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La Violencia Institucional

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Revista mensual Julio 2007 Movimiento Ciudadano Metropolitano APN

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PUBLICACIÓN MENSUAL JULIO DEL 2007

La Violencia Institucional
Por Daniel Marmolejo
Miembro fundador del Movimiento Ciudadano Metropolitano A.P.N.

Comité Ejecutivo Nacional La violencia, en sus múltiples manifestaciones es siempre una forma de ejercicio del poder mediante el empleo de la fuerza ( ya sea física, psicológica, económica, política, etc) e implica la existencia de un ¨arriba¨ y un ¨abajo¨, reales o simbólicos, que adoptan habitualmente la forma de roles complementarios. El empleo de la furza, se constituye así, en un método posible para resolver conflictos como el intento de doblegar la voluntad del ¨otro¨, de anularlo precisamente, en su calidad de ¨otro¨. Las exigencias económicas de la globalización imponen cambos profundos que conllevan consecuencias sociales de des-estructuración, disgregación y exclusión social y, ¨prácticas desembozadamente ajenas a la ley son perpetuadas precisamente por quienes tienen la responsabilidad social y legal

de cuidar de los ciudadanos, de mantener el orden en su mundo, de preservar la estabilidad y predictibilidad de sus vidas¨1 constituyendo esto, una forma de violencia institucional que afecta a la sociedad en su conjunto. La sociología de la organización ha dejado suficiente constancia de que los valores normativos estratégicos, y los modelos de las organizaciones administrativo-políticas, no dependen del azar ni del capricho de sus miembros, sino que tienden a estar en consonancia con los imperativos de su entorno socioeconómico y político institucional. La corrupción y la fragilidad en las instituciones arraigan en la violencia institucional, incluida la del propio Estado, y tales prácticas se incorporan al ¨modelo autorizado¨ en todos los sectores de la actividad, públicos y privados, resultando así, que la primera modalidad de conducta violenta es la violación de las leyes y normas vigentes. De los que se trata es de que nuestras instituciones cumplan un papel protector. Cuando esto no ocurre, cuando las instituciones que deben proteger causan daño, lo hacen de una manera tal que, la violencia y el daño quedan mistificados y justificados, llegando incluso a desfigurar el Estado de Derecho. La mayoría de los países democratizados recientemente no se encaminan hacia un régimen democrático representativo e institucionalizado, ni parece siquiera que lo vayan a hacer en un futuro previsible. Mas aún, actualmente son muchos los expertos que alertan sobre el futuro (incierto) de las democracias latinoamericanas conducidas a un desarrollo dualista por su sometimiento al pensamiento neo-liberal.

1

Diana Scialpi. ¨Violencias en la Administración Pública¨.

Oszlak

2

utiliza el concepto de ¨imperialismo burocrático¨ para aludir a un tipo

de ¨ administración burocrática¨ que impone dentro de un sector público una modalidad de funcionamiento excluyente, en la que diferentes organismos resultan marginados o discriminados. Esta estructura se asocia a ¨ regímenes patrimonialistas¨ en los que el presidente ocupa el centro de la escena política y desde donde ejerce un poder omnímodo fundado en relaciones personales y obligaciones recíprocas (designaciones, reemplazos, traslado o remoción de funcionarios). Oszlak analiza las relaciones estado-sociedad y los procesos de implementación de políticas públicas utilizando una categoría analítica de Weber ¨ regímenes patrimonialistas¨, señalando que existían situaciones en las que los gobiernos transformaban a los estados en el gobierno privado de quienes poseían el poder necesario para el ejercicio de la dominación. Son formas de democracia ¨ delegativas ¨ que se basan en la premisa de que la persona que gana la elección presidencial está autorizada a gobernar como él o ella crea conveniente, sólo restringida por la cruda realidad de las relaciones existente y por la limitación constitucional del término de su mandato. La delegación (por parte de los ciudadanos) incluye el derecho (y el deber) del presidente de administrar los amargos remedios que recompondrán la salud de la nación. Las democracias ¨ representativas¨, por el contrario, basan su existencia en la creación y fortalecimiento de instituciones políticas democráticas cuyo elemento fundante nombre. es la representación que implica la responsabilidad (del representante) por sus acciones, ante quienes lo autorizaron a hablar en su

2

Oszlak Oscar. ¨ Políticas públicas y regímenes políticos¨.

En las democracias institucionalizadas, esta responsabilidad (¨accountability¨) no es sólo vertical (es decir la implicada en el hecho de que periódicamente los gobernantes deben rendir cuentas en las urnas), sino también horizontal. Ella opera mediante una red de poderes relativamente autónomos (es decir, instituciones) que pueden examinar y cuestionar y, de ser necesario, sancionar actos irregulares cometidos durante el dempeño de los cargos públicos. La representación y la responsabilidad conforman la dimensión republicana de la democracia: la existencia y la vigencia de una clara distinción entre los intereses públicos y privados de los funcionarios. La responsabilidad horizontal, característica de la democracia representativa, no existe o es extremadamente débil en las democracias delegativas. Mas aún, puesto que los presidentes delegativos ven a las instituciones que efectivizan la responsabilidad horizontal como un impedimento contra su ¨ misión¨, hacen persistentes esfuerzos para trabar su funcionamiento. El hecho de que un gobierno perciba la necesidad de introducir instrumentos normativos o telemáticos para imponer ¨ transparencia ¨, indica que el respectivo país experimenta una problemática estructural de ¨opacidad¨ (déficit de transparencia). Una vez introducidos, dichos instrumentos cumplirán un rol meramente ritual, dado que la ¨opacidad¨ es (en dichos países) sólo un síntoma de una problemática da anomia que se manifiesta a través de: 1) la violación del estado de derecho por parte de las coaliciones en el poder, 2) la impunidad con que dichas coaliciones ejercen y promueven la ilegalidad y 3) las artimañas y pugnas en que incurren dichas coaliciones para bloquear o desvirtuar eventuales resistencias a sus designios.3 Es sabido que la falta de información acerca de los actos de gobierno así como el desinterés y la falta de participación ciudadana en el control de los mismos crea condiciones propicias para la comisión de ¨irregularidades¨

3

Tesoro, José Luis ¨Transparencia de la Armonía¨.

La corrupción en la que el Estado se asocia con un privado y en esa negociación antepone intereses privados al interés público que está obligado a defender, tiene formas variadas: retornos, tráfico de influencias, manipulación de licitaciones, malversación de fondos, etc. En un país con escasa tradición republicana, se produce la supeditación servil de los legisladores al oficialismo de turno y la complicidad del ejecutivo con la justicia. Según el sociólogo Juan Carlos Pontartiero, la negociación corrupta desde los altos niveles del Estado es un grave desvío de la ética pública y como tal debe ser denunciado por la sociedad. Pero las campañas moralizadoras suelen agotarse en la agitación, la crítica y la denuncia. Si la corrupción de los funcionarios es un problema de ética, la impunidad (es decir, la ausencia de expectativas ciertas sobre un castigo) es un problema de inseguridad jurídica, un tema institucional que atañe al funcionamiento de la república, a la inexistencia de una verdadera división de poderes que permita el juego de los controles y de los contrapesos. La necesaria vigilancia sobre la corrupción sólo se hace efectiva cuando se diseñan y se ponen en marcha instrumentos institucionales contra la impunidad de los delitos. A esa primacía de la ley sobre las personas y la administración se la llama, en Occidente, Estado de Derecho.

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