JORNADAS DE ESTUDIOS LOCALES

Nº 9

ALMANSA

Mayo 2011

LAS RAÍCES DE ALMANSA

DESDE LOS ORÍGENES DEL POBLAMIENTO HASTA EL FIN DE LA EDAD MEDIA

EL POBLAMIENTO ISLÁMICO
EN EL CORREDOR DE
ALMANSA Y LAS TIERRAS
DE MONTEARAGÓN:
LOS ANDALUSÍES OLVIDADOS

José Luis Simón García

Doctor en Historia, Universidad de Alicante
167

•EL POBLAMIENTO ISLÁMICO EN EL
CORREDOR DE ALMANSA Y LAS TIERRAS DE MONTEARAGÓN:
LOS ANDALUSÍES OLVIDADOS
Por José Luis Simón García1

A la llamada nostálgica,
al eco del zurear de las palomas
en el ocaso, yo respondo con vehemencia;
irrumpo en llanto derramando lágrima tras lágrima
mientras se derrumba mi entereza toda, y exclamo:
Alguna vez retornaré
A la tierra de mi Alzira
a calmar mis angustias
y a sosegar mi lecho
y a vagar por sus valles
contemplando como hacen abluciones las laderas
de aquellos cerros
con rocío y luego se disipa.
Aquí estoy aguzando la vista en este cielo
Por ver el resplandor de un relámpago
Que del mío proceda.
Ibn Jafáya (Alzira, 1058-1139)

1 - INTRODUCCIÓN

El conocimiento
de la cultura
islámica en el
Corredor de
Almansa ha
oscilado entre
el “desierto
poblacional” y la...

El conocimiento que hasta la fecha disponemos de la cultura islámica
en el Corredor de Almansa y las tierras de Montearagón, ha oscilado entre el
“desierto poblacional”, defendido por algunos investigadores en décadas pasadas, fruto de un análisis exclusivo de las fuentes documentales, y la atribución
popular a “los moros” de cualquier resto antiguo del que se desconocía su origen, fomentando leyendas de tesoros ocultos, amores imposibles y pasadizos
infinitos. Entre ambos extremos solo la investigación arqueológica es capaz de
situar el conocimiento de esta etapa histórica en sus parámetros adecuados,
1
José Luís Simón García, Doctor en Historia por la Universidad de Alicante, ejerce su actividad profesional en el Servicio de Arqueología de la Generalitat Valenciana, es profesor asociado de la Universidad
de Alicante y dirige proyectos de investigación y puesta en valor en la provincia de Albacete.

169

...atribución a
“los moros”
de cualquier resto
antiguo.

avanzando poco a poco en unos momentos históricos que fueron sometidos a la
“damnatio memoriae” por aquellos que
tras la conquista cristiana intentaron justificar una “reconquista necesaria”.
Con motivo de la celebración de las
V Jornadas de Estudios Locales, organizadas por la Asociación Torre Grande en colaboración con el Excmo. Ayuntamiento
de Almansa, realizamos, y posteriormente José Luis Simón García.
publicamos, un trabajo inicial sobre el —————————————————
Castillo de Almansa, el cual pese a ser una de las fortificaciones españolas
más representadas en los numerosos manuales y recopilaciones de este tipo de
edificios, carecía, hasta ese momento, de un análisis riguroso de los aspectos
arqueológicos, arquitectónicos o históricos (Simón, 1999). Aquel encargo nos
llevó a abrir una nueva línea de investigación enmarcada en la arqueología
medieval, primero a nivel comarcal y posteriormente a nivel provincial (Simón, 2009). Pronto nos percatamos del hecho de que para poder entender
dicha fortaleza era necesario comprender su entorno, no solo desde el punto
de vista militar, sino también político, social, económico y esencialmente poblacional.

Se hacía necesario
afrontar el
estudio del mundo
islámico a través de
la arqueología por
la parquedad de las
fuentes escritas.

La lectura de los numerosos trabajos sobre el mundo medieval de la
zona y de la provincia, mayoritariamente realizados por A. Pretel (1999), señalaban la necesidad de afrontar el estudio del mundo islámico a través de la
arqueología, especialmente por la parquedad de las fuentes escritas. De esta
forma se podría intentar una interpretación más adecuada de los hechos señalados en la documentación paleográfica existente, especialmente en el periodo
de la conquista cristiana de la zona, de las que el área oriental de la provincia
de Albacete es por desgracia la menos conocida, sobre todo con relación a la
sierra albaceteña, los Llanos occidentales o el valle del Júcar.

Tras más de
una década de
investigación, los
resultados son
lo suficientemente
significativos como
para realizar...

Tras más de una década de investigación, creemos que los resultados
son los suficientemente significativos como para realizar una primera aproximación y valoración. Esto no significa que con el transcurso de los trabajos
de campo, el debate científico y los nuevos datos aportados desde otras zonas
geográficas, las interpretaciones o conclusiones que a continuación ofrecemos,
puedan verse matizadas, modificadas o simplemente superadas. Creemos que
el ofrecer estos datos y análisis a la comunidad científica y a la sociedad, per-

170

...una primera
valoración.

mitirá que entre todos avancemos en el conocimiento de uno de los periodos
históricos más olvidados del pasado albaceteño.

Otro de nuestros
objetivos es iniciar
un corpus de
materiales
arqueológicos,
esencialmente restos
cerámicos, que
puedan servir de
patrón.

Otro de nuestros objetivos es iniciar un corpus de materiales arqueológicos, esencialmente restos cerámicos, que puedan servir de patrón a partir del
que conocer cual es la realidad ergológica de la zona, pues como ha ocurrido
en otras zonas aledañas el análisis en profundidad de las mismas ha mostrado
las filiaciones y la particularidad propia de cada zona, hecho que no será aquí
diferente por los resultados obtenidos. Tanto es así que, como podrá apreciarse
en las siguientes páginas, uno de los principales problemas que hemos tenido
a la hora de efectuar el análisis de los restos documentados, ha sido el clasificar
las formas y la adscripción cronológica de las mismas respecto a los ejemplares
de los territorios circundantes más cercanos, como levante peninsular o Sarqal-Andalus, la Cora de Tudmir y posteriormente el reino de Murcia o la Cora
de Toledo, territorios con idiosincrasias geográficas, históricas y seguramente
sociales muy diferentes al espacio aquí tratado, especialmente porque en esos
territorios la mayoría de los estudios se han centrado en aspectos urbanos o
periurbanos, rodeados de fértiles vegas irrigadas, mientras que en el Corredor
de Almansa y Montearagón han sido espacios secularmente rurales, de secano,
dedicados esencialmente a la ganadería y a la arriería relacionada con las vías
de comunicación que trascurren por ella.
Sin embargo, no pretendemos ocultar las limitaciones del estudio. Por
un lado, las prospecciones se han extendido a un espacio considerable de la
zona de estudio, pero faltan
por completar las áreas marginales y zonas de difícil acceso.
Por otro, y hasta la fecha, las
únicas intervenciones arqueológicas de excavación científica
han sido fruto de limitadas tareas de restauración en algunos
de los castillos de la comarca,
nunca como consecuencia de
un proyecto científico concreto o especifico, limitando las
cuestiones a resolver o investigar. Por otra parte, ya hemos
señalado que las peculiaridades
Capitel de El Tobar.
del registro hacen difícil em- ————————————————————————
171

plear métodos comparativos con otras áreas, por lo que en muchas ocasiones
la deducción de hipótesis es una tarea sumamente arriesgada, más aun cuando
faltan patrones generales obtenidos de lugares con tanta influencia sobre la
zona como pudieron ser las medinas de Chinchilla, el Tolmo de Minateda, o
más alejadamente las ciudades de Murcia, Valencia, Denia, Jaén, etc.

172

2 - HISTORIOGRAFÍA DE LA INVESTIGACIÓN
Trabajos que podamos considerar
como antecedentes
desde la perspectiva
arqueológica son
realmente pocos.
Pierre Waltz en
1900;...

Trabajos que podamos considerar como antecedentes desde la perspectiva arqueológica son realmente pocos. Pierre Waltz en 1900 publica las descripciones de una serie de yacimientos que supone de época ibérica, entre los
que destaca La Graja de Higueruela, que erróneamente emplaza en el término
de Carcelén. Dibuja, publica y describe una serie de estructuras que clarísimamente responden a los patrones constructivos de las alquerías islámicas de
la zona. Estos yacimientos ya habían sido citados por Lozano a mediados del
siglo XVIII, sin adscripción cultural alguna, tan solo señalando su antigüedad. Broncano (1986) en su recopilatorio sobre El Castellar de Meca, recoge
las múltiples visitas y citas sobre el lugar desde la Baja Edad Media hasta los
inicios del siglo XX, en donde se señalan las ruinas que algunos visitantes atribuyen a la época islámica.

...Zuazo Palacios
en Montealegre;...

D. Joaquín Zuazo Palacios, un abogado y propietario de algunas fincas
en Montealegre del Castillo, que durante la primera mitad del siglo XX estuvo
muy interesado por la arqueología de la zona, especialmente la de Montealegre
del Castillo, de donde era originario, centró su atención en primer lugar por
los yacimientos emplazados en su finca de La Cueva, colindante al ya famoso
Cerro de los Santos y, posteriormente, por otros existentes en el término o
en zonas aledañas, como la ciudad ibérica de Meca (Ayora, Valencia) (Zuazo,
1915 y 1916) en la cual Pierre Paris (1921) ya señalaba la existencia de cerámicas medievales, o el Monte Arabí, con un excepcional conjunto de pinturas
de arte rupestre. En contacto con algunos de los más eminentes arqueólogos
de la época -pues su residencia en Madrid durante amplios periodos así se lo
permitía-, le posibilitó entrar en contacto con científicos de la talla de Hugo
Obermaier -junto al cual realizó una pequeña excavación de uno de los poblados de la Edad del Bronce sito en su finca, El Cegarrón-, Schulten, el citado P.
París, Breuil, y otros investigadores punteros de la época.
Con la creencia de que muchos de los restos de construcciones, que
173

observaban en la cumbre de algunos cerros del término de Montealegre del
Castillo, eran “túmulos” funerarios prehistóricos, con cámaras llena de objetos, Zuazo Palacios realizó en el año 1912, en solitario y con sus propios
peones, una excavación en el yacimiento de Los Castellares de Montealegre,
de la cual expuso sus resultados en su obra de 1915, “La villa de Montealegre
y su Cerro de los Santos”. En dicha actuación excavó parte de una estructura
hexagonal, con saeteras y restos de una construcción que interpretó como un
“molino”. Muchas de las cerámicas y objetos recogidos, entre los que cita varias
monedas islámicas de oro, aparecen publicadas en la obra señalada y en su trabajo de 1916, “Meca (Contribución al estudio de las ciudades ibéricas)”. Da
noticias de algunos descubrimientos arqueológicos en Montealegre (Albacete)
y, si bien están adscritas a momentos islámicos, se nota la escasa atención que
hacia ellas prestó el autor de la investigación.
Con respecto al estudio de cerámicas medievales, y en concreto a las islámicas, tan sólo contamos con dos breves trabajos sobre los reducidos fondos
del Museo Provincial: uno, que analiza los restos cerámicos de un conjunto
de yacimientos, entre los que destacan Los Castellares y Mompichel de Chinchilla y, otro, los hallazgos de cerámicas islámicas en dos solares de Albacete
(Idañez y Ramírez,1988).
...a nivel de
prospección nos
encontramos con
el trabajo de
Escrivá y Sánchez
de 1996 sobre
los términos
de Carcelén
y Alatoz;...

A nivel de prospección nos encontramos con el trabajo de Escrivá y
Sánchez de 1996 sobre los términos de Carcelén y Alatoz. Aquí se citan dos
yacimientos islámicos y los materiales de ellos obtenidos, al que se le añade
con posterioridad la publicación de 1998
donde participan los autores junto a R. Nicolau, esta vez centrado sólo en Carcelén.
Serrano y Fernández (1991 y 1993) efectúan
una recopilación de manuscritos en el que
se señalan yacimientos de época islámica en
Alpera y Montealegre del Castillo y exponen
algunos hallazgos cerámicos relacionados
con ellos. Sánchez Jiménez recogió en 1945
la noticia del casual hallazgo numismático
del Bancal de las Tinajas de Bonete, el cual
fue posteriormente estudiado por Sáenz Diez
en 1986.

...a nivel de
excavación, solo...

A nivel de excavación sistemática, tan
solo podemos señalar las exhumaciones de

174

Silo en El Castellar de Meca.
——————————–––––––––——

...podemos señalar
los caminos
excavados en la
piedra de El
Castellar de Meca,...

los caminos excavados en la piedra de El Castellar de Meca, bajo la dirección de Santiago Broncano (1986 y 1997), con el aporte de la consiguiente
documentación del poblado islámico existente en la ladera septentrional del
opidum ibérico, si bien la atención principal se ha centrado en los nivel protohistóricos.

...más una serie de
artículos referidos
a la comarca de
Almansa.

Por nuestra parte, además hemos publicado una serie de artículos referidos a las fortificaciones de la comarca de Almansa (Simón, 2002 y 2007),
sobre la arquitectura gótica en Almansa (Simón y García, 2007), sobre la cerámica bajomedieval en la provincia de Albacete (Simón, 2009), estando a
la espera de la publicación del estudio sobre todos los castillos y torres de la
provincia de Albacete (Simón e.p. 2011).

Otras obras de
carácter histórico
son el estudio de
Chinchilla en
las fuentes árabes.

Otras obras de carácter histórico de secular importancia son el estudio
de Chinchilla en las fuentes árabes, por Pacheco (1984), el análisis de los
“baños árabes” de Chinchilla, de Santamaria Conde (1983), los antecedentes
islámicos del Marquesado de Villena por Rubiera (1987), sobre los caminos y
defensas de la Mancha Oriental, de Franco (1995), los trabajos sobre la Cora
de Tumîr de Molina (1972), Vallvé (1986) y Gutiérrez (1996), sobre castillos,
como los de Sarthou (1932), Ortíz (1960), Retuerce (1983), Ruibal (1994),
Cooper (1991) o generalistas como las obras de Alvarado (1995) e Izquierdo
(1985), a los que habría que añadir el estudio de las fuentes escritas como
las de Torres Fontes (1963-1980), Carrilero (1997), o las obras de análisis ya
señaladas de Pretel (1981, 1986, 1992), entre otras.

Castillo de Chinchilla.
———————————————————————————————————————————

175

Cabe señalar las
intervenciones
arqueológicas
relacionadas con
los proyectos de
restauración de
varios castillos
y la redacción
de las Cartas
Arqueológicas.

176

Finalmente cabe señalar que en la primera década del siglo XXI venimos desarrollando trabajos relacionados con la arqueología medieval de la
zona y de otras de la provincia de Albacete, codirigiendo las intervenciones
arqueológicas relacionadas con los proyectos de restauración de los castillos de
Almansa, Caudete, la Torre de Bogarra, Montealegre del Castillo, la Puerta de
Diablos y Tiradores de Chinchilla, el castillo de Socovos, la Torre de Gorgojí,
las prospecciones en todo el ámbito de la provincia de Albacete, o con motivo
de la redacción de las Cartas Arqueológicas del Corredor de Almansa, Monte
Ibérico, la Sierra del Segura, Alcaraz, Munera, Peñas de San Pedro o San Pedro, entre otros.

3 - EL TERRITORIO Y LAS VÍAS DE COMUNICACIÓN
EN ÉPOCA ISLÁMICA

El área de
estudio del presente
trabajo es el sector
oriental de la
actual provincia
de Albacete.

El área de estudio del presente trabajo es esencialmente el sector oriental
de la actual provincia de Albacete, compuesto desde un punto de vista geográfico por el Corredor de Almansa, al cual se le une el término de Caudete, adscrito física e hidrológicamente al Alto Vinalopó, comarca de la provincia de
Alicante, pero que, por cuestiones de la remodelación administrativa de mediados del siglo XIX, quedó adscrita a la provincia de Albacete, pese a su secular pertenencia al Reino de Aragón, y la mayoría de las tierras de Chinchilla de
Montearagón, hoy en día denominadas administrativamente de Monte Ibérico,

Panorámica del Corredor de Almansa.
——————————————————————————————————————————————————————————————

conformada por el actual término de Chinchilla, y los términos segregados de
su antiguo alfoz a lo largo de los siglos XVI al XIX, como los de Hoya Gonzalo, Higueruela, Pozo Cañada, Pétrola y Corral Rubio. Sin embargo, dado
el ámbito histórico y, especialmente, el temporal del estudio, hay que añadir
a esta delimitación geográfica y administrativa los territorios que, desde una
perspectiva cultural, estuvieron implicados con ellos. Es por esto por lo que
para el período islámico hayamos incluido los términos situados al Sur del río
Júcar que formaron parte de las tierras de Chinchilla o como en el caso de
Carcelén, estuvo vinculado al hisn almohade de Almansa, tal y como queda
reflejado en la concesión de los fueros de Cuenca y Requena a los repobladores
177

de Almansa por Alfonso X en 1264:
Sepan todos quantos esta carta uieren como nos don Alfonso por la graçia
de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León, de Gillizia, de Seuilla, de Córdoua, de Murcia, de Jahén e del Algarbe, damos a Almanssa e a los pobladores que y son e que y serán daquí adelante estos lugares que aquí dize por
termino. Alpera e Carçelén e Gonet, que los ayan con todos sus terminos e
con sus aguas e sus pastos e con sus montes assi commo los auíen en tienpo de
los almohades, et deffendemos que nenguno non sea osado de gelo contrallar
nin de gelo embargar, ca qual quier que lo fiziesse a el e a lo que ouiesse nos
tornaríemos,...
Las adscripciones
de territorios
durante el siglo XIV
y las segregaciones
posteriores de los
siglos XV y XVI,
provocaron una
serie de deslindes de
términos que nada
tienen que ver con el
espacio geográfico.

Fenómenos como las adscripciones de territorios durante el siglo XIV,
y las segregaciones posteriores de los siglos XV y XVI, provocaron una serie
de deslindes de términos que nada tienen que ver con el espacio geográfico,
pues muestran penetraciones jurisdiccionales que no pueden quedar excluidas
del presente trabajo. Es por esta razón por la que el área de prospección se ha
extendido desde el centro del valle de Carcelén, es decir, desde las Casas de
Juan Gil, pasando por el macizo montañoso de Higueruela, hasta el cerro de
Mompichel, donde se dividen aguas hacia el corredor y hacia la llanura central
albaceteña, parte del término de Corral-Rubio hasta la linde entre Montealegre del Castillo y Fuente-Álamo, territorio este último vinculado hoy en día
al Campo de Hellín.
Estos territorios, además de los vínculos históricos en época islámica
y en los años de conquista cristiana, tienen junto con otros próximos una
vinculación geográfica que les llevara a desarrollar una raíz comarcal de tipo
geográfico que sólo las divisiones administrativas posteriores han podido matizar. Por esta circunstancia, hemos incluido una serie de yacimientos, como
de El Castellar de Meca y la aldea de San Benito, hoy ambos en el término
de Ayora (Valencia), pero adscritos cultural y geográficamente al Corredor de
Almansa, sin los cuales la visión de conjunto sería sesgada y completamente
falseada. Por tanto el territorio queda delimitado por el Valle del Júcar y la Vall
de Ayora, por su parte septentrional; La Costera por su parte oriental; el Alto
Vinalopó y el altiplano de Yecla-Jumilla por su lado meridional, y las comarcas de Tobarra-Hellín y los llanos de Albacete por su lado occidental. Se trata
de un territorio con una significación propia, pero que comparte muchas de
sus características generales con los colindantes.
El análisis desde un punto de vista geográfico del espacio señalado es
completamente necesario para poder comprender muchas de las circunstan-

178

cias históricas y culturales de las sociedades que se pretenden analizar, más aún
cuando se trata de sociedades preindustriales vinculadas a actividades económicas de carácter agropecuario, donde factores como los suelos, el clima, la
hidrología o la vegetación y la fauna son determinantes a la hora de desarrollar un determinado modelo social. El mundo islámico no escapará a dichas
circunstancias, más aún en un medio rural como el que se desarrolla en el
Corredor de Almansa.
Las características básicas de dicho territorio ya fueron ampliamente
definidas en varias obras por Ponce Herrero (1989). Es una zona inscrita en la
región suroriental de la Meseta Ibérica, donde confluyen los dominios geológicos y geográficos del Prebético y la Cordillera Ibérica, si bien sus características
quedan desfiguradas en sus rasgos más representativos, pero donde el borde
marginal del zócalo meseteño queda patente en todo momento. El clima tendrá una dinámica transicional entre las tierras valencianas y las planicies manchegas, esencialmente por la altitud del territorio -por encima de los 700 m en
su mayor parte- y las barreras de los macizos alicantinos que frenan los efectos
marítimos. El resultado es un tipo climático mediterráneo de invierno frío,
salvo Caudete donde encontramos un régimen térmico mediterráneo suave.
Desde el punto de vista pluviométrico, se inscribe en un área de transición entre la Iberia seca y la Iberia lluviosa, con una secular escasez de precipitaciones,
fuerte irregularidad, concentración temporal en escasas horas y una evaporación muy elevada, lo cual causa una elevada aridez, y limitaciones constantes
de los cultivos de la zona. Todas estas circunstancias han modelado un paisaje
donde la escasez de hídrica ha condicionado los lugares de asentamiento y los
posibles aprovechamientos del medio, donde la agricultura de secano, con la
triada mediterránea como base -cereal, olivo y vid- y esencialmente los pastos,
han supuesto de forma secular el sustento de todos los grupos humanos desde
la Prehistoria.
Su posición
geográfica en el
solar peninsular
le aporta un valor
añadido en relación
a las vías naturales
de comunicación.
Este hecho es
uno de los factores
determinantes del...

Sin embargo, su posición geográfica en el solar
peninsular le aporta, tanto en
dirección Norte-Sur, como
en dirección Este a Oeste o
viceversa un valor añadido
en relación a las vías naturales de comunicación que
unen la Meseta Sur con el
Levante y el Sistema Ibérico

Candil de Lietor.
——————————————————————––—

179

modelo de
ocupación del
territorio.

con la Alta Andalucía y Murcia. Este hecho sigue vigente a lo largo de toda
la Edad Media y consideramos que es uno de los factores determinantes del
modelo de ocupación del territorio, tanto desde el punto de vista del posicionamiento de los núcleos de población, como de las infraestructuras que son
necesarias para su protección -castillos y torres-, uso comercial -posadas, corrales y aljibes-, tránsito de personas -ya sean civiles o tropas militares-, etc.

El uso de dichas
vías se relacionará
con la situación
política y
administrativa de
la región, con
periodos de
aislamiento frente
a otros de un claro
valor estratégico,
como parece que
fue durante el
periodo taifal y
almohade.

El uso de dichas vías, y consiguientemente su importancia, quedará
a su vez determinado por la situación política y administrativa de la región,
con periodos de aislamiento, como son la fase emiral y califal, frente a otros
de un claro valor estratégico, en ocasiones singular, como parece que fue durante el periodo taifal y almohade. En el periodo de vigencia de la Cora de
Tûdmir el Corredor de Almansa queda en un área marginal respecto de los
principales núcleos de población, citados en el pacto del conde Teodomiro
con ‘Abd al-‘Aziz, en el 713, -Lurca (Lorca), Mula (El Cerro de la Almagra
en Mula), Auryula (Orihuela), Laqant (Alicante), Ils (La Alcudia de Elche),
Buq.sr.h (Cabezo Roenas de Cahegín), Balantala (Valencia) y Iyih (El Tolmo de Minateda) (Abad, Gutiérrez y Sanz, 1998)-. Las tierras orientales de
Albacete, quedan en una tierra de nadie, fronteriza y de difícil control por la
falta de población en la zona, hecho que se vera nuevamente ratificado en las
campañas militares del califa Abd ar-Rahman III en el 935 contra los rebeldes
de Zaragoza. Él utiliza la ruta Sur-Norte, en el tramo albaceteño, a través de
las Lagunas de Ruidera, Balazote, Chinchilla y Puente Torres, para atravesar
el Júcar y dirigirse hacia el Norte. Similar ruta empleó el califa almohade
Abu Yaçqub Yusuf en el 1172 contra Huete, el cual pasa por las Lagunas de
Ruidera (Al-Gudur), Balazote (Balat Suf ), Albacete (mary Al-Basit), para de
ahí cruzar el Júcar (wadi Yazirat Suqar). Como se puede apreciar en los tres
momentos prima la ruta Sur-Norte, frente a la Oeste-Este, que quedará como
una ruta de segundo orden hasta la conquista cristiana.
Estas circunstancias empiezan a cambiar durante el periodo taifal, a
partir del siglo XI, cuando la caída de Córdoba condujo a una fragmentación
política del territorio que generó nuevos intereses en contraposición de los
que habían primado hasta el momento. Esto supuso la revitalización de rutas
y vías, que hasta la fecha quedaban marginadas o eran secundarias, ante otras
que hasta entonces habían sido consideradas más rápidas o habían sido primadas por el poder político en función de intereses geográficos concretos. Es en
este periodo cuando el Corredor de Almansa es la única salida terrestre de la
Taifa de Denia a la antigua Vía Augusta, que unía el litoral Mediterráneo con
la Alta Andalucía y, a través de la misma, con la Bética. Sin embargo, la hostil

180

dinastía beréber de los Sinhaya Ziríes de Granada -tradicionales enemigos de
los reinos eslavos levantinos-, impedía dicha ruta y esto suponía la imposibilidad de que la Taifa de Denia desarrollase un comercio interior.
Un segundo
momento de
singular importancia
lo será con ocasión
de la conquista, en
la primera mitad
del siglo XIII,
cuando la frontera
se estabiliza
en el Júcar.

Un segundo momento de singular importancia de dicha ruta lo será
ya con ocasión de la conquista cristiana, en la primera mitad del siglo XIII,
cuando la frontera se estabiliza en el Júcar, y las tierras de Chinchilla y la zona
oriental de la provincia de Albacete mantienen el contacto con el sur a través
de la serranía del Segura, el sector septentrional de Murcia y el Valle del Vinalopó. De todos modos el estudio de las vías regionales en estos momentos
es una tarea que dista mucho de ser conocida con profundidad. El caso más
significativo es el del reciente trabajo de Rodríguez Morales (2010) sobre la
Vereda Real de Almansa, que ponía en contacto la población con Valencia a
través de Enguera y Chella cruzando la Sierra de la Rua, hoy conocida como
de Almansa en su vertiente meridional y de Enguera en la septentrional, evitando el Puerto de “Fuente la Yguera” hoy conocido como de Almansa. Los
retos de la calzada tallada en la roca, por los datos métricos, las técnicas constructivas y los restos de clavos de herradura documentados, son fechados por
el autor del trabajo como de época islámica, en un momento taifal y cuya
duración continua hasta la última Guerra Civil. Pese a su recorrido serrano,
sus características y toponimia indican un uso carretero, con una singular
importancia militar por el acortamiento de distancias respecto a otras rutas, y
ganadero a partir de su sustitución por la adecuación del Puerto de Almansa a
partir del siglo XVI-XVII.

Uno de los
principales
papeles de las vías
de la comarca
fue su uso para
la trashumancia
comarcal y
regional, tal y
como señalan
las fuentes
documentales,
tanto islámicas
como cristianas.

Uno de los principales papeles de las vías de la comarca fue su uso para
la trashumancia comarcal y regional, base esencial de la economía de la comarca tal y como lo señalan las fuentes documentales, tanto islámicas como
cristianas, clave en la producción
y elaboración de la lana en las tierras albaceteñas, reflejada hasta en
la toponimia -en la provincia de
Albacete podemos citar la rutba o
aduana relacionada con la lana de
la cual surge La Roda-, la constante referencia a la elaboración de
tapices de lana (wata’ as-suf ) en
Chinchilla (madinat Yinyala), o el
propio significado de Balazote (Ba- Ovejas de raza manchega pastando en los llanos del
Corredor de Almansa.
lat Suf ), calzada de la lana.
————————————————————––—
181

Toda esta actividad se verá revitalizada tras la conquista y el alejamiento de la frontera, aprovechando rutas preexistentes islámicas para retomar y
crear todo un sistema de cañadas, veredas, cordadas y coladas, que permitan
el tránsito de ganados de forma franca desde los pastos de verano a los de
invierno. Las principales cañadas que cruzarán la comarca, algunas usadas
desde la Prehistoria, serán la Vereda Real de Los Serranos que, con dirección
Norte-Sur, une el Sistema Ibérico con el Campo de Cartagena, pasando por
Higueruela, la parte oriental del actual término de Chinchilla, Bonete, Corral
Rubio y Montealegre del Castillo. Es decir, comunica -para la comarca en
estudio- el Valle del Júcar con el Altiplano Murciano. En sentido Oeste-Este,
nos encontramos con la Vereda Real de Andalucía a Valencia, que atravesando
la parte meridional del término de Chinchilla, llega a Bonete, pasa a Almansa
donde se bifurca hacia Valencia, bien por Enguera o por el Puerto de Almansa
hacia Fuente la Higuera, o bien se dirige hacia Alicante por Caudete y Villena
en dirección hacia Salinas y Pinoso.
De estas vías principales parten otras que, si bien son secundarias para
la trama general de la península, tienen una gran importancia regional y comarcal. Los ejemplos más significativos los tenemos en el camino de Almansa
o Alpera, cada uno por ambos flancos del Mugrón, hacia el Valle de Ayora,
en el camino que, desde el sector oriental del término de Chinchilla, une con
Fuente Álamo, Ontur, Hellín en dirección hacia Murcia, o caminos menores
como los que unen Montealegre con Jumilla.
Uno de los tramos
más conflictivos
es el que hoy
conocemos como
Camino Real
de Madrid.

Sin lugar a dudas, uno de los tramos más conflictivos es el que hoy
conocemos como Camino Real de Madrid. Este camino se dirige desde Chinchilla en línea recta por Bonete hacia Almansa, y, desde ahí, a Valencia por
el Puerto, hoy de Almansa. En el siglo XV es conocido como el Puerto de
Burfçefierón, tal y como queda reflejado en el documento de 1408 (Pretel,
1981), pues toma el nombre de la Torre de Burjaharón, hoy Torre Grande.
Este camino parece que sólo tomó auge a partir del siglo XV o XVI, cuando
se acometieron obras de acondicionamiento para el paso de carretas, las cuales
habían usado hasta la fecha el camino de la Rua, denominado actualmente
como Vereda Real de Almansa (Rodríguez Morales, 2010).
Llegado a este punto otra opción es dirigirse a Alicante por Villena, a
través de La Encina, el Portazgo de Caudete y los Alorines. Dicho camino tiene su antecesor en la Vía Augusta que adentrándose por Caudete se encamina
hacia Montealegre del Castillo, primero pasando por el Cerro de los Santos,
luego por el Llano de la Consolación y finalmente al pie de la Torre de Pechín.

182

La cuestión entre ambos caminos es si coexistieron, prevalecieron en diferentes momentos, en función de los condicionantes socio-políticos de cada
momento, o el primero surgió como necesidad en función del peso político
administrativo o militar que la fortaleza almanseña iba ganando con el paso de
los acontecimientos militares y geo-estrategicos de los siglos XII y XIII.
En el caso de la Vereda Real de los Serranos, Ruiz Molina (1994) recoge
parte de la carta fechada en 1497 con motivo de un pleito entre los municipios de Yecla, Villena y Sax, contra el Comendador de Montealegre. Aquí se
discute en torno al cambio de trazado de la vereda a su paso por Montealegre
a fin de que discurra a través del núcleo urbano. Se señala, asimismo que el
camino desviado se conoce como “camino viejo” el cual se dirige a la ciudad de
Chinchilla. Se trata de una ruta consolidada desde antiguo y usada con toda
seguridad en época islámica.
Pero sin lugar a
dudas el principal
camino de la
comarca es
la vía que unía
Cartagena-Toledo
por Hellín.

Pero sin lugar a dudas el principal camino de la comarca es la vía que
unía Cartagena-Toledo por Hellín y posteriormente Chinchilla, citada por las
fuentes islámicas con motivo del traslado de tropas califales en el 928 que Abd
al-Rahman III, efectúa en su campaña hacia Pamplona, lo cual aprovecha para
someter al rebelde Ya’qub Abi Jalid al-Tubari, quien, al parecer, actuaba por
una parte de las tierras surorientales albaceteñas, según la crónica de por Ibn
Hayyan (Pretel, 2007).

Los caminos fueron
la principal riqueza
de la zona en la
Baja Edad Media
por los aranceles
e impuestos que
ofrecían a la clase
dirigente y porque a
los menos pudientes
les ofrecía trabajo
como arrieros,
carreteros o muleros.

Finalmente, hay que señalar que los caminos fueron la principal riqueza de la zona en la Baja Edad Media: en primer lugar, por los aranceles e
impuestos que los puertos secos ofrecían a la clase dirigente -el puerto seco
de Almansa y en menor medida el de Carcelén-, impuestos que gravaban
el principal producto de comercio, el ganado y la lana, sus productos derivados y los anexos, como la grana (Pretel, 1981). A los menos pudientes
les ofrecía trabajo, como arrieros, carreteros, muleros, o puestos relacionados con el movimiento de ganados, mercancías de todo tipo y, en ocasiones,
negocios fuera de la ley: bandolerismo, contrabando, falsificación de moneda, etc. Todas estas circunstancias pudieron tener su origen en momentos
islámicos, si bien con peculiaridades propias de carácter cultural, social o
político.
De un modo u otro, es patente que en todos los periodos históricos,
y, concretamente, durante el mundo islámico las vías de comunicación de la
comarca marcaron decisivamente aspectos por el lugar, el tipo y las características del hábitat y el poblamiento de la zona.
183

A nivel agrícola la población islámica, especialmente a partir de la llegada de grupos humanos del Magreb a partir del siglo X-XI, acentúa la puesta
en cultivo de espacios irrigados, aprovechando en ocasiones las escasas posibilidades hídricas de la zona. Pero en el Corredor de Almansa y las tierras de
Chinchilla de Montearagón, se trata de espacios escasos, emplazados en los
fondos de los valles o cubetas, habitualmente con problemas de avenamiento,
es decir, con riesgo de avenidas y encharcamiento, que pueden echar a perder
cosechas y núcleos de población, circunstancia, por otra parte bastante frecuente en la zona. Baste recordar la lucha mantenida por los almanseños con
la Rambla de las Hoyuelas y cuyos antecedentes se remontarían a momentos
islámicos, pese a que no han quedado constancia escrita, tal y como se pudo
constatar en la excavación arqueológica del solar de la Calle La Estrella nº 9
de Almansa (Simón y García, 2006). Sin embargo, el aprovechamiento del
nivel freático -como ocurre en Almansa, Bonete o Montealegre del Castillo- o
la adecuación de las corrientes fluviales de fuentes y manantiales -como las de
Caudete, Carcelén y Alpera, mediante acequias, azudes, balsas de riego, etc,permiten el cultivo de cereales de regadío, hortalizas, determinados frutales
y legumbres, con bastante producción y seguridad como para mantener de
forma estable núcleos poblacionales de cierta envergadura, capaces de efectuar inversiones en infraestructuras que den rendimientos a medio y largo
plazo. Su máxima extensión se alcanza en Caudete con las vegas desarrolladas a pie de la Sierra de Santa Bárbara. Otras de cierta envergadura serán las
de Almansa, en el llano de La Huerta y El Hondo y la Vega de Alpera con
epicentro en la actual finca de San Gregorio. El resto, como en Chinchilla,
Montealegre, Bonete, Higueruela o, Pétrola, son estrechas vegas a ambos lados del cauce de la rambla o arroyo, pero lo suficientemente prolongadas
longitudinalmente como para atender las necesidades de la población de la
época.
El ganado de
ovejas y cabras es,
sin lugar a dudas,
el mejor adaptado
a las condiciones
de la zona.

184

El resto de las tierras, por el tipo de suelos, su altitud, sus pendientes o por su escasa roturación -que permite el mantenimiento de un bosque
autóctono, esencialmente monte bajo, encinar y pinar- tiene como esencial
aprovechamiento el pasto y la caza. En cuanto al pasto, el ganado de ovejas y
cabras es, sin lugar a dudas, el mejor adaptado a las condiciones de la zona,
tanto las climáticas, especialmente el verano, como al de tipo de vegetación
que se puede aprovechar. Son unos pastos raquíticos que les llevan a consumir
subproductos de las actividades agrícolas, como los pámpanos de las vides,
los barbechos y rastrojeras de los cereales, las matas de las leguminosas, etc.
En lo que a la caza concierne, se conoce perfectamente el mantenimiento de
caza mayor, corzo, ciervo, jabalí hasta el siglo XVII, mientras que la caza me-

nor sigue siendo uno de los recursos de la zona. Podemos añadir la actividad
cinegética ligada a las lagunas salobres de la zona, tanto aves residentes como
migratorias, de las cuales destacan en las crónicas algunas como los flamencos.
(Pretel, 1992).
Así, la producción
de excedentes, con
los cuales comerciar,
sería la procedente
de los productos
ganaderos...

El espacio ocupado por este tipo de suelos, y la explotación que posibilita, supera con creces más de la mitad del territorio, por lo que no es de
extrañar que el cultivo en vegas y tierras anexas haya tenido una vocación
claramente de auto-consumo. Así la actividad orientada hacia la producción
de excedentes, con los cuales comerciar e intercambiar por otros necesarios
pero foráneos, sería la procedente de los productos ganaderos, ya sean animales vivos, como sus productos derivados, carne, leche y especialmente lana y
piel.

...que, además,
eran los mejor
adaptados a las
circunstancias de
inestabilidad
militar de la zona.

Prueba de su importancia es su relación en las cartas-puebla del siglo
XIII, o el establecimiento de los límites de las dehesas en las Relaciones Topográficas de Felipe II. Todo ello pudo generar unos productos, especialmente
la lana, que abastecería a los talleres de Chinchilla y posiblemente del Levante
y la zona murciana. Al mismo tiempo, las características de estos bienes: movilidad en los ganados y perdurabilidad en los productos secundarios, como
el queso y lana, hacían de estos los mejor adaptados a las circunstancias de
inestabilidad militar de la zona desde la segunda mitad del siglo XII y durante

Vista aérea de las lagunas salobres de la zona comprendida entre La Higuera (Montealegre del Castillo) y
Aguaza (Corral-Rubio).
—————————————————————————————————————————––—

185

todo el siglo XIII.
La sal, la grana, el
esparto y la barrilla
serán otros de los
productos naturales
de este paisaje.

Finalmente, es necesario señalar las posibilidades de explotación de una
serie de productos que quizás no han sido evaluados en su justa medida. La
sal, en primer lugar, procedente de las lagunas salobres, algunas de calidad
para su obtención, motivo por el cual en época cristiana son objeto del control de la hacienda real (Preter, 1992). En segundo lugar, la grana que es un
producto de tinte muy utilizado para la artesanía textil, muy importante en la
zona, tal y como señalan las fuentes islámicas, en referencia a Chinchilla y los
impuestos establecidos en época cristiana (Preter, 1981). También el esparto y
la barrilla serán otros de los productos naturales de este paisaje de monte bajo,
del cual apenas si quedan restos entre las tierras de cultivo.

En definitiva el
poblamiento queda
condicionado por
el medio geográfico.

En definitiva el poblamiento en época islámica, al igual que en etapas
anteriores, queda condicionado por el medio geográfico, las vías de comunicación y las características agropecuarias que en él son posibles, tal y como
queda patente en el registro arqueológico documentado hasta la fecha.

186

4 - LA TOPONIMIA Y LAS FUENTES ISLÁMICAS

Encontramos por
primera vez la
referencia del lugar
de Almansa, en la
obra del siglo XII
de geografía y
viajes de Al-Idrisi.

En el entorno histórico que abarca el presente trabajo encontramos por
primera vez la referencia al lugar de Almansa, en concreto en la obra del siglo
XII de geografía y viajes de Al-Idrisi (Abid Mizal, 1989), el cual señala que “de
Játiva a Almansa hay veinticinco millas; entre Almansa y Ayora existen fuentes y
ríos, por el Occidente, hay doce millas”, es decir, que a finales del siglo XI y principios del siglo XII ya existen un núcleo poblacional lo suficientemente importante, (en el texto señalado no se señalan las alquerías, tan solo los castillos
y las poblaciones más importantes), para que el viajero sepa a que distancia se
encuentra del principal núcleo urbano de la zona, Játiva, y no solo eso, sino
que el escritor detalla la distancia respecto a Ayora y una característica física de
la zona en dicho recorrido, la existencia de fuentes y ríos. Para entender dicha
descripción recuérdese la presencia de la laguna de San Benito o la presencia
de fuentes de los Baños de San Antonio de Ayora, ambos en la parte occidental del camino hacia Ayora.
No entraremos aquí en la eterna discusión del topónimo almanseño, de
la cual se han escrito casi una veintena de interpretaciones, pero creemos que
su correcta interpretación será la que se oriente hacia una descripción de tipo
geográfico o funcional, siguiendo una lógica que ha perdurado hasta nuestros días y que se mantiene a la hora de denominar nuevos objetos, lugares o
costumbres. Sin embargo, sí creemos importante ver la relación del Corredor
de Almansa con Játiva, señal de permanencia de la vía Augusta o Camino de
Aníbal.

El núcleo más
importante de la
zona era la
actual Chinchilla.

El núcleo más importante de la zona es Madinat Yinya-la, la actual
Chinchilla de Montearagón, considerada como la Saltigi romana, se ubica
sobre un espolón rocoso del conjunto montañoso de Montearagón, en el centro de la actual provincia de Albacete, entre el valle del Júcar y los llanos que
desde el Vinalopó o Murcia ascienden hacia el centro de la Meseta. Su opuesto
187

geográfico es el hins o fortaleza de Peñas de San Pedro (la San Bitru o Sant Bitr
islámica, apareciendo también como Chant Bitru), con la cual crea un espacio
fuertemente controlado en un punto de distribución del antiguo Camino de
Anibal.
En las descripciones de la Cora de Tudmir de Al –Udri (s. XI) la cita
como una de las medinas, y como el iqlim más septentrional de la citada
cora2, pero es la descripción de Al-Idrisi (s. XII) la que nos proporcionará los
datos más significativos:
Chinchilla (madinat Yinyala) es una ciudad mediana (madinat mutawassita), defendida por una fuerte y extensa fortaleza (al-qa’at mani’at arruqa’a); tiene (está rodeada por) jardines y abundantes arboledas (basatin
wa-asyar). Se fabrican tapices de lana (wata’as-suf ) que nos se puede hacer
en otra parte por las condiciones del aire y del agua. Sus mujeres son hermosas, despiertas y tienen criterio (sensatez)3. De Chinchilla a Cuenca hay dos
días (Al-Idrisi Dais ár. 195: trd.: 2377; Dubler & 95].
Los topónimos
sobre la medina
son variados,
Chintiyyala,
Yinyila,
Chantalaya o
Yinyala;...

Los topónimos sobre la medina son variados, apareciendo como Chintiyyala (Al-Udri), Yinyiyal, Yinyila y Chantalaya (Yaqut al-Hamawi, 1191229), Chantalaya y Yinyala (Al-Himyari (m. 1494) La villa conserva en la
actualidad su estructura islámica, una alcazaba en la parte más elevada, la cual
está defendida por unas condiciones físicas que la hacen casi inexpugnable,
un albacar o espacio abierto en el lado que la une con la villa y una medina
que se extiende hacia la parte baja del cerro, todo ella rodeada de murallas que
parten desde la alcazaba ciñéndola y concretado los puntos de apertura por las
puertas de la ciudad.
La inexistencia de trabajos de investigación que hallan profundizado en
la documentación existente y sobre todo la carencia de excavaciones arqueológicas, pese a poseer la ciudad la condición de Bien de Interés Cultural, no han
posibilitado conocer los rasgos más comunes de toda medina andalusí, como
la ubicación de los cementerios, la mezquita y los servicios que le son propios,
como los baños, la alhóndiga, tiendas y talleres, etc.
Otros topónimos claramente de origen árabe son los de Alpera, Qabd-

...otros topónimos...

Al-Udri: Fragmentos geográficos-históricos de al-masalik ila yami`al-mamalik. Ed. Crítica de Abd alAziz al-Ahwani. Madrid, 1965.
3
La noticia sobre la producción de paños y el carácter de sus mujeres es recogida por el político y geógrafo
valenciano Ibn al-Abbar (m. 1210) y Abu-l-Fidá (1273-1331) siendo la fuente común según Pacheco
Paniagua, J.A. “Chinchilla en las fuentes árabes”, en Ibn Bassam al-Andalusí (m.1147) natural de Satarem
(Ibn Bassam: Al-Dajira fi-mahasin ahl al-yazira. Ed. CODERA, Madrid 1887, II. p.127.
2

188

...de origen árabe
son Alpera, Caudete,
La Torre Grande
o Burjaharón;...

haq, del latino Caput Aquae, del cual quedara Caudete, los topónimos con el
prefijo Burj, como La Torre Grande en Almansa o Burjaharón -Burg (torre) de
Aroon- (Navarro, 1998), que en ocasiones se han confundido con la Bogarra
de Caudete y esta con la Bogarra albaceteña.
A falta de un estudio toponímico en profundidad, sobre todo de aquellos que hacen referencia a lugares, como El Mugrón, la Alcudia en Caudete,
Los Algezares de Montealegre del Castillo, Alhama de Chinchilla, etc, (Navarro, 1998), hay que añadir los de Bonete o Gonet y Pechín. Otros, como
Giravalencia, muestran el empleo del término Javal más una desinencia, en
este caso Valencia, circunstancia que como ya veremos más adelante tendrá un
perfecto significado arqueológico e histórico.
En el análisis efectuado por Franco (1995) de las rutas viales de la Mancha Oriental, destaca la presencia de topónimos relacionados con la medición
de distancias y derivados del árabe como al-mansaf, la mitad del camino, el
cual lo relaciona con Almansa; rubça, un cuarto (del camino) en árabe, que
derivó en la fonética castellana de Rubio, del cual podría venir Corral Rubio.
El manzil, posada o venta en el camino o cerca del mismo, pudieron generar
numerosos vocablos, al igual que al-Bury, la torre, el torreón, ya señalados
para Burjaharón o Bugarra. En el caso de la actual Torre Grande o Torre de
Burjaharón, el autor señala su traducción como torre de los jalones, en relación a un supuesto control visual de las rutas entre Almansa
y Villena.

...en la ruta de
Chinchilla a
Almansa aparecen
topónimos como AlHamma, Al-Bayt,
Al-Qurayiça
o Al-Balat.

En el análisis de los caminos de la zona, encuentra que
en la ruta de Chinchilla (madinat Santayila o Yinyala) a Almansa, (Al-Ma[a]sa) aparecen
topónimos como Al-Hamma,
de las termas, el baño, que relaciona con la Venta de Alhama,
o el caserío de Bete, Al-Bayt, de
la casa, según el autor. En Caudete recoge los términos de La
Alcoraya, Al-Qurayiça, la calzadilla y las Casas de Albalat,
o Al-Balat.

Página del Corán, siglo XII.
————————————————————–––—–—

189

Por otra parte, Pretel (1992) en su estudio de Chinchilla observa una
clara diferenciación entre los topónimos de origen islámico y los cristianos.
Entre los primeros sitúa nombres de núcleos de población como Albacete,
Alpera, Alhama, Mezquitillas, y de parajes como la Cueva de Abenfon, Alveyda, Benefaton, Fuente Abdalla, etc. Entre los segundos, estarían nombres
tan característicamente castellanos como Encebros, Higueruela, la Peñuela,
Fuente Álamo, Fontezuelas, Jumenta, Aguaza, Pinilla, Saladilla, o los nombres de personajes como Villar de Gascón, de La Graja, de Pedro Vidal, Villarejo del Pozo del Charco, etc. Sin lugar a dudas, se hace necesario un estudio
etimológico mucho más profundo que analice los orígenes y significados de
la totalidad de la toponimia de la zona, pues de ella se podrán observar los
cambios acontecidos en los periodos anteriores y posteriores a la conquista
cristiana de la zona.
En las fuentes
documentales
islámicas...

Respecto a las fuentes documentales islámicas cabe señalar que ni en
las relaciones descriptivas de la Cora de Tudmir ni en las descripciones de las
campañas militares musulmanas desarrolladas con posterioridad se señalan
lugares concretos del Corredor de Almansa.

...nada se cita de
El Castellar de
Meca, bien por su
adscripción a la
Cora de Valencia o
por estar en
estos momentos
abandonado o
poco poblado.

En la primera se relacionan las ciudades y territorios que permanecieron
bajo la jurisdicción de Teodomiro en el 713 tras su aceptación como vasallo
de Musa, hecho que se realizó a través de su hijo Abd al-Aziz. La descripción
que efectúa de dicho territorio Al-Udri en el siglo XI señala las ciudades albaceteñas de Sinctilaya (Chinchilla), Iyyu(h) al-Sahal (El Tolmo de Minateda)
y Taybaliyya (Taibilla). Nada se cita de El Castellar de Meca, bien por su
adscripción a la Cora de Valencia, tal y como señala Gutiérrez (1996), o por
estar en estos momentos abandonado o poco poblado. En los itinerarios del
mencionado geográfo árabe aparecen otras poblaciones como Tubarra (Tobarra) o San Bitru (Las Peñas de San Pedro).
Las expediciones de Abd al-Rahmán III An-Nasir contra Muhammad
Ibn Hashim de Zaragoza en el 935 recorren de suroeste a nordeste la provincia, de las Lagunas de Ruidera a Balazote y de ahí a Chinchilla y, a través de
Puente de Torres, cruza el Júcar hacia la Cora de Valencia y, en concreto, hacia
Caudete de las Fuentes, desde donde se dirigió hacia Cuenca y Albarracín
primero y Zaragoza posteriormente. El mismo recorrido efectuará el califa
almoháde Abu ya’qub Yususf (Rubiera, 1987) unos siglos después, de modo
que para desarrollar la Campaña de Huete se dirigirá hacia Alcaraz, para posteriormente llegar a mary al-basit, el prado o la vega de Albacete, desde donde
se encaminan hacia el paso del Júcar y de ahí a Huete, la cual sitia.

190

El flujo por el
Corredor de Almansa
decaerá, además,
por el empleo de
otros pasos.

De este modo mientras el eje principal de comunicaciones sea el de
Andalucía con Valencia, Zaragoza o Toledo, es decir, Norte-Sur, el flujo de
Este a Oeste por el Corredor de Almansa decaerá, principalmente por la causa
señalada y el empleo de otros pasos, esencialmente el de Cartagena-Toledo
por Hellín.
Quizás sea esta la causa de la falta de descripciones sobre lugares del
Corredor de Almansa hasta el siglo XI, momento en que el bloqueo de la anti-

Texto del Tratado de Tudmir.
——————————————————————————––———————————————–—

191

gua Vía Augusta y la ruta marítima mediterránea por los beréberes Sinhaya de
Granada, impiden la comunicación de las taifas eslavas de Sharq al-Andalus
con las de la Andalucía occidental. El dominio de la vieja ruta Saetabi-Castulo
permitía según Rubiera (1985) evitar el domino Ziri, hecho que consolidó
la taifa de Denia en la segunda mitad del siglo XI, en contra del señor de
Tudmir. Este hecho justifica según la citada autora la alianza entre los reinos
de Sevilla y Denia, uniendo el Mediterráneo con la Bética, hecho que llevó
a Sevilla a la conquista de Murcia y el norte de Jaén cuando Denia cayó en
manos del rey zaragozano.

En el siglo XII
aparece la primera
mención a Almansa
y Ayora.

192

Será en la obra del siglo XII de geografía y viajes de Al-Idrisi en el Uns
Al-Muha^y (Abid Mizal, 1989), cuando aparece la primera mención a Almansa, a Ayora, y más al norte al Castillo de Vés, donde señala que “del castillo
de Ayora al castillo de Vés (Bas) que está a las orillas del río Júcar, hay dieciocho
millas” y “de Iniesta al castillo de Vés, que pertenece al distrito de Játiva hay dos
etapas”.

5 - EL POBLAMIENTO ISLÁMICO EN EL CORREDOR DE
ALMANSA Y MONTEARAGÓN: TIPOS Y CARACTERÍSTICAS

La capacidad
productiva del
medio y las
rutas son los
condicionantes
del poblamiento
del Corredor de
Almansa.

La capacidad productiva del medio y las rutas son los condicionantes
del poblamiento del Corredor de Almansa, junto con otros factores menores,
así como los acontecimientos históricos de cada uno de los periodos tratados,
tanto los de carácter comarcal y regional como los que acontecen en el marco
peninsular y mediterráneo en general, condicionaron el poblamiento islámico
en la comarca. Los asentamientos constatados hasta el momento, teniendo en
cuenta que las prospecciones continúan en curso, se pueden analizar siguiendo la clasificación efectuada por Gutiérrez (1996) para la Cora de Tudmir
en cinco tipos –Castillos, Poblados fortificados, Poblados en altura, Asentamientos rurales en llano y Asentamientos rurales en laderas montañosas- a lo
que, en nuestro caso, tendremos que añadir las cuevas y abrigos, usados como
refugios y corrales de pastores (véase plano en la página 264).
A su vez, en algunos tipos puede que la investigación pueda discernir, en
función del rango jerárquico, si nos encontramos ante un qarya o hisn, en el
caso de los castillos, o ante una alquería o qura, una balda o un rahal, ya que
su extensión, función y posición de algunos de ellos es claramente diferente.

No se han
documentado por
el momento
cementerios y
lugares de culto.

No se han documentado por el momento cementerios y lugares de culto. En el primer caso sólo se constata, en algún caso, la presencia esporádica de
restos humanos, que bien pudieran proceder de la necrópolis de estos asentamientos, aunque este hecho está por confirmar con las pertinentes excavaciones arqueológicas. Noticias sobre enterramientos medievales las encontramos
cerca de varios castillos, como en Higueruela, entre la peña de Santa Bárbara
y la actual iglesia parroquial, junto al castillo de Montealegre, si bien por los
restos materiales que señalan las fuentes que los exhumaron apuntan hacia
momentos más tardíos, o junto alguna alquería, donde las tareas agrícolas pusieron al descubierto algunos restos humanos, como en el caso de Bogarra en
193

Caudete, donde aún hoy en día se observan pequeñas esquirlas de hueso.
Respecto a los lugares de culto las características de los oratorios y pequeñas mezquitas rurales, seguramente del tipo documentado en yacimientos
como El Molón de Camporrobles (Valencia) (Lorrio y Sánchez, 2004), hacen
muy difícil su identificación dentro de los yacimientos, siendo necesaria la
excavación arqueológica para poder discernir las estructuras de hábitat de las
de oración. En otros lugares muy concretos cabe la posibilidad de que existan
oratorios o eremitorios rupestres, como los que se documentan cerca de El
Castellar de Meca, en el Arco de San Pascual, si bien los restos documentados
y los grabados existentes, al menos los más evidentes, pertenecen a fechas muy
posteriores (Meseguer Santamaría, 1990).
No podemos señalar
la existencia de una
ciudad o medina
en el Corredor de
Almansa.

En ningún caso podemos señalar la existencia de una ciudad o medina en el Corredor de Almansa, ni siquiera en el caso de El Castellar de
Meca, la cual, pese a su aparente extensión, no parece que alcanzase dicho
rango, o al menos las fuentes no hacen referencia a ella como tal (Broncano,
1986).

Las ciudades más
próximas son
madinat Satiba
(Xátiva) y
madinat Yinyala
(Chinchilla).

Las ciudades más próximas a la zona de estudio son las romanas Saetabis (Játiva) y Saltigi (Chinchilla) que, en época árabe, pasan a denominarse
madinat Satiba y madinat Yinyala respectivamente. De menor rango, aunque
consideradas por sus autores como medinas, y más próximas al Corredor de
Almansa están Yakka, la Yecla actual (Ruiz, 1995), y el Hisn Bilyana, Villena,
si se admite el rango que algunos autores parecen deducir de las fuentes (Rubiera, 1985).

El alejamiento de
núcleos urbanos
importantes
marcará el
poblamiento de
la comarca.

Esta circunstancia como es el alejamiento de núcleos urbanos importantes, marcará el poblamiento de la comarca, pues, por un lado, será siempre una
comarca subsidiaria de otras, pero, por otro, con el tiempo esta circunstancia
permitirá que se articule el territorio en un número mayor de núcleos de población, dado que el interland de las ciudades genera habitualmente un espacio vacío, o, al menos, con una densidad menor, al de las tierras más alejadas.
Además, los acontecimientos históricos, ya sean militares, políticos, sociales
y económicos, repercutirán en menor forma sobre estos núcleos menores que
quedarán al margen o afectados de forma muy indirecta por dichos cambios
o acontecimientos, como revueltas, alzamientos, luchas intestinas, etc. Por
el contrario, estarán en una posición indefensa ante razzias, el bandolerismo
de uno y otro lado, las cabalgadas enemigas, etc., fenómenos que suelen ser
repelidos con mayor eficacia desde el interior de las murallas de las ciudades.

194

5.1 - Castillos (husun)
En el Corredor
de Almansa se
constatan cuatro
fortificaciones con
claras raíces
islámicas: Almansa,
Alpera, Higueruela
y Caudete;...

Independientemente de las relaciones jerárquicas entre ellos, en el Corredor de Almansa se constatan cuatro fortificaciones con claras raíces en el
mundo islámico: son el castillo de Almansa, el de Alpera, posiblemente dependiente del anterior, el de Higueruela, adscrito muy posiblemente al husun de Chinchilla y el de Caudete, con posibles relaciones con Yecla o más
seguramente con Villena. De ellos tan sólo el de Almansa aparece en el Uns
Al-Muhay de Al-Idrisis, fechado en el siglo XII, y señala la distancia respecto
de Játiva, la medina y cabeza administrativa más próxima.

Vista general del Castillo de Almansa.
—————————————————————————————————————————––—

Es significativo que en el autor citado se señale la existencia de dos Bqsra y que estos hayan sido identificados con la Bogarra de Caudete (Rubiera,
1985), o con Villena. No se ha barajado la posibilidad de la coexistencia del
castillo de Caudete con la torre de Bogarra, siendo el “de la fortaleza” el castillo
de Caudete (Capvt Aqae), lo que más tarde aparecerá en las fuentes cristianas
como Capdets o Alcabdet (Doménech y Gaspar, 1995).
...todas ellas bajo la
órbita de la medina
de Chinchilla.
Los elementos...

Todos ellos estarían bajo la orbita de la medina fortificada y con alcazaba de Chinchilla, como cabeza del distrito agricola o iqulim más septentrional
de Tudmir.
Sin embargo, el análisis de sus tipologías constructivas y morfológicas y,
195

Vista general de la alcazaba de Chinchilla.
—————————————————————————————————————————––—

...arqueológicos
registrados en
cada una de las
fortificaciones las
fechan entre los
siglos XI y XII,
entre el desarrollo
de las taifas y la
época almoravide;...

sobre todo, los elementos arqueológicos registrados en cada una de las fortificaciones conducen a situar su origen en un momento más o menos coetáneo
que se fecharía entre los siglos XI y XII, entre el desarrollo de las taifas y la
centralización del poder que se produce en época almorávide. Los nuevos
estados regionales desean ejercer un control efectivo sobre los pasos naturales,
como medio para ejercer el dominio real sobre el territorio, al tiempo que
quieren aprovechar el paulatino aumento de la población para crear nuevos
asentamientos. Estos contarían con una serie de edificaciones militares, en
ocasiones pequeñas torres en puntos muy estratégicos, y otros asentamientos

Vista aérea del Castillo de San Gregorio de Alpera.
—————————————————————————————————————————––—

196

...pero será con los
almohades cuando
se produzca en
la zona una
verdadera “eclosión
fortificadora”.

tendrían castillos de pequeño tamaño pero de mayor capacidad militar. Pero,
como señala Azuar (1981), será con los almohades, en la segunda mitad del
siglo XII, cuando se produzca en la zona una verdadera “eclosión fortificadora”.
Esta eclosión llevó a asentar poblaciones en lugares estratégicos y, sobre todo,
con capacidad productiva como para mantener un grupo humano amplio
y con posibilidades de crecimiento. Esta circunstancia permitiría un control
efectivo del territorio y una explotación del mismo que llevaría a poder recabar unos impuestos con los cuales mantener el aparato militar y administrativo de un estado que fuese capaz de hacer frente a la cada vez mayor presión de
los reinos cristianos, al tiempo que impediría con la presencia militar el avance
de estos reinos.

La tipología de
estas fortificaciones
fue siempre muy
similar: estructuras
sólidas y compactas,
con apenas aberturas
y construidas
mediante la técnica
de tapial.

La tipología de estas fortificaciones, y las aquí tratadas no son una excepción. Fue siempre muy similar: estructuras sólidas y compactas, con apenas aberturas y ausencia de decoración, y construidas mediante la técnica de
tapial (Azuar, 1981), un encofrado de madera relleno de mortero o tierra.
Estas características las encontraremos en el castillo de San Gregorio de Alpera, en algunos paños del de Higueruela, en el de Caudete, especialmente
en la torre central y, sobre todo, en el Castillo de Almansa, en concreto en
la mayor parte del recinto superior, exceptuando la torre del homenaje, toda
ella de época gótica. En dicho castillo, destacan en el recinto superior los torreones Sur y Norte, ambos de planta cuadrada. El primero, enmascarado por
el torreón semicircular del siglo XV, y el segundo -sólo conservado en dos de

Vista aérea de Higueruela. En el centro el Cerro de Santa Bárbara, emplazamiento del castillo.
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197

sus caras- mantiene no sólo los huecos de los mechinales -en ocasiones con
las tablas del encofrado en su interior-, sino la modulación de los cajones y
las características más comunes del tapial islámico. Este tapial era de mejor
calidad que el cristiano pues llega a alcanzar grados similares al del hormigón.
Este tipo de construcción la encontraremos en el Castillo de San Gregorio y
en algunas de las torres de las alquerías del Corredor de Almansa. Sin embargo, otros elementos que hoy poseen fabricas de épocas posteriores pudieron
tener su origen en este momento, como la puerta en recodo o la barbacana
del Castillo de Almansa, introducidas conceptualmente por los almohades en
este momento (Azuar, 1981). Por las profundas modificaciones posteriores, la
alcazaba de Chinchilla es la fortificación más desconocida, apareciendo en las
planimetrías del siglo XIX del cuerpo de ingenieros del ejercito español como
“castillo viejo”, que bien podría ser tanto los restos del castillo islámico como
los restos del castillo cristiano de los siglos XIII y XIV.
El Corredor de
Almansa y las
Tierras de
Montearagón se
organizan en torno
a tres castillos
en época almohade:
el de Almansa,
el de Chinchilla y
el de Caudete.

De este modo, el Corredor de Almansa y las Tierras de Montearagón se
organizan a grosso modo en torno a tres husun, al menos en momentos almohades: el de Almansa que llegará hasta Carcelén, Alpera y Bonete, incluyendo
El Castellar de Meca y la Torre de Burhajarrón; el de Chinchilla, que abarcará
por su sector oriental Higueruela y las tierras de Corral-Rubio, donde destaca
el asentamiento con funciones posiblemente militares de Mompichel, y finalmente, el de Caudete, constreñido o dependiente de Yecla y Villena. Queda
por aclarar si Pexín forma un husun autónomo, hecho poco probable, o se
adscribe a Yecla, circunstancia que explicaría que en época de conquista en
las zonaciones del Infante Alfonso a los caballeros de su sequito se vincule a
Caudete. La primera noticia de la torre se tiene cuando en 1244 el maestre de
la Orden de Santiago Pelay Perez de Correa dona al caballero Sancho Sánchez
Mazuelo “la villa y castillo de Caudete, cerca de Bugarra, y la torre de Pechín,
que es entre Yecla e Chinchella” (Pretel, 1986).Limítrofes con estos territorios
estarán los husun de Ayora, Jorquera, Yecla, Villena y Enguera.
5.2 - Los poblados fortificados
En el caso del Corredor de Almansa y las tierras de Montearagón, nos
encontramos esencialmente con dos asentamientos que aprovechan sendos
emplazamientos anteriores. Su principal característica es su enriscamiento,
hasta el punto de que presentan una constitución similar a la de los castillos, un sector inviolable, haram al-hisn. Este sector contiene instalaciones
básicas y permanentes como aljibes o cisternas, almacenes y alojamien-

198

tos básicos y una parte más baja o rabad al-hisn, donde se desarrolla la vida
cotidiana.
En el caso de los poblados fortificados, la meseta superior se acondiciona para constituirse en un refugio casi similar al de un castillo, con cisternas
excavadas en la roca, aprovechamiento como murallas de las paredes verticales
con que la naturaleza ha dotado a los cerros y construcción de las mismas en
los puntos más accesibles. Las laderas se acondicionan para el hábitat y allí se
desarrollan unidades de habitación muy simples y sin un orden urbano muy
definido.
El Castellar de
Meca y Mompichel
tal vez desempeñaron
un papel similar
al de los castillos. El
primero aprovecha
el solar ibérico;...

En dicha situación nos encontramos con El Castellar de Meca y Mompichel, dos poblados que pudieron desempeñar un papel similar al de los
castillos. El primero vuelve a aprovechar no sólo el solar habitado en época
ibérica, sino sus murallas ciclópeas, si bien desarrolla el hábitat por la ladera
septentrional de forma más intensa que lo estuvo en época protohistórica.
Acondiciona la acrópolis, el opidum occidental y muy posiblemente algunas
de las estructuras defensivas de la ladera septentrional.

Vista de El Castellar de Meca.
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Las estructuras habitacionales, de planta rectangular, con escasas compartimentaciones se realizan, al parecer, en piedra seca, con hiladas horizontales en sentido contrario e inclinaciones de 45º hasta la cubierta. Esta debió
de ser de origen vegetal, dado los relativamente escasos restos de la teja curva,
199

salvo que se emplease la zona como cantera de material en épocas posteriores,
hecho que aparece reflejado en los documentos de forma constante desde la
conquista. Muchas de las estructuras presentan silos circulares excavados en la
roca, de una tipología muy similar y semejantes a otros de áreas colindantes
(Bazzana, 1992).
La trama urbana, o mejor dicho la disposición de las estructuras, parece
adaptarse a la orografía del terreno, si bien los objetivos de documentación de
la excavación, esencialmente la documentación del camino ibérico, no permiten efectuar mayores precisiones. Las construcciones constatadas en la llanura
superior a través de la fotografía aérea apuntan hacia edificios de planta sensiblemente mayor, por lo que hasta su excavación es imposible atribuirlas a un
periodo histórico concreto.
...los numerosos
aljibes pudieron ser
utilizados en época
islámica, no así
el camino,...

De un modo u otro, los numerosos aljibes tallados en la roca pudieron
ser utilizados en época islámica, a diferencia del camino tallado en la misma
que queda inutilizado por su aterramiento. Sobre éste se construyen casas,
silos y corrales, tal y como ha quedado plasmado en numerosas ocasiones
(Broncano y Alfaro, 1997).

...el yacimiento se
encuadra en
la segunda mitad
del siglo X.

Finalmente el yacimiento se encuadra por sus investigadores en la segunda mitad del siglo X por su falta de cerámicas vidriadas, pese a documentarse el empleo de cuerda seca y los motivos en verde y manganeso sobre fondo blanco (Broncano, 1986). Un hecho que pudo sopesarse para adscribirle
dicha cronología es el constatar la aparición de este tipo de yacimientos con
posterioridad a la fitna, debido a la mayor islamización de la sociedad y la desestructuralización del hábitat (Gutiérrez, 1996). Sin embargo, el numeroso
conjunto de “ollas valencianas” (Bazzana, 1981) es tipológicamente y morfológicamente similar al de otros yacimientos del Corredor de Almansa en los
cuales los conjuntos se adscriben con claridad a la segunda mitad del siglo XII
y al primer tercio del siglo XIII. Un claro paralelo a dicho asentamiento se
encuentra en el Castellar de Alcoi (Azuar, 1989), con un importante conjunto
de ollas -o marmitas como las denomina el autor-, de similares características
cuyas fechas van del siglo XI al XIII.

En el caso del
Cerro de las Tinajas o Monpichel, su
tamaño es reducido
en comparación...

En el caso del Cerro de las Tinajas o Mompichel, su papel como husun
es casi obvio y tan sólo le faltan -o al menos no se constatan visualmente-, los
paños o muros defensivos artificiales, aunque sus defensas naturales casi lo hacen innecesario. Destacan los tres aljibes tallados en la roca de la meseta superior, uno con cubierta de bóveda de cañón, alargado y utilizado claramente en

200

...con El Castellar
de Meca,...

época islámica, y los otros dos de menor tamaño y con un origen más incierto.
El poblado ocupa en la parte superior una superficie de 1600 m2, que podría
se algo mayor si el hábitat se extendiera por alguna de sus laderas. De todos
modos, su reducido tamaño, en comparación con otros poblados fortificados
como El Castellar de Meca, El Castellar de Alcoi o el Castellar de Morera de
Elche (Gutiérrez, 1996), hacen del mismo un tipo más próximo al de un castillo en torno al cual se desarrolla un hábitat más o menos extenso, que el de
un poblado de la envergadura de los anteriormente citados.

Vista desde el Sur del Cerro de las Tinajas o Mompichel (Chinchilla).
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...el material
cerámico se sitúa
entre los siglos
XII y XIII.

El grueso del material cerámico inventariado se sitúa entre los siglos XII
y XIII, con una gran profusión de tipos y técnicas decorativas, todas propias
de ese periodo y con una fuerte vinculación al área de Murcia, adscripción a la
cual se encontraba vinculada en esos periodos. Sin embargo, aparecen tipos y
decoraciones que podrían situarse entre la segunda mitad del siglo X y el siglo
XI, como el candíl de piquera y algunas jarritas con decoración de metopas y
flores de loto.
Como se puede apreciar, ambos yacimientos se enmarcan dentro del
ámbito cronológico de los castillos del momento, quizás desempeñando un
papel similar, sobre todo en el caso de Mompichel. Esto permite un análisis
del territorio más complejo y completo que el que se pudiera obtener del simple análisis de las fortificaciones y torres de la comarca.
201

5.3 - Poblados en altura
Los poblados
sobre cerros
cuentan tan solo
con las pendientes
de las laderas.

A diferencia de los poblados fortificados, que se sitúan en cerros amesetados con defensas naturales reforzadas por otras antrópicas, los poblados
sitos sobre cerros no poseen defensas artificiales y apenas naturales, tan solo
las derivadas de su encastillamiento. Cuentan tan solo con las pendientes de
las laderas y, ocasionalmente, con una cumbre, habitualmente reducida y sin
señales de ocupación que podría indicar un intento de protección difícil de
constatar.
Ni siquiera el dominio visual, que podría permitir su ubicación en alto,
parece ser la causa de la ubicación del asentamiento, pues en algunos casos
quedan campos visuales ocultos por elevaciones próximas o abiertas a espacios
sin mayor interés.
Las motivaciones de estos lugares deben de ser otras a las constatadas
en las tierras levantinas por Gutiérrez (1996), si bien es verdad que no son
coincidentes en el tiempo por los que las motivaciones, además de los condicionantes geográficos, deben ser completamente diferentes.

El único
asentamiento que
se ajusta a esta
definición es
El Castellar de
Higueruela.

El único asentamiento que se ajusta claramente a esta definición es El
Castellar de Higueruela, un asentamiento sito en las laderas superiores de un
cerro finalizado en una pequeña meseta y que sólo parece ocuparse en la Edad
del Bronce. Se encuentra “defendido” por las pendientes de las laderas y dos
barranqueras que lo flanquean por sendos lados hasta su punto de unión. Sin
embargo, presenta un fácil acceso por su vertiente septentrional, por donde
se une al resto del macizo montañoso de Higueruela y más concretamente a
la punta de Giravalencia. Este es un hito geográfico singular en el cambio de
rumbo en el caso de proceder de los llanos albacetentes y tener la intención de
dirigirse hacia tierras valencianas, tanto en el momentos taifales, al ser zona límite entre las Coras de Valencia, Denia y Murcia, como en épocas posteriores
a la conquista, al ser zona de frontera entre los reinos de Castilla y Aragón.

El uso tradicional
de estas tierras
altas es el de la
ganadería.

El uso tradicional de estas tierras altas, a más de 1000 metros de altitud, es el de la ganadería, tanto para pastos como para resguardarlos de los
vientos imperantes de poniente durante el invierno. Tanto es así, que la ladera
donde con mayor profusión se constatan restos arquitectónicos es la oriental,
resguardada en cierta medida de los vientos, y a la solana, condiciones que se
acentúan en el fondo del barranco y donde ha sido tradicional el resguardo de
ganados, especialmente de ovejas y cabras.

202

La zona de la serranía de Higueruela se ve cruzada por veredas en dirección Norte-Sur y quizás la ubicación del poblado esté relacionado con dicha
actividad ganadera, alejada de las tierras de cultivo en las cuales se les tiene
prohibida la entrada, al menos en épocas cristianas.
El poblado
presenta similares
características
a los núcleos
fortificados.

El poblado presenta similares características a los poblados fortificados,
al menos en las tipologías, morfología y distribución de las casas. Estas cuentan con corrales, están realizadas en piedra seca y presentan plantas rectangulares con apenas compartimentaciones. Los materiales cerámicos son escasos
pero apuntan similares características al de otros poblados, especialmente al
Castellar de Meca, en concreto a las ollas de cuello estriado, fechable en los
siglos XII y especialmente en el siglo XIII.
Un asentamiento similar sería la Morra de la Cueva de la Paja en Aguaza, en el término de Corral-Rubio, en donde se documenta con extremada
claridad un asentamiento en la parte alta y en la ladera meridional del cerro, la
cual ya había sido ocupada durante la Edad del Bronce, para posteriormente
trasladar el asentamiento al llano en época bajomedieval. Un emplazamiento
similar encontramos en el Cerro Fino de Alatoz, con materiales, al igual que
en Aguaza que esencialmente sitúan la ocupación entre finales del siglo XI y
el siglo XII.

Vista aérea del Cerro de la Cueva de la Paja en Aguaza (Corral-Rubio).
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203

5.4 - Asentamientos rurales en llano
Son los más
numerosos, entre
ellos cabe hacer una
diferenciación: los
que contaron con
una torre defensiva
y las alquerías que
carecieron de ella.

Son, sin lugar a dudas, los más numerosos y los que identifican de mejor forma el tipo de hábitat del Corredor de Almansa, sin embargo entre
ellos cabe hacer una diferenciación: primero, los que finalmente o desde sus
orígenes contaron con una torre defensiva, con o sin cerca que abarcase las
estructuras en torno a ella desarrolladas, y, en segundo lugar, las alquerías que
carecieron de ella.

Tres de las cuatro
alquerías con torre
defensiva: Torre
Grande, Bugarra
y Pechín, se sitúan
en el sector
meridional del Corredor.

De las cuatro alquerías con torre defensiva, Burjaharón o Torre Grande,
Bugarra (Caudete), Pechin (Montealegre) y el Torrejón de Carcelén, las tres
primeras se sitúan en el sector meridional del corredor. Dos de ellas en pasos o
vías de comunicación: la Torre de Burjaharón en la bifurcación hacia el Puerto
de Almansa y por el mismo hacia Valencia, y por el Cerro de El Rocín; o La
Encina hacia Villena en dirección Alicante, Orihuela o Murcia, y en segundo
lugar la Torre de Pechín en Montealegre, junto al viejo camino de la Vía Augusta que desde Caudete y Yecla asciende hacia los Llanos de Albacete por Pétrola.

En el caso de Torre
Grande y Bugarra,
su valor estratégico
aumentó al recibir
los envites de
aragoneses y
castellanos, al estar
en la misma línea
de frontera de
ambos reinos.

En el caso de las torres de Burjaharón o Torre Grande y Bugarra (Caudete), su valor estratégico aumentó en las décadas anteriores a la conquista,
pues reciben los envites de aragoneses y castellanos, hasta el punto de quedar,
en el caso de Burjaharón o Torre Grande en la misma línea de frontera de ambos reinos, adscrita a la corona de Castilla, aunque bajo tenencia de familias
de origen aragonés, en los siglos XIII, XIV y XV, de tal forma que llegó a ser
conocida durante el siglo XV y XVI como la Torre de los Catalanes (Piqueras,
1987). Su utilización militar en la Baja Edad Media supuso remodelaciones
que la configuraron hasta dejarla tal y como actualmente la conocemos, si
bien su base en tapial es claramente de origen islámico, hecho corroborado
por la presencia de cerámicas fechadas en la primera mitad del siglo XIII.

La Torre de Pechín
generó un caserío;...

La Torre de Pechin se edifica sobre una pequeña elevación de la estribación septentrional de la Sierra Alta. A su alrededor, se generó un caserío que
alcanzó el llano. Pese a estas características podemos considerar el lugar como

204

Los primeros pueden relacionarse con los castillos, en el marco de una
visión global del sistema defensivo del territorio, si bien su distribución, la
relación visual con otras torres o castillos y las características de las mismas no
parecen responder a un programa de construcciones, sino a la necesidad concreta de defensa de los moradores del lugar, de ahí su variabilidad tipológica
y morfológica.

un hábitat en llano, o, a lo sumo, en una ladera de escasa pendiente y mínimo
recorrido, circunstancia casi similar a la de la Torre de Burjaharón.

Los Castellares o Torre de Pexín (Montealegre del Castillo).
—————————————————————————————————————————––—

...era una torre de
planta hexagonal
de lados irregulares
con una estructura
interior de planta
circular, realizada
con manpostería
encofrada;...

La excavación de la cumbre por parte de Zuazo (1915) deparó la constatación de una torre de planta hexagonal de lados irregulares en su longitud
con una estructura interior de planta circular de difícil interpretación. La torre
se realizó mediante mampostería encofrada, cuya caja inferior era algo más
ancha que la superior. El autor señala la existencia de aspilleras, algo que hoy
no es posible constatar, y resulta, por otro lado, singular para este tipo de construcciones. Podría ser resultado de obras posteriores, tal y como vemos en la
Torre de Burjaharón que cuenta con aspilleras en sillería fechables en los siglos
XIV y XV. Respecto a la planta, posee su paralelo más próximo en la propia
Torre de Bugarra, de planta igualmente hexagonal, con uno de sus lados de
mayor longitud, realizada en hormigón encofrado, con la caja inferior no sólo
más ancha que las superiores, sino con una cierta escarpia y un aljibe en su
parte interior. Éste presenta un sistema de carga similar al documentado en la
torre de tapial del Castillo de Caudete, circunstancia que, aparte de apuntar
hacia un origen y diseño similar, nos retorna al tema de las fuentes islámicas
en relación a la cita de Uns Al-Muhay de Al-Idrisis, fechada en el siglo XII,
que señala la existencia de dos Bqsra, una de las cuales la denomina como “la
fortaleza”.
Del caserío circundante a la Torre de Pechín nada se observa actualmente, aunque se pueden recoger numerosos datos entre los vecinos actuales, entre
los que se señala la localización de estructuras. El material islámico registrado
por Zuazo y el que se ha podido recoger en las prospecciones de los últimos
205

años (Serrano y Fernández, 1991) se sitúa claramente, tanto por tipos como
por técnicas y motivos decorativos entre los siglos XII y XIII, con prolongaciones posteriores y quizás remontándose hasta el siglo XI, si bien el grueso
del conjunto es claramente del primer tercio del siglo XIII.
La ubicación de
Torre Grande y
Pechín, junto a
caminos y vías de
comunicación, nos
sugiere a pensar
que pudieron
desempeñar un
papel de posada y
también como
lugar donde se
cobra un impuesto
sobre los ganados
en tránsito.

La ubicación de ambas torres junto a caminos y vías de comunicación,
que, en el caso de la Torre de Pechin, es junto a la Vía Augusta, en dirección
Este-Oeste y la Cañada Real de los Serranos, con dirección Norte-Sur, nos
lleva a pensar que pudieron desempeñar un papel de manzil o posada. Muchas
de estas postas contaban con infraestructuras fortificadas, como los casos aquí
tratados, y cuyos paralelos cercanos podemos encontrar en la vía que unía
a Murcia con Valencia, en concreto en el tramo de Elche a Murcia, donde
se ubicaba el al-manzil de Al-Butayra, identificada con la Venta de Albatera
(Franco, 1995). Para ambas torres, y para la de Pechin en concreto, también
puede suponerse una función de rutba, entendida como lugar donde se cobra
un impuesto sobre los ganados en tránsito, circunstancia que no sólo pudo
darse en el mundo islámico, sino que se ve confirmada en época cristiana, momento en el cual se emplea la zona como lugar de trashumancia de los ganados
de la serranía de Cuenca hacia los pastos de invierno del Campo de Cartagena. Tal es su importancia que durante el siglo XIV Don Juan Manuel cede a su
hijo natural Sancho Manuel las tierras de Montealegre y las de Carcelén con
el fin de dotarle de un señorío dentro del Señorío de Villena, al tiempo que las
ponía bajo la tutela de un hombre de su total confianza, pues su hijo llegó a
ser teniente adelantado en las tierras de Murcia (Torres, 1984).

Independientemente
de estas funciones,
la principal
actividad económica
de estas torres es la
agropecuaria.

Independientemente de estas funciones, la principal actividad económica de estas dos torres, junto a la de Bogarra de Caudete, es la actividad
agropecuaria, que posibilita la explotación de las vegas que se desarrollan en
su entorno. La Torre de Burjaharón se ubica en una de las zonas de mejores
tierras del corredor, con abundancia de agua, a escasos metros de la superficie, y pastos en los montes cercanos. La Torre de Pechin se sitúa en la parte
septentrional de la Vega de Montealegre, en la que se encuentra el Cerro de
los Santos y el Llano de la Consolación, yacimientos ibéricos que muestran
la importancia de los asentamientos humanos en la zona desde épocas protohistóricas. La Torre de Bogarra se ubica en el margen oriental de la vega que
desde el actual núcleo de Caudete se dirige hacia la Laguna de Villena, una
cubeta inferior de alto valor cinegético. Tanto en Pechín como en Bogarra, se
constatan sistemas de acequias, partidores y balsas que seguramente tienen su
origen en el periodo islámico, y que desarrollan en dichas vegas el clásico y
tantas veces constatado sistema de explotación árabe.

206

Se trata de alquerías
fortificadas que
permitieron un
asentamiento amplio
de población.

Se trata de alquerías fortificadas que, por sus características, permitieron
un asentamiento amplio de población, hecho constatado en Pechín y Bogarra,
con amplios recursos alimentarios, potenciados por infraestructuras hidráulicas, con posibles funciones complementarias, tanto en el orden militar como
en el económico.
El sentido de autoprotección de estas alquerías con torres queda patente
en el caso de El Torrejón de Carcelén, ubicado el asentamiento a la entrada de
la pequeña vega que se desarrolla a ambos márgenes de un barranco que desciende de los altos de la serranía. Su posicionamiento muestra claramente su
intención de observar el llano que se abre en el sector septentrional, lugar de
tránsito y del cual se encuentra alejado y un tanto escondido. Por otra parte,
defiende a la población que en su entorno habita, siempre y cuando se trate
de contingentes pequeños, como los que desarrollan cabalgadas, razzias o el
bandolerismo, pues al estar al pie de una elevada sierra, el ataque de un contingente mayor con maquinaria de guerra la posición se hace indefendible
Los datos gráficos que se han conservado apuntan hacia una alquería
con una torre de tapial, de planta cuadrada, perfil tronco-piramidal, realizada
en tapial con cajas de menor grosor conforme se elevan y un almenado de
merlones cúbicos. Se trataría de un ejemplo con múltiples paralelos, sobre
todo en la parte valenciana, como las de Benifaió, Mussa, Bofilla, Alèdua, Paterna, Silla, etc. Su tipología es la clásica de las torres almorávides y sobre todo
almohades de los siglos XI al XIII, un cuerpo macizo, sin vanos de ninguna
clase. En su entorno se desarrolla un caserío el cual, a su vez, despliega unas
infraestructuras hidráulicas para la mejor explotación de las tierra de cultivo,
esencialmente acequias y balsas.
Sin embargo, en las relaciones de Tomás López de 1786-1789, se describe el edificio del siguiente modo... “a tiro de piedra de este edificio hai/ al L.
varias murallas arruinadas con muchos baluar/tes solo persevera entero el costado
occidental (llamado/ Torrejon) de una de sus torres de mas de 40 varas de/ alto y
ocho de ancho con almenas por remate sin/ troneras minas azia el Pueblo y Vega
que / a trechos ensanchan y estrechan: esta fortificación/ se cree comunmente del
tiempo de los Romanos o mas an / tigua:...” lo cual pudiera dar pie a pensar en
una construcción defensiva más compleja, al modo de un husun, pero es posible que la muralla que rodeaba a la alquería, y las construcciones adosadas
dieran pié a la descripción señalada y al uso de términos equívocos.
Su desconexión, al menos visual, respecto de otras fortificaciones, alque207

rías o vías de comunicación, apunta en la dirección señalada del fenómeno autárquico de estas comunidades, sin que ello suponga un aislamiento absoluto.
El conjunto de alquerías en llano, sin elementos defensivos, es cada vez
más numeroso, pese al sesgo de las prospecciones, la peor conservación de los
restos por las intensas tareas agrícolas de las últimas décadas, o, simplemente,
que no fue el tipo de hábitat más común de la zona, donde la ganadería, y sus
necesidades, apuntan hacia unos establecimientos más móviles y por lo tanto
menos perdurables.
Muchas de
las alquerías
documentadas
se emplazan
en baldíos;...

Muchas de la alquerías documentadas hasta la fecha se emplazan en
tierras que aún hoy en día son espacios baldíos, bien por situarse sobre lomas
donde el afloramiento del sustrato rocoso y la escasez de suelo no han servido
para el cultivo, por tratarse de zonas de monte bajo, tradicionalmente dedicadas al pastoreo, o por encontrarse en los límites de grandes fincas que han
usado sus restos como majanos o ejidos que han perdurado hasta nuestros
días. En un menor número, la mecanización del campo en los últimos años
y su capacidad de arado de espacios secularmente yermos, ha afectado a los
establecimientos en ellos emplazados, pudiendo detectarse por los restos de
cerámica que de forma dispersa se encuentran por la zona.
La alquería que mejor se encuadra en el tipo de alquería en llano es, sin
lugar a dudas, el Bancal de las Tinajas, ubicada en medio de una zona agrícola,
junto a una zona lagunar, en cuyas márgenes se desarrollaron villas rústicas en
época clásica, y próximo a un camino de larga tradición dentro de las comunicaciones internas de la comarca que une los llanos orientales de Chinchilla,
Higueruela, Bonete y Corral Rubio con la zona de Montealegre y Almansa.
Posiblemente sea el antecesor del camino que posteriormente unirá Almansa
con Bonete y Chinchilla, en el siglo XIII con posterioridad a la conquista
cristiana de la zona.
Salvo la descripción efectuada por los propietarios del terreno de la
existencia de silos excavados en el sustrato geológico, no se conservan restos
constructivos, muchos de los cuales han debido de desaparecer a causa de la
utilización de los arados empleados por los tractores en las últimas décadas.
El empleo de arados de profundidad motivó que se localizaran los silos en
una cota inferior a la capacidad de profundización de los arados tirados por
animales.
El dato más interesante del yacimiento es la presencia de un conjunto

208

monetal, al parecer una ocultación, fechado a mediados del siglo XI, dato
que se ha corroborado por los tipos y decoraciones registrados en el conjunto
cerámico, como varios ataifores decorados en verde y manganeso. Se trata de
uno de los yacimientos que nos apunta hacia fechas más antiguas, junto con
la alquería del cerro don Felipe de Montealegre del Castillo, con jarritas pintadas con motivos de metopas en óxido de hierro, la alquería de Malefatón de
Alpera, con otro ataifor decorado en verde y manganeso mediante un motivo
del nudo de Salomón, y las jarritas de metopas de Mompichel y Chinchilla.
En muchas de las alquerías, especialmente las que no han sido afectadas
por las tareas agrícolas, se aprecian claramente las plantas de las edificaciones,
su compartimentación interna y su distribución. La Toyosa y El Boquerón en
Chinchilla, Las Grajas, el Villar de Hoya Honda y los Pocicos de Higueruela,
la Carrasquilla, el Vallejo de la Casa de la Vega y el Cerrico de los Conejos en
Corral Rubio, la Casa del Sol I y II, la Casa de la Zorra y Malefatón en Alpera
y Hoya Matea en Almansa, entre otros, son, sin lugar a dudas, los yacimientos
más significativos.
...se aprecian las
plantas de las casas,
los vanos se abren al
Sur y la trasera...

En todos ellos se aprecian las plantas de las casas que forman la alquería, una estructura cuadrangular que en su interior se organiza mediante un
espacio abierto a modo de patio que ocupa dos tercios del recinto, y una o dos
alas de estancias rectangulares con un vano cada una de ellas, y en ocasiones

Plano de la alquería de El Villar del Bachiller (Chinchilla).
—————————————————————————————————————————––—

209

...de las estancias
se orienta al Norte
o Noroeste para
protegerse de los
vientos dominantes.

interconectadas entre si. Los vanos se abren al Sur y la trasera de las estancias
se orienta al Norte o Noroeste para protegerse de los vientos dominantes. Se
agrupan de forma longitudinal, dejando espacios a modo de calles, creando
agrupaciones a modo de barriadas. En el caso de Los Villares de El Bachiller,
todo apunta hacia la existencia de un muro o cerca exterior, y algunos edificios
parecen tener un uso o significación singular por su emplazamiento respecto
al resto, como ocurre en La Toyosa.

Plano de la alquería de La Toyosa (Chinchilla).
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Todas las alquerías se encuentran en la actualidad cerca o junto a las
tierras de cultivo, hecho que pudo no ser así durante la Edad Media, pues un
gran número, especialmente las de Higueruela, Chinchilla, Corral Rubio y
Bonete, se emplazan muy próximas a la Cañada de los Serranos, que con toda
seguridad ya se empleaba en época islámica, quizá en trayectos más locales o
comarcales, pero claramente relacionado con las necesidades de pastos a los
largo de las diferentes estaciones del año.
5.5 - Asentamientos rurales en ladera montañosa
Este tipo de
emplazamiento
continuó en...
210

Se trata de uno de los conjuntos mas significativo de alquerías o qura en
el Corredor de Almansa y las tierras de Montearagón, quizás porque se adapta
mejor a las condiciones medioambientales de la zona, donde la protección de

...épocas posteriores,
llegando hasta
nuestros días;...

los vientos dominantes de Poniente facilita la vida cotidiana en estos asentamientos. Este tipo de emplazamiento continuó en épocas posteriores, llegando hasta nuestros días, donde muchas labores agrícolas se sitúan en lugares
similares, quizás por la necesidad de no ocupar las escasas tierras de labor,
evitar las lagunas salobres y las zonas de encharcamiento frecuentes en la zona,
y adaptarse mejor a una economía eminentemente ganadera. Todas estas circunstancias quizás expliquen que la mayoría de los asentamientos, en ocasiones unas verdaderas alquerías y en otras entes menores, como los balda o rahl,
se sitúen en la meseta de cerros de escasa altura, en su ladera más resguardada o
simplemente sobre un cerro de escasísima altura respecto al llano circundante.
Cada uno de los yacimientos presenta características propias. En el caso
de Tobillos se trata de un asentamiento en la ladera de la Vega de Alpera, muy
cercano al Castillo de San Gregorio, y con una clara vinculación a la explotación agrícola de regadío de la huerta, por lo que muy posiblemente deban
vinculársele parte de las instalaciones hidráulicas de la zona, especialmente
acequias, repartidores y balsas. Le rodean tierras de pastos, situadas por encima de la cota de borde de la vega, donde se constatan durante la Baja Edad
Media las dehesas de Alpera y Carcelén.
Al otro lado del macizo, ya en el valle de Carcelén, se encuentra el Cerro
Doloche, un asentamiento que ocupa parte de la cumbre y la ladera meridional de un cerro de escasa altura, pero junto a la corriente continua de la
Rambla de Dolonche, la cual nace en el puntal montañoso del mismo nombre
y desagua en el centro del valle. El poblado o alquería da completamente la
espalda al llano, si bien se sitúa cerca del mismo, y dispone de las tierras en el
pie de monte del macizo serrano. No posee contacto visual con el Torrejón,
del que apenas si le separan cinco kilómetros, pero ambos se adentran en diferentes vallejos de la sierra.
Formando un grupo compacto y muy próximos los unos de los otros,
nos encontramos con los asentamientos de la zona de Bonete, Corral Rubio y
la zona oriental del actual término de Chinchilla. Los encontramos dispuestos en el sentido de la Vereda Real de los Serranos o junto a la Vereda Real
de Andalucía a Valencia. En el margen de esta última nos encontramos con
el Cerro de la Fuente Somera, una escasa elevación junto al actual núcleo
urbano de Bonete, con apenas una ladera con algo de pendiente por su cara
septentrional, al pie de la cual surge un afloramiento de agua. El hábitat se
documenta en la parte alta y en la ladera meridional, donde se reconocen una
serie de estructuras.
211

Al Oeste y en el sentido de la Vereda Real de Los Serranos nos encontramos con Los Villares, un amplio asentamiento, en una ladera a salvo de las lagunas estacionales de la zona y junto a la Vega de Aguaza, en su sector septentrional. Frente al mismo, se sitúa El Boquerón y tras los altos de los Frontones,
Fuentechilla, un asentamiento que ocupa parte de la meseta superior y la
ladera oriental, junto a un manantial de agua. Similares disposiciones son las
de Aguaza, al sur de la Vega, en un recodo que se crea en la zona de unión de la
Morra de la Paja con el resto de las elevaciones y La Carrasquilla de Casa Nueva, sobre un alto, al resguardo de vientos y sobre las lagunas salobres de la zona.
Todas estas alquerías, más Tobillos y Cerro Dolonche, tienen una característica común: la conservación de estructuras habitacionales de planta cuadrangular o rectangular, dispuestas irregularmente en la ladera y perfectamente organizadas de forma lineal a una serie de calles o zonas de paso en la parte
alta. La gran mayoría de las construcciones cuentan con vanos constituidos
mediante dos piedras en vertical a modo de jambas y una de zócalo o umbral.
Los muros están construidos mediante dos hiladas de piedras de mediano y
gran tamaño, en ocasiones rellenas por ripio o piedras de pequeño diámetro, y
en otras mediante un zócalo construido con piedras a dos caras. Muchas de las
estancias rectangulares presentan una compartimentación en el último tercio
del espacio, o una construcción, hoy macizada por los derrumbes, de planta
cuadrangular en una de sus esquinas. No se aprecian niveles de adobes, tapiales o cualquier otro tipo de acumulación procedente de la descomposición de
las estructuras, por lo que todo parece apuntar a que se trata de paramentos
realizados en piedra seca, con cubierta de vigas de pino, ramaje y teja curva, de
la cual se observan numerosos restos, es decir, de igual modo que muchas de
las construcciones rurales que aún, hoy en día, se pueden apreciar en la zona.
La planta de algunas estancias imposibilita su cubrición, por lo que
parece tratarse de corrales, mientras otros de menor tamaño parecen formar
parte de unidades complejas constituidas por dos o más estancias.
Se trata de una arquitectura completamente uniforme, extremadamente sencilla y tradicional, pues emplea los materiales más habituales de la zona
como es la piedra y evita, al menos en lo que se observa, el adobe y el tapial,
en este último caso, sea cual sea su tipo: de tierra, cal o calicostrado, a diferencia de la arquitectura del mundo ibérico o romano de la zona que realiza las
construcciones con un zócalo de piedra y unos muros de adobe.
...evitan las tierras...
212

Todos evitan en la elección de su emplazamiento las tierras de labor y

...de labor y las
zonas de charcas
y lagunas.

las zonas de charcas y lagunas, buscan el agua, más o menos dulce, la vía pecuaria y la protección de los vientos de poniente, circunstancias que parecen
apuntar con claridad a un modelo de hábitat muy diferente al registrado en
otras áreas mucho mejor estudiadas, como las mediterráneas y las andaluzas.

Se emplazan
en una banda
cronológica
común a los siglos
XII y XIII.

Sus similitudes no finalizan en su arquitectura, sino que continúan en el
campo de las cerámicas, tanto en los tipos, en las decoraciones y en los porcentajes con las que aparecen. Se emplazan, de este modo, en una banda cronológica común que se integra en el resto de las cronologías que se han señalado
para los otros tipos de asentamientos anteriormente expuestos, es decir, los siglos XII y XIII, con perduraciones constatadas en algunos casos, y con la posibilidad de que alguno de ellos surja en un momento algo anterior, y coetáneo
al Bancal de las Tinajas, aproximadamente en la segunda mitad del siglo XI.
Son, sin lugar a dudas, uno de los conjuntos de yacimientos más interesantes de la zona, el cual requerirá seguir profundizando en su estudio.
5.6 - Cuevas y abrigos refugios

Las cuevas y abrigos
son especialmente
abundantes en...

En todo el reborde montañoso del Corredor de Almansa y las tierras de
Montearagón se han documentado ocupaciones de época islámica en abrigos,
cuevas y cejas. En unos parece que se emplean las cuevas y abrigos como re-

Fig. 15.- Cueva Negra de El Mugrón (Almansa).
—————————————————————————————————————————––—

213

...la cara
meridional de la
Sierra de Chinchilla
e Higueruela;
destaca la Cueva
Negra de Almansa.

fugios temporales, en otros como corrales de montaña y en algún caso como
verdaderos asentamientos estables que pudieron emplearse en determinadas
épocas del año. Son especialmente abundantes en la cara meridional de la
Sierra de Chinchilla e Higueruela, constituyéndose como un magnifico refugio en la solana durante los meses de invierno, especialmente en Oncebreros.
Esta circunstancia se aprecia en otros relieves montañosos significativos de la
comarca como Mezquitillas, Almorchón, la Cuerda de Santo Domingo y el
Cerro de los Bolos de Pozo Cañada. Con una significativa utilización se encuentran los abrigos y cuevas de El Mugrón, tanto en su cara occidental, con
abrigos convertidos en corrales, como en la cara oriental, en donde destaca
la Cueva Negra en Almansa, una gran cavidad usada como corral, que, con
el paso del tiempo, vio como se construían estancias estables de piedra en su
parte exterior, formando un pequeño asentamiento que pudo estar ocupado
a lo largo de todo el año.
La actividad ganadera de la comarca, constatada desde la Prehistoria,
fue sin duda una de las riquezas de un territorio apto para ello y escasamente
poblado, y las cuevas y abrigos ocupadas durante época islámica, nos permiten tener un panorama mucho más completo de la ocupación y explotación
del territorio.

214

6 - LA CULTURA MATERIAL
La falta de
ejemplares completos
obliga a adecuarse
a sistematizaciones
ya empleadas para
áreas limítrofes,
aunque posiblemente
existan unas
producciones
comarcales que
se ajusten a los
modelos empleados.

La sistematización y sobre todo el análisis de las cerámicas en un trabajo como el presente, inédito en el ámbito provincial, y en el cual las piezas
proceden de las prospecciones realizadas, con la consiguiente fragmentación,
falta de ejemplares completos y sesgo del registro, obliga por un lado a adecuarse, por el momento, a sistematizaciones ya empleadas y creadas a partir
del estudio de conjunto de áreas limítrofes, como Valencia, Denia, Alicante y
Murcia. Este análisis se realiza a sabiendas de que posiblemente existan unas
producciones comarcales que no se ajusten a los modelos empleados, sus bandas cronológicas sean algo diferentes y se den tendencias de producción que
respondan a una necesidades distintas a las que otros ámbitos territoriales
demandaban, ya sea por su desarrollo en ámbitos urbanos o por un medio
económico diferente.
Por otra parte, los conjuntos son completamente dispares en número
y origen o procedencia, por lo que los datos aquí presentados podrán variar
sustancialmente con el desarrollo de la investigación.
La conceptualización tecnológica la hemos tomado de Gutierréz (1995),
en lo referente a conceptos como cerámica a mano, a torneta, torno, técnicas
alfareras, como el empleo de las arcillas, la elaboración, la cocción, técnicas
decorativas o su funcionalidad. La tipologías que mejor se ajustan al registro
son las de Denia (Gisbert, Burguera y Bolufer, 1992) (Azuar, 1989) y Murcia (Navarro, 1986), mientras que los conjuntos ergológicos de Ciudad Real,
especialmente del castillo de Alarcos (Juan García y Fernandez Rodriguez,
2007, y VVAA, 1995) y Calatrava la Vieja (Hervás y Retuerce, 2005) y de
Vascos (Izquierdo, 1999), en la provincia de Toledo, parecen ser, al menos por
el momento, mucho más alejados de las características generales del registro
documentado.
Antes de entrar a valorar las producciones queremos señalar algunos
215

datos que si bien por el momento son puntuales, y escapan a los objetivos
del presente trabajo, con el tiempo deberán de tenerse presentes. En primer
lugar, hay que tener en cuenta la larga tradición alfarera de Chinchilla que
aprovecha los yacimientos de arcillas de la zona, de cuya calidad se efectúan
loas desde el siglo XV, poniendo como ejemplo su empleo para la fabricación
de crisoles para la orfebrería (Pretel, 1992). Cabe pues pensar en la posibilidad
de un barrio alfarero, que suministrase a la comarca -podría estar el Corredor
de Almansa- de productos elaborados con detalles en las formas y en las decoraciones propias del alfar, al igual que ocurre con otros como el recientemente
publicado de Elche (Azuar, 1998) cuyo ámbito de distribución tiene esencialmente un marco comarcal. Si dicho taller existió y si sus productos fueron
de alfarería, cantarería, o ambos, es un tema que la investigación tendrá que
dilucidar en los próximos años.
Las excavaciones
del Castellar de
Meca dieron como
resultado la
localización de
unos hornos de
producción cerámica.

Las excavaciones de los caminos de El Castellar de Meca (Broncano
y Alfaro, 1997) dieron como resultado la localización de unos hornos que
los investigadores califican como de producción cerámica, definidos como
de “factura tosca, de barro endurecido por la acción de fuego, con toberas de
unos 5 a 10 cm de diámetro, que comunican la cámara de combustión con el
laboratorio a través de una gruesa parrilla, y con bóveda semiesférica. La base
del horno propiamente dicho mide en torno a un metro de diámetro. El inicio
del praefurnium se sitúa pegado al lateral rocoso derecho del camino...quedando la parrilla ...un poco desplazada hacia el lateral izquierdo y a una altura
de 1’30 m sobre su base”. Junto a este se localizó otro de similar tamaño y
características.
La excavación no parece que deparase relación con pieza alguna, si bien
la profusión de determinados tipos en el poblado, como es la “olla valenciana”
de Bazzana (1981), pudieran significar alguna cierta relación, más aun cuando
se analiza el porcentaje de este tipo de piezas en la comarca. En contra de esta
posibilidad estaría su reducido tamaño, el cual parece apuntar hacia una producción de autoconsumo, hecho que podría variar si el número de este tipo de
hornos aumenta al ampliar la excavación a otras áreas del poblado.
Los centros productores externos a la comarca que más pudieron influir
en la comercialización de tipos durante los siglos XI al XIII, son los levantinos
como Valencia, Denia, Alzira y Elche (Azuar, 1998) y los de Murcia y Lorca,
con posibles aportaciones de Jaén, y por supuesto puntuales piezas originarias
de áreas más alejadas que llegan a la zona a través de las rutas y vías que la
cruzan.

216

Las descripciones de las series y sus paralelos los hemos buscado allí
donde la investigación ha permitido realizar mayores precisiones en el ámbito
cronológico y en el tipológico, hecho que sobre todo se ha producido en el
estudio de las cerámicas de la Cora de Denia a la que parece que se adscribe el
Corredor de Almansa, en parte del siglo XI, y la Cora de Murcia en la cual se
inscribe hasta su conquista.
6.1 - Serie Ataifor
Se trata de uno de
los conjuntos más
numerosos, quizás
por su fácil
identificación
pese a su estado
fragmentario.

Se trata de uno de los conjuntos más numerosos, quizás por su fácil
identificación pese a su estado fragmentario. Siguiendo la tipología de Azuar
(1989) para Denia, los tipos más usuales son los Tipos III, especialmente el
IIIb y c, y IV, siendo más escasos los adscritos al Tipo IIa1. Destacan los pies
que poseen un gran desarrollo, siendo más infrecuentes los escasamente pronunciados. Los bordes son mayoritariamente curvos, si bien se registran un
número significativo con borde triangular, especialmente en los yacimientos
más tardíos. En los cuerpos predominan los curvos, registrándose en el Castillo de Almansa fragmentos adscritos a piezas con carena baja, propia del Tipo
IIIc. Todos ellos poseen una cronología encuadrable entre finales del siglo XII
y la primera mitad del siglo XIII.
Respecto a las decoraciones la
mayoría, presentan vedríos monocromos con buenos acabados, con
coloraciones en verde oliva, muchas
veces con líneas concéntricas cerca
de la base, melados de una amplísima gama de tonalidades, desde el
amarillento al marrón, blanco, habitualmente muy perdido por defectos en la técnica de aplicación y
azul turquesa, tono concentrado en
unos pocos yacimientos.
La decoración bícroma más
frecuente es el negro sobre melado -manganeso sobre melado-, es
decir, el empleo de la técnica de
“Alcafoll”, procedente de Medio

Ataifores de la Torre de Bogarra (Caudete).
————————————————————––—

217

Oriente y en concreto de Irán y con amplísima dispersión por Al-Andalus.
Los motivos más usuales son las líneas curvas, habitualmente semicírculos,
que en ocasiones se entrelazan y ocupan tanto el centro del plato como los
bordes.
Los ataifores de estos tipos los podemos documentar en la Torre de Bogarra, en el Castillo de Almansa, en el Castillo de Alpera, en la Torre Pechín,
Mompichell, Tobillos, el Bancal de las Tinajas y Los Villares del Bachiller.
Con respecto a
las decoraciones
polícromas, la más
usual es el “verde
y manganeso”.

Con respecto a las
decoraciones policromas,
la más usual es el blancoverde-morado, conocida
como “verde y manganeso”, técnica de gran dispersión en la península y
que alcanzó un elevado
grado de popularidad. El
escaso tamaño de los fragmentos impide conocer
los motivos a los cuales
pertenecen, si bien en el
caso del ataifor de El Cas- Ataifor y candil del Cerro de las Tinajas o Mompichel (Chinchilla).
—————————————————————————––—
tellar de Meca (Broncano,
1986) parece tratarse de un motivo reticular geométrico en el cual se insertan
motivos de tipo vegetal. En el resto los temas se relaciona con líneas circulares, concéntricas en algún caso, esquemáticas, donde los goterones son los
elementos más usuales y quizás, en algún caso, puedan pertenecer a motivos
epigráficos, como el fragmento procedente de Mompichel, o al tema del “cordón de la eternidad”. Se han documentado en Mompichel, en el Bancal de las
Tinajas, en el Castillo de San Gregorio de Alpera, en Tobillos, en la Carrasquilla de Casa Nueva y en el Cerro de la Fuente Somera de Bonete. En el Cerro
Dolonche se ha registrado un pequeño fragmento perteneciente al borde de
un ataifor que posee un vidriado en blanco por la cara interna y el arranque
de un motivo en manganeso, que muy posiblemente se acompañe de motivos
en verde.
El conjunto de piezas con este tipo decorativo se enmarca en épocas
taifales, quizás unos de fases más antiguas, como los del Bancal de las Tinajas,
Tobillos o El Castellar de Meca. Por el contrario, otros pertenecen a mo-

218

mentos más modernos, como los del Cerro Dolonche, el Cerro de la Fuente
Somera o el Castillo de San Gregorio de Alpera. De un modo u otro las piezas
se inscriben en conjuntos que se sitúan entre finales del siglo XI y el siglo XII,
y en ocasiones inicios del siglo XIII.
En el Castellar de
Meca se documentó
un fragmento de
ataifor cuya cara
interior se decoró
en verde, azul y
manganeso.

En el Castellar de Meca (Broncano, 1986), en concreto de su sector
oriental (López, 1985), se documentó un fragmento de ataifor cuya cara interior se decoró mediante la técnica de cuerda seca total en verde, azul y manganeso y un motivo geométrico de rombos con un círculo en su interior, tema
que encuentra sus paralelos en el área levantina en los siglos XII y XIII. En la
Torre de Pechin, se han registrado un fragmento de ataifor de cuerda seca en
melado la cara exterior y el fondo de la cara interior. Aquí los motivos son en
manganeso las líneas, y verde el relleno.
Finalmente, se constatan un conjunto de ataifores con decoración de
estampillado bajo cubierta. En la Torre de Burjaharón se documenta un motivo de palmetas impresas en disposición radial, entre estrías a ruedecilla, bajo
una cubierta vítrea verde clara. En el Castillo de San Gregorio de Alpera los
motivos son rosetas de seis pétalos, igualmente radiales y entre estrías, bajo
una cubierta de color verde oliva. Finalmente en Fuentechilla el motivo radial son rombos concéntricos, entre líneas y bajo cubierta de color melado.
Todo los tipos se documentan según Azuar (1989) en los alfares de Denia, en
ataifores el Tipo IIa y con cronologías de finales del siglo XII y primera mitad
del siglo XIII, la cual coincide con el resto de los conjuntos documentados,
descartando por otra parte su adscripción a los alfares toledanos de los siglos
XI y primer cuarto del XII.
Por último hay que señalar la presencia de un fragmento de ataifor con
baquetón exterior próximo al borde del Bancal de las Tinajas decorado mediante un vidriado melado al exterior, mientras que en el interior se decora con líneas de manganeso sobre melado. Algún que otro ejemplar, uno en
concreto de la Torre Pechin, posee perforaciones para el lañado de la pieza,
próximas al borde, el cual a su vez presenta cabujones de manganeso sobre el
borde
Como se puede apreciar tanto las formas como las decoraciones empleadas son las habituales entre la mitad del siglo XII y el siglo XIII, con la
posibilidad de registrar algún ejemplar de las últimas décadas del siglo XI.
El conjunto se engloba perfectamente dentro de la dinámica de zonas como
Denia y Murcia.
219

6.2 - Serie Redoma
La excesiva fragmentación de las piezas impide conocer, por el momento, los tipos a los que se adscribe, sin embargo, las piezas sí cumplen con la
condición de presentar la superficie exterior e interior vidriadas. Los fragmentos que más claramente pueden ser adscritos a estos tipos son los del cuello
y el hombre de las piezas. En estas se aprecian decoraciones de líneas incisas
concéntricas, especialmente en el hombro y las modulaciones del torno en el
interior.
Los vidriados monocromos más usuales son lo verdes, en sus diversas
tonalidades, verde-oliva, verde claro y verde con irisaciones azuladas
6.3 - Serie Jarra
Las más habituales
son de fácil
identificación por
los bordes, bases
y asas;...

De este tipo de piezas las más habituales por su fácil identificación son
los bordes, bases y asas, los cuales por su tamaño permiten su discriminación
con otras series. Siguiendo las clasificaciones
de Azuar (1989), los bordes más comunes
son los del Tipo Aa2, que se caracteriza por
un borde recto engrosado al exterior y diferenciado del cuello por una línea incisa bajo
el mismo. La decoración suele ser la pintura con óxido de manganeso, habitualmente
pinceladas en el cuello y en el hombro de la
pieza, formando conjuntos de trazos en direcciones oblicuas al eje vertical de la pieza.
En un caso del Castillo de Almansa el motivo
son trazos regulares, cortos y formando alineaciones dispuestas horizontalmente.

...este tipo de piezas
se registra, entre
otros, en el Castillo
de Almansa.

Este tipo de piezas se registra en la Torre de Bogarra, en el Castillo de Almansa,
en el Castillo de San Gregorio de Alpera, en
la Torre Pechín, Mompichel y Bancal de las
Tinajas. La adscripción cronológica del Tipo
3Aa, variante 2, la sitúa Azuar en contextos
de fines del siglo XII y primera mitad del siglo XIII, lo cual es coincidente con el resto de

220

Jarras de la Torre de Bogarra (Caudete).
——————————————–—

los materiales documentados. El interés sobre estas piezas es el ser unas piezas
de transición entre el mundo islámico y las primeras décadas de conquista
cristiana, por lo que no será extraño encontrarla en contextos donde aparecen
las lozas blanco y azul del siglo XIV.
6.4 - Serie Jarrita
En nuestro caso son
más bien escasas.

Pese a que son habitualmente muy numerosas en los yacimientos levantinos y murcianos, en nuestro caso son más bien escasas. Su identificación casi
siempre se ha realizado por la decoración de su cara externa, hecho que deberá
ser analizado y estudiado en trabajos futuros, en donde se intente saber si su
ausencia responde a un sesgo del registro, por su procedencia de prospecciones, o si realmente no es un tipo habitual, cuyas funciones fueron suplidas por
otros.

El ejemplar más
completo procede
de la Torre Pechín
de Montealegre
del Castillo.

El ejemplar más completo procede de la Torre Pechín, o Los Castellares,
de Montealegre del Castillo, publicada por Serrano y Fernández (1991). Se
adscribe claramente al Tipo 3Bb (Azuar, 1989), de base plana o ligeramente
convexa, cuerpo globular y cuello cilíndrico, ancho y alto, con asas verticales
que arrancan en la parte superior del cuello y terminan en la zona media del
cuerpo. El ejemplar de Torre Pechín posee como decoración cuatro surcos, dos
en el hombro y dos cerca del borde. No presenta decoración, a diferencia de
otros dos fragmentos localizados en el mismo yacimiento y que poseen una
decoración realizada en óxido de manganeso. En uno se trata de un motivo
vegetal, trilobulado, mientras que en otro se trata de un motivo de triángulos
reticulados.
De ese mismo yacimiento, en concreto de excavaciones en 1915 de
Zuazo Palacios, procedía una jarrita semejante al tipo 3Bb1, la cual usó como
figura de la portada del libro La villa de Montealegre y su Cerro de los Santos,
decorada con óxido de hierro, y cuyos motivos principales eran temas geométricos reticulados, por lo que se aprecia en el dibujo. Dentro señala el autor
que localizó una moneda de oro, quizás un dirham.
El resto de los fragmentos pertenecen a bordes rectos, cuerpos y
esencialmente asas, en los cuales se aprecian decoraciones realizadas mediante óxido de hierro, con motivos lineales, de trazos finos, que, en ocasiones, parecen apuntar hacia motivos metopados, caso del ejemplar
del Cerrico de don Felipe, El Villar del Bachiller, triángulos reticulados,
221

como los de la Carrasquilla de Casa Nueva
o el Castillo de Almansa.
Por su pequeño
tamaño no es posible
adscribir a un tipo
concreto fragmentos
con decoración de
cuerda seca parcial
y esgrafiada, si bien
por los registros
de otras zonas muy
posiblemente
pertenezcan a
este tipo.

Por su pequeño tamaño no es posible adscribir a un tipo concreto fragmentos
con decoración de cuerda seca parcial y esgrafiada, si bien por los registros de otras
zonas muy posiblemente pertenezcan a este
tipo. En el Castillo de Alpera se registra un
fragmento con decoración de cuerda seca
parcial con los motivos delimitados mediante líneas de manganeso y rellenos de
vidriado de color verde-oliva. En la Torre
de Pechin se han registrado un cuello de
jarrita de cuerda seca en melado el fondo,
manganeso las líneas y verde el relleno.

Jarrita del Cerro de don Felipe (Montealegre del Castillo).
——————————–––––———–—

De Mompichel (Chinchilla), Ramírez e Idañez (1988) constatan la
presencia de varios fragmentos posiblemente de jarritas con decoración de
cuerda seca parcial en su superficie exterior, donde los motivos se delimitan
con trazos en manganeso sobre una pasta anaranjada, y un relleno vidriado en
azul turquesa. De este mismo yacimiento proceden dos fragmentos de jarritas pintadas de manganeso y motivos esgrafiados, uno parece adscribirse a la
temática vegetal muy elaborada y otro apunta hacia signos epigráficos. Estas
decoraciones esgrafiadas se dan con mayor profusión en los Tipos Bg y Be de
las tipologías de Azuar (1989), muy tardías, con un origen en talleres murcianos lo cual es bastante coincidente con el resto del conjunto documentado en
el yacimiento.
Ambas técnicas decorativas se documentan entre la segunda mitad del
siglo XII y la primera mitad del siglo XIII, si bien para la cuerda seca parcial
se ha mantenido hasta hace unos años la adscripción al siglo XI, pero los
estudios realizado en el área levantina muestran su perduración más allá del
siglo XII.
6.5 - Serie Jarros y Jarritos
El mismo motivo que ya hemos señalado para otros tipos, esencialmente la fragmentación de las piezas, impide saber si estos tipos los registramos en
222

los yacimientos estudiados, lo cual no sería de extrañar si tenemos en cuenta
que se constatan en la comarca la totalidad de los tipos habituales en el mundo
islámico, sobre todo dentro de las series populares. Muy posiblemente algunas
de las asas, bordes y bases que se han registrado pertenezcan a estos tipos, algunas de las cuales presentan decoraciones en óxido de manganeso, sobre todo
las asas, con unas pinceladas transversales.
Existe un jarrito que posee una adscripción contradictoria en el Museo
Provincial de Albacete, ya que según unos datos pertenece a la Colección
Zuazo Palacios y procede de El Castellar de Meca, mientras que Gutiérrez la
adscribe a la ciudad de Albacete, junto a un candil vidriado en melado (Sanz
y Gutiérrez, 1991; Gutierréz, 1996). La pieza carece de decoración alguna, se
adscribe al Tipo I Bba y se le asigna una cronología del siglo X-XI.
6.6 - Serie Cazuela
Muchos de los
bordes registrados
pertenecen a
esta serie.

Muchos de los bordes registrados pertenecen a esta serie, si bien no se
ajustan a los tipos establecidos por Azuar para la zona de Denia, ni los documentados en la zona murciana. Esto nos lleva a platear la posibilidad de que
se traten de producciones de talleres comarcales, procedentes de Chinchilla,
El Castellar de Meca, Yakka, o algún otro centro no percibido hasta la fecha.
Por otra parte, los ejemplares
más completos se adscriben a
yacimientos que poseen perduraciones en momentos cristianos por lo que al igual que
sucede con las jarras pueden
tratarse de piezas de transición.
De todos modos los tipos se asemejan sobre todo al
tipo II de Azuar (1989), adscrito a momentos almohades,
caracterizados por las paredes
rectas y bordes con moldura,
al interior o al exterior para
soportar las tapaderas, como
el del Castillo de San Gregorio en Alpera.

Cazuela del Castillo de San Gregorio de Alpera y olla del Bancal de las Tinajas (Bonete).
—————————————————–––––———––—

223

6.7 - Serie Candil
Los tipos son tan
variados como su
desarrollo cronológico
y geográfico.

Las características formales de los tipos ha permitido establecer sus desarrollos cronológicos con bastante precisión para ámbitos geográficos muy
extensos, y con escasas variaciones morfológicas pese a su producción en talleres muy distantes entre sí.
El candil de pie alto, Tipo I, presenta dos platillos unidos por un soporte, presentando el superior una forma de cazoleta abierta con piquera de
pellizco, mientras que el soporte inferior posee una forma cilíndrica. En el
Corredor de Almansa se ha documentado, por el momento, el fragmento
de uno de estos candiles, en concreto la parte de unión entre la base y el pie,
vidriado en color azulado. La cronología de estas piezas en el Vinalopó está
entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII, mientras que en el área
murciana se sitúan en el siglo XIII.
El Tipo II es un candil de piquera, con un recipiente troncocónico invertido, cuello cilíndrico estrecho y alto y piquera de base plana alargada y algo
recortada. En el área de estudio se han catalogado hasta la fecha un ejemplar,
procedente del Castillo de Almansa, donde se registra parte del recipiente, con
las características señaladas y decorado en la cara exterior con pinceladas en
óxido de manganeso. Su cronología se sitúa en la segunda mitad del siglo XII,
con amplios paralelos en la zona alicantina y murciana.
El candil del Tipo IV se caracteriza según Azuar por un recipiente bitroncocónico, de una marcada carena, la cual llega a remarcarse mediante un
par de líneas incisas, cuello cilíndrico, piquera levantada y de sección prismática, en ocasiones terminada en punta. En dicho tipo se inscribe los candiles
de El Castellar de Meca (López, 1985) y el de Mompichel (Ramirez e Idañez,
1988), ambos con dos líneas incisas en la zona de unión del cuello y el cuerpo, a modo de gollete, el primero carece de piquera, mientras el segundo no
conserva el cuello (véase figura de página 0000). López adscribe a la segunda
mitad del siglo X el conjunto de El Castellar de Meca, mientras que Ramírez
e Idáñez sitúan el candil en el siglo entre los siglos XI y XII en función de los
trabajos de Roselló (1978). Azuar para este tipo lo adscribe en el siglo XI, si
bien la escasez de ejemplares le lleva a señalar la necesidad de contar con un
registro mayor para confirmar dicha adscripción.
Encontramos fragmentos de candiles de piquera, sin que se puedan
adscribir a un tipo o a otro por su fragmentado y pequeño tamaño, en Los

224

Villares del Bachiller y en el Castillo de Higueruela, ambos pertenecientes a la
parte de la cazoleta.
El candil del Tipo V es completamente diferente a los anteriores, ya
que se trata de una cazoleta abierta con piquera de pellizco y un asa dorsal
enfrentada a la piquera. En Mompichel se registra una de estas asas, vidriada
en color melado, adscribiéndose cronológicamente a momentos almohades,
en concreto desde el siglo XII hasta el ecuador del siglo XIII. Este tipo, junto
con el de pie alto, desplazarán definitivamente a los tradicionales candiles de
piquera islámicos, de momentos anteriores, en los últimos siglos de la presencia islámica en el Corredor de Almansa.
6.8 - Serie Tapadera
Todos los
fragmentos
proceden del
Castillo de San
Gregorio de Alpera,
del Castillo
de Montealegre,
Fuentechilla y
Aguaza.

Todos los fragmentos que puede adscribirse a esta serie pertenecen al
Tipo B1, proceden del Castillo de San Gregorio de Alpera, del Castillo de
Montealegre, Fuentechilla y Aguaza, y todas ellos
presentan las mismas características, una forma
de casquete esférico con
un borde modulado o
anular que le permite
ajustar en la pieza que
hay que tapar. Ninguna
conserva el pedúnculo
por su carácter fragmentario y todas se inscriben
en contextos almohades
Tanur del Castillo de Montealegre del Castillo.
del siglo XIII.
———————————————————–––––———––––—
6.9 - Serie Alcadafe
Dado que una de las características de esta serie es la de poseer unas
paredes cortas, la inexistencia de piezas completas impide confirmar su presencia concreta. Algunos bordes poseen las características propias de esta serie,
un labio engrosado al exterior y de sección triangular. En ocasiones presentan
decoraciones en la cara exterior mediante incisiones de peines más o menos
225

anchos, los cuales posen paralelos en yacimientos de finales del siglo XII y
comienzos del siglo XIII.
6.10 - Serie Marmita/Olla
Es la serie por
excelencia en todos
los yacimientos
registrados.

Es, sin lugar a dudas, la serie por excelencia en todos los yacimientos
registrados, no sólo por su constante presencia sino también por su elevado
porcentaje y las variantes que en ellas se observan. En nuestro caso el término
que empleamos constantemente es el de olla ya que las producciones registradas se ajustan mejor a las que en su día estudió Bazzana (1981), entre las
cuales estaban algunos ejemplares de El Castellar de Meca.
Antes de describir el conjunto mayoritario hay que señalar que se han
constatado algunos ejemplares que se adecuan a los establecidos por Azuar
(1989). En primer lugar en el Castillo de San Gregorio de Alpera se reconoce
claramente el Tipo GII, una olla o marmita de base convexa, cuerpo ligeramente bitroncocónico y cuello de sección cónica o cilíndrica con molduras
en la parte interior del labio. Las asas arrancan de la parte inferior del cuello y
finalizan en la parte alta de la panza. La parte superior del cuerpo está estriada
al exterior, mientras que la cara interna presenta un recubrimiento de un vidriado en color melado oscuro.

Su cronología oscila
entre finales del
siglo XII y la
primera mitad del
siglo XIII.

La cronología de este tipo oscila entre finales del siglo XII y la primera mitad del siglo XIII. Según Azuar es una forma característica del área
levantina, sin influencia de otras áreas de Al-Andalus, pero no debe sorprender su presencia en un territorio tan próximo como es el Corredor de
Almansa.
En Los Castellares o Torre de Pechín se registra una marmita procedente
de las excavaciones en 1915 de Zuazo Palacios. Presenta una base algo cóncava, un cuerpo globular con la superficie exterior ondulada, hombro marcado,
cuello cilíndrico corto y borde exvasado con labio curvo. Posee dos asas de
sección ovalada que parten de hombro y cuello y terminan en la parte alta del
cuerpo. Presenta parte de la superficie exterior e interior vidriada en color melado, a chorretones y en gran parte perdida. Se aproxima al Tipo GI de Azuar
(1989), el cual se sitúa en el siglo XI, si bien por el contexto del yacimiento
puede situarse en el siglo XII.
La falta de ejemplares completos impide la descripción de unos ejem-

226

plares que se puedan sistematizar y permitir proponer unos tipos propios para
la zona. Sin embargo, los rasgos principales son una base plana, un cuerpo
globular, un cuello acanalado y unos bordes exvasados o rectos con el labio
engrosado al exterior, lo cual le proporciona una cierta sección triangular. Las
asas van desde el borde hasta el hombro de la pieza y suelen tener una sección
ovalada o en ocasiones en forma de lo que se ha denominado “lengua de gato”.
Las superficies suelen estar alisadas con un objeto duro, lo que suele provocar
el desplazamiento de los desengrasantes, y deja unas marcas longitudinales a
lo largo de toda la superficie. Las pastas son muy variadas, en función de las
producciones y sus orígenes, yendo desde las grises a las beige pasando por las
anaranjadas, en ocasiones con engobes en su cara exterior.
Los tipos más
completos se han
registrado en las
excavaciones de
El Castellar
de Meca.

Los tipos más completos se han registrado en las
excavaciones de El Castellar
de Meca con equivalencias en
todos los yacimientos estudiados en este trabajo y que cubren toda la comarca, desde
Carcelén a Caudete y desde
Chinchilla hasta la Torre de
Burjaharón.
El cuello estriado es,
sin lugar a dudas, la diferencia más destacada, llegando
en ocasiones a convertirse en
estrías muy profundas, agudas
y oblicuas, hecho que se diferencia sustancialmente de los Tapadera, ataifor y jarra del Castillo de Montealegre del
ejemplares de otras áreas y de Castillo.
———————————————————–––––—––—
las tipologias realizadas. Evidentemente se incluyen grosso modo en el estudio de Bazzana sobre las “ollas
valencianas”, si bien el conjunto del Corredor de Almansa obligará a retomar
el trabajo para matizar algunas de las cuestiones, empezando por su propia
denominación.
Todos los conjuntos en los que se incluyen las ollas/marmitas de cuello
acanalado o estriado, se sitúan entre el siglo XII y XIII, si bien las matizaciones
que en ellos se observan permitirán conocer su evolución a lo largo de casi dos
227

siglos, aunque la serie es claramente almohade, como se puede apreciar en los
conjuntos de la ciudad de Denia (Gisbert, Burguera y Bolufer, 1992).
6.11 - Serie Orza
Se trata de piezas
de mediano y
pequeño tamaño
con cubiertas vítreas
en ambas caras.

Se trata de piezas de mediano y pequeño tamaño con cubiertas vítreas
en ambas caras y un repertorio tipológico que va ampliando constantemente.
Se han constatado fragmentos, sobre todo bordes y hombros con líneas incisas
bajo cubierta, pero destacan sobre todos los dos vasos completos que recuperó
en 1915 Zuazo Palacios en la excavación de Los Castellares o Torre Pechin.
Posteriormente fueron publicados por Ramirez e Idañez (1988).
Una de las piezas presenta una forma troncocónica invertida, sin cuello, borde exvasado plano y base plana diferenciada del cuerpo mediante un
estrechamiento. La pasta es compacta y de color marrón clara, mientras que
las superficies presentan una cubierta vidriada de color melado, si bien se encuentra muy perdida en algunas zonas.
La segunda orcita presenta una forma troncocónica invertida, con un
borde recto y labio curvo separado del cuerpo mediante un baquetón perpendicular al eje longitudinal de la pieza. En el cuerpo se aprecia un surco en su
parte central y a su vez está separado de la base, algo convexa, mediante otro
baquetón. La pasta es compacta y de color rojizo, mientras que las superficies
presentan una cubierta vidriada de color melado oscuro.
Ambos ejemplares poseen amplios paralelos en la zona de Denia, en
concreto en el Fortí y en varias zonas de la medina y los talleres periféricos de
la ciudad (Gisbert, Burguera y Bolufer, 1992), con una cronología del primer
tercio del siglo XIII.
6.12 - Serie Anafe
Las características de algunos bordes documentados, labio ancho, engrosado, pared gruesa y tendencia tanto al interior como al exterior, en ocasiones con cordones digitados en la cara exterior, apuntan a su adscripción a
la serie anafe, y parece poseer una variabilidad mayor que la que se proponen
para áreas cercanas. Los podemos documentar en el Castillo de San Gregorio,
Mompichel, Torre de Pechin, Los Villares del Bachiller y Aguaza. Algunos

228

presentan una decoración incisa de peine en ambas caras que desarrolla bandas secantes que terminan por formar motivos geométricos o en ocasiones
bandas ondulantes.
6.13 - Serie Tinaja
Podemos señalar su
presencia en casi
todos los yacimientos
estudiados, entre
ellos el Castillo
de Almansa.

Esencialmente por el tamaño de los bordes, paredes y bases podemos
señalar la presencia de tinajas en casi todos los yacimientos estudiados, como
la Torre de Bogarra, el Castillo de Almansa, el Castillo de Alpera, la Torre Pechin, Mompichel, Tobillos, Bancal de las Tinajas, Cerro Dolonche, El Boquerón, Los Villares del Bachiller, Fuentechilla, Aguaza, la Carrasquilla de Casa
Nueva y el Castellar de Meca.
El tamaño de los fragmentos no nos permite conocer los tipos, si bien
todo apunta hacia las tinajas de los Tipos IIb y IIf, bases planas, cuerpos globulares, cuello corto, cilíndrico y ancho con borde exvasado de variada forma.
El tipo IIf presenta asas y un cuello largo, además de poseer un tamaño todavía mayor.

La principal
característica de
estas tinajas es su
decoración exterior.

Sin embargo, la principal característica de estas tinajas es su decoración exterior que se puede dividir entre cordones horizontales, con o sin digitaciones y una decoración estampillada de motivos epigráficos, vegetales y
geométricos. Entre las primeras destacan los cordones de sección triangular o
bilobulado que podemos encontrar en casi todos los yacimientos.
Las tinajas de decoración estampillada las encontramos por el momento
en la Torre de Bogarra de Caudete, donde se aprecian motivos vegetales; en el
castillo de Almansa, donde se documentan motivos vegetales, principalmente florales y palmetas, geométricos y epigráficos. En Mompichel (Ramírez e
Idañez, 1998) los fragmentos de tinajas presentan motivos geométricos, vegetales, esencialmente la flor de loto u hoja acorazonada, y epigráficos, entre
los que destacan los temas Baraka y Al-Múlk, uno de los cuales se encuentra
bajo una capa de vidriado de color verde, hecho que, por otra parte, no resulta
extraño, al menos para el área levantina.
Las pastas de todos estos ejemplares son muy blanquecinas, por lo que
parecen proceder de un taller común que bien podría ser comarcal o proceder
del área murciana. En cualquier caso se trata de piezas almohades, de la primera mitad del siglo XIII
229

6.14 - Soportes
En la Torre de Bogarra, en Fuentechilla y en Los Villares del Bachiller se
han documentado fragmentos de lo que en las tipologías murcianas (Navarro,
1986) se denominan soportes, sobre los cuales se disponen otras piezas. Sus
características son muy variadas y quedan al gusto de cada taller.
En el caso de la Torre de Bogarra la pieza responde a una de sus esquinas
y posee un cordón de sección rectangular en la cara exterior sobre el que se
desarrolla un motivo inciso en aspa. La pieza presenta restos de goterones de
vidriado en color verdoso y una perforación en un extremo.
La pieza de Los Villares del Bachiller presenta un borde entrante plano
y una pared cóncava. El labio, plano, presenta una decoración compuesta por
tres bandas. La central es una banda ondulada realizada mediante incisión a
peine y a ambos lados se realizan don líneas de puntos concéntricos. El borde por su cara exterior presenta unas digitaciones que le dan un aspecto de
cordón, bajo el cual se ha realizado una línea de perforaciones cónicas que no
llegan a traspasar la pared de la pieza. Más abajo se sitúa un cordón decorado
con digitaciones. La pieza posee una cocción oxidante por la cara externa y
reductora por la cara interior.
Ambas piezas responden a tipos que se fechan en el siglo XIII, por lo
cual se sitúan dentro de la dinámica de los conjuntos en los cuales se registran.
6.15 - Serie Cantimplora
Solo se ha registrado
un ejemplar,
procedente de El
Castellar de Meca.

Tan solo se ha registrado un ejemplar, procedente de El Castellar de
Meca (López, 1985), y dista, al menos en apariencia, de las procedentes del
Castillo de Jijona, si bien todos los ejemplares registrados en Al-Andalus son
de época almohade. Esto se aleja de la atribución dada por la autora para el
conjunto, si bien como ya hemos comentado en ocasiones anteriores, otros
datos del yacimiento apuntan hacia cronologías de los siglos XII y XIII.
6.16 - Formas abiertas
Tanto en El Castellar de Meca como en el Boquerón se registran una serie de piezas a modo de cuencos de base plana, borde entrante y carena alta, de

230

un diámetro considerable y que generalmente carecen de decoración alguna.
Son piezas de producción local y su número no suele ser muy alto.
En las prospecciones del entorno de la medina de Chicnhilla, se documentó una pequeña figurita correspondiente a un caballito que responde a los
tipos de juguetes inventariados en otros ámbitos próximos, especialmente en
la medina de Murcia y de Siyasa.
No se han registrado formas como el arcaduz, el bacín y las maquetas arquitectónicas, circunstancia que deberemos atribuir a los condicionamientos
de método de registro, pues tipos como el arcaduz debe aparecer en el futuro,
no sólo por el empleo de la noria de rueda y de “sangre” en muchos de los
sistemas de regadío que se están constatando, sino por su empleo para otras
funciones, como el de colmenas, tal y como ha expuesto Gutiérrez (1996).
Pese al sesgo que puede darse de un análisis procedente de la prospección de unos yacimientos -que depende en ocasiones de factores como la conservación del mismo, la mayor o menor popularidad, la realización de excavaciones antiguas o clandestinas, o el propio azar-, podemos señalar que las
formas más comunes son el ataifor, la olla de cuello estriado y la jarra, estando
en menor medida representados el anafe, el candil y la tinaja. Bien es verdad
que la fragmentación de las piezas, especialmente las realizadas con paredes
finas como las jarritas, las jofainas y las redomas pueden haber sufrido un grado de fragmentación que haga difícil su identificación, si bien circunstancias
como el tipo de sociedad a la que pertenecen rural, campesina y ganadera,
puede explicar la carencia no sólo de tipos sofisticados, sino de tipos comunes
muy simplificados.
Respecto a las
técnicas decorativas,
destacan en
los ataifores los
vidriados
monocromos.

Respecto a las técnicas decorativas, destacan en los ataifores los vidriados monocromos, especialmente el verde-oliva, el melado y el turquesa, siendo mas reducido el blanco. En las decoraciones bícromas el alcafoll es, sin
lugar a dudas, el tipo más usual, seguido del “verde y manganeso” sobre blanco,
este último con un repertorio de temas mayor que el anterior. En otros tipos
de piezas destacan las decoraciones en óxido de manganeso sobre el óxido de
hierro, en contadas ocasiones la cuerda seca parcial y en un sólo caso las cerámicas esgrafiadas. La decoración estampillada se limita a los ataifores, siempre
bajo cubierta vítrea, y a las tinajas.
Las diferencias de ejemplares recogidos entre unos y otros yacimientos
es muy sustancial, si bien creemos que se pueden atisbar algunas de las pautas,
231

como la mayor profusión de tipos y decoraciones en los castillos respecto a las
alquerías, especialmente significativo en el caso de los ataifores, y la generalización de la olla de cuello estriado en todos los yacimientos estudiados.
6.17 - Numismática
Llama la atención
las escasas monedas
localizadas en
la comarca hasta
la fecha.

Las monedas localizadas en el área de estudio por el momento se reducen, por un lado, a una moneda de oro que Zuazo Palacios (1915) localizó en
la base de Los Castellares o Torre de Pechín, dentro de una jarrita decorada con
óxido de hierro con motivos geométricos. Ambas piezas se encuentran hoy en
día en paradero desconocido. Por otro lado tenemos el conjunto monetal del
Bancal de las Tinajas que fue estudiado y publicado por Sáenz y Vidal (1986
y 1988). Se trataba de una ocultación compuesta por 46 dirhem de la taifa de
Valencia y uno de la de Almería, todos de vellón, fechados entre los años 443
y 449 (1051 a 1057) de la Hégira. En el Cerro San Cristóbal de Chinchilla,
procedente de nuestras prospecciones, documentamos un dirhem de vellón
de la taifa de Valencia, fechado igualmente en la segunda mitad del siglo XI.
Llama poderosamente la atención el hecho de las escasas monedas localizadas
en la comarca hasta la fecha, quizás por la falta de estudios o por estar en
colecciones particulares. Igualmente cabe señalar que las documentadas hasta
la fecha poseen una horquilla cronológica muy concreta, lo cual podría hacer
referencia a unas circunstancias políticas y sociales muy especificas.
6.18 - Otros
En el estudio que Serrano y Fernández (1991) efectúan de un conjunto
de piezas de Los Castellares o Torre Pechín, que nombran como Cerro de D.
Felipe o de Morcillo siguiendo una toponimia de los dos últimos siglos, señalan la existencia de un ópalo de color rojo de forma ovalada que, en su parte
superior, posee una inscripción en árabe y una estrella de seis puntas. Sin un
análisis directo de la pieza no podemos señalar mayores detalles.

232

7 - EL CORREDOR DE ALMANSA Y LAS TIERRAS DE
MONTEARAGÓN EN EL DEVENIR DEL MUNDO ISLÁMICO

En época romana,
tardorromana y
medieval, el
Corredor de
Almansa fue un
territorio rural.
Los enclaves
urbanos más
próximos eran
Chinchilla, el
Tolmo de Minateda
y Játiva.

Con la integración del mundo ibérico en el ámbito de la administración
romana se cierra en el Corredor de Almansa el capítulo de núcleos habitados
que pudieron alcanzar un cierto rango urbano, ya que hasta el momento los
poblados no habían pasado de aldeas de mayor o menor tamaño, siendo El
Castellar de Meca (Broncano, 1986) el único asentamiento que posiblemente
tuvo una cierta aproximación a tal situación. Con posterioridad, tanto en
época romana, tardorromana y medieval, el Corredor de Almansa fue un territorio rural con asentamientos especializados en la explotación agropecuaria,
de carácter familiar y en algún caso clánico o tribal. Los enclaves urbanos más
próximos eran madīna Sinctilaya (Chinchilla), emplazada al Oeste, Iyyu(h)
al-Sahal (el Tolmo de Minateda) al suroeste, mientras que al Este se encon^
traba madīna Sāţiba (Játiva), estando más alejadas madīna Qünka (Cuenca)
al Norte, madīna at-Turab o Balansīa (Valencia) al noreste, madīna Daniyya
(Denia) más al Este y madīna Mursiya (Murcia) al sureste. Algunos autores
han defendido que el núcleo de Villena tuviera el rango de medina, pues en el
siglo XI se le menciona como tal, con la toponimia de Bilyāna, pero como es
sabido el uso de términos en el mundo musulmana carece de reglas definidas
y en ocasiones se menciona un mismo lugar como ‘amal-s, husun o medina,
como fue el caso de Chinchilla (Mazzoli-Guitard, 2000).

Las villas
tardorromanas
coinciden con las
alquerías islámicas
posteriormente
documentadas.
Si bien, parece una
reocupación de...

En el señalado contexto tardorromano, se constata en todo el corredor
una serie de villas rústicas que tienen como fecha de conclusión los siglos IV
al V d.C. (Ponce y Simón, 1986; Sanz Parras, 1998), y que, en ocasiones,
coinciden a nivel de asentamiento con las alquerías islámicas posteriormente
documentadas. Si bien, en muy pocos casos, se ha podido constatar una continuidad en el hábitat, parece existir más bien una reocupación de espacios
anteriormente explotados, -en los cuales se podían recuperar las infraestructuras agrarias existentes, pues seguramente eran visibles los restos de construc233

...espacios
anteriormente
explotados,...

ciones, usados en ocasiones como cantera de material para nuevas instalaciones- cuyas condiciones eran las apropiadas para el tipo de explotación que en
ese momento se desea realizar. Pero ello no supuso una ocupación exacta del
solar tardorromano, sino una reinstalación en la misma zona, en ocasiones a
escasos metros.

...circunstancias que
encontramos en
villas como Villaricos,
Casas del Cerro,
Los Nogales y las
Torres de Almansa;...

Ejemplo de estas circunstancias las encontramos en villas como Villaricos, Casas del Cerro, Los Nogales y las Torres en Almansa (Ponce y Simón,
1988), El Real de Caudete, Los Cerrillos de El Bachiller en Bonete (Sanz Parras, 1998), Los Castellares, Casa de Doña Juliana y el Cerrico de don Felipe
en Montelegre del Castillo, San Gregorio en Alpera, La Graja en Higueruela
o Mompichel en Chinchilla.

...por el momento,
las prospecciones
de campo, no
han permitido
documentar
poblados visigodos.

Por el momento, las prospecciones de campo, no han permitido documentar, al menos de forma concluyente, poblados con un nivel tardorromano o visigodo, similar al de comarcas colindantes, donde yacimientos como
Loma Eugenia (Rico Sánchez et alii, 1993), en el Campo de Hellín, muestran
tanto en la cerámica como en las estructuras visibles los cambios acontecidos
en las poblaciones de los siglos VI al VII/IX d.C.
Quizás la explicación a ese hiatus entre ambos periodos se encuentre en
su propia distribución en el territorio, su tamaño y sus características, las cuales muestran las limitaciones del medio y las inconveniencias de estar en una
zona de paso, sobre todo en épocas de inseguridad, y alejadas de los centros
urbanos, donde el poder y un mayor número de individuos puede responder
mejor a un cierto tipo de bandolerismo (Gutiérrez, 1996).
La situación fronteriza -favorecida por sus características físicas de área
de paso y por lo tanto de tierra de nadie- quedan patentes en las áreas de influencia que Sanz Parras (1998) detecta para la actual provincia de Albacete,
el área meridional adscrita al mundo bizantino de Cartagena y la zona central
y septentrional vinculada al área visigoda de Toledo, quedando el Corredor
de Almansa en una tierra de nadie, en un limes, difícil de controlar y sin un
atractivo mayor que el de ser un colchón de contacto entre territorios.
Una consecuencia de esta situación pudieron ser los límites de la Cora
de Tudmir, especialmente los septentrionales, ampliamente debatidos por numerosos autores (Gutiérrez, 1996).
El documento, del cual se tienen al menos cuatro versiones (Carmona,

234

1992), ha sido traducido de varias maneras, y de él se han relacionado los topónimos de las siete ciudades con diversos lugares. La traducción de Carmona
(1992) del citado Pacto de Todomiro dice asi:
«Escritura que otorga (min) ´Abd al-´Azîz b. Mûsà ibn Nusayr a (li) Tudmîr (Teodomiro) b. ´Abdûs [en que le reconoce] que éste se ha rendido
mediante capitulación (nazala ´alà s-sulh) y se acoge al Pacto instituido por
Dios (la-hu ´ahd Allâh) y a la protección (5 dimma) de Su Profeta, que Él
bendiga y salve (21), que le garantizan que no cambiará su status o posición
ni el de ninguno de los suyos (as hâbi-hi) ni se le privará de su dominio, y
que no serán matados, ni reducidos a esclavitud, ni separados de sus hijos
o sus mujeres, ni forzados a abandonar su religión, ni se les quemarán sus
iglesias.
»[No será despojado de su dominio mientras] sea leal y respete las condiciones que le hemos impuesto. Él capitula en nombre de (wa-annahu sâlaha
´alà) siete ciudades, que son Uryûta (Orihuela), B.n.t î-la, [Laqant], Mûla
(Mûla o Mola), Bn îra o B.nayra, [ly Ah] y Lûrqa (Lorca). No deberá dar
cobijo a nadie que huya de nosotros, ni a ningún adversario nuestro; no
atacará a nadie que tenga nuestro am~n o salvaguardia; no nos ocultará
ninguna noticia acerca del enemigo que llegare a su conocimiento. Quedan
obligados, él y los suyos, a entregar cada año un dinar, cuatro almudes
de trigo, cuatro de cebada, cuatro medidas de mosto, cuatro de vinagre,
dos medidas de miel y dos de aceite; los siervos deberán pagar la mitad de
las cantidades antedichas, »Fueron testigos del documento: ´Utmân b. Abî
´Abda al-Qurašî, Habb b. Ab§î ´Abda al-Qurašî, Abû l-Qâsim al-Hudalî
y ´Abdallâh b. Maysara at-Tamîmî.» Fue redactado en el mes de ragab del
año 94 de la Hégira».
la discusión sobre
los límites de este
territorio se centran
en la zona
montañosa
de Denia y Alcoi.

La discusión sobre los límites de este territorio se centra en la zona montañosa de Denia y Alcoi, que se adscribe a dicho espacio o la Cora de Valencia,
en función de las épocas, interpretaciones de los escritos o del registro arqueológico. No se duda de la inclusión de las tierras de Chinchilla, pero se fuerza el
limite hacia Yecla, Villena y Alcoy, en vez de pensar que la delimitación natural serían los límites meridionales del Valle del Júcar y las sierras orientales del
Valle de Ayora, hasta al menos el Puerto de Almansa. Dicho espacio seguiría
siendo una zona fronteriza que, al igual que la montaña alicantina, fluctuaría en función de cada momento cronológico, más aun cuando el Puerto de
Almansa marcó y sigue marcando de forma física y geográfica el llano litoral
mediterráneo de las primeras tierras llanas meseteñas.
Para Gutiérrez (1996) los territorios al norte de Almansa -suponemos
235

que tomando como referencia la Sierra de Santa Bárbara de Caudete-, estuvieron relacionados más con Valencia que con las tierras meridionales, según
el análisis que efectúa de los materiales arqueológicos, procedentes de las excavaciones de El Castellar de Meca (Broncano, 1986 y 1997), y teniendo en
cuenta su “radical diferencia” con los registrados en el Tolmo de Minateda. Se
añade como argumento a tal diferencia, el hecho de tratarse estos territorios
de zonas montañosas y marginales lo que conllevó el ser refugio de rebeldes,
contra el estado establecido, como Abd al-Rahman al-Saqlabi, proabbasi en el
778 y el 780, o Sulayman a finales del siglo VIII. Suponemos que los relieves
señalados son los del Valle de Ayora, con la Muela de Cortes como hito más
destacado y en el cual se volvieron siglos mas tarde a producirse insurrecciones
contra el estado, como la de los moriscos del siglo XVI, los cuales aprovecharon los condicionamientos orográficos de la zona. Sin embargo, los límites
naturales de la zona son los llanos de Chinchilla y el Corredor de Almansa,
cuyo límite nororiental es el Puerto de Almansa, zona que se inscribe en el
interland de influencia de El Castellar de Meca.
El Corredor de
Almansa sería un
territorio rural de
paso y apto para
asaltos de bandidos
o avituallamiento
de tropas.

Para nuestro estudio creemos que parece más que evidente que la zona
del Corredor de Almansa sería -tanto si pertenecía a la Cora de Tudmir o a
la de Valencia- un territorio rural marginal, de paso y, por lo tanto, apto para
asaltos de grupos de bandidos, o simplemente avituallamiento de tropas. Esta
situación no era nueva para la zona, por lo que los escasos pobladores debieron de agruparse y buscar refugio en macizos con defensas naturales, abandonando las fincas rurales de llanura imposibles de defender.
Por los datos disponibles, no parece que existan en las tierras albaceteñas emplazamientos de la relevancia del Tolmo de Minateda, o al menos las
fuentes no los mencionan, quizás por no encontrarse junto a caminos de la
importancia del que atraviesa La Mancha desde Cartagena a Toledo, o por estar en ámbitos políticos y territoriales que no alcanzaron la significación de la
demarcación de Tudmir en los primeros decenios de la conquista musulmana.
Sin embargo, los datos aportados en los trabajos de prospección realizados
en los últimos años para las catalogaciones de los términos municipales promovidos por la JCCM4, apuntan hacia la existencia de núcleos de población
con un cierto carácter “urbano” que está por determinar, cuyo tamaño es muy
Hemos codirigido, junto a Gabriel Segura a un amplio equipo de arqueólogos y profesionales de otras
disciplinas en la elaboración de la Carta Arqueológica de los términos que conforman la comarca del
Corredor de Almansa y Monte Ibérico, trabajo elaborado para la JCCM y Grupo de Acción Local, que
nos ha proporcionado una visión y unos datos del poblamiento en Albacete que esperamos publicar en
futuros trabajos y de los cuales aquí avanzamos algunos datos.

4

236

superior a los simples poblados rurales que posiblemente articularon, de una
forma parecida a la que lo hizo el Tolmo de Minateda, territorios periféricos
respecto a las grandes vías de comunicación señaladas.
El modelo del Tolmo de Minateda, en donde una pequeña urbe del interior se va adaptando a los procesos políticos y militares que acontecen entre
el siglo V y el VIII d.C, con cambios en las estructuras sociales que quedan
reflejados en los modos de vida, y a su vez en el urbanismo del asentamiento,
en las tipologías constructivas y en los ajuares domésticos, pudieron posiblemente darse de una forma parecida y con las variaciones correspondientes, en
otros yacimientos singulares de la provincia de Albacete. Los asentamientos
con más probabilidades para que se den estas circunstancias en la comarca de
Almansa y Chinchilla, tanto por su tipología, como por su extensión y cronología son: El Castellar de Meca en Ayora-Almansa y la parte alta del Cerro
de San Blas en Chinchilla. Cada uno de estos asentamientos se configura en
sus características principales, con mayor o menor aproximación, al tipo de
asentamiento que se ha documentado en el Tolmo de Minateda.
El Castellar de
Meca y el Cerro
de San Blas se
caracterizan, al
igual que el Tolmo
de Minateda, por
un emplazamiento
singular en
relación con las vías
de comunicación.

Tanto El Castellar de Meca, como el Cerro de San Blas de Chinchilla se
caracterizan, al igual que el Tolmo de Minateda, por un emplazamiento topográfico y geográfico muy similar y singular, tanto en su relación con las vías de
comunicación, como en la fisonomía orográfica, con una fácil defensa natural
constituida por mesetas elevadas y potentes acantilados reforzados por defensas puntuales, tales como murallas y torres, muchas de ellas reaprovechadas de
periodos anteriores. No sería de extrañar que su evolución, pese a no figurar
en las fuentes documentales, fuera similar a la del Tolmo de Minateda, según
apuntan los restos cerámicos documentados que intervenciones arqueológicas
futuras se encargarán de analizar.
En los ámbitos rurales, los procesos pudieron ser parecidos en algunos
aspectos, pero con toda seguridad con matizaciones muy significativas; entre
ellas hay que considerar los sistemas de segregación o dispersión de los contingentes humanos, las relaciones y jerarquización de los grupos de un mismo
territorio y sus vínculos con el poder político del momento.
Tomando como modelo el yacimiento de Loma Eugenia de Hellín
(Rico et alii, 1993), nos encontraríamos que los asentamientos estarían en
pequeñas lomas situadas junto a las vegas de cultivo, sobre las cuales se desarrollarían construcciones simples en planta, de forma rectangular, adosadas
una a otras, con muros de piedra en la base, configurando dos caras entre las
237

que se rellena con ripio y jambas formadas por piedras de forma paralepipeda,
que albergarían a núcleos de tipo familiar de reducidas dimensiones. Los conjuntos ergológicos documentados son esencialmente cerámicas de tradición
tardorromana o visigoda y las primeras marmitas y ollas islámicas, similares a
las registradas en el Tolmo de Minateda.
En el Corredor de Almansa, las prospecciones no han permitido atisbar
este tipo de edificaciones rurales, pese a que se registran elementos tardorromanos o visigodos como el anillo con inscripción de Alpera o la patera de
Los Cerrillos de Chinchilla (Gamo, 1994), pero allí donde posteriormente se
documentan elementos claramente islámicos, como las ollas de cuello estriado, denominadas “ollas valencianas”, se emplazan en el entorno de los lugares
donde proceden estas piezas singulares, por lo que no sería extraño que las
excavaciones de estos yacimientos pudieran encontrarse continuidades poblacionales similares a las registradas en Loma Eugenia o el Tolmo de Minateda
para los siglos VII al X d.C.
Tras la conquista
llegan contingentes
humanos para
someter revueltas,
crear un sistema
fiscal e ir
cambiando la
lengua, las religión
y las costumbres.

Tras la conquista y vinculación de Tudmir al nuevo orden político, algunos autores señalan la llegada al sureste peninsular de una serie de contingentes humanos, cuyo número está por evaluar, primero de mayoría beréber
y posteriormente árabe, que en el caso de Tudmir poseen un origen egipcio.
Su misión será la de someter las revueltas locales, crear junto con las élites autóctonas un sistema de recaudación fiscal que permita sustentar el entramado
administrativo y militar del emirato, y desarrollar, en la medida de lo posible,
una aculturación que irá poco a poco cambiando la lengua, la religión y las
costumbres de la población resultante.

Las tensiones de
dicho proceso
supondrán una serie
de revueltas locales
y la respuesta por
parte del poder
cordobés.

Las tensiones de dicho proceso supondrán en el amplio ámbito de Tudmir una serie de revueltas locales y la respuesta por parte del poder cordobés,
de expediciones de castigo que en alguna ocasión serán de especial relevancia.
Así sucedió con la desarrollada en el 825 por Abd al-Rahman II, que supuso
la destrucción de muchos de los viejos asentamientos y la fundación en el 825
d.C. de Madina Mursiya, la actual Murcia. A dicha expedición se vincula, por
parte de sus investigadores (Abad, Gutiérrez y Sanz, 1998), la destrucción del
Tolmo de Minateda y el inicio del proceso de abandono del lugar.

Las sucesivas
expediciones que
describen las
fuentes muestran...

Las sucesivas expediciones que describen las fuentes muestran la inestabilidad y rebeldía de la zona albaceteña respecto al poder central continuo
de una forma más o menos intensa. En el 928 Abd al-Rahman III, en su
campaña hacia Pamplona se dirige hacia Murcia, lo que le permitió someter

238

...la rebeldía de la
zona albaceteña.

al rebelde Ya’qub Abi Jalid al-Tubari, quien, al parecer, actuaba por una parte
de las tierras surorientales albaceteñas. En la misma campaña Abd al-Rahman
III somete a Santayila (Chinchilla) y Sant Bitar (Peñas de San Pedro), según
el relato efectuado por Ibn Hayyan, el cual no ofrece otros datos sobre el origen étnico o ascendencia religiosa de sus moradores (Pretel, 2007), pero nos
indica que en esos momentos en ambos lugares, en especial en Chinchilla, se
encuentran asentamientos habitados y con un papel lo suficientemente activo
como para ser objeto de acciones bélicas.

La estabilidad
política del califato
explica el aumento
poblacional de
al-Andalus y una
extensión en la
ocupación de
tierras de cultivo.

La estabilidad política del califato es una de las causas a la que algunos
autores hacen referencia para explicar el aumento poblacional de al-Andalus,
lo que supondrá una extensión en la ocupación de las tierras de cultivo, que
tendrá especial relevancia en aquellas áreas donde sea posible la creación de
sistemas de irrigación característicos de las poblaciones islámicas, ya sean bereberes o árabes. La generación de un ma’gil andalusí entorno a sus lugares de
asentamiento generará a su vez más capacidad de producción y con ella, de
sustentación de mayores contingentes de población que, con sus impuestos,
permitirán el desarrollo de obras públicas en los centros de poder.

En época emiral y
califal, en el...

El desarrollo de estos poblados en altura será la pauta del poblamiento
de época emiral y califal, constatándose en el territorio albaceteño un buen

Vista aérea del Cerro de don Felipe (Montealegre del Castillo).
———————————————————————–––––—————————–––––———––––—

239

...territorio
albaceteño, se
constatan poblados
en altura.

número de estos asentimientos. En el caso del Corredor de Almansa y en las
tierras de Chinchilla podemos atisbar algunos de estos asentamientos a través
de los fragmentos de cerámicas que por sus formas y decoraciones se adscriben
a la segunda mitad del siglo X y al siglo XI.
Las jarritas con decoración de flores de loto entre metopas las encontramos en el Cerrico de don Felipe, en Montealegre, un pequeño asentamiento
emplazado en una suave loma sita en el centro de la vega, rodeado de tierras
de cultivo, cerca de la Rambla del Salobrar y junto al viejo camino que desde el Cerro de los Santos se dirige hacia los llanos de Bonete y de ahí hacia
Chinchilla, posiblemente por la misma ruta que transcurría el viejo camino
de la Vía Augusta. Este tipo de jarritas podemos localizarlas entre los materiales del contexto A del alfar islámico de la Calle Curtidores a Filet de Fora de
Elche, en el cercano Castellet de la Murta en Agost, en el Castillo de Petrer y
en el Castillo de Sax. En todos los casos, el registro documentado ofrece una
cronología entre la segunda mitad del siglo X y las primeras décadas del siglo
XI, coincidente con el horizonte cronológico en que se inscribe el resto del
material del yacimiento. Por desgracia el asentamiento ha sido afectado por
la erosión y la extracción de áridos y no es posible atisbar elementos constructivos, pero muestra un tipo de alquería que debió ser la habitual en estos
momentos, siendo su aspecto y emplazamiento similar al ya citado de Loma
Eugenia en Hellín.

La Carrasquilla (Corral-Rubio).
———————————————————————–––––—————————–––––———––––—

240

Los fragmentos de ataifor con decoración de verde y morado sobre blanco de la alquería de Malefatón y La Carrasquilla, el candil de disco y piquera
de Mompichel o Cerro de la Tinaja y la ocultación de monedas del Bancal
de las Tinajas, apuntan a una ocupación estable en la comarca entre finales
del siglo X y la primera mitad del siglo XI, base ocupacional sobre la que se
desarrollara posteriormente el poblamiento islámico en la comarca hasta la
conquista cristiana.
Las descripciones de
al-Udrí, anteriores
a 1085, señalan
que la mayoría del
actual territorio
de Albacete se
incluiría en dos
distritos: el Campo
de Hellín y los
Llanos de Albacete,
con el Corredor de
Almansa y la
margen derecha
del Júcar.

Las descripciones de al-Udrí, anteriores a su muerte en el 1085, referentes a la Cora de Tudmir (Pacheco Paniagua, 1984), señalan que Sinctilaya
(Chinchilla) es una de las medinas de dicho territorio, mientras que en otro
de los pasajes de la obra del señalado autor se la cita como uno de los distritos
agrícolas de Tudmir, con el topónimo de Chintiyyala, junto a Lorca, Murcia,
Elche e Iyih al-Sahl, ésta última relacionada con el Tolmo de Minateda tras
los trabajos de excavación realizados en el citado yacimiento (Abad, Gutierrez
y Sanz, 1998). De este modo la mayoría del actual territorio de Albacete se
incluiría en estos dos distritos: el Campo de Hellín, donde se emplazaría el
Tolmo de Minateda, y parte de la serranía del Mundo y el Segura en Iyih alSahl, y las tierras de los Llanos de Albacete, el Corredor de Almansa y la margen derecha del Júcar en Chintiyyala, quedando los territorios limítrofes del
valle del Cabriel, las Lagunas de Ruidera y el valle del Guadalmena (Alcaraz)
vinculados a otras demarcaciones, como Cuenca, Valencia, Toledo o Jaén.
Chinchilla es el iqlim más septentrional de la cora de Tudmir, algo ya
atisbado desde el siglo VIII, y se señala que uno de sus límites es Taybaliya,
identificado por varios autores como Taibilla, en el actual término de Nerpio.
De ser correcta ésta identificación significaría una relevancia mayor de la que
los restos arqueológicos y arquitectónicos apuntan para el yacimiento, pero
reforzaría la idea de que los límites de Tudmir por la Sierra del Segura se extenderían hasta la cuenca del río en el término de Yeste.

El final del
siglo XI viene
marcado por la
llegada de
los almorávides;...

El final del siglo XI viene marcado por la llegada de los almorávides y la
inclusión de todo el territorio albaceteño en la nueva estructura política con
sede en Sevilla. De dicho periodo tan solo se cuenta con los datos relativos
de un personaje conocido como Abû ‘Abd Allâh Muhammad ibn Sa’d ibn
Muhammad ibn Mardanîsh, el cual parece que cuenta con el título de laqab
de Sahib al-Basit, rango que posteriormente será usado por su hijo, Ibn Sahib
al-Basit (el hijo del sahib de Albacete) (Pretel, 2007). Dicho personaje participa en la revuelta contra los almorávides y el surgimiento de las segundas
taifas.
241

En este contexto de inicios del siglo XII, autores como Azuar (2004
y 2008), se plantean una serie de dinámicas y procesos de refortificación de
los territorios de Al-Andalus y Sarq al-Andalus que consideramos necesario
analizar para poder acercarnos al proceso de fortificación de las tierras de Albacete, tanto por tratarse de procesos similares a los de las tierras estudiadas,
-con la única diferencia de los condicionantes del medio físico en el cual se
desarrollan-, como por estar inmersos en unas dinámicas históricas globales
que apenas si varían esencialmente de un territorio a otro.
...en el siglo XII
se produce un
incremento
sustancial de
castillos y torres,
que abarcarán a
todo el territorio
albaceteño.

Al igual que sucede en las tierras levantinas y giennenses (Esteve Galán,
1999), todo parece indicar que en el siglo XII se produce un incremento
sustancial de castillos y otros elementos de fortificación, como torres, que
abarcarán a todo el territorio albaceteño. Así ocurre en Sarq al-Andalus, en
donde una primera observación del mapa de distribución de las fortalezas en
Albacete, muestra una mayor densidad en las áreas montañosas que en los llanos y valles abiertos, resultando un panorama inicialmente contradictorio al
tratarse de las tierras que ofrecen las mejores defensas naturales y en estos momentos se encuentran más alejadas respecto a la zona de avance de los reinos
cristianos. De forma similar a como ocurre en la zona levantina, no estamos
ante un frontera castral, cuyo escaso papel y nula planificación ha expuesto
ampliamente el profesor García Fitz (1996), que además no sirve para frenar
cabalgadas, ni puntuales ni repetitivas. El papel de estas fortificaciones se encamina hacia la consolidación y adscripción del territorio a una determinada
sociedad, evitando al mismo tiempo daños en las vidas y haciendas de sus
moradores, circunstancia que se verá corroborada en el proceso de conquista,
cuando los castillos cambian de titular y dueño y con ellos, el territorio adscrito a los mismos.
El aumento de los asentamientos fortificados de campesinos ha sido
relacionado por algunos autores como Torró (1998) con procesos de reagrupación o concentración de antiguas aljamas, en una cronología que se situaría
en el segundo tercio del siglo XII. Para otros, como señala Azuar (2004), el
fenómeno estaría relacionado con la expansión de los sistemas feudales relacionados con la emigración hacia el Sur de los musulmanes expulsados masivamente de las ciudades conquistadas en las fronteras de la Marca Media y
Superior. Para Azuar, se trata de poblaciones que aportan a los nuevos asentamientos rurales el urbanismo, el tipo de vivienda y los modos de vida artesanales, dentro de unos procesos de “colonización” de tierras que hasta ahora
estaban sin poblar o escasamente habitadas, incultas y fuera de los ámbitos de
los límites de influencia de las ciudades. En esta situación se encontraría casi

242

todo el territorio de Albacete, donde tan solo Chinchilla puede que alcanzase
el estatus de medina, por lo que un territorio como el albaceteño, con unos
índices muy bajos de densidad poblacional, las cuencas del Júcar, el Mundo y
el Segura se convirtieron en unas áreas óptimas para este tipo de agrupaciones,
sin que ello suponga la inexistencia de otras más pequeñas.
Un segundo
fenómeno sería el
control y vigilancia
de las vías de
comunicación del
territorio.

Un segundo fenómeno relacionado con la fortificación del territorio
sería el control y vigilancia de las vías de comunicación que transcurren por
el territorio, ya sean las vías más consolidadas y tradicionales, como son el
camino de Toledo a Cartagena, o el de Córdoba hacia el Norte por Alcaraz;
ya sean otras nuevas que van adquiriendo importancia en el mapa, ante la
fragmentación política de las segundas taifas y el aumento de población y
explotación del territorio.
En la obra de al Idrisi, Uns al-Muhay, sobre “Los caminos de al-Andalus” en el siglo XII, aparecen citados lugares que hasta ese momento no
se encontraban señalados en textos anteriores. Es el caso de Almansa, (Abid
Mizal, 1989), del cual se especifica que “de Játiva a Almansa hay veinticinco
millas; entre Almansa y Ayora existen fuentes y ríos, por el Occidente, hay doce
millas”, es decir, que a finales del siglo XI y principios del siglo XII ya existe un núcleo poblacional lo suficientemente importante como para quedar
establecido como punto de paso en las rutas hacia el centro peninsular, en
detrimento de el Fondón de al Mugrón de las fuentes cristianas, que hace
referencia al antiguo poblamiento de Meca (Simón, 1999). Por dicha ruta,
que podría iniciarse también en Caudete hacia Montealegre, se remontaría el
Corredor de Almansa hasta Chinchilla, jalonando otros puntos intermedios
como Higueruela y Mompichel para, tras recalar en Chinchilla, continuar por
Albacete hacia el noroeste por La Roda y al Oeste por Munera en dirección a
las Lagunas de Ruidera, o bien tomar el camino de Cuenca por los pasos del
Júcar, siendo Puente Torres el principal punto de vadeo del río, tal y como lo
muestran el paso de los ejércitos califales a lo largo del tiempo.
Existen otras fortalezas menores con posibles funciones defensivas,
tanto de la rutas como del territorio, que mantienen relaciones de vasallaje
respecto a fortalezas mayores como las de Alpera e Higueruela, ente otras.
Todas ellas se articularían de igual modo al que se ha registrado en el castillo
de Puentes en Lorca, en cuyas proximidades se constatan varias alquerías, una
mezquita rural, El Centeno y una maqbara (Pujante, 2006).
Algunos de estos castillos parece que ya pudieron existir en momentos
243

anteriores, como hemos expuesto, pero otros parecen surgir entre el gobierno
almorávide y los almohades, es decir, durante la taifa de Murcia bajo el mandato de Muhammad ibn Sa’d Ibn Mardanish -el Rey Lobo-, quien resistirá el
avance de los almohades y extenderá su dominio sobre todo Albacete. En ese
momento su territorio alcanza un amplio desarrollo económico, en paralelo
al constatado en las tierras murcianas y valencianas, que pudo servir de base
para la construcción de nuevas aljamas que con el tiempo se fueron dotando
de sistemas defensivos, mediante castillos de mayor o menor envergadura o
de torres aisladas.
En 1172 los almohades recuperarán la fortaleza de Alcaraz y los territorios vinculados a ella, dejándola bajo las ordenes de Abù Ishàq Ibrahim
Ben Hamùsq, lo que coincide en el tiempo con la muerte de Ibn Mardanish,
circunstancia que determinará que el reino de Murcia, y con él, las tierras de
Albacete, se incorporen al control almohade. El fracaso de la campaña almohade contra Huete, cuyo alfoz podía llegar hasta la ribera del Júcar, lleva al
califa Abu Ya’qûb Yûsuf a ordenar desde Murcia una reestructuración de los
sistemas defensivos de la frontera. Entre otras decisiones nombra a Abû ‘Utmân Ibn Mûsa caíd al mando de la fortaleza de Chinchilla y sus fronteras. No
es de extrañar que el resto de cadíes quedaran bajo su control, pues disponía
de un importante contingente de tropas propias, un amplio conocimiento de
la zona y de consolidadas relaciones con los cristianos de Alarcón y Cuenca.
Todo este programa de defensa es contrarrestado casi de inmediato con la
conquista cristiana de Cuenca en 1177, tras la que se llega al Tratado de Cazola de 1179 entre Castilla y Aragón, en virtud del cual las tierras albaceteñas
quedarán adscritas a la conquista por parte de Castilla.
El flujo de población musulmana desplazada hacia el Sur continuará
posibilitando el aumento de aljamas, en especial, allí donde las condiciones
medioambientales permitan poner en marcha explotaciones agrícolas basadas
en el regadío de valles o una ganadería extensiva que aproveche las condiciones naturales de serranías albaceteñas.
La administración
almohade basará
la organización de
su territorio en
las ciudades y sus
distritos agrícolas.

244

La nueva administración almohade basará la organización de su territorio en la vertebración de las ciudades y sus distritos agrícolas o ‘amal-s. En
el caso de Albacete sólo Chinchilla, centro urbano de categoría menor, parece
que alcanzaría el grado de distrito agrícola, tal y como se articula en Sarq alAndalus o en las tierras jienenses de al-Andalus. Este distrito ya había sido
citado como tal por al-Udri, junto con el del Tolmo de Minateda, entendido
este último como el conjunto del campo de Hellín.

Cerro de Fuente Somera (Bonete).
———————————————————————–––––—————————–––––———––––—

El resto del
territorio queda
configurado a
través de castillos
y alquerías;...

El resto del territorio queda configurado a través de castillos y alquerías, donde alguno de estos castillos ejerce una función centralizadora del
resto. Las fuentes cristianas, en especial la concesión de fueros, permiten la
aproximación a estas unidades administrativas en un territorio tan rural como es el albaceteño. Un ejemplo de ello es la concesión de los fueros de Cuenca y Requena a los repobladores de Almansa por Alfonso X en
1264, en los cuales se especifica que se mantiene la adscripción territorial
de Almansa tal y como estaba configurada en tiempos de los almohades
“Sepan todos quantos esta carta uieren como nos don Alfonso por la graçia de
Dios rey de Castilla, de Toledo, de León, de Gillizia, de Seuilla, de Córdova,
de Murcia, de Jahén e del Algarbe, damos a Almanssa e a los pobladores que y
son e que y serán daquí adelante estos lugares que aquí dize por termino. Alpera e Carçelén e Gonet, que los ayan con todos sus terminos e con sus aguas
e sus pastos e con sus montes assi commo los auíen en tienpo de los almohades,
et deffendemos que nenguno non sea osado de gelo contrallar nin de gelo embargar, ca qual quier que lo fiziesse a el e a lo que ouiesse nos tornaríemos,...”
(Pretel, 1981).

... en el territorio
almanseño quedaron
San Gregorio de...

Dentro del territorio almanseño y bajo su administración quedarían
adscritos otros castillos menores, como San Gregorio de Alpera, los Torrejones de Carcelén y casi una veintena de alquerías situadas en su mayoría en la
245

...Alpera, los
Torrejones de
Carcelén y casi
veinte alquerías en la
Vega de Alpera,
Bonete y el actual
término de Almansa.

Vega de Alpera, en Bonete y en el actual término de Almansa. Este tipo de
estructura administrativa parece que sería la más común en todo el territorio
albaceteño, considerando cabezas de estos espacios administrativos a Jorquera
y Vés en el Júcar; Munera, Peñas de San Pedro y Hellín, en torno al amplio
territorio de Chinchilla; Liétor, Riópar, Socovos, Letúr, Yeste y Taibilla en
la Serranía; y Alcaraz en todo el valle del Guadalmena hasta las Lagunas de
Ruidera.
Las fortificaciones almohades terminaron por configurar el mapa de
distribución de los castillos y torres islámicas en Albacete. Refiriéndose a estas
fortificaciones, autores como Azuar han planteado la existencia de dos tipos
de obras, unas con un origen estatal y el resto, fruto de los procesos de defensa
ante el avance cristiano.

Hasta 1242,
Chinchilla
constituyó un
baluarte resistente
contra Castilla,
muy diferente
a lo que sucedió en
Alcaraz que fue
tomada en 1213.

El alcázar de Chinchilla posee las mismas características geoestratégicas
que las obras señaladas del tercer califa almohade en otros puntos de al-Andalus, pero su destrucción por la construcción del castillo del siglo XV y sus
posteriores transformaciones a lo largo del siglo XIX y XX, impiden conocer
si el recinto militar pudo disponer de una torre similar a la de los castillos de
Villena y Novelda. Su valor como punto de contención del avance cristiano
fue evidente en todo momento, como lo atestigua el que hasta el desmoronamiento del reino hudi en 1242, Chinchilla constituyó un baluarte resistente
contra Castilla, que hubo de desplegar un esfuerzo económico y humano muy
importante en su conquista, muy diferente a lo que sucedió en Alcaraz que
había sido tomada en 1213.
Sobre el recinto amurallado de la medina de Chinchilla cabe señalar
que, obviando las reformas y reparaciones que sufre con posterioridad, la mayor parte de sus elementos, incluyendo tanto cortinas como torres, parece
corresponder a un mismo momento. Al no disponer de una concreción cronológica fiable, podríamos situar la mayoría de sus partes entre la segunda
mitad del siglo XI y el siglo XII. Sus características formales y tipológicas, su
realización en tapial, el sistema de cortinas en cremallera alternadas con torres
macizas cosidas con puertas entre torres y en codo, apuntan en la dirección
cronológica señalada. Destaca el amplio recinto amurallado, que no solo permitía el desarrollo de una medina en su interior, sino que podía acoger a la población y ganados de su entorno y desarrollar huertos y pequeños campos de
cultivo en su interior, tal y como se atestigua en el grabado de Antón Van Der
Wyngaerde (Kagan, 1986) de 1565. Dicho espacio amurallado no llegó a ser
ocupado en su totalidad por la trama urbana en época islámica, ni siquiera en

246

la expansión de los siglos XV y XVI, y solo parece saturada con el crecimiento
de finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, por motivos históricos ajenos
al presente trabajo.
La amplitud del amurallamiento de época islámica podríamos situarlo
dentro del modelo y de las fases de expansión urbana propuestas por Julio
Navarro y Pedro Jiménez (2003) para explicar el desarrollo de las ciudades de
al-Andalus, del cual el paisaje urbano de la Chinchilla islámica, con su amplio
recinto adaptado a la orografía que acogía amplia áreas apenas urbanizadas,
correspondería a una etapa fosilizada de las primeras fases de la medina. En
este caso, y a diferencia de lo que ocurrió en otras ciudades, su caserío no llegó
a extenderse por todo el espacio amurallado y, posteriormente, tampoco llegó
a densificarse y saturarse.
El incremento de las razias cristianas entre finales del XII e inicios del
siglo XIII, como la realizada en 1190 por Alfonso VIII a la zona de al Axarach,
que al parecer se trata de la tierra de Jorquera y la cada vez más próxima
frontera, parece impulsar un último repunte en la construcción de elementos
defensivos por parte de las aljamas de Albacete, en especial de aquellas más
alejadas de la medina de Chinchilla y de los husun periféricos.
Chinchilla se
convierte en la
capital de
la frontera.

Chinchilla o la madinat Yinya-la en las fuentes árabes, se convierte en
estos momentos en la capital de la frontera que va desde el Valle de Ayora
hasta Alarcón, con el Júcar como elemento físico permeable de una frontera
inestable, en la que los castillos tan sólo pueden poner en alerta y dar refugio
a los moradores de la zona y mantener momentáneamente la adscripción política del territorio al reino hudi de Murcia. En Chinchilla, Abu Utmán ibn
Musa ejerce como qa’id de la medina y de su frontera, es decir, el territorio de
al-Basit, rango en el que será confirmado, al igual que el resto de jefes militares
de la zona, por los califas almohades.
Cabe la posibilidad de que cada uno de estos qa’íds, en la medida de
sus posibilidades y con el apoyo de los pobladores de las aljamas, ejecutase
obras en los castillos de la zona, en especial en el Corredor de Almansa y en
los Llanos de Albacete hacia el valle del Júcar. Donde mejor se aprecia esta
situación es en alquerías como las de Bogarra, cuya reciente intervención y
a la espera del análisis de los datos, apunta en dicha dirección; también se
aprecia en la torre NW del castillo de Montealegre, en algunos elementos del
Castillo de Almansa y en una serie de refuerzos identificables en Vés, Alcalá
del Júcar, Jorquera y en las murallas urbanas de Chinchilla, refuerzos que
247

también pudieran haberse dado en los castillos desaparecidos de Albacete y
La Roda.
La conquista cristiana de las tierras de Albacete se inicia en el 1213 con
la toma de Alcaraz por Alfonso VIII con el apoyo del arzobispo de Toledo,
Ximenez de Rada, las ordenes militares y las tropas de concejos reales del
entorno de Toledo. El relato de los hechos recogidos por las fuentes islámicas
en el Kitab al.Rawd al-Mi`-tar de Abu Abd Allah Muhammad Ibn Abd alMunìm al-Himyari, (Pacheco 1981) y en las crónicas del citado arzobispo De
rebus Hispaniae o Cronicón de las cosas sucedidas en España.
En plena guerra civil del reino de Murcia, Zayyán Ibn Mardanis intenta
tomar en el 1229 Chinchilla, que está bajo el mando de Abu l-Hussayn Ahmad, junto con Qulayra, denominación de alguna, o de todas las fortalezas
del Júcar, y que podían ser los castillos de Jorquera o Alcalá del Júcar (Pretel,
2007).
A pesar de la
presión ejercida
por los castellanos,
la medina de
Chinchilla era
casi inexpugnable.

La presión ejercida por los castellanos desde Alarcón, tomada en 1184
y la adscripción de las tierras de Albacete a la corona de Castilla en virtud del
Pacto de Cazola de 1179, permitía a Fernando III cumplir con los pactos de
vasallaje con el reino murciano y centrar sus esfuerzos conquistadores en Jaén
y Sevilla, donde el botín en tierras, recursos humanos y riquezas era mucho
más alentador que el que ofrecían las luchas sucesorias entre los linajes musulmanes murcianos. A ello cabría añadir la dificultad de tomar una medina casi
inexpugnable como Chinchilla, en un territorio de llanuras áridas, muy agreste en las serranías y donde existían un relativo numero de aljamas, muchas de
ellas fortificadas. El avance sólo era posible a costa de incorporar pequeñas
fortalezas como La Roda, como parece señalar que, en 1240, la documentación cite a un tal Ferrández como señor en Roda (Ayllón, 1995).
Quizás todas estas circunstancias expliquen el freno en el avance de la
conquista entre 1213, fecha de la toma de Alcaraz, y 1242-43, fecha de la
toma de las tierras entre Chinchilla y Almansa, Hellín y Yeste. La conquista
por pacto será fruto de lo acordado en el Pacto de Alcaraz de 1243 entre el infante don Alfonso, futuro Alfonso X, y los qa’ids de Murcia, entre los que no
se especifica ninguno de Albacete, sino que quedarán incluidos en el concepto
de “otros lugares”. Todos ellos prometen entregar la “ciudad de Murcia e todos
los castillos que son desde Alicante fasta Lorca e fasta Chinchilla“, estableciéndose
un protectorado bajo la corona de Castilla, cuya traslación más significativa
en relación a los castillos de Albacete es su ocupación por tropas castellanas de

248

forma pactada y no fruto de acciones bélicas, puesto que estas acciones habrían necesitado de un número de hombres y recursos económicos de los que
en esos momentos la monarquía castellana no disponía, ya que estaba volcada
en la conquista de otras zonas como Jaén, Sevilla y Cádiz.
La toma de
Chinchilla y
el Corredor de
Almansa fue por
pactos de rendición.
Posiblemente en
Chinchilla y
especialmente
Almansa, la
aljama islámica
desapareció muy
pronto, mientras
que en Higueruela y
Alpera se mantuvo
un importante
número de
pobladores islámicos.

La toma del territorio de Chinchilla y el Corredor de Almansa fue claramente por pactos de rendición, lo cual supuso unos movimientos de la población que parecen intuirse en el registro arqueológico de los castillos y alquerías de la zona. En todos los castillos -Almansa, Caudete, Alpera, Higueruela,
Chinchilla, Carcelén y Pexín- se constatan cerámicas de producción cristiana
del siglo XIV, por lo que se mantuvieron y seguramente fueron puntos de
agrupación de la población de la zona, tanto islámica como cristiana. Posiblemente en Chinchilla y especialmente Almansa, parece que la aljama islámica
desapareció muy pronto, quizás por tratarse de poblaciones bajo jurisdicción
real y ser cabeza de los concejos encargados del control del territorio, siendo
el lugar de asentamiento de los primeros colonos cristianos, mientras que en
Higueruela y Alpera todo parece indicar en el registro arqueológico que se
mantuvo un importante número de pobladores islámicos, circunstancia que
queda aún más marcada en los casos de Pexín, posteriormente Montealegre, y
Carcelén, donde las comunidades debieron de ser exclusivamente musulmanas, hasta el punto de crear en 1330 un señorío mudéjar bajo el dominio de
Sancho Manuel, hijo bastardo de don Juan Manuel.

La revuelta mudéjar
de 1264-1266
muestra la debilidad
del concejo de
Almansa para
someter el territorio
y el importante
número de mudéjares
de la zona.

Las alquerías desaparecen mayoritariamente, salvo algunas de significativo tamaño e importancia, como El Villar del Bachiller, Aguaza y la mayoría
de la Vega de Alpera. Sin embargo, la revuelta mudéjar de 1264-1266, esencialmente motivada por el incumplimiento por parte de los castellanos de las
condiciones de rendición, motivó la intervención de tropas aragonesas, bajo
el mando de Guillén de Rocafull, en el Valle de Alpera a petición del Infante
Alfonso, circunstancia que nos muestra por un lado la debilidad del concejo
de Almansa para someter el territorio, la falta de tropas castellanas en la zona
y el importante número de mudéjares existentes en la zona.

Tras este episodio la
mayoría de la
población islámica
desaparece de la zona.

Tras este episodio la mayoría de la población islámica desapareció de
la zona, abandonando las alquerías que habían ocupado hasta ese momento,
marchando a territorios granadinos o siendo asimilados como vasallos de segunda categoría.
A partir de ese momento la articulación del territorio se hará de forma
muy dificultosa, esencialmente desde aquellos lugares con pequeños recintos
249

defensivos que curiosamente son la mayoría de las actuales poblaciones del
Corredor de Almansa y Montearagón, tan solo incrementadas por las segregaciones de aldeas de Chinchilla en siglos posteriores.

250

8 - CONCLUSIONES

De lo anteriormente expuesto, creemos que se pueden establecer una
serie de tesis que, con el desarrollo de la investigación, podrán ser validadas o
transformadas, sobre todo si tenemos en cuenta que la presente línea de investigación se encuentra en un estadio inicial, no sólo en el ámbito de estudio,
sino en el resto de la provincia de Albacete.
El trabajo se ha
centrado en el sector
oriental de la
actual provincia
de Albacete,...

El trabajo se ha centrado en el sector oriental de la actual provincia de
Albacete, en la unión entre un ámbito geográfico, como es el Corredor de
Almansa, y uno histórico, el definido por la concesión del fuero de Cuenca
a la villa de Almansa en 1264, y los territorios que, de una manera u otra, le
serán comunes, como Caudete, Montealegre del Castillo y la parte oriental de
Chinchilla. Dicho territorio muestra unas características geológicas y geográficas muy comunes, propias de las tierras de frontera entre el ámbito mediterráneo y meseteño, a lo que se le suma la configuración orográfica que la ha
convertido en zona de paso y tránsito entre estas tierras y camino hacia otras.
Sus características climáticas y orográficas han condicionado los biotopos naturales y antrópicos, hasta el punto de que siguen siendo una de sus
señas de identidad, al igual que las vías de comunicación que la cruzan, tanto
en sentido Norte-Sur como Este-Oeste o viceversa.

...la zona ha
tenido siempre
un carácter rural
y fronterizo.

Desde el punto de vista histórico, la zona ha tenido siempre un carácter
rural, periférico respecto de los núcleos urbanos más próximos. Este hecho la
ha convertido en numerosas ocasiones en lugar de frontera entre circunscripciones políticas, unas veces afines y otras rivales.

El mundo
tardorromano irá
desapareciendo...

El mundo tardorromano se caracteriza por la presencia de una serie de
villas rústicas dedicadas a la explotación extensiva de los típicos productos
mediterráneos: cereales, vid y olivo. Distantes entre sí por las limitaciones de
251

...entre los siglos
IV al VI d.C.
como consecuencia
de la inestabilidad
política y social.
Sólo será a partir
del siglo XII
cuando se citen
lugares concretos
en el Corredor
de Almansa.

la productividad de la zona, irán desapareciendo entre los siglos IV al VI d.C.
como consecuencia de la inestabilidad política y social del momento. De este
modo, con la constitución de la Cora de Tudmir, el territorio se encuentra casi
vacío, alejado de los núcleos urbanos y entre varias circunscripciones administrativas. Muy posiblemente sea una tierra en el limes septentrional de Tudmir,
a través de la cual se llega a las tierras de la Cora de Valencia. Quizás dichas
circunstancias sean las que expliquen la falta de registro arqueológico en estos
momentos y la ausencia absoluta de referencias en las descripciones de las
fuentes islámicas, como las descripciones de Tudmir o las campañas militares
de Adb al-Rahmán III. Sólo será a partir del siglo XII cuando se recojan por
Al-Idrisi lugares concretos en el Corredor de Almansa.
Con posterioridad a la fitna, la fragmentación política de Al-Andalus
significa la imposibilidad de seguir empleando caminos que, hasta la fecha,
habían unido territorios bajo un mismo poder político. Otros, como el Corredor de Almansa, vuelven a poseer un valor estratégico, en especial la ruta que
unía el levante peninsular con la Andalucía occidental a través de la Serranía
de Cazorla. A esto hay que añadir las alianzas políticas y económicas entre
unas taifas que rivalizaban con otras situadas entre ambas, como fue el caso de
la hostilidad de la dinastía beréber de los Sinhaya Ziríes de Granada, contra
los reinos eslavos levantinos, especialmente la Taifa de Denia, lo cual impedía
el comercio interior y terrestre con Sevilla.
Las ventajas de la reactivación comercial, la necesidad de control mediante un poblamiento permanente y la reducción de los reinos árabes a favor
de los cristianos, pueden ser algunas de las circunstancias que expliquen que el
registro arqueológico se inicie en la segunda mitad del siglo XI, especialmente
en aquellos lugares junto a la antigua vía de comunicación de Vía Augusta, y
en aquellos que, posteriormente, desarrollan fortalezas complejas, caso de los
castillos.
Este poblamiento de la zona y del resto de las tierras albaceteñas, permitirá uno de los desarrollos artesanales que las fuentes islámicas recogen con
mayor asiduidad: la producción de tapices de lana en Chinchilla, centro urbano de la zona, y los topónimos vinculados con el ganado, su traslado y las
actividades económicas que en torno a ella se desarrollan.

La ocupación
del Corredor de
Almansa se verá...

La ocupación del Corredor de Almansa se verá limitada por las posibilidades económicas del mismo, especialmente en el ámbito agropecuario,
donde las tierras fértiles, con posibilidades de desarrollar un sistema agrícola

...limitada por
las posibilidades
económicas del
mismo.

basado en el regadío, se ve limitado a una pocas vegas, las cuales ni por su extensión ni por su productividad se pueden equiparar a las levantinas, murcianas o andaluzas. La mayor parte del territorio sólo será apto -al margen de la
limitación que supone el reducido número de pobladores-, para la ganadería,
especialmente la de oveja y cabra, la cual aprovecha la raquítica vegetación
natural y las rastrojeras de los cultivos y apenas necesita mano de obra.
No es extraño que en este panorama los yacimientos se organicen jerárquicamente en función de las posibilidades de explotación del medio por las
comunidades humanas, de modo que los poblados con castillo, o husun, se
ubicarán en el lugar más ventajoso para la explotación agropecuaria de las vegas, donde la agricultura de regadío se puede aplicar por la existencia de agua
y una tierras de calidad. Este fenómeno se realiza al margen de instrucciones
políticas o administrativas del estado, por lo que se le puede atribuir un origen
autónomo, en donde la autarquía y la autodefensa serán los parámetros entre
los que se tendrán que gestar estas poblaciones. En su entorno se desarrollarán
poblados fortificados, alquerías y entes menores que servirán para aprovechar
las posibilidades del territorio circundante, creando una relación que tan sólo
dependerá de la distancia y de las relaciones sociales o tribales de sus miembros.

Los castillos
almohades son
estructuras sólidas
y compactas, con
apenas aberturas
y construidas
mediante la
técnica de tapial.

Los castillos, ubicados sobre cerros más o menos aislados, se adscriben
desde el punto de vista constructivo a los parámetros de las fortificaciones
almohades, unas estructuras sólidas y compactas, con apenas aberturas y ausencia de decoración, y construidas mediante la técnica de tapial. Las construcciones de las alquerías o los poblados fortificados, por el contrario, son en
piedra hasta la techumbre, con una planta cuadrangular o rectangular, escasas
divisiones internas, junto a los corrales y organizadas en torno a una serie de
espacios de tránsito. Su ubicación preferente es en laderas montañosas, si bien
se registran en llano y sobre algunos cerros de escasa altura. Los dos poblados
en altura presentan fortificaciones naturales y antrópicas, estas últimas reaprovechadas, al igual que los aljibes tallados en la roca, de momentos históricos
anteriores.

Los yacimientos se
ubican junto a vías
de paso, en especial
las que más tarde
se convirtieron en
Cañadas Reales.

Todos los yacimientos, sea cual fuere su tamaño o rango, se ubican
junto a vías de paso, en especial las que con posterioridad se convirtieron en
Cañadas Reales -Los Serranos y la de Andalucía a Valencia-, por lo que todo
parece apuntar hacia una importante orientación económica hacia la ganadería menor, abastecedora, además de la carne, de lana, piel y otros productos
secundarios.
253

Este posicionamiento beneficiará tanto a los usuarios de los caminos
como a los que se asientan junto a ellos, y el hecho de que el tráfico comercial
en época islámica se realice preferentemente a lomos de mulas, frente al rodado de épocas anteriores, puede que explique el auge que parece adquirir el
camino de Chinchilla a Játiva por Almansa a través del Puerto, en detrimento
del antiguo trazado de la Vía Augusta, lo cual tendrá repercusiones importantes, tal y como queda reflejado en la fortificación almanseña.
Las relaciones que posibilitan dichas vías quedan reflejadas en el conjunto cerámico, el cual posee, al menos en la serie de los ataifores, una íntima
relación con las producciones levantinas, especialmente con alfares de Denia
y Murcia. Sin embargo, el carácter rural de la población y sus necesidades
cotidianas hacen que los tipos más usuales sean la jarra, el alcadafe, la cazuela
y, sobre todos ellos, la olla o marmita, en donde los tipos definidos como “olla
valenciana” son los predominantes, es decir, un conjunto básico relacionado
con la alimentación. Pero un análisis detallado de las ollas desvela una serie
de variantes, que, sin salirse excesivamente de los tipos establecidos, muestran
unas características propias, relacionadas quizás con una producción comarcal, hasta el punto de constituirse en un fósil director de periodo.
Otras claras influencias se pueden seguir a través de las decoraciones
estampilladas en las tinajas, mientras que la cronología de los conjuntos queda claramente reflejada por los tipos y las decoraciones, especialmente de los
ataifores, donde el alcafoll, las decoraciones en verde y manganeso, el estampillado bajo cubierta y la cuerda seca parcial y total, fijan una horquilla cronológica que va desde la segunda mitad del siglo XI hasta la conquista cristiana
pasada la mitad del siglo XIII, con especial concentración entre la segunda
mitad del siglo XII y el primer tercio del siglo XIII.
El Corredor de
Almansa tuvo un
hábitat tan relevante
como para generar
una estructuración
del territorio que
ha perdurado hasta
nuestros días.

254

En definitiva, mediante los datos recabados del presente estudio, se puede iniciar la compresión de uno de los momentos históricos más desconocidos
de la comarca del Corredor de Almansa que sin llegar a tener un porcentaje
de población elevado, al igual que ocurre hoy en día respecto a otras áreas
costeras, tuvo un hábitat lo suficientemente relevante como para generar una
estructuración del territorio que, en sus líneas básicas, ha perdurado hasta
nuestros días. La profundización en su estudio, con el fin de conocer con mayor rigor sus particularidades, será el objetivo que pretendemos desarrollar en
los trabajos de campo de los próximos años.

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Mapa del Corredor de Almansa y Montearagón con los yacimientos islámicos:
1 - Castillo de Caudete.
2 - Torre de Bogarra (Caudete).
3 - Los Palancares (Caudete).
4 - Castillo de Almansa.
5 - Torre de Burharón (Almansa).
6 - Casas Viejas (Almansa).
7 - Cueva del Puntal del Mugrón (Almansa).
8 - Cueva Negra (Almansa).
9 - Abrigos del Mugrón I y II (Almansa).
10 - Hoya Matea (Almansa).
11 - Jodar (Almansa).
12 - Fuensanta (Almansa).
13 - Olula II (Almansa).
14 - Castillo de San Gregorio (Alpera).
15 - Malefatón (Alpera).
16 - Loma de la Vega (Alpera).
17 - Casa de la Zorra (Alpera).
18 - Las Fuentes (Alpera).
19 - Bancal del Reviejo (Alpera).
20 - Casa del Sol, (Alpera).
21 - Casa del Sol II.
22 - Tobillos (Alpera).
23 - Cueva Negra de la Vega, (Alpera).
24.- Castillo de Higueruela (Higueruela).
25 - Abrigo y corral de San Juan (Higueruela).
26 - Ceja de Oncebreros (Higueruela).
27 - Cerro Blanco (Higueruela).
28 - Corrales de Casa Guarda (Higueruela).
29 - Corrales de la Solana de Oncebreros (Higueruela).
30 - Covacha de la Solana (Higueruela).
31 - Cueva Horadada (Higueruela).
32 - El Villar o Hoya Honda (Higueruela).
33 - Las Grajas (Higueruela).
34 - Los Castillicos o La Rambla (Higueruela).
35 - Los Pocicos (Higueruela).
36 - Prado Viejo (Hoyagonzalo).
37 - Abrigo de Oncebreros de Arriba (Hoyagonzalo).
38 - Castillo y medina de Chinchilla.
39 - Rincón de Haro (Chinchilla).
40 - Medianil de Honcinas (Chinchilla).
41 - Loma de la Hoya de Los Cerrillos (Chinchilla).
42 - Fortaleza (Chinchilla).
43 - Rincón del Cerro de la Fuente del Cuervo (Chinchilla).
44 - Cerro de las Tinajas de Mompichel (Chinchilla).
45 - Ladera oriental del Almorchón (Chinchilla).
46 - Mezquitillas II (Chinchilla).
47 - Morra de Montesinos (Chinchilla).
48 - Víllora (Chinchilla).
49 - Las Peñicas (Chinchilla).
50 - Los Villares de Horna (Chinchilla).
51 - El Boquerón (Chinchilla).
52 - Los Villares (Chinchilla).
—————————————————————————

265

53 - El Bachiller (Chinchilla).
54 - La Toyosa (Chinchilla).
55 - Fuentechilla (Chinchilla), 56.- Casa Alhama (Chinchilla).
57 - Aldea de Horna (Chinchilla).
58 - San Cristobal (Chinchilla).
59 - Morreta del Cerro de los Bolos (Pozo Cañada).
60 - Corral del Cerro de los Bolos (Pozo Cañada).
61 - Abrigos de la Cuerda de Santo Domingo (Pozo Cañada).
62 - Cerro de la Villa (Pozo Cañada).
63 - Casa de las Palomas (Pétrola).
64 - Morra de la Cueva de la Paja o Aguaza I y II (Corral-Rubio).
65 - La Carrasquilla (Corral-Rubio).
66.- Vallejo de la Casa de la Vega (Corral-Rubio).
67 - Cerrico de los Conejos (Corral-Rubio).
68 - Castillo de Montealegre del Castillo.
69 - Torre de Pekín o Los Castellares (Montealegre del Castillo).
70 - Cerrico don Felipe (Montealegre del Castillo).
71 - Casa de los Calderones (Montealegre del Castillo).
72 - Casa de doña Juliana (Montealegre del Castillo).
———————————————————————————

266

73 - Pozo de la Higuera (Montealegre del Castillo).
74 - Morra de Charrante (Montealegre del Castillo).
75 - Bancal de las Tinajas (Bonete).
76 - El Carrascal (Bonete).
77 - Fuente Somera (Bonete).
78 - Lomas de Cuevas Negras (Bonete).
79 - El Chisnar (Bonete).
80 - El Castellar de Meca (Ayora).
81 - Abrigo y Arco de San Pascual (Ayora).
82 - Pozo de Egea (Ayora).
83 - Hoya Marín (Ayora).
84 - Las Torcas (Ayora).
85 - El Olmillo de Abajo (Fuente-Álamo).
86 - Prados del Olmillo (Fuente-Álamo).
86 - Los Torrejones de Carcelén.
87 - Cerro Dolonche (Carcelén).
88 - Cerro Fino (Alatoz).
89 - Castillo de Albacete y Cerro de San Juan.
90 - San Antón (Albacete).
———————————————————————————

Edita: Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Almansa
Coordina y dirige la colección: Torre Grande
Maquetación y diseño: Aldus
Impresión: Imprenta Municipal
Depósito Legal: AB-199-2011
ISBN: 978-84-614-9453-8

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