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ANDALUCIA 0.” “* HISTORIA CAJASDE AHORROS BN ANDALUCIA kena etd AONE ste nimero de ANpaLucia en fa Historia dedica su tema cential a una de las figuras mas importantes de la lustracion andaluza ~Pablo de Olavide— y a su obra mis emblematica ~lacolonizacién de Sera Morena, al cumplise el segundo el fuego sobre parte de la fila enemiga, haciendo que ls unidades propias navegasen mis préximas entre s{ de forma {que superasen numéricamente —y por tanto en niimero de bocas de fuego— localmence ala parte de la flota enemiga sobre la que se decidia concentrar el fuego. Hay que tener en cuenta que las piezas artilleas no eenfan ms que un ‘estrecho sector de tro de alrededor de cuarenta grados, Dibujo con las formaciones de las dos armadas al final de Ja batalla (detalte). The Newberry Library de Chicago, French Marine, Sig. 436. ten en cronista fel de lo acontecido: ses estado consuuniendo en la dicha miso, después de dadas las diez, se oy6 grande cstruendo de arilleria fente de esta cia- dad, en el golf, que horrortaba porque hacia tembiar los edificis de esta ciudad y se cayeron algunos vidros (sic) de las vidrieras de esta Santa iglesia, Se concluyé y acabé la mise. Se dijo una solemne rogacign ... acudié mucho con- curso de gente a pedir a S.M. por el buen suceso de as armas catéica. ¥ duré el combate sin cesar desde dicha hora hasta las site dela noche, que fueron nueve horas. ¥ a la oracién ess la batalla con la noche Prosegu‘a el documento anterior afir- mando que en lot dias sucesives, ambas flotas estuvieron una ala vista de Ia otra, ala espera de buen tiempo ‘para lograr la ocasién de otro combate, porque lade los enemigos lo excusa y huye de la armada francesa. El desarrollo de la lucha fue intenso y en ella participaron la mayor parte de los navios que integraban los. dos Andalucia en ia Historia 57 bandos. Un completo expediente conservado en la The Newberry Library de Chicago, basado en las informaciones de un oficial francés que vivid la jornada en una de las naves, explica de manera derenida las posiciones de los buques, su nimero y Ia forma en la que fueron manio- brando a lo largo de aquellas intensas horas, Basindonos en tan importante testimonio, conocemos que la escua- dra combinada de Inglaterra y Ho- Janda present su defensa en linea, eal y como era habitual en la estrategia naval de aquellos tiempos. La reta- guardia estaba formada por 20 buques bajo ef mando del almirante holandés Callenburg, una vanguardia de 27 barcos en dos divisiones, comandadas por Cloud, Shovel y Leak, y un cuerpo central de 18 bajo las érdenes directas de sir George Rooke. En total 65 navios, mas algu- 58 Andalucia en ia Historia LAS INFORMACIONES QUE TENIA EL CONDE DE TOLOSA SOBRE LA FALTA DE MUNICIONES EN LOS BUQUES INGLESES POSIBLEMENTE INFLUYERON EN SUS DECISIONES nas embareaciones menores de apoyo logistico y aprovisionamiento, La francesa, por su parte, presentaba una linea similar. La retaguardia, mandada por el marqués de Lan- gueron e integrada por 17 buques, el cuerpo central por el conde de Tolosa con 16 y la vanguardia del marqués de la Villette también con 16. En conjunto unas 49 naves de guerra, mas un niimero indeterminado de navios auxiliares, entre los que se contaban unas galeras espaiiolas al mando del duque de Tursi. Divisados los barcos britanicos, la armada francesa derroté a sotavento. Posiblemente, tan atriesgada manio- bra pretendia cortar el paso dell flora enemiga en una hiporética hacia Gibraltar. Las informaciones aque tenia el conde de Tolosa sobre la acuciante falta de municiones en algunos de los buques ingleses posi- blemente influyeron en una decisién como ésta, Insistiendo en esta iiltima cuestin, el comandante escocés lord Archivaldo Hamilton, que particips activamente enla lucha a bord del navio Eagle afir- smaba: El enemigo se recobré nuevamente en la vanguardia y entonces, los bugues que habian efctuado cl servicio de bombardeo de Gibraltar comenzaron @ estar faltos de uniciones y yo entre ellos, ya que sobre las tres de a tarde tena ecasamente unos disparos en mi bugue. Cafién y curefia «a la ‘espafiola», que estuvo en servicio desde primeros del siglo XVII hasta mediado el vill El combate, como deciamos anterior- mente, fnalizé al legar la noche, Sin embargo, todos los analistas coinciden al afiemar en que si el conde de Tolosa hhubiese perseguido al dia siguiente alos briténicos habria afianzado el control francés en estas aguas: como no lo hizo, podemes suponer que el enfrentamien- to quedé en tablas. De haber continua do, una hipotética victoria francesa habria permitido la caida de la plaza gibraltarefia falta del necesario apoyo naval. LOS MARINOS FRANCESES DESEMBARCARON CON MUERTOS Y HERIDOS EN EL PUERTO DE MALAGA, DONDE FUERON RECIBIDOS COMO VENCEDORES CON TODO TIPO DE AGASAJOS Ast, en la mafiana del dia 25, ambas armadas se habian alejado lo suficiente como para no temer nuevas operacio- nes militares de manera inmediata, La flota angloholandesa puso rumbo a Gibraltar, donde fondeé varias fechas para realizar las reparaciones mis turgentes, abasteciendo de armas y tro- pas a has dela D escuadra zarpé hacia Lisboa al mando del vicealmirane Lake y el resto ditecta- ‘mente hacia Spithead, a donde llegaria semanas después con no pocas difcul- tades en el curso de su navegacién, .. dlebido ao averiadas que iban, Los matinos franceses, por su parte, desembarcaron muertos y heridos en el puerto de Milaga, donde fueron recibi- dos como vencedores con todo tipo de agasajos. Bias pe Lezo tee los marines de la loca franco lespafola destacé en la batalla el viz- caino de Pasajes Blas de Lezo, entonces tun simple guardiamarina de diecisiete aiios, embareado en el navio Captena del ‘Conde de Tolosa. El joven Lezo, que se habia educado en Francia, demostré ya el temple ran espe- cial del que estaba hechor una bala de caién le arraneé la pieenainquierda, pero permanecié en su puesto hasta que el combate hubo terminado, sin hacer caso. de su grave lesién, Por su valeroso comportamiento, el rey Luis XIV, sabedor de los hechos Ie ascen- 6 de inmediao a alférez de navio, Siendb ya un oficial, siguié a bordo de la flora, comando parte en otros combates hasta el término del conflicto, Se encon- Pasados varios dias en Ia ciudad y repetidos los festejos y reconocimien- tos en honor del conde de Toloss, la mayor parte de los buques galos pusieron proa hacia Toulén, no vol- viendo a participar en ningtin otro combate de semejante envergadura a lo largo del conflicto. Las actas de los cabildos malaguefios continuaron recogiendo durante bas- tante tiempo frecuentes noticias refe- ridas a la mejora o al fallecimiento, segiin los casos, de los marinos de Francia que aqui quedaron convale- ciendo de sus heric Los «avistamientos» angloholandeses continuaron produciéndose en esta costa a lo largo de toda la guerea y buena parte del siglo XVIII, cada vez que la tradicional enemistad con los brriténicos encendia de nuevo las hos- tilidades. Sin embargo, una batalla de a importancia de la acaecida en estas aguas el 24 de agosto de 1704 no vol- veria a repetitse en los anales de la historia malaguetia, t36, por ejemplo, en las operaciones de socorro a Peiscola yPaleemo,en el ata- que e incendio del navio britinico Resolution y en el apresamiento de dos buques ‘enemigos, conducidos respectivamente a asajes ya Bayona. En la defensa del cas- silo de Santa Catalina perderia ademés tun ojo, hecho que no le impidié seguir en activo hasta mori ras una larga y valeco- sa carrera milar, a consecuencia de las hreridas y faigas que soporeé en su deci- dda defensa de Cartagena de Indias ance los ingleses en 1741. JA.Guernro MAs INFORMACION & ever Gavow, M: Gibraltar, una encrucijada en el tiempo en Péndulo, ed, Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Malaga, 2002, n? XIV, pp. 124-133. CCaanena Pasios, F: Puerto de Malaga. De Felipe V a Carlos Il, ed. Autoridad Portuaria, Malaga, 1994. ‘OumeDo CHECA, Miscelénea de documentos histéricos urbanisticos mala- citanos, ed. Gerencia Municipal de Urbanismo, Malaga, 1989, documento 1? 13. Catvo Povaro, Guerra de Sucesién en Andalucia, ed. Sarria, Mélga, 2002. Andalucia en ia Historia 59 Las cajas de ahorros en Andalucia @ Manuel Titos Martinez, Universidad de Granada La presencia de las cajas en Andalucia no es reciente, sino que data de los mismos origenes de su existencia en Espana y tiene como antecedente unas viejas instituciones del siglo XVIII que han sobrevivido hasta nuestros dias: los montes de piedad. as cajas de ahorros han sido L= en [os times aiios de agudas polémicas y de profun- das transformaciones dentro de Anda- lucia. Sus difculeades de adapeacién a Ia Ley de Cajas de 1985, el proceso de fasiones que se abrea partir de 1990, el interés por acelerar dicho proceso desde el propio Gobierno andaluz, las polémicas suscitadas por la politizaci6n de sus drganos de gobierno ls dffcul- tades para aprobar una ley auténoma de cajas para Andalucia, la varias veces abortada fusién de las caja sevllanas, la peculiar sicuacién de la caja cordabe- sa, son algunos de los hilos conductores que han transmitido una imagen de las cajas de ahorros confusa en sus objeti- vos y dlistorsionada en su gestion. Sin embargo las cajas han ido ganando progresivamente cuota de mercado, 60 Andalucia en la Historia conquistando desde 1994 el primer puesto entre los intermediarios finan- cieros en Andalucia. Al inalizar el siglo XX las cajas de ahorros administraban casi el 54 por 100 de los depésitos de ahorro existentes en Andalucia y el 44 por 100 de todos los créditos formali- zados en la misma. Para ello, contaban con 2.772 oficinas, el 50 por 100 de las existentes en el sector financiero, y daban trabajo a 12,609 empleados, el 44 por 100 de los existentes entonces en dicho sector. Sin entrar en otros razonamientos técnicos mis comple- jos, si las cajas administran el 54 por 100 de los depésitos, con un 50 por 100 de las oficinas y un 44 por 100 de los empleados, quiere decir que la gestién 5 razonable- mente eficiente y que la confiaiza del piblico no se ha visto merma- dda a pesar de la aguda polémica en la que han tenido que desarrollar su acti- vidad, unas veces como responsables y ‘otras como victimas. Los montes de piedad ‘como antecesores Los montes de piedad eran institucio- nes sociales de inspiracin franciscana, nacidas en Faia en lo albores del siglo XV, que tenian por objeto erta- dicar la usura, facilitando: tamos, en especie 0 en metilico, en condiciones benéficas en cuanto al phazo y tipo de interés, y con garantia prendaria, obteniendo las fuentes de financiacién para llevar a cabo su pro- pésito con ayuda de diversos medios, entre los que destacan los legados y limosnas y los depésitos gratuitos 0 remunerados. El més importante monte de piedad espaitol, del que partiria un movimien- to creador que se extendié a todo el pals, fe el de Madrid, fundado por el padre Piquer en 1702, incorporado al Patronato Real en 1713, aunque no abrié sus puertas de manera oficial LAS CAJAS HAN IDO GANANDO PROGRESIVAMENTE CUOTA DE MERCADO, CONQUISTANDO DESDE 1994 EL. PRIMER PUESTO ENTRE LOS INTERMEDIARIOS FINANCIEROS EN ANDALUCIA hasta 1724, convirtiéndose en el trans- curso del siglo XVIII en modelo de ‘otros que comenzaron afuncionar en el pais. Asf ocurrié en Andalucia, donde en aquel siglo se puede registrar Ia exis- tencia de dos importantes montes de piedad ubicados en Granada y en Jaén. Un caso muy significative y especial- mente conocido a este respecto es el del Monte de Piedad de Santa Rita de Casia, creado en el convento de los agustinos de Granada por el file Isidro Antonio Sanchez Jiménez en 1740, fecha en la que inicié su opera- toria, En 1743 el rey Felipe V aprobo sus constituciones y su inclus como el de Madrid, en el Patronato Real. En dicho documento estatura- rio, el monte quedaba autorizado 2 dar préstamos en una cuantia maxi- ima de 750 reales sobre toda clase de alhajas y ropas que se pudieran vender ficilmente. Conviene destacar que desde el principio el monte quedaba autorizado para la admision de depési- tos voluntarios en la cuanefa y por el tiempo que sus duefios quisieran hhacerlos, aunque sin pagar por ellos interés alguno, Podria también admitir donaciones y legades, pero no podia pedir limosnas en las iglesias ni en la calle, para no perjudicar a las parro- , que tomaron estado parlamentario con el patrocinio del presidente de la Repiblica, Nieto Alcali-Zamora. El nombramiento de Portela Valladares como jefe del EL PAPEL DE LOS RADICALES GRANADINOS NO SE CIRCUNSCRIBIO UNICAMENTE Al AMBITO PROVINCIAL Gobierno y la convocatoria de eleccio- nes a Cortes para febrero de 1936, tuvieron su reflejo en Granada con el rnombramiento de Juan Antonio Torres Romero como gobernador civil. Este, encargado de crear un partido de cen- tro portelista, remozé numerosas gesto- ras municipales, Contra lo que suele decirse, la mayor parte de los cargos rmunicipales del Partido Radical no atendicron las peticiones del Gobierno para integrarse en su maquinaria elec- toral y se solidarizaron con Accién Popular dimitiendo de sus puestos. ese a este gesto, y con el in de paliar los presumibles efectos de la unin de las izquierdas en el Frente Popular gra- nadino, la CEDA y los Agrarios deci- dieron unir sus fuerzas a las del Gobierno, excluyendo de la candidatu- ra antirrevolucionaria provincial al Partido Radical. La autonomia de las ‘organizaciones provinciales de las dere- chas a la hora de establecer pactos, las peticiones de puestos de la CEDA en la candidatura y el veto del portelismo pri- varon a los lerrouxistas de la posi dad de obtener actas. Se intenté pre- sentar una candidatura con Pareja Yévenes y Sanz Blanco, pero acabarfa retirandose ante las pocas probabilida- des de éxito y para no perjudicar a la candidatura de centro-derecha, Los meses posteriores a las elecciones, el Partido Radical granadino entré en un periodo de crisis y sus huellas aca- baron perdiéndose con la revirada de sus lideres de la politica y con el comienzo de la Guerra Civil. Con su dlefuncion, paralela a las del resto de organizaciones provinciales lerrouxis- ‘as, murié en Granada la posibilidad de tun republicanismo liberal atemperador de los extrerismos y entaizado en las wwadiciones parlamentarias nacionales, y abrié camino ala bipolarizacién pol tica, que consticuyé, en definitiva, el fundamento dltimo de nuestra, con- frontacién civil. Seance Loree Mawrivez, M. ¥ Git Braceno, R.: Caciques contra socialistas: poder y conflictos en los ayuntamientos de la Republica, Granada 1931- 1936. Ed. Diputacién Provincial, Granada, 1997. Ruz Mawon-Caseza, O.: EP Partido Republicano Radical, 1908-1936, Ed. Tebas. Madrid. 1976, Lopez Martinez, M.: Granada (1930-1931): de la Dictaruda a la Repablica. Ed. Tat. Granada. 1990. Andalucia en ia Historia 85 Los politicos andaluces E 1 l l Il W Francisco Acosta Ramére2, Universidad de Jaén La muerte de Fernando VI en 1838 cierra el capitulo del Estado absolutista en Espana, La regencia de su esposa Marta Cristina (1833-1843) y el reinado efectivo de Isabel II (1843-1868) enmarcardn una serie de propuestas de sistemas politicos de naturaleza diversa que coinci- dirdn, no obstante, en su cardcter liberal. 86 — Andalucia en la Historia rn efecto, las aspiraciones al B= del catlismo con una propuesta de corte absolutista representada por el hermano de Fernando VII Carlos Maria Isidro, no le dejan a la reina regente Maria Cristina otra opeién que vincular la suerte de la monarquia espafola a la del liberalismo politico, La ambigtie- dad y la tibieza de su primera pro- puesta postabsolutista, el régimen del Estatuto Real (1834-36), fue répida- mente superada, entrando el pafs en una via politica decididamente liberal cen torno a los principios basicos del consticucionalismo, divisién de pode- res y participacién, Moderados y pro- sgresistas aglutinaron las dos versiones dominantes del liberalismo politico isabelino, conformando un panorama de convivencia politica que, salvo pequefios lapsos, vino marcado por ‘una concepcién monopolista y exclu- sivista del poder que acabé abocando a la via violenta y conspirativa como tinica opcién de acceso al gobierno. Las diferentes facciones del partido moderado fueron las beneficiarias del poder durante la mayor parte del periodo, relegando al progresismo al retaimiento politico en el mejor de los casos, cuando no alla persecucién y ala dandestinidad. A los moderados correspondié por tanto el plantea- mienta del modelo politico-adminis- trativo basico y de desarrollo del capi- talismo en esta primera fase del Estado liberal espaiil. A pesar de la evidente diferencia de sus respectivos proyectos, moderados ¥ progresistas convergian no sélo en su filiacién liberal y antiabsoluisea, sino en su renuncia ala via radical de la revolucién liberal, simbolizada, en 1 caso espaiiol, por el sistema politi co de la Constitucién de Cadiz de 1812. El recelo del liberalismo isabelino de las amenazas que presuponia en las virulencias populates, asamblearias y democraticas, se tradujo en una con- cepcién restrictiva de la ciudadania politica, donde el derecho de partici- pacién se asociaba a la propiedad, La diferencia en este punto entre mode- rados y progresistas era s6lo de grado. Las DIFERENTES FACCIONES DEL PARTIDO MODERADO FUERON LAS BENEFICIARIAS DEL PODER DURANTE LA MAYOR PARTE DEL PERIODO Asi, los moderados, desde una posi- cidn elitista entendieron que la esta- bilidad y seguridad del sistema se sus- tentaba en la limitacién del censo electoral, hasa el extremo de que, por cjemplo en Andalucia, en 1846, éste se contrajo hasta menos del 1% de la poblacién, Por el contratio, los pro- gresistas entendian que la consolida- cién del régimen liberal pasaba por el mayor grado posible de compromiso ‘kabel l abdicando en Paris en el afio 1868. ciudadano en el sistema, a través de tun censo «amplio», que en Andalucia apenas significé el 5% de la poblacién en el aio 1856, Una de las ideas que ha aquilarado el estudio de la historia andaluza sobre el periodo isabelino, todavia mal conocido en términos generales, ha sido la del compromiso andaluz c el liberalismo, la de la contribucién de Andalucia a la constraccién del Estado liberal, la de,lafiliaci6n liberal de Andalucia, en suma. Este répico historiogrifico se sustenta, argumentaciones, sobre Ja constatacién del rele- vante ntimero de anda- luces que tuvieron res- ponsabilidades de gobierno en la entre otras, Isabel I Andalucia en la Historia 87 época isabelina. El periodo isabeli- nos, junto con la Restaura- cid, el que registra una mayor presencia de andaluces en los Bjecutivos nacionales, con valores cercanos al 30% a muy sen- sible dis- tancia del resto de regiones espafolas, Francisco Istiriz Montero. Retrato anénimo, 1845. Biblioteca Nacional, Madrid. Esta sobrerrepresentacién andaluza obedece a un cfimulo de circunstan-