Está en la página 1de 1

Promesas incumplidas

(Un relato verídico )

De pequeño escuche una vez a mi padre aseverar con


firmeza: "lo que se promete se cumple". A lo largo de los
años se lo volví a escuchar decir repetidas veces. Habiendo
llegado yo a una edad en que mis pensamientos me
llamaban a reflexionar entendí que esta frase de mi padre
era muy lógica. Siempre existirá la posibilidad de no
prometer. Si uno promete y no va a cumplir ¿qué sentido
tiene el haber prometido? Pero su actitud frente a este
principio se había convertido en una especie de religión.
Una vez que prometía algo lo veía realizar esfuerzos
desmedidos para cumplir con su promesa. Recuerdo una
oportunidad en que llegó al extremo de jugarse su propia
vida antes que incumplir con una promesa que me había hecho. Yo no sabía si sentir
lástima o admirarlo. Lo cierto es que viví una vida amando este principio que él me
había enseñado. Esto ocasionó que yo siempre cumpliera todas mis promesas. Pero al
menos, creo haber atinado en seleccionar muy bien qué era lo que prometía. Y
siempre pensarlo dos veces antes de que se escuchara de mi boca la sagrada fórmula.
Debo reconocer que hoy soy más permisivo conmigo mismo y aunque no voy por allí
repartiendo promesas por doquier me he dado cuenta que somos humanos y no dioses.
O dioses que se pueden equivocar. En definitiva, si he prometido algo con la absoluta
sinceridad e intención de cumplir y por alguna circunstancia ajena o no a mí, no he
podido hacerlo, no perderé el sueño ni entraré en una peligrosa crisis como le ocurrió
a mi querido padre cuando a las cuarenta y ocho horas de haber dejado de fumar de
manera drástica en virtud a una promesa que me había hecho, comprometía su salud
y su propia vida antes que incumplir con ella. Ante el evidente cuadro de pedido de
toxina por parte de un organismo largamente intoxicado (fumaba aproximadamente
60 cigarrillos por día durante los últimos veinte años) y luego de la consulta con un
médico, fui yo mismo quien le pidió que volviera a fumar, aunque nunca con la
misma intensidad de antes. Así fue como juntos ideamos un programa de
desintoxicación paulatina que comenzó con ocho cigarrillos diarios. Luego de un par
de meses fumaba sólo cinco, el primero al mediodía y después del almuerzo. Demás
está decir que no debí hacer ningún tipo de control. El paciente cumplía con su nueva
promesa al pie de la letra. Luego de un año ya no fumaba y no volvió a hacerlo nunca
más. Se sentía orgulloso de haberlo logrado y poder disfrutar de la vida. Y yo, de
tenerlo vivo. Esto ocurrió cuando mi padre promediaba los sesenta años. Vivió hasta
.los ochenta y tres

(.A vos, papá, recordándote con amor (Q.E.P.D

Todos los libros, cuentos y trabajos


del autor poseen descarga gratuita
y los podrás encontrar en algunos de los siguientes sitios:
http://libroabiertorudyspillman.blogspot.com/
http://stores.lulu.com/store.php?fAcctID=899114
http://www.scribd.com/people/documents/310971
http://www.bubok.es/autores

Todos los derechos reservados.


Standard Copyright License© 2010

Intereses relacionados