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La inteligencia es ser feliz

Ser inteligente es usar todas las herramientas posibles para ser lo más feliz qu
e se pueda llegar a ser. ¿Y qué es ser feliz? Es aprender a resolver problemas c
otidianos y complejos, disfrutar al mismo nivel la alegría y la tristeza, estar
lo suficientemente enamorado de ti mismo que puedas reconocer la belleza que te
rodea.
Luego, ser inteligente consiste en comprender quién eres y qué haces por aquí, c
uál es tu origen reciente y absoluto, ser consciente tanto del tiempo que tienes
de vida como de las vidas que se te atraviesan, aun cuando solo sea tangencialm
ente; poder ver tu reflejo en cualquier átomo y organizar bien el tiempo para ap
render, descansar, apreciar, amar, divertirte y hasta para meditar sobre estas c
uestiones.
Ser inteligente o feliz, consiste en poner atención a lo que está pasando y a lo
que te está pasando: desde la oruga sobre la hoja, hasta la guerra aun intermin
able; desde la cicatriz en tu rodilla, hasta el miedo a la soledad.
Pero, para poder poner atención hay que cultivar el cuerpo así como a las planta
s: con cuidado y cariño. El cuerpo es el instrumento que utiliza la mente para r
elacionarse con el universo. Claro, es mucho más que eso, pero si no es menos qu
e una gran fuente de información, donde los sentidos juegan un papel protagónico
.
Y la mente, además de muchas otras cosas más, es flexible: permite imaginar cosa
s que no son, intuir cosas que van o no a suceder, recrear escenarios hipotético
s, listos para convertirse en realidad. Sin embargo y a pesar de su poder maravi
lloso, la mente solo puede hacerse ideas de lo que ve. Por más que el conocimien
to le de fortaleza a esas ideas, no dejan de ser paradigmas, teorías, subjetivid
ades…
Entonces la inteligencia también es pasión. Es el alma que acaricia esas ideas d
e la mente y les da un sentido. Los sentimientos – bien llevados- impulsan las i
deas con la intención de construir. Esa construcción es justamente la felicidad,
pues claro está que ésta no es un destino al cual se llega (como sí pudieran se
rlo la tranquilidad, la paz o la euforia), sino más bien un camino que se recorr
e.
Así, queda sentimentalmente demostrado que la inteligencia y la felicidad son ca
si sinónimos, casi causa y consecuencia, casi socios indisociables, pues la prim
era es la capacidad (humana) para poder adaptarse al mundo de tal forma que solo
se viva en la segunda.
¿Qué tan inteligente eres tu? Solo contéstate: ¿qué tan feliz vives tu vida?
Carlos Villacorta