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Introducción

En todo el mundo la violencia contra la mujer por parte de su pareja es uno de los
principales problemas que afectan la calidad de vida; debido a lesiones graves de salud
mental, sexual, física y otros. Pueden perdurar mucho tiempo después de que ha terminado
el maltrato.
Estudios actuales revelan que la violencia más extendida y que afecta a una mayor
cantidad de mujeres, sin diferencias de edad, educación, ni condición socioeconómica es la
violencia intrafamiliar. Siendo la violencia conyugal una de las situaciones más comunes
dentro de las categorías de la violencia intrafamiliar, que la distinguen de la violencia
ejercida a otros miembros de la familia. Una de las mayores dificultades presentes en este
fenómeno es la dualidad que se presenta debido a que la violencia conyugal e intrafamiliar
es una persona que dice amar al agredido. Esta situación se enmarca dentro de un ciclo
muy difícil de romper (Larraín 1994).
Jorge Corsi agrega que existirían dos variables que potencialmente podrían generar
interacciones violentas, por las cuales se organizan la familia, el poder y el género. Ambas
categorías conllevan una relación jerárquica al interior del núcleo familiar, en el cual
generalmente se entiende a partir de la verticalidad, disciplina, obediencia, jerarquía.
Cuando estas nociones son parte fundamental de la organización familiar, nos encontramos
con creencias aceptadas que se trasforman en ley, ejemplo: la mujer debe seguir al marido y
las faltas a la obediencia y al respeto deben ser castigadas.
Desarrollo
Leonore Walker en el año de 1970 realiza uno de los aportes más relevantes para la
comprensión e intervención de la violencia conyugal, plantea la existencia de un ciclo de
violencia que consta de 3 fases (Ministerio de salud, 1998):