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El arte romano Ne Manvel Bendal Coleccién: Biblioteca Basica Serie: Arte ’ Edicién y disefio: Narcis Fernandez Inés Plana Tlustraciones: Archivo Anaya icin cientifica: Juan Antonio Ramirez (Catedratico de Historia del Arte) Coordinacién editorial: Juan Diego Pérez Gonzalez Queda prohibide ta reproducciOn toa! 0 parcial deta presente obra bajo cu. de sus formas, grdficas 0 audiooisuales, sin la autorizacién previa y escrta del edi- tor, excepto citas en reeistas, diarios 0 libros, siempre que se mencione Ia proceden- cia de las mismas. © del texto, Manuel Bendala © 1990, de la edcién espanola, Grapo Anaya. S. A. Josefa Valesrcel, 27. 28027 (Madrid) ISB: 8420737283 Depbsito legal: M:26865.1990 Impreso por: Grafcas Pefalara, S.A. Cra, de Villaviciosa de Odén a Pinto, Km. 15,180 Fuenlabrada (Madrid) Impreso en Espafa. Printed in Spain TT co ‘« 2Arte en Roma o arte romano? (4) nee Punto de partida: etruscos y griegos (6) La corriente helenistica (12) Arte de la ciudad: evergetismo y politica (20) Arquitectura romana (28) wv Conquista del espacio arquitecténico (36) vos arqitectrasimca (4) 7H La ingenieria hecha arte (54) Ng EY rte patrcio y art plebeyo (60) El retrato (66) Relieve hist6rico: documental en piedra (72) Cronologia (94). ey La pintura y el mosaico (82) Glosario (95) a a ee Bibliografia (96) SI remem cme ~Z Arte en Roma o arte romano? AUNQUE RESULTA indudable la existencia de un arte romano, es muy habitual que los investigadores comiencen cualquier exposicién sobre el tema plantedndose si, en propiedad, hubo un arte especificamente romano 0 si lo que por tal suele entenderse no es otra cosa que el arte griego con matices diferenciadores. Ante esta cuestiOn, podria afirmarse que si, que lo hubo, y que fue el producido por Roma y su Imperio, Pero el caso es que tal conclusién resulta sin duda simplista, porque las manifestaciones artisticas de la Roma imperial son tan eclécticas y acumulativas que arte romano terminaria por setlo todo. Concretando mas, lo que en realidad se plantea es la dicotomia entre arte con identidad propia o arte dependiente o continuador del griego. Si pudiéramos preguntarle a un romano culto de la época, éste no tendria el menor reparo en afirmar que ellos eran aprendices de los griegos. No en vano, Roma fue dvida para conquistar, pero también para captar. El arte griego, sobre todo en la plastica y en la pintura, como se demuestra en Flora o La Primavera (1), excelente pintura del segundo estilo pompeyano expuesta en el Museo Nacional de Napoles, proporcionaba a Roma cuanto podia necesitar en ese terreno. Pero también es verdad que los romanos tomaron esa materia prima y la modelaron a su manera, con resultados que expresan un genio propio e inconfundible. El retrato, el relieve histérico y muchas otras manifestaciones artisticas se ofrecen con perfiles genuinamente romanos, pero en lo que todos los especialistas muestran un acuerdo undnime es en que Roma pisé con gran fuerza en materia de arquitectura. El prestigioso especialista R. Bianchi Bandinelli marcaba de esta manera las diferencias: «un proceso formativo coherente, tal como se percibe en todas las grandes civilizaciones artisticas, fue siempre algo extrafio a la civilizaci6n romana en todos los dominios del arte, con excepcién del de la arquitectura». Si Grecia revolucioné la escultura, Roma lo hizo con la arquitectura, inaugurando una nueva etapa en cuanto a la concepcién del espacio arquitect6nico. Se Sabinos, los aborigen BUNS Gis pid vier PESOS ¥ GLIOT OS BGUN LA tradicién, los més antiguos pobladores de! Lacio fueron los siculos, unidos a veces a los ligures. Desde los montes atacaron y les expulsaron de sus tierras, por lo que se dirigieron a Sicilia, Asi, los aborigenes eran los duefios del Lacio cuando, reinando el rey Latino, legaron desde Troya Eneas y los troyanos, una vez terminada, hacia el ao 1180 a. de C, la guerra cantada por Homero, Eneas se cas6 alli con Lavinia, hija de rey Latino, y fundé la ciudad de Lavinio. Y fue asi cémo, de la unién de aborigenes y troyanos, nacié el pueblo latino. Por su parte, el hijo de Eneas, Ascanio, venido con 1 de Troya, fundé al pie de los montes Albanos la ciudad de Alba Longa, que seria a capital del Lacio y en donde rein6 una dinastia de reyes de la que descienden Rémulo y Remo, los fundadores de Roma. Este crucial acontecimiento habria tenido lugar en el 753.a. de C. R6mulo inauguré la lista de los reyes romanos, seguido por Numa Pompilio, Tulio Hostilio, Anco Marcio, Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio, los tres tltimos de ascendencia etrusca. Hacia finales del segundo milenio y comienzos del primero, en la fase conocida arqueoldgicamente como Bronce Final y comienzos de la Edad del Hierro, se produce una oleada de enovacidn en numerosas regiones del Mediterréneo, dentro de la cual el Lacio empieza a definir su personalidad cultural, con un foco particularmente activo en las colinas albanas. Al sustrato anterior, que gravita sobre la cultura profovillanoviana, se aiiaden estimulos de origen egeo. La colina del Palatino empieza a poblarse y Roma inicia su consolidacién como centro de interés de las fases siguientes, determinadas por una fuerte incidencia de Jas culturas villanovianas del ambito etrusco. En los periodos tiltimos de la cultura lacial ~la época orientalizante de fines del siglo VIII y los comienzos del VII-, Roma aparece ya como centro urbano, con un predominio cultural etrusco que corrobora el perfil histérico de los ultimos monarcas romanos y que proporciona respaldo al importante papel organizador que la tradicién atribuye, en particular, a Servio Tulio. En el afio 509 a. de C. se sittia la expulsin del Ultimo rey etrusco, con la imposicién de la republica por parte de Junio Bruto. Comienza aqui una historia compleja y dificil de recomponer y en la que Roma inicia su progresiva expansion por Italia y el Mediterraneo. La configuracién de Roma, y en particular de su cultura artistica -la que ahora nos interesa-. va a estar determinada, en sus comienzos, por la historia que acabamos de referir a grandes rasgos. A la hora de su consolidacién urbana, tendra un enorme peso la civilizaci6n etrusca, poseedora de un arte que habia asimilado a su vez grandes dosis de arte griego, con lo que, directamente uno e indirectamente el otro, ambos constituyen los dos factores de los que parte el arte romano inicial, al que habra que aiadir un componente itélico pero operativo en su produccién artistica durante largo tiempo. — El sarcéfago de Cerveteri, en la fotogratia, constituye una obra maestra del arte etrusco desarrollado en Veyes en el siglo VI a, de C. Su excelente factura confirma la gran fama y prestigio que adguirieron por aquel entonces {os talleres de terracotas etruscos. 8 ae Las tumbas de Palestrina En Palestrina, la antigua Praeneste, ciudad latina a 42 kildmetros al este de Roma, se hallaron en el siglo pax sado unas tumbas de gran interés, sobre todo dos de ellas: Barberini y Bernardini, Sus ricos ajuares funera- rios (hoy en ef Museo de Villa Giu- lia, en Roma) pueden ser tomados como prueba material de la imposi- cién de una clase dominante, tal vez etrusca, vida importadora de pro- ductos orientales de lujo como expre- si6n de su prestigio social y econ6- mico, Llevaron a sus tumbas multi tud de joyas de oro, de recipientes y tripodes de bronce, lujosos muebles con adornos del mismo metal, marfi- les y otros productos propios del mé- ximo refinamiento de las culturas orientalizantes mediterréneas. Uno de los bellos objetos hallados en la tumba Bernardini es un vaso de pla- ta dorada (1) que aparece como tipi- co producto de los talleres fenicios 0 chipriotas de mediados del siglo VII a.deC, Posee una hermosa decora- cién incisa, en bandas, que recrea es- cenas de caza y guerreros desfilan- do. La obra muestra una finura pro- pia de los mejores talleres orientales; sin embargo, la orla de prétomos de serpiente muestra un arte mds gro- sero, que podria ser resultado, segiin han supuesto los investigadores, de una modificacién 0 reparacién reali- zada por un taller de la zona. 9 "Este célebre Apolo (1), magnifica te ‘tracota del templo de Portonaccio, s+ tuado a las afueras de Veyes, repre. senta al dios mitico a tamafio natu- ral y, junto con otras andlogas de la misma procedencia, como la cabeza de Hermes (2), constituye la mejor prueba de los afamados talleres de te- rracotas de las ciudades etruscas. ‘Ambas obras se encuentran en el Mu- seo de Villa Giulia, en Roma. El Apo- lo de Veyes se fecha a fines del siglo Via de C, cuando dicen las fuentes que trabajaba en la ciudad etrusca elartista Vulca, a quien los romanos, segan cita Plinio, .encomendaron nada més y nada menos que la rea- lizacion de la imagen del dios Jipi- ter para su templo principal del Ca- pitolio, Veyes, a silo 17 kilémetros de Roma, era una importante cludad-es- tado en cuyos dominios debié in- cluirse la propia Roma durante ab tin tiempo. No es extrafio, pues, que en el camino hacia el imperialismo tuviera una especial significacién la conquista de Veyes, en el 396 a. de C., primera de las ciudades etruscas sometidas. Sus terracotas ilustran lo que debié de ser el arte de Roma de esa época y, como resulta evidente, la gran influencia recibida del arte grie- go. Puede comprobarse también que no se trata de una mera mimesis: los Tasgos estilisticos griegos, del arcais- mo jénico 0 atico estén traducidos a un lenguaje con acento propio, so- bre todo en lo referente a la feroz ex- Presividad del rostro. 10 Loba copitolina La mds célebre escultura romana (2), simbolo de la ciudad, constituye una obra de arte llena de misterios. Se desconoce donde estuvo y qué significado tenia, aunque es proba- ble que se tratara de una escultura propia de una tumba y cuya funcion fuera proteger a los difuntos de la misma forma que una hembra a sus crias; de ahi su fiereza y la marcada hinchazén de las ubres. En un prin- cipio, se la consideré una creacién etrusca, debido a comparaciones su- perficiales con las esculturas de Ve yes y por el prestigio de los etruscos en la fundicion del bronce. Numero- 0s especialistas, sin embargo, han sefialado que poca o ninguna rela- ‘cin tiene con el arte etrusco, y la ex- plican més bien como creacidn de un artista de origen griego. Suele acep- tarse una datacién en la primera mi- tad del siglo V a. de C,, aunque se han propuesto otras fechas que lle- gan, incluso, al siglo IV a. de C. En cualquier caso, se trata de una obra maestra en la que el animal ofrece una emotiva tensién y una sabia combinacién de formas lineales sal- picadas de los detalles figurativos del pelaje. Resulta explicable que Roma la asociara a la leyenda de su funda- in, a la loba que amamant6 a RO- rmulo y Remo (los que hoy vernos son tun afiadido del siglo XV, obra de Po- Iiaiolo). La discusi6n sobre su origen denota, en suma, las vinculaciones del primer arte de Roma. Cista Fieoroni Esta hermosa caja de cobre, llamada cista Ficoroni (1), fue hallada en Pa- lestrina y conservada en el Museo de Villa Giulia. Se trata, en su género, de la mas notable creacién en pie zas, Pudo utilizarse como recipiente de ajuar femenino utilizado para guardar espejos, peines y demas ob- jetos de tocador. Su interés reside en su excepcional calidad y en ser la pri- mera obra de arte en la que se alude a Roma, Una inscripcién en latin ar- caico, grabada en el soporte del asa, recuerda que fue un regalo —segura- mente de bodas— de una tal Dindia Macolnia a su hija y que la realizé Novios Plautios en Roma. El autor es quizd un emigrante de la Campa- "nia, y su obra un ejemplo mas del arte de inspiracion griega que se ha- cfa en la Roma de su tiempo: fines del siglo IV a. C. Aparte de los ele- mentos plasticos, lo mas notable de {a cista es su decoracion incisa, que ilustra una versidn itdlica del tema helénico del viaje de los Argonautas ala Célquide, en busca del vellocino de oro, En uno de los episodios na- rrados en la cista (2), Pélux, uno de los Dioscuros, ha atado aun arbol a Amico, rey de los bébrices. después de haberlo vencido en pugilato. So- bre fa escena, una Nike alada vucla sobre el héroe portande una corona. Otra escena, magnifica también, na- ra cémo los griegos consiguen agua en el pais de los bébrices gracias a la victoria sobre Amico. 2, Lacorriente helenistica ACIUDAD de Roma se iba desarrollando politica, econémica y urbanisticamente en un ambiente cultural que, sobre todo en su dimensién artistica, tenfa cada vez mds débitos con Grecia. Sus necesidades de produccién artistica iban encontrando una inmediata solucién en la contratacién de artistas helénicos, Hegados, quiza, de las ciudades del sur, de la Magna Grecia o de Sicilia, que en la vecindad de Roma y de su primera zona de expansién proporcionaban, con su superioridad artistica, un perfecto padrinazgo a la orfandad estética romana. Ala creciente koiné artistica de signo griego, que se extendia por las principales culturas mediterréneas en el transcurso de los siglos V y IV a. de C., se iba incorporando Roma con su inusitada fuerza, fenémeno ejemplificable en la Loba capitolina o, atin més, en la cista Ficoroni, El momento culminante de esa koiné se produjo en época helenistica, como eclosién de un fendmeno larvado desde tiempos antiguos y potenciado por esa capacidad expansiva consustancial a la civilizacién helenistica. Coincidié esa eclosi6n con la definitiva conversién de Roma en imperio universal. La conquista de la Magna Grecia, la ‘expansién imperial por Sicilia y por la misma Grecia y Oriente, hizo llegar a Roma un caudal incontenible de arte griego, materializado en las miles de estatuas y obras de arte traidas de las ciudades sometidas y que fueron objeto de saqueo, Cuando ‘Roma asume su papel de potencia hegeménica y se ve en la necesidad de tener un arte propio, contempla cémo la ciudad se ha convertido en un extraordinario y cadtico museo de arte riego a cuya impronta iba a ser imposible sustraerse. A la recepci6n pasiva de esa influencia, Roma uniria un deliberado acercamiento, entre acomplejado y orgulloso, a las pautas formales de las cultas ciudades griegas que, de ser vecinas y antes tan lejanas por su porte ciudadano, pasaban a ser sus tributarias. La impronta helenistica se puso de manifiesto, de forma particular, en la pintura pompeyana, a la que pertenece la célebre Higenia en Tatiride (1), expuesta actualmente en el Museo de Népoles. Llegaban obras de arte, pero también artistas, tunos por fuerza y otros por la conversin de Roma en el més extraordinario nucleo de demanda artistica. Y, ademés, llegaron también pensadores y escritores, de modo que el griego era, igualmente, el lenguaje culto que se impuso en Roma y del que extrajo el latin elementos bésicos para su consolidacién como lengua también culta. La admisién de los romanos en los juegos istmicos de Corinto, en el 228 a. de C,, constituyé un perfecto sintoma de a opcién cultural elegida. 14 Sarcétage de Escipion Barbato Los Escipiones, de la gens Cornelia, fueron una de las grandes familias, de la Roma republicana, forjadores como pocos del imperialismo roma- no y celebrados siempre como parte del capitulo mas glorioso de la histo- ria de la ciudad. De uno de ellos, E5- cipién Barbato, cénsul en el 298 a de C.y victorioso frente a etruscos, samnitas y lucanios, se conserva su sarcéfago (1), hallado en la tumba fa- miliar de la Via Appia y hoy en los Museos Vaticanos. Su hermosa deco- racién ~friso dérico y comisas y ele- mentos jénicos, como las volutas de Ja cubierta~ constituye una muestra de la adopcién del arte griego y de Ia tipica combinacién helenistica de elementos de distintos érdenes. Un miembro més reciente de la misma familia, Publio Cornelio Escipin el Africano, vencedor de los cartagine- ses, a quienes derroté definitivamen- te en Hispania y luego en Africa, fue un decidido defensor de la heleniza- cidn frente a las invectivas hacia el lado contrario del tradicionalista Ca- tén el Censor, representante fiel del conservadurismo de la sociedad ro- ‘mana, mas apegada a sus viejas cos- tumbres agrarias. En el circulo de la familia entra- ria més tarde el historiador griego Polibio, que acompané a Escipién Emiliano en sus campaiias en Hispa- nia —donde acabé con la resistencia de Numancia~, y que influyé sensi- blemente en los gustos, también he- lenizantes, de este otro ilustre miem- bro de la familia de los Escipiones. PS TTT Retratos en bronce El Museo Capitolino de Roma con- serva, entre sus numerosos tesoros artisticos, un magnifico retrato atri- buido tradicionalmente a Junio Bru- to (1), el fundador de la Republica. Se trata de una cabeza de bronce. fe- chable en el siglo Ill a. de C. y que se conserva como resto unico de lo que debié ser una estatua completa, tal vez ecuestre. Gracias a su magnifico estado de conservacién, hey puede contem- plarse plenamente la expresividad y cl realismo de uno de aquellos retra- tos broncineos que, fruto de un arte sin duda helénico, recrearon a los Grandes personajes de Roma. Este busto conocido también por Pseu- do Brutus pudo ser obra de un ar- tista griego, quizé formado en la Magna Grecia, pero también pudo sa- lir de un taller itdlico cuyas creacio- nes hubieran seguido las pautas del arte helenistico. La severidad gestual, la sobriedad y la simetria de los rasgos, junto con la peculiar ejecucién del cabello, constituyen, ciertamente, elementos que apuntan ya hacia un arte que pa- rece despegarse de lo estrictamente helénico para orientarse hacia la bisqueda de una expresién més ité- lica o romana. De la'misma época data la deno- minada Cabeza de muchacho (2). re- trato en bronce de un adolescente al que el artista quiso dotar de una es- pecial serenidad, La escultura se conserva en el Museo Arqueoldgico de Florencia, Se Temples de la Plaza Argentina La arquitectura romana se fue incor- porando también a las corrientes he- Iénicas, en general, y helenisticas en particular. Los construcciones que se conser- van de la Roma republicana resultan ciertamente escasas. Desaparecidas casi todas, debido a la enorme vitali- dad de la ciudad en épocas posterio- res, las que han permanecido incdlu- mes han sido objeto de restauracio- nes o reconstrucciones que, sin duda, han enmascarado o alterado su configuracién primitiva. Afortunadamente, los templos del rea sagrada de la romana Plaza Ar- gentina (2) y los de Forum Holito- rium proporcionan dos de los mejo- tes conjuntos de ruinas en los que se puede comprobar materialmente el sesgo de la arquitectura romana desde, al menos, los tiempos medio- rrepublicanos. Ambos ejemplifican el abandono de los templos de estruc- tura lefosa y decoracién con terra cotas —de tradicién etruscotélica— y la monumentacién a la griega me- diante el uso de la piedra y la apli- cacion de los drdenes arquitect6ni- cos clasicos. El Area sacra Argentina es uno de Jos més importantes complejos que, de la Roma republicana, han llega- do hasta nuestro dias. Las plantas pe- ripteras de varios de sus templos de- nuncian también la adopcién de los esquemas griegos; sin embargo, el uso de podios, de escalinatas unicas en el frente o de fachadas traseras ce- rradas sine postico— en tres de los siete templos de los conjuntos cita- dos constituyen muestras de las for- mmulas italicas que, con ingredientes propios unidos a los de procedencia hrelnica, dan sabor a la naciente ar- quitectura romana. La plantade! Area sacra de la Pla- za 0 Largo Argentina (1) muestra las ruinas de los cuatro templos del conjunto, La més antigua de todas estas edificaciones podria ser el tem- plo C. Situado sobre un alto podio, es de tipo periptero —es decir, rodea- do de columnas-, aunque en este caso con la particularidad de que el fondo del edificio se halla cerrado por una pared continua. Cronolégi camente, al templo Cle sigue el tem- plo A, también periptero, Fue erigi do en el sigh Ill a. de C., aunque ex: perimenté una importante renova- cién en la época tardorrepublicana, quizd en tiempos de Pompeyo. Resul- ta probable que estuviera dedicado al culto de Giuturna, una antigua di- vinidad vinculada a las aguas. El templo D fue construido posiblemen- te en el 180 a. deC. Posee una gran cella rectangular que se halla prece- dida por un ancho pronaos con tres intercolumnios. En cuanto al templo circular B, se trata del més reciente de los cuatro, Esté construido a un nivel mas alto que el resto y sobre un nuevo pavimento de caliza, debi- do al replanteamiento y a la sobree- levacién de la zona traé un fuerte in- cendio ocurrido en el siglo Ifa. de C. Fuera de Roma, en la vecina ciudad de Praeneste, fue construido el mo- numento que mejor ejemplifica la ab- sorcién por parte de Roma de las composiciones arquitecténicas esce- nograficas de tipo helenistico: el Santuario de la Fortuna Primige- nia (1), reconstruido en la ilustra- cién. Una pendiente natural sirvié para disponer una ambiciosa cons- truccién configurada en terrazas es- calonadas, unidas por rampas y es- caleras y presididas en lo alto por una gran plaza rectangular, con pér- tico en tres de sus lados y abierta ha- cia la pendiente sobre la que,a su vez, campeaba un hemiciclo semicir- cular escalonado, a modo de teatro; en lo més alto, en el vértice de la composicién, se erguia un templete circular. Ante el santuario praenestino vie- nen a la memoria las escenografias urbanas ensayadas en ciudades como Pérgamo, que tanta influencia ejercié en la modelacién del gusto ar- tistico romano, o las experiencias més cercanas de los templos/teatros de las regiones campana y sami Pero en el tipo de materiales emplea- dos —con abundante uso del hort g6n-, en las técnicas arquitectonit y, sobre todo, en la estricta axial del conjunto, sefialada por la linea ascensional de las escaleras, dirigida al templete de la cuspide, se contie- ne todo un manifiesto de romanidad, Como en los templos del largo Argen- tina, se impone una nueva forma de hacer que, apoyada sin duda en la tradicién helenistica, otorga a la construccién, en ultimo término, su caracter propio. De muy discutida cronologia, el santuario de Praeneste no parece tan antiguo como para estar fecha- do en la primera mitad del siglo II a. de C,, ni tan cercano como para ubi- carlo en la época de Sila fecha acep- tada por muchos-, o atin posterior; la critica mas reciente se inclina por el final del siglo II a. de C. Refirién- dose a esos afios, decia Cicerdn: «Brat Italia tum plena Graecarum artium ac disciplinarum...» —— ee asa del Fauno La incidencia de la corriente helenis- tica en la esfera de lo privado tiene cumplida expresién en la casa, y pue- de comprobarse en éptimas condicio- nes en Pompeya. Ciudad de origen .05c0, influida po y ocupada por los samnitas, entré en la 6rbita de Roma desde la segunda mitad del siglo IV a. de C. y fue con- vertida definitivamente en colonia ro- mana en el80 a. de C. Antes de ello, la ciudad experimenté una fuerte im- pregnacién de la cultura helenistica. La casa del Fauno (1), de la que ‘mostramos uno de sus atrios, se cons- truyé a comienzos del siglo Il a. de C., con una gran remodelacién a finales de la misma centuria, La casa tiene dos atrios, que recuerdan la configuracién tradicional de la casa * itdlica. Pero ya desde la entrada prin- cipal, la lujosa decoracién arquitec- t6nica hace ver que se estd en un am- biente distinto, decididamente pala- ciego. Tras el primer cuerpo se pasa a un amplio sector con dos peristi- los, patios porticados de claro abo- lengo helenistico. La presencia de es- tos jardines en el interior de las ca- as, con fuentes y profusion de ador- nos, constituye una de las mas sefia- ladas notas de lujo doméstico. Por si fuera necesario declarar en qué espejo se miraban sus propieta- rios, en la exedra 0 estancia princi pal, al fondo del primer peristilo, se puso por suelo el célebre mosaico de ‘Alejandro (2). Es, seguramente, la copia magistral de un cuadro pinta- do hacia el 300 a. de C. por Filoxe- no de Eretria, que representa a Ale- jandro enfrentado al rey persa Dario. . 3. Arte de la siudaa: evergetisme y polifica L ARTE romano es un arte esencialmente urbano, hecho compartido por otras civilizaciones aunque en la romana con particular énfasis. En el seno de la ciudad de Roma, de su pueblo, se forjaron los mecanismos ~materiales y espirituales— que impulsaron al arte romano a adquirir sus perfiles mas especificos. Dibujadas las pautas esenciales en la misma Roma, Jos resultados eran exportados a todo el Imperio, que en cierta manera preconizaban la multiplicacién indefinida del modelo de Ja Ciudad por antonomasia. Entendida la civilizacién romana como un fenémeno cultural cen el que se integra una larga y plural experiencia histérica, no resulta fécil penetrar en todas las claves de su pensamiento. Ayudan mucho las que tienen que ver con la ciudad concebida ‘como un terreno sagrado, un femplum, separado de su entorno , por la cinta magica de la muralla cuya transgresin costé la vida a Remo; en definitiva, un microcosmos cruzado de prescripciones racionales e irracionales, que hay que tener en cuenta a la hora de entender el arte romano en cuanto afloracién formal del universo espiritual de sus gentes. Resuita bastante comsin en las grandes culturas urbanas la conciencia o ia intuici6n colectiva de que el poder econdmico, politico o de la inteligencia, resuelto en capacidades y obligaciones, debe tener refrendo en la posesién -y la exhibicidn— de un marco ciudadano adecuado. Por su particular peripecia histérica, Roma llegé a ser el centro de un vasto Imperio y a acumular poderes y riquezas extraordinarios, cuando urbanisticamente era un centro de segunda fila, lo cual se hacia notar, sobre todo, al compararla con las prestigiosas ciudades riegas. Este hecho desaté, con rara intensidad, el empefio de sus dirigentes por la dignificacién ciudadana; el liderazgo se tradujo, en buena parte, en un evergetismo —proteccionismo— dela ciudad, materializado en el patrocinio de edificaciones y obras de arte. Ello se hizo patente en su planificacién urbanistica, a la que hhoy podemos acercarnos a través de la maqueta de la antigua 1 a Roma (1), expuesta en el Museo de la Civilizacién Romana. Construir y acicalar el marco urbano se convirtié en un objetivo y un medio de prestigio social. Gran parte de la mejor y més caracteristica creacién del arte de Roma fue concebida y realizada de acuerdo con las necesidades ideol6gicas y politicas del imperio; es decir, como vehiculo de propaganda, de exaltacién del papel pacificador y organizador de la civilizacién romana o de la fuerza de su az merce Fore romano El Foro (1), ubicado en la depresion situada en medio de las colinas de Roma, se convirtié en escenario prin- cipal de las actividades comunitarias y de la vida religiosa y politica. Pre- ‘sidido por el monte sagrado del Ca- pitolio, con el templo principal de Ji- piter , Juno y Minerva, se fue poblan- do de construcciones, monumentos, estatuas y de todo cuanto derivaba » de su compleja amalgama de funcio- + nes, hasta quedar convertido, en los tiempos mediorrepublicanos, en un espacio ciertamente cadtico. En el si- glo Ila. de C,, ante la necesidad de dignificar la ciudad, los magistrados acometieron la racionalizacién de este centro tan principal, empezan- do por la construccién de tres bast- licas civiles la Basflica Porcia, la Fulvia Emilia y la Sempronia~ a las que se uniria después la Basilica Opi- mia. Se trataba de construcciones inspiradas en el Oriente helenistico pero con personalidad propia, desti- nadas a proporcionar un lugar mas apto donde reunirse. Numerosos edificios posteriores si- guieron el plan iniciado de ordena- cién y monumentalizacién de este centro civico, Hoy se ofrece como un complejfsimo campo de ruinas (2), con una historia que concluye con la columna erigida por el emperador Foca en el 608, iltimo monumento conmemorativo erigido en el Foro. Hallea * [talica, junto a Sevilla, fue una de las ‘ primeras fundaciones romanas en Hispania, residencia de poderosas fa- milias entre cuyos miembros se con- taron los emperadores Trajano y Adriano, en cuya época se termind el célebre anfiteatro (2 y 3). En cuan- to al teatro, éste se convertiria en uno de los edificios imprescindibles en toda ciudad romana, por su fun- cién social y, c6mo no, politica. De- cia Aulo Gelio que, como reproduc- * ciones de la capital, las colonias ro- manas debian tener teatros, termas y Capitolio. El teatro de Itdlica em- pezé a construirse en época de A gusto, y en la de Tiberio los duunvi 10s pagaron los marmoles que ador- naron la parte baja (la orchestra y sus aledafios). Uno de los:patrocina- dores se Hamaba Trajano Pollia, un antepasado del emperador Trajano, Su prestigio personal y el de su fa- milia debié acrecentarse con gestos ostentosos como el comentado, que, para piblico conocimiento, seria re- cordado en una enorme inscripcién (1) con letras de bronce, colocada al pie del escenario para que fuera vi sible desde el graderio. ‘Mis tarde, seguramente en honor de Trajano divinizado, se construyé en medio de la ciudad nueva un enor- me pértico, con un colosal templo en el interior. Sus riquisimos mérmoles han sido presa de un voraz saqueo, pero de sus pocos restos puede de- ducirse una obra muy ambiciosa, ca- paz de sugerir la grandeza de Roma y el particular impulso que a su po- der imperial dio con su obra el em- perador italicense, | | Auguste de Prima Porta temple de Marte Vel ‘Augusto, el primer emperador y ca- talizador de una de las etapas mas creativas y cruciales del arte roma- no, tuvo especial empetio en mostrar- se como un gran constructor, En su testamento politico -las Res Ges- tae— enumera su labor arquitecténi- ca, en virtud de la cual le otorgo el Senado el titulo de restituidor de los templos y de las obras publicas. La dignidad que quiso imprimir a Roma y al Imperio, la misma que emana de su espléndido retrato de Prima Porta (1), se proyecté en un programa de emarmorizacién» de los edificios publicos. Ningtin ejemplo mejor que el espléndido foro que mandé construir, con el gigantesco templo de Mars Ultor 0 Marte Ven- gador (2), del que hoy sélo quedan algunos restos, todo ello levantado con magnificos marmoles, sobre todo de Carrara. Se consolidé asi una correlacién entre la dignidad de Roma y el uso del marmol, converti do, a la postre, en uno de los mate- riales mas ambiciosos y trasegados en un sorprendente, por lo costoso, comercio por todo el Imperio. No es extraho que, como viene comprobandose en las investigacio- nes modernas, la politica imperial de Augusto —continuada por sus suce- sores— tenga uno de sus mas claros teflejos en la expansién por las pro- vincias del programa iconogrifico y de marmorizacién iniciado en Roma. ae Cea eg ar BSUS TET Menedas romanas Si de las artes mayores pasamos al mundo de las monedas, se entra en ‘un campo riquisimo en manifestacio- nes en el que los condicionantes po- liticos e ideolégicos del Imperio se ‘manifiestan en grado superlativo, Partia Roma, una vez més, de las tradiciones helenisticas, y exploté al maximo las posibilidades propagan- disticas de los pequeiios discos de metal destinados a correr por todas las manos. En principio, la moneda podia servir para llevar a todos la efi- ie del gobernante. Las monedas, sobre todo en los re- versos, dejaban el campo libre para distribuir mensajes de impacto ase- gurado. Sobre todo las figuras alego- ricas, basadas en una rica tradicién iconografica, transmitiran la idea de las fotografias pee verse cuatro de estos caracteristicos tipos de mo- nedas. En uno de ellos vemos un de- nario romano de la época republica- na_en cuya cara (I) aparece un halcén de cabeza humana cubierta Por un casco, representaci6n que sin duda simboliza a la diosa Minerva. En el reverso(2) se representa a Apo- lo Soranus. Las monedas con la ima- gen de Trajano (3) solfan llevar ins- critos sus titulos, entre los que des- tacaban el de «Germédnico» y «Daci- cov, El retrato de Marco Aurelio (4) también circulé en las monedas de la época que él gobernd, Arquitectura romane: * A HEMOS sefialado en la introduccién, baséndonos en la autorizada opinién de Bianchi Bandinelli, cémo Roma tuvo su quehacer ms propio en la arquitectura, sin menoscabo, debe afiadirse de nuevo, de sus otras creaciones artisticas. Si en el templo tenemos uno de los paradigmas arquitecténicos de las culturas antiguas, el romano ofrece claras sefias de identidad propia. En las fases iniciales, el sustrato etruscoitdlico aporta algunos de sus elementos definitorios, tales ‘como el uso del podio, con acceso escalonado tinico en el frente principal, o la clara distincién, en planta, entre el pértico anterior (la pars antica), y la cella o zona cerrada al fondo (la pars postica). Sobre esa base, Roma mostraré pronto su particular forma de hacer, segin demuestra el mejor ejemplo de cuantos, pudieran buscarse: el templo principal del Capitolio. Mandado construir por Tarquinio el Antiguo, fue dedicado inmediatamente después de proclamada la Republica, en el 509 a. de C. Aparte de ‘sus magnitudes poco comunes, o de su decoracién, destaca la organizacién de la planta, sobre todo por la disposicién de triple cella, en lo que puede verse una primera y trascendental aportacién de la arquitectura romana. El templo experimentaré una profunda helenizacién, como todo io demas, manifiesta fundamentalmente en las técnicas y en el lenguaje arquitecténico empleado, que se expresa con los érdenes cldsicos, Pero el ropaje helénico no oculta una concepcién del edificio templario que es, en lo esencial, claramente distinta del griego. Sin embargo, encontramos algunas claves de la revolucién arquitecténica romana en un edificio de carécter practico construido en el aio 197 a. de C. Se trata de la Porticus Aemilia, un enorme almacén (487 * 60 m.) construido en la zona portuaria del rio, mediante una yuxtaposicién de bévedas levantadas con hormigén. También resultan representativas las termas del Foro de Pompeya, de las que podemos ver el Caldarium (1), cuya béveda de cafién se decoré con estrias de estuco. A partir de sus nuevas necesidades en el caso del almacén, un imperativo practico, nacido de la conversin de Roma en una ciudad que precisaba suministros en cantidades ingentes-, los arquitectos romanos emprendieron su propia revolucién, que tiene lo mejor de si misma en la capacidad de crear grandes espacios mediante el uso de arcos y bévedas, asi como en la puesta a punto de las técnicas que lo hacian posible. La masiva y perfecta utilizacién del hormigén del opus caementicium— fue el presupuesto técnico principal de muchos de los grandes proyectos; se perfeccionaba con el uso de paramentos externos de diferentes tipos entre los que merece especial mercién el ladrillo, un material de construcci6n de lidades enormes. 30 Capitolios de Roma yde Cosa El templo del Capitolio (2) era el principal de Roma, la referencia vi- sual y espiritual mas importante de la ciudad. El esquema de una plaza publica, el Foro, presidida desde un punto alto por el Capitolio, seré uno de los esquemas fundamentales a te- ner en cuenta ala hora de trasladar, fuera de la misma Roma, la imagen definitoria de la ciudad romana. So- bre el origen de aquello que lo defi- ne mejor, que es la disposicién de una cella triple, se consideré que era una de tantas aportaciones etruscas, sobre todo por las alusiones de Vi- truvio a las tuscanicae dispositio- nes. Se sabe, sin embargo, que la for- mula de la triple cella, incluida su base religiosa, esta ausente’en Etru- ria, y que cuando Vitruvio alude a formulas stuscdnicas» no quiere de- cir exactamente etruscas, sino anti guas en un sentido mas amplio. El Capitolio de triple cella es algo exclusivamente romano, que, conver- tido en el tipo templario més venera- do en la capital del Imperio, se ex- tender por el mismo como simbolo de la autoridad de Roma, garantiza- da por la presencia del dios supre- mo, el Jupiter Optimo Maximo. En la ciudad italiana de Cosa se hhan encontrado los restos de un C2- pitolio fechado en la primera mitad del siglo Il. a. de C, que reproducia muy fielmente el prototipo metropo- litano, Era tetrastilo, con un alto po- dio, como puede verse en la recons- truccién (1), que muestra acertada- mente, ademds, la forma caracteristi- ca del amplio tejado. Maison Carrée de Nimes La Maison Carrée (1) de la ciudad francesa de Nimes ~antigua Nemau- sus— constituye todo un simbolo de la romanizacién de los gustos esté- ticos de la aristocracia provincial y de la asuncién de los modelos roma- nos de la época de Augusto. Fue construida alrededor del ato 16 a. de C. en honor de los malogrados he- rederos de Augusto, Gayo y Lucio César, y parece ser que su arquitec- tura se inspiré, de forma indirecta, en el templo dedicado a Apolo Sosia- no y que se erigié en la capital im- perial un cuarto de siglo antes. Sigue las pautas del estilo corin- tio clasico y sirve perfectamente a los propésitos de reconocer los rasgos determinantes de los templos roma- nos. El podio y la escalera unica en- : 3 fatizan la importancia de la fachada frontal, ratificada por la configura- cién pseudoperiptera del templo. A diferencia del griego, que tiene cua- tro fachadas, con gradas en los cua- tro lados y concebido generalmente en el marco de un femenos abierto, en el romano interesa casi exclusiva- mente la fachada anterior, porque suele quedar integrado en una plaza y encuadrado en su eje de direccién fisica e intencional. Los laterales del templo interesan muy poco, como tampoco el muro trasero, de donde se deriva la frecuencia de los templos pseudoperipteros (fuera de la facha- da principal, las columnas son inte- gradas al muro de la cella, como se- micolumnas adosadas). El de Nimes estaba, efectivamente, incluido al fondo de un portico en forma de 7 griega, que no se ha conservado. Toes Coliseo de Roma El gran anfiteatro flavio que esel Co- liseo, del que podemos ver sus rui- nas (1) y una recreacién en maque- ta (2) de su aspecto original, consti- tuye uno de los mejores ejemplos para estudiar las técnicas de cons- truccién empleadas en la Roma im- perial, Iniciado por Vespasiano en el afio 77 d. de C. fue inaugurado por Tito en el 80, Bastaron, pues, tres afios para la consecucién de una de las obras més importantes de la ar- quitectura antigua. Sus innovaciones técnicas fueron, sobre todo, el empleo de materiales ligeros en las bévedas y los muros formados por arquerias. Ya en el Ta- bularium dei Foro, el gran edificio destinado a archivo oficial construi- do por Sila, cobré cuerpo un estilo de fachada basado en series super- puestas de vanos arqueados, enmar- cados por drdenes apilastrados gi- gantes con sus correspondientes It neas de dinteles. En suma, se trata- ba de ritmar la fachada y prestigiar- la con la referencia culta a las f6r- mulas griegas. Como suele decirse habitualmen- te, la intencionalidad no era otra que Ja de fundir en un edificio el alma ar- quitect6nica romana y la decoracién a la griega, con un resultado ‘entera- mente nuevo e inconfundiblemente romano. La férmula, que inclufa la superposicién de érdenes distintos ~dérico, jénico y corintio de abajo arriba tuvo un éxito enorme y fue muy utilizada en toda la historia de Ja arquitectura romana. Por razones diversas, Roma tuvo cla- ras reticencias respecto a la cons- trucci6n de teatros, tan habituales en las ciudades griegas. Existen no- ticias de la edificacién de algunos, desmontables, desde el siglo Il a. de C,, pero el primero construido en pie- dra fue el de Pompeyo, inaugurado en el 55 a. deC. y no conservado. El teatro de Mérida permite contem- plar el aspecto caracteristico tomado del teatro griego con algunos cam- bios, como la forma semicircular de la orchestra o el desarrollo de la Bran fachada del escenario (2), la scaenae frons. Las termas, un edificio que se con- figuré en sus elementos esenciales en ia Campania, fue una instalacién particularmente importante en la vida cotidiana (ademés de bafio, era lugar de reuni6n, biblioteca, gimna- sio y otras ofertas para el ocio) y oca- sin para grandes creaciones arqui- tectonicas y artisticas, como prue ban las Termas de Caracalla (1) en Roma, del 216 d. de C. También los anfiteatros hubieron de salvar las reticencias de Roma para encontrar un hueco en la ciu- dad. Mientras Pompeya tuvo un an- fiteatro estable desde tiempos de~ Sila, en Roma, aparte de uno augus- teo, pequefio y en gran parte de ma- dera, no lo hubo en piedra hasta el monumental Coliseo, emprendido por Vespasiano. Tipos de sistemas constructivos romanos La arquitectura romana desarrollé una avanzada técnica con el uso de instrumentos de trazado y de cdicu- lo, como la groma, la dioptra (una especie de teodolito) 0 el chorobates {un aparato para la determinacién de niveies), todos ellos heredados de la cultura helenistica. Las mejores pruebas del uso de una gran técnica la constituyen los edificios mismos, pero también los magnificos trasla- dos gréficos, que proporcionan una ran sensacién de modernidad. En cuanto a los sistemas construc- tivos, la arquitectura romana ofrece un variadisimo muestrario, Fueron habituales los parémetros de siliares regulares, el opus quadratum (1), ejemplificado aqui con el-muro de cierre del Foro de Augusto (es tipi- ‘camente romana laalternancia de hi ladas, a soyga una y a tizén la inme- diata). La gran sala de los mercados de Trajano (3) muestra, en su bove- da, las posibilidades del opus cae- menticium, que se us6 en Roma des- de el siglo Ill a. de C. El paramento externo, a base de piezas piramida- les empotradas en el nucleo y perfec- tamente ordenadas formando una re- ticula oblicua, el llamado opus re- ticulatum-, se emple6 desde el siglo Ta, de C. y fue paulatinamente sus- tituido por el mas ventajoso uso del ladrillo. Uno de los. excepcionales ejemplos del reticulatum en Hispa- nia fue utilizado en un monumento funerario de Cartagena (4). El ladr- llo ~opus testaceum— se generaliza en Roma a partir de Augusto; un de- talle de su uso masivo aparece en la estructura de la Domus Augustana (2), el palacio de Domiciano. a &, Conquista del espucio arquiteciénice ECIA EL tratadista italiano Bruno Zevi que el espacio interno constituye la esencia de la arquitectura. Desde este punto de vista, la arquitectura romana adquiere su mas grandiosa y reveladora dimensién, en la medida en que se presenta como un conjunto extraordinario de experiencias a la busqueda de la captacién y modelacién de la sustancia inmaterial del espacio. Es eneste hecho donde se marca la diferencia sustancial con la arquitectura griega, que tiene mds valores escultéricos que arquitecténicos, como categéricamente afirmaba el citado Zevi: {Quien investigue arquitecténicamente el templo griego, ‘buscando una concepcién espacial, tendré que huir horrorizado... Pero quien se acerque al Partenén y lo contemple como una gran escultura, quedaré admirado como frente a pocas obras del genio humano.» Si Grecia, a partir del legado oriental de Egipto, sobre todo- revolucion6 la escultura en un proceso coherente de continuada superacién, Roma acometié una tarea similar en el terreno de la arquitectura y a partir de la herencia etrusca y griega, en un proceso de parecida coherencia interna. Con ello definié el comienzo de una nueva edad en la concepcién del espacio, que llega hasta nuestros dias. ‘Ya en los tltimos siglos de la Republica son muchos Jos edificios que revelan las ambiciones de Roma en materia de arquitectura: el Santuario de la Fortuna de Praeneste, los de Tivoli y Terracina, el Tabularium de Sila 0 el teatro de Pompeyo. Con esta base se desarrollard la gran arquitectura de época imperial, en la que se manifiesta un particular interés por la definicién de espacios internos. En la época Julio Claudia, la construccién del gran palacio de Nerén, conocido como la Domus Aurea, dard ocasién a los arquitectos Severo y Celer de crear espacios tan ‘sugestivos como ‘su magnifica sala ochavada (1), iluminada por un gran éculo, que determina un gran paso en la definicién de los ambientes cupulados. El posterior complejo palaciego del Palatino —la Domus Flavia y la Domus Augustana-, realizado para Domiciano, permitird superar estas experiencias en los momentos de fines de siglo I d. de C., que anuncian, con su madurez, el apogeo de la etapa inmediatamente posterior. ” Efectivamente, las empresas de Trajano -el Foro y los mercados, as termas de Roma... y, sobre todo, las grandes obras de Adriano, determinan un momento culminante de la arquitectura romana. Las construcciones adrianeas son especialmente brillantes en la creacién de espacios internos, con la cima representada por el Panteén de Roma. Otra obra suya, la Villa de Tivoli, constituye un manifiesto de inventiva y de dominio técnico, con el juego de su caprichosa arquitectura, Continué la historia del Imperio sembrando toda su geografia de edificios admirables, desde el impresionante conjunto del - santuario de Jupiter Heliopolitano en Baalbek (Siria) a las grandes termas de Roma, sobre todo las de Caracalla y Diocleciano. Ya en el siglo IV, la construccién en el Foro de Roma de una nueva basilica, iniciada por Magencio y terminada por Constantino, permite comprobar la maestria alcanzada, al cabo de una experiencia centenaria, en la creacién de inmensos ambientes arquitecténicos. 39 Palacio de Domiciano on ef Palatine En época de Domiciano se constru- y6 un gran conjunto palaciego en el Palatino, obra del arquitecto Rabi- rio, que se convertiria en adelante en la residencia de los emperadores. Comprende tres zonas bien dife- renciadas: al oeste, la més noble de representacién, conocida como Do- mus Flavia; en el centro la gran drea privada, conocida como Domus Au- gustana (1) y, en el borde oriental, "el estadio. Se conserva en muy mal estado, pero sélo la planta y los res- tos conservados bastan para calibrar " surelevancia arquitect6nica y su im- portancia para captar la imagen que el emperador queria dar de si mis- mo, Es de destacar, por todo, el sec- tor principal, la Domus Flavia. Se or aniza en torno a un gran patio por- ticado, con una fuente octogonal en el centro, a cuyo lado norte se abren las estancias més importantes. La principal, en el eje de la Domus, es una enorme sala conocida como Aula Regia, que ha de ser la sala de audiencias, presidida por un dbside donde debia sentarse el emperador, ‘sus enormes dimensiones (30 x 30 ‘m,), la barroca articulacién de las pa- redes, la lujosa decoracién arquitec- ténica y escult6rica debian producir un efecto imponente para gloria del emperador. Al lado contrario del patio se ha- llaba un enorme triclinio o comedor, acorde con la grandiosidad de todo el conjunto. Muchas otras estancias, de ésta y del complejo sector de la Domus Augustana, presentan estruc- turas arquitecténicas vanguardistas, émulas, en muchos casos, de lo mas fee de la Domus Aurea. La romanidad tardia dejé sobradas muestras de una sabiduria arquitec- t6nica forjada al pulso de una larga, incansable y valiente experimenta- cidn. La Bastlice Nova, de Magencio y Constantino, constituye otro gran hito de la historia de la arquitectu- ra. Con un esquema bien ensayado en los grandes frigidarios, como el de las Termas de Diocleciano, es una construccién proyectada para cubrir un espacio inmenso (102 80 m), con apoyos comparativamente mini- ‘mos que no obstaculizardn el propé- sito principal de encerrar una vasta atmésfera, Se recurrié para ello a un dispositive de una gran nave central con tres tramos cubiertos en recios contrafuertes que, perforados y uni- dos por bévedas de caiién, confor. ‘man con sus crujfas las naves latera- les. La armazén de ladrillos, embuti- dos en el opus caementicium, per- mitié abrir grandes ventanales, como se comprueba en la nave lateral (1). En fechas més imprecisas del mis- mo siglo IV, debié construirse otro edificio excepcional: el pabellén co- nocido como Ninfeo de los Horti Li- ciniani 0 templo de la Minerva Mé- dica (2). Una gran cupula cubre una estancia de planta decagonal. con amplios nichos circulares en todos sus lados, excepto en el de ingreso; queda asi un tambor articulado que recuerda al del Pantedn, pero ms atrevido y ligero, El pértico, dos es- tancias laterales con semictipulas y dos contrafuertes a la espalda, con- tribuian a sujetar la airosa cipula, perforada con ventanas en los espa- cios muertos. 40 ‘Siatensaaterey Panteon de Roma El mas importante de los edificios ro- manos se ha conservado virtualmen- te intacto como iglesia desde que, en el 608, fuera donado por el empera- dor bizantino Foca al papa Bonifa- cio VIII. Fue realizado -como su nombre recuerda~ en honor de to- dos los dioses, con sentido de culto dindstico asociado al emperador. Desde el punto de vista arquitectoni- co se trata de una obra prodigiosa realizada en tiempos de Adriano, en el lugar donde estuvo el primitivo Pante6n levantado por Agripa. Visto en seccién por el eje longi- tudinal (1), el templo resulta la suma de dos elementos bien diferenciados ¢ independientes: un pértico a la agriega, dispuesto en funcjén del es- pacio exterior, como cuarto lado de a la plaza porticada que quedaba fren- te al templo, y un ambiente circular cupulado, un puro espacio interior completamente desvinculado de la configuracién externa, en la que s6lo contaba la fachada. Visto asi, el Pantedn resulta ser la consagracién o culminacién de las tendencias contenidas en el templo romano, en la comentada enfatiza- cién de la fachada principal y en la atrofia de los valores externos de las otras tres. Es en la cella circular, cubierta con cipula hemiesférica, en donde se contienen los valores arquitecté- nicos del monumento. Resultan asombrosas las magnitudes para una estancia de cubricién unica: un cir- culo de 43,30 m. de diametro, con una ciipula que alcanza idéntica al- tura. La majestuosa impresin espa- cial que produce viene dada por el ta- * mafio y la igualdad de las magnitu- des verticales y horizontales. Se afia- de el acierto de una articulacién in- tera de nichos, cornisas, casetones, columnas, etc. que, resultado de una sabia correlacién entre los aspectos constructivos y los decorativos, y ex- presada en materiales nobilisimos, dan por resultado una obra cierta- mente incomparable. Técnicamente es de una complej- dad extraordinaria, La construccién se levanta sobre un sdlido tambor ali- gerado por nichos y huecos alterna- dos por dentro y por fuera, sobre el que apea la inmensa cipula (2), Construida ésta con caementicium, ‘No es una mera masa inerte, sino una complicada estructura con nervios y arcos de descarga de ladrillo, que conducen las cargas a los puntos adecuados del tambor de soporte. En lo alto, un éculo de nueve metros de digmetro ventila e ilumina la estan- cia con una particular luz cenital Parece en ésta recogerse un gusto forjado durante largo tiempo en los atrios de techo abierfo de las casas romanas. ag Villa Adriana ‘Adriano se hizo construir en Tivoli, en las cercanias de Roma, una resi dencia con todos los lujos imagina- bles, que refleja mucho de su perso nalidad: su aficién por la arquitectu- ra, su eclecticismo cultural, su filo helenismo... Dio ocasién, en cuak quier caso, a la realizacién de una de las mas interesantes creaciones de la arquitectura romana, verdade- ra acta notarial, ademas. de la capa- cidad alcanzada por los arquitectos de la paca para resolver los mas di- ficiles problemas. ‘Sus multiples y diferentes elemen- tos se disponen con libertad, adapta- dos a la topografia, al paisaje del lu- gar, como gustaban hacer los grie- gos. Después, en el disefio de cada edificio, se dio rienda suelta a la ima- inacién, con el resultado de plantas complejisimas, para las que el califi cativo de barrocas se queda corto: tan lejos se llega en el juego combi- nado de curvas, en la disposicién de caprichosas perspectivas arquitect- nicas. No era, ademés, mera cuestion de trazado en un plano, sino de cons- truccién, con sus problemas materia: les y sus imperativos técnicos. Aqui se hizo gala de virtuosismo y de au- dacia en el empleo de bévedas de hormigén, en la combinacién de ele mentos arquitecténicos diversos, en la aplicacién de las mas insospecha- das soluciones constructivas. Sobre mas de 300 hectdreas, Adriano distribuyd numerosas estan cias dedicadas al ocio, a la recepcién yalcultoy cuya recreacién podemos ver en la maqueta (1). El conjunto in tegraba un vestibulo, Termas meno res, Termas mayores, la Plaza de! Belvedere, el canopo —un valle estre- cho plagado de pequeiias construc. ciones y cerrado con una superficie de agua que, a su vez, estaba coro nada por una fachada arquitectént- ca-, la Academia, el Teatro Mariti mo, la torre Belvedere, el peristilo y Ja Plaza del Oro, El Teatro Maritimo (2) estaba construido a modo de pe- quefia villa rodeada por un canal y aislada mediante un puente girato- io. Fillo le conferia un cardcter de isla respecto al resto de la construc- cidn, Nada mejor que los expresivos comentarios, en la ficcién, del propio Adriano, segin escribe Marguerite Yourcenar: La Villa era la tumba de los viajes, el ultimo campamen- to del némada, el equivalente en médrmol de las tiendas y los pabe- Uones de los principes asiticos... Cada piedra era la extrata concre- cién de una voluntad, de un recuer- do, a veces de un desafio, Cada edi- ficio era el plana de un sucio. (6, Una arquitectera stmbelice OS VALORES arquitect6nicos no terminan en las consideraciones espaciales, con ser éstas las esenciales. Roma desarrollé ampliamente, también, una arquitectura que, con ingredientes espaciales en alguno o en ningtin grado, fue concebida fundamentalmente como soporte de mensajes ideolégicos. Y puesto que en Roma la cobertura ideolégica de las formas del poder fue tan importante, no ha de extraiiar que diera lugar a una riquisima produccién de obras en funcién de las necesidades de propaganda de los poderosos y, sobre todo, del Estado y del emperador. Pero hubo atin mds arquitectura de intencién propagandistica. Son los mejores ejemplos los grandes Foros Imperiales, verdadera petrificacién de la auctoritas del emperador. Iniciados por César, y colocados en la vecindad del viejo Foro republicano, representan por su grandiosidad un cAntico a la majestad del emperador. El Foro republicano, con su desorden, era consecuencia esponténea de la formacién de Roma; a su lado, los Foros imperiales se ofrecfan como materializacién del papel ordenador del soberano. En la misma linea se halla otra insigne creacién romana, el arco honorifico o triunfal, cuya monumentalidad y ostentacién queda patente, por ejemplo, en el dedicado ~en el aio 203— a ‘Septimio Severo (1). Nacido como arquitectura efimera en honor de las grandes personalidades de la Republica, el arco honorifico se asocié pronto a la pompa del triunfo de los generales victoriosos en la batallas que forjaron el Imperio. Empezaron a definirse formalmente bajo impulsos helenistico, en el siglo II a. C.,y terminaron por ser, en época imperial, uno de los monumentos més caracteristicos de la romanidad. Fue un caso parecido el de las columnas honorificas, que alcanzaron con el Imperio una extraordinaria monumentalidad, con un hito basico en la gran columna de foro de Trajano. Columna y arco comparten el hecho de ser elementos arquitecténicos que adquirieron autonomia y valor por si independientes 0 superpuestos que los convierten en monumentos sumamente complejos y sugestivos. Entre esos significados est4 el funerario, afirmacién que tiende un puente hacia el fenémeno confluyente de integracién en la serie de monumentos de alto contenido simbélico, sociolégico y politico. Como es facil suponer, destacan en este terreno las tumbas de los emperadores, mausoleos dindsticos concebidos con las mismas connotaciones programaticas e ideolégicas que los otros monumentos citados. Abrié el camino la gran tumba de Augusto, construida en el Campo de Marte de Roma y.concebida como mausoleo dindstico y como un elemento més del culto imperial. En las otras tumbas imperiales y’en las de particulares que pudieron costearse un mausoleo de mayor 0 menor porte, puede penetrarse igualmente en un universo simbélico vastisimo. Cuentan sobre todo las formas arquitecténicas adoptadas y la decoracién escultérica, parte esencial de todas las familias monumentales referidas en este apartado. Fores imperiales y hemiciclo de los mercados de Trajano Augusto termind el Forum Julium, empezado por César y con la forma canénica de una plaza presidida por un templo, dedicado a ‘Venus Genetrix. Emprendié también la edificacién de un nuevo Foro, per- pendicular al eje de aquél, que ha- bria de ser una de las més grandes empresas arquitecténicas y decorati- vas de Roma, El Foro, y el templo de Marte Vengador que lo presidia, se convirtieron en el voto hecho por Au- gusto antes de la batalla de Filipo, en el 42a. deC. El resultado fue una construccin cuidadosamente pensa- da para presentar al emperador como culminacién de la historia de Roma. El Foro consistia en una gran pla- za porticada, ocupada al fondo por el espléndido templo, con dos am plias exedras simétricas a uno y otro Iado. El portico estaba decorado arri- ba por series de Caristides alternan- do con clipeos con el rostro de ‘Amén, un tema muy copiado des pués en los foros provinciales. Esta- ba recorrido, ademés, por nichos con las estatuas de todos los protagonis- tas principales de la historia de Roma, La estatua del mismo Augus- to, en un carro triunfal, ocupaba el centro de la plaza, disposicion sim- bélica que lo consagraba como eje de la historia forjada por los perso- najes de su extraordinaria escolta jiconografica. Vespasiano hizo después el Tem- plo o Foro de la Paz, al que siguid el Forum Transitorium, construido por Nerva entreaquél y el Forum Au- gusti. Trajano, por fin, construy6, em tre el 107 y el 113, el ultimo y mas monumental delos Foros Imperiales. Un arco, coronado por una estatua de Trajano en carro triunfal, daba paso a una enorme plaza porticada, con hemiciclos como en el Foro de Augusto; en el centro se erguia una gran estatua ecuestre del empera- dot, Al fondo, quedaba la fachada de la Basflica Ulpia. Detras, dos estan cias destinadas a biblioteca griega y romana respectivamente, en medio de las cuales se colocé la gran co- lumna con los relieves de las campa- has dacicas de Trajano, columna que fue, ademés, la tumba del empera~ dor. Tras ella, levanté Adriano un templo dedicado a Trajano diviniza- do. Quedaban asi configurados los Foros Imperiales (1). Los mercados de Trajano (2) se adaptaron a la fal- da del Quirinal y a los hemiciclos del conjunto foral. Estos arcos ofrecen un muestrario bastante expresivo de algunos de los tipos més caracteristicos de los ho- norificos 0 triunfales. Muy pronto, pese al gusto por las formas arqui- tecténicas sencillas de los augusteos, estas edificaciones denotarén una de sus més caracteristicas funciones: convertirse en sostén de una rica de- coracién, vehiculo del mensaje al que sirve. Constituye un buen ejem- plo el magnifico arco de Orange (3), de comienzos del siglo Id. C. y que se halla en Francia. El arco de Tito (1), que preside desde un punto alto el Foro romano, el magistral eq i sicién, Su riquisima decoraci6n ape- nas se extiende por las caras exter- nas, reservadas a la plena expresion arquitecténica, por lo que se concen- tra en el vano; en las enjutas del arco y en sus lados internos se hallan los espléndidos relieves del triunfo de Tito, y su apoteosis, en la clave de la béveda, Se trataba, sin duda, de un magnifico recurso para destacar los valores simb6licos del paso o trénsi- to en un arco con posibles connota- ciones funerarias, en el caso de que, como se ha pensado, fuera tumba ‘ocasional del propio emperador Tito. De hecho, el epigrafe nos informa que el monumento fue dedicado al emperador —probablemente después de su muerte, ocurrida en el afio 81 4. C= por su hermano y sucesor Do- miciano. El arco de Constantino (2) cons tituye el mejor paradigma de la com- plejidad alcanzada por estas cons- trucciones, tanto en la arquitectura —con los tres vanos y las fachadas muy articuladas— como en la deco- racién, que las presenta como verda- deros museos de obras de arte dedi- cadas a ensalzar al emperador. En este caso, las esculturas y relieves fueron en su mayoria reaprovecha- dos de monumentos mds antiguos. El arco mide 21 m. de altura y més de siete de profundidad. Fue erigido por decreto del Senadoen elaiio 315 d.C. para conmemorar el décimo ani- versario del reinado de Constantino. aA Ny Arces de Berd, Modinecelly éparra En Espaiia han sobrevivido varios ar- cos romanos de interés, de los que mostramos tres de los mejor conser- vados en la actualidad. El de Bard (2), en Tarragona, pa- rece ser de época augustea ~segin demuestran las ultimas investigacio- nes— y ofrece una arménica compo- sicién, con el arco enmarcado por un orden arquitecténico compuesto con hermosas parejas de pilastras corin- tias. El monumento se construyé en plena Via Augusta, la via que unia Hispania con las Galias e Italia y que fue construida aprovechando una antigua calzada, que se extendia des- de los Pirineos, bordeando la costa mediterranea y siguiendo el valle del Guadalquivir hasta Cadiz’ La ubica- cin del arco de Bard, hoy a 20 km. de Tarragona, podria sefialar el limi- te del territorio colonial, funcién pa- recida al de Medinaceli (3), en Soria, fechable también por los tiempos del tarraconense. Se trata de un arco muy plano, con una sobria decora- cidn arquitecténica afadida al es- quema de un gran arco central, flan- queado por dos arquillos que perfo- ran los pilonos. El mas complejo es el de Céparra (1); un arco cuadri- fronte, alzado en cruce de calles de la ciudad antigua de Capeta, Fue mandado edificar por M. Fidio Ma- cer, duoviro de la ciudad, a fines del siglo 1 d.C., con un significado ho- norffico y funerari En relacién con los arcos, merece Ja pena mencionar un documento de excepcional interés hallado en 1982 en las cercanias de Utrera (Sevilla), Se trata de los fragmentos de una inscripcién de bronce conocida como Tabula Siarensis, que contie- ne el decreto senatorial dictado para honrar la memoria de Germédnico (hijo de Druso y Antonia, la sobrina de Augusto, y adoptado por Tiberio; murié en el afio 19 d. C.), Entre los ‘muchos honores decretados figura la ereccién de tres arcos funerarios, uno junto al Circo Flaminio, otro en el rio Rin, y otro en los montes Ama- nos, en Siria. El del Circo Flaminio debia ser de marmol, costeado con dinero del erario publico y decorado con «relieves cubiertos de oro de los pueblos vencidoss, ademas de la de- dicaci

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