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François Jullien

La propension
de las cosas
Para una historia de la eficacia en China

François Jullien

LA PROPENSIÓN
DE LAS COSAS
Para una historia
de la eficacia en China

Presentación de Reyes Mate
Traducción de Alberto Sucosas

Esta obra se beneficia del apoyo del Sen’icio Cultural de la Embajada
de Francia en España y del Ministerio francés de Asuntos Exteriores, en el marco
del programa de Participación en la Publicación (P.A.P. G arcía L orca)
Publicada con la ayuda del Ministerio francés
de Cultura - Centro Nacional del Libro

A

PENSAMIENTO CRÍTICO/PENSAMIENTO UTÓPICO
Colección dirigida por José M. Ortega

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Pensar de Nuevo

Proyecto editorial realizado en colaboración entre la Embajada
de Francia en España, el Collège International de Philosophie
y Anthropos Editorial
Dirigido por Reyes Mate (Insto, de Filosofía)
y François Jullien (Collège International de Philosophie)

Títulos aparecidos
Paul RICOEUR

De otro m odo. L ectura de De otro m odo que ser
o m ás allá de la esencia de Em m anuel Levinas, 1999
Alain BADIOU

San Pablo. La fundación del universalismo, 1999
F rançois JULLIEN

La propensión de las cosas.
P ara u n a historia de la eficacia en China, 2000
De próxima aparición
A lain D E LIBERA

P ensar la Edad Media

A m i madre,
el último verano
Guillestre, 1990

Rubí (Barcelona) ISBN: 84-7658-582-9 Depósito legal: B. Mate.Printed in Spain Todos los derechos reservados. fotoquimico. tr.La propensión de las cosas. un sistema de recuperación de información. Para una historia de la eficacia en China / François Jullien .L. Tel. Sucasas.. Servicios Editoriales (Nariño. 113. sea mecánico. o cualquier otro. A. Colección 130. + 271 p. . ni registrada en. Badajoz. 147. presentación de Reyes Mate . Filosofía y cultura china 3. Sinología 2. R. realización y coordinación: Plural. por fotocopia. — R ubí (Barcelona) : Anthropos Editorial.L.C.254-2000 Diseño.). sin el permiso previo por escrito de la editorial. 2000 XVI p. 32.C. magnético. en ninguna forma ni por ningún medio. Barcelona Im preso en E spaña . III. — (Pensam iento Crítico / Pensam iento Utópico . . 20 cm. ni en todo ni en parte.. Esta publicación no puede ser reproducida. 1992 © Anthropos Editorial. traducción de Alberto Sucasas. Pour une histoire de l’efficacité en Chine» ISBN 84-7658-582-9 I. Rubí. près. S. electroóptico. Pensar de nuevo) Tít.2(51) Título original: La propensión des choses. y fax 93 697 22 96 Impresión: Edim. 2000 Edita: Anthropos Editorial. S. Pour une histoire de l'efficacité en Chine Prim era edición en Anthropos Editorial: 2000 © Editions du SeuiJ. orig. Título IV.: «La propension des choses. II. electrónico. Cl término che I. o transmitida por.

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pasando por China. Descar­ tes. de la japonesa. a diferencia. la insipidez. com o son la árabe o la judía. que es la joya de la corona de la cultura euro­ pea. de la propia historia y de la visión histórica de las cosas. culturas m arginadas p o r E uro­ pa. de Europa. es u n a cultura ori­ ginaria con un pensam iento fijado en testim onios escritos que la perm iten ser visitada po r otros pensadores o filósofos y no sólo p o r antropólogos. deteniéndose en Sto. de las cuestiones que han inquietado a la filosofía occidental. po r ejemplo. La chi­ na. se preguntarán m uchos. por ser u n a cultura originaria y docum entada. Al final de libro. no puede form ar parte de la cultura m atriz indo-europea. ¿por qué ir tan lejos? Por tres razones. pues. de la filosofía europea. el lector sabrá no sólo algo m ás sino IX . eso sí. Ese punto de vista no puede estar en el interior. p ara tener un punto de observación distanciado que perm ita hacerse una idea cabal de lo europeo en su conjunto. Para este m enester. la historia. desde los griegos hasta Foucault. Hegel o Sartre. y lo ilum ina proyectando sobre él el m odo chino. François Jullien es u n filósofo francés que se ocupa.PRESENTACIÓN 1. pero pasando po r China. Tomás. para poder salir de la historia. En segundo lugar. pero relacionadas con ella. Se trata de nosotros. «Si se pasa p o r China es para m ejor leer el griego». Fi­ nalm ente. dice François Jullien. En prim er lugar. la estética. tan fuera de nuestra historia occidental y de n uestra visión histórica de las cosas. no serían tan eficaces com o la cultura china. la sabi­ duría. pero. Si de lo que se tra ta es de com prender m ejor la filosofía. Cada una de sus obras se plantea u n problem a concreto. todo ello tan europeo. ¿Acaso no es dem asiado desvío?. dice el autor.

com o si todo valiera lo mismo. la punta de lanza de la m archa de la hum anidad hacia su realización. la filosofía ha creado conceptos geniales com o los de ser. E uropa ocupa el proscenio porque es el «espíritu universal». precisam ente al X . la indiferencia de la filosofía europea por una cultura cuya inm adurez la obliga a seguir disciplinada­ m ente la estela occidental. N o es la intención del autor la de colocar el pensam iento chi­ no ju n to al europeo y declarar luego solem nem ente el principio del relativism o cultural. Si recordamos que en ese tablero de la historia. queda definitivam ente pulverizado con la lectura de François Jullien. del m undo como dispositivo o el ideal de la regulación. tom ará conciencia de que existen otras form as de inteligibilidad o de lectura de la realidad que no pasan p o r el cedazo del verbo ser. com o tal. El pensam iento chino. mejor. donde se juega el destino de la hum anidad. es decir. para la filosofía occidental. Ese prejuicio eurocéntrico. en su Filosofía de la Historia. sólidam ente asentado en la filoso­ fía. distinción que tiene que ver con una visión m ás delim itada —y. adjudica a la China «una historia no histórica» (!). por haber sido objeto de pueblos históricos. La China sólo ha conocido la historia por haber sufrido las consecuencias de su relación con los pueblos con historia. individuo. no puede renunciar a la pretensión de universalidad. a la lógica del proceso. que sólo la pode­ mos relacionar con la historia «en la m edida en que ha sido objeto de búsqueda y explotación por parte de los otros países». que desconoce el verbo ser y el dram a mito-/ogos. una fruta exótica. Repito que François Jullien no es un antropólogo sino un filósofo y. entende­ rem os el desinterés o. Esa distancia. El lector. no ha enm udecido ante la realidad sino que la ha entendido e interpre­ tado de otro m anera. El que ese principio fuera descubierto por Grecia. recurriendo. ha quedado fijada canó­ nicam ente po r Hegel cuando. según otros «pliegues». m ás m odesta— de la definición occidental del problem a. po r tanto. esto es. en efecto. ni resultan de la superación del m ito p o r el logos. a medio cam ino entre las consejas campestre-revolucionarias de Mao y el misticismo del Ti­ bet. Gracias a la alianza entre la palabra logos y el verbo ser. libertad. sin em ­ bargo. 2. esto es. rayana a la indiferencia. Dios. etc. China queda lejos de Europa y el pensam iento chino es.algo distinto del tem a. por ejemplo.

no es universal. a deconstruir y deshacer las entretelas de unas reglas de juego muy arraigadas en nuestra tradición filosófica. pues. renuncian a toda pretensión de universal y se refugian en el cóm odo rincón de «lógicas provinciales». Ya hem os insinuado que el «espíritu universal» hegeliano. en un gesto retórico. tan ciego como grandilocuente. Los relativis­ mos perezosos serían aquellos que. que aca­ ban siendo «lógicas provincianas». al logos. 3. discretos desplazam ientos analíticos que portan al pensam iento de una clave a otra. E n la medida en que aceptam os una crisis de los cánones inter­ pretativos modernos. Lo que Jullien añade es que la deconstrucción tiene que hacerse desde el exterior de esa cultura. sabiéndose diferentes de la razón occidental. pues cualquier deconstrucción desde el interior (aun­ que sea rem itiéndose a las fuentes judías) no podrá rom per los lí­ mites de una dialéctica de la razón —de una dialéctica de la ilus­ XI . no im plica que haya que resignarse a las explica­ ciones concretas que la filosofía occidental ha dado de esa univer­ salidad. ha habido ciencia?». com o principio explicativo. estam os obligados. Jullien lo lleva a cabo provocando. Los universalismos particularistas son legión en nuestra historia filosófica. El problem a de la universalidad está. tanto de los universalismos particularistas com o de los relativismos pere­ zosos. el de la deconstrucción. Y ya sabemos que hablar de ciencia es hablar de razón tout court.. abierto y lo que el autor plantea es abordarle m ediante una estrategia que tiene dos momentos. sino recurriendo a lo chino para hacer ver a lo griego que existe todo un continente de la realidad impensado. que está po r pensar y que da qué pensar. a la hora de tratar un tem a específico. El segundo m om ento de la susodicha estrategia consiste en plantearse la universalidad no sum ando lo chino a lo griego. a la argum en­ tación del logos. a transform arse y a enriquecerse. y sólo en Europa. H asta el sabio Max W eber se pregunta­ ba. y otra m uy distinta es aceptar que tal o tal explicación de ese principio sea realm ente universal. para seguir avanzando..p asar del relato m ítico. Una cosa es reconocer la validez del principio de uni­ versalidad. po r m uy entronizado que esté en el santoral filosófico. E n prim er lugar. «¿por qué en Europa. pues sistem áticam ente hem os identificado lo racional con lo occidental. de suerte que nues­ tras representaciones establecidas sobre esa cuestión em piezan a cambiar.

El autor rem ite este m odo de ser al térm ino che. pero «inter-calando» (una expresión que aparece con frecuencia). que evoca la potencialidad que emerge de la oportuna disposición de los elem entos que entran en el juego de la acción. Desde que la razón adulta. E n el libro Le détour et l’accès.» 4. lo concreto no excluye ninguna posibilidad y esa apertura es una dicha. tan original com o aquélla. Lo que im porta es el dispositivo de los elem entos que pueden llevar a la victoria. Estam os lejos del principio de identi­ dad o de no contradicción. es decir. el pensam iento chino la m antiene a distancia. La estrategia china es com o su propia arte militar. pues. haciendo calas para abrir el cam po de lo pensable. una «distancia alusi­ va» ya que ese trecho entre la realidad y el acom pañante es lo que perm ite acceder a ella.tración—. la Ilustración. Si la filosofía cifra la verdad en una especie de asedio a la realidad. Para los occidentales. en cuyo caso difícilmente podrá hablarse de decons­ trucción. Lo «insípido» es lo que puede ser a la vez lo uno y lo otro. incluso antes de que se produzca el choque. sino el de ilum inar proble­ m as que son los nuestros. Aquí. dispuesta al choque frontal. la cala se efectúa en el campo del discurso y del sentido. m ostrando cóm o la insulsez puede cam biar de signo y ser altam ente positiva. un m om ento antes de que los aconteci­ m ientos tengan lugar. E n otro de sus libros. Todo se aventura previamente. El secreto está en el funcionamiento de las determ inaciones. «Sólo China —escribe— puede constituir otra fuente (distinta de la heleno-judía). no ha cesado de preguntarse por qué ser bue­ XII . m ostrando lo todavía im pensado p o r la razón occidental. una cierta distracción. Ni el discurso ni la búsqueda de sentido se plantean igualm ente en la filosofía europea y en el pensam iento chino. Esta diferencia en la estrategia bélica tam bién se refleja en la lógica del discurso. El m étodo adoptado no es. E n Fonder la morale. se hizo cargo de la m oral. el de invocar algún tipo de razón transcendental que pueda a m p arar las distintas racio­ nalidades que en el m undo han sido. la lógica del discurso tiene una estra­ tegia sem ejante a las de las legiones griegas: formación en línea. Éloge de la fadeur. el lugar del análisis y de la confrontación es la m oral. Frente a la frontalidad occidental. la cala se hizo en el cam po de la estética. a la luz del día y m irando de frente al enemigo.

para el sabio chino. La sabiduría consiste en sacar el m áxim o provecho de la fuerza o propensión que surge de la realidad misma. Para el filósofo. vista la cosa desde China. pues significa tanto la disposi­ ción de las cosas (es decir. La pregunta po r el ser del ente supone perder de vista lo que es próxim o. Jullien nos invita a visitar distintas áreas de la activi­ dad hum ana: la estrategia militar. El texto presente. tiene valor de introducción general al pensam iento de François Jullien. responde el pensam iento chino. el poder. ¿Es posible fundar la m oral de otra m anera? Sí. tiene com o tem a de reflexión a la filoso­ fía misma. Un sage est sans idée.no. aplicándolo con gracia y agilidad a los cam pos arriba indicados. E uropa está orgullosa de su filosofía. se la invita a que tom e conciencia del precio pagado. A lo largo de ese inusual viaje por el m icrom undo del pensa­ miento. En su Tratado de la eficacia. Siguiendo las huellas de un térm ino esquivo e inquietante —che— que se sitúa allende lo está­ tico y lo dinám ico. El concepto de eficacia es otro lugar privilegiado para la dife­ rente óptica de u n a y otra cultura. las evidencias de la vida. algunas cosas van quedando claras. el pensam iento chi­ no recurre a un esquem a fundam ental: habérselas con la realidad com o si ésta fuera un dispositivo cuyo seguim iento nos desvelara su verdad. todo eso es calderilla. El autor aísla el núcleo duro del m odo de pensar chino. L a p r o p e n s i ó n DE l a s c o s a s . si reconocem os una com unidad de experiencia com pasiva y de exigencia. 5. el ser y el estar. China concibe el efecto com o el fruto m aduro de las circunstancias. es lo que da qué pensar. P a r a u n a h i s ­ t o r i a DE LA EFICACIA EN CHINA. Jullien contrasta la estrategia occidental basada en la relación entre m edios y fines al «potencial situacional» de la estrategia china para la que lo decisivo es la relación entre condicionante y consecuencia. lo relativo a la estructura y a la configu­ ración de las cosas) com o la fuerza y m ovim iento que de ellas se desprende. contingen­ cias. XIII . Si Occidente busca el logro del objetivo por el ca­ m ino m ás rápido y lógico. accidentes. Para el conocim iento de todas esas áreas. los fondos de inm anen­ cia. pero. la estética. la historia o la naturaleza. Ya no tiene sentido la m oral en tercera persona (hay que ser bueno porque Dios lo quiere) sino que hay que recurrir a la razón y a la libertad.

Son dos m undos o. por qué el instrum ental teórico griego. colo­ cáram os en un estante el saber que viene de Grecia. El libro está jalonado de casos en los que el abordaje chino de la realidad está a años luz del abordaje occidental. podría caer en la tentación de clasificarle com o un cóctel exótico con u n a buena dosis de heracliteísm o (por su lógica del devenir). Lo que cabe entonces preguntam os es. y en otro el que viene de China. no ha logrado conservar— ese tipo de «inteli­ XIV . No se puede reducir todo p ensar a la filosofía occidental. es la traducción de una en otra y. las constantes del pensam iento occidental. sería tanto com o reducir lo h asta ahora im pensado a categorías de lo ya pensado. p o r tanto. Visto el pensam iento chino desde la filosofía. de la existencia de distintos pliegues del conocim iento de la realidad. la larga y com pleja historia de la filoso­ fía europea aparece m ucho m ás hom ogénea y continuista que lo que nosotros im aginam os.E n p rim er lugar. Sería un lam entable erro r o. mejor. pero para enseguida afirm ar la «com unidad del pensable» (de lo que puede ser pensa­ do y del pensam iento que lo piensa). pese a su pluralidad. un conocim iento m enos lim itado de la rea­ lidad. al final. sin que falte el toque estoico (por el gusto de la inm anencia). una im perdonable fuga de energía cognitiva. por ejemplo. peor aún. la diferencia entre filosofía y pensam iento. Visto desde la orilla china. polarizado en el conocimiento lógico. sin ir m ás lejos. E n segundo lugar. pues sería tanto com o verter en odres viejos el vino nuevo. Para nuestros contem poráneos. no ha logrado ver —o si lo ha visto. El chino descubre que la distancia entre conceptos teológicos y secularizados (entre Dios y la Razón) no es insalva­ ble. m ás unas gotas de sofís­ tica (por «pasar» del ser). la dis­ tancia entre el m undo secular m oderno y el teocrático medieval es insalvable. en definitiva. la interpe­ lación y. El ideal m oderno de libertad. Sería narrar. es decir. El pensam iento occi­ dental sólo puede acercarse al im pulso que viene de oriente recu­ perando la frescura y capacidad de sorpresa que los pioneros jó­ nicos colocaron com o el principio del filosofar. otras de escepticism o (por la descon­ fianza frente a la verdad). el objetivo del libro si. se em parenta con la idea de Dios y ésta con el desdoblam iento de la realidad en ser y ente. dos m aneras de aproxim arse a la realidad y lo que nos perm ite la lengua. Hay que p a rtir de la diferencia. finalmente.

Ni siquiera habría que reducirlas diferencias cognitivas al «ge­ nio» de un pueblo. de occidente». sino que ya ha sido objeto de otro pensam iento. obligar a la filosofía occidental a salirse de los cánones estable­ cidos y som eterse a preguntas que hasta ahora no se habían podi­ do form ular desde dentro. en la reducción de la realidad a modelos ideados por el hom bre para som eter esa m ism a realidad. La lectura china de la realidad habría ilum inado el proceso de la realidad. sino que. por qué en China no prendió el conocimiento lógico o no fueron cultiva­ dos sus prim eros brotes. Pero esas distintas lecturas de la realidad no son vasos inco­ municados. pero que hasta ahora no ha sido pensada. en ese punto en el que se sitúa lo pre-ordenado. según el autor. El a u to r la denom ina descarrilamiento de la filosofía. u n a tom a en consideración de la experiencia de otros pueblos obligará a categorizar de nuevo el conocim iento enriquecido. m ás o m enos determ inado por circunstancias naturales.gencia avispada» que se adapta a las circunstancias sin tener que deshacerse de ellas para decir lo que las cosas son. La visita al pensam iento chino no es u n viaje de aven­ turas. los aspectos transitivos de la realidad. pre-interrogado. de suerte que la preferen­ cia po r una vela la otra. Se trataría. Si tene­ mos presente que el conocim iento filosófico —y. Y. Ese m undo. dejándola en el olvido o en la ignorancia. E sa desestabilización conceptual no puede pretender sum ar nuevas categorías a las ya conocidas. XV . pues. de distintas lecturas de la realidad. sino la ocasión para recategorizar el pensam iento. no es pasto de misticism os. La lejanía y consistencia del pensar en chino perm ite tam bién una operación que desborda las posibilidades de la autocrítica occi­ dental. sino descubrir que nuestro filosofar supone desentenderse de toda una m asa pensable. anterior a nuestras gram áti­ cas indoeuropeas. pre-categorizado por el logos. de resituar la actividad filosófica en un m om ento previo al socrático. Por eso resulta tan absurdo el con­ vencim iento occidental de que «la m ística viene de oriente y la razón. el científico— se ha estructurado a p artir de la experiencia occiden­ tal. mientras que la filosofía europea se habría fijado en la transform ación de la realidad. esto es. po r tanto. y haya habido que esperar al siglo XXpara que esa operación fuera realizada con éxito. es decir. viceversa. habría que hablar de legibili­ dad.

po r otros. la reflexión de un cierto Heideg­ ger que venía a decir que sólo se puede pensar filosóficamente en griego y en alem án. reconducir el «ge­ nio» europeo a sus justos límites. añadía. La PROPENSIÓN DE LAS c o s a s . Se suele considerar par­ te de ese elenco de arrogancias. distintas a la que con­ siste en «la pregunta po r el ser del ente». R e y e s M ate xvi . Hei­ degger habría pretendido. hay sobradas pruebas. a los de la filosofía. ya que hay otras m aneras de abrirse al m undo. sio n a r la filosofía y p ercibir la distancia entre filosofía y pensa­ m iento. Europa. Fuera de la pregunta filosófica quedaría un continente de sentido. La luz de la filo­ sofía ha ocultado otras luces. todo desvelam iento es un ocultamiento. llam ando la atención sobre otras form as de pensar. de escucharle y de responderle. com o una boutade chauvinista o eurocèntrica. Esa lim itación tiene. Es u n a desgracia porque nos lim ita a una form a de abordar la realidad. Pero. De la arrogancia de la razón occidental. identificando filosofía con pensam iento. quizá no haya que verla así. hablar de «filosofía occidental» es u n a redundancia: no hay m ás filosofía que la occidental.6. adem ás. un sólido respaldo teórico: de acuerdo con su teoría de la verdad. Lo que seguram ente Heidegger pretendía con su. «haciendo filosofía». que no es la única. de acer­ carse a él. Por eso. pero perm iten aproxim arse a la realidad. arrogante dicho —«sólo se puede filosofar en griego o en alem án»— era reducir a sus justos límites el. no habría encontrado otra m anera de estar en el m undo que pregun­ tándose por el ser del ente. es decir.. nos ha cegado para otras visiones del m undo. Lo propio del famoso «genio» europeo sería la penetrante pregunta p o r el ser del ente. a prim era vista. P o r u n a h i s t o r i a d e l a e f i c a c i a e n C h i n a es una lograda dem ostración práctica de lo que puede valer filosóficamente otra form a de pensar. celebrado «genio europeo». Esa m anera de entender la existencia es una suerte y im a desgracia. que no son filosóficas. La obra filosófica de François Jullien p erm ite redim en. es una gran tarea y un terrible destino. según Heidegger. con su exabrupto. tiene algo de grandeza y tam bién de limitación.

en consecuencia. po r otra. es el m ismo que la palabra vi. de aquello que. pero sim plifícador— de representarse la realidad: ¿qué hay. pensam os la disposición de las cosas: condi­ ción. simultáneamente. m ientras que el pinyin será utilizado uniform em ente en las notas y referencias. Pero esa dicotom ía. com o curso de las cosas? II. de planteársenos: ¿cóm o pensar el dina­ m ism o precisamente a través de la disposición? O tam bién: ¿cóm o puede percibirse cualquier situación. abandonado en el intervalo. reprim ida po r nuestro equipam iento lógico. configuración. que se supone que representa 1 . Lo estático. es condenado a la inconsistencia teórica y perm anece. así com o en el glosario. sin em bargo. porque concuerda m ejor con nuestra pronunciación. de un térm ino relativam ente co­ * S hi en pin y in . El térm ino che. está en juego —bien lo sabe­ m os— lo único que realm ente existe? La pregunta. p o r otro. Por un lado. pero en lo que. por una parte. com o cualquier dicotom ía.INTRODUCCIÓN I. no obstante. sin em bargo. es abstracta. lo que es fuerza y m o­ vimiento. Se trata. u n m edio provisional —esclarecedor. M antendrem os la transcripción che en la exposición. estructura. no deja. lo dinám ico. Una palabra china (che)* nos servirá de guía en esta re­ flexión. entonces —deberem os preguntam os— . am pliam ente im pensa­ do. no es m ás que u n recurso m ental.

Los diccionarios. su ambivalencia. y de esa confusión ha nacido este libro. lo que me ha atraído del térm ino es. para el espacio. una «posición». escapa a una interpretación unívoca y sigue estando insu­ ficientem ente definida. y al que se añadió posteriorm ente el radical diacrítico de la fuerza.m ún. por su parte. Pero tam bién invita a la refle­ xión el propio estatuto del térm ino. forjado origi­ nalm ente p ara las necesidades de la estrategia y la política. a las que hay que resignarse y a las que uno se acostum bra. Lo así sostenido es considerado p o r Xu Shen un terrón. nos dam os cuenta de que juega un pa­ pel determ inante en la articulación del pensam iento: función la m ayoría de las veces discreta. con la excepción de u n dom inio preciso (en política). En cuanto a los traductores y exegetas. . nada hay en él que pueda asegurarle la consistencia de una auténtica noción —tal y como form uló su exigencia la filosofía griega— con una finalidad descriptiva y desinteresada. Como si sólo estuviésem os ante una de las num erosas imprecisiones del pensam iento chino (insufi­ cientem ente «riguroso»). tiempo. en sí m ism a. la m ayor parte de las veces com pensan su im precisión al respecto con u n a nota a pie de página que se lim ita a dejar constancia de la polisem ia. se nos ofrece u n hilo conductor para deslizam os tras la oposición de planos en que se deja encerrar nuestro análisis de la realidad. precisa­ m ente. y éste podría sim bolizar un emplazamiento. e incluso llega a darse el caso de escribir esta últim a para expresar aquélla. Pues. a la palabra che. Ahora bien. Pero esa palabra es. sin atri­ buirle m ayor im portancia. Como tal. traducen el térm ino tanto p o r «posición» o «circunstancias» com o p o r «poder» o «poten­ cial». tomado en el sentido de oportunidad u ocasión. y fun­ una m ano sosteniendo algo. uti­ lizado la m ayoría de las veces en frases hechas y glosado casi exclusivam ente po r algunas imágenes recurrentes: en efecto. de ordinario. pero cuyo ejercicio parece subtender. símbolo del poder. en los diversos contextos en que la encontra­ mos. en la m edida en que pertu rb a de m a­ nera insidiosa las antítesis consolidadas sobre las que se apoya —descansa— nuestra representación de las cosas: dado que ese térm ino oscila ostensiblem ente entre los puntos de vista del estatism o y el dinam ism o. apenas se atribuye alcance filosófico ni general. Simple térm ino práctico. a la vez que se consta­ ta que esa palabra. 2 . fuente de confu­ sión. al que. raram ente codificada y muy poco com entada. la palabra che corresponde.

cuya lógica nos ilustra. sino que resulta de la disposición de las cosas. li. tam bién m e he interrogado sobre la disponibilidad propia de sem ejante térm ino. u n a palabra posible. desde sus orígenes. De ese m odo. a p ensar lo real en transform ación. m . etc. p o r aprovechar el sesgo de una palabra que sirve de h erram ienta sin. Tao\ el «princi­ pio organizador». el pensam iento chino. quien m ás lejos fue en ese sentido).dam entar racionalm ente. o. aquello sobre lo cual el discurso tiene. o de la estética de la caligrafía y la pintura a la teoría de la literatura. He optado. p o r tanto. superando las diferencias de óptica propias de las diversas culturas. Pero esa oportuni­ dad tam bién tiene su reverso." E n vez de im poner siem pre a lo real n uestra aspiración de sentido. tam bién. po r lo general. sea. a una reflexión de conjunto. cuya coherencia pueda des­ cribirse. correspon­ der a una noción global y definida (cuyo m arco estaría ya dis­ puesto y su función señalada de antem ano). que es. por parte de los propios chinos. a seguirlo de un terreno a otro: del de la guerra al de la política. como hemos dicho. del que se sabe que se entregó. de la reflexión sobre la H istoria a la «filo­ sofía primera». viendo ahí una ocasión de desbaratar el sistem a categorial en el que siem pre corre el riesgo de atascarse n uestro espíritu. de las grandes nociones (la «Vía». Dado que sem ejante térm ino nunca dio lugar.) que sirvieron para tem atizar sus con­ cepciones. estam os obligados. p o r estar escindida entre perspectivas en apariencia dem asiado divergentes. Nos vemos así llevados a considerar sucesiva­ m ente esos diversos m odos de condicionam iento de lo real y en las direcciones aparentem ente m ás diversas: en prim er lugar. tan poco ascen­ diente: la eficacia que no tiene su origen en la iniciativa hum a­ na. en orden a captar su pertinencia. Así pues. con todo. Mejor. y ni siquiera form a parte. No sólo debe ilustrar. abrá­ m onos a esa fuerza inm anente y aprendam os a captarla. el «potencial que surge de la disposición» (en estrategia) y el ca­ rácter determ inante de la «posición» jerárquica (en política). y hacerlo según el m ás am plio espectro. sin embargo. T am bién debe ilustrar. 3 . en la form a general y unificadora del concepto (incluso en W ang Fuzhi. hay u n a prim era apuesta en el origen de este libro: la de que esa palabra desconcertante. no obstante. algunas de las m ás im portantes refle­ xiones chinas. en el siglo xvii.

la fuerza en acción a través de la form a del carácter cali­ grafiado. ¿a qué obedece. en acción en la confi­ guración (ya se trate de la disposición de los ejércitos sobre el terreno. la reflexión estratégica de la China antigua. en historia.). ¿cómo interpretan los chinos el «sentido» de la H istoria y por qué no necesitan plantear la exis­ tencia de Dios para justificar la realidad? H aciéndonos pasar de un dom inio a otro.. ¿puede hablarse aún tan sim plem ente —tan ingenuam ente— de «tradición». sobre todo. ha vuelto sospechosa tal representación? ¿Estaríamos dem asiado influenciados por la propia civilización china. p ara ellos. nos vemos conducidos a in terro g ar la lógica de todos los grandes dom inios del pensa­ m iento chino. se vuelven signi­ ficativos de la tradición china. Pero. finalmen­ te. De la dispersión inicial procede una serie de convergencias. deriva de la situación y la pro­ pensión que gobierna el gran proceso de la naturaleza. del curso de la guerra o del desarrollo de la obra. evita qüe intervengan las cualidades personales (el valor de los com batientes o la m oralidad del gobernante) para alcanzar un resultado establecido?*^. tam bién. identificar m uchas intersecciones. tam ­ bién ahí. o. entre arriba y abajo en la representación estética.). el de u n a tendencia engendrada sponte sua. cuando se sabe que una corriente im portante de la reflexión sobre las cien­ cias hum anas. el espacio poético? O. qué justifica dis­ p oner u n a p intura en rollo o de dónde procede. para los chinos. el de bipolaridad funcional (sea entre soberano y súbditos en política. O tros tantos aspectos que. De donde resultan preguntas de u n interés genera l/¿ P o r qué. de la que hacen visible el ideogram a caligrafiado y el paisaje pintado... esa palabra nos perm ite. por ejemplo.luego. Temas com unes se imponen: el de potencialidad. sobre todo desde Foucault. que recurre tanto a la referencia al pasado y presta tanta atención a las relaciones de transmisión? 4 . o de la que instituyen los signos de la literatu­ ra. la tendencia que. y que se desarrolla por alternancia (ya se trate. finalmente. De paso. la belleza de un trazado de escritura. por simple interacción. tam ­ bién. entre «Cielo» y «Tierra» com o principios cósmicos. de la situación histórica o del proceso de la realidad). corroborándose. la tensión que em ana de la disposición en pintura o el efecto resultante del dispositivo textual en literatura. y m ediante ese térm ino. al igual que un a vertiente de su pensam iento político..

el arte y la sabiduría. constituye allí u n fondo de acuerdo tanto m ás sólido cuanto que no necesita. com parativam ente. po r tanto. Perm aneciendo hundida en la lengua. pero la deja en trev er—de paso. Nos corresponde. a partir de esa palabra. a título de eviden­ cia adquirida. son. y según un m á­ ximo de efectividad. pero de un m odo signi­ ficativo— la palabra che. Siem pre retirada en relación a las explicitaciones del discurso. com o para invitar a reflexio­ n a r de un m odo abstracto. ser com entado.) ¿O será. rem on­ tando a través de ella —y ése será m i esfuerzo— . pues tam bién ha evolucionado intensam ente. dem asiado disem inada tam bién com o para resultar aisladam ente perceptible. precioso por servir de revelador de aquél. en el interior de aquélla. la de la realidad —de cualquier realidad—^£once-1 bida com o un) dispositivo en el que hay que apoyarse y que es necesario poner en m archa. evocaba Foucault al comien­ zo de Les tnots et les choses [Las palabras y las cosas]— nos per­ m ite percibir. Sem ejante intuición de la eficacia está dem asiado co­ m únm ente extendida. Pues. tal y como los concibieron los chinos.¿O será que la civilización china ha sido m ás unitaria y continua que otras? (Pero tam bién sabem os que la im presión de «inmovilismo» que puede d a r no es m ás que una ilusión. capaces de explotar es­ tratégicam ente la propensión que em ana de él. no aflora íntegram ente en ningún térm ino par­ ticular. / . m odos de perm anencia y ho­ m ogeneidad que no aparecen con tanta nitidez para quien con­ sidera desde dentro las «configuraciones discursivas» que no dejan de sustituirse unas a otras? Hay. en China. el estudio de sem ejante térm ino resulta. m ás bien decepcionante desde el punto de vista de una historia conceptual del pensam iento chino. m ás bien. en gran m edida. y durante siglos. que nuestro punto de vista exterior respecto a esa cultura —el punto de vista «heterotópico» que. precisam ente. en la intersección de todos esos dominios. intentar repre5 . por el contrario. que la refleja en cada ocasión a partir de un dom inio propio. entonces. por tanto. u n a segunda apuesta en el origen de este libro: la de que. pero nos perm ite detectar su pre­ sencia y descubrir su lógica. presentim os la m ism a intuición básica que parece vehiculada. IV. com o un ejem plo privilegiado: no la ex­ presa totalm ente por sí sola.

y V. atacar sesgadam ente y recurrir a conceptualizaciones que —habien­ do sido hasta ahora secundarias— no p o r ello ofrecen menos. y sirve de sistema de funcionam iento. un m o­ delo com ún —implícito a toda u n a cultura—. por las nuevas relaciones que contraen entre sí. En m odo alguno p o r tratarse. com o algo de suyo evidente. . ninguna noción dada será suficiente p ara captar lo que de ese m odo se desliza. por un lado. sin em bargo —para nosotros— . de los efectos de intersección. tam bién en lo que a nosotros respecta. como en China. la origi­ nalidad de los chinos resulta de que no se han preocupado por 6 . por tanto. Para entablar el diálogo. se orienta m ás en función de una polarización única y «trascen­ dente» que en base a la interdependencia y la reciprocidad. lo que nos perm ite pensar (y cuyo síntom a característico es la difracción de la palabra che entre los puntos de vista del estatis­ mo y el dinam ism o. an­ tepone. im pensado. acoplándose. sacarla de su silencio. de un consenso del pensam iento. establecerán el m arco conceptual a p artir del cual hacerse cargo. cuyo carácter «tradi­ cional» tam bién parece. a través del dis­ curso chino. desde ese m om ento —percibido desde el exterior—. por lo que esbozan. el de una disposi­ ción que actúa por oposición y correlación. la de medio-fin. o. desde el m om ento en que la traducim os a nuestras lenguas). Cierto prejuicio de la filosofía occidental. de la diferencia enjuego. que no se disocien los planos cuya oposición es. finalmente. porque esa intuición requiere. por otro. Evidencia. otro recurso que em pezar por descentrar nuestra visión. Al mismo tiem po que se desprende. Sin duda. Respecto al desarrollo del pensam iento occidental. tam bién. tanto m ás m arcado. surge ante los ojos: se basa m ás en la hipótesis y la probabilidad que en la autom aticidad. un nuevo punto de partida posible. desplegarla teó­ ricam ente. m uchas categorías que sirvieron de zócalo para la elaboración de nuestro propio pensamiento: en especial. al contrario. sino. no hay. la de causa-efecto. po r dejar de ser pertinentes. progresivam ente y de u n a cultura a otra.sentam os esa intuición. vemos nuevam ente puestas en entredicho. p ara ser com prendida. Precisa­ m ente p ara eso serán aquí útiles. la libertad a la espontaneidad.*los térm inos «dispositivo» y «pro pensión»: tom ados en el borde de nuestra propia lengua filosófica.

renovar nuestra interrogación y recuperar un impulso —vivo y alegre— para la reflexión. superiores de desarrollo que representarían la «ontología» o la «teología». al lado de las preguntas que nos planteam os. desde el punto de vista de la exclusiva lógica inherente a los procesos en curso. que podemos planteam os. y valgám onos de ella para descifrar desde el exterior nuestra propia historia intelec­ tual —que ya no alcanzam os a leer p o r sernos tan fam iliar— y para m ejor descubrir nuestros a priorí m entales. precisam ente p o r ello. y han intentado in­ terpretar la realidad únicam ente a p artir de sí m ism a.'Liberém onos. * La excursión a través de la cultura china que proponem os aquí tam bién tiene com o objetivo que captem os con m ayor am ­ plitud el alcance de semejante condicionam iento. a p artir del pun­ to de vista cosmológico com ún a las civilizaciones antiguas. m ediante el sesgo de ese rodeo. com o desenlace de las cosas. Reconozcam os. no so­ mos capaces de interrogar: ese fondo de nuestro pensam iento que ha sido tejido por la lengua indoeuropea. Y. gracias a ello. 7 . hacia los estadios m ás «reflexivos» y. la propia filosofía occidental se propuso com o vocación. Sin duda. pues. está tam bién todo aquello a partir de lo cual nos interrogam os y que. aunque £ 13.ningún télos. En m odo al­ guno. Pero tam ­ bién sabem os que. VI.^configurado por las divisiones im plícitas de la razón especulativa y orientado ■* p o r una expectativa particular de la «verdad ». hacer de la libre interroga­ ción el principio de su actividad (encam inada. com o está. por un deseo ingenuo de evasión y fas­ cinación por el exotismo —o para servir de argum ento tanto a la m ala conciencia occidental com o apios nuevos dogm as del rela­ tivismo cultural (m ero reverso del etnocentrism o)—. absoluto haya privilegiado la form alización conceptual. tranquilicém onos. por el contrario. rem ontar más arriba en nuestra aprehensión de las cosas. definitivam ente del prejuicio hegeliano según el cual el pensam iento chino se habría quedado en la «infancia» p o r no haber sabido evolucionar. por tanto. ya desde su origen. la extrem a coherencia subya­ cente a ese m odo de pensam iento. sino tan sólo para intentar. en pos de un pensam iento cada vez m ás em ancipado).

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siem pre se trata de recuperar. a la inversa. leer lo más cerca (descendiendo a la indivi­ dualidad del texto y de su trabajo) y lo m ás lejos (sobre un fondo de diferencia y m ediante perspectivización) posible. el de la vulgarización —que. de ilusión^ la asimilación ingenua. tam bién en este estudio está el pensam iento de W ang Fuzhi en el horizonte de mis preocupaciones. a la vez. m ás en particular. desnaturaliza su objeto y lo vuelve inconsistente—. la de un esfuerzo teórico. es casi la inversa: m ientras que. «Des travaux». conviene. com o un concentra­ do. Procès ou Création [Proceso o Creación] (Éd. col. ^Además. ya nada tiene que pensar y se vuelve estéril— y. la am bición sigue siendo la misma: entre el esco­ llo de una especialización sinológica —que. No obstante. 1989) y. de su último capítulo (XVH: «Un m ism o m odo de inteligibilidad»). partía del pensam iento de un único autor. du Seuil. por cerrarse sobre sí misma. tan comunes. a través de m ás de una cincuente­ na de nom bres (que se escalonan desde la Antigüedad hasta el siglo XVn). los lineam entos lógicos. para analizar su coherencia. pero subyacentes. sigue siendo el mismo: sea a propósito de una única obra o de la palabra che. en lo que al espíritu del trabajo respecta. Con vistas a superar ésas dos formas.ADVERTENCIA AL LECTOR Este libro es continuación directa de mi anterior ensayo. y el com paratism o sim plista que procede como si poseyese a priori los m arcos que perm itiesen aprehender la alte9 . Habiendo de conjugarse las exigencias del filólogo y del filósofo. la única vía posible es. W ang Fuzhi (1619-1692). so pretexto de hacerlo ac­ cesible. en el trabajo precedente. de toda una cul­ tura. según la cual todo se traspone ^directamente de una cultura a otra. en su estrechez.* Asimismo. de un dom inio a otro. en cambio. La perspectiva de ataque. el térm ino chi­ no del que intento d ar cuenta a lo largo del presente estudio nos paseará.

que las refe­ rencias a China estaban por descubrirse. las comparaciones no se proponen. 253 ss. para servir de referencias e indicios de la diferencia investigada: la posición china se vuelve. más significativa. por principio. siempre se respeta —y sirve de fun­ damento para la exposición— la filiación histórica. sino que más bien intervienen. De ahí algunas decisiones que han presidido la concepción de esta obra. al final del volumen. el proceder es aquí —mediante interpretación progresiva— eTde una apertura prot blemática. La ausencia de index. debe perm itir al lector sinólogo verificar en el texto algunas ocurrencias carac­ terísticas del término. prioritariam ente. En la continuación del texto. he tendido.ridad en cuestión. u n glosa­ rio de expresiones chinas.. a título de hipótesis de conclusión. 223 ss. de entrada. incluso si el reparto resulta desigual entre las dos tradiciones (pues se ha considerado. Asimismo. al mism o tiem po que para decantar al máximo el discurso sinológico (siendo trasladadas las referen­ cias contextúales a las notas) y facilitar la lectura al no-especia­ lista. Con m ayor prudencia. En efecto. es voluntaria. — las letras que las preceden al glosado de las expresiones chinas. en el centro del libro. m ientras que las re­ ferencias a la filosofía occidental eran ya familiares y podían mencionarse alusivamente). así. finalmente. 10 . también al final del volumen: pp. a este placer: seguir una idea. intentan hacer sensi­ ble al lector no iniciado la dim ensión estética del che. En la presentación de cada uno de los dom inios de la cultura china invocados. pero no po­ dría desarrollarse por sí misma: eso para dejar actuar de lleno a las articulaciones lógicas. — las cifras exponenciales remiten a las notas y referencias que figuran al final del volumen: pp. Algunas láminas. e n forma de paralelismos.

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Es propio del buen estratega calcular po r adelantado. todos los factores implicados con vistas a hacer a. que su desarrollo obedece a. cóm o se produce la determ inación de lo real y proporciona una teoría general de la eficacia. de u n proceso que evoluciona exclusivamente en función de la relación de fuerza que pone en juegOj. La intuición inicial es Ja. por el contrario. el pensam iento estratégico aclara. iVa.C. 13 . Con frecuencia.1 EL POTENCIAL SURGE DE LA DISPOSICIÓN (en estrategia) La reflexión sobre el arte de la guerra que floreció en China al final de la Antigüedad (del siglo V al m a.una necesidad puram ente interna.C. ahora bien. los pensadores chinos pronto creyeron percibir en ella. y Sunzi con exactitud.^Concepción dem asiado radical com o para no traicionar un fructífero traba­ jo de elaboración: gracias a él. de form a ejemplar. sino que tam bién el tipo de inter­ pretación al que da lugar proyect^ su forma de racionalización sobre el conjunto de la realidad.. en la época de los «R ein o s combatientes») ex ced e a m p lia m e n te su p ro p io objeto: no sólo la sistematización particular que la caracteriza constitu­ ye una innovación relevante desde el punto de vista de la historia general de las civilizaciones. adm inistrarse a la perfección. ^ I. que puede preverse de un m odo lógico y. por tanto. la guerra ha parecido el dom inio privilegiado de lo imprevisible y el azar (o la fatalidad).

a las que aguarda la victoria] sólo buscan el enfrentam iento en el com bate tras haber ya triu n ­ fado. encadenándose y reaccionando lógicamente..3 Quien sólo busca la victoria en la etapa. m ás que la consecuencia necesaria —y el desenlace previsible— del desequilibrio. «desviación» posible: un resultado ventajoso resulta. cuando disposiciones y maniobras. que todavía dependen úni­ cam ente de nuestra iniciativa. por tanto.e. cuanto antes se adopte e^a orientación favorable. en llevar hacia allí las cosas antes de que el verdadero enfrentam iento tenga lugar: percibiendo con la suficiente ante­ lación —en su estado inicial— todos los indicios de la situación. en un estadio anterior de la determinación de los acontecim ientos. que juega en su favor. de las m edidas apropiadas . Todo ha de jugarse. son siem pre eficacesv'(«espontaneidad» o «lógica» del proceso: am14 .evolucionar constantem ente la situación de tal form a que aquéllos le resulten lo m ás favorables que sea posible: l a victo­ ria ya no es. por el contrario. la «acción» del buen estratega ni siquiera se trasluce: el proceso que conduce a la victoria está en tal m edida determ inado de antem ano (y su desarrollo es tan sistem áticam ente progresivo) que parece caer po r su propio peso.^La fórm ula. ineluctablem ente. y no com o consecuencia del cálculo y la manipulación. entonces. sólo en apariencia es paradójica: el yerdade. ni proeza táctica ni gran esfuerzo humano. Pues. ni siquie­ ra su «sagacidad». de la lucha arm ada. Hasta llegar a esta expresión límite: «las tropas victoriosas [te. siempre correrá el riesgo de ser derrotado. E n su estado ideal. pueden ser espontáneam ente adaptadas y. por tanto. al que ha sabido llevarlosM'ío hay. el m ejor general es aquel cuyo éxito no es aplaudido: no hace que la mayoría «alabe» su «valor». con m ayor facilidad actúa y se realiza.ro estratega^sólo obtiene victorias «fáciles »^2 Entendám oslo: victorias que parecen tales porque ya no requieren. de form a tal que pueda influir sobre ella incluso antes de que haya tom ado form a y se haya actualizado. definitiva. // Sunzí El punto fuerte de este pensam iento estratégico está en redu­ cir al m ínim o la acción arm ada. por dotado que esté. m ientras que las tropas vencidas [i. que están abocadas a la derrota] sólo intentan vencer una vez entablado el com bate ». previam ente. a este respecto.^Las verdaderas cualidades estratégicas pa­ san desapercibidas. en el m o­ m ento m ism o en que se producen.31 Todo el arte del estratega consiste..

como principio. im plicada p o r u n a necesidad objetiva. la concepción de ur^potencial surgido *■ de la disposición que denota las m ás de las veces. sólo se produce a título de consecuencia. al efecto operante. texto fundacional de la tradición taoísta. comparte. resulta irresistible. en este contex­ to.8Dos rasgos caracteri­ zan. ¿qué contenido dar. sem ejante eficiencia: p o r una parte. habida cuen­ ta de su intensidad. Como im agen ideal del dinam ism o que deriva de la configuración y que es preciso conseguir. tam poco depende de una concepción abstracta: pues la atención se dirige. tanto en el estadio m ás insignificante como en el m ás deci­ sivo. al m odo en que procede con la m áxim a preci­ sión. se trata. a través de él: decir que la «destreza» en la guerra «descansa en el potencial surgido de la sunB¡n disposición» (che )06 significa que el estratega ha de ten d er a SIVaC explotar en su favor. 15 .* /. de hacer actuar en su propio sentido. y con m ayor precisión. por otra.5 Todo el arte de la estrategia puede expresar­ se de nuevo. particularmente.7 y. arrastra incluso guijarros . ese ideal de no-enfrentam iento no resulta de una preocupación m o­ ral: tan sólo se trata de actuar de m anera que Ja)propia victoria sea absolutam ente segura por estar predeterm inad a. y por su cuenta. no nos equivoquemos. y según la m áxim a efectividad. po r el contrario. El Laozi. po r vez prim era y de form a significativa. en su im pul­ so impetuoso. que «el buen guerrero no es belicoso» y que ay«capaz de derrotar al enemigo» quien «no entabla combate con él» (§ 68). la del curso del agua: si se abre u n a brecha en u n depósito elevado de sunzí agua. la orientación venidera*Lo m ás lejos posible de cualquier utopía. Eso es lo que perm ite el dom inio efectivo del curso posterior de los acon­ tecimientos. En función de esta perspectiva emerge. Pero. y. las condi­ ciones que encuentra. llegando incluso a darse el caso de que ya no sea necesario entablar realm ente com bate :4 u¿jbuen estratega —se nos asegura— «no es belicoso». j II. Pero. y también afirma. «sencillamente». la idea de que «resulta fácil hacerse cargo de una situación mientras sus síntom as no son m anifies­ tos» (§ 64).bos térm inos significan lo m ism o —como com probarem os por extenso en lo que sigue— bajo perspectivas diferentes). en función de ello. que caracteriza cualquier situación dada. ésta sólo puede precipitarse hacia abajo . desde un punto de vista estratégi* Estamos ante una concepción com ún en la China de la Antigüedad. y aprem iante. el térm ino che .

9Tam bién cuenta la disposición m oral de los protagonistas. debió sin duda representar un progreso decisivo que era análogo a la capacidad de explotar rigurosam ente el che. com o en la com paración precedente. así ocurre con el buen estratega que.dl0Sea cual sea el aspecto afectado. y según estén las tropas en correcto orden o dispersas. en tanto que terreno de operaciones: un estratega ha de sacar el m ayor partido de su carácter distante o cercano. utilizando el che. invento chino (alrededor de 400 años antes de nuestra era). revolucionó. en relación a la configuración del relieve. la innova­ ción que constituía la ballesta en el plano técnico. ya no estarán en condiciones. en am plia medida. desarrollarse de un m odo aún m ás SunBin preciso: la ventaja propia de la ballesta se debe a que.e" y negativam ente. de resistir . la «activación» de su «mecanismo» sirvió con gran natura­ lidad para sim bolizar el súbito desencadenam iento de la energía Sunzí potencial de un ejército :13una «ballesta tensada al máximo». en plena form a o agotadas. al descubierto o cerrado . Por num erosas que sean."Así pues.15 fA hora bien. hacia abajo o sobreelevado. a través de la m era explotación de los 16 . llevando a las SunBin propias tropas a em plear todas sus fuerzas en la ofensiva. incluso si ésta tam bién interviene. como factor determ inante.con el m enor gasto. privando a las tropas enemigas de cualquier ini­ ciativa y reduciéndolas a la pasividad. en efecto. accesi­ ble o accidentado. al igual que todos los demás factores «cirHuainanzi cunstanciales»: según sean favorables o desfavorables las condis'na C' ciones climáticas. La im agen puede. puede m atarse a gente a m ás de cien pasos.co. logra un efecto máximo —a distancia (tem poral y espa­ cial)—. el com portam iento bélico: a la vez por la precisión de su trayec­ toria rectilínea y po r la formidable fuerza de su impacto. así es el c h e P 4 Además de la pertinencia propia del motivo (siendo expresado el potencial por la imagen de la tensión). sin que los dem ás ni siquiera adviertan de dónde salió el disparo ».f12 El m ero recurso num érico cede frente a los grados supe­ riores —m ás determ inantes— de condicionam iento^ Se sabe que el uso de (a) ballesta. a la «disposición» de la que nace ese potencial? Pues no cabe interpretarla únicam ente. según estén m uy anim a­ dos o desalentados. «m ientras que el punto del que parte el disparo está próxim o (entre el hom ­ bro y el pecho). en el plano estratégico. habida cuenta del che. el carácter coercitivo de la situación puede y debe ju ­ gar en los dos sentidos: a la vez positivamente.

sin em bar­ go.factores en juego.. se po­ nen en movimiento. la configuración propia del objeto (redondo o cua­ drado) a la vez que la situación en la que está im plicado (sobre u n suelo llano o inclinado). sirvan como im agen de las tropas m ejor m anejadasfídando a entender que cuenta m enos la calidad personal del com batiente que el dispositivo en el que se ve llevado a : actuar^El m ás antiguo tratado de arte m ilitar lo indica abierta­ mente: el buen estratega «reclama la victoria ^ p o te n c ia l surgi. el potencial surgido de la disposición es. por así decirlo. pero cuya incidencia filosófica es. que fija definitivamente los diversos aspec­ tos del che y le servirá de motivo privilegiado: si se recogen leños sum o piedras sobre u n suelo llano. si lo pierden.Si Otras tantas expresiones lacónicas. se detienen. a título de su disposición. tal com o ésta es dispuesta. de dónde proviene el resultado y se atribuya el m érito. y no la buena voluntad de los individuos. sobre un suelo en declive. Esa com paración tam bién revela otra cosa: que las pie­ dras redondas así dispuestas a ro d ar con tanta fuerza. se expresa m ediante el carácter extremo del desnivel.im plican. «Para el experto en la utilización de sus tropas.y/ 17 . que sólo intervienen a título de in­ dicación práctica. para nos­ otros. por ende. sino que son el «producto» (incluso en el sentido m ate­ rialista del térm ino) de un condicionam iento exterior que es totalm ente m anipulable. sacan provecho del potencial surgido de la disposición]. m ientras que. sin que la opinión com ún perciba. si son redondos. entonces los valientes son cobardes». se m antienen estables y. en lo que a él respecta. nada m enos. entonces los cobardes son valientes. m ientras que. el m áximo potencial. si son cuadrados. ruedan cuesta abajo. considerable.» 16Cuentan. puesto que el hom bre no tiene la iniciativa sobre ellas ni las dom ina. capaz de hacer que piedras redondas rueden cuesta abajo desde la m ás alta cum bre. la idea vigorosa se­ gún la cual las virtudes hum anas no se poseen intrínsecam ente. ^ Últim a im agen. y tam bién: «valor y cobardía son variaciones del che». inmóviles. lo que es determ inante. desde lo alto de la pendiente.sun-d do de la disposición y no a los hom bres que están bajo su m an­ d o »^17 Es la propensión objetiva lógicamente resultante de la situación. 4 m . Form ulación aún m ás radical: «valentía y cobardía son cosa de che»} El com entario añade: «Si las tropas obtienen el che [Le.

2^ 1 ejemplo se propone aquí para ilus­ trar que sólo el che proporciona un dominio efectivo sobre el 18 . pero la tendencia es. en la época inm ediata­ m ente anterior (hacia el año 500 antes de nuestra era). hacer de la concepción del che. sino que tam bién se elimina cualquier determ inación trascendente o sobrenatural en provecho de la exclusiva iniciativa estratégica. a pesar de los más favorables augurios . Téngase en cuenta. si la persona no tiene un mango en la m ano para impriI m ir su fuerza. desarrollada a un nivel inédito entre principados rivales que aspiran a la hegem onía. regulado por un código completo del honor y ejecutado en cam pañas es­ tacionales que evitaban cualquier exterminio radical. precisam ente entonces. ha podido construirse semejante punto de vista/ La época de los «Reinos combatientes» (siglos V-m a. Resulta lógico. De todos los factores tenidos en cuenta. m ás general. el resultado seguirá siendo nulo. m ás allá de todas las ilusiones posibles. en efecto. que la gue­ rra deje de poder ser considerada u n dom inio «particular». com o potencial surgido de la disposición.20Quien coge un hacha para cortar m adera no tiene que preo­ cuparse por saber si la fecha cae bien y si el día es favorable. ad­ quiera una im portancia cada vez m ás exorbitante (y eso duran­ te dos siglos). la naturaleza real de los determ inism os implicados haya logrado. en cambio. el che es el único realm ente decisi­ vo. y la lucha a m uerte a la que se entregan —en perfecto acuerdo con el princi— “>pio del «desarrollo al máximo» al que recurrieron nuestros teó­ ricos m odernos para concebir la guerra «absoluta»— no podía dejar el m enor lugar a la m era creencia. Pero Huaimuizi ahora resulta que no sólo «el che se im pone al hombre». ante todo. ni siquiera a una posi­ ción m ínim am ente «idealista »/Al m enos en este dom inio parti­ cular.J 19 el dispositivo táctico a las cualidades morales. llevado a ese punto extremo. com o un ritual. del pensam iento y que su em peño p o r penetrar. el punto crucial de la teoría. el de la eficacia práctica.C.Sólo al precio de una racionalización m áxim a. sino tam ­ bién que no se emprendía em presa alguna sin que los adivinos se hubiesen pronunciado sobre su carácter fasto o nefasto. que. la guerra no sólo era aún concebida.) se caracteriza p o r una exacerbación de la guerra. guiada p o r el m ás riguroso de los imperativos. lo invada todo y se convierta en lo único enjuego. en esas circunstancias. que la/reflexión estratégica haya contribuido a precipitar una evolución.

o decorarla artísticam ente.¿ Pero la riqueza de la intuición estratégica china no consiste tanto en proporcionar un concepto interm ediario que haga po­ sible una m ejor articulación de lo constante y lo cam biante (teo19 .proceso de la realidad. con vistas a secundar aquello que [en el m om ento de las operaciones] se revela exterior [a esos principios]». y por ello siem pre queda relativam ente fuera de las previsiones teóricas ^Incluso se ha tendido a ver en ello. basada en la sim ulación/debe toda su eficacia a que se adapta perfectam ente a la evolución de la situación y tanto mejo r som ete al enem igo cuanto m ás logra adaptarse continuam ente a él: a través del che. adem ás. La fórm ula ha de leerse con m ucha precisión: «Una vez swm determ inados los principios que nos resultan ventajosos. y j como un rasgo de m era sensatez. Sólo im porta que la ballesta esté tensa. Queda precisar de una forma m ás concreta cóm o pro­ cede ^ $a) eficacia. de lo imprevisi­ ble y del cambio.I cen inquietarse por esa aporía. los teóricos chinos de la guerra no pare. Sólo del che cabe esperar u n efecto real. aquello que. aparentem ente debía escapar a los cálculos inicia­ les vuelve a ser dom inado por ellos con la m ayor naturalidad.JDel m ism o modo.k22De ahí la definición que volverá a encontrarse aplicada a m uchos otros dom inios de la tradición china: «gic/ü [en tanto que dispositivo concreto] consiste en gobernar lo circunstancial en función del I v*' beneficio ».1t n el centro del capítulo que sirve de obertura al m ás antiguo tratado chino de estrategia. hay que crear para ellos disposiciones favorables [dotadas de efica­ cia: che]. no añade absolutam ente nada a su alcance. la estrategia abriga la am bición de determ inar. los princi­ pios estables de acuerdo con los que evaluar la relación de fuer­ za y concebir de antem ano las operaciones. IV. Pero tam bién se sabe que la guerra —que es acción y. esas expresiones des­ em peñan el papel de transición entre la determ inación prelim i­ n a r de elem entos abstractos y constantes («cinco factores» y «siete valoraciones») y la descripción subsiguiente de una tácti­ ca que. está regulada por la reciprocidad— es el dominio. dependiendo de la coyuntura. elegir una m adera m uy preciosa para hacer una flecha. por excelencia. en función de una serie de factores. E n general. el límite práctico de cualquier \ estrategia?'Ahora bien. justam ente en la m edida en que se basan en la concepción del che para resolver su contradic­ ción.

norm alm ente es lo único que no ofrece indicio alguno de su realidad.23 Volviéndose entonces tan insondable com o el Huaincuizi gran proceso del propio Mundo. por tanto. pero esta sunzí vez considerada en su curso horizontal y tranquilo. Ahora bien. tam bién la de las tropas [bien dirigidas] con­ siste en evitar los puntos fuertes del enemigo para atacar sus puntos débiles. ¿hay otro medio que abrir ésta a la alternancia y practicar en ella la reversibilidad? Aquí es donde la teoría estratégica al­ canza la concepción m ás central de la cultura china. como dispositivo estratégico. al tiem po que en re­ novar constantem ente la propia disposición táctica con vistas a desconcertar sistem áticam ente al adversario —engañándolo siem pre y cogiéndolo a contrapié— y." y que es>transform ándose en función del enemigo como se obtiene la victoria ». por ende..25así. para reactivar el dinam ism o inherente a la disposi­ ción. que la potencialidad se agota en el seno de una disposición que se fija. a m ayor profundidad. propia del mero sentido com ún. la eficacia del dispositivo estratégico. que lo hace vulnerable. así como el agua determ ina su curso en función del terreno. así. como motivo contrario a la rigi­ dez. precisam ente en virtud de sujextrema variabilidad (fun­ ción de su disponibilidad máxima). ha de ser tan móvil com o el agua en su curso. despojarlo de cual­ quier dom inio . principios y circunstancias. que.. a la im agen del agua. ¡ Por lo tanto. erigida.) cuanto en dem os­ tra r pertinentem ente c ó m o ^ e v o lu ció n ciccunstanciair insepa­ rable del curso de cualquier guerra. u n a disposición obra eficazmente y puede servir de dispositivo en la justa medida en que se renueva^ Pues decir de ese m odo que el che.™2? Volvamos. ¿no es el objetivo fundam ental de cualquier táctica precisam ente asegurar en provecho propio la continuidad del dinam ism o (vaciando al otro de su iniciativa y reduciéndolo a la parálisis)? Y. por no inmovilizarse jam ás en una disposición particular. La intuición es. El arte del m ilitar consiste en llevar al enem igo a adoptar una disposición relativamente fija y. de saber adaptarse. tam bién las tropas determ inan la victoria en fun­ ción del enem igo ». basada en 20 .ría y práctica. reconocible. por ende. es. tom ado en su infinitud (el Tao). el agua. en sím ­ bolo de la fuerza m ás penetrante y resuelta.26significa algo m ás que la necesidad. de rechazo. «Así com o la disposición del agua consiste en evitar cualquier elevación para tender hacia abajo. constituye la baza táctica _* m ayor que perm ite renovar el potencial y.

Leyendo la literatura china de la Antigüedad que trata de la estrategia. llevado hasta el paroxism o de una situación sin salida. Pero. tanto m ás eficaz cuanto que nunca se deja reificar por inmovilización y «bloqueo» —rápidam ente en falso— en una disposición determ inada .la eficacia. del curso de la naturaleza y que ilustran el encadenam iento del día y la noche. nos dam os cuenta de hasta qué punto el tipo de representación que encar­ na se opone totalm ente a cualquier visión a la vez heroica y trágica (y de por qué la China antigua perm aneció tan ajena a sem ejante visión). nunca se atasca y se m antiene inago­ table por no inmovilizarse en ninguna disposición particular. la de u n proceso en el que basta con utilizar oportunam ente ¡sujpropensión para que pueda evolucionar en nuestro provecho. En el estadio suprem o.. M ientras que el hom bre trágico choca irrevocablemente con potencias que lo superan y resiste p ara no ceder (eikein. porque sabe abrazar su lógica y ad ap ­ * Los tratados del juego de yo recurren particularm ente a él para dar cuenta de la relación de fuerza inscrita en el dam ero y que evoluciona en el curso de la p a ín ­ da. el antagonism o es llevado a resolverse po r sí mism o en función de u n a lógica interna que puede dom i­ narse a la perfección. de los principios fundamentales de la estrategia china. como se sabe. reaccionando espontáneam ente tanto ante la ocasión com o ante la situación.29 La perspectiva en acción es. „ 21 . Inscribiéndose en el corazón del pensam iento estratégi­ co de la China antigua. o el ciclo estacional. la eficiencia absoluta que constituye el Tao. <¿¿'o no es más que la ilustración. Pero. en perpetua renovación. la palabra clave del teatro sofocleo). po r tanto. S u n zi V. en un registro lúdico. Mao Zedong todavía recurre a ella con total naturalidad para evocar la táctica m ás oportuna en la gue­ rra de resistencia —guerra «prolongada»— entablada contra Japón :028 una táctica que sabe m antenerse en constante «aler­ ta». para quien sabe explotar estratégicam ente el potencial surgido de la disposición. la concepción de un potencial surgido de la disposición ha llegado a servir de representación com ún* y toda la tradición ulterior jam ás se ha apartado de ese punto de vista . El enfrentam iento está en el corazón de aquélla.27 E n el siglo XX. la «Vía». el hom bre de la estrategia se hace fuerte po r ser capaz de adm inistrar to­ dos los factores en juego.

por el contrario.. se negaba a lograr la victoria «mediante una astucia pro­ pia de bandoleros y ladrones cuyo único deseo es p asar desaper­ cibidos»). y por todos los medios. Com bate direc­ to y a plena luz (recuérdese a Alejandro. siem pre arriesgado. sirve de imagen. como «destino». de ese enfrentam iento heroi­ co. la oposi­ ción tam bién es diam etral entre la teorización china basada en el che y el «modelo occidental de la guerra» que nos han legado los griegos (y sobre el cual. Uno descubre fatalmente dem asiado tard e lo que le toca en suerte. ¿no h a sido el ideal griego. que consiste íntegram ente en su carga destructiva y no tiene otra salida que la derrota o la muerte.»30La lan­ za es la herram ienta. quien. al que la ballesta. y una vez pasado el tiempo del conflicto consistente en escaram uzas o com bates singulares que nos describe H om e­ ro. pues m atan a distancia y sin respetar el m érito personal de los combatientes: estam os a la m áxim a distancia de la valoración del che. el «todo o nada» de la batalla campal? Otorgando la priori­ dad a la infantería masiva de los hoplitas antes que a las form a­ ciones m ás ligeras de los peltastas o caballeros. incluso antes de que la acción real haya dado com ienzo y para evitar que ésta represente el m om ento decisivo. dando así m ás im portancia al uso inm ediato de las fuerzas alineadas frente a frente en el campo de batalla que al arte del hostigam iento o la finta y a todas las m aniobras de desgaste. Desde un punto de vista m ás estrictam ente militar. el otro sabe descubrir p o r ade­ lantado la propensión en acción pudiendo disponer de ella. la tendencia que em ana de la relación de fuerza. Ahora bien. el arm a de tiro m ás perfeccionada. .tarse a ella.] a una de las partes “h acer tram pas” en una victoria obtenida por otros m edios que el arrojo de los propios hom bres durante el com bate. según Quinto C urdo. por el contrario.. Combate tam bién relativamente breve. Hem os visto que el objetivo de la estrategia china consistía en m odificar en prove­ cho propio. deliberadam ente esperado por una y otra parte. los griegos del siglo V desem bocaron en una concepción de la guerra donde el choque frontal de las dos falanges. en la Grecia antigua. y el símbolo. norm alm ente son des­ preciadas. Las arm as de tiro. John Keegan y Víctor Davis H anson han proyectado recientem ente una luz nueva). constituye el elemento determinante. «G anar una batalla incluso antes de que haya dado com ien­ zo —nos dice H anson— era perm itir [.

del todo «natural». Y. contra quienes. Por concebir la guerra desde el punto de vista de la finalidad. considerada una m era función hu m an a y. hemos visto que la cosa era del todo distinta entre los teóri23 . contra los «pe­ dantes» que acum ulan saber m ilitar tan sólo a p a rtir de las cuestiones prácticas relativas al arm am ento y los sum inistros. como pudim os constatar. de la batalla vuel­ ve a aparecer en el centro de las concepciones m odernas de la guerra en Europa. pudiendo ese últim o objetivo representar una etapa interm edia con vistas a u n a m eta m ás general que es. en particular en Clausewitz. que se con­ virtió en tradicional en la filosofía occidental. en su estadio último. esa relación medio-fin no está explicitada. Su celebridad se debe. a haber sido el p rim er pensador occiden­ tal que intentó dar u na explicación global de la realidad de la guerra de form a teórica: reaccionando. por ende. Mittel y Zweck o Ziel (Zweck com o m eta final y Ziel com o objetivo inter­ medio): como la utilización de los m edios m ás apropiados con vistas a un fin predeterm inado. en el pensam iento estratégico de la China antigua. en el otro extrem o. pensar la guerra en térm inos de probabilidad Oos medios a utilizar sólo son los que tienen m ayo­ res oportunidades de conducir a un resultado deseado). com o se sabe.Pero el enfrentamiento directo. p o r su p ar­ te. las nociones de dispositivo y eficaciap hacen sus veces. Ahora bien. se la representa lógicamente de acuerdo con la relación aristotélica. no tiene otra posibilidad que concebir su acción en térm inos de arte. medio-fin. a la vez. elegirás p ara ese fin el cam ino m ás corto que te sientas con fuerzas p ara seguir »). concibiéndola en térm inos de arte. Clausewitz no sólo se ve conducido a conceder una im portancia m áxim a al enfrentam iento directo (al que se apunta com o obje­ tivo). y decisivo. com o el valor y la determinación. no cuantificables. contra quienes creen que puede concebirse la guerra com o una ciencia exacta a partir de cálculos angulares y en base a princi­ pios inm utables (los m ás célebres de la época: von Bülovv y de Jomini).31 Pero. por tanto. pueda constituirse en objeto de la teo­ ría. Para «pensar» realm ente la guerra. de orden político (según la regla enunciada desde su juventud a la m anera de u n a m áxim a kantiana: «Te propondrás la m eta m ás im portante y decisiva que te sientas con fuerzas para alcanzar. y. sino que tam bién debe reconocer la im portancia intrínse­ ca de los factores morales. tam bién. y. Clausewitz. niegan que la guerra.

que lo vuelve aleatorio. el che. en la concepción china de la autoridad. en tanto que «práctica» y «teoría». Aún más: tam bién se ven lógicam ente lleva­ dos a considerar las cualidades morales. en absoluto. sin incertidum bre ni pérdida posibles: tanto sin desgaste como sin «fricción». que representa lo esencial para Clausewitz. que puede estructurarse. «medios» y «fin»: de esa dife­ rencia implícita de las categorías enjuego. intercalándose entre lo que nos­ otros hem os escindido. a partir de ahí. resulta una diferen­ cia de conjunto. com o m eram ente implicadas por la situación. orienta la concepción de la ejecución en el sentido de aquello que. en am bas partes. precisam ente la concepción china del che. inm ediata e in­ equívoca de obtener la decisión— con esa otra invención griega que es el voto en la asam blea. nos consta el papel que desem peña. actúa desde siem ­ pre en total soledad y sponte sua. La opción p o r el choque frontal de la batalla de hoplitas se correspondía estrictam ente —en tanto que m anera directa. en el dom inio de lo político. previa y que procede m ediante parálisis y sub­ versión (m ientras que la batalla cam pal —die Schlacht—. sino de «ineluctabilidad» y «automaticidad». Lo que les perm i­ te concebir. por otra. p o r su parte. como factores propios. por tanto. el con­ traste de las concepciones estratégicas no puede dejar de refle­ jarse. 24 . En particular. Asimismo. en la refle­ xión de Clausewitz. Finalm ente. y di­ solviendo. volverá a encontrarse. la atención prestada a la propensión. en función de la propensión en acción. aborda con desdén com o una «m era destruc­ ción indirecta».eos chinos de la guerra. no es a sus ojos m ás que u n m ero resultado). y su realiza­ ción práctica. cualquier oposición entre esos térm inos. de un m odo a ú n m ás patente. Por una parte. com o m odo de eficacia que deriva de la disposi­ ción. el proceso bélico ya no en térm inos de probabilidad. precisam ente en la m edida en que la conciben desde el punto de vista de la propensión y de un condi­ cionamiento del efecto: se ven llevados a privilegiarlo que Clausewitz. bajo la im pronta de la idealidad. ahora bien. precisam ente con­ cebida para intentar dar cuenta del foso que atorm enta desde siem pre nuestra reflexión estratégica al separar el plan estable­ cido de antem ano. esenciales a la guerra. su teoría de la fricción. a la m anera de Clausewitz.

C.2 LA POSICIÓN ES EL FACTOR DETERMINANTE (en política) I. «elegir» ni «instruir »:1las cosas «tienden» po r sí m ism as. cual­ quier intervención de la subjetividad constituye siem pre una 25 . Se trata. en función de su propia disposición. tan lejos ha llevado la radicalización teórica: en particular en lo que concierne al segundo térm ino de la alter­ nativa. infali­ blemente.C. no proyectar sobre ellas valores ni de­ seos. IVa.) nos conduce a pensar am bas opciones como contrarias.a Respecto a eso. en prim er lugar. sin nunca «tener dificultades». sino sintonizar constantem ente con la necesidad de su evolución. fuera de uno mismo. que no hay que s. Pues de la propia disposición de las cosas resulta ZJiuangzi una orientación que nunca vacila ni se desvía. de una vía trazada p o r la sabiduría en su form a m ás general (en térm inos taoístas): dejar que actúe la propensión de las cosas. Estrategia y política rem iten al m ism o problem a funda­ mental: ¿de dónde procede la eficacia que nos perm itirá gober­ n a r el m undo en el sentido deseado? ¿De la intervención de las capacidades individuales o de la relación de fuerza en juego? ¿Del em peño subjetivo —m oral o intelectual— o de la tenden­ cia objetivam ente im plicada po r la situación? El pensam iento chino del final de la Antigüedad (en los siglos iv-m a. el de una determ inación del curso de las cosas exteriora la personalidad. excluyén­ dose m utuam ente.

al introducir su puta­ ciones y cálculo. a prim era vista. «como da vueltas la pluma» o «como gira la muela». La iniciativa corres­ ponde.IVa.2Vuelve a intervenir aquí el térm ino che para designar.. si se las priva de ese adorno y se las recubre de oropeles. es independiente del valor personal.Shen Dao s. se recupera. a título puram ente instrum ental. en lugar de desear im ponerle nuestras preferen­ cias. com o en otra p ar­ te se fue capaz de volverse com pletam ente pasivo y disponible p ara Dios: en lugar de querer gobernar im periosam ente el m undo m ediante la propia acción. pero nunca arreglárselas sin ella.C. así. Los dos térm inos se revelan.. adorno: po r di­ verso que sea su registro. dejém onos ir siguiendo la corriente de los seres. al igual que la sabiduría pudo concebirse com o el ideal de dejar actuar a la propensión inscrita en la realidad. provocarán 26 . atraerán todas las m iradas. a través del cuerpo social. Dos aspectos caracterizan inicialmente la capacidad de sur­ tir efecto que deriva de la posición jerárquica: p o r u n a parte. la espontaneidad natural (cuando la im posición opera inm e­ diata e íntegram ente. por analogía con el dispositivo estratégico. Pero. en particular el m oral. el del poder.» «Como rem olinea el viento». Traduzcam os al plano político esa reducción de la realidad al juego de sus implicaciones funcionales: la disposición de las cosas de la que procede infaliblemente la tendencia. Carro. de quien se vale de ella. A la vez que de m odo absolutam ente decisivo. com o cur­ so del m undo. y revístaselas de los m ás herm osos atavíos.3 Tómese a las m ás herm osas m uje­ res. todos los ejemplos alineados expresan el carácter indispensable de aquello que. po r m era reacción). se nos propone tam bién como ejemplo. sponte sua y según su m áxim a efectividad. m utuam ente. Intervie­ ne com o soporte. droga. injerencia que representa un obstáculo. a través de su in­ com patibilidad recíproca: frente a la actividad de la conciencia. tam bién el orden político puede ser lógicamente pensado com o algo que procede «necesariamente» —en virtud de una determ inación p u ram en ­ te objetiva— de la relación de autoridad. «Sólo avanzaba si era em puja­ do. com pletam ente al m undo. abrazan­ do la línea de m enor resistencia. en tanto que «posición» jerárquica . sólo parece algo coadyuvante . tanto puede uno utilizarla com o estar privado de ella. po r tanto. sólo venía si se le hacía venir. dejém onos llevar a m erced de las cosas. por otra. Y. para el carácter impecable de la tendencia.

es dejándose arrastrar p o r él com o la briz­ na de hierba puede ser llevada a distancia. no puede ejercer con seguridad influencia sobre los demás. Pero. que norm alm ente creeríam os asociados.b Al igual que. la del carácter determ inante de la posición. . no estando lo bastante liberada de cualquier capacidad innata. Dado que la argum entación filosófica se desarrolló m enos en China que en la Grecia antigua. indiferente: tanto perm ite al buen soberano ejercer un 27 Shang Yang s. no cuenta tanto el elevado núm ero de las tropas. com o la explotación del potencial surgido de la disposición. del m ism o modo. procede por etapas progresivas que cabe resum ir así: 1 . en política. Si. el gobernante no se apoya en su «fuerza» sino en su «posición ».5 La refutación de la tesis ini­ cial. el del viento: es soste­ niéndose en él com o el cuadrillo de la ballesta puede subir m uy arriba por los aires. a la inversa. Hanfcizi s. vuelve a en­ contrarse. m ero dato bruto. por sabio que sea. m ás allá de todos los ejemplos que perm iten ilustrarlo. la concepción política de la posición com o soporte dotado de efectividad ha propiciado el debate teórico. por tanto. a ras de tierra: ha perdido el che en el que se apoyaba en su impulso. si éstas se dispersan.IVa. y tam bién cuen­ ta. m ientras que únicam ente la idea de posición puede d ar cuenta del carácter absolutam ente extrínseco de la determ inación. u n hom bre. Trasposición m ítica del m ism o motivo: el dragón echa a volar m ajestuosam ente cabalgando las nubes. el valor personal. Invirtiendo el ejem­ plo precedente: po r densas que sean las nubes. el peor golfo disfruta de u n soporte semejante. la noción de fuerza parece aún dem asiado em pa­ ñada por la im pronta personal. no deja de ser significati­ va: sin duda. com o un gusano. Interpretem os esas imágenes en térm inos políticos: si no disfruta del soporte de una posición {che).C. podríam os creer —indebi­ dam ente— que no tuvo lugar allí. un gusano de tierra no podría —a diferencia del dragón— apoyarse en ellas p ara elevarse. paralelam ente a ella.la huida de la gente. Se privilegia otro motivo para evocar esa función de soporte dotado de efectividad.C. en estrategia. el factor de la posición se revela neutro y. ni siquiera desde cerca. tesis contra tesis . III a.04 La oposición entre esos térm inos. no puede ser un factor suficiente.° aunque intervenga como factor. puede reducir a la obediencia a los mayores sabios. 2 ° dado que tanto puede jugar negativa com o positivam ente. pero.

es la posición jerárquica. De ahí la conclusión: todo depende. el prim ero sólo actúa históricam ente a fondo en situacio­ nes del todo extremas. de ser m ás perjudi­ cial que útil. m ás mala que buena.e Pues el segundo ha de desprenderse del prim ero para perm itir instaurar un m arco propiam ente político. a la vez que al otro com o algo que no puede atravesarse. así com o una distinción sem án­ tica: el orden político al que aquí se hace referencia no es el orden m oral ideal con el que sueñan todos los utopistas. en su funcionam iento regular. santos o tiranos no deben su aparición a sus buenas o malas cualidades. indepen­ dientem ente de las opciones culturales particulares. Pretender. en general. excep­ cionales: edad de oro o tiempos de calam idades—. según la concepción china de la «contradicción» penHanjazi sada a im agen de quien. De he­ cho.° habida cuenta de que la naturaleza hu m an a es. vendiendo «lanza» y «escudo». el resultado es el contrario. Y. en resum idas cuentas. hay que distinguir entre el che entendido com o disposi­ ción natural y el que se entiende com o relación «institucional» de autoridad. Ambas determ inaciones se excluyen. El E stado es com o un carro. haciendo original. instituida en po­ der positivo. que. a fin de cuen­ tas. po r su radicalización.dom inio benéfico como al mal soberano llevar a efecto la peor tiranía. la crítica sistem ática a la que da lugar no hace sino ganar en interés. la concepHanfüzí ción del che aquí preconizada . la que se basta com o determ inación suficiente para hacer que reine el orden en la hum anidad. sino al condicionam iento de la necesidad. y desposee entonces al hom bre del m argen de m aniobra que ordinaria­ mente le perm ite la gestión de los asuntos: pero. incluso en ese estadio. Esa refutación parece brotar del sentido com ún. y la «posición de autoridad». coexiste el de la capaci­ dad personal ni siquiera es posible. para bien o para m al —y. A p artir de ahí. irá veloz y lejos. 3.. el tiro que lo arrastra :6 en m anos de un buen cochero. en épocas normales. celebran'a la una como algo que puede atravesarlo todo. la baza que proporciona la posi­ ción corre el riesgo. no 28 . como al comienzo de la tesis precedente. Por lo tanto.7 Pero esa refutación de la refu­ tación sólo es posible porque prim ero intervienen u n desplaza­ m iento de lo que está enjuego. paralelam ente al factor de la posición. de la capacidad de la persona. por ello. en m anos de u n m al co­ chero.. sino el de la m áquina estatal.d por otro lado.

Los confucianos la conciben com o un ascendiente esencialm ente moral. De donde resulta que la com ­ paración del carro del Estado m erece ser invertida: si el carro es sólido y el tiro bueno —ilustrando este último. desde su posición dom inante. los que afirm an la prim acía de la m oralidad personal. por otro. pueda ir rápido y bien. suficientes «postas» políticas com o para m antener íntegro el im pulso que brota de su autoridad. la realeza no es la m ani­ festación de ninguna voluntad superior y su ascendiente sólo resulta de la presión que puede ejercer por sí sola la posición m onárquica /8Oposición que no deja de rem itir a una diferen­ cia de m edios —sociales y culturales. por sí sola. al igual que ante­ riorm ente. a la inversa. para generar el orden. cuyo reino sólo llegará una vez de cada mil. aun siendo vulgar. es. al m enos po r su m entalidad. en China. ideológica: po r u n lado. Por u n lado. Para los legistas. a los antiguos círculos cortesanos. para asegurarla buena m archa del Estado: la existencia de la relación jerárquica basta. p o r tanto. en consecuencia. II.hay que esperar a un sabio salvador. Pues —y se trata de una diferencia esen­ cial con Occidente— nunca. sino hacer actuar desde ahora a la posición de autoridad según su m áxima efectividad. en un punto: la form a m onárquica del poder. sienten apego po r los valores del ritual y la tradición. quienes pertenecen. al menos. expresión de un «m andato celeste» y que se ejerce a través de la influencia ejem plar que em ana del sabio soberano. en prim er térm ino. de u n lado a otro. se concibió otro régim en político que la realeza. po r otro. Unos y otros coinciden.C. la capacidad de surtir efecto atribuida a la posi­ ción—. resulta inútil esperar un cochero superdotado. perm iten m antener toda la capacidad del tiro: el gobernante tam poco tendrá otra tarea —si explicitam os la lógica de la imagen— que disponer.). quienes están abiertos a la influencia del m undo de la em presa y el negocio 29 . en la China del final de la Antigüe­ dad (en los siglos IV-HI a. de m entalidades— en la China antigua y. a los partidarios del «confucianismo» y a aquellos que son tradicionalm ente calificados de «le­ gistas». y. Postas que. basta con establecer postas a una distancia regular para que cual­ quier cochero. y serán útiles com o «letrados» junto a los príncipes. La diferencia está en el m odo de com ­ prenderla. los que sólo conceden eficacia a la posición ocupada: ese debate opone.

que no delega en nadie la doble palanca del m iedo y el interés. si la soberanía sólo existe p o r la posición. sólo se afirm aría en detrim ento de la posición soberana. la del soberano. a la vez realista y conquistadora. del autoritarismo y el tota­ litarismo. esa diferencia no es de «clase» ni opone progresistas a conservadores. pues. Si. Posición por excelencia. Si. y esa categoría especial de pensado­ res ha contribuido a afianzar aún m ás esa orientación. sediciones y revueltas.9 el pensam iento políti­ co chino sólo concibió —en térm inos de che— la teoría de la posición real: precisam ente m ediante la elim inación resuelta de cualquier otra posición que.s 10ésta no debe co n tar con ningún senti­ m iento de am or o devoción por parte del pueblo —a diferencia del patem alism o con que sueñan los confucianos— p ara im ­ ponerse a él. los legistas em plearán la preocupación p o r la eficacia positiva que los caracteriza en el exclusivo sentido de u n cesarism o despótico: teóricos. lle­ gado el caso. en lugar de intentar modificarla. a la larga. a la reivindicación de nuevos derechos. el príncipe indefectiblem ente pasa bajo su con­ trol y se deja m anipular por ellos. incitando al tiem po que reprim iendo. Pues. Príncipe y súbditos son percibidos por los partidarios chinos del autoritarism o según u n vínculo estrictam ente antagónico. sino tam bién del cuerpo social en su conjunto. sino p ara 30 . se deja desposeer por otros de su che. sólo puede consistir en un poder de recom pensa y castigo que debe constreñir a cualquier otro individuo que no sea quien la detenta a som eter sus am biciones particulares a la autoridad de uno solo :11 po r este motivo.' De ahí nacen. en prim er lugar. m ás bien que «legistas» en sentido estricto (a pesar de la traducción usual que sólo se basa en una apariencia engaño­ sa). No para echar abajo el trono. dado que juega a la vez positiva y negativa­ m ente. en su conjunto.IUa. la teoría política china ha pensado el poder pero no el derecho. Así pues. puede tratarse la posición influyente de las g ran ­ des fam ilias o de poderosos m inistros .C. la posición política actúa com o dispositivo sufi­ ciente y completo. radicali­ zándola. no sólo sobre la gestión del poder. por el contrario. que el soberano haya de «ocupar» plenam ente su posición 11significa. en cuanto tal. Sin embargo.Gucuizi s. Pues. lejos de conducir. —que conoce en esa época un desarrollo extraordinario en Chi­ na— y proyectan su visión. por tanto. a pesar de su espíritu m odernista. po r tanto. Considerada con todo rigor.

ursurparlo, lim itándose a o c u p ar el lugar de quien lo detenta:
peligro tanto m ayor, por lo dem ás, cuanto que, com o hem os
visto, el dispositivo funciona independientem ente de las cuali­
dades m orales, individualizadoras, de quien lo tiene en su
m ano y, por ende, puede p a sar con tanta m ayor facilidad a
otras m anos.
La m onarquía así concebida revela ser el objeto de u n con­
flicto perm anente, incluso si lo m ás frecuente es que sólo esté
latente, que opone el déspota a todos los demás: en p rim e r lu- Hanfazi
gar, p o r supuesto, a nobles, m inistros y consejeros; pero tam ­
bién a esposa, m adre, concubinas, bastardos o hijo heredero.
La teoría de la posición se duplica con una sutil psicología de la
captación: el príncipe debe desconfiar, po r encim a de todo, de
quienes van po r delante de sus deseos y suelen opinar com o él,
pues de ese m odo se ganan un capital de confianza que u n día
les perm itirá dom inarle ^12 El ascendiente del príncipe crece, Guanzí
p o r el contrario, proporcionalm ente a la distancia que sabe
m antener entre él y sus súbditos. A la m anera de las bestias
salvajes que sólo continúan causándonos im presión porque
norm alm ente se quedan agazapadas en el fondo de los bos­
ques .13 El privilegio de la posición no ha de ser ni diluido ni
com partido ;14 y favoritos y familiares son peores que el insu­
bordinado. Por entero exclusiva y m onopolizada, no ha de ser
lo que está enjuego en ninguna rivalidad.
La lógica es la m ism a en un m arco feudal .15 Al igual que lom
entre el soberano y los súbditos, corresponde al señor feudal,
frente a sus vasallos, debilitarles al m áximo con vistas a som e­
terles con facilidad a su autoridad. No es por bondad de alm a
por lo que se distribuyen en gran núm ero los feudos, sino p ara
m ejor asentar la propia preem inencia; y deben ser reducidos
proporcionalm ente a su alejam iento para com pensar la pérdi­
da de dom inio que produce la distancia. De form a general, el
poder se ejerce tanto m ejor —es decir, según su p ropia óptica,
tanto m ás cóm odam ente— cuanto m ás crece la desigualdad de
las posiciones y el desequilibrio resultante es m ayor.k Corres­
ponde al señor feudal, al igual que antes al estratega, h acer que
esa relación de fuerza juegue en su beneficio, para subordinar
al prójimo. Las concepciones política y estratégica no dejan,
p o r lo demás, de cruzarse en lo que a su dom inio respectivo
concierne :16 la m ejor baza frente a los enemigos del exterior
31

Hanfeiú (com o che estratégico) es el apoyo que proporciona al príncipe
su posición de autoridad (com o che político) en el interior, fren­
te a sus súbditos.
III.
Pero la posición de soberanía no sólo ha de concebirse
desde u n punto de vista defensivo contra las intrusiones de
cuantos la am enazan. T am bién está dotada de u n efecto pro ­
pio, en prim er lugar en el plano de la inform ación, pues perm i­
te al soberano acceder al conocim iento de cuanto se tra m a en
su im perio. A su aspecto de autoritarism o, com ún en las socie­
dades antiguas, se le asocia otro que, llevado a ese grado de
sistem atización, aparentem ente sólo debiera form ar p arte de
nu estra m odernidad: el de servir de instrum ento del totalita­
rism o.
La inteligencia de los teóricos chinos del despotism o ha es­
tado, en efecto, en com prender con la m ayor nitidez —ya desde
la form ación de su pensam iento, hacia el final de la Antigüe­
dad— que el poder político descansaba esencialm ente sobre el
carácter íntegro y riguroso del sab er que se adquiere sobre las
personas y, a partir de ahí, sobre la transparencia forzada en
que se las m antiene. E n lo cual se inspiraban en aquellos que,
antes que ellos (los «mohistas») —oponiéndose ya al privilegio
conferido po r la tradición confuciana, en el dom inio del cono­
cim iento, a la intuición m oral de la conciencia—, habían sido
los prim eros en intentar definir las condiciones de posibilidad
de u n saber científico que se basa en la investigación, la expe­
riencia y la verificación .17 No se encuentra, en el pensam iento
chino, la duda m etafísica frente a la apariencia, opuesta a la
realidad, que tan profundam ente m arcó nuestra tradición. En
cam bio, está especialm ente preocupado por el hecho de que el
conocim iento continúe siendo fatalm ente fragm entario, in­
com pleto y, por ende, em pañado por la subjetividad. Se requie­
re el auxilio del prójimo, pues, com o dice el proverbio, «dos
ojos son m ejor que uno». Para alcanzar la objetividad, el cono­
cim iento ha de ser, a la vez, totalizado y confrontado: p a ra lo
cual resultará idealmente útil —según opinión de los teóricos
del despotism o—, de una m anera ya no unanim ista sino coerci­
tiva, la posición de soberanía.
El rigor epistemológico se ha vuelto un maravilloso útil apro­
piado para controlar a la gente. Instituyéndose en el centro de
32

todo el funcionamiento estatal, la posición de soberanía es ca­
paz de hacer converger hacia ella —y com parecer ante ella—
toda la información; po r el poder que detenta, está, adem ás, en
condiciones de forzar la información reacia y de a p a rtar la que
fuese mentirosa. Basta, para ello, que el príncipe recurra siste­
m áticam ente al doble procedim iento de disociación y solidarización:* «disociando» las opiniones, el príncipe puede sab er con
precisión de dónde viene cada una de ellas, considerarlas m etó­
dicam ente una a una, antes de confrontarlas, y responsabilizar
p o r su nom bre a sus autores; paralelamente, «solidarizando» a
las personas, las lleva a desenm ascararse unas a otras y favorece
la denuncia. El príncipe podrá, de ese modo, calar de parte a
parte las opiniones interesadas en lugar de dejarlas circular im ­
punem ente bajo la protección, más anónima, de las deliberacio­
nes comunes; a la vez, podrá detener en su origen cualquier for­
m ación partidaria, esgrimiendo la am enaza de un castigo colec­
tivo .18Obrando con sutileza de form a a la vez inversa y comple­
m entaria, los dos procedimientos bastan para erigir la posición
del soberano en auténtica máquina informativa:m m ediante esa
captación forzada de cualquier información y m ediante esa m i­
nuciosa operación de limpieza de los datos, logra «verlo» y «oír­
lo» todo desde el fondo de su palacio. Su propia fuerza ya nada
tiene de física; consiste, sencillamente, en poder disponer de los
dem ás para que observen para él y, así tam bién, com o conse­
cuencia —gracias a la vigilancia m utua necesariam ente resul­
tante entre todos sus súbditos—, para ser vistos po r él. Como tal,
es políticam ente suficiente, puesto que perm ite descubrir a
tiem po cualquier signo de oposición y aniquilarlo en su estadio
em brionario —en virtud del simple hecho de que ha sido descu­
bierto— sin siquiera tener que tom arse la molestia de castigar.
No se requiere del soberano que sea moral, en su persona, sino
que, por su posición, sea «ilustrado »."19
La posición del soberano descansa, por tanto, sobre u n do­
ble asiento: uno, m uy visible, que la ley im puesta a todos induce
a respetar; otro, cuidadosam ente oculto, al que da form a la cua­
drícula m eticulosa de la sociedad. De ese m odo enlaza entre sí
los dos pilares que perm itieron construir el despotism o chino:
p or una parte, la «norma» pública, draconiana e igual para to­
dos, que fija las recom pensas y castigos; por otra, la «técnica»
política, subterránea, que procede m ediante investigaciones
33

Hcutfeizi

Huaineutzi

s.na.C.

Hanfeizi

paralelas y desinform ación con tram pa, crítica, confrontación
y cruce .0 Permite, a la vez, m andar abiertam ente y m anipular
secretam ente.
A p artir de ahí, estam os en condiciones de d a r u n sentido
positivo, m ás preciso, a la idea de soporte eficaz que la posición
de soberanía constituye en sí. Pues el arte del príncipe no es
otro que el de hacer que todo el resto de la hum anidad converja
en su propia posición :p20no esforzándose directam ente él m is­
mo, sino induciendo al prójim o a desvivirse p o r él. Del m ism o
m odo que es poco lo que percibe valiéndose sólo de sus senti­
dos, el príncipe, si recurre a sus propias capacidades, se agotará
pronto y no será capaz de gobernarlo todo. Por tanto, la grada­
ción corresponde, en prim er térm ino, a u n a lógica económica:
«un príncipe de nivel inferior utiliza a fondo sus propias capaci­
dades, un príncipe de nivel medio utiliza a fondo la fuerza del
prójim o, un principe de nivel superior utiliza a fondo la inteli­
gencia del prójim o ».21 El resto de los hom bres perm ite al sobe­
rano elevarse, al igual que, anteriorm ente, las nubes perm itían
al dragón levantar el vuelo. O también: el príncipe es llevado
p o r la m asa com o el barco lo es por el agua. Viene a ser u n leño
que, situado en la cum bre de la m ontaña, dom ina en esa m edi­
d a los valles del entorno :22poco im porta el tam año del leño; lo
que cuenta es la altitud del macizo sobre el que se encaram a.
A título de pregunta teórica sobre el arte de g o b e rn a r ¿se
equivocaría un príncipe al abandonar su capital, si así se le
antojase, para retirarse a la orilla del m ar? No, responde el teó­
rico chino del totalitarism o, pues ese príncipe bien podría per­
m anecer concienzudam ente en su palacio, en el centro de sus
Estados, sin no obstante ocupar su posición .'’23Al igual que, a la
inversa, tam bién puede, perm aneciendo en u n lugar alejado,
m an ten er absolutam ente en su m ano el dispositivo del poder y
dirigirlo todo. Lo que equivale a reconocer que la posición no
ha de ocuparse m ediante esfuerzo personal, sino técnicamente.
N o pertenece al orden de la presencia física, local y reducida,
sino al del m anejo de las órdenes. Gracias a ello puede preten­
d er ejercer el poder a fondo y en su totalidad.
IV.
La naturaleza del dispositivo constituido, en esas con­
diciones, por la posición de soberanía puede, en efecto, resu­
m irse en este doble aspecto: por una parte, ese dispositivo es un
34

puro producto de la invención de los hombres, que no em ana
de ningún designio trascendente sino que es técnicam ente pre­
parado por ellos; po r otra, ese dispositivo del poder funciona
aislada y autom áticam ente, con independencia de las cualida­
des de quien dispone de él, con la exclusiva condición de que
pueda funcionar a pleno rendim iento, sin interferencias. A la
vez artificial y funcionando naturalmente: la conjunción de am ­
bos aspectos es lo que establece su capacidad para serv ir—pre­
cisam ente— de dispositivo.
La propia naturalidad es doble. En relación a los súbditos,
los dos m andos que el príncipe tiene en su m ano, a m anera de
«palancas» o «manípulos», y que constituyen su posición de iimrfáú
soberanía,r hacen que en ellos actúen de form a instintiva y pri­
m aria, en el m odo elem ental de la bipolaridad, los dos senti­
m ientos que les son innatos: el castigo suscita, espontáneam en­
te, la repulsión, de igual m odo que la recom pensa suscita la
inclinación .24Y, en relación al que m anda, el príncipe no ha de
hacer otra cosa que ocupar ese puesto de m ando y dejarle ac­
túan así pues, no tiene que m ostrar un celo excesivo; ni siquiera
esforzarse. Pues, al igual que, en la estación que les correspon­
de, los frutos m ad u ran de form a natural, sin que haya que reali­
zar un esfuerzo, tam bién, en la posición que le corresponde, el
renom bre del «mérito» le sobreviene por sí m ism o al príncipe
«sin que tenga necesidad de abrirse camino»:s2S igual que el
agua tiende indefinidam ente a fluir o el barco a flotar, tam bién
de la posición de soberanía brota una propensión natural —y,
por ende, en sí m ism a «inagotable»— a que las órdenes em iti­
das sean incansablem ente ejecutadas. O cupando su posición,
el príncipe gobierna a los hom bres como si él m ism o fuese el
«Cielo» (la Naturaleza); hace que funcionen com o si él m ism o
perteneciese al reino invisible de los «espíritus ».'26Lo que signi­
fica que, con sólo dejar actu ar al dispositivo de poder constitui­
do por su posición, no puede (al igual que el curso del cielo)
desviarse de la regularidad de su conducta ni, en consecuencia,
dar motivo a la crítica;27y que, apareciéndose en el m undo hu­
m ano de un m odo invisible (a im agen de los espíritus), nunca
tendrá que «fatigarse», pues sus súbditos no se sienten determ i­
nados por una causalidad exterior, sino bajo el efecto de su
pura espontaneidad .28Se les hace obrar com o si actuasen po r sí
mismos; se prestan a la m anipulación com o si ahí estuviese la
35

el prínci­ pe está en condiciones de captar la eficacia en que consiste la propia totalidad de las cosas. por encim a de todo. ejerciendo su coacción sobre todos y en cualquier m om ento. p o r tanto. pareciendo ser algo de suyo eviden­ te. a nivel hum ano. el punto preciso y único por el que aquél se afianza en el dinam ism o original (volviendo a encontrarse aquí. el gran proceso que gobierna la reali­ dad. su posición le permite al príncipe encam ar. Por lo tanto. haciéndose inhum ana. ocupando su posición. en lo esencial. la ley que instituyen se inscribe en la pura prolongación del curso del M undo (el Tao) y se encuentra en perfecto acuerdo con la razón de las cosas: no hace m ás que traducir en física social el orden inherente a la naturaleza. con tal que «la posición funcione». Por ello. que sea el único en detentarlo: le corresponde hacer vivir o m orir con la inexorabilidad del des­ tino. No sólo porque la presión ejercida crea. de un extrem o a otro.30Por ello. a la vez que om nipresente. asum e al m ism o tiem po las características de una ley natural: insensible y. porque la ley de los hombres. sino también. la influencia del «taoísmo» filosófico ). a la larga. En el pensam iento de los «legistas» chinos. 36 .expresión de su propia interioridad. en el orden particular de lo político. sino com o su contrario. Dado que el príncipe reproduce exactamente. la posición del soberano es. que form a parte de la naturaleza de las cosas y que ya no üene que justificarse. a las imposiciones que em anan de su autoridad. a partir de su posición. y m ás fundam entalm en­ te. el cuerpo social se vuelve perfectamente permeable. por ello. y los resortes de la m anipulación funcionan po r sí mismos. sin necesidad de cálculo. no po­ dría encontrar obstáculo . y se requiere del príncipe. implacable como ella. concebida por ellos como un poder riguroso de vida y m uerte. y éstas no corren el riesgo. que nada tiene de paradoja: basta con llevarla opresión a su punto extremo para que ya no sea percibida como tal. por rigurosa que sea la im posición. toda la fuerza del autoritarism o totalitario reside en esta constatación. u n habitus que se constituye en segunda naturaleza en los individuos que la sufren.1*29 Como lo han sutilmente analizado los teóricos chinos de la Antigüedad. Esa autoridad constituye. las condiciones de posibilidad del funcionam iento na­ tural. a ejercer constantem ente frente a todos los súbditos. con seguridad. de torcerse o deteriorarse: po r ejercerse de m odo uniforme y general —en u n estadio abso­ luto— .

su señor feudal. está le­ jos de estar exento de excepciones y rebeliones. tal com o lo im plica la posición soberana. el m ás grande de todos los sabios. Predicando al príncipe la benevolencia y recom endándole la clem encia. se precipita hacia el desorden . ¿en qué consiste la benevolencia. se alcanza con total naturalidad el resultado deseado y. con la máxima com odidad . en la m ism a época. Pues incluso el a m o r entre pa­ dres e hijos. en lo que se refie­ 37 Haiifeizi Hcuifeizi . si uno se sube al carro del Estado y se deja llevar por el tiro (símbolo. si no en conceder una recom ­ pensa a quien no la ha merecido? ¿En qué la clemencia. Pues quien gobierna en nom bre de la m oralidad se ve llevado. el soberano no dejará de proporcionarse buena conciencia. a esforzarse cada vez m ás sin nunca alcanzar éxitos fiables y definitivos. el conflicto que opo­ ne los teóricos chinos del despotism o al m oralism o confuciano. se corre un elevado riesgo de haberse fatigado en vano. som eter a todos los de­ más. pero. Confucio. al duque Ai. incluido Confucio . Pero hay un error aún m ás grave. p o r añadidura. a fin de cuentas. la extrem a facilidad con la que se ejerce el poder a partir de la posición de soberanía es la prueba m ism a de la supe­ rioridad de su política.w32 El prim er error de los confucianos consiste en haber concedido excesivo crédito a la m oral y. apenas le había costado. M ientras que. si no en dispensar de un castigo a quien en justicia lo ha m erecido? Dando m uestras de una u otra de esas virtudes. en lo que a la sociedad respecta. a la inversa. en confundir la actitud que debe tenerse respecto a los súbditos con la que debe tenerse respecto a los discípulos. y lo hacen descarrilar fuera de la regularidad de los procesos. de la eficacia de la posición). Por otra parte. parti­ cularmente. M ientras que. sólo consi­ guió atraerse —y después de haberse esforzado m ucho— seten­ ta discípulos. como se recordará. en lo que se refiere a los súbditos. tanto mejor. en tanto que príncipe. que los confucianos adoptan com o modelo para fundam entar en la naturaleza su patem alism o político. Ocurre como con quien se echa a correr en persecución de los anim ales m ás rápi­ dos: la carrera resulta agotadora y.'31 Según el parecer de los propios confucianos.33 Pues. los confucianos vienen a p erturbar el ejercicio del dispositivo político. que no era m ás que un hom bre mediocre. Y. éstos ya no se sentirán obligados a poner toda su energía al servicio del príncipe y en poco tiem po ya sólo pensarán en sus intereses privados.Con lo que se comprende. Para ellos.

se oculta a través de la m áqui­ na. se encuentra com pitiendo con todos los que quisieran rivalizar con él en ese terreno: se ha escurrido de su posición. se confunde con sus engranajes. Cualquier tentación m oralizadora es. perjudicial —y quienes predican la m oral son depravados—. exclusivamente. de m anera análoga. Ya no cabía ir m ás lejos en el sentido de u n a deshum ani­ zación del poder. del que sólo se sabe que «existe». pasa desapercibido (resulta tanto m enos perceptible cuanto m ás realmente se ejerce su posición). pues llevaría a introducir el azar en lo que. nada deja ver de sí mismo. Entre los pensadores chinos de la Antigüedad —com o se desprende del notable análisis de Léon Vanderm eersch—. debido al dom inio absoluto del principio m onárquico en China. A la m an era del Tao. a su posición: dispositivo políti­ co m uy rigurosam ente montado.34 Precisam ente po r ello. él se protege por su opacidad .re al príncipe. no puede desem bocar en ninguna finalidad trascendente al aparato que éste encam a y se vuelve. el Estado del príncipe. absolutam ente m onstruoso. ya sólo funciona de form a puram ente hum ana y. en consecuencia. funcionaría a la perfección por sí mismo. en la que desem bocan lógicam ente al reducir a éste. La única instrucción de uso en rela­ ción al dispositivo constituido por la posición soberana* consis­ te en respetar su automaticidad. que lo ve todo. V. De ahí la despersonalización m áxim a del soberano. polarizado sobre el príncipe. lejos de destacarse ante los dem ás p o r sus favo­ res. los teóricos del despotism o contribuyeron a que progresase el pensam iento político elevándose a una noción m ás abstracta del Estado: en especial al nivel de la adm inistra­ ción.* * Si bien los chinos nunca pensaron en poner en entredicho el principio monár- 38 . térm ino último del gran Proceso de las cosas. siendo todopoderoso.35 T an bien que. Pero el lím ite de su sistem a. pero cuyo funcionam iento. M ientras que los dem ás están som etidos a la transparencia. según su propia lógica. de no ser así. Él. com o hace el rey confuciano. en lo sucesivo concebida com o pura función. a p artir del m om ento en que se adentra en el cam ino de la «hum anidad» y la «compasión». y totalm ente liberada de la antigua aristocracia dirigente. por tanto. estuvo en no lograr disociar hasta el final. quien dispone de ella.

sin per­ juicio de que éstas ya no se conciban en térm inos de cualidades m orales. Pero la sim ilitud se detiene ahí: precisa­ m ente porque Maquiavelo en m odo alguno. Lejos de querer despersonalizarlo. a las capacidades individuales del soberano. 39 . m uy al contrario. Como a continua­ ción veremos. se abstie­ ne de distinguir entre form as legítim as e ilegítimas del poder y. bajo la influencia de los letrados. en su noción de principe. con una quico. en efecto. fijándola de ese modo. c o m o hom bre del R e n a c im ie n to a p e la in te n s a m e n te . en cambio.E n la actualidad se ha vuelto habitual com parar a los p arti­ darios chinos del autoritarism o con el pensam iento de u n Maquiavelo. sino que debe abrirse a la interacción y supone una polaridad: entre lo alto y lo bajo. ese principio de una dualidad de instancias es com ún a todos los aspectos del pensam iento chino y en ese sentido será efectivamente corregida. en la realidad de las relaciones de fuerza. com o tanto desearon los legistas. sobre todo. los legistas. sin em bargo criticaron el modelo legista de la m onopolización del poder en nom bre de la necesaria reciprocidad: el dispositivo político no debe ser bloqueado en un funcionamiento de sentido único —de arriba abajo—. La concepción legista del che es. el de reforzar su poder. «La clave —leem os igualm ente en El Príncipe— está en m antenerse en la propia au to rid ad . si pusieron de relieve la dim ensión de condi­ cionam iento objetivo propia del che. Y. la política es un arte en lucha con la fortuna y no el funcionam iento regular de u n dis­ positivo. el señor feudal y su vasallo. valorado por su autom aticidad. im portante en relación a nuestra investigación en la medida en que es la que ha sido m ás teorizada. por tanto. exclusivamente. la reflexión política se presenta de acuerdo con la mism a perspectiva de consejos diri­ gidos al príncipe con vistas a alcanzar el único objetivo que cuenta. m onarca o tirano resultan cuidado­ sam ente confundidos. acabaron privando a la representación de la variabilidad que le es esencial. Al m ism o tiem ­ po. En uno y otro caso. así com o su carácter de autom aticidad. po r su parte —lo que resulta novedoso en el pensam iento político de Occidente—. Para él.»36 En uno y otro caso. representa una pérdida respecto a la intuición de la eficacia que com únm ente se expresa m ediante ese término: pues. Tam bién Maquiavelo. piensa en reducir el príncipe a su posición. la esterilizaron. se interpreta com o un puro enfrentam iento de intere­ ses y se traduce. H a calado. com o en todos los Espejos de los príncipes de su época. el príncipe y su pueblo. sino com o eficacia de la virtú. el pensam iento político se ha liberado de la m oral y las justificaciones finalistas y ya sólo concibe el poder según lo que M aquiavelo denom ina la «verdad efectiva»: proviene únicam ente de instituciones puram ente h u ­ m anas. la ideología imperial.

El ideal de un reino absoluto de la vigilancia em pezaría m ás bien a encontrarse. en efecto. Tanto en un sistem a com o en el otro.] en u n equipo cuyos m ecanism os internos producen la rela­ ción en la que los individuos están atrapados». en el centro. en la torre. Quien está so­ m etido al cam po de visibilidad del Panopticon —lo m ism o que al instaurado por la posición del soberano— y.sutil inteligencia. cada una de las cuales atraviesa todo el espesor del edificio y está abierta po r una ventana a cada lado. Del m ism o m odo. en lo que Michel Foucault nos describió com o el control soñado de la ciudad puesta en cuarentena p o r estar azotada por la peste:37 cuando todo el espacio es m inuciosam ente cuadriculado así com o los individuos constantem ente controlados de tal m ane­ ra que —penetrando el más riguroso reglam ento incluso en los m ás sutiles detalles de la existencia— se ve asegurado «el fun­ cionam iento capilar del poder». adem ás. por parte de la reflexión occidental. entre la transparencia im puesta a unos y la opacidad en que se oculta el otro (sea príncipe o guardián): tam bién en la teoría china puede el soberano ocupar a la perfección su «posi­ ción» a u n abandonando su palacio. «Dispositivo im portante —com enta Foucault— porque a u ­ tom atiza y desindividualiza el poder»: no podría darse una defi­ nición m ejor del che político. los principios secretos del autoritarism o. lo sabe. Pues ese «dispositivo funcional que debe m ejorar el ejercicio del poder haciéndolo m ás rápido. hasta el punto de que el efecto de vigilancia prosigue incluso si el guardián llega a ausentarse. asum e la responsabilidad de las imposiciones del poder y «las 40 . de m odo que la luz barre las piezas en toda su extensión. un edificio en anillo dividido en celdas individuales. los que han de vigilarse son m antenidos en un estado consciente y perm anente de visi­ bilidad. pero no es visto p o r ellos. pero a ú n no tiene idea alguna de lo que podría ser un funciona­ m iento político totalitario.. figuración adecuada antes del célebre Panopticon de B entham que a continuación se nos presenta:38 en la periferia. el dispositi­ vo perfecto que constituye por sí m ism o el privilegio de la posi­ ción quizá no encontraría. el que los vigila los ve continuam ente. la disim etría funcional es la m ism a. en las celdas. ligero y eficaz» tiene su principio «menos en una persona que [. una torre tam bién abierta por ventanas que dan a la parte interior del anillo.. entre nosotros.

«más constantes. Ahora bien. se felicita B entham . logrados de una vez p o r todas e incesantem ente prorroga­ dos son sus efectos». 41 . puesto que es una m anera de obtener poder «a una escala hasta hoy sin pre­ cedente». «Un gran y nuevo instrum ento de gobierno». sem ejante inven­ ción se encontraba ya m uy rigurosam ente puesta a punto des­ de el final de la Antigüedad po r los teóricos del che) y no a la escala. En lo que a Michel Foucault respecta. profun­ dos.hace actuar espontáneam ente sobre sí mismo» de m anera que «el poder externo puede aligerarse de sus lastres físicos». y cuanto m ás «tiende a lo incorporal». de una prisión. en China. sino a la escala —soberana— de toda la hum anidad. tím ida y m odesta inicialmente. pues desem boca en el advenim iento de la sociedad disciplinar. ve en esa in­ vención el símbolo de una transform ación histórica esencial a la época m oderna. el inventor del esquem a panóptico.

.

Cuanto m ás insistente fue la afirm ación del punto de vista ritualista y m oral en la China antigua. el socavam iento de esa con­ cepción. en el contexto de crisis social y política extrem a del final de la Antigüedad. tanto m ás viva —y radical— fue la reacción que suscitó. Sin embargo. conservando sus fuerzas 43 . Como hemos podido constatar. según el m ism o esquem a. tradicional­ m ente. y la guerra no debe ser sangrienta—. sino forzarle a ceder.gestión del poder: al m ism o tiem po que se presiente una afinidad segura entre am bos obje­ tos. m uchos pensadores de la Antigüedad china no experim entaron ni esa reticencia ni esos escrúpulos. en prim er lu g a r p ara los «estrategistas» chinos (me refiero a los teóricos de la estrategia). tam bién parece que se haya experim entado. en superar el estadio de la m era m etáfora (la «estrategia política») e interp retar am bos. ante todo no hay que pretender exterm inar al enem igo —lo que supondría una pérdida. La «m anipulación» se reserva a las ciencias de la naturaleza. reticencia y escrúpulos en determ inar con m ayor preci­ sión lo que pueden tener en com ún. se vacila —o se resiste— en concebir una teoría de la m anipulación hum ana. lo que entonces une profundam ente estrategia y política se nos ofrece en ese «nú­ cleo» com ún que es el che. Com unidad de apuesta. C om portam iento bélico .C o n c lu s ió n i UNA LÒGICA DE LA MANIPULACIÓN I.

po r sí m ism a.en la m edida de lo posible. para los teóricos chinos del despotismo. sin em bar­ 44 . y cualquier súbdito —nos recuerdan in­ sistentem ente— siem pre debe ser percibido com o u n enem igo en potencia: sea el otro enemigo o súbdito. Otro punto de similitud: la desaparición del m anipulador. se está dispuesto a exterm inar a cualquier súbdito. con vistas a utilizarlas en el propio beneficio. a espaldas del otro y contra él: astucia. la perfecta autom aticidad de los procesos desencadenados: si sabe dejar que actúe el dispositivo que está en su m ano. A título de consecuencia: se­ m ejante dispositivo. por el otro. el dispositivo en ju eg o presenta las m ism as características de funcionam ien­ to. E n prim er lugar. no puede agotarse: su propensión lo lleva. la política no podría ten er otra in­ tención. a pesar de sí mismo. tram pa o disimulo. Un buen general pasa doblem ente desapercibido: desde el sim ­ ple punto de vista táctico. y. pues n u n ­ ca hace ostentación de clarividencia o valor —que. no se quiere destruir al enemigo. tam bién desde un punto de vista estratégico. todo está dispuesto p ara paralizar sus planes y voluntad propios. el uso del dispositivo sea. con la orientación que se le im pone. Hay que excluir cuanto pudiese aten u ar o cu b rir la desnu­ dez de la coacción. del mism o modo. tan pronto com o se vuelva un estorbo. tanto en la guerra como en política. sino sólo su capaci­ dad de resistencia. tanto si se tra ta del com portam iento en la guerra com o de la gestión del poder. Además. el mismo: por un lado. está en la lógica del dispositivo del poder em itir órdenes infini­ tam ente y sin desgastarse. en el fondo. Tam bién com unidad de procedimiento: po r am bas partes. y hacerle colabo­ ra r plenam ente. que «som eter al otro a uno mismo». el estratega está seguro de triunfar sobre el enem i­ go incluso antes de entablar combate. del m ism o m odo que el príncipe está seguro de im poner obediencia a sus súbditos. El resultado deriva de sí m ism o — sponte suci— com o puro efecto. del m ism o m odo que hay que fortalecer cuanto pueda ayudar al efecto de coerción. sin siquiera tener que forzarles. a renovar­ se incesantem ente. porque no perm ite ver sus propias disposiciones (al tiem po que fuerza al enemigo a dejar ver las suyas). paralelam ente. dado que funciona «naturalm ente». A ello se debe que. nunca hay que hacer otra cosa que explotar al m áxim o en favor de uno m ism o la relación de fuerza inscrita en la situa­ ción. en el cam po de batalla.

E n m odo alguno es el soldado valiente y el súbdito adicto gracias a las herm osas virtudes que se desea e n ellos. así com o la superioridad de la determ inación subjetiva frente a la presión ejercida por las relaciones de fuerza? «Realistas». tan positivam ente cargada está en un caso. com o disposi­ tivo funcional. preserva­ da gracias a la im parcialidad de las retribuciones. el verdadero m anipulador se con­ funde con el funcionam iento del dispositivo. cuando alcanza su m adurez. La eficacia procede de una determ inación ob­ jetiva —con m ayor precisión: disposicional— y sólo de ella re­ sulta —de m odo discreto y tanto menos falible— el éxito. entre los estrategistas y los teóricos del despotis­ mo. la guerra se resuelve por 45 . a título de «virtudes»—. con la floración de las «cien escuelas». por tanto. Pero lo m ism o ocurre con el príncipe ilustrado: en su relación inm ediata con los demás. evita m anifestar clem encia y generosidad —que. negativam ente en el otro. no dejarían de valerle la adm iración general—. El m ism o análisis. como apenas lo es —era de esperar— en la reflexión de los moralistas. no p ertu rb ar lo m ás m ínim o la autorregulación del cuerpo social. en prim er lugar. puesto que no conceden el m e­ nor interés a la estrategia. lo darían a conocer honorablem ente al pueblo. la prim acía absoluta de los valores frente al carácter m ás o m enos favorable de la situación. de­ jarse ver es volverse vulnerable ante el otro y perm itirle que nos domine. se disuelve en él. frente a los moralistas. sino que actúa de form a que la victoria pueda resultar ineluctablem ente de la situación. Según ellos. pero procura. II. como. alias los confucianos: ése es uno de los principales debates en los que desem boca el pensam iento chino. En el plano de la guerra. y. sin em ­ bargo. escrupulosam ente.go. Tan im portante es la concepción del che. en tanto que teóricos del che. por supuesto. procura no dejar que trasluzca nada de su foro interno (m ientras que im pone a sus súbditos una com pleta visibilidad). Tam bién a título de consecuencia: el com portam iento m oral ya no es m ás que el producto de la manipulación. en su propio principio. Los m oralistas no prestan atención alguna al che. en el plano teórico. Y es justo que así sea: en efecto. sino sencillamente porque se ven forzados a serlo. ¿en qué consiste la m oralidad si no en afirm ar. en su utilización del po­ der. al final de la Antigüedad. p o r am bas partes: en el plano práctico.

en la completa inversión de los papeles.»2 Y M encius prosi­ gue: «Si no m anifestaban el m ayor respeto hacia ellos y no cum plían íntegram ente los ritos a ellos debidos. para disfrutar de la beneficencia de su reino. m a­ rrulleram ente. frecuentem ente no lo lograban. m odestam ente. e «infalible­ m ente» tanto los pueblos más lejanos com o los m ás hostiles le abrirán voluntariam ente sus puertas y vendrán a su encuentro. por su parte. se esboza una gradación inversa: el rey «ama» sencillam ente el Bien. ¿cómo. Sobre la m archa. que los confucianos. en virtud de una crítica de la jerarquía social. seducidos po r su bondad. que. No debe ser considerada técnicam ente. se predica una total indiferencia respecto al poder asociado a la posición. desde el comienzo. los letrados. para term inar. introdu­ ciendo al letrado a la som bra del príncipe. Que un soberano desarrolle realm ente. Asimismo. en nom bre de la superioridad de los valores m orales (pero no. sin duda. la prim icias de la virtud que son innatas en aquélla.C . Finalm ente. ade­ m ás. por la retórica aplicada p ara satisfacer las necesidades de la denegación (m ediante el rechazo de un som e­ tim iento de los letrados al poder —frente al cual siguen siendo im potentes—): el pasaje comienza. en sí misma. respetan m ás que nadie). dado que correspondía a los príncipes visitar a los letrados y. sino sólo como una consecuencia de la política. po r otra parte.IV a. en lugar de ser los letrados quienes —como resulta evidente— van junto al 46 . «se com placen» en la Vía que les es propia.A¿Cómo podrían los sabios letrados constituir una excep­ ción y no com portarse de la m ism a m anera? E staban prenda­ dos de la Vía que les era propia y en absoluto tem an en cuenta el poder asociado a la posición del prójim o. p o r su parte. a un pasado idealizado (en total contraste con el apego realista al presente que caracteriza a los «legis­ tas»). los reyes y los duques no lograban visitarlos con frecuencia. habrían podido los príncipes sometérselos?» Párrafo em inentem ente revelador: en prim er térm ino. al contrario. por la proyección llevada a cabo.M encius s. en su conciencia. sí m ism a gracias a la influencia m oral que em ana del buen soberano.1 E n el dom inio social y político. entonces. «Los Sa­ bios Reyes de la Antigüedad —nos dice M encius— am aban el Bien y no tem an en cuenta el poder asociado a su posición (che). sobre todo. no ha de abordarse sino como la consecuencia de la m o­ ral. en efecto.

si no quiere caer en el utopism o. a tener m ás en cuenta su concepción del che. ahora es usado en un sentido ostensiblem ente contrario. en relación con el motivo del agua cuyo flujo espontáneo siempre es utilizado. desde el punto de vista de una teoría del despotismo. en la que la fuerza m ilitar adquiere relevancia y la táctica se ha -vuelto 47 . Propensión interna (resultante del dispositivo del poder) o fuerza exterior coercitiva (opuesta a la inclinación de nuestra naturaleza): la ambivalencia del tér­ m ino rem ite al antagonism o de las perspectivas. siendo la para­ doja sem ántica el reflejo de la contradicción social. sin violencia alguna. por lo tanto. exclusivamente en virtud de su ascendien­ te moral. com o presión violenta artificialmente ejercida sobre ella. en cuanto se lo apropian los m oralistas. ésta puede saltar por encim a de la frente. ha de entender­ se aquí. el propio punto de vista m oralista se ve llevado. Frente a la guerra. adaptándose a la acepción que aquéllas le confirieron. que Xunzi es la guerra ideal.. desde el punto de vista del letrado que la sufre. M ientras que habitualm ente denota la consecuen­ cia naturalm ente resultante de la disposición.. como coacción arbi­ trariam ente ejercida sobre él. introduciendo u n a distinción tajante entre dos tipos de guerra: por una parte. Y. puede ser retenida en la cima de la m ontaña. po r contraste. la guerra de hegemonía. si se le corta el paso y se le obliga a invertir su curso. no se trata del resultado de su «natu­ raleza» propia. Se ve obligado a reac­ cionar ante el realismo. Frente al ascenso de las teorías estrategistas y despóti­ cas. por ejemplo. la guerra «regia». u na vez invertido el punto de vista: lo concebido y explotado. como efecto naturalm ente resultante de la posición se percibe. pero que no por ello resulta m enos perfectam ente lógica. Acepción totalm ente contraria al uso habi­ tual. incluso en el térm ino che. si se agita la superficie del agua. lo que es peor. com o im agen de la propensión. Mencius IH. la de los fundadores antiguos que actuaban s. de m odo caracterís­ tico. la actual. son los príncipes de la tierra quienes esperan poder ser dignos de ir a cortejar a los letrados. sin embar­ go.príncipe y lo cortejan.C. por el contrario.b3 que. Es propio de la naturaleza hum ana tender al bien —nos dice M encius— del m ism o m odo que es propio de la naturaleza del agua fluir hacia abajo. En ese caso. po r otra. Vemos cóm o esa inversión se produce. sino del che. Pero. m a.

en ese sentido.07Pero la verdadera alterna­ tiva que decide la suerte final de los Estados es puram ente m o­ ral. a la de los antiguos sobe­ ranos. Pues todos están de acuerdo en reconocer la superioridad de la tendencia 48 . a causa de su inm oralidad. en función de aquélla. que. la condición del buen orden político. tam bién para los m oralistas. donde se concede un Xunzi m ínim o espacio a la posición de autoridad.5 a los fundadores de im perio. acelerar su pérdida y desem bocar en una situación aún m enos deseable que la del últim o de sus súbditos. a título de consecuencia y efecto. pudieron acom eter sus nobles em ­ presas.necesaria. p or un lado.dl 1 Pero. po r el contrario. sin em bargo coinciden en la lógica en que se basa su argum entación rival. si bien llegan a oponerse cada vez m ás explícitam en­ te. Como lo atestigua el caso de todos los soberanos destitui­ dos. que constituye. estrategistas y teóricos del despotism o. acudían po r pro ­ pia iniciativa a som etérseles.9 M ientras que el ascendiente m oral que descansa sobre el reconocim iento y la buena voluntad de los súbditos asegura al príncipe «paz y autoridad».4 Lo m ism o ocurre en el m arco político. a los prim eros soberanos para forzar al bien a sus pueblos aún dem asiado poco civilizados y. Pero ésta sigue siendo decididam ente inferior. por m odesto que fuese. cuyas expediciones punitivas contra príncipes malvados se transform aban en un simple paseo: hasta tal punto podían contar con el apoyo unánim e de su pueblo y hasta tal punto los pueblos enemigos.8 El poder no es un fin en sí. por el otro. sólo puede ser real si es espontánea: de lo cual hay que concluir que la posición de autoridad no podría ser su causa y únicam ente se m antiene. com o sim ple punto de partida: útil. por ende. y el Tao de la sabiduría es decididam ente superior al che.6 finalm ente. en térm inos de che. ésta no podría im pedir al príncipe que disgusta a su pueblo. m ediante intim idación y vigilancia (de acuerdo con los m éto­ dos preconizados por los teóricos del despotism o). a p artir de la base que les proporcionaba su feu­ do. y m oralistas. desde el propio punto de vista de su eficacia. reacios a la influencia moral.10La sumisión de los súbditos a su prínci­ pe. p o r poderosa que fuese su posición. com o condi­ ción básica del funcionam iento jerárquico que es el único que le asegura cohesión y tranquilidad. a la sociedad en su conjunto. el poder obtenido po r la fuerza. sólo procura «debilidad y peligro». seducidos por su bondad.

volverse absolutam ente aprem iante—. previam ente a cualquier enfren­ tam iento. el de o b rar con u n a total soltura. el propio rito. En el fondo. po r tanto. en la base de toda la civilización china. sin encontrar la m en o r resistencia.que actúa sponte sua. com o m odo de determ i­ nación de lo real. el m ism o m é­ rito. preferible. o bien la que em ana de la ejem plaridad que actúa com o condicionam iento m oral. que tan sólo la ejem plaridad m oral puede evitar al príncipe todos los esfuerzos e inquietudes a los que están condenados los déspotas: suscitando una adhesión realm ente u n án im e y perm itiendo recu p erar la espontaneidad de los com portam ientos positivos. E n de­ finitiva. las propias arm as coinciden con las del adversa­ rio. de la que sólo puede congratularse. tam bién es cierto. la m oralidad. no tan to p o r rivalidad en la em ulación com o por atracción espon­ tán ea —trans-individual— y hom ogeneidad de la reacción. p o r propensión. la guerra que propugnan lleva ineluctablem ente al triunfo. pues. 49 xunz¡ . por sí m ism a. y el desenlace del com bate ya no es seguro. la divergencia se lim ita a la naturaleza de la tendencia privilegiada (y que incluso llega a volverse exclusiva): o bien la propensión resultante de la rela­ ción de fuerza que funciona com o dispositivo. ha de considerarse com o un puro dispositivo. por tanto. si pueden resistírsele. hasta el punto de prescindir po r com pleto de él: m ientras que. sean innatos o adquiridos. p o r sí m ism a y de form a lógica —con tal que pueda a c tu a r a pleno rendim iento y. según los m oralistas. con m ucho. Cada u n a de am bas opciones invoca.12Además. Igualm ente. A la «ineluctabilidad» objetiva reivindicada por los estrategistas y los teóricos del despotism o responde el «no poder negarse» de la estim ulación subjetiva bajo el influjo de la sabi­ duría:6 la m oralidad suscita. si se recurre a la habilidad táctica y a la astucia. si el reinado p o r m edio de la virtud es. u n buen soberano ni siquiera a b ri­ ga la intención de atacar a quienes podrían resistírsele. T am bién para los m oralistas. la eficacia inm anente al proceso resuel­ ve. y en particu lar del m oralism o confuciano. pudiendo éste hacer otro tanto. poseen cierta cohesión m oral. cualquier tensión y cualquier antagonism o. incluso a espaldas de aquellos a los que afecta: nazca del carácter tendencial de la situación o de la capacidad incitadora de la virtud. según ellos.

que se volvió habitual. por poco que sea.H uainanzi s. E n el plano bélico. como precedentem ente. a la inversa. ahora es la posición la que constitu­ ye el carro y los ministros el tiro. únicam ente reclutable en los medios letrados herederos de la tradición confuciana. en prim er lugar.C . a la vez para excluir cualquier rivalidad y para lograr que todos los dem ás se vean constreñidos a desvivirse po r él. a todos sus rivales e im poner su dom inio sobre el conjunto de China. uno a uno. fin a las luchas por la hegemonía que se prolongaban desde hacía siglos. para asegurar el funcionam iento es­ tatal y centralizado del que procedía su fuerza. del carro del Estado: en lugar de que.n a . y desde el m om ento en que se renuncia. Al m ism o tiempo. poniendo de ese modo. Se reintroduce así el 50 .16 El buen cochero es el que sabe ten sar las riendas o aflojarlas perm aneciendo a la escucha de la reacción de los caballos a su presión. es la opción autoritaria y despótica la que proporciona el m arco. y que servirá de base para toda la tradi­ ción posterior. la relación que une al soberano y los m inistros ya no se percibe de m anera antagónica. ha obtenido ese resultado m ediante una estricta aplica­ ción de las teorías autoritaristas y totalitarias que se habían afirm ado frente a la tradición m oralista. así com o el de la unanim idad m oral anhelada entre príncipe y súbditos:13 p ara­ lelam ente. IV. se m antiene el principio de u n a jerarquía entre guerra justa —punitiva. el Estado sea el carro y la posición el tiro. De ahí el com prom iso ideológico que m uy pronto se esboza. el sostén de una burocracia cada vez m ás desarrollada. se reintroducen y desarro­ llan tanto la reflexión táctica com o la im portancia decisiva con­ cedida al potencial surgido de la disposición. entre las dos opciones rivales. Es conocido el curso ulterior de la Historia: el príncipe que logró vencer. ese •nuevo im perio necesitaba. Resulta reveladora la m odiñcación que se introduce en la metáfora. Su posición lo erige en soporte del m undo y en fuente de cualquier regulación. y la teoría de la posición sirve de clave de bóveda para el sistem a imperial: el soberano debe im ponerse por su che a todos los demás. que requiere enfrentam iento arm ado—.15 Pero. al m arco de la guerra ideal. que trae consigo una sum isión espontánea— y guerra interesada —de conquis­ ta.14E n política. al m ism o tiem po que la coacción ejercida por la desigualdad de la relación de fuerza se m antie­ ne. sino que apela a la cooperación y se «humaniza».

Al igual que el papel del m odelo y su m isión educativa: a la vez que se sigue afirm ando. finalm ente. ni la «libertad». caracteriza 51 . se atribuye al privilegio de la posición perm itir al soberano im po­ nerse com o norm a y transform ar bajo su influencia las costum ­ bres de su pueblo. sin el sostén de la posición. y sustituye al enfrentam iento. no deben en­ frentarse con ningún obstáculo. a través de la situa­ ción. carece de efectividad. que u n tipo de eficacia se une al otro o se com bina con él. celebrados por su previsibilidad. ni siquiera con una fricción: ni la reivindicación de derechos. im pone la visión de un m undo hum ano cuya fina­ lidad es puram ente funcional. unánim em ente com partido. La lógica de la m anipulación no sólo supone una visión ideológica p articular de nuestra relación con el otro. precisam ente. ya se trate del condicionam iento ejercido p o r la ejemplaridad o del dispositivo que em ana de la relación de fuerza. la m enor sospecha. y el m érito de u n a regulación espontánea es invocado p o r todos com o el argum ento últim o —p ara defender políticas opuestas— sin nunca suscitar. ese com prom iso tam bién puede entenderse com o u n disfraz: la sum isión exigida es transform ada en adhesión voluntaria y la tiranía disim ulada bajo las nobles apariencias del consenso.ideal confuciano de la reciprocidad de las funciones y la arm o­ nía. p ara nosotros. por parte de unos u otros. Tam bién implica u n a renuncia al esfuerzo de p ersua­ sión y descansa en una profunda desconfianza respecto al po­ der de la palabra: desconfianza que. la eficacia actúa siem pre de m anera indirecta. ha resum ido el kantism o: disponer soberanam ente de la conciencia del prójim o en lugar de tra ta r al otro com o un «fin». subrepticia­ mente. Sin duda. Pues. el de las arm as o el de los discursos. ni el reconocim iento de u n a a u ­ tonom ía de la conciencia. Los «procesos» socia­ les y políticos. según el catecism o legista.17lo cual equivale a restablecer. el ideal de los m oralistas. de acuerdo con un postulado implícito que invierte el que. Pues el ideal único del «orden». que la m oralidad. Se considera. Pero tam bién trae consigo la confirm ación de la extraña afinidad que ya nos han hecho suponer las orientaciones rivales: proceda la eficacia de la influencia transform adora de la m oralidad o de la relación de fuerza establecida por la posición. la realidad social y política siem pre es concebida de acuerdo con el m odelo de u n dispositi­ vo a m anipular.

puesto que per­ mite. Se da ahí. y es demasiado unánim ente com partida. en el seno de la civi­ lización china. com o prin­ cipio de las relaciones humanas: cómo esa estrategia de lo indi­ recto no sólo es útil en la guerra. Por lo tanto. com o p ara haberse convertido en el objeto. 52 . sino tam bién a las conductas m ás corrientes.el m undo chino antiguo. nunca se nos explica del todo y perm anece confuso en la evidencia. com únm ente.18 Pero. sin duda. se querría estu­ diarlo directam ente en la existencia ordinaria para com prender cóm o la m anipulación puede actuar. T am bién se le da la oportunidad de responder. defenderse y argum entar en sentido contrario. la rebelión. sino todos los días. pero da pie. la retórica tam bién puede concebirse com o u n arte de la m anipulación. frente al prójimo. que. com o constatam os por contraste con la civilización china. el testim onio de la novela. com o un fenó­ m eno social y m oral de dimensiones cotidianas. un rasgo revelador de las tradiciones de China. de una teoría (y. Se q u e m a poder dar cuenta de ese funcionam iento. M anipulación versus persuasión. no sólo es propio del dom inio político o estratégico. en oposición al m undo griego. vis­ lum brado desde fuera. al m enos. m ás allá de lo que de él m uestran los ejemplos particulares. al m enos. a reaccionar cons­ cientem ente: el conflicto es una oportunidad. cóm o esa política del condicionamiento no sólo concierne a la gestión del poder. ya no podem os contar con el esfuerzo de explicitación de los pensadores chinos. Pero esa lógica se percibe demasiado intuitivamente. nos parecía que debía ser tan típico. hemos de encontrar otra base para el análisis. V. caracterizando cierta lógica del comportamiento. el del agón y el agorá. la dem ocracia nació de ese cara a cara. De m odo que lo que. Vea­ m os cóm o se nos cuenta la m anipulación. Y. escuchem os. simétrico al del cam po de batalla. es por dar lugar a sem ejante consenso y constituir el objeto de una adhesión tan inm ediata p o r lo que esa lógica no ha podido explicitarse). cuando m enos. para term inar. se sustrae finalmente a nuestra captación. en esta fase. uno se vuelve hacia el otro. Sin duda. individual o colectivo. el —directo— de la experiencia. p o r tanto. D ado que. echem os m ano del úni­ co recurso que nos queda. se dirige a él e intenta convencerlo. a ese nivel de generalidad. Un debate contradictorio no siem pre logra poner en evidencia la verdad.

habían decidido. se lan­ za. en com pañía de otros camaradas: se lo llevan durante un m om ento a un lugar apartado para invitarlo a unirse a ellos e ingresar en su banda de fueras de la ley desfacedores de entuertos. Además. por las calles de la ciudad. y resulta igual­ 53 Al borde del agua s. tam ­ bién es la eficacia disposicional lo que im porta. incluido el asesinato del niño. N uestro hom bre se niega. los otros le piden perdón cayendo a sus pies. adrede m atado por ellos. Todo ha ocurrido. impidiéndole cualquier posibilidad de regre­ so. Vemos que el m odelo del dispositivo no sólo m arcó. sacándolo fuera de la ciudad. por fin. Inesperadam ente. y. Una de las grandes novelas de la tradición china. y ellos lo arrastran cada vez m ás lejos. «Todas las pinceladas —com enta entre líneas el crítico. Al borde del agua. ha sido desterrado a una fortaleza lejana por haber ayudado a huir a un compañero de arm as injusta­ m ente condenado. u n día festivo. y ahí lo tenemos. En caligrafía. pero. lo llevan hasta el niño. lo encuentra m uerto.Bastará una sola anécdota. Y cuando. Bella-Barba. cuando quiere volver junto al niño a su cargo. en efecto. nos relata cóm o uno de sus héroes. y hacerle caer en el terreno de ellos. final­ mente.XVU . Entonces. su grandeza de alm a le ha valido la confianza del prefecto del lugar.XIV Jin Shengtan s. Tam bién corresponde a un efecto artístico y se encuentra im plicado en las concepcio­ nes estéticas de los chinos. la gestión de las relaciones hum anas. Bella-Bar­ ba no por ello se ve m enos obligado a adherirse al partido que. en Chi­ na.19 Allí. crudam ente desvelada: todo ha sido dispuesto a propósi­ to.f2° que nos hace palpitar. por fidelidad al poder. sin que nuestro hé­ roe haya podido intervenir. desde un principio. ninguno de esos valientes m anifiesta rem ordim ientos (por haber engañado al am igo que tam bién es un bienhechor) o indignación (ante el asesinato de un inocente que fue el precio de la artim aña). éste ha desaparecido. para forzarle a renunciar a su ideal de fidelidad. sino forzado por la situación. en su persecución. No está convencido. sen­ sible a la calidad literaria del relato— crean u n che de caracte­ res terribles que atrap a sil hom bre entre sus garras». furioso. hasta que la estratagem a de la que ha sido víctim a le sea. cuando los que vinieron a buscarlo. La m anipulación es u n arte y esos héroes se engrandecen con él. disponiendo soberana­ m ente de él. encargado de escoltar al hijo de éste. aparece el que le debe la vida. en su conciencia. p intura y poesía. decidir o resistir.

m ente necesario captarla en aquel plano para com prender has­ ta qué punto ha podido imponerse. en China. en absoluto para buscar una posible justificación. en el ám bito del «arte» (como si realm ente pudiese haber com pensación a ese respecto). para lo que con dem asiada frecuencia percibimos. en China. persiguiéndola a través de diversos campos: de la estrategia m anipuladora al proceso creador m ás desinteresado. Sino porque la coherencia cultu­ ral sólo puede captarse globalmente. com o u n factor ina­ ceptable de opresión política. según nosotros—. 54 . en tanto que occi­ dentales —y con razón. ese m odo de dar cuenta de la realidad. Sin duda.

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com o del paisaje pin­ tado o el texto compuesto. y sea cual sea el nivel —m ás general o m ás particular— al que se entienda ésta). m oral y político— que había prevalecido hasta entonces y favorecieron. anteriorm ente di­ suelta en aquél. que culm ina en una configuración particular del dinam ism o inherente a la realidad. m ás «ideal» o m ás «real». surge u n potencial que constituye * Véase. nuestro estudio La Valeur allusive. precipitaron el hundim iento del sistem a de pensam iento unitario —a la vez cosmológico. en cada ocasión. La dislocación del Im perio (al final del siglo n de nuestra era) y la fragm entación de China resultante. De las categorías originales de la interpretación poética en la tradición china]. tom a cuerpo. com o actividad de la mim esis (por reproducción-im itación de cierta «naturaleza». durante varios si­ glos. 57 . en tanto que reflexión aparte. Pero. EL EFECTO DELGÉNERO I. la em er­ gencia de una conciencia estética autónom a. Las condiciones de posibilidad de una crítica de arte. desde su aparición. De esa disposición individual que. a este respecto. por fin aparecieron. en m odo alguno concibe aquélla la actividad artística de acuerdo con la perspectiva que noso­ tros adoptam os inicialm ente. de rechazo. Des catégories origi­ nales de linterprétation poétique da m la tradition chinoise [El valor alusivo. actuando y revelándose éste tanto a través del ideogram a caligrafiado. capítulo I.3 EL IMPULSO DE LA FORMA.* sino com o un proceso de actualización.

a p artir del m o­ m ento en que hay configuración. o el efecto engendrado po r la produc­ ción del texto en literatura. Así pues.] En efecto. en efecto. se «persigue» el che a través del trazado. «potencial» po r la otra: por u n a parte. como dispositivo..2 «Cuando el che viene. tam bién el arte ha de concebirse en térm inos de che. en su esquem a. los antiguos dab an priori­ dad al che.4 58 . p o r así decirlo. entre figura y movimiento.la expresión del dinam ism o universal y ha de explotarse según su m áxim a eficacia: es la tensión que anim a a los diversos ele­ m entos del ideogram a caligrafiado. estam os ante un determ inado gesto que se convierte en form a.“ Los estrategistas concedían la m ayor im portan­ cia a la configuración [de las tropas sobre el terreno] y al poten­ cial [que surge de esa disposición] [. eso se debe a que. desde el p u n to de vista de su sem ejanza. cuando se va. hay potencial resultante de esa configuración. captado en dos fases —o. m Si el arte chino de la escritura puede ser. no detenerlo. el antiguo m odelo estraté­ gico actúa com o base de la reflexión estética. Tam ­ bién puede definirse globalmente el che com o la fuerza que recorre la forma del carácter de escritura y la an im a estética­ m ente.. XIX Cai Y ong s. en el caso de cada ideogram a copiado.]: a p artir del m om ento en que se obtiene la ventaja que ese potencial [che] representa. Se da una equivalencia. en dos «estados»— distintos. no oponerse a ello». II. Del arte m ilitar al de la escritura. la caligrafía es u n estudio que se basa en la configuración [de los ideogramas].. se «consi­ dera» la «forma» del carácter.3 «Configuración» p o ru ñ a p a rte (los diversos elem entos que com ponen el trazado del ideogram a). un ejem plo privilegiado de dinam ism o operante en el seno de la configuración. po r otra. [. se lee en un tratado que se considera uno de los prim eros de la teoría caligráfica.. re­ sulta que u no tiene en su mano lo que conduce al éxito.bl K ang Youvvei finales del s. al igual que ante una determ inada form a que se convierte en gesto.H W ang Xizhi s. apreciando sus efectos de tensión surgidos de la alternancia. tanto se habla del che del pincel que traza el ideogram a como del che del ideogram a trazado p o r aquél:c u n m ism o im pulso está en acción. el im pulso y el m ovim iento de las form as en pintura. la transición es explícita: Cuando se ocupaban de la caligrafía. Pero.

abstractas (al tiem po que cómodas)— . precisam ente a tra ­ vés de sus variaciones. com o form as de escritura particulares: «un m ism o che. en plural. en am plia m edida. tanto puede em parentarse con el «esqueleto» interno del ideograma. y asimilado. el che recu er­ da. de la explotación particular a la que se entregan.8 como ser opuesto a esa estructura ósea y com pacta. un carácter unitario al trazado.7 El che caligráfico. es opuesto a la gracia seductora del ara ­ besco). p o r alu­ sión. sim ultáneam ente subjetiva y cósmica. p o r tanto. m ediante redes de afinida­ des. Los térm i­ nos empleados trabajan. Pero sería u n error creer que la reflexión estética de los chi­ nos se ha desarrollado m ediante discrim inación term inológica. los juegos del paralelism o y la co­ rrelación. sobreentendiéndose constantem ente unos a otros. a p artir de su riqueza evocadora infinita. considerados. por tanto. cuerpo equilibrado». al que confiere su consistencia estructu­ ral (y. en particular aristotélica).m YangXin ss. com o en relación con la figuración de los ideogram as —en su fase definitiva de trazado individual— y tendiendo a confundir­ se con ella. vuelo: «estirando el cuello y con­ 59 W ei H eng s . el che de la es­ critura se distingue del cuerpo de los caracteres. salto.5 Al m ism o tiem po. esencial al carácter de escritura. en ese sentido. tendiendo de ese m odo a representar el fenóm eno estético más bien de form a polar que a través de nociones. en ese sentido. habida cuenta de su oscilación entre esos polos. el «soplo» que se expresa a través de la figuración y la habita. sea cual sea el cuerpo [form a] de escritura utilizado». incluso cuando se percibe en la m era dependencia de la configuración propia del carácter de escritura.e Pero.m -iv W ei H eng . su valor sem ántico resulta. el che proporciona. m ás bien. «A falta de otro térm ino legado p o r la tradición»10y explicitándose de for­ m a metafórica. brinco. exclusivamente a la form a separada del trazado. recurriendo a conceptualizaciones precisas y definiciones (como la tradición griega.d6 F actor determ inante del arte caligráfico.9 T érm ino in­ term ediario —transitorio— tan pronto concebido en relación con la energía invisible. y reaccionando entre sí m ás en virtud del contraste que en nom bre de cam pos delimitados: en lugar de proceder de distin­ ciones previas y m etódicas —y. que se emplea en la actividad caligráfica y actúa a través de ella.El «cuerpo» del carácter se percibe en evolución: «che a rm o ­ nioso.

La «forma» se capta en esa. descenso-subida.*1A la raya supe­ rior que se inclina hacia abajo responde aquella. por así decirlo. com o si se reviviese cada vez el m om ento de su ejecución. m ientras que la otra se despliega en un sutil perfil. tanto al nivel del punto com o del trazo. él es el que «da vida»fI2y hace vibrar eternam ente el m enor p unto o el m enor rasgo. inferior. en el seno del estatism o de la form a actualizada. dado que la profundiza y desborda revelando. «se vuelven uno hacia otro» o «se dan la espalda». sino tam bién com o el efecto de tensión resultante. y el extremo de la prim era contiene ya.4La lógica del dinam ism o en acción es la del contraste y la correlación. allí. com o p o r m edio de u n a «re­ flexión m utua». con otras palabras. que es a la vez «virilmente enérgico y fem enina­ m ente sed u cto r» j16 Como tales.Z hang H u a ig u an s . ¿cóm o puede éste funcionar eficazm ente com o dispositivo? «Es necesario —se nos propone com o prim era regla del m anejo del pincel— que el che se logre. la vulgaridad de la figuración.115 dejando. el anuncio y el esbozo de la segunda. la compensación. »g. a la vez que su arm onía perfecta. im ­ plícitam ente. que su pulsación com ún circule de un extremo a otro y sin que haya «hemiple­ jía» p o r ninguna de las partes. de tal escri­ tu ra sigilaría— aspira a alcanzar las nubes». sino com o un proceso en curso. La separación suscita el acercam ien­ to. produciéndose así un «che del ideogram a». u n a se repliega al m áximo sobre sí m ism a.13 T érm ino que siem pre añade valor. y la oposición. que se dobla hacia arriba. concretam ente. en caso contrario. po r ejem plo. Pero. m ediante tensión entre lo alto y lo bajo. separación-reunión. la tin ta es aquí m ás densa y. por tanto. Paralela­ m ente.v rn Jian g Kui s . su che —así se dice. todos los elem entos del trazado pueden realzarse recíprocam ente.11 E n general. Lo cual significa que no ha de percibirse com o m era «forma». De la polaridad nacen in­ tercam bio y conversión. el efecto de ten­ sión que anim a para siem pre a los diversos elem entos del ca­ rácter caligrafiado? O. ¿de dónde procede. No sólo com o el im pulso interno del que procede. Así. en relación a lo que sería. propensión.x n Z hang Huaiguan trayendo las alas. crean la configuración del ca­ rácter de escritura en un cam po m agnético cuya intensidad es m áxim a. m enos abundante. El ideogram a cali­ 60 . Todos los elementos que com ponen la configu­ ración del ideogram a han de llam arse y rechazarse a la vez. esa dim ensión de perpetuo desarrollo.

17 Pero es a propósito de los elem entos que integran el paisaje donde el térm ino adquiere su plena im ­ portancia.grafiado se vuelve símbolo viviente del gran Proceso del m u n ­ do: reequilibrándose constantem ente en el centro —com o ho­ gar de plenitud— y continuam ente dinám ico por estar autorregulado. siem pre conviene «obtener» o «alcanzar» el che. a propósito de la p intura de personajes o de caballos.119Representando vertiginosa­ m ente el talud.18 Frente a esa prim era cum bre se yergue otra. la montaña es el lugar privilegiado del che. Culm ina en una escarpadura de color cinabrio. HL La fórm ula es igualm ente válida para las dos técnicas del pincel: tanto si se trata del arte de la escritura com o de la pintura.IV co natural sobre el sujeto hum ano). en virtud de su alternativa. el trazado alcanza su tensión m áxim a y el po­ tencial de la configuración está en su apogeo. la concepción del che ya oscila. p o r prim era vez. Lo m ism o ocurre con la línea que desciende en el otro extrem o del cuadro y que. al describir la m ontaña que servirá de decorado a un a escena religiosa (prevaleciendo. que se desarrolla com o prolongación de la caligráfi­ ca. el m a r­ Gu K aizhi s. aceradas y compactas. en el horizonte produce el efecto Ys. Cuando entra en el dom inio de la crítica pictórica. altanera y form ada po r rocas desnudas. A la vez que es el elem ento central de la estética china del paisaje.anyuan IX 61 . El artista puede explotar allí los recur­ sos de la altitud y la lejanía: la m ultitud de cum bres que se Zhang elevan. interrum piéndose en su borde. culm ina la com posición con un efecto buscado de suspense. el artista se m uestra sensi­ ble al efecto producido por una estrecha cresta que asciende serpenteando entre las rocas: aquélla crea una «configuración dinám ica» {che) gracias a su trazado «que serpentea ondulando com o u n dragón».k y esas expresiones corrientes no dejan de recordar. Así. la antigua concepción política de la eficacia de la posición (que se ocupa o se abandona). al pie de la cual se abre u n ba­ rranco: pintar esa escarpadura resplandeciente y roja —nos dice el pintor— para destacar la configuración dinám ica (che) que crea ese peligroso precipicio. Pues éste puede ser «malogrado» o «perdido». que hace actu ar conjuntam ente a las tensiones m ás diversas en el cora­ zón de su configuración. entre las acepciones correlativas de disposición e im pulso.

cuyo che se representa acentuando. La m ínim a gota está en movimiento y eso produce un «agua viva». Una tensión que realza aú n m ás la oposición entre las laderas: a la solana responde la um bría. para conferir a la m ontaña un efecto (che) de insondable altu­ s."121 al igual que basta con difum inar vagam ente el trazado C hongguang para que el che de la m ontaña gane en distancia.x n i tam bién puede jugar con las posibilidades de alternancia y con­ traste. po r la diversidad de sus aspectos. además. A la vez que se oponen en su naturaleza pro­ funda. el agua parece. conviene pintar­ s .xrv Da ra. la tendencia al apilam iento —«apretadas GuKaizhi unas contra otras»—p como escom bros. como una tabla. «alcanzar TangZhiqi la compacidad». m ientras que sus ram as inferiores se inclinan en sentido inverso y se extienden a ras de H uang G ongw ang 62 . como un trazado ideogramático.22 El pintor s. Para destacar el che del agua. a la m anera de la ondulación s.20Basta.x v n la encerrada en una profunda garganta. en el que vuelve a encontrarse la aspiración alta­ nera de la cumbre: pintarlo solitario com o ella y estirando «pe­ JingH ao ligrosamente» su tronco nudoso.26 en el árbol. XYI-XVTI p icarlas paredes».025 Esa investigación de la tensión a través de la figuración vuelve a encontrarse en los demás elem entos del paisaje: espe­ cialm ente en las rocas. porque se vería privada de che. y la anim ación de un poblado encuentra su contrapunto en exten­ siones solitarias. lo que hace que «el che de la m ontaña» «gire» y ondule. «anim arse y moverse». especial­ m ente el pino. la m ontaña pa­ rece." que su cresta se eleve y luego se incline. com o m adera m uerta:24 la fuerza de propensión im presa en su W ang trazado será entonces tal que dará la im presión de querer «sal­ Z hideng s. No pin­ tarla ni dem asiado «suave». y que se «mueva» estirándo­ se. «hasta la Vía láctea». precipitándose en línea recta o arrem olinándose en tom o a los peñascos. se despliega y se repliega. en su propensión. pegado a la ladera. con recurrir a un fondo de nubes o brum a.(che) de un «peine de rinoceronte incrustado». más abajo de la m ontaña. ni dem asiado «rígida».23 Tam bién la m ontaña es captada. a veces cóncava y a veces convexa. aunque fluya. ni dem asiado «seca». los dos elementos intercam bian discretam ente sus cua­ lidades: aunque represente el elem ento estable. Extendiendo ese contraste a todo el paisaje: a la m ontaña responde el agua.X de una cresta. por la m asa de sus olas. La ladera curva de la m ontaña. «se abre» y «se cierra».

unas veces encogidos sobre sí m ism os y otras plantados muy rectos. pinos.»*30 Semejante irregularidad es dinám ica porque se organiza m ediante alternancia: entre el trazado recto y el trazado curvo (privilegiar constantem ente la curva. entre lo m ás com pac­ to y recargado y lo que se deja m ás disperso y ralo. * Esa valoración de una tensión en el seno de una figuración tam bién la encon­ tramos. la lógica del dinam ism o es la del contraste y la reciprocidad. para conferirle che.*28 Como en el ideogram a caligrafiado. por ejemplo. la m agnitud de las proyecciones horizontales de cada ca­ brio. incluso en ese caso. etc. potenciando su che: Shitao s. Mo hilong al que bastará con separar el delgado extremo de las ram as SS. no puede tratarse de una form a única y predeterm inada.x v n i como exceso.29 El prim er F a n g X u n principio. todo ligereza y flexibilidad.31 Como ocurría anteriorm ente entre los ras­ gos y puntos que com ponen el ideograma. de a tres o a cinco. No se podría encontrar m ejor ilustración que en el motivo del bosqueciüo. es la «irregularidad» —aquí s .43 63 . ondulantes y balanceándose». en la forma curvada de la línea del tejado (que vuelve a elevarse ligeram ente en su paite infe­ rior). viejas acacias o viejos enebros. «A apreciar en función del che para que la cosa resulte. y su intersección es unas veces m ás rara —una sola ram a m uerta que cuelga entre los troncos— . Todas esas oposiciones rem iten a la de lo vacío y lo lleno —tan central en la estética china com o esencial a su concepción del m undo— y «bastará con jugar con esa oposición de lo vacío y lo lleno para lograr el che». allí com o defecto— :r las ram as no salen del tro n ­ co hom ogénea y equilibradam ente. y otras m ás densa y frondosa. unos bajando la cabeza y otros levantándola.‘ Agrúpense.q27 hasta el sauce. cedros. resulta pesado). entre lo m ás trabajado y lo m ás «tosco» y descuidado. notablem ente —y siempre expresada en términos de che—.X VI para conferirl ec/ze. que constituye un rasgo característico de la arquitectura tradicional en Extre­ m o Oriente (obsérvese que. el ancho de cada tramo. el dispositivo estéti­ co que aquí se organiza —m ediante llamada.XVII «se pondrán a bailar con un impulso heroico y guerrero. com o vulgarm ente se hace. finalmente.suelo. tensión e inter­ cam bio— está completo. puesto que es objeto de un cálculo siempre particular en el m odo de «fijar el ángulo» —en función de variables tales como el tipo de estructura.— de m odo que la unión de los cabrios diversam ente inclinados puede dar al tejado su aspecto encorvado).

la m ontaña trazada po r el pincel «dirige y conduce». la tensión traducida p o r el che se revela afín al viento: difusa com o él a través de las form as y anim ándolas. así. la representación se verá privada de che»: por tanto. por la sem ejanza exterior a la supera­ ción de esa representación m eram ente «formal» de la realidad. dentro del paisaje. lo que inform a y dinam iza. cuando el carácter explícito de 64 . ilustrando la dualidad de la tinta y el pincel: m ientras que la shitao tin ta «hace que alcance su plenitud la configuración de los m ontes y ríos». del esbozo que crea un eterno suspense. m e­ diante «com unión espiritual» con ella. s . m ientras que «el océano de tinta a braza y transporta». E n el plano simbólico. pueda percibirse el lugar preciso al que se aga­ rra la m ano.35 El efecto de tensión del che actúa.IV. po r otra.33 Por una parte. a causa de la distancia. C onsiderad el endeble esquife pintado en m edio de las G ongX ian aguas. le corresponde aseg u rarla transición. el efecto de tensión del che que actúa a través de ella — «proce­ diendo m ediante un m ovim iento giratorio o quebrado. con vistas a alcanzar la «resonancia íntim a» que la anim a. De ahí el valor del traza­ do que posee tanta más fuerza cuanto que se m antiene incoati­ vo. y prim ario. realidad física pero evanescente. esa diferencia puede interpretarse. M ientras que la configuración formal — «redondo. sólo pintar el extrem o inferior sin que. pero. Uso.34 La tensión es tanto m ás sensible cuanto que no se actualiza totalm ente. Como está lejos.x v i-x v d cuac[racj0>>— puede ser totalm ente captada p o r el pincel. el efecto de tensión característico del che ocupa un lugar interm eüRihua dio. pero no exhaustivam ente: pues «participa de la representa­ ción m ental» y «necesariam ente subsiste en él algo que el pin­ cel no puede alcanzar». Es sabido que la historia de la estética china. Además. en la fron­ tera entre lo visible y lo invisible. tan to al nivel de los m edios com o en base a la técnica pictórica de los chinos. lo que se despliega y llena. es la de una evolución que conduce del inte­ rés prim ero. «si se renuncia com pletam ente a pintarla. En esa gradación. entre los elem entos que integran el paisaje. de lo figurativo a lo espiritual. indi­ cando tendencia y dirección»— puede ser captado p o r el pin­ cel. al m ism o tiempo.32 En el seno del proceso estético. y que sólo se m anifiesta en su efecto. la escota que perm ite tensar la vela no s xvn resulta perceptible. conside da en su conjunto. el pincel «hace que varíe alternativam ente su che»] y.

en tanto que configuración literaria. que corresponde al escritor «determ inar» —y explo­ LiuX ie tar— según el m áxim o de eficacia. puede tam bién desarrollarse u n a analogía. tras m ás de u n milenio de olvido. E n función de la diversi­ dad de lo que ha de expresar. Efecto m ayor y determ inante. a través del objeto representado —sea cual sea—. tiende a ir derecho. la configuración sensible actúa como dispositivo para evocar el infinito: el m undo de la representación accede a su dim ensión espiritual y el extrem o de lo visible señala la totalidad de lo invisible. pues a él corresponde ab rir lo concreto a su m ás allá y llevar a cabo.39 según el modelo del cuadrillo que. cuya excepcional profundidad vuelve a des­ cubrirse hoy. el texto a com poner se configura de m odo distinto. pero éste no puede dejar de provocar la em o­ ción. y el che com o su propensión al efecto. el texto com o u n a actualización LiuX ie particular. m ás que de un puro procedi­ m iento técnico.* Tam bién el texto ha de con­ s. Gracias a él. Diversos motivos. Más allá del evidente parentesco que asocia. de actualizar su configuración» :v a im agen del agua o el fuego.w37Ahora bien.x3S en tanto que efecto literario. retom ados del pen­ sam iento estrategista. No se trata. siem pre el mismo. insisten en el carácter «natural» de se­ m ejante propensión. p o r tanto. se ve llevada a form ar 65 . V. al principio. en China.VI-VU modo. el vacío se vuelve alusivo. la supe­ ración esencial al arte. la literatura se bene­ ficia de una variabilidad com parable. pro­ yectado po r la ballesta.“36 y lo finito y lo infinito se ilum inan y alian. caligrafía y pintura. Concibam os. inm ediatam ente des­ prende una im presión de vida.la configuración se ahonda en riqueza im plícita del sentido. com o tiende a m ostrarlo un capí­ tulo com pleto de la m ás herm osa obra de reflexión literaria de la tradición china. o el del agua que. los ideogram as a caligrafiar «no tienen un único Yu S h in an s. atrapada en lo hondo de una vorágine.V-VI cebirse com o u n dispositivo. entre el arte chino de la escritura y el —general— de la literatura. tensando eficazm ente la form a. Al igual que la tropas «no tienen una disposición constante sobre el terreno». dando lugar cada vez a un tipo de potenciali­ dad resultante de la com posición (che). las potencialidades que resultan de su disposición (che) son múltiples y «en absoluto determ ina­ das de una vez p o r todas». a p artir del modelo com ún que proporciona la estrategia.

faltará al texto «riqueza implícita». es válido tan to al nivel del fondo com o al de la forma. si el pensam iento es articulado de m an era superficial o carece de alcance.2 por otra. paralela­ m ente. cada texto corresponde a determ inado género. en literatura. E n sentido inverso. Dos principios. lejos de excluir la «magnificencia» en provecho exclu­ sivo de la «elegancia». El resultado obe­ dece a u n a lógica que rem ite a la especificidad de u n tipo. desde nuestro punto de vista. ha de sacar provecho por igual de los recursos de esas dos cualidades contrarias. como el general que com bina con destreza ataques frontales y al sesgo. en fun­ ción de ello. p ara m antener la necesaria hom ogeneidad del texto.. del cruce de todo lo que tiende a expresarse resulta una propensión al efecto distinta (más elevada o m ás vulgar). deberán. de ahí una tabla de géneros —veintidós en total— 66 . o bien la «limpidez de la emoción».L iuX ie torbellinos: la propensión al efecto em ana de la constitución del propio texto. Al m ism o tiem po. etc. La propensión al efecto —nos dem uestra el poético chino— no sólo resulta sponte sua de la constitución del texto. com binar sus posibilidades m ás diversas. Al igual que un agua im petuosam ente arrastrad a ca­ rece de ondas o un árbol m uerto no da som bra. distinguiéndose sistem áticam ente unos de otros en función de su intención (o bien la «elegancia clásica». y. como lo traduce u n a analo­ gía con la pintura: del m ism o m odo que. de la aso­ ciación de los colores resulta una figuración particular (esto representa un caballo o un perro). quien se inspira en obras de im aginación (el Lisao opuesto al Shijing) accederá «necesariamente» al encanto de lo insólito. en pintura. para conferir al texto su m áxim o de eficacia.a’ Por ejemplo. guiar al escritor en la gestión estratégica de esa propensión al efecto: por una parte. contrarios pero com plem entarios. lo cual desem boca en una definición de los géneros literarios propia­ m ente dichos. E n u n senti­ do positivo. y si su expresión da lugar a distinciones dem asiado claras o resulta ser dem asiado concisa. le faltará «abundancia retórica». en función de la ocasión. tam bién. sino que tam bién es su expresión intrínseca. Lo cual juega tanto para bien com o para mal y. al igual que un cuerpo esférico tiende a ro d a r y un cuerpo cúbico a perm anecer estable. o bien la «precisión de la expre­ sión». respetar su unidad de conjunto. quien utiliza com o modelos los textos canónicos alcanzará «espontáneamente» la elegancia clásica.

M ien­ tras que la prim era procede de una explotación exitosa de las potencialidades inherentes a la creación literaria. se com pone el texto en fun­ ción de u n afán previo y deliberado de novedad. no por ello se m anifiesta m enos com o una tensión y no sería conveniente que ésta se ejerza de un m odo dem asiado vivo y dem asiado al descubierto. Pero tam bién cabe invertir la perspectiva —sugiere el m is­ m o poético— y ya no considerar esa propensión al efecto del texto en función del género al que corresponde. no p o r ello conserva menos. en cada ocasión. sin que sea necesario que la expresión sea vigorosa y exhale vehe­ m encia para que en ella haya che.0' Si el efecto literario debe ser natural. al m ism o tiem po. puede concebirse. sino que. La ilustración m ás apropiada del texto será. sino a p artir de la individualidad de su autor: en relación a su gusto. en definitiva. su «fondo» propio. pero eso sería interpretar de un m odo excesivam ente excluyente la propensión al efecto en relación a la energía em pleada —en tanto que «soplo»— en la creación literaria. Sin em bargo —y el análisis es aún m ás sutil—. se podría asim ilar esa propensión al exceso de im pulso y vigor que se despliega (excepcionalmente) en el «más allá del texto». procura tranquilidad y satisfacción. pero no hay que confundirla con la excentricidad. la proporcionada por el tejido de brocado que. siem pre parcial. A p a rtir de ahí. la segunda sólo procede de la inversión y la subversión casi m ecánica de lo correcto y e s p e ra d o / Lo cual no proporciona m ás que un «aire 67 . im pregnando la propensión. De ahí la necesidad de com ­ pensar el factor de tensión m ediante un factor de imbibición difusa y arm oniosa que. Pues no hay que confundir —y se trata de una distinción interesante— efec­ to y fuerza: «la propensión al efecto sobre la que se basa el tex­ to»*5' puede tender a la dulzura tanto com o a su contrario. que son personales. a la inversa. o a sus costumbres. Es en sí norm al —concluye el poético chino— que el efecto tienda a la originali­ dad. si la propensión al efecto se diferencia de la fuerza. po r em anar de una propensión. a p esar del entrelazam iento de hilos de los m ás variados colores.reagrupados en seis secciones —cinco de cuatro m ás u n a de dos— en función de su criterio literario com ún). en qué consis­ te un efecto literario considerado artificial: cuando el efecto ya no resulta de la constitución propia del texto y de su género particular.

Bajo la influencia de las concepciones occidentales. cuando enfoca el che en relación a la personalidad del autor. la reflexión china no deja de recordar el punto de vista «teleológico» de la retórica clásica. en el modo de concebir el fenóm eno literario.40 ¿Se trata tan sólo de la vaguedad de las nociones chinas o de las con­ trariedades de la polisemia? ¿O no será. y a partir de las representaciones que nos resultan originalm ente propias. puesto que conjuga. imponiéndose con el rom anticism o. ha sustituido la interpretación finalista por la explicación causal y ha hecho del estilo la expresión de u n individuo o u n a época. que una dife­ rencia general de óptica. VI. la teoría de la propen­ sión al efecto no puede dejar de coincidir con nuestra noción de «estilo». de que otras representaciones. no perm ite llevar a térm ino la coincidencia detectada? 68 . según la expresión de Barthes. Aún nos queda com prender. El pensam iento estratégico del que hem os partido al com ienzo de nuestra reflexión tam bién le sirve. que. desde u n punto de vista propiam ente literario. siem pre diversas y cam biantes. de m odelo dom inante a la interpretación de la com posi­ ción literaria: dado que la composición literaria tam bién se concibe com o una gestión y una explotación de las propensio­ nes naturales (que derivan de los tipos de textos que correspon­ den a las situaciones. aunque m os­ trándose conscientes. en las que estam os com prom etidos en tanto que autores) y que siem pre es u n m áxim o de efectividad lo que está en prim er plano (como efecto artístico). se acerca a la óptica de la estilística genética. los com en­ taristas chinos de hoy se sienten inclinados a concebir esa teori­ zación del che como la teoría china del «estilo». rem iten tam bién a la noción de «estilo». paralelamente. Aplicada al dom inio de la literatura. en lugar de dejarle actuar. y ese falso efecto carece totalm ente de efecto. P ara abreviar. y molestos. m ás bien. las dos concepciones que se han sucedido a lo largo de nues­ tra tradición. Cuando piensa el che com o dependiente del géne­ ro. tanto dentro de ese tratado del siglo V com o en otros lugares de la tradición china. en su representación de la tenden­ cia. a qué puede corres­ po n d er efectivamente sem ejante perspectiva.de originalidad». com o hem os visto. se ha hecho violencia al dispositivo textual. la «transm utación de un humor». que concibe el estilo en función de la eficacia del discurso.

hacia la fuente de esa eficacia. sino aquello en lo que culm ina el proceso de actua­ lización-. espiritual) en la que está inm erso el autor al tipo de form ula­ ción que de ahí resulta. el che de la literatura es el factor decisivo que circula de un extrem o a otro y. pues.e'42 Impulso-efecto: el che anim a la configuración de los signos y la dispone a actuar. Rem ontem os. de m odo que ese proceso gane en efectivi­ dad y adquiera un m áxim o de alcance: determ inación que es necesariam ente global y unitaria. de la situación inicial (afectiva. ya. Guiraud). en los textos chinos de crítica literaria. m ás arriba. y de la tensión im plicada concretam en­ te po r las palabras del texto a la reacción ilim itada de los lecto­ res. la perspectiva china es. una vez más. de «forma sin destino» (R. insufla vitalidad a través de ésta. y obedece a un condicionam iento lógico del que hay que saber aprovecharse estratégicam ente. del m ism o modo que ya está en acción a través del paisaje. en la época moderna. Como en pintura. orientando la composición de determ ina­ da m anera. en la época antigua. 69 . de nuevo com pa­ rado explícitam ente con el viento y asociado a él. Ahora bien.41 Form a eficiente que se concibe en relación a un fondo-materia. la de un proceso en curso y es com petencia prioritaria del escritor la de «determ i­ nar» su propensión. la «forma» a través de la cual se realiza el che literario es m ás bien la de una configuración que actúa por sí m ism a como dispositivo: lo que significa que lo que traduci­ mos habitualm ente p o r «forma». Entre lo visible y lo invisible. y que el che es la potencialidad particular que en cada ocasión caracteriza a aquélla. Experim entém osla en la naturaleza.Pues nuestra concepción del estilo deriva de una filosofía de la forma (testigo de la influencia de la escuela de Aristóteles en ese dominio): ya se trate. com o en caligrafía. al mism o tiem po que cons­ tantem ente variable. m ien­ tras que la «escritura» sería «la m oral de esa forma»). no es el térm ino opuesto y correlativo de determ inado «contenido». Barthes. de «la form a espe­ cífica de la obra condicionada po r su función» (P.

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rv . aquella «a la que no cesa de llegar» — ¿como «destino»?— la «misma llam ada a responder del ser»). a través del sentido interno de n ues­ tro cuerpo y su propia actividad.1percibám osla. distinguiendo entre «princi­ pio». en­ gendrando sin fin los existentes: «desplegándose co n tin u a­ m ente en el gran proceso de aparición y transform ación del 71 G uoPu s .2 experim entém os­ la.— o de todos los sucedá­ neos que después se han añadido a esas form ulaciones canóni­ cas (siendo la Física de Aristóteles el «libro de fondo» — «que se sustrae» y. es decir. tal y com o estam os a co stu m b ra­ dos a hacerlo bajo el influjo inicial griego («nosotros». po­ tencia y acto. intuitivam ente. «causa» y «elementos». «original y siem pre circulante»..4 LÍNEAS DE VIDA A TRAVÉS DEL PAISAJE I. Pero dirijam os antes o tra m irada a la «naturaleza»: no hagam os ya de ella un objeto científico. por lo tanto. actuando de u n ex­ trem o a otro de la realidad— de anim ación y funcionam iento. concebido m ediante dem ostración y razonam iento. esencia y accidente. com o u n a m ism a y com ún lógica —en nosotros y fuera de nosotros. fluyendo a través de la totalidad del espacio. según su designación heideggeriana. com o u n soplo único.. la hum anidad «historial». «nunca lo bastante recorrido p o r el pensam iento»— de la filosofía occidental). Cam biem os de «física»: no la concibam os ya ab stractam ente a p artir de las oposiciones operatorias —m ateria y form a. p o r el contrario. po r el contrario.

da su consistencia a la realidad.m undo» y «atravesando de un extrem o a otro todas las espe­ cies particulares». com o en carne viva. en consecuencia. h acer que sus despo­ jos disfruten de u n a m ayor capacidad de preservación y —gra­ cias a la estim ulación de su vitalidad. la re­ gulación invisible.3 Se da. el m ism o soplo vital.»“6 Por ser el soplo de vida en sí m ism o invisible. Esa otra física tam poco carece. con toda lógica. que no cesa de circular y concentrarse: circulando. toda la riqueza y prosperidad posibles. y no técni­ ca— para contribuir a la dicha:4 enterrar en u n lugar privilegia­ do a los propios padres es. todo el linaje— beneficiarse. en la cual está apresada. entonces. tal com o lo experim ento intuitivam en­ te. todo el paisaje que me rodea es continuam ente irrigado por esa circulación subterránea. tales «líneas de vida» en relación a la configuración GuoPu del terreno. de cualquier realidad. a través de la variación y la riqueza acrecentadas de las form as. y no allí. a través de la m áxim a tensión arm ónica de los elem entos. donde la circulación del soplo sea m ás intensa y sus intercam bios m ás profundos: allí donde aflore. establecer aquí. en el origen de la realidad. Como en el interior del cuerpo hum ano. por tanto. energía inherente y anim adora. no dejar de asegurarse. al igual que el extrem o de una ram a cuyo pie ha sido acollado. para uno m ism o y para los propios descendientes. La «espiritualidad» está allí m ás «alerta». po r tanto. la propia m orada es afianzarse inm ediatam ente en la vitalidad del m undo. p o r lo dem ás. en el lenguaje de los geománticos que se elabora a comienzos de nuestra era. toda la energía oculta. donde se deje entrever. saturada. únicam en72 . de utilidades prácticas —pero m ediante explotación inm ediata.5 «El soplo vital circula en función de las líneas de vida [che\ del terreno y se concentra allí donde éstas se detie­ nen. ese soplo vital surca la tierra siguiendo un trazado p articular el térm ino che designa. al m ism o tiem po que su form a y todos sus aspectos individuales vienen a ser la condensación de esa anim ación sin fin. a través de ellos. aquellos donde la concentración de la energía vital sea más fuerte y su acum ulación m ás densa. de esa influencia favorable. captar m ás directam ente la energía de las cosas y. de rebote. lleva a la existencia. Los m ás bellos parajes serán. de form a sim ilar. Al igual que m i propio ser. concentrándose.

tam ­ bién. el influjo benéfi­ co que lo impregna y vivifica. opuestam ente a los em plazam ientos particulares que sólo pueden percibirse de cer­ ca: «las líneas de vida [che] se m uestran a u na distancia de mil pies y las configuraciones del terreno a una distancia de cien pies». m ientras que el emplazamiento en que desem boca el che constituye. por ende. esbozando curvas y rodeos. H asta el m enor repliegue del suelo. abrazan­ do sucesivamente las cavidades y las eminencias. a tra­ vés del relieve. en función de su disposición propia. com parado con el curso móvil del agua).6 O. Líneas de vida. transform ándose sin cesar. sólo cabe captarlo a distancia. una configuración estática y fija. Como cualquier otra configuración. en virtud de su movi­ m iento tendencial. donde se ha condensado el desarrollo.te observando con atención la ramificación de esas líneas. Como tal. a p artir de él. para traerle desde la m ayor lejanía. tapizando así todo el espacio y confiriéndole su capacidad dinámica. Por tanto. la línea de vida no deja. a la vez. retrocediendo. paralelo al del fisiognomista:7 atravesando alternativam ente la tierra o la piedra. regular y funcional. el m ism o que pone en acción la vitalidad original de la naturale­ za. todo está allí investido. por su parte. la «vena» por donde se efectúa la circulación del soplo y la «osamenta» que da al relieve su consistencia. como un perpetuo dispositivo. el lugar ideal donde se concentra la vitalidad. la que elaboran el ideogra­ m a caligrafiado o los signos de la literatura—. El arte del geomántico es. la línea de vida es. es la «espina dorsal» que no deja de serpentear de u n extre­ m o a otro del horizonte. de form a activa. e incluso con anterioridad a to­ das ellas —la que se actualiza en el cam po de batalla o en las relaciones de dom inación política. en su punto final. de «venir» a él.c y. líneas de fuerza 73 . la configuración topográfica se constituye en un cam po m agnético (el m ism o que explora el com pás del geomántico) cargado de una poten­ cialidad. cualquier paisaje. subiendo y bajando. po r lo tanto. puede descubrirse por dónde tiene lugar su paso al tiem po que detectar. que lo organiza en redes y por donde circula la Eficiencia. los chinos tam bién concibieron el espacio y. y. sin trayectoria rígida ni modelo preestablecido (recuérdese el che en estrategia. al m ism o tiem po que constantem ente reconducida. por sí mismo. de una propensión parti­ cular. so­ bre la cual hay que «apoyarse» y que conviene explotar. constantem ente renovado.

además. elemental y continuo. destacando la im portancia de la dis­ tancia para una m ejor captación del paisaje. dejad que una ram a. que en Occidente algunas escuelas contem poráneas de dibujo y pintura. para que suija su «forma genuina». V G uoX i s. De ahí la orientación particular que conoció la estética chi­ na del paisaje. p or el contrario. 74 . entrete­ niéndose con el detalle. poniendo el acento en la im portancia del trazo de esbozo y contorno. es intentar recuperar. de la pulsación cósm i­ ca. Pues «los aspectos de las m ontañas y las aguas». se refleje sobre una pared blanca. distanciándose de los métodos tradicionales de aprendizaje (es el caso de la escuela Martenot). Como observa uno de los prim eros tratados de pintura. a través de sus lincamientos. n . recurren de m anera habitual. se captan sus líneas de vida [che]. pero ahonda en ella hasta la intuición mística.10 Entonces. y. con m ayor facili­ dad se deja rodear su inm ensidad por el m arco estrecho de la pupila: extiéndase una seda cruda para hacer que trasluzcan desde lejos. en China. a través de la figuración de un paisaje. y las m ás imponentes m ontañas se encontrarán encajadas en esa superficie de una pulgada. tanto bajo el pincel del p in to r com o en la naturaleza. en una noche de luna. se capta su sustancia». si estáis dem asiado pegados al paisaje. después.e Pero. en su enseñanza. «nacen de la interacción del so­ plo vital y la configuración. la quiromancia. no estaréis en condiciones de captar sus contornos.9 Del m ism o m odo —se aconsejará más tarde a propósito de la p intura de bam ­ búes— . ¿cómo explorar de cerca. entre nosotros. en el plano técnico. para d a r cuenta de ese aspecto del che. así com o en el movimiento de conjunto de la composición. Destaco. y recuerda. en ¡a que se basa ese aspecto. XI tam bién:* se com prende que la estética china del paisaje haya estado directam ente m arcada por esa intuición física. La prim era consideración parte de una evidencia. porque se relaciona directamente con la noción de soplo vital. a sem ejante expresión. la expresión del pintor se encuentra de form a natural con la del geomántico: «contemplando desde lejos u n paisaje. cuanto m ás se aleja uno de él. así com o la expre­ sión. en prim er lugar. considerándolo de cerca. dinam izada p o r aquél»:d8pintar. la tensión anim adora de todo ese juego * He privilegiado la expresión «líneas de vida». el trazado. de la dim ensión de lo Invisi­ ble que lo anima. a través de su concepción del che: en u n plano filosófico. herm ana de la geom ancia. X Z ongB in g s.J in g H ao s.

totalm ente ilusorias. por contraste y globalmente. po r el con­ trario. Stein—. Resulta corriente.11Se alcan­ za con ello el punto de vista búdico. m ás reducido resulta. el pintor supera de golpe toda la facticidad de las cosas. en China. sin duda. u n solo grano de polvo contiene el Sumeru». La distancia no sólo perm ite. por tanto. según una etim ología antigua. en el fondo. tal dism inución de las cosas sirve. a com ienzos de nuestra era y el propio térm ino que en chino designa el acto de p in tar signifi­ caba originalm ente. Pero.de líneas que alternan y se oponen. tinta extendida horizontalm ente sobre algunos pies representa una distancia de cien leguas». a «saborear». la confusión entre uno y otro sería tanto m ás fácil. Cuanto m ás se retrocede. sino que tam bién lo abre a la dim ensión «espiritual»13 —la que. m uy lejos de perjudicar a la sem e­ janza del paisaje. se ofre­ cen com o el vivo reflejo. cap tar un paisaje m ás vasto. Pero. em inentem ente simple. m ás específicam ente aquí. que lo articula y lo hace existir. los prim eros tratados del arte del paisaje insisten en la realidad de esa equivalencia de la que saca provecho la pintura: «un trazo de tres pulgadas trazado verticalm ente equivale a una altura de mil pasos. del arte de los «bonsais» al de los jardines —com o lo analizó Rolf A. y las proporciones habituales entre las cosas. se elevan o se detienen?f Sólo si son percibidos desde lejos.12 El m í­ nim o espacio puede contenerlo todo y. ¿qué distingue. del budis­ mo. Abiertos a la influencia. encam a la Ley búdica— 14 de la cual todos los aspectos del m undo. Cualquier m icrocosm os será tan grande com o el m ayor de los m acrocosm os: «se transporta el m undo en una calabaza. devuel­ to al único m ovim iento. en Extrem o Oriente. cuanto que la práctica cartográfica ya había alcanzado un alto grado de desarrollo. procediendo a ese es­ corzo mágico. según el cual lo pequeño es idéntico a lo grande. que la m iniatura lleve a la iniciación. «delimitar m ediante el trazado» (el ideogram a «representando los cuatro 75 Z ongB ing . pueden los trazados confíguradores expresar su dinam ism o. No sólo nos restituye el m undo en todo su frescor y su «brillo». entonces nueva. sino que tam bién lo vuelve más accesible a la contem pla­ ción: com o decantado de todo el lastre de lo inesencial. para revelarlas. este m undo en pequeño que hace visible la pintura de paisaje del de los m apas geográfi­ cos? P or lo dem ás. el paisaje que se percibe.

a través de la variación de las form as. objetivista. a p a rtir de la sim ple alternancia de líneas continuas y discontinuas. en distinguir las regiones y prefecturas. Pues no es sólo que la escritura pictórica. sino que. se com u n ica co n la Vía lá c te a . encarnar el «G ran vacío». adem ás. m ás acá de aquélla. a la referencia con traria que representa la escritu­ ra. el arte del WangWei pin to r se nos presenta com o algo que se asem eja. a la escritura m ás elem en­ tal. No sólo se asem eja a la escritura ideográfica p o r los m e­ dios m ateriales utilizados así com o por los diversos elem entos —trazos y puntos— constitutivos de su trazado. puesto que. o en tra z ar los lagos y ríos. E scritura superior.15 «Pero lo que s V los antiguos entendían po r p in tar [esa referencia al pasado va­ liendo únicam ente. que nace justam ente entonces] no consistía en elaborar u n plano de las ciudades y fronteras. tam bién ella. Alejándose del m odelo cartográfico. sino que in­ cluso se acerca. en señalarlos m ontes y dem ás form as del relieve. se hace c ar­ go de lo invisible. tam bién logra. evocar la transform ación in ­ finita de las cosas. al m ism o tiem po. m ediante la re­ novación incesante de sus líneas.»16Pues el m apa tan sólo procede a u n a m era reducción de escala. el poeta no s'vm podía dej a r de realzar la inm ensidad del paisaje abarcado: Del lago D ongting. El río. de los hexagram as que. y tam bién m ás sagrada. son los m ism os que en caligra­ fía). en tre sus orillas p ú rp u ra s. m ediante el m ero recu r­ so de su trazado. m ientras que el proceso de reducción que lleva a cabo la pintura posee un alcance simbólico. y. b asta para d a r cuenta de todo el m isterio del devenir. con una finalidad práctica. po y wang.wangweí linderos de un cam po dibujados con el pincel»). u n breve trazo ganchudo: ¡ahí tenem os u n a nariz p rom inen­ te!»— (y esos trazos. realm ente espiritual. Du Fu Para celebrar una pintura de uno de sus amigos. sea expresiva — «con un trazo ejecutado con soltura se representaría el m onte H ua. en conform idad con la retórica china. cerca de B aling [al sudoeste d e C hina] h a sta el Este de Japón. p ara d ar énfasis: queda m uy claro que aquí se tra ta de la p in tu ra de paisaje.17 y el elogio del paisaje pintado culm ina con esta reflexión crítica: 76 .

El soplo proveniente de la lejanía irriga. el poem a se abre y se cierra insistiendo en la im presión de perfecta verdad que se desprende de la obra y se nos im pone (cf. con m ovim ientos familiares: las nubes on­ dean en el cielo. E n el plano técnico—que. puede ser efecti­ vam ente «realista». al m ism o tiem po. sino de la totalidad. en el trabajo del pintor. resum e el M undo en lo esencial que. la prim acía del che corresponde a la prioridad de las 77 . en sus bordes. unos árboles se inclinan bajo las ráfagas del viento. puede igualarlo: ¡En el espacio de un pie cuadrado evocar un paisaje de diez mil leguas !g Al m ism o tiempo. La im portancia concedida a las líneas de vida del paisa­ je se traduce. desde la Antigüedad. tengan que re­ accionar contra la tentación — «decadente» respecto a la verda­ dera am bición de su arte— de un a pintura prosaicam ente ilus­ trativa y detallista. gráfico— . en la pin tu ra china. y lo anim a. Pues es la m ism a circulación del im pulso vital la que alarga al m áxim o el paisaje. constituye su expresión pri­ vilegiada. en Chi­ na. poco preocu­ pado po r el dogm a—. es. m ediante la prim acía del trazado configurador. de ordinario. semejantes a dragones. influenciar su arte. hasta el m enor detalle. los pescadores vuelven a la orilla. La expresión «en un pie cuadrado contener un che de diez mil leguas» se ha vuelto. y el paisaje pintado. desde un punto de vista práctico. que capta en u n escorzo elíptico todas esas líneas de fuerza. en u n estilo que consagrará el chan/zen: «Ese río. pero éste será objeto de u n a atención especial. m . cuando (sobre todo a partir de la dinastía Ming y durante la Qing) los paisajistas se vean tentados por com posiciones m ás vastas y. constituye su capacidad de desarrollo y su vitalidad. en su centro. que lo abre al infinito. y nadie. Nos queda considerar cómo ese precep­ to pudo. m ás tarde. no exento de hum or. en China. Sólo la representación de un paisaje de horizonte ilimitado. en la cercanía. cualesquiera que sean los nom bres con que se lo bautice —el letrado chino está.18Pues realm ente no hay pintura. el últim o verso.Sobresale en reproducir el che de lo lejano. ante todo. un a especie de perogrullada de los pintores chinos. A través de la potencialidad del che. ¡quisiera tener tije­ ras p ara cortar u n trozo!»).

Pero resulta evidente que.«líneas de contorno» sobre las «arrugas».x v m una roca. que sabían esbozar a la prim era su objeto: «en sus grandes pinturas. «el éxito estético de esa m ontaña o esa roca resulta por ello m ism o determ inado». aunque hubiese m uchos luga­ res cuidadosam ente trabajados. a pesar de los desnive­ s. por Shilong s. tenían com o principio alcan­ zar el che». a pesar de sus cruces en todos los sentidos. M ientras que las pri­ m eras distribuyen las grandes m asas y form an la estructura general de la pintura. conde­ nable. «expresar cada uno su vitalidad propia». podrá la m ontaña. las prim eras constituyen la «osamenta» del pai­ saje. voluntariam en­ te anatóm ica. podrán los árboles. Recurriendo a la term inología china. las segundas. y las segundas su «musculatura». pues. para fijar su tensión profunda. por ello. que constitu­ ye su dim ensión de «sentido».22 Volvamos.24 Complejos. si las segundas llegan a sustituir progresivam ente a las otras.h23 Acceder al che es capital porque la realidad de las cosas sólo existe —y.XVU les y sinuosidades del relieve. al pre­ cepto de los «antiguos».19Así.21 La operación inversa. al pintar u n a m on­ T an g Z h iq i taña. sólo se m anifiesta— globalmente. hasta el punto de hacerlas desaparecer casi totalm ente p ara la mirada. y sólo después proceder a las F a n g X u n arrugas. Ni siquiera las laderas. no por ello representan éstas en m enor m edida —com o las líneas de vida que recorren el relieve y lo anim an— el arm azón indispensable de la form a.XVTI con los contrastes. conviene hacer surgir prim ero sus contornos. las fragm entan y detallan con vistas a reproducir el relieve. «cautivadoras po r su sim plicidad sin p o r ello ser vulgares». consiste en com enzar dibujando m inuciosam ente rocas M o a p a rtir de cualquier rincón del espacio para luego llegar. «dejar que el soplo pase a través de sus venas». podrán las rocas «resultar fascinantes p o r su extrañeza sin p o r ello ser raras». darán la impresión de desorden. inscribiéndose en el interior de aquéllas o apoyándose en ellas. gracias a la fuerza de propensión que enlaza los diversos elem entos entre sí. pero no confusos: pues ese m ovim iento de conjun­ to corresponde a la «coherencia» interna de la realidad y repro­ 78 .20 Cuando se ha determ inado el che de una m ontaña o s . jugando s. a extensos relieves. Sólo si se capta su movimiento de conjunto (su che) —se nos Z hao Z uo explica con detalle—.XVI «acumulación». a pesar de las irregularidades y el contraste de sus siluetas. la textura y la lum inosidad de las cosas.

los ríos sus «arterias» y sus «venas». a fin de cuentas. cuando se m antiene ergui­ do a plena luz. y. las torres y belvederes. y se m antiene derecha. las ram ificaciones de sus crestas constituyen sus «miembros». la m ano que cuelga parece m ás larga y la doblada m ás corta. puentes y caseríos. Gracias a ella. toda la arm onía invisible.25 Cuando un hom bre está tendido. Incluso los puentes y case­ ríos. las rocas vienen a se rla «osam en­ ta» de la m ontaña. inclinada o tum bada. Por tanto. «comunicando» a través del paisaje. y tem plos y belvederes. De no ser así. se adaptarán a su postura. a través de cada detalle. Resulta tanto m ás difícil captar el movimiento de conjunto que constituye el che del paisaje. Ahora bien. Sin ella.' Y lo que resulta verdadero al nivel de los elementos particulares aún lo es con m ayor razón al nivel de su disposición relativa. basta con que mueva m ínim am ente uno de los pies para que toda su silueta. los barcos y carretillas. con el de la unidad de composición percibida en su función dinám ica. sentado o tum bado. el imperativo del che se confunde. que procede por alternancia y variación. los bosques sus «vestidos». como tensión inherente a su configuración. desde u n punto de vista de conjunto. los persona­ jes y sus viviendas —que tan pronto son m ostrados com o disi­ m ulados—. sus «alhajas». de frente o al sesgo: todas las ondulaciones y desnive­ les de una m ontaña percibida de frente no pueden dejar de concordar. la hierba sus «pelos» y sus «cabellos». toda la pintura puede captarse con una sola m i­ rada «como una única aspiración». todas las partes de su cuerpo. perm anecerán dispersos y extra­ ños unos a otros. Ésta es función de una lógica de con­ junto. así com o su som bra sobre el sue­ lo. cuanto que éste siem pre es particular y depende de la perspectiva. se modifique al unísono. con la fisono79 T ang Dai s . las nubes su «aire». La com paración con el cuerpo hum ano vuel­ ve a ser reveladora: esté el hom bre de pie. con vistas a u n realce a la vez recíproco y continuo.x v ra . para proseguir tan lejos como sea posible —com o les gusta hacer a los críticos chinos— sem ejante analogía. hasta la m enor arti­ culación.duce su «lógica» propia. habrán de resultar desde el com ienzo de ese pro ­ gram a general. cam inando. al igual que tam bién se presta a una lectura atenta y lenta en la que no se deja de sabo­ rear. ya no hay m ás que «remiendo». Pero lo m ism o ocurre con el movi­ m iento de conjunto de la m ontaña según se la perciba de cerca o de lejos. los vapores su «tez».

tam bién nos hace rem ontar —en prim er lugar— a las incertidumbres iniciales de cualquier génesis. todo ese funcionam ien­ to. sino tam bién en el punto secreto de la divergencia donde se deci­ de el éxito o el fracaso: realm ente es. y am bas obedecen al m ism o espíritu. Sólo desde el m om ento en que se ha realizado esa captación intuitiva. siem pre hay u n a cum bre que actúa com o principio rec to r de toda la com posición —destacándose. bajo el influjo de la inspiración y disfrute de una disponibilidad de conciencia especial. Si nos está perm itido verificar des­ pués. p o r así decirlo. Al 80 . abriéndose y com unicándose con él. su precisión. puede dis­ ponerse todo com o se quiera. Pertenece a una etapa anterior y m ás sutil. con otras palabras. es Da posible una construcción de la pintura. el che es «promovido» a p artir del estadio de «lo aleatorio y lo ínfimo»1y se actualiza en el de «la observación y la medida». laboriosam ente construi­ do. m ientras que las dem ás la «saludan respetuosam ente» com o si «la corte­ jasen». a ejercer su eficacia estética). y. a partir del propio cuer­ po. de la creación: el brotar de la configuración dota al paisaje de la fuerza de propensión que lo lleva a existir {i. IV. com o hay una pin tu ra paisajística.. con toda calma. no hay nada. confundirse con lo que sería su plan.m ía de esa m ontaña percibida de frente. im ponente y altiva—. entonces. En lo grande. p ara que pueda «unirse espiritualm en­ te» al paisaje de form a suficientem ente íntim a y capte al instan­ te. ni siquiera el m en o r arb u s­ to o la m enor brizna de hierba. por tanto. en lo pequeño.26Factor absolutam en­ te determ inante de la obra.k si se falla. Hay una poesía paisajística. del cuerpo del paisaje y de sus ram ificaciones de vida.e. todos los rincones son buenos. en consecuencia m ás inaprensible. cae por su propio peso: «cuando se alcanza el movimiento de conjunto [che]. aunque se hagan los mayores esfuerzos imaginables para introducir orden. en China. com o operación más ch°ngguang inte¡ectuai y program ada. Sin esa plenitud excepcional de sus facultades. todo resulta mal». aquello a lo que cualquier pintura de paisaje debe «estar viva». que «no esté atravesada p o r esa línea de vida»:J será necesario que el pintor esté. a la vez tan poderosam ente general y tan sutilm ente capilar. No sólo se sitúa en la bisagra de lo visible y lo invisible. El movimiento de conjunto del paisaje no puede. el «gran che» del paisaje se ha perdido y la pintura carece de vida.

de viaje. sublim ado: am ­ pliando.. concentra el espacio y sólo retiene sus lincam ientos profundos.27 Como la del pintor. «el espacio de un pie contiene u n che de diez mil leguas». la ciudad de Shitou. desde lo alto de una m ontaña —se nos cita com o ejem plo— . según el m is­ m o crítico: W ang Shtzhen s. p or com unicar íntim am ente con él. el suburbio de Fuchun.. «Se cuenta que W ang Wei pintaba b an a­ nos en m edio de la nieve.igual que el pintor. describa un panoram a m ás vasto que el que puede percibirse con precisión."1Quien intente alcanzar su objeto grabándolo con precisión es infiel a ese principio». XVII De Jiujiang los arces: ¿cuántas veces reverdecerán? De Yangzhou los cinco lagos: ¡una sola m ancha blanca! Comenta: «El poeta cita a continuación nom bres de lugares com o el poblado de Lanling.»28 La tensión de lo imposible conduce a la superación de la visión ordinaria. Ya sea que.xvn . la geografía del poeta se distancia de la verdad topo­ gráfica. esos lugares están alejados unos de otros por vastísim os espacios. Paisaje desbordado. poetas y pin­ tores de tiempos pasados sólo retenían lo que aprehendían por m edio de la emoción suscitada y que trascendía la m aterialidad de las cosas. Como el del pintor. el poeta trasciende inm ediatam ente la percepción común. «kilométrica» y prosaicam ente objetiva. el poeta es capaz de cap tar intuitivam ente el paisaje en toda su extensión. el paisaje del poeta se enriquece con su tensión simbólica. No se trata de que sem ejante evocación del paisaje sea ficticia y esté privada de una experiencia auténticam ente vivida: al contrario. a partir del che. en realidad. quiera llegar a u n puerto m ás lejano que el que efectivamente se puede alcanzar. aproxim ándonos esa lejanía imposible. pero lo mism o ocurre en su poesía. cuando.29 Puede llevarse aún m ás lejos. ya sea que. El término che merece que se le pres­ 81 W ang Fuzhi s. así. En general. el poeta reduce la distancia. de alcanzarlo en sus ram ificaciones lejanas y de abrirlo al infinito que lo anim a. A título de ejemplo. abriendo al sueño. al soplo que lo aspira. el paralelism o entre pintura y poesía: Según los tratadistas de pintura. y logra aprehender el m undo en su m ás allá invisible. desm esuradam ente el horizonte.

¿dónde vive? Su sirvienta vive en Hengtang. la esperanza fugitiva —de un es­ quife a otro. escena y sentim iento tan 82 .31 Lo que signifi­ ca que. la reducción de un espacio de diez mil leguas a la dim ensión de un pie vendría a ser elaborar el m apa del m undo que se ve en la prim era página de los libros de geografía . La reducción es extrema. tra ­ bajado. la form a m ás breve de la poesía china. prosigue el filósofo. en todos los sentidos. por una aspiración de conjunto. y. al infinito. es citada com o u n ejemplo privilegiado: —Señor. El «espacio» del que a p artir de ese m om ento se trata ya no concierne únicam ente al que evoca tradicionalm ente un poema. Espacio ideal —de palabra o conciencia—. de una connivencia.. y. sea pictórico o poético.30 Dado que. tam bién él.allá): la extensión inm ensa que separa y diluye. tam bién él.. intenta aprehenderlo m ediante la tensión. en tanto que «paisaje». «el soplo que anim a la tinta llega. el instante de una pregunta). si no se considera la cuestión en térm inos de che. a través de sus líneas de vida. en ese espacio reducido que es el poema.yo. aquí. el tiempo justo para u n a pregunta. el sentido está presente por todas partes». espacial y tem poralm ente (cuatro pen­ tasílabos. La escritura poética actúa por concentración y reducción simbólicas. com o la de la pintura. en los blancos del texto. prosaicam ente proporcional. Pues. por la dinám ica de lo lejano. en efecto. su efecto artístico. la percepción estética del es­ pacio. pero irrigado. de repente. en el río— de un encuentro. ¿Y si fuesen de la m ism a aldea? E n este poema. a diferencia de la reducción cartográfi­ ca. a p artir del lenguaje que pone en acción. precisa­ m ente. de che) que les confiere.te atención. Los barcos se detienen. aquí ... concierne tam bién al espacio poético que por sí m ism o constituye sem e­ jante texto en su propia dimensión. y la cuarteta. los signos que com po­ nen ese espacio se ven dotados de una especie de potencialidad disposicional (sentido. el «soplo» que lo inspira y atraviesa —como atraviesa y hace existir a cualquier realidad— carga todas las palabras del texto de una potenciali­ dad (semiótica) m áxim a logrando desplegarlas lo m ás lejos po­ sible unas de otras (tú .

ha sido objeto.sólo están esbozados. de un m inucioso inventario. y. en particular. Ese arte de la disposición eficaz está muy extendido en la tra­ dición china. 83 . pero resultan tanto m ás pregnantes. de abrir el len­ guaje a un despliegue sin fin. a propósito de las prácticas culturales m ás variadas. tam ­ bién el poema es reducido a sus «líneas de vida». Pero esa con­ centración es tanto m ás capaz de provocar una superación. La tensión entre los signos es extre­ m a y la propensión de sentido es llevada a su apogeo: el disposi­ tivo poético funciona a pleno rendimiento. de irrigar de sentido todos los «blancos» del texto.

.

m anuales y catálogos de recetas. el «arte» —planteando la pregunta del m odo m ás general. Con esas listas. en efecto. po r im por­ tante que sea p ara el dom inio de u n arte. com o el secreto de u n a pericia. cuando ha tenido lugar. las m ás de las veces. la recapitulación. si no es procediendo por enum eración. F ruto de una larga practica. en cada dominio. y es en la época de la gran dinastía Tang (siglos vn-X). una tipología de las disposiciones particulares que han sido reconocidas com o las m ás apropia­ das y que la experiencia ha transm itido de m aestro a discípulo. al tiem po que m ás concreto— si no es cap­ ta r y poner en obra. cam biam os de literatura. toda la eficacia posible? ¿Y cóm o h acer con preci­ sión el balance de sem ejante experiencia. en plural. POR SERIES I. a través del gesto y m ediante la disposición de las cosas. de época en época. Pues.1y ya no sólo sobre su «espíritu» —su alcance m oral o cósmico— . de la configuración del relieve o del desarrollo del poe­ m a. norm alm ente se en­ cuentran consignadas en textos técnicos. Varios che. p o r reveladora que 85 .5 DISPOSICIONES EFICACES. en form a de lista: de la m ano o del cuerpo. y tendentes a la practica. y caso por caso? La función de las listas es establecer. la p rim era época en que los chinos se hayan puesto a reflexionar de m anera más precisa sobre los procedim ientos de la creación. ¿Qué es.

el del pincel.tam bién pueda ser del «genio» de la civilización china. esa codi­ ficación técnica sigue siendo objeto de escasa consideración. al contrario. sem e­ jantes listas siguen poseyendo ese valor iniciático. entrando en contacto con el papel. Cai Yong s. la práctica en cuestión es la de la caligrafía. es indigna de la firm a del letrado: hasta el punto de que algunos de esos tratados se han perdido en China y sólo se han conservado para nosotros en obras compiladas durante las prim eras m isiones de japoneses efectuadas en el continente —por tal m onje ilustre o tal m édico célebre. se m antenga constantem en­ te en el centro del trazado (4). de m anera que se disimule la punta del pincel en el seno del rasgo (3). resum a u n saber anónim o y común. o nos confíe. com o la guía m ás útil. cuando la civilización china está en su apogeo y Japón es aún muy joven— para adiestrar a sus com ­ patriotas. en prim er térm ino. pero ésta tam bién influye sobre el arte pictórico. sim ó . a su m anejo. es objeto de un saber considerado excesivamente pri­ m ario. nueve form as que se considera responden a todas las situaciones posibles de la ejecución. ori­ ginalm ente. lle­ gando a la adecuación y a la correspondencia entre arriba y abajo (1). y las «disposiciones eficaces» conciernen. y la m ás segura. según la técnica de la «punta oculta».2 Lo que. Todavía hoy. en el interior. en hacer girar en un m ovim iento redondeado la p u n ­ ta del pincel para evitar los ángulos salientes (2). para ser elevado al rango de las bellas letras. por fasti­ diosas que en un prim er m om ento puedan parecem os.3 El arte consiste en elaborar bien el carácter. una enseñanza esotérica celosamente guardada. El arte en China es. Bajo el título de los «Nueve che». se rem ata éste m ediante una vuelta m arcada con fuerza (5). un texto presentado com o uno de los m ás anti­ g u o s de la teoría caligráfica tom a en consideración las nueve form as de m anejar desde su extremo el pincel. en el dominio de esas artes. en ir en senti­ do inverso a aquel al que se tiende. o dem asiado empírico. por ello. para los principiantes de fuera. Otras form as de m anejo particulares com pletan esas disposiciones generales: 86 . p o r el contra­ rio. llegando a la term inación del elemento. Lo que corresponde tanto al hecho de «ocul­ ta r la cabeza» cuando se actúa de forma que la punta del pincel. a su vuelta. com o al de «proteger la cola» cuando. tanto al comienzo com o al final del elem ento a caligrafiar. II II.

incluso sin el auxilio de un m aestro. sólo m ucho m ás tarde (principalm ente durante la dinastía Ming) se nos ha con­ servado. las verticales m anteniendo la tensión com o «ocurre con un caballo al que se m antiene suje­ to con la rienda» (9). el del «dragón que vuela agarrán­ dose a las nubes».. Esque­ m a. se com prendería la esencia del arte. enfrente. el que traza las rayas horizontales con la densidad continua de «una cubierta de escamas». Éstos constituyen. del estado de espíritu propio de la posición o paisaje evocados. por así de­ cirlo. a todos los recursos —intelectual. expresión poética: se ape­ la.un m ovim iento «apremiado» (como el del «picoteo» o el «des­ cuartizam iento») (6). del universo del letrado con tanto motivo como la caligrafía. el del «pato solitario que gira el cuello hacia sus hermanos». bajo ese segundo croquis y frente a la explica­ ción. El laúd form a parte. Si la noción de u n «che de las manos» rem onta por lo m enos al siglo vn. en solitario o en p are­ 87 . como si hubiese de vencer una resistencia (8). tam bién. o el de «la fuente que fluye en cascada en un pequeño valle apartado».. una postura animal. en forma alegórica. sim ultáneam ente. finalmente. otros tantos che originales y pintorescos: el de «la grulla que canta a la som bra del pino». el cuadro explicativo de esas disposicio­ nes:4 éstas se presentan allí unas a continuación de otras (dieci­ séis para cada una de las dos manos).. D om inando esos nueve tipos de m anejo —concluye el tratado— se está en condiciones. en China. representación icónica. emocional— y a todos los enfoques —analítico e intuitivo.. o. leyenda. u n segundo croquis evoca. incluso un paisaje natural. Al m anejo del pincel corresponde la digitación sobre las cuerdas. o «suelto». da cuenta. con una punta rápida y con­ centrada (7). u n breve poe­ ma. una form a de m anejar el pincel que da aspereza al trazado. con ayuda de un croquis que expone la posición particular de los dedos y acom pañado debajo p o r una descripción precisa de la digitación. Lo que tradicionalm ente se llam a «boxeo chino» (taiji quan) —que aún se ve practicar habitualm ente. en m anuales. de «sintonizar con el genio de los anti­ guos» y elevarse a la m ás sutil percepción: a través de esos po­ cos procedim ientos. visual. que corresponde a cada uno de los casos. el de «la m antis religiosa que atrapa a la ciga­ rra». m etó­ dico y sugestivo— para dar cuenta de la identidad —a la vez física y espiritual— de cada una de las posiciones. el del «viento que acom paña nubes ligeras».

asegura la vitalidad arm oniosa de todo nuestro ser. en relación con los «cinco elementos» —agua. por parte de los chinos y desde hace m ucho tiempo. un tratado chino de la época Tang (pero que.5 Ocho. m etal y tierra— que. representan. La prim era serie se concibe en relación con los ocho trigram as que (según el Libro de las mutaciones. la serie de los che se concibe m ás específicam ente com o la exteriorización de la «fuerza interior». repeler. las relaciones fundam entales de todas las cosas. desde el punto de vista de su utilización. tira r hacia atrás. Ni siquiera el «Arte de la alcoba» ha dejado de ser objeto. torcer.ja. concediéndosele u n a im portancia prim ordial al aliento. que es ella m ism a la m anifestación dinám i­ ca del «soplo verdadero» y que se representa. retroceder. a la m anera de un «hilo de seda». de una codificación minuciosa. golpear con el hom bro. a p a rtir de una alternancia entre rasgos continuos y disconti­ nuos.7 Esos «treinta che» 88 . torcer hacia abajo. E n el estilo «largo boxeo». com o «enrollada». y ya no sólo de la m ano y la m uñeca. en los parques. fuego. presionar hacia delante. que per­ m ite interpretar el devenir. m antener el centro. la segunda serie. entonces. golpear con el codo. es habitual to m a r en consideración «trece che-». en contraste con las técnicas de com bate que conocem os en Occidente.3 y dispuesta a elevarse en espiral en el espacio: constituyen. retom a elem entos m ás antiguos) enum era exactam ente treinta. al am anecer— se presenta igualm ente com o un encadenam iento de posiciones: del cuerpo íntegro en esta ocasión. po r otra: avanzar. tam bién establecida en térm inos de che. sin duda. de form a conjunta y alternante. al igual que en el m undo. sistem ático y completo. Se tra ta de un «arte» m ucho m ás reciente (los textos m ás tem p ra­ nos de que disponemos d atan del siglo xix). considerando ha­ b er cubierto así todos los casos posibles. en la física china tradicional. y cinco. las figuras de ese «desarrollo». p o r u n a parte: evi­ tar. antiguo tratado de adivinación en el origen de la representación china del universo) constituyen. resulta representativa de u n a rica tradición cultural. u n conjunto de figuras. m adera. Refiriéndose a las posturas del apaream iento. desplazarse a la izquierda. pero cuya lógica. desplazarse a la derecha. que. uno de los m ás comunes. partien­ do del soplo central y desplegándose a través de todo el encade­ nam iento de las posturas.6 En el ejercicio entre dos (el «empuje de las manos»).

Como si. (1). que no sólo sirve com o título para esas rúbricas.reciben otras tantas designaciones simbólicas. el potencial en acción y la capacidad de im pulso. tam bién de m uy antiguo. otras llevan su heterogeneidad hasta el lím i­ te de lo «razonablemente» com patible. Ade­ más. culturalm ente. hasta tal punto parece sum aria y discreta. p a ra form ar un todo completo sin que la propia noción de che. Pero experim entam os cierta desorientación al frecuentar éstas. en el m ism o orden de ideas pero en singular. «el brinco de los caballos salvajes» o «el corcel a galope». O tras tantas expresiones'cuyo aspecto verbal. Los nueve che de la cali­ grafía hacen que se sucedan sin discrim inación casos generales y casos particulares. (2).. T am bién ese derroche de im aginación nos intriga al tiem po que nos fascina: ¿hay que to m a r esas designaciones llenas de im ágenes com o u n a m era decoración em blem ática o ha de leerse en ellas una significa­ ción sim bólica que resulta efectivamente útil para la com pren­ sión? Lo m ás extraño. sino tam bién —lo cual es necesario— de fundam ento lógico de la serie. Nada parece que deba ser m ás neutro. (6)]. los testículos del hom bre: con gran expresividad. que ninguna teoría se justificase aparte de lo que siente 89 . castrar a alguien. com entada ni justificada.b m .]. es «cortarle su che ». y otros. (9)]. que establecer una lista. adem ás. el propio térm ino che designa. sólo se expresan m etafóricam ente [cf. no hubiese que derivar ninguna concepción m ás abstracta del propio cuerpo de la enum era­ ción. algunos son analizados en su lógica propia [cf. es que esas listas puedan b astar en sí mismas. «las m ariposas que revolotean» o «los patos que vuelan invertidos». otros explicados por su uso singular [cf. m ediante su simple enum eración. tam bién to m a­ das del m undo anim al o natural: «el devanado de la seda» o «el dragón que se enrolla». Alineación de los casos. «el vuelo de las gaviotas». por últim o. ocurriendo incluso que un caso contenga en su interior los dos siguientes [(3) contiene (4) y (5)]. a pesar de las variacio­ nes. «el pino que cubre con sus ra ­ mas» o «los bam búes frente al altar». castigo co­ rriente en la China antigua. suele poner en evidencia.. para el usuario chino. m anejo del tabulador. a propósito de las posiciones cor­ porales.. la operación apenas es tal.. sea nunca precisada (a no ser por un núm ero). M ientras que unas son absolutam ente u n i­ form es y regulares. finalmente.

incluso per­ judicial para quien se sirve de él. Pero la cuestión se nos plantea con tanta m ayor fuerza a nosotros que. y en su im pulso propio. ya no sólo de los dedos. según Van Gulik). en la realidad del encadenam iento gestual que hay que producir. la lógica gestual del acorde a ejecutar. de quien ya sólo es lector. y en consecuencia estáticos—. a los que corresponden a través del m anejo del pin­ cel^8 Tam bién se debe a eso que los m anuales de laúd añadie­ ran a la descripción técnica de la digitación. frustran la actividad 90 .intuitiva y activamente. De esas posturas en movi­ m iento (del movimiento). la que nació del indoeuropeo. Pero es justam ente de lo uno y lo otro a la vez de lo que aquí se trata. Resulta significativo a este respecto que la m úsica china no escriba los sonidos m is­ m os. no puede distinguirse arbitrariam ente una «posición» individual del movimiento que de ella resulta al m is­ m o tiempo que conduce a ella. desde el m om ento en que se ejercita efectivamente y uno está form ándose a sí m ism o en el aprendizaje: la cuestión de su explicitación. es porque implica la idea de una inmovilización. sino de toda la m ano.d que recuperan globalmente. los diversos che son caracterizados aparte de los elem entos de análisis gráfico —que se han vuelto visuales. «práctico». sino el m ovim iento gestual que requiere su producción. en el arte de la escritura. com o observam os al comienzo —y ése era. pues la razón sólo puede analizar una disposición petrifi­ cándola. com o la pertinen­ cia del térm ino. el punto de partida de nuestra reflexión—. térm ino. a «tomar» como tal. por pasajera que sea. inútil. inclu­ so. el m ás práctico. desprendida (respecto a su lógica propia). y parece tanto más una al considerarla en rela­ ción a la china). enlaza grie­ go y sánscrito. como tales. las series m u­ cho m ás reducidas de che. por tanto. que. no poseem os equivalente de ese térm ino en nuestra lengua (quiero decir la lengua «occidental». Pero. indicando por separado su volumen. sólo surgiría bajo la m irada descom prom etida. Los traductores —cuando traducen— lo vier­ ten indiferentem ente p o r «posturas» («posiciones») o «movi­ mientos». Que se im pone a la evidencia y se disuelve en el cam po de nuestra atención. com o hacemos hoy. m inuciosam ente descom puesta (de ciento cincuenta a doscientos ejem plos son habitualm ente enum erados. Por eso. a través de los casos. su nivel sobre el pentagram a o su duración. Si la noción de postura resulta insuficiente.

Interviene otra dim ensión (realmente no es otra.). Los encadenam ientos del boxeo chino. precisam ente. se descom ponen en m uchos m ás m ovim ientos de los che que allí se cuentan. etc. La sección constituye en sí m is­ m a un plano fijo. la serie de los che —«evitar». sus fases a la vez transitorias y radicales. a p esar de toda su posible heterogeneidad. «tirar hacia atrás» o «presionar hacia delante». «trece». la tarea del arte. dado que hacen jugar m ás directam ente entre sí oposición y com plem entariedad. el que se inicia apren­ de sucesivamente fragm entos de m ovim iento que no corres­ ponden a esos che.. y cada lista de che viene a ser la serie de los diversos esquem as de esa efi­ ciencia. a la representación gráfica. por ejemplo. y destacan m ás las relaciones de encadenam iento por alternancia. las m ás im preg­ nadas de eficacia. sino tam bién estratégicas. pero lo que en él se lee (se leería) sería la «configuración» propia de todo el dinam ism o em pleado. tam ­ bién.dicotóm ica del pensam iento.. tam poco nosotros seríam os capa­ ces de d ar cuenta. Por ello se las presenta las m ás de las veces. justam ente. e. considerando esas series de che com o otras tantas «congelaciones de la imagen». sino porque se considera que ac­ 91 . Si los trece che del boxeo chino se asocian explícitam ente a los ocho trigram as (como a los puntos cardinales y colaterales). por ejemplo. que consolida la particularidad de un núm ero («nueve». sino sólo en virtud de nuestra incapacidad teórica —la m ism a que antes— p ara captar al m ism o tiem po los dos aspectos de u n a m ism a lógica): esas disposiciones no sólo son dinámicas. Hay una potencialidad inherente a la disposi­ ción cuya captación es. así como a los «cinco elementos».— habría m ás bien de concebirse. com o un conjunto exhaustivo y sistemático. como cuando se habla de «sección» para el dibujo de un objeto que se supone cortado po r u n plano: esas series de che habrían de im aginarse. igualmente. A p artir de ahí. com o otras tantas secciones diferentes efectuadas a través de la continuidad del movimiento. a no ser m etafóricam ente: recurriendo a la técnica cinem atográfica. Pues esas series de che no representan cualesquie­ ra secciones efectuadas a través del movimiento. no sólo es po r afición a la analo­ gía y por tradición retórica. Para lo cual sirve. com o las diver­ sas fases representativas de ese dinam ism o: sus polos sucesivos de plenitud. entonces. sino las que m ejor explotan las virtudes de ese dinam ism o. o. la designación simbólica.

o los «elementos» respecto a la «física»— com o au­ ténticos «diagramas» del dinam ism o en acción (y la noción de esquema m erecería ser desarrollada aquí en u n sentido que nos acercaría —pero. que. realizada justo con la p u n ta de los dedos. la referencia a los hexagram as. tender a una coincidencia cada vez m ás perfecta entre la ejecución gestual del m ovim iento y el propio m ovim iento del pensam iento. el che del «pájaro ham briento que picotea en la nieve» (cuando la m ism a cuerda ha de produ­ cir dos sonidos que se suceden con rapidez):11la im agen que m uestra a un cuervo dem acrado sobre un árbol desnudo. anteriorm ente.. se trata en cada ocasión de un movimiento de conjunto que sólo cabe cap­ ta r adecuadam ente de form a intuitiva y global. en el caso de la pintura de paisaje. a los elem entos y a los puntos cardinales perm ite conferir al trabajo realizado m ediante el cuerpo toda su dim ensión cósmica: im pulsando así las m anos. a la vez naturalista y seductor. en efecto. en el ejer­ cicio del boxeo chino. com o si se diesen picotazos. en cam bio. el m edio y el an u lar puntean juntos dos cuerdas. sino de una sola vez. se vuelve «creador» de estados nuevos. com o tal. devuelve con m ayor facilidad su unidad intrínseca. haciéndonosla experim entar de form a in­ m ediata m ediante el rodeo de nuestra im aginación m otriz.10 Representém onos. un a vez hacia dentro e. im portante desde el punto de vista de la aprehensión efectiva de los che de la m ano sobre el laúd. No m ediante un a operación program ada. por otro. anim al o paisajística. Lo m ism o ocurre con el bestiario que ponen en escena los dem ás tratados. representa adecuadam ente esa eje­ cución rápida y seca. m edido y 92 .. en el interior de uno m ism o. Pero la tran s­ posición. sin duda. «por u n lado. Si en los m anuales eróticos. por ejemplo. el coletazo descui­ dado de la carpa (cuando el índice. Por el contrario. con dos caras. sensible»): es esencial. inmediatamente des­ pués. en un paisaje invernal. con la intención de d ar cuenta de su estatuto de representación interm ediaria. el valor sólo es lejanam ente figurativo9 y reside sobre todo en el placer am bi­ guo del em blem a. para un uso del todo distinto— al del kantism o. picoteando la nieve con la esperanza de descu­ b rir en ella algún alimento. Pues. al igual que. hacia afuera) nos vuelve sensible ese barrido. A la vez. parece. in­ telectual y. es todo lo Invisible lo que impulso conmigo.túan — al igual que las figuras del Libro de las m utaciones frente al devenir.

O. la disposición es arm oniosa.IX-X vuelve para abalanzarse».. el del «tigre feroz agazapado en el bosque». Pero. y los che del texto poético tam bién nos son presentados a través del bes­ tiario im aginario m ás pintoresco. Se para pero no se queda. El recurso al bestiario no sólo nos presenta de m anera más sutil y sensible el gesto a ejecutar. Tam bién nos lo representa. el che de la tortuga sagrada que em erge del agua (cuando siete sonidos son tocados sobre dos cuerdas: pri­ m ero dos. Me inspiro en ella Para describir El roce ligero de los dedos. y sólo com peten a la actividad de la conciencia.. en lugar de hacer presión sobre la cuerda. com o es el caso de la creación poética? De hecho. ¿podrían concebirse del m ism o m odo. de la m ano. luego dos y dos m ás rápidos. los procedim ientos de creación artística que no hacen intervenir ningún elem ento gestual ni físico. a p artir de nues­ tro sentido interno. luego uno final. sólo la roza): expresará. ta m ­ bién.amplio. en su estadio de absoluta perfección. el «sonido flotante» busca­ do. Im aginém onos tam bién. la identidad de trata­ m iento se revela com pleta entre las diversas prácticas. el del «fénix de cinabrio que tiene u n a perla en su pico». el del «dragón venenoso que contem pla su cola». con m a­ yor precisión que cualquier análisis. con alternancia entre el índice y el medio): evocará sin esfuerzo una ejecución breve pero resuelta y regularm ente ritm ada. el dina­ m ism o puro y la eficacia total: en el estadio ideal en el que la m aestría se une al instinto y se transform a en espontaneidad. Un m onje del final de los QiJi Tang enum era diez de ellos de esta m anera:12el del «león que se s. m ás allá de cualquier aprendizaje m etódico y pro­ gram ado. Quiere irse pero no se va. a la vez. en térm i­ nos de disposiciones eficaces. El poem a es: Mariposa blanca al ras de las flores: Alas ligeras. IV. cuando. A con­ 93 . a través del código de la naturaleza. el de la «m ariposa blanca al ras de las flores» (efecto de arm ónico producido p o r la m ano izquierda que. flores delicadas.

.]». se ofrece com o ejem plo un único dístico. anterior en m ás de un siglo. y que comienza así: «Lo lejos que estoy de ti. Para el últim o che. en provecho de la com prensión interior y silenciosa.. sea cual sea el tem a del poem a. nosotros lo sabem os [. es abordado directam ente desde el prim er ver­ so.13Diecisiete che son a continuación catalogados del siguiente modo: Disposición 1: «Mediante entrada directa y al m ism o nivel». el de «la ballena que se traga el vasto m ar». El ejem plo propuesto es el de un poem a dirigido a un amigo que está lejos. en esa decisión «crítica» de sólo prestarse al juego metafórico y poner m anifiestam ente térm ino al com entario. casi perfecto. los dos versos son: ¡En mi manga se ocultan el sol y la luna. otra lista de las disposiciones estratégicas en poesía. la posibilidad de u n a relación (a partir del tem a búdico indicado anteriorm ente: contener toda la in­ m ensidad a escala reducida). en este caso. sin m ás explicación. aún no ha llevado a ese punto la tentación críptica y perm ite orientarse mejor.tinuación de cada uno de esos encabezam ientos. Sobre la palma de mi mano está todo el universo! W ang C hangling s. Ese sistem a cerrado de los diez casos ilustrados cada vez por dos versos (excepto en u n a ocasión: ¿mero «agujero» en el texto o brecha intencional y socarrona?) pone en nuestras m anos un herm oso y pequeño decágono. no sin dificultad. aquí... se da. Muy felizmen­ te. puede m erecer la pena detenerse un poco en ella. el malicioso au to r al vem os m anipularlo. sin duda. y como. Disposición 2: «Mediante entrada en m edio de una reflexión general». con cualquier discurso interm inable. Pues. ya no tenem os que vérnoslas con datos externos —gesto o postura— y todo nos es dado con el texto —que basta interpretar—. Cuando los prim eros versos del poem a «discuten so­ bre la razón de las cosas» desde un punto de vista general y sólo se entra en lo im portante del tem a en los versos siguientes (en el 94 .vni Se percibe bien. Cuando —se nos ofrece como explicación—. sin duda. la voluntad de rom per con cualquier análisis discursivo. pero parecería peligroso querer precisar m ás —«objetivamente»— la función de sem ejante analogía. divirtiéndose.

Más allá de ese límite. de los tres precedentes a causa de la función simbólica. / ¿Cuándo verá la Faz del Dragón?» (La nube solitaria del prim er verso sim boliza al letrado desam parado del tercero. sin relación con el tem a del poem a. no siendo el tem a abordado hasta el tercero).]». por tanto. Ejemplo. Ejem plo de versos de los que el propio poeta —que tam bién es el autor de la lista— nos ofrece el com entario: «Pesadum bre de la separación —Qin y Chu— tan profunda / Del interior del río se eleva la nube otoñal».. pero el motivo inicial se extiende a lo largo de dos o tres versos. El dolor de la separación es tan pro ­ fundo —añade el autor— com o están entre sí alejadas las regio­ nes de Qin y Chu. Ejem plo de un poem a dirigido p or el poeta a su tío. el prim er verso evoca «directamente» (inm ediatam ente) el paisaje o la ocasión. elaboran su plan / Usted. hay que tem er que el poem a pueda «disgregarse y resultar fallido». con seguridad. Disposiciones 4 y 5: El m ism o caso que la anterior. al atardecer. alto funcionario: «Los grandes sabios son capaces de arreglárselas solos / Cuando la ocasión se presenta. el em perador. y la incertidum bre en que se está de verse de 95 . Disposición 3: «Cuando la entrada [en lo im portante del tem a] no se produce hasta el segundo verso.. ha sido dotado por el Cielo [. vol­ ver al Monte... E n este caso. m ás nítidam ente m arcada. Ejemplo de un poem a del tipo «Subir a la m uralla y pensar en el pasado»: «Bosques y m arism as frías has­ ta el infinito / Subo a la m uralla y pienso en el pasado [. / El letrado generoso por el Bien respaldado. si el motivo inicial se extiende a lo largo de cuatro o m ás versos. Disposición 6: «Mediante entrada indirecta a través de un motivo simbólico». la «Faz del Dragón» es.]» (los dos prim eros versos constituyen u n a reflexión gene­ ral. del que el poeta espe­ ra que se interese po r su suerte.tercer. tío mío. del motivo inicial. Cuando los versos iniciales evocan «direc­ tam ente» u n motivo que m antiene una relación m etafórica con el desarrollo posterior del poem a. Este caso se distingue.) Disposición 7: «Mediante im agen enigmática». cuarto o quinto versos). tras un prim er verso directam ente colocado». «En el azul desapa­ rece u n a nube abandonada / Es conveniente. no abordándose éste hasta el verso siguiente. no entrándose en lo im portante del tem a hasta el verso siguiente. Cuando la relación sim bólica reclam a u n suplem ento de interpretación.

Cuando. la emoción de la que es presa la conciencia y que se extiende a partir de ella a través del paisaje. que contrasta con él. Lo que significa que los versos nacen de u n en­ cuentro súbito y espontáneo entre la em oción de la conciencia —que reacciona de una m anera sensible— y las realidades de la naturaleza. si u n verso no alcanza su plena expresión. es preciso que el sentido se despliegue m ás allá de las palabras en lugar de «agotarse con ellas»: las em ociones deben evocarse «de m anera intensa» y de un m odo alusivo. que puede parecernos m uy corriente. elevándose en el cielo. «La lluvia fina —a continua­ ción de las nubes— se retira / La niebla —en la ladera de las m ontañas— se disipa» (este tipo de figura. que se han vuelto transparentes a esa incitación. Disposición 9: «Mediante encuentro inspirado del m undo y la emoción». el últim o concluye el poem a m ediante la evocación de un paisaje que se funde con él. «de modo que el sentido consustancial al poem a siga su curso». Ejemplo: «Recientemente las siete cuerdas resuenan en los al­ rededores / Y los diez mil árboles purifican su sonido secreto / Ahí está lo que vuelve [más] blanca la luna sobre el río / Así com o sus aguas [más] profundas». en el p rim er verso. Ejemplo. (El tañido del laúd evocaría. Disposición 11: «Mediante el realce conjunto». lo am p a­ ra el verso siguiente.nuevo es com parable a la nube que. en particular. Es im portan­ te que el sentim iento expresado por el poem a destaque con la m áxim a intensidad a través del conjunto del texto: po r tanto. el caso cuando. en un verso. es m ucho más raro en la poesía china. Ejemplo: «Las nubes regresan a las paredes rocosas — y desaparecen / La luna ilum ina el bosque escarchado: límpido» (un verso com pleta al 96 . ni una palabra / Sobre todo el paisaje la lluvia fina». el sentido no se ha expresado hasta el fin y de un modo lo bastante nítido.) Disposición 10: «Mediante la riqueza im plícita del últim o verso». De acuerdo con uno de los grandes preceptos de la poe­ sía china. Ejemplo: «Tras la ebriedad. cuyo verso constituye de ordinario un todo autónom o). Ése será. evocando el penúltim o verso el sentim iento del poeta. hay que ayudarlo m e­ diante el verso siguiente. Disposición 8: «Cuando el verso siguiente viene a a m p a rar al verso precedente». m ientras que los versos siguientes describen cómo todo ese paisaje se vuelve sensible a esa emoción. sufre u n bam boleo a m erced del viento. deja que lo penetre y la despliega.

por tanto. pero.otro expresando su otra cara: por una parte. ¡pien­ so en usted! Ese riachuelo [. la luna es verdadera» (es. el caso contrario al precedente: allí se necesitaban dos versos para expresar conjuntam ente un m ism o sentido. Ejemplo: «Pienso en usted — el curso del río» (especialmente cercano al famoso: «Andrómaca. dos sentidos re­ lativam ente dispares). m ientras que aquí un m ism o verso expresa. el flujo del río actúa com o im agen del pensam iento que nos vincula sin cesar al otro). aquí. ha de colocarse luego de form a concreta en u n lugar o u n a m orada. / El perfum e de sófora poco a poco engloba la noche. Ejemplo: «A veces m e em briago de bosques y m ontes / De hun­ dirm e en cam pos y morerales. Disposición 14: «Mediante [realce] del curso cíclico de las cosas». Disposición 16: «M ediante penetración del paisaje en el in­ terior de un sentido abstracto». quebrarlo lue­ go m ediante una evocación del destino. Caso inverso y com plem entario del precedente: un poem a que en toda su extensión sólo fuese u n a descripción de paisaje «resultaría igualm ente insípido». sin que uno se m anifieste en detrim ento del otro. po r otra. que éste penetre en el interior de la evocación de un paisaje para que adquiera sabor». la luminosidad se trasluce de nuevo y se aviva). Lo que significa que cualquier significación abstracta. tras la evocación de u n paisaje. Disposición 12: «Mediante división del verso en dos». expre­ sa r el sentim iento experim entado. sucesivamente. / La luna —sobre la torre— profunda hasta el infinito» (dos versos de «sentido abstracto» van segui­ dos p o r dos versos que evocan un paisaje acorde). Ejemplo: «Las hojas de m orera caen sobre 97 . quebrar luego esa escena apelando a la lógica de la nada» (el segundo verso de­ fiende la opinión contraria al anterior y nos eleva a u n a visión superior). que evoca u n estado aním ico. p o r ello es conveniente. de algún m odo. Disposición 15: «Mediante la penetración del sentido abs­ tracto en el interior de un paisaje». y fundirse arm oniosam ente con ellos. Disposición 13: «Mediante relación de analogía directa den­ tro de un m ism o verso». Resulta evidente que «un poem a no puede expresar continuam ente un sentido abstrac­ to»: «Es conveniente.. «Si se evoca u n sentim iento de aflicción. si se describe el en tu ­ siasm o del m undo po r la gloria y los favores. Ejem ­ plo: «La m a r es pura. el m al tiem po se disipa.]». No se da ningún ejemplo..

/ Cuando el ocaso alcanza su punto extremo. u n a lógica de la contigüidad hace que progresem os hábilm ente de un caso al siguiente: (6) trata de u n a e n trad a en m ateria m ás llena de imágenes que de (1) a (5). / Entonces me confío al Tao suprem o» (aquí. la cuestión del últim o verso interviene ya m ucho antes [en (10)]. «Cuando el últim o verso expresa u n a espe­ ra». el del «amparo» que un verso puede proporcionar al que ¡o precede. Disposición 17'. reflexión sobre la inspiración. / E n m edio del río. contar con ejemplos. hago resonar mi laúd». que sem ejante lista no es m ás que un vagabundeo fácil y concede un excesivo protagonism o a la fantasía? Sin em bargo. sencillamente. Sobre todo. pues una lectura m ás sutil no dejará de descubrir. (10) trata ya del m odo de rem a ta r un poem a porque lo evoca desde la perspectiva de un 98 . m uy especialm ente. solitario. y (7) tra ta de un m odo de la im agen m enos transparente que en (6). M e­ nos tolerable resulta el intervalo que parece separar los diver­ sos aspectos de la creación poética aquí alineados: problem a de la construcción del poem a o el verso. son dos ver­ sos evocadores del paisaje los que van seguidos po r dos versos evocadores del sentimiento). que trataba del caso en que se con­ sidera necesaria una explicación. nada es m enos seguro. § 14). cuando las flores no han abierto. Ejemplo: «De los verdes caneleros las flores no han abierto. y so­ bre todo com ienzo y fin.los caseríos / Las ocas salvajes cantan en los islotes. ostensiblem ente. el lector m oderno se ve sorprendido po r la incoherencia de la enum eración:14 si la lista se interesa m uy pronto p o r los prim eros versos [de (1) a (6)] p a ra concluir con el últim o (17). dos veces [en (8) y en (11)]. volveremos a vemos. una ilación sutil y discreta. Prescindam os de la heterogeneidad relativa de la presenta­ ción: entre los casos com entados y los que no lo están. ¿Será. cuestión de la im agen. al contrario del caso precedente. (8) trata de la oportunidad de un verso que sirva de am p aro porque sigue a (7). estoy solo y espero. A p artir del m arco global de los elem en­ tos constitutivos de cualquier encadenam iento poético. y el m ism o proble­ m a. cf. entre los casos ilustrados po r poem as y el que no lo está (y del que ag ra­ daría. se trata. El poeta se com enta a sí mismo: en la floración. bajo ese aparente desorden. hoy.

con las que Foucault com ienza Les Mots et les Choses): la razón china (pues tam bién aquí hay «razón». la lógica china es la de u n itinerario posible. (11) retom a la cuestión de los dos versos que se com pletan pero m odificándola ligeramente: lo que a p a rtir de ahora cuenta es. que le confiere su capacidad de abstracción y de donde resulta norm alm ente un principio clasificatorio homogéneo. por contraste. de la experiencia de esas listas. atravesando puentes y encrucijadas. sólo es desplegado —y fecundado— progresi­ vamente. m ás bien. desem bocando cada caso en el siguiente y transform ándose en él. que es panorámica.. nada indica que el térm ino che ya no sea m ás que una etiqueta vacía. intentando adoptar de antem ano una posi­ ción de dom inio com o punto de vista «teórico» que regenta toda la m ateria a organizar. luego desaparece tras la colina y reaparece más lejos. que tem poralm ente discurren paralelas a ella o la atraviesan. El espacio de la reflexión no es definido y cerrado a priori. porque reagrupa fenómenos que nos pare­ cen dem asiado diversos: quizá sólo ocurre que todavía estam os dem asiado hundidos en nuestras propias categorías críticas y no hemos adquirido la costum bre de enfocar la actividad poéti­ 99 . y semejante trayectoria en absoluto excluye otras.15 Al final del viaje. conform e a ese balizaje. todos esos m odos implícitos de vecindad. finalmente. a la m anera de Borges. m ediante encadena­ m iento de etapas.acuerdo entre el paisaje y la em oción de la que ya se tra ta b a en (9). sino que m ás bien corresponde al despliegue progresivo del rollo (chino). incluso en (15) y (16). com o en el cuadro occidental. Así pues. el arte delicado de la transición. Aquélla se desplaza m ás bien horizontal­ mente. y no incoherencia o desorden) no procedería del m odo en que lo hace la razón «occidental» (habiendo de tom arse el térm ino de modo simbólico). se ha esbozado u n paisaje: la perspectiva no es allí global y unívoca. dos form as de lógica (uno recuerda las listas «chinas» insólitas. (13) y (14). de un caso a otro. el aspecto de relación interna. al menos. Pero. Sería necesario tom arse el tiem po necesario para precisar aú n m ás ese trabajo discreto de ramificación. cabría concluir.. se ha adquirido una experiencia. y será retom ado en (12). A diferencia de la lógica occidental. en el que un cam ino po r la ladera del relieve (y que confiere a éste su consistencia) aparece aquí.

nuevam ente nos vemos inducidos a conside­ ra r el poem a como u n dispositivo. de un dispositivo semiótico que actú a po r concentración simbólica. Encontram os en el autor de la lista. a la m anera de u n paisaje a escala reducida. el pla­ gio «a nivel semántico» (cuando se repite el m ism o motivo poé­ tico —por ejemplo. pero el sentido ex­ presado po r el motivo es distinto (en un poem a. Pero aquí ya no sólo se trata. com o anteriorm ente. al igual que en otro poético ligeram ente posterior. pero variando su lenguaje). u n poeta pudo escribir: «La m ano sostiene carpas / El ojo acom paña a los pájaros». abundantes referencias al che que vienen a apuntalar esta perspectiva: acaso explicitándola m enos de lo que consideraríam os necesario. el plagio «al nivel del che».vrn poético:16el plagio «a nivel verbal».ca desde esta perspectiva: precisam ente a p a rtir de u n a varie­ dad de «disposiciones» y en el m odo de la «propensión». La disposición poética propia del motivo es la m ism a (contraste entre la m ano y el ojo. la contem plación del vuelo de las ocas salvajes y el roce de las cuerdas del laúd pro­ porcionan al poeta la m ism a satisfacción profunda). m ientras que. V. opone la des­ gracia de las carpas prisioneras a la dicha de los pájaros en libertad. finalmente. en el otro poema. el m ás criticable (cuando se repite literalm ente una expresión de un poem a anterior). en función de su dim ensión ya no espacial. la prim era ventolina que sacude el paisaje en otoño— . Ejemplo: a p artir del dístico célebre —«El ojo acom paña a las ocas salvajes / La m ano roza las cinco cuer­ das»—. Jiao ran Así fue com o se pudo distinguir entre tres m odos de plagio s. el texto poético tam bién ha de enfocarse com o u n disposi­ tivo discursivo. a m anera de obertura a dos poem as:17 100 . Leemos igualm ente en la m ás antigua antología poética de China. Como expresan. entre contacto y visión. pero m odificando el propio sentido del motivo. los diecisiete che. de un m odo general. el m ás delicado: cuando se im ita un motivo poético por su disposición interna. pero no olvi­ dem os que la poética china se niega a realizar una obra abstrac­ ta y m antiene su valor alusivo. proxim idad y distancia). en relación a sus diferentes m odos de desa­ rrollo y encadenam iento. Por tanto. sino tem poral y lineal. así com o a los efectos dinám icos —a la vez de contraste y de conform idad— que de ahí resultan y que le dan vida.

cuyas relaciones para tácticas son. 101 . La expresión remite aquí a una identidad de procedimien­ to. y valga. De lo que resulta que el che se constituye en factor suigeneris de la textualidad poética. p or ello.30 y. en am bos ejemplos. sin embargo. m ientras que la situación (operacional) es distinta». independientes y uniform es.Recojo y recojo bardana. tam bién. Ni siquiera lleno una cesta. y la reencontram os en un texto m atem ático contem poráneo de ese tratado de caligrafía (en el siglo III): «El che es similar. constituye una expresión típica a través de la diversidad de los campos. tam bién se deben tener en cuenta cier­ tos aspectos originales de la poesía china. como factor específico. en cada unos de los casos en dos versos. y. Ya habíam os observado esa fórmula en la reflexión caligráfica: «un m ismo che. dado que opone.6' 8 Distin­ ción sutil pero pertinente: el dispositivo discursivo del motivo ha de disociarse de su alcance simbólico. sea cual sea el cuerpo (forma) de escritu­ ra» (cf.* Pero. su «inspiración» es diferente —considera el crítico—. para reto m arla com paración de Karlgren). en virtud del hecho de que la poesía china no nació de la epopeya: de ahí su reticen­ cia a desplegarse narrativa o descriptivam ente. pues éstos la han influenciado. de u n a tradición poética. determ inantes (en detrim ento de la sintaxis) y la capa­ cidad de expresión braquilógica. y: Todas las mañanas he recogido cañas. en síntesis. en la m edida en que rem iten a dos situaciones emocionales que no se corresponden.19la particu­ laridad. esa identidad de tratam iento se descubre en estado operatorio y m ediante una profundización del análisis. el esfuerzo asiduo de la recolec­ ción a su resultado irrisorio. ¡Ni siquiera tengo un puñado! El che de estos dísticos es idéntico. En prim er lugar. de un * El hecho de que el che se conciba como idéntico a p esar de la diferencia de las situaciones. las palabras de la lengua china vienen a ser otros tantos morrillos o peones. es decir. para penetrar m ejor en esa concepción particular de la naturaleza del poem a. por tanto. especialm ente m arcada (un poco a la m anera de nuestro estilo telegráfico m o­ derno. al igual que de derivación. la particularidad de la lengua china. p. 59). a la vez m onosilábica y aislante: por ausencia de flexión (ni conjuga­ ción ni declinación). en función de sus dos características básicas.

subo a la torre de Yueyang.20 El arte de la escritura. a constituirse en discurso. como un ideogram a desarrolla­ do). el que es capaz de «crear che». o. tam bién el arte del poeta consiste en introducir una relación de afinidad a la vez que de contraste entre dos versos consecutivos (lo que implica. de un dístico al siguiente. i. el m al poeta es caracterizado. com o aquel en quien un verso es «más débil» que el precedente. que radicaliza esa intuición del paisaje: El país de Wu y el de Chu —al Este y al S ur— están separados. al que se ha hecho referencia. en consecuencia. Hoy. Se com prende. que esos dos «elementos» poéticos alcancen una fuerza y una consistencia iguales).gConsideremos. lo hemos indicado. esta célebre octava:21 s. a la riqueza de tensión que enlaza sucesi­ vam ente a sus diversos elementos entre sí. el lago que se extiende en el horizonte / la torre que se eleva en el cielo) y están en connivencia entre sí (la torre de Yueyang está a ori­ llas del lago Dongting: el poeta contem pla hoy desde lo alto de la torre la inm ensidad de agua con la que soñaba desde hacía m ucho tiempo). po r qué el poético chino con­ sidera que el gran poeta. al desarrollo extenso y continuo del período o la frase. Cielo y Tierra —de día y de noche— flotando. a partir de ahí. y el hecho de que pre­ fiera.w ang c h an g lin g Du F u m odo u otro. De ahí la im portancia que lógicamente concede la escritu­ ra poética china —de un verso a otro. el verso chino form a un con­ ju n to cerrado autosuficiente. oí h ab lar del lago D ongting. en cacja dfst¡CO. incluso en el interior de un mismo verso— a la ejecución disposicional del texto. 102 . puede servir de m odelo a este respecto: al igual que el gran principio de la caligrafía consiste en crear una relación de atracción a la par que de repulsión entre los dos elementos correspondientes de un m ism o ideogram a (a la vez «volverse uno hacia otro» y «darse la espalda»). por oposición.. Lo m ism o ocurre con el siguiente dístico.e.v n i O trora. ha de estar en condiciones de «conferir un nuevo arranque al sentim iento expresado po r el poema»f en cada verso. el efecto concurrente de las unidades m ás breves posibles (como regla general. Estos dos versos a la vez se oponen (otrora/ahora. por ejemplo. al menos.

por u n a parte. separados de su contexto. Al m ism o tiem po que el paralelism o es aún m ás íntimo: los puntos cardinales. todo ello define globalmente el universo en su unidad profunda. Incluso los dos versos siguientes. el che precedente está com o interrumpido». p o r otra. se suceden y se transform an: tan pronto un pico se 103 Jiaoran . y la sincronía. O tam bién. la tensión creada por el che se identifica aquí con los efectos de paralelism o. Viejo y enfermo. Irm e en la lejanía — p ara penetrar en vuestro seno.23 La relación contradictoria que une los dos elem entos conti­ guos de la secuencia poética nos la expresa adecuadam ente esta imagen: la oca salvaje echa a volar de espalda pero vuelve la cabeza hacia sus com pañeras. es la alternancia (antagonism o y correlación) lo que constituye el principio de funcionam iento de sem ejante dispositivo. tensión contraria: un m ism o sentimiento. en el caso de la poe­ sía china.-1Como siem pre en la estética china. la separación y la reunión. sino que representa. Tensión de la separación: los otros y yo.1122Pero éste no es un ornam ento retórico del discurso. de sole­ dad. po r otra. a la vez. m uy intenso. los che son distintos: ¿Cuándo.24 Se da. m uestran ese efecto: De parientes y amigos. tendrá lugar nuestra reunión? Quisiera apoyarm e en el viento del Sudoeste. el espacio y el tiem po. se ofrecen com o una ilustración de esa tensión inherente al che poético: Jiaoran Flotando o hundiéndose. continuidad y discontinuidad:1«precisam ente cuando el che siguiente se ele­ va.El contraste es aún m ás rico entre estos dos versos/elementos: entre la horizontal y la vertical. arriba y abajo. u n solo esquife. ni u n a carta. consa­ grados a la evocación de la «emoción». su proceso real de producción. p o r u n a parte. consecuencia de la del «paisaje». el dispositivo discursivo del poem a viene a ser el paisaje contem plado desde lo alto de u n a m ontaña:25 los linca­ m ientos del relieve dibujan vuelta y rodeo. la dispersión en el espacio. Como vemos. Unos pocos versos. entonces. tener y no tener. se enm arañan y se despliegan. como siem pre en China.

en poesía com o en otros ám bi­ tos. es conveniente que el dinam ism o se renueve —p o r diferen­ cia interna. de un polo a otro— para que sea continuo. el poem a en su integridad no debe concebirse com o un «enhebrado» sucesivo (verso tras verso.1526Viene a ser la m anifestación sensible —dis­ tribuida a lo largo del encadenam iento textual— de la inte­ rioridad invisible. com o el río fluye sereno a lo largo de m iles de leguas. tam bién. Por ello le debe la poesía la prim era de sus «profundidades»: «El hecho de que una im presión difusa esté presente po r todas partes (como «vapor» o «vaho») se debe al tipo de profundidad que resulta del dispositivo textual». tanto entre nosotros com o en China. hasta el infinito. Im ágenes de m ean­ dro o desnivel: otras tantas disposiciones particulares que no dejan de encadenarse al m ism o tiem po que reaccionan entre sí (que se encadenan con tanta m ayor continuidad cuanto con m ayor vigor reaccionan). el alcance del senti­ do se desprende de su motivo y se extiende com o u n aura. el che poético con­ siste siem pre en cargar del m áximo de im pulso y dinam ism o el curso del texto. se eleva com o una colum na de hum o.28 El che es el creador de lo que se ha convenido en llamar. com o «peces que se ensartan»). la «atmósfera» poética. Por tanto. A través de ellas. O. Acom paña al m o­ vim iento de la em oción interior y le corresponde.yergue enérgica y solitariam ente p o r apilam iento sucesivo. luego sucede el relieve m ás accidentado posible. tan penetrante como inasequible.127Gra­ cias al dinam ism o que suscita este último. 104 . sino como una variación: «El gran poeta es aquel cuyo che está en conti­ nua transform ación».m29 Pues. Por ser su principio el de la alternancia. según una relación análoga a la que m antiene el lenguaje del poeta frente a su inspiración. no debería considerarse el dispositivo del poem a jiaoran com o un aspecto secundario de la creación.

Si se pasa revista a las artes de China. Las tres articulan su lenguaje a partir de los m ism os principios de contraste y correlación. pintura y poesía se diferencian realm ente entre sí. y hace tam bién posible. y basan en la variación por alternancia el dinam ism o de su despliegue. ¿Se trataría ahí tan sólo de una visión ideológica p a r­ ticular. que ha de ser continuo. en su activi­ dad creadora. uno se pregunta: ¿en qué m edida esas «tres joyas» de la cultura china que son caligrafía. el soplo invisible. puesto que recurren al in ­ term ediario com ún del pincel)? O tam bién: ¿hasta qué punto no es una lógica com ún lo que justifica a esas artes. nacido en los medios m ás populares. en cada caso. lim itada a la clase de los «letrados»? Pero el «boxeo chino». en el len­ guaje del cuerpo. a través de los gestos. la m ism a filosofía: no se propone otro objeti­ vo que el de encam ar. traduce. y construye su encadenam iento com o un desarrollo ininterrum ­ pido — «en form a de espiral»— de movim ientos opuestos.6 EL DINAMISMO ES CONTINUO I. el efecto producido? Las tres tienden a expresar la anim ación insonda­ ble de lo Invisible (en sí y fuera de sí) gracias a la «actualiza­ ción» de u n a «configuración» sensible (del trazado o de las pa­ labras). sólo u n a ruptura en el interior de esa continuidad circular d ará pie 105 . en su principio profundo (no siendo la propia diferencia de los m edios utilizados m ás que relativa.

p o r tanto. gracias a la distancia y bajo el efecto de la diferencia). De ahí resulta. al tiem po que univer­ sal. proporcionándole la posibilidad de triunfar. para intentar seguirlas hasta sus últim as ramificaciones. nos corresponde reconsiderarlas una últim a vez. m ediante el rodeo de las reflexiones particulares que. cuyo principio es binario (los fam osos yin y yang) y su inte­ racción sin cesura (como en el gran Proceso cósmico). no dejando de d ar vueltas alrededor de esa intuición. el sentim iento de u n a unanim idad (la que simboliza. Pues esa evidencia compartida.b seme­ jante continuidad del dinam ism o.1 Pero ésa era ya la concepción que encontrábam os en ac­ ción. Dado que su codificación teórica intervino relativam en­ te antes y. la cultura china nos im pone. condena­ do a la repetición (al m ism o tiempo que conserva la im presión de que algo aún m ás simple y más radical siem pre se le escapa). gracias a esos efectos de perspectivización. bajo cuya im pronta se cae una vez. vuelven a cruzarse entre campos distintos y a reflejarse unas a otras entre «artes» diferentes. Una m ism a representación está. al comienzo. la de una energía original. 106 . lógicamente. tam bién resulta dem asiado difusa y demasiado dom inante com o p ara ser nun­ ca totalm ente explicitada. a p esar de m utaciones históricas considerables. el supuesto com ún. la última significación del che com o tér­ m ino estético: la capacidad de prom over y h acer sensible. al hilo de la literatura crítica. el arte chino de la escritura nos proporcio­ na un ejemplo privilegiado de cualquier dinam ism o en curso. se aborda el m enor comentario «teórico». por tanto. se corrigen y se protegen recíproca­ m ente. pero tam bién paralelamente: intentando tra e r a la luz. II. el Tao): el sinólogo. que su naturaleza lineal lo destina a ser­ vir de registro directo e inm ediato de la tem poralidad del movi­ m iento (un calígrafo nunca puede volver atrás para retocar el trazado precedente).2 Percibi­ da desde el exterior (pues es sobre todo desde el exterior desde donde uno puede hacerse consciente de esa ubicuidad de la coherencia —a falta de vivirla sin m ás—. Por tanto. está. sobre todo. en el corazón de todas esas prácticas. entre los pensadores estrategistas.al adversario. en función de esa energía3 y a través de los signos del arte. desde dentro y de un m odo idealizado. al tiem po que se ram ifican en análisis cada vez m ás finos. Sólo se nos da. la «Vía».

esa conti­ nuidad dinámica se m antiene indefinidam ente activa para quien la contempla: el elemento precedente lleva dentro de sí la expectativa del que lo sigue. que se ejecu­ ta con un solo trazo.17que el pincel se vea. surgido después que los otros.xn . pues. en m a­ nos del buen calígrafo. tam bién el movim iento del pincel. Ya no sólo en­ tre los elementos de un m ism o ideograma. llevado a avanzar sin reparar en obstáculos y que. sino que reclame su prolongación: una raya horizon­ tal nunca lo es totalm ente. en el ideogra­ m a caligrafiado. bajo la aparente discontinuidad de los trazos y los p u n ­ tos.1^ La ininterrupción nunca es voluntaria. de m odo que aquél se vea constantem ente llevado. un ligero desequilibrio del trazado que perm i­ te que éste nunca esté totalm ente inmovilizado ni se vuelva rígi­ do o fijo. está dotado de un excedente de che. sin encontrar obs­ táculo ni atascarse. sino espontá­ nea. y este últim o nace en respuesta al prim ero. para entenderla mejor. VII Jiang Kui s. que exige una pausa. sino tam bién entre ideogram as consecutivos. tanto al nivel del gesto que engendra la form a com o de la form a que se ha vuelto legible sobre el papel. se manifieste el proceso de una generación continua. Es sabido que. que le perm ite avanzar siem pre sin reparar en obstáculos y del m odo m ás eficaz.0*4Y.6 ahora bien. Al igual que la flecha disparada p o r el buen tirador está cargada de un excedente de che que la hace ir recta y lejos. a la que suele oponérsela. la cursiva privilegia la curva. en su estadio m ás ra ­ dical: u n tipo de escritura china. utiliza sobre todo el trazo quebrado. su ligera rectificación o su discreta desvia­ ción traicionan la tensión que la lleva hacia el encadenam iento. encam a de form a m ás específica esa tendencia al dinam ism o y pone el acento en la continuidad.3 El im pulso des­ plegado se comunica de un extrem o a otro. Que el trazado se aproveche del impulso precedente. la «cursiva». en rela­ ción a los dos pies. ésa es la lógica de propensión de la que saca partido. por m edio del dispositivo del ideogram a caligrafiado. a proseguir la ejecución del m ovim ien­ to. M ientras que la escritura «regular».com o devenir. una vez finalizado el trazado.c com o potencial en acción. podemos descubrir igualmente. el arte de la escritura. en el boxeo chino. Según la doble dim ensión de ese arte. Considerémosla. es conveniente m antener siem pre un reparto desequilibrado del peso del cuerpo. por sí mismo.8 El pincel corre de un extremo a otro de la 107 Zhang Huaiguan s. sobre todo cuando no es el elem ento últim o del carácter.

renovándose uno m ediante el otro y ape­ lando necesariam ente uno al otro para com pensarlo. Los ideogram as que se encadenan bajo el im pulso de la cursiva simbolizan. de u n a form a visible y acen­ tu ad a —com o se hace a veces—. Un tren de varias decenas de pala­ bras conjuntam ente enlazadas. unas veces la p u n ­ ta es «incisiva». suelta. u n a «atracción de línea»' (el térm ino técnico que tam bién designa. expresiva108 . el influjo rítm ico no está cortado y. allí donde no hay ni punto ni rasgo en el c arácter de escritura. tanto evolucionan con gracia al son de las canciones com o se golpean el pecho y gesticulan de dolor». otras tantas posturas particulares que se oponen sucediéndose: «como per­ sonas que aquí se sientan y se acuestan. «cuando toda la colum ­ na de caracteres está acabada. el im pulso [che] se prosigue m ás allá» . sólo se percibe. p o r así decirlo. el sentido que lo anim a está finaliHuaiguan m ientras que. Es esa variación constan­ te entre contrarios. por tanto. p o r ta n ­ to.página. la prolongación directa de los que se encuentran en la parte inferior de la colum na precedente: no podía llevarse m ás lejos el sentido ni el arte de la propensión. de uno a otro. en el de la cursiva.11 Pues cuenta m enos la continuidad del propio trazado que la del dinam ism o que lo anim a. y allí se ponen en ca­ m ino. la que hace posible que el trazo siguiente prolongue realm ente al pre­ cedente y éste atraiga efectivam ente tras de sí el trazado si­ guiente. allí donde el trazado no es interrum pido. La cursiva es. tratando elípticamente cada ideogram a y reduciendo al m ínim o su autonom ía. hasta tal punto se ve arrastrado hacia el trazo siguiente. «una zhang vez term inado el ideogram a. la expresión privilegia­ d a del che caligráfico: en el caso de la escritura regular.s9De ahí surgió la tradición caligráfica de «un solo trazado continuo».12 U nas veces la m ano ralentiza. u n a m ism a aspiración atraviesa de u n extremo a otro las colum nas». A cuyo servicio está la alternancia. Ahí ya sólo hay «hebra». que es el m o­ to r de esa vitalidad. y la fuerza se agota. que tanto se dejan llevar siguiendo la corriente com o ca­ balgan al galope.10Los ideogram as que com ienzan la colum na siguiente son. Pero no habría que engañarse en lo concerniente a la n a tu ­ raleza de esa continuidad. otras «difuminada». otras acelera. resultaría fatalm ente insípijiangKui do. aquella cuya capacidad deche está m ás «desarrollada»:h «allí donde el trazo se rompe. E n la juntura. apenas tiene el pincel tiem po de recuperarse.

E xacta­ m ente lo m ism o ocurre en pintura:16 si uno se dispone a hacer que el pincel suba sobre la hoja. si uno se dispone a iniciar un trazado suelto.XVffl . Son ellas las que todavía hacen vibrar juntos. Los diferentes elementos reproducidos están.jl3La au tén ti­ ca continuidad caligráfica es la de un trazado que no cesa de renovarse. las oblicuas. m ediante oscilación de u n polo a otro. y sea cual sea. el mal alum no reproduce la form a exterior de los caracteres. La cualidad de interdependencia y correlación. cursiva o no cursiva (la im itación de los m odelos desem peñando u n papel esencial en el aprendizaje caligráfico). o hacia la derecha si se quiere ir hacia la izquierda). las curvas y las verticales. Recurriendo a su m em oria. Por ello. tanto en sus sinuosidades com o en sus arabescos. R ecor­ dem os que uno de los prim eros che de la caligrafía consiste en ir prim ero en el sentido contrario a aquel hacia el que se tiende. perm itiendo los intercam bios m etabólicos necesarios. ante nuestros ojos y para nuestro infinito goce. en tanto que propensión particular del im pulso que. ni.14 Como prueba. al um'sono. enton­ ces. adem ás. pero no el «influjo rítmico» conteni­ do a través de ellos:15 esa «pulsación» com ún que circula tanto a través de los elem entos caligrafiados com o a través de las venas de nuestro cuerpo y. el tipo de escritura. está ausente en ese caso: falta el factor che.m ente. vinculada tanto a la inspiración súbita del calígrafo com o a la tonalidad del texto caligrafiado. asegura al trazado su capacidad de encade­ nam iento. del m ism o m odo. en el caso del modelo. «las rayas. había logrado conferir a la cali­ grafía. fatalm ente aislados y «dispersos» unos en relación a otros — mem bra disjecta— sin que ya nada. los una. transfor­ m ándose. es conve­ niente inaugurarlo con un trazado cargado (y recíprocam ente). la m ala copia. cada uno de los trazos. y. la «correa de transm isión» en la lengua m oderna). 109 JiangKui Shen Zongqian s. desde dentro. su continuidad dinám ica y la ca­ pacidad de renovación. están siem pre de­ term inadas por la propensión del im pulso [c/-ze]». con vistas a conferir m ayor vigor al trazado (com enzando a dirigir la punta del pincel hacia arriba si se quiere ir hacia aba­ jo. es conveniente em pezar por «crear che» haciéndole bajar1' (y a la inversa). La pintura china se presta a un análisis similar. esencial a la linealidad de una genuina escritura.

como cum bres que se yerguen». sobre la im ­ portancia de una buena circulación del soplo a través del cuer­ po). «es preferible conferir relieve al texto» («como olas que surgen.x v rn Si se quiere que la silueta de la m ontaña realm ente dé la im pre­ sión de d ar vueltas. Incluso el fam oso «trazado con una sola pincelada». sino. que sea suelta y dispersa aquí. inicialm ente. O tam bién.Da C honggu an g s. peñascos y casas— y lo anim a con el m is­ m o rayo de su inspiración. haciendo ondas. en una fase prepa­ ratoria —antes de ponerse a p intar o caligrafiar—. No se podia llevar m ás lejos (bajo el argum ento com ún del «che del pincel») la asimilación entre las diferentes formas artísticas. desde las cadenas m ontañosas hasta el árbol y la roca. árboles. m ayor agudeza. según la física china. según las com paraciones chinas) «manejando el pincel en sentido inverso». sobre la «pulsación» com ún que recorre la composición (como tam bién. pues ésta tam bién tiene «como prioiidad lograr el c/ie». XVII S h en Z ongqian FangX un s . sino tam bién que lo reclame necesariamente tras de s í con tanta m ás fuerza cuanto que es necesario restable­ cer el equilibrio y m antener —m ediante com pensación— la re­ gulación arm ónica. Interpreto: abordar el asunto m ediante un efecto de contraste que perm ita salir a su encuentro y proporcionarle. no literalm ente. para que entonces empiece a «dar vueltas». m ental e interiorm ente: en la m edida en que el che que em ana del soplo vital logra atra­ vesar de un extremo a otrom todo el trazado figurativo —m on­ tañas y ríos. es legítimo que los tratados de pintura pongan el acento. es necesario ir cada vez. debieron su aparición exclusivamente a la acum ulación * Esa m anera de increm entar la tensión preparatoria del efecto no sólo es un principio del arte de la escritura o la pintura. anticiparlo lleno m ediante lo vacío y lo vacío m ediante lo lleno. al igual que en la buena caligrafía. vuelve a encontrarse en pintura. al igual que en caligrafía. 110 . si luego ha de ser plana y serena. Recordem os que. La m ism a fórmula resulta válida para la composición literaria. así. tal y com o inicialm ente se aprende a hacer. en lugar de com enzar directam ente por él. com o si se tratase de cubrir todo el espacio con u n único trazo.1tanto en hueco com o en relieve. Sin duda.60 E n vez de desarrollar prosaicamente el discurso en conform idad con su tema. que caracterizaba la cursiva en su estado final. que antes sea ab ru p ta y tensa.19 Por tanto.18Como en caligrafía. «en el sentido inverso al de su propensión».*17 Lo cual tam bién es válido para la com posición de conjunto: si allí ha de ser densa y detallada. hay que acen­ tu a r el contraste para que un elem ento prepare el otro: no sólo que lo destaque. todos los elementos del paisaje.

n2° Así pues. la inspiración y la espiración). tiem po del «desarrollo». finalm ente. «gobernados p o r el soplo» y enlazados a través de él. a im agen del curso progresivo del año. No sólo el rollo de pintura. la «apertura» comienza abajo y el «cierre» tiene lugar arriba: motivos naturales y construcciones hum a­ nas «abren» en la parte baja. en virtud de «la propensión interna que confiere su im pulso al pin­ cel». todos los aspectos m ás diversos. y sus incesantes m utaciones. «dando la im presión de u n a inago­ table vitalidad». y ese dinam ism o de lo Invisible se com unica a través de las figuraciones sensibles «gracias al che que lo guía». en eso con­ siste el che. «llevando toda la com po­ sición a su compleción. a escalas cada vez m ás reducidas. el del pintor chino consiste en describirla realidad en su incesante proceso. bancos de arena y lejanos islotes «cierran» en la parte superior. Eso es justam ente lo que ilustra la disposición de la pintura en rollo. la parte superior del rollo al otoño y el invierno. estación de la «plenitud». Cada aspecto particular de la representación se inscribe en una lógica general de apari111 Shen Zongqian Shen Zongqian . sino tam bién. la m ism a alternancia de apertura y cierre que le confiere su ritmo vital (siem pre a la m anera del desarrollo tem poral que no sólo hace alternar las estaciones.21 E n refe­ rencia al año. la luna llena y la luna nueva. fuera de uno m ism o.0 La relación es recíproca: el che llega bajo el pincel «presa de la energía invisible».de energía cósm ica y están constantem ente irrigados p o r ella: que. Al igual que el arte de la caligrafía es el de u n a m etam or­ fosis ininterrum pida. se considerará que la parte baja del rollo corres­ ponde a la prim avera. el día y la noche. considerado en su conjunto. su «tendencia a la animación». esa «otra propensión» que vemos por todas partes en ac­ ción. de u n m odo siem pre particular. En el caso del rollo que se desplie­ ga verticalmente. se despliega «naturalm ente» de este modo. «manifiesten». cum bres y nubes. incluso en el m enor detalle de la figu­ ración. el centro del rollo al verano. «en la actualización de las cosas». El rollo «se abre» y «se cierra» a la m anera del devenir cíclico de cualquier realidad (tam bién quien practica el boxeo chino cierra el encadenam iento anteriorm ente «abierto» vol­ viendo a su posición inicial). la época del «recogi­ m iento y el repliegue». sin que nada quede fuera». tanto en la p intura com o en el paisaje. el arte pictórico se lim ita a describir. y. sino que tam bién vuelve a encontrarse a cada paso.

de m odo que «el dinam ism o de lo Invisible nu n ca esté agotado». y sirve de fase transitoria p ara la m anifes­ tación del devenir. la coherencia interna de la realidad. al final del pasaje. a la esencia trágica). sin rebasam iento posible. que de nuevo puede expresarse en térm inos de che: en cada m om ento de desarrollo sh e n y «apertura» tam bién hay que pensar. paralelam ente. Por ello. p o r la tendencia a la renovación. sponte sua.P Todo está en circulación y es atravesado. no se dice «em­ p ezar y term inar» sino «term inar . en particular. el rollo perm ite u n a lectura lineal.empezar». es b' V'VI com o levantar el rem o cuando se está sobre el agua:23 el barco sigue avanzando.“1 IV. la expresión recuerda el Libro de las mutaciones). hay que creer en un fin último. Permite com prender. Ningún comienzo es nunca un puro com ienzo. del m ism o modo.r24 * No es m ás que una «forma de hablar» (zhougshi. separado de éste y com pensándolo: pues el m undo ya está siempre volviéndose otro y la propia m uerte n o es m ás que u n a transform ación. 112 . Pues. para que una visión trágica resulte concebible. en el desarrollo y la «apertura». y la propensión del trazado abraza entonces. La continuidad del dinam ism o que está en acción a t vés del texto literario nos es devuelta m ediante u n a herm osa LiuXie imagen: cuando se abandona el pincel al final de un párrafo. ni ningún fin es nunca un verdadero fin: en chino.* Todo «abre» y «cierra» a la vez. Un texto no sólo existe en tanto que «orden» y «coherencia».6' pero es significativa. y. sino tam ­ bién com o curso y desarrollo. lo que perm itirá a la figuración «poseer en todo m om ento un suplem ento de sentido y vitali­ dad». lo arrastra hacia su encadenam iento. todo se articula «lógicamente» y sirve de tra n ­ sición dinám ica. lo que perm itirá a la figuración «estar en cualquiera de sus partes bien configurada» sin que n a d a «esté disperso ni abandonado». paralelam ente. erigido por la imaginación como una pantalla.22 A la inversa. el texto continúa progresando. com o en caligrafía: cualquier figuración «llega p ara arm o n izar con la precedente» y se disuelve «para dejar sitio a la siguiente». De ah í resulta todo el arte pictórico.ción y desaparición. PeiTnite igualm ente com prender por qué el pensam iento chino clásico (anterior al budism o) no tuvo necesidad de concebir «otro mundo». p o r qué la cultura china está cerrada a lo trágico (quiero decir. Un «excedente de che» lo em puja a se­ guir avanzando. en cada m om ento de term inación y «cierre» tam bién hay que pensar. de u n extrem o a otro. en la terZongqian m inación y el «cierre».

) que.Es tarea de su factura melódica y rítm ica asegurar.xvn . el texto tiende a una continuación y es instado a «rodar cuesta abajo». en prim er lugar. el ritm o tiende en ella a hacer las veces de sintaxis y contribuye directam ente a la comprensión. extrayendo sus recursos de una interacción de los polos (tono «llano» y tono «oblicuo». pues suprim e toda tensión interna. es inagotable: gracias a ella. por otra. puesto que. po r una p a r­ te. por ejemplo. com o tal. en pri­ m er lugar. deben intercalarse en la secuencia del texto para dinam izarla. que actúa com o eje de todo el poem a. los tonos o los ritmos. Volvamos al motivo estratégico del che: «sono­ ridades bien adaptadas entre sí» son com o piedras redondas echadas a rodar desde lo alto de una cuesta.126Análo­ gam ente ocurre a propósito del ritmo. Por tanto. sin que su curso choque nunca ni con el obstáculo de la m onotonía ni con el de la disarm onía. y ya no sólo arm ónica. Un texto bello es. corresponde precisam ente al segundo dístico poner en m ovim iento el motivo inicial al tiem po que precipitar el poe­ m a hacia su desarrollo. sea al nivel de los sonidos. Dos aspec­ tos que son particularm ente determ inantes en el caso del chino. el crítico m enciona los célebres versos ya citados: 113 LiuXie Bwikyó hifuron Wang Shizhen s. etc. un texto cuya interdependencia melódica es tal que su lectura salm odiada cae por su propio peso. y agota la vitalidad. las condiciones de una fluidez semejante. incluso en prosa: los rit­ mos m ás largos.u A título de ejemplo.27 Con carácter general.s25La explotación de las disposiciones recíprocas (entre los sonidos o entre los tonos) crea una propensión dinám ica a la continuidad y es. una vez más. por una parte. como los m ás breves. «concuerdan» con los versos de apertura y.28Versos de transición que. el principio de la alternancia el que perm ite sacar partido de ese potencial. el segundo dísti­ co. la variación. El motivo de los cuerpos redondos tendentes a rodar po r la pendiente es retom ado a propósito de la factura discursiva. será lógicamente eva­ luado en función de su capacidad de che. por otra parte. extensión y brevedad. llevan a su apogeo el dinam ism o del que sacarán provecho los versos siguientes: bastará únicam ente con que el tercer dístico «gire» y que el cuarto finalice «cerrando». la re­ nueva al máximo. En el caso de la octava. po r el contrario. del texto literario. nacida de la dife­ rencia. las palabras de la lengua china po­ seen distintos tonos (y el contrapunto tonal representa un ele­ m ento esencial de la prosodia) y. la repetición ha de evitarse.

Hoy. Ahora bien. la que separaba el pasado y el presente del individuo es elevada a la dim ensión general del curso del Tiempo. las alusiones históricas». que el poem a logre desarrollar sem ejante potencia de propensión no sólo es im portante para asegurar al texto su capacidad dinámica: tam bién es im portan­ te p ara que pueda form ar un todo lógicamente necesario y re­ sulte realm ente coherente. considerando la potencia de contraste y correlación que suscita. en el interior de cada dístico.x v n Ya hem os leído estos versos. Releámoslos ahora en su encade­ nam iento considerando cómo el segundo dístico. tam ­ bién cabe preguntarse. retom ando los elem entos de tensión inaugurados por el prim ero.Otrora. el poem a ha adquirido su máximo im pulso y ya no tendrá sino que evolucionar tem áticam ente desde ahí abordan­ do el tem a de la soledad personal y. Del prim er al segundo dístico. Pues si. el paralelism o. subo a la torre de Yueyang: El país de W u y el de Chu —al Este y al Sur— están separados. los poéticos chi­ nos atribuyen unánim em ente a la vitalidad del «soplo» interior esa capacidad del che poético de desplegar así el poem a. oí hablar de las aguas de Dongting. luego. al igual que pintores y calígrafos. cóm o interfiere ese factor con el sentido del poem a y logra potenciarlo. Si nos lim itam os a «colocar» aquí y allá palabras sin que la conciencia realm ente tienda a expresarse.. de las desgracias contem poráneas. los radi­ caliza y los lleva a su apogeo: la tensión introducida entre la horizontalidad del lago y la verticalidad de la torre culm ina en la del Cielo y la Tierra. de dos en dos.. el cuerpo del poem a «se asem e­ ja rá a un asno asm ático cargado con un gran peso»: su m archa resulta estorbada y carece del che necesario p ara avanzar. Los propios efectos de contraste y correlación son lle­ vados a su plenitud: la inm ensidad de las aguas a la vez separa y reúne. las expresiones rebuscadas. con mayor precisión.): «es 114 . ¡Tierra y Cielo —de día y de noche— flotando! W ang Fuzhi s . separa los orientes y sirve de espejo a la totalidad del M undo. m ediante reactivación y superación.'-9 Algo que ocurre fatalm ente desde el m om ento en que la inte­ rioridad del que com pone no ha sido realm ente movilizada y éste elige artificialm ente un tem a determ inado para decorarlo luego con figuras retóricas (multiplicando «las com paraciones.

de form a unitaria. él es quien llega a expresar —desplegando sucesivamente todo el lenguaje necesario para el poema. propia de la intencionalidad poéti­ ca. «movimientos de expansión y de repliegue» y «hasta el total agotam iento del sentido»— la em o­ ción p rim e ra / Intuición em inentem ente fecunda (y a m editar aú n más: para erigirla en esa noción cardinal que tanta falta nos hace). La fórm ula es lacónica: «Hacer del querer-decir emocional el [factor] principal y del che el [fac­ tor] subsiguiente». de un verso a otro. de m odo tal que cada nuevo desarrollo reactiva su dinam ism o y todo. Apoyarse en ella y potenciarla perm i­ te a la aspiración al sentido obtener la fuerza necesaria para desarrollarse com o lenguaje y expresarse h asta el fin.31 Se comprende. com o transición. ¿podrá alcanzarse nunca el leño?». con ello. para intentar ser m ás precisos (¡aunque la glosa —ante este tipo de form ulación. es conveniente basarse en lo que la interioridad. en su curso. de un dístico al siguiente: a la escala del poem a íntegro..com o querer p artir u n tronco de roble con u n hacha em botada: fragm entos de la corteza vuelan po r todos lados. pues supera cualquier oposición entre el fondo y la form a —distinción abstracta y estéril— y da cuenta. E n eso consiste el che que ya hem os considerado en acción en tanto que dispositivo discursivo del poema.. en tanto que propensión disposicional surgida de esa emoción. del che poético. que la poética china haya po­ dido m ostrarse crítica respecto al culto a los «hermosos versos».xvn W ang Fuzhi . A im agen del «movimiento de conjunto» que da vida a la pintura. tiende a expresar y hacer. excesivamente alusiva— sea tan pro­ blemática!): es la lógica —siem pre sutil y particular— im plica­ da en lo que tiende a producirse com o sentido poético y le sirve de articulación dinám ica." O. en una perspectiva realm ente poética. «m ediante alternancia y variación». a través de «vueltas y rodeos». la de una creación lingüística que sea verdaderam ente eficaz. a partir de ahí. pero. es decir. Un herm oso verso viene a ser una «buena jugada» en el juego del 115 Wang Fuzhi s. de m anera efectiva. de la creación concreta del poema: como propensión en virtud de la cual el texto poético se anuda y encadena orgáni­ cam ente. esa «propensión disposicional» es defi­ nida com o la «coherencia interna». infinitam ente sutil y nunca plenam ente aprehensible. actúa en él.30 Por el contrario. el factor m otor de la expresión. en su emoción.

para conferir todo su im pulso al Jin poema. sino que su continuidad es intrínseca34y constituye la prue­ ba de que una interacción está en acción (entre «emoción» y «paisaje». es que S hengtan s. en «no cam biar nada a la vez en el tem a y la rima». sin embargo. basta con u n prim er verso.236 Incluso llega a suceder que la m era com paración a realizar en­ tre el título de un poem a y el texto que sigue resulte reveladora a este respecto. el herm oso ver­ so hace correr el riesgo de rom per la tram a del poem a. alusiva. en lugar de con­ cordar con el conjunto del texto y favorecer su continuidad. que 116 . sin que tengan que hacer ripios. muy largo (pero no es algo raro en la poesía china). da cuenta. V. incluso si pasan desapercibidas (por­ que pasan desapercibidas). con su propio interior.33Com o la caligrafía o la pintura. que se puede «cortar en roda­ jas». de parte de su herm ano.). de dividir el texto en partes. si una estrofa prosigue otra.32 Su efecto puede parecer sensacional. Puede haber. en poesía. en un único impulso. po r el con­ trario. de dónde procede la propensión dinam itante que está en acción en el pasaje. al hilo del com entario. Tam bién por eso algunos poéticos han estim ado oportuno reac­ cionar contra la costum bre escolar. y el texto puede ejecutar un giro sin que eso suponga un corte. de que un proceso está efectiva­ m ente en curso: no hay verdadera poesía —p ara retom ar el títu­ lo de Eluard— sino «ininterrumpida». A veces. determ ina con precisión. pero tam bién h a sido capaz de lle­ var a cabo un análisis muy m inucioso del funcionam iento de u n texto. y... precisam ente. cada vez m ás asentada. de la situación que se evocará: u n a carta acaba de llegar. de ordinario. po r ejemplo. fácilm ente se la califica de «impresionista». cam bio de rim a sin que ello implique un nuevo desarrollo al nivel del senti­ do. E n particular. No es como un «melón».>35 en otros lugares.37 El título. El arte de los antiguos poetas incluso estaría. palabras y sentidos. y el encadenam iento tiene lugar en ellos de la m anera m ás discreta y «natural». rico en potencia imaginaria.go. La crítica china es. prefiriendo u n a form a de ju g ar en la que las jugadas se preparan con anticipación y resul­ tan po r ello m ás eficaces. También.xvn la prim era suscita el dinam ism o de la siguiente y la prepara. los buenos jugadores desconfían de él. resul­ tando provechoso únicam ente para sí m ism o. el poem a constituye un conjunto a la vez global y unificado que comunica.

aún no se ha m encionado la carta. el género * Quien sólo lee en silencio. el envío del poema. y con los ojos.* Resulta legítimo que sea a propósito de los poem as m ás ex­ tensos cuando se preste m ayor atención a los diversos efectos que contribuyen a la continuidad del dinam ism o. en pri­ m er lugar. «fijada en su envaramiento». así com o sobre el sufrim iento que con ello experim entan los funcionarios locales (entre los que se cuenta su herm ano). el poem a está en condi­ ciones de «ondular en olas sucesivas haciendo que alternen lo vacío y lo lleno»: sin lo cual estaría fatalm ente «privado de che-». y. el poem a tan sólo sería «una colgadura totalm ente anodina»..38 y que se la preste en igual m edida en el caso del relato novelesco. luego. como m uestra de afecto. pero el poem a com ienza describiendo todo el paisaje sum ergido po r las olas. Es conveniente. al contrario. En virtud de este orden poético.62 117 . por tanto. finalmente. Y sólo después de haber evocado la angustia de los funcionarios locales. gracias a la «ondulación» que le confieren los pliegues sucesivos que engendran un ritm o de variación por alternancia. el lector está en condiciones de insu­ flar su propia respiración a través de la tram a del poem a y de com unicar con el ritm o vital de éste. y las dos lecturas deben ayudarse. en el prim er dístico.inform a sobre la desgracia de las inundaciones provocadas po r lluvias torrenciales. el arte con que su a u ­ to r logra dinam izar la secuencia del texto: en el segundo dísti­ co. des­ pués. al igual que para uno mismo y «lentamente» para captar su «sabor invisible». Sin ese arte de la variación —concluye el crítico—. a observar aún m ás de cerca. lo que introduce y da realce a la carta evocada ulteriorm ente. y el poeta responde por compasión. las inundaciones provocadas por las lluvias. «se queda fuera del texto». «efectuando una ligerísim a rotación». El crítico nos invita. m ediante salmodia. como en el arte de la escritura. aú n no se ha m encionado la noticia del desbordam iento del río. llega a hacerse eco de la carta recibida la antevíspera. nos dicen los críticos chinos. la carta del herm ano.]». Pero el orden en que el poem a retom a esos tem as es diferente: evoca. pero el poem a com ienza indicando que «hemos sabido [. adem ás. la «punta del pincel». re ­ m ontando a contracorriente del poema. el sufrim iento de los funcionarios.. salmodiarlo «en voz alta y con un ritm o acelerado» para «captar su che». lo que introduce y da realce al tem a de la inundación con el que continúa el poema.

suscita la sorpresa cuando «el che del pincel efectúa una irrupción repentina». el novelista recurre. arroz y carne. asi­ m ism o. que subraya el contraste. en el m om ento m ás crítico de la narración. Por tanto.Jin S hengtan Jin S hengtan extenso po r excelencia. cómo logra su autor «crear che». en el seno de la narración. sobre todo en China. En efecto. Pero el novelista se cuida m ucho —observa su com entarista— de repe­ tir a continuación que se le trae el vino. sim ultáneam ente. Obsérvese. pide allí vino. Ese vuelco narrativo hace jugar a la vez la oposición (de la agresividad m ás intensa a la am istad m ás respe­ tuosa) y la correlación (la escena hace eco a un encuentro prece­ dente y hace nacer una am istad que se desarrolla en lo que si­ gue). Lo m ism o ocurre. de repente.45 Sacadas del rico catálogo m etafórico de la tradición china. basta p ara «poner en m archa» el desarrollo ulterior.44 En sentido inverso. cuando el novelista se perm ite interrum pir el relato m ediante una intrusión del autor. a lo que sigue una escena de reconocim iento. según el parecer del crítico. y la trifulca resulta previsible. tal com o es co­ m entado entre líneas por el mismo crítico de antes. el arroz y la carne: ese discreto efecto de inmovilización confiere tanto m ás im pulso (che) a la escena im petuosa que sigue. entre lo que precede y lo que sigue? La lectura del célebre Al borde del agua. nos proporciona varios ejemplos. el novelista puede oponerlos entre sí: una breve frase. las im ágenes m ás diversas expresan en ocasiones esa tensión de inminencia 118 . uno de los m ás sensibles de la tradición china. al efectuar este giro:39 dos per­ sonajes se enfrentan y están dispuestos a arrojarse uno contra otro esgrim iendo sus arm as. el novelista crea la espera: m ediante u n efecto (che) de «sinuosidad extrem a del hilo de la n a rra ­ c ió n » /42 incluso valiéndose de una simple re p e tic ió n /43 Ejem ­ plo: uno de los héroes entra en una hostería sin blanca.b‘41 Para reforzar el vínculo dinám ico que une el relato presente con el desarrollo ulterior. a dos m e­ dios contradictorios para conferir dinam ism o a su relato: por una parte. para tender el vínculo que u na el relato presente al episodio precedente. uno de ellos cree reconocer la voz de su adversario.*40 por otra. cuando. en radical rup­ tura con la escena inm ediatam ente precedente. por ejemplo. prepara por anticipado la narración para el desarrollo po r venir «ocultando en ella un che de arco tenso o de caballo dispuesto a saltar». ¿en qué consiste el arte del relato si no en lograr suscitar la m áxim a ten­ sión.

com o el del calígrafo. se trata. el novelista tanto «aprieta» com o «afloja». pero en esta ocasión como arte de la peripecia. que causó la m uerte de su m arido tras haber com etido adulterio. observa el com entarista. Se produce un altercado y los dos contrincantes van a pelearse. Entonces. «como el viento que se levanta y las nu­ bes que aparecen». ante todos los vecinos am edrentados. y cualquiera que sea la obra conside­ rada.suscitada po r el che novelesco: «como una cum bre extraña que vuela a nuestro encuentro». resulta un «excedente de che» que «impulsa el pincel».» Las copas pasan. y con toda lógica. echa el guante a su cuñada p ara reprocharle su crim en.54y el relato no deja de atra­ vesar «altibajos»/ Por tanto. «como un p u ra sangre que baja la cuesta al galope»:50el suspense es extre­ m o y la narración resulta proyectada hacia delante. el viento que llena la torre». de la variación po r alter­ nancia.55 Cuanto m ás logrado resulta el m on­ taje. luego la luna se eleva en el cielo. Con ca­ rácter general.47 «como la lluvia que viene de la m ontaña. que asegura la renovación del dinam ism o. con la continuidad y la discontinuidad. «Enredo-pausa-reanudación»: «el che del pin cel—obser­ va el com entarista— cocea y brinca extrem adam ente». sencillamente.46 «como un plato con bolas que saltan por el aire». En la conducción del relato.. u n a vez más. a lo largo de toda su narración.52 el tem a abordado es aquí m ás am ­ plio. a la vieja alcahueta que participó en el crim en. Entonces es cuando prosigue: «Señores. m ás discretam ente oculta —al hilo del texto— está la dis­ posición a provocar la continuación en los m enores detalles.53 lo inicialmente tratado de un m odo enseguida lo es del m odo contrario.3' «Bebamos prim ero — propone su anfitrión— y esperem os que salga la luna.. el pincel del narrador juega hábilm ente. Ejemplo: uno de los héroes debe vengarse de su cuñada.48 «como el cielo que se desplom a y la tierra que se quiebra». pero tam ­ bién ha puesto a sus pies. allá m ás lim itado. y el arte del relato es llevado a su apogeo. Con carácter general.49 O tam bién. cuando el nove­ lista logra hacer oscilar el hilo de la narración dentro de la m is­ m a escena es cuando la tensión que lleva al encadenam iento es m ás intensa. en prim er lugar. Por lo tanto. pero em pie­ za por increpar a la vieja: de ese «encabalgamiento» entre una y otra. ¿y esa refrie­ ga?». el hecho de que el novelista logre «provocar cierta pro­ pensión al im pulso —m ás che— en beneficio del desarrollo ul­ 119 .

son «como una página». el che del texto consiste. A im agen de la m anipulación adivinatoria de la serie de los hexagram as. El desarrollo del relato novelesco.. No cabe sorprenderse. a la vez. por tanto. com o en otros lugares. conti­ nua y discontinua: continua (cf. disconti­ nu a (cf. encontram os allí episódicam ente. p o r otra parte. Diversas razones han convergido en ese sentido: por una parte. tan apreciado p o r la caligrafía com o p o r la pintura. m ediante «inversión o v u elco » / Luego.. po r su parte. «desplegado». con naturalidad. y «cien capítulos son com o u n capítulo». XVIII terior»f constituye una «técnica esencial de la com posición». salva a la novela de la «obscenidad» que. para que la m ism a inspiración pueda atravesarla de u n extrem o a otro. antes que nada. incluso en varios volúmenes. al tem a de la «pulsación» com ún y su «influjo rítmico». está constituido desde sus orígenes po r partes distintas). gracias al im pulso unitario de su soplo. nacida después de otros géneros y com puesta. se concebirá de acuerdo con el modo de enlace m ás íntimo. entonces. por tanto. la nove­ la china. las nubes). éste se prolonga a través del episodio siguiente. explotando a fondo los recursos de lo m ism o y lo otro. la «de las nubes que cortan trans­ versalm ente la cadena m ontañosa y la del puente que atraviesa el torrente»:57 la textualidad novelesca debe ser.59 Incluso una form a de arte tan tardía (en relación al largo 120 . es con la novela com o la crítica literaria china descubre los problem as específicos del género extenso y. tam ­ bién es ella la que. en lengua vernácula. para evitar u n a acum ulación aburrida. de que la teoría china de la novela haya insistido tanto en la im portancia de la conti­ nuidad dinám ica: se considera que fue ésta la que dio valor al relato novelesco respecto al relato histórico (que. la de «la ondulación que sigue al oleaje. la lluvia ligera que sucede al aguacero»:58 gracias al suplem ento de che abundante al final del episodio. a im agen del de la octava: se vuelve. en la capacidad de transform ación de éste. el de la renovación del interés. E n prim er lugar. según el parecer de letrados pudorosos. Una m ism a inspiración atraviesa el con­ ju nto de la novela de un extrem o a otro.56 E n su reflexión de conjunto sobre ese arte. el puente). sólo pudo obtener el re­ conocim iento de los letrados favoreciendo sus concepciones críticas. «reflejado» y «bamboleado» po r él. los teóricos de la novela no han podido dejar de evocar estas dos reglas com ple­ m entarias.M ao Zonggang s.

sim bolizada por el dragón. 121 . y vinculados a la propagación búdica). no pudo es­ capar a la visión com ún desarrollada e im puesta por toda una cultura. sin duda. encadenándose m ediante on­ dulación rítm ica: la m ism a que ya se encontraba inscrita en el im aginario más antiguo de China. la del proceso en curso. pero seguram ente orales y populares. al tiem po que tan diferente p o r sus orígenes (oscuros.desarrollo de la civilización china).

.

m ediante oscilación. en su conjunto. el cuerpo del dragón y que. de u n polo a otro. en un único impulso. 123 . difundiéndose. Unas veces se retira al fondo de las aguas. El sim bolismo del dragón es. caracterizan el dispositivo estético. al que no cabe inm ovilizar ni aislar. se enrosca p ara avanzar mejor: im agen de todo el potencial conferido a la form a y que no cesa de actualizarse. y que escapa al d om i­ nio: es la im agen de un dinam ism o que nunca se reifica y p re ­ cisam ente por ello se vuelve insondable. y su m archa no es sino una ondulación continua: im agen de un im pulso que siem pre se renueva. en China. uno de los m ás ricos que existen. confun­ diéndose con las nubes y la brum a. Tensión en el seno de la configura­ ción. Finalm ente. el dragón hace que bajo su im pulso vibre todo el m undo entorno: ofrece la im agen de u n a energía que. sin form a fija. entre las m ás esenciales. otras se precipita a la cúspide del cielo. Ser siem pre en evolución. intensifica el espacio y se enrique­ ce con esa aura. sirvieron para ilustrar la im portancia atribuida al che en el proceso creador.C o n c lu s ió n n EL MOTIVO DEL DRAGÓN El cuerpo del dragón concentra la energía en su com badu­ ra. Pero m uchas de sus significaciones. transform ación inagotable y poder de anim ación: otros tantos aspectos concurrentes que encam a. variación por alternancia.

X ral» —que se apoya en la inm ensidad del vacío— «hasta la Vía láctea». efectuar el trazado demasiado rígido y sin suficiente ondulación. el punto donde las influencias benéficas son m ás a b u n ­ dantes. el movimiento iniciado en un sentido ha de reclam ar. «como un dragón».c2 La tensión dentro de la configuración tam bién la expresa m ediante el tro n ­ co enroscado del pino solitario que se despereza hacia el cielo: con su caparazón de vieja corteza. el geom ántico percibe una acum ulación de la vitali­ dad.IV relieve:3' las ondulaciones de ese cuerpo sin fin son las «líneas de vida» (che) por las que no cesa de circular. el dis­ positivo de la figuración accede con absoluta naturalidad. a tra ­ vés del árbol o el relieve. «curvándose y desplegándo­ s. lo que encontram os inscrito en los pliegues incesantes del s.I. Preocupado por captar en profundidad esos influjos cósm i­ cos y. pues ahí ya no hay más que u n en m arañ a­ s. p o r el contrario. m ediante una vuelta en sentido inverso: la sinuosidad del tronco que así se yergue es. a su m áxima intensidad. a la m anera del soplo a través de sus venas. el curso sinuoso de una cadena m onta­ G uK aizhi ñosa: ahí está. vigorosa como el cuerpo del d ra­ gón. allí donde el declive se encorva. yin en el seno del yang y yang en el seno del yin. el pintor chino tam bién se ve llevado a privi­ legiar. totalm ente cubierto de li­ J in g H a o quen. desde donde m ejor pueden expandirse y prosperar. Incluso antes de que sirva de m odelo a la obra de arte. la m ás sencilla posible. de u n extrem o a otro. bajo el efecto del che.b E n la com badura de ese cuerpo. su cuerpo se m etam orfosea constantem ente sin 124 .IV se». elevándose entre las rocas. su propia superación. Es él lo que contem plam os en las curvas y sinuosidades del p aisa­ G uo Pu je. se reduce a u n trazado de energía en movimiento: alcanzando ésta. pues entonces falta la im presión de vida. por sí mismo. llevado a acentuar la expresión del dinam ism o a través de su paisaje. quien quiera expresar el im pulso altanero de esos árboles ha de evitar dos defectos: atenerse exclusivam ente H a n Z h u o al juego de las curvas.4 P or el contrario. en la com badura ha de condensarse toda la fuerza replegada del despliegue futuro. a la vez. la energía cósm ica. el cuerpo ondulante del dragón nos envuelve por todas partes. II. El dragón es. por tanto. eleva su «cuerpo de dragón» «en un movim iento en espi­ s.XH m iento de sinuosidades. o. en el que ya no hay fuerza.5 Pues la forma del dragón. entre sus motivos. entonces.113Por ello.

po r contraste con la arquitectura equilibrada de la escritura regular. a intentar em briagarse. característica de la escritura cursiva. lentitud y precipitación: «el che Wang Xizhi de la figuración tiene un aire de dragón serpiente. nuevam ente lo abandona y. abandona ese motivo p ara abordar la evocación de la fragua cuyos golpes ya se oían.66 hace que alternen grandeza y pequeñez.8 Un monje libertino baja de su m onasterio al valle de donde le llega. se lee la ins­ cripción de una hostería. se provocan y precipitan m utuam ente: cada uno de ellos es «plantado de antem ano» com o una semilla «de la que ya no habrá.X VU gón que se acerca enfurecido». y todo se s . antes de desarrollar con m ayor extensión este segundo tem a.m vincula en él sin interrupción: tan pronto se eleva com o se incli­ na. nervioso y m usculoso. ahí lo tenem os llegando a la fragua de donde procedía el m ido de martilleo. como hem os visto. que es. Como en un perpetuo «ida y vuelta». interrum piéndose uno a otro. m ediante u n segun­ do vuelco. Del pasaje siguiente. Tam poco ca­ bría sorprenderse. Ambos tem as. ondulante. luego. Lo m ism o ocurre. con la escritura n arra­ tiva: sólo la variación por alternancia le asegura su propensión al encadenam iento. luego. El n arrad o r —observa el crítico— se concentra prim ero en el tem a de la glotonería del m onje y.'7 Como en el caso del dra­ gón. por tanto. sobre la puerta de u n a casa. evoca incidentalm ente el ardiente deseo de com ilona que tiene nuestro hom bre. m ientras cam ina. sólo la oscilación perm ite avanzar siem pre y la energía se renueva por transform ación. Pero esas escasas líneas sirven de in­ troducción al doble desarrollo que sigue: el m onje va a encargar arm as y. H am briento y ardiéndole la garganta. de que la capacidad de im pulso ininterrum pido. al lado. fatalm ente. «mediante un prim er vuelco». sino que recoger los frutos». aquí asciende y allá desciende». pero. en térm inos de che. por ejemplo. Un flujo «sereno» y «uniforme» sería contrario a la reactivación espontánea del im pulso y con­ duciría.nunca agotarse: no cabría im aginar una encam ación m ás bella de la alternancia com o m otor de la continuidad. sea norm alm ente referida. El trazado corre sin fin. ulteriorm ente. al cuerpo móvil del dragón. un críti­ co literario ha podido decir que «el che del pincel es en él m ara­ J¡n hengtan villosam ente sinuoso y ondulante» y com pararlo con «un dra­ Ss. a rupturas: cualquier «uniformidad» es «mortal». Osci­ 125 . un rui­ do de hierro golpeado.

«es el de dos dragones enlazados».. resultó cóm odo repre­ sentarla m ediante desdoblam iento. evocando u n a tras otra la situación de cada uno de los dos protagonistas. desde el día en que lo abandoné tras la com pra del sable. en función de las dos oscilaciones enm arañadas. O tras cinco secuencias siguen todavía. se verifica. de un m odo m ás general. en este caso —según el análisis de Jean-Pierre Diény—.Jin Shengtan lando entre uno y otro. desde el mo­ m ento de su separación. Lo que. / Desde el m om ento en que recibió su condena. «más bien que el conflicto». es com o si «los dos dragones de repente encajasen uno en el otro». / pero no conseguí encontrarle en las inm edia­ ciones de la prefectura (3). y desem pe­ ñ an la función de un dispositivo dinam izador. cuando por fin se evoca su reencuen­ tro. / Me enteré de que había sido desterra­ do a Cangzhou. todo el desarrollo. / no he dejado de pensar con pena en su sufrim iento (1). como dispositivo textual. a pro­ pósito de cualquier form a de inciso o de paréntesis en la tram a narrativa:9 intervienen para que la narración no se envare en la uniform idad. se ve arrastrado po r u n balanceo con­ tinuo: H erm ano.10Se encontrará un a her­ m osa ilustración de ello en el com entario m inucioso que el m is­ m o crítico literario dio de este pasaje:11 dos am igos vuelven a encontrarse tras m uchas desventuras. La exposición se desarrolla mota proprio. en las que cada vez el tem a del «otro» es «completado» por el tem a de «uno mismo»: «el che de la narración». en la form a de dos drago­ nes emparejados: el motivo de los dos dragones enlazados o dispuestos pies contra cabeza es frecuente en la iconografía china antigua y. y el dinam ism o es reorienta­ do cada vez m ediante alternancia de un polo a otro.. en el interior de la relación sim bólica. de un mo­ m ento al siguiente: el reencuentro con que concluye el relato es tanto m ás esperado. transform ando un tem a en otro.^ y. / no m e fue posi­ ble venir en su ayuda (2). Para evocar m ejor la alternancia dinám ica que encam a el cuerpo siem pre en evolución del dragón. y el discurso que uno de los héroes dirige entonces al otro. «la colaboración» prim a. bajo el im pulso de ese 126 . sino que perm anezca ágil y anim ada. p o r lo demás. esas pocas líneas de introducción ganan en im pulso narrativo.

sino que. se eleva en el cie­ lo [. está cada vez m ás desconcertado bajo el efecto de ese dinam ism o. el desarrollo del poem a es­ capa a cualquier dom inio prosaico del lector. el dragón carece de form a fija. que siem pre salta. Lo m ism o ocurre tam bién en poesía. Al anim al que cam ina. al que vuela. sé que p u e­ de volar. puede capturárselo con u n a red. Al térm ino de su en­ trevista m em orable con el anciano m aestro taoísta Laozi. Confucio habría confiado a sus discípulos: «Del pájaro. el Tao. hacia el desenlace. se propulsa por sí mismo. que puede nadar. sobre todo cuando su desarrollo es extenso (lo que resulta m ás bien raro en la poesía china clási­ ca): a fuerza de variar ondulando. con u n a flecha co­ nectada por un hilo.14 Ése era. el artis­ ta ha expresado la abundancia infinita de la vida. frustra cualquier inmovilización tem ática y se vuelve inaprensible. adem ás. que puede cam inar. Tan pronto aparece com o desaparece. el poem a (de m ás de un centenar de versos) en que el a u to r evoca la «larga m archa hacia el norte» que lo devuelve a DuFu su fam ilia tras los grandes disturbios que acab an de sacu d ir s. Cuando dibuja pinos. IlanZ huo tam bién. Pero. Testigo de ello. III. tan pronto se despliega como se repliega: «en cuanto a su apariencia.. VIH C hina:17 127 .movim iento ondulatorio. respecto al dragón. com o ya com probam os. el ideal del pintor. «unas veces d rag ó n y otras serpiente». el ideal del estratega: re ­ nueva constantem ente su dispositivo.] Hoy he visto a Laozi: ¡se parece al dragón!». del pez. con u n a caña. del cuadrúpedo. nadie puede controlar sus variaciones». Dado que no cesa de transform arse. no podría m aterializarse en una configuración de­ finida. apoyándose sobre el viento y las nubes. «el dispositi­ vo [che] es tan variado que el aspecto de todas esas tran sfo r­ m aciones se vuelve insondable»:hl6en el árbol-dragón. Ése es. Según un dicho antiguo. al que nada. con fuerza. nada puedo sa­ ber. No es sólo que el adversario nunca pueda al­ canzarlo.12y por ello se le tiene p o r un ser divino.. el dragón sería estim ado «porque no se deja capturar vivo»:13es tan imposible de a tra p a r definitivam ente com o la propia Vía. y «nunca tiene una form ación fija».15lo que le perm ite no estar nunca donde se le espera y no dejarse reducir ni inmovilizar.

] Desde lo alto de la cuesta.] Jin S h en g tan El espíritu de la poesía china —y se trata de uno de los as­ pectos en los que m ás se distingue de nuestra tradición clási­ ca— está en no ser ni descriptiva ni narrativa: de lo que debería ser aquí un «relato de regreso» sólo m antiene la reacción de la conciencia. deslizada entre dos versos.. de vuelta ju n to a los suyos. perm anece ansioso. en Tongguan: Desaparecidos. encierra una rica intuición de la poe­ sía. contemplo Fuzhou: Cum bres y vallecillos emergen y desaparecen uno tras otro. Pues el motivo del dragón-poema. pero he ahí que. se sustrae a cualquier do­ m inio y señala un continuo m ás allá. el dragón puede per­ m anecer fascinante en su extrañeza. en un sentido y luego en otro. sin atascarse en ninguno. la cuestión personal y familiar es totalm ente dejada de lado». Los búhos graznan en las moreras descoloridas. Las m usarañas saludan a la entrada de sus m adrigueras. y «nada más abordarse el gran tem a políti­ co. al que se vincula la im aginación del crítico.. La variación po r alternancia que se contem pla prim ero m odelando el paisa­ je —cum bres y vallecillos encadenándose hasta perderse de vis­ ta— vuelve a encontrarse en la ondulación sin fin de los m oti­ vos: entre la im paciencia de uno y la lentitud del otro. y de ahí que evoque los «huesos blanqueados». Ya he llegado a la orilla del río Mi criado aún está en la cim a de los árboles.. Y el crítico añade: «Viendo el che del pincel ir. entre la evocación del paisaje atravesado y la em oción experim entada. entre el destino personal que evoca la m archa solitaria y el dram a colectivo ilustrado por el cam po de batalla. Renacerá con naturalidad a continuación. abrum ado. vuelve a pensar de repente. el poeta. Según su com entarista. Miles de soldados. entre la serenidad del m undo natural y la inquietud del m undo hu m a­ no. se pensaría realm ente en la m archa ágil y sinuosa de un dragón: ¡imposible pon erla m ano encima!»' Esa reflexión. m erece ser desa­ rrollada.. en los recientes desastres m ilitares.[. atravesamos u n cam po de batalla: La luna fría ilum ina los huesos blanqueados. al m ism o tiem po.. El poem a discurre sinuoso entre todos esos contras­ tes. sólo registra su oscilación continua. o. así. No adoptando nunca una forma fija. tam bién.. ¡todo se ha desm oronado de repente! [. Pero lo m ism o ocurre con 128 . E n plena noche.

en otro lu­ gar. no cesa de resurgir de improviso y de fru strarla expectativa. la conciencia lectora es inm ediatam ente desviada. con arm as e im pedim enta. el discurso poético revela ser un proceso de conversión continua. «el che del pincel no perm ite que se le ponga la m ano encim a y nos m antiene en la incertidum bre». nuevas bandas se unen a ellos. no puede limitarse.. por imprevisible. esbozados como otros tantos relám ­ pagos.19 Lo que equivale a decir que el relato escapa en cada ocasión para volver a partir con m ás fuerza. y siem pre m antie­ ne intacta. bajo el efecto de ese dispositivo. hechizado p o r ella: con la m irada clavada en esa indeterm inación que no cesa de correr de página 129 A l borde d d agua J¡n Shengtan . Llevada por ese vaivén continuo. lo vago y lo infinito. desde que com ienza a fijarse y pararse.]». com o u n dispositivo para producir superación: a través de todos los zigzags de su ondulación.. el poem a abre a lo inefable.el poem a que. del ritm o constantem ente nuevo de nuestra emoción. Incluso po­ dría definirse con toda sencillez el poem a. Sigue. siem pre en la m ism a novela. entonces. en el m om ento de irse. el lenguaje del poem a escapa a cualquier pesadez del sen­ tido o cualquier inercia de nuestra atención. com o antes ocurría con el poema. a través de sus sinuosidades sin fin. siem pre con tan­ ta fuerza. El efecto de inaprensibilidad es tam bién im portante en la narración novelesca. se vuelve tanto m ás ágil y disponible p ara cap tar y hacerse cargo. nacido del rebote de las peripecias. Aquí están. su jefe exclama de repente: «¡Alto! ¡No podem os p a rtir de este modo!». Por ello puede a rrastrar al lector. y que su poder de ondulación. el a u to r recurre a un cam bio repentino —so­ bre la m archa— de m odo que el lector ya no sabe dónde se encuentra la cubierta de escam as [. Cuando. colgado de su hilo. en ese sentido. y se dispo­ nen a reanudar juntos la m archa. sin nunca m antenerse uniform e ni echarse por tie­ rra: porque su desarrollo nunca consiente en constituirse en tem a y. este com entario:18«El che del tex­ to que relata el trayecto es com o un dragón que se precipita al mar: al llegar ahí. arras­ trándolo su dispositivo a una continua superación. Igualm ente. para ser arrastrada m ás lejos. D urante el cam ino. Precisam en­ te por ello. nuestras tropas de gentes al m argen de la ley de cam ino hacia las m arism as de los m ontes Liang. reacciona constantem ente a su pro­ pia palabra. Así. la narración novelesca nunca term ina de m etam orfosearse. su potencia ofensiva. en su curso.

La relación intensa que une la superficie de la hoja a la on­ dulación vigorosa que la recorre. representar el cuerpo del dragón atra­ vesando las nubes. Sem ejante interacción es esencial y se lee de cerca: corresponde al motivo de las nubes atraídas desde todos los horizontes en tom o al cuerpo del dragón evocar esa intensifica­ ción del espacio atravesado por la corriente de la escritura. ya nos lo decían los legistas pensando en la posición del prínci­ pe. con una única tensión vital. Apareciendo fugitivam ente aquí o allá. para ab rir u n a vía a la aventura. Constituye un lugar com ún de los poem as que celebran ese género de caligrafía m ezclar de ese m odo nubes y dragones: Alrededor del m onte Langfeng las nubes evolucionan innumerables.en página. sino el espacio cósmico íntegro. cuando el dragón se pone en m ovim iento. abierto al infinito. ¡Los dragones estupefactos galopan. anim a todo el espacio cósmico. envuelto por la brum a. p or ende. a la vez que ese medio colabora en su despliegue: el espacio. el medio en que se desplie­ ga. y p o r así decirlo físicamente. en sentido inverso. en la iconografía china. al m ism o tiem po que esas vaporosas nubes mezcladas con la ten­ sión de las líneas llenas ventilan la composición y le perm iten exhalar su vitalidad. actualizán­ dose a p a rtir de las profundidades del vacío y. Ese infinito poético y ese maravilloso novelesco im ­ pregnan la obra com o una atmósfera: es igualm ente frecuente. en la ex­ periencia de la cursiva. nunca está lim itado a priori ni es nunca porción o rincón. bajo un m ism o im pulso dinám ico. es com o el dragón puede elevarse tan alto en el cielo y se diferencia del m iserable gusano que se arrastra por el suelo. Apoyándose en ellas. el trazado vivifi­ ca y reactiva. en la estética china. se elevan para caerse!20 Por proceder de una inspiración continua. Puede darse cuenta de m anera análoga de la creación del 130 . jía o ra n IV. «nu­ bes lum inosas se elevan y reúnen». a través de las nubes. la experim entam os en vivo. el cuerpo del dragón se envuel­ ve en la m agia del misterio. en su m áxim a intensidad. al m ism o tiempo. de un extremo a otro. a través de vueltas y rodeos.

por tanto. está dom ina­ da po r la noción de eficacia a la vez que p o r la de variabilidad (de eficacia por variación). de expresar toda la aspiración de su foro interno y sin una palabra de más: «el poem a es com o u n dragón vigoroso que no cesa de ondular. lo «espiritual» y lo «divino» no se deben aquí. que no es otro que la apertura del lenguaje al cam po de sus virtualidades. la con­ cepción que China se forjó del dispositivo estético está. «m ediante encadenam iento de ida y vuelta. Tal y com o lo evidencia la referencia al dragón. Como en el dom inio estratégico. Por ello puede d a r cuenta. como en el dom inio político.espacio poético. con volutas de nubes alrededor.22 W ang Fuzhi s.XYH V. El «infinito». Se tiene la im presión de un dragón vivo y no pintado». ni tam poco son invo­ cados com o soporte retórico de grandes trém olos vagos sobre el Alte o la Poesía: son efectivamente engendrados por la tensión inherente a la obra de arte. ni com pensación espiritualista ni siquiera efusión líri­ 131 . al hablar de Vacío o Invisible. al añadido de una metafísica idealista de la conciencia que reacciona frente al punto de vista reductor del análisis tipo­ lógico de las formas o los procedimientos. lo m ás lejos posible de un funcionam iento rígido. la tensión de las palabras crece libe­ rando todo u n fondo de imaginario. Según una afirm ación teórica ya m encionada. insiste en la espontaneidad del efecto así como en su carácter inagota­ ble. quien «sabe esperar el che» está en condiciones.21 Bajo la oscilación sin tregua del desarrollo poético se condensa un aura que vuelve a aquél tanto más eficaz cuanto que le perm ite irradiar: los versos del poem a resuenan en todo el vacío que se acum ula a su alrededor. com o dejándose conducir por él. No hay. com o hem os visto. a la vez. Corresponde al dispositivo textual suscitar —m ediante esa continua superación. esa apertu­ ra al «más allá» sólo la puede provocarla potencialidad disposicional en acción. Une en un mismo funcionam iento el enfoque técni­ co y la dim ensión extática: pues. m ecánico y estereotipado. de condicionam ientos objetivos que determ inan m aterialm ente el proceso y de la ex­ periencia de «superación» que allí está im plicada y de allí se desprende. del m ism o m odo que form an parte integrante del dinam ism o cósmico. de contracción y despliegue». en virtud de su fuerza de propensión. por tan­ to. apuntando constantem ente hacia lo inefable— el «mundo» poético.

y. lo vacío y lo lleno. m ás en general. del m ism o m odo que están en acción en cualquier proceso.ca: aquéllos son la dimensión natural del fenóm eno estético. es el gran principio regulador de ese dinam ism o. El arte no «imita» la naturaleza (como objeto). sencillamente reproduce su lógica. sino que. 132 . en la m anera en que conciben la propensión natural de la realidad. sino tam bién de toda su reflexión: la reencontram os en el m odo en que los chinos articulan el devenir histórico. sim bolizada p o r el dragón. Por tanto. La oscilación por alternancia. basándose en la relación actualizadora de lo visible y lo invisible. no sólo es un motivo constante del pensam iento estético de los chinos.

Ill .

7
SITUACIÓN Y TENDENCIA EN HISTORIA

I.
¿Qué es una situación histórica y cóm o analizarla? El
problem a sigue siendo, en el fondo, el m ism o, pero transferido
al dom inio de la sociedad: superar, p ara pensar m ejor lo real, la
antinom ia de lo estático y lo móvil, de un estado y un devenir.
Es decir, lograr la conciliación del punto de vista inm ovilizador
—al que nos induce necesariam ente cualquier visión sincróni­
ca— con el dinámico, que da cuenta de la evolución en acción y
del curso de los acontecim ientos: las circunstancias, al m ism o
tiem po que constituyen u n todo singular, se transform an glo­
balm ente. Es preciso p ensar el sistem a en su devenir, y tam bién
el proceso de la H istoria se presenta, en cualquier m om ento,
com o cierto dispositivo: en este contexto, che significará, a la
vez, u n a situación particular y la tendencia que se expresa,
orientándola, a través de ella.1
Cualquier situación constituye, p o r sí m ism a, una direc­
ción. Desde la Antigüedad, algunos pensadores chinos, y en
p articular los teóricos del autoritarism o, han insistido, en tér­
m inos de che, en los dos aspectos com plem entarios de esa im ­
plicación tendencial: p o r u n a parte, la capacidad de determ ina­
ción objetiva, coactiva respecto a la iniciativa de los individuos,
que es la de la situación histórica, en tanto que conjunto ope­
rante de factores; por otra, el carácter siem pre original e inédito
135

Xunzi
s. IV-m a.C.

Shang
Y ang

s.IVa.C.

G uarn í

s.ma.C.

de sem ejante situación —como m om ento particu lar de una
evolución, po r lo que resulta irreductible a los antiguos m ode­
los— lleva el curso de las cosas a renovarse sin cesar y puede
servir de argum ento en favor de la m odernidad.
Por un a parte, en efecto, lo que aparece a título de circuns­
tancia en el curso de la Historia actúa com o u n a fuerza y está
dotado de eficacia. E n sentido inverso, las fuerzas, en historia,
siem pre dependen de cierta disposición y no podrían ab straer­
se de ella. Como ilustración, la más sencilla posible, de la distin­
ción a realizar: coged al hom bre m ás fuerte de su país, y será
incapaz de sublevarse él mismo; seguram ente no porque le fal­
te fuerza, sino porque la «situación» (che) en m odo alguno le
perm ite ejercerla.32 Lo que, generalizando, significa que la pri­
m acía corresponde a las condiciones objetivas y que éstas son
determ inantes dentro del proceso.3 Por tanto, el hom bre políti­
co deberá apoyarse en ellas,b4 a im agen del estratega que sabe
sacar partido de las ventajas del «terreno»; de no ser así, le co­
rresponde m odificar radicalm ente las condiciones en cuestión
—y ésa es la reform a que propugnan los legistas partidarios del
autoritarism o— con vistas a hacerlas favorables a su acción.
Pues, al igual que, en la guerra, cobardía y valentía son función
exclusiva del potencial surgido de la disposición, tam bién, en la
sociedad, la m oralidad pública es por entero tributaria de las
condiciones históricas: si la situación es tal, gracias al orden
totalitario, que ya no resulta posible actuar incorrectam ente,
incluso los peores tunantes se volverán dignos de crédito; pero,
si la situación es la inversa, todos, hasta los m odelos de virtud,
ya sólo tendrán una m oralidad dudosa.c5 O bien la situación
histórica es tal que lleva por sí m ism a al orden, o bien, a la
inversa, arrastra por sí m ism a al desordené6 Igualm ente, en la
relación de fuerza que opone cada principado a los dem ás, sólo
una determ inada situación perm ite acceder a la plena sobera­
nía (si los principados poderosos son poco num erosos), m ien­
tras que la situación inversa sólo perm ite alcanzar la hegem o­
nía.7 No es el valor m oral de la persona lo que entonces cuenta,
sino su época.
Por otra parte, varios esquem as se oponen, en lo que con­
cierne a la evolución social, entre las escuelas chinas de la Anti­
güedad; de lo cual surgirá una conciencia intensificada del de­
venir hum ano. Según la perspectiva de los m oralistas, la civili­
136

zación es obra de los Sabios que, preocupados por el bien co­
m ún, h an llevado a la hum anidad a instalarse en u n territorio, a
satisfacer después sus necesidades m ateriales y, po r últim o, a
desarrollar sus inclinaciones m orales.8 Lo que decididam ente
contradice el punto de vista naturalista (el de los taoístas), dado
que, según éste, a la intervención funesta de esos «Sabios» se
debe el deterioro progresivo de las relaciones sociales; p o r h a­
berse roto paulatinam ente la arm onía espontánea, han estalla­
do guerras y la edad de oro pertenece al pasado: el tu n an te Zhi
acusa abiertam ente a Confucio de ser el últim o representante
de ese linaje de los grandes culpables.9 Una cosa es segura, con­
cluyen entonces los «realistas», partidarios de una política au­
toritaria que ponga térm ino a las rivalidades que desgarran
China: la hum anidad ha pasado po r una sucesión de etapas y
las difíciles invenciones de u n a época parecerán fatalm ente
irrisorias a las generaciones siguientes.10 Además, intervienen
factores nuevos, com o la presión demográfica, que m odifican
los antiguos equilibrios y cam bian radicalm ente los m odos de
vida. No hay, por tanto, m odelo atem poral; son las condiciones
actuales las iónicas a tener en cuenta, y resultan aprem iantes.
M uy m al actuaría quien, p o r haber tenido u n día la suerte de
ver a u n conejo desnucarse contra u n tocón de su cam po, pres­
cindiese para siem pre de su azadón para perm anecer em bosca­
do, con la esperanza de que esa ganga se le presentase una
segunda vez. Pues, al igual que Juan sin Tierra, el conejo de la
historia nunca vuelve a p asar por el m ism o lugar, a cada m o­
m ento le corresponde una situación diferente y no conviene ni
estar retrasado respecto a la propia época, dando crédito a las
antiguas recetas, ni, a la inversa, dejarse atra p ar por las cir­
cunstancias, adhiriéndose ciegam ente al presente.e11 Hay que
evaluarlo teniendo en cuenta la progresión del tiem po, y su no­
vedad, a la vez que, gracias a la perspectiva abstracta que surge
del distanciam iento, en su carácter lógico: precisam ente para
apreciar m ejoría oportunidad histórica/
A título de ocasión histórica ejemplar, recordem os cóm o
term ina la Antigüedad china: durante dos siglos, el principado
de Qin, que adquiere tardíam ente la condición de potencia, lo­
gra, gracias a la política autoritaria que im pone a sus súbditos,
vencer progresivam ente a sus rivales, destruir uno a uno los
dem ás principados y, finalm ente, fundar el Im perio (el año 221
137

lia n Fei
s.ffia.C .

JiaYi
s.na.C.

Liu
Zongyuan
s.vm-ix

a.C.). Pero luego son suficientes m enos de dos décadas para
que la rebelión triunfe y la dinastía se venga abajo. Pues, no
actuando de form a m oral, «la situación-tendencia [che] que
perm ite la conquista, difiere de la que perm ite conservar».s|2La
lección es doble: el ascenso regular de Qin expresa u n a ineluctabilidad de la tendencia; y su repentino hundim iento, cuando
acaba de alcanzarla cúspide del poder, traduce la lógica —tam ­
bién ineluctable— de la inversión.
II.
El prim er em perador no sólo unificó políticam ente Chi­
na. Además, la transform ó en profundidad haciéndola pasar
del sistem a de feudos hasta entonces prevaleciente al de las
circunscripciones adm inistrativas —encom iendas y prefectu­
ras—, que m antendrá su hegem onía en lo sucesivo: m utación
esencial que confiere una parte considerable de su originalidad
a la civilización china, pues sustituye el viejo privilegio de la
sangre, ta n com únm ente extendido, por una estructura buro­
crática m oderna form ada por funcionarios nom brados, con­
trolados y revocables. Más de un milenio después del aconteci­
m iento, se intentó explicarlo considerándolo en relación con la
evolución general de la que resultó; es entonces cuando el tér­
m ino che perm itió pensar el carácter inevitable de la transfor­
m ación.13
Para com prenderlo, forzosam ente hay que volver al punto
de partida de la evolución: el propio sistem a antiguo de feudos
no había surgido de una «intención creadora» o una «idea» de
los Sabios soberanos, sino que era el producto de una «tenden­
cia resultante de la situación» (che)h que, com o propensión,
atravesó toda la historia prim itiva sin conocer interrupción.
R em ontar al origen de ese proceso histórico —se nos indica—
lógicam ente nos hace coincidir, por tanto, con los albores de la
hum anidad (incluso nos perm ite suponer, p o r inducción, que
hubo un com ienzo histórico de la hum anidad). Pues es la «apa­
rición progresiva de esa tendencia»' lo que llevó al hom bre del
estado de naturaleza a una organización social cada vez m ás
desarrollada: encontrándose originalm ente en inferioridad res­
pecto a los animales, los hom bres necesitan recursos m ateria­
les y éstos inevitablemente suscitan rivalidades entre ellos; para
resolver esos litigios, necesitan entonces que intervenga una
autoridad, que sirve de árbitro y asum e el poder de castigar; así,
138

en absoluto habían renunciado a ella. preferible al sistem a adm inistrativo que lo remplazó. p a ra acabar en el Hijo del Cielo. ese análisis de la principal 139 Liu Zongyuan . la hum anidad no habría sobrevivido. una vez adquirido aquél. cuando el poder central se debilita— de actuar com o nuevos señores: la superioridad del sistem a ad­ m inistrativo es un logro definitivo y el proceso es irrevocable. se veían forzados a recom pensar a sus aliados concediéndoles feudos. el poder real es usurpado. fue porque «no podían». Pero estam os. finalmente. en China. com o se nos dem uestra. pero las rivalidades tam bién se desarrollan pro­ porcionalm ente. no por generosidad y m agnanim idad. sin la obra de los Sabios. con el paso de los siglos. Nace u n nuevo orden: el Imperio. sen­ cillam ente. con m ucho. Lo que tam bién sirve de argum ento a un pensador del últim o siglo de los Tang frente a las falsas justificaciones de los gobernadores de provincia que en ese m om ento sienten la tentación — como siem pre ocurre. ha nacido el sistem a feudal. tan respeta­ dos por su sabiduría.14resulta claro que la Historia es un proceso que se desarrolla por sí m ism o. a una extensión de la escala. sem ejante estructu­ ra tiende a inmovilizarse en el tiempo. los antiguos feudos se independizan. una vez que se ha desplegado totalm ente a través del espacio. nuevos principados se for­ m an y. transm itiéndose heredi­ tariam ente los títulos de padre a hijo: m ediante u n a serie de encadenam ientos necesarios. Contra el idealism o m oral según el cual. sino para garantizar su propia seguridad y la de su linaje. y. h abían obtenido el poder gracias a la ayu­ da de los dem ás señores y. La estructura jerárquica correspondió.los hom bres se reagrupan cerca de ella y se form an las prim eras colectividades. m ás tarde a los jefes de confederación. pues los grandes soberanos del pasado. producen guerras y reclam an constantem ente la intervención de una autoridad de un grado superior que pon­ ga térm ino a esas disensiones: de los prim eros jefes de com uni­ dad aldeana se pasa a los jefes de cantón. La dislocación progresiva de semejante sistema. al final de la Antigüedad. luego a los jefes de principado. A casi un m ilenio de distancia. ante u n a p u ra ilusión: si los antiguos soberanos no renunciaron al sistem a feudal. tam bién resulta de un encadenam iento continuo: la autoridad central se debilita. por simple necesidad interna. Los nostálgicos del pasado dirán entonces que el sistem a feudal instaurado por los antiguos soberanos era.

la m utación histórica que abroga el princi­ pio hereditario: a la exacerbación y el desencadenam iento de las tensiones sucede un nuevo estado de cosas m ás coherente. en cuanto tal. a continuación. d ar satisfacción a sus ambi140 . se produce un divorcio flagrante entre las capacidades naturales y las funciones ejercidas. resulta. con la prom oción y destitución de los funcionarios. Q ueda por pensar. incluso si aquél creyó. pero. en función de sus solas capacidades. se ha vuelto ac­ cesible a todos. Al comienzo. finalmente. de acuerdo con qué proceso particular se ha llevado a efecto la transición. a p artir de esa tendencia general. hay u n a lógica del sistem a burocrático que lo rem plaza. tam bién los grandes oficiales han querido tran sm itir el cargo a su hijo: tal es el «desbordam iento» al que «ha conducido inevitablemente la tendencia». Éstos no podrán soportar su sum i­ sión y buscarán la ocasión de sublevarse: «la tendencia resul­ tante de la situación conduce inevitablem ente a la exacerba­ ción de las tensiones y a su desencadenam iento». la propia «lógica» se ha m odificado. sólo los principados eran hereditarios.k Pero.i H ubo u n a lógica del sistem a feudal en los prim eros tiem ­ pos de la civilización. a p artir del m om ento en que todos los cargos se vuelven hereditarios. Bajo la presión ejercida por la tendencia. en virtud de la instau­ ración de la m áquina burocrática. Del m ism o m odo. dado que tanto se encuentran «espíri­ tus estúpidos» en las familias nobles com o «personas brillan­ tes» entre los campesinos.111 Una transform ación tan considerable no depende —se nos precisa— de la exclusiva iniciativa del prim er em perador ni de su sola capacidad.1De lo que resulta. XVII W ang Fuzhi transform ación de la historia china se ha beneficiado del im ­ p o rtan te desarrollo filosófico del «neo-confucianism o»:15 si la tendencia resultante de la situación (che) es ineluctable. el pueblo ha encontrado un alivio a las exacciones que le hacen sufrir los gobernantes: con el paso del tiempo. dado que.W an g Fuzhi s. dado que entonces la reflexión política aún esta­ b a poco desarrollada y únicam ente contaba la experiencia ad­ quirida y transm itida familiarmente. cuando el ejercicio del poder ganaba sien­ do hereditario. perfectam ente inteli­ gible. Pues el propio desarrollo de la crisis a la que sem ejante m utación no ha dejado de dar lugar. el arte político ha sido progresivam ente evidenciado y. ello se debe a que «aquello a lo que tiende» es em inentem ente «lógico». paso a paso.

sin embargo. esa m utación se había esbozado incluso antes de que el prim er em perador tom ase la decisión: en los últim os siglos de la Antigüedad. m enos de veinte años después. Y. Por una parte. estaban por sí m is­ m as condenadas a abortar y ya sólo representaban «el últim o 141 W ang Fuzhl G u Yanvvu S-XVU wang Fuzhl .1117 Pero. Prueba de que la m utación ha sido querida por el orden de las cosas y que «ni siquiera un Sabio hubiese podido oponerse a ella». la longevidad dinástica ha experim entado con ello. volvían al sistem a de feudos: pues. contra su propio poder (y hiciesen volver a China a la época precedente de las rivalida­ des entre principados) «se lam entaron en vano». a lo largo de todo el prim er siglo de la dinastía. puede parecer que efectúa una brusca revolución. autoritaria­ m ente decidida p o r el prim er em perador. las rebeliones de los príncipes feudatarios. La m utación del feudalism o a la burocracia. el «Cielo»— el que se ha valido de su in­ terés particular en orden a realizar lo que correspondía al inte­ rés general. aparte de los malos recuerdos dejados por el pri­ m er em perador. el antiguo sistem a feudal aún estaba inscrito en las costum bres y las m entalidades y. apenas se había extinguido la prim era dinastía. m ás lenta y m ás regular. tam poco podía tratarse de una auténtica vuelta atrás: quienes entonces tem ieron que los nuevos señores del Im perio atentasen. Por otra parte. el filósofo chino no dejará de discernir una evolución. Es el curso natural de las cosas —incluso en su dim ensión insondable. prom otor de la reforma. que confirm a el carácter a la vez tendencial y lógico de la transform ación. m e­ diante la concesión de grandes feudos. Pues resulta claro que. la tendencia que orientaba el curso de la H istoria no podía soportar un cam bio tan repentino.16El nuevo sistem a preexistía a la decisión imperial. po r no haber com prendido el carácter inexorable y lógico de la evolución em prendida. una vez consolidado el po­ der de los Han. al privarse de ese m odo del apoyo que le aseguraba toda la pirám ide de vasallos (basta con obser­ var que las dinastías im periales nunca d urarán tanto com o lo habían hecho las antiguas dinastías feudales). y ésta no ha hecho otra cosa que generalizarlo.d o n es privadas. Desde el punto de vista del beneficio individual. bajo las sacudidas y virajes de la Historia. los restauradores del Imperio. po r lo demás. por tanto. m ás pérdida que ganancia. num erosos territorios que habían perdido su señor feudal ya habían pasado a u n a tutela de tipo adm inistrativo.

sencillamente. ha correspondido.xvn u n m osaico de pequeños dominios. imposible. en tanto que propensión inherente a la situación. no obstante. Pues está dem os­ trado que. al m ism o tiem po que ponía fin al sistem a de feudos. y. especialm ente con el reconocim iento de un señorío com ún y la form ación de mayores feudos. y la razón m ás fuerte que se opone a cualquier vuelta a la feudalidad es. incluso los dom inios que parecen m enos directam ente relacionados con esa m utación —com o el sistem a de las escuelas y el modo de selección— son.fulgor de u n a lám para a punto de apagarse». y los opositores caen entonces por sí m ism os:018 la concesión de esos feudos había representado los «últimos coletazos» de un m undo que tocaba a su fin. su quasi-abolición constituye el «preludio» de los períodos por venir. a la m anera de pequeñas circunscripciones militares. por el carácwang ter global de la m utación en cuestión: el paso de los feudos a las Fuzhl prefecturas no sólo presenta un interés adm inistrativo y políti­ co. se nos dice.13Se justifica. concluye el filósofo: la tendencia es necesariam ente gradual. La m edida adoptada p o r el prim er em perador no es.q En ese sentido. finalmente. los grandes feudos sólo podían. a un p ro ­ greso. Frente a la acu­ m ulación de la presión ejercida por la tendencia centralizadora. a la vez que irreversible. en su época. la feudalidad. dism inuyen los im puestos y aum enta la racionalidad económ ica. en Historia. Al principio. ante todo. que «la fuerza del pueblo no podría soportarla». por tanto. correspondía a la m ism a tendencia lógica de uniform ización que había ca­ racterizado. m ás que el desenlace de u n a evolución m ilenaria. adem ás.20 La tendencia histórica. los gastos públicos pueden reducirse considerable­ m ente. haciéndose com unes gracias a la uniform ización im perial. dejarse desha­ cer en pedazos. el espacio chino sólo era s. Esa m utación es tanto m enos reversible cuanto que se insWang cribe en u n a evolución m ucho m ás general: la tendencia a la GuYanwú unificación. y sólo de form a m uy progresiva. sino que tam bién concierne a la vida del pueblo en su con­ junto. cada una de ellas con su jurisdic­ ción propia y sus costum bres. deudores de sem ejante transform ación. ese m undo se vuelve m ás hom o­ géneo y aparece una cultura com ún:19la instauración del siste­ m a feudal ya constituía en sí m ism a una etapa im portante en el proceso de unificación y la adopción del sistem a burocrático. en su condición material. C ualquier restauración es.21 Todas 142 . por tanto.

nunca es otra cosa que el desenlace lógico de una tendencia. en el sistem a de reco­ m endación prevaleciente en tiempos de la feudalidad sólo reve­ la que no se ha com prendido la unidad de conjunto de cada una de las épocas: ni. entre los reform adores chinos.*23 III. sobre este tema. se debe precisa­ m ente a que supieron hacer evolucionar al hom bre a partir de * La atención que el pensamiento chino concede a la transform ación lenta y progresiva disuelve el acontecimiento en la continuidad histórica: por repentino y espectacular que aquél pueda parecer. justam ente por ello. si la hum anidad no hubiese dejado de dege­ nerar. el m ilitar y el Wang civil estaban confundidos. Y la H istoria no consiste en otra cosa que en esos «despla­ zam ientos en profundidad». la ruptura entre u n a y otra. desde la fundación del Im perio. y son incom patibles. considerando exclusivamente Funzhl los tiem pos históricos (de China). si los prim eros sobera­ nos han sido tan honrados po r la tradición. especular tanto sobre los orígenes com o sobre los fines últimos. de hasta qué punto el hom bre se ha elevado gradualm ente hasta el estadio de la barbarie y. se nos propone tam bién com o ejemplo. ¡«hoy ya no seríamos otra cosa que diablos»! Y. El paso del feudalismo a la burocracia constituye un progreso relativo y. frente a todos los ensalza­ dores del pasado. m uy discreta (cf. E n la Anti­ güedad. ha Fuzhl habido que separarlos: «el estado de cosas evoluciona en fun­ ción de la tendencia. si resulta difícil. contradice el m ito de una edad de oro. en la época de las circunscripciones administrativas.. a falta de huellas o indicios. a más largo plazo. en esas «transform aciones silen­ ciosas». en la duración.24 Como en la observación que se volvió co­ m ún. y las instituciones deben m odificarse en consonancia». en su inicio. al m enos cabe darse w a n g cuenta —nos indica el filósofo— . p ero todo cam bia día a día. por ende. que la m ayor parte de las veces es. m ás tarde.r22Hay que co n sid erarla tendencia en acción a través de la diversidad de épocas. 143 .las instituciones de una m ism a época form an u n bloque entre sí y «se respaldan m utuamente»: querer inspirarse. H ay un antes y un después. el comentario wenyan del prim er trazo del hexagrama K im en el Libro de las mutaciones). al de la cultura: los chinos de los prim eros tiem pos vivían exactam ente igual que bestias y.s N ada se produce en u n día. ni la radicalidad del cambio.

luego. cuando los Fuzhl chinos vivían todavía en el estado salvaje. D urante la dinastía Song (siglos Xl-Xm). el Norte constituye la cuma de la civili­ zación china. no dejan de recordar al m ism o pen­ sad o r que una regresión tam bién es posible:25 el hom bre pre­ histórico —«el anim al que se sostiene erguido»— . el Yunnan— es el que resulta progresivam ente afectado por las influencias benéficas. A la vez en el espacio y en el tiem po. que puede dem ostrarse tal alternancia a partir de los dos últimos milenios de la historia china: en la Antigüedad. cuando el m undo político parece vacilar y a punto de hundirse en el salvajismo. gradualm ente. desde la Ming (a p artir del siglo XIV).esa anim alidad primitiva. Pero para los chinos es difícil tener la certeza m ate­ rial de ello. en la oscuri­ dad..» ¿Se quiere decir con ello que el progreso dom ina el m undo y le sirve de ley? Pues ciertos m om entos catastróficos de la historia china —com o en los siglos m-lV (tras el hundim iento de la dinastía H an)—. sino la alternancia. el progreso lo que rige el m undo. esa civilización debió degenerar poco a poco y extinguirse.. Y la potencia del evolucionis­ mo. todavía se despre­ ciaba a las gentes del Sur. m ientras que las llanuras septentrionales se han con­ vertido en la fuente de todas las plagas. los «influ144 . dado que. lo seguro es. Y todo. no sólo está detrás de nosotros. el que «lanza gruñidos cuando tiene ham bre y arroja los restos de su alim en­ to cuando está harto». m ás tarde. se observa cómo la cultura se ha concentrado en tom o al G ran Río.26 Pues nada wang prueba. entonces. ¡los chinos ya no lim itan el «mundo» a China!) que ya hubiese em prendido un proceso de civilización. incluso la m enor huella. al menos. está listo para volver a la anim alidad bru ­ ta. según el parecer del mismo filósofo. Para este pensador. que. y la civilización a caer de nuevo en el caos. «Resulta claro que es m ás fácil go­ bern ar al pueblo hoy que en la época de los antiguos reyes. será entonces borrado. eran incultos y. sus m odos de vida cam bian. sus prácticas evolucionan y «su propia naturaleza or­ gánica se modifica». ese centro se desplaza lentam ente hacia el Sur mientras el Norte vuelve a caer. ha de considerarse en los dos sentidos: a p artir del m om ento en que el ser cultural del hom bre se alcanza. que desafía todos los dogm as sobre la naturaleza hum ana. pero. no haya habido algún otro lugar «bajo el sol» (así pues. Con el tiempo. No es. quizá tam bién está delante de nosotros. el extrem o S ur —el Guangzhou. entonces.

. sino que tam ­ bién se encuentran implicadas. en prim er lugar. el nacim iento) engendra el fuego. pues­ to que la ilusión que alim enta no es inocente. en ese caso. el fuego por el agua. inverso al precedente. ya signifique ese esquem a tan sólo el «engendram iento mutuo»: la madera (que tam bién es la prim avera. M erece ser denunciado. el fuego (que tam bién es el verano. la concepción de una tendencia a la alternancia (iche)£ —de auge y decadencia— es com ún a todas las teorías chinas de la H istoria27 y la utilizan com o punto de vista dom i­ nante. la tierra por la m adera. de u n a época a otra. Pero tam bién es im ­ portante. en virtud de su propio princi­ pio. contra todos los servi­ dores de la ideología imperial. el segundo error. y la regularidad están tan codificada que se vuel­ ve artificial. a título de tendencia. ni a. A fin de lograrlo. la tierra (en el centro del proceso: gobier­ n a todas las estaciones y representa. para nuestro filósofo. el agua po r la tierra. y alternancia. establecer claram ente lo que entonces significan los dos térm inos (tendencia. po r la re­ gularidad de los procesos: la H istoria pierde. concebido tradicionalm ente a p artir de la interacción de los «cinco elementos». El advenim iento del Im perio condujo. a la vez. por otra): contra la visión m oralista heredada de la Antigüedad. en heroísm o creador pero gana en necesidad interna. la alternancia histórica sobre el ciclo de la naturaleza. sobre todo. a continuación. en efecto. Ya se conciba el esque­ m a en un sentido m ás antagónico: la madera es vencida p o r el m etal. pero el equilibrio—civilización/bar­ barie— perm anece constante. el Sur. Dong Zhongshti s . por una parte. evidenciar hasta qué punto la alternancia implica. y por ello no puede dejarse reducir a servir de soporte de una continuidad blindada.jos cósmicos» se desplazan. el centro y la plena 145 W ang Fuzhi Z ouY an s. y así sucesivamente. el Este. rem ontando a las antiguas dinastías reales. de m anera sistemática. el crecim ien­ to) engendra la tierra. que estuviese lo m ás integrada posible (aprovechándose la nueva dinastía imperial de esa integración para presentarse com o un desenlace legítimo). se las ha ingeniado para calcar. a forjar una concepción general de la Historia. Como tal. Pues.28 com prender que las fases de auge no sólo son obra de los grandes soberanos. incluso com o fondo de evidencia. así. el metal por el fuego.C.H a C . la tendencia negativa ya no tiene consistencia propia y parece reabsorberse p or sí mism a. ruptura y diferencia.

a una virtud. cuanto que ha sido deliberadam ente utilizada. Idealización tanto m ás culpable. de oficio.W ang Fuzhi W ang Fuzhi m adurez) engendra el metal (que tam bién es el otoño. en el seno de la situación histórica. incluso si lo rem plaza. siem pre se trata de ciclos cerrados y repetitivos donde la alternancia sólo intervie­ ne com o factor de transm isión y al servicio de la eterna recon­ ducción. En los intervalos de las grandes dinas­ tías (la de los H an o la de los Tang) subsisten períodos de confu­ sión y anarquía que siguen siendo otros tantos agujeros abier­ tos en el seno de la presunta continuidad (en el siglo I I I o en el x). Una tendencia sólo se m anifiesta y vuelve dom inante. po r tan ­ to.) siem ­ pre lleva a concebirlo de un modo a la vez hom ogéneo y regu­ lar: com o si la H istoria no fuese m ás que u n encadenam iento ininterrum pido de «reinos»/ im aginados com o otras tantas to­ talidades arm oniosas y unificadas. para disim ular las peores usurpaciones. y sucediéndola ésta con total equidad. inaugu­ ra r una nueva era y servir de relevo a la legitim idad. se trata ahí de factores rivales que —como se nos dem uestra— dinam izan el curso de la H istoria oponiéndose entre sí.. unidad o fragm entación. en detrim ento de la tendencia inversa. y falsam ente tranquilizadora. para pretender. la cosecha).1129Aunque pueda increm en­ tarse la com plejidad de este tipo de esquem a a p a rtir de un encadenam iento de «colores» o «virtudes». cediendo p o r sí m ism a cada dinastía su lugar a la siguiente. Pues hay que com prender que el orden «no es la prolongación» del desorden. en el siglo x). según nuestro filóso­ fo. a lo largo de toda la historia china. un color o una vir­ tud (com o los bárbaros que aspiran al Im perio en los siglos niiv). Orden o desorden. a u n color. La función integradora asignada a la historiografía oficial fue llevada a tal grado de form alismo que term inó p o r servir para integrar cualquier cosa: al más tenebroso jefe de ban d a le bastó con atribuirse pom posam ente un elemento. conviene denunciar. de la Historia descansa sobre un m ontaje artificial que.w que la unidad política «no es la continuación» de la fragm entación. el Norte.30 Esa visión uniform izadora. el Oeste. En virtud de ello. el entrojam iento). proyectar sem ejantes esquem as so­ bre el curso de la Historia (cada dinastía sucesiva correspon­ diendo a un elem ento cíclico.. La tendencia es 146 . y el m etal engendra el agua (que tam bién es el in­ vierno. incluso si sucede a ésta. incluso con ponerse el nom bre de la dinastía precedente (com o Li Mian.

después. a adoptar de nuevo. «cam biar de pista o m odifi­ car el carril». puesto que abre a la H isto­ ria una nueva inclinación que constantem ente tenderá. 147 W ang Fuzhi .32 Al principio. en su foro interno.realm ente tensión y. en el siglo XI y luego en el xm. a través de las épocas. que señala el punto de partida de una tendencia a la usurpación que se prosigue con Cao Pi. Pues. su im pulso se extiende po r sí m ism o y la lleva a desarrollarse cada vez más. la escisión y la invasión. con el tiem po. a m enudo es un episodio considerado secundario lo que perm ite a la tendencia iniciarse (así. difícil. incluso para el Sabio. según nuestro filósofo. apenas se ha esbozado una tendencia sem ejante. Se aprecia m ejor la realidad de la alternancia. en el siglo xvn). y de nuevo con los m anchúes. H asta rodar aún m ás bajo: la tendencia histórica posee u n a gran fuerza de propensión y ese precedente m ínim o puede m odificar el curso ulterior po r va­ rios siglos. resultará casi imposible. oscilando de esa m anera. El punto de partida puede ser ínfimo. hasta el agotam iento (así. ni da vueltas en círculo. u n a vez adoptada determ inada costum bre. entre los siglos vn y IX) y a la ocupación extranjera (a partir de los Song. o la tendencia a la invasión que la sucede y es recurrente en China a p artir de los Song). en el curso de la Historia. tras los H an). Ella llevó la historia china a sus grandes m utaciones: a la unifi­ cación política (al final de la Antigüedad). De ahí la extrem a precaución de la que deben dar constantem ente pruebas quienes desem peñan un papel en el curso de la H istoria (al igual que cada uno de nosotros. a la reunificación (durante las di­ nastías Sui y Tang. la tendencia a la escisión que se inicia en el siglo m y se despliega periódicam ente hasta el siglo X. en lo sucesivo. prever cuál será la m utación futura. Im posible enton­ ces. pero resulta determ inante. el breve interregno de W ang Mang. y luego m uchos otros más). cuando se considera de acuerdo con qué principio propio e independiente se reconsti­ tuye en ella. la H istoria avanza: ni sigue una línea de pro­ greso continuo. Al m ism o tiempo.31 Tan sólo se sabe que. a comienzos del siglo m. bajo la tensión de la alternancia. respecto a sus desviaciones morales):*33 hasta tal punto resulta fácil el prim er desvarío y hasta tal punto el ende­ rezam iento de esa deriva se vuelve. la H istoria es innovadora. gracias a ella. a la fragm entación (en el siglo in. a principios de nuestra era. la tendencia negativa: la que lleva a la ursurpación.

u n a vez puesto en m archa. y esa situa­ ción aú n fue agravándose durante la dinastía de los Song. no pudieron librarse totalm ente. Pero. a los elem entos «bárbaros» de las regiones fronterizas. a m ediados del siglo vm). para to m ar el poder. luego a los m ongoles contra los yurset y finalmente fueron ahogados por estos últim os «aliados». los khitan. luego a los shatuo p ara sofocar las revueltas en las que su poder acabó p o r hundir­ se (H uang Chao. los soberanos de los Tang recurrie­ ron a los uigures contra los rebeldes que am enazaban la dinas­ tía (An Lushan. p ara consolidar su im plantación en China. p ara tom ar un ejemplo de otro género. hacía ya m ucho tiem po. Como una «planta ram pante» o un «trazo que se suelta». Pues. los fundadores de los Tang (a com ienzos del siglo vn). había pasado a form ar parte de las costum bres políticas de China. no podría detenerse»^34Las rebelio­ nes cam pesinas del final de los Tang (en la segunda m itad del siglo ix) son citadas como ejemplo: apenas se sofoca una rebe­ lión. el m al se propagó de form a continua. Más tarde. un hundim iento progresivo. la tendencia «se despliega sponte sua y no puede interrum pir­ se». a finales del siglo ix). se produce otra (la de Pang X un tras la de Qiu Fu). la ten­ dencia de las em peratrices a entrom eterse en los asuntos de Estado. contra su voluntad. se nos dice. de la antigua tendencia a la usurpación que. por sí misma. aunque sólo fuese para no correr el riesgo de ser tom ados de revés p o r ellos. que instauran u n a nueva era de paz y prosperidad: por preocupados por la justicia y bienintenciona­ dos que fuesen. no pudieron abstenerse p o r com ple­ to de recurrir. por conscientes que fuesen del peli­ gro que eso representaba. Ésa es.235 Crea. abrían. pero ésta reaparece durante u n tiem po en la dinastía Tang.W an g Fuzhi Com o prueba. además. cam ino a la nueva tenden­ cia negativa que iba a dom inar todo el m ilenio siguiente. al hacerlo. la de la invasión. hasta que se le paran los pies con firmeza.36 Una saludable m edida del siglo m prohíbe categórica­ m ente esa intrusión. hasta resultar irreversible. en sus operaciones militares. la definición m ás general de la «tendencia resultante de la situación» (el che en historia): «aquello que. pues­ to que éstos recurrieron a los yurset contra los Liao. por tanto. tras ellos. son los pro­ pios shatuo los que recurrieron a otros pueblos bárbaros. y luego se reactiva con creciente intensidad durante la dinastía 148 . Consi­ dérese tam bién.

sin que sea ya necesario cargar­ se de pretextos. al igual que cual­ quier otra transform ación histórica.38 No es el fruto de aconte­ cim ientos particulares. una decadencia siem pre es global. el poderío de los yurset o la desastrosa alianza con los jin). y. en ese caso. por otra. y es el que justifica la alternancia. Nin­ gún factor que no evolucione en el m ism o sentido. una m ala decisión polí­ tica o determ inada operación dudosa (por ejemplo. con todo. puede servirle de desen­ lace. a falta de su agotam iento propio. El curso de la Historia está gobernado. Así es como puede seguirse la decadencia gradual de las di­ nastías (a lo que este autor está tanto m ás atento cuanto que él mism o vivió al final de la dinastía de los Ming.b' Y únicam ente u na gran conm oción de con­ junto. en el siglo xvn): desde el m om ento en que se alcanza cierto p unto de no retom o. y sólo una transform ación ge­ neral. Todo está desvirtuado. IV. por una doble lógica: por una parte. a p artir de ahí.37 Entonces. tiende por sí m is­ m a a amplificarse. Una vez que se ha trazado el cam ino. ni «el prim er m inistro a lo que debe ser un prim er ministro». en efecto —siem­ pre según el m ism o pensador—.Song: una regencia (en realidad no justificada) está en el origen del recrudecim iento del mal (durante la m inoría de edad de Renzong. cualquier tendencia llevada a su lí­ m ite se agota y reclam a su in v ersió n /39Ese principio es absolu­ W ang Fuzhi tam ente general. cualquier tendencia. ya n ad a se sostiene. resulta inútil incri­ m inar la invencibilidad del adversario. y éste continúa haciendo estragos en todos los reinados posteriores. sería capaz de restablecer la si­ tuación. la tenden­ cia se transform a p o r sí m ism a en una fuerza inercial que se opone a cualquier tentativa ulterior de ponerle rem edio. creando un nuevo orden. Pero. la descom ­ posición es total. o lleva m ás bien a un desequilibrio. del pro149 . y se hace cada vez m ás difícil d ar m archa atrás3' y liberarse de ella. en el siglo XI). su caída se vuelve ineluctable. las costum bres han degenerado y la indispensable cohesión m oral se ha perdido. volviéndose cada vez m ás difícil retroceder. apenas iniciada. cabe distinguir entre dos form as de tendencia negativa y. sino que se debe a u n a degradación ge­ neral: «el príncipe ya no se parece realm ente a un príncipe». entre dos m odos de inversión: o la tendencia negativa trae consigo una desviación progresiva. durante la dinastía Song.

Toda revolución provoca una reacción y lo que resulta forzado se descom pone p o r sí mismo. Pues. tam bién pue­ de contarse con el efecto de retom o y contar con el tiempo. im plicando dos polos con­ trarios. en el siglo X l) resulta provechosa para su prim er m inistro (W ang Anshi). cuanto más «pesa» p o r un lado. po r otro. inquieto por ello: a ello se debe que. El mism o episodio nos es descrito. cuanto m ás se acentúa. y «fácil de invertir»:d'41 la «lógica» de la inversión está. prevenir el m al lo antes posible. que prim ero se nos aparece lanzado a una política m uy autoritaria y am bi­ ciosa.W ang Fuzhi pió desequilibrio nacerá la reacción. sólo cabe constatar. sino «por­ que sus propias opiniones ya se habían modificado». que se arroga todos los poderes e inicia. Sem ejante lógica de la inversión encuentra su m odelo ex­ plícito en las representaciones hexagram áticas del antiguo Li­ 150 . en desuso. tan ineluctablem ente com o «caen las hojas m architas en otoño». esencial­ m ente. inscrita en el desarrollo regular de cualquier proceso (el «Cielo»).e' Así. el resentim iento crece por todas partes y el propio em perador está. cuando la am bición política de un nuevo em perador (Shenzong. expansionista y costosa. en los siglos n-l antes de nuestra era). com o tal. en política. conviene. todo un tren de reform as tan radicales com o utópi­ cas: bajo el reinado siguiente. com o si se reprodujese. Testigo. un hundim iento en el atolladero. al final de su vida. con el exclusivo apoyo de su cam arilla y reduciendo al silencio a los dem ás. cuando la tendencia lleva al desequilibrio de la situa­ ción. m ás frágil se vuelve. «sin que para ello haya necesitado reproches reiterados del prójimo». instaura una dinám ica pendular. m ás «se ve uno fatalm ente llevado a tener dificultades».40E n el prim er caso. bajo la dinas­ tía Song. tanto m ás fuerte cuanto m ayor sea el desequilibrio inicial. m ás «ligera» es p o r el otro. cualquier presión que se ejerza con excesiva fuerza se ve luego llevada a relajarse. tam ­ bién difieren las estrategias: p o r u n lado. cada vez m ás pasivam ente. sem ejantes m edidas no podían dejar de caer. Pero del propio exceso nace la debilidad. A p a rtir de ahí. ese em perador haya puesto fin a sus expediciones m ilitares y suavizado su política interior. una tras otra. a la que entonces era totalm ente im posible oponerse. m ientras que el segundo. ese gran em perador de los H an (Wudi. en su corazón. «cuanto m ás se com prom ete uno en u n cam ino im practica­ ble».

por tres trazos continuos que sim bolizan el Cielo: el Cielo arriba y la Tierra abajo se separan cada vez m ás uno de otro y se retiran dentro de sí m ism os. El futuro ya está en acción en el pre­ sente y el presente que se despliega ya está a p unto de pasar. El segundo hexagram a está form ado. se anuncia el m architam iento futuro. po r tres trazos disconti­ nuos (que sim bolizan el principio de obediencia y realización: la Tierra): el Cielo inferior tiende hacia arriba y la Tierra supe­ rior tiende hacia abajo. cada principio que progresa requiere. del otro m ediante u n a sim ple inver­ sión. pero. u n a vez superado el punto culm inante del verano. po r tres trazos con­ tinuos (que sim bolizan el principio de iniciativa y perseveran­ cia: el Cielo) y. cuando. y el diagram a sirve para evocar el auge. por el contrario. al m ism o tiem po. cada uno de ellos procede. en el interior de cada uno de los hexagram as. Aún cabe leer con m ás detalle. am bos dan cuenta de cualquier alternancia: uno se vincula al p rim er m es del año chino (febrero-marzo). cuando. en su parte superior. El 151 . por tres trazos discontinuos que sim bolizan la Tierra y. surgen las fuerzas renovadoras.bro de las mutaciones. y el otro al séptim o m es (agosto-septiembre). auge/decadencia) se excluyen y rechazan categóricam ente. en su parte inferior. ese proceso de transición y el trabajo de la inversión. que. es la época de la decadencia. a partir de dos tipos de trazos. an­ titéticos pero com plem entarios (trazo continuo y discontinuo: — y --). De esa interacción perfecta derivan prosperidad y con­ cordia entre los existentes. acuerdo tácito: aquel de los dos principios que se actualiza siem pre contiene el principio adverso de un m odo latente. la progresión del uno corre necesariam ente pareja con la regresión del otro. tam bién se condicionan uno a otro y se im plican m utuam ente. en su parte inferior. Pues. Ya no hay interacción benéfica. han servido de base a la concepción china del devenir. E n cada instante. si los dos principios adversos (yin y yang. su regresión próxim a. faz y pi. las potencialidades entran en una fase de estancam iento. sim ultáneam en­ te. Considerem os los dos hexagram as 11 y 12. en su integridad. lo que significa que sus influencias be­ néficas se cruzan. Por sí solos. en su parte superior. con el com ienzo de la prim avera. Conflicto abierto. M y t % f El prim ero está form ado. y que alto y bajo se com unican arm ónica­ m ente. Pero esos dos esquem as opuestos son consecutivos.

W ang Fuzhi expresa correctamente. el carácter ineluctable de cada una de esas fases: de form a totalmente análoga a aquella en que se da cuenta de las grandes m utaciones sociales y políticas de China en su obra histórica. en el sexto trazo. al igual que el proceso de la n atu rale­ za. el proceso histórico actúa. y luego hubo de decaer. ni «terreno llano que no vaya seguido de una pendiente». el te r­ cer trazo (que parte de abajo. u n a presión política dem asiado autoritaria es llevada a relajarse.44y lo que entonces tom am os por el destino no es m ás que la inexora­ bilidad de un proceso totalm ente natural.L ib ro de las m u ta c io n e s W ang F unzh i devenir es gradual. Así es el break down:42 la transform ación a n u n ciad a en m edio del hexagram a ha entrado en su fase de actualización. en el estadio del otro hexagram a. ésa es la tendencia resultante de la situación [c/ze]»/43 Sin duda. de la cual la Historia no es más que una ilustración particular. el principado de Jin alcanzó progresivam ente la hegem onía (bajo el príncipe Jing). de u n tra z o al siguiente. si el em perador de los Song se ha lanzado a u n a política tan am biciosa y coercitiva. Por el contrario. al final de la p rim era m itad) ya nos previene de que «no hay ida sin vuelta». la divisa es: «La m uralla vuelve al foso». en la cum bre del hexagrama. El auge se ha transform ado. explicitada desde la Antigüedad.* Así es. en el estadio del p rim ero de los dos hexagramas. se trata ahí de una lógica absolutam ente general (encarnada por cualquier proceso). Por lo tanto. en decadencia. así ocurre entre potencias rivales: en la China de la Antigüedad. m ediante reequili­ brado y compensación: «que lo contraído pueda desplegarse de nuevo. la lógica de la inver­ sión que el pensador chino vuelve a encontrar com únm ente en acción en historia. en términos de che. 152 . los factores de positividad se agotan. po r sí mismo. Así. son progresivam ente contenidos y dom inados. sólo existe la transición. el de la prosperidad. y se retiran: al final del hexagram a (en el sexto trazo) se pro d u ce la inversión esperada. en el ejem plo anterior (Shenzong y W ang Anshi de los Song). él m ism o lo hacía com o * En su Comentario interno del Libro de las mutaciones (hexagram as tai y p i). y. el m uro de la ciudad vuelve a caer en el foso del que h ab ía sido extraído. y una nueva dicha puede com enzar.' 45Y.11' Igualm ente. y a p a rtir de ahí ya sólo queda afrontar con precaución y firm eza de án im o la fase adversa. el de la decadencia. regularm ente. y esa decadencia representa la oportunidad de un nuevo auge. Pues. p o r sí sola y sin que se requiera una intervención h u m an a (tal es el «Cielo»). los factores de negatividad.

reacción respecto al largo reinado precedente (Renzong, 10221063), en el que el pacifismo había sido llevado hasta la pasivi­
dad. Un exceso llam a a otro: la calm a llam a a la tensión, y a ésta
sigue u n a nueva relajación. í46 No hay acontecim iento político,
por m ínim o que sea, que no pueda interpretarse de acuerdo
con esta dinám ica de la alternancia y «la tendencia constante al
cambio».k' ¿Cómo com prender, por ejemplo, el edicto tan ne­
fasto de un em perador de los H an (Yuandi, en el siglo i antes de
nuestra era) que, fijando los criterios m orales de una jerarquización de los funcionarios, llevó a éstos a la apatía y les hizo
perder la integridad m oral que necesita un Estado?47 Tam poco
una m edida sem ejante puede explicarse salvo com o reacción,
ante la situación precedente: previam ente, reinaba la anarquía
entre los funcionarios letrados y, com o carecían de luí recono­
cim iento oficial que asegurase de m anera estable su posición,
intentaban a cualquier precio im ponerse, incluso hasta el pun­
to de hacer som bra al em perador. De ahí, en virtud de la «ten­
dencia a la inversión», la decisión de su reclutam iento y la doci­
lidad a la que se vieron forzados. Conclusión: «El curso seguido
ha de tem erse, pero aún más su inversión».
V.
«Tensión-calma», «despliegue-repliegue»; o, tam bién,
«orden-desorden», «auge-decadencia»: toda historia pasa ine­
xorablem ente por «altos y bajos».1'48 No en virtud de algún prin­
cipio metafísico proyectado sobre el curso de los tiempos, sino
por necesidad inherente a cualquier proceso: los factores en
acción —positivos o negativos— necesariam ente se agotan;
factores com pensadores los rem plazan. Una dinám ica regula­
dora se encuentra, por tanto, inscrita —incluso de la m anera
m ás discreta, aunque sólo fuese de u n m odo incoativo— en
cada etapa del devenir, y hace de cualquier situación histórica
un dispositivo a m anipular. La táctica es, a este respecto, lo m ás
simple posible, pero tam bién es tan constantem ente pertinente
que sirve al hom bre de Vía moral: saber aprovecharse de la
tendencia en acción en el curso de las cosas es su form a de
sabiduría; dejar actuar en el sentido que le es propio al disposi­
tivo que constituye la situación le hace las veces de ideal. Puesto
que cualquier situación histórica, incluso la m ás desfavorable,
siem pre encierra una evolución futura que, a m ás o m enos lar­
go plazo, puede actuar de m anera positiva. Si no es ahora, será
153

W ang
Fuzhi

W ang
Fuzhi

m ás tarde. Basta con saber tener en cuenta el factor que, de
entre todos, se revela, en definitiva, com o el m ás determ inante:
el factor tiempo.
E n efecto, dos principios generales bastan, según nuestro
filósofo, para adm inistrar correctam ente la lógica tem poral de
la alternancia: en prim er lugar, incluso antes de que la m utación
tenga lugar, abstenerse de cualquier exceso en orden a evitar
que resulte, por reacción, el exceso inverso; después, en el preci­
so m om ento en que se produce la m utación, resistir, en el foro
interno, a la vez que prestarse de buen grado a la transform a­
ción.49 Pues nada sería m ás necio y destructivo que querer opo­
nerse a la m utación cuando ésta se anuncia, en lo sucesivo,
com o necesaria:50 cualesquiera que sean sus cualidades perso­
nales, quien se empeña, p o r fidelidad, en el statu quo no conse­
guirá m ás que su propia destrucción sin en absoluto poner re­
medio a la situación. La verdadera virtud está en saber atravesar
la transform ación (y extraer de ella, en cada ocasión, todo el pro­
vecho posible). En particular, si la ocasión de invertir la desgra­
cia en dicha se presenta po r sí sola, puesto que resulta de la ló­
gica de alternancia que regula cualquier proceso, nos incumbe,
en compensación, explotar la posibilidad que se nos ofrece y ha­
cer que efectivamente llegue a su término. El «Cielo» «ayuda al
hombre», pero luego es tarea del hom bre ayudarse a sí mismo.
Por tanto, la sabiduría se reduce lógicamente al grado cero
de la intervención hum ana que, como tal, encierra la m ayor
eficacia: «saber esperar». Se nos describe al sabio com o aquel
que, sabiendo que cualquier proceso que lleva al desequilibrio
se fragiliza a sí m ism o a m edida que se acentúa y que la tenden­
cia que lo dirige en un sentido requiere ineluctablem ente su
inversión, sabe, precisam ente, esperar que el proceso objeti­
vo haya alcanzado el estadio m ás propicio p ara la inversión
—Le., haya agotado sus factores negativos y, por ello, se vea lle­
vado a ir en adelante com pletam ente en la dirección positiva—,
p ara entonces, m ediante una intervención personal m ínim a,
reorientarlo todo en el buen sentido y restablecer la situación.51
El curso de las cosas viene entonces, con total naturalidad, ante
nosotros, y sacam os provecho de la dinám ica inherente al dis­
positivo en su m áxim a intensidad. Es una locura querer «lu­
ch ar contra el Cielo», i.e., em prenderla acción cuando el curso
natural del proceso va en sentido contrario; pero tam bién es
154

peligroso, aunque uno se dé m enos cuenta de ello, intervenir
dem asiado pronto, antes de que el curso natural del proceso
haya llegado com pletam ente a térm ino en el sentido deseado.
Pues, si nuestra acción va entonces en el sentido querido «lógi­
camente» por el proceso, sin em bargo lo fuerza y lleva a exce­
der la m edida que le era natural: luego, será tanto m ás difícil
reequilibrar el proceso de u n a m anera estable y duradera. Se­
m ejante precipitación no sólo nos expone inútilm ente al con­
flicto, sino que tam bién hace que corram os el riesgo de vem os
privados de la ocasión oportuna cuando, finalm ente, ésta iba a
caem os en suerte. El m ayor error es la im paciencia. C ontraria­
m ente a ella, la sabiduría de los antiguos fundadores de dinas­
tía se m anifestó en que supieron captar el m om ento en que,
habiendo alcanzado su punto extrem o la tiranía de los reyes
decadentes, la situación estaba m adura y el balancín volvía a
sus manos: habiendo sabido resistir hasta ese m om ento y h a­
biendo sido capaces de esperar, no tenían m ás que «levantarse
tranquilam ente» y, respondiendo a las aspiraciones de todos,
realizar sin esfuerzo sus saludables designios.111.
Hay que extraerla m ism a lección de los ejemplos preceden­
tes de un poder dem asiado autoritario y coercitivo: quienes in­
m ediatam ente le han hecho frente se han estrellado; m ientras
que quienes, «apoyándose en la tendencia progresiva a la deca­
dencia»,n‘ esperaron que «lo im practicable se disolviese po r sí
mismo» finalmente lograron recuperar el control de la situación
y llevaría a la calma (Huo Guang bajo el poder de Wudi y Zhaodi
de los Han; Sima Guang bajo la dinastía Song).52En ese sentido,
la suerte y el «Cielo insondable» no son m ás que esa «lógica», y
ésta m ism a no es «más que simple conform idad con la tenden­
cia resultante de la situación [el che histórico]».0' Pero, si es ra­
cionalm ente posible prever y adelantar, a partir del análisis de la
situación actual, el giro ineluctable de los acontecim ientos
(puesto que éstos se encuentran implicados por la tendencia en
progreso y, cuando esa tendencia alcanza su apogeo, el inicio de
su inversión ya está presente),p’53 «raros», sin embargo, «son los
que se dan cuenta de ello»; y por eso hay «sabiduría». Considére­
se, com o otro ejemplo, la subida al poder de los eunucos bajo el
reinado de los Han posteriores (siglos I-n): tam bién entonces,
cuantos se enfrentaron directam ente encontraron la m uerte (to­
dos los mayores dignatarios: Dou Wu el año 168 y, del m ism o
155

W ang
Fuzhi

m odo, He Jin veintiún años después). Ahora bien, bastaba darse
cuenta de que esa tiranía, volviéndose excesiva, había suscitado
dem asiados resentimientos diversos que se acum ulaban en si­
lencio y la condenaban sin remedio: un buen día, «una simple
borrasca será suficiente para apagar de una sola vez esa lám para
a punto de extinguirse», «la rapidez y la facilidad de esa inver­
sión están aseguradas de antemano». Un general perspicaz (Cao
Cao) se contentó con reírse perm aneciendo en la banda: «¡Un
sim ple carcelero bastará para quitam os de encim a esa plaga!»; y
es él quien, finalmente, sabrá imponerse.
Una prueba a contrario nos la proporciona u n sutil análisis
del caso del ilustre general de los Song (Yue Fei, en el siglo xn)
que, m ientras la dinastía china acaba de ab an d o n ar toda la m i­
tad norte del país a los invasores, no para hasta relanzar la
ofensiva y desquitarse: como la corte —no sólo cansada de las
guerras, sino tam bién de la turbulencia de sus propios genera­
les— se inclina entonces po r el pacifismo, su celo, hace poco
tan elogiado, pronto se vuelve inoportuno, da pie a la sospecha
y term ina siendo ejecutado, en la plenitud de su vida, en pri­
sión. Si, por el contrario, hubiese aceptado inhibir provisional­
m ente su deseo de gloria a cualquier precio y hubiese sabido
sacrificar un poco su propio mito de im placable valentía, ha­
bría podido esperar a que su principal adversario político (Qin
Kui) m uriese, los invasores acabasen por en co n trar las dificul­
tades que los aguardaban y la moral de la corte, en consecuen­
cia, se hubiese «entonado»; lo que efectivamente ocurrió:54 en­
tonces podría salir de nuevo a la cabeza de las tropas con las
m ayores posibilidades de éxito. Pues «lo que no puede ser con­
com itante», por excluyente, siem pre nos sucede «por sustitu­
ción de una cosa por otra», y así sucesivamente:0!' el que sabe
«replegarse» cuando la tendencia le es contraria, así com o reto­
m a r la iniciativa cuando vuelve a serle favorable, nu n ca está
«bajo presión» y, con el tiempo, acaba por «conseguirlo todo».
Lo esencial, en un m al m om ento, es preservarse a u n o m ism o
p ara aprovechar las oportunidades del porvenir. Quienes, m ás
tarde, tanto elogiaron a ese general «heroico», con el pretexto
de que n unca había cedido terreno, aplaudieron en él, p o r tan­
to, justam ente lo que lo condujo al fracaso y la m uerte; y el
ditiram bo inagotable de la Historia aparece, a ese respecto,
com o algo m ás «envenenado» que la peor de las calum nias.
156

Lo cual lleva a una jerarquía de valores: la «constancia» m o­
ral vence a la «perspicacia» intelectual como factor del éxito.55
La segunda, en tanto que pura captación mental, sólo actú a en
el instante; la otra, que apela a la firmeza anímica, se apoya en
la duración y resulta p o r ello coextensiva a la totalidad de lo
real, en su desarrollo. É sta es «naturaleza»; la otra (sólo) «fun­
ción». Llega u n día en que la perspicacia, a fuerza de ser reque­
rida en todo m om ento, fatalm ente se agota; m ientras que la
constancia, que consiste en resistir adaptándose al curso del
tiempo, es, en su fondo, inagotable. Comparable en esto al Cie­
lo, cuya virtud es «perseverar siempre». Se basa en u n a com ­
prensión superior del proceso, por estar abierta a largo plazo,
de acuerdo con la cual cualquier éxito sólo es tem poral y nin­
gún revés definitivo. Consciente de ese carácter lógico, y po r
tanto ineluctable, de la te n d e n c ia / se será capaz de perm ane­
cer a la vez prudente, cuando se ha ganado, y confiado, cuando
se ha perdido. Así es com o se ha interpretado la fam osa lucha
de los dos pretendientes al Im perio, a finales del siglo II antes de
nuestra era (Xiang Yu contra Liu Bang): uno da, durante m u­
cho tiempo, pruebas de perspicacia, pero, cuando finalm ente
es derrotado y condenado a huir, se corta la garganta, p o r des­
pecho; el otro, po r el contrario, está varias veces a p unto de ser
aniquilado y apenas logra salvarse; pero, inm ediatam ente des­
pués, vuelve a sacar provecho de los disturbios, reconstruye sus
fuerzas y vuelve a lanzarse al asalto. Finalm ente, es este últim o
el que gana; y es justo. *
Por tanto, por sencillam ente autodeterm inado que parezca

W ang
Fuzhi

*
Los dirigentes chinos del siglo XX no han renunciado a esa sabiduría. Cuando
ya no pudo hacer frente a las expediciones de cerco del Guom indang, Mao Zedong
supo replegarse, a costa de una «larga marcha», hasta las cuevas del Shenxi; y allí,
m ás apartado, rehacer sus fuerzas, establecer sus prim eras «bases» y esperar tran­
quilamente a que la situación le perm itiese recuperar la iniciativa (con la invasión
japonesa y, después, la Segunda G uerra M undial) para, finalmente, p asar él m ism o
a la ofensiva y lograr la victoria. Su rival, Tchang Kai-chek hará lo mismo: derrota­
do por los ejércitos comunistas, se repliega en Taiwan, que se convierte en el punto
de partida de un nuevo impulso.
Habitualmente, además, los observadores chinos de la actualidad explican la
política en términos de alternancia: tan pronto hay «apertura» com o «cierre»; el
Partido juega, alternativam ente, «con dos barajas». Los que están am enazados por
la tendencia actual se «repliegan»; pero para preparar su vuelta: se retiran al cam po,
aparentan estar «enfermos», incluso aceptan con complacencia hacer su propia
autocrítica, con vistas a saltar luego con total lozanía, cuando la situación vuelva a
serles favorable.

157

no cabe esperar «llegar de golpe a la expansión de la fuerza». la situación. p o r ende. Pero el Cielo es uno. a la vez. en tal m edida. el dispositivo de la Historia. que. En segundo lugar.58 D entro de la relación de fuerza. de­ vuelve a éste un aspecto trascendente. una vez iniciada. en varios m om entos. tam bién está siem pre al alcance del hom bre adm inistrarla bien. de imprevisibilidad. tiende necesariam ente en determ inado sentido. la tendencia a la decaden­ cia nunca es. nos parece que ese funcionam iento opera a veces de un m odo puram ente adventicio. al igual que percibir. el Cielo es. en estado de debilidad. uno de los finales más dram áticos de la histo­ ria china. no por ello subsiste m enos —aunque sólo fuese en el estado em brionario del inicio. p o r tanto. inexorable. y uno m ism o es responsable de su propia perdición. evolucionó y la tendencia osciló. Dado que se sabe de antem ano. Pues. Tanto si se trata del curso de la naturaleza com o del de la Historia. porque el proceso histórico siem pre posee en sí m ism o cierta holgura que excede la ineluctabilidad de la te n d e n c ia /56 Se trata de la parte. lo antes posible. que para nosotros es m uestra de la dim ensión insondable del «Cielo» (y. tal com o es conce­ bido en China. pero tam ­ bién que ninguna potencia es definitiva y que basta entonces con «ser capaz de aguardar a que la potencia adversa se debili­ te». que la pu ra racionalidad de la tendencia le hace perder). el de la dinastía de los Song y la invasión m ongola resultante: ésta —se nos dem uestra— no era ineluctable dado que. de auge y decadencia). En p rim er lugar. princi­ pio constarite y factor circunstancial:57 a gran escala. residual. al m ism o tiem po que. si la «tendencia siem pre está determinada». se efectúa u n a regulación ineluctable (por alternancia de surgim iento y desaparición. de cerca. y el sab er del Sabio consiste en conectar am bos aspectos: com prender la ló­ gica reguladora a partir de la ocasión circunstancial. u n am ­ plio espacio p ara la iniciativa hum ana. Como testigo.W an g Fnzhi W ang Fuzhi a prim era vista. en virtud de su propia lógica. la ocasión que despunta gracias a su conciencia de los procesos en curso. entre la prim era invasión parcial del N orte p o r los Jin (en el siglo xn) y la —definitiva— de los m ongoles (siglo y medio m ás tarde). preserva. y por principio. si es cierto que cualquier tendencia. cuando todo se decide en proporciones ínfimas—l' cierta dosis de aleatoriedad y.59 Aún quedaban m uchas bazas contra los 158 . del azar (o el destino).

decadencia y renovación. y la lucha em prendida hubiera podido proseguirse durante m ucho m ás tiem po replegándose hacia el Sun se ha­ bría llegado a bloquear el avance del enemigo y conservar im ­ portantes plazas. al evocar así el final de los Song. la historia literaria. po r tanto. por­ que en esa época las teorías de la im itación ejercen una presión excesiva (im itar exclusivamente la prosa de la Antigüedad y de los Han. com o tal. VI. y la poesía de los Tang). que él m ism o nunca haya depuesto las arm as. aum enta la distancia entre la creación literaria viva (la novela. el autor de este análisis tam bién justifica. por tanto. en dos puntos principales. La des­ trucción es. a partir del siglo XVI. Pronto aparece. la prosa poética. cuatro siglos m ás tarde.) 159 . proporciona a la historia literaria la justificación de sus conceptos básicos. seguía siendo posible una salida. nos anim a a ser resistentes. culpa de los dirigentes (el em perador Lizong y sus dos prim eros m inistros sucesivos) y. dado que «las situaciones [che] difieren» de u n a época a otra. El punto de vista del che tam bién concierne a form as de historicidad m ás particulares. servir de fácil verifi­ cación. basa­ dos en la alternancia y coincidentes. cuando esas concepciones adquieren im portancia: por una parte.. el teatro.11'61 al igual que el punto de vista según el cual. ese tipo de historia que tanto ha contado en China. en la concepción china de la literatura.. cualquier historia puede concebirse de acuerdo con el m ism o esquem a y. En prim er lugar. en particular. sin duda.mongoles. y. a otras clases de procesos: dado que cualquier situación se encuentra orientada por una tenden­ cia que. frente a la invasión m anchú:60 basarse en el determ inism o de la tendencia. la idea de que «cierta tendencia sigue su curso» (che: la del gusto o la moda) sin que sea posible retroceder. Le corresponde a ésta. la conside­ ración de la tendencia en literatura perm ite destacar en ella la necesidad de las m utaciones y sirve de argum ento al partido de la m odernidad (lo que corrobora el punto de partida de esa reflexión restableciendo los argum entos de los reform adores de inspiración legista). para quien «evalúa correctam ente la ten­ dencia del m om ento». por tanto. con los que aca­ bam os de establecer: auge. lejos de llevar a la resignación. en segundo térm ino. dirige su evolución. la im itación se vuelve im p o sib le/62Pero es sobre todo al final de los Ming.

LiZhi
s.XVI

Yuan
Hongdao
s.XVI

y el juicio escleroso de los críticos, y p o r ello se vuelve urgente
reaccionar contra esa imposición del dogm a y el inmovilismo;
p o r o tra parte, porque en esa época sale a la luz u n a filosofía
«intuicionista» que, dando prim acía al m ovim iento ingenuo de
la conciencia, valora en prim er térm ino la espontaneidad.63 Se­
gún esa concepción, únicam ente nuestra ingenuidad es autén­
tica en nosotros, m ientras que nuestras percepciones sensibles
y, a continuación, los razonam ientos lógicos que elaboram os a
p a rtir de ellas nos desposeen de ella. N uestro saber aum enta y
nuestro «gusto» se forma, pero esa cultura, fortalecida por la
lectura y el estudio, interrum pe nuestra ingenuidad prim era; y,
entonces, nuestra expresión ya no proviene del fondo de noso­
tros m ism os, sino que es «postiza»: p o r lograda que pueda pa­
recer, esa expresión, que está separada de nuestra interioridad,
ya no tiene valor, cae en lo artificial y nos aleja de la única
literatura «realmente lograda», la que nace de «nuestro cora­
zón infantil». No se podía llevar m ás lejos la exigencia de natu­
ralidad. Pero es ésta la que hace que la literatura se transform e:
el único m edio para ella de apartarse de los géneros y form as
que en cada época am enazan con im ponérsele com o modelos,
obstruyendo su fuente ingenua y convirtiéndola en «postiza».
La literatura siem pre está condenada a innovar p a ra perm ane­
cer fiel a su exigencia de autenticidad. La propensión a evolu­
cionar es su condición de posibilidad.
De ahí el prejuicio de los m odernistas, de los que saben tener
en cuenta la tendencia de su época: la literatura no puede no
evolucionar del pasado al presente —así es el factor tiempo—64y
hay ruptura entre las épocas; plagiar la expresión de los antiguos
para hacerse pasar por «antiguo» es como, en el m om ento más
crudo del invierno, cubrirse con ligeros vestidos de ramio. A se­
m ejanza de las restantes producciones hum anas (de la ropa a las
instituciones), la literatura ha evolucionado desde lo m ás «com­
plejo» a lo m ás «simple» y de lo más «oscuro» a lo m ás «claro»;
o, tam bién, del «desorden» al «orden», de lo «difícil» a lo que
«cae por su propio peso» y resulta «ágil».65 Por lo tanto, la ten­
dencia está naturalm ente orientada en el sentido de la viabili­
dad. Así, que «el pasado no resulte útil para el presente se debe al
che»,w y la evolución es ineluctable. Los caracteres de la m oder­
nidad son, en efecto, incompatibles con los de la Antigüedad;
hoy no puede redactarse una proclam a política en los mism os
160

térm inos que hace dos mil años, y nuestras canciones de am or
tam poco pueden tom ar nada en préstam o de las de otra época.
Los tiem pos han cambiado, y la literatura con ellos: «que hoy no
estemos obligados a im itar el pasado se debe, igualmente, al
che». Este últim o término, por sí solo, adquiere aquí valor argu­
mentativo; incluso sirve de explicación definitiva.
Por tanto, la literatura sólo resulta com prensible en una
perspectiva histórica. Mejor aún, es de naturaleza histórica: no
en función de un condicionam iento externo que reflejaría, sino
por necesidad interna. Pues la poesía de cada época «no puede
no» ser llevada a «ceder su sitio, al entrar en decadencia» a la de
la época siguiente, en la cual se ha transform ado: «Los Trescien­
tos poemas (la prim era antología poética de China, siglos DC-vr
a.C.) no podían no entrar en decadencia, y surgieron los Cantos
de Chu (al final de la Antigüedad); los Cantos de Chu no podían
no entrar en decadencia, y surgió la poesía de las dinastías H an
y Wei; la poesía de los Han y los Wei no podía no en trar en
decadencia, y surgió la de las Seis Dinastías (siglos m-vi); la
poesía de las Seis Dinastías no podía no e n tra r en decadencia, y
surgió la de los Tang (siglos vn-rx): así es el che»,66 com o pro­
pensión a evolucionar. El género se identifica con esa evolu­
ción, al m ism o tiem po que sem ejante m etam orfosis constituye,
en el transcurso de las épocas, la ley del género. Renovación
ineluctable, dado que, si imito la poesía del pasado, o bien la
im itación no tiene éxito y «entonces pierdo aquello en virtud de
lo cual había poesía», o bien tiene éxito, pero entonces se pierde
«aquello en -virtud de lo cual hay yo». La solución del dilem a
está en el ideal (el que encam an los m ayores poetas: Li Bo y Du
Fu) según el cual «la cosa no deja de parecerse siem pre sin, no
obstante, parecerse nunca»: la identidad de lo poético es tanto
m ás intensa cuanto m ás se logra innovar. O, tam bién, es no
dejando de hacerse otra como la poesía sigue siendo ella tnisma. Expresión paradójica, pero que nos devuelve a la intuición
prim era, y la m ás general: nada subsiste a no ser por la tran s­
formación.
El partido de los m odernistas desem boca, así, en u n a visión
equilibrada de la historia literaria. E ntre u n a visión progresista
de la literatura (desarrollándose por etapas, en consonancia con
la civilización) y la perspectiva inversa de u n a decadencia (se­
gún la cual, m ás allá de los textos canónicos que representan la
161

Gu Yanvvu

s.XVU

Y eX ie
s. XVII

W ang
Fnzhi

últim a perfección, cualquier literatura ulterior está condenada
a la degeneración),67 la concepción de una renovación periódi­
ca ofrece el justo m edio anhelado: cada época hereda de la pre­
cedente al m ism o tiem po que es creadora.68 A la vez «ruptura»
y «tradición» («vuelco» y «filiación»). Más bien que dividir épo­
cas concebidas como otros tantos bloques tem porales, unita­
rios y aislados, las nociones de la historia literaria china insis­
ten en el carácter continuo de la evolución: a toda «fuente» le
sigue un «curso»; del «tronco» se llega a las «ramas». Los facto­
res de cam bio se inscriben por sí m ism os en la regularidad del
proceso; la dinám ica de la alternancia es inagotable: al igual
que cualquier otra historia, la de la literatura pasa po r u n enca­
denam iento ininterrum pido de fases de auge y de decadencia,
lo que, sin em bargo, no significa que «lo que precede sea nece­
sariam ente una época de auge y lo que sigue una época de deca­
dencia». Pues toda decadencia produce p o r sí m ism a un nuevo
auge: tam bién ahí, la «tendencia» a la transform ación, percibi­
da com o «ineluctable»,'’ form a parte del «orden de las cosas» y
está justificada por la razón.
VIL El análisis de la Historia implica, p o r tanto, «partir de
la individualidad del momento» para «evaluar su che».69Lo que
significa, com o conclusión, que la noción de tendencia resultan­
te de la situación sirve de interm ediario entre la sucesión de las
épocas que constituyen el curso de la historia vivida y la lógica
interna, a descubrir a través de ellas, que justifica esa evolu­
ción. Ella es lo que perm ite pasar de una a otra, articulando el
devenir y la razón: dado que la orientación ineluctable, y por
ende el desenlace legítimo, que la tendencia no puede dejar de
conferir constantem ente a esa evolución deriva de m anera
siem pre inm ediata, y tam bién siem pre nueva, exclusivamente
del juego de los factores que configuran en cada m om ento la re­
lación de fuerza. «Si los m omentos difieren, las tendencias [que
resultan de ellos: che] tam bién difieren, y, si las tendencias
difieren, las lógicas [que gobiernan los procesos] difieren del
m ism o modo»;y'70 «la tendencia se basa en la ocasión del m o­
m ento de igual m anera que la lógica interna en la tendencia».71
No se puede deliberar de modo general, y po r ende abstracto,
sobre el curso de las cosas: «Hay que inform arse del m om ento
dado de tal m odo que se detecte su tendencia y, gracias a ésta.
162

intentar adaptarse a su coherencia».272 Pero, desde el m om ento
en que se percibe com o un determ inado dispositivo, cualquier
situación particular se vuelve inteligible; y es de su tendencia
—y sólo de ella— de donde puede deducirse lo que hem os acos­
tum brado a llamar, en la actualidad, el «sentido de la Historia».
No se podría negar, en efecto, cierta analogía objetiva entre
la concepción china de una racionalidad del dispositivo históri­
co y de su evolución, y, por otra parte, la visión hegeliana de la
Historia concebida com o realización de la Razón, pues am bas
se basan en la idea de una ineluctabilidad del proceso em pren­
dido (cf. Hegel: «Del estudio de la propia historia universal
debe resultar que todo ha ocurrido en ella racionalm ente, que
ha sido la m archa racional y necesaria del espíritu universal»:
«der vemünftige, notwendige Gang des Weltgeistes»).73 Por am ­
bas partes, la negatividad sólo es tem poral, como m om ento ne­
cesario de la transform ación; se deja com prender y superar a
partir de la evolución m ás general en curso, y se nos invita, en
vez de a lam entar las desgracias de la Historia, a un «conoci­
m iento conciliador»74 de ese devenir. De form a análoga, final­
mente, el curso de la Historia se sirve de las pasiones hum anas
y el interés privado con vistas a realizar lo que corresponde, de
hecho, al interés general. Cabría, en la óptica china, repetir
exactam ente respecto al prim er em perador de China lo que H e­
gel dijo de C ésar unificando políticam ente el m undo e im po­
niéndole un régim en adm inistrativo nuevo, «lo que le p ropor­
cionó la ejecución de su plan en un principio negativo» (la am ­
bición de ser «el único am o del m undo») tam bién era en sí una
determ inación necesaria en la H istoria (de China y del m undo),
«de m odo que no estuvo presente únicam ente su beneficio p ar­
ticular, sino tam bién un instinto que realizó lo que en sí m ism a
la época reclam aba».75 Ese «instinto» secreto (de la Razón) es
lo que los chinos llam an el «Cielo», com o fondo insondable de
la Regulación.76Ni siquiera hay en el destino desdichado de los
grandes hom bres —los que, sigue diciendo Hegel, «tenían
com o vocación ser hom bres de negocios del genio del univer­
so»— nada que no sea lógicam ente similar. César es asesinado;
la dinastía del prim er em perador chino no tarda en ser derroca­
da y la longevidad dinástica se ve reducida para siem pre:77 el
«cascabillo» no tarda nada en caer, vaciado de su grano.
Pero, a partir de esa analogía, la diferencia que separa am ­
163

bas concepciones de la H istoria aún resulta m ás notable; y re­
vela la distancia entre las dos configuraciones discursivas en
que aquéllas se inscriben. Hegel concibe la Razón en la H istoria
m ediante una relación «medio»-«fin»; cuanto ocurre en el cur­
so del tiempo, incluso la acción de los grandes hom bres, no es
m ás que el medio m ediante el cual se realiza el «fin del univer­
so», que es la accesión de la conciencia a la libertad. Para Hegel,
heredero de la tradición judeo-cristiana, la historia universal
debe concebirse como un progreso cuya conclusión, si bien ya
no se concibe de un m odo puram ente religioso (la Ciudad de
Dios), no por ello representa en m enor grado, desde el com ien­
zo, su justo destino. Pero ya hem os visto que, desde su prim era
form ulación, en estrategia, la concepción del che no pasa p o r la
relación —que, sin embargo, parece tan natural a nuestro espí­
ritu— medio-fin: si, en el m arco de la Historia, el Cielo puede
servirse del interés particular de los grandes hom bres, ello se
debe a una pura determ inación inherente al proceso que, con­
cebido en su globalidad, no puede dejar de perm itir que se
transparente de ese m odo su papel em inentem ente regulador.
Pero sin que intervengan ninguna Providencia ni plan preelaborado. La visión china de la Historia no es teológica, puesto
que no es el lugar de ninguna Revelación ni en ella se descifra
n ingún designio; está desprovista de cualquier escatología,
puesto que ninguna causa final la dirige. N ingún télos la justifi­
ca; su «economía»78 es inm anente. En gran m edida, sem ejante
diferencia se explica, en definitiva, por la concepción del tiem ­
po: si la tradición china claram ente posee la noción de u n pró­
xim o futuro —el que ya existe com o indicio en el m om ento
presente y que la evolución del proceso, tal com o ha sido em ­
prendido, no dejará de hacer que se realice—, no parece conce­
der, en cambio, consistencia propia al puro futuro. El tiem po
del proceso es el infinitivo; su lógica, por estar autorregulado,
im plica que no puede tener térm ino: u n desenlace de la H istoria
resulta impensable.
La distancia, en función de ello, no puede sino acusarse aún
m ás entre las dos tradiciones. Incluso la definición que parecía
absolutam ente general y de la que era imposible salir — «La
H istoria es el relato de acontecim ientos (o hechos) verdaderos
cuyo au to r es el hom bre» (siendo lo único que no tiene carácter
de acontecim iento, como han revelado las nuevas concepcio­
164

al principio. m ientras que la tradición china privilegia la relación).e. o el hecho. en el plano metafísico. en ausencia de tal antecedente). que m arcaba las concepciones estratégicas de Occiden­ te y al que se oponía. n a rra ti­ va. de cabo a rabo. ya de u n a recolección de docum entos: el hecho/acontecim iento in­ terviene en ella m ás bien a título de señal de la evolución). desde fuera. el p unto de vista probabilístico del que constatábam os. i. sino tam bién ficticia (im aginando evolucio­ nes irreales para calibrar la eficacia de las causas: qué hubiera ocurrido «si». com o tal. si nuestra configuración de la H istoria es. principalm ente. que en la transform ación. com o aquí. respecto a la nuestra. m ientras que hem os visto cómo la tradición china tenía m uy presente la interpreta­ ción tendencial. Lo cual nos invita. afecta a la propia naturale­ za del trabajo del historiador: la explicación occidental de la H istoria se basa en el esquem a causal. igualmente. Pues. no deja de reflejar la prim acía que hemos concedido. al comienzo de esta re ­ flexión. nunca es exhaustivo (cada hecho/acontecim iento se sitúa en el cruce de innum erables series y cabría rem ontarse en cada una de ellas al infinito): recuperam os. tras el desglose del fenóm eno «efecto». el género de la historia fija m enos su atención en el acontecim iento. del átom o a Dios. La diferencia. a repensam os a nosotros mismos: si. tam poco se presenta. el punto de vista de una «autom aticidad» propio de la estrategia china. el género de la historia tiene com o obje­ to el hecho o el acontecim iento. a que el género histórico deriva entre nosotros del relato épico (m ientras que China es la única de las grandes civilizaciones que no ofrece ni cosmogonía ni epopeya). Sabem os cuál es la lógica de la explicación causal en histo­ ria: se basa en una operación que no es sólo selectiva (separar y elegir. a la entidad individual (ens individuum . en nuestra tradición. los antecedentes m ás adecuados). ello se debe.. de otro modo. finalmente. a la inversa del 165 . «la historicidad de la que no hemos tom ado conciencia en cuanto tal»)— 79 ya no resulta tan pertinente res­ pecto a la tradición china com o la ha sido. durante veinticinco siglos. E n China.80Se tra ta ahí de un cálculo retrospectivo de lo probable (en el m odo de u na predicción a la inversa o «retrodicción»)81 que. en el des­ glose y el m ontaje que hace de lo real. sem ejante «opción».nes de la Historia. com o una narración continua (ya se trate de un registro analístico.

en que «sea así» (de ahí el interés tradicional de la reflexión china por el tiem po largo y sus «transform aciones si­ lenciosas». la correla­ ción delyz/z y elyang. No obstante.. auge-decadencia. perm ite estructurar el devenir histórico. traza 166 . la interpretación tendencial se presenta como una pura deducción de lo «ineluctable» (con lo que éste ya no se debe a u na ilusión retrospectiva. en su hacerse cargo del devenir. Cuando. m ediante transform ación continua. com o hem os visto. conviene «rem ontar al punto de partida de la evolución» que ha desem bocado.83 por otra. Ahora bien. que entren incesantem ente en escena nuevos datos). Por lo tanto.m ontaje hipotético de la causalidad. p o r ejemplo. la reflexión sobre la H istoria no ha igno­ rado del todo. el proceso sólo puede evolucionar en un sentido u otro (ya sea en el m odo de una acentuación de la tendencia. articular la realidad de una m anera bipolar.). «No ha­ biéndose producido en un día» lo que ocurre. ape­ nas parece consciente): por una parte. la dualidad de instancias que. fácilm ente considera el curso de la Historia com o algo que evoluciona aisladam ente. Un tem a tan clásico como «grandeza y decadencia de los rom a­ nos» se prestaba fácilmente a ella. considerar la evolución histórica como un proceso global y que constituye un sistem a aislado (a la inversa de la explicación causal que perm anece abierta y acepta.. corresponde para ella al principio m ism o de cualquier realidad. la interpretación tendencial. p o r su parte. en cada caso. ya sea en el de una inversión de ésta. en Occidente. en el estadio de acontecimiento. estaba culturalm ente predis­ puesta a explicar el devenir hum ano según esa lógica de la tendencialidad. por reequilibrado y com pensación). VHI. a ello se presta por partida doble la civilización china: no tom ando en consideración m ás que su propia tradi­ ción y percibiéndola desde u n punto de vista siem pre unitario (tal es la fuerza de su etnocentrism o). m ientras que se trata de u n interés m ucho m ás re­ ciente entre nosotros). en el plano filosófico. sino que es lógico): de un estadio al siguiente.82 Pero la propia evidenciación de una necesidad tendencial sólo es posible a p artir de una doble ope­ ración teórica (de la cual la tradición china. en la que sólo intervienen las relaciones de oposición y com plem entariedad (de lo cual deriva la oscilación posible: tensión-relajación. y.

cuando al comienzo del siglo XX de nue­ vo se tom aron distancias frente al esquem a progresista. la mantienen o la precipitan. una causa particular— ha arruinado un Estado. Igualm ente. «aspecto principal»: estam os cerca de la tendencia. com o corrige el propio M ontesquieu. y si el azar de una batalla —es decir. En una palabra. el aspecto principal arrastra consigo todos los accidentes particulares. ya no puede conservarlos. Con m ayor generalidad. se encarga a la noción de «corrupción». cuando consigue ab andonar su senti­ do moral. que generaliza el siglo XIX) a ú n no se había impuesto. morales o físicas. en el m odo bipolar tan querido por los chinos. habiendo conquistado dem asiados territorios.85 «Causa general» o. fue n e­ 167 .84 A partir de ahí. Hay causas generales. que tuvieron una serie continua de prosperida­ des cuando se gobernaron según cierto plan. y una serie no inte­ rrumpida de reveses cuando actuaron según otro.el paralelism o entre Cartago y Roma. dem asiado ideológico como para servir de explica­ ción histórica (los rom anos se habrían corrom pido por influen­ cia del epicureismo). la elevan. que está en el corazón de la obra. con frecuencia son consecuencias necesarias de la situación en que se en cu en ­ tran. en el siglo XVIII. y los inconvenientes han hecho surgir los inconvenien­ tes». Aníbal ya no recibe refuerzos. M ontesquieu tam bién siente la tentación de superarlo: No es la fortuna la que domina el mundo: podemos preguntálase­ lo a los romanos. existía una cau­ sa general que hacía que ese Estado debiese perecer a causa de una única batalla. todos los accidentes están sometidos a esas causas. «Fueron las propias conquistas de Aníbal las que em pezaron a cam biar la fortuna de esa guerra»: habiendo resultado vencedor con ex­ cesiva continuidad.86Lo que le resultaba históricam ente posible porque. M ontesquieu es m uy consciente de la lógica interna que hace pasar del éxito a su contrario. explicar la necesidad estruc­ tural de la inversión. si m antiene su adhesión al esquem a causal. M ontes­ quieu tiene la intuición del che: «Las faltas que com eten los hom bres de Estado no siem pre son libres. que actúan en cada monarquía. salíam os de u n a visión providencial de la H istoria (la que culm ina con Bossuet) y la versión laicizada de ésta (a p a rtir del desarrollo de la ciencia: com o ley de u n ineluctable progreso hum ano.

com o organism o vivo. aunque sea cierto que m uchas m ueren».. libre de cual­ 168 .. p o r principio.88 De ahí la aporía a la que finalm ente ha llevado el esquem a cíclico. y su vuelta a una visión progresista. de u n a m era analogía: «[. Pero —com o observa Raym ond Aron— el problem a es. es de tipo zoológico o botánico: la civilización es com parada con una especie anim al o vegetal. Se debe. en la obra de Toynbee. sobre todo. necesidad teórica de que las creaciones de un organism o m ortal sean ellas m ism as m or­ tales.] no veo. Los esquem as cíclicos de nuestra Antigüedad no planteaban problem a porque se ba­ saban en una visión cosmogónica en la que. pero [. su famoso Libro de las mutaciones (el m ás im portante de los textos canóni­ cos establecidos desde la Antigüedad): resulta que. «qué puede significar para nosotros. incluso en Vico). E n Spengler. por su parte. ese punto de vista biologista se m antiene íntegro. por mi parte. que intentan establecer una morfología de las civilizacio­ nes a p artir de sus fases de crecim iento y descom posición. se nos proporciona una fórm ula única. en to n ­ ces. a la ausencia de un m odelo —m ás allá de la generalización po r com paración— para d a r form a de ese m odo al devenir. cada u n a tiene su período de floración. la anti­ gua idea de los ciclos». y luego de la serie de los sesenta y cuatro hexagram as de ella derivados.. no pudiendo ser astronóm ica. para la tradición china. en el fondo. a p a rtir de la exclusiva alternancia entre trazos continuo y discontinuo. vida h u m an a y destino del m undo estaban indisolublem ente u ni­ dos.] cualquier ser hum ano. la única base que le queda al pensam iento cíclico. Se aprecia tanto m ejor la aportación que ha podido representar. Pero. llega a la m adurez y luego cae en la decadencia (según el modelo del De generatione et corriiptione de Aristóteles).87 Pues la dificultad teórica suscitada por la obra de Toynbee no sólo se debe a que éste hubo de aislar en un proceso cerrado a cada u n a de las civilizaciones (como han hecho los chinos respecto a la suya). pero Toynbee es dem asiado consciente. está condenado a m o rir al cabo de u n tiem po m ás o m enos largo. de que siem pre se trata. convertida finalm ente en teología. cuando caen las hipótesis cosmológicas (ya sólo que­ dan huellas de ellas en el Renacimiento.cesario volverse hacia la interpretación tendencial —augedecadencia—: lo testim onian los trabajos de Spengler o Toynbee. en el siglo xx..

Sabemos que esa disociación se consum a con el platonism o: por un lado. por otro. lo que im porta no es tanto la serie de etapas com o el contorno. El devenir se iden169 . Es el propio devenir el que se deja interpretar así y se ordena de acuerdo con su principio propio: así pues. Por ello. No se trata. fortuna. a la vez que su uso es polivalente. conviene llevar aún m ás lejos el análisis de la dife­ rencia. en el catálogo de la teogonia. el devenir (el orden de la génesis). en cualquier época. Bajo el reinado de lo M ism o se revela la naturaleza rebelde de lo otw . Pues tenem os que com prender por qué el pensam iento griego tuvo tan ta necesidad de extraer el «ser» del devenir. el «ser». el devenir oscuro surgido del caos es dom inado por el pensam iento gracias a la instauración trascendente de u n a ley que encam a la Necesidad del destino. el devenir es en sí m ism o prin­ cipio de irregularidad. de las figuras de la divinidad que a los modos de encadenam iento. Sin que el realism o aristotélico. de la transform ación. en China. es objeto de la ciencia. fi­ guras y elementos: la coherencia del devenir nace de la fórm ula m atem ática o lógica que fija en él la inm utabilidad de los tipos. m onstruosidad o cualquier otra m anifestación ininteligible de la necesidad. La interpretación es sis­ temática. Pero. modifique en absoluto esa perspectiva: si form as y devenir ya no son separables. nítido y definido. las formas eternas no por ello m antienen menos su dom inio y sólo de ellas recibe el devenir su determ i­ nación. desorden y mal: a m edida que se des­ ciende en la jerarquía de los seres. el interés ya se dirige m ás a la identifi­ cación. en las que se suceden las generaciones de dioses. de que los griegos hayan tenido m enor conciencia de lo efímero: lo prueban sus cosm ogonías prim iti­ vas. aunque se presente como una doctrina del devenir.89 Progresivamente. la teoría china de la H istoria sólo tuvo. m ediante fijación. sólo hay realidad en la transform ación. sin duda. que es eterno y perfecto.quier referencia.90 Lo que escapa a su influencia es el residuo de irracio­ nalidad: accidente. que fundirse en ese molde. la parte del devenir se hace m ayor y únicam ente m ediante «participación» en las Ideas in­ móviles puede ser ordenado lo cam biante. que adquie­ ren las formas sucesivas. el flujo continuo de las cosas encuentra su consis­ tencia en el arm azón teórico que le proporcionan núm eros. lo que nace y m uere pero nunca «es». rem ontar aún m ás arriba en la genealogía de la distan­ cia. m ientras que.

. por tanto. Todavía queda por consi­ derar. en sí m ismas inmutables (las de las diversas constituciones consideradas en su principio). lib. de la tiranía a la democracia (o a la inversa). al m enos a título de imagen: el pensam iento griego estuvo m arcado p o r la idea. las Ideas o las formas). R esulta claro.91 Una vez más. en lo que respecta al pensam iento chino. el orden se concibe como inherente al devenir. lib. de la «medida» que intenta im ponerse al caos. el pensam iento chino concede la m ayor im portancia a la inter­ pretación tendencial (antecedente y consecuente son los esta­ dios sucesivos del m ism o proceso —A-A'. el pensam iento occidental privilegia la explicación causal (en ésta. III y IV) a Montesquieu (El Espíritu de las leyes.. com o lo que lo constituye en proceso.— . que la propia concepción de un dispositivo histórico sólo es inteligible a partir de esa oposición. es a p artir de las formas. trágica y herm osa a la vez. m ien­ tras que. los filósofos occidentales sólo han abor­ dado el devenir histórico com o el paso de un régim en político a otro: de la m onar­ quía a la tiranía. po r concebir el orden com o inherente al proceso. la diferencia esencial a ese respecto: el pensam iento griego introdujo desde el exterior un orden en el devenir (a partir de los núm eros. 170 . A y B. VIII). ante todo. con la «materia» y ya no se saldrá de esa inmovilización de las esencias. Pero lo que cuenta es. pronto fue sensible a la fecundidad. abandonando el plano de la historia por el de la filosofía prim era. y no a p a itir de una lógica inherente a la transform ación. tanto en su principio com o en su generalidad.tífica. en el pensam iento chino. VII y XI) y Aristóteles (Política. lib. etc. como se piensa el devenir. la apuesta teórica de esa diferencia: p o r proyectar el orden desde el exterior. son recíprocam ente ex­ trínsecos). y cada una de las fases se transform a po r sí m ism a en la siguiente). antecedente y consecuente. * De Platón (República.* Ésa sería. Ca­ bría decir. regu­ lar y espontánea. en definitiva. cóm o se justifican esos dos m odos de proceder. que deriva de la exclusiva alternancia de las estaciones.

i «a 4 -jt X &VL ¿ -& A .J ¿ A J t * J. í«.&}>![ Á . *A *1 + * } jLfcJ i * £*k¿ & .* * * • t i l Alcanzar el c/íe como «principio del arte de p¡nLar»: para representar una montaña.* & $ $ SIPA * % £ £ '# * ± * * * * -. sino captando primero el movimiento de conjunto de la composición (extraído del Jardín del grano de mostaza) 4.indica la línea vertical en la que figura la palabra che • señala el propio sinogramac/ze 171 .4p ^ A* ^ .''° ^—' 0■ *■ ^a. no conviene proceder por acumulación de rocas que cubren progresivamente todo el espacio.£** ± jk ¿.

* íf} M * U J í! < & d * X 172 J £1 arte de alcanzar el che como configuración dinámica combinando peñascos juntos (de uno a cinco) .? l K « y s n í S í : j A? í2 íi.Incluso en la pintura de peñascos la energía vital nace —y se expresa— siguiendo la tensión del trazado {che) f.-í < t A* Aa + í í l & u u a s" "si u i í i f *1-54«i Sí *f * 2 *■*•z T -S% tp n .

t ^ í j * * ? * 4 . * * *£* « áo" ^ ^ M .i__________ t á 'A jtA # ñ & $ * * f f * ¿.«ku/v-ajUiíM &¿*Ml-:t>lí*r * ♦ .J““ -----.I $ M * * * f * * ¿ .A n t a r .------------— * í* ' 7 ? V i4 * 49£ «Alcanzar el che »: en la pintura de sauces. basta separar entre sí las delgadas ramas que ondean al viento para animar la composición (extraído del Jardín del grano de mostaza) 173 .4 :i h ví & # H ¿ t * £ T i!¿ * i « * ¿ .H i3 ® u ' *<& .

jl*.# # „ ñ * * A 4 «Alcanzar clc7¿c»: aquí.* * ¿ t | 4 « * 1 « * f . ¿ 4- A41 ft. * * .xs# t L M'Íl 'éVjfc I t f * . técnica de acuerdo con la cual el pintor Fan Kuan combinaba diferentes especies de árboles en un bosquecillo: irregularidades y contrastes confieren su cualidad de tensión a la configuración (extraído del Jardín del grano de mostaza) 174 .* ± * í ¿4.* • JL 4* ib # & # £ 4 *£& k / a «Mfcí f 4-tí.tí.________________ i_________________________________ Uk M A * 04» * * „ * < * £ * * * * « £ #* * i i < * ¿ A i * /-«& ■ * t fc4t##j ¿ & f f c K £ r J * i L * * * ' % * ‘* S Z . * i.

sino que es objeto de un cálculo específico en función de las diversas variables que caracterizan la construcción 175 .La cu n a del tejado expresa una tensión en la configuración (che) tradicional de la arquitectura de Extremo Oriente: no está pre­ determinada.

176 .

la perfección instintiva del gesto a ejecutar y el breve poema. abajo. Cada movimiento-posición es representado por el croquis de la parte superior izquierda y se comenta abajo. mediante referencia al mundo animal. que evocan las diversas «disposiciones eficaces» (che) de la mano sobre las cuerdas del laúd: página anterior el coletazo descuidado de la carpa. un segundo croquis representa. el estado anímico buscado 177 . arriba: la mariposa blanca al ras de las flores. de manera alegórica. a la derecha. expresa.Láminas del Gran Tratado del sonido supremo.

# r . 'Í 4 * * 4 * -* * A *. í 5 -4 ¿ tíf r iit ^ A A ^ Í . j ? * * « * . ¥ Las «líneas de vida» del relieve constituyen una red venosa que irriga la pulsación cósmica 178 ..¿ t í A..i f fc * ¿ .* ¿ * ( .*>£ & ^ i t ¿ < . Í J i i * " ^ f l t 'F >&.

El dragón como símbolo de una tensión en el seno de la coniiguración: «Alos pinos de Li Yingqiu les gusta elevarse en movimientos sinuosos que recuerdan el cuerpo enroscado del dragón (o el vuelo del fénix)» (extraído del Jardín del grano de mostaza) .

Riqueza de impulso que asegura la continuidad del dinamismo característico de la cursiva (arriba. caligrafía de Zhao Mengfu) 180 . la Ziyantie de Zhang Xu) opuesta a la arquitectura más estable —y discontinua— de la escritura regular (abajo.

de lo visible y lo invisible. confiere al paisaje su capacidad de superación y lo abre a la vida espiritual 181 . de lo vacío y lo lleno.El dispositivo estético Paisaje clásico de la estética china (atribuido a Muqi). flota la barca de un pescador La tensión engendrada por la correlación del trazado de contorno y la aguada. y. A lo lejos se esboza la línea de los montes. aparecen algunos tejados entre los árboles. sobre el agua. más cerca.

.) y poder de animación (Chen Rong.El dispositivo estético Tensión y atmósfera: el cuerpo del dragón apareciendo fugitivamente a través de las nubes. intensificación del espacio (caligráfico. poético. detalle de Nueve Dragones apareciendo a través de las nubes y las olas) 182 ..

Pero parece que. que dom ina el proce­ der de nuestra mente. nos dice Kant. a Dios. es «el conocim iento de la causa por la que un a cosa es» el que nos proporciona «la ciencia de esa cosa de una m anera absoluta y no accidental». ella ha m odelado nuestra form a de preguntar. tam bién. hasta sus principios. incluso en 183 .8 LA PROPENSIÓN EN ACCIÓN EN LA REALIDAD I. pues ese ascenso en la causalidad de las cosas es el m odo en que damos cuenta de lo real. donde la «causa pri­ m era propia de la cosa» se corresponde con la Causa absoluta­ m ente prim era y remite. «enseñar es decir las cau­ sas para cada cosa»:1las fórm ulas de Aristóteles son tan válidas en el dom inio de la naturaleza física entregada al devenir —ge­ neración y corrupción— com o en el de la filosofía prim era. de haber captado la prim era cau­ sa». «No creemos conocer nada antes de haber captado en cada caso su porqué. m ientras perm anezcam os dentro de la tradición propia de Occidente. establecida a priori. el del Ser en tanto que s e r —la m etafísica—. Parece imposible poner en entredicho la validez absoluta de esa aprehensión causal. H asta tal punto esa legitim idad se ha constituido allí en evidencia y le ha servido de fundam en­ to lógico: la causalidad es u n a ley general del entendim iento. finalmente. y. es decir. Rerum cogiioscere causas: la fórmula ha servido de divisa a nuestro aprendizaje filosófico.

la razón oculta de las cosas. de todas las 184 . al final de su encadenam iento. una especie de em brión de otra lógica: la configuración de las resquebrajaduras que aparecen sobre el caparazón de tortuga som etido al fuego.2 El diagram a adivinatorio se vuelve por sí m ism o porta­ dor de todo el juego de las implicaciones cósm icas del aconteci­ m iento a prever. la relación que perm ite constatar la ciencia adivinatoria no se presenta com o una cadena de causas y efectos interm edios. sino como cierta disposición parti­ cular que resulta em inentem ente reveladora. el pensam iento chino se ha construido en escasa m edida a partir de sem ejante principio. En contrapartida.su interpretación de la naturaleza. la configuración se ofrece a la lectura com o u n a capta­ ción m om entánea. de que pueda ignorar la relación cau­ sal. en el com ienzo de la civilización china. a continuación de m anipulaciones m uy ela­ boradas. Un prim er indicio del m enor interés de la tradición china por la explicación causal nos lo ofrece la escasa inclinación que ha dem ostrado hacia los mitos. Es bien conocida la im portan­ cia atribuida dentro de nuestra civilización a la función etiológica del mito. po r supuesto. la práctica m inuciosa de la adivinación nos perm ite ver. tales implicaciones «excediendo inm ensa­ m ente sus determ inaciones causales y dom inándolas por com ­ pleto». pero sólo recurre a ella en el m arco de la experiencia coti­ diana —a ojo— . al mismo tiem po que global. signo de la m odifi­ cación global del estado del universo necesaria p ara cualquier nueva m anifestación de acontecimientos. po r infinitesim al que sea». a partir de su análisis del diagram a adivinatorio. No se trata. nunca se interpreta en función de la relación causaefecto que la ha producido. el im portantísim o desarrollo que conoce. cuando su captación es inm ediata. «De u n aconteci­ m iento a otro —nos dice Léon V anderm eersch—. sino como un cam bio de configuración diagram ática. los elem entos mitológicos dispersos que podem os identificar a través del «folclor» nunca han sido articulados por la especulación teórica para servir de respuesta al vértigo del enigma y el misterio. No la extra­ pola a series supuestas de causas y efectos que pueden explicar. incluso el principio de cualquier realidad. intervenga éste en u n estadio considerado «precientífico» del desarrollo del pensam iento o se m antenga vivaz para responder a todos los porqués que no cesan de desbordar al conocim iento positivo. En China.

sea cual sea el dom inio afectado e incluso en su especula­ ción m ás general. m uy lejos de resultar censurables. po r tanto. A la vez el «iniciador» y el «receptivo». La interpretación china de la realidad procedería. encam an los principios. Padre y Madre: de ese dispositi­ vo inicial deriva todo el proceso de la realidad. A la explicación causal se opondría. T endencia o «propensión». cuando com ienza a abordarse. ¿qué es. el térm ino che. antitéticos y com ple­ m entarios. en el m odo de lo ineluctable. en virtud de su situa­ ción. los argum entos de Longobardi: «Los chinos. y gracias al efecto de esa disposición. la renovación sin fin de los existentes: Laozi 185 . m ientras que. en el m odo de la propensión. A ello se debe que. respecto a los fenóm enos naturales y en el m arco de la filosofía prim era. inscrita en la situación inicial. Es esa ineluctabilidad de la tendencia lo que tam bién designa. de un m odo a la vez regresivo e hipotético. a u n elem ento que siem ­ pre es exterior.relaciones en acción.. a título de antecedente. Leibniz retom ando. La disposición principal. de un m odo teórico y gobal. la implicación tendencial: la p rim era debe rem itir. por tanto. m ediante aprehensión de un dispositivo: co­ m enzando po r identificar cierta configuración (disposición) abordada com o sistem a de funcionam iento. y no en el m odo deductivo de u n encade­ nam iento. la evolución en curso deriva totalm ente de la relación de fuerza. es la del Cielo y la Tierra: el Cielo está arriba y la Tierra abajo. según el térm ino al que hayan recurrido los pri­ m eros intérpretes occidentales del pensam iento chino p ara d ar cuenta de su originalidad.a4 Ambos. la Tierra esté bajo el Cielo y le corresponda que su «pro­ Libro de las mutaciones pensión» (che) la lleve siem pre a «adaptarse y obedecer» a la iniciativa que em ana del Cielo. para rechazarlos. Así. que se constituye en sistem a cerrado.]»3 Pero. p o r ta n ­ to. la «naturaleza» frente a esa «propensión»? II. el uno es redon­ do y la otra cuadrada. para los chinos.. La lógica del surgim iento actualizador debe pensarse. entonces. m erecen alabanzas p o r h acer que las cosas nazcan en virtud de sus propensiones naturales [. Ya al final de la Antigüedad china. así. que presiden la aparición de cualquier cosa. y. en el segundo caso.

y por ende absurdo. pero contiene u n a lec­ ción de sabiduría: «resulta espontáneam ente de la propensión de las cosas»e que «el barco flote sobre el agua y el carro ruede sobre la tierra». y la propensión hace que surjan concretamente. hay.c6 Por lo tanto. físico o social.d7 Pues sería vano. en cada caso. la propensión evocada designa al m is­ m o tiem po las circunstancias. Ese punto de vista es particularm ente valorado por aquellos que. ya se encuentra im plicada esa tendencia al surgim iento actualizador. porque se 186 . la del Cielo y la Tierra. es el principio unitario de ese despliegue infinito. E n el estadio m ás em brionario e ínfimo. y el Tao. de la situación dada.El Tao [la «Vía»] los engendra.na. para cada cosa. la Vía. la base fiable sobre la que apoyarse para tener éxito. que deriva de la dualidad original. Al final de todo ese encadenam iento que da cuenta del gran proceso del m undo. que carac­ terizan los diversos estadios del proceso y la tendencia particu­ lar en cada caso resultante: es una «propensión» sem ejante la que provoca el surgim iento concreto de la m enor potencialidad de existencia. constantem ente prorrogado. la Virtud los alimenta. al com ienzo del Im ­ perio. apenas ésta se ha esbozado. un lugar y un tiempo propios que no pueden ser modificados o transgredidos:11el gran Yu logró sanear todo el territorio de Chi­ na haciendo que sus aguas fluyesen hacia el Este.8 La fórmula parece perogrullesca. querer injerirse en el curso de la realidad en lugar de adaptarse a la lógica de propensión que deriva. la que nos inform a con certeza sobre la evo­ lución venidera y nos proporciona. es ella lo que hay que escrutar con atención al com ienzo de cualquier m anifesta­ ción de existencia. Sería vano. querer actuar sobre el m undo. el yin y el yang.C .9 Pues las cosas tienden por sí m ism as hacia lo que es de su mismo género y se «corresponden en su propen­ sió n » /10 De la disposición particular que surge de su encuentro resulta la posibilidad o la imposibilidad. de ese modo. la «virtud» actualizadora inheren­ te al proceso es el dinam ism o. sin adherirse a la tendencia que allí se encuentra objetivamente implicada y gobierna su desarrollo. intentaron m antener el «taoísmo» como doctrina del Es­ tado. y por ende absurdo. Huainanzi E n el m odo m ás general.b5 G uig uzi Huainanzi s. la realidad material les confiere su forma física. siem pre individuales.

® lo que no implica. lo hueco en relación con el agua). u n a evolución que es ineluctable por derivar de sus disposiciones. en sí m ism a indisociable de determ inada estrate­ gia en la relación con la naturaleza.13 A partir de ahí. que lo hueco tenga por principio flotar ésa es la propensión natural. los cuadrúpedos se desplazan pisando el suelo»—.14 Del mism o m odo que cada realidad del m undo tiene su pro ­ pia naturaleza —«los pájaros vuelan batiendo el aire con sus alas. m ediante transform ación de estadios. se ve m ejor cómo. p o r supuesto. al igual que de la u nión de los soplos. es com o el hom bre nació espontáneam ente». com o encadenam iento de la causalidad. sacar provecho de su dinam ism o y hacerles cooperar. la explicación causal de los fenóm enos puede ser sustituida po r una interpretación tendencial: Si dos trozos de madera se frotan uno contra otro.16No es en función de una causa. metal y fuego. 187 W ang C hong s. entre esposos. lo redondo en relación con el suelo. que lo redondo tenga como norma dar vueltas. Lo «natural» se confunde. de cada encuentro apropiado entre los elem en­ tos (m adera y m adera. «de la unión de su soplo. La relación se considera río abajo. en virtud de la lógica del dispositivo.17 como el Cielo y la Tierra engen­ d ran al hom bre. los esposos deseen engendrar un hijo. yendo en el sentido de los fenóm enos.15 en el sentido de un despliegue del proceso implicado. resulta una ignición. en ese m om ento. igual­ m ente resulta. para poder.ayudó de la inclinación natural del relieve. no actuar en absoluto. Y esa concepción de la propensión ha podido llevar a una críti­ ca explícita de la causalidad finalista. si fuego y metal entran en contacto. Ji. m ás tarde. proce­ dió a realizar las roturaciones necesarias y logró propagar la agricultura. resulta la fusión.12Resulta imposible ir contra la propensión ins­ crita en la regularidad de los procesos. por tanto. sino saber prescindir de cual­ quier «activismo» ingenuo y hacer caso omiso del propio afán de iniciativa. nace espontáneam ente el hijo: no p o r­ que. y no m e­ diante ascenso exploratorio en la serie de los fenóm enos. pero no hubiese podido hacer que las plantas nacie­ sen en invierno. sino que. I . ni intencionalm ente. con la espontaneidad.

la manipulación adivinatoria encargada de detectar las regularidades en acción. X unzi s. de la que procede el engendramiento». orienta la especulación en un senti­ do cosmológico. la Tierra. no es para satis­ facer las necesidades del hom bre por lo que el Cielo hace que crezcan los cereales o el lino (y tam poco es para castigarle por lo que ocurren las calamidades que dañan las cosechas). Uno de los rasgos más originales de la civilización china es haber evolucionado en fecha muy tem prana. m .C. sino que viene a confundirse con el sentimiento m ism o de la «naturale­ za»: ese fondo de espontaneidad insondable que resulta —sin descanso— del dispositivo inagotable de la realidad.18El Cielo proce­ de sin causas. vemos cóm o se atrofia la divinización primitiva: im poniéndose al sacrificio. al m odelo de la fabricación hum ana. en virtud de su interacción con la Tierra. por tanto. exclusi­ vam ente en función de sus disposiciones recíprocas: no es «creador». aparece un desarrollo filosófico m ayor («Del Cielo») que tiende a separar —contra la idea religiosa de una injerencia— función celeste y suerte hum ana. tam bién. Con la floración de las escuelas de pensam iento.UI a. toda la omnipotencia divina. Paralelamente. al final de la Antigüedad. en su mero funcionam iento físi­ co. O. Del anim ism o antiguo que culm inaba en la no­ ción de u n «Señor de lo alto» que gobierna el conjunto de la naturaleza e impone su voluntad a los hombres. que es program ada. considerada en su aspecto físico sim é­ trico al del Cielo y actuando en correlación con él. se pasa a la idea de un «Cielo» que tiende a liberarse de las figuraciones antropomórficas. hacia la conciencia de una universal regu­ lación. así como a contener. El movim iento del Cielo se caracteriza por su constancia: no podría variar en función de las alternancias de orden y desorden que conoce la 188 . ya no se basa en el tem or a una arbitrariedad divina. Ese engendram iento «espontáneo» se opone. la multiplici­ dad de las antiguas potencias ctónicas se funde en una sola en­ tidad cósmica.sino porque «de la emoción de sus deseos resultó la unión. Desde finales del segundo milenio antes de nuestra era. Todo el uni­ verso está «funcionalizado» —ritualizcido— y el Cielo es trascen­ dente en virtud de la perfección y la universalidad de las norm as que en cam a.19El sentido del misterio se retira de lo sobrenatu­ ral. a p artir de su sentim iento religioso.

en fin.Vin-IX LiuYuxi s. sino sólo de la autoridad celeste. la regulación del Cielo y la dicha hum ana. entonces ya nada parece ser com petencia de la responsabi­ lidad de los hom bres.. pero. no se tiene otro recurso que conjurar al Cielo.21 Frente a la concepción de una conciencia soberana que todo lo ve y «determ ina en secreto el destino de los hombres». el m érito se ve autom á­ ticam ente recom pensado y la m ala conducta justam ente casti­ gada: nadie pensaría entonces en invocar cualquier injerencia del Cielo. la idea de dos «capacidades» independientes. en el período crucial de los siglos VIH y IX. para lo que se vuelve injustificable. es seguro que. se relaja com pletam ente y ya nada funciona com o es debi­ do. Si el orden social. en sentido inverso. com o actualm ente afirm an los historiadores chinos de la filosofía? Al menos. ¿Discurren paralelos su «m aterialism o elemental» y sus proyectos reform adores.. se tra ta de una posición de principio: es absurdo im aginar un Cielo retribuyente y justiciero. que se desarrollan en dos pla­ nos paralelos: la vocación del Cielo consiste en fom entar el des­ arrollo y se m anifiesta en la fuerza física. po r tanto. Como si el Cielo pudiese ser sensible a elloy no fuese sólo u n «gran melón». Bajo el poder de buenos soberanos.vra-ix . el Cielo no podría tener considera­ ciones con los sentim ientos hum anos y «poner fin al invierno porque al hom bre le horroriza el frío». la vocación del hom ­ bre consiste en la organización y se m anifiesta en los valores so­ ciales.22 C uando el orden reina en la sociedad y los valores son objeto de un reconocim iento unánim e. el punto de vista «naturalista» defiende. la función retributiva atri­ buida a la organización social ya no está tan regularm ente ase­ gurada: sigue explicándose lo que va bien m ediante la «razón de las cosas». en los medios «neo-legistas» que intentan reaccionar m ediante reform as radicales a la crisis política y social que entonces sacude cada vez con m ayor profundidad el Imperio. para ellos.20Toda una tradición del pensam iento chino seguirá desarrollando tales concepciones: en particular durante la dinastía Tang. la religión —así se nos dem uestra— sólo debe su existencia al estado insatisfactorio de la sociedad: únicam ente cuando el orden social falla se em pieza a hacer que interfieran —abusivam ente— ambos planos. es aún m ás absur­ do quejarse al Cielo y pedirle que tenga piedad.sociedad. Pero con que ese orden «se relaje» un tanto y los valores sean un poco confundidos. resulta im189 Liu Zongyuan s. En con­ secuencia.

cuando las costum bres políticas degeneran. Sólo que. se está m ucho m ás dispuesto a apelar al Cielo. entonces se invoca al Cielo «para hacer que la gente funcione». No obstante.posible «engañar al pueblo con lo sobrenatural». sistem áticam ente. pero. La pregunta se plantea.23 Lo mism o ocurre en la relación con la naturaleza: el homlíu Yuxi bre sólo está dispuesto a creer en la injerencia del Cielo si ya no capta la razón de lo que ocurre. la explicación causal esperada es suplantada p o r u n a in­ terpretación tendencial que sirve aquí de argum ento últim o. aunque la diferencia de proporción hace que la explicación ra­ cional de los fenóm enos resulte unas veces m ás clara y otras m ás oscura. ya de la tendencia a hundirse). en efecto. m ientras que. ineluctablem ente aparece determ inada «tendencia». de la relación objetivam ente m ensurable que se instaura entre las cosas. en la realidad. y conviene tom ar en consideración toda su incidencia en el plano metafísico: si todo. «¿no se ve el propio Cielo lim itado [y constreñido] p o r la 190 . con las m ism as condiciones de viento y de corrien­ te. desde el m om ento en que esa relación se determ ina de cierto m odo. una veces la razón de esa propensión resulta perceptible y otras no. en la desmistificación de la ilusión religiosa. en un gran río o en el m ar. que orienta el proceso en uno u otro sentido (ya se trate de la tendencia a flotar. Así pues.11Cada caso está en conform idad con su determ inación p articular y se ad­ hiere a la propensión que de ella resulta:1ésta llega tan indisociablem ente como «lo hacen la som bra o el eco». que está objetiva (y num éricam ente) determ inada: y. se trata del m ism o tipo de proceso. está gobernado por líu Yuxi determ inada propensión que deriva. Incluso en el caso límite de dos barcos que nave­ gan parejos. a p artir del m om ento en que entran en contacto. y el m ás fuerte. de m anera aún m ás precisa que antes. el hecho de que uno flote y el otro se hunda en m odo alguno lleva a alegar una intervención del Cielo y se explica suficiente­ m ente en térm inos de che. en virtud de la m era propensión. en función de la m archa de los fenómenos. resulta de ello cierta «rela­ ción».24El agua y el barco son dos «realidades materiales» y. constatam os que. explícitamente en esos térm i­ nos. pero siem pre es la m ism a lógica la que está en acción. Pero sem ejante «misterio» nun­ ca deja de ser algo relativo: quien navega en u n pequeño curso de agua se siente enteram ente dueño de la m aniobra.

hay «dualidad-correlatividad». la tendencia es el térm ino interm edio que une la re­ lación de principio y el surgim iento de lo concreto. al nivel de la «tendencia» {che). en el com ienzo siem pre se presentan dos instancias que se hacen frente y se corresponden. de esa disposición deriva una interac­ ción recíproca que constituye su propensión. en la tradición china. tam bién es lógico. y. Incluso si reaccionan contra la influencia del budism o que. en perpetua variación. a la determ inación de la medida. p o r tanto. que es coextensiva a lo real en su totalidad. Con el desarrollo del neoconfucianism o. cada vez más. La discrepancia provendría. a prim er plano para servir de fundam ento a su visión del m undo. generadora y reguladora a la vez. no se ven po r ello m enos inducidos a tom ar en conside­ ración. u n a vez que se ha puesto en m ovim iento. así. el propio Cielo está sometido. no puede volverse. hay «atracción m u­ LiuYin tua» entre los dos polos («se buscan uno a otro»). el letrado confuciano. del modo de utilizarlo. El im perio de la tendencia no sólo es general. La no­ ción de principio y de razón de las cosas (el li) pasa. a hacer resaltar el principio de coherencia interna que explica el proce­ so de la realidad. De ahí una estructuración de lo real propuesta de acuerdo con estos tres térm inos:25 al nivel del «principio». volviendo a las fuentes de la reflexión china.k finalmente. los pensadores chinos tienden. s. ha pervertido sus m odos de pensa­ m iento. en su curso.J De hecho. sobre la concepción de ese dispositivo. m ás bien. Y el dom i­ nio de ésta es absolutam ente general. y constituye la tensión. IV. la de las horas o las estaciones. y de esa relación dinám ica procede la actualización de las m anifestaciones feno­ m énicas. igual­ m ente som etido a la inviolabilidad de la tendencia. hay «flujo» continuo que no cesa de «transform arse».ineluctabilidad de la tendencia?». una vez que «se ha constituido alto y grande». preocupado 191 . según ellos. «no puede dete­ nerse p o r sí m ism o ni un solo instante»: está. Así pues. p o r sí mismo.xni al nivel de la «relación» y de su «determ inación num érica». Reaccionando ante el agrava­ m iento de la situación política por m edio de un rigorism o m oral cada vez m ás intransigente. la exigencia m etafísica que les ha hecho conocer esa otra tradición. «bajo y peque­ ño». a partir del siglo XI. En el interior de este encade­ nam iento. Se da una coincidencia general.

por tanto. por tanto. retirarse hum ildem ente a un segundo plano e incluso «vaciarse» del propio yo? ¿No pro­ pone. fraudulentam ente. a partir de la enseñanza del Laozi. efectiva­ m ente. verse llevado a quebrarse». puesto que siem pre tiene presente el desarrollo ulterior de la tendencia y se ha puesto en disposición de sacar provecho de ella. § 7. intenta acusar a sus adversarios de sacar provecho. «la propensión de lo acerado. com o a mi pesar. 22 y 36): colocándose en segundo plano. «lógicamente» necesaria— y no de una reconi/xtisa otorgada en cualquier m ás allá y fuera de este m undo por una buena voluntad divina (como en la visión religiosa. en sentido inverso. Tácticam ente. sin duda. el Sabio acaba estando delante y.1 «la propensión de lo lleno. es para verse llevado con tanta m ayor facilidad a elevarse. Pues es m uy consciente de que. puede hacer que resulte su propio interés. por carecer de interés personal. cristiana en particular). del m ism o modo. solitario y m al que bien. de la situación objetiva: no soy yo quien intento im pul­ sarm e. si se retira a un segundo plano. so­ bre todo. en el siglo III>’55 Lo significativo al respecto. Pues no es sólo que los dem ás se dejen desconcertar por esa apariencia. final­ m ente. verse llevado derramarse». el «trozo de m adera sin trabajar» o el «lac­ tante»? Pero ello se debe a que es muy consciente de que los contrarios necesariam ente se reclam an y relevan. sino que. 9.. en su favor (no en un más allá hipotético. «la propensión de lo resplandeciente es verse ineluctablem ente llevado a deslustrarse». sino en el porvenir m ás inminente): si se humilla. por la lógica ineluctable de la realidad. especialmente. y es interpretada en términos de che por W ang Bi. un arte m uy riguroso de la m anipulación —protesta el letrado. el sutil m anipulador siem pre cuenta líuYin tam bién con una ventaja temporal: «apenas está a punto de líu Ym * Esa lógica de la inversión está efectivamente presente en el texto fundacional que es el Laozi (cf. si se vacía ostensiblemente de su yo. de la tendencia para lle­ var a cabo con tanta m ayor seguridad sus am biciones privadas. es para verse llevado con tanta m ayor seguridad a sobresalir. com o ejemplo.. es para im ponerlo de un m odo tanto m ás imperioso.po r el «pueblo» y el «Estado». ¿No recom ienda el sabio taoísta (a la m anera del Laozi) hum i­ llarse voluntariam ente uno mismo. es que ahí se trata de una compensación inherente a la tendencia de las cosas e implicada por ésta —y. la tendencia que nos impulsa adelante no puede im ­ putársenos a nosotros mismos y únicam ente procede. y de que la función com pensadora de la tendencia actuará.* Esa falsa hum ildad oculta. p o r tanto. sino que me veo llevado de ese m odo adelante. o. 192 ..

em inentem ente reguladora y de que la norm a que así vehicula constituye el fondo de trascendencia de la realidad. pudo servir p ara explicitar. Pues así es. en el estadio arm onioso de la laten­ cia. la tradición china definió u n a sabiduría que consistía en b a sar­ se en la tendencia objetivam ente en acción en los fenóm enos para dejarse llevar por ellos y tener éxito en la acción: pero resulta que esa sabiduría tam bién tendría su lado som brío. la visión que esa civilización se había forjado sobre la naturaleza y el mundo. como tal. en definitiva. por desarrollo inter­ no y sin que pueda invocarse u n a causalidad exterior. en sí m is­ ma. por una parte. sino la sucesión ininterrum pida de W ang Fuzhi las fases. la intención es distinta. la actualización fenoménica. de «latencia» y de s. E n el m undo que rechazó cualquier arbitraje soberano de la divini­ dad. El curso del m undo no es. se vuelve tan «insondable» com o éste. en efecto. la idea de que todo. la idea de que sem ejante producción espontánea es."27De lo que resul­ ta. siem pre ocurre de m odo inm anente. aún no ha entrado y ya prepara su salida».XVTI «actualización»: dado que. en esta oca­ sión. Pero. el Sabio y el m anipulador se confunden en el arte de servir­ se del dispositivo. ¿es un criterio suficien­ te para que podam os realm ente distinguirlos? V.26 N unca falto de recursos. en la reali­ dad. en los últim os siglos del pensam iento chino. la de «tendencia lógi­ ca»01 que. Una vez más. se trata de la alternancia —pero. El binom io une en sí mismo. el «Cielo» de los chinos: su curso «natural» sirve tam bién de absoluto «moral». la dualidad bipolar (del yin y el yang) ya se encuentra impli­ cada. sin ninguna intervención. lo que el pensam iento chino no sería capaz de disociar. Antes hem os visto que. La concepción de u n a racionalidad de la propensión des­ em bocó finalmente en una noción única. bajo la influencia del taoísm o antiguo. que no es sino el uso perverso del m ism o procedim iento. a la m an era del gran proceso del m undo.em pezar y ya va al encuentro del fin. p o r otra. Sin duda. una «tendencia lógica» arrastra «ineluctablemente» al proceso a desarrollarse luego por sí mism o m ediante la «movili­ zación» recíproca de los principios opuestos. opuestas pero complementarias. en efecto. coinciden en su sentido com ún de la eficacia. Pero 193 . a escala de la realidad en su conjunto— que resulta del dispositivo y sirve de m odo general de funcionamiento.

nieve en invierno. siem pre corre­ lativas. por su parte. cuando.029Se trate de la fase de ida o de la de vuelta. Sin duda. finalmente. la naturaleza de u n a (el y in ) con­ siste en «congelar» y «concentrarse».W ang Fuzhi m ás tarde ésta es devuelta. a violentos torbellinos que oscurecen todo el cielo: se debe a que el yang ha tendido precipitadam ente a dispersarse. la tendencia no deja de ser el fruto de una necesidad absolutam ente racional. sin em bargo. hay que tom ar en consideración dos casos: o bien la dispersión tiene lugar arm oniosam ente y se producen entonces los fenó­ m enos corrientes de la escarcha. tenga lu g a r 31 fenóm eno absolutam ente análogo al que tam bién constatam os. la otra ineluctablem ente lo disipa. y la de la o tra (elyang) en «em prender el vuelo» y «dispersarse»: lo que u n a condensa. al estadio de latencia y disuelta en el «Gran vacío» indiferenciado:28 todo el universo está some­ tido al ritm o de la concentración y la dispersión. a través de la vida y de la m uerte. el análisis que hizo el m ism o autor del paso del feudalism o a la burocracia. de los existentes. De las dos energías que sirven a la actualización de la realidad. lluvia en prim avera y rocío en verano). pero de ahí resulta inicialm ente cierto desencadenam iento de violencia. la tendencia lleva ineluctablem ente a que este último no pueda m antenerse así durante m ucho tiem po. 140-141). entonces. o bien la dispersión no tiene lugar arm oniosam ente y se asiste. en virtud de u n a «tendencia lógica» tam bién del todo «espontánea». y basta con analizar «con finura» ese fenóm eno de p ro p e n s ió n 32—nos 194 . Por uno u otro lado. en particular. que se encadenan sin fin. m ientras que él yin. el Sabio no tiene otra actitud posible que «esperar serenam ente su destino». resulta im posible precipitar su m archa o. con la exacerba­ ción de las contradicciones. in­ cluso si da lugar a irrupciones súbitas. se hacía cada vez m ás sólido. Esa concepción general se ha prestado a u n a interpretación física m ucho m ás precisa. antes de que la dispersión. la transform ación progresiva e ininterrum pida que constituye el curso de la H istoria de repen­ te da paso a disturbios y choques (recuérdese. y «por ello am bas tienden por igual [en virtud de u n m ism o che] a dispersarse». la nieve. ocasio­ nalm ente. pp. en el m arco de la sociedad. al contrario. la lluvia o el rocío (cada uno de ellos correspondiendo a su estación: escarcha al otoño. hacer que se retrasen: frente al carácter ineluctable de la tendencia lógica. de las dos energías cósmicas.30 Con todo.

si es responsable de un pequeño reino (el caso abordado p o r el Mencius). gobernan­ tes y gobernados reciben lo que merecen: los prim eros. no obstante. al «deber ser». sin duda.33 E n uno y otro caso. en ese caso. creer. Es. y siempre posee. VI. para que la discontinuidad aparente se deje reabsorber. la tendencia que som ete el m ás débil al m ás fuerte no es «intrínsecamente» lógica (puesto que no corresponde al deber ser moral). Lo cual es «absurdo»: dado que sólo puede conducir a la autodestrucción. en am bos casos se trata. desde el propio punto de vista del m ás débil. Para convencerse de ello. en ese caso. sem ejante insum isión se­ guram ente es peor. y. es la lógica (la conform i­ dad con el principio) lo que hace que surja por sí m ism a la tendencia (la relación de sumisión). sino que se basa en la m era relación de fuerza: hay que reconocer que. como se nos quiere dem ostrar. por tanto. su lógica propia. Pero tam poco es ilógi­ ca. que. para reto­ m ar la alternativa planteada por el Mencius. el «res­ peto». y es tarea del filósofo demostrarlo. en efecto. obedece exclusivamente a la «lógica» (li). La crisis y la tem pestad tam bién son «lógicas». es porque «no pudo ser de otro modo». Resultaría falso. cuando la superioridad jerárquica no se debe a una m ayor sabi­ duría o virtud.dice el filósofo—. «cuando está m al gobernado». sencillamente. el caso inverso el que plantea dificultades. arrastrará a todo el país a la ruina. lógica y tendencia son indisociables. esa tendencia está justificada en cada ocasión.^ Ambas partes. se impone por sí misma. sencilla­ mente. 195 . La jerarquía. si la tendencia se ejerce así. como tal. el m ás débil quien esté sometido al más fuerte. Y com o en ambos casos. Que. de una relación de «dependencia» que. como puede llevar a hacerlo un enfoque tosco. obedece exclusivamente a la «tendencia» (che). m ientras Fuzhi que. basta proceder a contrano im aginando que el m ás débil —sin diferir del m ás fuerte desde la perspectiva del m érito— se niega a som eterse y rivaliza con él: una am bición tan absurda le hace correr ineluctablem ente a su perdición y. basada en la valía. los otros. «cuando el m undo está bien go­ W ang bernado». o bien que sea. siempre se ejerce a m anera de tendencia. la «paz». el de m enor m érito esté sometido al de m ayor mérito. El prim er caso no puede ser m ás claro: que «el de m enor m érito se som eta al de m ayor mérito» corresponde.

y el principio que gobierna el proceso (el li).W ang Fuzhi W ang Fuzhi que aceptar someterse.s El propio prejuicio moral. no obstante. Que la energía actualizadora pueda desplegarse sin estar som etida a un principio rector únicam ente ocurre. consistente en disociar tendencia y lógica según el m undo sea o no gobernado «en conform idad con la Vía». aunque lo esté en un sentido desfavorable. tanto com o las buenas. todos poseen una «virtud» propia. sin que ningún poder. bueno o malo. en las épocas de completo desorden. en histo­ ria. «la tendencia en acción en las cosas no sólo depende. En la serie de los hexagram as del Libro de las mutaciones. esa justificación deriva de la necesidad:r la fuerza de las cosas hace las veces de razón de las cosas. No siendo ideal. inversam ente. dentro de la noción de Cielo. es lo que se convierte incesantem ente en la energía actualizadora bajo la dirección dei principio regu­ lador. sin que haya la energía que alim ente esa actualización. en el siglo IV. logre im ponerse (en China. y una total anarquía no podría m antenerse duraderam ente en el m undo sin llevarlo a su aniquilación. y la «tendencia» hace entonces las veces de «lógica». en su curso. en la época de los Liu Y uan y los Shi Le). Aun no correspondiendo a la lógica del deber ser. po r tanto.11Pues no hay actualización posible. . la energía que ali­ menta la actualización (el qi). por otra. en la que claram ente está en acción una regularidad. De ahí esta conclusión necesaria: dado que la energía actualizadora y su principio rector no podrían ser diso­ ciados. po r una parte. Pero las borrascas no ponen en en­ tredicho la regularidad de las estaciones. som etidas a un proceso evolutivo que es em inentem ente lógico: no se deben a una ausencia de regulación. Testigo de ello es la experiencia de la enferm edad. cuando surgen bruscam ente torbellinos y borrascas. es a la vez lo uno y lo otro. con carácter absolutam ente excepcional: en la naturaleza. sino a que la regula­ ción se produce entonces en form a negativa. po r el hecho de que es necesario resignarse a ella.1Pero el Cielo. en el sentido del desorden. cuando «todo lo que se inicia al m om ento se destruye». incluidos los que simbolizan desgracia y estancam iento. se basaría en un prejuicio metafi'sico: el que consis­ te en separar. las m alas épocas están. e. tanto fasta com o ne­ fasta. Con m ayor preci­ sión: «sólo cabría decir que la sum isión del m ás débil no es algo p o r lo que la razón de las cosas no puede pasar». la últim a solución se justifica.

tom ada de uno de los pen­ sadores chinos (del siglo xvn) m ás profundos. según el autor. encon­ trarse im plicada con total naturalidad —y com o algo que cae por su propio peso— en el fondo de la filosofía china de la pro­ pensión. entre el abstracto ideal y lo concreto empírico.para su aparición. nos sorprende por su carácter sistem ático y radical. com o hem os visto. parece. en ella. No se trata de que no se estableciese u n a distinción precisa entre los térm inos. a la que la filosofía occidental sólo ha llegado forzando la posición idealista. qué es la «tendencia». se niega al m ism o tiem po —y m uy a sabiendas (pues reacciona contra la influencia del budism o que. y el «más acá» no podría ser separado de ningún «más allá». la que opone categórica­ m ente la dicha a la desdicha y rem ite al Cielo para cuanto no va bien. entre el dom inio del prin­ cipio y el del fenóm eno. Pero sólo ha podido ela­ borarse a p artir de u n a diversidad de planos que im plican nive­ les de conciencia en sí m ism os muy diferentes. es m ediante la relación entre esos dos térm inos com o m ejor podría definirse. 197 . es la crítica rigurosa a la que se consagra contra la m etafí­ sica: negándose a consentir la disociación entre la regulación en acción y la energía actualizadora. Los com entaristas chinos de hoy suelen establecer u n p a ­ ralelismo con Hegel: la célebre inversión de lo «real» y lo «ra­ cional» (según la fórmula: «Todo lo real es racional y todo lo racional es real»). la m ism a argum entación rechaza la ilusión del m oralism o que corre parejo con la rup tura m etafísi­ ca (incluso ha com enzado por ahí). ¿cómo pensarla —de la m anera m ás abs­ tracta. incluso fuera de ese contexto filosófico particular— de otro m odo que com o energía que está espontáneam ente orien­ tada en determ inado sentido? VII. T am bién del todo a sabiendas. Pues. p o r el contrario. Sem ejante argum entación. de la energía actualizadora. sino tam bién del principio rector». el Cielo y la Tierra funcionan unidos. en definitiva. sino que ésta —como bien ha m ostrado Jacques G em et—34 no conduce a una separación: se da u n a con­ cepción —abstracta— de la dualidad posible. pero en el sentido de una correlación de los contrarios que. precisam ente. Lo m ás claro. va con­ tra cualquier dualismo: en la lógica china del dispositivo. ha penetrado incluso en la tradición letrada)— el corte idealis­ ta. Además. adem ás.

en el hecho de que es lógico que el m ás débil se som eta al m ás fuerte. como en el caso de la enferm edad. Pues hay dos posibles contrarios del «buen orden»: el mal orden y la ausencia de orden. en cam bio. com o en el caso del invierno que prepara la renovación de la prim avera (según el ejemplo que norm alm ente privilegia la tradición china. Pero aquí se hace un gran esfuerzo. como era de sospechar. que lleva a su superación. so capa de cierta confusión. Pues la noción de desorden con la que trabaja esa argum entación peca m enos en razón de su propia am bigüedad que del efecto perturbador del que se sirve (lo cual. a lo que ha constituido desde siem pre el prejuicio —inverso a aquel al que frecuente­ m ente se ha adherido la tradición occidental— de la perspecti­ va china: su desinterés por el estatuto ontològico del Mal. el estatuto que esa argu­ m entación asigna a la negatividad. para privile­ giar el prim ero en detrim ento del segundo. en este m o­ m ento. pasado por alto aquí. Tercer modo de lectura. de hecho. se oculta. ya sólo como una disfunción). Pero. en que quien está en posición de inferiori­ dad tiene. como «grandes opciones»— constituyen la pa­ noplia de las civilizaciones. sin duda. sin embargo. m ás m érito —en «virtud» o en «sabidu­ 198 . «supuesto que su virtud y su sabiduría no difieren de las de su superior». ¿sólo quiere d em ostrar que cualquier desajuste tam bién contiene sus mo­ dos de regularidad. toda la argum entación se basa. Y. E n efecto. finalmente.M ás am biguo resulta. al com ienzo de esa reflexión. tam bién estamos obligados a reconocer que una lectura específicam ente filosófica se queda corta: ha de d ar paso a una lectura m ás antropológica que reflexione sobre la diversidad de form as de conciencia que —en función de u n a tipología de las posibilidades. especialm ente el Libro de las mutaciones)? Esa am bigüedad (al m enos según nuestra perspectiva) remite. está relacionado con la cuestión de la jerarq u ía y el poder). Cuando justifica el carácter lógico del proceso que evoluciona negativam ente. Pero. ¿qué ocurre en el caso. o consi­ dera que esa fase negativa detenta en sí m ism a u n a positividad propia. tras ese esfuerzo. en general. la prioridad que concede al funcionam iento (el «mal» aparecien­ do. la obsesión congènita que la civilización china experimentó respecto a la anarquía: m ás vale el peor tirano que un vacío de autoridad. que es aquí necesario: u n a lectura de carácter ideológico.

en vez de aceptar que la «fuerza de las co­ sas» pueda servir de «razón» suficiente— no convendría ne­ gar categóricam ente esa reversibilidad dem asiado cóm oda en­ tre am bos térm inos (i. nunca es «algo» que pueda tener lugar concretam ente. hasta el punto de favorecer una teoría tota­ litaria y absolutista del poder.. y para ser lógicam ente integrada en ella. Pero lo hace p ara constatar inm ediatam ente que. parejos. de un m odo u otro. en tanto que principio. m ientras no lo logre. Ritualism o cosmológico y ritua­ lismo social corren. la noción de tendencia (che) sirve. querer actu ar siem pre de m anera que la razón de las cosas venza a la fuerza de las cosas y luchar —a pesar de la relación de fuerza. ¿Hem os vuelto con ello a «Occidente»? Ú nicam ente al final del desarrollo. de articu­ lación m aestra. com o hem os visto. evidentem ente. acelera su perdición. es preciso ev itar—se nos advierte— que se reifique su concepción del principio confundiéndola con lo que 199 W ang Fuzhi . y llegando al sacrificio— para que al final dom ine el ideal. plan­ tea nuestro pensador que el más débil (pero sin que se diga si es. tiene com o única justificación em an ar de las relaciones de fuerza. entonces. en las con­ cepciones políticas. En la crítica del idealism o m etafísico aquí elaborada. pero no la revolución. Pues une entre sí los dos planos de lo real:35por una parte.e.. V m . negar que la situación sea tam bién aceptable al revés): es decir. Ya tuvim os la oportunidad de d a r cuenta de ello: la concepción del gran dispositivo del m undo y de la universal regulación influyó m uy tem pranam ente. el de m ayor m érito) pueda «invertir una lógica del desorden en una lógica del buen orden». La irrupción del «desorden» sólo puede ser tenida en cuenta en los intersticios de la regulación.ría»— que el que dom ina? ¿No puede pensarse en u n a rebelión que haga (¿de nuevo?) corresponder el poder y el m érito? Lo que equivaldría a preguntarse si —en vez de contentarse con el m al m enor de u n a «lógica» que. en desacuerdo con la idealidad de los principios. en China.. Lo que necesariam ente llevaría a restablecer. el principio regulador. Se piensan la «tem pestad» y la «crisis». que. el corte m etafísico —el que sacraliza el Ideal (y plantea un Bien absoluto)— para convertirlo en fundam ento del heroísm o moral. y entre paréntesis. por ello. nunca se agota en ninguna orientación y. es signo de lo «in­ tangible» (en efecto.

a una alternativa (dado que entonces corresponden a una elección moral): por una parte. el Tao)-. entre los planos del «principio» y lo «concreto». que la propensión deriva­ da de la disposición de las cosas sirve de m ediación entre lo visible y lo que lo supera: recuérdese la estética china del paisa­ je. con el principio. No podemos dejar de volver a en­ co n trar ahí los dos puntos de vista com plem entarios. Y las cosas tienen. el principio rector siem pre en acción. un sentido. naturalmente. se hace surgir la posibilidad concreta. la energía que alim enta la actualización. donde la tendencia implicada por la situación concreta perm itía pasar de la historia inm ediata a la lógica oculta que explica el curso de los acontecimientos. o la «imposibilidad». consagrado p o r la reflexión políticom oral. al nivel de la situación concreta que hace que surja la tendencia (en tan to que orientación efectiva del curso de las cosas). en la actualización sensible. se imposibilita la situación: en ese caso. que es el Tao o la «Vía»). es el «princi­ 200 . p o r otra parte. pero dan­ do aquí lugar. «Sólo en la ineluctabilidad de la tendencia se percibe el principio regulador» :v dado que la ten­ dencia orientadora del curso de la realidad deriva sponte sua del dispositivo. donde la tensión que em ana de la configuración del trazado abría a la dimensión del Vacío y preparaba p ara u n a experien­ cia espiritual. La m ejor prueba de la imposibilidad de cualquier ruptura idealista. el chino vive el encuentro con lo invisible: p o r ello no necesita ni la «encamación» de un M ediador ni «postulados metafísicos».36 0 bien. conform ándose al principio de orden. o bien. p o r otra parte. Resulta. nos la proporciona —hemos empezado a dam os cuenta de ello— la reversibilidad de su relación. una vez m ás —pero. Pero intentem os pensarla con m ayor detalle. yendo contra ese principio. A través de la propensión objetivam en­ te en acción. al nivel de la realidad en su conjunto—. la «confor­ m idad». por tanto. que no deja de transform ar(se) y cuyo carácter «ordenado» y «armonioso» es la m anifestación sensible del principio invisible.W ang F u zh i nunca es m ás que una determ inación particular suya. en esta ocasión. cada vez. la «posibilidad». precisam ente a ella le corresponde revelar. o la «no-conformidad». o recuérdese la teoría china de la Historia. de orden que determ ina la «vía» a seguir (en el plano de la idealidad moral. pasando de la concepción del dispositivo a la de la praxis que le corresponde. incluso en el m odo hiperbólico. po r el contrario.

sin duda. por m ás que ejerza sobre él la presión m ás feroz. al nivel de la situación concreta. de repente. en este dominio. el m odo en que el Estado debe orientar su política de detracciones con respecto al pueblo. precisam ente p o r eso. nunca se sufra la escasez: en eso consis­ te la «posibilidad efectiva». bajo la presión de las circunstan­ cias. no hará m ás que consum irlo y él mism o se arru in ará aún más: en eso consiste la imposibilidad efectiva. Una buena gestión. resulta u n principio de desorden. no hay que «imaginarlo». resulta un orden ideal. por otra parte.pió» el que «hace que surja la tendencia».* Se propone com o ejemplo. la historia china proporciona ejemplos muy frecuentes): si el Estado intenta. m ientras que. la buena política (enfocada siempre. Y. en ese caso. como «principio de desorden»:* aquello a lo que la situación nos obli­ ga (efectuar urgentes detracciones sobre el pueblo. exprim ir al pueblo porque lo necesita y sin consideración para con su m iseria. la conform idad con el «principio de orden». detraer sólo aquello de lo que el pueblo dispone como excedente y. Vemos. pero de un m odo negativo. Im aginem os ahora el caso opuesto (por lo demás. es la «tendencia» (dentro de lo concreto) la que «hace que surja el principio». en sí mis201 W ang Fuzhi . en ese caso particular. es la tendencia la que. cómo se concibe. al nivel de la situación concreta. que realm ente pueda efectuarse la detracción. en ese caso. Según ese ejemplo. Y. detraer los excedentes de que dispone el pueblo para gratificar a sus superiores satisface a todos y está de acuerdo con la equidad: en eso consiste. así. hace surgir el principio. en la confluencia de lo político. en ese m arco. pero que. lo económ ico y lo social. según su m odelo chino de regula­ ción arm oniosa): corresponde a la situación en que la conformi­ dad con el principio hace que surja una viabilidad de la tenden­ cia. de m odo que. habiéndose cuidado siem pre de form ar reservas en previsión de los tiempos difíciles. consiste en efectuar esas detracciones cuando el pueblo posee en gran abundancia e incluso si el E sta­ do no experim enta una necesidad aprem iante (una m ala ges­ tión es la que corresponde al principio opuesto de detraer desde el m om ento en que el Estado lo necesita y sin consideración para con la situación del pueblo). ponien­ do en acción algo imposible. porque el Estado tiene una necesidad aprem iante).w Pero la relación tam bién puede abordarse en el otro sentido: siguiendo lo efecti­ vam ente posible.

a la inversa. por el contrario. y eso incluso dentro de una relación jerárquica: el Cielo es superior a la Tierra. entonces. pero no po­ dría existir sin ella. En el caso de la política. lleva a la discordia entre gobernantes y gobernados. m ientras que la «propensión» (che) es la tendencia favorable que em ana de la 202 .mo. y que. la del idealism o metafísico que tiende a pensar el principio aparte de la propensión concreta. sino que tam bién depende del curso de las cosas y sur­ ge a p artir de él. Pero que. como acabam os de hacer. el pensam iento del dispositivo se ve llevado a destacar la interacción y la reciprocidad. de lo celeste hacia lo hum ano). el pueblo no tiene con qué sufragar sus gastos). el principio de orden no sólo inform a el m undo. de lo inteligible hacia lo empírico. tam bién hay que denunciar. y destruye la Armonía. po r tanto. e im plica rechazar las dos posturas contrarias: no sólo. de la conform idad con el principio resul­ ta que la cosa va bien (al nivel de lo concreto). según sea o no viable. y lo m ism o ocurre con la praxis que le corresponde y de la cual acabam os de abordar un caso particular. Que el «principio» y la «razón» determ inen el surgim iento de lo concreto: eso es lo que siem pre ha evidenciado la filosofía idealista. la tendencia efectiva. La lógi­ ca de la trascendencia se basa. el «principio» es el ideal que perm ite asegurar u n funcionam iento social arm onioso y rem ite al orden inm utable de la m oralidad. en el plano lógico. en este caso. IX. del carácter im practicable de lo que se pone en ejecución nace el absurdo. com prender en qué consiste la regulación de las cosas equivale a p e n sarla arm onía íntim a e irreversible que une principio y propensión. no es posible (puesto que. en efecto. estableciendo cualquier sistem a de funcionam iento a p artir de u n a dualidad de polos. en sentido inverso. E n el caso precedente. entre «arriba» y «abajo». reaccione en el orden de los principios y suscite una lógica de regulación o desregulación: es de ese m odo com o el pensam iento chino aboga por la posición con­ traria a la idealista y hace que destaque su parcialidad. en u n a relación unívo­ ca (del lógos hacia el devenir. Trátese del curso del m undo o de la conducta hum ana. a privilegiar la propensión en detrim ento del principio. sino tam bién la del realism o político que tiende. El m odelo del dispositivo es absolutam ente general.

ese m om ento fuerte y prim ero que con dem asiada frecuencia nos im aginam os de m anera ingenua. por una parte. y sobre la cual cabe apoyarse eficazmente. como no puede dejar de revelarlo un análisis m ás riguroso. po r tanto. si perm anentem ente se está en condiciones de (re)conquistarlo.37 Si el «realismo» político se equivoca —se nos dem uestra—. sólo puede conquistarse el po­ der. lo que equivale a «abrazarla propensión efectiva favorable 203 W ang Fuzhi W ang Fuzhi . lo que equivale a «basarse en la idealidad del principio para hacer que surja la propensión efectiva [favorable al propio poder]». y en nom bre del «realismo». si ya se está en condiciones de conservarlo. trascendente a la Historia. sólo puede conservarse el poder. la situación de la tom a del poder y. y. dentro de una situación histórica dada. Por supuesto. pero tam bién es cierto que sólo nuestra capacidad de conservar el poder perm ite conquistarlo de un m odo efectivo. que el ideal y la eficacia no discurren necesariam ente parejos. del mismo modo. hay que conquistar el poder para tener que conservarlo. por otra. y sólo se deja concebir según el m odelo de la conservación: conservar el poder es «suscitar la adhesión de to­ dos haciendo que reine el orden». tam bién en polí­ tica. únicam ente el respeto a los principios puede engendrar una tendencia realm ente favora­ ble: porque sólo en la m edida en que abraza la regularidad de las cosas es aquélla realm ente fiable y puede resultar duradera. La tom a del poder no es. sólo tiene en cuenta las relaciones de fuerza): no hay que criticarlo en nom ­ bre de ningún a priori moral. «suscitar realm ente la adhesión de los demás».b' conquistar el poder es «obtener la sum isión de todos adaptándose a la exigencia m o­ ral». es decir. que hubiese que distinguir entre. Pues. completo y estable.2 Podría creerse. es decir. Pero. es desde el propio punto de vista de la realidad (cuando. por ejemplo. m ientras que hay que d ar pruebas de m oralidad y respetar los «principios» para preservar el prestigio de la pro­ pia autoridad. es decir. por oportunism o o por cinismo. y sin encontrar oposi­ ción. la ilusión consistiría en creer que esos dos planos pueden ser disjuntos. «someter realm ente a los demás».relación de fuerza. de hecho. la condición de su conserva­ ción:3' considerar que sólo se puede conquistar el poder apo­ yándose en la tendencia favorable que em ana de la relación de fuerza (che). sino desde el punto de vista de la eficacia objetiva y desde el propio interior del curso de la Historia. Pero.

se dedicaron —como se nos m uestra— a com portarse el m ayor tiem po posible como fieles súbditos y retrasaron cuanto pudie­ ron su destierro o castigo. En prim er lugar. éstas no podrían escapar a la lógica de la com pensación. la tom a del poder y su conservación son totalm ente hom ogéneas la una en relación a la otra: obedecen a la «misma lógica reguladora» y apelan al «mismo tipo de propensión». o de Wen. Tan cierto es que. si la Historia proviene constantem ente de las relaciones de fuerza. trascendente respecto a la historia hum ana: a fin de cuentas. fundador de los Zhou). cabe llegar legítim am ente a esta consecuen­ cia: cualquier tom a del poder que no obedezca al principio ideal ni se apoye en la tendencia favorable dentro de la relación de fuerza está condenada de antem ano y no podría alcanzar realm ente su objetivo. del curso de la vida política y de la Historia. la situación histórica evolucio­ nará necesariam ente un buen día en sentido contrario: por lo tanto.W ang Fuzhi al propio poder de tal modo que se esté de acuerdo con el prin­ cipio reg u la d o r» / Lo que equivale a concluir que el principio de m oralidad necesario para la conservación del poder tam bién debe ser respetado en la fase de su conquista y que la propen­ sión necesaria para la conquista del poder tam bién ha de estar presente en la fase de su conservación/ Incluso si esos dos mo­ m entos se oponen entre sí en la m edida en que am bos estable­ cen el ritm o. sino porque el linaje reinante ha­ bía degenerado com pletam ente y la situación exigía rem plazarlo. en la China antigua. Se considera que la historia de los grandes fundadores de dinastía. no puede contarse con la tendencia venidera. fundador de los Shang.e' y ésta aca­ bará actuando contra nosotros. se apresuraron a 204 . incluso respecto a soberanos tan corrom pidos. a pesar de la alternancia de conquista y conserva­ ción del poder a la que está sometida. por el contrario. Pues. alternante. proporciona una prueba ejem­ plar. Además. Dado que. no intentaron tom ar el poder po r am bición personal. Por ello no han im aginado los chinos un juicio final. la H istoria constituye un curso uniform e y continuo donde principio y propensión deben ir siem pre juntos. aquéllos pudieron hacer que reinase su dinastía durante siglos y siglos (es el caso de Tang. sólo tiene éxito lo que es justo y la Historia se legitima plenam ente desde sí m ism a. Porque supieron tom ar el poder respetando la moralidad. incluso si parece en un principio favorecer sem ejante empresa.

(Por m ás que el rey W u proclam e luego la «finalización de la guerra» y haga dem ostraciones pacíficas para probar a todos su buena voluntad. en 205 W ang Fuzhi . por principio. sin la m enor piedad. Aislando así. en cambio. en razón de su incum plim iento del principio m oral (jerárquico). incluso si las faltas de aquéllos pudieran parecer «de m enor peso». en lugar de proceder de ese modo. Puede estim arse cuál ha sido la incidencia de esa concep­ ción en el plano de la política y la Historia. No fue tanto que «tomasen» el poder cuanto que éste acabó por caer sponte sua entre sus manos. desde el punto de vista de u n a evalua­ ción positiva de la situación. los chinos se h a n em peñado en unir. Si. sus propios vasallos no dejarán m ás tarde de «regatear» tam bién su respeto hacia él. respetar la legiti­ midad). el poder que intenta conquistar. y ese poder lo adquirieron tanto m ás sólida­ m ente cuanto que nunca habían abandonado la legitimidad.exterminar. a los vasallos que m antenían a los malos príncipes. poder y legitimidad: en no concebir capacidad efectiva fuera del m arco de un proceso continuo y por transm isión. y el orden no podrá ser estable ni su poder seguro. Eso ocurre. lo necesario para «conservarlo» (i. que las de su se ñ o r pues su peso era m ayor desde u n punto de vista moral. ya debilita objetivamente. y privando de cualquier soporte. por m edio del ascendiente de su virtud. cuando se intenta «conquistar el poder» (basándose en la relación de fuerza) sin hacer. pudieron invertir progresi­ vam ente en su favor la relación de fuerza sin tener que enfren­ tarse directam ente con su propio soberano y. ante el pro­ pio señor. al m ism o tiem po que extendiendo entre las poblaciones su propio ascendiente. las rebeliones no tard a­ rán en renacer y se verá forzado a em prender de nuevo expedi­ ciones punitivas. habida cuenta del respeto que siempre se debe guardar..) Pues. por tanto. sin te­ ner que transgredir el principio jerárquico. por ende. al so­ berano a deponer. En lugar de atribuir a las revoluciones la virtud de dinam izar el desarrollo histórico. al m ism o tiempo.e. un vasallo empieza enfrentándose abiertam ente a su soberano (como el rey Wu en la llanura de Mu). resultando que —incluso desde el punto de vista de la fuerza positiva— nunca se ha ganado realmente. entonces. po r degenerado que sea ese soberano y po r ju sta que sea la propia causa. si el vasallo que de esa m anera aspira al poder no respeta lo que se le debe a cualquier soberano. de la m anera m ás estre­ cha.

ante una de las articulaciones más fuertes del pensam iento chino. precisamente en nombre del realismo —e incluso en el dom inio de la política—. y «participar» de él. al m ism o tiem po que lleva a una crítica explíci­ ta del idealism o metafisico (que separa el principio de orden del curso actualizador de las cosas) —así com o del m oralism o que lo acom paña (oponiendo las épocas en que «sólo reinaría el principio» a aquellas en que «sólo reinaría la tendencia»)—. según m e parece. Para dar cuenta del surgim iento de lo real. sino que tam bién.W ang Fuzhi reducir al m ínim o cualquier forma de irrupción o corte en pro­ vecho de u n a eterna transición. N inguna oposición tiene posi­ bilidades de asentarse a no ser en la m edida en que. tiene el éxito ase­ gurado. por otra. la correlación así establecida entre el principio ideal y la propen­ sión efectiva lleva. de rechazo. desem peñe el papel de u n factor sustitutorio y regenerador. si se adapta realm ente a ella. la filosofía occidental se ha escindido tem pranam ente. X. lejos de desgastarse en una relación conflictiva. a fundam entar. se inscriba en una lógica. de alternancia y logre servir de relevo. Podría resum irse íntegram ente en esta fórmula: «No hay prin­ cipio de orden separado de la realidad concreta ni tendencia en acción separada del principio de o rd en » / Por una parte. se considera que no puede hacerse que nada se produzca fuera del funcionam iento regulador. Puede estim arse tam bién cuál es su incidencia en el plano filosófico. Incluso ahí estamos. No hay N orm a que trascienda lo real (tom ada como Verdad). Pues. en dos opciones rivales: por un lado. se re­ chaza hipostasiar el principio de orden para convertirlo en un Ser metafisico. la explicación «finalista» y te206 . y es ella la que adm inistra todo el «flujo» de lo real en un eterno proceso. la explicación «mecanicista» o «determ inista» (que tiene como precursores a pensadores com o Em pédocles o Demócrito). por otro. «realiza» su naturaleza y puede «conocer» el «Cielo». regulatoria. por su parte. No sólo el hom bre. un idealism o m oral cuyo carácter de idealidad está tanto m ás m arcado cuanto que no descansa sobre ningún soporte ontolò­ gico o religioso. que da cuenta de ese surgi­ m iento desde el punto de vista de la génesis y de los encade­ nam ientos necesarios. actuando en el sentido del dispositi­ vo. sino que la norm atividad está constantem ente en acción.

en la concep­ ción griega. Dos opciones que. la necesidad ineluctable no es m ás que la otra cara del azar y la adaptación que se constata en la naturaleza no podría ser un principio inm anente a ésta (sólo proviene —en un Empédocles. aquella —la aristotélica— que aborda lo real desde la perspectiva de la «constancia» o de lo «más frecuente»: la m ism a insistencia. en regularidades funcionales. com o em inentem ente lógica. no corresponder. en la concepción griega. es decir. éstos se basan. óptim a y «lógica». la propensión que dirige a aquél se concibe. Pero es justam ente ese «sentido común» lo que la tradición chi­ na en m odo alguno parece compartir. en un sentido común: el de la causalidad. por u n a y o tra parte. que corresponde a la realiza­ ción de la naturaleza en tanto que form a o noción (eidos) y le sirve de «fin» (télos) en relación a los m edios m ateriales em ­ 207 . Por el contrario. como hem os visto. cada uno de los térm inos de la alternativa. como la del ciclo de las estaciones.leológica (que se inicia con Anaxágoras y Diógenes de Apolonia.40 Pero. esa regularidad del proceso se justifica en virtud de su desenlace.41 la m ism a impresión. que constituye su objetivo. Como en la opción determ inista. expresado po r la propensión. E n efecto. la idea de regulación está en el origen del pen­ sam iento chino del proceso: lo más lejos posible de un m ecanis­ m o ciego.) y com o fenóm enos energéticos. se desarrolla en el Platón del Timeo y las Leyes. etc. han dinam izado el desarrollo de la reflexión occi­ dental: «¿a partir de dónde?». y es consa­ grada por Aristóteles). en una y otra parte. criticado en este punto por Aristóteles— de en­ cuentros felices y por eliminación de cuanto no resulta viable). por otra.39 Ahora bien. a ninguno de los dos. y da cuenta de su producción exclusivamente a p artir de las cualidades físicas («duro»-«blando». Pero. por u n a parte. en virtud de su con­ tradicción. de u n dinam ism o organizador que está en acción en todo el universo (el ouranós). la concepción china del dispositivo destaca el desarrollo ineluctable del curso de las co­ sas. en cierto modo. y «¿con vistas a qué?». a fin de cuentas. la concepción china de u n dispo­ sitivo de funcionam iento y de la propensión que deriva espon­ táneam ente de él parece confirmar.38que interpreta el proceso de la realidad desde el punto de vista de la realización. De ahí la connivencia que cree percibirse entre la tradición china y la posición adversa. a pe­ sar de su desacuerdo.

ni siquiera sobre el —desmitificado— de la fabricación hum ana. E n sentido inverso. está dem asiado m arcada por nuestras propias concepciones para estar en condiciones de encontrar a la otra cultura y recibir en ella un sentido. Igual que en el arte. según uno u otro caso. la de materia-forma. com o hem os hecho anteriorm en­ te. ten e r que considerarla positi­ 208 . resulta igual­ m ente difícil hacer corresponder a la idea de m ateria-m edio su concepción de la energía que alim enta la actualización. y. u n «anti-idealismo» de la posición china (que reacciona contra la exigencia m etafísica im portada en China via el bu­ dism o) no implica. a nuestro descubrim iento de C hina (los padres Longobardi. com o vemos.. sino de la causa final en la que desem ­ boca.): ¿son o no son «materialistas» los chinos? Pero la pregunta. como hem os visto. Aristóteles no por ello aborda en m enor grado las transform aciones de la n a ­ turaleza por «analogía» con la fabricación técnica:42 «según se fabrica un a cosa. Ahora bien. actuaría com o la naturaleza (la principal diferencia consiste únicam ente en que. El de­ bate rem onta. así se produce por naturaleza». la naturaleza parte del fin. De ahí una divergencia esencial en la concepción de la naturaleza: incluso si critica la concepción cosm ogonista y de­ m iùrgica que aún inspira a Platón en el Timeo. Porque reconocer.. La relación medio-fin confirma. Lo que signifi­ ca que el orden. ya se trate de estrate­ gia. los chinos nunca concibieron el en­ gendram iento del m undo y las transform aciones de la n atu ra­ leza según el modelo de la creación divina. el «principio del movimiento» es interno o externo). dentro del devenir. de Sainte-M arie. si el arte de construir los navios estuviese en la m adera. entre nosotros. Tam poco tuvie­ ron necesidad de extraer (de abstraer) de la idea de proceso r e g u la r la n o c ió n de bien p la n te a d a c o m o objetivo :43 la id e a de autorregulación les basta. en la física de Aristóteles. de la concepción de la Historia o de la filosofía prim era. por ello no ha podido ser resuelta. al igual que los chinos no se dedica­ ron a instituir form as com o fines de los procesos. no procede del propio deve­ n ir (de su lógica propia).pleados. Leibniz. y la serie de antecedentes está determ inada por la form a a realizar (com o las partes por el todo: las propias m onstruosidades de la naturaleza no son sino «errores de la finalidad»). la lógica china de la propensión no piensa en térm inos de finali­ dad. Pero. sin embargo.

XI. nuestro anterior ensayo. a pesar de las apariencias y de su «falta de razón». desde el que pueda verse em erger la diferencia y que sirva de base para reconstruirla. m ás acá de la divergencia. Esep u n to de acuerdo. sino según la exigencia de una genealogía teórica. du Seuil. al decir de Aris­ tóteles. por sí solos. donde los principios opuestos del yin y el yang perm iten. a la vez generación y corrupción. entre física griega y concepción china del proceso. explicar todas las transform acio­ nes: ¿cabe siquiera im aginar un pensam iento del «cambio» y la «transform ación». movim iento o alteración). «como si la propia verdad los obligase a ello»:44no sólo los contrarios actúan com o princi­ pios del cam bio (según su noción m ás general: metabolé. en la perspectiva —realista— de u n a histo­ ria. retom ando una argum entación del Fedón. que proponga un punto de partida distinto al de la «contrariedad» inicial (como enantíosis)? Pero la diferencia interviene. 209 . todos los pensadores que lo precedieron. sobre este punto. de m odo que se señale dónde com ienza la divergencia y en qué sentido se efectúa? Pero eso m ism o sólo es posible si se com ienza por fijar un punto de acuerdo efectivo. Éd. por supuesto. Procès ou Création [Proceso o creación]. ciertam ente lo encon­ tram os en el hecho de que am bas tradiciones piensan el cam bio a p artir de contrarios.vam ente m aterialista: com o habiendo debido su surgim iento a la identificación de cierta «materia» y adquiriendo sentido de acuerdo con esa lógica. cuando Aristóteles..* De ahí el problem a metódico que se plantea p ara h acer per­ tinente la comparación: ¿qué otra solución. 1989. entre pensam iento griego y chino. La m ism a unanim idad en el interior de la tradición china. que intentar rem ontar m ás arriba en el establecim iento de los m arcos de nuestro pensam iento. 149 ss. sino que incluso debe tratarse de una contrariedad única (dado que «hay una contrariedad única en un único género» y «la sustan­ cia es un único género»). pp. París. E n m odo al­ guno. En eso están de acuerdo. se ve llevado a añadir a los dos principios contrarios (antikeímena) u n tercer térm ino que les sirva de soporte y pue­ da acogerlos alternativam ente: en eso consiste el sustrato-suje­ * Cf. a fin de escapar al quiproquo y poner térm ino a esos falsos debates. previo a la diferencia.

com o se dijo an te­ riormente. en China. necesariam ente hay un sustrato que cambia del contrario al contrario. éste se abre a la dispersión del yang:A&am bos proceden constan­ tem ente de la misma unidad prim ordial y suscitan su actualiza­ ción mutua. también. Consideremos. Así. Pero. Pero toda la tradición china insiste. o. siguiendo el ejemplo de la Física. aparte de los «opuestos» que se sustituyen entre sí. y esa interac­ ción es. «otra naturaleza». al igual que en el interior del yang hay yin.to (lo «yacente bajo»: hypokeímetion) que hay que «suponer». se puede d ar literalm ente la vuelta a la expresión de Aristóteles: hay una «disposición natural» p o r la que los contrarios están en interacción m utua. naturalm ente. de to­ dos los opuestos (pues el sonido tam bién es no blanco). es absoluta­ m ente necesario que «la acción de am bas se produzca en un tercer término». a la vez. de form a tam ­ bién sistemática. y éstos no sólo son 210 . dado que no son los pro­ pios contrarios los que se transform an uno en otro» 46 Y ese «algo» que «permanece bajo» la transform ación (hypoménei) es la «materia». «No hay ser del que veamos que su sustancia esté constitui­ da por los contrarios». espontánea y continua (continua porque es­ pontánea). toda la energía que alim enta la actualización está cons­ tituida al mismo tiempo por el yin y el yang.45 El m ism o razonam iento es reiterado en múltiples ocasiones por Aristóteles. se excluyen. en el hecho de que los contrarios. com o prin ­ cipio perm anente del cambio. los contrarios «no actúan uno sobre otro». «se contienen m utuam ente».47 E n términos lógicos. «no se transform an uno en otro» y «se destruyen recíprocam ente». bajo los contrarios. al contrario. mientras que el yang penetra en la densidad del vía. sino sólo a partir del contrario—. ¿Por qué la necesidad lógica de un tercer principio concebi­ do como «sustrato»-«sujeto»? Se debe a que. en la Metafísica: «La sustancia sensible está sujeta al cambio. en el interior del yin hay yang. nos sigue diciendo Aristóteles. y por ello nos vemos llevados a «situar». esos dos térm inos contrarios que son la «densidad» y la «rareza»: «resultaría m uy difícil decir m ediante qué disposición natural ejercería la densidad alguna acción so­ bre la rareza o ésta sobre la densidad». Por lo tanto. p o r tanto. a la vez que se oponen. Pero si el cam bio tiene lugar a p a rtir de los opuestos o los interm ediarios —no.

adem ás de los dos contrarios (transform ados aquí en relación «forma»-«privación»). Esta fórmula. cuánto deapriori teóri­ co disim ula la generalidad de la definición? (Quiero decir: cuántos prejuicios se ocultan bajo la simpleza de esa expre­ sión. por algo. orienta. sino en una relación m ateria-form a y a partir de la noción de esencia (de ahí que los contrarios sólo puedan ser «inherentes» a un sujeto. la no­ ción de u n sujeto que actúa com o m ateria del cam bio y la de un agente «en virtud del cual el cam bio tiene lugar». en ausencia de una interacción de los contrarios. dinam izándose a partir de su disposición propia). pero ya se introduce ahí. en Aristóteles. en lo sucesivo. y la propensión resultante de su interdependen­ cia. en algo». a partir del m om ento en que. a través de la explicitación m ínim a de la definición. podría parecer cultu­ ralm ente neutra y expresar una simple evidencia: «Todo lo que cam bia es algo que es cambiado.. pero no «materia» propiam ente di­ cha. se hace intervenir un tercer principio que actúa com o soporte de su relación.) Se creería rozar la tautología. ¿acaso se percibe mejor. sino que implica la elaboración de un sistem a comple­ jo de la causalidad. Pues. sino que ex­ presa su relación arm oniosa). por sí sola. que actúa como causa eficiente de la transform ación. todo lo que ha servido luego para articular nuestro pensam iento. en un funcionam iento com pensatorio y regulan constante­ m ente hay materialización. Tam bién por ello. un cuarto elemento. Así se introduce. com o hemos suficientem ente constatado. En aque­ lla se encuentran implicadas. tom ada de la Metafísica. la insuficiencia dinám ica de los contrarios discurre pareja con su sustancialismo: lo real no es pensado como dispositivo (i. a continuación del sustra­ 211 . el cam bio ya no puede ser interpretado en térm inos de tendencia espontánea.49 Pero.los térm inos extremos del cambio. en tanto que «acciden­ tes»). form an todo lo que existe: por tanto. M ientras que. com o en una estructura bipolar. al m ism o tiempo. en tanto que «factor externo». sino que. Al m ism o tiem po que no cesa de disociarse. juntos. la energía se ve constantem ente llevada a actualizar­ se. no hay motivos para suponer un «tercer término» que sirva de soporte a su relación (el propio principio rector no existe aparte de los contrarios. nos vemos llevados a hacer que tam bién intervenga. Ambos form an un dispositivo autosuficiente.e. el proceso de la realidad.

a hacem os reconocer ese tiem po largo los últimos trabajos de Foucault sobre la historia de la sexualidad?) 212 . la «forma» que tam bién es el «fin». m ás acá de sus prim eras operaciones lógicas. de las que el pen­ sam iento aristotélico señala un desenlace. que haya llegado a ejercer m ás adelante. pero vuelta contra Foucault: dado que la configuración discursiva. la eficiencia no proviene de u n afuera. laepistéme occidental está dispuesta.* Pues. al m ism o tiempo. Pues. constitutiva de la epis­ téme. En el interior del dispositivo. en contras­ te con China. en cierto modo. a ahorrarse u n a causalidad extem a. el vinculo que m antiene el sistem a de la causa­ lidad con el «prejuicio» de la sustancia. haber servido de articulación básica — incluso en la crítica a la que ha podido luego dar lugar. y p o r ello se precisa un motor. que se descubre a partir del punto de vista «heterotópico» de otra cultura (como China frente a la cultura europea). la estructura de lo real con­ siste en estar en proceso. la necesidad de un «motor» (ío kinoún). parezca. sobre todo a pa rtir del Renacim iento. tam ­ bién de un m odo totalm ente lógico. El orden está­ tico es.to-sujeto. p o r otra. (Pero. a pesar del dom inio. depende de una duración larga y nos lleva a hacer que intervenga de nuevo una representación tan criticada p o r Foucault com o la de tradición. en ese a contracorriente. ello no im pide que la elaboración de las representaciones griegas. el pensam iento chino. al nivel de la explicitación teórica— a la em presa cognoscitiva a la que se ha con­ sagrado Occidente: em presa. a fin de cuentas. a su fundam ento no consciente. ¿no volvían. sino que es totalm ente inm anente. frente a otras culturas. La «m ate­ ria». E n sentido inverso. desde el m om en­ to en que la física se hace «sustancialista». dinámico. ha tenido que desarrollarse en ru p tu ra con la autoridad de las teorías de Aristóteles. incluso si la ciencia occidental. com pleta y en adelante parece caer por su propio peso. a p artir de ahí. m ás el «motor»: la teoría de las cuatro causas está. se ve llevado. A buscar de ese m odo. en vez de desplegar perpetuam ente la m ism a histo­ ria. rem ontar. p o ru ñ a parte. * La noción de epistéme se toma aquí en el sentido que tiene en Foucault. Lo cual debería incitam os a releer nuestra filosofía desde el exterior y. m uy particular (en relación a sus decisiones). Con otras palabras. el orden estático resulta insuficiente para explicar el orden dinám ico. que se exime de tener que pensar el sujeto.

El paralelism o se funda. Paralelism o indispensable. que ha tenido influencia incluso en la con­ cepción de los movimientos naturales. 193). Tanto pensadores grie­ 213 . p. en ese intervalo y gracias al no-ser relativo. sino el devenir (la transform ación). la gran alternan­ cia que ritm a la visión china del proceso (hablando de «latencia» y de «actualización». m ientras que aquélla se vincula a la m ateria. Por ello. Incluso cabría com prender tanto m ejor en qué consiste la propensión china desde el m om ento en que la oponem os a la dynam is griega. que volvamos un a vez m ás a Aristóteles. precisam ente. puesto que parece ob­ jetivam ente el m ás apto para revelar u n a com unidad de apues­ ta o para hacer coincidir las perspectivas. Es sabido que el pensam iento chino se distingue esencialm ente del pensa­ m iento griego p o r el hecho de que en absoluto ha tendido a pen­ sar el ser (lo eterno). la propia posibilidad del devenir (lo que justifica. al m ism o tiem po. la com paración no se sostendría desde el m om ento en que la es­ cudriñásem os m ás de cerca. El prim ado otorgado a la causa final es tan general. en una convergencia m ás general. «puede ocurrir que lo que tiene la potencia no pase al acto». está im plicada en ella y el che es ineluctable: los esta­ dios de lo potencial y lo actual son correlativos y se transform an uno en otro. la actualización depende por entero de la poten­ cialidad. a través de los m arcos de nuestro pensam iento. una vez más. Pero. p o r lo demás.50 Por el contrario. Pero. cf. p o r tanto. Según esta últim a. ontológicam ente superior a la «potencia». según Aristóteles. están en paridad. sino de la «for­ m a» que actúa com o fin (télos) de ésta: la «actualidad» es. puesto que puede asim ilarse a la forma. con vistas a hacer pensable. por tanto. Q uedaría la tentación de retom ar la com paración po r otro extremo: ¿no confirm a en cierto m odo la dinám ica. según la visión china.XII. en el pensam iento griego. el che chino? «En po­ t e n c i a r e n acto» (dynamis-enérgeia): es en función de una opo­ sición de ese tipo como nos hem os visto llevados a interpretar. la tendencia inherente al proceso. la actualización no resulta de la propia «potencia». el pensador de la génesis). la noción de en potencia es el rodeo m ediante el cual el pensam iento griego ha intentado salir de la aporía del ser a la que lo habían conducido los eleatas (el ser no puede ve­ n ir ni del «ser» ni del «no-ser»). que tam bién la física occidental concibe com o inm anente a la n atu ­ raleza.

51 ¿No tendríam os ahí. es. dos aspectos esen­ ciales por los que la concepción griega de la tendencia difiere del pensam iento chino: por una parte. sino tam bién por su potencia».gos com o pensadores chinos han sido pronto sensibles. sin que haya objetivo que satisfacer. sin ser coordinadas por la forma. para term inar. cf. la causa m aterial se produ­ ce sola. a que algunos cuerpos tienen propensión a subir m ientras que otros la tienen a bajar: pues «tales determ inaciones [arriba y abajo] —nos dice Aristóte­ les. si el fuego tiende naturalm ente a ascender y la piedra a caer (obsérvese una dife­ rencia significativa a ese respecto. Pero. el tercer tipo de surgim iento de lo real. según Aristóte­ les. el que se produce en total soledad y «por sí mismo» (automaton). el ejemplo chino m ás corriente de la piedra redonda en lo alto de una pendiente). porque su «forma» (eidos) los destina a ello. A diferencia tanto de la producción natural com o de la fa­ bricación hum ana. sigue siendo excepcional que un concurso espontáneo de acciones elem entales pueda sim ular de ese m odo la organización m ediante la form a (m ientras que 214 . por fin. en su explicación de la naturaleza. por otro. refutando a Demócrito. no hace intervenir ni form a ni fin: las propiedades naturales de la m ateria desem bocan entonces. la tendencia no se com prende a par­ tir de determ inada disposición funcional. M ientras que el pensam iento chino ignora los «grados del ser» y tam bién prescinde de un Prim er Motor. incluso en ese caso. en el m arco del espacio físico estructurado de un modo bipolar —arriba y aba­ jo— y a propósito de los fenómenos gravitatorios (concebidos com o tendencia ineluctable). se­ gún Aristóteles. criticando la noción de un espacio indiferenciado del gusto de los atom istas— no sólo difieren por su posición. Lo que nos lleva a precisar. a la «posición» se añade la «potencia» y a thésis corres­ ponde dynam is)? Pero. es conducida a concebir la tenden­ cia en el modo de la aspiración y el deseo. un posible equivalente de la con­ cepción china del dispositivo y su propensión (puesto que. en­ tonces. lo que desem boca en una jerarquización ontològica de lo real y lo orienta metafísicamente. para Aristó­ teles. m ientras que el pensam iento chino las confunde. en relación a la dimensión disposicional del che. otorgándoles un lugar propio: una vez más. en el resultado ordinariam ente obtenido por m ediación de aquélla. se ve llevada a oponer la ten­ dencia natural a la espontaneidad. en efec­ to. sino teleológicamente.

. en una rela­ ción desigual «forma»-«privación»: el tercer principio. la m ate­ ria-sujeto. E n la explica­ ción causalista de la filosofía occidental. al final de todo el encade­ nam iento causal. al igual que los hechos casuales han de concebirse com o una «privación de arte». «mueve sin ser movido» y no actúa m ecánica­ 215 . de u n a «privación de naturaleza» (stéresis physeos). concebido com o P rim er Motor: éste.. y. dado que el dinam ism o no puede nacer en ella. E n la cum bre de la jerarquización de lo real. al igual que «la hem bra en relación al macho» (o lo feo en relación a lo bello). com o en la visión china. el cam bio de dirección de ciertas aguas. gusanos del estiércol. parásitos. entonces.la finalidad se traduce en efectos constantes y regulares) y sólo concierne a fenóm enos m uy inferiores en el orden de lo real: el engendram iento de insectos. de la que partieron am bas tradiciones. por su parte. el valor suprem o consista en u n a liberación respecto al orden de la causalidad m aterial y culm ine en la li­ bertad. por ende.52 Entonces se produce. el valor suprem o consista en la espontaneidad de la propensión. esa tendencia se polariza en Dios. com o en China. sino según el —subjetivo y teleológico— del «deseo» y la «aspiración» (ephíesthai kai orégesthai). la espontaneidad sólo es invocada a título residual. en nuestra vi­ sión. lo que norm alm ente se pro ­ duciría a natura'. o. tam bién. a ello se debe que el pensam iento chino en absoluto haya pensado la libertad. de la m era interacción de los polos? H em os visto cóm o Aristóteles convirtió después. en ese caso. Pero tam bién es lógico que.. tiende a la form a com o a su bien. se trata. esa contrarie­ dad inicial. la corrup­ ción y la podredum bre.. Pero. toda la tradición china. sponte sua. Por el contrario. el crecim iento de las uñas y el pelo. la tendencia que atraviesa lo real no se concibe.53 Por lo tanto. no sólo concibe lo natural en el m odo de la espontaneidad. como hem os visto. cuando el dispositivo funciona aisladam ente y por sí mismo. sino que tam bién hace de ésta el ideal tanto del curso del m undo com o de la conducta hum ana. en la visión occidental.. basada en u n a jerarquización ontológica. según el m odo objetivo e ineluctable de la pro­ pensión. Es lógico que. con regularidad: ha de desterrarse cual­ quier liberación individual respecto a la autom aticidad del gran funcionam iento de las cosas y cualquier holgura en el interior del dispositivo representa una irregularidad. en la concepción china del dispositivo. ¿qué tensión anim a lo real.

según la fórmula célebre. la tendencia nunca está orientada po r nada distinto a su im plicación inicial ni nun­ ca culm ina en la abolición absoluta de toda tendencia que. m ediante la activi­ dad liberadora de la contemplación. ens realissimum. sino. aún sería necesario rem ontar m ás arriba en la causalidad). por otro. de m odo que el cielo y toda la naturaleza «están suspendidos de él»: p o r el contrario. Por un lado. en el nivel superior de la esfera de las Fijas. m e­ diante la eliminación tanto de cualquier m ateria com o de cual­ quier potencia. la tendencia se ha concebido trágicam ente. El «suprem o deseable» es tam bién el «suprem o inteligible»: la sabiduría griega resultante de esa aspiración al Ser consistirá en im itar a Dios en su vida eterna y perfecta. y. 216 . no derivan de ninguna enérgeia divina y no tienden a otra cosa que a la renovación continua del proceso. dejarse llevar ventajosam ente por la espontaneidad de su propensión y confundirse con la razón de las cosas. en el sistem a bipolar propio del pensa­ m iento chino.54 Cualquier otro ser que siem pre esté en potencia tiende al Ser m ás pleno posible. aspira a su eternidad: m ediante la rotación circular. movimientos y transform aciones naturales siem pre resultan exclusivamente de u n a lógica inm anente. define a Dios. Acto y Form a puros. actúa com o polo único de todos los movimientos y transform aciones del mundo. por el «deseo» (o el «amor») que suscita (kínei hos erómenon). en la parte baja de la escala. es p ara adaptarse a su dispositivo. Dios.m ente (si no. m ediante la m era perpetuación de la especie. única fuente de beatitud. la transm utación recíproca de los elementos y el equilibrio de las fuerzas físicas. Allí. E n China. si la sabiduría tam bién consiste en im itar al Cielo. sed de juntarse con Dios. se la percibe positivamente com o el m otor interno de la regulación y se justifica plenam ente en virtud de la m era lógica del funcionamiento. como la expresión de una carencia: m otivada por una insuficiencia de ser.

Dos modelos de realización hum ana nos han llegado de la Grecia antigua y han contribuido a dar form a a nuestra aspi­ ración al Ideal. el m odelo de una eficacia que tam bién es la única válida en el plano hum ano. de la que derivó nuestra oposición entre apariencia y ver­ dad. el de un com prom iso heroico en la acción. y que orientó nuestra actividad filosófica en el sentido de 217 . el alm a aspira a verdades eternas y sólo concibe el «soberano Bien» y. agotador y estéril. aceptando incluso el riesgo de dejarse aplastar y vencer por ellas. la «dicha» en un m un­ do de lo Inteligible. Ignoró. p or tanto. Pero el pensam iento chino antiguo se preocupó. igualm ente. descubierta en el interior de los procesos objetivos. el de una vocación contemplativa. priorita­ riam ente. y concibe a p artir de la lógica de funcionam iento por correla­ ción. concebida de un m odo filo­ sófico y religioso: habiendo sacado a la luz las ilusiones de lo sensible y habiendo com prendido que todo aquende está con­ denado por ser efímero. po r evitar el enfrentamiento. la duda respecto a lo sensi­ ble.C o n c lu s ió n in CONFORMISMO Y EFICACIA I. E n prim er lugar. E n segundo lugar. viniéndose al absoluto divino. concebido de un m odo trágico: cuando el indivi­ duo decide injerirse personalm ente en el curso de las cosas y asum e con resolución esa iniciativa a pesar de todas las fuerzas contrarias que encuentra en el m undo.

se nos escapa: tanto «Dios». E n la m edida en que tiende a excluir al m áxim o cualquier form a de intervención ex­ terna (com o m odo suprem o de la causalidad que. p o r otro. Para él. no está.u n a construcción abstracta. evita ir en su contra y tiende. a la vez opuestas entre sí y fun­ cionando correlativam ente una respecto a la otra. Esas dos instancias consti­ tutivas de cualquier dispositivo. el plano del conocim iento y. se ve llevado. por un lado. tanto en el dom inio de la gestión política com o en el de la creación artís­ tica. de finalidad descriptiva y desinte­ resada. «apoyarse en el che»a (volvemos a encontrar la m ism a fórm ula de un dom i­ nio a otro) con vistas a explotarlo de acuerdo con su m áxim a potencialidad. nunca se desprende de su sentido estra­ tégico inicial y siem pre perm ite concebir. a concebirla realidad com o un sistema cerrado que evoluciona exclusivam ente en función del principio de interacción y necesariam ente remite. en ese esta­ dio. sino tam bién al hom bre político. el de la acción: sabio es quien. a dejarle actu ar —en cualquier situación— lo m ás plenam ente posible. Por no estar en modo alguno m arcado por la disociación que opone práctica y teoría. es. por el contrario. por tanto. Pues la realidad siem pre se presenta com o u n a situación particular. po r tanto. accediendo a la intuición del dinam ism o im plicado en el curso de las cosas (y destacado en tanto que Tao). al pintor y al escritor. La prueba es lo que hemos aprendido de la palabra che. en cada ocasión. derivada de una disposición propia y tendente a ejer­ cer determ inado efecto: no sólo corresponde al estratega. a través de lo real. el pensam iento chino en m odo alguno es pro ­ penso a la especulación. com o el «destino» en la guerra o la «inspiración» en poesía). II. el proceso del que intenta d ar cuenta. de acuerdo con la óptica de unas instrucciones de uso. al contrario. a una dualidad de polos. volvemos a encontrarlas en todos los niveles de la realidad: de la relación entre yin y yang (o Tierra/Cielo) en el orden de la naturaleza a la relación entre soberano y súbdito (u hom bre/m ujer) en el orden 218 . Si. propenso —y des­ de m uy pronto— a la sistematización. en tanto que Prim er M otor de la naturaleza. puede ser útil tanto en el análisis de la naturaleza como en el de la H istoria. en el fondo son siem pre los m ism os. Dado que los principios del dinam ism o.

de la relación entre alto y bajo (o denso/ligero.. al principio. tono «llano»/«oblicuo». en lo que respecta al arte y la naturaleza.de la sociedad. lento/rápido. tam bién. en cada caso y en cada instante. la p ro ­ pensión que gobierna lo real y hace que aparezca es necesaria­ m ente singular y nunca se repite.. todo se transform a y se renueva: de ello tom a ejem plo el estratega. y m ediante un interm ediario particular. Del sistem a bipolar es­ tablecido deriva la variación por alternancia. puesto que tanto es válida para el gran proceso del m undo com o p ara las actividades hum anas. pasando sin cesar de una táctica a su con­ trario con tanta agilidad com o el cuerpo de un «dragón-ser­ piente». está en ju eg o y que. a la vez generalizadora y sim plificadora.) en la com posición poética.) en el arte de la escritura a la rela­ ción entre em oción y paisaje (o vacío/lleno. E stam os ante una concepción absolutam ente general. Tanto la encontram os inscrita en el relieve com o ritm ando el tiempo: la contem plam os en el encadenam iento de las m ontañas y los va­ lles dentro del paisaje. para m an­ tener continuam ente viva la expresión de su emoción. Por ello tam poco puede tra ­ 219 . escapa al estereotipo. e incluso es eso lo que lo preserva com o realidad. preocupados p o r bloquear el dispositivo del poder y p a ra r cualquier riesgo de evolución. com o tendencia a la producción im plicada por el dispositivo. «Lo real» nunca está parali­ zado. sea lo que sea. Pero. la seguimos en el despliegue de los perío­ dos de auge y decadencia en el curso de la Historia. al tiem po que es com ún. es distinta y no cesa de evolucionar. haciendo que el texto poéti­ co «ondule» com o los «pliegues de u n a colgadura». concierne p o r igual al orden de la physis y al de la téchne: quien —sea pintor o poe­ ta— «crea che» no hace m ás que explotar po r su cuenta.. de ello tom a ejemplo el poeta. Puesto que es la situación lo que. La única excepción al respecto es la del che tal com o quisieron paralizarlo los legistas partidarios del autori­ tarism o. Pero... con vistas a m antener siem pre fresca su potencia ofen­ siva. ese m odelo perm ite u n a aprehensión siempre particular y m atizada. y es ella la que per­ m ite a «lo real». Oscilando de un polo a otro.. seguir apareciendo. no dejan de renovar su dispositivo y p o r ello am bos poseen una dim ensión de insondabilidad o de «m a­ ravilla»13 que excede cualquier explicación racional. y que precisam ente le com pete a él reve­ lar. la lógica que preside cualquier existencia. o.

para com probar cóm o uno conserva el propio dinam is­ m o y se m antiene fuera de peligro (y es ese siempre lo esencial. frente al enemigo. opuesto a la vez al devenir y a lo sensible— el que los chinos se plantean. El pensam iento chino. no existen m ás que interacciones m anos a la obra. adem ás. que toda oposición actúa correlativamente. al tiem ­ po que es profundam ente unitario. M ientras que cualquier ataque fron­ tal produce un gasto y. ha­ ciéndonos independientes del otro. Por lo tanto. el aspecto conflictivo está m ás m arcado—. nos devolvería al m ism o tiem po a nuestro propio esfuerzo y en una postura en la que el 220 . m ientras lo tenga. tam poco se ven llevados a especular sobre fines. incluso en el caso del dispositi­ vo estratégico —a pesar de ser en él donde.tarse el che de m odo abstracto. Desde siem pre y p ara siem pre. sensibles al ca­ rácter ineluctable de la propensión. dado que cualquier ruptura en el proceso de correlación. sino el de la capacidad de funcionam iento: ¿de dónde proviene la eficacia que consta­ tam os p o r todas partes en acción en el interior de lo real y cóm o podem os aprovecharla al máximo? Desde el m om ento en que se concibe po r principio. se disuelve cualquier visión antagonista. Recordemos que. de las causas posibles. para dejarse renovar por él —a expensas. No les interesan ni los relatos cosmogónicos ni las suposiciones teleológicas. Ni relatar el comienzo ni so ñ ar con un desenlace. DI. Concibiendo cualquier realidad com o un dispositivo. y lo real nunca es otra cosa que su incesante proceso. en modo alguno es el problem a del «ser» —según la concepción griega del mismo. ya no hay dram a posible de la realidad. del otro y sin que suponga coste algu­ no p ara uno mismo— y m antener así. en lugar de atacarlo brutal­ m ente: con vistas a poder sacar siem pre provecho del dinam is­ m o del «compañero». únicam ente probables. tan íntegra com o al co­ m ienzo. basta sen­ cillam ente con responder y reaccionar siem pre a la incitación del otro. com porta un riesgo. se nos da a conocer p o r su sentido íntim o de lo concreto. la propia energía. los chinos en modo alguno se ven llevados a rem ontar la serie. necesariam ente infinita. como el agua abraza sin descanso las variaciones del relieve. como hacen los chinos. los pensadores chinos aconsejaban evolucionar siem pre adaptándose por com pleto a los m ovim ientos del adversario. pues.

p o r el contrario. No hay. al principio. alternativa entre el Bien y el Mal (teniendo am bos un estatuto ontológico). la «razón práctica» consiste. necesaria­ m ente positivo. Pues lo que resulta válido p a ra el estratega tam bién resulta válido para el Sabio. por tanto. a la vez. y. por interesado. encontrándonos cara a cara y separados de él. de que el pensam iento chi­ no sea tan profundam ente confonnisía? Quiero decir: de que no intente tom ar distancias respecto al «mundo». infinito y absolutam ente espontáneo.adversario. y el propio «Cielo» —que se erige en Trascendencia respecto al horizonte hum ano— no es m ás que la totalización —o la absolutización— de esa in m a­ nencia. no ponga en entredicho lo real y ni siquiera se sorprenda de él. sacar feliz partido de ella— o. No necesita 221 . Así pues. en m odo alguno intenta afirm ar su libertad. en adherir­ se a la propensión en acción para dejarse llevar p or ella y h acer­ la actu ar en beneficio propio. sólo hay eficacia intransitiva. vuel­ ve a tenem os a su alcance y puede vencemos). entonces. desde un punto de vista subjetivo. y su eficacia es proporcio­ nal a esa no-injerencia: pues. en China. «ir en su contra» y arruinarse. En contraste con la acción o la causalidad. Muy lejos de pretender recons­ tru ir el m undo a partir de una orden cualquiera o de intentar im prim ir en él su propio designio forzando el curso de las co­ sas. sino que «se adapta»c a la iniciativa del curso continuo de las cosas (el «Cielo» com o Fondo inagotable del Proceso) para conectarse con su eficien­ cia. No «actúa» ni hace nada por sí m ism o (a partir de sí mismo). a ello se debe que su poder de transform ación de lo real no conozca trabas ni límites. No abstrae de u n a codificación m om entánea de lo real una norm a que pueda proponerse como objetivo a la voluntad (en tanto que m an d a­ m ientos y reglas de com portam iento). de su correlación con lo real a b a r­ cado en su totalidad resulta un poder de influencia que puede ser. que son transiti­ vas. invisible. po r tanto. no hace m ás que corresponder y reaccionar ante la incita­ ción de lo real en él: de u n m odo en absoluto parcial y puntual. ¿Cómo sorprenderse. sino que sigue la inclinación al bien que existe em brionariam ente en toda conciencia (como sentido de la solidaridad de las existencias: el ren confuciano) p ara elevar­ se a una perfecta m oralidad. sino sólo entre el hecho de «ir en el sentido» de la propensión —y. sino global y continuo.

sino que se ofrece desde un principio com o un proceso fiable. que siem pre es tam bién regula­ ción y contribuye a la arm onía.m ito alguno —y sabemos. que asegura la constancia del funcionam iento. de los que nace la serenidad. sino que deriva íntegram ente —y sin exigir un acto de Fe— de la propensión de las cosas. ha dispuesto ritos cuya m isión es encam ar y expresar m ediante signos. De la tensión m onopolizadora del Ideal h an surgido el San­ to o el genio: Prom eteo «ladrón del fuego». así com o de la alternan­ cia. que los m ás locos son los m ás fuertes— para salvar la realidad del absurdo y con­ ferirle u n sentido. entre la alegría y el temblor. una salvación. el enigm a del m undo. m ártir pleno. es inm ediatam ente com pensada por una clausura opuesta. No hay que in­ ventarse. Lo real no nos provoca en tan to que interrogación. sino es­ clarecerlo en su andadura: tam poco hay que proyectar el «sen­ tido» sobre el m undo para satisfacer la espera de u n yo-sujeto. B asta con adaptarse a la transform ación. No hay que forjarse una moral que tienda a la superación. en lugar de a rrastrar a un derram e sin fin o en lugar de llevar al vértigo del éxtasis. surge el rit­ m o vital. m ediante una evasión fabulosa. por nuestra parte. 222 . Entre la angustia del desam paro y el entusiasm o del E ncuentro. lo cual da form a al proceso y provoca la respiración. el funcionam iento inhe­ rente a su disposición. En lugar de inventar mitos que intenten ex­ plicar. al nivel del com portam iento. No hay que descifrarlo como m isterio. de la bipolaridad del sistem a resultan la centralidad y el equilibrio. Cualquier apertura a un Afuera. Por el con­ trario. se abre una búsqueda febril y apasionada. de la desesperación de la propia nada al regocijo de un «dios en uno mism o».

recopilación más tardía. Ibid. y es el que sirve de base a este capítulo. III.NOTAS Y REFERENCIAS 1. Jiefangjun chubanshe. 60-61. p. 4. VII. el Huainanzi se cita según la misma edición: Zhuzi jicheng. pues data de los comienzos de la dinastía Han (finales del siglo II antes de nuestra era). 1986). ordi­ nariamente datado en el siglo IV antes de nuestra era. 59-60.. vol. Pekín. También hemos utilizado. el Sun Bin bingfa. XV. 58-59. Zhuzi jicheng (Shanghai shudian. The Art of Rulership. El texto del Sunzi utilizado es el Sunzi shijia zhu. A 223 . también del siglo IV. con carácter comple­ mentario. VI.. remitirse a Roger T. cuyo texto ha sido parcialmente recuperado en una tumba de Shandong. 35. Sun Bin bingfa zhuyi. Sunzi. el Sun Bin se cita según la edi­ ción de Deng Zezong. 3. Ames. reed.. la concepción del che (transcrito a continuación enpinyin: shi). «Mou gong». cap. Ibid. «Bing lüe xun». vol. pp. Sunzi. 2. cap. 5. y Huaimnzi. cap. «Xingpian». así como el capítulo XV del Hiiainanzi. 1986.p. en 1972. IV. pero que conservó. El potencial surge de la disposición (en estrategia) El principal texto de estrategia de la China antigua es el Snnzi. 1. e incluso desama Lió. pp. Para un estudio sistemático de los diversos usos de shi «as a special miliíary tenn». pp. 257.

259-260. XV.». University of Hawaii Press. la misma imagen de desnivel in­ terviene a propósito del xing y el shi. 14. 101-102. op. Sunzi. Ibíd. pero ambas interpretaciones confluyen. cit. 9. Sun Bin bingfa. I. 79. 13. p. cap. caps. p. a propósito del shi que del xing. Lau. BSOAS. XI. p. el Hombre y los Cinco Elementos. p. p. la ballesta. pp. 64. al final de los capítulos IV y V. los guija­ rros arrastrados por el curso de agua) esté más marcado. 41): la flecha remite a la tropa. Honolulu. Influenciado por la especulación cosmológica que se vuelve preponderante durante la dinastía Han. Ese «exterior» {qi wai) ha sido comprendido de dos maneras por los comentaristas: o bien como lo que es exterior a las «reglas constantes» (chang fa. p. 10.. Sunzi.C. p. 26. 2. p. En retroceso respecto a las concepciones. V. parece. art. 24. Sunzi. cf. XI. cap. Sun Bin bingfa. Sun Bin bingfa. 19. 20. 261. de los tratados estratégicos de la Antigüedad (cf. p. cap. 7. cap. D. «Jiu di pian».V. 16. p. 21. como en el ejemplo ofrecido aquí. basados en la interrelación del Cielo. XXVIII (1965). o bien como el exterior que constituye el campo de batalla respecto al interior del templo donde se decide la estrategia (Mei Yaochen). p. Sunzi. Huainanzi. 262. Sunzi. cap. cap. cap. 38. 66 55. Sunzi. 12.. 6. más arriba. pp. 17.C. «Xu shi pian». Huainanzi. cap. 25. cap. VI.cap. Principio del xing ren er xvo wu xing. 22. qian shi ye (qian por quan. ese capítulo del Huai­ nanzi no siempre es tan categórico en su negación de los factores «sobre­ naturales». Lau («Some Notes. muy claras en ese punto. «Cuanzu». especialmente pp.p. Ibíd.. Huainanzi. al soberano. vol. XV. X. cap. «Bing qing». «Shi pian». otra imagen característica (cap. 253.. 23. cap.. 8. «Yong jian»). que el aspecto de efecto resultante de la manipula­ ción (las piedras que se hace rodar. «Di xing pian ». pp. cf„ también. XV. VI. 18. Huainanzi. p. Ibíd. 223. 263. Ibíd. «Some Notes on the Sun Tzu». p.. V. Part. Como ha observado con acierto D. cap. «Ji pian». 1983.. al gene­ ral.. comentario de Li Quan y de Wang Xi. 93.72. no obstante. 224 . 12.. XV. interpretación de Cao Cao).«Wei wang wen». la mano que dispara. V. Ibíd.Stiidy in Ancient Chínese Political Thought. incluso en Sunzi. 80. 71. 11. nota 23). 13. IV. p. 332 55. cap. y XIII. cap. «Jiu di». Ames. al igual que. Sunzi. citado. 15. Roger T. The Art of Ridership. cap. cap. «Shi bei». 333).p. p. Sunzi. Ibid: suoyi jue sheng zhe.

del Huainanzi. 225 . el Guanzi. «Yao lüe». para una apreciación del contenido de esa rúbrica según las obras subsistentes. 8) la fórmula fu bing zhe. la edición de Fu Zhenlun. 30.). 31. Lacoste de Laval—].C. 371-372. Ibíd. 2. 484. De la Révolution á la Restauration. El capítulo bibliográfico del Hanshu («Yiwenzhi») designa una de las cuatro cate­ gorías de obras relativas a la estrategia como la de los especialistas del shi (bing xing shi)-. vol. la más profunda y desarrollada de las obras de la tradición legista. n. si­ glo IV antes de nuestra era (cap. Ministerio de Defensa. p. 29. II. Les Belles Lettres.26. vol. p. III. «New Light on Ancient Chinese Military Texts: Notes on their Nature and Evolution. Écrits et lettres [De la Revolución a la Restauración. pp. 1987. de Xunzi o en el capítulo de resumen. La posición es el factor determinante (en política) Los principales textos utilizados en este capítulo son el de Shen Dao. sobre la importancia de esa concepción en Clausewitz. pp. especialmente. de B. «Shen shi»). París. p. § 87. que es capital. «Yi bing». La relación medio-fin es. Se han utilizado. «Jian wei wang». Penser la guerre. Se encuentra también en el Sun Bin (cap. Le Modéle occidental de la guerre (The Western Way ofWar) [El Modelo occidental de la guerra]. en Mao Zedong xuanji. Complexe. Así. Yates. París.S. fei shi heng shi ye que puede enten­ derse en ese sentido (cf. París. Madrid. el Shangjunshu (Libro del Señor Shang) de Shang Yang. selec­ ción de textos traducidos y presentados por Marie-Louise Steinhauser. cap. p. 24). París. remitirse a Robin D. Chengdu. I). 28. 211-248. 1986. y Sur Clausewitz [So­ bre Clausewitz]. Gallimard. Oeuvres choisies [Obras escogidas]. Bashu shushe. Gallimard. «Past Masters». del siglo IV antes de nuestra era (cap. LXXIV (1988). Mao Zedong. 67) y el Hanfeizi (280P-234 a. el objeto del capítulo II del primer libro de De la guerra. cap. Oxford University Press. 27. 1990. p. 33. 1976. al comienzo del capítulo XV. 1977 [Pensar la guerra. 7). 182) no refleja suficientemente. obra compuesta datada generalmente en el siglo HI antes de nuestra era (sobre todo. remitirse a Michael Howard. ToungPao. 283. and the Development of Military Specialization in Warring States China». Escritos y cartas]. 1993 —trad. p. Modo de traducir la noción de «linghuoxing» que la traducción habitual por «flexibilidad» (cf. 1983. con carácter com­ plementario. así como a los estudios de Raymond Aron. Karl von Clausewitz. y el Liishi chunqiu (cap. Clausewitz. Lun chijiuzhan (De la guerra prolongada).

10. nota 27) considera que el segundo desarro­ llo no es de Han Fei. «Shenshi». 78. 4. 332 (p. 245). VI.2. op. 34. 234 (p. Ames. el Hanshu). 1965. 190).. cap. 213 (p. The Art ofRidership. Shen Dao. cap. «Xingshijie». 40.«Junchen». esa argumentación está demasiado bien desarrollada como para no merecer. Ibíd.p. cap. pp. «Tian xia». 34 y 38. cit. cf. Deniker. 177. cap. 133 y 145. 15. Xuelin chubanshe. 39. Payot. 14. remitirse a Roger T.4. 14. y Lüshi chunqiu xiaoshi. pp.001). Ibíd. 226 . Sobre el problema de la relación a establecer entre el Shen Dao «taoísta» que se nos presenta en el Zhuangzi y el Shen Dao legista que conocemos por otros textos (cf. 1. 3 55. 72 55. Thompson. 31. pp. op.”canon. 17. Hanfeizi. 91.247). Véase. 21. y cuya traducción es. École française d’Extrême Orient. p. pp. más bien.. 864). la refe­ rencia a la edición de Chen Qiyou. cit. 334 (p.La edición de referencia es el Zhuzi jicheng. 68 (p. 12. Hanfeizi. 3. «Weide».cap. cap. Ibíd. Hanfeizi. 6.. Chen Qiyou (p. pp. cap. 24. p. 232 55. La Formation du légisme [La Formación del legismo]. cap. Shangjunshu. remitirse a P. Véase.006). 13.p . 14. 16. pp. 64. cap. Ibíd. 1974. cf. una interpretación.108). La misma comparación en Hanfeizi. Ibíd. En cualquier caso. cap. Hanfeizi. IX. V. The Shen Tzu Fragments. p. 886). por sí misma.. 1. 20..M. 343. «Ming fajie». Liishi chunqiu.porejemplo. cap. Léon Vandermeersch. pero sus argumentos no me parecen decisivos. 18.M. 1.31. 1949.Gwanzí. 9. P. cf. cap. 48. Oxford University Press. p. Guanzi. p. 3. vol. Shanghai renmin chubanshe. 297 (p.p. 48. p. cit. p. París. 33. 1. pp. «Fafa». cap." canon. 8. Hanfeizi. y tam­ bién Léon Vandermeersch. Huainanzi.p. también caps. Zhuangzi. «Jin shi». 16. Pa­ saje difícil a la vez que fascinante. op. 38. 1984. 5.. Trois Courants de la pensée chinoise antique [Tres Corrientes del pensamiento chino antiguo]. Hanfeizi jishi..017). 717).cap. 894.. p. 11. 1-2. 385. 2 vols. francesa de G. 1.. p.71 (p. lo que sobre el asunto ya decía Arthur Waley en Three Ways of'Thought in Ancient China (trad. 288 (p. sobre el asunto. vols. entre paréntesis. Para el Hanfeizi y el Lüshi chunqiu se indica además. párrafo dedicado a Shen Dao.. vol..2 vols. cap. 225 55. 325. 49 55. 7.“canon. «Nan shi».cap. La Formation du légisme. p. p. el mayor interés. V y VI. «Kuidúo». y Hanfeizi. para un estudio de las principales referencias del término che (shi) en el marco político. 1. 178. 1979. 2. Thompson.p. 19. «Jun chen». 67. 331 (p. cap. 48. cap. p. cap.

330 (p. 257 55. vol. Ibíd. XVIII. Naissance de la prison. 853).p. IbícL. Ibíd. 20155. 37.C. 35. cit. pp. Mencius. l.p.cap."canon. sobre la cuestión. XV y XVI). p. Conclusión L Una lógica de la manipulación Los textos utilizados en este capítulo son los de Mencius. 155(p. 271. p.. Sobre la inspiración taoísta del pensamiento legista. así como la compilación de los inicios del Imperio. y Léon Vandermeersch. hacia 298-235 a. p. cap. 1. 38. México. las que se hacen al Xunzi y al Huainanzi. la expresión tian ze bu fri (cf. op. sobre este punto. Ibíd. 284(p. 23. 27. pp. 8 y VI. Le Genre humain.. Gallimard. The Chínese Classics.997).. cap. 999.. cap.. IX y XV). El Príncipe. (sobre todo. 508). de A. Ibíd. Siglo XXI. 342-343 (p. 14. 29. VE.y «Soli­ darité de l'ordre de la nature et de l’ordre de la société: “loi” naturelle et "loi” sociale dans la pensée légiste de la Chine ancienne» [«Solidaridad entre el orden de la naturaleza y el orden de la sociedad: "ley” natural y "ley” social en el pensamiento legista de la China antigua»]. 34. París VIII. B. 34. Ibíd. véanse los excelentes desarrollos de Léon Vandermeersch. 285 (p.051). 121). 48. Cf. 31. n. vols. Garzón del Camino—]. 999. A. cap.. nuestro estudio «Fonder la morale. 8. Según se comprenda de una u otra forma. p. «Théories de la manipulation en Chine ancienne» [Teorías de la mani­ pulación en la China antigua]. el Huainanzi (caps."5. 48.48. 711 ) y 234 (p. Ibíd. Sobre el carácter natural de la manipulación. Las referencias al Mencius se hacen según Legge. caps. nota 11. Ibíd. nota 10). véase Jean Lévi. 33. A. 28. p p . 38.. IX.u 6. II y VII. 36. pp.. Nacimiento de la prisión. 1. 9ss. II. III. Chen Qiyou. 25. 155 (p. igualmente posibles. cf.22. 2). 335 (p. 28. p. PUV. cap. 197 55. 231 (p.026). p. y también cap.5. Ibíd. y de Xunzi. p. p. «Le panoptisme». Hanfeizi. cit. 1. Surveiller et punir. cf. op. 30. 49. según el Zhuzi jicheng. 24. 74 (p.. 5.."canon. Chen Qiyou. 29 (p. XI. cap.cap. segunda mitad del siglo IV antes de nuestra era (sobre todo. pp. 717).cap. 249). 38. por ejemplo. 28. p. p.. 508). 849). 32. París.330(p. 23 55. 997). pp. Según se lea kun o yin'. 26. cap. ou comment légitimer la transcen227 . n. 246. Ibíd.. cap. 1976 —trad. 1975 [Vigilar y castigar. p. ExtrêmeOrient-Extrême-Occident. pp.

XV. 1. Ibíd. Volvemos a encontrar el mismo tipo de manipulación en otras escenas de la novela: para atraer a Xu Ning a la guarida (cf. cap." 6. cap.cap. 396. «Wangba».pp. conoce bien el uso ordinario del térmi­ no shi.. Para un uso inverso. de shi para evocar el curso natural del agua. II. cap. 944. Pekín. cap. cap. VI. 62. Beijing daxue chubanshe.cap.... pp. 228 . Véase. el Guanzi. XV. 442ss. «Pléiade». 8. Les Mani­ pulation. 11. Ibíd.. «Wangzhi». 3. 13. 177ss. 96.. 19. trad. 8. Xunzi. es mejor apoyarse en el shi». el hermoso artículo de Tzvetan Todorov. A. «Binglüexun». véase. 142-144. 20. pp. «Éloquence. XV. «Wangba». p. 452. p. 222-232).). The Art of Riikrship. también. Xunzi. 131ss. Sobre esa consideración relativa al shi en Xunzi. y corriente. o cómo legitimar la trascendencia de la moralidad sin el sostén del dogma o la fe]. op. «Wangba». 6. 140. 16. 1987. 4. «Zhushuxun». A. Au bord de l'eau. o. 197. p. para forzar a Lu Yunyi a unirse a la banda (Ibíd. op. por otra parte. n. «Yi bing». cap. cit. pp. p. 5. 177ss.. pp. 111-118. francesa de Jacques Dars. morale et vérité» [Elocuencia. 31. cf. p. como lo atestigua el proverbio del país de Qi que cita en II.pp. II. 12. 183: «Por mucha sabiduría y discernimiento que se posea. Comentario de Jin Shengtan.261 y 262-263. 333 ss. Ibíd. PUV. Huainanzi. por ejemplo. 14. 194-195. IX.pp. 26 ss. II. p. 85. Aiencius. 15. IX. pp. Shuihuzhuan (Al borde del agua). m oral y verdad]. «Qiangguo». 131 ss. Gallimard. para obligar a An Daoquan a venir a cuidar a Song Jiang (Ibíd.). el estudio preciso de Roger T. por ejemplo.dance de la moralité sans le support du dogme ou de la foi» [Funda­ mentar la moral. Ibíd. pp. Xí. p. Ibíd. Ibíd. p. 2. cap.. vol. cap. 18. LI. 174. 137 y 141-142..136. 251-253. pp. Shuihuzhuan huipingben. Ibíd. p. Paris. p.. XI. XI. VII. Ames. Ibíd. pp. /¿>ú¿.. pp. París VIII. cit. Ibíd. vol. Mencius. p. 10. cap. «Bibliothèque de la Pléiade». 7. cf. 17. «Yibing»..cap. XVI. Extrême-Orient-Extrême-Occident. 9. IbídL. A. pp. pp. 259. 2. LVI.

«Hua yuntai shan ji». p. «Si ti shu shi». Cf. De ahí la importancia de las parejas de términos. «Liu tishulun». 216. Cai Yong. 16. 15. Leyde. Jiang Kui. Wei Heng. 845. Ibíd. 14. 7. p. que organizan la reflexión estética tradi­ cional en China: cf. YangXin. por ejemplo. 1973 (abrev. feng («viento») / gil («esquele­ to»). 58 ss. El impulso de la forma. Theories of the Arts in China. Lidai. Hong Kong. el «Lunhua» de Gu Kaizhi citado en el Lidai }iiinghuaji (cf. qing (emoción) Icai (ornamentación). p. movement («The Human Body as a Microcosmic Source of Macrocosmic Valúes in Calligraphy». es el sentido de «dispo­ sición» el que también se encuentra al principio del «Xuhua» de Wang Wei. 10. «Bishilunshier zhang». Para el estudio de ese texto capital con vistas a la comprensión del nacimiento de la pintura de paisaje en China. p. Lidai.3. Zhang Huaiguan. Force-form.p. finalmente. p. Acker.Lidai. 212.pA5. Gu Kaizhi. yin (riqueza oculta del senti­ do) /xiu (esplendor visible).Xiishupu. 1983.p. 13. p. 14. 4. It is the fonn ofbecoming. 9. 3. p.Z¿£¿2¿. Hong Kong. los de la estética pictórica. 6. Lidai. W.. 102. by extensión. op. KangYouwei. 2.). IbícL. II. Lidai. el Wenxin diaolong se cita según la edición de Fan Wenlan. «Jiu shi».. process and. Lídaí. Sin duda. Wei Heng. 394. al Zhongguo hualuri leibian (ed. en el Wenxin diaolong: bi (aproxima­ ción analógica) / xing (motivo evocador). qiu rongshi eryi.p. Lidai. Shanghai. Shuhua chubanshe. 1. 17.nota 77). Acker. en el sentido de «impulso»: you ben teng da shi (adviértase tam­ bién la interesante expresión qing shi). 18.. 31. que a la vez contrastan y son correlativos.Iií¿a¡. remitirse al excelente estudio de Hu229 . XXXV.L/¿aí.6. 6. 1954. 5.1. p. pp. En el sentido de «disposición»: zhi chen bu shi. 12. «Lunyongbi shi fa». CaiYong. Yu Jianhua).47. etc. en el dominio de la «teoría» literaria. «Jiushi». 12. en Susan Bush y Christian Murck (eds. Princeton University Press. Zhang Huaiguan. 11. 581-582. cit.). 1980 (abrev.Lidai. Leibian). Shangwu yinshuguan. pp. como lo expresa con acierto John Hay. p. Zhang Huaiguan. 8. Leibian. Juicio célebre de Taizong de los Tang citado en W. Some T'ang andpre-Tang Texis on Chínese Painting. Lidai)-. p. «Lun yong bi shi lun».p. 216. 13. WangXizhi. el efecto del género Los textos de estética de la caligrafía citados en este capítulo remi­ ten al Lidai shufa lunwenxuan.

34. UiVShua. un valor supre­ mo al qiyun: sobre la afinidad entre el viento y el shi en la evocación del paisaje en Han Zhuo. pp. MoShilong. Cf. 802.bert Delahaye. 33. p. 36. p. Fang Xun. 672) que Han Zhuo reconoce. 112. 19. Li Cheng. p. Early Chínese Texts on Painting. Esthétique et Peinture de paysage en Chine [Estética y Pin­ tura de paisaje en China].p. 38. op. Shitao hua yulu. 605-608 (cf. Paris. Pekín. Ibíd. Esa noción de «peligro» como caracterización de una ten­ sión límite y de un máximo de potencial recuerda el Sunzi. p. Gong Xian. TangZhiqi. YuShinan. p. 616. 784. para los cuatro casos en que el término sW aparece en el texto. mientras que resulta claro (cf. p.yulu. Jing Hao. p.Leítem. Wenxin diaolong. pp. Leibian. 914. p. p.p. 62. Leibian. Leibian. § 12.TangZhiqi. 713.. § 17.LdZ?¡an. 1970. francesa en Nicole Vandier-Nicolas. Leibian. El tratado de Fang Xun. 1982. trad.. cf. Leibian. 1985.). p. 7155.801.738y744. Leibian. Renmin meishu chubanshe. es especialmente interesante a ese respecto y ofrece una magnífica ilustración del término shi en pintura. 603. 28.pp. 1962. 25. 53. 912). 529 55. Wang Zhideng. 37. 30. Sobre la relación 230 . p. pp.p. 28). Leibian. Shitao. 115.18. 21 : «The term shih (dynamic configuration) is used here to describe such a "momentum” or “effectV 20. 21. Huang Gongwang. Shitao. 32. El propio término shi está bien traducido en Susan Bush y Hsio-yen Shih. Klincksieck. Ibíd. shi gil shan zhan zhe. Institut belge des hautes études chinoises. 29. Leibian. V. p. p. cap. 22. Da Chongguang. 26. Gu Kaizhi. pp. 668-669. Leibian. Aspectos religiosos].Le¿¿z'an. en conformidad con toda esa tradición. «Ding shi pian».28y33). Les Premières Peintures de paysage en Chine. cit. 24. 719. 27. cf. cit. 697. y Ryckmans. 744.. p. 913. Zhang Yanyuan. 1981 (cf. 35. que —según creo— habría que traducir: «el buen estratega explota el potencial surgido de la situación hasta su punto límite». Les Propos sur la peinture du moine Citrouille-amère [Las Sentencias sobre la pintura del monje Calabaza-amarga]. Leibian.. 85.Leibian. 582 (Delahaye. pp. p. qi xhi xian. 674): xian kan fengshi qiyun. y trad. 134. francesa de P. Aspects reli­ gieux [Las Primeras Pinturas de paisaje en China. 31. 16. Harvard University Press. p. Ryckmans. 23. «Shanjingju lun hua shanshui» (Lei­ bian. op. p.Zj'da/. p.p. cf.p. FangXuan. École française d’Extrême-Orient. esta interesante expresión en Han Zhuo (Leibian. Leibian.

atribuido a Guo Pu. Feuchtvvang. cap. 652. IV. Ed. p. Sobre la tradición de la geomancia. 4. 534. 1986. 62 ss. 181-182. p. 19. el comentario erróneo de Fan Wenlan interpretando lo «redon­ do» y lo «cuadrado» en relación con el Cielo y la Tierra. cap. 3. 935ss. Renmin wenxue chubans­ he. 1982. «Comment se détermine la phusis?». 1973 —trad... du Seuil. de Groot. 111 ss.p. Annales du musée Guimet.p. Gallimard. «Wensin diaolong de dingshilun» («La teoría de la determi­ nación del shi en el Wenxin diaolong»). La Haye. 62. Yingzao fashi. Eitel. pp. Nuevos ensayos críticos. de la tradición china. Pekín. p. «Xuzhi». The Religions System of China.M. de N. y banal.. cap. 231 . Le Degré zéro de l'écriture. Van Goor Zonen.J. ya mencionado (abrev. Shenyang. Sobre la influencia del Sunzi sobre ese capítulo. p. Wenxin diaolong xuekan. Ventiane. Líneas de vida a través del paisaje Los principales textos citados en este capítulo lo son del Zhongguo hualun leibian. 1962. An Anthropological Armlysis of Chinese Geonvmcy. 42. 41. ni. 40. véase. que ha contribuido a renovar la comprensión de ese capí­ tulo. Paris. «Wenxin diaolong de dingshilun». «Shi ti shi» («Interpretación de ti y shi»). en Wewcin shi lun. Jinan.R. remitirse al im­ portante estudio de Zhan Ying. 1983. pp. Como interpretación típica de ese proceder. 183.que puede mantener la concepción literaria del shi con la que aparece en la teoría pictórica o caligráfica. Heidegger. «Les tendances de la stylistique contemporai­ ne» [Las tendencias de la estilística contemporánea]. Ernest Leroux. Éd. Rosa—]. n. Kou Xiaxin. Buenos Aires. espe­ cialmente pp. pp. «Fuhui». «Fengshoui ou Principes de science naturelle en Chine» [Fengshoui o Principios de ciencia natural en China]." 1.: Leibian). p. 205 ss. Vithagnia. Siglo XXI. 39. y de Stephan D. 12. vol. cf. reto­ mado en Wenxin diaolong de fengge xt te. y cap. 1968. 727. de J. todavía viva hoy en día en China. remitirse a los estudios clásicos de Ernest J. Qilushushe. Paris. 1953 [El grado cero de la escritura. Pierre Guiraud.. Questions II. 4. Chunfeng wenyi chubanshe. Concepción en extremo común. 43. Cf. por ejemplo.pp. 12. en Style et Littéra­ ture [Estilo y Literatura]. nota 3. véanse las breves indicaciones de Tu Guangshe. Las expresiones citadas están tomadas del comienzo del Libro de las exequias (Zangshu). 1. Ro­ land Barthes. 271 ss.1 (1880). Ibid. pp. 2. pero el análisis resulta demasiado insuficiente. 1.

p. 583. 15. Susan Bush y Hsio-yen Shih. Leibian. en la rúbrica consagrada a los «configuracionistas» (xingfaliujia). Chinas Greatest Poet.. 17. Wang Wei. 6. William Hung. y Nicole Vandier-Nicolas. cf. p. op.. ya Jing Hao..]». en el Giianzi. 164.] sólo buscan el aspecto y la disposición. positivo. cf. Flammarion. Ese punto ha sido bien destacado en el importante estudio de Yonezawa Yoshio. 76 ss. Esthétique et Peinture de paysage. sobre ese punto. a shi. Hubert Delahaye. 7. 585.. 11. 8055.. Encontramos ese empleo precisado en el capítulo bibliográfico del Hanshu («Yiwenzhi»).5.cit. 14.. Tang Zhiqi. véase el estudio detallado que ofrece Hubert Delahaye en Les Premieres Peintures de paysage en Chine. 13. p. 607. pp. Pero los antiguos [. La naturaleza y la función de las «arrugas» han sido muy bien descritas por Pierre Ryckmans en diversas notas de los Propos sur la peinture. Du Fu. 733. p. Early Chínese Texts. p.. Guou Pu. Leibian. op. cit. p. 583. véase el pertinente análisis de Hubert Delahaye. Nueva York. p. op. 18. Se trata de una distinción corriente.. y la «espiritualidad». Leibian.. cit. cf. que he retomado aquí. 76. 8. Tokio. 5955. el autor del Mingfolun. p. París. xiu. Tu Fu. «De la pintura» («Xu hua»).. 19. p. op. 12. cit. cap. Jing Hao. Leibian. pp. The different appearances o f mountains and streams are produced by the conibinations o f vital energy and dynamic configuration. 634. op.p. 76 ss.. cit. la idea de «reflejo» es tá indicada desde la primera frase del texto. Es la etimología de la palabra hua dado por el Shuowen jiezi y a la que parece referirse Wang Wei al principio de su tratado. Sobre el elevado mensaje de los bosques y las fuentes (Lin quangao zhi). Chugókü kaigashi kerikyíl. 232 .. 169. Le Monde en petit [El mundo en pequeño]. 384. 117. 76. 9. ling. «Introducción a la pintura de paisaje» («Hua shanshui xu»). op. En su estudio anteriormente citado. han dao ying w u. «Xi ti Wang Zai hua shanshui tu ge». no teniendo todavía el sentido fuerte que a continuación adquirirá (y que ya prepara ese texto). pp. cit. p. 78. Leibian. Pero el término shi que interviene al principio del tratado (jing qiu rong shi er yi) sólo significa aquí «disposición». p. cit. Cf. Zong Bing. 371. Yonezawa Yoshio se equivoca —según creo— al atribuir el sentido fuerte. El término shi ya tiene ese sentido topográfico particular al final de la Antigüedad. Leibian. idem para las citas siguientes. 10. Zangshu. El «brillo». Zong Bing.. Heibonsha. Russell. «Idées et recherches». por ejemplo. y cap. op. cf. cf. Sobre la importancia del budismo en Zong Bing. 16. pp... p. Guo Xi. 614. por ejemplo. El sentido del pasaje más bien sería: «[..

Leibian. Pekín. Renmin wenxue chubanshe. los textos referidos a la caligrafía se citan. cap. § 3. Wang Shizhen (Wang Yuyang). III). Ibíd. que se refiere exclusivamente al shi (cf. 929). Jiaoran shishi jixiao xinbian. Disposiciones eficaces.. Leibian. p. 21. pp. Tang Dai.§6. 28.Jiangzhai shihua. 31. Leibian. 85-86. 5. p. Pekín. op. como anteriormente. Fang Xun.. para el tai¡i quan. 1982. 857-859 (el párrafo completo está consa­ grado a la importancia del shi). manual anónimo del siglo XIV (cap. Leibian. por series Para este capítulo. p. 24. 29. 25. Xinhua shudian. de acuerdo con la cual los calígrafos de los Tang se interesaban especialmente en la técnica (fa). así como en la obra crítica de Jiaoran. IbícL 30. aquí. 68. también.§15. §42. p. Tang Zhiqi. Wang Changling y Jiaoran. mientras que los de las Seis Dinastías ponían el acento en la «resonancia íntima» (yun) y los de los Song en la expresión del «sentimiento individual» (yr). de la antología Lidai shufa lun wenxuan ya menciona­ da. «Zhu xing lei». 3. Mo Shilong. Daijingtang shihiia.20. cit. Wang Tuzhi. 26. cf. en la reflexión de dos poéticos de los Tang. Leibian. ed. Qian Du. Leibian. Zhongguo shehui kexue chubanshe. los referidos al «aite de la alcoba». p. generalizarse a este respecto la observación de Dong Qichang. Para todo ese desarrollo. Jean-Ma233 . p. p. 2. cf. 743.1. 23. véase la importante disertación atri­ buida Zhao Zuo. tal como la encontra­ mos en el Wenjing miftdun (jap. 1981. cap. 1. los referidos al laúd. Ibid.ypp. 1983. Wenshizhe chubanshe. sin duda. 27. de Wang Liqi. Nuestro análisis del che poético se basa. los textos son de orígenes más diversos (lo que se explica teniendo presente el carácter tardío y secundario de esa literatura). 742. del Gran Tratado del sonido supremo (Taiyin daquanji). Da Chongguang. 1. del Dongxuanzi (de los Tang) tal como ha sido reconstruido en el Shiiang mei jing an congshu de Ye Dehui. Leibian. Wang Shizhen también reutilizó la teoría pictórica de la lejanía (cf. 78. Leibian. Pekín. las «tres lejanías» de Guo Xi) para explicar el efecto poético.§4. 22. 759. ed. 914. 712. 138. 809y 833. de Xu Qingyun. Renmin wen­ xue chubanshe. pp. p. Taiwan. Podría.: Bunkyó hifuron). Tang Zhiqi. p.

las observaciones de Jean-Marie Simonet. «Los die234 . Lidai. La idea ha sido muy bien resumida por J. La indicación referida a la ejecución musical. Ya se encuentran asociaciones de ese tipo a propósito de los shi de la geomancia.. 9. Sophia University. sobre esa cuestión. sobre el asunto. Skira. Qi Ji (Hu Desheng).. Las láminas que comentamos están sacadas del Taiyin daquanji. 114 ss. The University of Michigan. «Bishulun». Se encuentran otras listas de los che de la caligrafía. 1971. 34. en el dominio de la medicina. Véase. «Jiu shi». 130 ss.. p. trad. cf. The Tao ofSex. École nationale des langues orientales. Guy Trédaniel. 293). Ginebra. Arte marcial. y Kenneth J. 5955. Tokio. y éstas se reparten según los ocho puntos cardinales y colaterales. 6. así como las si­ guientes. 2. Se trata de una atribución apócri­ fa debida al Shuyuan Jinghua de Chen Si de los Song. Taiji quan. francesa. 113. pp. VIII. y. 1940. París. p. 11. o. 7. el Zangshu de Guo Pu ya citado. Véase. 16055. Cf. 220 ss. 5. cit. 12055. Lidai. A Song for One or Two. 1982. op. se han tomado de Van Gulik. pp. Van Gulik. en el dominio de la poética. La Suite au «Traite de calligraphie» de Jiang Kui [La Conti­ nuación del «Tratado de caligrafía» de Jiang Kui]. cit. Cai Yong. 12. en lo que se refiere al movimiento del pincel. 3.).ríe Simonet. pp. técnica de longevidad]. las reconstrucciones gráficas propuestas en Akira Ishihara y Hovvard S. The Lore o f the Chínese Lute. p. 6. Dongxuanzi'. tesis no publicada. sobre el asunto. cit. op. 28 consagrado a la «alcoba» ¡fangnei] por el erudito chino moderno Ye Dehui. techniqne de longue vie [Taiji quan. del Yixinfang (Ishimpó) compilado por Tamba Yasuyori entre los años 982 y 984 (cf. p. 10. pp. pp.. pp. sección «Tierra». Art martial. De Woskin. cap.. «Shiyou shi shi». en Wang Xizhi. Gallimard.F. 94-95. 8. pp. la obra clásica de Robert Van Gulik. Véase. La Vie sexttelle dans la Chine ancienne [La Vida sexual en la China antigua]. sobre la historia del texto y la reconstrucción del cap. Lidai. 168 55. Ann Arbor. 185186. por ejemplo.H. Éd.. Van Gulik. del Wenjing miftdun (Bunkyó hifuron) compilado por Kükai. 13. Billeter en el Art chinois de lecriture [Arte chino de la escritura]. R. 1981 (texto chino. Es especialmente el caso.H. op. de la Maisnie. pp. la obra de Catherine Despeux. También se considera que las dos series corresponden a los «cinco pasos» y las «ocho entradas». Music and the Concept ofArt in Early China. el fundador del Shingon. en lo concernien­ te a los elementos gráficos (en un sentido entonces casi equivalente a fa) en Zhang Huaiguan. cf. R. The Lore o f the Chíne­ se Lute. Fengsaozhige. Yokohama. Wenjing mijulun (Bunkyó hifuron). y finalizado el año 819. 4. Levy. París. 1969. pp.

Wenshizhe chubanshe.. en L'Art de la liste [El arte de la lista]. Pero su tra­ ducción del título por «Seventeen styles» resulta inadecuada (al igual que. «San bu tong yu yi shi». «Lunwenyi». 409): Although the natural image is diffèrent. PUV. 1962. Hong Kong University Press. Véanse. p. University Mi­ crofilms). «Lunwenyi». 23. DuFu. pp. Parallélisme et Appa235 . A Study and Translation of Kíikai’s Bunkyô hifuron (Comell University. 7455. cit. p.cisieteshi». Taiwan. Bunkyô hifuron. especialmente pp. Bunkyô hifuron. pp. 130 ss. los diversos estudios reunidos en el número 11 de Extrême-Orient . El sentido me parece mal traducido. Se encontrará un breve comentario del pasaje en el estudio de Xu Qingyun. 296 y 317. Tokio. el estudio de François Martin. ed.Extrême-Occident. 317. 304-308. 1990. Jiaoran shishiyanjiu. Pinglun. los poemas se citan del Shijing (pioemas 3 y 226). Richard Wainwright Bodman no traduce los capítulos de la sección «Tierra» por considerarlos de una interpretación demasiado insegura. resulta instructiva a este respecto. En la tesis que consagró a esa obra. Poetics and Prosody in Early Medioeval China. pp. Extrême-Orient . cit. 1986. 16. a este respecto. aunque señala el particular interés del capítulo. Véanse los análisis antiguos. p.Extrême-Occident. pero siempre pertinentes. Jiaoran. Dianwenchubanshe. «L'énumération dans la théorie littéraire de la Chine des Tang» [La enumeración en la teoría literaria de la China de los Tang]. p. así como en el pasaje siguiente. de Sound and Symbol in Chínese. 22. p. p. 14. 15. 89). París VIII. tanto más cuanto que también traduce ti por «style» (cf. «Lunwenyi». la traducción del título del capítulo del Wenxin diaolong por Vincent Shih: «On choice of style»). 1978. «Deng Yueyanglou». Ph.D. en cambio. por Bod­ man (cf. op. 37 ss. 449) no me parece traducir suficientemente el sentido. deshi. Del mismo modo. reed. 283.. de Wang Liqi. Zhongguo wenxuepipingshi. No hay. La comparación del capítulo de los «Diecisiete s/¡¿» con las lis­ tas siguientes del Bunkyô hifuron. en la edición de las obras completas de Kúkai. 18. anteriormente. Chikuma shobó. 28. muy revelador aquí. El texto ha sido bien establecido en el plano filológico por Hiroshi Kózen. Hace mucho que se ha reconocido que ese capítulo debe atribuirse a Wang Changling (según las citas de poemas y habida cuenta de las numerosas coincidencias con el Lunwenyi). sección «Tierra». cf. pp. p. 20. 19.. en su Historia de la crítica literaria china. theforms are alike.. Bunkyô hifuron. Se encontrará un intento de ordenación de la serie según crite­ rios modernos en Luo Genze. 21. 114. traducción de ese capítulo a las lenguas occidentales. 17. por no analizado. donde la expresióngao shou zuo shi sólo se traduce por when a superior talent works. chóshi en la traducción japonesa de Kôzen {op.

en el dominio cali­ gráfico. la edición citada del Wenxin diaolong es la de Fan Wenlan y la del Wenjing mifulun es de Wang Liqi. V. véasesupra. 207) percibe en esa expresión metafórica el anuncio de la crítica poética de Sikong Tu. pp. de la Universidad de Pekín. I.. las referencias se hacen. p. 149) a propósito de la distinción entre shi y ti concebida como el efecto de una diferencia de punto de vista. 1981 y 1982. p. El dinamismo es continuo Como anteriormente. p. ed. 1978) se indica a continuación. También como anteriormente. p. 6. Finalmente. Shishi. «Shipian». op. 236 . Xinya yanjiusuo congkan. «Liutishulun». 3. 28. 2. Xuesheng shuju. final. El análisis de Xu Qingyun. al ZJiongguo hualunleibian. Guo Shaoyu (Historia de la crítica literaria china.Zidaí'. 4. el artículo de François Martin. sino también de la de todo el Extremo Oriente. 24. 19. «Lunyong bi shi fa». Leibian. 30. Shanghai guji chubanshe. Shishi. el análisis de Shen Zongqian. el de la novela Al borde del agua al Shuihuzhuan huipingben. p. el comentario de Du Fu remite al Dushijie editado por Zhong Laiyin. 1987. «Lunwenyi». p. 39. 283. los shihua de Wang Shizhen (Wang Yuyang) y Wang Fuzhi se citan según la edición de Dai Hongsen. cit. Jiaoran. vol. p. Renmin wenxue chubanshe. cap. Jiaoran. Bunkyóhifuron. 1. al Lidai shufalun wenxuan y. 27. estático o dinámico. p. § «Shi you si shen».pp. 29. 907. 12455. Liu H u í . 1984.. «Bibliothèque de la Pléia­ de». en el pictórico. Paris Vin. comentario del Jiuzhang suanshu (Los Nueve Capítu­ los sobre el arte del cálculo). Pinglun. 33. y. Jiaoran. 89 55. Cf. Cf. Zhongguo wenxue pipingshi. p.317. pp. 1989. p. Jiaoran. Pmg/tirc. Véanse también las observaciones de Xu Fuguan (Zhongguo wenxue lunji xubian. 214-215. IbtcL.riement des choses [Paralelismo y Emparejamiento de las cosas]. Zhang Huaiguan. § «Ming shi». p. igualmente. 31. 41. particularmente. Lidai. me parece insuficiente a este respecto. por ejemplo. Zhang Huaiguan. PUV. compilado en el siglo I de nuestra era y considerado como el clásico por excelencia no sólo de la tradición ma­ temática china. 216. en lo que concierne a la obra crítica de Jin Shengtan. Gallimard.. Sunzi. 25. colección de las «Obras de crítica y teoría literarias clásicas de China». 26. La tra­ ducción de Jacques Dars (París.

. Institut des hautes études chinoises. cf. Fang Xun. cap. Shudiian. Lidai.906. pp. Ibíd. Leibian. Lidai. p. II. sin duda. «Fuhui». El largo desarrollo consagrado al shi en ese tratado es. cit. Ése es el primero de los nueve shi evocados por Cai Yong. Leibian. op. p.. entonces ya no hay sino una «apariencia de caligrafía». Jiang Kui. 148. Lídaí. Zhang Huaiguan.5. 8. p. p. di. Jiang Kui. Lidai. cf.) 12. Ibíd. las observaciones de Hsiung Ping-Ming. 6. Leibian. «Bi shi». En ese sentido. p. pp. 10.p. 223-224. 29). 802. 394. el hijo del famoso calígrafo Wang Xizhi y él mismo célebre por el modo radical en que intentó explotar los recursos de la cursiva. como riqueza implícita del poema y «más allá de las palabras»). el arte de la cursiva resume el de la caligrafía china en general: si ésta no se engendra por alternancia y transforma­ ción. p. op. Lidai. 16. Zhang Huaiguan. No creo que la lógica de esa imagen haya sido suficientemente captada por los co­ mentaristas chinos contemporáneos (sentido de zhen: levantar). 1984. análisis en Simonet. 906. y de las más sistemáticas. 385. p. Cf.ya WangXizhi. shuang zhong-. que se inspira en la caligrafía de Wang Xianzhi. p. 19. una de las reflexiones más explícitas. 387. 915. 14. Ése es el defecto de la «doble pesadez». 15. Leibian. 652. 57. 21. p. Ibíd. «Zhenshu». 393. 907. (Un buen análisis en JeanMarie Simonet. 154. Ibíd.158 y 180. Zhang Xa et la Calligraphie cursive folie [Zhang Xu y la Cali­ grafía cursiva exagerada]. Wenxin diaolong. p.. y luego. cf. 20.. 145-146.905. que encontramos a este respecto en toda la literatura crítica de China. Shen Zongqian. Shen Zongqian. «Shu lun». cit. 7.. p. 23. pero el impulso se prosigue más allá» reitera la célebre concepción delxing en poesía (en tanto que motivo introductor de valor simbólico. a partir de ahí. «Xuemai». las 237 . p. Estamos ante un buen ejemplo del modo en que el arte del calígrafo y el del poeta se conciben de acuerdo con la misma lógica: la expresión «la columna de caracteres está terminada. sobre el asunto. Ibíd. 22. p. Shuyi. Lidai. p. op.. Esta célebre analogía se atribuye por primera vez al gran pintor Lu Tanwei (finales del siglo V-comienzos del VI). p.386. Leibian. Da Chongguang. 18. 11. 387. Liu Xie. «Caoshu». Catherine Despeux. p. 166. p. privada de cualquier gusto (cf. pp. p. Jiang Kui. Shen Zongqian. 6. 13. 906. Lidai. 17. 9. cf.

p.. pp. 40. Sobre la modificación del valor de esa noción. Jiangzhai shihua. Ibíd. pp. Tai­ wan. du Seuil. Bien reflejada. «DesTravaux».ediciones completas de Lu Kanru y Mou Shijin. cap. 1. Guanchuipian. 35. 48. 308. §9. Ibíd. «Beizheng». 34. 122. son señalados de forma precisa. 228.p. 37. 222. pp. p. por ejemplo. p. 238 . en el interior de la composición. el estudio de Yang Songnian Investiga­ ciones sobre la poética de Wang Fuzhi. 28. 36. y Procès et Création.197. 254 (trad. texto. p.pA9. poema «Song ren congjun». poema «Ye rensongzhuying». 39. Ibíd. Ibíd. Ibíd. Noción de wenshi diferente de la de wenzhang.. Ibíd. «Shenglü». p. por Vincent Yu-chung Shih. 91. p. según creo.p. el comentario que Jin Shengtan consa­ gra al largo poema de Du Fu.. 31. 79. p. p. p. 465. III. 67 ss. usos significativos del término en el Wenjing mifulun. «Dingwei». cf. § 33. Zhonghua shuju.. Wenshizhe chubanshe. y de Zhou Zhenfu.. Véanse. y «Dingwei». p. Liu Xie. La noción de «jingju» es importante en la crítica literaria china desde el Wenfu de Lu Ji (noción de jingce). Dars. 1979.. Paris. p. La imagen es. 38. intervi­ niendo en el punto capital del desarrollo / Sea para todo el texto como un latigazo que nos deja atónitos» (no sólo para realzar-el sentido —cf.». p. sino también. Véase. 146)... 280). p. así me parece en este caso. II. la del Sunzi. para precipitar el texto hacia delante).. 553-554. 340. 23. 341 ss. 30. Esa concepción del shi poético no ha logrado. 61. Daijingtangshihua. III. Ibíd. como se sabe. 27. 32. The Literary Mind and tke CarvingofDragons. especialmente entre los comentaristas de Wang Fuzhi. Wenxin diaolong. TinShengtan. 26. II. poema «Linyi she di shu zhi. la atención que se merece. 1989. Wang Fuzhi. la interpretación de Li Shan—. 39 y 47. École française d'Extrême-Orient. 149 (trad. Esa reflexión sobre la concepción del proceso poético en Wang Fuzhi retorna análisis que yo presenté con anterioridad. «Zhenjuelei».Dushijie. cap. p. p. en cambio. p.. remitirse especialmente a Qian Zhongshu. «Lunwenyi». 343-344. cap. Ibíd. 33. Que «la conciencia realmente tienda a expresarse» traduce aquí la noción deyi. 1985. Éd. y en el que los efectos de shi. pp. pero posee en ese texto un sentido diferente del que normalmente le dará la tradición posterior y que aquí critica Wang Fuzhi: «Que una sola palabra. p. especialmente pp. «Shipian». en particular. Wang Fuzhi shilun yanjiu. en particular. 297. Wenjing mifulun. 29.. Shuihuzhuan (huipingben).. en particular en La Valeur allusive. «Dingwei». 24. 324. WangShizhen. 280. 266. p. 25. texto.

p. p. texto. véanse las escasas observacio­ nes. 49.. Xuesheng shuju. 391).p . §4. El motivo del dragón Las m ism as referencias que en los capítulos precedentes (del III al VI). p. p. cf. p. texto.. p.. 61. 192 (trad. «Xici».. texto. «Carta a Chen Shuoshi».. las diversas «técnicas de lectura» (dufa) de Jing Shengtan a propósito del Shuihuzhuan-. 295 (trad. 214). Ibid. 197 (trad.. II. Véanse. comentario de Los Tres Reinos. 50. 1. rem itirse al estudio general —y exhaus­ tivo— de Jean-Pierre Diény. 503 (trad. sobre el motivo del dragón. texto. 146-147. comentario de Mao Zonggang. texto. 54. 200). también.. Sangno yanyi (huipingben).470(trad. 597).. Ibid. p. texto. 667 (trad. texto.020 (trad. Ibid.. Zhouyi. «gu zhi sisheng zhi shuo».p. de Ye Lang.. 48. 308 (trad. Los Tres Reinos. 415). 301 (trad. p. p. Ibid.. a ese respecto. p. 547 (trad. p. 14..texto. Ibid. cf. 207). Ibid. 669 (trad. a propósito delJinpingmei. p. Jiangxi renmin chubanshe.. p. 343). Mao Zonggang. cf. 358 (trad. Sobre esa cuestión. p. Ibid. texto. cap... a propósito del Sanguo yanyi-. 42. Ibid. de Mao Zonggang. texto. p. p. p. 105). en Huang Lin. 541. texto. 798).. 56.41. Paris.. Debo a Rainier Lanselle preciosas indicaciones sobre es te punto.. texto. p. 45. p. etc.124 (trad. p.. 336). 59. texto. II.. 44. Conclusión II. también. Zhongguo lidai xiaoshuo lunzhuxuan.p. 43. 46. pp. 1. 55. 275-276 (trad.. p. 57 (trad. 801). 551). p. p. Beijing daxue chubanshe. 339 (trad. p. Estética de la novela china (Zhongguo xiaoshuo meixue). 350). p. Institut des hautes études chinoises. p. Le Symbolisme du dragon dans la Chine antique [El simbolismo del dragon en la China antigua]..Iparte. 270. 53. texto. 586). Ibid. insuficientes. p. 635). 343. Ibid. Ibid. 1982. p. Ibid. 47. 239 . p. 62. 311). también. texto. 57.. 51. I l l (trad.. 512 (trad. Citado en Zhu Rongzhi. p. Ibid. 587). p. Yao Nai.. y de Zhang Zhupo. texto.. pp... 502 (trad. Wenqilun yanjiu.. texto. Taiwan. 60. Ibid. p. p. Ibid. p. texto.. p. 360).. 43. 58.. 52. «Du sanguozhi fa». Ibid. p. p. 1987. texto. 29). p.

. 196). 504 (trad. tit. 770). op. 19. las nociones áeqixiang («aura del sentido») o de jing («mundo poé­ tico») que permiten caracterizar. p. Comentario de Jin Shengtan.. Leibian.Le¿¿¿a«. Jiaoran. o. cf. p. 665. 2. . 21. Yang Xiong. 166). 266. 14155.. p. desde los Tang. Dars... 4. SuoJing. «Huayuntaishanji». 630). «Ti Wei furen "Bichentu” hou». Jiangzhai shihita.. tit. 163 (cf. 666. véase. op. op. 71. op. pp.I. 12. 2140. II. op. también. Zangshu. la coincidencia significati­ va de expresiones como «el shi que viene de lejos» y «el dragón que viene de millares de //» (yuan shi zhi lai. qian li lai long). p.op. Dushijie. p. p. Shuihuzhuan huipingben. 588). Pekin. 240 . HanZhuo. An bord de lean.tit.pp. 14. 543 (trad. comentario de Jin Shengtan. Ibid. Dai's. 16. Stephan D. por ejemplo. GuKaizhi. Shuihuzhuan. 22. «Caoshushi».op..581. WangXizhi. Zuozhuan-.p .. 5.. Du Fu. trad. Dars. 8. 113 (trad... p. p. Dars. Shuihuzhuan. c it.op. 9. p. 13.605. «Bei zheng». 6. p.Ló¿az. I... Han Zhuo. cf. Diény. Fayan-. Ibid. por parte de Wang Fu­ zhi. 665. 242-243. p. XV. p.. a propósito de la caligrafía de Zhang Xu. Zhonghua shuju. JingHao. a título de ejemplo. VII. op. para el pasaje. 20... 107). Shiji. 19.p. 27. Huainanzi..R. op. op. p. 17. p. LeSymbolismedudragon.Leibian. Comentario de Jin Shengtan. p. Hsiung Ping-Ming. trad. p. cit. 3.. 10. cit. su comentario del poema «You nan ting» en el Gushi pingxuan. tit.. op. Dars. tit. p.. cap. Ese súmmum del arte poético sólo ha sido alcanzado. cf.p. 181. Zhang Xu et la Calligraphic cursive folk.cz'í. tit. Diény. por Xie Lingyun. cf. «Bifaji». p.L¿<¿a/. 15. Chinese Geomancy.pp.205-207. 189 (cf. Lidai. en opinión de Wang Fuzhi. p. Ibid. «Shanshui chunquanji». Feuchtwang. tit. cit. p. Modo de expresar con mayor precisión... para el pasaje. op. cap. 48. op. comentario de Jin Shengtan. de Jacques Dars. p. cf.cit. Guo Pu. Sobre el tema del dragón como what all topographical formation resemble. 63..p. tit. Wang Fuzhi. 7. 18. la experiencia poética de China. 645 (cf. trad.

a la antología de Guo Shaoyu. 2. 1974 —trad.. cit. 35. Finalmente. die zu diesen Zeiten herrscht-. Recherches sur leconomie et la société de la Chine traditionnelle. XX. reed.3 vols. y Jean-Frangois Billeter («Deux études sur Wang Fuzhi» [Dos estudios sobre Wang Fuz­ hi]. Brill. por ejemplo. 1965 (trad. ni. Shangwu yinshuguan (4 vols. 1974 (2 vols. 1. p. el Dutongjianlun (Pekín. 43... Ames. RogerT. p. Nation und Elite irrt Denken von Wang Fu-chih (Mitteilungen der Gesellschaft für Natur und Völkerkunde Ostasiens. las referencias a la historia literaria china remiten. Hong Kong. «Li ben». Situación y tendencia en historia En este capítulo. La fuerza del término me parece. «Hua ce». cap. Shangjunshu. según la edición de Taipei. esencialmente. LVI.. 3. 1968. situación o curso de las cosas. también. XLIX. El curso de las cosas es. los textos utilizados son. y a esa ambivalencia (para nosotros) debe el término su riqueza filosófica. los textos citados del Xunzi. vols. er shi yu bei shi: «[. 257). op. p. el Rizhilu de Gu Yanvu. vol. evidentemente. cit. Ibid. Barcelona. The ArtofRulership. 4. Étienne Balazs proponía traducir ese uso de shi en un contexto histórico porpower ofprevailingconditions.). EJ. tendency. principalmente. trend. 1968 [La burocracia celeste. a la vez «fuerza» y «condiciones». 87). En su estudio. Londres. Idea análoga en el Guanzi: cf. cap. véa­ se también. 1975. para el empleo de shi en el sentido de factor determinante. 224.. El Fengjianlun de Liu Zongyuan se cita según la edición Liu He Dongji. el Shangjunshu. Historia de la China imperial. Zkongguo lidai wenlunxuan. 6. 32. «Ruó min».L. Xunzi. p. p. Renmin chubanshe. II y V. y a título provisional. T'oung Pao. Véase.. fr. cap. Zhonghua shuju. 155). más adelante. por necessity. die Augenblickstendenz. 5. XVm. p. en general. XI. «Ding fen». Cf. XXVI. 1970. Curso y situación a la vez. de J.7. p. «Zidao». Ibid. 77. p... vol. el Guanzi y el Han Feizi remiten al Zhuzi jicheng. Gallimard. Barral. Emst Joachim Vierheller lo traduce por die besonderen Umstände. insuficientemente recogida en la traducción de Jean 241 . Shanghai. Jiusi congshu).). 348. Para Wang Fuzhi. 21 (xing san zheyou er shi: «para establecer esos tres puntos hay dos condiciones que son sus factores determinantes»). La Bureaucratie celeste. Political Theory and Administrative Reality in Traditional China. 1979.) y el Songlun (Taipei. cap. París. II. y p. Guereña—]. Hamburgo. nota 39. el Shangjunshu.] se manifiesta en el hecho de completar el potencia! de la situación»). cap. «Cabría proponer con mayor sencillez. vol. o. op. p. Zhonghua shuju. inseparable de su estructura». vol.

Le Livre du prince Shang [El libro del príncipe Shang]. cap. La sistematización de una teoría histórica del shi ha sido llevada a su extremo al final de la Revolución cultural. I. en S. de Legge. en una «lucha entre las dos líneas». Zhonghua shuju. p.). p.). Jia Yi. cap. Fondations and Limits of State Power in China. 1973. «Daozhipian» (trad. 13. 16). «Guoqinlun». «Yuandao» («Del origen de la Vía»). 1981. 196-197. pp. 1973. «Wudu». cap. 8. Hou Wailu. vol.. han in­ sistido sobre el carácter «progresista» de la concepción del shi en Liu Zongyuan. cap. 250). pp. «Tengwengong». la biografía consagrada a Liu Zongyuan por el departamento de historia de la Universidad de Shanxi. «Kai sai».. cap. III. que han erigido en teoría (cf. 231) lo traduce por condiciones («puesto que las condiciones para con­ quistar y las condiciones para conservar son diferentes»). por power («the power to attack and the power to retain»). State and Scholars in Tang China. 43. en lo sucesivo.Lévi. 239). Cambridge University Press. p. 11. p.965). 16. reed. Flammarion. I parte. Por supuesto. 1987. 64 y 79-80. Esa concepción del shi forma parte. Gtianzi. p. vol. David McMullen. «Connaissance de l’Orient». vol. Schram (ed.R. VI. pp. 7.177y 185. p. Mencius.160. I. Sin embargo. cf. «Casa de Chen She» (ibid. 144. no cabe reducir a semejante fórmula el célebre ensayo que fundó la reno­ vación confuciana. p. al reaccionario Han Yu. III.146. XXXVm. especialmente. nuevo legista. 2.p. 12. I. el comienzo de la célebre carta a Renzong de Wang Anshi. p. 1. HanFeizi. Los historiadores contemporáneos de la filosofía china. XXIII. 33). SOAS (Londres) y CL'HK (Hong Kong). especialmente pp. p. 10. 53 55. La diferencia entre las traducciones es sintomática de la ambivalencia del término shi: Chavannes (Mémoires historiques [Memorias históricas]. véase. «La filosofía y la sociología materialistas de Liu Zongyuan». y el «Fengjianlun» se ofrecía entonces al «estudio de las ma­ sas» (oponiéndose Liu Zongyuan. de la teoría de los modernistas. 1987. II. 1976. véase. 112. p. y Burton Watson (Records of the Grand Historian of China. Liu Zongyuan. el texto se acerca a las concepciones históricas 242 . «Fengjianlun» («De la feudalidad»). Shanghai renmin chubanshe. 339. 9. vol. El texto es tan importante que es citado en varias ocasiones en el Shiji de Sima Qian: en la «Biografía del primer emperador» (Pekín. Wang Wengong wenji. Shangjunshu. 14. 282) y en el cap. IL. Zhuangzi. Renmin chubanshe. § 4 (trad. Para una apreciación de lo que estaba enjuego históricamente en semejante debate en la época de Liu Zongyuan. a título de ejemplo. y «Views of the State in Du You and Liu Zongyuan». de Liou Kia-hway. p. VII. Hong Kong. como hicieron los comentaristas de la Revolución cultural. Han Yu. París. en Liu Zongyuan yanjiu lunji. en China.

§ 9 (Legge.pp. Confucio en tanto que autor del Chunqiu y el propio Mencius.I. Ibíd. 1986. 382. finalmente. XII (Huaidi). Esa concepción ya es explícita en el Mencius. pp.. p. Wang Chuanshan lishiguan yu lishi yanjiu. vol. p. cap. Institut des hautes études chinoises. 539-540. 25. «Tengwengong». 96. cap. 27.C. 23. Pekín.. Véase. 19. 18. 94. primera página del Dutongjianlun. 72. pp. XX (Taizong). «Junxian» («De las circunscripciones administrativas»). 692-694. por ejemplo. 122 55. Ibíd. cap. 24. p. cit. p. 30. p. París. XXVI. cf. Anne Cheng. Gu Yanwu. cf. pp.. cap. pp. pp.p. Étude sur le confucianisvie Han [Estudio sobre el confucianismo Han]. III (Wudi). son Yao y Shun. Ibíd.. cap. pp. III.. VII. 150. pp.. 32. Wang Fuzhi yu Dntongjianlun. VI (Guangwu).. Ibíd. «Xulun». 243 . Wang Fuzhi. p. Hunan renmin chu­ banshe. ha sido traducido por Ian McMorran en su tesis inédita Wang Fu-chih and his PoliticalThought. Ji Wenfu. p. 28.. Ibíd. p. Ibíd. 2555. 21. 29. cf. Ibíd. II (Wendi). 56-58. Oxford. VII. Wang Fuzhi. p. Shandong jiaoyu chubanshe. 153 ss. 1. III (Wudi). cap. 1968. Charles Hartman. XVI (Wudi). Ese aspecto es omitido con demasiada frecuencia por los comentaristas chinos de Wang Fuzhi que quieren hacer de él. V (Chengdi). también. Zhongua shuju.. II (Wendi). 122. cap. 15. Ese punto de vista no sólo es el de Wang Fuzhi. pp. 40. Diitongjianlun. Pero el hombre no tiene por qué evolucionar de la misma forma. II parte. op. de una época a otra. en detrimento de una interpretación de la Historia basada en la idea de necesidad interna. Ibíd. 656-657. Ibíd. 31. Han Yu and the T'ang Search for Unity.. Huang Mingtong y Lü Xichen. 26. cf. el rey Wu y el duque de Zhou. cap. un pensador progresista. 168-171. cf. Ese texto ha sido ampliamente utilizado por los comentaristas modernos de Wang Fuzhi. Esa concepción se hereda de Zou Yan (en el siglo III antes de nuestra era) y ha sido luego teorizada por Dong Zhongshu (175-105 a. Princeton University Press. quienes.pp. 46-47..del Mencius. Jinan.106. 66. p. en la misma época. XIX (Yangdi). 1982. 10 55. Siwenlu (waipian). por ejemplo. sino también. Rizhilu.. Ibíd. 1986. 279): en Mencius. especialmente. 22.) en el Chunqiu fanlic. cap. cap. 20.. Changsha. Dntongjianlun. 17. cap. XX (Taizong). el de un erudito como Gu Yanwu. intervie­ nen para terminar con el desorden. a cualquier precio.. Li Jiping. Wang Chuatishan xueshu lunji.72-73. 1985. 16. Wang Fuzhi.. cap. cf. pp. cf. cap. 684. cap. Sobre las relaciones entre Liu Zongyuan y Han Yu.

París. Cf.. y en ese orden. cap. IV(Yuandi). VII. 43. XV (Xiaowudi). cap. cap. zhong (pesado) se opone a qing (ligero). p. Dutongjianlun. 135. 37. p. «llevada a su extre­ mo. 45. La expresión se re­ pite en varios lugares en la reflexión histórica de Wang Fuzhi. 35. cap. 106-107. Zhangzi zhengmeng zhu. IV. pp. p. 957. p. p. Pekín. por ejemplo. p. 34. Ibíd. p. o cap. la cooperación entre los seres humanos que están en posesión del poder creador dentro de la minoría dirigente. 118. resulta difícil de invertir» (cf. Dutongjianlun. cap. 411. p. 405. «Lo que se ha roto por el break down. por ejemplo. por ejemplo. cap. por tanto. 252. 155. XII.. Songlun. es la armonía. p. 253.. 36. XX (Taizong). XV. Wang Fuzhi. XXVII (Izong).° trazo). what has broken doxvn. p. 47. 39. para esas expresiones. 1961. 259. cap. la ma­ nera en que concibe lo que entonces se ha «roto». aquellos que. Dutong­ jianlun. en efecto. cap. 40. . p. 134-135." y. Ibíd. por otra parte. o Songlun. p. Songlun. para la cual la decadencia se abre paso en el estadio del hexagrama de la prosperidad (en el 3. p.C. p. Songlun. por una parte. de una tendencia que.. IV. 263).. En el segundo caso. sobre todo. Dutongjiardun. la explicación que da de ello en L'Histoire et ses interprétations (Entretiens autour de Amold Toynbee sous la direction de Raymond Aron) [La historia y sus interpretaciones (Diálogos en tomo a Amold Toynbee bajo la dirección de Raymond Aron)]. Songlun. «fácil de invertir» (cf. p.. Songlun. «llevada a su extremo». p.pp. VII. por ejemplo. VI. IV. 368. cap. cf. XIV. por ejemplo. Zhonghua shuju. Songlun. 44. Wang Fuzhi. p. Sólo a partir de esa distinción puede comprenderse que Wang Fuzhi.33. La manera en que Toynbee justifica haber colocado el comien­ zo de la inversión (que trae consigo la decadencia de una civilización) relativamente pronto (en el año 431 a. cap.. cap. Chunqiu shilun. p. en el 6. 118. cap.. cap. para la civiliza­ ción helénica) me parece demasiado próxima a la intuición china. 385. 134). p. 38. 62. p. XIV. XIII (Chengdi). 245. VIII. DI. Songlun. Dutongjian­ lun. 46. 74) y. 511. igualmente. y esa tendencia se designa habitualmente como qing zhong zhi shi (cf. se fragiliza otro tanto y resulta. p. Dutongjianlun. VIII (Huandi). Ibíd. cap. cap. VII. Mouton. 74. por ejem­ plo.cap.cap. p. 48. 244 . habla de una tendencia que. cap. Songlun. 41. 68. XHI (Wudi). 42. 259. XII (Mindi). habían participado activamente en el crecimiento de la civilización». 691. Tema del bi wang zhi shi: véase. Dutongjianlun. por ejemplo. XV.

no me parece adecuada aquí. p. 1.. Sobre esa interpretación del papel histórico de Huo Guang en la historiografía china. op. X. Ibid. p. cit. Songlun. ejerce una influencia directa sobre Yuan Hongdao. «From Myth to Myth: The Case of Yiieh Fei’s Biography». pp. 54. cap. Jiaoran. cit. II.49. y se sabe que Li Zhi. I. p. 263. Vierheller. cf. V «Wanzhang». 58.). 135ss. p. Georges Allen. cap. cit. 61. cap. habitual en Kozen (cf. 56 ss. 57. La última frase del pasaje —ran eryou bu ran zhe cun yan— se ha prestado a diversas interpreta­ ciones. Nation und Elite. Teoría y prácti­ ca literarias]. El tema del «oportunismo» (naturalmente. y J. p. p. Legge. Dutongjianlun. 51.cap. Wang Fuzhi... «Deux études sur Wang Fuzhi». el pasaje es citado en el Wenjing mifulun (. ed. Stanford University Press. 396. II. París.. Yuan Hongdao. 369-372). cap. op. Wenxindiaolong. Bodman. XVIII. pp. 59. la traducción japonesa de shi por chóshi. cap. 1979. Yiian Hung-tao and the Kiing-an 245 . el estudio de Ian McMorran. Billeter.p. XIV.Bunkyó hifuron). Dutongjianlun. 332.-. Ibid. Yale University Press.. 63. Londres. Yuan Hongdao. 55. 62.. p. 1962. Wills (eds. p. p. 155. 52. 88.038-1. Cf.ed. p. sobre la actividad de Wang Fuzhi en tanto que resistente a la invasión manchú. Dutongjianlun. From Ming to Ch 'ing. VUI. pp. VUI (Lingdi). 531. 1982. «Prefacio al Pabellón de las olas de nieve».. cap. Ibid. «Tongxinshuo». 72. pp. «The Patriot and the Partisans. 64. «Pinglun». II parte. op. «Dingshi». IV. cit. de la filosofía de Wang Yangming. vol.. 1974. Sobre el «mito» al que tanto sacrificó Yue Fei. cf. pp. cap. p. remitirse al rico estudio de Martine Valette-Héméry.F. cap. 118. 244.pp. Songlun. 60. 56. 49-50. § 1. op. El primado otorgado a la espontaneidad de la conciencia proviene. 155. en el cap. VI. Wang Liqi. 53. Wright y Denis Tvvitchett (eds. Chunqiujiashuo.FanWenlan. y Chih-P’ing Chou. Théorie et pratique littéraires [Yuan Hongdao. cap. remitirse a Michael Loewe. cap. p. 193. 458). Sobre la afirmación modernista de la escuela Gong-an.. Confucian Personalities. II (Wendi). Spence y John E. en Jonathan D. 94. en el sentido más positivo del término) se encuentra ya en Mencius y tiene como modelo a Confucio (Mencius. sin duda.). cf. Li Zhi.039. Poetics and Prosody in Early Mediaeval China. Crisis and Conflict in Han China. pp. 134. en Guo Shaoyu. 414. Instituí des hautes études chinoises. 146 ss. «Lunwenyi». XXVHI. VII. Songlun. Wang Fu-chih’s Involvement in the Politics of the Yung-li Court».79 y 118. cap. heredero de Wang Yangming. Ibid. LiuXie. véase el estudio de Hellmut Wilhelm. p. 321. en Guo Shayou. en Arthur F. p. 50.

Pekín. 386. cap. p. Paris. XII (Mindi). 23. de R. Yuan Hongdao. n. Théologie de l'histoire. Dutongjianlun.). Sobre el tema de la diferencia radical entre las épocas expresada a partir de la oposición vestidos de verano / vestidos de invierno.. Sobre la «economía» del plan divino en la historia humana según la tradición cristiana. cf. Sánchez Mantero—]. Yi zhe qitianhu. Songlun. 93. Songlun. cap. Madrid. Renmin weaxue chubanshe. nuestro estudio «Ni écritu­ re sainte ni oeuvre classique: du statut du texte confucéen comme texte fondateur vis-à-vis de la civilisation chinoise» [Ni escritura sagrada ni obra clásica: del estatuto del texto confuciano como texto fundacional respecto a la civilización china]. 1979. IV.School.p. 246 . cf. Songlun. p. p. París VIII. IV. Dutongjianlun. PUV. p.. 1987 [Lecciones so­ bre la fdosofía de la historia universal. cap. p. IV. 1968 [Teología de la historia. 1. 26. Gu Yanwu. VII. pp. 260. Madrid. pp. p. también. «Xulun». 35. «Periodization in the Arts and Pattems of Change in Traditional Chínese Literary History»." 5. «Cartaa JiangJinzhi». Alianza Editorial. 1982 —trad. Cambridge University Press. Hegel.. 65.]»). II..110. op. la segun­ da atormenta a un teórico como Liu Xie (cf. p. véase. en la conclusión general del Dutongjianlun. 401. 70. la partícula er creo que significa la transición de un estado a otro (el paso ineluctable del pasado al presente) más bien que la concesión (no puede traducirse: «si la literatura no puede no ser moderna aunque antigua [. Dutongjianlun.. 71. en Susan Bush y Christian Murck (eds. op. III. Rialp. Éd. II. Ibid. «Shiti daijiang» («Evolución de la poesía»). 73. véase el valio­ so estudio de Maureen Robertson. 72. 78. Cf. 3655. La primera opción la ilustra el prefacio del Wenxuaiv. I. Ibid. Wang Fuzhi. de Huo Songlin.). 56. p. du Seuil. también. 1978 —trad. cap. 74.. de J.Extrême-Occident. 67. 70. 2. 3155. en Extrême-Orient . Dutongjianlun. Sobre la diferencia de esa concepción de la historia literaria con respecto a la periodización occidental. o. cap. p. ed. 68. cf. p. En el texto. XIV (Andi). Gaos—]. 66.. por ejemplo. p. por ejemplo. X. en Guo Shaoyu. 455. 76. cap. véase también Wang Fuzhi. pp. 77. p. Henri-Irénée Marrou. comienzo. 69. traducción de J. Leçons sur la philosophie de l’histoire. 169. 36. 75. p.. y cap. XV. cap. p. Wang Fuzhi. Gibelin. Rizhilu. cit.p. La expresión se repite con frecuencia en la reflexión de Wang Fuzhi. Leçons sur la philosophie de l'histoire. 2. pp. París. 105. Theories ofthe Arts in China. cap. cit. 106. cap. p. 75 55. Vrin. Yiianshi. cf.. Vorlesungen i'tber der Geschichte. 6 y 17-18. Ye Xie.

en el capítulo X de Grandeza y Decadencia de los romanos. cap.110. Madrid. Comment on écrit Ihistoire?. a R. así actuó insensiblemente el poder soberano durante el imperio de Augusto e irrumpió con violencia con Tiberio». Una relaciói>necesaria sólo se aplica a un sistema cerrado o a una serie aislada. Cf. 206). Es cierto que. cap. 80. cap.. 81. Gallimard. Cf. 86. Montesquieu desarrollará esa noción de corrupción a propósito de los distintos tipos de gobierno —a la manera de los pensadores de la Antigüedad— en El Espíritu de las leyes (lib. p. Cf. cualquier ley es probable. Grandeza y Decadencia de los romanos. 66) y da lugar a una comparación 247 . Dutongjianlun. 84. IX). 85.. cap. III. du Seuil. cam­ biará necesariamente sus leyes. y finalmente derribarlos en un momento. el estudio de Paul Veyne en el que nos hemos inspirado aquí. p. cf. 83. 1971. Devuelta a lo concreto. cit. 1979. y no será la obra de un legislador. VIII).79.. la noción de «corrupción» se tomaba en un sentido lógico (el de inversión necesaria) poco antes: «Existe hoy en el mundo una república que casi nadie conoce y que. particularmente. en la re­ flexión china (y. pp. Pero entonces se trata de una des­ composición de los principios políticos. extrañas al sistema o descuidadas por la ciencia. La idea de una tendencia subterránea que irrumpe súbita­ mente se encuentra desarrollada en la comparación que abre el cap. sino la de la propia corrupción» (Grandeza y Decadencia. Ibíd. circunstancias. y no de una evolución inheren­ te al devenir. de Ravmond Aron. en secreto y en silencio. 1. cf. 201 ss. Aguilera—]. reed. incrementa sus fuerzas día a día. op. Éd. Esa clausura del sistema es frecuentemente indicada. II. cap. para señalar el contraste. XVIII. Introduction a la philosophie de ITiistoire [Introducción a la filosofía de la historia]. «Points Histoire» [Cómo se escribe la historia. Ésa es la fórmula mediante la cual Wang Fuzhi define global­ mente la tarea del historiador tui qi suoyi ran zhiyou (yon ha de tomar­ se aquí en su sentido propio: «a partir de»). p. p. mediante el término shu («número». París. Foucault revoluciona la historia. y anegar los cam­ pos que protegían.. 1994 —trad. Cite­ mos. VIII. 24. ame­ nazan con interrumpir o modificar el desarrollo de los fenómenos pre­ vistos» (op. Alianza Editorial. si nunca llega al estado de grandeza al que su sabiduría la destina. «El esquema de la causalidad históri­ ca». «Xulun». siguiente). 1981. cit. el análisis. Aron: «Lo real en su integridad es impensable.. que se ha vuelto clásico. en la reflexión histórica de Wang Fuzhi). cf. Desarrollada en su sentido moral. tradicional. La concep­ ción de una «acumulación» de la tendencia es común en Wang Fuzhi (shiyi /Y. XIV: «Como se ve a un río minar lentamente y sin ruido los diques que se le oponen. reed. 82. de J.. Dutongjianlun. Paul Veyne.

III y VII). y exterminarse en virtud de sus propias decisiones! ¡Sólo se erige. 1. 982a. 1988. 1905. Aristote et l'Histoire. 119.p. II.1976 y 1981 ). los textos chinos de la Antigüedad se citan. 194b-. Ibid. 15. Véase. L'Histoire et ses interprétations. París. París. Klincksieck. Ibid. pero no nos dice que «estén unidos unos a otros por la comunidad de una sustancia o la unidad de un desarrollo común». La propension en acción en la realidad Como anteriormente. remiten a la edición de Pekín. cit. por el ZJiuzi jicheng (vols. 88. Cf. Ensayo sobre la «Política»]. Pa­ ris. véanse también los importantes desarrollos consa­ grados a la cuestión por el mismo autor en Wangdao ou la Voie royale [Wangdao o la Vía regia]. 1960. 248 . en el otro extremo de la tradición. Félix Alean. por ejemplo. p.. XV: «Ca­ ligula restableció los comicios.p. Un simple «después» (épeita) une las más de las veces los diferentes versículos de las cosmogonía: significa únicamente que los dioses vienen unos después de los otros y pertenecen a épocas distintas. 3395s. Segundos Analíticos. L’Harmattan. Paris.. 90. 89. Física. 135). la idea de una inversion por reacción tendencial y compensación —según el modelo tensión-relajación— se encuentra en el cap. Léon Vandermeersch. Le Problème du devenir et la Notion de matière dans la philosophie grecque depuis les origines jusqu'à Théophraste [El problema del devenir y la Noción de materia en la filo­ sofía griega desde los orígenes hasta Teofrasto]. École française d’Extrême-Orient. los de Wang Fuzhi. que Tiberio había suprimido. y abolió el crimen arbitrario de lesa majestad que aquél había establecido. Catholicisme et Sociétés asiatiques. por un espíritu de contradicción respecto al comportamiento de aquellos a los que suceden. p. pp. 7 Ib. Albert Rivaud. en su mayor parte. lo que los otros hacen por virtud». 27. p. Del mismo modo. «Tradition chinoise et religion» [Tradi­ ción china y religion]. para ser luego generali­ zada de un modo trágico (más bien que lógico): «¡Cómo! ¡El senado sólo había hecho desaparecer a tantos reyes para caer él mismo en la más vil esclavitud bajo algunos de sus más indignos ciudadanos. el propio poder para mejor verlo derribado! » 87. op. por tanto. por don­ de puede juzgarse que el comienzo del reinado de los malos príncipes a menudo es como el final del de los buenos: pues pueden hacer. Zhonghua shuju ( 1975.461. 8. 2. Essai sur la «Politique» [Aristóteles y la Historia. VII.análoga a la de Montesquieu en el Songlun (cap. 91. p. Aristóteles. 18.. por ejemplo.. Metafísica. Raymond Weil.

también. p. «Moupian». Hong Kong Univer­ sity Press. Ibíd. 12. Cualquier «morfología» implica. Laozz. er. pp.X. Léon Vandermeersch ha evidenciado a la perfección hasta qué punto la lógi­ ca china se diferenciaba de la «teleo-lógica» occidental. Philosophical Synthesis in Early Han Thought. i. hasta qué punto el comienzo de los dos capítulos de Wang Chong. 93-94. París. el estudio de Charles Le Blanc. sobre este tema. Discourssur la théologie naturelle des Chinois [Discurso sobre la teología natural de los chinos]. 8.cap. Guiguzi. II. p. Huainanzi.. cap. Libro de las mutaciones. 13. Resulta interesante observar. según me parece. 1956.. Véase.cap. con Liu Yuxi. prosiguiendo sus análisis. «Wushi» («De la propensión de las cosas») y «Ziran» («De lo natural». Sentido degu opuesto a zi. I. 267 ss. 9. L'Heme. Science and Civilisation in China. 1985. si la noción de «forma» es la que expli­ ca mejor la originalidad china: el aspecto dinámico inherente a la confi­ guración quizá no esté lo suficientemente destacado en ella y. el papel esencial atribuido en ese tipo de expresión a la «pa­ labra vacía». Huai Nan Tzu. 18. 4. París. DC. 3. 134-135. y por ello me he visto llevado a privilegiar la noción de dispositivo. Di. VII. además. Guiguzi.§5. La elaboración filosófica de la noción deshi con vistas a explicar los fenómenos naturales sólo empieza con claridad. 16. Needham.. Ibíd.. «Lettre à M. en China. Cambridge. de Rémond]. «Wuxhi». 6. a partir de su fondo aristotélico. la propia configuración actúa como sistema de funcionamiento. Cap. especialmente pp. los usos secundarios y corrientes que se encuentran al final del capí­ tulo «Wushi»). lo que se produce sponte sua) coinciden perfectamente. cap. Leibniz et la Chine [Leibniz y China]. el propio pensamiento occidental. hexagrama kun. 31. 10.5. XIX. 249 . voi. cf. «Ritualismo y morfo-lógica». 17.p. 655.I. «Mopian». 1972. pp. «Chuaipian». 6. Vrin.e. que se le añada una «sinta­ xis». 5. p. 68-69).p. de Rémond» [Carta al Sr. Ibíd. II. 14. según es costumbre. que significa el paso de un estadio a otro. incluso si el término shi aún no es pensado por Wang Chong como una noción propia (cf. cap. cap. 77 ss. pp. pp. tien­ de a confundir forma y finalidad (en lugar de oponerlas). Sólo me pre­ gunto. 1987.cap.. Pero. a este respecto. cap.. Cf. En ese sentido se orien­ ta el comentario de Wang Bi. pp. 7. VIII. 333 (citado en J. 15. 11. Ibíd. Olivier Roy. 131. Huainanzi..1980.

37.. Jingxiuxianshengwenji.5.. Ibíd. Wang Fuzhi. Ibíd. 20. 97-98. 21. pp. 1-2. Résumé des cours et travaux 1987-1988.. 99-102. para la lectura de ese capítulo. Dusishii daquaanshuo. LiuZongyuan. véase Hou Wailu. p. pp.p . 27. pp..601-602. 7. 208. pero de forma demasiado simplificadora. Shiguangzhuan. «Tianlun». Wang Fuzhi. gracias al cual el término shi adquiere un valor teórico (cf. Ibíd. como los gusanos hacen agujeros en una fruta: ¡menudo adepto a la ecología!). Ibíd. 32. t.. 30. 39 (textode Zhang Zai). p.. Ibíd.. final. 33.. 123 ss. p. «Xiao ya». Zhangzi zhengmengzhu. le responde Liu Zongyuan arguyendo que el Cielo es tan insensible al bien o al mal que se le hace como la fruta. No po­ dría seguir. «Tuizhaiji».. «Canliang». da un desarrollo filosófico más elaborado a la tesis «naturalista» de Liu Zongyuan. Breve análisis de ese texto en el estudio de Lin Anwu. los excelentes desarrollos de Léon Vandermeersch. Ibíd. art. Y Liu Yuxi. II parte. Cf. pp. «Tianlun». Ibíd. por tanto. pp.. 26. 24. la interpretación que del 250 . «Wu cheng». Liu Yuxi. Paris. Ibíd. AHan Yu. Con carácter general. por los historiadores chinos de la filosofía. Ib íd . a propósito de la evolución que llevó a la feudalidad). «La filosofía y la sociolo­ gía materialistas de Liu Zongyuan».13. op. Xunzi. cap. citado. 25. ante un debate de época. 34. 29. el tema de la reversibilidad entre li y shi es uno de los más frecuentemente abordados hoy. 36. «Taihe». 23.19. p. quien niega al hombre el derecho de quejarse al Cielo por haber cometido tantas malas acciones contra él (maltratando la naturaleza. pp. §41. en mi opinión (por buscar en él demasiado directamente un equivalente de nuestra «dialéctica»). I parte. Wang Fuzhi. 208. Wang Fuzhi. 28. Estamos. y sin que de ello haya resultado una apuesta filosófica propia. a propósito de Wang Fuzhi. 31. Annuaire du Collège de France. Shangshu yinyi. 42. Sobre la interpretación «materialista» de esa reflexión a cargo de los historia­ dores chinos de la filosofía.p. 22. p. Wang Chuanshan renxingshi zhexue zhiyanjiu. Wangdao. el mismo uso central del término en la reflexión de Liu Zongyuan sobre la Historia. amigo muy íntimo de Liu Zongyuan tanto en el plano personal como en el político (ambos pertenecieron al partido de Wang Shuwen).. cap. Dongda tushugongsi. III parte. Taipei. cit.41. II. 598 ss. 599-601.p. sobre este tema mayor. 35. «Tianshuo». Véase.pp. I.

76). pp. el Bien no es inmanente al Mundo. cap. op. p. Changsha. L'Avène­ ment de la science physique.. Lambros Couloubaritsis. PUF. y concibe la toma del poder sin respetar la exigencia moral necesaria para su conservación. por bienintencionada que sea. Física. cf. 644). 199a. y el general que lo manda es también su bien. Buenos Aires. Les Belles Lettres. Ibid. 41.. La Notion de finalité chez Aristote [La Noción de finalidad en Aristóte­ les]. Eudeba. 1982. 83-84). 43. por ejemplo. o Sarah Waterlow. Aristóteles. 87). 1. 386. o Tratado sobre las partes de los animales. que es su fuente. 47. 1069b (Tricot. Las formulas son comunes a toda la tradición china. 11 ss. Ensayo sobre la «Física» de Aristóteles]. por ejemplo. De hecho.. se trata. 6). Aristóteles.. 189a(Carteron. y 329a (Tricot. Change and Agency in Aristotle’s Physics.mismo esboza Fang Ke en sus Investigaciones sobre el pensamiento dia­ léctico de Wang Fuzhi (Wang Chuanshan bianzhengf'a sixiang yartjiu). Oxford.pp. 639b (ed. 1y 2. Véase. e incluso en un grado más elevado. Ousia. París. 1075a (Tricot. cit. véase Michel-Pierre Lemer. Véase. París. Tricot. Aristote et son école. pp. según mi opinión. cf. de M. Todo el capítulo se esfuerza. Vrin. Física.. Le Blond. como lo atestigua la comparación con el general y su ejército. el bien del ejército está en su orden. Física.. separa principio y propensión. París Aubier.-M. Ibíd. p. sobre ese tema.. Aristóteles. por ejemplo. sino que emana de Dios. 109 ss. Rivaud. 198b (trad. p. p. 42. que la expresión «abrazar la propensión efectiva favorable al propio poder de tal modo que se esté de acuerdo con el principio regulador» corresponde al caso del rey Wu (y de la batalla de Mu). en ese estadio del desarrollo. París. 706): «En efecto. pp. Aristóteles.. Le Problème du deve­ nir. pp. París. 1075a (trad. Física. Carteron. 199a (Carteron. criticando a través del primero cualquier política que. p. 99). Nature. 1962 [Aristóteles y su escuela. IV. Clarendon Press. 1980. Hunan renmin chubanshe.41-42). 1945. cap. en distinguir la obra del rey Wu de la del rey Wen. 1964. de J. 77). p. Cf. L. Joseph Moreau. 45. sino que es el orden el que existe gracias al general». p. p. Tratado sobre las partes de los animales. caps. Sobre la historia de esa tradición. por ejemplo. cf. 708). 1984. 40). L. Metafísica. 38. Metafísica. 44. p. por 251 . Essai sur la «Physique» d'Aristote [El Surgi­ miento de la ciencia física. 39. Véase. en efecto. 46. Ayerra—]. así como. De la generación y la corrupción. de una formulación general y de principio. entre los estudios recientes. Bruselas. A. la presentación de la teoría mecanicista en Aristóteles. 140 y 144. Véase.188b (Carteron. 48. 314b (Tricot. Incluso para el «naturalista» que es Aristóteles. 1969. 1964 —trad.. cf. 640a (Le Blond. p. 40. puesto que no es el general el que existe en razón del orden. Fang Ke considera erróneamente. PUF.

Metafísica. p. 124). Moreau. nota 2). 1. A. p. cf. 51. 54. 55. 50. L. 1071 b (Tricot. y nota 34). 1980. 30. 678). pp.1. 21. Comentario del § 9 del Laozi. 49. sobre ese tema. 252 . Física.ejemplo. Zhonghua shuju. p. Aristóteles. 35. Editrice Antenore. 984b (Tricot. cap.192a (Carteron. el estudio de J. 1072b (Tricot. p. p. Ibíd.. L'Espace et le Tenips selon Aristote [El Espacio y el Tiempo según Aristóteles]. Padua. y Z. 49). Metafísica.640a (Le Blond. Wang Fuzhi. Partes de los animales. 87. pp. «Canliang». Física. 667). Física. Metafísi­ ca. II. p. 1069b-1070a (Tricot. 52. véase. 196a-198a (Carteron. 69-74).). Wang Bi jixiaoshi. p. Pekín. IV. Zhangzi zhengmeng zhu. 1032a (Tricot.37 y 40. pp. 53. 1. II. pp. L. 648). 7055. Aristóteles. p. 378 55. 208b (Carteron.

EL POTENCIAL SURGE DE LA DISPOSICIÓN (en estrategia) a) Qi zjian sheng bu te b) Shengyu y i sheng zhe ye c) Qiqiaozaiyushi j f c . naiweizhishi. suoyi lingshi bidouye f) Rensuizhongduo. shi ye j) Shishengren k) Jiliyiting.. yin li er zhi quan m) Suoyi wu zhen z)ie.f d) Qi shi. di shi. bu zeyu ren i) Yongqie. 253 . V Á \ k $ t I) Shi zhe.shimogange A» ^ g) Shintkuonu h) Qiu zhiyu shi. yin shi & ' e) Shi zhe.yizuoqiwai /i *-■%-. yi qi wu changxingshiye « r» * * . -i-.GLOSARIO DE LAS EXPRESIONES CHINAS 1.

zz chen zhi zhi 4L ■$“ j) Dechengxinxingzhishi k) Duojianfeng. . wii suo li g) Fan renjun zhisuoyi weijtin zhe.n) Bingwuchangshi.J k fr c) Bushiqiqiangershiqishi d) Yi shi wei zu shiyi zhiguan yÁ J L ftr A '& 'Z e) Wu suo weiyan shi zhe. suoyi bian qishiye 1) Canywu ^ m) Cuan ting zhi shi yjj. LA POSICIÓN ES EL FACTOR DETERMINANTE (en política) a) Q u w u e rb iilia n g b) Shiweizuyiquxian 4 -A iX rJ . n) ■$- Cong rning zhi shi xing t e # es calificado dciuing zhu o) Fayshu ?£■ gfl j _ Ai p) Yizhongweishi q) Chushierbunengyongqiyou r) Zhi bingyi chu shi 254 jc¿ ffrj ¡$ ¿Z. shi ye h) Chushi M #■ i) Ren jun shi shi. shuiwuchangxing o) Shenshidushi p) Ski y ¡i &¡ 2. yan ren zhistio she ■**r * >t 0 Wei wu shi ye.

zishi d) Yititongshi e) Qi shi xing shi í #■ - -H # • f) Shiyi sheng zhi 255 . EL EFECTO DEL GÉNERO a) Gai sha. 4 .á i H f . zeyi cao sheng suan *'J e -O k ttf. qi shi ze ranye t . mobu.qiyongrenyegui u) Shixingjiaoyan(ni)erbuwei ÍT Í L / 1 (JL* . -tí f .Xp 1 . por otra f) Bi bi zuo qi gui jue ren zhi shi ^ X* 3L A- 3.yon xing ze yon shi L * . c) Bishi.i¿ ^ t) Mingzhuzhixingzhiyetian. por una parte. c) Shi qi zebú y i t* ¿A s e d) Ren fuer shi congzhi Renbufaershiquzhi /*w ^ e) Bi.j b b) De shi bian. .s) De shi wei ze bu jiner ming cheng í ’J /P .# “ b) S/íi qi shui zhixing zai.fuqishiye x) Shanchishi .# jh CONCLUSIÓN I. EL IMPULSO DE LA FORMA. xingxueye. v) Jie (he) sheshi zJ'i i y i ye er dao xing zh i nan t ¿L* A p i ^ L ^ f 1<-*&■ w) Feihuaiqiyi. UNA LÓGICA DE LA MANIPULACIÓN a) Hao shan er wang shi ■il-i.

e shi suo bian e') Yi5/2:yuyan. fang deqimiao *vi. de shi shi shi l) H uaxianjuezhishi fa £ JpL ■£. zi shi xiongmei k) Qii shi. # y) S/2/ zhe. Qishtiishiyitjianpi ± ^ ^ ^ p) Shi shi xiang wei q) Shigaoerxian r) De cenci zhi shi s) Yi shi du zhi. ^ ^ __ 5^ -$■ \£ j m) Jian de shanshigao bu ke ce } L 1-$ •** X j v f ' “J" -rfrj n) Yishoufuyifang shanjian kaiershizJiuan - ^ . J* 7#f -ft >1p & M o. 1 $ . 4 . f r i t * - t) Z h ixu xu sh iq u sh i u) You qu shi xu yin chi i il* t v) Bing wu changchen. cheng li er wei zhi z) Bing zongqun shi a') Zongyizhishi . zi wuchang li w) Shi duo bu ding x) Jili cheng shi xzin ti er cheng shi -¡A 4 . yu fengbu chang tu feng shi 256 # • ir .C* "* $■ b') Wen z/ji ren 5/22 X c') Shi shi xu ze d') Tiian qi wei li.g) Xuqiu dian huashangxiayanyanglihe zhishi ¿ff ¿fc £ * \2j ± h) Yanyangxiangbei T> 1 & H 'i*fJ &] ^ i) Xing shi dixiangyingdai ^ j) Xu qiu yingdai.

4. POR SERIES a) Chansijing b) Geqishi *14 l # c) Shi distinto de fa d) Shoushi distinto de zhefa e) Xing sui bieer shi tong . yin di zhi shi j L J -j Qi ju ye. f) Jin zJie wan xi bu nengjiu cuozongqizhi zhi shi . bai chi wei sing d) Shan shui zhi xiang qi shi xiang sheng e) Yuan wang zhiyi qu qi shi ^ Ì. yin shi zhi zhi . yi ju geng bie qi yi 257 . pQ £_jk b) Dishiyiiantmi.-£■ _ J t e tj 4o 3L & j) Fanyicaoyimujuyoiishicunhuqijian k) De shi ze sui yi jingying. * a You gong yuan shi gii niobi a g) h) Yaozhiqushiweizhu i) Noción de lishi I t £ j_ • Jj SC JpL JJ*. yiyu jie shi 1) Shi zhi tui wan zaiyu ji wei & ^ '***' m) Zhi qu xinghui shendao (chaoiniao) sp% iM*V> 5. j* _£L g ^ S] f) Gao shou zito shi. DISPOSICIONES EFICACES. g) . LÍNEAS DE VIDA A TRAVÉS DEL PAISAJE a) Qi xingye. shanshiyuangu ^ c) Qian chi wei shi.

shizhuqingqi y& J j .g) Xiajn nioyu shangju.? 0 Dicrsan zichengshang bishi g) Cao Z£ hang jin shi wei jin h) Fei dong zeng shi i) Qi xiang lian chu. & V^ . bit kan xiangbei T t J M Ì . shi yi yu qi \ ^ . ELDINAMISMO ES CONTINUO a) Qi yi cheng shi.# P *L . il-* -# - m) Qi shi guari chuan n) Zong zhi tong hu qiyi cheng qi hitodong z)ù qu zhe. 1) Qixiangyinyun. jieyi shi wei zhu * * ''& # k) Rubijiangyangbixianzuo fusili 1) Niqishi >^ 4 M -* • ^ ^ £ . qian shi si dttan k) Yuyuxingqu. h) Ruoyushiyoudui ^ ^ i) Shiyou tongsai j) Hou shi te qi. gou huan pan yu.youshenyutishi ^ m) Gaoshouyouhubianzhishi i j 4 % a 'JL £• 6. te shiyin dai j) Hengxie qu zhi. shi jisuowei shiye o) Yi bi zhi qi shi ìimo wu zhi ti shi 258 yj^ .X S). b) Shi kejian erqi bu ke jian c) Shiyouyu & ii & d) Wu ning zhi zhi shi e) Shi qi xingshidixiangyingdai. wu shi shi bei 4 -O J * m i# .

shi ruo zhuan huan fL ■ fo /'ti t) Shi bu xiangyi. yi chengwenshi P) Zouzhe teyu wei hou wen qu shi g') Bixu bie shiyijian zJii.f. erhou wen shi nai cuozongjin bian 259 . yi zhong zhi shenli ye x) Wei nengqushi. z£ feng du wei zu ® Jjjfr. j!*f •&. yoiisuo tuoxieerqu ? ti# r a L t y * * q) Entonces hay acuerdo entre shi y li *■ r) Wenshi diferentede wenzhang « s) Fan qieyun zhi dong.T j e') Zhi shi bi inoyiyang. wanzhuanqushenyiqiu jinqiyi £ it y) Sui dang chengyipian zhi shi z) Qian jie shi shengqi houjie zhi shi a') Fu xian you jin gong nu mazhishi b') Bishiqiwu c') Wenshi weiyi quzhi zhi ji d') Die cheng qi shi. ^ Z4 u) Cheng jie erju you gui de shi v) Wufuyounengxingzhishi * .p) You suo chengjieerlai. 3 . * i t w) Shi zhe. shixia wen zou de xun ji ke xiao « . . .

shi luán zhi daoye ■ y -d t i l * e) Xiujinzesaiyushi 0 San daiyi shi erjiekeyi wang g) Gong shou ?hi shiyiye -jj- 260 i ti.í > * . EL MOTIVO DEL DRAGÓN a) Shi xveiyi quzhe.. xianggoulian bu duan t ú ' * ’' * g) Bishiyaojiao t e 'f ti L X ' ¿ r h) Qi shi wan zhuang. weiyi dongxi huo wei nanbei . ** . . shi bu ke b) 7íh c/ zm Zíshi bi wang c) Shi bu neng wei jian. ¿ í n *i .$ . i . . bian tai moce i) Zhen ni longxingyaojiao.CONCLUSIÓN n . . shi de wei jian d) Shi zhi zhi daoye. e) Cong shi qiu lili. huo wang huo hiian ¿ . .4 ^ h) Fengjian fei shengren yi ye. shan shiyuan gu. zhuang ni longshi..yufuynnhan * mt « . ben wu ding shi * -L b) Di shiyiian mai. shi ren bu ke zhuonuo 7. c) Shishiwanshanmlong „ . shi ye i) Shi zhi lai Jp *3"' ^ ^ ¿ l . # ¿ . . . f) ZEfi xingshi. SITUACIÓN Y TENDENCIA EN HISTORIA a) Fei wu li. d) Panqiiizhishi. qian bian wan hiia.

ci shi zJú biran zhe ye tk -t ’ ' ib jk • 261 . . k i t w) Lz er/ze zfti. bu neng ni wanyuyi ziiao À * -1 ' » ü l * . x) Shen qi zhe. he zhe bu ji li J f j Jp ^ . zhong nan fan zJd shi.«p k) Shi suo bilan 1) Shisuobiji ■£.¿8 4. >J*' Á . -jé u ) Wi t xing xiang sheng o xiang sheng v) Zhengtong .J tç ). shi zhongxiangguan. ■>£ *r •* 4 L m) Shi xiang ji er li sui yi yi n) Shi you suo bu de juge o) Fengjian zhi bige erbuke fuye.. yi zhi yi luan eryi X -T < -& .t. qi fei li er neng ran zai . ià . .j) Shi zhi suo qu. d') Ji zhong zhi shi. shiyi ji ersi zhiyi zhao £ p) Jianyouheyizhishi • L *?' * * * ^ ^ q) Min li zhi suo bu kan er shi zfli bi ge K P r) Shi sui shi qian erfa bi bian s) Yigu jtn zhi tong shi eryan zhi t'A t) Tian xia zhi shi. /£•*. shiye z) Jieziran bu ke zhong zhi zhi shi *jf" fi f ì \ a') 7. prjp * ì ì * * . yi li yi he. wtiju sheng ju mie zhi lishi > * -1 4 ^ i l y) Yidong erbuke zhi zhe.# . qing ze fan zhiyeyi.4 . b') Wuyierfeibiwangzhishi c') Wujibifan x ftiL J L . qinio bi qing.4t ^ __ ^ $ 9 M . £ %.

1') ZJiang-chi. shiye M i I J l . IL.yi-yang b& . wuliangdezhishu. $ A. yi shi wei biran. cheng zhiyu bai. wudairenye /A . zhi-luan. wei qi shiye h') Ji erbi fan zhi shi cheng hu tian i') Pijierqing. shi zhi shun eryi yi A . n') Yinqijianshuaizhishi o') Tian z)ie. -¿. % g') Qu er neng shen zhe.e') Shun biran zhi shi z)ie.yi wubufanzhishi A "í r') Shengzhiyu si. jie lishi zhi biyou s') Li zhe gii youye.* . shen-qu.. è- 'fy 4 è m') Ju zhenyisi. zu qi er shun zhongzhiyi tu cheng A A Ä .• j') Cheng da chi er shi qie qiu zhang zhi ri k') Xiang reng zhe zhibixiangbianye. li zhi ziran zJie. liye.4 1 . fan zhiji zheng zai shiye q') Quyucizhe. lian zhi suo bi dong. Hai i ye f) Tai y pi . ruobu Icefan.* . fk> . ran er you bu ran zhecunyan f) Ji £ u') Shiliubufan 262 £ tfl ^ ^ . li zhe.sheng-shuai. li eryiyi. shenyubi. p') Qing zhong zhi shi. . shi zhefeishi ran.

8. . -j # S/u bu neng bu bian y ) Duqishi j f jg Sh i y i er sh i y i. LA PROPENSIÓN EN ACCIÓN EN LA REALIDAD a) Dishikun ^ b) Shichengzhi c) Ji zhi shi ^ ^ d) Yin qi shiyi chengjiu zhi e) S/¡i z/i! zrrarz ® ^ áL. qi biran zhi lishi 263 . shi ye -k Ja. ^ j) Tianguoxiayu shi ye k) H /¡zhixiangdui.xliizhixiangxun l) Jiaozhishibiwu m) Lishi H & n) Xiang dang. yin shierqiu heyu li * • *t f . ranhoushixinghuqijianyan i) Shidangqishuchengqishi li.V) Ci suowei shi bu tong er wii moni zhi neng «r <*9 * # -* ■ vv') G« zhi bu neng weijin zheye.yishiye * #. #+*«■* z') Zhishiyi shen shi. -h X') Ciliye. § 0 Wuleixiangyingyushi ^ ■rt*' ^ g) Tui(er)bukeweizhishi h) Shucun. sh i y i er li yi y i ti * * #•*.

zfi cheng hushi i f r) Shijimnerbuileburan g. cun gong zhi shi yishou e') Bzi nengyu chi hou shi P) Li shi wu li. cheng shi x) Shi cheng li y) Yi s/zz zhi fou cheng li zhi ni z) Li zhi shun ji shi zhi bian VK i t <. JkH 1 4 - . s) Shi zhi zhun zhe. d') Feng shon zhi liyi gong. qisuoshou cheng. li li wu shi g") Shibiqingwei Shi bi cui nil 264 * . ji li zhidangran zheyi t) Qi.H .# *p jM £ a') Gong shouyi shi b') Yinliyideshi c') Yi shun shi yi xun li. i% u) Liyi zhi qi.« . -jfcf ¿ -A v) Z/zi zai shi zhi biran chu jian li w) U. ^ % & .oj Jie shengjiangfeiyang ziran zhi lishi p) Jingji lishi q) Li dangraner ran. si wei zhi dan ■ ft rX ffe SL .

CONCLUSIÓN m . CONFORMISMO Y EFICACIA a) Chengshi b) Miao c) Shun 265 .

Extraído del Jardín del grano de mostaza. Éditions d’art Albert Skira. 1989. Extraído del Jardín delgrano de mostaza. Luz del atardecer sobre un poblado de pescadores (atribuido a Muqi). París. extraído del Grand Atlas de l’architecture mondiale. extraído de L’Art chinois de Iccriture [El Alte chino de la escritura]. Arriba: Ziyantie de Zhang Xu. 1983. Extraído de las láminas del Gran Tratado del sonido supremo. Extraído del Jardín del grano de mostaza. Encyclopaedia Universalis. 1981. Extraído del Jardín del grano de mostaza. de Jean François Billeter. extraído de L’Art chinois de lécriture.RELACIÓN DE LAS ILUSTRACIONES I: II: III: IV: V: VI: VII: VIII: IX: X: XI: XII: Extraído del Jardín del grano de mostaza. 267 . extraído de Peinture chinoiseet Tradition lettrée [Pintura china y Tradición letrada]. Xian. Paris. extraído del Grand Atlas de l'architecture mondiale [Gran Atlas de la arquitectura mundial]. de Nicole Vandier-Nicolas. Abajo: Caligrafía de Zhao Mengfu. Detalle de Nueve Dragones apareciendo a través de las nubes y las olas (atribuido a Chen Rong). extraído de Peinture chinoise et Tradition lettrée. Ginebra. Arriba: Evolución de la estructura de un tejado. Éditions du Seuil. Extraído del Jardín del grano de mostaza. Extraído de las láminas del Gran Tratado del sonido supremo. Abajo: Torre de la campana.

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. Remontar más acá de nuestras interrogaciones... Convergencias entre campos: potencialidad en acción en la configuración........ «energía»). por Reyes Mate. VI. III.... 269 . Una ambigüedad molesta: la palabra che («posición».. «circunstancias» «poder».. Entre estatismo y dinamismo. bipolaridad funcional y tendencia a la alternan­ cia. Advertencia al lector.. 1 Introducción I..... La victoria está determinada antes de entraren acción........ El potencial surge de la dispos ición (en estrategia) 13 I...ÍNDICE IX Presentación... Variabilidad circuns­ tancial y renovación del dispositivo.... III. 9 I 1. IV. II. Prioridad de la relación de fuerza sobre las virtudes humanas y eliminación de cualquier determinación sobrenatural.. Originalidad mayor exi­ mir del enfrentamiento............ IV. La inspección retrospectiva de nuestros prejuicios filosóficos.. V.... Una palabra reveladora de una cultura.......... V.. No­ ción de potencial surgido de la disposición. II.......

... Forma-fuerza en caligrafía.. 71 1.. 57 I.. La posición de soberanía como instrumento del totalitarismo. n 3. V.... El compromiso histórico y la originalidad chi­ na.... Configuración literaria y propensión al efecto... Efecto de alejamiento y re­ ducción estética............ El impulso de la forma...... III.... La propensión al encadenamien­ to: en caligrafía. El movimiento de conjunto del paisaje. 105 I... El efecto de lejanía dentro del espacio poético. V.. La transformación inagotable vuelve las cosas inaprensi­ bles.. Posiciones que encaman óptimamente la eficacia del movimiento....... III.. En pintura.... El dinamismo es continuo... En poes ía. El dis­ positivo discursivo y la «profundidad» poética... 5..... 4...... II.. VI....... IV... II............. V.. En la novela.. Disposiciones estratégicas en poesía. II. III..... III... Una lógica de la m anipulación. Compromisos teóricos y convergen­ cias de fondo......... El potencial conferido a la forma......... III... Conclusión II... Listas técnicas.. IV. La eficacia es extrínseca a la personalidad. IV........... V.... I. Conclusión I..... Una evidencia compartida.... La variación por alternan­ cia....... El motivo del dragón... La posición polí­ tica se ejerce como una relación de fuerza. Líneas de vida en geomancia... Mo­ ralistas contra realistas. II. IV..... IV.. Líneas de vida a través del paisaje.2.. Automaticidad del dispositivo del poder.. 43 I........ II.. Ten­ sión dentro de la configuración en pintura. El arte de la manipulación.. IV... Ausencia de mimesis: el arte concebido como actualización del dinamismo universal.. Disposiciones eficaces.............. V........ El dispositivo es­ tético... III.. III. 6... II.... Dragón y nubes: el poder de animación. 270 123 ............. V.. Dife­ rencia con la noción de estilo.. Disposiciones eficaces de la mano o el cuer­ po...... Radicalidad de la concepción china. II.. el efecto del género. por series.. 85 I... La posición es el factor determinante (en política) 25 I........ Analogías entre los dispositivos estratégico y político.... «Vacío» y «superación» están implicados por la tensión del dispositivo. IV.

Crítica del «realismo» político: principio y tendencia discu­ rren parejos.253 Relación de las ilustraciones. III...... XII.. El sistema cerrado de una disposición que evoluciona en función de la exclusiva interacción de los polos... X................. IV.. Ni heroísmo trágico ni contemplación desinteresada............. La tendencia concreta resulta reve­ ladora del principio regulador....... XI.......... El dispositivo de la reali­ dad y su manipulación. Sabiduría o estrate­ gia: adaptarse a la propensión............. VIII......223 Glosario de las expresiones chinas...... 183 I. Menor interés de la tradición china por la explicación causal...... DC........ VI. El sentido de la propensión natural. La lógica de la inversión...... La concepción china de la Historia carece de desenlace y no consis­ te en un relato de acontecimientos..... III.. La concepción china no es ni mecanicista ni finalista.... 135 I.... Tendencia y lógica son indisociables............... Desmistifícación reli­ giosa e interpretación tendencial............ La noción de «tendencia lógica» y la interpretación de los fenómenos de la naturaleza... II........ Situación y tendencia en historia... Propensión por interacción espontánea o aspira­ ción a Dios.265 271 ............... Estrate­ gia moral: la situación histórica como dispositivo a manipular............ reversibilidad de su relación.... IV.... Ausencia de una teoría de la causalidad: ni sujeto ni motor...... Necesidad histórica de la transformación (del feudalismo a la burocracia).......... Conformismo y eficacia.m 7............... La propensión en acción en la realidad......... Notas y referencias. VIII......... ¿Qué es una situación histórica? II...... Conclusión III............. Ilustración: la tendencia a la renovación en literatura... VT.... V. VII....... 8............. Explicación causal e interpretación tendencial. La ten­ dencia a la alternancia... III.......... II. .......... VII.... 217 I..... Crítica del idealismo metafíisico e ideología del orden.... V....