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Año 9 - N°39 / Diciembre 2015 / Registro de Marca N°814828

BALANCE 2015:
EL AÑO CÍNICO
Mientras los sectores populares y las capas medias ven
desmejoradas sus condiciones de vida debido a la
desaceleración económica y la reducción del gasto social, el
bloque neoliberal en el poder (Nueva Mayoría en el ejecutivo
y Alianza en el legislativo) ejecuta obedientemente los
ajustes dictados de organismos internacionales, pues
nuestro país carece de una estrategia de desarrollo nacional.
El gobierno de la NM, para sostener y disfrazar sus
operaciones políticas antipopulares; sus conductas ligadas a
la corrupción y sus estrechos vínculos con el empresariado,
basó su campaña electoral del 2013 en un escenario ficticio
y falaz: el surgimiento de un nuevo ciclo político y social.
Éste nuevo ciclo, según la NM, permitiría la concreción de las
reformas más esperadas por los trabajadores y sus familias
(tributaria, educacional, política y laboral), las que
cambiarían radicalmente las reglas del juego a las que ha
estado sometida gran parte de la sociedad chilena. Ahora
que están a la vista sus alcances, sabemos que siempre
tuvimos al frente un paquete de reformas cínicas e
insuficientes, que re-legitimaron la lógica del mercado por
sobre los derechos sociales.
En este contexto, la CUT, que por años ha mantenido una
colaboración subordinada a la política económica neoliberal
y un silencio cómplice a su impacto social, abandona ahora,
definitivamente, la defensa de los intereses de los
trabajadores para asumir la defensa del gobierno y su
programa, socorriendo a su coalición en un difícil momento
de contracción económica. Algunos alcances de esa
conducta, han permitido, por ejemplo, que el empresariado
no haya aumentado objetivamente el valor de los salarios,
asunto que pudimos observar con la ausencia de debate y de
proyecto de ley para el reajuste del ingreso mínimo 2015,
decisión que contó con el beneplácito de la CUT.
La implementación del modelo económico neoliberal en
Chile al parecer se acuñó bajo el lema: “haz lo que yo digo y
no lo que yo hago”. Los que se benefician del modelo hablan
de “libre iniciativa”, “legítimo emprendimiento” y de “sana
competencia”. Pero todos sabemos el real quehacer del
empresariado en Chile: lobby y financiamiento a la política;
colusión para aumentar obscenamente las ganancias;
oligopolio para fijar la producción y los precios, y un

sistemático hábito de evasión de impuestos, informes
contables falsos y prácticas anti-sindicales.
La
esencia
del
neoliberalismo
es
aumentar
indiscriminadamente las ganancias, sobrevalorando las
mercancías y especulando con los precios en el mercado
bursátil. Para lograrlo no habrá inhibiciones. Hasta hoy la
legislación permite que las grandes empresas acumulen
impunemente enormes patrimonios; pagando sueldos por
debajo del mínimo; presionando para obtener tasas
impositivas mínimas y exacerbando los mecanismos de
subempleo y tercerización, para evadir leyes sociales e
indemnizaciones laborales.
El gobierno y el parlamento cuestionan la colusión como si
fuera el único mecanismo ilegítimo e ilegal del empresariado.
Con éste discurso intentan ocultar dos infames prácticas. 1)
Que el empresariado, de manera individual, siempre ha
alterado el verdadero valor de los productos, aumentando el
costo de la vida y apropiándose de los salarios a través del
consumo exacerbado, y 2), Que las excesivas ganancias del
empresariado nunca han generado el mejoramiento de los
salarios ni de las condiciones de trabajo.
La reforma laboral del gobierno y la CUT, no aborda con
profundidad éstos temas, es por eso que nunca contó con el
respaldo de los trabajadores, pues ha sido tildada de una
iniciativa débil y cosmética. El eje de la reforma laboral es
regular con precisión la negociación colectiva; pero no
aborda el verdadero problema de fondo: la sindicalización y
la negociación colectiva en Chile son meros actos voluntarios
y no derechos obligatorios.
Así se explica entones, la deprimente cifra de afiliación
sindical (10%) y de negociación (5%), asunto que no corrige
la reforma laboral, pues ambas herramientas seguirán
circunscritas al ámbito de la voluntad. Se mantiene además,
la prohibición constitucional de negar la intervención de los
trabajadores en las decisiones estratégicas de las empresas y
que dirigentes sindicales asuman cargos de elección popular.
Frente al balance descrito, la tarea de los trabajadores para
el periodo seguirá siendo la distribución justa y equitativa del
ingreso nacional, derecho que debe alcanzar rango
constitucional. Para ello, el proceso constituyente propuesto
por la NM no garantiza la participación democrática de todos
los sectores de la sociedad, en consecuencia, el Plebiscito
debe ser la herramienta que nos asegure la consolidación de
la Asamblea Constituyente como el único mecanismo que
resolverá la grave crisis político-institucional.