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01. Sección I. Generalidades 02-03

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Curso Internacional Diagnóstico de Laboratorio de las Parasitosis Intestinales y Urogenitales

SECCIÓN I. GENERALIDADES
1. PARÁSITOS Y PARASITISMO
PARASITOLOGÍA
La Parasitología es la disciplina que se encarga del estudio del parasitismo y de los parásitos. Se incluye, pues, en esta disciplina la morfología, clasificación y biología de los parásitos, así como las relaciones entre éstos y sus hospedadores. Aunque por definición, como se verá más adelante, muchos organismos como los virus, rickettsias, algunas bacterias y hongos, responden a la definición de parásito, se han creado disciplinas independientes, como la virología, bacteriología o microbiología, para el estudio de aquellos agentes biológicos, reservándose el nombre de Parasitología para la disciplina que se ocupa de los Protozoos y Metazoos parásitos. El interesado puede obtener una interesante visión panorámica de la historia, evolución y campos de la Parasitología con la lectura del capítulo 4 de la obra de Cheng (1978). En casi todos los filos de los Reinos Animal y Protista hay representantes parásitos, y algunos grupos, como los Apicomplejos, Cestodos y Trematodos, son exclusivamente parásitos. Todos los animales (o casi todos) están parasitados por uno o varios de estos organismos; el hombre, por ejemplo puede ser hospedador de más de un centenar de parásitos diferentes. Aunque intuitivamente se puede tener una idea de lo que es un parásito -en el lenguaje corriente esta palabra se usa a menudo- es preciso definir el término y delimitar su concepto.

ASOCIACIONES ANIMALES
Entre los animales, como entre otros organismos, se dan dos situaciones: muchos viven independientemente de los demás animales y sólo establecen relación en determinadas circunstancias o situaciones; otros, en cambio, viven asociados entre ellos. Desde este punto de vista, se distinguen dos tipos de asociaciones: las asociaciones intraespecíficas, establecidas entre individuos de la misma especie (manadas, rebaños, colmenas, etc.) y las asociaciones interespecíficas, establecidas entre individuos de distintas especies. Las asociaciones interespecíficas son conocidas en Parasitología con el nombre de simbiosis (según la definición de De Bary, 1879); según la intensidad de la interrelación de sus miembros o simbiontes, se distinguen varias simbiosis, siendo las más importantes la foresis, el comensalismo, el mutualismo y el parasitismo. El parasitismo es definido como una relación íntima y obligatoria entre dos individuos de distinta especie en la que uno de los simbiontes -el parásitodepende metabólicamente del otro -el hospedador- y existe respuesta inmunitaria por parte del hospedador. (Véanse en Cheng (1978) -capítulo 1- las definiciones de cada una de las asociaciones, así como ejemplos concretos).

EL HOSPEDADOR Y SUS TIPOS

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El organismo que alberga o soporta al parásito recibe los nombres de huésped, hospedador, patrón, hospedero, etc. Para evitar equívocos, en nuestra asignatura se utilizará el término hospedador, entendiéndose que los demás mencionados podrían ser, también, correctos. Según el papel jugado por el hospedador, éste recibe diversos nombres: definitivo (H.D.), si el parásito alcanza en él la madurez sexual o se reproduce sexualmente, intermediario (H.I.), si alberga fases inmaduras o larvarias del parásito, paraténico (= transportador), si no es necesario para la realización del ciclo vital del parásito pero es utilizado por éste como refugio temporal hasta acceder a su hospedador habitual y reservorio, cuando sirve de fuente de infección a otros hospedadores (para que un hospedador sea reservorio de un parásito determinado debe cumplir algunas condiciones, como ser muy abundante, estar muy parasitado y vivir mucho tiempo). Relacionado con el hospedador está el vector, organismo que transmite el parásito a un hospedador vertebrado; cuando el parásito realiza parte de su ciclo en el vector, éste recibe el nombre de vector biológico (nótese que en este caso el vector es también hospedador), en tanto que si el parásito no evoluciona se trata de un vector mecánico.

EL PARÁSITO Y SUS TIPOS
Ya se ha señalado que el parásito es, en la asociación parasitismo, el organismo soportado o albergado por el hospedador y que depende metabólicamente de éste. Se suelen distinguir varios tipos de parásitos, con relación a diversas circunstancias (relación con el hospedador, localización, etc.). Así, por su localización en el hospedador, se habla de endoparásitos, cuando viven en el interior del hospedador, y ectoparásitos, cuando viven sobre la superficie externa del hospedador. Por el tiempo de permanencia en el hospedador se distinguen entre permanentes, que siempre se mantienen en contacto con el hospedador, y temporales, que sólo establecen contacto con el hospedador en el momento de la toma de alimento. Son parásitos facultativos aquellos organismos de vida libre que pueden, de manera oportunista o facultativa, comportarse como parásitos. Un parásito se llama accidental cuando accede a un hospedador que no es el específico y sobrevive. Se denomina errático o errante al parásito que vaga o se encuentra en un órgano que no es el habitual. Según el número de hospedadores que el parásito necesita para realizar su ciclo vital, se habla de parásito monoxeno –cuando utiliza un único hospedador para realizar su ciclo vital- y heteroxeno -con varios hospedadores en su ciclo vital-. Según produzca o no produzca enfermedad, se distingue entre parásito patógeno (que puede causar enfermedad) e inocuo (cuando es inofensivo). Los parásitos, a su vez, pueden ser parasitados por otros organismos; un hiperparásito es un organismo que parasita a otro parásito. En ocasiones se habla de pseudoparásitos para denominar a organismos o elementos inorgánicos que son frecuentemente observados en los análisis coprológicos y que pueden ser confundidos (¡sólo por inexpertos!) con verdaderos parásitos.

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ADAPTACIONES A LA VIDA PARASITARIA
A lo largo del curso, y a medida que se estudien los diversos grupos parásitos, se hará referencia a las adaptaciones a la vida parasitaria. No obstante, el interesado puede leer lo que al respecto se señala en la obra de Markell, Voge y John (1990).

EL HÁBITAT DEL PARÁSITO EN EL HOSPEDADOR
Para un entendimiento correcto del parasitismo es necesario conocer las características de los medios internos o externos de los organismos que pueden constituir el hábitat del parásito. El alumnado de Parasitología ha cursado o está cursando Fisiología Animal o Zoología, por lo que resulta ocioso insistir sobre estos aspectos; no obstante puede consultar, al respecto, el capítulo 2 de Cheng (1978).

LAS RELACIONES HOSPEDADOR-PARÁSITO
En la definición de parasitismo se ha establecido la posibilidad de que el parásito provoque un daño al hospedador. En las relaciones hospedador-parásito bien establecidas se llega a un equilibrio entre la tendencia del parásito a dañar al hospedador y los mecanismos de defensa o respuesta empleados por éste para defenderse del parásito; en estas circunstancias el hospedador está infectado, pero no surge patología salvo que el equilibrio se rompa. Este equilibrio, es decir, la no patogenicidad de un parásito implica que su relación con el hospedador es muy antigua. ACCIONES DEL PARÁSITO SOBRE EL HOSPEDADOR Aunque en ocasiones es difícil apreciar el daño producido por el parásito sobre el hospedador, e incluso puede dudarse de su existencia, lo cierto es que en la mayoría de los casos es apreciable. Este daño se debe a varios mecanismos: Acción mecánica: el parásito, mediante la secreción de enzimas y el uso de estructuras cortantes, destruye tanto células como tejidos del hospedador; también pueden provocar, si las dimensiones lo permiten, presiones en los órganos y oclusiones de los conductos. Acción expoliadora: los parásitos sustraen determinadas sustancias del hospedador, principalmente sustancias nutritivas, vitaminas y sangre. En ocasiones esas sustancias son esenciales y vitales para el hospedador. Acción toxicoalérgica: las secreciones y excreciones de los parásitos actúan, en la mayoría de los casos, como sustancias tóxicas y/o inductoras de procesos alérgicos. Otras acciones: Inducción de cambios en células y tejidos (hipertrofias, hiperplasias, metaplasias y neoplasias), reducción de la resistencia del hospedador a otros agentes, inoculación de agentes patógenos (por ectoparásitos hematófagos), etc. ♦ REACCIONES DEL HOSPEDADOR ANTE LA ACCIÓN DEL PARÁSITO El cuerpo de los animales tiene capacidad de resistir y destruir a los diversos invasores (virus, bacterias, parásitos, etc.) Esta capacidad recibe el nombre de resistencia o inmunidad. Cuando un hospedador no es infectado por un parásito determinado, se dice que es resistente a dicho parásito; por el contrario, cuando puede ser parasitado se dice que es susceptible.

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Parte de esa resistencia o inmunidad se debe a procesos generales no específicos y recibe el nombre de inmunidad innata o no específica; la otra parte de la inmunidad está relacionada con procesos que actúan de modo específico sobre organismos extraños y se conoce como inmunidad adquirida o específica porque sólo se presenta tras el primer contacto con el organismo invasor. Tanto los mecanismos de defensa innatos como los adquiridos pueden ser de dos tipos: celulares (implican la intervención de células que se encargan de la eliminación del agente invasor) y humorales (implican la intervención de macromoléculas que se encuentran principalmente en los líquidos corporales). (Los alumnos de Parasitología ya han cursado Inmunología, por lo que no es necesario hablar aquí de conceptos generales). En una determinada infección parasitaria pueden intervenir diversas respuestas inmunitarias contra los diferentes estadios del desarrollo del parásito, pero, por regla general, frente a los parásitos sanguíneos y linfáticos se manifiesta una inmunidad humoral, en tanto que frente a los parásitos tisulares la inmunidad es de tipo celular. Cuando la inmunidad adquirida frente a un determinado agente permanece o persiste después de la desaparición completa de éste, se dice que existe inmunidad permanente frente a dicho organismo. A diferencia de la resistencia adquirida contra muchas bacterias y virus, la resistencia contra los parásitos raramente es lo suficiente poderosa como para eliminarlos por completo. En la mayoría de los casos, la inmunidad adquirida reduce el número de parásitos por debajo del umbral que causa sintomatología, pero no los elimina totalmente; este residuo de parásitos, a su vez, constituye el estímulo antigénico que mantiene la respuesta inmunitaria activa. Este tipo de inmunidad adquirida, que tan sólo se mantiene mientras el parásito está presente, se conoce como premunición. ELUSIÓN DE LA RESPUESTA DEL HOSPEDADOR Pese a las barreras desplegadas por el hospedador, el parásito logra en muchas ocasiones acceder al hospedador, asentarse y mantenerse; es decir, el parásito es capaz de burlar o eludir la respuesta del hospedador. Los mecanismos de evasión más importantes son los siguientes: 1. Situándose el parásito en un lugar del hospedador donde las defensas de éste no actúan o lo hacen inadecuadamente. Algunos parasitan intracelularmente, evitando, así, los efectos de los anticuerpos (ej.: Leishmania sp.); otros están protegidos por formaciones quísticas (ej.: las larvas de Trichinella spiralis); muchos viven en amplias cavidades, donde las respuestas del hospedador son poco efectivas (ej.: los gusanos intestinales) 2. Bloqueando las defensas del hospedador. Algunos helmintos producen sustancias (mucopolisacáridos) que neutralizan la acción de las enzimas digestivas del hospedador. 3. Evitando su reconocimiento por el hospedador. Algunos parásitos evitan el reconocimiento haciéndose inmunológicamente inerte. Otros recubren su superficie con antígenos del hospedador; este proceso es característico de Schistosoma spp., cuyos adultos viven en los vasos sanguíneos del hospedador y capta, para evitar el reconocimiento, glucoproteínas eritrocitarias de éste

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Cambiando la cubierta antigénica. Algunos parásitos presentan una notable variabilidad antigénica que les permite eludir la acción de los antígenos. Esta manifestación es especialmente notable en los tripanosomas africanos, que poseen una cubierta antigénica que varía periódicamente a lo largo de la infección, de manera que cuando el hospedador ha producido anticuerpos contra el primer antígeno, la cubierta del tripanosoma ya ha cambiado. 5. Suprimiendo las respuestas del hospedador. Los parásitos pueden alterar o destruir las células o los tejidos linfoides, dejando sin defensas al hospedador.
4.

♦ EFECTOS NOCIVOS DE LA RESPUESTA DEL HOSPEDADOR Además de los efectos destructivos directos provocados por los parásitos o sus productos sobre los tejidos del hospedador, muchas de las respuestas de éste tienen, por sí mismos, efectos patológicos. Los más importantes son los que, a continuación, se enumeran: 1. Formación de complejos inmunitarios (complejos antígenoanticuerpo). En ocasiones, los complejos inmunitarios producidos en algunas infecciones parasitarias pueden ser causa de diversas lesiones en el hospedador: Esto ocurre, por ejemplo, en las infecciones severas por Plasmodium malariae, en el que el depósito de complejos inmunitarios en los riñones son causa del síndrome nefrótico característico de este paludismo. 2. Reacción cruzada de la respuesta inmunitaria (procesos autoinmunes). Los anticuerpos elaborados frente a un parásito determinado pueden dar reacción cruzada con los tejidos del hospedador; a este proceso se atribuye la cardiopatía que aparece en la enfermedad de Chagas. 3. Inducción de hiperplasias (esplenomegalia y hepatomegalia). En algunas parasitosis, como la tripanosomiasis africana y el paludismo, entre otras, se produce hepatomegalia y esplenomegalia; estas hiperplasias son atribuidas a un crecimiento en número y actividad de las células de sistema reticuloendotelial, ante la demanda frente a la infección parasitaria 4. Inmunosupresión inespecífica. Los individuos que sufren determinadas parasitosis, suelen ser especialmente susceptibles a otras infecciones, tanto parasitarias como bacterianas o víricas; este fenómeno es atribuido a un proceso de inmunosupresión inespecífica. 5. Formación de granulomas. Cuando el material antigénico extraño no puede ser degradado o destruido, el elemento infeccioso puede ser aislado por la elaboración, a su alrededor, de un granuloma. Este tipo de respuesta es especialmente notable en la esquistosomiasis; la formación de granulomas alrededor de los huevos del parásito conducen, entre otros procesos, al agrandamiento y fibrosis del hígado.

LOS CICLOS BIOLÓGICOS DE LOS PARÁSITOS
Se entiende por ciclo biológico, en sentido amplio, de un animal, sea o no parásito, la secuencia de cambios que experimenta el individuo desde el momento de la fecundación hasta que se convierte en el estadio sexual (en Protozoos) o adulto sexualmente maduro (en Metazoos) y puede producir células reproductoras (gametos masculino y femenino en Protozoos, óvulo y espermatozoide en

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Metazoos). Cuando no existe reproducción sexual siempre existe un estadio que puede considerarse el inicio del proceso. En los parásitos el ciclo vital tiene ciertas peculiaridades; los parásitos realizan todo o parte de su ciclo vital dentro o sobre el hospedador y sólo lo abandonan para acceder a otro hospedador. Teniendo en cuenta estas circunstancias, se distinguen dos tipos básicos de ciclos biológicos en los parásitos: • Ciclo directo: cuando el parásito utiliza un sólo hospedador, en el que realiza todo el ciclo. • Ciclo indirecto: el realizado por un parásito que utiliza 2 o más hospedadores. Si existiera reproducción sexual, uno de los hospedadores (H.D.) albergaría al adulto o estadio sexual, en tanto que en los demás (H.I.) se desarrollarían los estados larvarios o estadios asexuales. Las especies con ciclo directo tienen, salvo excepciones, una corta fase de vida libre durante la cual adquieren el estado infectante; las que poseen ciclo indirecto tienen una fase de vida libre entre cada dos hospedadores (salvo los transmitidos por vectores biológicos).

VÍAS DE INFECCIÓN
Para establecer su relación con el hospedador, el parásito utiliza determinados procedimientos, según sus características y las del hospedador. El modo de establecer el parásito su relación con el hospedador se conoce con el nombre de infección (algunos profesionales utilizan el término de infectación o infestación -ésta última acepción es especialmente usada para referirse a ectoparásitos-). • Los ectoparásitos están adaptados al salto, vuelo, natación, etc. para acceder al hospedador y poseen estructuras y apéndices para la fijación. • Los endoparásitos deben penetrar en el hospedador y lo hacen de diversos modos según la especie: pasivamente, ingerido por el hospedador (vía peroral). activamente, atravesando la piel del hospedador por sus propios medios (vía transcutánea activa). inoculados por un vector hematófago (vía transcutánea pasiva). por vía transovárica, que supone el paso del parásito a la descendencia cuando los óvulos de la madre están infectados. por vía transplacentaria, que implica que el parásito atraviesa la barrera placentaria de la hembra preñada e infecta al feto.

ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LOS PARÁSITOS
Como todo lo concerniente al origen y evolución de los organismos, referirse al origen de los parásitos es siempre problemático, pero la mayoría de los autores está de acuerdo en que los parásitos proceden de organismos de vida libre. Se estima que el factor más importante a considerar es el de preadaptación, indicando con ello que un organismo de vida libre tiene ciertas potencialidades -que quizá no se manifiesten-, pero que si, por azar, el organismo se encuentra en un medio para el cual está preadaptado, prosperará y sobrevivirá en la nueva situación. Los interesados pueden consultar, al respecto, el capítulo 1 de Cheng (1978).

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PATOGENIA Y EPIDEMIOLOGÍA
Ya se ha señalado que un parásito puede vivir sobre o dentro de su hospedador sin causar daño aparente, pero que en la mayoría de los casos el parásito tiene capacidad para producir daños al hospedador. A veces, la reparación de los tejidos dañados se efectúa con la misma rapidez que son lesionados, sin manifestarse su existencia; en estas circunstancias se dice que el hospedador está infectado y, puesto que no se manifiesta enfermedad, es portador del parásito o de la parasitosis. En otras situaciones -y en algunas parasitosis siempre- el daño producido por el parásito puede ser considerable, sin que el hospedador logre subsanarlo, lo que se traduce en una enfermedad más o menos grave; el hospedador en estas circunstancias está enfermo y el parásito se considera patógeno. Se conoce como patogenia la dinámica de una enfermedad, incluyendo en el término tanto el origen y desarrollo de la enfermedad como el modo de obrar del agente patógeno. Una enfermedad, parasitaria o no, está caracterizada por un conjunto de síntomas. Un síntoma es la manifestación de una alteración orgánica o funcional; los síntomas que son objetivos o perceptibles, bien espontáneamente o por exploración, son llamados signos. El conjunto de síntomas que caracteriza a una enfermedad se denomina síndrome. Para evitar las infecciones y enfermedades se deben aplicar medidas de control y profilaxis. Controlar una enfermedad o infección quiere decir reprimirla. En Sanidad Pública el término significa limitar la acción de un agente infeccioso o patógeno, impedir su avance o propagación, etc.; estos propósitos se pueden conseguir actuando sobre el agente, sobre su transmisor o, incluso, con el tratamiento del enfermo. Cuando el término se aplica con relación a un enfermo, el control puede reducirse al alivio sintomático o a la limitación del avance de la enfermedad. Obsérvese que controlar no significa necesariamente -aunque a veces se consiga- eliminar la enfermedad o el agente patógeno. Profilaxis es sinónimo de prevención y es el conjunto de medios o medidas puestos al servicio del individuo o de los colectivos para preservarles de las infecciones y/o enfermedades. En terapéutica se entiende por profilaxis el tratamiento preventivo. Tanto el control como la profilaxis sólo pueden aplicarse si se tiene un conocimiento profundo de la epidemiología de la infección o enfermedad en cuestión. Epidemiología es el conjunto de conocimientos relativos a las infecciones o enfermedades que afectan a las poblaciones; se incluyen en este concepto las manifestaciones de la enfermedad, así como las relaciones de factores y condiciones que determinan la distribución y frecuencia. El desconocimiento de la distribución geográfica del parásito, su ciclo vital, modo de transmitirse, hospedadores, etc., impide todo control y, por supuesto, la aplicación de medidas preventivas. Para señalar la dinámica de una enfermedad en una población humana, se han acuñado diversos términos. Si la enfermedad aparece sólo de modo ocasional en uno o pocos miembros de una comunidad, se la califica de esporádica. Cuando la enfermedad se mantiene a nivel moderadamente estable, dentro de la población, se dice que es endémica. Si hay un incremento marcado en el número de afectados se considera que la enfermedad es epidémica; este incremento puede

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deberse a la introducción de una nueva cepa del agente al que la población no está inmunizada, a la alteración de los factores que la regulan, al incremento de los vectores, etc.. Por último, se dice que existe pandemia cuando se trata de una epidemia que afecta a muchos países o regiones o a la mayoría de sus miembros. Cuando se habla de enfermedades que afectan a grupos animales, se emplean los respectivos términos de epizootiología, enzootia, epizootia, panzootia. En Parasitología, como en otras disciplinas sanitarias, la elaboración de estudios epidemiológicos implica el cálculo de diversos parámetros estadísticos, siendo los más utilizados los de incidencia y prevalencia. Incidencia es la proporción de enfermos nuevos de una determinada enfermedad por 1000 habitantes en un espacio de tiempo (generalmente 1 año); prevalencia es la proporción de enfermos (tanto nuevos como antiguos) de una determinada enfermedad en un momento dado por cada 1000 habitantes. En ocasiones se utiliza como base del porcentaje los 10.000 o 100.000 habitantes, pero se especifica. Algunas enfermedades, parasitarias o no, son comunes a los humanos y a los animales, recibiendo el nombre de zoonosis. Cuando una enfermedad se transmite de hombre a hombre se habla de antroponosis. En Parasitología, como en otras disciplinas sanitarias, se utiliza una determinada nomenclatura cuando se hace referencia a las afecciones producidas por los parásitos. De modo global, los parásitos de origen animal son conocidos como zooparásitos y las enfermedades o infecciones producidos por éstos zoosis. De igual modo, las infecciones o enfermedades producidas por protozoos se denominan protozoosis, las debidas a helmintos helmintiasis, las causadas por artrópodos artropodiasis. En los casos particulares en que se trata de señalar la enfermedad o infección producida por un parásito determinado, el término que se ha utilizado tradicionalmente es el nombre del parásito con el sufijo -iasis (ej. : leishmaniasis, tricomoniasis, etc.) o -iosis (ej.: triquinosis). Con el fin de uniformizar la denominación de las infecciones y enfermedades parasitarias, la Asociación Mundial para el Avance de la Parasitología Veterinaria (W.A.A.V.P.), aprobó la propuesta de un comité de expertos veterinarios (Standardized Nomenclature of Animal Parasitic Diseases, Veterinary Parasitology, 1988). Dicho comité propone el uso único del sufijo -osis, que se debe añadir al nombre latino del parásito después de suprimir las dos o una últimas letras; así, por ejemplo, de Trypanosoma: tripanosomosis, de Leishmania: leishmaniosis, etc. Esta sugerencia ha sido aceptada por la Federación Mundial de Parasitólogos y otras instituciones. No obstante, las costumbres generan pereza en los cambios y pasará mucho tiempo hasta que generalice el uso de esta nomenclatura estándar. En nuestra asignatura seguiremos utilizando ambas nomenclaturas, la tradicional y la nueva propuesta, ya que ambas se encuentran en las publicaciones. En algunas circunstancias se señala, al mismo tiempo, el agente patógeno y su localización en el hospedador (ej. : leishmaniasis cutánea, tricomoniasis vaginal). En algunos tratados, especialmente clínicos, se tiende a utilizar el nombre usado antes del descubrimiento del agente etiológico (ej.: fiebre cuartana, para referirse al paludismo producido por Plasmodium malariae). Por último, debe señalarse que algunas enfermedades parasitarias reciben diferente nombre popular según la lengua; así, por ejemplo, la enfermedad producida por Plasmodium spp. es conocida en castellano como paludismo, en francés como paludisme, y malaria en inglés.

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DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LOS PARÁSITOS
El conocimiento de la distribución geográfica de un parásito es esencial para el control y aplicación de medidas preventivas. Está claro que el parásito se puede encontrar donde estén sus hospedadores potenciales, pero la amplia distribución de un hospedador definitivo no significa, necesariamente, que sus parásitos estén ampliamente distribuidos, en especial si en el ciclo vital están involucrados hospedadores intermediarios o vectores. Dicho de otro modo: si los hospedadores intermediarios o los vectores están ausentes en una zona geográfica determinada, aún cuando el hospedador definitivo esté parasitado, el parásito desaparecerá de dicha zona, dado que no podrá continuar su ciclo vital. Por estas mismas razones, aquellos parásitos que no necesiten hospedadores intermediarios están más ampliamente difundidos. Es obvio, pues, que el mantenimiento de un parásito en un área geográfica determinada depende de la existencia de todos sus hospedadores; por esta misma razón, los factores que regulan la presencia de hospedadores regulan, a su vez e indirectamente, la presencia de parásitos. Son muchos los factores biológicos, físicos y químicos que influyen directa o indirectamente sobre la densidad y distribución de los parásitos, entre los que se encuentran la flora –sirve de alimento y refugio a los hospedadores-, la fauna –fuente de hospedadores y de cadenas tróficas-, agua –medio de desarrollo de muchos vectores artrópodos y de invertebrados acuáticos hospedadores intermediarios-, temperatura y humedad ambiental. Determinadas infecciones parasitarias humanas están íntimamente relacionadas con las costumbres o actividades, la educación, el nivel económico, la disponibilidad de agua potable y de eliminación de los restos fecales, facilidad de las comunicaciones, realización de obras hidráulicas, etc. Aunque en algunas regiones o países el progreso ha hecho disminuir notablemente la existencia de ciertas parasitosis, no es menos cierto que el aumento de comunicaciones y la facilidad para el desplazamiento han permitido la difusión de otras; del mismo modo, el progreso ha posibilitado la realización de grandes obras hidráulicas en determinadas regiones, modificando el medio y facilitando el desarrollo de vectores o de hospedadores intermediarios. El hábito de comer carnes y pescados crudos o poco procesados, así como la utilización de heces humanas como abono, favorece la diseminación de ciertas parasitosis en determinadas regiones; por el contrario, la ausencia de ingestión de ciertas carnes por determinadas poblaciones explica la ausencia en éstas de ciertas parasitosis. En la actualidad tres nuevos aspectos o situaciones están provocando la aparición o diseminación de enfermedades transmisibles, muchas de ellas parasitarias: el desplazamiento de grandes masas de población debido a las guerras o a catástrofes naturales, los cambios en los hábitos alimentarios que facilitan la aparición de nuevas zoonosis (zoonosis emergentes) y la existencia de infecciones por el VIH (SIDA) que al minar progresivamente la capacidad del sistema inmunitario, facilita el desarrollo de infecciones oportunistas.

DIAGNÓSTICO DE LAS INFECCIONES PARASITARIAS

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Se entiende por diagnosis o diagnóstico al hecho de descubrir e identificar una infección o enfermedad basándose en los síntomas, pruebas exploratorias, análisis de fluidos corporales, etc. Existen varios tipos de diagnóstico, según el procedimiento en que se fundamente. En Parasitología existen dos tipos básicos de diagnóstico: el diagnóstico clínico y el de laboratorio. DIAGNÓSTICO CLÍNICO. Es un diagnóstico de presunción y está basado en el conjunto de signos, síntomas y antecedentes epidemiológicos que presenta el paciente. En las regiones endémicas de ciertas parasitosis, un clínico con experiencia y familiarizado con las enfermedades parasitarias de dichas zonas, puede establecer, con relativa facilidad, un diagnóstico de presunción cuando los signos y síntomas son típicos. No sucede así, en cambio, en las regiones en que ciertas enfermedades parasitarias son raras o han sido adquiridas en otras regiones; en estos casos es difícil, si no imposible, establecer un diagnóstico clínico. DIAGNÓSTICO DE LABORATORIO. Es un diagnóstico de certeza y se basa en la realización de diversas pruebas que pongan en evidencia al parásito. Esto puede realizarse mediante dos procedimientos fundamentales: los denominados métodos directos, diseñados para detectar al parásito en algunas de sus formas (examen de las heces, sangre, orina, piel, etc.), e indirectos, dirigidos a hacer evidente la respuesta inmunitaria del hospedador frente al parásito (pruebas serológicas o inmunológicas). Dependiendo de las circunstancias se utiliza uno u otro de los métodos, o bien ambos. Siempre que sea posible, es preferible realizar el diagnóstico de una parasitosis mediante pruebas directas, porque la visualización del parásito o de alguna de las formas de su ciclo vital permite conocer el estado de la parasitosis y la evolución de la enfermedad, mientras que el hecho de que una prueba serológica resulte positiva puede deberse a una antigua infección ya superada. En algunas circunstancias el examen serológico es preferible o el único posible; tal es el caso de aquellas parasitosis en las que el parásito no puede salir al exterior, como sucede en la hidatidosis, la amebiasis hepática y otras, o cuando por encontrarse en las primeras fases del desarrollo el parásito no se manifiesta físicamente. a) métodos directos Para la realización del diagnóstico parasitológico se suelen examinar, según las sospechas, muestras de sangre, heces, orina, esputos, piel y otros elementos. En determinadas circunstancias debe procederse a la biopsia, aspiración (duodenal, de quiste,…), inoculación en animales, impresiones de tejidos (impronta). • examen de la sangre Se utiliza para la detección de parásitos sanguíneos, tanto intracelulares (plasmodios y babesias) como extracelulares o plasmáticos (tripanosomas y microfilarias), así como para la detección de desviaciones de la fórmula leucocitaria que pudiera deberse a una parasitosis. La sangre se puede estudiar en fresco, en extensiones teñidas (frotis y gota gruesa) y aplicando métodos de concentración. • examen de las heces (examen coprológico) Se utiliza para detectar parásitos cuyas formas infectantes, y a veces los organismos, salen con las heces. Las heces constituyen la salida habitual de los quistes y ooquistes de protozoos intestinales y de los huevos de helmintos intestinales y de conductos anejos, de los esquistosomas y otros. El estudio coprológico implica el examen macroscópico y microscópico (examen directo

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en fresco, frotis de heces teñidos, técnicas de concentración y técnicas especiales) • examen de la orina Son muy pocos los parásitos que pueden surgir con la orina. A veces pueden aparecer ciertos protozoos (Trichomonas vaginalis) y los huevos de ciertos helmintos (Schistosoma haematobium). • examen de esputo Los esputos constituyen la salida habitual de los huevos de algunos trematodos pulmonares (Paragonimus westermani). • examen de la piel La piel se examina en busca de ectoparásitos. La biopsia de piel se realiza para diagnosticar la leishmaniosis cutánea y la oncocercosis. b) métodos indirectos Cuando el parásito no puede ser detectado por los métodos directos, debe recurrirse a procedimientos indirectos, los denominados inmunológicos o serológicos (por utilizarse normalmente el suero sanguíneo en la realización de la prueba). Este tipo de pruebas es el único que permite el diagnóstico en los casos de toxoplasmosis, amebiasis hepática y la toxocariasis, entre otras. Los métodos inmunológicos o serológicos son procedimientos que ponen en evidencia la respuesta del hospedador frente al parásito. La validez de una prueba inmunológica determinada para diagnosticar una parasitosis determinada depende de varios factores, entre ellos la sensibilidad, es decir, la capacidad del procedimiento para detectar cantidades mínimas del antígeno, y la especificidad, es decir, la capacidad para detectar el antígeno correspondiente al parásito que se busca. Las diversas pruebas inmunológicas se basan en determinadas reacciones: Reacciones de precipitación: Se basan en el hecho de que los antígenos específicos del suero problema se unen a antígenos preparados, dando agregados que precipitan y pueden evaluarse. Pertenecen a este tipo de reacción los métodos de inmunoelectroforesis y la inmunodifusión. Reacciones de aglutinación. Se basan en la capacidad que tienen los anticuerpos del suero, una vez que se unen a los antígenos, de aglutinarse en agregados visibles y evaluables. La aglutinación directa y la aglutinación indirecta pertenecen a este tipo de reacciones. Reacciones con marcadores: Se trata de reacciones en las que los antígenos o los anticuerpos son marcados con enzimas (reacciones inmunoenzimáticas) con sustancias fluorescentes (reacciones de inmunofluorescencia) o isótopos radiactivos (radioinmunoensayo). Entre las reacciones inmunoenzimáticas más utilizadas en la actualidad está el ELISA (enzyme-linked immuno-sorbent assay) y entre las reacciones de inmunofluorescencia es muy utilizado el IFI (inmunofluorescencia indirecta). c) otros métodos En ocasiones debe recurrirse a procedimientos especiales para realizar el diagnóstico, tales como el xenodiagnóstico –empleado especialmente para el diagnóstico de la tripanosomiosis americana-, el cultivo y la inoculación en animales de laboratorio. La búsqueda de procedimientos que permitan diagnosticar una parasitosis sin disponer de especialistas en Parasitología o

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conocedores de los parásitos, ha conducido a la puesta a punto de técnicas que, si bien sólo están al alcance de algunos centros de investigación, que parecen cumplir esta misión; en este contexto, las sondas de ADN y, en especial, el PCR (Polymerase Chain Reaction) parecen ser prometedoras. Para realizar adecuadamente un diagnóstico parasitológico es necesario tener en cuenta dos conceptos fundamentales. En toda enfermedad parasitaria existe un período prepatente y otro de incubación. El período prepatente es el tiempo que transcurre desde el momento de la infección hasta la detección del parásito mediante las pruebas pertinentes. El período de incubación es el tiempo que transcurre desde el momento de la infección hasta la aparición de los síntomas.

LOS NOMBRES DE LOS PARÁSITOS
El sistema que utilizamos en la actualidad para nombrar a los animales se originó con Linneo, naturalista sueco, en 1758. El modo de nombrar a un animal es mediante el empleo de un "nombre binominal", que consiste en dos palabras latinas o latinizadas: el nombre genérico y el epíteto específico. El nombre genérico se escribe con letra mayúscula y el específico con minúscula (por ej.: Clonorchis sinensis). Los nombres de género y especie se imprimen en itálica o cursiva; en manuscritos deben subrayarse (como es sabido, cuando una palabra está escrita en un idioma distinto del resto del texto debe escribirse en cursiva o subrayarse). El nombre genérico es un sustantivo en nominativo singular y el epíteto específico debe ser un adjetivo en consonancia gramatical con el nombre genérico, un sustantivo o un genitivo. A continuación del nombre específico, sin signo de puntuación, se indica el nombre del autor que primeramente describió y publicó el nombre del género o especie y el año en que fue publicada, tras una coma. La designación completa del ejemplo anterior debe ser Clonorchis sinensis (Cobbold, 1875). El paréntesis indica que la especie fue colocada primeramente en un género distinto, en Distoma. El nombre válido de un género o de una especie es aquel bajo el cual fue publicado válidamente por primera vez, teniendo en cuenta que los nombres propuestos antes de la 10ª edición del Systema Naturae, publicado por Linneo en 1758, no son válidos. Las principales divisiones taxonómicas de los animales son: reino, filo, clase, orden, familia, género y especie. En latín son, respectivamente, regnum, phylum, classis, ordo, familia, genus y species. Cada una puede subdividirse a su vez en grupos menores, como subclase, suborden, subfamilia, subgénero, subespecie, etc.; cuando estas subdivisiones son insuficientes, o las especies que las componen tienen diferencias notables entre sí, se pueden añadir más categorías a la clasificación. El subgénero se escribe a continuación del género, entre paréntesis. En Zoología se usan ocasionalmente la tribu, que se sitúa entre el género y la subfamilia, y la cohorte, que se encuentra entre el orden y la clase. En total, existen más de 20 divisiones del reino animal aceptadas universalmente. Hay reglas para la nomenclatura de las divisiones taxonómicas mayores, aunque no se siguen de manera universal y se modifican constantemente. Es necesario que no haya ambigüedad en el lenguaje que se utiliza, y por la terminación de las palabras se reconoce a las diferentes categorías. Las formas que se indican a continuación son las que más se usan en la actualidad. No hay una terminación específica para el filo o tipo, pero para los otros grupos se emplean las siguientes terminaciones o sufijos, que se añaden a la raíz del nombre genérico:

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Clasificación taxonómica Terminación Clase -a Orden -ida Suborden -ina Superfamilia -oidea Familia -idae Subfamilia -inae
Las terminaciones empleadas en las categorías botánicas son diferentes a las utilizadas en Zoología. Los interesados en estos aspectos nomenclatoriales pueden consultar cualquier libro (“bueno”) de Zoología general. Debe prestarse atención a algunas traducciones que escriben erróneamente Phyllum en lugar de Phylum o Filo, que es lo correcto. Pronunciación del latín clásico Dado que los nombres de los parásitos (al igual que el resto de los animales y plantas) están escritos en latín, su pronunciación requiere tener en cuenta algunas reglas, que para los hablantes de idiomas derivados del latín no presentan ninguna dificultad. Vocales: Todas las vocales se pronuncian como en castellano. La u se pronuncia siempre, incluso en los grupos que, qui, gue, gui. Consonantes: La c suena como la k española. La g suena siempre como la g española de gato, gorra, gusto. La h se aspira levemente. La t tiene el mismo sonido que en español. En la ll las dos letras se pronuncian separadas. En los grupos ch, th y rh, la h no suena y se pronuncian como c, t y r, respectivamente. La ph suena como f. La z suena como ds. La x es un sonido mixto, equivale a una gutural (c, k, g) más una s. Diptongos: Suenan las dos vocales; en los grupos ae y oe la e suena algo cerrada y próxima a la i. Acentos: En latín no existen acentos gráficos. Existen notables diferencias entre la pronunciación clásica del latín (aquí indicada) y la que tradicionalmente se ha seguido en España; igualmente, ambas difieren de la pronunciación eclesiástica romana. Pronunciación del latín en España Vocales: Todas las vocales se pronuncian como en castellano. Consonantes: La c y la g delante de las vocales e, i o de los diptongos ae y oe tienen un sonido suave; el de la c como es habitual en castellano y el de la g como el sonido ye, yi (ej.: Cercomonas=cercomonas, caecum=cecum, Coenurus=cenurus, Giardia=yiardia ). Delante del resto de las vocales y consonantes tienen el normal sonido duro (ej.: Contracaecum=contracecum, Gastrodiscus=gastrodiscus, Gordius=gordius). Diptongos: Los diptongos au y eu se pronuncian como en castellano (ej.: caudal=caudal, leucocito=leucocito); los ae y oe, como e (ej.: amoeba=ameba, caecum=cecum). Grupos de consonantes: Los grupos de consonantes ph y ch se pronuncian como f y q, respectivamente, (ej.: Phlebotomus=flebotomus, Trichinella=triquinela ).

IMPORTANCIA SANITARIA, SOCIAL INFECCIONES PARASITARIAS

Y

ECONÓMICA

DE

LAS

Los parásitos han sido y son causa directa o indirecta del sufrimiento de gran parte de la humanidad, bien por afectar a los seres humanos, bien por afectar a los animales domésticos de los que se alimenta o utiliza en sus trabajos. Se estima que la mitad de la población humana mundial corre peligro de contraer el paludismo, por habitar en zonas donde la enfermedad es endémica; más de 900 millones corren el riesgo de contraer filariasis linfática, 600 millones la esquistosomiasis, 350 millones leishmaniosis, 90 millones el mal de Chagas, 90

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millones la ceguera de los ríos (oncocercosis) y 50 millones están expuestos a la tripanosomiosis africana. La mayoría de los 500 millones de personas afectadas por alguna de estas enfermedades parasitarias viven en países cuya renta per capita es inferior a 500 ∈, es decir, países pobres en los que la cantidad empleada anualmente en medidas sanitarias por individuo no supera los 5∈. De los 60 millones de muertes anuales en el mundo por todas las causas (enfermedades, accidentes, etc.) la mitad corresponde a niños menores de 5 años; la mitad de estas muertes, 15 millones, parecen deberse a una combinación de malnutrición y de enfermedades parasitarias. La mayoría de los individuos afectados por enfermedades tropicales, incluidas las parasitarias, son africanos. Los 500 millones de personas que integran la población de África corren el riesgo de contraer por lo menos una de estas enfermedades. El 80% de esa población (unos 400 millones) vive en regiones en las que la transmisión del paludismo se mantiene como antaño o aún peor; al igual que el paludismo, la tripanosomiosis africana, la esquistosomiasis y la oncocercosis se encuentran muy extendidas. Añádanse a esta situación el hecho de que estas enfermedades sin tratamiento suelen tender a la cronicidad, cuando no a la muerte, imposibilitando a los individuos para el trabajo y otras actividades y que estos parásitos o especies similares impiden el mantenimiento de animales domésticos, salvo de algunas especies autóctonas, y se obtendrá una imagen real y cruel del continente africano. En los animales, la presencia de parásitos tiene variada importancia, pero tanto los animales domésticos como los silvestres suelen estar infectados por varias especies de parásitos. Pero mientras que en los animales silvestres raramente se producen grandes mortandades –en parte debido al equilibrio parásito-hospedador y a la dispersión y territorialidad de la mayoría de las especies-, en los animales domésticos la situación es completamente diferente; éstos suelen mantenerse confinados en recintos, en grandes grupos, lo que facilita las infecciones al encontrarse una elevada densidad de formas infectantes (huevos, larvas, quistes, etc.) y las razas y variedades obtenidas suelen caracterizarse por su elevada productividad y no por su resistencia a las enfermedades, parasitarias o no. Se ha comprobado que la acción de los parásitos en los animales domésticos se refleja en dos manifestaciones: la anorexia y la pérdida de producción. La anorexia aparece en la mayoría de las infecciones parasitarias y puede reducir la ingestión de alimento hasta en un 25%, aún en infecciones moderadas. La pérdida de producción también es notable en la mayoría de las parasitosis y suele reflejarse en una disminución de la velocidad del desarrollo, pérdida de peso (20-25%), disminución de la producción de leche (20-60%), disminución de la producción de lana (60%), disminución de la tasa de reproducción, abortos, etc. En algunas parasitosis, como las coccidiosis de aves de corral, se puede producir la muerte de todos los pollos confinados.

LECTURAS
PARA COMPLETAR Cheng, T.C. 1978 Parasitología General. Editorial A C, Madrid. Roitt, I. 1994. Inmunología. Fundamentos.. Ed. Médica Panamericana.

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Markell, E.K., Voge, M., y John D.T. Interamericana.McGraw-Hill. Madrid.

1990.- Parasitología médica.

ARTÍCULOS Rennie, J. 1992. Vida compartida. Investigación y Ciencia, nº 186, marzo, pp: 8493. De Souza, W. 1994. Estrategias parasitarias de los protozoos intracelulares. Investigación y Ciencia, nº 212, mayo, pp: 56-63. Paul, W.E. 1993. Enfermedades infecciosas y sistema inmunitario. Investigación y Ciencia, nº 206, noviembre, pp: 50-57. Ojcius, D.M. y Dautry-Varsat, A. 1995. Las mil y un ardides de los microbios intracelulares. Mundo Científico, nº 156, abril, pp: 322-328.

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