ICONO: EL BUEN SAMARITANO (LUCAS 10,25-37

)

Se desarrollará esta propuesta de perdón, reconciliación y paz a partir de la imagen y enseñanzas del Buen Samaritano,
el cual revela la actitud de diversos miembros de la sociedad. En este relato sobresale la presencia compasiva y
misericordiosa el Señor en la persona del Buen Samaritano, que se preocupa y se desgasta por todos sin medida y
desinteresadamente, para construir una auténtica civilización del perdón y el amor.
En la Parábola del Buen Samaritano, Jesucristo plantea un camino de sanación a través de una “espiritualidad de paz
y comunión”. Para ser sanados se requiere:
Reconocer: comprender el dolor que causan las heridas que aquejan a nuestro pueblo y que pueden ser sanadas por
la gracia de Dios y el servicio de la Iglesia.
Discernir: Cuáles son los principios que deben guiar nuestra acción de sanación para responder adecuadamente a los
desafíos que la realidad nos presenta.
Ser testigos del evangelio de la misericordia: asumiendo el generoso compromiso de ser discípulos misioneros del
señor.
“Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en una emboscada de bandidos que lo despojaron y después de
apalearlo lo dejaron medio muerto (…)” (Lucas 10,30)
Al lado de la violencia visible hay dos menos visibles:

Violencia estructural:
- Pobreza extrema e inquietud profunda
- Ausencia de garantías para el ejercicio de la ciudadanía
- Ausencia de condiciones para el desarrollo humano integral

Violencia cultural:
- La sociedad colombiana ha interiorizado la violencia y ha permanecido indiferente frente al sufrimiento
de un porcentaje tan algo de víctimas.
- Una cultura que ha legitimado la violencia y que ha hecho que no exista un compromiso efectivo con las
víctimas de las atrocidades y se empeña en cerrar las alternativas para la conversión de los victimarios.
- Algunos símbolos y discursos han desarrollado una ideología cuyo resultado ha sido impedir que se
levanten voces críticas frente a la violencia directa o a la violencia estructural o que se puedan expresar
quienes proponen una sociedad acorde con los valores del Evangelio.

Violencia digital: bullying, acoso, sexting, entendido como costumbre cada vez más extendida entre los adultos
jóvenes de enviar mensajes o fotografías sexualmente explícitas mediante los teléfonos móviles.

Distintas caras de un mismo rompecabezas
-

La violencia de los grupos alzados en armas que luchan abiertamente contra el Estado desde diversas
ideologías o motivaciones.

-

El desplazamiento forzado
La violencia contra las mujeres
El sistema educativo, el cual ha jugado un rol importante sea en la construcción de la paz o en la
perpetuación de la violencia cultural.
La corrupción, que se catapulta como una de las formas de violencia social más agresivas que afectan la
paz y el desarrollo de manera directa.

-

La historia del país ha estado atravesada por distintas formas de violencia, vinculadas en una porción significativa a la
confrontación entre grupos armados por el control territorial y poblacional. Sin embargo, en la mayoría de los casos,
la violencia muestra otro rostro menos mediático, pero igual de preocupante: el mapa de la violencia general abarca
distintos escenarios que se mueven entre la violencia interpersonal e intrafamiliar, hasta una red con múltiples caras
que se entrelazan y retroalimentan.
Raíces de la violencia
Raíces espirituales. La violencia tiene su origen más profundo cuando el hombre se aparta de Dios, cuando el corazón
humano busca sus fines lejos de Dios hiriendo, abusando, dominando, destruyendo y ultrajando.
Raíces en la subjetividad. La agresividad irracional se manifiesta en la intolerancia y el desconocimiento de la dignidad
humana propia o ajena. Las micro-violencias están en la raíz de las violencias mayores.
Raíces objetivas. Las condiciones de exclusión, discriminación y marginación personal y grupal e incluso regional crean
condiciones de frustración y truncan los planes de vida personales y grupales.
Ausencia de pensamiento crítico. Medios que exaltan actitudes y comportamientos que representan modelos de
relaciones no pacíficas. Este sistema cumple la tarea de legitimar la violencia.
La ausencia del Estado. No hay presencia de este con servicios y una forma creíble de tramitar los conflictos. Un
aparato de justicia débil y corrupto fomenta el deseo de tomar venganza por mano propia.
Raíces estructurales. En el conjunto de valores y normas se insertan factores generadores de violencia por la negación
de las necesidades humanas.
El mal uso de la libertad y el alejamiento de Dios producen en el hombre una cuádruple ruptura:



El hombre vive la ruptura con Dios, expresada en el miedo y el alejamiento;
Vive también la ruptura consigo mismo, que se manifiesta en la rebelión y en los desequilibrios producidos al
interior del hombre;
Se origina la ruptura con los otros seres humanos, la que se hace visible en las nuevas relaciones de conflicto;
y por último,
Se da la ruptura con la creación; el universo visible se hace para el hombre extraño y hostil (Gn 3,17.19)

La salvación ofrecida por Dios y realizada por su Hijo, aparece como acción de reconciliación que sana estas rupturas
(C.I.C. 399, 400)
“Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, se desvió y pasó de largo. De igual modo, un levita
que pasaba por aquel sitio, al verlo, se desvió y pasó de largo (…)” (Lc 10,31-32). Este camino se llamaba “el camino
de la sangre”. Son 27 kilómetros, que más que un espacio físico que divide dos poblaciones, representa dos actitudes
opuestas:
Los que pasan de largo, y os que interrumpen su camino para ocuparse de las víctimas. Estos últimos se hacen
responsables del dolor y lo asumen como propio.
Actitudes opuestas ante los rostros de la violencia

La indiferencia: las relaciones humanas caen en una red cada vez más rígida, anónima, lejana, extraña, incapaz
de identificar rostros, en su lugar sólo hay cálculos, montos, cuantías.
La desconfianza: Cualquier cercanía con “el otro”, es percibido como amenaza o invasión; nace así a la
tendencia a encerrarnos en nosotros mismos, a desconfiar de los demás, a rechazar consciente o
inconscientemente la apertura y la disponibilidad.
Escapismo: surge la tendencia a delegar en otros las propias responsabilidades. La negativa a asumir nuestra
propia misión rompe drásticamente la comunión con los hermanos y nos niega el acceso a aquellos que Cristo
ha llamado dichosos (Mt 5,3-12).

ACTITUDES POSITIVAS ANTE LOS ROSTROS DE LA VIOLENCIA
“Pero un Samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y verlo, tuvo compasión (…)” Lucas 10,33

Solidaridad

Es necesaria una actitud de solidaridad, alimentada por una visión clara y una práctica generosa de la comunión y de
la pertenencia eclesial. Así mismo es necesario crecer en una relación de la vida y la fe de la Iglesia con la realidad
social y política del país, para incidir en la sociedad con la luz y la fuerza del Evangelio.
La pasión por la reconciliación y la paz, están estrechamente unidas a la pasión por la verdad, el encuentro y la
fraternidad. El Samaritano sintió que se conmovieron sus entrañas, se trata de una experiencia intensa, que le abrió
los ojos para reconocer al otro, para hacerse prójimo. Dios despierta en nosotros entrañas de misericordia y nos ayuda
a reconocer los caminos escondidos por los cuales se abren ante nosotros el perdón, la reconciliación y la paz.

Fraternidad

Sobre el fondo del amor a Dios se funda el amor al prójimo, (1 Jn 4,20), bajo una clave antropológica: cada persona es
mi hermano, ello le da plenitud a la dimensión cristológica de los discípulos misioneros llamados a amarse como Cristo
los ha amado y hace visible de una manera especial la dimensión eclesiológica del amor de los discípulos en la
comunidad, que se hace profecía en un mundo lleno de odio y violencia.

Perdón

Jesús enseñó a sus discípulos el perdón, y quiso que su Iglesia fuera signo e instrumento de su designio de
reconciliación, haciéndola sacramento “de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG, 1).
En virtud de esta misión, el misterio apostólico es “misterio de reconciliación”, ya que, reconciliado con Dios y con los
hermanos, está llamado a construir la paz con la fuerza de la verdad, la justicia y el amor.
SER TESTIGOS DEL EVANGELIO DE LA MISERICORDIA
“El Samaritano, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; luego lo montó sobre su propia
cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él (…)” (Lucas 10,34). “La misericordia es la viga maestra que sostiene la
vida la Iglesia (…) la credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo” (MV 10)
El texto nos ofrece las siguientes acciones concretas:
“Se acerca”: acercarnos a las víctimas y a los victimarios implica disposición a escucharlos, creatividad para tomarlos
de la mano y ayudarlos a pasar de su condición de víctimas a la de sobrevivientes y de su realidad de victimarios a
reparadores del sufrimiento de sus víctimas, de forma adecuada a las diferentes circunstancias de cada una de ellas.
No podemos olvidar que la reconciliación genera y alimenta sentimientos de generosidad y compasión, que deben
tener un lugar en las diferentes orillas, para romper con el espiral de violencia y alcanzar la reconstrucción de las
relaciones personales.
La vivencia de la reconciliación nos aleja de la indiferencia, no hay razones para sentirnos excluidos del dolor que los
conflictos dejan en la vida de las personas, de las comunidades y de la sociedad. En la propuesta de la parábola, amar
significa, cortar distancias, favorecer el encuentro. La sociedad frente a la realidad de las víctimas debe salir de si e ir
al encuentro de quienes han sufrido las consecuencias de la injusticia social y deben experimentar los mejores
momentos de la profecía de Oseas “Mi corazón se agita dentro de mí, se estremece de compasión” (11,8)
“Vendó sus heridas, curándolas con aceite y vino (…)” (Lucas 10,34): los elementos del aceite, el trigo y el vino, son los
alimentos esenciales con que Dios sacia a su pueblo fiel (Dt 11,14). El aceite aparece como una bendición divina (Dt
7,13) y su abundancia es signo de salvación y de felicidad escatológica (Os 2,24); el aceite es también un ungüento que
perfuma el cuerpo (Amos 6,6), fortifica los miembros (Ex 16,9) y suaviza las llagas (Is 1,6); finalmente es fuente de luz,
(Ex 27,20;Mt 25,3-8).
En consecuencia, el aceite es símbolo del amor, de la amistad y de la dicha de la unión fraternal (Sal 133,2), es símbolo
de alegría. La acción de curar las heridas de la víctima en el contexto espiritual y material, indistintamente de su
origen, es decirle yo soy instrumento de la inmensa y paternal caridad con la que Dios te ama.
La víctima y el victimario por caminos distintos deben llegar a un puerto común: Jesucristo “príncipe de paz” (Flp 2,14)
y alimentados con el Pan de la Eucaristía (Juan 6,35) ser constructores de una sociedad reconciliada capaz de vivir en
paz. Curar las heridas de las víctimas de hoy, es una oportunidad para actualizar el memorial del sacrificio de Cristo
que es fuente de salvación y de gozo eterno (1 Cor 11,25).

“Lo montó sobre su propia cabalgadura (…)” (Lucas 10,34): amar es ofrecer nuestro propio puesto, saliendo de nuestra
comodidad, y ponerse en el lugar del otro; asumir la posición del que sirve. La ayuda al hermano implica cederle
nuestro lugar, esto indica un compromiso de fondo: amar es saber ofrecer nuestro propio puesto, saliendo de nuestra
comodidad, y ponerse en el lugar del otro. Es así como uno se hace prójimo: con hechos concretos, no sólo con
palabras. Se trata de “hechos” que le duelen al que los hace. Llevarlo en su cabalgadura significa que lo acompañó
en el momento y previó el después hasta que la víctima se redime y vive la experiencia de ser reconocido en su ser y
dignidad. Jesús dice claramente que en la práctica del mandato del amor lo que importa es el “hacer”: “Haz tú lo
mismo”. Este “hacer” es la “práctica de la misericordia” (10,36).
Tomado del libro Artesanos del Perdón, la reconciliación y la paz de la Conferencia Episcopal de Colombia

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