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UN DÍA 23 DE ABRIL

T
odos los años cuando llega el 23 de abril viene a mi memoria la primera vez
que yo asistí a una Feria del Libro. Estaba yo preparándome para entrar en la
Universidad y nos llevaron a ver la Feria del Libro. Ese día compré el primer
libro con el que empecé a formar “mi biblioteca”.

H e tenido la suerte de tener unos padres a los que


les apasionaba la lectura. Mi padre “devoraba”
libros, mi madre, más pausada, apartaba las
lecturas y decía: “Esta para leérmela des-
pacito el domingo “, y siempre tenía
“corte” para leer. Cuando era peque-
ña, a mis hermanos y a mí siempre
nos compraban un libro para Re-
yes o un cuento. En mi casa no
faltaban las obras de los grandes
escritores: Cervantes, Shakes-
peare, los cuentos de Andersen,
Galdós, entre muchos otros.

P ero, ese libro que yo compré


ese día, 23 de abril, era el
primer libro que yo me compraba
con mis ahorros y lo había elegido
yo, no mis padres, ni mis profesores.
No era un libro de literatura, no era una
novela, ni un libro de poesía, era La inter-
pretación de los sueños “ de Sigmund Freud. Anda-
ba yo, por aquel entonces entusiasmada por la Psicología, acababa de descubrir a
Freud y quería “engullírmelo”. Ese día, también hice una promesa, cual Escarlata
O’Hara: “Prometo que todos los días 23 de abril compraré un libro” (y lo leeré). Y
lo cumplí durante muchos años. A Freud le siguió Herman Hesse (El lobo estepa-
rio, Demián), los poetas del 27, Machado, Cervantes, Proust, etc. Poco a poco mi
biblioteca se fue poblando de libros y se vinieron a vivir conmigo Freud, Hesse,
Machado, Lorca, Alberti, Vargas Llosa, La Celestina, etc. Cada día 23 de abril, yo,
orgullosa, colocaba en mi estantería el libro del año (un inquilino más). Una estan-
tería que yo había colocado en el dormitorio que compartía con mi hermana y a la
que no dejaba poner ni un libro suyo, la quería solamente para mí.

E n la vida de cada persona siempre hay algo o alguien que te deja huella o te
influye para tomar una decisión. Con la lectura ocurre lo mismo, nos pueden
obligar a leer en la escuela, en el Instituto, en la Universidad, pero si no hemos
descubierto el placer por la lectura, no sirve de nada.

A veces, es ese maestro o maestra que nos lleva de la mano por el mundo fan-
tástico de los libros y hace saltar la chispa dentro de nosotros , a veces, es ese
cuento que nuestra madre o nuestro padre nos leía antes de dormirnos o en los
ratos libres, (como cuenta a Juan Madrid, en Cuartos oscuro; a veces, es una his-
toria que hemos leído y se nos “ha colado hasta
dentro”, creando en nosotros una especie
de adicción, que nos pide más y más
historias. (Crepúsculo de Stephanie
Meyer).

A veces, es un 23 de abril,
que “sin querer queriendo”
compramos un libro, lo leemos,
nos gusta y ya no podemos pa-
rar. La lectura se convierte para
nosotros, entonces, en pasión,
en devoción, en definitiva, en
un amor.

¿P or qué no puede ser un 23


de abril una fecha importante
para enamorarnos de la lectura?

Ascensión Sánchez Lubián

Fuente Vaqueros
Abril de 2010

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