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HISTORIA Y LEYES DE LOS HITITAS TEXTOS DEL REINO MEDIO Y DEL IMPERIO NUEVO ye) Cel Co} eles ie ALBERTO BERNABE Y JUAN ANTONIO ALVAREZ-PEDROSA. AKAL/ORIENTE Diseno interior y cubierta RAG Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art, 270 del Cédigo Penal, podrin ser castigados con penas de multa y privaciGn de libertad quienes reproduz sin la preceptiva autorizaci6n o plagien, en todo 0 en parte ‘a fijada “an artistica © cientific una obra literaria en cualquier tipo de soporte. r, 2009) © Juan Manuel Gonzilez 8: S.A. 2009 © Ediciones Aka Sector Foresta, 1 28760 Tres Cantos Madrid - Espana Tel: 918 061 996 Fax: 918 044 028 www.akal.com ISBN: 978-84-460-0945-0 Depésito legal: M-41.540-2009 Impreso en Lavel, S.A Arid) Humanes ( PROLOGO Las grandes celebraciones religiosas y los rituales hititas presentados en este libro manifiestan una parte relevante del trasfondo cultural de este pueblo anatélico del I] milenioa.C. Mucha de la fama histérica que se le arribuye al reino hirira de Harti se debe al protagonismo alcanzado como potencia politico-militar en el Oriente Préximo antiguo, enfren- randose a poderes seculares como Egipro, Asiria o previamente alos hu- rritas de Mitanni. Sin embargo, lo que permite comprender algo més de su comportamiento humano y sus creencias se puede rastrear en su inte- rés por lo trascendente y por todo lo que de sobrenatural les rodeaba Algo que ha quedado reflejado, en gran medida, en este tipo de docu- mentaci6n hitita de carécter mdgico-religiosa todavia mal conocida, aunque forme el corpus literario més extenso que se ha conservado den- tro de los archivos de tablillas de arcilla con escritura cuneiforme! de Hatti. El anilisis, ademis de la seleccidn y el comentario presentados aqut, de alguno de los mas destacados textos hititas conservados, reteridos tanto a los festivales estacionales de cardcter estatal como a los rituales particulares relacionados con aspectos especiales del devenir diario, permitird un acercamiento a esta civilizaci6n desde una perspectiva distinca a la que estamos acoscumbrados?. El comportamicnto hitita y sus tradiciones religiosas integradoras deben mucho asus raices indoeuropeas originarias y a las influencias ex- ' Denominacién dada por la disposicién de una serie de signos impresos, en forma de pequeiios clavicos agrupados regularmente, que poseian generalmente un valor fonético. * Complementando otros Libros publicados en esta misma coleccién, como los de A. Bernabé y J. A. Alvarez-Pedrosa, Historia y Leyes de los hititas, Textos del Imperio An- sigue, El Cédigo, Madrid, 2000: y por los mismos autores-editores, Tectos histéricos (Par- ie II), Texxtos de época Imperial, Madeid, 2004. 8 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO ternas —de indole semita 0 no-, entre las que desempefiaron un gran papel los vecinos contemporaneos con los que convivieron, pacifica 0 bélicamente. Asimismo, este rico acervo constituy6 una parte esencial de la herencia culcural hicita, que afecté, de un modo u orro, a las creen- cias espirituales fucuras -sea del ambito cultural grecorromano 0 judeo- ctisciano— de las que nosotros mismos hemos sido participes. Todo ello hace que las inquietudes de los hititas, a caballo entre Oriente y Occidente, no nos deban parecer tan lejanas y extrafias, ayudando a co- nocer algo mas del origen pasado de nuestra civilizacién europea La publicaci6n, en craduccién comentada, de una antologia de tex- tos hititas de este particular género documental, enriquece un poco més el conocimienro sobre las culturas de todo nuestro dmbito circuns- crito por el Mediterraneo, de un extremo a otro de sus confines. Por otro lado, fomenta, de manera particular, el que se continte profundi- zando en una rama especffica de la Orientalistica antigua como son los estudios hititolégicos, en plena ebullicién dentro de la investigacién es- pafiola. En este sentido, deseo dar las gracias por esta oportunidad, espe- cialmence, al director de esta coleccién, el profesor Alberto Bernabé Pajares, y a la propia editorial Akal, que, de este modo, permiten dar a conocer destacados aspectos de las civilizaciones menos conocidas a un pablico més amplio. ADVERTENCIAS PRELIMINARES, Desde el punto de vista de nuestra traduccién de los textos de la se- gunda parte, se ha procedido, prescindiendo de los convencionalismos de las ediciones especializadas, a simplificar su presentacién en aras de una mayor comprensi6n y accesibilidad a un grupo de lectores mas am- plio. Asf, las abundantes lagunas que pueblan esta documentacién hi- tita debido a las caracterfsticas del soporte en el que estaban claboradas tablillas de arcilla— y alos dafios producidos a lo largo del tiempo —ero- siones, rouras...—, llevan a que en muchas ocasiones se esté ante textos (con palabras, frases...) de comprensién incompleta indicdndose me- diance [...]!. Para subsanarlo, cuando sea posible, se recurriré a textos paralelos 0 duplicados —también entre corchetes, { }-’. Asimismo, se mancendré la adopcién de términos conjecurales en cursiva, incluido el mantenimiento del vocablo original —eliminado cualquier signo dia- critico—, 0 bien se introducirén términos aclatatorios pertinentes —en- tre paréncesis ( )-, aunque sin comentarios criticos filoldgicos. Las tablillas pueden presentar sus textos cuneiformes grabados en una cara 0 en la otra, e incluso en sus bordes. Dependiendo del tamafio de la tablilla, en cada una de sus caras puede haber mas de una colum- na escrita. Por ello utilizaremos, al inicio de cada una de ellas, abrevia- turas como Co/. (=Columna); o bien, Ro. (= Recto): cara anterior de una rablilla con columna Gnica o con varias columnas (I, II, IIT...) de texto; o Vo. (= Verso): reverso o cara posterior de la misma rablilla con una o varias columnas. Por otro lado, las rablillas presentan una serie de rra- Cuando se esté ante una laguna mayor (por ejemplo, varias lineas, un parrafo o parte de una columna) se indicaré especfficamente. 2 Sin embargo, para facilitar la lectura de las tradueciones, se han eliminado la ma- yorfa de los corchetes cuando los documentos, por los duplicados o paralelos, permiten subsanar las lagunas en el texto. 10 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO 208 lineales horizontales que indicarfan una especie de separacion en parrafos 0 «secciones» del rexto, algo que nosotros hemos mantenido en su mayoria. En todos estos casos, remito al lector a la bibliograffa fundamental presentada, donde podré profundizar con el rigor necesa~ rio en las ediciones particulares de cada texto. Teniendo presente lo expuesto, y sin buscar la exhaustividad, la se leccién de los textos también aparece notablemente condicionada, bus- cdndose, en gran medida, no sélo aquella documentacién conservada en un mejor estado, sino presentando aquellas versiones mas destacadas por su contenido y comprensi6n, atin siendo las menos conocidas, Por lo que respecta a las citas de nombres hititas, 0 en otra lengua contempordnea o bien aquellas que, aunque desaparecidas, estaban to- davfa en uso en los textos del periodo’, se han omitido las rerminacio- nes de sus diferentes declinaciones. También se han ¢liminado aquellos signos diacriticos que puedan acompafiarlas*, tanto por comodidad de publicacién como para que no generen dificultades tipogrificas, no afectando en gran medida a la posible pronunciaci6n originaria, Madrid, 2009 5 Por lo que respecta a los términos en sumerio (sumerogramas 0 logogramas), que se incluyeron frecuentemente en los textos hitias, se los presentaré en maytisculas. En cuanto a los vocablos en acadio (acadogramas), también usados en estos documentos, se los presencard en cursiva mayiiscula. Para aquellos hicitas se recurrird a las mintisculas cursivas. Esto mismo sucederd con el resto de nombres en otras lenguas: hitico, hueei- ta, hurro-luvita..., muy abundantes en los textos magico-religiosos de todo tipo. * Por ejemplo, la h laringal hitica, hética o hurco-luvita ha sido susticuida por b simple, y en algunos casos § por 5, salvo para los vocablos no hititas donde si se han conservado. Lo mismo ocurtiré en las lenguas moderas con la Z turca que se dejado como simple g, 0 la 1 que se mantiene come /, en su caso, para no llevar a confusion y por comodidad en la publicacién. Por otro lado, se usa en ocasiones lt barra inclinada / cuando se quiera indi r una alternancia en la esericura de alguna de las silabas de una palabra hitita, por ejemplo: d / ten had / taari, pero también con la g /£ 0 con las vo- cales ¢ /j, entre otras. I, EL CONTEXTO INTRODUCCION La relacion de cualquier pueblo de la Antigiiedad con todo lo que le rodeaba, fuesen sus semejantes, el medio fisico o incluso lo sobrenatu- ral, qued reflejada de alguna manera en los vestigios materiales que cllos mismos dejaron. Los hitiras, sin pretender hacerlo, ya que primé entre ellos mds un afin exhaustivo de registro burocratico de los diver- sos géneros literarios desarrollados que su difasién presence o Futura, han aportado una documentacién escrita para una posteridad impensa- ble, hallada en sus archivos desenrerrados durante la tiltima centuria, y hasta la actualidad. Asimismo, desde el punto de vista material, toda- yfa podemos constatar sobre el terreno y / 0 en los museos de todo el mundo gran parte de sus logros arquitect6nicos y artisticos conserva- dos, con lo que nos llegamos a hacer una idea, aunque aproximada, de las dimensiones de su civilizacién, De entre estos datos, tenemos pruebas de su preocupacién por el mundo de la especulacidn religiosa y por las formas de aproximacion a lo sagrado. La interpreracion que se extraiga de los textos pertenecien- res a esta literatura hitita religiosa en general, como los referidos al cul- to, a los grandes festivales y los rituales, en particular, es un eslab6n mds en cl conocimiento de este pucblo anatélico, més all de sus hazafias como conquistadores que, durante varios siglos, habfan expandido las fronceras de su imperio mediante las armas y la diplomacia. DESCUBRIENDO Y DESCIFRANDO EL ENIGMA DE LOS HITITAS Las primeras referencias a la existencia de los hititas, si no como un reino al menos como un conjunto de cribus, hay que buscarlas entre sus 12 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO vecinos, tanto los egipcios, los asirios como en la propia Biblia. En es- tas fuentes se advierte que no se estd hablando de simple pueblo dentro del complejo mosaico préximo oriental. Esto se confirmaba muy poste- riormente con los descubrimientos que desde el siglo x1x realizaron viajeros y erudicos franceses, ingleses o alernanes —llimense Ch. Texier, A. HL. Sayce, W. Ramsay, O. Puchsccin y otros muchos— en sus despla- zamientos por las actuales Turquia y Siria. Lo que alli constataron dife- tia de lo que ya se conocfa de Las [lamarivas ruinas egipcias, mesoporé- micas, gtiegas 0 romanas del resto del Oriente Prdximo. De entre los restos més impresionanres que podrfan aportar una mayor luz al enigma hitita se destacaban los que procedian del interior de Anatolia, cerca de una pequefia aldea curca conocida como Bogaz- kéy —actualmente renombrada Bogazkale-. El interés por su excava- cin entre algunos sabios de la época, pertenecientes a distintas poten- cias europeas, se canalizé con el inicio de los trabajos hacia 1906 por parte de los alemanes, encabezados por H. Winkler, que eran los que mantenfa unas mejores relaciones con el Lmpetio otomano. Las excava- ciones han continuado casi ininterrumpidamente hasta la actualidad con especialistas como K. Bittel, P. Neve, J. Seeher 0 A. Schachner, Desde los primeros momentos, uno de los principales hallazgos fue el abundante ndimero de tablillas de arcilla con inscripciones cuneifor- mes como las de otros lugares préximo orientales excavados. La lengua que se escondfa tras esos signos era en parte la asirio-babildnica ya co- nocida, y, en un mayor atimero, otra lengua desconocida, por lo que su traduccién completa era imposible por el momento Fue en 1917 cuando el checo B. Hroznj llega a la sorprendente con- clusién de que la lengua de esas tablillas, semejante a la usada en dos textos hallados en el sitio egipcio de El-Amarna, es indoeuropea, algo que se consideraba imposible en un Oriente Préximo semitico. Sin em- bargo, la mayorfa de estos textos redactados en hitita se convierten en la fuente mas antigua de conocimiento del indoeuropeo. A partir de ese momento, el avance en el desciframienco se convirtié en imparable, sirviendo de base para el desarrollo de la Hititologia como una rama mas, con entidad propia, dentro de la Orientalistica antigua. Paralelamente, los diversos hallazgos arqueoldgicos que se habfan realizado desde el siglo XIX en otros puntos, dentro y fuera de Anatolia, entre los que destacaban una serie de inscripciones jeroglificas sobre roca, que diferfan de las egipcias, junto a otro grupo de monumentos, fomenraron que se comenzasen las excavaciones que abrieron el camino al conocimiento real de los hiriras. Sin embargo, el incremento en el ntimero de rablillas cuneiformes que provenfan de las excavaciones fue la base principal que ha permiti- do delinear los aspectos mds importantes de la historia del reino hitita de Harti. Las excavaciones en el sitio de Bogazkéy / Bogazkale, identi- EL CONTEXTO 13 ficado tempranamente como Ja antigua Hatrusa capital de los hititas— por las traducciones de los propios documentos hallados, fueron propor- cionando, ademis de los vestigios de sus ricos monumentos, varios mi- llares de tablillas y fragmencos de lo que fueron sus archivos reales y de los templos, conteniendo textos de diversos géneros. Asimismo, todo se ha visto incrementado en los tltimos afios con nuevos descubri- mientos arqueoldgicos en otra serie de sitios de la geografia de Turquia que también posefan sus propios archivos provinciales hitiras. Estamos hablando de Magat Héyiik y Ortakéy ambos al nordeste de Bogaz- kéy-, y Kugakli hacia el sudeste-, los cuales, en gran medida, estan todavia en proceso de excavacién y cuyos textos no han sido publicados en su cotalidad por los especialistas (salvo en el caso de Magar). En definitiva, los hititas, deudores de otras civilizaciones mds anti- guas del Oriente Préximo que usaron corriencemente la escritura cu- neiforme para lenguas en su mayorfa semiticas, tuvieron también su plantel de escribas protesionales. Estos, ranto para las actividades de palacio como para las de los cemplos, se encargaton de reflejar por es- crito lo que fue preciso registrar y conservar, Sin que se hayan preserva- do otros soportes que no fuesen en arcilla, salvo una tablilla cuneiforme de bronce, se tiene constancia del uso encre los hicitas de rablillas de madera encerada Aunque los hititas entrasen en la historia por sus textos, sdlo una minorfa conocia el arte de la escritura: los escribas, que al igual que al- gunos miembros del clero fueron una especie de depositarios del saber de la época. Los monarcas del reino de Harti, a pesar de preocuparse de que la mayorfa de sus hazafias quedasen inscritas sobre las tablillas, asf como el resto de cortesanos y sus stibditos, desconocieron su practica siendo en realidad ilecrados, como ha ocurrido en periodos mds cerca- nos a nosotros. Una muestra la oftecieron muchos de los gobernantes medievales europeos, sus cortes y las poblaciones que dominaban. Sin embargo, las tablillas hititas, no solo por su cantidad, sino por sus con- tenidos, reflejaron el interés por conservar registrados por escrito, de forma muy precisa, diversos aspectos generales y particulares que les atafifan, As‘, los documentos redactados por sus escribas, si bien sélo dindo- aos la visin oficial de las altas esferas del reine!, se refieren a temas va- riados que reflejaban, por ejemplo: la organizacién de la biblioteca o los archivos reales; los inventarios de personas, propiedades o diversos tipos de objeros que pudiesen pertenecer al Ambito sacto 0 no. Asimismo, la precisién en la administracién enrre los hiritas les Ievé a derallar, por mandaro de la Corona, la organizacién y comperencias de muchos cargos 1 En realidad, carecemos de documentos privados particulars. 14 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO oficiales y funcionarios del Estado 0 de los templos con sus respectivas obligaciones reglamentadas. Otros grupos importantes de textos son: los de carécter hist6rico, con las gestas de los soberanos, la correspondencia oficial o los numerosos trarados de alianza y vasallaje, escritos en hirita 0 en acadio, concretamente una forma de asirio-babildnico Vingua franca del periodo); los juridicos, con un corpus de leyes conservado en varias versiones, ademas de otros protocols jurisdiccionales; y el conjunto més destacado de escritos: los religiosos, comprendiendo desde textos mitolé- gicos, oraciones e himnos a los dioses, practicas adivinatorios, magia y ordculos, hasta detallar el desarrollo de los diversos festivales del calenda- rio hitita o los diferentes rituales a realizar en casos concretos. Un apartado representativo, aunque no demasiado abundante, eran los textos escritos en otras lenguas que se han conservado en los archi- vos. Muchos de los documentos que demostraban los saberes que llega- ron a los hititas, directa o indirectamente, no estaban escritos en su to- talidad en estas lenguas, sino que inclufan breves pasajes 0 términos especificos. En este sentido se constata que los escribas del reino cono- cian lenguas, que, aunque no eran ya habladas, eran usadas en la escri- tura o en el culco religioso con fines concretos: extta-anatdlicas como el sumerio, el acadio y el hurrita; asf como anatdlicas no indoeuropeas como el hatico pre-indoeuropeo; o las primas hermanas del hitita como el luvita? y el palafta, En efecto, estos cestimonios decumentales no es- critos en hitita, a pesar de las dificultades interpretativas y lo exiguo del material conservado, denotan la riqueza de los elementos culturales que, de alguna manera, influyeron en la formacion de esta civilizacion LOS HITITAS EN EL SCENARIO DEL MEDITERRANEO ORIENTAL La variedad de géneros de los textos desenterrados, en particular la de indole histérico, ha permitido delinear el devenir de esta civilizacién dentro del marco del Oriente Préximo anciguo y de la historia univer- sal. Asi, desde una relativamente corta perspectiva temporal, sin paran- g6n con otras civilizaciones milenarias como Egipto o las mesopotami- cas, presenta un rico proceso hist6rico plagado de acontecimienros de primer orden, no aislados del resto de sus vecinos, que permiten compren- der una parte destacada del desarrollo cultural del Mediterrineo oriental durante el II milenio a.C. El espacio peogratico desde donde los hititas se convirtieron en pro- tagonistas de su desarrollo fire el rerritorio de la antigua Anatolia, que " Incluyendo las inscripciones jeroglificas derivadas de ésta, tanto con un caricrer monumental como en los sellos reales y de otros dignatarios del reino EL CONTEXTO 15 Figura 1. Mapa de Anatolia y Siria septentrional durante el periodo hitita (Autor) presentaba una gran variedad y rigor geoclimdticos. Esto también influ- y6 en la expansién natural de los hititas hacia otros dmbitos extra télicos como Siria septentrional durante diversas fases de su historia. El niicleo principal de su reino se situé en el sector centto-seprentrional anatélico, concretamente en el interior de la curva que forma el rio Ki- zil Irmak (el Marassanta hitita, y el Halys clasico), y su capital fue la an- tigua Hattusa. Esta lleg6 a contar con un circuito de murallas de cerca de seis kms de perimetro, cuyo interior comprendfa, entre sus mas des- racados vestigios: el palacio de los soberanos hititas, sobre la acr6polis, y un gran ntimero de construcciones, incluyendo una veintena de tem- plos, sedes de un poder no tinicamente secular, sino sagrado. Asimismo, se situd, a unos dos kms hacia el nordeste de la ciudad, el sorprendente santuario rupestre de Yazilikaya a cielo abierto. La denominacién hirira por la cual conocemos al pueblo y a la len- gua del reino de Haiti es un convencionalismo aceptado por la investi- gacién moderna, aunque realmente sea una incorreccién. En los textos ellos mismos aludfan al nesita (nasili, nesili 0 nesumnili) en referencia a la ciudad anatélica de Nesa, también conocida como Kanes, situada en la actual Kiilrepe, donde se habria ubicado uno de sus niicleos princi- pales originariamente. El vocablo baitili, que aparece en los textos de manera diferenciada, no hace ms que referencia a la lengua pre-indo- europea de los haticos 0 haiti asentados en Anatolia previamente, y nada tiene que ver con el hitita. Esta confusién terminolégica, dificil ya de na- 16 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO ertadicar, no impide que entre los especialistas se siga hablando inco- trectamente de hititas y no de nesitas. Si Asia Menor fue parte del campo de acci6n de los hititas, su origen tilcimo se aleja de la peninsula anacélica. Los hititas fueron un pueblo guerrero de rafz lingiifstica indoearopea que con otros del mismo origen, como los luvitas (Aewili) o palattas (palaumnili), Megatron a Anarolia cn al- gtin momento del III milenio a.C. desde el norte, bien tomando el cami- no de los estrechos —Béstoro y Dardanelos— al oeste, o bien desde los pasos del Céucaso al este. No se puede hablar de una invasién masiva, sino de una penerracién lenra de estos grupos lingiiisticos indoeuropeos. General- mente, encontramos una distribucién geogréfica sobre Anatolia de los re- cién Ilegados que se mantuvo a lo largo de la historia del reino hitita, con os luvitas hacia los territorios meridionales y occidentales, los palaitas en zonas del noroeste, y los propios hitiras hacia el centro-norte peninsular. Al menos desde la segunda mitad del III milenio a.C., hasta la for- maci6n del reino hitita, los h4ticos, habicantes pre-hiritas que ya ocu- paban de forma estable la Anatolia centro-septentrional, mantuvieron estrechos contactos, no carenres de conflictos, con estas nuevas pobla- ciones indoeuropeas. El resultado de esta simbiosis étnico-lingiifstica diferenciada configuré la civilizaci6n hitita. Los hdticos cerminaron siendo absorbidos por las poblaciones indocuropeas, dejando entre los hititas una profunda huella reflejada en su documentacidn, particular- mente en el Ambito religioso y en la herencia mitolégica. Al inicio del IT milenio a.C., la complejidad étnica se hizo mayor, con la presencia de otros elementos extra-anatélicos no indoeuropeos, como los asirios venidos desde sus lejanas tierras del norte de Mesopota- mia, en Asitia, 0 incluso los hurritas que debieron ocupar diversas re- giones orientales y sudorientales de Anatolia. Esta fase, siglos XIX y Xvill a.C., supone el establecimiento de una serie de «colonias comer- ciales asitias» que buscaban una especie de colonizacién econdmica de la peninsula, fundamentada en particular en los metales de su rico suelo. Los asirios, en btisqueda de un beneticio econémico, formaron una serie de barrios 0 centros comerciales coloniales, llamados Aérwm, en las principales ciudades anatdlicas, destacdndose el de Kanes / Nesa. Eran establecimientos independientes unos de otros, que intercambiaban con los indfgenas los productos que erafan, sobre todo tejidos 0 estafio, abriendo Anatolia a nuevos aires provenientes de regiones préximo orientales mds desarrollas, como Mesopotamia o Siria. Cuando estos asirios se instalaron, lo que encontraron fue una serie de ciudades inde- pendientes, ocasionalmente compuesras de gran diversidad étnica y lingiifstica, gobernadas por diversos principes anatdlicos que, en algu- nos momentos, combarian encre ellos para lograr una supremacia sobre sus vecinos. Los propios barrios comerciales asirios también manifesta- ton problemas internos y en relacién con su metrépoli de Assur. Se vie- EL CONTEXTO 7 ron involucrados en los conflictos entre las ciudades indigenas y suftieron destrucciones hacia el s. XViILa.C. Los textos cuneiformes en lengua semita de los archivos econdémicos dejados por los asirios, los més antiguos hallados en Anatolia, todavia no se corresponden con los primeros documentos en hitita, aunque ya reflejaban nombres indocuropeos al mencionar a las poblaciones de cs- tas ciudades. La marcha de los asirios supuso también el cese momen- t4neo del uso de la escritura, Habr que esperar un intervalo de tiempo para que los hiritas adaptasen su lengua indoeuropea a una escrirura cuneiforme, influencia que posiblemenre provino de la zona siria. De entre las disputas interregionales surgieron los primeros gobernan- tes hiritas que se conocen por sus nombres, como Pirhana o Anitta, y su procedencia, de la localidad de Kussara. Como sus hazafias reflejaban, con- servadas en copias documentales hititas més tardfas, buscaban imponer su hegemon(a sobre gran parte del drea centro-septentrional de Asia Menor. El verdadero fundador del Estado hitita hay que buscarlo en Hattusi- li I, que en el siglo xvii a.C. establecié la capital en el que fue su lugar tradicional, Hattusa. Sus empresas militares aglucinaron a un reino de Harti centralizado sobre lo que no habjan sido mas que un ntimero hete- rogéneo de ciudades anatdlicas, diferenciadas étaica y lingitisticamente, Con este soberano se inicid el llamado Reino Antiguo hitita (siglos xv al xv a.C.), con los primeros movimientos de Harti fuera de Ana- tolia, y el inicio de la consolidacién en los asuntos internos. Los pro- blemas comienzan a centrarse en las poblaciones hurritas que, desde periodos previos, se habfan asentado en diversas zonas de Anatolia oriental y Siria provocando las consabidas fricciones con los hititas. Su sucesor Mursili I, siguiendo los pasos de Hattusili 1, avanzé con sus ejércitos lejos del ambito de Anatolia. Atacé la actual Alepo —anti- gua Halap- y mantuvo combates con las poblaciones hurtitas, llegan- do hasta donde no alcanzaré ningtin rey hitita posterior: Babilonia. No se produjo una conquista duradera y definitiva, pero si asesté el golpe definitivo asu decadente Dinastfa I] de Babilonia, que tanto habia teni- do que ver con el famoso Hamurabi. El hecho se convirtio simplemen- te en un prestigioso acontecimiento para ser reflejado en la historiogra- fia de este pequefio reino hitita, y ayuda a comprender cémo parte de la influencia del mundo mesopotdmico pudo llegar a Harti desde muy rempranas fases de su historia. No obstante, tras este favorable inicio, la siruacién en todos los frentes decayé de un modo alarmante. A comienzos del sucesivo Reino Medio (s. xv y parte del xiv a.C_), los hitiras, en una fase oscurecida por la escasez documental, sufrieron un repliegue hacia a sus territorios anarélicos, dejando el mando de la polftica internacional a otros cen- tros de poder en auge. De una parte, alos hurritas que se han aglutina- do en un destacado reino conocido como Mirani; y, de otra, a los egip- 18 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO cios de la Dinastfa XVIII con su avance en influencia sobre las regiones asidticas de Palestina y Siria. Una de las caracteristicas del periodo del Reino Medio se centré en el problema de la consolidacin interna y externa de los hititas. La in- estabilidad de esta fase histérica de Hatti estuvo motivada por la debi- lidad de los diversos soberanos aunque no todos— que se sucedicron en el tiempo y que habfan perdido mucho de lo logrado previamente. Asi, se destacé la imporrancia que a nivel exterior tuvieron otros Estados como Mirani o Egipto, los cuales dirimieron sus disputas en los terri- torios asifticos constrifiendo a los hitiras a sus territorios anatdélicos. El teino hitita quedaba relativa y aparentemente replegado en sus pose- siones de Anatolia. La propia capital Hattusa requirié de los cuidados necesarios me- diane la construccién de algtin sistema defensivo frence a los araques del enemigo. Estos adversarios no sdlo comprendieron a los hurritas que, desde el esce-sudesre, invadfan el rerritorio hitita provocando mer- mas territoriales, sino a las poblaciones rebeldes gasgas de las monta- as del norte anatdlico que asolaban esta frontera, llegando a penetrar profundamente en las areas centro-septentrionales del reino Desde el punto de vista interno, se constatan algunos avances como la formacién del corpus de leyes hititas o incluso en materia de sucesién dinéstica. Un edicto regulador elaborado bajo el rey Telepinu, tras un oscuro periodo de intrigas y muertes dentro de la corte hitita, buscé una salida a esta conflictividad endémica. Sin embargo, con los sucesores de Telepinu, y salvo en contadas excepciones, el reino hitita tuvo que seguir afrontando serios problemas estructurales. Hatti denotaba una serie de rasgos que reflejaban una falta de solidez y una profunda debilidad que puso en peligro su propia continuidad como entidad politica No obstante, el proceso de maduraci6n del reino de Hatti, a pesar de todos los inconvenientes, estaba en marcha, aunque las oscilaciones to- davia fuesen demasiado evidentes. S6lo con la llegada al trono de Suppi- luliuma I, un rey de relevancia internacional, se produjo el despegue de- finitivo. Asi se alcanz6 una de las fases mas esplendorosas de la historia hitita, conocida como periodo «imperial» (s. XIV y Xill a.C.). Suppiluliuma consiguié poner en orden los asuntos internos, pacifi- cando nuevamente las maltrechas fronteras dentro de Anatolia. Asimismo, levé al reino hitita a una de las més altas cotas de su historia al excen- der las mermadas posesiones imperiales de nuevo hasta Siria seprentrio- nal, Harti se convirtid en una de las potencias préximo oriencales més importantes del momento. Para la consecucién de estos logros, que le llevaron varias décadas, Suppiluliuma recurtié magistralmente tanto a los mecanismos militares como diplomaticos al uso. De este modo, de- trot y se apoderé del reino hurrita de Mirani; levé los limires hiticas hasta encarar las posesiones egipcias en Siria; pacté con diversos princi- EL CONTEXTO 19 pes sitios y consiguié instalar a miembros de su familia en el gobierno de las regiones recién conquistadas, dando un nuevo ordenamiento po- litico a gran parte de este mapa proximo oriental. En definitiva, territo- rialmente extends el dominio hitita, directa ¢ indirectamente, fuera de Anatolia hasta el Lfbano, en las costas del Mediterraneo, muy al sur, y més all4 del curso del Bufrates cn el este, hacia Mesoporamia sepren- trional. En la misma Anatolia combatié, entre otros, contra los gasgas del norte y realizé campaiias hacia el occidente peninsular. Durante esta etapa, el reino hitita, recepror de todo lo que proven fa de un mundo exterior cada vez més ampliado, manifestaba mas clara- meate el poderoso influjo de los hurritas, a pesar de las continuas dispu- tas mantenidas con ellos. Esta influencia cultural hurrita afecté en di- verso grado a los hititas y chocé con las tradiciones anatélicas. En adelante, en esta etapa se puede mencionar la consolidacién del proyecto iniciado por Suppiluliuma ya en manos de sus sucesores. Es- tos —Mursili I], Muwatalli (II), Hatrusili III o Tuthaliya TV-, en mayor o menor medida, alcanzaron un alto grado de protagonismo en la his- toria del Oriente Préximo antiguo. El respeto que alcanzé el reino hi- tita durante el s, xii aC. se trasluce en la extensién de sus fronteras, continuamente amenazadas por enemigos de variado género, Entre ellos se descacaré Egipto y personajes como Ramsés II, contra quien llegaré el enfrentamiento definitive en las cercanias de Qades, alrede- dor del 1275 aC. La firma de la paz entre ambos Estados tuvo que ver con el renovado poder de Asiria desde mis allé del Eufrates; sin olvidar el otro peligro constante de los gasgas del norte de Anatolia, que se perpetué hasta el final de la historia de Hatti; y, por tltimo, las luchas en las regiones occidentales de Anatolia, donde también se vislumbra la existencia de contactos entre los hititas y el mundo micénico del Egeo ~con los griegos aqueos de Homero. Una fase de profunda crisis, alrededor del 1200 a.C., afecté a todos los poderes del Mediterraneo oriental en diverso grado. Significé el fin ala Epoca del Bronce y dio lugar a una nueva etapa conocida como la Edad del Hierro. Surgitén nuevos reinos y habré una reestructuracién e incluso una desaparicin de Estados como el de Hatti, que habfa sido predominante hasta el momento. En esta nueva fase (finales del II y principios del 1 milenio a.C.), empobrecida en todos los sentido, Hatti ya no fue la protagonista, Los hiritas fueron suplantados en gran parte de Anatolia, concretamente, por los frigios y su nuevo reino, Unicamenre se advierren reminiscen- cias de los hititas en los conacidos principados /uvito-arameos —también conocidos como neobititas-. Estos se localizaron en las regiones del sud- este de Anatolia y norte de Siria, y se mancuvieron independientes has- ta el s, vill a.C., cuando fueron conquistados por los soberanos asirios Tiglat-Pileser [II y Sargén II. 20 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO Durante este I milenio a.C., los pueblos del entorno de Siria —-como asirios, urarteos 0 hebreos— siguieron urilizando el rérmino Tierra 0 Pats de Hatti, o el de hititas para sus habitantes, como simple recuerdo de lo que habfa sido un reino ya extinro. LA RELIGIOSIDAD ENTRE LOS HITITAS Las consideraciones que se puedan hacer sobre las religiones univer- sales actuales quedan muy lejos de los hiritas y de otras civilizaciones de la Antigiiedad. Las religiones monotefstas que conocemos, funda- mentadas en verdades reveladas y con una clara estructuracién de sus credos y cultos, contrastan notablemente con e! fendmeno religioso en- tre las antiguas poblaciones de la Anarolia del IT milenio a.C Ante todo, una gran mayorfa de las creencias religiosas de las civili- zaciones de la Antigiiedad proximo oriental presentaron una difusién muy limitada, no ya en el tiempo, sino en el espacio donde se desarro- llaron, con lo que su conocimiento se presenta muy parcial y en ocasio- nes extremadamente deshilvanado, Asimismo, entre estos pueblos, el origen del sentimienco religioso, su practica littirgica caracrerfscica y, en particular, las posibles influencias externas recibidas a lo largo de su proceso formativo son generalmente muy complejas de dererminar en su justa medida, A veces, de manera precaria, se puede esbozar tinica- mente un sistema muy conciso que rigié la religiosidad de estas pobla- ciones antiguas, siendo lo demas pura especulacién comparativa con lo que ya se conoce mejor de las creencias y comportamiento de sus veci- nos, con los cuales existié un mayor contacto espacio-temporal. L. Lo sagrado en la naturaleza. Consideraciones basicas sobre la religion hitita Con respecto a lo que consideramos la civilizacién hitita, etno-lin- giifsticamente diversa y compleja, se pueden formular algunas conside- raciones generales sobre su religiosidad. Entre los hiticas la esfera del pensamicnto mégico-sagrado y el hecho religioso —creencias, culto, li- turgia, objetos, simbolos, personas involucradas. ..— impregné profun- damente todos los aspectos de su transcurrir vital. Por otro lado, la reli- gidn hitita fue una parce més, con su sintesis original y su idiosincrasia, de los otros grandes sistemas seligiosos de la Antigiiedad pre-judeocris- tiana El devenir diario en la Anatolia hitita, muy vinculado a la preocu- pacién por lograr la subsistencia bésica, estaba ligado estrechamente a la naturaleza cercana, inmediata —Ia tierra, las piedras, los arboles, las EL CONTEXTO 21 montafias, los rfos...-, y los fendmenos atmostéricos mas comunes —el viento, la luvia, las cormentas, el ftio, el calor, los cambios astronémi- cos...—. Asi, la observacién continuada que el hitita hacia de su mundo circundance, complejo y hoscil, donde las divinidades ejercfan como manifestaciones de las distintas fuerzas del cosmos, basé gran parte de su sistema de creencias y comporcamiento religioso>. Por ello, entre sus especulaciones, tinicamente el orden universal, fundamentado en el equilibrio encre el mundo de los dioses y el de los hombres, permitfa el transcurso feliz de la vida cotidiana del hirira Esta naruraleza animada, con frecuencia ingrara, dadora de los me- dios de subsistencia basicos y penetrada por fuerzas superiores en con- tinua interrelaci6n con el hitita, como ellos crefan, comprendia un uni- verso fenoménico pleno de manifestaciones, en ocasiones dificiles de comprender, que se interpretaban en una clave de pensamiento mitico- magico. De este modo, se buscé dar un significado a estas realidades ~el agua y la sequia, la noche y el dia, la petiodicidad de las esraciones, el ciclo vital de hombres, animales y plantas. ..— intrincadas de expli- car, Los hititas, como otros pueblos en general, crefan en una serie de seres superiores divinos que eran los que actuaban, desde tiempos in- memoriales, en la marcha de los acontecimientos que experimenvaban, tanto desde el punto de vista de la supervivencia del reino como de la de la vida diaria individual de cada ser humano. La coherencia buscada en su estructurado pensamiento mitico-religioso fue un mecanismo fundamental que les pudo hacer sobrevivir a las incertidumbres que planteaba su devenir en un universo complejo. Para conocer el comportamiento del hitita, a todos los niveles, en el dmbito de lo sagrado se posee su documentacién escrita de sus tablillas cuneiformes ¢ inscripciones conmemorativas en luvo-hitita jeroglitico que ha Ilegado hasta nosotros. Todo ello, sin olvidar su complemento con otro tipo de vestigios como la iconogratia de la gl{ptica y de los re- lieves rupestres, las figurillas y otros objetos de culto, o los restos con- servados de sus principales templos. Por lo que respecta al primer grupo de fuentes, a pesar de conservarse un gran ntimero de textos cuneitor- mes, escritos con las diversas lenguas anatdlicas y extranjeras conocidas ~algunas no comprensibles en su roralidad—, emparentados propiamen- te con el tema mégico-religioso, y sin descartar los otros profanos que, no obstance, presentan importantes datos de cardcter sagrado, se nos ¢s- capa gran parce de su significacién tiltima. Igualmente, oer inconve- niente es que contamos tinicamenre con una visién parcial del fendéme- 3 No obstante, carecemos, hasta el momento, de una narracién mitica de los hititas sobre la creacién del universo bajo la forma de una Gasmagonia. Algo que podria servir para arrojar nueva luz sobre sus preocupaciones ¢ interpretacién del mundo circundante. 22 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO no, puesto que los documentos preservados sobre mitos, liturgia, ora- ciones, adivinaci6n... no pertenecen a la esfera popular, sino, mas bien, a la religion del Estado, practicada y promovida por éste y con caracter oficial. Poco se puede rastrear del comportamiento, pensamiento y de- voci6n privada de la poblacidn hitita anduima, salvo por las referencias extrafdas de algunos cultos indigenas ancestrales que se mancuvicron cn vigor, o bien por algunas prdcticas magicas populares. Posiblemente la tradicién oral y las practicas locales pudieron permitir alos hitiras desa- trollar sus experiencias individuales y colectivas fuera del Ambito esratal El grueso de las concepciones religiosas reposan en las fuentes oficiales, en concreto, en los textos de los archivos reales y de los grandes templos de la capital, por tanto, estaban en consonancia con los sectores més elevados de la sociedad gobernante del reino de Harti En conjunto, la religién hitira que conocemos en su fase de mayor madurez —durante el periodo imperial (s. xiv y xii a.C.)— fue una sin- tesis bastante compleja, derivada en gran parte de las influencias que recibié a lo largo de su historia, Sus creencias estuvieron compuestas por un niimero de tradiciones donde no hay una primacia tinica del ca- rcter indoeuropeo originario de este pueblo o de sus primos herma- nos, los luvicas o palaftas, con los que penetraron en Anatolia. Fue con- siderable la presencia de elementos no originales, prestados por el aporce de las poblaciones pre-indoeuropeas haticas, cuyo mundo de las ideas fue absorbido por los hititas en el proceso formativo de su reino, el cual, de algtin modo, se convirtid en su heredero. La permeabilidad y adaptabilidad hitita a los influjos externos permitié que se sumaran oportunamente las tradiciones religiosas de otras civilizaciones secula- tes més desarrolladas cultural y tecnolégicamente, como ocurrié con el profundo poso dejado por el pensamiento mesopotémico. En este caso, hay que hacer la salvedad de que la Ilegada de aumerosas concepciones basicas del fendmeno religioso pata Hatti, aparte de la trafdas direcra- mente por los propios hititas desde el exterior, tuvo como deudora a las poblaciones hurritas asentadas en el norte de Mesopotamia y Siria - incluso dentro de Anatolia desde el siglo XIX a.C.—, con las que existié paraddjicamente una particular relacidn de enemistad desde los prime- tos momentos de la historia hitita, Los hurritas se convirtieron asf en unos intermediarios directos del gran ntimero de costumbres y creencias venidas desde esferas extta- anatélicas, aparte de las suyas propias, deudoras de Mesopotamia. Una prueba de esta poderosa influencia hurrita, que conducirfa a pensar en un proceso de hurritizacidn, al menos, de las capas mas alas de la so- ciedad hitita durante roda la fase imperial -€ incluso previamente—, ¢ la multitud de textos cuneiformes en esta lengua, o con interpolaciones de vocablos y pérrafos, o los traducidos al hirita que se conservan en los archivos de Harti. Esta realidad, en un proceso continuado, condujo en EL CONTEXTO 23 efecto al choque con las no menos profundas y seculares tradiciones anatélicas hatico-hititas. En definitiva, es dificil delimitar el grado de influencia o predomi- aio de cada uno de los Ambitos culcurales participantes en 1a compleja configuracién de todo Jo sagrado que conformé la religion hitita. Esta sc caracteriz6 por asimilar todo lo que pudo de los pucblos del encorno, lo que enriquecié sus propias cradiciones indocuropeas y conformé un sistema de creencias variado, vital y en continua renovacidn. 2. El pantedn de dioses del reino de Hatti. Tradiciones e influencias Uno de los més claros ejemplos de esta diversidad de asimilacién en materia religiosa se refleja en la formacién del complejo pantedn de divi- nidades hititas, En la propia documentacién escrita se aludia a los «mil dioses de Harti», lo que, si bien puede parecer una expresién exagerada, no estaba exenta de verdad. Los textos se refieren a una serie de te6nimos que por su abundance ntimero —varios centenares— configuran un exten- so pancedn oficial imperial sin olvidar los locales tradicionales-, que continuamente se vio incrementado, 0 incluso mermado, dependiendo en gran medida de las circunstancias sociopoliticas del momento. La expansién y retroceso de las fronteras de Hatti, durante gran parte de su historia, afecté a la incorporacién 0 eliminacién de las divinidades que integraban el panteén. Dominar un nuevo territorio suponfa, con una actitud pragmética y conciliadora, aceprar los dioses alli venerados antes por el enemigo. Los hititas mediante este comportamiento respe- ruoso podian atraer el posible poder benéfico de las nuevas entidades di- vinas, asf como no alteraban las fuertes importantes tradiciones teligio- sas arraigadas en cada pueblo derrotado. Esto tiltimo favorecié y facilits su sometimienco al nuevo poder de Harti. La pérdida de algunas regio- nes podia significar, como se constata a nivel textual, una actitud contra~ tia de eliminaci6n u olvido intencionado de estas particulares divinida- des, algunas excrafias y no tradicionales del panteén hitita. De esta manera, los dioses, aparte de ser catalogados por sus diferen- res origenes y funciones, tavieron numerosas advocaciones, y una mis- ma divinidad fue venerada en diversas localidades 0 regiones, dentro y fuera de Anarolia. Asi se comprende, en parte, la aparente multiplicidad de dioses, en su mayorfa locales, que manifestaba el panteén hitita, que no serfan mas que encidades superiores con una esencia idéntica si bien con diversas denominaciones individualizadas segtin el lugar. En cuanto a su origen, las menciones de los distintos dioses de Hat- ti reflejaban en sf mismas las diversas influencias que los hititas reci- bieron sobre la base de su propio bagaje indoeuropeo con el que pene- traron en Anatolia. 24 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO Desde las fases mas antiguas buscaron asimilar y reinterpretar divi- nidades de diferentes lugares, anatdlicos 0 extra-anatélicos, con los que tomaban contacto, pacifica o bélicamente. Asi, en este proceso hubo incluso una atracci6n de los lejanos dioses enemigos de Babilonia que fueron tomados, aunque eventualmente, por los ejércitos del soberano Mursili I. Sin embargo, cn estos inicios lo que sc observa cs un predo- minio de las divinidades tanto indocuropeas: hititas, luvitas 0 palaftas (con denominaciones como Tarhun(t)a, Siuni, divinidades solares de la localidad de Atinna y de la Tierra, Istanu, Tiwat, Tiyaz, Arma, Halki, Sanda, Ziparwa...); como héticas anarélicas con las que se idenrificaron o no (como Taru, Wurusemu, E / Istan, Inar(a), Halmasuitt(a), Mezu- lla, Telepinu, Zithariya, Wurunkarte, los dioses de la ‘Tempestad de las localidades de Nerik y Zippalanda.,.); que a su vez también se conecta- ron con las mesopotdmicas (como Ellil / Enlil, Anu, Enki / Ea, Mar- duk, Adad, Sin, Nisaba, Zababa, Alalu, Istar de Ninive, Nergal...) A partir del Reino Medio (gran parte del siglo Xv € inicios del XIV a.C.), el mayor contacto y protagonismo de los hurtitas con los que existié una interrelacién desde fases previas— en diversas regiones ana- tlicas y, concretamente, en Siria y Mesopotamia septentrional, supuso un proceso de hurritizaci6a culcural que repercuce en el ambiente reli- gioso y en la asimilacién de un destacado nimero de divinidades (Te- sub, Hebat, Kumarbi, Sarruma, Sauska, Astabi, Kusuh, Serri, Hurri...). Estas tendieron a identificarse con las tradicionales hético-hititas. No obstante, las divinidades de origen hdtico no dejarin por ello de ser veneradas. La siguiente fase imperial (siglos XIV y Xxill a.C.) tiene un efecto multiplicador del proceso, sobre todo en los momentos finales, debido a la continuada expansidn imperial de Hatti y a un mayor predominio de los elementos foréneos —dioses, mitos, ritos, personal de culto...-, con un destacado peso especifico de una region del sudeste de Anatolia: Kizzuwatna, que ocupé en gran parte lo que fue la clasica Cilicia. Des- de estos ambitos geogrificos, con un fuerte predominio de poblacién hibrida hurrita e indoeuropea luvita, sus tradiciones religiosas fueron penetrando y solapando a las hititas antiguas, siempre en un proceso de asimilacién calculado y dirigido desde las altas esferas de Hatci. En este sentido, se advierten las reformas religiosas, a todos los nivcles, emprendidas por los monarcas hititas Hactusilli II y su esposa Pudu- hepa, originaria de la zona, y sobre todo de su hijo Tuthaliya IV, duran- te la segunda mirad del siglo xt a.C Desde la perspecriva funcional, las divinidades cumplieron las prin- cipales funciones coridianas que tuvieron relevancia para los hiriras. Asi, en lo que se conoce del culto del Estado de Hatti, la concepcién de la sociedad de los dioses, ejemplificada en la realeza hitira, y similar a la de otros pueblos de origen indoeuropeo (como manifesté Dumézil), EL CONTEXTO 25 presentaba a las divinidades distribuidas en tres funciones tan destaca- das como: (a) la sacerdoral 0 gestora de lo sagrado; (b) la guerrera 0 pro- tectora de la comunidad; y (c) la de administracién o gestora de las ri- quezas. Las denominaciones de las divinidades que pertenecian a estas esferas mds representativas variaron con el paso del tiempo. El resto de divinidades listadas cn los principales textos —trarados internacionales, festividades, rituales y oraciones— por su grado de im- portancia se podrian agrupar en relacién con aspectos de la vida diaria del hombre y su entorno natural, o bien con el mundo subterraneo del Mas Allé, incluyendo también al grupo de los dioses de caracter créni- cos de antigua tradicién anatélica, los cuales, en conjunto, mostrarfan una posicién subordinada, En definitiva, sin entrar en el detalle, el complejo y jerarquizado pan- re6n se adapré a la estructura socivecondmica y de parenresco familiar que vivieron los hititas, siempre teftida de las concepciones que caracterizaron a otros pueblos indoeuropeos, sumando las anar6licas y orientales que los in- fluyeron, De este modo, se observa la existencia de una pareja principal a la cabeza del panteon con la divinidad Solar de Arinna (en hético Wurusemu) y el dios de la Tempestad de Hatti (en hitita ‘Tarhunta, en hético Taru), adorados también bajo otras advocaciones geogrificas, € idencificados en Jas Gltimas fases del imperio con los hurritas Hebac y Tesub, respectiva- mente. A veces, los textos aluden a una trfada comprendiendo al hijo de ambos, que se ha identificado con el dios de la Tempestad de Nerik o el de Zipalanda, aunque también con Mezulla y Telepinu, todos de origen hati- co, o bien con Sarruma de origen hurrita. Asimismo, en diversos niveles je- rarquizados, aparecen subordinada, 0 a veces en un segundo plano, otra se- tie de divinidades de diversa importancia. De hecho, se destacan: (a) Las divinidades turelares particulares de algunos reyes, dependiendo de las épocas, por ejemplo: la divinidad Solar de Arinna pata Mursili II; el dios de la Tempestad pibatsassi para Muwaralli (II); Istar / Sauska de Samuha y el dios de la Tem- pestad de Nerik para Hattusili III; 0 el propio Sarruma para Tuthaliya IV. De este concepto de la divinidad personal tene- mos muestra en el mundo griego con Ateneay el héroe Odiseo, su protegido. (b) Las asrrales, sean solares (Istanu), lunares (Sin, en luvita Arma, o en hurrita Kusuh) 0 planetarias (como la propia Istar, identificada con Afrodica / Venus). (0) Las prorecroras, coma Inara 0 las que se esconden bajo el sumerograma LAMMA (Ala, Hapantaliya 0 Zithariya), alas que se podrfan sumar una serie de «genios» bienhechores, e incluso demonios, espiritus 0 entidades maléficas (tarpi 0 kallar uitar) de naturaleza desconocida, que pod{an alterar la vida de los 26 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO hombres. Aqui se podria citar a la «Diosa Madre» Hannahanna que se relacionaba también con los nacimientos. (d) Las bélicas, como sumerio Zababa, en hiitico Wurunkat- te, o bien el luvica Yarri (idencificado con el babilénico Erra, dios de la guerra y la peste) y el hurrita Ascabi. (c) Las infernales 0 cténicas, rigiendo las regiones del Mas Allé, centradas en la divinidad Solar de la Tierta o Lelwani (en hurrica Allani, la Ereskigal mesopotamica), si bien, incluso exis- rfan una especie de moiras 0 parcas, como las haticas Istustaya y Papaya, o las Gulses (divinidades hitiras del destino). En con- junto, aludfan a ellas con diversas denominaciones, como: divi- nidades antiguas o primigenias. (f) Las de ortas poblaciones indigenas, como los némadas (destacdadose las de los babirz); 0 las de los indéciles gasgas del arco moatafioso del norte-nordeste de Anatolia. (g) En tilcimo lugar, también renian carécter sagrado los ele- mentos naturales, como las montaiias, rios, fuentes, arboles, vientos... con su esencia divina o habitados por dliversos espiticus 0 genios, representando lo mas destacado del culto al paisaje y la naruraleza dentro del reino de Harti. Este amplio y complejo panteda oficial de la época imperial fue el teflejo del culto del Estado implantado durante los reinados de los til- timos soberanos hititas. En general, tenemos una gran ignorancia sobre la mayoria de los aspectos del pante6n de Harti, Incluso cualquier ado- rador hitica tendrfa un relativo conocimiento de coda la jerarquia de dioses, y sdlo identificarfa a las divinidades a las que petsonalmente ve- ner6 o dirigié sus ruegos. Este panteén, nunca estatico, fue elaborado y reestructurado por los principales escribas de la corte y de los templos y sus sacerdotes tras un prolongado proceso de asimilacién y sincretismo con las tendencias que, desde circulos hurto-kizzuwatneos, primaban en materia religio- sa. Sin embargo, éste se superpone a las particulares creencias popula- res, entre las que predominaba la adoracién de las entidades divinas lo- cales de cardcter ancestral anatélico. Estas en su mayorfa se vieron absorbidas por el culro estatal de las aleas esferas cuando las circunstan- cias politicas lo requiricron, 3. El orden del cosmos. La interrelacién entre los hititas y sus divinidades Lacaracterizacién de la idea que el homo religiasus hitira tuvo de sus entes divinos, de su naturaleza o su esencia, aunque nos pese, no ha EL CONTEXTO 27 quedado reflejada por escrito en sus numerosas tablillas de carécter re- ligioso. Y ninguna literatura sapiencial sobre doctrinas can6nicas 0 es- peculacién teolégica tedrica ha sido registrada como tal por los escri- bas. Indudablemence, si el delinear una clara teologfa dentro del mundo hitita se vuelve un empefio dificil, mas complicado es todavia aludir a la devoci6n divina del pucblo comin o cn su hogar familiar, En este sentido, dentro de su sistema de creencias y de comportamien- to ético-moral, sin embargo, hay algunos rasgos generales que se pue- den inrerpretar por la documentacién conservada oficial (en particular de su mirologia y sus oraciones). En efecto, es resefiable el modo en que el hitita percibié la naruraleza de la interrelacién hombre-divinidad, pero siempre bajo el prisma de las alras esferas de la sociedad. EL universo de los hititas no estuvo poblado exclusivamente por los seres humanos, sino que tuvo también como protagonistas principales de todas las actividades a entidades, fuerzas 0 presencias divinas invisibles, inmortales, poderosas y fuera de su alcance tisico-sensorial. No obstanre, Ja biisqueda intencionada de colaboracién mutua se manifesté en la ma- yor cercania que alejamiento entre ambos planos: el divino y el humano. Mas alla de esto, la ausencia de este abismo infranqueable se tradu- jo en el desarrollo entre los hicicas de un sistema de conducta moral y teolégico que tuvo sus implicaciones en las concepciones bisicas que fundamentaron sus propias relaciones humanas. De hecho, fue como si Jos hititas crasladasen todas las prdcticas cotidianas sociopoliticas, que acontecfan en su mundo terrenal, al plano divino. Asf, los inmortales sorprendentemente se parecian a los hombres, si bien no Ilegaban a igualarse con ellos. Los dioses hititas fueron concebidos en clave huma- aa, con rasgos, atributos y sentimientos como los de los mortales (amor, alegria, tristeza, célera...), aunque de manera sobredimensionada como unos seres eminentemente superiores. En cualquier caso, los dioses hi- titas, al menos en los textos mitoldgicos, se permitieron mantener con- tactos fisicos con los hombres sin que implicase un abandono de la con- dicién propia de cada uno, y bajo unas circunstancias excepcionales, como, p. €. ocurrié con Hupasiya que, a cambio de ayudar al dios de la Tempestad a destruir al dragén (CTH 321), mantuvo relaciones sexua- les con la diosa Inara‘. Efectivamente, el hitita, en general, no buses cxpresamente, ni logré la inmortalidad como los dioses, y ni siquiera el propio rey de Harti crefa ser un dios en vida. La interdependencia entre los dioses y los hombres ruvo unos rasgos notables que derivaron de las relaciones establecidas dentro del seno de 4 El cema de la interrelacién entre los seres de ambos mundos no fue extrafio a otras nareaciones mitolégicas como las griegss, en las que algunos héroes tuvieron que vérse- Jas con poderes divines, sea en el campo amatorio o en el mas peligroso de la aventura. 28 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO Ja sociedad jerarquizada hitita. Ante todo, hubo una sorprendente ana- logia entre lo que ocurria entre los sefiores y sus siervos (como en el protocolo cortesano), y la comunicaci6n entre las divinidades y los mortales. En efecto, era prudence comporrarse bien —en los modos, la apariencia fisica o la higiene personal— ante ellos (como se presenta, p. c. cn algunas de las disposiciones de las «Insteucciones a los sacerdotes y servidores del templo», CTH 264), asf como servir, propiciar y / 0 hacer agradable, por todos los medios, la existencia de los dioses. Estos, como suced{a en el mundo real entre el rey y sus stibditos, podian dis- pensar sus favores 0 imponer castigos a los hombres. De manera esquemitica, se constata que las necesidades primarias de los dioses (comida, bebida, aperencias sexuales, entretenimientos variados, requerimiento de cuidados o atenciones en general....), similares a las humanas, condicionaron también su dependencia y necesidad res- pecto a las ofrendas y sacrificios que los fieles les presentaban, Estos, al mismo tiempo, como servidores respetuosos, actuaron asf para que los inmortales satisfechos mantuviesen una disposicién favorable hacia ellos y les recompensasen mediante sus bendiciones. En multitud de ocasiones, en los textos de rituales y oraciones se formulaban peticiones para que los dioses proporcionasen su proreccién al ser humano, conce- dicado una larga vida, salud, fercilidad, felicidad, victorias frente al enemigo —acompaiiando incluso al soberano en el combare— o la pros- peridad de sus medios de subsistencia bésicos y los del reino. Los pro- pios dioses sabfan lo que significaba la humanidad para ellos y la ayu- da prestada, como se expresa en un mito de origen hurrita (CTH 348), donde aparecfan reunidos en asamblea discutiendo’: Ea, el rey de la sabidurfa, habl6 entre los dioses. Ea comenzé a de- cir encre los dioses: gpor qué aniquildis a la humanidad (con el mons- truo Hedammu)?, :no oftecen sacrificios a los dioses o no hacen humear el cedro? Si aniquiléis a la humanidad, ya no celebrarin més a los dio- ses, y nunca més 0s ofrecerdn ningdn pan grueso ni libacién, Sucederé que ‘Iesub, el poderoso rey de Kummiya’, tended que coger por sf mis- mo el arado. Y sucederd que Istar y Hebat tendrin que moler por sf mismas con la piedra molar. ¢Por qué, pues «ti, Kumarbi, atribulas a la humanidad con el mal? ,No te suminisera la humanidad el montén de grano? ZY no te ofrece sacrificios con prontitud a ti, a Kumarbi? 7¥ no te ofrecen en el cemplo sacrificios con alegria, ati, a Kumarbi, el padre de los dioses, y con prontitud? z¥ no le oftecen sacrificios a Tesub al que cuida los diques de la humanidad? 9 Bernabé, 1987, pp. 164 s. Posiblemente, una localidad del sudeste de Anatolia, en territorio hurro-kizzu- watneo. EL CONTEXTO 29 De todo ello se derivarfa una relacién basada en una especie de acuerdo récito o armonia contractual, cuya ruptura provocaba serias consecuencias, sobre todo para el lado humano, con el desencadenante de la c6lera divina, aunque los dioses evidenciasen también esa depen- dencia de la humanidad. El garante ¢ intermediario més importante entre ambos mundos fue el rey hitita como sumo sacerdote del reino. Su labor se encaminé a llevar a buen término este proceso de intetrelacién, en caso contrario, cualquier error, equivocacién 0 malentendido en el curso de la comuni- cacién —oral 0 ritual— podia provocar el castigo con la llegada de serias desgracias para el hombre. Uno de los mecanismos més desarrollados y empleados por el soberano para tender esa Ifnea de contacto yatraer la atencién de los componentes del mundo divino fue mediante la palabra, con una variedad de himnos (wa/li- jatar) y plegarias (arkiwar, mugawar, mald | tessar 0 wekmwar) realizadas en un ambiente y momento propicios. Entre las oraciones reales, de las que se conservan notables ejemplos, se destacan las del género arkiwar, interpreta- das como una especie de excusa 0 alegato al haberse cometido algiin tipo de falta 0 pecado (wastu/). La plegaria se planteaba, de este modo, como alega- 10 frence a los dioses. El hombre se defend fa asf, tcatando de buscar las cau- sas y solucionar las consecuencias. Un notable ejemplo fue el arkawar em- pleado por Mussili II (finales del s. xiv a.C). Del texto (CTH 378, segunda versidn) son elocuentes una serie de fragmentos seleccionados’: {Dios de la Tempestad de Harti, mi sefior, y vosotros, dioses de Harti, mis sefiores, Mursili (ID, el gran rey, vuestro siervo, me envfa! Vey dileal dios de la Tempestad de Hatti, mi seftor, y a los dioses, mis sefiores, lo siguiente: 2Qué es lo que habéis hecho? Habéis dejado entrar una plaga en el pats. El pais de Harti se ve cruelmeate afligido por la plaga. Desde hace veinte afios han ido muriendo hombres en los dias de mi padre (Suppiluliuma 1), en los dias de mi hermano (Arnuwanda ID) y en los mios propies, desde que Hegué a ser sacerdore de los dioses. Cuando los hombres estin muriendo en el pais de Hatti y la plaga no ha des- aparecido de ningiin modo del pais de Harti, yo no puedo sufrir mas la agonia de mi corazén y no puedo sufrit més la angustia de mi alma. Cuando celebré fiestas, reverencié a todos los dioses, no preferf un templo a otro. La cuestién de la plaga la he incluido en mis plegarias ante los dioses, haciéndoles voros: «oidme, mis dioses, mis sefiores: jArrojad la plaga fuera del pais de Harti! La razén por la que el pueblo est muriendo en el pais de Hatti, o bien dererminadla por un presagio 7 Bernabé, 1987, pp. 279 ss. 30 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO {adivinaci6n), 0 bien haced que yo la yea en un suejio, o bien que la de- clare un adivino» Pero los dioses no me prestan ofdos y la plaga no amaina en el pais de Hatci. El pais de Harti se ve cruelmente afligido. Las pocas personas que siguen ofreciendo pan grueso y libaciones estén muriendo también. La sicuacién me abruma. Asf que hice de la ira de los clioses el motivo de un ordculo, Aprendi de dos antiguas ta- blillas: la primera cablilla rracaba de las ofrendas al rfo Mala (Eufrares), los antiguos reyes habfan consagrado regularmente ofrendas al rfo Mala’, Pero ahora la plaga se ha desencadenado en el pais de Hatti des- de los dias de mi padre, y no hemos consagrado ofrendas al rio Mala. La segunda tablilla se referfa a Kurustama, {Signe descervollando el tema durante wnas lineas méi.| Cuando trasladaron a los prisioneros al pais de Harti, esos prisioneros trajeron la plaga al pais de Harci, Desde ese dia, el pueblo muere en el pais de Harti. Ahora, cuando he encontrado esta rablilla que trata del pais de Egipto, he hecho de ella el motivo de un oréculo del dios: «Los pactos que se hicieron por el dios de la ‘Tempestad de Harti, a saber, que los egipcios y los de Hatti se hallaban sometidos por igual juramento al dios de la Tempestad, que las esfinges esrarfan presentes en el remplo del dios de la Tempestad de Hacti y que los de Hatri rompicron enseguida su palabra, chan sido quizé la causa de la ira del dios de la Tempestad de Hatti, mi sefior?s, y asi se derermind. Con motivo de la plaga, le consagramos ofrendas al rio Mala, mo- tivo rambién de un ordculo. También en este asunto se dererminé que debfa responder por mi mismo ante el dios de la Tempestad de Harti. iVed, pues! He admitido mi culpa ante dios de la Tempestad: «Ast ¢s, lo hemos hecho». Tengo por cierto que la ofensa no se cometié en mis dias, sino que se cometié en los dias de mi padre. Pero, puesto que el dios de la Tempestad de Hatti esta encolerizado por esta razén y el pueblo esté muriendo en el pais de Harti, he consagrado las ofrendas al dios de la ‘Tempestad de Harti, mi sefior, por este morivo. jPuesto que me humillo y clamo piedad, dyeme, dios de la ‘Tem- pestad de Harti, mi sefior! jQue la plaga cese en el pais de Harti! Las causas de la plaga, que se habjan determinado cuando hice a la cuestién motivo de una serie de oriculos, las he obviado, He hecho una amplia reseitucién Dios de la ‘Tempestad de Hatti, mi sefior, y vosorros, dioses, mis se- fiores. Asi sucede: que se peca. Mi padre pecé y transgrediié la palabra del dios de la ‘Tempestad, mi sefior, Pero yo no he pecado en modo alguno Pero asi sucede: que el pecado del padre cae sobre el hijo. Asi, el pecado ® En otra version también se incluye el asunto del asesinato del principe Tuthaliya d jown, y el posible golpe de Estado que lleva al poder a Suppiluliuma I. EL CONTEXTO 31 ha caido sobre mi. Ahora he confesado ante el dios de la Tempestad de Harti, mi sefior, y ante mis seflores: «Es verdad, lo hemos hecho». ¥ puesto que he confesado el ppecado de mi padre, que el alma del dios de la “Tempestad de Hatti, mi seiior, y la de los dioses, mis sefiores, se apacigi jApiadaos de mi y apartad la plaga del pais de Harti! jNo permitais que mucran los pocos que atin siguea ofzeciendo pan grueso y libaciones! iVed! He remitido la cuestién de la plaga ante el dios de la Tempes- tad de Harei. Oyeme, dios de la Tempestad de Harti, y salva mi vida! “Tengo que recordarre una cosa; el pajaro busca refugio en fa jaula, y la jau- lasalva su vida, Més ain, si algo abruma a un siervo, él presenta su alega~ to ante su sefior. Su sefior lo oye y se apiada de él. Sea lo que faere lo que lo abruma, lo arregla, Es més, si el siervo incurre en una falta, pero con- fiesa su falta a su sefior, su sefior puede hacer con él lo que le plazca. Pero, puesto que ha confesado su falta a su sefior, el alma de su sefior se aplaca y el sefior no castiga a este siervo. Yo he confesado ahora el pecado de mi pa- dre; asf sucede, lo he hecho. Si tiene que haber resticuciéa, parece claro que con todos los dones que he concedido ya a causa de la plaga, con to- dos los prisioneros que he devuelto a su hogar, en resumen, con toda la restitucién que he hecho en Harcusa a causa de la plaga, he hecho su res- tituci6n veinite veces. Y atin el alma del dios de la Tempescad, mi sevior, y la de los demas dioses, mis sefiores, no se ha aplacado. Pero si pedis de mi alguna restitucin més, decfdmelo en un suefio y os Ia proporcionaré. iMira! Te estoy suplicando, dios de la Tempestad de Haeti, mi sefior. jSalva mi vida! Si es por las razones que he dicho por las que mi pueblo estd muriendo, can pronto come las arregle, que los que ain estan en dis- posicién de ofrecer pan grueso y libacién no sigan muriendo. Si, por otra parte, el pueblo esta muriendo por alguna otra raz6n, que yo lo vea en un suefio, que lo encuentre por oréculo o que un adivino lo declare, f...J Dios de la Tempestad de Hatti, jsalva mi vida! Que los dioses, mis sefiores, prueben su divino poder! ;Que alguien lo vea en un suefio! jCualquiera que sea la raz6n por la que el pueblo esta muriendo, que se encuentre! {...} Dios de la Tempestad de Harci, mi sefor, jsalva mi vida! {Que amaine la plaga en el pais de Harti! El sentimiento hitita que se expresa en esta stiplica regia, hasta cierto punto razonada, se sintetiza en que si se cometia cualquier peca- do repercutia, en forma de castigo ejemplar, en La familia del culpable, y si el culpable era el rey o alguno de sus antepasados, la colectividad -todo el pais— se vefa afectada?, porque los soberanos como los princi- ° Conceptos de castigo y su repercusién colectiva, que se observardn posteriormen- te en el mundo hebreo reflejado en las fuentes biblicas, o entre los griegos, al menos a nivel familiar (Weinfeld, 1993, pp. 459 ss.). 32 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO pales y tinicos representantes terrenales de los dioses eran los responsa- bles tiltimos ante ellos. El pecado, por consiguiente, se volvia heredita- tio, y el rey debfa confesar y reconocer una culpa heredada de la que real- mente era inocente. Enesta plegaria, las faltas descubiertas y enumeradas por el rey, bajo la forma de una especie de examen de conciencia, habfan sido muy graves: negligencias rituales, ruptura de un pacto sagrado y asesinato politico de un miembro de la familia real. El castigo impuesto al reino de Harri, por medio de una epidemia de peste atroz, se vefa como la consecuencia ejem- plarizanre del enfurecimiento justificado de los dioses, que vefan romper- se la armonfa contractual con los hombres. Las divinidades no actuaban, por consiguiente, arbitrariamence. El rey tuvo que descubrir la falea, re- curriendo a variados mecanismos inquisitivos (mediante sue/ios, ordéculos y profecfas), para defender su causa, arrepentirse ¢ inrentar volverse agra- dable ante ellas, y para que fuesen magnénimos con él, como haria cual- quier siervo pesaroso de sus acros ante su amo para suavizar el castigo. Analog as expresadas explicitamente en el texto que fueron bisicas en la concepcién de las interrelaciones entre los hombres y los dioses. Por otro lado, los dioses se comunicaban con los mortales y revela- ban, a veces espontdneamente, su voluntad, designios 0 deseos —placen- teros o desagradables—, a través de las «profecfas», las cuales eran reci- bidas en suefios —p. ¢., bajo la inspiracién divina, o bien mediante suefios inducidos— que luego debjan ser interpretados. Algo de lo que no fue ajeno el resto del Oriente Préximo antiguo (como en Mesopota- mia o mundo hebreo). Igualmente, recurrieron a los «ordculos», en los que los humanos también buscaron tespuestas interrogando directa- mente a las divinidades e interpretando las sefiales —favorables o desfa- vorables— que observaban para vaticinar el futuro. En este complejo te- treno del arte de la méntica hitita, se destacaron algunos sistemas de adivinacién, también conocidos para otras culruras del Mediterraneo, cada uno con sus propios especialistas que intervenfan en el ambito ofi- cial y / 0 privado. Asi hallamos: la haraspicina, que suponia el examen de las entraiias de las victimas; la ornitomancia, con la observacién de Las aves; la /ecanomancia en la que desempefiaba un importante papel el agua en un recipiente y el comportamiento de orras sustancias en ella (como accite), o bien de algtin animal (p. ¢., lo que parece set una ser- picnce de agua); y, con destacado desarrollo, el sistena KIN, complejo sistema de adivinacién mediante las suertes, con el uso de una especie de piezas 0 fichas indeterminadas para nosotros. De cualquier forma, el gobierno del universo, el de la humanidad, su destino, sin que se afirme caregéricamente, no parece porestad de un Uinico dios universal, lo que no descarta el importante peso especifico de las principales divinidades del pante6n, en particular el dios de la Tem- pestad de Harti (Tesub) o la divinidad Solar de Arinna (Hebar). Dentro EL CONTEXTO 33 de la compleja jerarquia de la extensa sociedad divina y sus luchas por la hegemonia —como entre los humanos— hubo algunas divinidades con un poder amplio, frente a otras que lo ejercieron sdlo sobre alguna par- cela 0 Ambito mas concrero, generando un cierto equilibrio del cosmos. Esco se desprende de algunos textos mitolégicos, como los anatdlicos de los «dioses que desaparecen» (CTH 323-325, 333 0 727). No existis una divinidad infalible y omnipotente. Este hecho se reflejé en la mito- logfa de influencia hurrita, en su mayorfa dentro del Hamado «ciclo de Kumarbi» (CTH 343-345, 348 6 364, con un origen tiltimo en con- cepciones mesopordmicas). En definitiva, todos tuvieron entre sus atri- butos ese poder o justicia sobrenatural del que derivaban sus designios divinos, algo que los diferenciaba de los morrales. Siguiendo con las pautas humanas, los dioses, igualmente, parecen carecer del don de la ubicuidad; y de la omnisciencia, con lo que no po- drfan llegar a conocer qué pensaban 0 por qué habfan actuado asi los hitiras mediance el sondeo de sus conciencias. En este dlrimo caso, las repercusiones negativas sobre los humanos serfan muy notables. En concrero, la transgresién u omisi6n de cualquier tipo en Las celebracio- nes rituales, intencionada o no, sin cumplir escrupulosamente todos los pasos de la licurgia, eran réipidamente constatadas por las divinidades. De este modo, los dioses inicamente analizaban lo externo del acto re- ligioso del hitita, ranto una posible confusién involuntaria como el en- gafio premedicado, castigando por igual a unos y otros al desconocer lo que pasaba por la mente de los mortales en ese momento. Un cierto halo de inseguridad, consecuentemente, tiié el comporta- miento diario de los hititas, puesto que debfan ser fieles observadores de Jos preceptos divinos, si no se queria caer en el pecado, el cual estaba a la orden del dia. Incluso, el descubrimiento de su accién infractora, su confesién y atrepentimiento, dialogéndolo ante los dioses, podia ser igualmente interpretado como una falsedad por ellos, por lo cual el re- curso era ofrecer presentes, sacrificios 0 cualquier otra muestra de expia- cién externa marerial conciliadora que pudiese ser considerada sincera. En definitiva, el sentido de lo misterioso, de lo insondable, llevé a los hititas a buscar una explicacidn coherente en la que el propio hom- bre ruvo cambién un papel destacado. Asf, su universo, en el que tuvo que convivir con unas complejas fucrzas irracionales inalcanzables y que, en multitud de ocasiones, generaban esa conciencia de inseguri- dad, fue interpretado hasta donde pudieron en una clave humana, més accesible para su comprensién como seres de carne y hueso. En sf, mu- chos de sus principios érico-morales y las creencias religiosas tuvieron asi un marcado cardcter utilitario y pragmético en el que era preciso sa- ber acruar de una determinada forma en el momento apropiado, argu- mentando cara a cara con los dioses —p. e., mediante las plegarias—, para evitar en lo posible romper el orden universal y sufrir sus consecuencias. 34 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO. Figura 2. Plano general de la capital hitita de Hattusa en la actual Bogazkoy / Bogazka- le (P. Neve, Hettaie-Stads der Gotter und Tempel. Newe Acagrabungen in der Hauptsade der Hethiter, Maguncia, 1993, p. 16, fig. 27). 4, La huella fisica del mundo sagrado hitita. Los lugares sagrados terrenales El principal lugar donde residfan las divinidades hicivas en la tierra era cl edificio del templo, que no cra un recinto para acoger a los fieles. Los mejores ejemplos de este tipo de constracciones, conservadas parcialmen- te, se sittin en la antigua capital hitita de Hattusa, All{ se ubicé la sede de los principales cultos a las divinidades del panteén oficial hitita, existiendo santuarios repartidos tanto en la llamada «ciudad baja» como en la «alta» Es muy significariva la afirmacién de la pareja real, formada por Hartusili IIT su esposa Puduhepa, en una de sus oraciones a la gran divinidad Solar de Arinna (CTH 383): «que la localidad de Arinna, tu Localidad amada, y la de Hattusa se conviertan en lugar de asamblea de los dioses» EL CONTEXTO 35 N | el ‘Templo Figura 3. Plano general del complejo del Templo I en la «Ciudad baja» de Harcusa, en Bogazkoy / Bogazkale (K. Bittel, Hatteacha. Hauptstadt der Hethiter. Geschicbie und Kultar ciner altorientalischen Grossmacht, Colonia, 1983, pp. 72 ss.) La preocupacién de los monarcas hititas por esta serie de edificacio- nes se hace evidente no s6lo por el ntimero de santuarios hallados, sino por las miltiples referencias en la documentaci6n textual a las labores de construccién, restauraci6n y arreglo en el dominio de la arquitectu- ra religiosa en general, dentro y fuera de la capital. En estos templos, cn particular, como sedes fisicas 0 morada de los dioses, tenfan lugar gran parte de los ceremoniales de culto. Ademés, en él se encontraban sus imagenes 0 estatuas de dimensiones modestas. Eran las representaciones personificadas de las fuerzas sobrenaturales del universo. De los santuarios de la capital no se sabe con certeza el nombre de la divinidad a quien estaban consagrados, salvo en el prin- cipal 0 gran Templo I, con dos estancias gemelas, en vez de un tinico sancta sanctorum, que si se han atribuido al dios de la Tempestad y a la divinidad Solar respectivamente. 36 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO Este Templo I, dencto de las diversas variaciones conocidas, sirve de ejemplo para conocer un modelo tipico de edificio sagrado hitita. Su gran tamaiio y la ubicacidn sobre un lugar elevado dentro de la «ciu- dad baja» lo destacaban sobre el horizonce para hacerse visible desde todos los puntos. La estructura total cubria alrededor de dos hecedreas, formando un complejo con zonas més profanas y otras especificamente sacras, rodea- da por un muro sagrado 0 semenos. En el centro del complejo arquitec- t6nico se situaba la estructura de planta rectangular del santuario pro- piamenre, y separada por una calle adoquinada que la circundaba, existia una serie de estancias coasideradas almacenes 0 depésitos —in- cluyendo también los archivos del templo-, donde se conservaban los alimentos, las bebidas y los multiples ttiles necesarios para el culto, sumadbs a los botines de guerra donados por el rey y otras ofrendas de todo tipo. En sf, el peso especifico de la estructura templaria y su casta sacerdoral gestora, aparte de su influencia y poder en la estera religiosa, formaba parte y articuleba la propia estructura socioecondmica hitita, Los documentos son muy expliciros sobre el aporte de diversos ob- jetos preciosos —encre los que figuraron las estatuas de los dioses de las poblaciones vencidas~ que enriquecieron el cesoro del remplo. Un rese- Sable ejemplo lo proporcionan las «Hazafias del rey Haceusili I» (CTH A, versién hitita) tras la realizacién de campafias, dentro y fuera de Anatolia: (§§ 2-3) 6. Marché contra la ciudad de Zalpa y la aniquilé y me llevé conmigo sus dioses. Y oftect tres carros madnanw a la divinidad Solar de la ciudad de Arinna, Di un toro de placa y una cadena de pla- taal templo de la divinidad Mezulla. (§ 6) Aniquilé el terricorio de la ciudad de Ulma y en su emplaza- miento sembré mala hierba. Y ofteci sus siete dioses al remplo de la diosa Solar de la Arinaa, entre ellos un toro de plata, la diosa Kariti, el monte divino Aranhapilanni. Los dioses que quedaban los ofreci al templo de la divinidad Mezulla. (§ 7) {uu} Tas gentes que traje conmigo (de Sanahuita), las ofteci a la divinidad Solar de Arinna. ($§ 11-13) La plata y el oro era incalculable. Me Ievé sus dioses (de Hassuwa): el dios de la Tempestad, sefior de Arruzza, el dios de la ‘Tempestad, sefior de la ciuudad de Halap, las divinidades Allatum, At- talur y Lihuri, dos toros de plata y tres estatuas de plata y oro, asf como dos maquetas de santuarios hamri. Guatnect la pared posterior del san- tuario con plara y oro y guarneci la puerta con plata y oro. Una mesa guarnecida de oro, tres mesas de plata, un {...} de plata, un sillén de brazos guarnecido de oro, un {...] de oro, un carro madnanz de oro, dos cetros de piedras preciosas guarnecidos de oro: tales objetos de la ciudad EL CONTEXTO 37 de Hassuwa le llevé a la divinidad Solar de Atinna, La hija de la diosa Allacum, Hebat, tres estatuas de plata y dos estatuas de oro, las Heve al templo de la divinidad Mezulla. Un mango de [...}, un cerro de oro, cinco mazas de plata, tres dobles hachas de lapistazuli y una doble hacha de oro, las Leve al templo del dios de la Tempestad. (§ 17-19) Dos pares de carros de transporte (desde Habha) fueron cargados de plata: un carro madneni, un ciervo de placa, una mesa de oro una mesa de plata, los dioses de la cindad de Habha (contimia deta- Mando una sorie de objetos) {...1, E] rey de Timana oftecié al gran rey (Hat- tusili D un carro ligero de plata, Yo se lo oftecf a la diosa Solar de Arin- na: oftec dos estatuas de alabastro a la divinidad Solar de Arinna!®, Los otros templos de Hattusa obedecieron a un plan de conjunto, si bien mostraban variantes. Todos tuvieron sus cimentaciones y el arranque de los muros elaborados en grandes piedras, con paredes de adobe con una armadura horizontal de vigas de madera en su interior. La entrada al tem- plo se realizaba por el pércico principal, aunque existieron otras entradas secundarias, y por un corredor de acceso o vestibulo. El edificio sagrado se conocfa en los textos con el rérmino sumerio de E.DINGIR™, o su equi- valente hitiva sianas pir / parna (Licetalmente «casa del dios» )!!. El santuario se articulaba alrededor de un patio central abierto tam- bién rectangular desde donde se reafa acceso al interior, hacia el sancta sanctoram'?, descentrado en telacién con la entrada principal. Dentro de esta estancia sagrada se encontraba la estatua divina y el altar para las ofrendas. La imagen estaba colocada sobre un zécalo 0 pedestal ilumi- nado por una especie de aberturas 0 ventanas, y no directamente desde dl patio interior. Este tipo de iluminacién marcarfa una diferencia con respecto a lo que ocurria dentro de los recintos més sagrados de otras civilizaciones del Oriente Préximo antiguo, donde se estaba en un am- biente de penumbra. Fuera del santuario, aunque perteneciente al complejo, existia una zona especial (E SKIN. TI 0 «casa de trabajo»), que algunos han in- terpretado como un recinto para el alojamiento y lugar de trabajo de los servidores del templo y otros encargados del culto, si bien también se ha pensado en que fuese una gran escuela de escribas. Esta construc- cidn se situaba en oeste-sudoeste del templo y estaba separada de él por una nueva calle adoquinada. En este érea habitarfan los sacerdotes, es- cribas, junto a otto personal relacionado con la vida diaria del remplo (cocineros, panaderos, artesanos...). 1 Bernabé y Alvarez-Pedrosa, 2000, pp. 103 ss. 1. A su vez, se ha identificado con otro vocablo de significacién mas impreci ‘karimm / ni, genéricamente «edificio sagrado (?)». 1 BL Eznnakkessar o ESA, «cdmara interior». aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO Al menos, aunque su lectura hitita también se ha telacionado, sin confirmacién, con el sumerograma E.DU , US. SA — EFL E.DU,,,US.SA se acepta que fue una posible cémara luscral o lugar para las abluciones ricuales que se podria situar, sin ninguna certeza, bien dentro de la propia construccién tem- plaria, o bicn cn ottas zonas independicntes, inclusive en Los al- rededores de los nticleos habitados. —El ‘halentu(wa), bien un edificio independiente vecino al tem- plo o bien formando parte de su propio complejo, conocido para lo- calidades como Hartusa, Arinna, Ankuwa, Nerik 0 Zippalanda —entre las mas importantes—, y que se ha identificado como una es- pecie de «gran sacristfa. Sin embargo, otras teorfas no descarcan que esta construccién tuviese un carécter mas puramente profano aunque con fines culruales— y estuviese més en relacién con una re- sidencia real 0 con el propio palacio 0 alguna de sus dependencias, por consiguiente, situado en la acr6polis del Biiyiikkale en Hartusa, 0 incluso en Ja Hamada «Casa sobre la Pendiente». Lo que si parece mis evidence es que en el balentu, durante las grandes eventos cul- tuales, la pareja real procederfa a vestirse para las celebraciones, des- cansaba, realizaba banquetes ricuales 0 se reunfa con otros miembros del cortejo antes de realizar la procesidn sagrada hacia el templo. Por otro lado, son resefiables otros edificios religiosos emparentados con el mundo funerario 0 de culto a los ancestros en el cfrculo de la casa real, y con una estrecha relacidn entre ellos mismos, como fueron: (a) la «Casa de Piedra» (E. NA,), donde eran llevados los huesos y cenizas del monarca hi- tita tras su cremaci6n, actuando como una tumba, al mismo tiempo que institucién econémica pata el mantenimiento del difunto regio; (b) el “hes- ta / i, construccibn en relacién con las divinidades infernales encabezadas porLelwani, también se ha identificado como osario, mausoleo o capilla fu- neratia real, que se ha querido localizar en la pequeiia camara B de Yazili- kaya, concretamente, en honor de uno de los iltimos soberanos hititas: Tu- thaliya IV; y, por tltimo, (c) el N“hekur, 0 «Casa-santuario sobre el Pico Rocoso», una especie de santuario vinculado al culto a los muertas sobre un lugar rocoso consagrado, entre otras, a una divinidad como Pirwa origina- ria de Kanes / Nesa (actual Kiileepe), que también se ha querido localizar dentro o en las inmediaciones de la propia capital 5. Los hititas entre Oriente y Occidente, gun legado de tradiciones comunes mitico-religiosas para la posteridad? Dicho esto, cabe preguntarse qué aspectos relacionados con este mundo de las creencias religiosas hititas muesrran alguna coincidencia aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO 43 nado de los Cielos» (CTH 344), con las luchas por el poder entre di- versos dioses —en particular Kumarbi y Tesub, finalmente victorioso—; y, por otto, la narracidn del tema de la Tevgonéa por parte de Hesiodo (s. vii a.C.) y sus generaciones divinas —con un triunfante Zeus. Dentro de este campo de la narracién mitica hitica, hay similicudes, por un lado, tanco en cl caso del «Canto de Uikummi» (CTH 345), monstruo que lucha con ‘Tesub, como en el mito de tradicién. puramente anarélica «La lucha contra el dragén» (CTH 321), en este caso con el dios de la ‘Tempestad, y, por otro, el tema griego del enfrentamiento entre Zeus y Tifén, narrado por Apolodoro, Se podria hablar de un entramado mitico en todo el dmbito del Mediterraneo oriental que presentaba temas y moti- vos muy emparentados. Gran parce de los modelos, con orfgenes diversos, penetrarfa, como orras concepciones mentales, desde Asia Menor, Chipre 0 Fenicia en el mundo griego, en donde fueron adaptados y reelaborados. No obstante, si estos ejemplos apuntados no son més que huellas dispersas, no definitivas pero si sugerentes, de un transvase de influen- cias 0 una pervivencia lejana del acervo mitico-religioso oriental —entre lo que se cuenta todo lo hitira— sobre otras civilizaciones y pueblos mas cercanos a nosotros, la huella derivada de otros elementos de la vida y costumbres cradicionales que manifesté esta comunidad de creencias fue muy relevante y perdurable, De hecho, algunas de las costumbees fune- rarias de los hitiras, narradas, p. e. en los funerales regios hititas (CTH 450-T-9), y las que se describen en la Iida pata los héroes Patroclo y Héctor; 0 incluso las creencias en el Mas Alla con la existencia de una especie de Campos Eliteos, manifiestan muchos puntos en comin Sin saber con certeza cémo acontecié este proceso concreto de transmi- si6n de una herencia cultural del mundo mitico-religioso oriental contem- porineo al reino de Harti, y en qué grado tuvo como protagonistas efecti- vos. los hititas con respecto al occidente anatélico y al Egeo, fue innegable la existencia de algtin tipo de contactos (directos o indirectos, pactficos 0 bélicos) entre étos y la cultura griega de los aqueos micénicos con toda certeza los Abhiya(wa) citados en la documentacién hitita-, tal como la ar- queologia y los textos parecen confirmar. Desde los tempranos momentos de la mirad del IT milenio a.C., durante el periodo de la Edad del Bronce, el conocimiento mutuo de ambas civilizaciones de raices indoeuropeas y ad- venedizas ambas en cl Mediterrineo oriental pudo abrir las primeras vies del inrercambio de tradiciones que se hicieron més enriquecedoras y comu- nes por el empuje de las otras ya milenarias préximo orientales. No obstan- re, la cultura griega, a pesar de la desaparicién del mundo micénico y los momentos posteriores de zozobra generalizada —concretamente a partir del 1200 a.C-, consiguié pervivir en los siglos posteriores como una pujante y culta civilizacién, mientras los hititas cayeron en el mas absoluto olvido Entre los griegos del I milenio a.C., sin embargo, en sus referencias literarias se conservaron ecos lejanos a esta €poca, salpicando aqui y alld 44 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO algunos de sus relatos semi-legendarios. A titulo de ejemplo, entre un repertorio mas amplio —en particular con el ciclo troyano—, no se puede descartar que el conflicto bélico narrado por Homero en Troya/ (W/)ilios (la mas que probable regidn hitita de Wilusa) pudo hacer referencia a acon- tecimientos histéricos en los que las motivaciones econémico-estratégi- cas, con cl control de los estrechos en ¢l extremo noroccidental de Ana- tolia durante el s. XII a.C., involucraron a los aqueos micénicos y a los anatélicos, entre los que se encontrarfan los hititas. En el otto polo con un fuerte componente indoeuropeo: el romano, se visumbra més aftida y evidente alguna esencia del pensamiento hiti- ta y su comportamiento frente a sus dioses; 0 la coincidencia en algunas pracricas littirgicas y riruales; 0 simplemente en concepciones simbélicas similares. La experiencia de los fendmenos del universo, con sus intentos de explicacién medianre un lenguaje coherente, se fue proyectando, evo- lucionando y enriqueciéndose con el paso del tiempo hasta estas otras re- alidades culturales mas complejas, aunque con basrantes rasgos de afini- dad. Sin duda, mucha de la ideologia esencial y comportamientos derivados de las creencias religiosas hititas presentan estrechas analog as con el mundo romano mas cercano a nosotros, y asf esta lejana herencia cultural comin entre pueblos separados por el tiempo y el espacio, pero unidos por un espfritu ciertamente prictico en el tratamiento de lo sa- grado, se manifest6, aqui y all4, haciéndose notar en los textos. EL CULTO Y LA DEVOCION ENTRE LOS HITITAS Las actitudes mentales de la comunidad hitita hacia sus divinidades, sus manifestaciones religiosas y todo el mundo de lo sagrado emparenta- do con elas, plagado de complejos matices para nosotros, se evidenciaban en unaserie de actuaciones protocolarias Lirtirgicas que conllevaban el ho- menaje respetuoso y sumiso hacia las fuerzas sobrenaturales adoradas. La devocién de los fieles requeria de un servicio de culto muy rigu- foso que incluia ritos, fiestas, gestos, sacrificios, oraciones y ortos cle mentos cultuales que representaban los signos visibles de aceptacién de lo divino y su relevancia. El procedimiento culcual y su ceremonial, prolifico y complejo, claborado por un personal especializado y jerar- quizado desde el rey, conllevaba su cumplimiento estricto y riguroso por los hititas. Todo ello, si nos arenemos a la naturaleza de unas divini- dades que Ginicamente vefan los actos externos realizados por el hombre, y no s6lo su rrasfondo preciso y la intencidn tilrima que los animaba Las practicas de culto sagrado en el reino hitita, sin embargo, no se mostraban como un cuerpo homogéneo, sino que evolucionaron a lo largo de su historia, primero sobre la base de las tradiciones hatico-hi- titas ancestrales, y luego se enriquecieron por las influencias externas, EL CONTEXTO 45 en particular con el aporte desde el ambiente cultural hurrita. Esta fal- ta de uniformidad, tanto en el tiempo como en el propio espacio geo- grafico de Anatolia, con un poderoso peso de las tradiciones locales frente al culo estaral hicita, ha influido notablemence en el desconoci: miento que poseemos sobre el origen y la finalidad de la compleja li- turgia hitira, plagada de numerosas reglas de conducta detivadas de sus permeables creencias religiosas. Indudablemente, todo lo referido al culto oficial hitita, por un lado, y ala devocién privada o a las practicas locales, incluyendo sus diferen- tes rituales, por otro, presentan demasiados problemas de interpretacién (vocabulario desconocido, contenidos oscuros, multiples tradiciones mezcladas...). Sin embargo, algunos datos planceados en adelante sobre estas practicas rituales permitirén marcar algunos perfiles aproximados de cémo pudo ser la realidad magico-religiosa de los hititas. L. Las celebraciones hititas Uno de los elementos principales que servfa de eje al culto sagrado, en concreto las festividades religiosas regulares y tradicionales —en me- nor medida los rituales episédicos-, y sobre el que gira, por lo comin, la vida diaria de la poblacién hitita, era una regulacién aceptada del tiempo mediante una especie de calendario en uso, con la fragmenta- cidn del afio en sus respectivos dias, meses y estaciones. No se ha con- servado entre las tablillas cuneiformes ningiin ejemplar de referencia 0 un modelo de almanaque que identifique pertinentemente cémo se at- ticulaban al detalle desde las jornadas hasta las estaciones principales del afio. No obstante, por otra serie de documentos de género variado se confirmarfa indirectamente que el devenir de cualquier actividad hi- tita se fundamentaba en los ciclos naturales. En cualquier caso, se constata el vinculo sdlido entre los periodos del mundo agricola incluidos en el almanaque mental popular, basados en lo que el hitica observaba directamente de su entorno natural, y los que definirfan el calendario del aio /itdrgice oficial. Con ello, las festividades y los ritos perteneciences al calendario religioso hitita cobraban también un sentido al incluirse en las sucesivas fases del afio. Unas fases que, acle- més, se asemejaban a los ciclos vitales (desde el nacimiento hasra la muer- re de cualquier ser vivo), igual que en la naturaleza y el ciclo agricola acontecfa entre la primavera y el invierno, El calendaria litirgico De manera particular, cualquier tipo de calendario anual que rigie- se la vida en la Anatolia hitita tenfa, con probabilidad, su punto de re- aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO 37 Ahondando en este tipo de practicas religiosas, tienen un apartado especial ceremonias que, aunque eran oficiales, se pueden considerar desde una perspectiva mds singular. Se distingusan de los simples ri- tuales mégicos manceniendo la estructura de cualquier fiesta. Encre ellas merece citarse, por su vinculo con uno de los principales fenéme- nos metcorolégicos hititas, la «festividad de la rormenta y cl trucno» (CTH 631-T-6), indicada para «cuando el dios de la Tempestad true~ na», aludiendo a uno de los atributos mds evidentes de esta divinidad Estos festivales del trueno (también conocidos como EZEN, tethesnas o EZEN,, tethuwas), aunque partiendo de rituales elaborados contra el pe- ligro de las tormentas —por sus rayos y truenos-, se relacionaban, como en este caso, con diferentes circunstancias que envuelven particular- mente al rey hitita, institucionalizéndose dentro del género de las fies- tas oficiales De cierto interés eran las conmemoraciones oficiales por las deno- minadas divinidades turelares 0 prorectoras LAMMA (CTH 682-685), enraizadas en el mundo hético. Encre ellas se destacan, por un lado, la «fiesta por todas las divinidades tutelares» (CTH 682), con la que se persegufa, mediante la veneraci6n y las ofrendas presentadas a este nu- meroso grupo de entidades sobrenacurales, que irradiasen su poder be- néfico para proteger los intereses y la vida del monatca. Y, por otro, la «fiesta de renovacién del KU9£ursan (CTH 683=T-7), objeto de culto emparentado con algunas de estas entidades protectoras. En efecto, esta celebraci6n oficial de renovacién da una idea de la importancia que para el hitira renfan los simbolos de culro que representaban a estas fuer- zas sobrenaturales protectoras, en su caso, bajo la forma de una especie de tétem: el Arsa, de la naturaleza que fuese. A la luz de estas reflexiones, el cuadro de los festivales hititas que se ha presentado era muy complejo. Sin haber entrado detalladamente en la descripcién y enumeracidn de la toralidad de las celebraciones con- servadas en sus textos*!, al menos se ha dado una idea aproximada del calendario lieargico que se tenfa que abordar desde las altas esferas de Hatti, aglutinando practicas de devoci6n y culto local, en una superpo- sicién de eventos que ocupaban la mayor parte del afio hitita. Efectiva- mente, entre la capital Hattusa y el resto de localidades anatdlicas de diversa tradicién étnica, culcural o religiosa (hdtica, luvita, hurrita...) que comprendian el extenso reino de Hatti, se celebraban las doce fies- » Se han Ilegado a identificar por los textos unas ochenta festividades distintas, de entre ellas se pueden resenar: EZEN, !Mala, «fiesta del rio Euftates»; EZEN,, had / fas 1i, de dificil identificacin; o bien otras que se refieren a otras actividades especificas agri colas como EZEN, URUDUgT, KIN, «fiesta de la hoz (o del arado, “'SAPIN)»: EZEN, BURU,, 6EZEN, harpas, «fiesta de la cosecha», 0 bien EZEN, habrannas, «fiesta de la recoleccién, que, en conjunto, se vefan incluidas en el calendario cultural hitita. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO 61 Mas All, como presenta el mito de Inanna / Istar en los infiernos (no muy alejado del clasico de Deméter y su hija Coré / Perséfone). Tipologta de precticas mdgic . Ritos de paso, parificatorios y propiciaiorios Ahondando en la tipologia de las practicas migicas hiritas, se des- tacan concretamente un amplio grupo de rituales que regulaban y faci- litaban el paso o el trdnsito de una siruacién a orta, y, en concreto, el cambio de estado durante el proceso de la vida. Ritos que han tenido gran tradicién desde la Antigiiedad oriental y grecotromana, mante- aiéndose en formas variadas hasta la actualidad en culturas de diversas creencias y lugares*® Los hititas abordaban mégicamente cualquier fase del ciclo viral para procurar el mantenimiento de la ran deseada armonia natural del cosmos, tanto individual como colectiva. Desde el proceso de naci miento hasra el paso de la vida a la muerte, requerfan de complejos ri tos, muy marcados por la celetidad del transcurso del tiempo en la cor- ra trayectoria vital del hitita, Mas significativo es que no se conserve documentaci6n ritual acerca de una fase intermedia de trénsito tan des- racada como el matrimonio. (a) Sin embargo, todo lo emparentado con la Hegada de nuevos seres humanos al mundo, en periodos caracterizados por una gran mortali- dad infantil, atrajo la atencién y la preocupacién de los hititas. Asi, en la documentacién escrita de vatiado género (mitos, relatos, plegarias, profecfas, textos histéricos, epistolares, legales o rituales) se aludia a cuestiones como la concepcién, la gestacién, el aborto o el nacimiento y el posparto. En general, muchos rituales se relacionan con cuestiones de la pro- creacién, y a través de la analogia y por la experiencia diatia del hitita, perseguian atraer la fertilidad y la reproduccién a todos los niveles, p. € en la naturaleza en general (rituales propiciatorios magawar, incluidos en los mitos de los dioses que desaparecian irritados sembrando el caos en el mundo, CTH 323-325 entre otros); en el ser humano («ritual de Pas- kuwattiv, CTH 406, por la impotencia sexual, o «ritual Tunnawiya», CTH 409); en el ganado (CTH 446) 0, incluso, en algtin cultivo parti- cular («ritual de Anna», CTH 392, por un vifiedo inférril). ® Rituales inicidticos o fiinebres desarrollados, p. ¢., en el mundo griego y coma- no, o incluso los mas generalizados de iniciacién en miilriples culturas, desde la Pre- historia; los de las grandes religiones: bautismos, comuniones, matrimonios, exe- quias..., circuncisiones...}0, simplemente, la Hamada popularmence «puesta de largo», serian algunos de los acontecimientos que simbolizan cambios en las personas por stt edad o el rango 0 posicién alcanzados dentro de cada ambito socioculeural. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO 69 subterréneo lo que les hacia actuar m4gicamente a los hititas. La esfera infernal se convertia en el lugar al que se queria transferir lo funesto 0 el suftimiento fisico —por lo comtin en forma de enfermedad-, porque éste provenfa de allf y le pertenecfa. Para ello, los hicitas realizaban complejos rituales de sustitucidn, cuyo origen debe ser rastreado en Me- sopotamia, rituales que mucho tienen también de purificarorios, en los que se enviaba al mundo subterréneo la amenaza que aquejaba al pa- cience, en forma de un sustituto que podfa set destruido mediante sa- crificio e incineracién (eliminando el mal originario materializado). Aunque el uso de nakkussi y tarpalli (objetos, seres vivos 0 sus imige- nes), identificados con el paciente, se extiende a los més variados pro- cedimientos m4gicos de numerosos rituales populares anardlicos (p. ¢.: CTH 391, 394, 398, 404-405, 407, 410, 421, 425 6 480), algunos ejemplos resefiables tienen que ver con los avacares desafortunados, in- cluso los derivades de los designios divinos, que podfan acosar a la pa- reja real y habfan sido presagiados por diversos recursos adivinatorios (suefios, profecias, signos de la luna...). En uno de ellos (CTH 380), el sustituto real empleado en lugar de la esposa enferma del monarca era una mujer pucificada y vestida para el caso, cuya suerte tiltima se desconoce, pero que debfa ser presentada, junto a una serie de ricas ofrendas, ante la divinidad Lelwani. En otro caso (CTH 416), los sustitutos de la pareja real, en forma de animales, eran sacrificados y enterrados en un hoyo que se tapaba para desterrar el infortunio a las profundidades infernales y evitar que volviese a surgir. En otros (CTH 419-420), el recurso de los sustirutos reales (en ambos, prisioneros de guerra) tenfa por objeto salvar de la muerte al rey hitita en una situacidn de extremado peligro paca él mismo y para el reino, En la primera versién (CTH 419), un farpalli (un bovino) era sacrificado, junto a otros animales, a diversas divinidades, mientras el humano era ataviado y ungido como el soberano, para ser conducido hacia el territo- rio enemigo. En la segunda (CTH 420), se recurrfa a una imagen inves- tida como el monarca y a un prisionero que, al cabo de una semana de ser considerado como el «nuevo rey», era posiblemente sacrificado. Con posterioridad, el rey realizaba una serie de ritos purificatorios, sacrificios y oftendas, demandando que las divinidades del Mas Allé aceptasen ple- namente a dicho susticuco en su lugar (CTH 419). Es muy significativo, finalmente, un ritual purificatorio contra la afasia de un rey hitita, Mursili Il (CTH 486-T-10). En concreto, el texto manifestaba la causa fortuita que hizo que el piadoso Mursili I, en una de sus salidas de la capital hacia las regiones sudorientales de Kizzuwatna, perdiese momentdneamente el habla durante una tor- menta, aparentemente por un fuerte trueno. Este atributo del dios de la Tempestad se presentaba como un presagio desfavorable y sus conse- cuencias posteriores inquietaban al monarca. Tras las consultas oracu- aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO 2B agua y se realizaban las ofrendas pertinentes. El agua, el fuego y la tierra (bajo la apariencia de un pértico de marorral de espi- no)** estaban muy presentes para eliminar mdgicamente la con- taminacién que afecraba a las cropas, al mismo tiempo que les proporcionaba la confianza necesaria para el combate. En cuanto al paso entre las dos mitades de una victima —una de cllas hu- mana-, formando una suerte de puerta 0 pasaje, debfa de tenet una importance virtud purificadora reforzada por el agua, el fue- goy la tierra. Ast quedaba expiado el maleficio, que serfa absor- bido por los propios despojos®. — Por tiltimo, se puede indicar un ritual de purificacin, con agua y fuego, para la principal arma tactica del ejército hitica: el carro de guerra tirado por caballos (CTH 644), En cuanto al recurso a propiciar a los dioses en favor del ejército eran especialmente resefiables los considerados rituales de evoca- cién”®, con similitudes a la evocatio latina, La finalidad buscada por los hititas consistia en atraerse a todas las divinidades evocadas (enemi- gas 0 ajenas), sin olvidarse de ninguna, hacia el terreno propio, por medios magicos, para que les fuesen propicias (en la salud, la descen- dencia, las victorias...). Se las integrarfa en el pantedn y se las venera~ rfa en los santuarios de Harti, dejando asf a sus rivales desprotegidos de su amparo imprescindible Entre estos rituales se destacaba, por un lado, un tito para cuando el ejército alcanzaba la frontera enemiga, concretamente en un territorio li- mitrofe con las poblaciones hostiles gasgas de las montatias del norte de Hatti (CTH 422=T-12). El planteamiento de estas ceremonias, con la in- 48 El hatalte / isnas con sus espinas, por analogia, rete la misma funcién magica purificadora en otra serie de rituales (entie otros: CTH 393, ede Anniwiyani»; CTH 398, «de Huwarlun; 6 CTH 409, «de Tuanawiya), aunque también se usaron para estos pérticos otras madera, p. e., de alenzana (CTH 409), in- determinada. * Aparte de los hititas (p. e., CTH 393 6 470) atravesar entre seres sactificados como lustracién ritual, incluidos los ejércitos, fue una costumbre extendida entre otros el mal y fue utilizado con pueblos y periodas: entre los hebreos (Gn 15; 0 Jer 34), los persas sasinidas (s. 1V), ¢ jgualmente citado en diferentes contextos por diversos autores cldsicos (Herddoto, Quinto Curcio, Tito Livio o Plucarco). % Entre los cextos hititas de cituales, fuera del ambiente militar, se describieron también operaciones madgicas especificas del tipo evacatio. El origen de la mayoria fue el ambito hurrito-luvita de la region de Kizuwatna. Se destacan entre las eworationes con- servadas: el «ritual de Anniwiyani» (CTH 393), el «ritual de traslado de la divinidad de la Noche (0 Negra)» (CTH 481), 0 las ewocationes a diversas divinidades (CTH 483- 485, 706 y 719). En general, en el género de las oraciones hicitas también se reflejé la enocatio (p. ¢., CTH 375, 377 6 381). aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO 7 imugesnas, lit. «sefior del magessar») recitaba un mito en el que recorda- ba épocas lejanas en las que los dioses habian padecido una situaci6n andloga a la que aquejaba actualmente al peticionario humano, y cémo los inmorrales la habfa solucionado. Estos mitos, generalmente referidos a dioses diversos que desapare- cfan itricados por alguna negligencia divina o humana™, se convertian en la parte principal oral ¢ iluscrativa de los sucesivos tratamientos mé- gico-analdgicos del ugawar de propiciacién. Con éste se buscaba solu- cionar, por manipulacién ritual purificaroria, las circunstancias adversas (falta de salud, mal parto, infertilidad de la tierra, descuido culcual...) que sufrfa el propio hitita personalmente o que afectaban al reino. Con la actividad mégico-religiosa de los rituales, efectivamente, los hititas perseguian conjurar lo excepcional de su universo, tanto en la este a de lo trivial como en la de los graves problemas. Lo insdlito, en general, parecfa atraer la consiguiente impureza y con ello la desestabilizaci6n del orden rector del cosmos. Los ritos, pues, intervenian directamente en to- dos los procesos vitales de los hitiras que se encontraban interrelacionados con su mundo mégico-religioso: tanto los de iniciacién o transicién (des- de el nacimiento hasta la muerte) como los que se vinculaban con codo lo cotidiano y extraordinario de su vide diaria, La creencia en los diversos mecanismos de purificacién de los ritos paliaba en parte el extremado temor que los hititas, como otros pue- blos de la Antigiiedad, demostraban a las manipulaciones de la magia negra (hechicerfas y sortilegios maléficos) que podfan ser usadas por cualquier persona, y, en general, a la contaminacién fisica o moral en la que podia caer el set humano por otras vias. Ciertamente los rituales, del género que fuesen, incluidos en las gran- des ceremonias 0 en solitario, formaban parte esencial del patrimonio re- ligioso de Hatti y de sus creencias, oficiales o populares, ligadas a actitu- des y valores emparentados con lo sagrado y lo magico, En conjunto, eran creencias y ritos que guardaban una continuidad, supervivencia 0, all menos, mostraban una especie de lugares comunes con muchos otros de las sociedades antiguas. De manera particular, entre las tradiciones de las genres del ambiro lingiifstico indoeuropeo posteriores (desde los griegos en adclance), se manifestaba una cierta herencia comtin con una supervi- vencia de pricticas magicas determinadas que, en su justa medida, ya ha- bfan sido empleadas en la Anatolia hitita del I milenio a.C. En realidad, la celebracién de los festivales periédicos o de los ri- tuales ocasionales se justificaba en momentos y circunstancias derermi- °° En este tipo de mitos (CTH 323-327 6 332-336), la desaparicién de las divini- dades sembrata el caas a todos los niveles, con lo que se hacfa necesario hacerlas volver. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO 81 ocupasen una destacada posicidn en la jerarquia eclesiéstica, como sa- cerdotes principales ?“SANGA 0 GAL '™SANGA) de los mas re- levantes cultos centrados en lugares de interés politico del reino. Un reseftable ejemplo lo tenemos en Telepinu, el hijo del gran Suppiluliu- ma (3. xIva.C.), que ejercfa, por mandaco de su padre, como sacerdo- te de Tesub, Hebar y Sarcuma en dos ambitos de tradicidn hurrita, como Kizzuwatna (Cilicia) y Alepo (Siria), donde ademés era el rey (LUGAL), Con ello Suppiluliuma se beneficiaba al tener ambos lugares asu favor durante sus campafias de expansién sirio-hurritas El gran conquistador Suppiluliuma, con gran amplitud de miras, mostraba otra de las caracteristicas de la monarqufa hitita: su deseo de in- tegrar tradiciones mas que someterlas y destruitlas implacablemente con el rodillo de las huestes de Hatti, Asi, durante las campaiias sitio-hurri- ras, al conquisrar la importante localidad fortificada de Karkamis, sobre el curso del rfo Eufrates, quiso respetar los remplos en ella venerados™: Cuando conquisté la ciudad (de Karkamis), entonces mi padre que fue remeroso de los dioses, arriba en la ciudadela no dej6 a nadie en presencia de la divinidad Kubaba y de la divinidad protectora LAM- MA, y no se aproximé de cercaa ningtin cemplo, incluso les mostt6 re- verencia (y) entonces dio {...}. Sin embargo, desde la ciudad baja se apoderé de la poblacién, el oro, la plata y los enseres (?) de bronce, y lo trajo (todo) a la ciudad de Hatcusa. Otros quehaceres religiosos més terrenales y tangibles de los mo- narcas hititas se centraban, desde el punto de vista material, en cuidar de los templos, objetos littirgicos y el personal de culto. En estos do- minios, los soberanos se preocupaban para que todo fuese perfecto, tan- to por ellos mismos como por sus delegados en las zonas més alejadas de la corte. Aunque no existen muchas inscripciones que conmemoran sus actividades edilicias en general, como si fue el caso de los gober- nantes de Mesopotamia o Egipto, entre la documentaci6n hitita, tex- tual y arqueoldgica, se rastrea su faceta como constructores y restaura- dores de templos e imagenes sagradas. Concretamente, en la fase imperial tardfa (s. xt a.C.), entre los reinados de Hartusili III y, en particular, su hijo Tuthaliya IV, se acomerié la reconstruccién de la ca- pital, con el plan de edificacién de la «ciudad alta» y sus multiples san tuarios, ademés de la restauracién del gran templo de la «ciudad baja» Por otro lado, de este periodo sefialamos la fase final de embelleci- mienro del sanruario rupestre de Yazilikaya del que también han que- dado sus impresionantes huellas arqueologicas. © Giterbock, 1956, pp. 95 s. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO 85 En conjunto, debfan de atender rutinariamente a las necesidades de los dioses, cuyos fdolos debian ser lavados, vescidos y alimentados También debfan ser entretenidos, acaso, por algtin tipo de funcionarios sacerdotales que actuaban como miisicos, bailarines, cantantes, recira- dores, comediantes, masculinos y femeninos (entre otros, no rodos ellos del clero, los a MENAR, OME elliyari, OMESALAM., ZU,, © MES alu watalla 6 MEping), Se cuidaba, ademiés, el propio recinto sagrado de diay de noche por medio de patrullas de vigilantes 0 guardas (HY ME ee. hesgatialla, ! ™*paliyattalla 0 °° UMMEDA), evitando, p. e., los incendios 0 el acceso de intrusos al recinto sagrado (fuesen animales impuros, como el perro 0 el cerdo, 0 bien personas no autorizadas). In- cluso, en cada santuario se Hevaban por escrito los registros, reflejados en los textos que se archivaban en estancias para el caso. Esta labor te- cafa en manos de una serie de escribas ‘OED UB.SAR (en hic “OMS tybala 0 OM ruppas, lit. (a) Imagenes divinas, ajuares y ornamentos de culto Sin lugar a dudas, uno de los principales simbolos y objetos de cul- to era la representaci6n fisica de la divinidad: la estatua 0 fdolo (ALAM, en hititaesri 0 sena). Esta suerte de simulacro sagrado era el re- ceptaculo del ser divino en la tierra, donde permanecia depositado en el sancta sanctorum del templo, sobre una especie de plaraforma elevada. Los fieles se conformarian Gnicamente con verlo durante las procesio- nes en las que era paseado y Ilevado a distintos lugares del itinerario cultual. Estas imdgenes divinas, tratadas como seres vivos, pero en el escalafon de sefiores codopoderosos, eran cuidadas por el clero a su ser- vicio: lustradas ritualmente con agua y sustancias oleosas sagradas, asf como vestidas y alimentadas con las ofrendas diarias. Estas estatuas, imaginadas como seres humanos, de alguna forma, también permitian al hombre reconocer a los dioses que veneraba en cada momento. La fuente principal para la descripcién de los idolos, al no haberse encontrado ninguno, reposa en muchos de los textos de inventario de objetos y lugares de culto repartidos por todo el reino, elaborados en época de Tuthaliya IV (fin del s. Xil1 a.C.), asimismo se cuenta con los bajorrelieves rupestres, la gliptica y algunas pequefias estatuillas divi- nas halladas en las excavaciones. Sin que presentasen un gran tamaiio, sino més bien modesto —aunque pudiesen haber existido estatuas a es- cala humana, excepcionalmente y en la capiral hitita-, las imagenes de los dioses eran realizadas generalmente en metales preciosos (oro 0 pla~ ta) 0, al menos, recubiertas, chapadas o incrustadas con ellos en su to- ralidad 0 alguna de sus partes, siendo su atmaz6n interior de madera, Cuando habfa un deterioro de la estatua era necesario restaurarla 0 re- hacerla, como se ha reflejado en los detallados textos de inventarios, para evitar las consecuencias del enfado divino. °° Tampoco se han hallado en las excavaciones arqueol6gicas ejemplares de este tipe de objetos en gran atimero, algunos de gran valor —p. c., los idolos, realizados en metales preciosos- y otros en materiales perecederos, que se han perdido 0 ao se han preservado como las indumentaria y accesorios~. para que ayuden a identificar- Jos fisicamente. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO 113 tectoras LAMMA, era su emblema, siendo tratado claramente como si fuese el propio set divino, Recibia un culto particularizado en algunas grandes ceremonias como la «fiesta de su tenovacién» (CTH 683=T- 7), algo no extraiio al estar concebido en un material perecedero. El Lursa estaba ubicado, més bien colgado, en su propio cemplo, sede o, al menos, dentro de una estancia o capilla del santuario (E Airs), pero cs tuviese donde estuviese?> también era transportado a diversos lugares sagtados durante la celebracién de alguno de los festivales mis impor- rantes (p. ¢., el KILLAM o el AN. TAHLSUM**%) Otro conjunto de objetos pertenecienre al mobiliario de culto (p. e., los simbolos representarivos de las distintas divinidades) y la vajilla sa- grada eran del tipo de los enumerados detalladamente en algunos tex- ros. En particular, se puede aludir a los paramentos religiosos que habian sido saqueados de los santuarios de las regiones centro-septentrionales por los enemigos gasgas de las montafias del norte de la capital hitita, registrados en un fragmento de la oracién (CTH 375) de la pareja real Arnuwanda | y su esposa Asmunikal (s. xv a.C.), que informa a los dio- ses sobre los desmanes de los gasgas””: {...] Los discos solares y las ltinulas®” de la diosa Solar de Arinna, he- chas de plata y oro, bronce y cobre, los vestidos de lujo, los mantos, las ttinicas, los panes grucsos y los cuencos para las libaciones han sido ro- bados. L..] Hicieron pedazos las imagenes de vosorros, los dioses, pillaron la plata y el oro, los jarros y las copas de plata, oro y cobre, vuesttos uren= silios de bronce y yuestros vestidos y se reparcieron estas cosas entre ellos. Entre estos elementos litirgicos de gran valor, algunos de los més resefiables eran los multiples recipientes de la vajilla sacra, cuyas nu- merosas denominaciones proliferan (tanto en hitita, como en sumero- gramas y acadogramas) a lo largo de los textos. La elaboracidn de estos recipientes era tanto en ceramica, metal (p. e., cobre, aunque también metales preciosos) como de madera, En un gran ntimero de ceremonias © Bn ecasiones, aparece colgado del érbol-simbolo ey (tal vez, tin roble 0 un tejo) de cardcter sagrado vinculado con el dios hatico Telepinu que se relacionaba con la ve- getacida y la fertilidad, que, en conjunto, simbolizaban el bienestar y la prosperidad del reino hicita. °° Bernabé, 1987, pp. 264 s. © Frente a los sfmbolos solares (aliwera), comprendiendo los soles alaclos, habria una prototipo de medias o cuarto de unas (armanni, vocablo derivado de arma, «luna») claboradas sobre placas en metal, que representarian el emblema de las correspondien- tes divinidades asteales. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EL CONTEXTO ly A pesar de nuestra falta de informacién y desconocimiento generalizado, lo que condiciona la definicién de todos los pardmetros de las creencias so- brenaturales hititas, hemos podido percibir en pinceladas ese trastondo de compleja realidad en que se fundamentaban las costumbres magico-religio- sas de este pueblo de la Antigiiedad, a caballo entre Oriente y Occidente. PRESENTACION Y SELECCION DE LOS TEXTOS El ripo de documentacién hitita analizada constituye una porcién nada despreciable para conocer algunos de los aspectos generales y otros particu- lares de la religiosidad de este pueblo, de sus précticas de culto oficiales y de los rituales magicos celebracos. Tras esta somera aproximacidn, en las siguienres paginas, relavivas a la presentacién de los textos, no se ha proce- dido adescribir, eraducir, comparar o interpretar la toralidad del exhausti- vo inventario que compone el material cuneiforme hitita sobre los rituales (catalogado entre los ntimeros CTH 390-500 y 725-832) y festivales (CTH 591-724). Hay que comprender que en su mayoria son documentos de dificil lectura, traducci6n y andlisis en su significacién altima, debido a aspectos como; (a) la fragmentariedad y pésima conservacion de los textos; (b) el cardctet muy telegrdfico y escueto de la mayoria de ellos; (c) la termi- nologéa oscura y ambigua en la que estaban elaborados, con la existencia de vocablos especificos de una determinada materia, ademés de interpolacio- nes, parratos 0 simples vocablos en otras lenguas menos conocidas (como el hatico o el hurro-luvita); (d) asf como la falta de comprensién 0 ambigiie- dad que para nosotros tenfan muchos de los comportamientos, motivos o simbolos referidos en sus ceremonias. No tenemos, pues, una explicacién totalmente plausible para muchos de los comportamientos que los hititas nos han dejado en sus tablillas sobre asuntos mégico-religiosos. En realidad, estos testimonios escritos, conservados y compilados en Jos archivos hititas de las (ltimas fases del periodo imperial, estén re- dactados bajo la apariencia de una especie de pormenorizados manuales al uso de las practicas que debian realizarse paso a paso 0 esquemiatica- mente, y como recordatorio para cada rito concreto y / 0 celebracién re- gular. Efectivamente, no estamos ance documentos de carécter reoldgico o de tratados anal feico-incerpretativos de las pricticas de culto y su fun- cién, sino de textos puramente descriptivos y précticos de aspectos que ya daban por sabidos los oficiantes hititas en festivales y rituales. No obsranre, en el planteamiento de la obra, la presenracién de los documentos de las principales festividades del calendario y los més destacados rituales se ha realizado sobre una seleccién escogida de lo que se ha considerado més representativo dentro del género, para dar, asf, a conocer los diferentes aspectos del comportamienco cultual / ma- gico-religioso de los devotos hititas. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. I, FESTIVALES., FIESTAS REGULARES OFICIALES PROGRAMA COTIDIANO DE LA FIESTA EZEN* AN. TAH. SUMS® DE PRIMAVERA (CTH 604-T-1) BIBLIOGRAFIA: Giiterbock, 1960; Alp, 1983, pp. 136 ss.; Houwink Ten Care, 1986, 2003. COMENTARIO La programacién de esta prolongada festividad anual hitita, con una duraciOn de varias jornadas (alrededor de cinco semanas), se ha conserva- do a grandes rasgos en las tablillas de los archivos hititas y se puede seguir su desarrollo completo en la siguiente traducci6n, a pesar de presentar al- gunas lagunas a lo largo del texto. Asimismo, numerosos rituales relacio- nados con partes del mismo festival, en particular algunos dfas especiti- cos, se han preservado independiences y ampliados en otras tablillas! La fiesta de primavera del AN. TAH.SUM™® 0 de la planta que le da nombre, tal como se ha preseryado, aglutinaba en su origen a diver- sas y ancestrales festividades locales hatico-hititas de esta estacién, No obstanre, muchos de estos rituales se diluyeron en cuanto a su signifi- cacién real dentro de esta gran ceremonia imperial. La mayoria de los ritos estaban emparentados con el inicio del afio para los hititas y la puesta en marcha de la nueva temporada a todos los niveles de la vida, tras el largo letargo invernal. De este modo, se pretendia iniciar con Bn algunos cextos indepentlientes se conserva el desarrollo mis conceeto de algu- no de los dias o partes del ritual, p. ¢., citamos el de las ceremonias del 6.° dia relacio- nadas con el dios de la Tempestad de la localidad de Zippalanda (CTH 592 bien el del 162 dia en el templo de la divinidad bélica Zababa (CTH 612). aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. FESTIVALES. FIESTAS REGULARES OFICIALES 125 Durante tres dias (entre el 6.” y el 8.°) celebran el festival, Toman ocho bovinos (y) {...} ovejas {...} del mismo palacio del ABUBITU. Y, en {ese dla, el {ABUBITU} trae tierra del santuario (mortuorio) hesti {... El rey (9) la reina (2)} van [al (cemplo de)} la divinidad Solar. {... eeletbratn (2)... Col. II {En el siguiente dia (el 8.%), ef rey (2)} va hacia Arinna. [Desde Arin- na va a la localidad de Mantilla.] (Se convoca) la Gran Asamblea [en Mantillla. En cambio, {el rey] regresa a Arinna para pernoctar'®, (mien- tras) la reina vuelve a Hattusa, {hacia el pallacio de la reina. Imploran por el dios de la ‘Tempestad de la localidad de Hursannassi'?. En el siguiente dfa (el 9.°), el rey toma la planta AN. TAH.SUM**® en Arinna, Por otra parte, la reina roma la planta AN. TAH.SUMS’ en Hartusa, en el palacio de la reina. (Se conyoca) la Gran Asamblea en el palacio de la reina. Imploran por el dios de la Tempestad de Hursannassi”. En el siguiente dia (el 10.), el rey fvielne desde Arinna a Hattusa, y (se convoca) la Gran Asamblea en el balentu(wa). [...] Jornada décima, En cl siguiente dfa (el 11), el «jefe de los empleados de palacio»* leva fel «Afio»”? (2)? hacia el santuario (mortuorio) esti, y el rey le sigue. (EJ rey P}) va (y) [sitda] los caballos de carreras sobre el itinera- rio (de culto). En el siguiente dia (el 12.°), el rey [va} al cemplo de la divinidad Ziparwa y (tiene lugar) su fiesta. Entonces, se abre la tinaja de grano del dios de la Tempestad de Hattusa durante esa jornada. Sin embargo, celebran la «ceremonia had / tanri> en el templo de la divinidad Solar (y) sacrifican {diez} ovejas. Toman la carne suppa (ritual), la cocinan y la depositan delante de la (imagen de la) divinidad*>. Devuelven todas las ovejas al palacio. Sin embargo, dejan [una] oveja en el interior del templo. Igual que un cantor (y) un «guardia de corps real» han preparado (Jos recipientes "7 El final de la columna esta perdido. «para dormir 0 descansar». que se incluye en el texto copia n° D (438 /s) 2” Véase nota anterior. ™ ELGAL DUMU™® E.GAL, lic. significa: «Grande de los empleados de palacio». > Posiblemente, algiin simbolo que representase al «viejo afio» ya pasado. Ora lectura de esta laguna en el texto propane mejor: «jarra / tinaja», véase Gonnet, 1981, pp. 85 y 94, n. 47. 24 Un tipo de carne, o una parte del animal sacrificado, dedicada al culto. > Comiinmente, las ofrendas a las divinidades, en general o las especificas a cual- quier dios, hacfan ceferencia a sus estatuas o imagenes. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. FESTIVALES. FIESTAS REGULARES OFICIALES 129 Colofin (Una tablilla sobre) {como las fiestas del AN. TAH.SUM™® (son) celebradas en primer ugar (?). En total un mes y ovho (?)** dias, los cua- les estén dedicados a las fiestas del AN.TAH.SUM™*. (Tablilla) com- pleta. Para grabar cn cl coraz6n“®; La divinidad Zithariya va a su templo, su propio santuario (en Hattusa), para las fiestas del AN. TAH.SUM™* El asunco, que fue determinado por la divinidad (mediante oréculo), es considerablemente extenso. PROGRAMA COTIDIANO DE LA FIESTA EZEN | » OTONO (CTH 626=T-2) NTARRISYASHAS DE BIBLIOGRAFIA: Kosak, 1976; Alp, 1983, pp. 60 ss., 178 ss., 316 y 366, s. Houwink Ten Cate, 1988; Nakamura, 2002. COMENTARIO Esta celebracién de la estacién otofial, conservada en una versidén re- dactada durante el periodo imperial hitita, mosttaba muchos paralelos con lade primavera del AN. TAH SUMS4® (CTH 604-'T-1). Precisa- mente en la forma, gran parte de las tablillas que conformaban esta fiesta nwatarrisyashas se presentan nuevamente como una programacién sistematica de las actividades religiosas desarrolladas dia a dia. Generalmence, existfan bastantes similitudes, no sdlo formales, sino en el contenido de este tipo de oficios religiosos con respecto a otros de gran calibre dentro del calendario littirgico hitita (no ya el ci- tado AN. TAH.SUM®, sino el propio KLLAM). Todo ello hace que en ocasiones no se pueda precisar, con la claridad absoluta deseada, la atribucién a un festival u otro de los numerosos textos conservados en los archivos hititas que se refieren a estas conmemoraciones de primer orden“®. * Otra variante indica cinco dias. Expresién que también se podefa resumir en: «Para recordar». Esta parte del co- loféin serfa una especie de nota del escriba. 4 Aparce del documento principal (CTH 626), hemos usado para complecarlo los fragmencos de algunos de los textos de otras tablillas que se han conservado mejor (destacando los catalogados como: CTH 568 y 629), que pertenecerfan a diversas jor- nadas de este festival. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. FESTIVALES. FIESTAS REGULARES OFICIALES 133 Enel siguiente dfa (el 6.°), el rey [va hacia la localidad de Tatisgal y {roma} un bafiio (sagrado)] (alli) en Tatisga, Encuentra {...}°. {En el siguiente dia (el 8.°)°*}, (el rey) {va} al templo del {dios de la ‘Tempestad} y {hace el icinerario}*' de todos los {templos}. Después, (se convoca) la Gran {Asamblea} en el balentu(wa). Esvé (presente la vocali- dad) de Hareusa. (EI rey) [va] de nuevo al templo del [dios de la Tem- pestad] (y) sera convocada la Gran Asamblea fuera. [Octava jornada]®> {En el siguiente dia (el 9.°),... marcha al remplo} de la divinidad Hannu®®. {Pero cuando se prejsente {la ocasién...|, entonces (tiene lugar) su festival (y) es convocada la Gran Asamblea. [... Sin embargo, el rey en- vfa} bien a un principe o bien a un «guardia de corps real» {al cemplo del dios de La ‘Tempestad, entonces se celebra la «ceremonia had / flauri. {Se celebra la fiesta del nntarrisy Jashas por {el dios de la Tempestad] de la lo- calidad de Zippalalnda y por (todos) los dioses} en el edificio® del AB[UBI- TU (y) en la casa de...]. Y un «empleado de palacio» marcha {hacia el templo de la divinidad Ziparw]a. Novena jornada. {En el siguiente dia (el 10.°), el rey} va (de nuevo) al templo de la divinidad Ziparwa, ly (tiene lugar) su festival}. Celebran {la fiesta del nuntarrisyasbas por} la diyinidad Zithariya en el templo del (sagrado) Lursa. Décima jornada®. {En el siguiente dia (el 11.°), el rey} va (de nuevo) al cemplo de la inidad Ziparwa. Undécima jornada. En el siguiente dia (d 12."), fel rey] desciende [desde Hattusa (2)} a tra- vés de la gran puerta de [Zippalanda® hacia la localidad de Harrjanas- si. Festeja [al dios de la Tempestad de Harranassi] (precisamente) en Harranassi. En cambio, la sacerdotisa NIN.DINGIR” marcha desde el di: De nuevo, de otro fragmento de CTH 568 se puede interpretar que el © En otro fragmento de este dia se leen actividades fuera de la capital Hattusa (?): «{En el siguiente dia (e/ 8.4), el rey] va fal templo del dies de la Tempestad} de la loca- lidad de Nerik, Ly celebra la fiesta del nuntarrisyashas, 8."} joraada>. © Se ha pensado que el sujeto de la frase pudiese ser un «oficial de alto rango». ® Aunque lit. aparece escrito «casa», podria también referirse a «palacio» 0, més genéricamente, «edificion ® Del texto CTH 568, se sabe que se utilizaba en ese dia diversos animales (bovi- nos y ovejas) y otras provisiones a expensas del cemplo del (sageatlo) Azesa para la reali- zacién del culto. ® La que conducia hacia el § de la capital de Hattusa. 7° La traduccién literal podria ser: «sefiora de la divinidad» aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. FESTIVALES. FIESTAS REGULARES LOCALES 141 El rey hace (una sefial) con los ojos, entonces el copero viene a acu- dillarse. El rey (y) la reina, sentados, beben con (la bebida) fawal'* (en honor de) la divinidad Tauri(c)'®, (Los miisicos) cocan el «arpa grande de la diosa Istar», no cantan (y) no hay (tampoco oftendas de) pan grueso. Ro, Hl El «jefe de los empleados de palacio» anuncia (en vor alta) al rey: «jE pan grueso de la localidad de Arinna”!». El (2)! viene a acuclillarse. El rey (y) la reina, sentados, beben (en honor de) la divinidad Solar (y en honor de) la divinidad Mezzula. «Toman (la bebida)» una vez con el recipiente iskarub (de libaciones)”?. (Los méisicos tocan) el «arpa grande”? de Istar» , los «cantores (?)» ha- Uiyari cantan, el . °4 Aparte de la traduccién como: «declama, recita, hace recitaciones, grita» (?), otra alternativa distinta para este verbo es: «bate las manos, palmea o aplaude (?)». ? Los distintos autores no parecen Hegar a un acuerdo concreto sobre el valor del acadograma [MZU, Asé, el pan cuvo ue sabor entre lo «iciclo, lo «agrio» 0 lo «amar go» (2) por el que nos hemos decantado_, debido posiblemente a la composicién de la masa con que estuvo elaborado. °° Este tipo de panes (witgin 0 KU,) podrfan estar simplemente «endulzados».. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 150 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTS Vo. HIT Cuando el rey {celebra} a la divinidad guerrera Zababa, el rey se si- ttia (ante la divinidad) y consagra un bovino (y) cuatro ofvejas} a la di- vinidad guerrera Zababa. [(Las) sacrifican (en)} la estela hawa|si (sagra- da} y) disponen la carne sappa (ritual). Colocan un pan danna, un pan dulce, un pan grueso dulce, un pan graso (y) mem! sobre cl {altar (sa~ grado). Llenan] los ritones con vino y los depositan «en su sitio» (sobre el altar sagrado) (?). [Beben tres (?) veces] cerveza, vino (y) bebida walbi. Se anuncia (en voz alta): «jHacia el horno!». {Toman} cuatro «mues- tras» de panes «calenrados» (y) panes de «cocinados» que [parten nor- malmentel, y, como siempre, las ponen «en su sitio» (sobre) el altar (sagrado). Beben tres veces, de pie, de un ritén. Parten tres panes grue- sos y los depositan «en su sitio» sobre la estela bawasi (sagrada). Beben en orden (a la salud de) todas las divinidades. Cogen la (imagen del) dios y la catne suppa (ritual), y las llevan ha- cia la casa del cocinero. Una jornada en la montafia (sagrada) de Hura (el 6." dia [?D. Cuando el rey {celebra] al dios de la Tempestad del Ejérciro, el rey se sittia (ante la divinidad) y consagra un coro engordado, cuatro ovejas ~enrre las que (hay) un cordero— y cuatro machos cabrios -entre los que (hay) un cabritillo— al dios de la Tempestad del Ejército. (Los) sacrifican en la estela buwasi (sagrada y) disponen la carne suppa (ritual). Depositan un pan danne, un pan dulce, doce panes fawaral, un pan grueso dulce, un pan graso (y) menal «en su sition sobre la estela hawasi (agrada). Llenan los titones con vino y los ponen «en su sitio» (sobre la es- tela huwasi sagrada) (?). Beben cuatra veces cerveza, vino (y) bebida walbi Se anuncia (en voz alta): «jHacia el horno!». Toman «muestras» de panes «calentados» (y) panes «cocinados» que parten cotidianamente, y, como siempre, las ponen «en su sitio» (sobre la estela huwasi sagra- da) (?). Beben tres veces, de pie, de un ritén. Se parten cuatro panes gruesos y los depositan normalmente «en su sitio» sobre la estela bi- wasi (sagrada), Toda la gente «bebe» warsuli (2)"° Cogen la (imagen del) dios y cogen la carne suppa (ritual), y las He- van hacia la casa del cocinero. Ponen la carne supa (ritual sobre) el al- tar (Sagrado). (Todo para festejar), en una jornada (el 7.° dfa {?), al dios de la Tempestad del Ejército en la arboleda de la localidad A(n)kaliya. Cuando el rey celebra ala divinidad Solar de la Tierra, el rey se sirtia (ante la divinidad) y consagra (animales) de la siguiente manera: ofrecen una vaca engordada (y) dos ovejas a la divinidad Solar de la Tierra, y (las) sacrifican en la estela Juwasi (sagrada). Colocan la tloralidad del gana- do mayor (y) menor frente a la estela huwasi (sagrada). ” No parece referirse a un tipo de bebida. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 164 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO se derivase, en concreto, sobre la figura del soberano, que era su vicci- ma principal’, En cuanto a los ritos en sf, con una duracién de varias jornadas, era notable la participacion principal del inceresado —aunque no estaba au- sence la rcina2-, que realizaba numcrosos gesros ccremoniales paura~ dos. Por lo comtin, el rey encabezaba la procesin solemne, se postraba frecuentemente, realizaba libaciones en diversos lugares y con recipien- tes determinados, oftendaba pan, hacfa los pertinentes sacrificios de animales e imponia sus manos sobre los presenres que le ofrecfan. Los oficios religiosos, que tenfan importancia segiin el lugar en el que el rey se encontraba en el momento de la rormenta, celebrados para con- jurar el dafio o las posibles consecuencias de ésta, se desarrollan la ma- yoria del tiempo en el edificio del halentu(wa), con mencién especial del sitio del trono. Alli el soberano se vestia para la ocasién, se purifi- caba, tealizaba las ceremonias 0 simplemente descansaba. Numerosos personajes del entorno real, a distintos niveles y como en el resto de festivales, también intervenfan activamente y ocupaban, siguiendo un prorocolo estricto, una posicién determinada durante las ceremonias. Es un ejemplo notable del caracter extremadamente ritua- lizado de la distribucién de las personas y del espacio en el ambito ce- remonial. Se mencionan distintos grupos, entre principes y princesas, gentes de alto rango, empleados y servidores de palacio, oficiales y otros participantes de los més diversos rangos dentro de la jerarquia palaciega hitita Los objetos 0 lugares alrededor de los cuales giraban muchas de es- tas ceremonias y algunos de los gestos litiirgicos eran: recipientes para las libaciones, pafios o servilletas de «rodillas», asi como las mesas de ofrendas, el hogar (sagrado), las ventanas y otros puntos de la misma estancia en las que tenian lugar los oficios. Sin olvidar que no estaba ausente el recurrente acompafiamiento musical incluido en todos los festivales, Hacia la mitad del anverso primero (Ro, 1) de la tablilla —compues- ta de IV columnas-, con una mayor precisién cronoldgica en la narra- cin, aparecen registradas cierras diferencias en el culto. El rey, que se- guia siendo el principal procagonista de los actos y vestido para la Bl cema de las cormentas era muy recurrence y se ha desarrollado en otros textos religiosos -véase Archi (1973), p. 13 s., n. 34, como, p. ¢4 el ritual por Ia afasia de Mussili 11 (CTH 486=T-10), o la narcaciéa mitica hético-hitita de «la luna que cayd del cielo» (CTH 727), incluida en un eitual para cuando hubiese una tormenta. Como una muestra del particularismo hitica, no se encuentran paralelismos de este tipo de ceremonias «meteoroldgicas» en otras religiones prdximo oriencales ? Hay algunos actos rituales que el soberano realizaba si reina no. a se especificaba que la aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 168 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO «superior»~? de los cocineros [hace la libacién tres veces (en honor de)} la di{vinidad delante de la pared] El «superior» de los cocineros retrocede y el [«superior de los ca- mareros (reales)> toma (el recipiente {?})] encima de él. El «superior» de los cocineros hace libaciones (en orden): una vez al hogar (sagrado), {una vez] frente al karsa (sagtado), una vez al [tro}no, una vez a la ven- tana, [una vez] al madero del cerrojo (de ésta [?]). Ademés, [...] (en ho- nor de) la d[vinided (?)}, (y, nuevamente,) una vez al hogar (sagrado). El «superior» de los cocineros presenta {al rey} un recipience (de libacién) ispantuzzi ne{gro} con vino. El rey pone (su) mano (sobre él). El «superior» de los cocineros hace la libacién tres veces (en ho- nor de) la divinidad {delan}te de [la pared]. El «superior» de los co- cineros retrocede y el «superior de {los camateros (reales)»} toma (el recipiente {?}) [encima de él. El «superior» de los cocineros [hace li- baciones} (en orden): una ver al hfogar (sagrado), una vez} frente al} Laer wa (sagrado), una yez al {tro}no, una vez a la ventana, [una vez al} made- to del {ce}rrojo (de ésta {?]), (y, nuevamente,) una vez junto al [hogar (sagrado)}. El rey se post tra} y {march Ja hafcia} el trono. Un copero (le) {trale un recipiente GAL. El rey be{be} dos veces. Hace la libacién (en honor del) dios de la Tempestad y (en honor de) la divinidad Wasezzili en el tecipicnte appar. Los «cantores (?) bull[iyari|» cantan (acompaiiados del} «arpa pequefia de la diosa Istar». El «superior» de los cocineros trae un(os) higado(s), (y los) {ponte fen el suelo] frente ala pared. (Asimismo, los) deposita (ritualmente en orden): sobre el hogar (sagrado), frente al kursa (sagrado), {sobre} el trono [(y) sobre la venItana, sobre el madero del cerrojo (de ésta [7), (y,) otra vez, sobre el hogar (sagtado). El «superior» de los cocineros presenta {al rey] un recipiente (de libacién) ispantuzzi negro con vino. El rey pone (su) mano (encima). El [«superior»] de los cocineros hace una libaci6n (en honor de) la di- vinidad {delante de] la pared. El «superior» de los cocineros recroce- de y el «superior de los {camareros (teales)» } roma (el recipiente {?) {encima de} él. El «superior» de los cocineros hace una ronda (de oftendas y) hace libaciones (en orden): una vez al hogar (sagrado), {una vez frente al &vrsa (sagrado)}, una vez a la ventana, una vez al madero del cerrojo (de ésta {?J), (y, de nuevo,) una vez {junto al hogar Gagrado)]. > Como en owes textos, hay una alvernancia, o bien una confusi6n del escriba, al hacer uso de los sumerogramas con lo que este «superiors, en vez de ser un personaje distinto, serfa el mismo que en las Iéneas anteriores se indicaba como «jefer, igual- mente para otros personajes del festival. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 172 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO LEI rely y la reina se levantan (y) se postran. El rey halce una liba- cidn] con un recipiente bappar, (en cambio,) la reina no (lo hace). Beben con un recipiente GAL del dios de la Tempestad (y) de la divinidad Wasezzili. Los «cantores (2) badliyari> cantan (acompaiiados del) «arpa grande de Istar>. Un copero cfogel el recipiente GAL. [Un «emplealdo de palacior coma una «lanza»>* cerca del rey [y la sirtia} delante del rey. {...] se dirige hacia la «cémara interior». Bl rey «conserva» las {me]sas (de ofrendas). [EI rey] se dirige {hacia la «cémar. interior»}. (Por otra parre,) la reina se levanra (y) se prosterna. {...} Los «cantores (2) halliyari> cantan (acompaiiados del) «arpa grande de Istar». [La reina} «conserva» las mesas (de oftendas) y se dirige hacia la «cé- mara interior». {... Los «portadore]s» de la Lanza de Oro {...] la mesa (de oftendas) del rey y [la melsa (de ofrendas) de la reina. {...] Sostienen las mesas (de ofrendas) y se Las llevan fuera. [Y se excla}ma: [«{La corti- nal». Se cierra (la puerta)’. El rey {se encamina (2)} al lecho {salgrado. Se parte un pan grueso [...}, (y se) da al jefe de los «empleados de pala- cio». Por la noche, (la cetemonia) llega a su fin [en el halentu(wa)}. [Abren (la puerta)], (y) descorren la cortina''. [El rey se pone su in- dumen}taria sacerdotal de ceremonia. {El rey} sale [afuera (del edifi- cio)}. Un «confvidado»...] delante [...}. [Parte (2) dos panes [gruesos negros}. Tome (2) {...]. Hace libaciones de cerveza (y) vino, y se pofstrla. IEl rey] se dirige [hacia el ex}terior. Los cocineros entran y ellos {...} la carne suppa (para la ceremonia). El rey viene desde el exterior (y) [se dirige hacia la} «cdmara interior». Se exclama: [«jEl El rey toma asiento. Los recipientes GAL que bebe habitualmente «lle- nos (?)», precisamente ésos beberd. {Cuando a}bren, {marchan} hacia la «cémara interior» en el momen- to (del) mistiliya’?, Se exclama: «jE pan saramma!», El «superior» de los cocineros y los cocineros colocan la carne suppa (para la ceremonia). toma un recipiente (de libacién) éspantuzzi negro con vino. Hace una li- bacién un {vez (en honor de) la divinidad} delante de la pared. Hace liba- ciones (en orden): una vez al hogar (sagrado), una vez frente al kirsa (sa- grado), una vez al [tron}o, una vez a la ventana, una vez al madero del certojo (de éta{?}), (y, nuevameare,) una vez junto a {la venran Ja. El rey y la reina toman asiento. Los recipientes GAL que beben usual- mente «llenos (?)», esos mismos beberdn. Finaliza (la ceremonia). an sara mal 38 El vocablo twri podefa hacer mencién, tanto a una especie de «lanza» como a algo largo del tipo «vara, bastén 0 cayado». © Del baleutadwa) 2). °° Del balentawa 0 de la «cimara interior» del mismo, 4! Se iniciaba una nueva jornada de culro. 4 Acaso haga referencia a algin momento ceremonial, p. ¢., una «comida ritual». aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 178 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO la divinidad protectora LAMMA de la localidad de Tatasuna}, (para) la divinidad protectora LAMMA de la localidad de Tashapuna Ly para fa divinidad X.\, y los {deposita delanse del (2)) alefar (sagrado)}. De nuevo, [evwn @)}a la divinidad a su lugar (sag rade). Plow (2)] su cabeza hacia arriba para la divinidad”™*, De aqui y de alld [...] parla...}, y lo [colbceen (2)} sobre [su] cabeza, Sin embargo, [sinéen (2)...] encima de los panes gruesos, y los {poner (?)] sobre la cabfeza} de la divinidad” Por otra parte, (Io) deposira frente a la (imagen de la) divinidad. {Co Toca (2) Na carne (2)1...1°° de los tres machos cabrios””. [Lor sitzta sobre (2) el kursa} de la divinidad protectora LAMMA de la localidad de Zapatis- kuwa. Pone {la carze...(2)] sobre el Arse [paral la divinidad Kappatiya- mu, (para) la divinidad protectora LAMMA de la localidad de Tfatasu- na}, (para) la divinidad protectora LAMMA de la localidad de Tashapuna y {para la divinidad X}. 1... [En seguida}, beblen', de pie, {en honor de) la divinidad provecto- ta LAMMA de la locali}dad de Hatenzuwa. {Los cantores cantan. Los chombrels perro» advan, {Se parte un pan takarnu} y, {pata la divini- dad}, lo ponen «en su sitio», [encim]a de [los (Azrsa) colocados]. Pero, a continuacién, [beben, de pie, (en honor de) la divinidad Hasgala”®. Los canto}res cantan, Los «hombres perro» /adran. Se par}re [un pan takarmu\ y, \pata la divinidad}, lo colocan «en su sitio», encima de [los (Zursa) colocados. No obstante], después de ello, [bebe, sentado, (en honor de) los «dioses de la ciudad (?)»]. Se parte un pan] takarmu y, {para la divinidad, lo} sitifan «en su sitio» }, encima de {los (Azrsa) colo}cados. [A su vez, seguidamente, bebe, sentado, (en honor de) estas divini- dades «oftend}adas»® (en orden, y de aquellas cuyas oftendas han sido) «instirui{das»™, (como): la divinidad Hasg lala, la divinidad protectora 4 También se podria interpretar como «levanta su cabeza». Una lectura alternati- va de la forma verbal de la laguna, como un verbo distinto en plural serfa: «Toman / quitan (?) su cabeza lejos de la divinidad». ”° En la mayorfa de los casos harfa referencia a las imigenes de las divinidades. 6 Alguna pieza o parte concreta del animal. ”? Cieados en el primer parrafo. 9 EI resto del fragmento de esta tablilla esta perdido. ”° Divinidad hatica posiblemente. 8° Que se interpretaria como: «a las divinidades cuyas ofrendas han sido ya com- pletadas / terminadas de realizar». 8 BI participio be / dvadenres presenta un significado no demasiado claro. Sin em- bargo, se podria entender dentro de la frase como: wa las divinidades cuyas ofrendas han sido estipuladas (planeadas, prescritas o decretadas), pero ne completadas 0 termi nadas de realizar». aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 182 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO Colofon {Una tablilla, finalizada (?)'"', (acerca de):} «Como {llevan (2)} el dursa viejo de la divinidad protectora LAMMA de la localidad de Ha- tenzuwa desde {(la capital) Hattusa hacia la localidad de Turmicta} y “lo (reynombran”": cl keerse de la divinidad protectora LAMMA dc la localidad de Zapariskuwa, [A su vez, cuando lo cojan para llevarlo] pre- cisamence al festival regular en Turmitta, no {cellebrarén ninguna fies- ta aparte [para la divinidad Zithariya>> ‘© incluso: «no acabada / finalizada». ‘© Literalmente, «lo hacen» 0, incluso, «lo celebran como», aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 186 RITUALES HITITAS: ENTRE LA MAGIA Y EL CULTO COMENTARIO PARTICULAR A LAS TRADUCCIONES (T-84-E) Enrre la seleccién de los numerosos rituales’, que tratan aspectos del nacimiento en alguna de sus fases, destacamos cinco de los que ercemos mas represen tativos y estén conservados cn mejor estado. Con ellos se puede iluserar de forma general los variados procedimientos magicos desarrollados por los hititas para cada secuencia del proceso de procreacién (embarazo, alumbramiento y pospatto), tanto para la madre como para el recién nacido, ¢ incluso en relacién con los pa- rientes mas cercanos de la mujer (p. €., su esposo), En su mayoria, pre- sentan una marcada influencia de los ambientes hurro-luvitas de Ana- tolia tal como se muestra en la terminologfa empleada y en el origen de algunos de los practicantes que incervienen (p. ¢., Papanikri en el T-8c). En primer lugar’, el fragmento del ritual CTH 478 (=T-8a), a pesar de su mal estado de conservacin (s6lo las cols. I y IV), hace referencia al parto, y describe diversas operaciones magicas y encantamicntos, destinados precisamente al nacimiento, realizados por la «Vieja» Tun- nawiya, nombre también ligado a ocro tipo de rituales, cuyo origen pa~ rece set luvita, Junto a su labor, es interesante la destacada interve cidn de las que serfan las «comadronas». En la col. IV, ademas, se alude a los objetos que eran simbolos evidences de masculinidad y feminidad entre los hititas, algo recurrente dentro de otro tipo de rituales, y en distintos contextos®, En este caso, se presentaban ritualmenre ante el recién nacido las «cosas» 0 «articulos» pertinentes que eran para un nifio o las que lo eran para una nifia, concretando en adelante su papel sexual en la vida, En segundo lugar, el ritual CTH 477 (=I-8b), de trasfondo hurro- luvita, que aunque no se conserva en buen estado (s6lo las cols. Hy la IID), esté mejor preservado que el anterior, En éste se ofrece una des- cripcién de la puriticaci6n a la que se debfa someter a la mujer para el parto durante varias jornadas, p. e.: s¢ la ungia y se purificaban distin- tas partes de su cuerpo (como sus manos 0 su boca). Se destaca la inter- vencién del «sacerdote» pasili alo largo de todo el proceso lustral, asf como de las «sacerdotisas» Latra. Se aludfa continuamente a la «silla de parto» (karnaw), que también era purificada, y, entre otras, se desa~ © Mas de una veintena de tablillas que han legado a nosotros en diverso grado de conservacién. ” Ba nuestra seleccién mantenemos la ordenacién textual seguida por Beckman, 1983, pp. 21 ss. y 259. S Como las «ceremonias fiinebres reales» (CTH 450-T-9), el «ritual de Paskuwat- ti por la imporencia sexual» (CTH 406=T-13), 0 el «juramento del soldado» (CTH 427-428). aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. RITUALES 191 Posteriormente, el (sacerdote) patili toma (la sustancia) harnai (2) del recipiente LISGAL, junto con las maderas de «cedro», de «tama- tisco (?)» (y) de olivo. Y purifica la boca de la mujer, Entonces, el (sacerdore) patili coloca cl tecipiente LISGAL (y la sustan- cia) harnai (2) (allf dencro) encima de los «ganchos», y lo tapa®®, Y Ta mu- jer va (y) se postra ante la «silla de parto». En seguida, ella exticnde (su) mano hacia la «silla de parto». Luego, se sienta ella misma y su marido, los (sacerdotes) patili y las «sacerdotisas» Latra van y se inclinan ante la mujer. Y el (sacerdote) patili sella (la puerta de la habitacién) delante de la «silla de parro». Por otra parce, vierten cualquier (sustancia) harnai (?) en el recipiente de medida kappi, y en cualquiera de los dos «ganchos» que clava fuera, frente a la puerta de la habicacién interior, pone enci- ma el recipiente de medida £appi (con la sustancia harnai {?1) y lo tapa. Dan de comer a los (sacerdotes) patili y alas «sacerdorisas» katra, y se re- tiran. Pero, cuando se hace de noche (y) una estrella titila*’, entonces el (sa- cerdore) petili entra y abre (la habiracién) delance de la «sfilla} de parto»**, Col, UI Enronces, él llevia] dentro a la mujer y ella se prosterna delante ante la «silla de parto», {Lueg]o, ella extiende (su) mano. Ella viene fuera {de}sde la habitacidn interior, y [el (sacerdote) patil} pone un se- Ilo, (en la puerta), delante de la habitacién. La mujer se sienta sobre la ca{mal, y él sittia una mesa de mimbre junto a su {ca]beza. [Ade}mds, deposita un pan nahiti>® (sobre la mesa). A su vez, (son) «modeladas» (las figuras de) una luna, un sol y una(s) estrella(s) sobre feste pan} nabiti*®. {En}tonces, las maderas de «cedro», de «tamarisco (?)» (y) de olivo sujetas escrechamente con lana roja, que el (sacerdote) patili habia colo- cado encima de la mujer, sobre el ipulliya (2), (ahora) las quita de ella y las pone con el pan nabiti. LY] el (sacerdote) patili da un recipiente K[UKJUB de vino ala mu- jet, (por su parte) ella le presenta a él dos cabritos. Y la mujer los «sa~ crificay con (el) vino", y el (sacerdote) patili los conduce afuera. % Bl recipiente. >” Lic: «salea». Por canto, se marca claramente que Ilegaba la noche, lo que permi- te ver las estrellas. Hasta el siguiente dia, las ceremonias se realizaban por la noche. ° Se procedia a una especie de «ritual de apertura» °° Un tipo de pan relacionado con el medio hurrita, én de este pan con las figuras de los astros tenga que ver con las divinidades celesciales y su poder magico hacia la embarazada. 4! La interpretacién es que no los sacrificaba literalmente (més adelante habla de Jos animales), sino que, como oftenda, vertfa el vino sobre ellos, posiblemente como si fuese su sangre.