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MIREN, LEAN Y SUEÑEN

Autoras:

Os invitamos a detener la mirada en algunas de las imágenes fotográficas que podéis encontrar en las páginas de la
colección Maestros de la Fotografía que se encuentra en los estantes de la biblioteca de nuestro centro, esperando
activar tu emoción y tu pensamiento. Cada fotografía elegida aquí ha sido contemplada de un modo que ha dado frutos
inesperados. (Departamento de Educación Plástica y Visual)

La mirada verde
Refugiada Afgana en Pakistán, Steve McCurry ,1984.

Por: Amina El – Maaloumi

McCurry fue un fotoperiodista, que dedicó toda su vida a la


fotografía. Tras haber formado parte de un periódico decidió
trabajar por libre y viajar por todo el mundo. Se centró
bastante en Asia, donde fue tomado este retrato. Gracias a ella
se hizo más famoso, dado que un año después de haberla
tomado se publico en el National Geographic.

Nos encontramos ante el retrato de una joven en un campo de


refugiados que transmite una gran dureza y tristeza. La
tristeza, la transmite por medio de sus ropas rotas, viejas y
bastante sucias; su cabello algo alborotado (lo que hace que
pensemos que lo físico no es algo muy relevante); su cara algo
sucia muestra que la higiene que tienen no es muy buena y puede
sufrir más de una enfermedad, incluso alguna mortal; todos
estos factores denotan pobreza, y a la vez, nos entristece. La
dureza que nos comunica nos llega a través de su verde mirada:
observa al espectador, dando una sensación de quietud, como si
nada de lo que le fuera a ocurrir le pudiera hacer venirse abajo.
Me lleva a creer que es una joven luchadora y fuerte
moralmente.

Probablemente esta joven ha sufrido mucho a su corta edad.


Hace pensar que no gozará de una larga vida dado que en
Afganistán siempre están en guerra y tienen una cultura un
poco machista.

El día que llegue a casarse puede que lo haga en contra de su voluntad; quizás la vendan por unas cuantas vacas, o
también puede ser un matrimonio concertado entre familias, en la que salgan ganando las dos partes. Dada la forma
en la que han sido criados lo más probable es que el marido la maltrate o abuse sexualmente de ella, y hasta no
dejarle salir de casa. Seguramente tendrá bastantes hijos debido al bajo consumo de anticonceptivos. Al tener
tantos hijos aparecerá el momento en el que no los pueda alimentar. Pero también puede darse el caso de que venda
alguno de ellos o los explote. Conclusión en su vida lo que se dice no tendrá un camino de rosas.

Steve McCurry tomó este primer plano de la cara de la joven, jugando con el fondo para resaltar más la mirada
poniendo un fondo acorde con sus ojos verdes. A lo mejor fue tomada en un espacio natural. Es una foto llena de
melancolía. Al final queda una composición muy simple; un fondo y la joven, no más, y sin embargo a la vez dice
mucho.
En un lugar de La Habana…
El Quijote de la farola, Alberto Korda, 1959, en la plaza de la Habana.

Por: Melina Queral Llach

La imagen fue tomada el 26 de julio de 1959 en la plaza de la


Revolución en la Habana durante la celebración del sexto aniversario
del ataque al cuartel de Moncada.
En la fotografía aparece en primer plano un hombre, vestido con unos
pantalones, una camiseta blanca y una camisa por encima, botas y un
sombrero de color claro (no se puede apreciar bien el color ya que la
imagen está en blanco y negro) con la bandera cubana cosida en el ala,
sin duda un campesino debido a su vestimenta. Este señor está
fumando encima de una farola en la plaza sobre una marea de gente
que se reúne para la celebración. El hombre de la farola marca una
dirección vertical, sobre la horizontal del resto de gente que está
abajo.
Es un hombre delgado, pero para ser un campesino tiene planta de
marqués. Supongo que se sentirá así por su lugar privilegiado en la
reunión.
Se puede llegar a imaginar el jaleo que provoca el gentío y el agobio
que sienten esas personas. Hay mucho contraste entre el poco espacio
que tiene la multitud de abajo y todo el que tiene el señor de la farola,
parece que él esté como en una cápsula donde no llega el jolgorio ni el agobio. Podría ser que a esta imagen le hayan
puesto ese título por la apariencia y postura en la que el hombre está sentado en la farola. Pienso que el título le va
como anillo al dedo. Mirándolo bien, ese señor se asemeja a un don Quijote de la Mancha del siglo XX, delgado y
esmirriado con esos ropajes, pero con aires de señor, y la farola parece su blanco, enclenque y raquítico caballo
Rocinante.
El autor, Alberto Korda, nació en La Habana en 1928 y estudió economía y ciencias empresariales, pero al final se
dedicó a la fotografía, Korda hizo una de las fotografías más famosas del Che Guevara, en la que aparece con la
boina calada.

¡Fue testigo!
Víctima de un bombardeo, Agustí Centelles, 1937, Lérida.
Por: Guylaine Piquer Hernández.

En la imagen tomada vemos un hombre tirado en el suelo muerto,


posiblemente fusilado.
Hay una señora de rodillas con una mano recogida en el cuerpo y otra
extendida con un pañuelo, tal vez sea la mujer del hombre muerto, y con
la mano parece que vaya a tocarle la cara e intentar curarle, aunque ya
poco puede hacer. A la izquierda por el margen superior hay un brazo con
la mano abierta, como para recoger y apoyar a la mujer dolorida por lo
que ha pasado. Detrás de esa gente hay como una plaza de toros, el suelo
es de tierra y piedras.
Las formas tienden a lo orgánico; son cuerpos humanos y expresan
sentimientos de tristeza, agonía, angustia…

Los tonos, una escala de grises, entre los que destaca el negro de la
vestimenta de la mujer que lleva una falda larga, una camisa y una
chaqueta de punto. También puede ser que el hombre vaya vestido de
blanco y negro, con la ropa de diario. Quizás al caer quedó sucia. La he
elegido porque nos puede transmitir una tristeza grande y nos muestra
como era la vida en la Guerra Civil española. Nos recuerda y también nos
hace pensar lo mal que lo tuvieron que pasar las familias que vivieron esa
época y también las circunstancias que no eran nada fáciles y muy violentas. Poca gente se salvó y hoy en día pocas
familias tenemos la suerte de poder tener en vivo la voz de algún ser querido que nos explique como fue y las
experiencias que tuvieron. Es un recuerdo para nunca olvidar, pero también con todo lo que pasaron podemos
aprender a que hay cosas mas impactantes y duras que las de nuestra vida cotidiana.

Agustí Centelles nació en Valencia y empezó su carrera como foto-periodista en Barcelona. Al tener su propia
cámara Leica, se estableció por su cuenta y trabajó para la mayoría de rotativas en Barcelona. Sin duda fue el
foto-reportero español más conocido de los que cubrieron la Guerra Civil. Con su Leica fotografió combates del 19
de julio en las calles de Barcelona, fue testigo presencial de las batallas de Teruel y Belchite y recogió también
escenas de la vida en la retaguardia. Sus instantáneos tuvieron gran difusión en la prensa republicana e
internacional y tras atravesar la frontera francesa, Pudo realizar su trabajo reproduciendo las duras condiciones
de vida de sus compañeros de exilio en el campo de internamiento.

Dos niños, dos mundos


A Orillas del Silver Lake, W.Eugene Smith, realizada en Nueva York, 1950.
Por: Beatriz Lázaro

La foto muestra al hijo del fotógrafo, Patrick, que


tumbado en una roca explora las aguas del lago. En el
agua muestra su cuerpo reflejado: pelo rubio, de
constitución débil y piel clara, a causa de la luz que
ilumina todo su cuerpo. Posiblemente la fotografía la
realizó en verano ya que tiene el dorso descubierto y
viste unos pantalones cortos, a cuadros.

El lugar me transmite soledad, un sitio con muy poca


luz, tranquilo, escondido en algún hueco profundo, de
aguas cristalinas. El niño toca el agua con la mano con
curiosidad. Me da la sensación que ha visto algo en
ella y quiera alcanzarlo con los dedos o solo desea
tocar su imagen en el agua. Quizás utilizaba ese lugar
para estar a solas un tiempo, vivir aventuras
peligrosas y descubrir cosas nuevas ya que parece un
sitio muy mágico en el que pasar toda una tarde ocupado jugando como lo que es, un niño.

La fotografía es en blanco y negro. En ella predomina la dirección horizontal que transmite quietud. La imagen me
recuerda mucho a una película infantil en la que el niño desea con todas sus fuerzas no hacerse mayor. En el país de
Nunca Jamás, Peter Pan enseña a la niña, Wendy, un lago donde ven cosas mágicas y mientras vuelan tocan el agua
con las manos. Si ponemos la imagen en vertical, parece que el niño tenga un espejo enfrente y que con la mano lo
atraviese tocando su rostro. Se miran fijamente a los ojos el uno al otro. Dos niños iguales pero a la vez diferentes,
dos mundos, uno real y otro fantástico.

W. Eugene Smith, era un experimentado reportero de guerra estadounidense. Había observado en la batalla de
Saipán los efectos de la guerra sobre inocentes criaturas. Las heridas físicas y morales lo tuvieron apartado un
tiempo de la fotografía. Luego, decidió volver a su profesión pero no quiso tomar imágenes de guerra, sino… acabar
su colección con fotos de sus dos hijos, Patrick y Juanita.
La aldea perdida
Anochecer en Hernández, Nuevo México, 1941

Por: Débora Moliner

Ansel Adams nació en Estados Unidos, fue pianista y


después experto en técnicas de laboratorio e impartió
clases de fotografía.
Esta imagen nos muestra un plano general. La mayor de
la imagen esta en negro que es el cielo anocheciendo. A
lo lejos se aprecian unas montañas iluminadas y en
algunas de ellas tienen nieve por encima.
Sobre las montañas , en el cielo, podemos observar unas
nubes blancas que parece que vaya a llover. Si
observamos mas detalladamente podemos ver unas
casas, una junto a la otra formando una pequeña aldea
en medio de la montaña. Los inviernos deben de ser muy
fríos y los veranos muy calurosos.
Alrededor de las casas distinguimos un cementerio
donde hay mas tumbas que casas. Me imagino que la vida seria muy aburrida ya que el paisaje da la sensación de que
esta muy deshabitado.
Esta imagen nos transmite paz, soledad, serenidad y mucha tranquilidad, parece estar alejado de todos y de todo.
Este lugar es perfecto para la meditación. Anochece en Hernández y sale la luna, se siente sola, quizás haya alguien
mirándola o solo nosotros desde la lejanía.

Un sueño de verano
El Vagabundo, Brassaï, 1935, Marsella.
Por: Raquel Sánchez

El autor de la fotografía, de origen húngaro nacionalizado


francés, frecuentó los estudios de Matisse, Miró, Picasso y
Giacometti, entre otros. Sus imágenes fueron protagonizadas por
los héroes anónimos de la sociedad parisina de los años 30
(prostitutas, delincuentes, alcohólicos, trabajadores), personas
que, hoy en día, son tan insignificantes para el mundo como el
misterioso y frágil vagabundo.
Pero esa gente no está sólo en la sociedad parisina, podemos
encontrarlos en cualquier calle a cualquier hora, sin importar la
ciudad o la época.

Cuando miramos la imagen, lo primero que vemos es un hombre


tirado en el suelo, huesudo y harapiento, medio dormido, debajo
de un enorme cartel de comida en una calle sucia bajo el sol del
mediodía.
En la parte superior de la fotografía aparece un trozo del cartel
en el que está dibujada una ensalada y una botella que vierte un
líquido sobre ella como si fuese una salsa o un aliño. En la parte
inferior vemos al vagabundo, como la otra parte de la balanza,
tumbado, con su ropa sucia, su piel curtida, la barba desaliñada y
los zapatos medio rotos, durmiendo con resignación. Hay mucho
contraste entre tonos oscuros y claros. Las formas tienden a lo
orgánico, excepto el elemento geométrico (la línea) que separa el cartel del hombre, dándole el sentido a la
fotografía como el de dos escenas totalmente distintas.
La he elegido porque representa muy bien la diferencia entre la opulencia y la precariedad, como un mundo dividido
en dos. Además, sale a nuestro encuentro un sutil pero significativo juego de opuestos: aunque la imagen del
anuncio es más grande, la más impactante es, sin embargo, la que muestra al flacucho hombre, menor en relación al
tamaño. También da la sensación de que el pobre vagabundo dormido está soñando con zamparse una buena
ensalada. Y eso es algo que nos hace pensar en quién será el hombre, de dónde procede y por qué está tirado en la
calle. Tal vez sea una persona a la que la vida a tratado a patadas, que ha perdido su trabajo quién sabe por qué y al
que nadie le espera al volver a su hogar, si lo tiene.
Da la sensación de que es verano, pero a él no le debe importar mucho por la forma en la que duerme con la mano
encima de sus ojos, escudándolos de la brillante luz del sol.
Forma parte de ese grupo de perdedores que la sociedad margina sin razón aparente, uno de los millones de "sin
techo" que aguarda un bocado con sumisa desesperación, tan infinitamente pequeño y frágil que a nadie le llama la
atención su estado.
Pero, si ese hombre no hubiese sido fotografiado de esa manera y nosotros simplemente hubiésemos pasado por su
lado, ¿nos habría llamado la atención de la misma manera? Quizás lo único hubiésemos sentido se puede resumir en
una palabra: indiferencia.

Estampa familiar de los Carza-Ruiz


Escena Familiar, W. Eugene Smith año 1950
Por: Andrea Barrachina

Al hojear un libro de fotografías donde aparecía esta


escena, me quedé impactada al ver como vivían en mi
país los ciudadanos de los años 50, en los cuales han
vivido mis abuelos.

Esta imagen fue publicada por el conocido fotógrafo W.


Eugene Smith. Éste la tomó en 1950 y la tituló “Escena
familiar “, la realizó en el pueblo de Deleitosa en
Cáceres y en este plano de conjunto aparecen cuatro
personas: dos adultos (una mujer y un hombre) y dos
niños. La forma de vida de aquella época era distinta a
la de ahora y vivían en condiciones peores.

Los tonos de la imagen van desde un intenso negro de


las patas del asno pasando por diferentes tonalidades
de gris como las paredes y suelo hasta llegar a un blanco puro como el de la camisa de Felipe, los trajes de las niñas
y la palangana.
En la imagen se ve como vivían las familias en los años 50, en este caso la compuesta por Felipe Carza, María Ruiz y
sus dos hijas. Las casas estaban hechas con piedras y se aprecia que no estaban en buenas condiciones,
comparadas con la España de la actualidad. Las calles estaban sin asfaltar, los medios de transportes eran simples
animales, como el asno que aparece en la fotografía. Las condiciones higiénicas eran pésimas ya que no había
desagües como ahora y no se nos ocurriría tirar un cubo de agua en medio de la calle como hace la mujer en la
instantánea; los niños parece ser que van sucios, al igual que los padres, porque las ropas que llevan parecen
harapos. Van descalzos por esas calles sin asfaltar, llenas de piedras puntiagudas, lo que sigue dando la sensación
de pobreza, a excepción del padre que lleva unas alpargatas, el cual parece que acaba de llegar de trabajar.
Posiblemente no tienen ni electricidad ni agua corriente, y tampoco desagües, como ya he dicho antes, de ahí que
tiren el líquido transparente de la tinaja.
Al ver esta instantánea me han venido a la memoria fotos que hay en casa de mis abuelos cuando vivían en un
pueblo de la Sierra Espadán. Mi abuelo me ha contado muchas veces como vivían entonces, con algunas carencias,
pero siempre vistas desde la nostalgia, de ahí algunas de las opiniones expuestas por mi misma.
Con ánimo de parodiar
Pacifista en una manifestación contra la Guerra de Vietnam,Dennis Stock, 1968
Por: Sandra Dermark

Se ve a un oficial militar treintañero de plano americano contra una


pared y una ventana (la ventana remata a la altura de sus hombros),
asiendo con la mano derecha un periódico con los titulares Guerra es
de muy mal gusto y General desecha más tierras (en inglés).
Los galones de su uniforme, si se ven de cerca, resultan ser aviones
de hojalata, pins y pasamanería. Destaca el Concorde que,
ostensiblemente, decora la gorra de plato. Hasta los botones de la
guerrera se podrían haber sacado de un costurero. En conjunto, da
la impresión de ser alguien disfrazado de militar, y no de ser un
militar auténtico.
La pose es melancólica (nótense los hombros caídos y la mano
izquierda), pero la expresión facial denota incerteza y preocupación.
Esta foto la tomó Dennis Stock de un manifestante contra la Guerra
de Vietnam, que enfrentó a USA con Vietnam durante los años
sesenta y setenta.
A finales de los sesenta, surgieron una serie de respuestas sociales
contra la guerra; como el movimiento Peace & Love, Woodstock, el
New Age o los Veranos del Amor. Millares de adeptos de dichos
fenómenos se manifestaron delante de los cuarteles y del Pentágono
por una causa que, en la actualidad, hemos de defender con igual
fervor.

La espera
Niños en un campo de refugiados, Henri Cartier-Bresson, 1945, Alemania.
Por: Balma Carbó

El autor era un hombre francés que se dedicó inicialmente


a la pintura, pero poco a poco se adentró en el mundo de la
fotografía. En 1932, el fotógrafo, hizo su primer
reportaje, y al ver que sus resultados eran mejores de lo
que esperaba, se dedicó a la fotografía por completo. Fue
entonces cuando tomó esta imagen.
La hizo en el campo de Dessau, entre la zona soviética y la
zona americana de Alemania, a finales de la segunda guerra
mundial, fue el conflicto armado más grande y sangriento
de la historia mundial, en el que se enfrentaron las
Potencias Aliadas y las Potencias del Eje, entre 1939 y
1945. Fuerzas armadas de más de setenta países
participaron en combates aéreos, navales y terrestres. Por
efecto de la guerra murieron unos sesenta millones de
personas. Como conflicto mundial comenzó el 1 de septiembre de 1939, para acabar oficialmente el 2 de
septiembre de 1945.
La fotografía en si es muy dramática, las caras de los niños reflejan una sensación de tristeza y pobreza, pues no
tienen comida y eso les angustia. Los vasos y jarras que llevan en sus manos son de metal y parecen ser muy viejas.
También hay un brazo de una señora mayor que lleva dos anillos en un mismo dedo, con su mano sujeta también una
jarra de metal. Los niños que aparecen tras las rejas salen de cintura para arriba, en un plano medio. Los niños
quieren escapar, y las rejas a la que los niños se apoyan parecen grasientas y viejas, pero aún así resisten, y eso
hace que no puedan huir. En la fotografía aparece mucho contraste entre tonos más claros y más oscuros.
Esta imagen me recuerda mucho a la película de El niño con el pijama de rayas, por la situación a la que están
sometidos estos niños.

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