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! ! ! ! ! ! ! ! ! ©Amor a primera Zarpa ©Título Original
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©Amor a primera Zarpa
©Título Original A primera Zarpa
©Leila Milà
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Amor a primera Zarpa 1ª Edición, Febrero 2016

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Edición y corrección: ©LM Diseño de portada: ©L-N Fotografía: ©Shutterstock Inc.

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~ 2 ~

! A primera zarpa

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El zarpas estaba a reventar esa noche, el ambiente reinante no podía ser mejor y la

excitación se sentía por doquier. En el aire flotaba esa sensación que presagiaba algo espe- cial, podía sentirlo en su piel erizándole el vello. Todo eran risas, alegría y copas desfilando en la barra mientras la música atronaba abajo en la sala haciendo sacra humo a la caja registradora. Sí, la magia estaba oculta entre las estrellas de esa noche, por lo que Darkan se permitió relajarse en su despacho en la planta superior del club. Giró dando la espalda a la mesa y echándose la americana atrás con elegancia, se sirvió una copa, alargando otras dos a su hermano Belkan y Belyn, su teniente. Todo parecía tranquilo y despejado, y estos también estaban sentados de modo distendido

en los butacones. Belyn se inclinó hacia adelante para atrapar el vaso que Darkan hizo des- lizar sobre la superficie y volvió a repantingarse apoyando la espalda en el asiento, cruzan- do una pierna por encima de la otra dejando el pie a la altura de la rodilla opuesta. Hacía tiempo que no gozaban de un día tan grato y eso se traducía en que todos estaban de buen humor y no a la que saltaba. Su temperamento no solía ser demasiado pacífico que se dijera, y es que sus animales po- dían ser demasiado agresivos y dominantes lo que se traducía en tensión. Torció la sonrisa regresando a su lugar y miró a sus hermanos retomando la conver- sación entre chanzas y carcajadas hasta que notó como ese perfecto momento de placidez iba desapareciendo sustituyéndose por algo intenso. Podía percibir como abajo, el club, iba cargándose con un nivel de testosterona equivalente

a dos estadios y extrañado, alzó la ceja mirando a Belyn.

Rozó la mente del resto de sus hombres y en todos percibió lo mismo, expectación y un descontrol brutal como si se avecinará el inició de una trepidante caza.

Excitados, eso era y la curiosidad pudo con él por saber que era lo que tenía a la totalidad del clan en ese estado, pues si eso seguía así, descontrolándose, en vez de un juego podía convertirse en una sangría. No era normal que todos estuviesen así de revolucionados, eran soldados con una voluntad

y un control de hierro, podían ser despiadados y letales pero ahora parecían cachorros en

la hora del recreo. La puerta de la oficina se abrió y Klint, entró espitoso con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos brillantes por la lujuria. —Joder tíos, esto es increíble, no podéis perdéroslo. Tenéis que ver esto —dijo lar- gándose tan rápido como había llegado. Los tres se miraron levantándose y se acercaron hasta la barandilla. Al estar en la planta superior aquello les permitía ver y tener el control visual de la totalidad de la sala inferior, eso sin contar con sus afilados instintos. Miró hacia abajo poniendo una mano en

~ 3 ~

el frío acero y recorrió el Zaparas con la vista, soltando un gruñido en cuanto un aroma in- confundible lo golpeó con la fuerza de una bala. La lavanda saturó sus sentidos y el felino asomó a sus ojos haciendo dar un paso atrás a algunos de los chicos que había apostados allí comentando entre ellos.

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Shia no podía dejar de bailar, esa noche solo quería pasarlo bien y no pensar en

nada. Siguió moviendo su cuerpo sin parar al ritmo de la música cantando a pleno pulmón

y giró hacia Nela, su mejor amiga, sonriendo.

En ese instante era feliz y no existía nada salvo la canción que sonaba y el ritmo de sus pies y caderas. —Voy por una copa —Rio. —Claro, ve y procura no romper demasiados corazones por el camino, esto está pla- gado de gatos. —¿No estarás nerviosa, verdad pajarito? Sabes que no dejaría que pusieran una sola zarpa sobre ninguna de tus preciosas plumas. —Si ya, pero huele a fiesta por todos lados monina, y tu no estás mucho mejor. Vas luciendo un cartel que dice: barra libre. Shia se encogió de hombros sin importarle y se dirigió hacia su destino sin dejar de moverse al compás con su elasticidad y sensual elegancia felina. Pidió una copa siendo atendida mucho antes que otras de las personas que se amontona- ban sobre la barra y regresó. Bebió y levantándose la melaba para airearse la nuca siguió bailando, con unos y otros.

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Darkan no podía dejar de mirarla. Ella, esa gata que se movía de un modo que debe- ría estar penado. No dejaba de bailar y cantar sin parar, era un escándalo y no era de esta- ñar que estuviese rodeada de tipos que no dejaban de restregarse contra su cuerpo de in- farto. Era una preciosidad de negra melena azabache y labios de muñequita, largas piernas fir- mes y torneadas, cintura estrecha, pechos firmes y menudos como toda ella. Grácil, sexy y con un toque descarado y peligroso que saltaba a la vista. Era una de los suyos, una mujer jaguar. Tras tanto tiempo aparecía una hembra y era,

ella…

La observó contonearse sin inhibiciones de ese modo tan espectacular, sintiendo la música como algo vivo y sonrió pese a que su felino no dejaba de arañarlo para que fuera a por ella y apartase a todos esos. Estaba claro que solo quería pasárselo bien pero su pre-

sencia estaba alterando a todos los chicos y por fuerza, ella debía notarlo. Tenía que olerlos

y afectarla del mismo y de hecho, lo hacía.

Podía percibir el claro olor de ella intensificándose como un reclamo, la sensibilidad de su piel que prometía ser el paraíso y como sus ojos se oscurecían a medida que se dejaba lle- var, llenándose de los aromas que saturaban el local. Debía estar oliéndolo a él.

Fue pensar eso y ver como ella se detenía.

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~ 4 ~

Una corriente de aire al cerrarse la puerta impulso el ataque olfativo contra ella. Su jaguar rugió con fuerza y su vista se desenfocó por un instante cambiando a la del felino al sentirlo. Un tremendo calor la azotó y sus ojos buscaron por el lugar al dueño de ese aroma a selva tan delicioso y que le hizo la boca agua, desatando sus sentidos. Si antes de aquello ya iba algo alterada, en ese instante apenas podía controlarse, algo que no le había sucedido nun- ca y eso que disfrutaba de sus impulsos. Su gata se removió clavándole las zarpas y se detuvo al ir a dar un paso para tratar de ras- trear el paradero del dueño de ese perfume que había desbaratado todos sus planes, vién- dose empujada a obedecer al instinto animal con la mente poblada de cuerpos sudorosos entrelazados. Gruñó furiosa notando como un relampagueó cruzaba sus ojos al captarlos. La di- versión había acabado y era hora de retirarse. Ella solo quería un rato de tranquilidad, sen- tirse normal y no tener que huir pero ahí estaba otra vez. Esos cabrones no se cansaban de perseguirla y ella no tenía ni idea cuando fue allí en busca de un rato de libertad, de que ese lugar estaba regentado por felinos como ella. Toda una sorpresa y un peligro, más ahora que por un lado venían cazadores, y los dos grupos de pesados mininos que decían ser miembros perdidos de un extinto clan que diri- gió a todos los jaguares y de los que ella descendía, siendo una especie de princesa. Y los otros que pretendían convertirla en alfombra como los primeros, o a poder ser, en su ju- guete. Por ella podían irse al cuerno, solo quería disfrutar de su vida en paz. Tenía un trabajo, amigos… sí, en pasado tenía, porque desde que estos aparecieron no podía hacer más que ir de un lado para otro dándoles esquinazo. No aceptaban sus negativas y la acosaban a to- das horas. A este paso dudaba ya hasta de conservar el puesto. La única que se había mantenido a su lado había sido Nela, y daba gracias por ello o ya no sabría que habría sido de ella o su cordura. —Mierda —murmuró y tiró de la muñeca de Nela—. Hora de irse. —¿Problemas? —Y gordos —Se abrió pasó entre la gente controlando el avance del enemigo con mucha discreción, era rápida y sigilosa además de letal. Lo malo era que allí no podía empezar a abrir gargantas ni dejar cadáveres por el suelo. Debía mantener sus garras a buen recaudo. No podía tener un poco de suerte y li- brarse, no, que además iba a parar a otro lugar donde había más gatos. Estaba muy harta de sus intentos y sus preciosa, etc., etc.

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Darkan se percató enseguida del cambio en su actitud, en la tensión de su cuerpo y la sensación de peligro. Movió las pupilas con rapidez y movilizó a sus hombres sin perder de vista a la gatita que subía escaleras arriba para usar una de las salidas ocultas y torció la sonrisa. Se apoyó contra la pared y esperó a tenerlas a su alcance, se camufló entre las sombras y la observó pasar. —¿Huyendo de la fiesta tan pronto? —dijo dejándose entre ver.

~ 5 ~

Shia se detuvo tan rápido que Nela se estrelló contra su espalda protestando. La ja-

guar se giró despacio al oír esa voz que la recorrió como una oscura caricia prohibida y lo

miró,

Era alto, atlético y a pesar del traje hecho a medida que le quedaba como un guante, se le apreciaban unos músculos fuertes y apetecibles bajo la ropa. Cabello oscuro, vello de unos días y un rostro demoledor, atractivo y sexy. Facciones definidas, marcadas y algo afiladas,

ojos penetrantes y tan verdes como los suyos junto con una boca que daban ganas de devo- rar.

—Digamos que es por fuerza mayor, adoro demasiado mi pellejo. —Mis chicos se encargarán. Vamos —Le indicó el despacho. Shia alzó una atrevida ceja sin perder la sonrisa, desconfiada. —¿Y tú eres? —Tu destino —pensó mordiéndose a tiempo la lengua optando por otra cosa, que no le sonó tan bien como quería, porque quedaba demasiado prepotente—. El dueño del local.

—No necesito ayuda gatito, puedo apañármelas sola —dijo pero a la que miró a uno

y otro lado de la pasarela se vio rodeada por varios de ellos, mientras que abajo, veía como

los que suponía los chicos del guaperas, se hacían cargo con eficaz discreción de sacar al resto fuera sin herirlos. —Brais, Clif y quién quiere que seas tú —La voz de Darkan se volvió afilada y peli- grosa—. ¿Qué hacéis aquí? Esto es un lugar seguro. Un punto cero por si lo has olvidado. Estaba demasiado alterado como para poder ser correcto con ellos. Su animal tiraba con demasiada fuerza en esos instantes. Había fijado su presa y esta pasaba por mantener a salvo a la gatita. —Relaja alfa, solo venimos por ella —El cazador la señaló y Shia le dedicó una sonri- sa mordaz moviendo los dedos de la mano a modo de sarcástico saludo. —Va a ser que no. Ya os estáis largando a menos que queráis salir con los pies por delante —Controló a todos. —¿Amiga de un pajarito? Mmmm chica perversa —bromeó Belkan situándose junto

a su hermano, lanzando una mirada abrasadora a Nela—. Muy pero que muy mala, si señor —Ladeó la sonrisa. —Qué se le va a hacer, tengo debilidad por ella. Será que a todos los gatos no nos gustan los pollos —Hizo aletear las pestañas con inocencia mirando al cazador para segui- do mostrarle los colmillos con un bufido. Y con rapidez se giró retorciendo la mano de uno que trató de atraparla colocándole las afiladas garras cerca de la yugular. —Yo de ti no lo haría Maise, ya tienes una bonita cicatriz de la última vez. Parece que no aprendes. Aunque al igual es que te gusta que te patee. ¿Es eso? Porque puede que debajo de mi vestido lleve el traje de dominatriz. —Nosotros nos ocupamos, ves —dijo Belyn ocupando el sitio que le cedió Darkan indicando a las chicas que fueran con él y apartó al cazador de un empujón. Le estaba costando horrores dominarse y no desmenuzar a todos teniéndola a ella tan cer- ca demostrando esa calma fría y una más que afilada lengua al igual que sus garras. La chica tenía genio, pero no era de extrañar.

~ 6 ~

Ellas lo siguieron en silencio y al final, llegaron al exterior donde esperaba un coche con la puerta abierta. Subieron, y este se desplazó en completo silencio por el asfalto hasta detenerse en un parking privado subterráneo. Ambas chicas se miraron y siguieron al jaguar subiendo por las escaleras admirando el lujo que las rodeaba. Ahí dentro había incluso un ascensor, barandillas doradas, cristal, mármol… Todo era caro y lujoso pero con muchísimo gusto. Darkan les hablaba pero Shia no era capaz de pronunciar palabra. Su gata estaba en la superficie reflejada en sus ojos y había tomado el control. El hambre voraz que él des- pertaba la tenía dolorida y solo podía pensar en él piel con piel. Tanto era así, que no supo en que momento se quedó a solas con Darkan, bebiendo de una copa que no sabía ni de donde había salido. —Así que es aquí donde te escondes —Ronroneó. —Se podría decir, ¿me explicas lo de esta noche? —No creo que gocemos de esa confianza, ¿no? No sabes nada de mi, podría ser una ladrona, una asesina o algo peor. —¿Lo eres? —Ladeó la cabeza dedicándole una sonrisa perversa, arrogante y mascu-

lina.

Destilaba seguridad por todos sus poros. Ella negó atrapada en su aura, encantada con ese filtro tonto y sin sentido que se llevaban cuando estaba claro que los dos deseaban y sentían lo mismo, eran una pareja. —¿Entonces qué es lo que eres? Cuéntamelo, así cogemos esa confianza, puedes de- cirme cuanto quieras. —Creo que no —Le devolvió la sonrisa, dejando escapar el labio entre los dientes, se moría por lanzarse sobre él, saborearlo y sentir empujar dentro de ella—Sacudió la cabeza para salir de ese frenesí y se lanzó: ¿Vas a seguir mucho así? —Lo retó. —Directa, veo que prefieres las cosas claras —Dio un par de pasos hacia ella deján- dola atrapada contra el ventanal. El frío del cristal la hizo jadear arqueando levemente la espalda, haciendo que sus pechos rozasen el torso de él al inhalar. —Sí —Apartó la mano de la copa y con la que tenía libre, la cerró tras la nuca de él tirando de parte del cabello y abordó su boca. Darkan la levantó y enseguida ella respondió pasando las piernas por su cintura mientras respondía al beso con agresiva pericia encendiendo y recorriendo cada rincón de su boca. Dejando caer la copa, Shia desabotonó el pantalón de él que con destreza, y este se hundió en su interior empujando. Gimió de placer, y presionó la espalda contra la cristalera a medida que el éxtasis viajaba sin control por su sistema arrasando todo a su paso. Era algo que no podía controlar, se estaba ahogando en esa espiral de necesidad. Su corazón galopaba a toda prisa y ese vacío que siempre la había acompañado desapare- ció, se sintió completa y en casa a medida que el fugo la reducía a cenizas, y él seguía en-

~ 7 ~

volviéndola, acariciando con languidez su cuerpo, que respondía a cada una de sus deman- das exigiendo a su vez. Nada era comparable al estallido de placer que la estaba haciendo sentir, estaba tan sensi- ble que estaba a punto de correrse. Abrió los ojos con el felino en ellos y encontró al de él, ambos se reconocieron y un rugido escapó de sus gargantas tras la detonación final. Las zarpas de Shia dejaron marca y los colmillos de él explotaron hundiéndose en su carne para después buscar sus labios entre jadeos. Cayeron entrelazados, los dos sentados en el suelo cara a cara, con la respiración agitada entre ronroneos de placer y una sonrisa delatora. Ninguno había podido remediarlo, había sido amor a primera zarpa, la reunión de dos almas que se encontraban por fin en el tiempo tras tanto separadas. —Darkan —Shia pronuncio su nombre entre la neblina de sensualidad en la que es- taba sumida toda satisfecha, al poder pasear por la mente del macho del mismo modo que lo hacía él. —Un placer, Shia. Ambos se miraron y rompieron a reír, más al encontrarse con que la puerta se abría dando paso a dos de los chicos que vio en el club. —Vaya, eso sí que es a primera zarpa, que impacientes. ¿No pudisteis esperar a lle- gar a la habitación? Ya está todo arreglado, no creo que vuelvan a molestarte a menos que quieran vérselas con nosotros. —Belkan, puede que seas mi hermano, pero ahora mismo me costaría poco arran- carte la garganta. —Vale, vale, que susceptible, ya me voy. Me queda claro que es tu chica —Se llevó la mano al bolsillo alejándose por el pasillo seguido de Belyn—. Por cierto, bienvenida a la familia preciosa. Shia buscó los ojos de Darkan, roja como un tomate y volvió a romper a reír. Lo suyo no había sido nunca lo convencional y estaba claro que en eso tampoco lo iba a ser. Tenían mucho de lo que hablar y discutir seguro, pero no en ese instante, porque prefería disfrutar del momento y volver a sentirlo unido a ella. —Mejor las explicaciones mañana —dijo él, alzándolos a pulso yendo hacia la habi-

tación.

—Perfecto. Estoy deseando repetir, jaguar —Mordisqueó su oreja con un incitante movimiento de su cuerpo y Darkan se apresuró en llegar. —Lo noto gatita, lo noto. La dejó sobre la cama y fue a cerrar. Se giró cara a esta, y se fue desnudando sin pri- sa con mirada hambrienta. Shia lo recorrió encantada disfrutando de cada músculo y mo- vimiento. Su cuerpo poderoso era una fantasía hecha realidad, le gustaba como se movía y movió el dedo para que se acercará dejando caer el vestido. Darkan se lanzó a por ella y los dos salieron a jugar.

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© Leila Milà (2016) ~ 9 ~

© Leila Milà (2016)

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