar. Nada he dicho a usted respecto de las escuelas profesionales, en cuyos estudios también se han introducido algunas mejoras de importancia, aun- que a mi entender con un espizitu menos sintético y consecuente, porque por ahora no creo yo que usted tenga intencidn de establecer escuelas de este género, que demandan una dotacién de hombres capaces que dificil- mente pueden reunirse en capitales de cotta poblacién y gastos cuantiosos, 41 que serfan innecesarios tratandose de una peblacidén tan vecina a la capital, y me llevaria esto, ademas, demasiado lejos, y prolangaria sin utilidad para usted esta carta que ya es tal vez demasiado larga. Por lo mismo, sdlo diré a usted que, aun bajo este respecto, las mejoras han sido siem- pre incuestionables, y que ellas han servido para inocular nueva vida a esa clase de estudios y despertar en muchos de ellos un espiritu de rege- neracién y de adelanto de que estaban muy lejos no hace mucho. Casi sin mi voluntad, y procurando sélo hacer el andlisis concienzudo del espiritu que parece haber presidido a Jas Whimas leyes de Instruccién Publica, he venido a hacer en realidad la apologfa de dichas leyes, Pero esta apologia no es en el caso sino una estricta justicia. No es culpa mfa si por cualquier lado que se examine la materia se llega siempre a la misma conclusidn: no es culpa mia si todos los legiti- mos interescs se ponen de acuerdo en pedir que los estudios preparatcrios sean uniformes para todos y sean al mismto tiempo completos; que nin- gun ramo de las ciencias fundamentales sea un misterio para aquellos que se consagtan a las carreras literarias, mientras Ilega la época en que para nadie sean ya un arcano: no depende de mi tampoco el que este impor- tante fin sc transparente en cada una de las disposiciones de Ja ley y de su reglamento. éQuiere decir esto, sin embargo, que yo las crea sin defectos y que juzgue que no son ya capaces de mejoramiento alguno? Muy Icjos esta de esto mi pensamiento; yo creo, por e! contrario, que estos perfeccionamien- tos son posibles, més atin, que muchos de ellos serfan convenientes desde luego; como, por ejemplo, el hacer desaparecer Ja unica distincién que actualmente queda cn los estudios preparatorios, y que, como ya he dicho a usted, es relativa al estudio del latin, el cual no se exige a los ingenieros so pretexto de que no les es diil. Este pretexto es sencillamente un error. Los ingenicros, como dije a ustcd, estan destinados a hacer el cultivo mds ptdctico y provechoso pata el pais de la historia natural y muy especial- mente de Ja botanica; y bien, por una anomalfa singular, las obras de bo- tdnica y precisamente las descripciones de las familias de los géneros y de las especies se hacen, en esta ciencia, casi siempre en latin; y las mejo- res monografias, asi como las mds importantes y necesatias obras en esta materia se esctiben todavia hoy en ese idioma, Los ingenicros, por consi- guiente, y sobre todo [os topégrafos, ingenieros de caminos, ingenieros gedgrafos y aun de minas, si quieren corresponder a las esperanzas que en ellos tiene fundada Ja nacién, deben ponerse en aptitud de consultar esas obras, Otro perfeccionamiento que tal vex hubiera pedido recibir la ley, o més bien, su reglamento, seria el de haber hecho que fos estudios de las materias principales fuesen real y rigurosamente sucesivos, en vez de ha- cerse, como hoy sucede para algunos, simultdéneamente. Esta mejora se habria podido lograr con sélo hacer que les curses no fuesen anuales, sino del mimero de meses que cada uno por su importancia y dificultad debiese 42 exigir. De esta suerte la escala progresiva de dificultades de método y de doctrinas por las que, como hemos visto, debe pasat sucesivamente el es- piritu de los educandos, habria sido mds gradual, y por lo mismo, de ma- yor eficacia. Peto esto habria exigido un cambio total en los habitos esco- lasticos; para los alumnos de fuera de la capital, habria equivalido a im- posibilitarlos durante el curso completo de los estudios preparatorios de volver @ sus casas sin interrumpir sus cursos. Estos y otros detalles pura- mente prdcticos han debido sin duda influir en que se conserve !a divisién antigua en afios escolares, Divisién que por lo demds no es incompatible con un orden de los estudios, bastante regular para que se obtengan las ventajas principales, no estudidndose a la vez sino los ramos que exigen sensiblemente los mismos estudios anteriores, y entre los que es menos indispensable la sucesi6n de tiempo para hacerlos, En suma, todas las mo- dificaciones que con el tiempo habrd sin duda necesidad de ir haciendo, seran tan sdlo petfeccionamientos de ejecucidn para facilitar la realizacién del pensamiento fundamental; pero éste y las disposiciones esenciales que son indispensables condiciones para la existencia de aquél y de las cuales creo ya haber dicho 4 usted bastante, deberdn siempre permanecer intac- tas, si se quiere sacar de ellas Jos frutos que estan destinadas a ptoducir. De propédsito no he querido hasta ahora tocar un punto que se refiere directamente a esta escuela, y que, a primera vista, parece no tener rela- cién con el plan general ni con las miras eminentemente sociales que he ptocutado exponer a usted; pero que, bien examinado, es un complemen- to indispensable y un medio poderoso de facilitar y asegurar su realizacién. Este punto es el relativo a investigar si debe haber una sola o varias escuelas ptepatatorias; si esta clase de educacién, la cual, como he pro- curade demostrar a usted tiene necesidad de ser enteramente homogénea, ha de confiarse a diversos cuerpos de profesores bajo distintos directores, 0 si por el contratio, no setia mds conveniente fiat la ejecucién a un solo director, profundarmente penetrado de las miras y tendencias de la ley, en unién de un cuerpo de profesores compacto y que, en virtud de los fre- cuentes contactos a que e] servicio mismo de {a escuela lo sujeta, podria llegar a tener, mediante Ja influencia de una acertada direccidn, la perfecta homogencidad de ideas que tan necesaria es para poder sacar todas las ventajas que en este periodo de la educacién de la juventud debe obtenerse. Planiear la cuestidn en estos términos, que son sin duda los verdaderas y fos que mds en armonfa se encuentran con la ley cuyo andlisis acabo de hacer, es resolverla sin necesidad de discusidn. No, no es posible que los srandiosos fines sociales de la ley se realicen entregando su ejecucién, en lo relativo a estudios preparatorics, a dos o mds corporaciones rivales y disimbolas, que bien pronto acabarian por reproducir los odios irreconci- liables que se daban como primer alimento moral a los antiguos colegiales, desde ef dia mismo en que entraban como alumnos de un colegio. Desde ese mismo dia, en efecto, todos los alumnos de los otros colegios eran pata é otros tantos enemigos con quienes era preciso inahtenet, so pena de 43 set reputado como mal colegial, una guerra abierta y encarnizada, con hos tilidades de todo género. Este germen fecunde de animosidades, esta atmdésfera de odio y de divisi6n en medio de la cual se educaban antes los hombres ptiblicos, no podia menos de tener una influencia fatal para la paz y para la estabilidad de la sociedad. Nada por lo mismo era mds Idgico ni mds indispensable como la concentracién de esta ensefianza en un solo establecimiento. Y también debo agregar que nada era més conveniente para los alumnes, aun bajo el punto de vista de su porvenir individual. Porque las numeros{simas telaciones que contraen con todos Jos jovenes que entran simultdnea- mente con ellos en Ja vida pdblica y social, ejerciendo todas las profe- stones y todos Ios cargos ptiblicos, no podrin menos que serles de in- menso ptovecho. A su vez, los hombres pablicos que han menester va- ferse de todas las aptitudes para el buen servicio de la sacién, tendraén en sus recuerdos de colegio una provisidn inagotable de todas eflas. En cuanto a las dificultades que para el logro de estos fines, cuyas ventajas nadie puede negar, deben encontrarse en el crecido nimero de alumnos que deberdn concurtir a un solo establecimiento, estas dificul- tades no son sino aparentes. Ellas no han podido existir sino en el pri- mer momento de la instalacién de un establecimiento de este género; y, cosa notable, estas dificultades debian principalmente nacer, como en efecto nacieron, del mal mismo que la institucién estaba destinada @ curar. Las rivalidades de los antiguos colegios, enardecidos con [a fusién que tepentinamente se hizo de todos los alumnos en uno solo, debié de pronto suscitar dificultades debidas a la anatquia intestina que semejante estado de cosas acarred. Todo esto ha pasado felizmente, y las dificultades quedan tinicamente reducidas a it aumentando el mimero de profesores de cada ramo, en la proporcidn que lo exija la poblacién de los educandos, Este medio es a la vez sencilla y econémico, porque él no exige més aumento en el presu- puesto de gastos que el de los sueldos de estos profesores. Otra influencia social de la més alta importancia que podrd sacarse de esta fusién de todos los alumnos en una sola escuela, seré la de borrar tdépidamente toda distinci6n de razas y de orfgenes enite los mexicanos educéndolos a todos de una misma manera y en un mismo establecimiento, con Jo cual se crear4n lazos de fraternidad intima entre todos ellos y se promoverdn nuevos enlaces de familias, dinico medio con que podrdn Ie- gat a extinguirse las funestas divisiones de razas. Mucho y muy bueno podria cualquiera otro haber dicho a usted sobre tan interesante como fecunda materia, pero la premura con que he tenido que escribir estos apuntes, distraido por ottas ocupaciones utgentes, y més que todo, fa debilidad de mis fuerzas, me ha impedido Ienar como hubiera deseado los deseos de usted. Sin embargo, al hacer el andlisis de 44 la ley en Lo relative a los estudios preparatorios, creo haber penetrado y puesto, en lo principal, ante los ojos de usted, el espiritu y Jas tendencias de las modificaciones introducidas hasta hoy en este ramo. Deseando a usted el mejor éxito en la organizacién del Estado que tan acertada eleccién ha hecho, me repito de usted, como siempre, su afectfsimo y sinceto amigo que lo aprecia y B. 5. M. 33 JOSE PEDRO VARELA { Uruguay) LA LEGISLACION ESCOLAR (Fragmentos) * CAUDILLOS Y “DOCTORES” SE APOYAN MUTUAMENTE PARA CONSERVAR SUS RESPECTIVOS PRIVILEGIOS A pesar de esto, la influencia del contacto con les centtos de civilizacién més adelantados, se ha hecho sentir también, como en la vida econdmica, en la vida politica: y el candillo ha ido dorando y encubriendo cada vez més la rudeza de sus procederes en el gobierno. Es al Negar a este punto que se engtana en el rodaje de los caudillos lo que se llama entre nosotros los Doctores. Es decir, que una instruccién, extraviada por falsos princi- pios, se une a la ignorancia secular de nuesttas campafias para continuar la obra de nuestras interminables desgracias; tanto més sehsibles, cuanto que ni los caudillos, ni los doctores, como clases, obran con el propésite de mal proceder, sino, al contrario, respondendo a sentimientos patriéti- cos, pero extraviados. Un doble esfuerzo es necesario realizar, pues, para destruir las causas fundamentales de nuestra crisis politica; el uno para destruir la ignorancia de las campaiias y de las capas inferiores de la so- ciedad: el otro para destruir el error que halla su cuna en la Universidad y que artastra en pos de sf a las clases ilustradas, que intervienen directa- mente en la cosa publica. Es el espiritu de la Universidad, predominante en una gran parte de las clases ilustradas de la sociedad, el que ba compartido con las influen- cias que reconocen su origen en la ignorancia de nuestras campafias, Ja direcci6n de los negocios piblicos en el pais. Aunque muy escasos en niimero, relativamente al total de la poblacién, los que han hecho estudios y adquirido titulos universitarios, han obtenido una grande influencia en * En este libro se reunieron diversos trabajos que ofrecen un panorama del momento y la politica educativa que se consideraba debfa ser seguida. Se publicd en 1876. 45 la direccién general de la sociedad, ast como por los privilegios de que gozan, como por ser Ja Universidad el winico centro de cultura intelectual superior que hay en Ia Repiblica. Las leyes que nos rigen han sido dic- tadas por los que se sentian animados por el espiritu de la Universidad: toda nuestra organizacién politica se ha vaciado en moldes preparados por ellos; se han reservado para si el campo de Jas ideas, y los triunfos effmeros de amor propio, estableciendo un divorcio inadmisible entre la teoria y la prdctica, y dejando a los elementos que representan las influen- cias de campafia, la direccién real y el gobierno de los hechos reales. Si recorremos las paginas de nuestra corta historia, y recordamos lo gue per- sonalmente hemos podido observar, veremos que es ef espiritu de Ja Uni- versidad el que, desde nuestra emancipacién, ha llevado la voz y tenido Ja direccién, aparente al menos, en la prensa, en las asambleas, en los con- sejos de gobierno, en todas partes. Los pomposos programas revoluciana- tios de los caudillos, los decretos firmados por esos mismos caudillos, las leyes puestas en vigencia por dictaduras militares m4s o menos disfrazadas, y toda la decoracién civilizada con que se cubren entre nosotros aun los actos oficiales que menos civilizacién revelan, han sido y son ain obra de los que recibieron su espfritu y su ilustracién en las bancas universita- tias. Hace veinte afios, con motivo de no recordamos qué discusién que se habia provocado en [as Camaras, en la que algunos graduados habian hecho gala de dotes oratorias, decia un reptesentante apaisanado, que es- taba en contra de ellos, a otro de sus colegas: “Déjelos hablar, amigo, si a sentadas los hemos de correr’?. Es eso lo que estd sucediendo a Jas clases ilustradas de Ia sociedad desde que nos hicimos independientes: ellas son tas que hablan, Ias que formufan las leyes, las que cubren de do- rados la realidad, las que ocupan la administracién de justicia: pero son las influencias de campafia las que gobiernan. ¢Cémo podria explicarse ese fenédmeno si no fuera porque el espiritu universitario encuentra acep- table ese orden de cosas, en el que reservandose grandes privilegios y pro- porciondndose triunfos de amor propio, que conceptia grandes victorias, deja entregado el resto de Ja sociedad al gobierno arbitrario de influencias retrégradas? Por mds evidente que pueda parecer esta verdad para aquellos que tienen su espfritu libre de Jas influencias universitarias, necesario es, sin embargo, apoyarla en sdlidos argumentos para tratar de combatir los erro- tes ptedominantes en el espfritu de Ias clases ilustradas. La Universidad, con sus ptivilegios, es la unica institucidn de cultura superior que hemos tenido, y tenemos; no hay por qué sorprenderse, pues, de que las ideas dominantes en ella se hayan esparcido en la sociedad entera, y de que sean necesatios grandes esfuerzos para demostrat su falsedad. El error no es peculiar de la Universidad de la Republica, sino de to- das las Universidades privilegiadas. 1 En las Cémaras orientales se vota poniéndose de pie Jos que estén por Ia afirmativa y petmaneciendo sentados los que estén por la negativa, 46 LA “PALIZA A LA UNIVERSIDAD”. PUNTO DE PARTIDA PARA LA REFORMA UNIVERSITARIA En el afio 1853, es decir, cuatro afios después de estar funcionando la Uni- versidad, el distinguido profesor Amadeo Jacques que se hallaba entonces entte nosotros, oftecié al Consejo Universitario y al Gobierno un Gabinete de Fisica y un Laboratorio Quimico, que hubieran pedido servir a la Uni- yersidad que carecia absolutamente de esos auxiliares indispensables. Por falta de recursos resolvidse no tomarlos y la Fisica y la Quimica continua- ron ensefidndose, como base de Jos estudios supericres, sin mds utiles que el texto y Jas explicaciones orales del macstro, hasta hace algunos afies en que se introdujeron en la Universidad algunos aparatos que no serfan bas- tantes para dotar ni siquiera a un mal colegio. Facil es comprender lo que de Fisica y de Quimica aprenderfan nuestros estudiantes con un mé todo que convierte en estudios especulativos los estudios mas esencialmen- te experimentales. Lo mds sensible es que a pesar de ser proseguidos de esa manera, los estudiantes al obtener el tftulo de bachiller, obtienen im- plicitamente el certificado de que saben Fisica y Quimica. Tenemos la prueba de ello: aunque ligeramente, hicimos observaciones semejantes a estas en el capitulo XL de la Educeciéw de! Pueblo, lo que nos merecid una erftica desdefiosa y suficiente de parte de uno de los més inteligentes estudiantes de nuestra Universidad, en un periddico redactado por gradua- dos univetsitarios, vy sin que a ninguno le ocurriera reconocet la evidencia de la observacién que habiames formulado. Aun cuando parece que una anomalfa semejante no pudiera ser sobre- pasada por ninguna otra, lo es, sin embargo, por la que presenta la Uni- yersidad en el orden con que se siguen los estudios. Asi en los Estudios Preparatorios, como en los de Derecho, todas las materias ocupan dos afics y algunas tres. No hay, sin embargo, més gue un profesor en cada materia y éste dicta un afio el curso de ter. afio, al siguiente el curso de 2? afio, y en el que sigue el 3er. afio, cuando se trata del Derecho Civil o de la Historia. Ahora bien: los estudiantes se matriculan segin van presentan- dose, de manera que si, en Filosofia por ejemplo, esté dictandose el 2° afio, el alumno que ingrese recién en la clase empieza sus estudios por el 2? afio, y al afio siguiente estudia recién el 1%. Sucede lo mismo en todas las otras materias, asf es que periédicamente, se presenta cl caso de estu- diantes que ingresan a Ja clase y estudian primero el 3er. afio de Derecho Civil, después el 12 y por dltimo ef 2°. Es ese un libro de saber que em- pieza a leerse pot el fndice, No deben ser muy sdlidas ni muy verdaderas las ideas que adquicran con respecto a la gradacién y al métode en los estudios aquellos que se forman en una Universidad que demuestra un escepticismo, vecine de la ms crasa ignotancia, al empezat indiferentemen- te los estudios por el fin o por el principio; y racionalmente no debe ser muy respetable una ciencia de la Ldgica, que con tan poca Idgica se ense- fia, o del derecho que tan torcidamente se hace aprender. Cuando se hace 47 notar lo absurdo de un proceder semejante, lo explican Ios defensores de la Universidad diciende que, “como no hay mds que un profesor para cada materia, tendria éste que dictar tres cursos en las asignaturas que duran tres afios, y dos en las demds, si fuera a hacer que los estudiantes empezatan siempre por donde se debe: por el principio”. El mas insigni- ficante maestro de una escuela primaria clasifica, sin embargo, sus dis- cipulos, y no le ocurre poner en la misma clase el que lee cortido y al que todavia no conoce siquieta las primeras palabras del cattel. No ne- gamos nosotros que clasificar los estudiantes y distribuirlos por el gtado de adelanto, aumentaria el trabajo de los profesores, pero creemos que no hacerlo es sacrificar torpemente a la comodidad del preceptor, las exigen- cias mds obvias del estudio y las necesidades mds vitales def estudiante. Es eso, sin embargo, lo que desde su instalacién se ha hecho y lo que se hace atin en nuestra Universidad. 2Puede haber nada que revele mds des- dén por el método, que es la condicién indispensable de todo estudio se- tio, mds desprecio por Ja verdadera ciencia? Y sin embargo, las generacio- nes de graduados se han seguido unas a otras, y los que han empezado por el tercer afio como los que han empezado por ef primero, todos han salido satisfechos, y la Universidad ha seguido su curso inalterable. Ademés, como hemos visto por el programa, forma parte de los Es- tudios Preparatorios, que generalmente se siguen entre nosotros por jé- venes de doce a veinte afios, el estudio de la Filasofia. No nos proponemos apreciar las doctrinas‘filosdficas que se ensefian en la Universidad, doctti- mas que, ef cuanto nosotros sabemos, estén mandadas retirar del mundo de la ciencia, por erréneas unas y pot insuficientes otras, hace ya large tiempo: no ¢s tampoco nuestro objeto ocupamos del método que se aplica 4 esa ensefianza. Haremos notar sdlo que, en dos afios de estudios, jéve- hes que estdn todavia en la adolescencia abordan y resuelyen, con ayuda del texto de clase y del catedrdtico, las cuestiones mds trascendentales: el problema de la vida animal y el de la vida humana: la existencia o la no existencia de un mundo ulterior, y de una divinidad soberana: los moti- vos de las acciones de fos hombres, todo lo que en realidad, estd alin en tela de juicio para los mds grandes sabios y los mds profundos pensadores, se lo aprenden y lo resvelven jévenes de 16 afios entre nosotros, con una certidumbre tal que consideran un ignorante o un torpe a todo el que no reconoce Ia incuestionable verdad de las doctrinas por ellos sustentadas. El primer resultado del aprendizaje de la filosofia trascendental en esa edad y en esas condiciones, es acostumbrar el espfritu a sofismar, en vez de razonar, creando a la vez una presuncién tanto mds exagerada cuanto que se cree poseedora de Ja suprema sabiduria. El espirim de secta filosd- fica jy de qué secta! se eleva para los jévenes estudiantes a la categoria de ciencia profunda, y poco a poco van pervittiéndose asi los procederes mentales hasta el punto de que llega el caso de que sean incapaces de [i- bertatse de la tiranfa de la secta a que pertenecen. ¢Cémo podria ser de otro modo? ¢Es posible, acaso, que el espiritz no formado atin del ado. 48 lescente, pueda abarcar en su vasto conjunto, o en sus importantes deta- lies, esa ciencia dificil, sutil, a menudo imperfecta, que estudia las causas de todo, y que exige, no sdlo una inteligencia madura, sino sdlidos y de tenidos estudios cn Jas otras ciencias que con ella se relacionan? jCudntos de nuestros jévenes filésofos, que demuestran cémo tres y dos son cinco, que tenemos un alma y un cuerpo distintos en su esencia, etc., ete., estdn por saber todavia, cémo respira y cémo se nutre ese mismo cuerpo! jCudn- tos de los que resuelven con la mayor sencillez la identidad del yo, estén por saber todavia que no tienen hoy en su cuerpo un sole dtomo tal vez de todos los que tenfan hace veinte afios! No es por cierto uno de los rasgos menos originales de nuestra ensefianza universitaria el que Ja filo- soffa trascendental se estudia y se aprende sin estudios previos de fisiolo- gia y de fisiologfa comparada. Los estudios de filosofia, pues, tales como se siguen entre nosotros, ensefian a ergotizar sobre lo que no se entiende, ni se sabe, y lo que es peor, con Ja pretensién de que se entiende y se sabe tanto, que sdlo los ignorantes pueden opinar de otra manera. zCémo no resolveria perentoria y sencillamente, un punto cualquiera, por dificil que sea, sobre la organizacién social, el que, con haber lefdo a Gerusez 0 a Jacques, se cree habilitado para resolver !as mds inabordables cuestiones metafisicas? Seria curioso que dudara en presencia de una cuestién de agricultura o de industria, y sintiese Ia necesidad de estudiar para resol- vetla, él que estd habituado a no dudar, a afirmar perentoria e incuestio- nablemente desde Ja supuesta existencia de ideas innatas, hasta la supues- ta concepcidn de ideas absolutas! Asi, con un caudal mds que escaso de conocimientos, y con la pretenciosa suficiencia que inspiran los estudios filosdfieos, si se siguen como entre nosotros, Ilegan Jos estudiantes al curso superior y empiezan el aprendi- zaje de Derecho. Hasta hace muy pocos afios, hasta que se sancionaron los actuales cédigos, regia entre nosotros ta legislacién espafiola, o mds bien dicho, fa legislacién romana, con sus apéndices de legislacién espafiola y de legislacién colonial; estudidébase, pues, e! Detecho en sus telacio- nes con una legislacidn dictada para sociedades que no conocian siquiera las ideas que sirven de base a la sociedad moderna. Después de la promul- gacién de los cédigos, los inconvenientes de ese estudio han disminuido en parte, pero sélo en parte, puesto que los cédigos orientales no han hecho mds que concenttar la legislacién somana, siguiendo en esto Jas huellas de los otros pueblos latinos. Si, pues, Ia instruecién que se recitbe ejerce influencia poderosa en la formacién de nuestras ideas, hay que reconocer @ priori que en su gene ralidad, fos graduados universitarios, después que terminan sus estudios, deben hallarse empapados en el espiritu de una legislacién caduca, que no ha tenido ni ha podido tener en cuenta las ideas y aspiraciones que alimen- tan a la sociedad moderna. CRITICA A LA MENTALIDAD LEGALISTA DE LOS “DOCTORES” Educados de esa manera en sus primeros afios, viviendo después en esa atmésfera de los pleitos que achica el espfrity y lo predispone al sofisma, y con todo esto, con Ja pretensidn de suficiencia, y la creencia de que desempefian una especie de sacerdocio que los coloca mds arriba de los demés hombres, zcudl es la influencia que pueden haber ejercido los abogados sobre ta vida publica de un pueblo ignorante y anarquizado? Haremos observar sélo algunos hechos generales. Es el mds notable Ja invariable constancia con que, juzgando superficialmente, atribuyen to- dos los males y bienes que se producen a Jas leyes que se dictan. Para las clases que estén empapadas en el espfritu de nuestra Universidad, todo consiste en tener lo que elfas entienden por una buena legislacién. Si en medio siglo de vida independiente no hemos tenido hasta ahora una sola eleccién popular que no haya sido desnaturalizada por fraudes y abusos de todo género, lo necesario no es, como podria suponerse, combatir el espfritu que anima a Ios que cometen esos abusos, sino rcformar las leyes de elecciones. En los abusos anteriores todos han tenido parte, las autoti- dades y el pueblo, y aun hasta los mismos que dictan ia nueva ley; pero, sin embargo, se cree que algunas palabras, trazadas en forma de ley sobre un papel, bastardn para quitarme a mi y a usted, y al ciudadano de en frente y a todos, el hdbito que tenemos hace cincuenta afios de falsificar Jos Registros y las votaciones, y de cometer todos los abusos que puedan favorecer el triunfo de nuestros candidatos. Tenemos la prueba en la Cons- titucién de la Repdablica, el “‘cddigo sagrado de nuestros derechos”, como se dice con énfasis. No se ha cumplido nunca, ni siquiera se ha tenido el deseo verdadero de cumplir con ella: est4 lejos de ser muy avanzada y tiene cosas que no satisfarian los sentimientos patriéticos de ningtin pue- blo que apreciara su independencia; y sin embargo, se ha declamado y se declama hasta el fastidio tratandose de ella, y se hace gala de respetar sus formas, aun cuando no se cumplan sus preceptos ni buenos ni malos. Si eso sucede con Ia Constitucidn, que es la ley de las leyes, gqué sucederd con la legislacién ordinaria? EL SEUDO LIBERALISMO DE LOS “DOCTORES” Haremos notar, aunque de paso, una observacién que confirma nuesttos juicios sobre la influencia que ejerce la educacién que recibimos para de- terminat nuestra conducta. En la masa general de los graduados universita- tios, los jévenes, que conservan frescas alin las impresiones del aula de filosofia, hacen gala de un liberalismo empirico, pero que no excluye la soberbia del que se conceptia superior a los demas; mientras que, en re- 50 gla general también, el abogado que tiene ya algunos afios de prdctica y de madurez, es esencialmente formalista y apegado a sus privilegios. Basta indicar estos hechos para que cada uno pueda observarlos por s{ mismo y constatar su exactitud, DESCONEXION DE LOS “DOCTORES” RESPECTO DE LA REALIDAD Si del conccimiento de Jos fenédmenos sociales y del criterio legal pasamos ala habilidad prdctica, encontraremos que los abogados, como clase, hacen gala de no ser hombres prdcticos, y en la confeccién de las leyes y en el gobierno de la sociedad demuestran que a ese respecto sus pretensiones son bien fundadas. Ya Montaigne, sin embargo, habia dicho: “Se filosofa metafisicamente, pero se obra prdcticamente”. Elevandonos a cuestiones de un orden superior, vemos el espiritu uni- versitario con su empirismo ciego y su falta de conocimiente de la sociedad moderna, turbando los procederes de las mds bellas inteligencias. Veatnos un ejemplo, Al subir al poder el gobierno del doctor Ellauri, creyd nece- sario ocupatse de la reforma de Ia legislacién penal, y al efecto nombré una Comisién compuesta de varios ciudadancs para que informase sobre la materia: excusado es decir que todos eran graduados universitarios, ya que se suponé qué en cuestiones de derecho no pueden entender sino fos que han seguido las clases de la Universidad, La Comisién, después de reu- nirse varias veces, presenté su informe al Gobierno, acompafiando un Pro- yecto de Cédigo Criminal. Ambos documentos fueron publicados, y bas- tard decir que ocupaban apenas fa primera pégina de un diatio, para que se comprenda que introducfan una verdadera revolucién en Ia legislacién criminal. La fastidiosa y a menudo torpe enumeracién de los crimenes y delitos estaba suprimida, y, asi en el fondo como en Ia forma, se daba un vuelca completo, no sdlo a nuestra legislacién penal, sino a la legislacién penal que est4 en vigencia en todos los pueblos civilizados. Considerado a primera vista, el pensamiento es grande y parece verdadero; desenvuelto en una obra sobre la materia, habria hecho honor a sus autores, e¢, indu- dablemente, habria abierto nuevos y vastos horizonte, al estudio de fa le gislacién penal; pero, presentado como proyecto de ley, que debiera san- cionarse en breve para ser puesto en aplicacién, debfa cacr en medio a nuestra sociedad, en su estado actual, como un verdadero aerolito. Puede asegurarse que, st en un rapto de locuta le ocurtiera un dia al emperador de la China proclamar la Constitucién de Estados Unidos para su pais, ésta no causarfa mayor asombro entre los hijos del Celeste Tmperio, ni seria mds ineficaz en sus resultados, que el que causaria entre nosotros la promulgacién, actualmente, del Cédigo Penal proyectado por la Comisidn de que nos ocupamos. Efectivamente, para ponerlo en vigencia seria ne- 31 cesatio rehacer el orden de ideas en que vive nuestra sociedad, elevando el nivel intelectual de las clases ignorantes, y transformando completamente el espiritu de [as clases ilustradas. Ahora bien: es mds posible dectetat la victoria, como la Convencidén Francesa, que decretar la Reptiblica verda- deta como han pretendids hacerlo la Francia y las reptiblicas sudamerica- has, © que imponer, con una ley, una transformacién radical al espiritu de una sociedad cualquiera. SE LEGISLA SIN CONOCER LAS NECESIDADES DEL PAIS Esa falta de espiritu practico que sé nota atin entre las més bellas inteli- gencias de fos graduados universitarios, por una parte, y por la otra la suficiencia pretenciosa que caracteriza a todos los privilegiados con res- pecto a la cultura intelectual, y que es causa de que no sientan la necesidad de profundizar estudios siempre que abordan una cuestién, es la que ex- plica el cardcter aproximado, digémoslo asi, de nuestra legislacién patria, Se dictan las leyes para responder a estas o aquellas exigencias que se su- pone deben existir, o mds bien dicho, que se afirma existen, aunque sin saberlo. Asi, estamos por averiguar todavia, puesto que recién hace un afio tenemos una Mesa de Estadisticas, cudles son los recursos y los ele- mentos de que podemos disponer, cudles nuestras necesidades: calculamos desde nuestra poblacién hasta la extensidn de nuestro territorio, y todo lo que en 41 se halla, y por céteulos es que procedemos. De ahf resulta gue las leyes se dictan al acase, por mds que suclan discutirse mucho, y que se ignora si sus resultados son benéficos o nocivos, salvo en los casos en que por la exageracién del mal el error se hace evidente. De ahi también el poco respeto por la ley que hay entre nosotros: se legisla sin criterio y se legisla demasiado, de fo que resulta que [as leyes no se cumplen: y precisamente porque Jas leyes no se cumplen es que ha podido producirse una unién estrecha entre los elementos que representan Ia ignorancia de las campafias, y aquellos que representan el espfritu universitario: unién que es evidente para todo el que juzga con imparcialidad y que se mani- fiesta en todos los casos. CAUDILLOS VERSUS “DOCTORES”: FALSA OPOSICION Recientemente el Ministro de la Guerra en campafia pasaba el parte de que habia vencido a la revolucién de los doctores, y esa noticia la comunicaba al Gobierno compuesto de cuatro personas, de las cuales dos eran doctores: recientemente también un diario semioficial, decla poco més o menos: “Los doctores han sido vencidos: lo merecen porque servirdn para defender pleitos, pero no sirven para la politica’. 52 El diatio que eso decia hacia gala de sostener a capa y espada a uno de los doctores que estaban en el Gobierno. A pesar de lo que se declama por los representantes de los elementos de campafia contra los doctores, aquéllos no han sabido conservarse nunca en el poder sin el auxilio de éstos: en los cambios de situacién hay cambios de personas, pero no de espiritu. En sentido contratio no hay para qué citar ejemplos; todos pue- den recordar las veces que los gtaduados universitarios, después de tanta disertacién contra ef caudillaje, han ido a buscar el concurso o a prestar su auxilio a los caudillos. En las palabras suele haber, pues, antagonismo; pero en la realidad existe la unién estrecha de dos errores y de dos tenden- cias extraviadas: el error de la ignorancia, y el error del saber aparente y presuntuoso; la tendencia autocrdtica del jefe de campafia y la tendencia oligérquica de una clase que se cree superior. Ambos se auxilian nnutua- mente: el espiritu universitario presta a las influencias de campafia las formas de las soctedades cultas, y las influencias de campafia conservan a la Universidad sus ptivilegios y el gobierno aparente de la sociedad. CAUDILLOS Y “DOCTORES” ENEMIGOS DE LA DEMOCRACIA Queremos ampliar esta observacién para evitar que se interprete torcida- mente, La unién de Jos elementos de campaiia y de los elementos univer- sitarios que hacemos notar, no resulta de convenios expresos, que se tea licen con propésitos bastardos, sino que fluye natural y légicamente del espiritu que anima a los dos grupos. Son ambos contrarios, como clase, a la organizacién que nos rige aparentemente, y de ahi que se retinan en sus esfuerzos, para conservar un poder que Jes arrebatarfa un régimen de verdadera democracia. BALANCE GENERAL Es también el doctrinarismo vacio del espiritu universitatio, que desde hace largo tiempo viene imponiéndose a las clases ilustradas de Ja sociedad que intervienen en la cosa publica, por una parte, y por la otra la anarqui- ca arbitrariedad de las influencias de campafia, las que han desautorizado la palabra de los espititus rectos y verdaderamente ilustrados, las que han hecho embotarse el sentimiento publico y [as que han hecho posible y ex- plican el advenimiento a la escena politica de comunidades que sdlo apare- cen como tales en las épocas de depravada decadencia. El error, el abuso, el mal, se encontrarén siempre y en todas partes, ya que parecen ser ele- mentos constitutivos, en més o menos dosis, de todas las sociedades huma- nas; pero cuando el abuso y el mal se presentan organizados en partido a3 politico, cuando !a violacién de la ley moral puede constituir un vinculo que sirva de lazo de unién a una colectividad llamada a ejercer influencia en los destinos politicos de un pueblo, es que en ese mismo pueblo, el extravio de las clases ilustradas, por una parte, y por la otra la ignorancia de las capas inferiores, han convertido en un caos la conciencia publica, sacando de sus quicios a Ia sociedad. Si son exactas las consideraciones que hemos expuesto, y que bien a nuestro pesar no ampliamos por temor de ultrapasat el Mmite que hemos fijado a este libro, la permanente crisis politica en que vivimos reconoce dos causas originatias: Ignorancia en los elementos de campafia y en las capas inferiores de la sociedad, e ilustracién insuficiente y exttaviada en las clases educadas. 34 ENRIQUE JOSE VARONA (Cuba) SOBRE LA EDUCACION * Pata que los hombres de nuestra época hayan adquiride Ja costosa expe- tiencia que falté a los antiguos, necesaric ha sido que el viento de las tevoluciones se desencadene scbre el mundo y siembre de tuinas la Europa y la América, aténitas y sobrecogidas. La tremenda serie de catéstrofes que tantos siglos de errores monsttuosos y de iniguidades sin cuento y sin nombre prepararon e hicieron inevitable, y que comienza en la Revolu- cién Francesa, ha hecho temblar en sus cimientos el viejo edificie social en que s¢ habian abrigado por tantas generaciones los hombres de nuestras tazas; y, al mismo tiempo que derrocaba tronos y dispersaba dinastfas, sembraba gérmenes de disolucién en las costumbres mds arraigadas y en las més antiguas creencias, amenazando minar y quizds destruir hasta las instituciones mds venerandas. No puede el sociologista disimularse los hechos, por dolorosos que sean, La misma constitucién de la familia est4 sufriendo graves modificaciones en pueblos muy civilizados, y hay que contar con el influjo de la predicacién y del ejemplo. Todas esas conmo- ciones y sus consecuencias nos han presentado, si ho a una nueva luz, bajo distinto aspecto, el papel social de la mujer. Las convulsiones politicas la han lanzado a la plaza publica; hemos visto sus salones convertidos en clubs y sus plumas puestas al servicio de las ideas que apasionan a nuestra €poca; las guertas continuadas, y como ningunas otras sangrientas, han * Se retinen aqui pequefias exposiciones sobre problemas educativos, publicadas entre 1882 y 1903. 34 dejado solas y entregadas a si mismas a innumerables viudas y huérfanas, obligdndolas a la competencia por la vida en medio de esta vordgine de la civilizacién actual; la temprana relajacién de los vinculos de familia ha emancipado en ciertos paises a no pacas jévenes; y tedo esto ha flevado a las mujeres a las industrias, a las profesiones, a las carreras cientificas, resetvadas hasta hace poco a los hombtes. Se ha visto lo que es quizds, lo que serd sin duda siempre, una excepcidn; pero lo que puede existir, lo que existe, la mujer sola, individuo social, miembro del Estado, Desde que esto ha sucedido con tanta frecuencia que ha llegado a fijar Ja atencién, ya no era posible, sin riesgo inminente para el individuo y para la sociedad, aplazar més tiempo la reforma de la educacién de Jas mujeres. Nuestra época ha inscrito este problema entre los que con mds urgencia reclaman solucién, y por todas partes surgen proyectos, estudios, planes... Una educacién para las mujeres, sdlida y espiritual, 0, de otto modo, profesional e intelectual. éNo cs, por lo tanto, oportuno el momento para recordar a la mujer juiciosa, discreta y sabia que la proclamé hace ya dos siglos? Bien le debe- mos los que asistimos con jubilo a la aurora de esa grande, necesaria y bien entendida emancipacién, bien le debemos estos pdstumos honores, este recuerdo agradecido; bien le debemos esta reparacién por el injusto olvido a que por tanto tiempo ha estado condenada. La simiente que confid a una tierra al parecer ingrata brota hoy convertida en drbol pujamte que nos promete abundoso fruto. Sirva a muchos de consuelo este hermoso ejemplo, j;Oh, si! Cuantos Ievéis en el pecho un ideal de libertad y justicia, y os sintdis desfallecidos por las contrariedades de Ja hora presente, por la adversidad de {as circuns- tancias, més poderosas que toda voluntad humana, confortaos, considerando que la sociedad necesita, para subsistir, realizar el derecho, que ¢s como su nivel natural, el que busca todo el sordo trabajo que la agita, y el que, por fin, encuentra. Pasan aiios, siglos también en que el ideal hermoso es una quimera... pero esa idea espatcida al viento de las contradicciones, come sea justo, no haydis miedo que se pierda. Encarnard en su dia en un sistema, en una ley, en wna institucién; marcard nuevo rumbo a fa humanidad y cambiard la faz del mundo. Podrd ser largo su eclipse; también serd largo su mediodia, Asf el habitante de las extremidades de nuestro globo, sumido en una noche etetna para sus zozobras y espantos, teme que ya no hayan de volver a saludar sus ojos la luz, ve que se prolongan sin término las tinieblas, y, cuanda ya desfallece, surge ante su vista aténita el sol rutilante, y surge tan leno de gloria y majestad, tan luminoso en su larga carteta, que el hombre, regacijado y absorto, cree entonces que nunca jamés ha de volver Ia noche. (Ideas de Mile. de Seudery sobre la Educacién de las Mujeres, 1892). 55 Nos péres, en se trompant, nous ond épargné leurs erreurs, Fontenelle La ensefianza gue no se alimenta del espiritau de estas palabras de Fontenelle conspira contra su propio objeto, y resulta indtil, estéril, cuando no perniciosa. La humanidad, o parte de ella que puede con justicia asumir este titulo, progresa con suma lentitud y a través de inmensas dificultades, pero no da un paso hacia adelante sin haberse entregado antes a un penoso trabajo de expurgo y rectificacién. ;Cudntos errores por una sola verdad! jCudntas caidas, altos y rodeos por un solo progreso! E] pasado debe estar siempre ante nuestros ojos, mas no pata envalverlo en una aureola de luz intensa que nos deshumbre, sino pata eseudrifiarlo sin pasién y arrancarle sin temor sus ensefianzas. Si hubiera de catacterizarse el espfritu clerical en la instruccién publica, para contraponerlo al espfritu laico, bastarfa advertir que procede de un modo radicalmente contrario, La veneracién ciega del pasado lo alienta y ditige. De las dos fases de la evolucién social, no conoce més que una; exagerando el principio de conservacién, quettia por lo menos inmovilizar las saciedades, ya que no puede volverlas violentamente al punto de pattida, a los viejos tipos de organizacién que abandonaron, Ambos empefios son irrealizables: los pueblos completan el ciclo de sus transformaciones, decaen, y mds o menos répidamente se extinguen, pero no retroceden, Las revolu. ciones en sentido inverso, las contrarrevoluciones o restauraciones, son siempre tan effmeras como funestas, y en el fondo una gran quimera. Una vez roto el molde en que se vaciaban las ideas de las pasadas generaciones, no es posible soldarlo. Las nuevas forman los suyos, y bien o mal a ellos se ajustan sus nuevos pensamientos, y con sus pensamientos sus actos y su vida entera. La acomodacién puede ser lenta y dificil, pero indefectibte- mente se realiza. Los que le ponen mayores estorbas son precisamente los qué se ¢mpefian en que el espiritu nuevo se impregne del espfritu viejo, o pata sustituirlo o a [o menos para adultetarlo; y asf son y han sido en todas partes los eternos preconizadores del orden y sus mayores enemigos. Son los que exacerban el conflicto entre lo antiguo y lo nuevo, los que emba- razan el trénsito, los que, ciegos a cuanto pasa a su derredor, van trope- zando y obligando a los dems a tropezar; y por una ilusién muy natural tildan a los otros de perturbadores, molestos e ilusos. Cuando una clase social se organiza en casta aparte, con principios, leyes y costumbres propias, ese espftitu reaccionatio se vincula en ella. Lo interpreta, lo propaga y en cuanto Ie es posible lo pone en accién, En nuesttos tiempos el clero catdlico y el clero anglicano son buen ejemplo de este hecho importantisimo; y por eso es licito lamar espiritu clerical el que aplican a la propaganda de sus doctrinas y el que informa su manera de ensefiar a la juventud. De este modo nuestra juventud universitaria ha ofdo en labios de uno de sus maestros la apologia calurosa de ideas tan afiejas ¢ infecundas como 56 ocasionadas a grandes trastornos '. El hecho es importante y curioso. En este pafs nuevo, donde encuentran tan poco arraigo las preocupaciones teolégicas, y que tiene a la vista, en su mds préximo vecino, el ejemplo decisivo de lo que significan, para la tranquilidad publica y la prosperidad social, la libertad de conciencia y Ja libertad de todas las confesiones reli- giosas, se ofrece como la mejor a su juventud la doctrina del exclusivismo intolerante; se evoca ante sus ojos el espectro de edades muertas, para aparentar que se fe infunde una apariencia de vida. Si el hecho es aislado... es por lo menos un grave anacronismo, En vano es que el orador se esfuerce por vestir sus ideas con ropaje moderno; en vano que prodigue tanto las palabras de libertad y progreso; su concepto del estado, que es lo verdade- tamente importante de cuanto ha dicho con motive de la idea de patria, resulta inaceptable para los hombres de hoy. El estado moderno, prescin- diendo de los accidentes histéricos que mantienen a algunos rezagados en esta via, y que son transitorios, es un estado sin religién. El divorcio es gravisimo, puesta que toca a toda la organizacién social, fundida en los viejos moldes, pero ya se ha realizado para muchos, y es una forma que, lentamente, pero con seguridad, se impone a todos los pueblos civilizados, EI progreso es inmenso y verdadero. Una religién oficial trae como coro- lario una clase sacerdotal privilegiada; es decir, organizada para resistir con tado su enorme poder a las innovaciones del pensamiento, por las cuales se transforman y mejoran las sociedades. Sin la Reforma, que sacu- did, dividid y quebrantdé para siempre el poderoso organismo que habia constituido el sacerdocio catdélico, el Renacimiento no da sus naturales frutos, y la civilizacién europea queda estancada. Véase dénde esta Ingla- terra y en dénde se ha quedado Espafia. Natuzalmente, el estado sin religidn no quiere decir los individuos sin religién. Significa sédlo que el estado, guardador de [a libertad de toda conciencia, no paga ningtin culto, ni coloca en situacién privilegiada a nin- gun clero. Nada tiene esto que hacer con el sentimiento religioso, que existird, m4s o menos vivaz, y tomard formas mds 0 menos duraderas, segiin las circunstancias étnicas e histéricas de cada pucblo, hasta completar, en algunas conciencias primero, y luego en muchas, la evolucién a que parece Hamado. Aqui lo importante es atender a que el estado, reconociendo una sola teligidn verdadera, falta al primero de sus objetos, que es garantir a sus asociados el pleno disfrute de sus facultades, y no subordinar la acti- vidad o Ja conciencia de los unos a las de los otras; ha de auxiliar la forma- cin de una casta que guarde e interprete el dogma, que por natural e itresistible impulso cerrard el paso a todo cambio, y por uno ¥ atro concepto se coloca fuera de las condiciones de la vida moderna. Como no es posible que los organismos a que !lamamos sociedades subsistan fuera de las relaciones de adaptacién necesarias para su existencia, 1 Oracidn inaugural del curso académico de 1886 a 1887, en la Universidad de La Habana, por ef Dr. Serrano y Diez. 57 esta doctrina es poco temible en la prdctica; peto puede tener y tiene una suerte de influencia considerable en otra direccién que no debe descuidarse: en la ensefianza. Pot eso sefialamos el peligro de su predicacién entre nosotros. No solamente trastorna el curso de las ideas de la juventud, abo- cada ya a la vida publica, exponiéndola asf al riesgo de tremendos conflic- tos, por lo menos interiores; sino que necesita, para justificarse, falsear el estudio de Ja naturaleza y de Ja historia. La concepcién puramente mitica que se forman sus adeptos del mundo y de los fenémenos de todo orden que constituyen su matifestacién, los incapacita para la erftica, y cambia a sus ojos las proporciones de todas las cosas. La verdad, para ellos, es lo que se ajusta a su ideal dogmatico. Cuanto lo limita o destruye es, sin mds discusin, falso. La exégesis, Ja critica histérica, el método inductive son sus enemigos... El mismo escritor que niega a los helenos haberse levan- tado al verdadero concepto de patria lo descubre esplendoroso y pujante en la Edad Media. No seria necesario mucho esfuerzo para demostrar que es lo contrario lo que se ajusta a la realidad histérica. No hay nada mas hermoso ni elevado que Ia descripcién de !a cindad, de la patria, segiin la pone Tucidides en Ios labios de Pericles; cimentada sobre las grandes virtudes sociales, el respeto a Ja ley propia, el valor para defenderla y morir por ella, la magnanimidad para engrandecerla en el interior y hacerla amada en el exterior por los beneficios, tendiendo a asegurar a sus hijos una vida de cultura, moderacién y satisfacciones nobles, proclamando como su objeto el mejotamiento del ser humano, y con impulso tan generoso, que no se habfa de contentar con menos que con ser escuela de doctrina y regla pata toda Grecia”. Un pueblo para quien el concepto de libertad estaba tan alto, que en boca de sus legisladores semimitolégicos lo coloca ya como el bien mayor de Ja sociedad politica, habia de sentir profundamente el patriotismo, virtud desconocida de los pueblos esclavos *. Por eso pudieron elaborar mds de una teorfa del estado, y dejar ensefianzas que no han perdido su utilidad. gNo le parece al doctor Serrano muy hermosa, muy pura ta doctrina que permite definir la politica, la ciencia que realiza la justicia en el estado? *. Qué perfecta concepcidn de! organismo gubernativo no ha de ser Ja que Ileva a Platén a Ilamar a los magistrados todos servi- dores de la ley (ypeeretas tois nomos)*, Esa ley de la cual no ha dicho ningtin moderno, ctistiano o neopagano, nada mds profundo ni admirable que aquella sentencia de Aristételes: “la ley es una inteligencia sin pasio- nes”. Pues este griego, este pagano, ensefiaba que no es el vivir juntos, ni el traficar, ni el abstenerse de inferir dafio a otros, lo que constituye la ciudad, la patria, sino la participaciin de todos los ciudadanos en unos 2 Véase la Guerra del Peloponeso, libro II, cap. 7: Oracién de Pericles en loor de los muertos, & Léase en Estrab6n, libro X, fo que dice de Minos el historiador Eforo. + Platén, en sus definitiones. 5 Platén, Didlogo de Las Leyes, lib. 4? Trad. franc., ed. Saisser. 58 mismos derechos, para realizar, mediante la prdctica de Ia virtud, una vida feliz y trasmitirla a los descendientes °. Cerrar los ojos a toda esta luz, para ir a buscar el concepto y el senti- miento de Ia patria en una edad que se caracteriza precisamente por el defecto de verdaderos vinculos politicos, es un bien extrafio, si no volun- tario, error. Uno de los profesores de Ja ciencia politica en Inglaterra, Mr. Bryce, ha dicho precisamente que Ja Edad Media es por esencia inzpo- tica, En esa hirviente confusién de grandes y pequefios estacos, con limites indefinidos y cambiantes, hollados y pisoteados los pueblos por las hordas invasoras que confundieron y allanaron todas las fronteras, ¢quién podfa saber a ciencia cierta cud] era su patria? Mds adelante gpodia serlo Ja sociedad feudal, formada por tantos circulos concéntricos de despotismos cada uno més intolerable que el otra, porque se ejetcia de més cerca? gEn dénde estaba el patriotismo? gEn el siervo adherido al terrufio? ¢En el yasalio sin derechos? zEn el sefior que podia dejar el feudo y desnacio- nalizarse? ;Cosa singular! La idea de patria no murié del todo; peto edénde fue a refugiarse? En las comunidades que lograton salvar residuos de su organizacién municipal, se pequefia porcién de la herencia romana. En lo que fue Ia cuna de las reptblicas italianas, donde quedaron chispas del espiritu antiguo, alli hay que ir a buscarla. Por esas mvestras puede advertirse cémo alumbra la antorcha de la fe y qué excelente guia es la adhesién sistemdtica a una religién positiva, para adelantar en el conocimiento del hombre y de su historia. A fuerza de con- templar la verdad en un mundo suprasensible, quedan los ojos deslum- brados y doloridos, incapaces para discernir la verdad en este universo sensible. Pero hay quienes pretenden que asi se ve mejor. A estos fervientes y pettinaces sectarios puede aplicatse con justicia una sublime imagen de Pascal, pues ellos son los que pretenden tener una base sdlida ¢ inquebran- table pata elevar una pirdmide que se pierda en lo infinito, y de pronto se les abre la tierra y los escombros desaparecen en la profundidad del abismo. ¢Hemos de querer que Jas conquistas laboriosas de tantas genera- ciones rueden también a sepultarse con ellos? La educacidn, desde sus comienzos, debe tener a la vista el fin a que se dirige su empefio, y éste no es otto que dotar al nifio de las aptitudes necesatias pata realizar a vida con facilidad, y si es posible con ventaja, en las condiciones en qué presumimos que ha de encontrarse. En la gene- talidad de los casos, las condiciones sociales en que s¢ ha de encontrar una nifia no son las del nifio; y ne Jo son por la diferencia de cardcter y senti- mientos, y por la diferencia del papel que han de desempefiar en la familia ® La Politigue; trad. franc. de Thurot, lib. 3°, V y VI. Lib, 2%, cap, IX, En este Ultimo pasaje dice Aristételes que el minimum de poder que debe vincularse en el pueblo es la eleccién de los magistrados y el derecho de exigirles [a responsabilidad de sus actos. La cita de Estrabén y la primera de Platdn estan tomadas de esta obra. 39 y en el mundo. No hablamos en este momento de las excepciones. Todo lo que hay, pues, de comtin en ambos sexos debe cultivarse del mismo modo; y nadie abogaria hoy por ninguna limitacién, en lo que se refiere al desarrollo de la inteligencia de una nifia, ni al cultiyo atinado de su sensi- bilidad. Pero como ni [a inteligencia ni Ia sensibilidad femeninas, en el mayor niimero de casos, se han de aplicar a los mismos asuntos ni del mismo modo que las del hombre, la direccién de esas actividades, una vez cultivadas y desarrolladas, no debe ser precisamente la misma; si no sé quiere incurrir en uno de los mds graves errotes en materia de educacién, el empleo intitil de trabajo y tiempo. La instruccién suficiente para conocer el mundo de que se forma parte, y Ia sociedad, de que uno es miembto, ¢ iniciar a las nuevas generaciones en ef mismo conocimiento —toda madre debe ser maestra— y el cardctet necesario para dar forma, tono mental y vigor moral a la familia, no son en todas sus partes los mismos que requie- te el hombre en su lucha més inmediata, sino mds enérgica, por la vida, el bienestar y el progreso. La especialidad de funciones es indispensable para la existencia social, esto nadie lo duda; pero debemos recordar que empieza, y conviene que sea asf, desde el hogar. Por esto, sin duda, las naciones mds adelantadas en materia de insttuccidn publica han organizada de un modo especial la ensefianza secundaria de las nifias y en estableci- mientos especiales 7. Este es un paso previo, pero indispensable. Asegurada, a la generalidad de Jas nifias, la manera de adquirir la cultura vatiada y sdlida que reclaman su carécter y su papel en ef mundo, hay que facilitar al corto nimero que aspire a una carrera profesional el acceso a ellas. La antropologia podr4 discutir ef alcance y la extensién de las capacidades mentales de la mujer; 7 Véase el programa de estudios pata Ja ensefianza secundaria de las nifias en Francia, segin la ley vigente de 21 de diciembre de 1880. La ensefianza comprende: ¥ Ensefianza moral. 2° Lengua francesa, lectura en alta voz y por lo menos una lengua viva. 3° Literaturas antiguas y modernas. 4° Geografia y Cosmografia. 3 Historia Nacional y elementos de Historia Universal. 6° Aritmetica, elementos de Geometrfa, Quimica, Fisica e Historia Natural. 7? Bigiene. 8? Economia doméstica y labores. % Nociones de derecho usual. 10° Dibujo. i1* Miisica. 12° Gimnasia. (Art, 4°} Debemos advertit que M. Dreyfus-Brissac ha criticado que se exija una sola lengua extranjera. En jos Estados Unidos, donde el principio de identidad de estudios estd muy aceptado, no dejan de encontrarse diferencias justificadas en los programas de les colegios de nifias mds notables, como el de Rutger, el de Vassar, o Parker Institute. Asi vemes al lado de la anatomia y la higiene, la economia domestica, disfrazada con nombre demasiado pomposo de Home philosophy, el arte culinario y la horticultura, 60 al Estado basta que hayan existido y existan inteligencias femeninas capaces del mds amplio desarrollo, y de abatcar Ja escala mds extensa en los cono- cimientos humanos, para que se encuentre obligado a remover todos los obstéculos que pudieran cexrar el paso a Jas que posean o crean poseer esa capacidad. Esta es aqui la funcién del Estado; partiendo del hecho, reco- nocer el derecho y facilitar su ejercicio. Los demds problemas son ociosos dentro de su esfera particular, que es la sefialada. No lo son sin duda para el individuo y Ja familia. A éstos toca considerar que la educacién profe- sional de las mujeres de hoy, y serd en mucho tiempo, una excepcién; por consiguiente, que antes de dedicar una nifia a una carrera, para que compita con el hombre, es decir, antes de dar una direccién anormal a su vida, conviene pesar cuidadosamente el pro y el contra. Los estudios, dridos, prolongados y absorbentes, la prdctica Uena de escollos, la competencia, etizada de decepciones y peligros, todas y cada una de estas circunstancias labran de un modo durable en la constitucién moral y fisica. Y pocas cosas importan tanto a la sociedad como la salud y [a constitucién orgdnica de las mujeres ®. Conviene meditar esta frase pronunciada, no hace mucho, por un educador eminente, el doctor Withers-Mcore: ‘Las mujeres estan constituidas para ser, y deben ser, no hombres, sino madres de hombres”. EI problema previo es decidir hasta qué punto serd compatible, en el indi- viduo de que se trate, el cardeter que le imprima su protesién con el dificil y delicado oficio de madre, EI nudo de Ja dificultad esta en esto: o la mujer que se dedica a Jas profesiones que hasta ahora le han sido extrafias, y que exigen la dedicacidn més asidua, acepta el celibato —necesidad que ha reconocido una escritora muy sagaz, Mrs. E. Lynn Linton—, y esto constituye una pérdida positiva para la sociedad; 0 se casa, y con muy contadas excepciones tiene que renunciar a su carrera; lo que constituye una pérdida positiva para el indi- viduo, que ha consagrado sus mejores afios a una labor, por lo menos, aciosa. Por donde se ve que actualmente sélo limitado niimero de jévenes del sexo femenino, y en circunstancias excepcionales, encontratd provecho en la educacién verdaderamente profesicnal. Entre nosotros no se ha organizado de ningtin modo la instruccién superior que requieren las nifias, pero se Jes ha abierto el camino para que adquieran los titulos protesionales. En dos palabras, se han hecho las cosas al revés. Y esto que, en términos genetales, ya seria un error, resulta aqui un mal de incalculables consecuencias. Porque la tinica puerta por donde han de penetrar es la segunda ensefianza que se da en nuestros institutos, de la cual lo menos que puede decirse es que, ni como comple- 8 Hay datos para asegurar que el execso cn los estudies influye més desfavo- rablemente en las nifias que en los nifios. El doctor Hertel, condenando el recargo trabajo mental que s¢ impone 2 Ios alumnos en las escuelas de Dinamarca, dice que ha enconttada en tal estado de salud el veintinueve por ciento de los nifios, y el cuarenta ¥ fino por ciento de las nifias, Citado por Mrs. E. Lynn Linton. The Higher Education of Woman, en la Fortnightly Review, y en The Popular Science Monthly, diciembre 1886. 61 mento de [a instruccién primaria, ni como preparacién para las carreras especiales, tiene Ia menor eficacia. De modo que no la pueden aceptar las familias para sustituix la ensefianza superior que nos falta; y en realidad no prepara a les estudios que capacitan para la préctica de una profesién. Todo conspira en Cuba para que esa ensefianza resulte infecunda: el plan en sf tan irregular como deficiente, la agrupacién de [as materias y el método de ensefiarlas: el programa. Hay asignaturas que han Ilegado a considerarse como mera formula, por ejemplo, el latin, y nadie se cuida de estudiarlas, ni de exigir que se sepan; comenzando asi desde las aulas a falsearse el cardcter de los estudios; pues se ensefia al estudiante a fiar el éxito de su empefio a la tolerancia o a la supercheria. Otsas, las mejor libradas, por falta material de tiempo, por el mecanismo de las lecciones reducidas a bolas, y por la vegonzosa deficiencia de los textos, se aprenden a medias; y todas sélo para Ienar el expediente. Entre nosottos hay curio- sidad de saber, pero no amor al estudio; flevamos nuestra frivolidad y nuestro anhelo de parecer hasta a la direccién que damos a nuestros hijos; y como la obra de la ensefianza oficial se presta a maravilla para auxiliar el descenso por esa pendiente, la instruccién ha legado a donde la ven con espanto les pecos que se interesan aqui sinceramente por la cultura publica. ¢Qué provecho podrdin sacar nuestras nifias de aprender a destajo algunas declinaciones latinas, cierto numero de fechas y algunos nombres de la historia universal, unas cuantas docenas de voces técnicas de quimica o botdénica, con seis o siete definiciones ininteligibles de lo que se llama en nuestras aulas filosoffa? El] titulo de bachiller, No sabemos que Ios mds de nuestros estudiantes saquen otra cosa; ni en realidad aspiran a otra cosa. Pero, despilfarrando asi lastimosamente cinco de los mejores afios de la vida, ges como vamos a reformar la educacién tan descuidada hasta ahora de nuestras mujeres? Porque el mal es grave cuando se trata de hombres, pero menor; porque al fin, al seguir una carreta, la necesidad, si son pun- donorosos, los obligard a reparar en lo posible los desaciertos de ese primer petiodo y a ganar de un modo u otro el tiempo perdido; pero las mds de las nifias terminardn sus estudios con el bachillerato; es decir, que no habrén hecho tales estudios. ¥Y gqué resultaré? Que al cabo, cuando pase el esti- mulo de la novedad, como se hard palpable lo indtil, cuande no lo dafioso, de la reforma, se desacreditar4; y puede muy bien arrastrar injustamente en su descrédito lo que no se ha hecho de veras, y necesitamos, sin embargo, que se haga la organizacién de la ensefianza secundaria para las nifias cubanas. Cuando consideramos [o que se arraigan los errores en sociedad, podremos moderar nuestra sorpresa, pensando que no hay ninguno al cual el mero hecho de subsistir no comunique cierta apariencia de solidez; y que son pecos los espiritus que se detienen a someter a verdadera erftica lo que encuentran establecido em torno suyo. Nosotros vamos de afio en afio expe- 62