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foto eugenides: gaspar tringaLe

Guía libros

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Periodismo: así se hizo

Un manual imprescindible sobre cómo gente como Tom Wolfe o Hunter S. Thompson revolucionaron el oficio en los años 60.

Hunter S. Thompson revolucionaron el oficio en los años 60. Marc Weingarten La banda que escribía

Marc Weingarten

La banda que escribía torcido

Libros del KO

Ahí abajo está Tom Wolfe, el periodista del eterno traje blanco que, en 1965, aceptó el guante de la revista New York (en la que trabajaba como reportero y que nació como domi- nical del New York Herald Tribune) de tocar un poco las narices a la sacrosanta The New Yorker aprove- chando que celebraban su 40 ani- versario. “La idea es factible”, dijo a su director Clay Felker: “¿Qué te parece volar por los aires The New Yorker en New York?”. Como el director de la respetada revista, William Shawn, estaba por encima de conceder entrevistas, y entrar en sus oficinas resultaba imposible, Wolfe se las ingenió para averiguar lo que necesitaba por boca de terceros para, después, “construir” un relato demoledor contra el propio Shawn y el funcio- namiento interno de la revista titu- lado Pequeñas momias.

Wolfe se convirtió en una estrella y, también, en el centro de una polé- mica enorme sobre qué era periodis- mo y qué no lo era. Wolfe huyó hacia delante y, con él, una nueva genera- ción de periodistas que veían en cier- tas técnicas narrativas propias de la ficción un apoyo no sólo enriquece- dor sino ineludible para contar un mundo –la crónica fue el género estrella– que, a mitades de los 60, había cambiado por completo y exi- gía nuevas maneras de ser explicado. Pero estos periodistas (hablamos del propio Wolfe, Gay Talese, Joan Didion, el inefable Hunter S. Thomp- son, el reconvertido Norman Mailer, Michael Herr o Jimmy Breslin, gente que poco tenía en común, por otro lado) se habrían tenido que dedicar a otra cosa o entrar en cintura viejo régimen de no haber sido por una serie de editores que apostaron por ellos en Rolling Stone, en Esquire, en la propia New York o en muchas otras publicaciones. De todo esto da buena cuenta La banda que escribía torcido, un manual imprescindible para com- prender no sólo esta época dorada

que Wolfe llamó Nuevo Periodis- mo en un volumen recopilatorio de 1973, sino sus antecedentes, sobre todo dos: los trabajos que conduje- ron al Hiroshima (1946) de John

Hersey –considerada la mejor cró- nica del siglo XX– y el A sangre fría (1965) de Truman Capote. Es en ese trabajo previo de los periodistas y editores –lectura obli- gada en facultades de periodismo desde ya– donde se centra Weingar- ten, quien, a través de investigación

y entrevistas con casi todos los

implicados, consigue en el lector el efecto de sentir que se está en la mesa de redacción en la que se está discutiendo un artículo. A su mane- ra recreativa de situaciones, méto- dos y procedimientos, el propio Weingarten ha escrito un libro de Nuevo Periodismo. Lleno de anéc- dotas e historias de esas que hacen –o hacían– tan maravilloso el perio-

dismo, La banda que escribía torcido,

a día de hoy, tampoco puede evitar

ser un ejercicio de melancolía por un oficio que se desvanece en

manos de demasiada gente que nun- ca leerá este libro. JOSU LAPRESA

ca leerá este libro. J O S U L A P R E S A Eugenides

Eugenides al cubo

La tercera obra (en 18 años) del autor de Las vírgenes suicidas y Middlesex es una novela de campus después del campus. Un triángulo de amor al borde de la locura.

del campus. Un triángulo de amor al borde de la locura. J effrey Eugenides (Detroit, 1960)

J effrey Eugenides

(Detroit, 1960) es un pos-

moderno que aprecia una

trama con mucho trabajo y cons- trucción (publica una novela cada nueve años) y mucha tradición ame- ricana (en la línea también de Jona-

than Franzen) de crónica de los suburbs (los suburbios españoles no son lo mismo). En su nueva novela pesa, además, el Salinger de Franny y Zooey. Tres jóvenes protagonistas (dos hombres, una mujer) recién licenciados a principios de los 80 que luchan contra sí mismos por conseguir ubicarse en el mundo adulto y en el triángulo pasional que forman: ellos desbordados por su intelecto, ella –por un lado el perso- naje menos “especial” pero el más reivindicado al final– por ellos dos. Entre disquisiciones sobre semióti- ca, cristianismo, depresión clínica y levadura discurre La trama nupcial, que vuelve a mostrar el asombroso virtuosismo narrativo de Eugenides –también su decoro y compasión por los personajes– en una historia por momentos desconcertante pero que desemboca –aunque mue- va un par de piezas de manera un poco caprichosa– en un recorrido final memorable. J. L.

de manera un poco caprichosa– en un recorrido final memorable. J . L . Jeffrey Eugenides

Jeffrey

Eugenides

La trama nupcial

Anagrama

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