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Apunte 1 de Introduccion a La Traduccion

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Una Breve Historia de la Traducción y la Interpretación

Una Breve Historia de la Traducción y la Interpretación. La traducción es una actividad que desde tiempos remotos ha estado ligada al quehacer humano, aportando sustanciales contribuciones a los aspectos políticos, a las visiones filosóficas, al enriquecimiento de las lenguas y haciéndonos también accesible el mundo cultural tan divergente de nuestra época como de antaño. A pesar de su aporte a las naciones, la traducción como disciplina académica y científica es bastante nueva, no contando aún con más de 50 años de historia. Esto se debe a que sólo con las investigaciones en lenguaje (de la mano de la Lingüística) que se han llevado a cabo a partir de los años ’50 en EEUU y Gran Bretaña, pudo la traducción trazar sus propios lineamientos teórico-disciplinarios, y también comenzar con su profesionalización sistemática. Definiciones de traducción: Etimológicamente la palabra ‘traducción’ viene del vocablo latin traslatio que deriva del participio pasivo perfecto, traslatum, de transfero, ‘yo transfiero’, compuesto por trans, ‘de un lado a otro’ + fero, ‘yo llevo’ ó ‘yo traigo’. Las discusiones sobre la teoría y práctica de la traducción datan de la antigüedad, siendo los remotos griegos los primeros en buscar definiciones al concepto. Ellos proponían una diferencia entre dos enfoques y tipos de traducción. El primer enfoque de carácter literal, es decir, palabra a palabra, a la que llamaban metafrasear (traducción literal o de equivalencia formal) y otro de carácter más dinámico, que buscaba traducir en base al sentido y uso de las estructuras del texto-fuente, que llamaron parafrasear (traducción de equivalencia dinámica, de la mano con la ‘traslación’) Una definición mas contemporánea la produce Eugene Nida, quien señala: [traducir es]reproducir en la lengua terminal el mensaje de la lengua original por medio del equivalente más próximo y más natural, primero en lo que se refiere al sentido, y luego en lo que atañe al estilo[…] Panorama general desde la Antigüedad hasta el Renacimiento. Para adentrarnos al estudio cronológico de la traducción no podemos menospreciar el hecho de que cualquier comentario sobre el tópico no puede estar exento de un análisis de la historia universal, por ser ésta factor fundamental de la cultura, al igual que de la historia de la Literatura. A la hora de realizar un examen crítico de la traducción, será menester una exposición de sus líneas maestras para después poder concentrar la atención en comprender la investigación de su progreso disciplinario y la función que ha venido desempeñando en las diferentes épocas (Antigüedad, Edad Media, Renacimiento, Barroco e Ilustración, siglos XVIII, XIX y XX). Desde tiempos antiquísimos, la ‘traslación’ —como actividad humana— cuenta con una historia propia que se desenvuelve a través de las épocas. El primer período, que Julio César Santoyo (traductólogo español contemporáneo) denomina "traducción oral", se inició con el lenguaje. Durante siglos, la traducción oral o interpretación fue una
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necesidad de la comunicación entre los diversos grupos lingüísticos. Amechi Ihenacho (filologo y traductólogo), en relación al surgimiento de la actividad traductora, comenta: “[...]Interpretation has been needed and, in fact, practised since Babel, that is, since two human beings or any two groups of human beings found themselves using languages that were no longer intelligible to each other[...]” Esta aseveración de Ihenacho se basa en la necesidad de intercomunicación en diferentes lenguas acentuada por la vasta pluralidad de lenguas existentes en regiones que hoy en día son monolingües (una sola lengua). La profesión de intérprete —tal y como se entiende en la actualidad— es bastante reciente, pero la función del intérprete siempre ha existido, dado que la palabra precedió a la escritura. De esta forma, no hay duda alguna de que la interpretación cuenta con muchos más años que la traducción. En los primeros años, los ‘textos’ religiosos —al ser palabra de Dios— eran difundidos al puebo por sacerdotes, pero con los años, las migraciones, modificaciones y diversificaciones en las lenguas, hicieron estos relatos y textos incomprensibles (cuando vuelven del exilio de Babilonia, los judíos sólo hablan el arameo y la Biblia estaba escrita en hebreo) y por tanto aparece una técnica precursora de la interpretación simultánea: el targum, primero oral y luego escrito. Esta traducción, que hace accesible a los fieles los libros sagrados, justifica la interpretación dentro de una misma comunidad bilingüe. Se cuenta que los sacerdotes, libro abierto, traducían al arameo lo que leían en hebreo. La traducción se percibía como un poder sobrenatural que el ciudadano de a pie atribuía en los primeros tiempos al hombre que conocía un idioma distinto al suyo (el traductor-intérprete). Interpretar, era entonces, una actividad casi mágica que sólo se debía poner al servicio de dioses o soberanos. Con los primeros faraones, la traducción se adentra en lo profano, poniéndose al servicio de intereses comerciales, militares o diplomáticos, considerando a los príncipes como ‘Jefes de los Interpretes’. El bilingüismo de la zona fronteriza en la que convivieron nubios y egipcios, colaboró a la aparición de los primeros intérpretes cuya huella perdura en la historia El imperio egipcio hacia el 1400 a.c., había ideado la utilización de una lengua internacional para la diplomacia; las tablillas de arcilla halladas en Amarna, de la época del reino de Amenofis III (14081372), nos revelan que se trataba del lenguaje acadio. Sin embargo, con posterioridad, varios hechos aparentemente demuestran que Egipto desarrolló métodos con el fin de desarrollar el comercio en las lenguas extranjeras que convivían bajo el imperio. Esta preocupación por la inclusión de las etnias gobernadas por los faraones, ya sea por motivos políticos, económicos, religiosos, etc, alcanza su cúspide bajo Samético I, por quien los jóvenes egipcios iban a aprender griego con las familias de colonos helenos instalados en el delta del Nilo, utilizando un jeroglífico especial para expresarlo. El resultado de la labor educadora de Samético I en el lenguaje griego, resulta en el surgimiento de varios traductores e interpretes de este periodo histórico, cuya influencia ha llegado a nuestro días de la mano de la piedra Rosetta .
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La Piedra Rosetta es un antiguo artefacto egipcio que fue fundamental para el entendimiento de los jeroglíficos. La piedra posee texto escrito en dos lenguas egipcias, egipcio jeroglífico, egipcio demótico y también en griego. Fue creada aproximadamente 200 años antes de la era cristiana por ordenanza de Ptolomeo V; ella describe una sentencia de Ptolomeo en relación a varios impuestos e instrucciones para erigir templos. La piedra, es uno de los primeros vestigios escritos de traducción bilingüe que ha llegado a nuestro tiempo. Su descubrimiento ocurre hacia el 1799 por los franceses en el pueblo egipcio de Rosetta, he ahí su denominación posterior. Los científicos Thomas Young y Jean-François Champollion, apoyándose en la naturaleza bilingüe de la Piedra Rosetta, descifran los principios de la escritura jeroglífica. Los griegos, no sentían hacia el intérprete ni el traductor el interés ni la consideración de la que gozaba entre los egipcios. Estaban tan convencidos de su superioridad cultural que dejaban a los extranjeros la labor de aprender el griego, actitud equiparable a la de los británicos contemporáneos, para quienes la universalidad de la lengua inglesa es un hecho incuestionable. Lo opuesto ocurría en Roma, en donde el oficio de intérprete y traductor intérprete siempre fue reconocido de utilidad pública. El Imperio Romano era prácticamente un estado bilingüe, ya que el conocimiento del griego formaba parte del patrimonio cultural. Aunque los romanos con un mínimo de formación no tenían dificultad alguna a la hora de entender a los griegos, dado que la lengua oficial de la administración era el latín, las audiencias a embajadores griegos en el Senado romano se desarrollaban en presencia de un intérprete que traducía al griego las respuestas en latín. Por supuesto, la administración provincial romana, para relacionarse con los egipcios, sirios, germanos, celtas, etc., precisaba de intérpretes, a quienes les pagaba el Estado y los propios funcionarios. Es en este período en donde el afán romano se centra en traducir al latín los textos de antiguos sabios áticos, en cuanto a poesía, filosofía, derecho, etc. Los traductores en el imperio romano ejercían de “agentes de influencia” de la cultura clásica helénica, profesando consciente o inconscientemente, una concepción etnocultural y estética que posteriormente influiría en todo el mundo que hoy conocemos. La materialización concreta de lo anterior, se ve en parte, en la adopción de las deidades griegas nombradas en latín, así la diosa griega Afrodita, se convertiría en Venus para los romanos. Al comienzo de la era romana, primero se escribe en griego y más adelante el latín se perfila como la lengua más importante traduciéndose obras importantes como por ejemplo, la Odisea. Una vez que Roma se establece como la meca de actividad cultural más preponderante del Mediterráneo, surgen nuevas figuras de la literatura que empiezan a dedicar su actividad a la traslación de obras griegas al latín. De todos los traductores y escritores sobresale Cicerón (106-43 ac), uno de los primeros teóricos de la traducción. En sus escritos aparece la primera concepción de la traducción.
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Ciceron resume su postura frente a la actividad de la traducción en lo siguiente: “nec convertí ut mnterpres, sed ut orator” Lo anterior se extrae de un comentario que él hace, refiriéndose a la técnica empleada para traducir una serie de discursos. Él afirma que al verter los discursos mencionados, no ha procedido como intérprete, sino como orador (nec convertí ut mnterpres sed ut orator) . «Verter como orador» es conservar las mismas ideas y sus formas o, por decirlo así, sus figuras, pero con palabras acomodadas al uso romano. Cicerón distingue aquí dos elementos del discurso: i) las ideas o los pensamientos junto con las formas o figuras de que el autor original los reviste , y ii) las palabras usadas para expresarlos . Sí un orador romano quiere verter al latín discursos de oradores áticos, debe reproducir exactamente su contenido lógico y su estructura retórica; no está obligado a verter las palabras una por una (non verbum pro verbo), aunque sí debe conservar integro su género (calidad, registro o estilo) y su fuerza. Hacia la perfecta traducción bíblica. Como se menciona arriba, la historia de la traducción en sus comienzos está íntimamente ligada a la Fé, produciéndose revueltas que han durado muchos siglos, sólo por querer crear la perfecta y más fiel traducción de los textos sagrados a las lenguas más importantes de las distintas épocas. Los Judíos tuvieron el primer aliento en la traducción de las Sagradas Escrituras hacia el siglo III a.c. Las migraciones, conflictos bélicos y dispersión nacional habían dañado profundamente su linguocultura, y muchos de los textos base de la nación Judaica. Gran cantidad de historia estaba susceptible de ser perdida, historia que data desde tiempos de Abraham quien se dice es el padre de las religiones monoteístas. Las sagradas escrituras Judías, o Torá, estaban escritas en lenguas semitas como el Arameo y Hebreo, pero hacia el siglo III a.c., gran parte de los seguidores de esta lengua hablaban Griego y las leyes entregadas por Yahvé a Moisés no podían ser comprendidas. Ptolomeo II Filadelfo, en el año 280 a.c. encarga a 70 (72 en otras versiones) la traducción del Torá al Griego, empresa que duró más de 70 años y como resultado se dio a luz lo que llamamos la Biblia Septuaginta, que hace alusión al número de involucrados en el proceso de traducción. Cuenta la leyenda que los 70 sabios trabajaron durante años enclaustrados y separados entre sí, y que finalmente, las 70 versiones que se engendraron, milagrosamente, fueron exactamente iguales. En esta época los traductores aún no escribían sobre aspectos metodológicos de su praxis, aunque sí se sabe que habían posturas recalcitrantes que defendían la traducción literal, palabra a palabra, y que el fruto debía parecerse lo más posible al texto-fuente, esto es, en cuando a estructura gramatical, registro (formal, culto, inculto, etc) y a momentos también ojala fonéticamente (como se pronuncian). Muchas veces, con esta visión obstinada, se estimularon enriquecimientos lingüísticos de trascendencia. Por ejemplo, se introdujeron nuevas formas de estructurar oraciones que hasta ese momento no existían en Griego y que se adoptaron para poder “sonar” lo más parecido a las lenguas de origen.
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Con la llegada del cristianismo, la difusión de la doctrina necesitaba utilizar intérpretes; en el mismo templo, la explicación de la Sagrada Escritura ya constituía una forma de interpretación de la lengua sagrada al arameo. Cuando se adoptó el latín como lengua de culto, hicieron falta nuevos intérpretes. El griego, a pesar de que a partir del siglo III era menos entendido por los clérigos, siguió siendo la lengua oficial. San Jerónimo (347-420), quien es considerado el santo patrono de los traductores y del enciclopedismo, se erigirá como el primer gran traductor de la Biblia al latín con la Vulgata, texto encargado por el Papa Dámaso I en el 382 d.c. que se convertiría en el estándar de la Biblia para los cristianos latino-parlantes en occidente, aportando también un nuevo criterio a la teoría de la traducción. Al igual que Cicerón, también opta por la traducción libre; sin embargo San Jerónimo representa, a excepción de los pasajes de las Escrituras donde las palabras encierran misterio, la teoría de la fidelidad al sentido: "sed sensum exprimere de sensu". San Jerónimo simboliza no sólo al traductor profesional, sino también al hombre de letras que dignifica la tarea del traductor. Cicerón y San Jerónimo defienden, pues, ambos extremos de la teoría de la traducción (palabra a palabra, ó, sentido a sentido, cuando correponda); no obstante, tanto una forma de expresión como la otra dependen en general del texto a traducir. Durante la edad Media, el paradigma teocéntrico produjo innumerables discusiones de importancia sobre las traducciones de la Biblia, habiendo incluso anécdotas de traductores que fueron quemados en la hoguera por la Inquisición, bajo el argumento de que un solo cambio en las palabras traducidas podía ser considerado una herejía que atentaba en contra de la Santa Iglesia. Por casi mil años continúa este conflicto en torno a las traducciones y estudio de las traducciones de la Biblia. Pero también la traducción y la interpretación tenían otro campo de batalla, que se llevaba a cabo en las difíciles relaciones entre Estados cristianos y musulmanes. Hacia el siglo VIII Las necesidades del gobierno del imperio islámico, resultante de la rápida conquista árabe y la expansión del Islam, impulsaron a los califas a promover una política de formación de funcionarios competentes y eficaces que pudieran servir de apoyo al poder califal. Para disponer de medios para la formación de estos hombres surge un gran interés en el siglo IX por toda la ciencia griega, "los escritos de los antiguos", y muy especialmente por las obras de Ptolomeo, Almagesto, Hipótesis planetarias y las Tablas. De este modo se embarcaron en un gigantesco trabajo de traducción en diversos centros, asociando también a otros mecenas de la nobleza y la clase dirigente del Califato. Con este fin destacó la creación de la "Casa de la Sabiduría" en Bagdad, un centro en el que confluían los estudiosos al servicio de la política califal, y la fundación de los observatorios de Bagdad y Damasco (822-29). En esta labor se ayudaron de traductores cristianos bilingües que se concentraron en libros de filosofía, geometría, música, aritmética y medicina. Los traductores usaron dos métodos de traducción. En el primero, el traductor estudia cada palabra griega y su significado, escogiendo una palabra árabe de significado equivalente y usándola; después va a la palabra siguiente y procede de la misma manera, hasta que acaba vertiendo al árabe el texto que quiere traducir, un método literal, palabra a palabra. En el segundo método el traductor tiene en cuenta una frase completa y, tras averiguar su significado correcto, lo expresa en árabe con una frase idéntica a su significado, sin consecuencias para la correspondencia de las palabras, muy parecido a los métodos señalados por Cicerón y San Jerónimo.
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En el año 711 cae la ciudad española de Córdoba a manos de los árabes, posteriormente, el año 1453 cae Bizancio a manos de los Turcos Otomanos, poniendo fin a siglos de supremacía romana en Europa. España pasa a constituirse como centro de radiación cultural del Mediterráneo por su situación peculiar entre tres mundos: el árabe, el judaico y el cristiano. Los musulmanes, al extenderse por la península, impulsan un desarrollo social y cultural de gran magnitud. Córdoba sustituye a Alejandría y a Bagdad, transformándose en el siglo XI en un foco del pensamiento judío. A principios del siglo XII, Toledo, llamada también la ciudad de las tres culturas, por convivir en la misma ciudad árabes, judíos y cristianos, se convierte en un nuevo centro de difusión de estas tres culturas. Se crea la "Escuela de Traductores", lo que permite un mayor conocimiento universal y propagación de las diferentes ciencias y pensamientos: medicina, matemáticas, astronomía, filosofía y religiones. Se podría dividir el siglo y medio que duró la labor traductora (1130-1287) en dos grandes épocas: Época Raimundiana (1130-1187) y Época Alfonsina (1252-1287). Esta división está basada en los años en que los dos grandes mecenas (persona o institución que patrocina a los literatos o artistas)(el arzobispo D. Raimundo y el rey Alfonso X) dirigieron la escuela, cada época con sus propias características. En la Época Raimundiana se hizo hincapié en traducciones de asuntos filosóficos, y los equipos de traductores contaban con un arabista y un latinista. Por otra parte, en la Época Alfonsina se eliminaron las traducciones de tópicos filosóficos y en su lugar se tradujeron obras de carácter científico, y los equipos de traductores comprendían a un arabista y a un romanista, auxiliados por un "emendador", un "capitulador" y un "glosador". Los traductores de esta época desarrollaron posturas metodológicas del quehacer del traductor, profesionalizando en parte la actividad, además se ve que la función politico-religiosa de la traducción medieval se enroca por un enfoque tecnológico. Esto aportará a la cultura hispana y europea los conceptos filosóficos griegos y concepciones panteístas (doctrina filosófica según la cual el Universo, la naturaleza y Dios son equivalentes), estimulando el cambio en el pensamiento, en otras palabras, la antesala al renacimiento. A pesar de todo, estos movimientos liberales molestaban a una gran parte de la Iglesia que no veía con buenos ojos estos apetitos intelectuales, y que podían, de cierta manera, envenenar el pensamiento religioso con teorías paganas. De la mano del descubrimiento de América, nuevos horizontes y desafíos se despliegan para la incipiente disciplina. Se dice que Colón murió sin saberse descubridor del nuevo mundo por la falta de intérpretes que le ayudaran a comprender a los nativos que se creía eran de India. Con este hecho importante no sólo surge la necesidad de tener buenos intérpretes y traductores, sino que también de la necesidad de formarlos para futuras empresas. En muchas ocasiones se documenta que la comunicación con los nativos se hacía a través de lo que hoy denominamos traducción intersemiótica, es decir, por señas. Si se tiene en cuenta la vastedad de los territorios descubiertos, la diversidad de lenguas y el estrecho contacto mantenido durante un par de siglos, no sería exagerado afirmar que la labor de estos intérpretes y traductores se encuentra entre los hitos más importantes de la historia de la traducción oral y escrita en la civilización occidental, de Europa y también de América.
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A finales de la conquista y en los albores de la colonización, la formación de traductores e intérpretes se academizó; en el siglo XVI los misioneros crearon institutos de enseñanza bilingüe como los de Santa Cruz de Tlalteloco, San Juan de Letrán y Sta. María de Todos los Santos en Méjico, de donde salieron alcaldes y gobernadores, traductores e intérpretes. Con lo anterior, se rescataron para la posteridad, sobre todo de manos de los Franciscanos, la memoria literaria de la oralidad de los indígenas, lo que demostró que a pesar de no haber alcanzado el desarrollo formal europeo, poseían una gran capacidad expresiva y literaria. Destaca en esta labor el personaje de la célebre india maya Malinche, quien fue compañera de Cortés y sirvió de intérprete entre indígenas y conquistadores. Alrededor del 1440, Johannes Gutenberg crea la imprenta, invención que hace a la traducción tomar nuevos matices a la luz de la posibilidad concreta de pluralizar los textos clásicos, expandiendo el conocimiento desde los eruditos que hablaban Griego y Latín, a todo el pueblo llano. Así, la traducción abandona el concepto de cultura teológicamente tutelada permitiendo que la opinión del pueblo se pueda formar libremente a través de la lectura de inmediata de los textos teniendo acceso así, a las grandes obras de la ingeniería, la náutica y la medicina, así como también las obras religiosas. El siglo XVII comienza a concienciar de manera concreta los aspectos técnicos y procesuales de la traducción. Se comienza por elaborar útiles de traducción como son las gramáticas comparadas y diccionarios. Elio Antonio de Nebrija publica en el año 1492 un diccionario bilingüe latino-español, así como una gramática de la lengua castellana, siendo éste el primer apoyo concreto a la traducción en occidente. Empiezan a publicarse diccionarios bilingües o plurilingües. Nuevamente en este tiempo, la traducción de la Biblia y textos sagrados toma importancia, pero ya no solo en cuanto a asuntos dogmáticos, sino que también en temas de poderío político. Un ejemplo de esto es la traducción de la Biblia de 1522 por Martin Lutero del latin (aún se usaba la Vulgata de San Jerónimo) al Alemán vulgar. La Iglesia tenía el control sobre el conocimiento, sus integrantes eran estudiosos y educados, lo que contrastaba con la sociedad analfabeta que conseguía sus conocimientos a través de la transmisión oral, la memorización y la repetición de los textos bíblicos. Con ello, es supuesto que la sociedad estaba muy vulnerable a recibir visiones de la religión que podían ser inexactas o manipuladas con fines quizás cuestionables. Lutero hizo posible el acceso al conocimiento, la información y la educación, desmitificando las Sagradas Escrituras a fin de lograr la búsqueda de la verdad. Con su empresa, Lutero facilitó la propagación del protestantismo, y la formación del Alemán, que hasta ese entonces estaba disperso en una multiplicidad de dialectos y formas de hablar que aún no se habían normado. Es la primera vez en la historia de la traducción en que se traduce a la lengua del pueblo sin privilegiar la lengua de uso entre las altas esferas sociales. De esta forma le restó el poder a la Iglesia católica romana sobre el pueblo Alemán, y precursó la reforma protestante. En la Biblia de Lutero, la traducción de un pasaje de la Carta a los Romanos, dice que “toda autoridad viene de Dios”, lo que cuestionó la jerarquía absoluta del papado, esto sumado al principio que negaba a las buenas obras cualquier efecto de salvación celestial, produjo un movimiento en gran parte de Europa y el mundo. Con este precepto, en particular, rechazó el complejo sistema sacramental de la Iglesia Católica medieval, que permitía y justificaba exageraciones como la "venta de indulgencias",
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practicas que estaban incluidas y justificadas en las versiones de la Biblia que la Iglesia aceptaba como apropiadas. Para la traducción de la Biblia protestante, escrita ésta en latín medieval, Lutero la tradujo al griego y luego al alemán, con la ayuda de diccionarios en griego, latín, hebreo y alemán. Éste deseaba traducirla del griego al alemán, con la intención de revelar las escrituras con exactitud. Uno de los problemas que encontró en el proceso, fue la falta de una unidad lingüística en la Alemania de la época, es decir, la existencia de muchas formas de usar el alemán, incluso algunas de ellas divergentes. Para paliar esta realidad, visitó pueblos y mercados cercanos con la intención de investigar el dialecto común de la lengua alemana. Escuchaba a las personas hablar, para así poder transcribir en lenguaje coloquial. Finalmente, con la publicación, el Alemán se modeló en un estándar. Junto con la función politico-iluminista y tecnológica de la época, se comienza a perfilar una función estética que se da de la mano con el afán renacentista de rescatar las obras griegas clásicas, sobre todo en temas de literatura y poesía, lo que supuso serios debates en cuanto a mejores o peores traducciones y también en cuanto a las práctica profesionalizada de traducción-interpretación. Con la caída del imperio romano en occidente el año 476, se comienza con el medioevo, periodo en el que el paradigma centraba su atención en la figura de Dios, que esta vez era el dios cristiano, y también la atención en la Iglesia impuesta por dios en la tierra bajo la figura del sucesor de San Pedro, el Papa. Se dice que comenzó con la caída del Imperio Romano en occidente, y que finaliza con la coincidencia de varios hechos históricos de trascendencia, como son la invención de la imprenta alrededor del 1440, la caída del imperio bizantino en 1453, el término de la Guerra de los Cien Años en Inglaterra y con el glorioso descubrimiento de América en el 1492. Esta seguidilla de hechos da paso a un florecimiento en las artes, las letras, el teatro, la filosofía, la ciencia y por supuesto la traducción (ver arriba). Periodo Llamado Renacimiento, y que es la antesala a la Edad Moderna. Comienza el camino que culminará en el tercer periodo histórico de la Traducción, el periodo en que las investigaciones científicas toman fuerza en el área del lenguaje, presentando nuevos desafíos a la actividad traductora. Esto sumado a la masificación de las tecnologías de la información, el aumento de los viajes, las nuevas características económicas del mercado, etc., sin duda nos invitan a tratar la modernidad hasta nuestro 2010, de manera apartada en otro paper.

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