Variedades

Viernes 5 de febrero de 2016. El Peruano

VENERACIÓN 7

Intensidad. Los danzantes invierten en sus trajes y en sus coreografías para que todo quede perfecto el día que estén frente a la mamacha Candelaria. Puno es una fiesta.

HOMO BAILENS

En Lima como en Puno, el Espíritu Candelaria se apodera de devotos, ateos y agnósticos, los que se reúnen, como en cada inicio de año, para bailar en la Festividad
por la Virgen del Socavón, una de las fiestas religiosas más importantes de América.
ESCRIBE: EDUARDO SOSA

M

iles de corazones retumban
al rit mo de
bombos, matracas, cascabeles y guapeos. Los nervios
se estremecen al desplegar
sus pasos. No importan el
Sol, los pesados trajes, la sed
o el desgaste de la fuerza. La
algarabía del público y las
ganas de sentirse vivos son
más fuertes y fortalecen a los
danzantes. Como pasó en la
Plaza de Armas de Lima, el
último domingo de enero, por
la Festividad de la ‘Mamita
Canticha’, y como se vive en

estos días, en Puno.
El ingreso al cielo no es
sencillo. Ningún detalle se
olvida el día más esperado
en la vida de los danzantes.
El maquillaje, que enaltece
la belleza de las mujeres y
la estética de los varones, la
preparación ísica y la técnica
coreográica, que se depura
todo el año, en ensayos arduos
y exigentes, y el vestuario, que
representa el cumplimiento
de las promesas a la Virgen,
son algunas de las preocupaciones de las comparsas.
Por ejemplo, el atuendo
con el que se baila, casi siem-

pre de estreno, destaca por
el empeño, cultural y económico, su expresión artística
e iconograía que diferencie
y deina a cada agrupación.
Aunque algunas veces es donado, generalmente son los
danzantes los que se encargan de conseguirlo, para lo
cual invierten hasta lo que
no tienen.
Solo así se puede bailar
en la Fiesta de La Candelaria.
Luego, esta te recompensa.
En Lima generalmente, como
ocurrió el domingo, los pasacalles continúan y terminan
en la Central Puno, al sur de

la capital. Ahí, hasta el día
siguiente, los entusiastas
despidieron (y envidiaron)
a los privilegiados que viajaron para bailar a los pies de
la Virgen en Puno. Los danzantes esperan a Candelaria
como Penélope a Odiseo.

PUNO FESTIVO
Aunque en Puno el calendario
festivo es extenso (se baila
todo el año), se tiene mayor
regocijo en febrero. Durante
ese mes retornan al Altiplano
los paisanos que emigraron a
otras regiones y se posibilita
la cohesión social, entre po-

“El ingreso al
cielo no es
sencillo.
Ningún detalle
se olvida el día
más esperado
en la vida
de los
danzantes ”.

bladores y visitantes, como
los miles de danzantes que
llegan de todo el Perú y del
extranjero. La festividad
comprende varias actividades
religiosas, que combinan los
procesos de evangelización
católica y las creencias prehispánicas. Todo se inicia con
un período de preparación
llamado la novena, desde enero, en el que se oician misas
y se realiza una antigua ceremonia de puriicación. Después, la iesta tiene dos etapas
acordes a cómo se agrupan
las danzas que se bailan en
Candelaria: las autóctonas y
las de luces, en cada una de las
cuales se realiza un concurso.
La primera etapa es en
agradecimiento a la madre
tierra, y se vivió este año el
domingo 31 de enero, paralela a la iesta en Lima. Fue el
momento de los habitantes
del campo y sus danzas que
relejan la convivencia del
hombre con la naturaleza.
Luego es tiempo de la
fuerza y la sensualidad de
las danzas de luces, que se
lucirán este domingo. Su
participación tiene dos etapas: el concurso, en el estadio
Enrique Torres Belón, y, al día
siguiente por las principales
calles de la ciudad, cuyo momento de más intensidad se
alcanza al danzar frente al
santuario de la Virgen, donde
llegan bailarines de rodillas y
con lágrimas.
Para ello, cada conjunto
contrata a sus propias bandas
de músicos para que acompañen su presentación. Las
agrupaciones más numerosas cuentan hasta con cinco
bandas de 120 integrantes
cada una, aproximadamente.
Debido a su importancia, las
bandas tienen un día especial
en la iesta, así como la parada
de sikuris y la premiación a
las comparsas ganadoras.
Ante la Virgen llegan a
bailar propios y ajenos, diablos y ángeles, autoridades y
pobladores, creyentes y ateos
capaces de mover la fe de toda
una región y paralizar el Altiplano. Todos, inalizado febrero y sedientos de más iesta, lo
único que desearán durante
el resto del año es que vuelva
ese mes, como el oicinista sin
vocación que se resigna a que
llegue el lunes porque sin ese
día jamás será viernes.

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