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Alfonso Sarabia

UNIVERSIDAD AUTONOMA DE SAN LUIS POTOSI

Facultad de Psicología
Instituto de Investigación y Posgrado
Programa con registro en el Padrón Nacional de Posgrado CONACYT

Culpabilidad y responsabilidad subjetivas ante la inimputabilidad

TESIS
Que presenta como requisito para obtener el grado de
Maestro en Psicología

ALFONSO SARABIA ROMO

Director de Tesis: Dra. Luciane Loss Jardim

San Luis Potosí, S. L. P. Julio del 2007

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Alfonso Sarabia

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SAN LUIS POTOSÍ

Facultad de Psicología
Instituto de Investigación y Postgrado
Programa con registro en el
Programa Nacional de Posgrado CONACYT

TESIS
Culpabilidad y responsabilidad subjetivas ante la inimputabilidad

Que como requisito para obtener el grado de Maestro en Psicología

Presenta:
Alfonso Sarabia Romo

Dirigida por:
Dra. Luciane Loss Jardim

Sinodales:
Mtra. María del Carmen Rojas Hernández _____________________________
Mtra. Silvia Larisa Méndez Martínez _____________________________
Dra. Luciane Loss Jardim _____________________________

_______________________________ _____________________________
Lic. Víctor Manuel Arreguín Rocha Mtra. Ma. Marcela Morales Loo
Director de la Facultad de Psicología Secretaria General de la Facultad

__________________________________
M.E.P. María del Carmen Rojas Hernández
Jefe del Instituto de Investigación y Posgrado

San Luis Potosí


Julio, 2007
México

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Alfonso Sarabia

Agradecimientos

A CONACYT por su invaluable apoyo para la realización de dicha Tesis.

A la Mtra. Carmen Rojas Hernández, que confió en mi para la realización de

esta Tesis. Por nuestras discusiones que siempre resultaron productivas y llenas de

aprendizaje, y por sus intervenciones que en el presente trabajo siempre me abrieron

pauta para formularme nuevas interrogantes.

A la Mtra. Larisa Méndez Martínez, quien siguió de cerca la construcción de

dicha Tesis. Por sus lecturas puntuales que delimitaron este trabajo, a través de su

orientación y consejo.

A la Dra. Luciane Loss Jardim, que dirigió, asesoró y supervisó dicha Tesis. Por

todas sus horas de dedicación en este trabajo, y sus conocimientos compartidos

procurando mi formación profesional.

Al Mtro. Víctor Novoa Cota, que fue pieza clave para que ésta Tesis surgiera.

A la Psic. Gabriela Vargas Huipe, perito forense de la P.G.J., cuya pasión por su

trabajo fue toda una inspiración.

Al Juez Martín Salas Mexicano, que me enseño la importancia del trabajo

interdisciplinario, y me orientó en los aspectos legales y humanos.

Al Lic. Alfonso Calzada Mendoza, Subdirector Técnico del CE.PRE.RE.SO que

confió en mi trabajo clínico en el interior de dicha institución.

A todos muchas gracias.

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Alfonso Sarabia

Dedicatoria

El presente trabajo es un homenaje a la locura, a todos aquellos que la han

padecido, a quienes están atrapados en ella y a quienes han quedado excluidos de la

sociedad. Dedicado a todos aquellos que en mi locura por hacer este trabajo me

acompañaron con su locura, brindándome su apoyo, su amistad y su escucha,

especialmente a I.D.M. que me acompaño en este viaje y cuyos conocimientos en

filosofía fueron parteaguas de este debate social. Y a mi familia por tolerar mis locuras.

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Alfonso Sarabia

Por suas palavras e por seus silencios

muito obrigado

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Alfonso Sarabia

Índice

Resumen 8
Presentación 10
Introducción 12

CAPÍTULO 1: El paradigma de la inimputabilidad y la locura 15

1.1. Marco jurídico 16


1.1.1. Definición de Inimputabilidad 16
1.1.2. Inimputabilidad: Criterios reguladores 17
1.1.3. La inmutabilidad en el Código Federal de Procedimientos 18
Penales en México
1.2. De los antecedentes de la locura 20
1.3. Antecedentes del psicoanálisis, en relación con el derecho y la 23
criminología
1.4. Una vuelta histórica al caso “Aimée”, o la paranoia de autocastigo, y al 26
método lacaniano
1.5. El psicoanálisis de Freud a Lacan 27
1.6. Los comienzos de Lacan en psiquiatría 29
1.7. Naturaleza del problema o su solución mediante el ejemplo de un 31
caso. Examen clínico del caso Aimée

CAPÍTULO 2: Inimputabilidad y subjetividad 43

2.1. Algunas Consideraciones sobre la culpabilidad y la responsabilidad 44


subjetiva ante la inimputabilidad

CAPÍTULO 3: Abordaje psicoanalítico de las psicosis 55

3.1. El fenómeno psicótico, su mecanismo y otros albores 56


3.2. Un juez sin juicio. El caso del Presidente Schreber 66
3.3. El desarrollo histórico y conceptual del narcisismo 71

CAPÍTULO 4: La clínica psicoanalítica 93

4.1. El caso “Peter”. Algunas dificultades en el análisis de el caso clínico 94


4.2. Los hechos 95
4.3. Diagnóstico Psiquiátrico 97
4.4. Historial Clínico 99

CAPÍTULO 5: Conclusiones 103

5.1. Conclusiones 104

Referencias bibliográficas 110

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Alfonso Sarabia

Índice de tablas y figuras

Figura 1. Le Minotaure 29

Figura 2.Esquema psicológico de la representación-palabra 59

Figura 3. Naturaleza del signo lingüístico 60

Tabla 1. Diversas formas de delirio a partir de las diversas modalidades de la 66


negación

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Alfonso Sarabia

Resumen

La presente investigación plantea

el problema de la inimputabilidad en

sujetos psicóticos que han transgredido

la ley y que quedan exentos de

culpabilidad y responsabilidad penal. La

problematización de esta cuestión se

originó de la escucha psicoanalítica de

un sujeto encarcelado en el centro

penitenciario, que habiendo cometido el

parricidio fue considerado inimputable.

A partir de esta investigación se

considera la importancia del trabajo

psicoanalítico como vía para poder

subjetivizar la responsabilidad y la

culpa.

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Alfonso Sarabia

ABSTRACT

The present investigation creates

the problem of the unimputability in

psychotics subjects that have

transgressed the law and that extents of

culpability and criminal responsibility

have left. The problem of this question I

originate myself of the psychoanalytic

listening of a jailed subject in center

penitentiary that being committed

parricide was considered unimputable.

Starting from this investigation it is

considered the importance of the

psychoanalytical work as way to

subjective the responsibility and they

guilt.

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Alfonso Sarabia

Presentación

El presente documento está constituido por cuatro capítulos que se organizan de

la siguiente manera:

En el primer capitulo El paradigma de la inimputabilidad y la locura inicia con

lo que representa el paradigma de la inimputabilidad y la locura, haciendo un recorrido

sobre lo que es en el marco jurídico la noción de inimputabilidad, así como sus criterios

reguladores, es decir, aquellos factores externos que se consideran para declarar a un

sujeto inimputable. Así mismo, de manera muy puntual, se aborda la concepción sobre

la locura, así como el problema de su exclusión. Todo esto para articular una relación

entre el derecho y el psicoanálisis.

En el segundo capítulo Inimputabilidad y subjetividad se desarrolla el problema

central sobre la culpabilidad y la responsabilidad subjetiva ante la inimputabilidad y

cómo se vincula con la culpabilidad y responsabilidad penal de un sujeto.

En el tercer capítulo Abordaje psicoanalítico de las psicosis se describe de

manera puntual en qué consiste el fenómeno psicótico, su mecanismo y sus

formaciones, tomando el caso del Presidente Schreber de Freud ( 1911) como ejemplo

para mostrar cómo se articulan los conceptos teóricos en la práctica psicoanalítica, pues

es este historial un paradigma en la cuestión de las psicosis. Este apartado se trabaja con

el concepto de narcisismo, haciendo un desarrollo histórico y conceptual de este, pues

es de importancia para entender la cuestión de las psicosis.

En el capítulo cuarto La clínica psicoanalítica se presenta el historial clínico del

caso “Peter”. Caso que se tomó como vía para argumentar y sostener la presente

investigación sobre la culpa y responsabilidad subjetiva en sujetos que tras haber

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Alfonso Sarabia

cometido un delito son declarados inimputables por ser considerados enfermos

mentales. Excluyéndolos de la sociedad, quedando encarcelados y presos en su locura.

Por último, se presentan las conclusiones, producto de esta investigación,

resultado de la experiencia clínica con la teoría psicoanalítica.

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Alfonso Sarabia

Introducción

En esta investigación coincidieron tres disciplinas en el abordaje del tema,

tomando una postura frente al sujeto que transgrede la ley: el psicoanálisis, la

criminología y el derecho. Disciplinas que tienen un lugar muy puntual en esta

investigación, al plantear desde cada una de las interrogantes en cuanto al sujeto

trasgresor y la ley que lo enmarca. A partir de este trabajo surgieron cuestionamientos

acerca de cómo se lleva a cabo el acto, las causas o motivos del sujeto para realizarlo, la

función de la ley (social y subjetiva), el proceder de las instituciones e incluso

apreciaciones acerca de la interpretación de la ley al respecto.

Se trata de temáticas que resultan polémicas para todas estas disciplinas, que

definitivamente son consideradas ajenas entre sí, y que sin embargo es necesario

conocer y reconocer sus planteamientos e integrarlos para acceder a una nueva visión o

toma de postura con respecto al sujeto que delinque, y por supuesto ante el proceder de

diferentes instituciones de impartición de justicia.

Para el derecho los sujetos considerados enfermos mentales son inimputables,

dicho diagnóstico es emitido por el perito en psiquiatría forense, tomando como

fundamento el “Manual diagnóstico y estadístico de los enfermos mentales” (DSM-IV),

elaborando un diagnóstico, que deja fuera el discurso del sujeto.

Estos sujetos, al ser considerados inimputables quedan libres de responsabilidad

y culpabilidad penal. El problema es aún más grande cuando estos sujetos declarados

inimputables son recluidos en un centro penitenciario al no existir una institución

especializada para su tratamiento. El dictamen de los enfermos mentales les dejan

cautivos en el centro penitenciario, pues mismo que tengan cumplida su pena, es

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Alfonso Sarabia

necesario que un familiar accediera a hacerse responsable por ellos. De todas formas el

sujeto queda preso de su locura indefinidamente. Todo lo anterior le imposibilita

articular una posible responsabilidad y culpa subjetiva. Pues esto los deja fuera de una

ley social y subjetiva.

El psicoanálisis se ha interesado en cuestiones más puntuales, haciendo

contribuciones y críticas a diferentes postulados legales y criminológicos. Donde se

encuentran los textos de Freud “La indagatoria forense y el psicoanálisis” (1906) y “El

dictamen de la Facultad en el proceso HaIsmann.” (1931 [1930]). En los trabajos de

Freud, se localizan por primera vez, algunos cuestionamientos que surgen sobre la

relación del psicoanálisis y el derecho. Así como los trabajos de Jacques Lacan “El

caso "Aimée" o la paranoia de autocastigo” (1932), y “El crimen de las Hermanas

Papin” (1933), donde desarrolla todo un constructo sobre las motivaciones del crimen

paranoico, abriendo ésta línea de investigación sobre la relación entre psicosis y crimen.

Es aquí donde el psicoanálisis se enfoca en la explicación del acto en relación

con aquél que lo cometió, en este caso es preciso considerar al sujeto, es decir, en su

discurso, en su constitución psíquica. La clínica psicoanalítica es una clínica del

hablaser, es decir, de un sujeto que el lenguaje produce, pues más allá de la habla se

trata de que es toda la estructura del lenguaje que la experiencia psicoanalítica desvela

en el inconsciente. Con Lacan se dice que el inconsciente está estructurado como un

lenguaje, el inconsciente encuentra su puesta en escena en los actos cometidos por el

sujeto, es decir en las formaciones del inconsciente. Dentro de estas formaciones se

encuentran los actos fallidos, los chistes, las neurosis y las psicosis.

Ahora bien, para conocer los motivos del crimen paranoico, que es el caso que

aquí se presenta, es preciso hacer algunas consideraciones a cerca de esta formación del

inconsciente, llamada psicosis. Entendiendo por psicosis, a partir de Lacan (1955-56)

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Alfonso Sarabia

como aquella estructura donde ha quedado forcluido el Nombre-del-padre, es esta

metáfora paterna la que anuda al sujeto incluyéndolo en la ley. Por lo tanto el psicótico

ha quedado fuera de toda ley, una vez que para él el padre no está muerto. Explicando,

un padre es tomado en su valor cuando está muerto, como fue el caso del padre de la

horda primitiva de Tótem y Tabú (Freud, (1913 [1912-13]), que después de ser

asesinado se hace presente la ley, es decir, el padre tuvo una ascensión simbólica, paso a

ser un significante.

Es por ello que, en la presente investigación se realizó un recorrido sobre el

fenómeno psicótico, para dar cuenta, de cómo un sujeto puede quedar fuera de escena

ante un acto cometido por él mismo.

A su vez, la construcción de una historia del acto, le resta importancia a la

construcción de la subjetividad del sujeto, esta construcción le puede permitir al sujeto

simbolizar el crimen cometido, como fue la demanda del Louis Althusser al escribir su

libro El Porvenir es largo (1992) en la cárcel, tras haber matado su esposa.

En la presente investigación se presenta el historial clínico de “Peter”, un sujeto

que habiendo cometido parricidio, es declarado inimputable considerándolo enfermo

mental. Sin embargo, al no existir ninguna institución para el tratamiento de estos

pacientes en el Estado, es encarcelado en el Centro Penitenciario.

Aquí es donde tiene lugar esta investigación, sobre el debate locura e

inimputabilidad. ¿Acaso basta ser loco para quedar exento de responsabilidades? Para

ello esta trazado en el recorrido de esta investigación, las nociones fundamentales que la

teoría psicoanalítica considera sobre la psicosis. Lo anterior para articular el mecanismo

psicótico que se presenta en el “Caso Peter”, su forclusión y su pasaje al acto.

Es el interés de la presente investigación, señalar la importancia del trabajo

psicoanalítico para poder subjetivizar la responsabilidad del sujeto.

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Alfonso Sarabia

CAPÍTULO 1: El paradigma de la inimputabilidad y la locura

Hoy en día los inimputables son los nuevos esclavos, los inimputables no son peregrinos, están

prisioneros en medio de la más libre y abierta de las rutas.

Sarabia, A.

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Alfonso Sarabia

1.1. Marco Jurídico.

1.1.1. Definición de Inimputabilidad.

Según Núñez (2002) la inimputabilidad se refiere a persona que carece de

suficientes facultades mentales y de la capacidad de motivación, al momento de realizar

la conducta típica, que le impide comprender su acción omisión en los términos

establecidos por la ley penal; por éste motivo se le considera carente de culpabilidad en

sus actos.

En este sentido sólo será culpable aquel que pudiendo motivarse, no lo hace por

el deber impuesto por la norma ni por la amenaza penal derivada contra la infracción a

ella; es decir, la culpabilidad deriva aquí de la capacidad de motivarse por el derecho.

Los elementos integrantes de la capacidad, donde se funda la culpabilidad, son la

posibilidad de conocer la desaprobación jurídico-penal del acto, así como la posibilidad

de motivarse de acuerdo con ese conocimiento, que es la capacidad de motivación en

sentido estricto. De ésta manera una persona es capaz de motivarse por el derecho si

pudo conocer la desaprobación jurídico - penal y si además pudo motivarse de acuerdo

con ese conocimiento. Significa, que para ser culpable se requiere poseer capacidad de

culpabilidad, que es el primer elemento del juicio de culpabilidad; ésta habrá de darse

para que la ilegalidad en que se incurre se le pueda reprochar al sujeto.

Sólo quien ha obtenido una determinada edad y no sufre de graves

perturbaciones mentales, es quien posee el mínimo de capacidad de autodeterminación

que el ordenamiento jurídico necesita, para la responsabilidad penal. Cuando falta la

capacidad de culpabilidad el autor o partícipe, puede en efecto actuar, a diferencia de lo

que ocurre cuando existe incapacidad de acción en actos reflejos o de inconsciencia

como el sonambulismo. Pero no podrá ser culpable, dado que el hecho no deriva de una

actitud interna ante el derecho, digna de desaprobación. Así pues, en primer lugar la

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Alfonso Sarabia

capacidad de culpabilidad (imputabilidad) parte primeramente de la edad; antes de

alcanzar la madurez biológica derivada por la edad, no es posible formular un reproche

de culpabilidad. Por lo tanto, se debe constatar que el autor o partícipe en términos del

articulo 13 del Código Penal Federal (C.P.F.) ha alcanzado el grado necesario de

desarrollo intelectual, de madurez moral y de fuerza de voluntad, que es lo que

finalmente permite medir la actitud hacia el derecho. Sin embargo, tal capacidad de

culpabilidad se encuentra también en relación con la salud psíquico mental del agente,

la cual no existirá en casos donde existan graves manifestaciones de disminución de la

misma.

Esto conduce a supuestos donde mayores de edad pueden ser inimputables, por

trastornos morbosos psíquicos, así como jóvenes menores de 18 años que son

considerados inimputables, por poseer el mínimo de capacidad de autodeterminación

que, como ya se indicó, requiere el orden jurídico para la responsabilidad penal.

1.1.2. Inimputabilidad: Criterios reguladores.

Para Núñez (2002) Los criterios empleados comúnmente por los códigos

penales, en el tratamiento o regulación de las causas de inimputabilidad son los

siguientes:

1. El psicológico, que se apoya en la incapacidad del sujeto para comprender su

comportamiento y determinarse conforme a dicha comprensión. Para determinar si el

agente carece de la capacidad de entender el hecho y quererlo, esto es, de mover su

voluntad con libertad, es necesario estudiar y valorar su estado mental, para poder

establecer si padece alguna perturbación de la conciencia y de qué magnitud es ésta

(grave o leve) y si es completa o incompleta, o bien permanente (durable) o meramente

transitoria.

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Alfonso Sarabia

2. El psiquiátrico, que precisa de la comprobación de la enfermedad mental del

autor, dado que la inimputabilidad puede darse en sujetos que padecen graves anomalías

patológicas, como ocurre en los histéricos, epilépticos o paranoicos, etc.

3. El sociológico, que toma en cuenta, al estudiar al inimputable, de manera

preferente su personalidad, con relación al medio social en que el sujeto se mueve y

actúa.

4. El biológico que se apoya fundamentalmente en la edad o en circunstancias de

naturaleza biopsíquica, que determinan la capacidad o no del sujeto.

Las legislaciones penales excluyen la imputabilidad apoyadas en los factores

aludidos, aunque en ocasiones frecuentes acuden a criterios mixtos que son mezcla de

los anteriores.

Las leyes mexicanas construyen la noción de inimputabilidad en los criterios

biopsicológico-psiquiátrico, habida cuenta de que los menores de edad han quedado

definitivamente excluidos de la normatividad penal, y a tal efecto no hay más que

remitirse al texto de la fracción VII del artículo 15 del C.P.F., que no sólo comprende

los trastornos mentales, transitorios y permanentes, sino el desarrollo intelectual

retardado, que impiden al sujeto comprender el carácter ilícito del hecho o conducirse

de acuerdo con esa comprensión.

1.1.3. La inmutabilidad en el Código Federal de Procedimientos Penales en

México.

A continuación se presentan los artículos relativos a los enfermos mentales, que

describen las características, para que una persona sea declarada inimputable, dentro del

marco del Código Penal Federal, de la República Mexicana:

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Alfonso Sarabia

TÍTULO DECIMOSEGUNDO. Procedimiento relativo a los enfermos mentales,

a los menores y a los que tienen el hábito o la necesidad de consumir estupefacientes o

psicotrópicos.

CAPÍTULO I. Enfermos mentales.

Artículo 495. Tan pronto como se sospeche que el inculpado esté loco, idiota,

imbécil o sufra cualquiera otra debilidad, enfermedad o anomalía mentales, el tribunal

lo mandará examinar por peritos médicos, sin perjuicio de continuar el procedimiento

en la forma ordinaria. Si existe motivo fundado, ordenará provisionalmente la reclusión

del inculpado en manicomio o en departamento especial.

Artículo 496. Inmediatamente que se compruebe que el inculpado está en alguno

de los casos a que se refiere el artículo anterior, cesará el procedimiento ordinario y se

abrirá el especial, en el que la ley deja al recto criterio y a la prudencia del tribunal la

forma de investigar la infracción penal imputada, la participación que en ella hubiere

tenido el inculpado, y la de estudiar la personalidad de éste, sin necesidad de que el

procedimiento que se emplee sea similar al judicial.

Artículo 497. Si se comprueba la infracción a la ley penal y que en ella tuvo

participación el inculpado, previa solicitud del Ministerio Público y en audiencia de

éste, del defensor y del representante legal, si los tuviere, el tribunal resolverá el caso,

ordenando la reclusión en los términos de los artículos 24 inciso 3), 68 y 69 del Código

Penal.

La resolución que se dicte será apelable en el efecto devolutivo.

Artículo 498. Cuando en el curso del proceso el inculpado enloquezca, se

suspenderá el procedimiento en los términos del artículo 468, fracción III, remitiéndose

al loco al establecimiento adecuado para su tratamiento.

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Alfonso Sarabia

Artículo 499. La vigilancia del recluido estará a cargo de la autoridad

administrativa federal correspondiente.

Cabe señalar que el Código Penal Federal no brinda ninguna definición sobre lo

que se contempla como locura, dejando este término ambiguo y quedando estos

criterios reguladores a disposición del perito en psiquiatría.

Otro conflicto es aquel que se genera, como es el caso del Estado en donde se

realizó dicha investigación, lo que procede cuando no existe una institución

especializada para tratamiento de los enfermos mentales, recluyendo a los enfermos

mentales dentro del centro penitenciario, volviendo reos a los inimputables.

1.2. De los antecedentes de la locura.

“Al final de la Edad Media, la lepra desaparece del mundo occidental. En las

márgenes de la comunidad, en las puertas de las ciudades, se abren terrenos, como

grandes playas, en los cuales ya no acecha la enfermedad, la cual, sin embargo, los ha

dejado estériles e inhabitables por mucho tiempo. Durante siglos, estas extensiones

pertenecerán a lo inhumano. Del siglo XIV al XVII, van a esperar y a solicitar por

medio de extraños encantamientos una nueva encarnación del mal, una mueca distinta

del miedo, una magia renovada de purificación y de exclusión”. (Foucault, 1964, p. 13)

Así empieza el libro de Michel Foucault sobre la Historia de la locura en la

época clásica (1964), para posteriormente relatarnos sobre el sulfitera navis (p. 13- 74)

o el navío de los locos, sobre como encerraban a los locos en un navío, para después

dejarlos a la deriva en el mar. En este primer párrafo se centran claramente los

problemas de la psiquiatría clásica, no es fortuito que Foucault inicie su texto haciendo

referencia a la lepra, una de las enfermedades junto con el cólera, más temidas de la

antigüedad, ambas causantes de millares de muertes. Así pues todo signo de locura y

demencia es considerado de igual manera como “enfermedad mental”. Entiéndase por

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Alfonso Sarabia

enfermedad, según la Real Academia Española (2001): “1.Alteración grave de la salud

2. Pasión dañosa o alteración en lo moral y en lo espiritual 3.Anormalidad dañosa en el

funcionamiento de una institución, colectividad, etc.” Es decir, la locura, al igual que la

lepra, es considerada una enfermedad que debe ser curada y erradicada, e incluso

prevenirla. ¿Acaso se puede prevenir la locura? Pues la locura como tal es considerada

un mal. Esto nos remite a la segunda parte de este primer párrafo citado, donde la locura

siempre ha sido una representación de la “encarnación del mal” (Foucault, 1964, p.13),

esto a su vez asociado con la brujería, encantamientos o un mal espiritual. Pues como

ciertas creencias, también se enferma del espíritu. Desde la antigüedad, la locura ha sido

considerada por algunos, como “posesión demoníaca”, pues cuando el conocimiento

científico médico resultaba insuficiente como en el caso de las alucinaciones, se atribuía

estos fenómenos a una combinación de factores naturales y sobrenaturales.

Así es como la locura ha tenido lugar en la historia, relacionándola algunas

veces con algo del orden de lo sobrenatural o demoníaco. Esto argumentaba que el

destino de la locura desembocara en la religión, guerras, o hiciera bélico al sujeto. Es lo

que nos relata Kaplan (1975) que “una parte de enfermos mentales encontró una salida

a sus impulsos patológicos en la guerra o manifestaciones religiosas, como cruzadas,

peregrinaciones, y movimientos heréticos, Otros eran encerrados en desvanes y sótanos,

donde estaban virtualmente prisioneros de sus familiares. Otros simplemente eran

abandonados.”

¿Qué es lo que se busca en una guerra? ¿No es precisamente la eliminación del

otro, la eliminación de las diferencias? Purificación y renovación, así es como termina

el párrafo de Foucault arriba citado, esto era lo que se hacia frente a la locura, esto se

puede ver en nuestros días con el higienismo en la medicina y la exclusión en

manicomios o cárceles.

21
Alfonso Sarabia

Con la modernidad y los avances tecnológicos en la área de la salud hubo

algunos cambios en la concepción de la locura, como son tratados y como se posibilita

el acceso a este tipo de padecimientos. El avance de la ciencia tomo elementos cada vez

más cognitivos, sin embargo, para la psiquiatría la psicosis sigue siendo llamada

enfermedad, tomada así por lo somático, es decir, la locura es del orden del cuerpo. La

ciencia propone convertir los síntomas en signos y convertir lo subjetivo en objetivo,

para hacerlo medible y cuantificable.

Si bien las medidas que se tomaban en pacientes infectados de lepra eran el

aislamiento bajo la idea de contagio, el tratamiento de asilamiento, sigue siendo

aplicable a pacientes diagnosticados bajo la noción de enfermedad mental,

recluyéndolos en manicomios, hospitales y cárceles, manteniendo incluso esta idea de

contagio. Así pues la actitud con respecto a la locura sigue siendo de temor a lo distinto,

luego entonces lo más viable es aislar o exiliar al sujeto.

Según Kaplan (1975) la revolución industrial trajo consigo notables adelantos

científicos y sociales, que llevarían mas tarde a la creación de la ciencia moderna. Aun

cuando hombres cultos de toda Europa estuvieran ocupados en una discusión filosófica

de la mente humana y sus funciones y de las teorías económicas y sociales, los

enfermos mentales continuaban siendo objeto de burla y menosprecio.

Perezosos y locos eran tratados por igual, los perezosos eran segregados de la

sociedad, precisamente por su incapacidad de producir, al igual que el loco, pues estos

no contribuían al desarrollo social, no producir iba en contra de la tendencia del mundo,

así pues, el loco era considerado como aquel que no produce nada.

Con el avance de la farmacología psiquiátrica, los sujetos diagnosticados como

enfermos mentales, eran medicados con el fin de volver a los sujetos funcionales. El

psicótico producía en tanto se volvían consumidores de fármacos, de aquellos a los que

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Alfonso Sarabia

hay que aislar, a aquellos a los que hay que medicar, dejaba de ser entes improductivos,

para ser consumidores de fármacos. Esto explicaba el crecimiento de fármacos

antipsicóticos, antidepresivos, ansiolíticos surgidos a mediados del siglo pasado. Hoy en

día el tratamiento de la locura sigue siendo vía la ingesta de medicamentos, tratando al

paciente como un enfermo incapacitado.

¿Y qué pasa con su psicosis? Los fármacos pueden posibilitar una adaptación

social y la funcionalidad del enfermo, pero: ¿Los fármacos posibilitan al sujeto desear?

La ciencia no escucha al sujeto, el sujeto psicótico es objeto de estudio, prueban

medicamentos, pasan a convertirse en un problema, ya lo habían sido antes al no

producir, ahora son sospechosos por infuncionales y fundamentalmente se consideran

un peligro para la estabilidad de lo social y se les abandona como sujetos. (Kaplan,

1975)

Es en este momento, donde la ciencia al convertir al sujeto psicótico en objeto le

exime de responsabilidad adelante de sus actos y estos frente a los demás, pues él es

pensado como si no tuviera control de sí mismo.

1.3. Antecedentes del psicoanálisis, en relación con el derecho y la

criminología.

La referencia más puntual en el psicoanálisis frente la cuestión del derecho y la

criminología es el texto de Freud La indagatoria forense y el psicoanálisis (1906). En

este texto dictado en forma de conferencia en junio de 1906, en una universidad ante

estudiantes de derecho, explico la tarea del psicoanálisis y su aplicación en un proceso

judicial. Describiendo ya la cuestión de la culpabilidad, a partir de lo que denominaría –

conciencia de culpa– y la complejidad del estudio de este tema, pero a sabiendas de que

dichas indagaciones podrían durar una serie de años.

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Alfonso Sarabia

El siguiente trabajo de Freud que apareció con relación al tema de interés fue

Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides)

descrito autobiográficamente (1911 [1910]). Es el caso del presidente Schreber (quien

llegó a ser, en Sajonia, titular de los tribunales de Apelación) es uno de los cinco

grandes estudios publicados por Freud, quien no conoció a Schreber, se basó

exclusivamente en la autobiografía escrita por el paciente y publicada en 1903 bajo el

título de Memorias de un enfermo mental. Las memorias autobiográficas de Schreber

bosquejan una especie de psico-teología donde el árbol genealógico del autor,

confrontado con el de su psiquiatra Flechsig y entremezclando a sus conflictos sexuales

edípicos, constituye un sistema fuertemente estructurado, un delirio cerradamente

sistemático que no carece ni de valiosas intuiciones sobre la estructura y la etiología de

la la enfermedad del propio autor.

Si bien no es el caso de un criminal, el análisis del caso Schreber, le permitiría a

Freud postular toda una teoría sobre la paranoia, que marcaría la diferencia entre la

clínica de las neurosis y de las psicosis.

Otro historial clínico que Freud redacta sobre la paranoia es Un caso de

paranoia que contradice la teoría psicoanalítica (1915). Se trata de un historial clínico

presentado por Freud que sirve como confirmación del punto de vista enunciado por

Freud en su análisis de Schreber (1911c), en el sentido de que hay una estrecha relación

entre la paranoia y la homosexualidad. Incidentalmente, es una demostración práctica

dirigida a los profesionales acerca del peligro de emitir una opinión apresurada sobre un

caso basándose en un conocimiento superficial de los hechos. Las últimas páginas

contienen algunas interesantes observaciones de un tipo más general, sobre los procesos

que operan durante un conflicto neurótico.

24
Alfonso Sarabia

Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico (Freud,

1916) es un ensayo en donde de manera muy breve expone el tema sobre los que

delinquen por conciencia de culpa, donde explica que es precisamente ese sentimiento

de culpa lo que lo que ordena buscar el castigo. Y puntualiza “en cuanto a los

delincuentes adultos, es preciso excluir, sin duda, a todos aquellos que cometen delitos

sin sentimiento de culpa, ya sea porque no han desarrollado inhibiciones morales o

porque en su lucha contra la sociedad se creen justificados en sus actos”.

Otro trabajo es El dictamen de la Facultad en el proceso HaIsmann. (Freud,

1931 [1930]) En él, Freud nos habla a cerca de un joven estudiante, Pili HaIsmann,

quien fue acusado de parricidio ante un tribunal de Innsbruck en 1929.

Según Gay (1996) acerca de este caso relata que el tribunal, que tenía dudas

acerca del estado mental del reo, solicitó un dictamen pericial a la facultad de medicina

de Innsbruck. Sí bien en este dictamen se tocaban temas como el complejo de Edipo y la

represión, era a todas luces un despliegue de ignorancia y a la vez de ambivalencia

respecto del psicoanálisis. El tribunal declaró culpable al reo; el 21 de enero de 1930 la

Corte de Apelaciones de Viena ratificó el fallo. Pese a ello, Halsmann fue

posteriormente absuelto. El doctor Josef Kupka, profesor de jurisprudencia en la

universidad de Viena, consideró que se había echado una mancha inmerecida sobre el

carácter del joven e inició una activa campaña para que se reviera la decisión primitiva

del tribunal. En el curso de dicha campaña publicó un largo artículo en Neue Freie

Presse (29 y 30 de noviembre de 1930), en el que criticaba el dictamen de los peritos de

Innsbruck. Mientras preparaba su argumentación, el profesor Kupka solicitó a Freud

que le diera su opinión sobre el asunto, resultado de lo cual es el presente informe.

A su vez Ferenczi (1919) dictaba una conferencia sobre Psicoanálisis y

criminología, en la cual proponía la elaboración de una criminología psicoanalítica,

25
Alfonso Sarabia

argumentando que había que poner el psicoanálisis al servicio de la psicología criminal.

Para ello hacia falta crear el crímino-psicoanálisis, con la finalidad de brindar un

tratamiento psicoanalítico a los criminales, explicando que la orientación y el método

terapéutico psicoanalítico podrían facilitar la renovación psíquica de los criminales y su

adaptación al orden social.

1.4. Una vuelta histórica al caso “Aimée”, o la paranoia de autocastigo, y al

método lacaniano.

El mundo estaba loco como no pensar la psicosis de otra forma, los

acontecimientos sociales a nivel mundial, sostenían esta afirmación, la locura era

inherente al contexto social. Luego entonces, esto llevaría a Lacan (1932) a pensar a la

locura, no como una enfermedad, sino como una forma de conocer, y el mundo estaba

por conocer una forma distinta de relacionarse con el otro/Otro.

El creciente descontento de los alemanes hizo que Adolf Hitler tomara el control

del país en 1933 con un apoyo de la población sin precedentes. Alemania dejó de lado la

república de Weimar y se convirtió en un estado totalitario al igual que la Italia de

Benito Mussolini. Alemania se desarrolla nuevamente, la economía se relanza con el

impulso que le da la industria y la inversión del estado en infraestructuras. El Imperio

Japonés se consolidaba en Asia, afectando los intereses de Europa y EEUU,

especialmente en el pacífico. Japón crea un "Imperio títere" en China bajo el nombre de

Manchukuo. Gran Bretaña mantuvo su sistema político prácticamente inalterable, al

contrario que Francia, que no logró consolidar una organización político-social fuerte.

Rusia, que entre tanto se había transformado en la URSS, fue escenario de hambrunas

endémicas y una constante lucha por el poder. La Guerra Civil Española desangró a esa

nación, la convirtió en un estado totalitario y sirvió de preámbulo a la gran guerra que

estaba por venir en el continente. La situación en el resto del mundo no sufrió

26
Alfonso Sarabia

alteraciones considerables. En EEUU el presidente Franklin Delano Roosevelt, lideró la

recuperación económica del país tras la crisis provocada por la gran depresión de 1929.

Dentro de esto contexto Aimée estaba loca, pero ¿no lo estaba también toda esta

gente que ostentaba el poder en esa década? El concepto de locura tendría que variar

con respecto a la normalidad, o anormalidad mental. Sin embargo pensar en términos de

norma, de nada ayudaría al psicoanálisis; los conflictos mundiales habían roto con la

norma. El delirio paranoico de Aimée le ayudaría a escapar de esta realidad de un

mundo miserable, y ¿quién no querría?

1.5. El psicoanálisis de Freud a Lacan.

Pero ¿cómo había llegado el psicoanálisis a Lacan?, Su difusión había estado

llena de obstáculos, gracias a la guerra, entre otras cosas, los psicoanalistas se vieron

obligados a abandonar Viena, cuna del pensamiento psicoanalítico, y radicar en

distintos lares del mundo.

La difusión del psicoanálisis se había derivado ya en distintas escuelas y

tendencias. Ya en tiempos de Freud se produjo la disidencia de Alfred Adler (psicología

individual) y Carl G. Jung (psicología de las profundidades). Otros discípulos de Freud

como L. Binswanger (1881-1966), G. Groddeck (1866-1934) o W. Reich (1897-1957)

originan distintas corrientes en la línea del psicoanálisis existencial, la medicina

psicosomática y el freudo-marxismo respectivamente. Del trabajo de Anna Freud (1895-

1982), que en 1927 publicaba su libro La técnica en psicoanálisis de niños en Inglaterra

se origina una línea de investigación centrada en el psicoanálisis infantil, cuya figura

más relevante es Melanie Klein (1882-1960). Que en esos años se encontraba

trabajando en su obra más importante, que se publicaría simultáneamente su versión

inglesa y alemana en 1932, bajo el título El psicoanálisis de niños. En los Estados

Unidos, la escuela de Chicago desarrolla una psicología del ego que potenciará la cura

27
Alfonso Sarabia

analítica hacia la integración social, esta psicología del ego fue difundida a través de

Rudolph Loewenstein (1898-1976) de origen polaco (quien sería el analista de Lacan)

exiliado en 1942 se incorporó a la New York Psychoanalytical Society (NYPS).

Al año siguiente Loewenstein asumió la responsabilidad de la enseñanza en el

instituto dependiente de la sociedad; después, entre 1959 y 1961, fue su presidente. En

1957-1958 se desempeñó asimismo como presidente de la poderosa American

Psychoanalytic Association (APA). En Francia es una figura relevante Marie Bonaparte

(1882-1962) y la disolución de la Sociedad Francesa (1953-1963) originará tres

corrientes principales cuya figura más importante por su influencia en el pensamiento

actual es Jacques Lacan, fundador de la Escuela Freudiana (1964) que se disolvió en

1980.

Jaques-Marie Emile Lacan, (1901 – 1981) inició sus estudios de medicina en

1920 y se especializó en psiquiatría a partir de 1926. En ese periodo participó

activamente en París en el afanoso mundo de escritores, artistas e intelectuales que

integraban el movimiento surrealista. Frecuentaba la librería de Adrienne Monnier, en la

margen izquierda del Senna, junto con autores de la talla de André Gide y Paul Claudel.

A los 17 años conoció allí a James Joyce, amigo de André Breton y de Salvador Dalí,

luego sería el médico personal de Picasso y desde comienzos de los años treinta

colaboró en varias publicaciones surrealistas. (Roudinesco, 1993)

Recién llegado el movimiento Surrealista, Salvador Dalí (1904-989) es un

hombre lleno de convicción y fanatismo, lleno de un gran espíritu combativo y con un

vocabulario cargado de terminologías filosóficas. Elabora un nuevo método de creación

que el mismo define como: Actividad de la Paranoia Crítica (2004). Dalí sostenía que

la paranoia funcionaba como una interpretación delirante de la realidad. Esta tesis era

formulada a través de un nuevo periódico titulado El Surrealismo al servicio de la

28
Alfonso Sarabia

Revolución que aparece en París entre los años 1925 y 1930 dirigido por André Breton

(1896-1966). Poeta francés fundador del movimiento surrealista que participó en

política y se afilió al partido comunista. En este periódico, Dalí escribía un artículo

titulado El burro podrido, (L’âne pourri) donde decía “que un fenómeno de tipo

pseudoalucinatorio que servía para la aparición de imágenes dobles: la imagen de un

caballo, por ejemplo, podía representar la imagen de una mujer, y por lo tanto ser una

actividad creadora lógica, y no de "error" de juicio como lo plantearía la psiquiatría

clásica” (Roudinesco, 1993 p. 57). Esta lógica se puede verificar en la Figura 1.

Figura 1. Le Minotaure.
(Dalí, 1933).

1.6. Los comienzos de Lacan en psiquiatría.

Esta concepción no podía dejar de ser atractiva para Lacan, llegando incluso a

entrevistarse con Dalí. Lacan (1932) destacó el concepto del automatismo mental1. El

concepto de automatismo mental fue desarrollado entre los años 1919 y 1927 por

Gaëtan Gatian de Clérambault (1872-1934). Este fue presentado como generador del

delirio, en el congreso de 1927 en Blois, en donde se le relaciona al automatismo mental

1
Concepto originalmente de Clérambault

29
Alfonso Sarabia

con las perturbaciones psíquicas finas y específicas: Perturbaciones del humor,

alucinaciones, ideas e impulsiones (Clérambault, 1997).

Según la teoría del automatismo mental muchos fenómenos de locura, en

apariencia dispares, tenían como tema común la imposición de algo desde fuera del

sujeto. Por ejemplo, los ecos de pensamientos o el comentario sobre las propias

acciones. La forma de una psicosis particular estaría determinada por el sentido

conferido a elementos que carecían de un contenido inicial. Lacan dijo “Su automatismo

mental, (de Clérambault) con su ideología mecanicista de metáfora muy criticable sin

duda, nos parece, en su manera de abordar el texto subjetivo, más cercano a lo que

puede construirse por un análisis estructural que ningún esfuerzo clínico en la

psiquiatría francesa”. (1971, p.59) Esto sin duda llevó a pensar también la clínica

psicoanalítica no solo con las tesis surrealistas, sino además, con el movimiento

estructuralista.

La obra de Lacan se vio contribuida en gran parte por la influencia

principalmente de sus maestros Henri Claude (1869-1945) y Gaëtan Gatian de

Clérambault (1872-1934), a quien Jacques Lacan mencionaría mas tarde como "su

único maestro en psiquiatría" (1971, p.59). Entretanto, sus maestros sin duda figuraron

un papel importante, pues todos ellos ya habían realizado investigaciones y

publicaciones sobre dos de los temas que resaltan y fundamentan su tesis, insertándola

en la historia de la psiquiatría: la descripción de los delirios pasionales, entre ellos la

erotomanía, y la teoría del automatismo mental desarrollada por Clérambault.

En los años 1920 y 1930, muchos en Francia, empezando por Pierre Janet (1859-

1947), y la Société Physichanalytique de París (SPP), se impacientaban frente al

espíritu germánico extendido en la obra de Freud. El joven Lacan, nacido en 1901, era

germanista, y sin duda el único en Francia que conocía a su Freud de memoria. Ya en

30
Alfonso Sarabia

ese momento se le reprochaba no escribir como se debía, sino en alemán. André Breton

hizo el viaje a Viena en 1921 y tuvo una decepción, decía: casa de apariencia mediocre,

un pobre anciano sin presencia, no le gusta mucho Francia, pobre consulta de médico

de barrio. Lacan se abstuvo de hacer lo mismo; se contentó con enviar su tesis de

psiquiatría a Freud, quien dio acuse de recibo (Roudinesco, 1993).

El año de 1931 fue pues una pieza clave para Jacques-Marie Emile Lacan.

Empezó a efectuar su síntesis, a partir de la paranoia, de tres zonas del saber: la clínica

psiquiátrica, la doctrina freudiana y el surrealismo. Esta síntesis se apoyaba en un

brillante conocimiento de la filosofía –Espinosa, Jaspers, Nietzche, Husserl y Bergson

especialmente–, iba a permitirle elaborar su tesis de medicina, que sería su gran obra de

juventud. En octubre de 1932, Lacan terminó su tesis doctoral, titulada De la psicosis

paranoica en sus relaciones con la personalidad, estudio que tuvo mucha influencia en

numerosos surrealistas. (Roudinesco, 1993)

1.7. Naturaleza del problema o su solución mediante el ejemplo de un caso.

Examen clínico del caso Aimée.

Con la descripción de los delirios pasionales, entre ellos la erotomanía, y la

teoría del automatismo mental se exponían los fundamentos teóricos y las soluciones

históricas del problema que constituye objeto de estudio de la tesis de Lacan, a saber,

las relaciones de la psicosis paranoica con la personalidad. La contribución que a ese

tema aportaba estaba fundada en el estudio personal de unos cuarenta casos, veinte de

los cuales pertenecían al cuadro de las psicosis paranoicas.

La relevancia del caso Aimée y él por qué de la selección del mismo, Lacan la

exponía de la siguiente manera:

“Lejos de creer que estemos obligados a publicar (de

manera forzosamente compendiada) el conjunto de nuestros

31
Alfonso Sarabia

materiales, pensamos, por el contrario, que mediante el estudio

(lo más integral posible) del caso que nos ha parecido el más

significativo es como podremos dar a nuestros puntos de vista su

máximo de alcance intrínseco y persuasivo. Así, pues,

escogemos el caso que ahora vamos a estudiar por dos razones.

En primer lugar, por razón de nuestra información: hemos

observado a esta enferma casi día a día a lo largo de cerca de un

año y medio, y hemos completado este examen con todos los

medios que nos ofrecían el laboratorio y la indagación social. El

segundo motivo de nuestra elección es el carácter

particularmente demostrativo del caso: se trata, en efecto, de una

psicosis paranoica cuyo tipo clínico y cuyo mecanismo merecen,

en nuestra opinión, ser individualizados, pues nos parece que

tanto el uno como el otro ofrecen la clave de algunos de los

problemas nosológicos y patogénicos de la paranoia, y

particularmente de sus relaciones con la personalidad”. (Lacan,

1932/2003, p. 137)

Las principales preguntas surgidas en relación con la investigación o

fundamentación teóricas adicionales eran: ¿Representa la psicosis de nuestro caso un

"proceso" orgánico-psíquico? ¿Representa la psicosis de nuestro caso una reacción a un

conflicto vital y a traumas afectivos determinados?

Para Lacan había un punto de la teoría psicoanalítica que le parecía

particularmente importante para su doctrina y que, en su opinión, se integraba a ella de

manera inmediata. Era precisamente la concepción que esa doctrina ofrecía a la génesis

de las funciones de autocastigo o, según la terminología freudiana, al súper-ego.

32
Alfonso Sarabia

La tesis de Jacques Lacan de 1932 estaba dividida en tres partes, la primera era

una posición teórica y dogmática a cerca de las psicosis paranoicas, la segunda parte

presentaba el caso “Aimée” o la paranoia de autocastigo, y en una última parte hacia

una presentación crítica, reducida a manera de apéndice del método de una ciencia de la

personalidad reducida y de su alcance en el estudio de la psicosis.

En la segunda parte correspondiente al caso “Aimée”, Lacan desarrollaba un

examen clínico, abarcando los siguientes tópicos:

 El atentado.

 Estado civil.

 El expediente médico y policial de los trastornos mentales anteriores.

 Actitud mental de la enferma en cuanto a la historia de su delirio y en

cuanto a sus temas.

 Historia y temas de delirio.

 Examen y antecedentes físicos.

 Antecedentes de capacidad y fondo mental.

 Comportamiento en el asilo. Trabajo y actitud mental.

 Producciones literarias.

 Diagnóstico.

En el historial clínico del caso Aimée, según Roudinesco (1993), se suele contar

que Marguerite Pantaine, de treinta y ocho años de edad, sacó de su bolso un cuchillo de

cocina e intento asesinar a la actriz Huguette Duflos (1887-1982) a su llegada al teatro

Saint Georges. Ahí la actriz debería interpretar el papel principal de una comedia de

Henri Jeanson (1900-1970), cuyo estreno había tenido lugar tres días antes. Se trataba

de una comedia burguesa titulada Tout va bien (Todo marcha bien), que ponía en escena

a una señora, lloriqueante a más no poder, su amante, pobre pero despreocupado, y un

33
Alfonso Sarabia

rico financiero aburrido a muerte. Esa obra insípida quería significar que en la Francia

de los años treinta, presa entonces de la crisis económica y del ascenso de las ligas de

extrema derecha, todo marchaba de las mil maravillas en el mejor de los mundos.

En el pasillo de la entrada de artistas donde la esperaba su asesina, Huguette

Duflos no perdió la sangre fría. Empuñando el cuchillo por la hoja, desvió el golpe y se

hirió profundamente en la mano derecha. Mientras tanto, Marguerite era atada y luego

llevada a la comisaría. De allí fue enviada a la enfermería especial y a la cárcel de

mujeres de Saint-Lazare, donde se hundió en delirio durante veinte días. El 3 de junio

de 1931 fue internada en la clínica del asilo Sainte-Anne gracias al informe de peritaje

del doctor Truelle, que llegaba a la conclusión de un “delirio sistemático de persecución

a base de interpretación con tendencias megalomaníacas y sustrato erotomaníaco

(Lacan, 1932, p.139).

El 18 de junio de 1931, Jacques Lacan se encontró con ella por primera vez.

Inmediatamente se interesó en el caso y redactó un certificado de quincena imitando el

gran estilo de Clérambault:

"Psicosis paranoica. Delirio reciente, que ha- culminado

en una tentativa de homicidio. Temas aparentemente resueltos

después del acto. Estado oniroide. Interpretaciones

significativas, extensivas y concéntricas, agrupadas en torno a

una idea prevalente: amenazas a su hijo. Sistema pasional: deber

que cumplir para con éste. Impulsiones polimorfas dictadas por

la angustia: gestiones ante un escritor, y ante la futura víctima.

Ejecución urgente de escritos. Envío de éstos a la Corte de

Inglaterra. Escritos panfletario y bucólico. Cafeinismo.

Desviaciones de régimen. Dos exteriorizaciones interpretativas

34
Alfonso Sarabia

anteriores, determinadas por incidentes genitales y complemento

tóxico (tiroidina): Actitud vital tardíamente centrada por un

apego maternal exclusivo, pero en el cual dominan antiguamente

valores interiorizados, permitiendo una adaptación prolongada a

una situación familiar anormal, a una economía provisional.

Bocio mediano. Taquicardia. Adaptación a su situación legal y

maternal presente. Reticencia. Esperanza." (Lacan, 1932, p.186-

187)

Este era el diagnóstico certificado que el mismo Lacan (1932) redactaba. Según

Roudinesco (1993) a partir de ese día y durante año, Jacques Lacan y Marguerite

Pantaine ya no se separaron. Al termino de una increíble encuesta, Lacan se apoderó del

destino de aquella mujer para construir un “caso” en el cual proyectó no solo su propia

representación de la locura femenina, sino sus obsesiones familiares fantasmáticas.

Sustrajo a Marguerite sus textos, sus fotografías y toda la historia de su vida con una

feroz avidez y sin restituirle nunca nada. En este sentido, hubo entre ellos una

distorsión constante, una frialdad, una hostilidad que nada pudo colmar. Pues si Lacan

sólo se interesaba en esa mujer para ilustrar su doctrina de la paranoia y redactar una

obra teórica que iba a hacer de él el fundador de una nueva discursividad freudiana, ella

rechazó incesantemente el papel que él quería hacerle desempeñar. Fue pues rebelde a

su mirada y le reprochó toda su vida haber hecho de ella un objeto de un saber

psiquiátrico cuyo carácter represivo ella rechazaba.

Decididamente, su tesis sobre la locura femenina y Marguerite lo echaron por

ese entonces, de bruces al campo del psicoanálisis. Por una doble vía: la lectura

pormenorizada de los textos freudianos, y frecuentando el diván de Rudolph

Loewenstein (1898-1976) desde junio de 1932. Durante seis años, Lacan se sometió a la

35
Alfonso Sarabia

cura ortodoxa y reglamentaria de uno de los más prestigiosos analistas didactas de la

Société Psichanalytique de Paris (perteneciente a la IPA).

Lacan (1932) señalaba que su propósito en este trabajo había sido ofrecer un

ensayo de estudio clínico lo más completo posible y que, sin desconocer nada de los

planteamientos actuales del problema, se mantuviera enteramente libre de todo sistema

preconcebido. A propósito Lacan (1932) escribía:

“Creemos que semejante tentativa habrá servido, ante

todo, para damos algunas sugerencias muy generales. Estas

sugerencias se aplican inmediatamente a una serie de

observaciones que nosotros hemos recogido tanto en la clínica

de la Facultad como en los diversos servicios hospitalarios por

donde hemos pasado o que nos han sido abiertos muy

generosamente. Tenemos así delante de nosotros una veintena

de casos de paranoia verdadera, cuya observación no ha podido

ser llevada siempre a un grado idéntico de rigor, pero que han

sido tomados o retomados todos ellos por nosotros, y siempre

según el mismo método. Dentro del mismo espíritu, además,

hemos observado (y en parte publicado)35 una veintena más de

casos cuyos síntomas se sitúan en él limite de la paranoia y de

los estados paranoides; entre estos últimos, unos diez, más o

menos, representan la estructura delirante especial que hay que

reconocer en las parafrenias kraepelinianas, independientemente

de lo que se piensa en los tiempos actuales acerca de su

autonomía evolutiva”. (p.255)

36
Alfonso Sarabia

Las hipótesis que Lacan (1932) planteaba en este documento eran

básicamente, que la psicosis de su paciente se realiza por los mecanismos de

autocastigo que son prevalentes en la estructura de su personalidad y que al concebir

estos mecanismos autopunitivos, según la teoría freudiana, como cierta fijación

evolutiva de la energía psíquica llamada libido, se explican las correlaciones clínicas

más evidentes de la personalidad del sujeto.

En las ideas persecutorias de Aimée, era la figura de la actriz Huguette Duflos,

la que ella veía como origen del peligro para ella y su pequeño hijo. Así, esa imagen

ideal era a la vez objeto de su aspiración y de su odio. A Lacan le entusiasmo

especialmente esta compleja relación entre las imágenes y la identidad que se daba en la

paranoia. En su posterior arresto y reclusión, Aimée halló el castigo que había dado

origen a su acto. En cierto nivel, entendía que ella misma era objeto de castigo.

El análisis de este caso por Lacan muestra muchos elementos que más tarde

serían centrales en su obra: el narcisismo, la imagen, el ideal, y el modo en que la

personalidad puede extenderse fuera del cuerpo y ser constituida en una compleja red

social. La actriz representaba una parte de la propia Aimée, lo cual indicaba que la

identidad de un ser humano puede incluir aspectos que están fuera de las fronteras

biológicas del cuerpo. En cierto sentido, la identidad de Aimée estaba fuera de ella.

De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad es así una

ilustración clínica de las potencialidades del amor cuando es llevado al extremo: la

cuchillada que dio Aimée a la vedette que, como ideal, absorbía su investimiento

libidinal. Pero este estudio también está en ruptura con los trabajos de los psiquiatras

franceses de la época, que veían en la psicosis paranoica una agravación de los rasgos

que para ellos definían el carácter paranoico.

37
Alfonso Sarabia

G. G. de Clérambault, el único maestro que hubiera podido apoyarlo y respecto

de quien Lacan proclamará su deuda toda la vida, lo desmentirá acusándolo de plagio.

Queda así levantado el decorado que ya no cambiará más: la independencia de un

pensamiento sólidamente argumentado, expuesto al ataque de los maestros que contraría

y de la moda que desnuda, pero también el rechazo a ceder al orgullo del solitario. Sus

estudios sobre la paranoia le muestran, en efecto, que los rasgos denunciados por el

enfermo en el mundo son los suyos propios, desconocidos por él mismo.

La descripción fenomenológica exhaustiva de un caso, su tesis, dirá Lacan, lo

condujo al psicoanálisis: único modo de determinar las condiciones subjetivas de la

prevalencia del doble en la constitución del yo. El paso por París, después de 1933, de

los psicoanalistas berlineses en camino a los Estados Unidos le ofreció la ocasión de

remitirse a R. Loewenstein antes que a A. Hesnard, a R. Laforgue, a E. Pichon, o a la

misma princesa Bonaparte. Una carta que le dirigió a Loewenstein en 1953 durante sus

dificultades con el Instituto de Psicoanálisis, y publicada mucho después, da testimonio

de una relación confiada con su psicoanalista, fundada en una comunidad de rigor

intelectual.

La tesis de Lacan consistía en la siguiente afirmación doctrinal: los fenómenos

mórbidos situados por la psicopatología dentro del marco de la psicosis dependen de los

métodos de estudio propios de los fenómenos de la personalidad.

Lacan, considerando las ciencias de la personalidad no como positivas sino

como gnoseológicas, a las que se puede dar el nombre de fenomenología de la

personalidad, explicaba su método de investigación de la siguiente manera:

“Hemos podido mostrar una aplicación notable de ella

mediante el estudio de un caso de psicosis. No vamos a seguir

insistiendo aquí en la descripción clínica y en la concepción

38
Alfonso Sarabia

teórica que ya hemos dado del tipo de la paranoia de

autocastigo. En opinión nuestra, su valor consiste en el hecho de

que, tanto en el estudio de los síntomas como en el de las causas

de la psicosis, a lo que nos estamos refiriendo es a lo concreto,

en una medida muy superior a las descripciones y teorías

anteriores, y en la medida misma en que hemos aplicado el

método definido por nosotros como comprensivo.

Lo que aquí queremos poner de relieve no es la

fecundidad de este método, -que por lo demás, no puede ser

puesto en tela de juicio por el trabajo de un solo investigador-,

sino, de manera inversa, aquello que nuestro estudio de un caso,

según un progreso que debe ir siendo asegurado por cada

investigación nueva, aporta al método mismo como

confirmación de sus premisas, y como conjunto de datos nuevos

para la prosecución de su aplicación.

El tipo clínico de nuestro caso se revela de tal manera

favorable para esa confirmación de las premisas del método, que

sin duda ello se debe al hecho de que allí el problema de las

relaciones de la psicosis con la personalidad llega a constituir un

verdadero punto geométrico” (1932, p.287).

La historia del caso "Aimée", narrada por Jacques Lacan en su tesis de medicina

de 1932, De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad, ocupa en la

génesis del lacanismo un lugar casi idéntico al del caso "Anna O." (Bertha Pappenheim)

en la construcción de la saga freudiana. Fue Élisabeth Roudinesco (1993) quien reveló

por primera vez en 1986 la verdadera identidad de esta mujer y quien más tarde, en

39
Alfonso Sarabia

1993, reconstruyó la casi totalidad de su biografía, a partir del testimonio de Didier

Anzieu y de los miembros de su familia. En este sentido, la historia de este gran caso

princeps ilustra de maravillas hasta qué punto los enfermos son, al mismo título que los

médicos que los curan, los actores de una aventura siempre dramática, en la que se

entretejen lazos genealógicos de naturaleza inconsciente.

Según Roudinesco (1993) Marguerite Pantaine provenía de una familia católica

y terrateniente del centro de Francia. Criada por una madre que sufría síntomas de

persecución, soñó muy pronto, a la manera de Emma Bovary, con salir de su condición

y convertirse en una intelectual. En 1910 entró en la administración de correos, y siete

años más tarde se casó con René Anzieu, también funcionario. En 1921, mientras estaba

encinta de su hijo Didier, comenzó a tener un comportamiento extraño: manía de

persecución, estados depresivos. Después del nacimiento del niño se instaló en una

doble vida: por un lado, el universo cotidiano de las actividades del correo, y por el otro,

una existencia imaginaria hecha de delirios. En 1930 redactó sin interrupciones dos

novelas que quería hacer publicar, y pronto se convenció de que era víctima de una

persecución por parte de Huguette Duflos, actriz célebre de la escena parisiense de la

década de 1930. En abril de 1931 intentó matarla con un cuchillo, pero la actriz esquivó

el golpe, y Marguerite fue internada en el Hospital Sainte-Anne, confiada a Jacques

Lacan, quien vio en ella un caso de erotomanía y paranoia de autocastigo.

La continuación de la historia de Marguerite Anzieu es una verdadera novela. En

1949, su hijo Didier, después de haber realizado estudios de filosofía, decidió

convertirse en analista. Recibió su formación didáctica en el diván de Lacan, mientras

preparaba una tesis sobre el autoanálisis de Freud, bajo la dirección de Daniel Lagache,

y sin saber que su madre había sido el famoso caso "Aimée". Lacan no reconoció en ese

hombre al hijo de su antigua paciente, y Anzieu se enteró de la verdad por boca de la

40
Alfonso Sarabia

madre, cuando ésta, por un azar extraordinario, se empleó como ama de llaves en la casa

de Alfred Lacan (1873-1960), el padre de Jacques. Los conflictos entre Didier Anzieu y

su analista fueron tan violentos como los que opusieron a Marguerite y su psiquiatra. En

efecto, ella acusaba a Lacan de haberla tratado como "un caso", y no como a un ser

humano, pero sobre todo le reprochaba que nunca le hubiera devuelto los manuscritos

que le había entregado antaño, en el momento de su internación en el Hospital Sainte-

Anne.

Según Roudinesco (1999) desde la publicación de su tesis de medicina de 1932,

dedicada a la personalidad paranoica, Lacan se unió a la posición de Freud por una vía

que no era verdaderamente la de Kraepelin, sino más bien la de Gaétan Gatian de

Clérambault: lo mismo que Freud, vinculaba homosexualidad y conocimiento

paranoico. Pero al tener que describir, con la historia de Marguerite Anzieu, su caso

princeps, una locura criminal femenina, consideró que la erotomanía era una

componente central de la paranoia. Hizo lo mismo un año después, en su artículo

consagrado El crimen de las hermanas Papin.

La psicosis, tomada en el sentido más general, adquiere por contraste todo su

alcance, que consiste en escapar de este paralelismo y en revelar que, en ausencia de

todo déficit detectable por las pruebas de capacidades (de memoria, de motricidad, de

percepción, de orientación y de discurso), y en ausencia de toda lesión orgánica

solamente probable, existen trastornos mentales que, relacionados, según las doctrinas,

con la "afectividad", con el "juicio", con la "conducta", son todos ellos trastornos

específicos de la síntesis psíquica.

Jacques Lacan abordó la paranoia y el ámbito de la psicosis en general de una manera

totalmente distinta de la de Freud. Mientras que el maestro vienés trató siempre de

insertar la locura en el marco de la neurosis, o en el de una concepción de la psicosis

41
Alfonso Sarabia

que se sustrajera al discurso psiquiátrico, Lacan hizo todo lo contrario. Puesto que había

abordado el freudismo por la vía de la clínica psiquiátrica de inspiración francesa y

alemana, y siendo él mismo un gran práctico de la psicosis, el ámbito de la locura

siempre le interesó mucho más que el de las patologías ordinarias. Y, entre las psicosis,

la paranoia fue para él el modelo paradigmático de la locura en general: lo fascinaba la

lógica del discurso paranoico, al punto de pensar que la cura psicoanalítica debía

asemejarse a una paranoia dirigida.

42
Alfonso Sarabia

CAPÍTULO 2: Inimputabilidad y subjetividad

Hay actos del Otro en los que nos vemos arrastrados a la fuerza y pasamos a ser -a nuestro
pesar- actores.
Miller, J-A.

43
Alfonso Sarabia

2.1. Algunas consideraciones sobre la culpabilidad y la responsabilidad

subjetivas ante la inimputabilidad.

La importancia del problema de los criminales anormales ante la ley no es una

cuestión actual, siempre ha sido un tema relevante, y tiene un atractivo indeclinable que

motiva el interés de especialistas y profanos hacia el estudio del mismo. Lo anterior

permite asomarse a las manifestaciones de ese fenómeno: el crimen, cuyas dimensiones

han conmovido al mundo desde hace mucho tiempo y que hoy, lejos de desaparecer o

por lo menos disminuir, se ven acrecentadas trágicamente.

Por ello mismo el jurista, en su papel de juez, debe comprender mejor la

importancia del estudio interdisciplinario de los casos individuales de estos sujetos,

para que descubra por si mismo, lo raro y difícil del delito laberíntico del paranoico.

Donde ni él acierta a explicarse, y así se allegue de los conocimientos necesarios a su

respetada misión de comprender y juzgar las conductas humanas, en función de sus

múltiples motivaciones. Es decir que el análisis crítico del juzgador, respecto de la

personalidad penal de los criminales anormales, debe apoyarse no solamente en el

mundo normativo sino también, y fundamentalmente en las disciplinas criminológicas.

“No obstante varias sentencias de la Suprema Corte recordando que el estado de locura

no podía llevar aparejado ni una pena moderada, ni aun una absolución, sino un

sobreseimiento, han planteado en su veredicto mismo la cuestión de la locura. Han

admitido que se podía ser culpable y loco; tanto menos culpable cuanto un poco más

loco; culpable indudablemente, pero para encerrarlo y cuidarlo más que para castigarlo;

culpable peligroso ya que se hallaba manifiestamente enfermo”. (Foucault, 1975, p.27)

Ahora bien, sin pretender invadir campos del conocimiento ajenos a una

formación profesional psicológico-psicoanalítica (que es lo que aquí compete), y por

tanto caer en el error de una falsa erudición, pero por ser necesario, desde el punto de

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Alfonso Sarabia

vista metodológico, no encerrarse dentro de los límites del principal campo del

conocimiento de esta misma formación profesional, pensado que es indispensable de

exponer, aún cuando de forma somera las distintas aristas del problema que ocupa.

Respecto a la responsabilidad ante la ley penal de esta clase de enfermos, los

juristas se han pronunciado en diversos sentidos. Algunos consideran que por ser su

tendencia delictiva el efecto de un impulso patológico, es morbosa su acción criminal y

por ende, deben de ser considerados inimputables, o ya sea por la conciencia de sus

actos. (Zaffaroni, 2005)

Lo que quiere decir que un trastorno mental, por si solo, no es suficiente para

transformar a un hombre en delincuente, ya que sostiene su responsabilidad ante la ley.

En suma, solo los imputables pueden ser culpables. Más el “imputable” al cometer un

delito se puede actuar “inculpablemente”. Lo imposible es que el “inimputable” al

actuar sea “culpable”. Es decir, un inimputable por trastorno mental, es libre de culpa y

de responsabilidad penal.

Ahora bien, en el derecho se habla de responsabilidad penal en relación con las

consecuencias del delito, consistentes en la obligación de sufrir las consecuencias del

delito y las consecuencias de los actos ilícitos tributarios de una pena. En las

postrimerías del derecho penal, recién se hace presente la responsabilidad como el deber

de cumplir la pena que tal acción merece. (Cabello, 2000)

Responsabilidad o no responsabilidad. Tema de alta dificultad como ya se ha

expresado. ¿Quién puede señalar una división crucial en el torrente de la conducta

humana que va desde algo que nos complace denominar cordura hasta el desvarío de la

locura? ¿Cuál es el punto en que un ser humano deja de constituir lo que se llama un ser

responsable?

45
Alfonso Sarabia

El criminal mentalmente anormal, que así se le designa, por ser un enfermo

mental ya sea oligofrénico o psicótico, se considera que es un estado en que la

enfermedad ha destruido profundamente la estructura del acto libre y voluntario, es

decir conocimiento de los motivos de una acción y decisión entre ellos; es inimputable y

por ende irresponsable.

Por otra parte es conveniente afinar lo que se entiende por normal. Por normal se

entiende el termino medio y frecuente, no valorativamente ni expresado en números.

Por tanto, toda personalidad que se separe de ese término medio será considerada como

anormal. Según Schneider (1975), estas últimas – las anormalidades- son variaciones de

la personalidad que desvían del término medio y se denominan también personalidades

psicopáticas, mismas que padecen y hacen padecer a la sociedad por razón de su misma

anormalidad.

Esto es, que existe un gran número de personas que, sin tener un déficit de su

desarrollo mental (sobrevenido en un momento dado en franco contraste con la

normalidad), viven en un inestable equilibrio intrapsíquico, fácilmente perturbado

cuando las circunstancias ambientales, se hacen desfavorables. Engendrándose,

entonces, alteraciones de la conducta mas o menos graves, pero cuyo común

denominador es el de no alcanzar –no por su gravedad ni por su persistencia- un grado

tal que requiera un internamiento prolongado del sujeto, por privarle de su lucidez de

comprensión y razonamiento (discernimiento) y hacerle irresponsable.

Así concebida, la responsabilidad psicopática se nos presenta como un tipo

situado entre el de personalidad normal y la personalidad psicótica, pero que no se

puede incluir en el concepto de enfermedad. Aquí no hay enfermedad somática que

sirva de soporte a la anomalía psíquica. De esta manera, quien se estructura como

46
Alfonso Sarabia

psicótico no es un verdadero enajenado y por ello, plantea el problema de su

responsabilidad.

Entonces hablamos de una responsabilidad subjetiva, que es lo que aquí

concierne. Antes de abordar la relación entre responsabilidad y culpa como tema central

de este apartado, es necesario realizar algunas articulaciones.

La primera de ellas es de corte lógico y tiene que ver con las categorías

desarrolladas para el análisis situacional: lo particular y lo singular-universal. Se ha

afirmado en este sentido que no se podría plantear una dimensión ética sin moral,

axioma homologable a este otro con el que vamos a trabajar: no hay responsabilidad

subjetiva sin culpa, en donde esta última resulta de factura particular y la primera una

singularidad.

De esta articulación entonces se desprende que el acto ético no podría sino

coincidir con el efecto-sujeto. Es decir el sujeto del acto coincide con el de la

responsabilidad subjetiva. Es por esto que es referido también con otro nombre –la

responsabilidad subjetiva- del sujeto. (En acto).

La segunda articulación para centralizar la relación entre responsabilidad

subjetiva y culpa hunde sus raíces teóricas en lo jurídico. En efecto, el verbo en latín,

spondeo del que deriva nuestro término responsabilidad, significa salir garante de

alguno (o de sí mismo) en relación a algo y frente a alguien. (Rojina, 1983)

Por ejemplo en la promesa de matrimonio, la pronunciación de la fórmula

spondeo significaba que el padre se comprometía a entregar a su hija como mujer al

pretendiente que por lo mismo era denominada sponsa o a garantizar una reparación en

el caso de que tal cosa no se produjera. Tenemos aquí un antecedente en relación a la

obligación que genera la fórmula spondeo en el sentido de garantizar una respuesta, era

la forma de garantizar una respuesta entregando una mujer o reparando al damnificado

47
Alfonso Sarabia

que no había recibido lo prometido (en sentido estricto su prometida). Esto es lo que

comprometía, del compromiso de los esponsales, dejando cautivos a los cuerpos de esa

relación.

Una equivalencia del uso de esta relación de términos spondeo-compromiso, en

el derecho romano arcaico, era que el hombre libre pudiera constituirse en rehén (en el

mismo sentido de cautividad) y de aquí el término ob-ligatio que lo comprometía a

garantizar la reparación de una ofensa. Esta claro que el esclavo no disponía de ese bien

–la libertad- para entregar a cambio de otro. Efectivamente su cuerpo ya era cautivo y

por lo mismo, no podía ser sponsor es decir no podía responder por él ni por otro. El

esclavo no era considerado responsable.(Rojina, 1983)

El gesto de asumir responsabilidad es genuinamente jurídico y no ético, e

implica simplemente ob-ligarse, hacerse cautivo, para garantizar una deuda. Es de sumo

interés para nosotros destacar el vínculo que propone el derecho arcaico que liga el

spondeo al cuerpo, y que enlazará de un modo también jurídico, al concepto de culpa.

Si en sentido lato la culpa no es más que la imputabilidad de un daño por el que

hay que pagar, incluso con la cautividad del cuerpo, es necesario destacar en el proceso,

el carácter económico que comprende esa deuda. Entonces, responsabilidad y culpa se

limitan a expresar dos aspectos de la imputabilidad jurídica. Solo con posterioridad

estos conceptos serían importados fuera del ámbito del derecho, desde otras disciplinas.

Tampoco hay que perder de vista la operación de desresponsabilización que deja

en la penumbra al esclavo como inimputable en el circuito, ya que él en ese escenario,

no era propietario de su cuerpo, y por consiguiente no podía pagar, porque no era

responsable, no se ob-ligaba.

El derecho ha desarrollado con mas especificidad a través del tiempo otras

figuras, -más allá de la de esclavo- de desresponsabilización. Soportado en el

48
Alfonso Sarabia

positivismo ha llegado a la conclusión de que “todo sujeto es responsable de sus actos”

(Legendre, 1989, p.46) y esa autonomía de responsabilidad a forjado la noción de sujeto

joya. El sujeto joya de esta época del derecho, es dueño y señor de sus actos (ya no hay

esclavos según se dice, de modo que sí todos somos libres, somos por lo mismo

responsables). Es un sujeto que es presentado como auto fundado imprimiendo de esta

forma una característica al concepto sujeto que no podría confundirse con lo que vamos

a tratar enseguida.

Abolida la esclavitud decíamos, van aparecer sin embargo algunas entidades que

no tienen la posibilidad (¿acaso la libertad?) de responder. Son conocidas por nosotros:

el niño, el loco, el embargado por la emoción violenta, el intoxicado y entre otros, un

capítulo aparte que es el que conforma la figura del obediente. Aunque en ninguno de

estos casos podrían ser considerados esclavos, lo cierto es que no disponen de sus

cuerpos para responder, no pueden obligarse, son inimputables de culpa y por lo mismo

no son responsables.

Tenemos que incorporar ahora a la razón. El conocido principio de razón ese

bien que otorga el concepto de sujeto joya, del que los niños (porque todavía no la han

adquirido); los locos (porque no la tienen) y los embargados por la emoción violenta

(porque la han perdido en la acción violenta) quedan excluidos.

El segundo elemento –decisivo para el derecho- es la intención, dado que ella es

un elemento que liga de modo directo a la responsabilidad y la culpa. Simplemente

estamos señalando dos elementos combinables, razón e intención, con los que se nutre

el derecho en su recurso a la psicología, pero desde un punto de vista meramente

psicoanalítico habrá que dejar claro que todo acto tiene su origen en el inconsciente.

49
Alfonso Sarabia

Estos son los operadores con los que se analiza objetivamente la responsabilidad

jurídica, para la imputación o no de culpa. En la que se destaca la conclusión: No podrá

existir la culpa jurídica sin la responsabilidad objetiva que otorga la razón.

Hasta aquí, se ha planteado una dimensión que podríamos caracterizar como

jurídica, objetiva y moral (en sentido general) de la relación responsabilidad y culpa. Es

una forma de referirnos a los códigos jurídicos para iluminar lo que legalizan de la

moral, y según ella quienes pueden responder y quienes no podrán, cuando sean

interpelados objetivamente. Solo la participación del perito dará al proceso el elemento

decisivo, la consideración que lo afecta como responsable si está enmarcado en el

principio de razón, y “no a lugar” respecto de la imputación de culpabilidad si no la

tiene, o si no ha tenido la intención de llevar adelante la acción que se imputa. Tal es el

alcance de la relación entre los términos, responsabilidad y culpa a través de la

instrumentalización psicológica del principio de razón y la intención.

Entonces, hemos realizado dos recorridos. El primero tendiente a resaltar la raíz

jurídica de la relación entre responsabilidad y culpa. Y luego hemos llegado al punto en

que decimos que aún en esa instancia, el proceso jurídico debe recurrir a la psicología

para instrumentarlo. De modo que esa psicología debe coincidir necesariamente con la

idea de la autonomía de la conciencia, las intenciones, y la razón. Una psicología de la

moral legalizada.

Responsable: aquel de quien es esperable una respuesta. ¿Pero, de quién es

esperable una respuesta? Apunta así al sujeto-joya del derecho, y al principio de razón

con el que se construyen los parámetros del responsable, porque no es que se espera

siempre una respuesta. La respuesta es esperable si no ha sido desresponsabilizado, es

decir si no es un niño, loco u obediente, etc. De modo que lo que lo que se entiende es

que si es responsable entonces es culpable.

50
Alfonso Sarabia

Estratificación solo aplicable en el seno de lo jurídico para la culpabilidad. Es

decir solo si se es responsable jurídicamente puede imputarse culpabilidad, de modo tal

que el clivage2 (Freud, 1927) es de la responsabilidad respecto de la culpa, hendidura

artificial entre los conceptos que permite la creación de figuras de desresponsabilización

para poder desculpabilizar, pues si alguien no es responsable entonces no es culpable.

Al revés, la lectura que propone es que solo el hecho de “saberse” culpable de la

situación en juego permite la posibilidad de la responsabilidad subjetiva. Luego

entonces, responsable, no digo consciente de lo que hace, ni que se hace cargo de lo

que dice, sino culpable de lo que hace y dice.

Esta es la responsabilidad, la respuesta esperable queda supeditada a ese pasaje

por la culpa. En la que ya no cuenta la intención y la pretendida autonomía de la

conciencia, pues introduce una dimensión deseante más allá de ella. La culpa es en

principio, una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva: es una

condición sin clivage: No hay responsabilidad subjetiva sin culpa.

Freud (1901) describe un ejemplo de una situación en

donde nos presenta un tipo de distracción, es decir acciones

cumplidas de manera involuntaria por el sujeto, sin embargo ello

no le exime a este de la responsabilidad de sus acciones:

“Me presentó a su mujer y agregó: ‘¿Tomará usted el

desayuno con nosotros?’. Yo tenía una pequeña cosa que hacer a

una cuadra de allí, y aseguré que volvería enseguida. Cuando

luego entré en la sala donde se servía el desayuno, vi que la

pareja había tomado asiento en una pequeña mesa situada junto

a la ventana, y los dos ocupaban uno de sus lados. En el lado

2
Término introducido por Sigmund Freud en 1927, para designar un fenómeno propio del fetichismo, la
psicosis y la perversión en general, que se traduce por la coexistencia, en el seno del yo, de dos actitudes
contradictorias, una de las cuales consiste en negar la realidad (renegación), y la otra en aceptarla.

51
Alfonso Sarabia

opuesto había una sola silla, pero sobre su respaldo estaba

puesta, ocupando el sitio, la grande y pesada capa de paño

tirolés del hombre. Comprendí muy bien el sentido de esa

disposición, no deliberada por cierto, pero tanto más expresiva

por ello mismo. Quería decir: ‘Para ti no hay aquí ningún lugar;

ahora sobras’. El hombre no reparó en que yo permanecía de pie

ante la mesa sin sentarme; no así la dama, que enseguida codeó

a su marido susurrándole: ‘Le estás quitando su lugar al señor”.

(Freud, 1901 p.206).

Freud había compartido con el joven paseos y comidas en el hotel durante varios

días mientras ambos esperaban la llegada de sus respectivos compañeros de viaje. Quien

primero llegó fue la compañera de viaje del joven, su esposa, y fue entonces que tuvo

lugar la escena relatada.

¿Quién no se ha visto alguna vez en una situación de las mismas características

ya sea en la posición de Freud o del joven? Situación por demás embarazosa

especialmente para el distraído, cuando algún hecho hace notar lo sucedido.

Seguido a este relato, Freud agrega el siguiente comentario: “A raíz de esta

experiencia y de otras parecidas, me he dicho que las acciones cumplidas de manera

involuntaria han de convertirse inevitablemente en fuente de malentendidos en el trato

entre los hombres. El actor, que nada sabe de un propósito que se les enlace, no se las

imputa a sí mismo ni se considera responsable de ellas”. (Freud, 1901 p.207)

Para decirlo más claramente, Freud no parece interesado en destacar cuán

moralmente inaceptable es una acción como la relatada, qué maleducado es el joven, o

qué distraído; tampoco abre un juicio sobre cómo el joven supo aprovechar su presencia

durante los días anteriores a la llegada de su esposa… Claro está que entiende que todo

52
Alfonso Sarabia

esto pudo haber sido causa de enojo de algún otro damnificado, pero él se interesa por la

responsabilidad en otro plano.

Entonces, se establece aquí una disyunción de campos. No se trata de la

responsabilidad moral o social, de las buenas costumbres o lo moralmente correcto. Sí,

en cambio, nos alerta de una responsabilidad que atañe al sujeto en relación a aquello

que desconoce de sí mismo.

Por una parte, en la dimensión moral, la valoración de estas acciones tomará

como referencia los valores compartidos socialmente; lo esperable o lo condenable en

una situación determinada. Valores morales que, seguramente, el mismo distraído

compartirá y, de allí, que surja su incomodidad y el sentimiento de ajenidad con

respecto a su propia acción. Pero, por otra parte, Freud señala otro tipo de

responsabilidad, que se distingue del primero y que desarrollaremos con mayor

precisión. Llamaremos a este segundo tipo, responsabilidad subjetiva.

No sólo en su libro Psicopatología de la vida cotidiana, sino también en muchos

otros lugares de su obra, Freud (1901) se detiene a indagar sobre acciones simples e

inocentes en apariencia (pérdida o rotura de objetos, olvidos, olvidos de nombres

propios, errores, confusión de nombres, acciones casuales o involuntarias). Las nombra

genéricamente como acciones sintomáticas, en función de la siguiente explicación:

“Expresan algo que el actor mismo ni sospecha en ellas y que por regla general no se

propone comunicar, sino guardar para sí.”.(1901, p.188)

Tales acciones conllevan, en todos los casos, un propósito inconsciente; es decir,

las operaciones fallidas poseen una motivación oculta: “Si a ciertas insuficiencias de

nuestras operaciones psíquicas (…) y a ciertos desempeños que parecen desprovistos de

propósito se les aplica el procedimiento de la indagación psicoanalítica, demuestran

53
Alfonso Sarabia

estar bien motivados y determinados por unos motivos no consabidos a la conciencia”

(p.233)

Frecuentemente, las mociones inconscientes se valen de algunos episodios de la

vida cotidiana como un medio para expresarse. En algunos casos, la acción es

completamente involuntaria; no siendo posible para el sujeto reconocer intención

alguna. Tal el caso del joven que puso su capa en el lugar que aparentemente había

reservado para Freud. Estas acciones se presentan como una acción cualquiera

completamente carente de sentido, aún de sentido conciente. No obstante, la intención

conciente se ve alterada.

54
Alfonso Sarabia

CAPÍTULO 3: Abordaje psicoanalítico de las psicosis

Hoy tenía intenciones de penetrar la esencia de la locura, y pensé que era una locura.

Lacan, J.

55
Alfonso Sarabia

3.1. El fenómeno psicótico, su mecanismo y otros albores.

El seminario impartido por el psicoanalista Jacques Lacan (1901-1981), en el

Hospital de Saint – Anne, que se consagró del 16 de noviembre de 1955 al 4 de julio de

1956 fue dedicado a la cuestión de las psicosis.

Si bien no es la primera vez que Lacan abordaba la cuestión de las psicosis, ni

mucho menos la última, ya que a lo largo de su obra se centrará en esta cuestión, este

seminario es de gran valor pues introduce diferentes premisas, que sostendrán el resto

de su obra. A saber, en primer lugar el concepto de forclusión (Verwerfung), traducido

caóticamente por López-Ballesteros como repudiación y por Strachey como

desestimación.

Si bien Freud se refería a Verwerfung a una cuestión propia del derecho

procesal, el juicio adverso de un tribunal (condena). Sin embargo el término condena en

castellano tiene muchas otras implicaciones. Aquí me detendré un momento; condena,

según la Real Academia Española (2001) es: 1. Pena impuesta por un juez o un tribunal:

ejem. Cumple condena por homicidio; fue liberado tras cumplir la mitad de su condena.

2. Desaprobación de una conducta, una acción o una doctrina que se considera inmoral

o censurable: ejem. Se han recibido numerosos comunicados de condena y dolor por la

matanza.

Por lo tanto, uno de los sentidos de condena es el castigo, o la pena, que se

impone a quien comete un delito, a quien transgrede la ley. Este sentido ya lo ubicaba

Freud al utilizar la palabra Verwerfung y que dice de un sujeto que tiene una relación

muy particular con la ley, que es el caso del psicótico.

Entonces, siguiendo en la articulación del concepto sobre la Verwerfung, Freud

(1914) hace referencia a que en una primera infancia el infante es movido por la

angustia de castración, y afirma: “Una represión (Verdrängung) es algo diverso de una

56
Alfonso Sarabia

desestimación (Verwerfung)”. (p.74) Por tanto, hay un esclarecimiento que es

rechazado (abweisen) y que es este rechazo el que introduce la represión. Donde

rechazo debe entenderse como un “no a lugar”.

La Verwerfung es en este sentido análogo a la represión. Lacan (1956, p.456 y

457) adoptará definitivamente el término de Forclusión, refiriéndose a: “1. en derecho:

vencimiento de una facultad o derecho no ejercido en los plazos prescritos; 2.

figurativamente: exclusión forzada, imposibilidad de entrar, de participar; 3.

psicoanálisis: mecanismo que está en el origen de los estados psicóticos.

Lacan (1956, p.23) explica en las siguientes líneas, esta distinción entre el

neurótico y el psicótico.

La relación que Freud establece entre este fenómeno y

ese muy especial no saber nada de la cosa, ni siquiera en el

sentido de lo reprimido, expresado en su texto se traduce así: lo

que es rehusado3 en el orden simbólico vuelve a surgir en lo

real. Hay una estrecha relación entre, por un lado, la denegación

y la reaparición en el orden puramente intelectual de lo que no

está integrado por el sujeto; y por otro lado, la Verwerfung y la

alucinación, vale decir la reaparición en lo real de lo rehusado

por el sujeto. Hay ahí una gama, un abanico de relaciones.

Por lo tanto en un sujeto psicótico no hablamos en términos de represión en

tanto que para el sujeto no hay amenaza de castración, es más bien que el sujeto rehúsa

el acceso a su mundo simbólico. Es este uno de los aspectos a los que Lacan se refiere

cuando habla de forclusión, una no inscripción simbólica de la ley, es decir, hay una

imposibilidad de registro, se trata de una exclusión.

3
Def. Rehusar: No aceptar, o no querer aceptar algo. Pareciera que esta implícito algo en el orden de la
volición, Lacan discutirá seriamente la cuestión de la volición, pensamiento y acción, y dirá que no se
deberá partir de ellos como nociones establecidas.

57
Alfonso Sarabia

Lo que esta en juego en la relación entre el fenómeno alucinatorio y la

Vewerfung, es lo que Lacan (1955-1956, p.25) llama “la historia del sujeto en lo

simbólico”, ya que toda historia es por definición simbólica. Todavía, las

alucinaciones son fenómenos que se precipitan justamente por la falta del registro en el

orden simbólico, lo que pasa es que lo que fue rehusado vuelve a surgir en lo real. Por

lo tanto hay una estrecha relación entre la Verwerfung y el fenómeno de lo cual el

psicótico padece.

Por lo tanto, la forclusión, según Lacan (1955-1956) implica que algo del orden

de la ley simbólica falta, es decir que lo forcluído es algo que no tiene registro, marca.

Este mecanismo es propio de la psicosis. Entonces ¿puede el psicótico transgredir la

ley? Al igual que las psicosis, no podemos hablar de la exclusividad de una sola ley,

complicará más las cosas el no hacerlo, así que hablaremos de una ley subjetiva y una

ley social.

Según Lacan (1955-1956) existen algunas premisas para considerar un sujeto

psicótico: a) para ser loco, es necesaria alguna predisposición, si no alguna condición,

pues no se vuelve loco quien quiere, y b) la psicosis son Trastornos del Orden del

Lenguaje

Si bien afirmamos que las psicosis son un trastorno del orden del lenguaje, no

evocamos ninguna cuestión psicologizante, sino que traduciendo a Freud, decimos: el

inconsciente es un lenguaje. Que esté articulado o no, implica empero que este

reconocido. Esto instaura la practica de otro lenguaje, que Lacan (1971) llamará

lalengua.

Para Lacan (1975) lalengua (lalangue) completa la serie palabra, lenguaje,

lengua en el hablaser (parlêtre). Pone en entredicho el “el” de “el lenguaje”. Hay algo

58
Alfonso Sarabia

en el lenguaje demasiado general, demasiado lógico. Lacan (1971-1972, inédito) en el

seminario 19, ...o peor, explica “yo no dije el inconsciente está estructurado como

lalengua, sino que está estructurado como un lenguaje”. Es decir, en el campo de

lalengua, la operación de la palabra no existe por si sola, es necesario incluirla en el

lenguaje y en la lengua.

Si es que alguien puede hablar una lengua que ignora por completo, diremos que

el sujeto psicótico ignora la lengua que habla. Es decir, el psicótico cambia el orden de

las cosas. Y esta cosa (Das Ding) contempla dificultades especificas en el orden del

lenguaje.

La palabra contiene varias representaciones como vemos en la Figura 2, que fue

propuesta por Freud (1915) en su artículo sobre el inconsciente, estaba por dejar pasar

de largo, pero lo contempló en el último de sus apéndices, el Apéndice C. Palabra y

Cosa. Donde reconoce que la palabra es una representación compleja, que consta de

imágenes que hemos consignado, que asocian elementos de origen visual acústicos y

kinestésicos. En tanto cosa (Ding) no contiene ninguna de estas representaciones.

Figura 2.Esquema psicológico de la representación-palabra.


(Freud, 1915).

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Alfonso Sarabia

Lacan por otra parte, retomara lo hablado por Saussure (1916), sobre signo,

significado y significante para plantear la cuestión la función y del campo de la palabra

en el psicoanálisis. Lo que el signo lingüístico une no es una cosa y un nombre, sino un

concepto y una imagen acústica. La imagen acústica no es el sonido material, cosa

puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de él nos da el

testimonio de nuestros sentidos; esa imagen es sensorial, y si llegamos a llamarla

material es solamente en este sentido y por oposición al otro término de la asociación,

el concepto, generalmente más abstracto. En la Figura 3 tenemos un ejemplo de esto:

Figura 3. Naturaleza del signo lingüístico.


(Saussure, 1916)

Cuando escuchamos la palabra arbor puede considerarse en uno u otro aspecto. Lo que

el signo lingüístico une no es una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen

acústica. La imagen acústica no es el sonido material, cosa puramente física, sino su

huella psíquica, Lo mismo pasa con la cuestión de la palabra equos.

La psicosis, según Lacan (1955-1956) es un trastorno del orden del lenguaje,

consiste en que hay una cosa (Ding), pero que esta no accede a la simbolización ó no es

bien lograda, o en el peor de los casos nula. La cosa (Ding) primero tendrá que ser

símbolo, para después ser palabra y es hasta que hay palabra, que podrá ser simbolizada.

Es por esto que se dice que en las psicosis existe la imposibilidad de hacer

metáfora, un ejemplo de esto es: “Te voy a comer a besos”. En la neurosis esta frase

posee cierto romanticismo, en las psicosis, habrá que mantener cierta distancia, por que

si esto accede a lo real, pasará literalmente.

60
Alfonso Sarabia

Si bien podemos admitir que detrás del proceso de verbalización, hay una

Bejahung (afirmación) primordial, una admisión en el sentido de lo simbólico. Puede

ocurrir que un sujeto rehúse el acceso, a su mundo simbólico de algo que sin embargo

experimentó, y que en esta oportunidad no es ni más ni menos, lo que se ha mencionado

anteriormente, la amenaza de castración. Esta amenaza cae bajo la acción de la

represión (Verdrängung). Lo reprimido siempre está ahí, y se expresa de modo

perfectamente articulado en los síntomas y en multitud de otros fenómenos (Freud,

1915). La negación (Verneinung) por su parte, es un modo de tomar noticia de lo

reprimido; en verdad es una cancelación de la represión, aunque no claro está una

aceptación de lo reprimido (Freud, 1925). En cambio, lo que cae bajo la acción de la

Verwerfung tiene un destino totalmente diferente.

Una de las formas de manifestación de este material rechazado (Verwerfung) es

la alucinación. Esta es un fenómeno de la palabra, es una suerte de percepción

autónoma, autoproducida por el sujeto. No sólo la percepción externa tiene evidencia;

también la palabra tiene una evidencia particular. Es la representación-palabra lo que

brinda el elemento intuitivo indispensable a todo conocer. En última instancia, se

apuntala en una historia de percepción.

Para Lacan (1955-1956) la Verwerfung es un fenómeno muy especial en el

sentido de no saber nada de la cosa, ni siquiera en el sentido de lo reprimido. A la letra

dice: “ lo que es rehusado en el orden de lo simbólico vuelve a surgir en lo real”. (p.25)

Esto rehusado por el sujeto, reaparece, pese a la Verwerfung, en lo real del sujeto

vía la alucinación, u otra formación del inconsciente, como el pasaje al acto. Ambos

fenómenos propios de las psicosis.

Cuando un sujeto no puede acordarse de un elemento reprimido, a veces actúa

sin saber qué es lo que de tal modo vuelve en forma de acción. Freud (1914)

61
Alfonso Sarabia

refiriéndose al tema designa esta puesta en acto con el término Agieren, que ha sido

traducido al inglés como acting out. El término Agieren intentaba recubrir los actos de

un sujeto tanto fuera del análisis como en el análisis. Este término deja naturalmente

planeando una ambigüedad, puesto que recubre dos significaciones: la de moverse, de

actuar, de producir una acción; y la de acordarse; actuar lo que no se pone en palabras.

A partir de allí, justamente, el psicoanálisis se ha planteado la pregunta: ¿qué es

un acto para un sujeto? Lacan, en su seminario sobre La Angustia (1962-63), propone

una conceptualización diferenciada entre el acto, el pasaje al acto y el acting-out.

Apoyándose en observaciones clínicas de Freud: Fragmento de análisis de un caso de

histeria (1905) y Psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina (1920). En estos

dos casos, los Agieren estaban situados en la vida de estas dos jóvenes aun antes de que

una u otra hubiesen pensado en la posibilidad de un trabajo analítico.

¿Qué es entonces un acto? Para Lacan (1962-1963) un acto es siempre pleno de

sentido. Todo el manejo de Dora con el señor K. era la demostración de que ella no

ignoraba las relaciones que su padre mantenía con la señora K., lo que precisamente su

conducta trataba de ocultar. Para Dora, el pasaje al acto se sitúa en el momento mismo

en que el señor K., al hacerle la corte, le declara: Mi mujer no es nada para mí. En ese

preciso momento, cuando nada permitía preverlo, ella lo abofetea y huye.

El pasaje al acto en la mujer homosexual es ese instante en el que, al cruzarse

con la mirada colérica de su padre cuando hacía de servicial caballero de su dama, se

arranca de su brazo y se precipita de lo alto de un parapeto, sobre unas vías muertas de

ferrocarril. Se deja caer (en alemán Niederkommen), dice Freud (1920). Su tentativa de

suicidio consiste tanto en esta caída, este dejar caer, como en un dar a luz (en francés

mettre bas que significa parir; literalmente: poner abajo, parir), los dos sentidos de

Niederkommen).

62
Alfonso Sarabia

Este dejarse caer es el correlato esencial de todo pasaje al acto, precisa Lacan

(1962-1963). Completa así el análisis hecho por Freud e indica que, partiendo de este

pasaje al acto, cuando un sujeto se confronta radicalmente con lo que es como objeto

para el Otro. El sujeto reacciona de un modo impulsivo, con una angustia incontrolada e

incontrolable, identificándose con este objeto que es para el Otro y dejándose caer. En el

pasaje al acto es siempre del lado del sujeto donde se marca este dejarse caer, esta

evasión fuera de la escena, sin que pueda darse cuenta de ello. Para un sujeto, esto se

produce cuando se confronta con el develamiento intempestivo del objeto a que es para

el Otro. Esto ocurre siempre en el momento de un gran embarazo y de una emoción

extrema, cuando, para él, toda simbolización se ha vuelto imposible. Se eyecta así

ofreciéndose al Otro, lugar vacío del significante, como si ese Otro se encarnara para él

imaginariamente y pudiera gozar de su muerte. El pasaje al acto es en este sentido un

salirse de escena.

Contrariamente al acting-out, no se dirige a nadie y no espera ninguna

interpretación, aun cuando sobrevenga durante una cura analítica. El pasaje al acto es

demanda de amor, de reconocimiento simbólico sobre un fondo de desesperación,

demanda hecha por un sujeto que sólo puede vivirse como un desecho a evacuar. Para la

joven homosexual, su demanda era ser reconocida, vista por su padre de otra manera

que como homosexual, en una familia en la que su posición deseante estaba excluida.

Rechazo por lo tanto de cierto estatuto en su vida familiar. Hay que destacar, por otra

parte, que justamente a propósito de la joven homosexual Freud (1920) hace su único

pasaje al acto frente a sus pacientes, con su decisión de detener el análisis de la joven

para enviarla a una analista mujer.

El pasaje al acto se sitúa del lado de lo irrecuperable, de lo irreversible. Es

siempre franqueamiento, traspaso de la escena, al encuentro de lo real, acción impulsiva

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Alfonso Sarabia

cuya forma más típica es la defenestración. Constituye la única posibilidad, puntual,

para un sujeto, de inscribirse simbólicamente en lo real deshumanizante. Con

frecuencia, es el rechazo de una elección conciente y aceptada entre la castración y la

muerte. Es rebelión apasionada contra la ineludible división del sujeto. Es victoria de la

pulsión de muerte, triunfo del odio y del sadismo. Es también el precio pagado siempre

demasiado caro para sostener inconcientemente una posición de dominio, en el seno de

la alienación más radical, puesto que el sujeto está incluso dispuesto a pagarla con su

vida.

Por otro lado, habrá que distinguir entre psicosis paranoicas y psicosis

pasionales, como señala Lacan (1956), haciendo referencia al trabajo realizado por

Clérambault (1920) sobre su trabajo Delirio de persecución y erotomanía.

Lacan señala que el problema de abordar la paranoia, implica una gran

dificultad, pues no se puede hablar de la psicosis, sino de las psicosis, Esto no quiere

decir que hay que hacer una clínica de “caso por caso”, sí bien el sistema delirante

varia, a nivel de composición, motivación y tematización. Situarla en el plano de la

comprensión es un error, he aquí el fenómeno elemental, e irreducible: La

Interpretación.

La locura no es razonable, pues un delirio, no puede ser articulado, menos aun

comprendido, justamente esa no es la intención. Cuando un paciente nos dice: ¡usted

sabe lo que quiero decir! Ciertamente ¡NO! El fenómeno del delirio esta cerrado a toda

composición dialéctica. En la psicología la interpretación se articula en relación al yo,

en el psicoanálisis el yo es relativo.

Debido a que en el fenómeno de la psicosis paranoica esta cerrado a toda

composición dialéctica el carácter central en la paranoia de la alucinación verbal deberá

centrarse en la pregunta ¿quién habla?. Pues bien, nos habla de algo que le habló. Es

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Alfonso Sarabia

decir el sujeto paranoico comprendió algo, lo formula en forma de palabra, y le habla,

en lo que Schreber denominaría la Lengua Fundamental.

Esta lengua del psicótico es de un carácter distinto al de la neurosis, con un

carácter que posee una nueva lógica, por lo que será frecuente la producción de

neologismos. Para entender el papel del neologismo en el fenómeno psicótico, habrá

que volver a la cuestión de la lingüística. El significante debe tomarse en el sentido del

material del lenguaje, la trampa es que las cosas no son el significado. El sistema de

lenguaje va dirigido a un punto de realidad, la realidad toda está cubierta por el conjunto

de la red del lenguaje. En el neologismo hay una discordancia en el lenguaje a nivel del

significante y significación, pues no nos remite a nada.

Los psicóticos hablan, eso queda claro, y hablan el mismo lenguaje, de eso no

hay duda, pero la relación de significación a significación y el ordenamiento de su

discurso, es lo que permite distinguir que se trata de un delirio. Es por ello que el

fenómeno del delirio en la psicosis se centra en el lenguaje, en la palabra y en sus

descomposiciones, por lo que la alucinación verbal es fundamental en este fenómeno.

Lacan (1958), escribe sobre las alucinaciones verbales, “es un error

considerarlas como auditivas por su naturaleza, cuando es concebible en ultima

instancia que no le sea en ningún grado”. (P.514) Es su inconsciente lo que habla, y

habla más allá del sujeto, incluso el sujeto desconoce lo que habla, y dice más de lo que

supone. Entonces, lo que se habrá de analizar es la estructura del delirio paranoico.

El delirio también es propio en la neurosis, pues como dice Freud (1911) hay

distintas formas de negar, por lo tanto, distintos tipos de delirio, son cuatro: Delirio de

Persecución, Delirio Erotomaníaco, Delirio de Celos y el Delirio de Grandeza. En la

Tabla 1 encontramos estos y sus formas de presentación.

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Alfonso Sarabia

Tipo de Delirio de Persecución Delirio Erotomaníaco Delirio de Celos Delirio de Grandeza

Delirio

“Yo no lo amo “Yo no lo amo “No yo amo al “yo no amo en

Negación - pues yo lo odio” – pues yo la amo” varón” absoluto...

“El me odia” “Yo noto que ella me “Es ella quien lo ...y no amo a nadie”

Proyección (me persigue) ama” ama”

Tabla 1. Diversas formas de delirio a partir de las diversas modalidades de la negación.

Lacan (1955-1956) propone investigar, la significación del delirio. El psicótico

sistematiza su delirio para comunicárnoslo. Si bien un neurótico puede tener un delirio

paranoico, y sentirse perseguido, por ejemplo, pero el psicótico sabe por que lo

persiguen, pues posee una creencia delirante. En esto lo que esta en juego no es la

realidad, pues, el delirio del psicótico es una certeza. Delante tal certeza, en la

experiencia clínica, lo que se establece en el orden de la transferencia es de otro orden.

Para el neurótico establece una transferencia con su analista, esta centrada en lo que

Lacan denomino principio de amor objetal. Por otro lado, si bien se puede hablar de

psicosis de transferencia, en esta este amor no va dirigido hacia el analista, pues el

psicótico lo que ama es a su delirio.

Esta cuestión alude al narcisismo del psicótico, donde no hay elección de objeto,

sino más bien, sus pulsiones sexuales se encuentran en una actividad autoerótica, donde

para ganar un objeto de amor se toma primero a sí mismo, a su cuerpo propio, antes de

pasar de este a la elección de objeto en una persona ajena. La cuestión en las psicosis, es

que el psicótico esta tomado por su delirio.

3.2. Un juez sin juicio. El Caso del Presidente Schreber.

Hasta este punto hemos expuesto algunas consideraciones sobre el fenómeno

psicótico y su mecanismo desde una perspectiva lacaniana. Ahora bien, la tesis acerca

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Alfonso Sarabia

del mecanismo paranoico, fue expuesta por Freud en el historial clínico sobre el

Presidente Schreber, Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia

(Dementia paranoides descrito autobiográficamente) (1911 [1910]). Este trabajo es uno

de los pocos donde Freud aborda la cuestión de la paranoia.

Este historial clínico, mejor conocido como el caso del Presidente Schreber fue

redactado en el verano de 1910 en Italia. Dicho historial no es propiamente el análisis de

un paciente de Freud, es el análisis de la autobiografía del enfermo publicadas en 1903

Memorias de un enfermo de nervios (Schreber, 2003), siendo estas, el único material

con el que contó Freud, y que como según le cuenta a Jung en una carta, no leyó ni la

mitad del libro. (Saal, 1997, p.59)

Dichas Memorias es la autobiografía del Senatspräsident del Superior Tribunal

de Dresde, Daniel Paul Schreber, quien recae por segunda vez tras la asignación de

dicho cargo, a lo que él refiere “He estado dos veces enfermo de los nervios, ambas a

consecuencia de un exceso de esfuerzo mental”. (2003, p.34) Ambas, tienen que ver con

la asignación de un cargo superior, la primera en la cámara baja del parlamento de

Reichstag en 1884 a sus 42 años, y la segunda como Senatspräsident, en 1893 a sus 51

años de edad. En la primera enfermedad es internado durante 9 meses, 2 meses en el

asilo de Sonnenstein bajo la dirección del Doctor G. Weber, y los 7 subsiguientes en la

Clínica Psiquiátrica de Leipzig, bajo la dirección del profesor Fleching,

En 1893, siendo claramente un hombre de demostrada competencia, ascendió a

la corte suprema de Sajonia, de la que fue presidente. Pero comenzó a quejarse de

insomnio, intento suicidarse, y a fines de noviembre ingreso de nuevo en la clínica de

Leipzig donde había sido paciente unos 9 años antes. Era esta la segunda y más tenaz

enfermedad mental (que se prolongo hasta 1902) la que describió con detalles gráficos

67
Alfonso Sarabia

en un voluminoso memorando, las Memorias de un enfermo de nervios(2003),

publicado al año siguiente.

Después de su primera enfermedad convivió con su esposa durante ocho años,

turbado por la repetida frustración de tener hijos, Sabine, esposa de Schreber sufrió de 6

abortos y tiempo después durante el ingreso de su marido, ésta acoge a una niña de 13

años, Fridoline, con quien Schreber conviviría hasta después de abandonar la Clínica de

Leipzig.

Schreber comienza sus memorias diciendo “Podría ser valioso para la ciencia y

para el conocimiento de verdades religiosas, posibilitar sobre mi cuerpo y mis

vicisitudes personales, por parte de personas especializadas”. (2003, p.42) Empezó a

escribirlas en septiembre 1900 y no pensó en publicarlas hasta que ya había avanzado.

Si bien Schreber no era padre, cae enfermo justamente cuando, se le es llamado

para desempeñar cargos que justamente tienen que ver con desempeñar una función

paterna, una función de ley, como ser el Senatspräsident del Superior Tribunal, tampoco

es fortuito de que sea un juez que pierde el juicio, sin necesidad de un tercero, es decir

pierde su relación simbólica con el Otro. Es decir, la función del jurista es representar la

ley e interpelarla, su enfermedad, le impediría desempeñar dicha función, su delirio

llevaría la representación de la ley a otro nivel.

Como ya se había dicho anteriormente el motivo de su ingreso a la clínica, la

segunda ocasión fue por insomnio e intentos de suicidio. Algunas veces soñó que su

anterior enfermedad nerviosa regresaba, en una ocasión en un estado entre el dormir y la

vigilia tuvo la representación de “lo hermosísimo que es sin duda ser una mujer

sometida al acoplamiento”. (2003, p.36)

Tras esto, devino el insomnio, y con ello empezó su delirio, al comienzo

experimentando las más severas ideas hipocondríacas. Se quejaba de padecer

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Alfonso Sarabia

reblandecimiento del cerebro, empezó a presentar gran susceptibilidad a la luz y a los

ruidos. También se empezaron a acumular espejismos visuales y auditivos, tras esto se

sentía morir, e intentó ahogarse en la bañera.

Después de su intento de suicidio, las ideas tomaron un carácter mítico y

religioso, mantenía un trato directo con Dios, aunque Schreber no era un hombre de fe,

ni siquiera creía en Dios.

Tras existir un gran afecto por su medico el Doctor Flechsig, se convirtió en un

odio, empezó a ver en el a un perseguidor, que solo quería perjudicarlo, lo llamaba

almicida (asesino de almas) tal vez seria este su primer neologismo. Sin embargo, en los

informes médicos, reportaban que pese a la agudeza de su psicosis y de su destacado

cuadro paranoico, un observador no advertido, no encontraría nada de esto. Schreber se

considera llamado a redimir el mundo y devolverle su bienaventuranza perdida, pero

cree que sólo lo conseguirá luego de ser mudado de hombre en mujer. E incluso oye la

voz de Dios que le llama: Señorita Schreber.

El abuelo Johann Gotthilf Daniel Schreber y su padre Daniel Gottlob Moritz

Schreber (1808-1861) se había hecho célebre por sus teorías educativas de una extrema

rigidez, basadas en el higienismo, la gimnasia y la ortopedia. En sus manuales, muy

difundidos en Alemania, proponía corregir los defectos de la naturaleza y remediar la

decadencia de las sociedades creando un hombre nuevo: un espíritu puro en un cuerpo

sano. Celoso partidario de una renovación del alma alemana, fue también el promotor

de los barrios obreros con jardines; en tal carácter sería respaldado por la

socialdemocracia, y más tarde recuperado por el nacionalsocialismo. En 1861, tres años

después de que una escalera lo golpeó en la cabeza, murió de una úlcera perforada.

Al nombre de Schreber le faltaba algo, le faltaba Gott, que en alemán significa

Dios. Daniel Paul era un hombre sin Dios.

69
Alfonso Sarabia

Así mismo era un hijo de Dios, Schreber era un fanático de su padre. Del Campo

(1999) se plantea de una manera muy interesante la cuestión ¿Por qué Freud avanzó

por la homosexualidad y no por el incesto? Haciendo referencia al deseo inconsciente

de incesto con el padre, es decir, ser mujer para el padre, en el mismo sentido de ser la

mujer de Dios.

En su delirio, Schreber describía el milagro divino de mudar en mujer, y no es

que él quisiera mudar en mujer, sino era un “tener que” pues es el orden del universo.

Estos milagros se dan a través del “desgajamiento de rayos” que como todo delirio tiene

su propia lógica, este no es la excepción tiene su propio métodos, no descuida detalles.

Así mismo el delirio abarca distintos temas a la vez, haciéndolo complejo, y a la vez

lleno de elemento, que pueden o no distraernos. Si lo tomamos por elementos brindan

una perspectiva diferente de sí se toma todos juntos como un todo.

En un principio del delirio de Schreber se vio llamado a redimir el mundo, a

procrear el hijo de Dios (Padre), como no puede tener relaciones sexuales con Dios su

procreación tiene que ser por otra vía, que será justificada mediante un milagro divino

(los rayos divinos). Sin embargo queda el problema del cuerpo, la única forma en que él

pueda fecundar los hombres nuevos de Dios, será a través de nervios femeninos, que

transformaran su cuerpo, pues afirma que su enfermedad ha destruido gran parte de sus

órganos, que le han sido reestablecidos, y mientras siga siendo varón será inmortal. Solo

siendo mujer, podrá morir de muerte natural, y conseguir la bienaventuranza como los

demás seres humanos. Léase como bienaventurado, aquel que goza de Dios. Schreber

deseaba gozar de su padre. Inicialmente el profesor Flechsig hacia el papel de

perseguidor, antes de que Dios ocupara ese lugar, pero no era por una cuestión

homosexual, sino por que había una identificación paterna.

70
Alfonso Sarabia

3.3. El desarrollo histórico y conceptual del narcisismo.

El término narcisismo se emplea en psicoanálisis para designar un

comportamiento por el cual un individuo se ama a sí mismo o, en otras palabras, un

comportamiento por el cual trata a su propio cuerpo como se trata habitualmente al

cuerpo de una persona amada. Estar enamorado de sí mismo sería lo que define el

narcisismo según el mito griego del joven Narciso fascinado por su propia imagen; el

concepto adquirió toda su importancia en la teoría psicoanalítica cuando pasó a designar

una fase necesaria de la evolución de la libido antes de que el sujeto se vuelva hacia un

objeto sexual exterior.

Fue Havelock Ellis (1898) quien utilizó por primera vez la expresión Narcissus

like para caracterizar en su aspecto patológico esta forma de amor dirigido a la propia

persona; a continuación, P. Näcke (1899) utilizó la palabra Narcismus para significar ya

una verdadera perversión sexual.

En Freud, si bien el narcisismo (término que él habría reemplazado de buena

gana por el más eufónico de narzissmus) tiene también el carácter de una perversión

cuando absorbe la totalidad de la vida sexual del individuo, constituye no obstante un

estadio del desarrollo de la libido, intermedio entre el autoerotismo y la elección de

objeto; sólo la fijación en ese estadio y sus formas excesivas constituyen una patología.

“Una fase así, mediadora entre autoerotismo y elección de objeto, es quizá de rigor en el

caso normal, parece que numerosas personas demoran en ella un tiempo insólitamente

largo, y que de ese estado es mucho lo que queda pendiente para ulteriores fases del

desarrollo”. (Freud, 1911 p.56)

En la medida en que el advenimiento del estadio narcisista remite a una época

anterior a la elección de objeto, se entrevé que se trata de una patología no ya

relacionada con las neurosis de transferencia y el marco de la evolución de la libido,

71
Alfonso Sarabia

sino con otro tipo de afección: las neurosis narcisistas, y el marco de la evolución del

yo. Es esta no elección de objeto, o bien una fijación autoerótica, un fenómeno propio

de las.

Freud (1917) basándose en su experiencia con individualidades narcisistas y con

las parafrenias (esquizofrenias), reunidas por su común inaccesibilidad a la técnica

psicoanalítica, propondrá la idea de la libido del yo o libido narcisista, opuesta a la

libido de objeto y capaz, cuando existe de ella un excedente considerable, de desbordar

al yo y desamarrar al sujeto del mundo exterior.

“Desde que nos habituamos a manejar el concepto de

libido yoica, las neurosis narcisistas se nos han hecho

asequibles; nos propusimos obtener un esclarecimiento

dinámico de estas afecciones y, a la vez, perfeccionar nuestro

conocimiento de la vida anímica mediante la comprensión del

yo. La psicología del yo a que aspiramos no ha de basarse en los

datos que nos brinde la percepción de nosotros mismos, sino,

como en el caso de la libido, en el análisis de las perturbaciones

y desorganizaciones del yo”. (Freud, 1917, p.284)

Desde esta perspectiva, una de las primeras exposiciones presentadas por Freud

sobre el narcisismo aparece en el análisis de la paranoia del presidente Schreber, a

propósito de la cual formula la hipótesis de una regresión al estadio narcisista, que llega

al abandono completo del amor objetal y a la reactivación de un modo de satisfacción

autoerótica infantil.

Realizar una elección de objeto homosexual, como la que encuentra el análisis

del presidente Schreber (en otras palabras, volverse hacia la persona más parecida a uno

mismo), o bien apartarse del mundo exterior en un repliegue total sobre sí, son entonces

72
Alfonso Sarabia

las figuras clínicas que inducen a Freud (1914) a postular la existencia de una libido del

yo, inversamente proporcional a la libido de objeto, puesto que se trata de la misma

energía que la de las pulsiones sexuales, que a veces se dirige hacia el yo y otras hacia

el objeto en el seno de un equilibrio cuya estabilidad define lo normal. “Vemos también

a grandes rasgos una oposición entre la libido yoica y la libido de objeto.» Cuanto más

gasta una, tanto más se empobrece la otra” (Freud, 1914 p. 73- 74).

Freud reitera varias veces la imagen de una sustancia protoplasmática (las

amebas) que emiten seudópodos, imprimiéndole al núcleo celular un ritmo de

vaciamiento y dilatación sucesivos. Esta metáfora ilustra bien el mecanismo de

repliegue sobre sí del interés antes dirigido hacia el mundo, y caracteriza el narcisismo

freudiano desde el punto de vista energético.

Pero si bien esta imagen sitúa nítidamente el narcisismo en el plano económico

de una energía que a veces inviste al yo y otras al objeto, queda por dilucidar la

naturaleza de esa energía y el mecanismo que rige su distribución. Se aborda entonces

una cuestión tanto histórica como psicológica, ya que Freud, en su primera exposición

sistemática sobre el narcisismo (1914), intentó a la vez aislar una libido específica del

yo (libido narcisista) y responder a las críticas de Adler y Jung, de los cuales se había

separado en 1911 y 1913, respectivamente. Al privilegiar el yo a expensas de la

organización psíquica inconsciente, la teoría de Adler derivaba la neurosis de la

«protesta viril», principal expresión de la inferioridad constitucional del ser humano; en

lugar de asimilar como Freud esta reivindicación al complejo de castración y fundarla

en una tendencia libidinal narcisista. Adler la inscribía en el registro de la valorización

social, en el seno de un sistema racional que, según Freud, dependía de la elaboración

secundaria (Freud, 1914).

73
Alfonso Sarabia

La teoría de Jung, por su parte, obligó a Freud a realizar rápidamente una

verdadera puesta a punto de la teoría de las pulsiones; Jung no reconocía la

especificidad de la libido, sino que le atribuía un alcance muy general.

En ese contexto escribió Freud (1914) Introducción del narcisismo, y una de las

principales cuestiones allí discutidas es la necesidad de diferenciar dos grupos de

pulsiones: las pulsiones de autoconservación o pulsiones del yo, con las que se relaciona

el interés no sexual, y las pulsiones sexuales, con las que se vincula la libido. Sin duda

no es fácil disociarlas en el yo, pero, por ejemplo, el hecho de que el hambre y la

necesidad sexual lleven, en caso de frustración, a reacciones totalmente distintas, y la

circunstancia de que el ser humano se encuentre ante la finitud por su individualidad

(soma), y ante la supervivencia por la generación (germen), legitiman la hipótesis de

dos tipos pulsionales distintos, aunque en el origen las pulsiones sexuales se apoyen

sobre las de autoconservación, y vayan separándose de ellas progresivamente (Freud,

1905).

En apoyo de esta tesis, Freud evoca además su experiencia clínica con las

neurosis de transferencia, que explica como un conflicto entre las pulsiones del yo,

esencialmente conservadoras, y las pulsiones sexuales que, precisamente, llevan al

individuo a desprenderse de una parte de su narcisismo en beneficio del objeto. Así esta

primera distinción entre pulsiones del yo y pulsiones sexuales, aunque relativizada más

tarde en favor de la última clasificación de las pulsiones en otros dos grupos,

caracterizados con las denominaciones de Eros y Thánatos contribuyó

considerablemente a la comprensión del narcisismo por analogía con la dinámica de las

neurosis de transferencia, abriendo el camino a la explicación de una patología de la

organización del yo.

74
Alfonso Sarabia

En efecto, considerando la movilidad variable de la libido, volcada a veces sobre

el yo y otras sobre el objeto, se puede encarar fácilmente el caso extremo en el que toda

la libido del yo se encontraría desplazada sobre el objeto, sin duda en completa

oposición a las pulsiones de autoconservación encargadas de controlar el vaciamiento

del flujo libidinal del yo, también llamado vaciamiento narcisista. Para ilustrar la

posible hemorragia de la libido del yo en beneficio de la libido de objeto, y la

consecuente fragilidad de un yo desprovisto de narcisismo, Freud (1914) evoca a

menudo la figura bien conocida de la pasión amorosa o enamoramiento; el objeto

amado, sobreinvestido de este modo, se convierte en todopoderoso frente a un sujeto en

adelante humilde y sumiso, entregado a lo que él cree la encarnación de su ideal. “Tal

sobrestimación sexual, da lugar a la génesis del enamoramiento, ese peculiar estado que

recuerda a la compulsión neurótica y se reconduce, por lo dicho, a un empobrecimiento

libidinal del yo en beneficio del objeto” (p.85).

Estos desplazamientos de la libido del yo al objeto, y a la inversa, según las

satisfacciones o decepciones que obtiene el individuo de sus investiduras, suscitan una

nueva cuestión que, desde la elucidación mecánica del proceso, remite más adelante a la

elucidación metapsicológica de la fuente de la que el individuo extrae su energía. En

otras palabras, ¿de dónde provendría la libido, y dónde residiría antes de su distribución

variable entre el yo y el objeto? Este interrogante apunta al origen del narcisismo y, con

él, al origen del yo, en cuanto es el yo el que padece la insuficiencia o el exceso de

libido.

El rodeo por la patología permite a Freud deducir el estado originario de la

libido; en particular, el desvío por las afecciones en las que hay una desinvestidura del

mundo exterior, acompañada por un completo repliegue del enfermo sobre sí. Freud

75
Alfonso Sarabia

indaga el destino de la libido retirada de los objetos, basándose en la observación de

enfermos esquizofrénicos, lo que le parece la mejor respuesta a este interrogante.

Entrevé que los delirios de grandeza son consecuencia de la desinvestidura del

mundo y manifestación del retorno de la libido sobre el yo, amenazado, en virtud de

esto, por un aflujo excesivo de energía. Como para el razonamiento recurrente

característico de la teoría psicoanalítica, nada aparece en las situaciones patológicas que

no repita un estado psíquico anterior generalmente necesario para el desarrollo del

individuo, Freud (1917) postula, tomando como ejemplo el delirio de grandeza, un

estado original del yo en el cual éste, investido totalmente por la libido, ponía de

manifiesto una omnipotencia absoluta. Ese estado de omnipotencia del yo define en

adelante lo que se llama narcisismo primario, mientras que el narcisismo secundario

designa ese mismo estado cuando reaparece por el retorno al yo de las investiduras de

objeto.

“La libido sustraída del mundo exterior fue conducida al

yo, y así surgió una conducta que podemos llamar narcisismo.

Ahora bien, el delirio de grandeza no es por su parte una

creación nueva, sino, como sabemos, la amplificación y el

despliegue de un estado que ya antes había existido. Así, nos

vemos llevados a concebir el narcisismo que nace por

replegamiento de las investiduras de objeto como un narcisismo

secundario que se edifica sobre la base de otro, primario,

oscurecido por múltiples influencias”. (Freud, 1917, p.72-73)

Tal retorno de las investiduras de objeto al yo, revelado por el proceso

esquizofrénico, y que dio lugar a la hipótesis del narcisismo primario, permite al mismo

tiempo ampliar el acceso al estudio del narcisismo por otras vías, a través de las cuales

76
Alfonso Sarabia

se puede entrever ese mismo proceso de desinvestidura del mundo exterior y de

concentración en el yo, a saber: los estados provocados por el dolor orgánico, el deseo

de dormir y la preocupación hipocondríaca.

En efecto, en estos tres casos típicos se trata de una atención totalmente volcada

al yo, como si éste obtuviera de nuevo la omnipotencia que lo caracterizó alguna vez.

¿Significa esto que el yo constituye, como dice Freud reiteradamente, el gran reservorio

de la libido, desde el cual ésta se distribuiría sobre los objetos exteriores, con retorno al

lugar de origen si estos objetos no brindan satisfacción?

Se diría que es así, pero aparentemente Freud, en dos oportunidades, replantea la

cuestión: en 1923, en El yo y el ello y en 1932, en la 31ª Conferencia 31. La

descomposición de la personalidad psíquica. En estos textos parece pensar que es el

ello el que posee toda la libido, en razón de la excesiva debilidad del yo al principio de

la organización psíquica. El ello emitiría entonces investiduras pulsionales hacia los

objetos exteriores, pero el yo, cada vez con más fuerza y amplitud, reemplazaría pronto

a esos objetos, recobrando la parte de libido que ellos retenían. Esta última hipótesis

haría del narcisismo del yo un narcisismo secundario retirado a los objetos. Freud

(1923, p.47) a la letra:

“Ahora habría que emprender una importante

ampliación en la doctrina del narcisismo. Al principio, toda

libido está acumulada en el ello, en tanto el yo se encuentra

todavía en proceso de formación o es endeble. El ello envía una

parte de esta libido a investiduras eróticas de objeto, luego de lo

cual el yo fortalecido procura apoderarse de esta libido de objeto

e imponerse al ello como objeto de amor. Por lo tanto, el

77
Alfonso Sarabia

narcisismo del yo es un narcisismo secundario, sustraído de los

objetos”.

Sin duda la indiferenciación del yo y el ello en el inicio de la vida psíquica

relativiza este privilegio acordado al yo o al ello como lugar de origen de la libido. Es

posible imaginar con Freud que la libido, proveniente de un yo-ello aún indiferenciado,

se apegará progresivamente al yo, erotizando las pulsiones de autoconservación al punto

de que al principio la distinción resulta imposible.

Este análisis metapsicológico permite comprender la otra definición freudiana

del narcisismo, para la cual éste es el complemento libidinal del egoísmo, en cuanto las

pulsiones de autoconservación, para ejercer su función, deben necesariamente estar

ligadas a una cantidad mínima de libido. Pero, en la medida en que ciertos trastornos

psicológicos, como la pasión amorosa, que Freud asimila, en Tótem y tabú (1913 [1912

–1913]), al prototipo normal de la psicosis, se deben a un exceso o una insuficiencia

narcisista, es preciso llevar más lejos el análisis y, conociendo en adelante la fuente

libidinal del narcisismo, preguntarse qué es lo que interviene en la formación de esa

particular distribución libidinal, o más aún, qué es lo que permite al individuo acceder a

ese estado de la regulación de la libido.

Tomarse a sí mismo como objeto de amor, en la tradición del mito de Narciso,

supone implícitamente la condición de que exista para el yo una representación

suficiente del objeto como para atribuírsela o para reemplazarla. Ahora bien, el estado

de debilidad del yo sospechado en el origen de la organización psíquica no es

compatible con un reconocimiento a priori de objeto. Además Freud plantea el

problema del pasaje del autoerotismo al narcisismo sabiendo que no se le puede suponer

ninguna unidad a un yo que únicamente interactúa con pulsiones autoeróticas; piensa

que “las pulsiones autoeróticas son iniciales, primordiales; por tanto, algo tiene que

78
Alfonso Sarabia

agregarse al autoerotismo, una nueva acción psíquica, para que el narcisismo se

constituya” (Freud, 1914 p. 74). Es ésta una de las cuestiones más importantes en torno

al narcisismo, puesto que hace intervenir a la vez la formación del yo y la aprehensión

del objeto, ofreciendo de tal modo motivo para interrogarse sobre lo que, en la

patología, ofrecerá más tarde puntos de fijación y oportunidades de regresión a un sujeto

víctima de la desinvestidura del mundo exterior.

Sin duda, la tesis de la preeminencia de las investiduras libidinales de los objetos

exteriores, antes de que ellas refluyan sobre el yo, ya permite imaginar la importancia

que tiene la cualidad de esos objetos para la formación de la representación del propio

yo, es decir, para lo que se llamara imagen de sí; tomarse a sí mismo como objeto de

amor equivaldrá a retomar sobre sí la cualidad de la relación erótica mantenida con el

primer objeto investido libidinalmente. La definición del narcisismo que da Freud en La

predisposición a la neurosis obsesiva (1913) confirmaría esta explicación:

“Las otras dos psiconeurosis (paranoia y dementia

praecox), reunidas por mí bajo el rótulo de “parafrenia”, sólo

aparecen después de la pubertad y en la madurez. Ahora bien,

estas afecciones que afloran últimas han resultado las primeras

asequibles a nuestra búsqueda de las predisposiciones que

desembocan en la elección de neurosis. Los caracteres, que

ambas comparten, de la manía de grandeza, el extrañamiento del

mundo de los objetos y la dificultad de la trasferencia nos han

constreñido a inferir que la fijación que predispone a ellas ha de

buscarse en un estadio del desarrollo libidinal anterior al

establecimiento de la elección de objeto, vale decir, en la fase

del autoerotismo y del narcisismo”. (Freud, 1913 p.338)

79
Alfonso Sarabia

De modo que podría suponerse que en el estadio del narcisismo un cierto tipo de

aprehensión del objeto exterior se vuelve sobre el cuerpo propio, también considerado

en adelante como un objeto circunscrito y distinto de los que lo rodean. En Tótem y tabú

(1912), el narcisismo supone igualmente la concurrencia de las pulsiones sexuales, antes

independientes entre sí, en un mismo objeto que Freud, en esa época, todavía asimila al

yo.

Sea esta primacía acordada al yo o al objeto exterior, el narcisismo en tanto que

estadio supone necesariamente un yo que es objeto de las pulsiones libidinales, lo que

implica la capacidad de un sujeto para representarse lo que más tarde designará como su

yo, y que confundirá en parte con la representación de su propio cuerpo. En “el yo y el

ello” se puede leer que “el yo es sobre todo una esencia-cuerpo; no es sólo una esencia-

superficie, sino, él mismo, la proyección de una superficie” (Freud, 1923,27).

¿No se podría entonces llevar más lejos esta definición, en el sentido de una

mentalización del yo, haciendo de esta instancia una representación esencialmente

imaginaria, que tendría a la vez algo de la impregnación del sujeto por un primer objeto

exterior y algo de la cualidad del intercambio que se seguiría de ello?

El narcisismo consistiría entonces no sólo en la investidura libidinal de lo que

habitualmente se llama la imagen de sí, sino también en la formación misma de esa

imagen que, según la formulación del estadio del espejo por Lacan (1936), sabemos que

supone una identificación con la forma de la especie y con lo que, en una primera

mirada, le fue dirigido al sujeto. Además el narcisismo remitirá a varios tipos de

afecciones patológicas en adelante diferenciadas: desde el vasto cuadro de las

depresiones subtendidas por el odio de la imagen, hasta el de las enfermedades

psicóticas subtendidas por la ausencia de imagen o por su fragmentación -en otros

80
Alfonso Sarabia

términos, desde la más o menos buena apreciación de la imagen de sí hasta la mayor o

menor precisión de su contorno-.

El lugar central de la imagen en el narcisismo, lugar que quizás ha sido

subestimado en beneficio del carácter egoísta y autónomo del comportamiento, se

desprende ya muy nítidamente en la versión más común del mito, la de Ovidio, donde

sólo se trata de una ilusión sin cuerpo (spem sine corpore), de una imagen fugitiva

(simulacra fugacia) y de reflejo (imaginis umbra). Y cuando leemos que Narciso amaba

una imagen de la que ignoraba a la vez cuál era su naturaleza y a quién pertenecía,

queda claro que el reconocimiento de esa imagen dependerá de una elaboración en la

cual habrá de intervenir necesariamente un juicio exterior, el único capaz de identificar

la imagen con su propietario. Se lee en la Metamorfosis (8 adC †):

“...El se apasiona por una ilusión sin cuerpo [ ... ] sin

dudar de ella, se desea a sí mismo. ¿Qué quiere? Lo ignora, pero

lo que ve lo consume; lo excita el mismo error que engaña a sus

ojos. Niño crédulo, ¿por qué te obstinas verdaderamente en

aferrar una imagen fugitiva? Lo que tú buscas no existe; el

objeto que amas, si le vuelves la espalda se desvanecerá”. Y, un

poco más adelante: “... Pero este niño soy yo; lo he

comprendido, y mi imagen (imago) ya no me engaña; ardo de

amor por mí mismo. Soy yo quien enciende la llama que llevo

en mi seno”. (Ovidio, v.339-510)

Fascinado por su propia imagen, Narciso ilustra magistralmente el momento de

captacíón del sujeto por el reflejo especular, que Lacan (1949) describe en El estadio

del espejo, pero con la diferencia de que en esa fase el infans sufre de alguna manera

una doble identificación con la imagen virtual y, detrás de ella, con la de la especie.

81
Alfonso Sarabia

Mientras que Narciso, ignorando toda referencia exterior, se abisma en una

visión amorosa cuya tonalidad pasional indica una confusión total entre el yo y su

modelo. En efecto, la imagen especular circunscribe de alguna manera el lugar de

proyección del yo, y éste adquiere consistencia gracias a la relación con el otro en la

percepción de una forma y el afecto de una mirada. Sin esta relación, el sujeto cae en la

estupefacción de una imagen megalómana de sí mismo, imagen que a su vez lo mira

como en un juego de espejos enfrentados que se reflejan al infinito.

Si bien Freud no centró explícitamente el narcisismo en torno a la problemática

de la imagen de sí, la cuestión del pasaje del autoerotismo al narcisismo alude a este

tema. En efecto, un artículo de Rank (1911), Una contribución al narcisismo,

presentaba ya el narcisismo como una transición necesaria entre el autoerotismo y el

amor objetal; en apoyo de esta tesis, relataba los sueños de una paciente,

exclusivamente organizados alrededor de la visión y la apreciación de su imagen. Sin

llevar más adelante la investigación, los dos tipos de elección amorosa inventariados por

Freud -la elección por apuntalamiento, según el modelo de las personas que han

prodigado los primeros cuidados al niño, y la elección narcisista, según el parecido que

el objeto tiene con el sujeto- implican necesariamente la proyección de representaciones

mentales, entre ellas la imagen de sí, vinculada más particularmente a la elección

narcisista. Amarse a sí mismo o tomarse a sí mismo como objeto de amor equivale en

consecuencia a enamorarse de la propia imagen, e implica que ésta responde al

interrogante freudiano sobre el pasaje del autoerotismo al narcisismo; esta nueva acción

psíquica que se sumaría al autoerotismo remitiría a las condiciones mismas de la

construcción de la imagen de sí, cuya dinámica aparece ahora claramente explicada por

la experiencia del estadio del espejo.

Además, Lacan (1954), comentando el artículo de Freud escribe:

82
Alfonso Sarabia

“El Urbild, unidad comparable al yo, se constituye en un

momento determinado de la historia del sujeto, a partir de lo

cual el yo comienza a tomar sus funciones. Vale decir que el yo

humano se constituye sobre el fundamento de la relación

imaginaria. La función del yo -escribe Freud- debe tener eine

neue psychische... Gestalt. En el desarrollo del psiquismo

aparece algo nuevo, cuya función es dar forma al narcisismo.

¿No es esto indicar el origen imaginario de la función del yo?”

(Lacan 1953-1954 p. 178)

Indisociable de la constitución de la imagen de sí, el narcisismo figura su

modalidad de investidura en el sentido en que puede decirse de un sujeto, no sólo que se

ama a sí mismo, sino también que se ama a sí mismo a través del otro, en particular

cuando este otro se presenta como la proyección de un complejo desprendido del sujeto.

Un ejemplo de esto puede verse en el cuento de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann

(1817), titulado El hombre de la arena en donde el estudiante Nathaniel siente un amor

casi obsesivo del que no puede deshacerse con facilidad por la muñeca Olympia, y cuyo

análisis realiza Freud (1919) en Lo ominoso.

El amor narcisista, en todas sus variantes, se caracterizará por no dirigirse al

objeto más que en función de las semejanzas que éste tiene con el sujeto, semejanzas

que resultarían de la proyección de un complejo patológico, un modelo ideal o una

representación nostálgica, y que determinarían que:

“Hemos descubierto que ciertas personas,

señaladamente aquellas cuyo desarrollo libidinal experimentó

una perturbación (como es el caso de los perversos y los

homosexuales), no eligen su posterior objeto de amor según el

83
Alfonso Sarabia

modelo de la madre, sino según el de: su persona propia.

Manifiestamente se buscan a sí mismos como objeto de amor,

exhiben el tipo de elección de objeto que ha de llamarse

narcisista. En esta observación ha de verse el motivo más fuerte

que nos llevó a adoptar la hipótesis del narcisismo” (Freud,

1914 p.83).

Sin duda se vislumbra allí el proceso proyectivo que le permite al sujeto evitar

la confrontación con la diferencia radical del otro; el narcisismo del que el sujeto no

logra desprenderse sino difícilmente, implicaría una disminución en la economía

necesaria para la transformación efectiva de la realidad, tarea que Freud (1914) asigna a

los seres humanos.

Pero el abandono de la omnipotencia narcisista bajo la coacción de esta misma

realidad no se produce sin sufrimiento; se concibe que un sujeto entregado al mundo

sólo lo aborde tratando de reencontrar en él (o incluso de imprimir en él) su propia

imagen, con el fin de salvaguardar ese estado de plena autonomía del que obtenía toda

la satisfacción. También se aborda con esta paradoja existencial el último gran

interrogante de Freud acerca del narcisismo, que concierne a la salida posible de ese

estado o, en otras palabras, a lo que incita al sujeto a investir un mundo que en adelante

lo obligará a respetar coacciones y límites.

Freud responde a esta cuestión sólo desde el punto de vista económico,

invocando el carácter nocivo que tiene para el yo un estancamiento libidinal capaz de

provocar la aparición de síntomas neuróticos y de desencadenar la dinámica regresiva

propia de los síntomas parafrénicos.

“Parece que la acumulación de la libido narcisista no se

tolera más allá de cierta medida. Y aun podemos imaginar que

84
Alfonso Sarabia

se ha llegado a la investidura de objeto justamente por eso,

porque el yo se vio forzado a emitir su libido a fin de no

enfermar con su estasis. Si estuviera en nuestros planes

ocuparnos más a fondo de la dementia praecox, les mostraría

que el proceso que hace desasirse a la libido de los objetos y le

bloquea el camino de regreso se aproxima al de la represión y

ha de concebirse como su correspondiente” (Freud, 1917 p.383)

Una vez más, como en el caso de la explicación económica de la formación del

narcisismo, queda por encarar el punto de vista dinámico, y dilucidar la causa de esta

incitación a salir de las fronteras del narcisismo, siendo que el sujeto no pide más que

prolongar la situación de autarquía que lo colma.

Se comprende que la investidura del mundo exterior no puede realizarse sin las

satisfacciones narcisistas que aportan los reencuentros con la imagen singular, y que

ésta, en su omnipresencia, permite que se establezcan las relaciones humanas. Freud

(1914) lleva entonces más lejos la investigación, y se pregunta si es concebible que toda

la libido pase a las investiduras de objeto, y si ése es su destino.

Las explicaciones precedentes, relativas a las consecuencias de una

desinvestidura excesiva del mundo exterior en favor de un yo desbordado por una

demasía de libido, y la verificación de la dificultad que experimenta el sujeto para

abandonar su universo narcisista, no son coherentes con la hipótesis emitida.

Volviéndose entonces hacia la psicología de la represión, Freud (1914) aísla una

instancia yoica ideal que parece incluida entre las condiciones esenciales del proceso y

que permite al yo derivar sobre ella una parte de su libido. Esta instancia ideal hacia la

cual el yo no cesa de tender se presenta, desde Introducción del narcisismo, como un yo

ideal (ideal Ich) dotado de la antigua omnipotencia de la que gozaba el yo real

85
Alfonso Sarabia

(wirkliche Ich), o bien como un ideal del yo (Ich-ideal), dotado de un estatuto de

modelo y cuya finalidad hace intervenir necesariamente la función del juicio.

La distinción de esta instancia ideal en yo ideal e ideal del yo se puede advertir

ya en Freud cuando evoca por un lado la exaltación de las cualidades de un yo en

posición de superlativo absoluto (yo ideal), y por otro la perfecta conformidad de un yo

con los valores heredados de las instancias parentales y de la sociedad en general (ideal

del yo). “Lo que él proyecta ante sí como su ideal es el sustituto del narcisismo perdido

de su infancia; en aquel tiempo, él mismo era su propio ideal.”. (Freud, 1914 p.91)

En la línea del desarrollo del yo, el yo consiste en alejarse del narcisismo

primario, y engendra una aspiración intensa a recobrar ese narcisismo. Ese alejamiento

se produce por medio del desplazamiento de la libido hacia un ideal del yo impuesto

desde el exterior; la satisfacción se obtiene por la realización de ese ideal.

En consecuencia, la respuesta al interrogante sobre el destino de la libido

aparece claramente y concierne a todas las desviaciones posibles que encuentra la

pulsión sexual en el camino hacia la investidura de objeto, si se considera a este último

sólo en tanto objeto sexual.

No obstante, falta aún disociar lo que ocurre con el objeto a título de

idealización, y lo que sucede con la pulsión como sublimación, sabiendo que la primera

(la idealización) puede llevar al sujeto a la catástrofe pasional que resulta de la

proyección del ideal del yo sobre el objeto en sí.

Comparando el amor pasión o enamoramiento con la hipnosis, en el sentido de

que el enamorado, como el hipnotizado, se desprende de todo su narcisismo en favor del

objeto (y ello porque éste ocupa el lugar del ideal del yo del sujeto), Freud (1921)

subraya, en Psicología de las masas y análisis del yo, la fragilidad enfermiza de un

sujeto que hubiera abandonado su yo en favor del objeto, o que incluso haya

86
Alfonso Sarabia

introyectado el objeto con un modo de identificación llamado, precisamente,

identificación narcisista.

Para Lacan (1960) esa identificación narcisista aparece en la fuente de la

relación imaginaria y libidinal del hombre con el mundo en general. En efecto, si el

sujeto ve su ser en una reflexión con relación al otro, según nos lo enseña el estadio del

espejo, sólo puede asignarse un lugar en el mundo gracias a la introyección de lo que él

percibe en el otro, y esto en una mirada que se le dirige. Introyectar la mirada del otro

contribuye entonces a verse a sí mismo y a fundar un yo originario (Ur-Ich) que dará

lugar a la vez al ideal del yo como referente simbólico que gobierna todo el juego de las

relaciones con el otro. Por otro lado, el yo ideal es la representación imaginaria cuya

apariencia se inscribe en el marco trazado por el ideal del yo.

La dinámica que así se instaura entre las dos instancias ideales del yo es además

explicada en el llamado “esquema óptico” de la ilusión ramo de flores invertido en la

Observación sobre el informe de Daniel Lagache (Lacan, 1960). Esta depende de que el

sujeto se sitúe más o menos cerca de los bordes de su imagen real forjada en los

términos de la experiencia de Bouasse, y de la inclinación más o menos pronunciada,

que se imprima al espejo plano añadido a la experiencia.

“La distinción se efectúa en esta representación entre el

Ideal-Ich y el Ich-Ideal, entre yo ideal e ideal del yo. El ideal del

yo dirige el juego de relaciones de las que depende toda

relación con el otro. Y de esta relación con el otro depende el

carácter más o menos satisfactorio de la estructuración

imaginaria”. (Lacan 1953-1954 p.214)

Lacan, entonces diferencia un primer narcisismo, que se ubicaría en el nivel de

la imagen real del esquema e indicaría una cierta cantidad de marcos preformados de la

87
Alfonso Sarabia

realidad, y un segundo narcisismo, reflejado por el espejo, que tendría que ver con la

relación con el otro.

Ahora bien, una vez descrita de este modo esta organización psíquica, se

identifica mejor, en la prolongación directa de la perspectiva freudiana, lo que puede

llevar a un individuo a despojarse de su propia estima en favor de la idealización del

otro-objeto o, en otras palabras, lo que verdaderamente puede hipnotizarlo al punto de

que se produzca una especie de vaciamiento mortífero que lo entregue totalmente a la

voluntad del otro.

Se evoca además la presencia del doble, efectivizada por la visión en el otro de

la propia imagen especular, cuando el sujeto ve bruscamente surgir ante él su propia

mirada, que entonces afirma que le ha sido robada. Los tiempos de la dinámica

especular -tiempo de impregnación de la imagen (marco genérico) y tiempo de

captación por la imagen (unidad corporal)- se encuentran a la vez confundidos y

suspendidos en un momento regresivo de estupefacción, ese momento que provoca la

imagen especular cuando ella, más allá del espejo, alcanza un punto de reconocimiento

familiar (Heim) situado en el Otro.

Lacan (1962-1963) en el seminario sobre La Angustia explica la cuestión de la

fascinación provocada por el doble. El sujeto se debate con su agresividad, esencial para

la constitución de su imagen y para su proyección sobre el mundo. Por su vez esta se

vuelve entonces en su contra, de una manera tanto más peligrosa en tanto que él

continúa abismándose en esta imagen narcisica.

Sin duda, el sujeto así captado resuelve, de cierta manera, la discordancia

primordial entre el yo imaginario y el ser inaccesible, que entonces se funden. De otro

modo, él tendría que trabajar en la resolución de esa discordancia, sin jamás alcanzarla.

Y si la alcanza, lo hace: “toda resolución de esa discordancia mediante una coincidencia

88
Alfonso Sarabia

ilusoria de la realidad con el ideal debe de resonar hasta en las profundidades del nudo

imaginario de la agresión suicida narcisista”. (Lacan, 1946 p.177)

El narcisismo atraviesa el campo psicoanalítico participando a la vez de la teoría

de la libido y de la constitución del yo. Es el lugar de la imagen especular y permite al

sujeto dirigirse al objeto sin perderse en él. La proyección de la imagen especular sobre

la realidad o el reflejo que ésta devuelve legitima en parte el interés que el hombre tiene

por los asuntos del mundo. La finalidad del narcisismo no es tanto saciarse, ni tratar de

confundir la imagen ó la realidad en una búsqueda imposible. Esta búsqueda se traduce

como una aspiración hacia un ideal sublimado que, de manera desviada, entregará al

sujeto a las aspiraciones narcisistas de la civilización.

Sigue no obstante muy presente el escollo de caer en la fascinación de la imagen

descubierta y, si la desinvestidura del objeto conduce a veces a las enfermedades del yo

que Freud agrupa en la categoría de las “neurosis narcisistas”, esto ocurre sin duda

porque lo irreductible desconocido que habita la respuesta que el otro da al sujeto,

devuelve a este último a la pendiente regresiva de las satisfacciones infantiles

abandonadas, las mismas que ubicaban al niño en el centro del mundo.

El narcisismo presenta una investidura libidinal que contribuye a la salvaguardia

del yo y a las obras de la civilización. Como estadio infantil de la evolución del yo y de

la libido se inscribe en un sistema energético de economía reducida, cuyo modelo

fantasmático provendría de la organización autárquica absoluta.

El narcisismo es esencial para la definición del ser humano, da además forma a

la realidad en cuanto ocupa el lugar del espejo, que recubre para el sujeto los elementos

de seducción indispensables para su investidura. Lacan formula su poder como sigue:

“... esa pasión de ser un hombre, diré, que es la pasión del alma por excelencia, el

89
Alfonso Sarabia

narcisismo, que impone su estructura a todos sus deseos, incluso aún a los más

elevados”. (Lacan, 1946 p.178)

Lacan (1948) al respecto del pasaje del autoerotismo al narcisismo articula que

esto se debe por la necesidad de abandonar el estricto universo narcisista por la coacción

ante la cual coloca al sujeto esta imagen singular. Según el autor se trata de imprimir en

la realidad esa misma imagen, soporte obligado de la estructuración del mundo y de las

actividades voluntarias. “La furiosa pasión, que especifica al hombre, de imprimir en la

realidad su imagen es el fundamento oscuro de las mediaciones racionales de la

voluntad”. (Lacan, 1948 p.109)

Entonces la doble pertenencia de la imagen del cuerpo al mundo de las

representaciones psíquicas del sujeto y al mundo de las percepciones exteriores tiene la

pertenencia explicitada en el estadio del espejo. Lo que permitirá comprender este modo

ulterior del sujeto de inscribir su imagen en el mundo y con ello darle a este último toda

su significación. Lacan resume como sigue esta dinámica a la vez existencial y

metapsicológica:

“La imagen de su cuerpo es el principio de toda unidad

a percibir en los objetos. Ahora bien, de esta misma imagen él

sólo percibe la unidad afuera, y de una manera anticipada. A

causa de esta relación doble que se tiene consigo mismo, todos

los objetos del mundo se estructuraran siempre en torno a la

sombra errante del propio yo”. (Lacan 1954-1955 p.252)

El narcisismo primario designa un estado precoz en el que el niño catectiza toda

su libido sobre sí mismo. El narcisismo secundario designa una vuelta sobre el yo de la

libido, retirada de sus catexis objetales.

90
Alfonso Sarabia

Estos términos tienen, en la literatura psicoanalítica, e incluso en la misma obra

de Freud, acepciones muy diversas, lo que impide dar una definición unívoca más

precisa que la que proponemos.

La expresión narcisismo secundario ofrece menos dificultad que la de

narcisismo primario. Freud (1914) la utiliza, desde Introducción al narcisismo, para

designar estados tales como el narcisismo esquizofrénico:

“Un motivo acuciante para considerar la imagen de un

narcisismo primario y normal surgió a raíz del intento de

incluir bajo la premisa de la teoría de la libido el cuadro de la

dementia praecox (Kraepelin) o esquizofrenia (Bleuler). Los

enfermos que he propuesto designar “parafrénicos” muestran

dos rasgos fundamentales de carácter: el delirio de grandeza y

el extrañamiento de su interés respecto del mundo exterior

(personas y cosas)”. (Freud, 1914 p.72)

Para Freud, el narcisismo secundario no designa únicamente ciertos estados

extremos de regresión; constituye también una estructura permanente del sujeto: a) En

el plano económico, las catexis de objeto no suprimen las catexis del yo, sino que existe

un verdadero equilibrio energético entre estos dos tipos de catexis; b) En el plano

tópico, el ideal del yo representa una formación narcisista que jamás es abandonada.

El concepto de narcisismo primario experimenta variaciones extremas de uno a

otro autor. Se trata aquí de definir una fase hipotética de la libido infantil, y las

divergencias existentes se refieren, de un modo complejo, a la descripción de dicho

estado, a su situación cronológica y, para algunos autores, incluso a su existencia.

Para Freud, el narcisismo primario designa, de un modo general, el primer

narcisismo, el del niño que se toma a sí mismo como objeto de amor antes de elegir

91
Alfonso Sarabia

objetos exteriores. Tal estado correspondería a la creencia del niño en la omnipotencia

de sus pensamientos.

Si se intenta precisar el momento de la constitución de tal estado, se encuentran,

ya en Freud, algunas variaciones. En los textos del período 1910-1915, esta fase se

localiza entre la del autoerotismo primitivo y la del amor de objeto, y parece ser

coetánea a la aparición de una primera unificación del sujeto, de un yo. Más tarde, con

la elaboración de la segunda tópica, Freud designa con la noción de narcisismo primario

un primer estado de la vida, anterior incluso a la constitución de un yo, y cuyo arquetipo

sería la vida intrauterina. Desaparece entonces la distinción entre el autoerotismo y el

narcisismo.

92
Alfonso Sarabia

CAPÍTULO 4: La clínica psicoanalítica

«Pero él, ¿dónde está él?


¿Dónde hallar la oscura huella de la antigua culpa?».
Freud, S.

93
Alfonso Sarabia

4.1. El caso “Peter”. Algunas dificultades en el análisis de el caso clínico.

El presente apartado es el análisis de un caso, a partir de la experiencia clínica en

un centro penitenciario. Esta viñeta clínica es a partir de un caso de parricidio,

perpetrado por un sujeto del género masculino de 32 años de edad, a quien llamaremos

Peter, quien actualmente se encuentra en el Área de Inimputables del CE.PRE.RE.SO.

(Centro Penitenciario de Rehabilitación Social), es importante señalar esto, ya que pese

a ser declarado inimputable, se encuentra formalmente preso.

Difícil es empezar la redacción del mismo, si bien, existieron diversas

complicaciones en el desarrollo del caso, también las existieron el desarrollo del

historial. En primer lugar, por las condiciones mismas en las que el presente caso se

desarrolla, el hecho de trabajar en una institución carcelaria, nos sujeta (al analizante y a

mi) a otro tipo de discurso. Aventurado sea también hablar de una psicosis de

transferencia, pero sin duda, la transferencia que aquí se estableció no fue en el campo

de la neurosis. En el desarrollo del historial, difícil es esclarecer un diálogo como tal,

pues queda borrado por la naturaleza misma de la psicosis, pues en el psicótico lo hay es

un discurso del amo. Sin duda habla, pero lo que dice, no va dirigido a mí, Peter le

habla a su delirio, que es precisamente donde está jugada la transferencia. Peter está

tomado por su delirio. Si bien como dice Lacan (1958) en su texto La dirección de la

cura y los principios de su poder: “la transferencia calificada de sexual está en el

principio del amor que ha sido llamado objetal. La capacidad de transferencia mide el

acceso a lo real. No se podría subrayar demasiado lo que hay aquí de petición de

principio” (p.585). Aquí este principio de amor objetal, queda excluido de manera

apriorística, pues tal vez en si, ni siquiera exista demanda.

94
Alfonso Sarabia

Preocupémonos mas por los significantes, pues la verdad el historial como tal,

poco importa para pensar el caso, es en el escribir como esta puesta la transferencia en

la psicosis, cuando de narrar un caso se trata, Peter ubica en el delirio un supuesto saber,

En el sentido, a que hacia referencia anteriormente con la

cita de Lacan, no es al analista a quien ama, sino a su delirio, a

mi solo me queda hablar de el. Tal vez, resulte enojoso narrar el

caso como a continuación lo presento, pero como diría Freud:

“No he sido psicoterapeuta siempre..... A mí mismo me resulta

singular que los historiales clínicos por mí escritos se lean como

unas novelas breves, y de ellos esté ausente, por así decir, el

sello de seriedad que lleva estampado lo científico. Por eso me

tengo que consolar diciendo que la responsable de ese resultado

es la naturaleza misma del asunto, más que alguna predilección

mía..... Tales historiales clínicos pretenden que se los aprecie

como psiquiátricos, pero en una cosa aventajan a estos: el íntimo

vínculo entre historia de padecimiento y síntomas patológicos,

que en vano buscaríamos en las biografías de otras

psicosis.”(1893-1895,p.174.)

4.2. Los hechos.

La tarde del 27 de diciembre de 1999, en el municipio de C..., Peter llegaba a su

casa, tras haber tomado con sus amigos, saludaba a su madre, la Sra. I. Se dirigió a su

cuarto, saludando a dos obreros, que en ese momento realizaban una obra dentro de su

hogar, y se encerró en su habitación, y de ahí, no saldría nunca.4

4
Ante la imposibilidad de tomar la declaración de la víctima, el presente caso está realizado con base a
las declaraciones realizadas exclusivamente por Peter.

95
Alfonso Sarabia

En ese momento, su padre, el Sr. Roman. entraba en la habitación de su hijo,

también bajo el influjo del alcohol. Peter se encontraba descansando en su cama, cuando

el Sr. Roman, comenzó a provocarle, él no recuerda qué se dijo, en ese momento Peter

se levantó de la cama, discutieron y él empujo al Sr. Roman, éste se golpeó la cabeza

contra un mueble, cayó y falleció instantáneamente.

¿Acaso son estas las acciones cumplidas de manera involuntaria de las que nos

hace referencia Freud en Psicopatología de la vida cotidiana (1901), donde el actor

nada sabe de un propósito que se le enlace? Pues no se las imputa a sí mismo ni se

considera responsable del acto. Por una parte, el comentario señala las consecuencias

prácticas y sociales de este tipo de “distracciones”.

En el instante que el Sr. Roman cae al piso, Peter, pasa sobre él, sale de la

habitación y se sube a la azotea de su casa, en donde se sienta y se dispone a fumar.

Al poco tiempo oye que la madre entra a su cuarto, escucha llantos y gritos,

imagina que su padre ha caído de borracho, y que su madre discute con él, tal vez

argumenta, es que le lleva a la cama.

Mientras permanece arriba, se percata de que llega una camioneta, la cual

supone es de unos primos, luego escucha nuevamente gritos en el interior de la casa.

Esta vez decide asomarse y ver que sucede, se da cuenta de que son agentes judiciales.

Quienes sólo le preguntan su nombre y ¿de quién es esa habitación? Contestado ambas

preguntas, le piden que los acompañe.

Será trasladado al Ministerio Público donde fue interrogado y levantada el acta,

y mientras esto sucedía, dice: - fue como si mágicamente se me ocurriera preguntar por

qué estaba ahí- en eso la meritoria que mecanografiaba su declaración le dice: -tú estas

aquí por el homicidio del Sr. Roman. “No puede ser, si él es mi padre” respondió Peter,

haciéndose en ese momento acto, pues él nada sabía de lo que había sucedido. Fue en

96
Alfonso Sarabia

ese momento en que su padre se hizo padre. En tanto este acto es el que da una

posibilidad de simbolización.

Permanecería en el Municipio de C. dos años y medio, antes de ser trasladado al

penal de la Capital, en donde dos guardias de la ciudad de C., le preguntaran si sabe

porque está ahí, Peter responderá: -por homicidio- y el guardia le corregirá diciendo –

no, no es homicidio, es por parricidio, eso significa que mataste a tu padre-.

Ante esta respuesta Peter se quedó impresionado, siendo así, que él no sólo

entiende a quien a matado, sino la importancia de lo que ha hecho, entonces, y así lo

comunicara, sabe que su crimen, es más grave que el crimen de los otros, introduciendo

un significante en el campo de la diferencia.

Y entonces, empezará, una fase de negación del suceso, es ahí donde yo le

encuentro después de 6 años de los hechos.

4.3. Diagnóstico Psiquiátrico.

La presente es la recopilación psiquiátrica, elaborada por el MD. Adscrito al

Centro Preventivo de Readaptación Social No. 1. (CE.PRE.RE.SO)

Acude masculino presentándose con mal estado de aseo y aliño personal.

Adoptando una actitud relativamente cooperadora. No presenta movimientos anormales.

Se muestra con retraimiento y ensimismamiento. Niega la presencia de alteraciones

sensoperceptuales. La organización de su pensamiento es coherente un ritmo vacilante.

El curso de su pensamiento es bradipsíquico, con parquedad, pobreza en su

productividad. En el contenido no estructura una ideación paranoide. Afectivamente con

tendencia al aplanamiento. COMENTARIO: Peter es paciente que ha sido tratado en

este penal desde Mayo del 2002. Tiempo en que se le diagnosticó: Síndrome Depresivo

Postraumático, Probable Retraso Mental, VS. Esquizofrenia de tipo a determinar. Su

evolución fue con altibajos es decir, con episodios de estabilidad alternados con estado

97
Alfonso Sarabia

de franca desorganización conceptual. Se encontró en sus evaluaciones alteraciones en

el sensorio lo que enfocó la atención hacia un probable trastorno eléctrico cerebral, no

obstante y a pesar de no contar con EEG, se pensó en probables crisis parciales

complejas, por lo que se inició medicamento anticomical con el que tuvo periodos más

largos de estabilización. No obstante en sus episodios de funcionamiento psicótico se

encontraba el “Automatismo Mental” propio de los procesos esquizofrénicos. Por lo que

el tipo de Hipótesis Diagnóstica es:

Trastorno Esquizofrénico Indiferenciado VS.

Trastorno Mental y del Comportamiento Secundario a Disfunción Cerebral.

(¿Epilepsia Temporal?)

(Fin de Recopilación Psiquiátrica)

Aquí se habrá que dar lugar a una discusión sobre el diagnostico que emite el

psiquiatra responsable, el DSM- IV nos dice que el Trastorno Esquizofrénico F20.3x

Tipo indiferenciado [295.90] es un tipo de esquizofrenia en que están presentes los

síntomas del Criterio A de la Esquizofrenia, pero que no cumple los criterios para el

tipo paranoide, desorganizado o catatónico.

Los Síntomas de Criterio A de la Esquizofrenia según el DSM-IV son:

(1) Ideas delirantes

(2) Alucinaciones

(3) Lenguaje desorganizado (p. ej. Descarrilamiento frecuente o incoherencia)

(4) Comportamiento catatónico o gravemente desorganizado

(5) Síntomas negativos, por ejemplo, aplanamiento afectivo, alogia o abulia

No se puede afirmar que el hecho de que en Peter opere una negación

(Verneinung), a cerca del homicidio de su padre sea una idea delirante, “no siempre al

reproducirse su percepción de los hechos, se la repite con fidelidad, puede resultar

98
Alfonso Sarabia

modificada por omisiones, o alterada por contaminaciones de diferentes

elementos”(Freud, 1925, p. 256), así lo señala Freud, es esto también parte de esta

negación, no se puede afirmar entonces que el paciente tiene un lenguaje

desorganizado. El paciente en definitiva no sufre de alucinaciones, por lo demás dista

mucho de hacer otro tipo de síntomas, si bien existe la posibilidad de que el psiquiatra

refiera un comportamiento catatónico, ya sea secundario a disfunción cerebral o

epilepsia temporal, ¿seré esto un motivo para declarar a alguien inimputable?

No dejo de afirmar la posibilidad de que Peter pueda asumirse como culpable, en

pro de que el castigo, es decir, la pena que actualmente cumple, tenga en si, un sentido

pleno.

4.4. Historial Clínico.

“Yo no tengo quien hable por mí” será la frase inicial con que Peter me recibirá,

y si bien esto es cierto, en tanto carece de abogado y de cualquier otro tipo de

representante legal, él mismo carece de la posibilidad de representación, una vez que le

falta una asunción al simbólico, por lo tanto no puede dirigirse a una ley. De hecho, él

mismo no puede dar cuenta de un homicidio que no reconoce haber cometido, pues

aquél que él era no era él. Es ésta la característica principal del pasaje al acto, donde el

sujeto borra toda huella, y se ubica fuera de escena, sin que el pueda darse cuenta de

ello.

“¿A quién se le ocurre matar a su padre?”. Es así como él lanza la primer

pregunta al aire, como explicitando que es algo de lo que no seria capaz de hacer.

Empieza a hacer un recuento de los hechos, haciendo un recorrido desde antes

del acto hasta después del acto, omitiendo la escena en la que su padre entra en la

habitación. A lo que dice: “Habría que ver en qué lugar murió, en el lugar de quién eso

me daría mi libertad”. Esto en el sentido de que si se resolviera que el cuerpo no fue

99
Alfonso Sarabia

hallado en su habitación, entonces él no cometió el homicidio, planteando como

posibilidad. El hecho de que se cayera, (nótese que ya no dijo que él lo empujara,

asumiendo un proceso fenomenológico más), se levantara, y se fuera a morir a otro

lado, -pero se fue a morir en mi habitación- o en su lugar. Pero ¿en el lugar de quién?

¿Del padre? ¿Es qué acaso ahí había padre?

“Me echaron la culpa, me hicieron responsable, aunque yo no lo acepto”. Es la

ley, quien lo culpa de un delito, una ley de la que él nada sabe, y si nada sabe de esta

ley. Para Peter no hay ni prohibición ni trasgresión, así que este castigo es injusto, pues

es culpable sin que para él exista delito alguno que perseguir. Para el, el Sr. Roman se

cayó, se pegó, y se murió.

Ante este suceso el decía: “–Tengo que seguir negándolo, es peor si me hecho la

culpa ¿cómo voy a reconocer que si soy culpable?”. Si bien pareciera que existe una

afirmación {Bejahung}en tanto decir que si, en el momento que dice “seguir

negándolo” como si aceptara el hecho de que ha sido el quien ha cometido el homicidio,

y estuviese consciente de ello y eligiese negarlo en la misma forma. Ya Freud, en su

articulo de La negación (1925), nos hablara de una función intelectual del juicio

Es precisamente en esta afirmación, donde opera una negación, es decir, afirmar

o negar contenidos de pensamiento, donde las consideraciones anteriores nos llevarán al

origen psicológico de esa función. Ante la pregunta -¿cómo reconocer que si soy

culpable?- nos afirma esta cuestión de la negación, Verneinung, donde el sujeto se

plantea a manera de interrogante, que él no es culpable del acto que se le imputa.

Freud dirá (1925) “El gusto de negarlo todo, el negativismo de muchos

psicóticos, debe comprenderse probablemente como indicio de la desmezcla de

pulsiones por débito de los componentes libidinosos. Ahora bien, la operación de la

función del juicio se posibilita únicamente por esta vía: que la creación del símbolo de

100
Alfonso Sarabia

la negación haya permitido al pensar un primer grado de independencia respecto de las

consecuencias de la represión y, por tanto, de la compulsión del principio de placer”

(p.26-27).

Peter insiste diciendo “Me pusieron como culpable y me mandaron para acá”. Es

en este sentido que opera la negación, no sólo en el hecho de no admitir su culpabilidad,

sino es precisamente por el efecto mismo de la represión que el sujeto no se sabe

culpable. Es en este sentido que se habla de un ahorro libidinal ante el hecho de no

saberse culpable, pues el costo de ello le generaría, depresión, angustia, y por supuesto

culpa.

Ante el acto una vez perpetrado el comenta: “Esperaba que me lo tomaran como

accidente, no sabia que iba a pasar”. Pues bien, hablamos de un homicidio que no es

imprudencial, hay toda una puesta en escena para que se cometa este acto, pero los

motivos de este crimen paranoico tienen que ver con algo del inconsciente de Peter que

queda desvelado de forma accidental. Pues se habla de que la pulsión agresiva que se

resuelve en el asesinato, aparece así como la afección que sirve de base a la psicosis. Se

la puede llamar inconsciente, lo cual significa que el contenido intencional que la

traduce en la conciencia no puede manifestarse sin un compromiso con las exigencias

sociales integradas por el sujeto. Es decir sin un camuflaje de motivos, que es

precisamente todo el delirio.

Luego entonces el accidente no es el que Peter haya empujado a su padre, de

esto el ni siquiera da cuenta, el accidente, es que Peter está preso, y claro el no sabia que

esto iba a pasar.

Cuando se aborda la relación que llevaba con su padre el dice: “No es que no

quisiera a mi papá, nos llevábamos como cualquiera”. Se establece una nueva negación

101
Alfonso Sarabia

siendo un contenido de representación o de pensamiento reprimido que irrumpe en la

conciencia a condición de dejarse negar.

Lo que se cuestiona aquí es cuando se refiere a cuando menciona nos llevábamos

como cualquiera. ¿Cómo como cualquiera? No es precisamente el padre quien

represente la distinción entre la ley y los otros. ¿Puede ser el padre tratado como

cualquiera? ¿Qué significante representaba el padre? Tal vez cualquiera, y en este

sentido, también es una perdida cualquiera.

Por otro lado, esta cuestión también se puede articular con la agresividad de

Peter a este otro cualquiera, a este semejante que tenia una posición de doble para él. En

estas condiciones no había un tercero para reglar la relación. Se trata de un puro

espejismo.

En cierta ocasión el dice: “Me quedé sorprendido de lo que pasó y me quedaré

sorprendido hasta quedar libre”. Pero cuando se hace referencia a esta sentencia, deja

claro lo mencionado anteriormente, lo que le sorprende, no es la muerte del padre en sí,

sino el hecho de estar encerrado, en tanto el no se sabe responsable del acto.

A todo esto el dice: “A veces pienso que Dios me castigó, tal vez era mi destino

que Dios me ayude a salir bien de aquí”. En este sentido se sabe castigado, por una ley

divina, de la que espera, haga justicia y le ponga en libertad. Pues aunque si bien es

consciente de que actualmente su encierro representa un castigo por un crimen que se le

imputa, no por ello se asume como culpable.

102
Alfonso Sarabia

CAPÍTULO 5: Conclusiones

El gran secreto del psicoanálisis es que no hay psicogénesis

J.Lacan

103
Alfonso Sarabia

5.1. Conclusiones.5

Si un sujeto considerado psicótico comete un delito, subjetivamente no se puede

decir que trasgredió la ley, pues en él no hay ninguna ley propiamente instaurada,

debido a las fallas simbólicas propias de dicha estructura. Sin embargo, la presencia de

una ley social, implica que sin importar la estructura del sujeto, en la comisión de un

delito, hay una transgresión a ésta.

En alemán la palabra “Schuld”, (Milmaniene, 2004) significa indistintamente

culpa y deuda. El sentido doble del término nos sugiere una convicción inicial: somos

culpables en tanto deudores. Deudores de una deuda imposible de cancelar y siempre

deja -más allá de los pagos realizados- un saldo o resto que se subjetivizará como culpa.

Somos legatarios culposos del parricidio míticamente acontecido en el origen de

los tiempos históricos, según Freud (1913). El crimen primordial funda a la ley en su

obediencia retrospectiva. Emergen en el mismo movimiento el delito, y la ley, la

transgresión y la culpa.

La palabra inimputable es un concepto asociado al de enfermedad mental y

simulación en el sistema judicial, la palabra inimputable es un estado legal que

determinado por la autoridad judicial indica que una persona no es responsable de sus

actos si se ve privado de su salud mental e incluso privado de algunas condiciones

cognitivas. (Academia Americana de Psiquiatría y Leyes, 1996).

Casos de psicóticos que han cometido un acto criminal han sido abordados por

grandes teóricos, psicoanalistas y juristas: el Crimen del Cabo Lortie, analizado por el

jurista y psicoanalista francés Pierre Legendre, el caso Pierre Riviere, descrito por

Michel Foucault, la Aimée de Lacan, las hermanas Papin que inspiraron, entre otros

intelectuales y artistas de la época, a Jean Genet para montar su obra “Las Criadas”, así

5
Estas ideas fueron expuestas en el marco del “3er Coloquio de Investigación de la Red Multiregional de
Programas de Posgrado de Calidad en Psicología”.

104
Alfonso Sarabia

como el caso de Louis Althusser, célebre filósofo marxista y estructuralista francés,

quién estranguló a su esposa Hélèn, con quién había convivido durante más de treinta

años, siendo confinado a un centro psiquiátrico, teniendo repercusiones subjetivas

relacionadas con la culpa y el hecho de no haber sido “sancionado”.

En la obra de Althusser El porvenir es largo (1992), escrita en el psiquiátrico,

pide ser enjuiciado conforme a la ley, quizás, como un llamado a ser inscrito de nuevo

en el mundo simbólico, es decir, ser sujeto…a un juicio. Pagar su deuda, deudor de una

deuda imposible de saldar cuya única salida sería ser subjetivada como culpa.

El punto es analizar hasta que grado se es “responsable” de un acto delictivo más

allá de la locura y de la moral, es decir, ¿el loco es o no responsable de sus actos?

Incluso ¿Qué de su subjetividad está en juego y qué repercusiones psíquicas tiene el que

no sea acusado?

La responsabilidad que se intenta articular no es una responsabilidad moral, sino

subjetiva. La responsabilidad puede ser vista desde diversos puntos, la ya mencionada

responsabilidad “moral” que simplifica los hechos tornándolos en binomios engañosos

sobre “lo bueno” y “lo malo”. La responsabilidad vista desde la criminología, donde el

criminal “mentalmente anormal” (término que utilizan y que habría que poner en

discusión la supuesta normalidad mental) no tiene responsabilidad alguna, pues se

entiende que se ha visto dañada su estructura del “acto libre y voluntario”. Es decir, el

conocimiento que tiene de sus actos y decisiones, por tanto es inimputable dejando

fuera toda responsabilidad.

La “responsabilidad penal” desde el derecho, está en relación con las

consecuencias del delito, consistentes en la obligación de sufrir las consecuencias de los

actos ilícitos tributarios de una pena, así como el deber de cumplirla. Es decir sigue la

105
Alfonso Sarabia

siguiente cadena: Ley – Prohibición – Trasgresión – Castigo. Donde la culpabilidad es

la que impone los objetos de prohibición.

El psicoanálisis puede aportar nuevas elucidaciones desde el concepto de

responsabilidad subjetiva, es decir, aquello que atañe al sujeto y que sin embargo, el

desconoce de si mismo.

Decía Freud (1901) “Si a ciertas insuficiencias de nuestras operaciones psíquicas

y a ciertos desempeños que parecen desprovistos de propósito se les aplica el

procedimiento de la indagación psicoanalítica, demuestran estar bien motivados y

determinados por unos motivos no consabidos a la conciencia.” (p. 135)

Por tanto, estas indagaciones de las que nos habla Freud permiten poner en

cuestionamiento si la responsabilidad reside en la objetividad de la razón o si por el

contrario las elucidaciones freudianas y lacanianas del sujeto y del inconsciente aportan

alguna otra forma de abordar esta problemática.

Por una parte, el comentario señala las consecuencias prácticas y sociales de este

tipo de distracciones, de estas acciones involuntarias que bien podrían generar

situaciones enojosas en los vínculos sociales. Pero, lo que nos interesa especialmente en

esta ocasión es subrayar la segunda idea: “El actor, que nada sabe de un propósito que

se les enlace, no se las imputa a sí mismo ni se considera responsable de ellas”. (Freud,

1901, p.206)

Aquí hay tres cuestiones importantes a subrayar (Sarabia, 2006):

1. Este tipo de acciones involuntarias conllevan un propósito que el actor de la

acción desconoce;

2. Hay algo de lo que se espera que el sujeto se haga responsable en relación a

ellas;

106
Alfonso Sarabia

3. La responsabilidad que indica Freud aparece vinculada a ese propósito

desconocido para el sujeto.

Para decirlo más claramente, Freud no parece interesado en destacar cuán

moralmente inaceptable es una acción. No se trata de la responsabilidad moral o social,

de las buenas costumbres o lo moralmente correcto.

En este sentido, el psicótico tiene la peculiaridad de no haber accedido al mundo

simbólico, y por tanto, al mundo de las leyes. Por lo cual, el ser enjuiciado por la ley

podría ser hasta cierto punto estructurante, tal como nos lo revela el caso Althusser

mencionado anteriormente.

Con la noción de sujeto inconsciente, en tanto sujeto que desconoce las causas

de su sufrimiento, me parece que se puede pensar las acciones del loco y sus actos

delictivos de otro modo, modificando las concepciones del derecho, la criminología y la

psicología clásica. Y preguntarnos por las repercusiones subjetivas y la posición que se

les impone al no ser enjuiciados y sometidos a la ley como todo el mundo. Aunque, por

otra parte, cabría hacerse la pregunta si en todos casos se aplica esta regla, o hay algunas

excepciones donde el pasaje al acto borra totalmente al sujeto de su acción.

Es aquí donde coincide el interés con psicólogos y criminólogos, a sabiendas de

que cada experto utiliza diferentes argumentos para dar a los jueces un dictamen, para

hacer afirmaciones acerca de un caso, ya que se espera que estos expertos sean un apoyo

para dictar sentencia y posteriormente llevar al sujeto al proceso de rehabilitación.

Además de generar con ello, un cambio radical en la vida del sujeto que podrá o no,

llevarlo a su reintegración a la sociedad.

En este sentido, el derecho define el delito como una acción (voluntaria) u

omisión típica, antijurídica (contraria al código penal, es decir, tipificada), culpable

(cuando existe la opción de haber actuado de forma diferente) y penada por la ley, por

107
Alfonso Sarabia

lo que pareciera que un delincuente aparece claramente para el sistema jurídico, hasta

enfrentarse a problemas como los “estados de inconsciencia”, la narcosis, o cuando hay

una violencia irresistible que impulsa al actor a ejecutar actos donde la voluntad se halla

sometida, anulada o dirigida, o ante la imposibilidad del sujeto de hacerse responsable

del acto.

Esta medida de que el sujeto que delinque puede y debe ser sancionado (a

diferencia de ser castigado), se contempla como una forma de contención a futuras

trasgresiones o ante el autocastigo. Valdría la pena aquí iniciar un debate con el derecho

penal para puntualizar cómo se lleva la defensa de un sujeto que ha delinquido, bajo qué

términos, es decir qué se defiende y cuáles son los efectos en los sujetos. Y cómo se

retoma la figura de la imputabilidad, o su ausencia en el sistema jurídico.

Las diferentes disciplinas también han tomado en cuenta el perjuicio que causa

un homicidio en la vida del sujeto, y de su contexto social, por lo que algunos

psicoanalistas se han dado a la tarea de intentar explicar cómo se tramita un

acontecimiento de esa naturaleza, cómo hacerse cargo de los actos, propios y ajenos, sin

llevar a la persona a representarse como una víctima, sino como un sujeto que se

responsabiliza del crimen. Lo anterior a diferencia de organizaciones y posturas al

interior de las instituciones que convierten en víctimas a los sujetos que cometen un

crimen al "entender" y "comprender" sus causas, o al quitarle todo sentimiento de culpa

o de responsabilidad a quien ha sufrido las consecuencias de un crimen.

Finalmente se ha podido intervenir en la rehabilitación del sujeto, a través de la

comunicación entre estas tres diferentes perspectivas del sujeto, donde el tratamiento

psicológico y psicoanalítico, aunado a la función del sistema jurídico (con el juicio y la

sanción) logran reincorporar al sujeto en su contexto, haciéndolo responsable de sus

actos e historizando su actuar y su decir.

108
Alfonso Sarabia

Son diversos entonces los puntos que integran el psicoanálisis, la criminología y

el derecho a la discusión, que tendrán que ser profundizados, analizados y posiblemente

aclarados. Los expertos que nos acompañarán en esta discusión proveerán elementos

esenciales para tener una visión general de sujeto ante la ley, que deben ser recuperados

trabajando interdisciplinariamente para procurar que la función de la ley, interna y

externa, así como los actores del proceso, le permitan al sujeto tener nuevamente un

lugar en la sociedad.

El aporte de la presente investigación fue, entonces, la de proponer el trabajo

terapéutico en instituciones carcelarias, pues si bien el sentido del castigo es articular

una culpa y responsabilidad penal en el sujeto, ésta se articula a nivel de lo social, mas

no de lo subjetivo, es decir, el trabajo terapéutico, para hacer un sujeto, precisamente ahí

donde no hay cuerpo que se reconoce a sí como actor.

La “condena” ante una transgresión podrá subjetivizar la responsabilidad del acto, pero

ésta no es una garantía, es por ello que, a partir de esta investigación se considera la

importancia del trabajo psicoanalítico como vía para poder subjetivizar la

responsabilidad y la culpa.

109
Alfonso Sarabia

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