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Un fruto que agrada

Juan 15:1-7 enmarca la parábola de la Vid. ¿Qué es la Vid? Según la Biblia el
Diario Vivir (2000) dice que La vid es una planta prolífica; una sola vid produce
muchas uvas. En el Antiguo Testamento, las uvas simbolizaban la capacidad de
Israel de llevar fruto haciendo la obra de Dios en la tierra. En la comida de
Pascua judía, el fruto de la vid simbolizaba la bondad de Dios para con su
pueblo. El pámpano deriva de la cepa de la vid la savia que hace posible que
produzca uvas (Diccionario Nelson 2001)
Una viña se compone de muchas plantas llamadas Vid. Ha escuchado el dicho:
hay de todo en la viña del Señor, de lo anterior es que habla el dicho. Lo
destacable de la comparación que hace Jesús como la Vid verdadera y el
hombre o mujer como el pámpano es que si permanece o no el pámpano en la
vid entonces llevará fruto, sino lo hace, entonces se secará y el labrador, que
es comparado con Dios, desechará lo seco y lo que no lleva fruto.
Juan el bautista, en su diálogo con los judíos dice: ¿Quién les enseñó a huir del
enojo de Dios? hagan frutos dignos de arrepentimiento para que la gloria de
Dios se haga visible en ustedes. Esto aplica a muchos religiosos que en lugar
de enseñar a huir del enojo de Dios, sólo muestran el lado noble de Dios
olvidando plenamente que es un Ser Justo, Limpio y sobre todo Soberano, que
no ajusta a nuestros pensamientos. Sería muy cordial que ajustara a nuestros
pensamientos, si así fuera entonces no sería Dios, se nos olvida de repente que
es un Ser Supremo.
De lo anterior, uniendo ambas líneas de pensamiento quiere decirnos la Biblia
que; si se permanece en comunión con Jesucristo, entonces daremos frutos
dignos de arrepentimiento y por ende nuestras obras serán visiblemente
aceptables tanto a Dios, como a la sociedad. La persona que no hace el bien a
su semejante, no está en comunión con Cristo y si no lo está, entonces es
enemigo de Dios y por tanto Dios sigue enojado con tal persona. Ni la misma
iglesia puede salvarle del enojo de Dios, sólo Jesús transforma la condición
humana y lo habilita para cumplir con sus mandatos más grandes: Ama a Dios
sobre todas las cosas, y Ama a tu prójimo como a ti mismo.
El final del diálogo es este; los hombres y mujeres que somos falibles
necesitamos a un Jesucristo que junto a Él estaremos reverdeciendo en frutos
dignos. Las diferentes filosofías y pensamientos te podrán apoyar en mejorar
algunos aspectos de tu vida. Pero Transfórmala, sólo Jesucristo. Permanece en
Él y Él en ti para que entonces lleves fruto agradable delante de Dios que su
gloria llena la plenitud de la tierra.