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O
T
A
U R U G U A

S
Y A S

CONSAGRACIÓN
DE
UNA
POETISA

JUANA
DE
IBARBOUROU
— ;,<'Antón ^Iurtiti Sa:i\-('(.lra*?
— Sorvulor.
— Dcseitba dojarlc unos versos.
— ¿Son para puliliojir?
— No: p r o t r n d o que nif dé su opinión solamentr.
V nu; alarían, rntoüces. dos (Miadernos. Está d e m á s
díH'ir con euánta de-íconfiunza !os abriría. No os frecuente (¡ue lina iniijer con talento aparezca en nn
]ierií')dÍco, de buenas a primeras, sin ninguna reeoh!endiieÍ6n:
— ;.V iior qué lia pensado usted en nii? — ie dije.
— l ' o r q n c m e alentó la c a m p a ñ a q u e usted liace en
favor de los eseiivoríís nuevos.
— ¿Ha puVilicado usted algo antes?
— Absolutamer.te n a d a , no señor.
— ¿Y si hallo que sus composiciones son puMlcables?
— Jlatía usted lo que quiera, señor.
E s t a b a al frente de 1M Razón montevideana, en
aquel tiempo, el doctor Rodolfo Mezzera, mini.stro
de Instrucción Publica a c t u a l m e n t e . Yo diriiiía la
parte técnica. Cuando pocas horas después de la
entrevista leí los versos, mi asombro fué írrande.
Aquella señora (fué a c o m p a ñ a d a de un hijito), cuyo
nombro desconocía, pues firmaba con seudónimo,
Jeanclíe de Ibtir, era realmente u n a poetisa.
E n sus sonetos encontré aluo m á s que i-enulones
rimados. E r a n todo luz, y perfume, y s r a e i a . . . A los
tres o cuatro días .se los ofrecí al público del Uruguay,
como la revelación do un cxí-raordinnrio talento.
No hubo dos oiiinionos.Y todo el m u n d o se preiTuntaba.
— ;.(íuién es Jeaneite de. Ihar'!
Contra lo que fuera de esperar de un ji im i| iant[\
la jioetisa uruíruaya no demostró iinpüricnL'ias. l'ubücaba m u y poco. Hacía falta un <:¡iin e.-^íuei/o jiara
nrraneajle las corajiosicíoncs:
— Frefiero ofrecerlas todas jun1a^. en un libro —
denegaba.
No obstante, el libro iba en camino de no imprimiise.
Hasta que Manuel Gálvez, a quien J u a n a d e l b a r b o u run envió, por indicación mía. buen número de originales, ofrccii'Ji; un lugar, en la serie de i'dieiones de hi
(Cooperativa livcnos Aires, l i e ahí cómo \\v\-n la luz
Las Icngum de diamante, obra (¡ur h;t ¡ni|.!;i^(o paia
siempre a quien tenía sobrado motivo ; ara s<ibresalir.
Conocido el lil)ro, vino el infieres yi'V sahí'r de la
autora, que es una d a m a senc!lli;.ima, ingenua h a s t a
el candor en su t r a t o . Y íialláionse los cuiiosos con
un espíritu t a n modesto, tan leco-ido y tan lionorabie. (pe,- no ilal..-,
asidero a las malsinacione?. .luana ílc lliaibonreu es jo\-eii. grái'il \
bonita. JCs hacendosa como !o seiiaTt las badas, puestas en el caso de
cuidar un hogar. Sin o h i d a r sus santos deberes, niiiuitras pone en orden
ia casa, m e n t a l m e n t e , haiM; los versos, que hasta que no los tiene en la
cabeza no los ])asa al painel. Sus horas más iiropieias para el ensueño
son aquellas en que se sienta a hacer laliores. Entonces, tejen las manos y teje la imaginación. Con el encaje de lino, se concreta la / u r e a
blonda de un poema.
De t o d a s p a r t e s llegan ahora juicios encomiásticos para .luán! de
[barbourou. No hay precedente de un intelectual que en su inopia
patria se haya impuesto t a n pronto. Kl mérito de la jioetisa. acaban de
consagrarlo Julio Cejador, .Miguel de ü n a m u n o y A r m a n d o Donoso,
entre otros miiehos críticos de talento.
Por cierto que hace dos años, cuando vi a !:i ^:|•ñora d- Iharbourt-u
por primera vez, no hubiera yo creído en un friunl'o tan unái imi' y
l a n cUnnoroso. E n la familia intelectual, escasas obras se han n e i h i d o
con m a y o r interés. La,3 lenguas de dimtiaide. a desjiecho de algunas
incorrecciones verbales, merecen el éxito que han obtenido, porque transliarcnta un maravilloso espíritu de mujer. E s un libro sensual >• casto,
de un estupendo poder ovocativo. Cuando pienso que fui ei ¡¡limero
en llamar la atención del lector indiferente sobre los méritos de esta
7ioetisa. siento la voluptuosidad, fatua y generosa de los desi;ubridoi-cs-.
P o r q u e J u a n a de ll)arbourüU hállase hoy colocada entre ¡as mejores
poetisas del habla casti'llana. E n América sólo dos mujeres pueden figurar a su lado: Alfonsina Storni y Ciabriela Mistral. Y. entre las di'.'íaparecidas, Delniira Agustini. con la que tiene alguna semejanza, jievo
a la qiic a w n t a j a en feminidad, f.os versos de .luana de Ibarbouroi;.

COMO

LA

PRIMAVERA

Como un ala negra, tendí mis cabellos
Sobre fus
rodillas.
Cerrando los ojos, su olor
aspiraste
Diciéndome
luego:
— jDuermes
sobre piedras cubiertas de musgo?
¿Con ramas de sauces te atas las
Ireuzasf
¿ Tu almohada es de trébol f ¿ Las tienes tan negras
Porqífc acaso en ellas exprimiste
un cumo
Retinto y espeso de moras silvestres?.
,.
¿Qué fresca y extraña fragancia
te eux-nelvef
Hueles a arroyiielos, a tierras y a selvas
¿Qué perfumes
usas? Y riendo, le dije:
— / Ninguno,
7iinguno !. . .
Te amo y soy joven: huele a
primavera.
liste olor (¡ue sientes es de carne
firme;
De mejillas claras y de sangre
nueza.
Te quiero y soy jovc:.: por .so -. s que tengo
Las mismas fragancias
que !a Pr͡nui-era.

siendo er¡cendidos. son saindahlemente panteistas, son castos, como con m u y jiocas palabras inido demostrarlo otro
notable poeta del Uruguay, a d m i r a d o r de su talento: ICmilio
¡•'rugoni. 'J'ienen esíí perfumo ca])itoso que parece salir de
algunas páginas de la Jíiblia. J>uego dií triunfar en el sole'lo — piedra de t o q u e contra la que se estrellan t a n t o s
buenos poetas — la Tbarhourou se ha sentido a t r a í d a por
el verso libre, cuyas dificultades propalaba .Moratín. Una
de sus m á s sugestivos trabajos, es esto que la artis(.a cedí;
para que los lectores de CAEAS Y CAKKTA.S tengan una
primicia.
VICENTE

A. S A L A V K R R I .

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