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-, Los malos | pastore ‘apital 0. Kapital 0.201 de oe MIRBEAU terior 0.251 refundiclon os por JORGE DOWNTON coccewcompee' 0) A A) AY A A IED Crystal Palace Corrientes 1550 __ : U. T, 6533 Lib El cine de las grandes peliculas Insuperable sal6én para familias y el que reune las exigencias de comodi- dad y confort Siendo nuestro sistema no eseatimar esfuerzos a objeto de proporeto- nar a nuestro distinguido piblico las comodidades mAs exigentes, hacemos saber que para la estacién actual tenemos instalado un modern{simo siste- ma de calefaccién que funciona tarde y noche. Estrenos todos los dias de las més select, peliculas y de todas la: marcas, como ser: Arteraft, Golwyn, Toyalty, .ialto, Paramount, Metrc r el insuperable programa de la casa Lepage de Max Gliicksmann y de le Sociedad General Cinematografica. Orquesta clisica bajo la direeciér del maestro Ausonio Pisani. NOTA: — Los domingos en los matinées, a las15 y 15, especial pro- zrama para el mundo infantil con reparto de juguetes. EE, AT EAT) OE A ER) SD Ay BSC RIN A. Precins de suscripcion Capita: Interior Trimesire 20 Trimestre 3.00 Semestre 4 80 Semestre 6.00 Afio 900 Afio 12.00 Namero suelto en la Capit! () 9 ihtertor aa 0-20 Pidase en todos los kioskos y subterraneos Pedidos MONTEVIDEO 421 1) () SD | | Ibero-Amerikanisches Institut intranda viewer PreuBischer Kulturbesitz ANO lI AGOSTO 12 DE 1920 Ne 11 REVISTA TEATRAL APARECE TODOS LOS JUEVES Direceién y Administracion Fotégrafo Administrador MONTEVIDEO 421 R. COLISTRO JOSE COLETTI U. 'T. 2564, Libertad PALABRAS DEL TRADUCTOR A ricos y pobres, esta bella leecién de horror, que en pro de la fra- ternidad humana, escribié un maestro de la pluma. Hoy como nunea, es representativa esta obra del gran, conflicto que agita al mundo. Oja lectura sea fecunda en meditaciones. Causas y efectos se pintan en ella, y, en alguna parte, en una palabra, se da la solucién: ;Piedad! Tal es lo que la obra inspira ante el dolor que a grandes y peque- fios aleanza. “La piedad es un anestésico”. “La piedad es infecunda”, gr ta uno de los personaje a] autor, a través de su obra, nos muestra lo contrario. Hs por esto que “Los malos pastores’ es una obra eminen- temente cristiana, sin ser religiosa. Bajo una cruz se desarrolla sum bella escena. Al refundir este drama, se para impedir algo peor: el que esta obr Z08 actos) permanezca alejada de nuestros escenarios. He abreviado, r umido, Jas escenas menos esenciales; he agrupado dos actos en uno, suprimiendo asi los minutos que se van en un entreacto; he cortado eno- josas repeticiones. En. fin, he precipitade un poco la aceién. Estimo que la obra No ha perdido con la refundicién, ni su fuerzg dramatica, ni ideolégica. He preferido refundir, que es condensar, a to- lerar esos arbitrarios cortes con que tanto se desvirttia la produccién ex en nuestros escenarios. que cometo un sacrilegio; pero 10 hago , por sus dimensiones (cinco lar- tranje hos malos pastores de Octavio Mirbeau refundicién en 4 actos de JORGE DOWNTON Estrenada en el Teatro Marconi por la Compafiia «Blanca Podesta» el 29 de Julio de 1920 PPRSONAJES Magdalen: Blanca Podesté Pedro Ansaume Héetor Ghio Dofia Catalina Blanca Vid; Ceferino Bourn Miguel Faust Genoveva Carmen a José Hordes Alberto Maleohn Mariana Aurora Tulio Pacot Angel Alberio Roule Pedro, G Pedro. Pett Juan “Bruno Thieux M. Gomez. Guo Francisco. Gc Norberto Dueass Ricardo Passano Curioso Miguel Faust Camillero to Duca 1 -Atberio Duhormel Chico Nita. Gru De la Tropa Doncella Carmen Casella Maigret irre Santos Crindo juan Bruno ee fix Alberto Halerini 5 olanawtaeg Delesedpe Empleados — Multitud obrer ypoca actual a af ACTO PRI judad ob tRO Al fondo, entre dos anchas venta- gamente se divisa la usina, sus chime- a, toda una ciudad negra, violenta y si- 1 tabique, dos camas de niiio y port erda, puerta hacia otra habitacién. En el de un hornillo cuyo tubo cur os, mesa repleta de lienzo por coser. Sillas » pobr ESCENA I MAGDALENA y los NINOS, ya en sus camit concluye Magdalena Ia tarea de acostarlos, Cantur MAGDALENA.—A dormir, chiquilines, a dormir. tante inclinada junto a los chicos. En el b Ta puerta del fondo esta abierta sobre ,jos, Ia fabrica ba- jo un cielo denso de humo se ilumina poco a poco en Ia oscuridad del dia que declina. Por !a calle pasan los obreros, encorvados, con paso tardo, Uno de los chicos empieza a gritar.) Call: calla, Pabl (EI chico Obedece. Magdalena va entonces a sentarse cerca del horn delante de la mesa; enciende Ja Limpara y se pone a coser. Un obrero pasa cantan- do. Su cantar se pierde a los lejos. Silencio. Entra dona Catal AMA, desctynada, con una olla en la mano). ESCENA II Dichos y Doha CATALINA Da. CATALINA.—; Me podria prestar un poco de caldo, Magdalena? MAGDALENA.—Como no! Esta maiiana-nos mandaron del chalet. Da. CATALINA.—Es para mi hijo. Ha entrado con una fiebre jEra lo que faltaba, que también se enfermase! MAGDALENA.—Ya sabe que aqui tener fiebre y no tener apetito es cosa de todos los dias. (Le echa caldo en Ia olla) Bs cuanto puedo darle, Da. CATALINA.—-Gracias. ;Y su mamita? MAGDALENA.—Cada vez peor Da. CATALINA.-Ya se lo decia yo: due se mataba cosiendo. Vivienda pobre en una nas, una puerta, por la s, su pesada Arquitectu stra. A la derecha, junto un colchén. A mt de Ia escena y © los jas. (Al levantarse el telém ando, les besa). ins: MAGDAL —i¥ qué podia hacer! TALINA- usted lo mismo, tenga cuidado. Esté muy pa- alina, hay que ganarse la vida... Soy mas MAGDALENA Dofia Ci fuerte de lo que parezco. Da. CATALINA.—(Sentandose cerca de Magdalena con la olla sobre las rodillas). sabe? Renaud, Thorel y Lourdier fueron echados esta mafiana MAGDALENA.—-Y eran buenos obreros Da. CATALINA.—Parece que por‘ahi, entre copa y copa, se alabaron de votar contra el patrén.... Aqui, hay que tragarse la lengua... Se dice cualquier ¢ y ya lo sabe Maigret. ¥ viene la galleta, es cla- ro... No creo que el patrén esté enterado. El sefior Hargand es-aspero, pero justo Maigret hace que no sea querido MAGDALENA.—Bs_ verdad. Da. CATALINA.—Desde Ia muerte de la patrona, vamos de mal en peor. Esa pintiparada de Genoveva no la igualaré, nunca. Oiga. estuve en el chalet MAGDALENA.—Si? Da. CATALINA.—Ahora soy la modelo dela lo era su madre. Me viste de una manera! En cabeza unos trapos colorados... un pafiolén, un delantal, un chal amarillo... ¥ a los pies una canasta con unas naranjas, que se me hace agua la boca. Y qué... Como dice ella jqué atelier! Sabe lo que. me ha dicho? Qué soy mas linda que su madre, que tengo 6mo dijo? Que tengo cara de marfil anti 10. ;Lo cree usted? Me dié dos pesos... Era eso loque @ su mama?... MAGDALENA.—Si. Da. CATALINA.—Algo es algo. (Se levanta) Sabe? Don Roberio ha regresado de Paris... Se hab puesto bien con el papa. Afios que no se le veia por aq MAGDALENA. Da. CATALIN. el retrato de la madre... Dicen que esta por lo: se duefio de la fibrica la regalaria 2 los obrero: MAGDALENA Se dicen tantas cosas Da, CATALINA.—Bueno, la dejo. Se lo devolveré mafiana y que haya salud en casa... (Vase. Kl dia declina cada vez mas. Por la calle, siluetas de obreros. briea arde bajo el cielo negro. Se eseucha el trepidar de Jas maquinas. Magdalena esté inclinada sobre sa labor. Entra Juan Roule.) ESCENA IIT JUAN ROULK y MAGDAL JUAN. Buenos dias, mis amigitos. MAGDALENA.—Buenas tardes, sefior Juan. JUAN.-—Hl papa se ha ido a la fabriea? MAGDALENA.—No ira esta noche. (Sefialando Ja puer quierd) Esté con mi madre. JUAN.—Y? MAGDALENA,—No hay esperanza! JUAN.—Vino el médico jiorita Genoveva, como Unos cuatro afios. Desde la muerte de la-patrona. Buen muchacho... anarquistas y que si fue- Qué le parece’ vA a de la iz MAGDALENA.—Vino hace un rato y Se fué... para no volver mas! (Un silencio) ;Llaman? JUAN.—-(Con un gesto hacia afuera) No... Alguno, que canta.. 0 Mora, alld a lo lejos. MAGDALENA.——(Eseuchando) Hs verdad, no es aqui (Se levanta. Sin embargo;-va a la puerta de Ia pieza vecina. La abre suavemente y mi- ra. Volviendo hacia la mesa). Mi madre parece tranquila.. mi padre se ha dormido. .. Esta rendido... Dos noches cerea de ella y solo hoy deja de ir a la fabrica, JUAN—Usted también, Magdalena, esté rendida, Deberia acostarse, unas horas siquiera en ese colehén. MAGDALENA.—Imposible. Estoy atareada. . . y¥ necesito ir de aqui allé. Mi padre es como un nifo contrar nada. JUAN,—Pobre Clemeneia. Mientras pudo tenerse en pié iba y ve- nia...’ y cuando cayé, fué porque ya estaba muerta. ;Qué edad tenia? MAGDALENA.—Cuarenta y cuatro anos JUAN.—(Con gesto de desaliento) Parecia tener sesenta. Sin embar- 0, cuantos-aqui no legan a su edad! Aqui se respira la muerte. (Se es- cuchan el’ailbyto y Jos sordos ufdos de Ia usina) iY era una mujer Hens de vida MAGDALENA.~Vivié tar dolorosamente! Pedro, su hijo mayor, tan animoso, tan fuerte, triturado por las maquinas; José co a los dieci- hueve afios... Hse fué el dltimo golpe. JUAN.—La pobre no me queria bien MAGDALENA.—Lo hallaba demasiado sombrio... le tenia un poco de miedo. JUAN.—Y usted! Mi madre Ul ma y él] no sabe en- MAGDALENA.—Oh, ¥o no le temo, seflor Juan JUAN.—No me diga sefior!....;Por qué me pone el sefor? MAGDALENA.—No se... no esté en mi... no es usted ¢omg los otros... 8 mas que los otros... No lo comprendo bien, a veces... sus palabras se me embrollan y sin embargo, las siento hermosas y justa JUAN.—Yo no soy mas que ellos, Magdalena... Un pobre diablo co mo los demas, un pobre diablo triste de haber visto muchos paises y mu ehas miserias y a quien le faltan la fuerza y el coraje que quisieta tener. Sin embargo, tengo tanto odio, aqui... aqui MAGDALENA.—Yo no se si usted odia... pero sé que es usted tan bueno para mi padre... para los nifios... para mi JUAN.—Es que a ustedes... les quiero, a todos. iQuisiera que fue sen tan felices! MAGDALENA.—Nadie es aqui feliz, se (Deteniéndose por un sig- po de Juan) Juan JUAN.—Aqui, ni en- ninguna. parte. (Se levanta, se pasea para ahu- yentar Ia emocién que Io vence). Y ahora usted seréla mamita de todos estos? (Sefiala a los nifios dormidos) Es usted demasiado joven para tan pesado deber... y su padre demasiado viejo (Magdalena se pone a Morar). Por qué lora? MAGDALENA.—(Procurando contenerse) Talvez el eansancio... ma- ma... Desde que usted entré estoy gon ganas de lorar! (Estailando) Y es que yo... no puedo... no podré jamas, me siento sin fuerzas para su- frir lo que mamé ha sufrido... ;¥ no quiero! Preferiria 1a muerte! JUAN. (TomAndole las manos, se las acaricin) Mi pobre Magdale- ma... Llora... tus nervios necesitan de estas lagrimas. MAGDALENA.—Discalpeme... perdéneme... ya no mas. (Se levan- ta, aviva el fuego de Ja hornalla donde se calienta el potage, enjuga sus ojos y vuelve 2. Plena noche. La usina echa al cielo sus Mama- radas. Se oye el golpear de Jos martillos mecénicos. Por la calle pasan obreros, se detienen, cuchichean. Luis Thieux, el padre, sale de la pieza de la enferma). ESC! A IV ‘ Los mismos y LUIS THIEUX LUIS.—Magdalena, tu madre te necesita. (A Juan) Ah, estabas aqui? JUAN.—¥ qué tal?... LUIS,—La desgracia no ‘aviere soltarncs. (Magdalena se di habitacién). MAGDALENA.—Acosté a los chicos. LUIS.—Su madre no volverdé a Hamarlos... ya no piensa en ellos... ya no piensa en nada. Me reconoce atin... pero yo no entiendo nada de lo que dice... (Magdalena sale). ESCENA V Los mismos, menos MAGDALENA ‘0 pasar de esta noche... y yo quemedormi ge a la como una yestia! 4Qué ser de mi, mafiana... sin ella? (Juan se pase: za, grave y meditabundo. Cierrs por Ia pie- la puerta y viene a sentarse junto a la hornalla. Luis mira a los chicos); Y de ellos qué sera mafana? JUAN.—Se iran, como se fueron los dos mayores. LUIS.—Esto no es justo, no es justo TUAN.—-;Qué dices que no es justo? ,_LUIS.—Yo que no hice mal a nadie... que fuf siempre un buen »brero. JUAN—Y qué? LUIS.—; Qué no es justo, qué no es jusio! JUAN.—Y cémo no va a serlo, cuando ti lo quieres, cuando te obs- tinas en quererlo. ; LUIS.—No... no... calla No me hables de esas cosas en este pmento Soy tan desgraciado! JUAN.—¥speraré entonces, que seas feliz, esperaré entonces, que ueras, que muera Magdalena, que mueran todos en esta casa, No ser: mucho. (Un silencio) ;Pero estas ciego? No viste nunca la cara marchi- ta de tu hija, su andar de vieja fatigada, a los 23 afios? Sus mejillas hun- didas y las boquitas palidas y las manecitas facas de tus hijitos? LUIS.—No me hables de esas cosas... (Saca del aparador un trozo de pan que procura comer) No tengo hambre... y sin embargo, de ayer que no como. (Deja el pan en el armario, bebe un trago de agu: se sienta en un rinc6n. Silencio). Y ti no vas esta noche a la fabrica? JUAN.—No, no iré, (Se acerea a Thieux y le golpea en el hombro). Tus gastos van a aumentar... y ya no ha de quedarte dinero..., Toma esto. (Le entrega algunos billetes). LUIS.—Te debo tanto ya. JUAN.—Hs dinero que ganamos juntos agradece en silencio y vuelve a su abati na la puerta). Golpean LUIS.—Adelante, (i Traje sencillo). te. pertenece. (Luis Ja actitud. Juan se pasea. Gol- éNo has ofdo? (Nuevos golpes). ‘oberto y Genoveva, Esta con un cesta. ESCENA VI GENOVE A, DBERTO, JUAN, LU HIBUX LUIS.—Sefiorita Genovey Don Roberto Otra vex aqui Tanto tiempo ROBERTO.—Acabo de llegar. Genoveva moe dijo que.... Mi pobre Thieux! (Le est la mang). LUIS.—Si. a desgracia don Roberto. GENOVEVA ) Y como sigue? (Que ha dejado a cesta en LUIS.—Muy mal, cada vez peor GENOVEVA.—Usted se asusta sin motivo, Reposo, ténicos.... Pre- cisamente, le traia vino afiejo y uma porcién de cosas que la repondrén me LUIS.—Sefiorita, usted es demasiado buena alla, iya no puede tragar nada! GENOVEVA.—Y diga, ;podria verla? LUIS.—Como no, seforite GENOVEVA.— (Retrocediendo ligeramente) Diga ano esté muy des- tigurada? ;No da miedo mirarla? LUIS,—E ‘omo si durmiera... Se aleg: FENOVEVA.—Pobre Clemencia! (Exa jos de costura de Magdalena), ;Se una cara tan bella y tan triste! Cémo me conmueve todo esto, ahora. (Yendo hacia Thieux) Yo le haré un retrato, un gran retrato de Cle- mencia. (Roberto gesticula con impaciencia por las palabras de sub mana) Qué desgracia! Tan buena gente y tanto tiempo a nuestro servicio, LUIS.—-Veintisiete ajio: GENOVEVA.—Véintisiete afios! Es admirable, (Mostra Traje también bombones para las criatura (Yenilo hacia Ja puerta -acompaiiada de Lui ara de verla por iiltima v mina distraidamente los tr euerda euando iba a posar? ‘Ten! lo la_cesta) ¥_una blusa para Magdalena, ; ROBERTO.—(Desalentado) Por qué me insulta? | JUAN.—Caramba! Si es evidente! Entre nosotros hay disgusto y ar de nuestra resignacién, de nuestra desidia, de nuestro embrute- cimiento, mafiana acago es la huelga. Para entonces se cuenta con su po- pularidad ROBERTO.—Por qué insultarme! Vengo a usted, tendida la mano y el corazén fraterno... se lo juro a usted jy me Insulta! Se cree un hombre libre y no quiere elevarse por sobre los prejuicios del ignorante ¥ por sobre los bajos rencores del sectario. . JUAN.— (Un tanto calmado) Sea! Que me haya enga’ a usted un buen muchacha ROBERTO.—Y entonees? JUAN.—;Por qué ha venido a mi? Va usted por wna senda; yo por stra. No podemos eneontrarnos. ROBERTO.—zComo puede saberlo si tan mal me conoce? JUAN.—Se que entre usted y yo hay cosas tan lejanas que no deben ai pueden juntarse. (Un silencio). ROBERTO.—Yo no soy lo due usted imagina; me he creado una eia libre de los preiuicios de mi casta... Todas las: ventajas, los todos gue la fortuna ofrecia a mi juventud, los he desecha- Soy como lo es usted, un trabajador. Nada espero sino de mi mil mo y vivo de lo que yo mismo gano JUAN.— (Con infinita tristeza) En cambio, yo muero de lo que gan (De repente, empuiia Ia mano de Roberto, Hevéndolo hacia Ja puerta. Le muestra, con tm gran gesto, Ta usina ardiente en la negrura de Ia noche. do... y que 1 A medida que habla, su voz se eleva yoiviéndose sonora). Y bien! Esas 1 Hamas, ese humo, esas torturas, esas malditas maquinas que cada dia i y a toda hora, ttituran, devoran mi cerebro, mi corazén, mi derecho a la a} felicidad y a la vida, para forjar la riqueza y la potencia social de un lo hombre... y bien, apague eso... destruya eso... haga saltar todo 4 0. (Larga rudamente la mano de Roberto) Después que lo haya hecho 4 podremos conversar 4 ROBERTO.—Silencio! Desdichado! Hay una moribunda... y varios os que duermen. (Roberto cierra la puerta. Ju plena esce- se desploma en una s cabeza entre usted un fio. (Un silencio, Roberto viene hacia él y Je golpea en el hombro) 2Se i a calmado? (Juan levanta los ojos sin hablar y le mira avidamente) De- i me su mano... (Juan se la tiende). i JUAN.—Me habia equivocado... me 4 ROBERTO.—(Interrumpiéndolo dulcemente) No agregue nada. . Su dolor, lo conozco... es ei mio. (Un silencio. Vuelven Genoveva, Mag- dalent, Luis Thieux, quien después de un silencioso adiés vuelve ala ha- bitacién). ESC: Vir GENOVE" MAGDALENA, ROBERTO, JUAN GENOVEVA.—(A Magdalena) Magdalena, valor, Yo he pasado por esto... MAGDALENA.—Seforita, gracias. GENOVEVA.—No olvide, sobre todo, que goy su amiga. Bueno, has- ta la vista. (Abraza a Magdalena. Roberto le ‘estrecha la mano). Salen Genoveva y Roberto). ESCENA IX 4 JUAN, MAGDALENA MAGDALENA. esto? (Por la canastilla). JUAN,—Si, es ella quien la trajo, (Amargamente) Una blusa para ed... bombones para los chicos... vino afiejo para la madre. MAGDALENA.— (Toma la cesta la coloca en el armari®) Hace to gue puede. 1 vespaldo de la JUAN.—(Va hacia Magdalena y apoya su brazo en { a en que aquella se ha sentado), Magdalena! ‘ MAGDALENA.—Juan JUAN.—Para usted seré larga esta noche... creo que ya no puedo entrar en mi casa. ;Quiere usted que me quede a su lado dola? MAGDALENA.—Oh! Si... ya Io er Si la desgracia ocurre es ia noche, usted consolara a ini padre ie JUAN.—Quisiera decirle cosas que no le he dicho ain MAGDALENA.—Hable, Juan, Cuando lo hace me siento menos des dichada JUAN.—De veras? MAGDALENA.—A lo menos, me lo imagino.., Se olvida el dolo wnos instantes y durante ellos es como si no existier JUAN.—Magdalena, le ofrezco mi vida gquiere darme la su Magdalena contéstemeé. MAGDALENA.—(Con vox emécionada) No puedo abandonar padre nia tos nifios que abora ‘no tienen sino-e mt — JUAN.—No pido que deserte de sus det res; 10 que pido darla_a cumplirlos... en cuanto me sea posible MAGDALENA.—Mi padre lo quiere, Juan, pero tiene miedo ter. {Usted es un misterio para 61! No querré que sea suya JUAN die tiene derecho a disponer de su destino MAGDALENA.—Mi destino? Hsté en esta casa, con los que’ quedar aecesitan de mi JUAN.—Pero ;me quiere usted? MAGDALENA.—Desde el dia que entré a esta casa. JUAN.—Y entonces? i MAGDALENA.—Ni pensarlo siquiera Porque si usted parte, n ‘ podria ni deberia seguirlo. JUAN.—En efecto, no puedo prometerle que no partiré de aqui Pueden ocurrir cosas que no esta en mi mano dirigir. (Con energin) Puc de ocurrir que todos se vean obligados a partir. MAGDALENA.—-Juan, no hay que quedarse por mi... Nada ante las cosas que ha decidido emprender. JUAN.— Qué ha queridy deirme? MAGDALENA.—No lo 56. pero desde hace tiempo he leido en sus ejos lo que pasa en su alma y hace un momento ha dicho: “Pued : ocurrir que todos se vean obligados a partir’. (Un silencio), JUAN.—(Sofiador) Magdalena, no he decidido nada He sohado. he sofiado en grandes cosas... Pero si la fiebre de la cidn, eF seo de luchar han vuelto a pi eerme, es por usted, para usted, con i GDALENA.—Por m{? Conmigo?, que no soy sino una pobre mu- chacha enferma y triste y ni siquiera hermosa. | JUAN.—Ni siquiera hermosa! Magdalena, no tienes tu Ia belleza in- solente de los ricos, formada por nuestras hambres, labrada con nuestros despojos... Ti posees la belleza que yo amo.. la sana belleza del su- frimiento... Ignoras de que amor sagrado y potente ha henchido. »: corazén. ;Y como ha reanimado mis rencores! No eres hermosa! Por- que todavia no tuviste juventud,.. porque siempre has soportado un ex. ceso de miseria MAGDAL. fo the hables asi... que me haces Morar 1 JUAN.—i¥ tu alma! Crees que entre todas las otras no adiviné tu | alma, toda pureza, toda sicrificio, toda dulce y tranquilo heroismo..... (Irguiéndose) Y bien, tengo una obra de venganza y de justicia que rea- Mizar, pero para ello me falta una compafiera como té, una mujer de al- | ma Valerosa como Ia, tuya MAGDALENA.=No tne lo digas, Juan... Yo no soy valerosa. Mira lo no se otra cosa que Horar JUAN.—Poraue ests sola, solita.... frente a las cosas terribles. P¢ ro los dos, unidos por el amor, no temeremos nada... ni siquiera a la muerte MAGDALENA,—(Con exaltacién). Yo no temo morir ng temo; temo tan solo carecer de la fuerza para hacer lo que ahora debe» hacer JUAN.—Ser dichosa Y esa dicha soy yo quien ha de asegurar- ‘ela, conquistartela... Ahora me siento fuerte % (Viene a sentarse junto a Magdalena), Ah, es necesario que te abra mi alma Escticha- me Cuando llegué aqui, hace un afio, venia quebrantado, descorazona- lo, perdida la fé en los otros y en mi mismo Mi vida la habia dado 2 los otros, la habia gastado por los otros * iY ellos no me habian comprendido!, jen ninguna parte! (Un tiempo) Y eso mi pobre nifia, que he rodado mucho, cho En Brasil, en Nueva York, en Espafa, en Bélgica, crucé por los infiernos del trabajo, por los pre- sidios de la explotacién huma Y me estrellé siempre con la ignoran- via salvaje, con la maldad estipida, con ese muro infranqueable del cere- bro proletario MAGDALENA.—Infelices, Juan... tanto mae dignos de piedad cuan to que no pueden eomprender JUAN.—(Meditahumdo) Es verdad Si comprendieran.... (Un silencio durante el eal permanece Juan como sofiando). MAGDALENA.—Y después? JUAN.—Después... Acosado por la policia trante de pueblo en pueblo, cnloqueei¢ in trabajo, sin dinero, jo de hambre, un dia en Burdeos, me arrojaron en un calabozo por yobar un pan! MAGDALENA.—Cuanto ha sufrido usted AN.—He sufrido, si... pero més que del hambre, més que de las noches sin techo, he sufrido por la indiferencia de los hombres, por la nutilidad de mis esfucrzos para ensefiarles a ser felices... He suirido por mi principalmente... por mi débil inteligencia, por mi ignorancia. . por todo este cao: este hervir confuso en que se pierden mis'arran ues... Saber tan poco... verse a cada minuto detenido en el entusias mo por la propia impotencia... Y luego este pensamiento horriblé caso la justicia no exista... no exista MAGDALENA,—(En u que) Usted... Negarla! JUANEso paso. . sado aqui, después de tantas fatigas, de- epciones, penosos viajes, de haber amado esta pobre casa que era como la de mi familia, yo que nunca tuve familia, de haberte querido, Magda- iena, mAs que como 2 una mujer, como a wna creencia nuevamente sen tida, todas mis vactlaciones se han disipado... Es a ti a quien debo mi ‘onversién en este honibre nuevo... porque no es solamente. a ti a quien amo, ,entiendes? Amo en tf a la humanidad toda, a todo el porvenir; son todos mis suefic brazos). MAGDALENA.—(Abandonandose) Calle usted! Calle usted! No pro- nuncie tales palabras! Yo no tengo el derecho de ser tan dichosa. AN.—Y cuando vuelva a nuestra ¢ a, cansado del trab: a, tal vez rendido, tal vez descorazonado, piensa lo que ser mi tus ojos, tu voz, tu corazén, tu gran corazon, Magdalena mia. MAGDALENA,— (Casi desfalleciente) Juan, mi Juan! Es pres creas que|yo no. soy... lo que te imaginas. JUAN Tui eres aquella por quien yo creo atin en lo que debe su- ceder MAGDALENA.—Es demasiado! Demasiado! Y aunque eso no fuera posible, el solo vislunbrar esa ventura, ah!, estoy segura, morirfa. (Suan la estrecha castamente, Magdalena se abandona plenamente) Juan, donde viniste para este milagro? En tus brazos me siento lijera y fuer- Ya no siento més la pesadumbre de mi cuerpo ni de mi corazén y dichosa, dicho: tan dichosa (Liora) Ah, tu co: caldera JUAN.—Ni digas mas nada WMAGDALENA.—Si... si JUAN.—Junto a mi! Junto a mi! MAGDALENA.—Con voz muy débil) Y papa? y los pequefitos? JUA: (Meciéndola) Nosotros los qunrdarenied! Nonatsbe bape tegeremos!... (Un silencio). ‘ MAGDALENA.—(Permanece como en éxtasis. De repente se despren- ss que en ti he vuelto a amar! (La estrecha en sus jo ode n para, iso que 6n trepida como hac mama? a la habitacion, Con vor estrangulada) de de Juan, mi Mama?.... Alli... JUAN.— (Se levainta y mi hacia Ia pieza). Magdalena! MAGDALENA.—Ha gritado! Me Mama! (Se oye como un grite: shogado Magdalena! Magdalena!) Oh! JUAN.— se abre, bu muy pélido, balbuc! la desgracia! (Lia pues mee). is Thienx aparece, ESCENA X Los mismos, THIBUX MAGDALENA.—;Ha muerto! Ha muerto mi madre! . (Se precipits en la pieza. Se escuchan sus sollozos, sus gritos.) Mama! Mama! Mame cita se ha muerto! (Luis Thieux marcha tambaleandose. Juan Io sostiene, lo hace sentar sobre. una silla en Ia que cae como un bloque, la cabeza manos. La f estrépito). prica, a lo Tejos, trabaja ¢ ESCENA XI JUAN, LUIS THIBUX, Dofia CATALINA, Un grupo de viejas . (Doiia Catalina y algunas vecinas aparecen en el marco de Ix puerta, AT sentirlas, Juan se vuelve y por sefias les indica que todo ha conchni~ do. Gestos lamentosos de las mujeres, que se alejan en silencio, des- pués de ce ja. puerta). ESCENA 3 LUIS THIEUX — JUA JUAN,— (Después de un silencio, y de pié cerea de Thieux) Enton- ces todo ha coneluido? (I vecina pieza vienen los sollozos de Ma dalena. Juan va a cerrar a y vuelve hacia donde Thieux) ;Pobré amigo! LUIS.—iUna mujer como ella!... Una mujer como ella Me ahogo!... Hace calor... Aire... Abre la puerta... (Juan lo hace. La fabrica semeja un incendio. Durante toda la escena flamean, como len- guas de variados colores, sus Mamaradas, Ruido de maquinarias, Juam vuelve hacia Thieux). Una mujer como esa! Una mujer como esa! (Jus durante algunos instantes deja a Thieux entregado a su dolor. Después, dulcemente, le coloca 1a mano en la espalda). JUAN.—Mi viejo camarada, sé hombre fo eres ti eli tinico aue sufre aqui... Es la hora de mostrar valor y resignacién... Procura do minar la muerte. . ‘LUIS,—(Sacudiendo la cabez@) Se fué... se fué... ;Se acabdt JUAN.—Se acabé para ti, sea... Pero para ellos, esto comienza. Vamos... Hnderézate... Mira cara a cara tu miseria... Ha Negado Ik entre la ... Quisiera mecerte, como se mece a los nifos... Duerthe, duerme LUIS.—(Indicando Ia pieza) Quisiera darle un beso... No la he sado Yo te Nevaré junto a su lecho.. JUAN.+-Luego 1a_besi Duerme duerme LUIS.—Sefior! momento Dona Cai Sefior... No es justo... Esto no es justo. (Hn ese a entra. con una rama florida en la mano). ISCENA XHI Da. CATALINA, dos VIRJAS, LUIS, JUAN. (Juan les muestra Ia piesa. Da. Catalina va a depositar Ii rama, vuelve, atraviesa Ja escena y sale Ot: as flores. Hace lo mismo. Una tercera ve- rece, con ot arrodilla en el umbral, reza, luego se va. ESCENA XIV LUIS THIEUX, JUAN LUIS.—(Alzindose un tanto sobre el colchén). Cierra la puerta ;No puedo ver la fabrica! ;No puedo sentir la fébrica! (Juan va a cerr BI telén cae). eina, sin nada, § TELON ACTO SEGUNDO Imjoso “atelier de pintor, Al fondo, gran ‘puerta de dos h hacia un regio vestibulo, iluminado por un ancho ventanal, que se ve desde Ia puerta. Wn el vestibulo, tos witimos peldaiios de una es- cala dorada, con estatnillas, En el “atelier” gran ventana hacia Le derecha. A la izquierda, puerta disimulada por cortinajes: bordados. Cabilletes con cuadros;’ sobre los muros blancos, tapicerias, gobeli- nos, telas de grandes pintores, estudios, Al levantarse el telon Do- fia Catalina, vigilada por una doncella, observa las villada. Entra Genoveva, por el vestibule. La don ESCENA I es GENOVEVA — Dofia CATALINA JENOVEVA.—Me he atrasado. (Respetuosa inclinacién de dofia Ca- talina) Pero vamos a reeuperar el tiempo perdido (Dispone Ia tele Y prepara su paleta). Acomédese como ayer... Vamos, prontito Aqu est lo necesario. (Un paquete que esté sobre un di i Da. CATALINA.—Como no, sefiorita,(Un trae con botellas y copas que deja sobre u i GENOVEVA.— (Mientras. doia que al fin ostalié la huelga! ‘Tenfa que suceder... si no those poraué usted necesita y yo no puedo pasarme sin manchar lienzo Da. CATALINA.—Oh, yo no me preocupo de lo que pasa GENOVEVA.—En ningtin caso ignora que en este momento los obre 10s estén reunidos en un salér de la vecindad. Da. CATALINA.—Puede ser... puede ser... pero le aseguro que GENOVEVA.—-Menudo alboroto el que formaron anoche para posar). Con Da. CATALINA.—Es cierto sént{ mucho barullo... Pero usted comprendera... a mi edad lo que digan me entra por un ofdo y me sale por el otro.. GENOVEVA.—Lo veo... no quiere usted revelarnos nada Da. CATALIN Lo ‘nico que se, es que después de lo que su papé contesté a los delegados , Io pensaran muy bien. GENOVEVA.—Que lo piensen, pues si se hacen los exigentes mi pa- dre los aplastar Da. CATALINA.—Ya lo creo... ya lo creo GENOVEVA.—;Y qué dice usted de Magdalena y Thieux Da. CATALL (GENOVEVA. corra Juan Roule. Da. CATALINA.—Es cierto es cierto (Concluyendo de arre- glarse). Sefiorita, a su disposicién. GENOVEVA.—Lo que no comprendo es qué quieren? qué desean? Da. CATALINA.—(Levantando los hombros) Vaya usted a saberlo! ESCENA IT Dichos y ROBERTO GENOVEVA,iYa viniste! ROBERTO.—Buen dia, dofia Catalina! (A Genoveva) ;Incomodo? GENOVEVA.—Vienes a dar la lata y a mi cuando estoy trabajandc me gusta el silencio. (Roberto se acer mirar el lienzo, que Genoveva da vuelta) No ves? ya vendras a criticar! (A Da. Catalina) Y la cesta con. naranjas? (Catalina con un gesto revela haberlo olvidado. Va a bus- carlo a un rinc6n) ROBERTO.—Tus amigos me sacaban de pacienci i me levanto sin terminar el almuerzo. Aqui estén ocurriendo cosas terribles y ello preocupados de banalidades. No se como puede mi padre vivir con tales imbécil En realidad no debian ellos Con tanto que nos deben! En adelante que los so- GENOVEVA.—Para ti, todos son imbéciles... Luego vendran aqui. ROBERTO.—Y hablaran de arte, porque también opinan sobre a te... En fin, en esto no me resultaran odiosos, sino divertidos, (Da. Ca- vuelve con la cesta). GENOVE: Bueno lencio... y distréete con un libro. (A Da, Catalina) Y ahora, a trabajar! (Roberto se ubica en un diyan. Geno- veva se sienta frente al caballete. Da, Catalina ha adoptado la posture convenida) No esta bien todavia... La cabeza, mas a la izquierda, un poquito mas agachada Muy bien! Inmévil ahora. (Le arreglt algunos pliegues del vestido, mira el efecto) Qué lindura! Qué Ii- neas! Qué colores! Qué... (Acwba la frase con un gesto. Se pone a pintar) Qué tonos de marfil antiguo! Ese rostro enjuto... esa demacracién! Es exaltante (Al cabo de unos instantes frunce Magdalena el ceiio y con Ia paleta en las rodillas) No es eso! No es eso! No tiene la expresion Hay en su cara dureza, rencor. (Catalina hace por alterar la expresi6n del semblante) Aiin no, afin no... Falta sentimiento... Ponga un poco de triste- za! {Mucha tristeza! Piense que sufre mucha miseria... muchas pen mo si tuviera deseos de Morar! (El rostro de Da. Catalina toma una ex- presién siniestra, de animal salvaje. Roberto se levanta del divén). Pero no me entiende? Como si Morase... Eso es facil. (Un sttbito terror se enoveva) Pero, por qué me mira de esa manera? Nunca. le ROBERTO.-(Severamente) GENOVE’ (Molest Qué ROBERTO. nerviosa, no estas como para trabajar. Y usted. dofia Catalina, vuélvase a su casa. Es mejor, créame. GENOVEVA.—Pero qué dices. ;Por qué haces esto? ROBERTO.—No insistas. No me obligues a GENOVEVA.— (Deja paleta y paga a do na, entendido OBERTO.—No vendra mas GRENOVRVA.—Pero por qué? ROBERTO.—Chit! Ca ina) . 4 Volvera mail GENOVEVA.—Pero ti estas 1oco? Qué tienes? Da. CATALINA.—(Que se ha quitado los adornos) Sefiorita. se fior... ustedes me disculparan ROBERTO.—Vayase, Dofia Catalina... Y que esta casa no le inspire demasiados odios. (Doma Catalina se va lenta, pesadamente, como _ sin comprender. Genoveva toca un timbre. Entra la doncella y acompaiia a Da. Catalina, por et vestibulo, perfilando su dura silueta). ESCENA IT NOVEVA — ROBERTO GHNOVEVA.-Humillarme delante de esa vieja mendiga! ROBERTO.—Genoveva! GHNOVEVA.—vVete... no me vuelvas a hablar. ROBERTO.—-Genoveva! esetichame... Si fueras ti una grande ar- tista capaz de enriquecer a lo humanidad con una obra, maestra de su- frimiento y piedad... estaria bien! Pero, por Nenar un momento de tu vida ociosa, jugar asi con el dolor y la miseria de Jos humildes... esta mal, es indigno de un alma noble. GENOVEVA.—(Picada) No tengo la pretensién de ser gran artis- ta... Sin embargo, algo significa la medalla que obtuye el afo pasado en la _exposicién nacional. ROBERTO.— (Con afecto) Genoveva, recuerda a nuestra madre, que con sus virtudes preservé por tanto tiempo a esta casa de los peligros ane hoy la amenazan. GENOVEVA—Y qué? ROBERTO.—Ella te leg6 la m. jer puede realizar: apaciguar los ar débil te aborrezco. s dulee y bela misién que una mu- atos de la fuerza, intereeder por los GENOVEVA.—Y qué; si yo soy buena para con todos. Doy a todos... y todos me aborrecen. a ROBERTO.—No es solo dinero lo que debe darse, sino conciencia. . . esperanza... amor GENOVEVA.—Dilo de una ver yy una muchacha mala. ROBERTO.—No eres mala, no... pero no sabes querer. (Voces em la escalera) Tus amigos... Fujuga los ojos, sonrie (La besa)... No si- gas triste 6... si siempre me dicés mde). GENOVEVA.—Como quieres que no lo e cosas que no comprendo. (Entran Campron, Duhormel y de la ESCENA IV hos, CAPRON, DUHORNEL y de la TROUDE DUHORNEL.--Y nosotros, que creiamos sorprenderla en plena la- bor CAPRON.—En plena. inspiracién! GENOVEVA estaba en disposicion y despedi a la modelo. (Roberto se ha ido al gran ventanal y simula mirar el paisaje). CAPRON.—(Examinando los estudios de los muros). jSiempre re yolucionaria! Hasta impresionista! Blanco. rosa... azul. (Por una Qué es esto? Un molino? GENOVEVA.—Pero {no vé que es una vieja recogiendo leita? CAPRON,—Bsto?... Quién lo dirfa! (Se calza el monéculo y mi- ra con atencién) De veras, pero asi a primera vista, 1a contundi con un molino.- Por otra parte, con la nueva escuela, siempre me equivoco. El mar, las Viejas recogiendo lefia, los molinos, los jardines, el ganado, los cielos tempestuosos... son la misma eosa. Disculpe mi franqueza pero, usted sabe que en pintura, en politica, en todo soy un rutinario DE LA TROUDE.—No le haga caso, ya sabe que es por varla de quicio. Y ademés,-usted sabe que Capron es lo que los pintores Maman tela) un... profano. CAPRON.—De lo cual me enorgullezca DUHORMEL,—iSe enorgullece! GENOVEVA.-—; Por qué papé no vino con ustedes? DUHORMEL.—No ha de tardar GENOVEVA.—-Estoy impaciente... miedosa com esto de la_huelga. DUHORMEL.—Tiene razén, esto se pone feo CAPRON.—Una huelga aqui donde antes no hubo ninguna! DUHORMEL.—Es extraio. DE LA TROUDE.-—-Muy extraiio i CAPRON.—Pero ja qué alarmarse? Qué importa una huel; hay energia y-si nose cede en nada, pero en nada? Sin embargo mo. zTendraé Hargand la energia del. caso? GENOVEVA,—(Vivamente) {Lo duda? SAPRON.—Me expresé. mal... No dudo de la energia de pa... pero confesemos que tiene algo de culpa en lo que ocurr GENOVEVA.—Por qué? CAPRON.—Es a ratos, iluso... Cree en el mejoramiento de las clases inferiores... en la moralizacién del obrero. {Qué gran error! GENOVEVA.—kEn todo. caso, generoso. y solamente asoclaciones CAPRON.—Sefiorita, no hay erro generosos. . errores... Ha dejado formarse muchas cosa ind de toda especie que son la muerte del trabajo, el debilitamiento de la autoridad patronal,yel gormen de la revolucién. Cuando al obrero se le da un poco de bienéstar y libertad, ise alza con el santo y Ja limosnal Se le suelta la rienda iy se desboca! Oh, lo tengo muy observado... (Doctoral) El proletario es ur animal ineducable, inorganizable... im- posible dé perfeccionar. Tantas veces que se lo he dicho a Hargand, que con sus manias emancipadoras, sus panaderias y carnicerias cooperativas, sus escuelas profesionales, sus cajas de socorro, de retiro, sus socieda. des de prevision y toda’ esa mojiganga socialista no hacia sind disminuir gu poder y perjudicarnos a nosotros que, a pesar nuestro, tenemos que seguir sus aguas, {Si para, conducir a esas bestias no hay mas que rien- da corta... y apretarles los tornillos, como dicen ellos. (Hace el gesto) ‘Asi, seriamente, fuertemente, implacablemente! DE LA TROUDB.—Por suerte, los agitadores no prosperan en es Yo mo confio tanto; conozco a Juan Roule... Da imiedo DE LA TROUDE.—Hace usted mal en temer. En el fondo los hom- bres no son nada, porque siempre queda el recurso de matarlos. Solo las ideas son temibles y desde el punto de vista de las ideas, la situacién aqui es admirable. Porque, vamos a cuentas zde qué pueden quejarse fos obreros? Son felices. CAPRON.—Demasiado, falices. Hs lo que yo condeno. (Mo to de Roberto) Ah! usted es de los que pretenden? ROBERTO.—(Frio) Yo? Le escucho... puede continuar. CAPRON.—Ya lo sabemos! Usted es de los que cree que Jas ideas cambian, que han eambiado, que un dia cambiarin... No es eso? ROBERTO.—(Vagamente) Si a usted le parece CAPRON.—Y bien, eso me es indiferente. Lo que deseo consta- tar e§ que los intereses son inmutables... inmutables, ;comprende us- hora, el interés exige que me enriquezca por todos los medios y lo mas que pueda. No tengo por qué saber esto'o aquello... Me enri- ‘quezca pronto y eso cs todo... En cuanto, a los obreros, ellos cobran sus salarios, ;no es yerdad? Bueno, que nos dejen en paz! Porque supongo que no hay puntos de comparacién entre el economista y productor que soy yo ¥ el estitpido obrero que lo ignora todo, que ignora hasta quienes son Say y Leroy Beaulieu. ROBERTO.—Los que, por su parte, ignoran absolutamente lo que obrero. : PRON.—El obrero! Va!... Bl obrero, joven. amigo, \es el cam— aboro, que yo abro con mi arado para sembrar el haré mafiana y aimacenaré en mis co- ted? es el po viviente que yo grano de las riquezas que cos fres. Hn cuanto a la emancipacion social, a la, igualdad... a la solida- ridad, no veo inconveniente para que la establezcan, en el otro mun- do../ Pero en este jalto ahi! Policia... més policia... y siempre més policia. He aqui como yo resuelvo la cuestién socia DUHORMEL.—En una sociedad democratica bien constituida es pre- ciso que haya ricos. . CAPRON.—Y pobres DUHORMEL.—Logico CGAPRON.—;, Qué seria de los ricos si no hubiese pobres? DUHORMEL.— digan... se bueno! Me lo has prometido! JUAN.— fuerm), Si. MAGDAIL Yendo a Ia entrada de un Jos hnelgnistas, todavia invisibles) Por aqui yupo, por grupo, los huelguistas desembor ESCENA II ROULE, MAGDALENA, FELIPE HURTESUX, PEDRO ANSAUME, JOSE BORDES, JULIO PACOT, CEFERINO BOURRU, FRANCIS- ©O GOUGH, PEDRO PEINARD, Huelguistas, mujeres y ni PEDRO ANSAUME.—-iSalud, Magdalena! MAGDALENA.—iSalud, Pedro! ANSAUME,—-(¥endo hacia Juan) Bscucha... Hay algunos que vie- nen con malas intencion JUAN.—Lo se, Pedro... pero los convenceré! ANSAUMB,—Se los conquista desde hace dias... Y si los registra ( azoleta en Ia p JUAN ras Jes hallarias todavia en los bolsillos dinero con olor a Maigret JUAN.— Pedro... Habra entre nosotros gente cobarde, tal vez... pero traidores, no puedo creerlo! ANSAUME.—jBribones hay en todas pay Yo con- tigo... para lo que tt quieras y vigilo! JUAN.—-(strechando la mano de Pedro) Hay bribones, pero tam- bién hay valientes!... Gracias, compafero, jsiempre conté contigo! todos Ios rostwos re~ Jo a la platafor (Van Megando huelguistas por todos los senderos. 1 tratado el sutrimiento o el odio. JUAN ha sub MAGDALENA enciende los faroles). BORD! (En un grupo de Ja izquierda) Mirenlo! ;Palido come Ja cera! PACOT.—Tiene miedo! Ya no hace el guapo!... iAcoban BORDES.—Habra que aclararlo! PACOT.—iQuerra, desentenderse! PERINARD.—(Anciano) .;Qué hay? .Qu blabas? PACOT.—iDe tu hertana! (Risas. Peinard se pierde en el grupo, zindose de hombros). BORDES.-—(Mostrando Ja cruz) ;Esté bueno! También Estamos de fiestas patrias? (Algunas risas mezcladas con exela indignadas. A la derecha, movimiento tumultueso, gritos, una disputa). GOUGH.—Te digo que si! BOURRU.—Y yo tedigo que no! GOUGE—iTe digo que se ha guardado Ia mitad del din BOURRU.—,Cémo es eso? Repitelo! GOUGE—;Que se ha’ guardado la moneda! BOURRU.—i¥ bien, toma! (Le da. un: selo a Hargand que te paga para sembrar cizafia! (¢ detiene). GoucE.— (Del aparece). UNA VOZ ENTRE EL TUMULTO— arse! OTRA VOZ.—iQué lo saquen! Qué lo Meven a baiiarse! ANSAUME.—iSi chillan asi, sera Ia policfa Ia que venga a llevarlos! VOCES DIVERSAS.—-(De varios costados) ;Silencio! Silencio! (Poco ‘a poco el orden se restablece, Ids gritos se apagan. Magdalena se ha sen- tado en la grada mis alta. Mujeres, en estrecho grupo, ocupan las gradas inferi anza. Esté tranquilo y palido. Extiende el brazo, pidiendo s\ ALGUNAS VOCES atencién). ¢ JUAN.—(Con voz segura) Amigos mios UNA VOZ.—No somos tus amigos! (Gritos: Silencio! Escue JUAN.—(Con voz que domina los rumores) Compaiieros... escu- chadme... Si hay algunos entre ustedes que tengan algo que reprochar- me, que me lo reprochen! Si tienen algo de que acusarme jque me acu- n! Pero como hombres Jibres!... y no como pilluelos! Estamos aqui entendernos como, gentes honradas... y no para injuriarnos ni pa- pelearnos! dices ta? gDe quién ha rolitos aciones Bofetada) y ve a contér itos, tumulto, se les iéndose) ;Cobardes! Chanchos! (Se le zamamrrea, des~ cuchar! Silencio! Escuch (Movimiento de LA TURBA,—jEso es! Dso es! UN OBRERO.—Qué table! Qué hable! Nosotros escuchamos! ANSAUME.—iY¥. que ge callen los vendidos! (Exclamaciones). JUAN.—Teneis el derecho de discutir, de juzgar mis actos. gozo ya de vuestra confianza podeis retirarme el mandato que me habeis delegado... Creo haberlo. desempenado como corresponde a vuestra dig- nidad y a vuestros intereses! Si me he equivocado, renuncio! Entregadlo a uno mas digno, a uno mas abnegado! VOCRS DIVERSAS.—No! No!... Si... si! Silencio! Haya silencio! JUAN.—(KEn medio del ruido y dominéndolo) En nombre de vuestro: no honor, en nombre de la idea por la cual luchamos, no de bre ¢ no ha tenido siné un pensamiento: amaros! jqué un objet viros! y Ja ilusién de creeros capaces de la emancipacién no siendo t vez sino lavos m el cuello tendido hacia nuevos yugos, con la: tendidas a mds pesadas cadenas. (Ligero murmullo, ‘0 timido. Se sien- te que después del silencio que sigue a sus palabi le ha recobrado una momentanea autoridad sobre la muchedumbre saciones que circulan desde hace al; a en casa, para sembrar la desunién, y dejarnos ina: frente a nuestros enemigos... las conozco voy a contestar- mente... porque me despreciarias si me detuviera ui a considerar innobles ealumnias, cuya fuente impura no (Murmullos). ME. ; Bray Bravo! AN.—Me reprochais — y & rehusado el concurs hom- Un tiempo) E: tiempo de srupo lo mas grave que se 9 de los diputados reprochais. hi fan inmiseuirse en nuestros asuntos y tomar 4 on de | huelga? VOCES DIVERS. Si! Si! Silencio! Eseuchen! JUAN.—¥ bien, es verdad, lo hice... y a mucha hor Movie mientos diversos) ;Vuestros diputados! Los he visto en la labor! re jue yosotros habeis olvidado ya el rol infame que desempe 1 Itima huelga, en la que, después de haber arrastrado alos ro) isten esesperada, los entregaron agotados, despojados, atados d y al patron, el dia mismo en que un tltimo esfuerzo, na encia lo hubiera obli Y bien lo que, bajo pretesto de defenderos vengan los intriga s en las que no seriai ofdlo bien ar su poder electoral. ;Vosotros no teneis nad para a esas Sus intereses se confunden con los yuestros del 2 su deudor, como los del asesino con mientos en sentidos contrarios, agitacién, Juan Roule, Veamos :qué han hecho por vosotros? gqué han intentado en vuestro fa~ yor? Donde esta la ley libertadora qué han votado... qué han propues- to siquiera VOZ%.—Es verdad! Hs verdad! —Y a falta de esa ley imposible — ;ya lo creo!—el Jo grito de piedad, ese grito que arranca de las entrafias mismas. del mor iene en las almas de los desheredados la indispensable espe repetidmelo! Nombradme uno solo entre los politicos, uno solo que a muerto por vosotros... qué haya siquiera afrontado la muerte por vosotros! BOURRU.—Bravo! Es cierto! Abajo la politica! Abajo los diputa- dos soc ‘ JUAN.—Comprended entonces que no existen sino por vuestr dulidad! ;Vuestro embrutecimiento secular lo explotan como i provechan como una renta! Bn vida vuestra, engordan con vue tra pobreza y vuestra ignorancia... y, muertos vosotros, se hacen un pe- dest stros cadéveres! ;Ws eso lo qué quereis? —No! No... Roule tiene razén! Y el dia en que los fusiles de la soldad suelo enrojecido, a vosotros, 6nde estan ellos ¥ protes: malos pastores? . PACOT.—(Kntre gruiidos) ;No GOUGH, UNA VO3Z. JUAN. bre € sea os tiendan so- a _vuestros hijos y a vuestras mujeres En la Camara! ;¥ qué hacen? ;Discuten! (Aplausos Pobre rebafio ciego, seguireis dejandoos conducir por eso e trata de eso! osotros no somos carneros! ta! Valemos tanto como él! aido) — ; Charla- mejor, qué hiciste del dinero? . VOCHS.—Si! Bso es! El dinero! El diner | | | JUAN.—;Quién? ;Quién es el que g: HURTEAUX.—(Avanza hasta el borde de las gradas) Hurteaux! ROULE,—jTe han engai a gritarte public do, Felipe Hurteaux! Por qué 0 mente que nada guardé y que a ti, te he dado n VOZ.—-Bravo! Bravo! (Felipe discute con yuel 1 monton) prueba! presente la prueba ANSAUN Silencio Qué se eallen los bribones! lo (Tumulto). JUAN.—-(Dominandolo y con voz estruendosa) Dejadme ha me lo impedireis vosotros que sois los cémplices de nu ‘os y los portavoces de sus calumnias imbéciles! VOZ.—Déjenlo que hable! Qué hable! JU ht! Leo en vuestros corazones! ;Teneis miedo hom: bres! Os espanta sentiros emaneipados, desencadenados! Vuestros ojos ha- ieblas no se atreven a mirar hacia la luz del gr: ‘ois como el prisionero a quien el aire del valle al salir hace vacilar y caer sobre la tierra libre! Todavia y siempre, nece: amo! Y bien, sea! Elejidle... y opresién por opr (Movimiento de la muititud) ;conser edlera). ;Conservad vuestro patrén! (PI umuran, Los huelguistas se apretan ju dos gradas y, tomando por Ios hombros ados a las t i6n mo por 1 _vuestro patron! (Kxplosién de oS que se levantan, bocas gue to al crucifijo. Juan desciende un huelguista, 10 sicude). El pairén es un hombre como ti! Se le tiene delante.. se le habl re le conmueve.., se le amenaza se le mata! Tiene al menos un ros- tro... un pecho donde sepultar el cuchillo! Pero ;cémo conmover a ese ser que no da la cara y que se Nama un politico! ;Cémo matar a esa cosa que se Hama la politica? esa cosa viscosa y fugitiva que se eree tener y que siempre se escapa... que uno cree*muerta y que siem- pre resucita! esa cosa abominable, por la que todo fué corrompido envilecido, comprado y vendido... justicia, amor, belleza!, a hecho de la venalidad de las conciencias una insiitucién nacional, axe ha hecho peor todavia, puesto que con su baba inmunda ha eseupido 1 angues ta del pobre... y atin mas... ha aventado el ultimo ideai: la 1 en la Revolucién! (La actitud enérgica de Juan, sus gestos, la fuerza con que pronmncia las iltimas palabras, imponen momenténeamente silencio, La multitud retrocede, pero sigue grufidora y amenazante) ;Comprer hora lo que yo he querido de vosotros, lo que yo pido atin a vuestra ener- sia, a vuestra dignidad, a yuestra inteligencia? He querido quier que mostreis una vez al mundo de los logreros politicos este ejem- plo nuevo, fecundo, terrible de una huelga hecha por vosotros solos y pa ra vosotros solos! (Un tiempo) Y si debi morir en esta lucha que habeis emprendido, sabed morir! por vosotros!, por yuestros hijo: los que nacerén de vuestros hijos! y no como siempre por los que cen de vuestros sufrimientos su mejor tesoro! (Los huelguistas, tod dominados, se miran, se interrogan). HURTEAUX.— (Se desprende del grupo, gnistas y viene hasta el pié del evucif es el caso qtie Juan Roule, hablas también como t Pero, vas a darnos dinero? Vas a darnos pan? VOCES NUMBROSAS.—(Mezcladas # algunas protestas de fideli¢ Pan!... {Cantiniia! Continaa! Viva Hurteaux! HURTEAUX.—Porque, supongo que’ no pensaras que podenios vivi de tus, palabras! PACOT.—Eso! Eso! Por ahi vas bien HURTEAUX.—... por muy hermosas que sean! (Bravos. Hurteanx envalentonado, Mincha el pecho y en actitud de orador) Con los diputa- dos que expulsaste de aqui, tendriamos a estas horas dinero y pan amimado por algunos huel- jo). Todo eso esté muy bien (A la multimd) No es cierto? Diganio ustedes! VOCES CADA VEZ MAS NUMBROSAS,—Si... si! HURTEAUX.—Y hubiésemos podido resistir... ,Digan si no es ver~ dad? Felipe Hurteaux, es la pereza la que te hace hablar... Eres huelga! Ah....Creias que eran los dias sin trabajo... la bartola la farra el dolce far niente? Y que te pagarian por eso? Mientras h que tragar y que bebe th stado entre los violen- tos... pero ahora que hay que apretarse la barriga y sufrir... ta eres n, jmérehate! Nadie te detiene! (Murmullos nadie! Te deshaces! Y b hostiles) HURTEAUX.—(Bravuc6n) Tus palabras no me dan miedo!... Yo no te pregunto sino esto Responde! ;Dénde esta el pan? AN.—En las panaderias de la ciudad! Ve a tomarlo! HURTEAUX.—Y el dinero’ IUAN.—Génalo! (Redoblan los gritos hostiles) HURTBAUX.—(A la multitud) 7Le oyen? LA MULTITUD.—Si. AUX.—2¥ como qu i eres tt el que nos esti matando de hambre? ¢C ne, farsante? —;Cobarde! Batiéndote! (Gi unos fieles se interponen para camb' res que lo gane si por ti me han echado mo quie- tos, rumores, En’ vano Pedro An- los sentimientos de la multitud). HURTEAUX.—Y con qué anmas? ;Tienes cémo armarnos st Armas! JUAN.—Armas? Garrotes... picos... antorehas... itu pecho! HUR —Vamos! Hso querrias ta!,.. (A la multitud) i Mi pecho pare aballero! ;No querias mas? (A Roule) Y bien, danos que ec irem LA MULTITUD.—Pan! Queremos pan! Abajo Juan Roule! HURTEAUX.—Estamos hartos de t MULTITUD.—Queremos pan! Venga el pan HURTEAUX.—fPero a ti quien te conoce ;Eres ruso! {Bolsheviki! (Desencadenada) Abajo Juan Roule! Abajo los ex- EQuién sabe de dénde tranjeros! JUA razones cobardes qué no sabeis sufrir! Que no quereis TITUD.--Abajo! Mueran Jos anarquistas! N.—Y bien! Hselavos, volved con Hargand! Perros, a oadena! Forzados, al grillete! MULTITUD,——(‘Tendiendo los puiios contra Juan) ;Qué muera! ; muera el extranjero! JUAN.—-Id a ganar el dinero de Maigret! Y matadme iAqu toy! (Da um paso y se cruza de brazos), No temais jque no me defen- der MULTITUD.—Si! Si! Qué muera! Qu sistencia de los que han permanecido ficles a Juan muera! (A pesar de la re joule, 1x multitud se das y pretende su precipita, atvopella a Ias mujeres sentadas sobre las gr: bir a la plataforma). ANSAUME.—(Luchando) Animales! Salvajes! Asesinos! Tomémosio! y a colgarlo en un arbol del bosque! MULTITUD.—jMuera! Muera! (La turba ha invadido la segund grada, Felipe Hurteaux ha subido a Ia plataforma y ha puesto su mano a el hombro de Juan Roule. De repente, Magdalena se_yergue, extiende aus brazos en cruz y despliega sy manto como dos alas. Un huelguista que ha snbido, retrocede) MAGDALENA.—(Con fuerte voz) Atris! Atrés os digo! (FA movimiento de retroceso se acentia). {Mas s todavia! (Hurteaux ha soltado a Juan. Todos los rostros, todas las miradas puestas en Magda- Jena). . UNA VOZ.—iEs Magdalena! Hs Magd MAGDALENA.—(En medio del silencio) No soy més que una mu- y vogotros sois hombres! Pero no dejaré que se cometa un erimen. Solo os prohibo que toqueis al hombre jue amo, al héroe de mi co- HURTHAUX lena! yazén... y del que Ievo un hijo en mis entra sino que 03 prohib que insulteis... (Muestra, con un gran gesto, la cruz) esta cruz, en Ja cual, desde hace dos mil afios, agobiado bajo el peso de Yuestros odios, agoniza €l primero que se atrevié a hablar a los hombres de libertad y amor... Atras! Atras! Atras! (Los que habfan invadido las gradas, re- troceden. El furor se borra en. los semblantes. Las espaldas se encorban) Vou LA MULTITUD.—;Escuchad a Madagdalena! nchadia! MAGDALENA.—Juan os habl6 duramente... injustamente. Cometié fal Pero vosotros habeis cometido una mayor exitando su ¢éle- provocando su violencia con odiosas sospechas y cobardes calum- nias! Bien sabeis quien las propaga y con qué intenciones! jEse Larro con que se quisiera salpicar a un honibre temido, hay que dejarlo en los sucios dedos que lo han amasado! VARIAS VOCES.—iEs cierto! Tiene razén! OTRAS VOCHS,—Continiia, Magdalena! ‘Tenemos confian MAGDALENA.—Desde el comienzo de esta larga y dolorosa huelga, Juan no vive sino para amaros, para serviros, para defenderos de vuestros enemigos y de vosotros mismos, que sois vuestros mayores enemighs. u sino un pensamiento: vosotros, vosotros, vosotros ‘siempre! Yo sé... y os lo digo; yo, la confidente de sus esperanzas, de sus proyectos, yo que no, era sino una pobre muchacha, y que he podido diente para atreyerme a de sus lue encontrar en 6u amor, el valor necesario, la fe hablaros como Jo hago esta noche... yo, la nila silene e que Habeis conocido y que muchos de vosotros, cuando pequefilta habeis arru- Mado en vuestros brazos. UN ANCIANO.—Hablanos asf... Tu voz nos es més dulce que el pan! MAGDALENA.—;¥ asi se lo agradeceis! Le pedis dinero a él que tiene menos que todos vosotros, pues cada vez au did su parte mia! Le preguntais de donde viene... 2Qué « ta de donde venga beis a donde va?... Hijos mfos, él vie mo pais que vosotros, del pais de todos los que sufren: de | y va hacia Ja tinica patria de todos los que esperan: la dicha libr cion en la multitud). VARIAS VOCES.—iQué hable! :Qué hable mis! MAGDALENA.—Marchad hacia esa patria! Juan conoce los caminos ella conducen. ;Marchad, marchad con él y no con aquellos cuyas que manos estan enrojecidas con la sangre de los pobres! En marcha! La ruta sera larga ura... caereis muchas veces sobre vuestras rodil destrozadas. ;Qué importa? Arriba de nuevo y seguid march cia esta al fin! JULTITUD.—Eso es 0 es! UNA VO%.—No nos abandones! OTRA VOZ.—Te seguiremos! OTRA VOZ.—Te seguiremos! MAGDALENA.—-Y no temais la muerte just Amadla! La pléndida... necesaria... divina! {Ella amamanta Ja vida! No Hoar! Desde hace siglos Morais y quien se compadece de vuestro Il: 1Ofren- dad yuestra sangre! Que sila sangre es odiosa mancha en la fax de los verdugos, resplandece sobre la faz de los martires como un eterno sol Cada gota de sangre que caiga de vuestras venas, cada chorro de sangre que brote de vuestros pechos harén nacer un héroe... un santo z (Mostrando la cruz)... un Dios! Quisiera tener mil vidas para rendirlas todas por vosotros; quisiera tener mil pechos para que toda ¢ sangr de liberacion y amor embelleciera la tierra donde yosotros sutris! (Bmocién inmensa. Extasis en los semblantes). UNA VOZ.—jQueremos morir! Ahora queremos morir! MULTITUD.—jQueremos morir! MAGDALENA.—Al fin vuelvo a encontraros! Soy dich Lo pasa~ do hace un instante, felizmente.no,son sino palabras... Ahora, s¢ nece~ sitan_ actos. MULTITUD.— g i eae MAGDAL) na! No soy sino Viva Juan Roule! a perdonado sos) A.—No griteis iviva Mugdalena! Aqui no esté Magd el alma de aquel que anienazabais de muerte! Grita badme que le perdonais su violen: echas © injuris a, como ya MULTITUD.—Viva Juan Roule! Viva Juan Roule! Viva lena! (Hurteany no ha gritado. Si su_rostro en una contra MAGDALENA.—(A Felipe) ;Y ti, Felipe Hurteaux? URTEAUX.—Yo... no! (Hace un gesto violento). MAGDALENA.—(Muy dulce) Felipe Hurteaux... Ambos cono en. Cuando era chiquita, te gustaba venir a mi... Juntos nos por los campos... por los bosqu Por las laderas de los 4 abas flores y con ellas orn: mi cabellera... Cuando los ntros me pegaban... ti, come un pequeiio leén salias a defenderme Eras gentil y valeroso... ;Ya no te acuerdas de todo eso? HURTBAUX.—;Cémo no he de acordarme!... pero ahora MAGDALENA.—Ahora, eres un gran muchacho! Y tu corazon es el mismo, ardiente y buenc como en otro tiempo... Var las pa- ces con J dale la mano! HURTEAUX.—Magdalena 10 me pidas eso MAGDALENA.—(Muy duice) Dasela.., dale tu mano Te lo pi- MULTITUD.—Sf! Si! Magdalena tiene razén! HURTEAUX.—(Vacila y después, vencido, tiende su mano) Y bue- no a! (Los dos hombres se abrazan, Entusiasmo en Ia multitud) AGDALENA.—;Y que este sea el signo de nuestra comin recon- ciliacién, que sea este el pacto de una unién, que en adelante, nada ni na- die pagran romper! Juradlo MULTITUD.—Lo juramos! Viva Magdalena! Viva ge. Juan Rouwle! Viva JO.—(Al pié de las gradas) Magdalena, tii eres nuestra ma (El entusiasmo Hega a st apogeo; las mujeres tienden sus hijos MAGDALENA.—(De Ia mano con Juan) Ahora... volved a vuestros ogares! (Con el brazo libre indica la d) Y mafiana MULTITUD.— Si si... mafiana. MAGDALENA.—Nos seguireis a los dos? MULTITUD.—Les seguiremos MAGDALENA.—Hasta la muerte? MULTITUD.—Hasta la muerte! Hasta la muerte! MAGDALENA.—Mafiana, entonces, delante de las usinas ‘Todos... todos! MULTITUD.—Iremos todos! todos..: Viva la huelga! (La multitud, lentamente se dispersa por todos los caminos, por todas las sendas). ESCENA III MAGDALENA, JUAN. (Han permanecido sobre la plataforma, las manos entrelazadas. Descienden lentamente). JUAN.— (At sus brazos, Hora) Ya lo ves... Soy yo quien ahora solloza en tus brazos! ;Soy tu hijito! MAGDALENA.—Yo te quiero, mi Juai JUAN.—Eran lobos y los volviste corderos! vertiste en héroes... ;Cudl es tu poder? MAGDALENA.— ;Quererte JUAN.—Querian matarme y me salvaste la vida! MAGDALENA.—Hs que te quiero! JUAN.—Magdalena! Magdalena! mujer de coraz6n subl tt eres como aquellas elegidas de otros tiempos, que surgieron de las profundi- dades del pueblo pata resucitar el valor ya muerto, para vigorizar la {6 quebrantada... Ta eres. . MAGDALENA.—(Cerriindole Ios labios con un beso)... la que te quiere, Juan, y nada mfs!, (Enlazados se pierden en el bosque). TELON n cobardes y los con- i | ; | | { ACTO CUARTO a de la ciudad. En el primer p) muro muy bajo coron: Ta escena representa una pl lo ancho de Ja escena, no, 2 todo 1o por una reja eu- yos barrotes estfn arrancados los dos Ios otros, toreidos muchos. Un letrero: “Se alquila par iste to mitad de la reja, una puerta se abre sobre la plaza. Al otro costado de esta y hum de hac al final de una larga calle, se d tes. En la derecha, en el patio, los bastidores y que sirve de d Arbol, desge y bajo as de una reciente batalla és, almacenes, ete., despedazadas. Un sol ardiente bri- ciudad gris, més triste y mas negra en su eter- méstera de humo, al ser iluminada pore} sol. Al levantarse la plaza esté desierta. Conducida por vigilantes, una larga fila de prisioneros huelguistas, atraviesa Ia escena. Algunas ventanas se abren y surgen algunas cabezas de curiosos. Algunos co jantes Se aventuran a salir a sus 1 . y miran, todavia temerosos, hacia el sitio por donde se han alejado los huelguistas encadenados. Dos camillas cubiertas por pailos grises, y Mevadas cada tna por dos con ductores, penetran en el patio. Los conductores deseubren los cad isan Ins usinas incendiadas obertizo que se extien- A 2 por sobre toda ere! veres y depositan los muertos en el cobertizo, junto a tox demas. Un semi-obrero, semi-burgués, se aventura hasta la entrada del tio y mir ESCENA I EL CURIOSO, LOS CUATRO CAMILLEROS URIOSO.—Digan, gquedan todavia muchos? CAMILLERO.—10.-—Tal vez una docene sos son los muertos. CURIOSO.—Y los heridos? CAMILLERO 10.—Hsos... desparramados por todas partes. CAMILLERO 20.—Dicen que hay cuarenta muertos bajo los escom- bros de la fabrica Y los que estan en la Morgue... jHemos echado ia gota gorda! CURIOSO.—Pero... el bochinche se ha terminado? CAMILLERO 1.—Si... parece que se han rendido todos CURIOSO.—Trabajo ha costado! CAMILLERO 1¢.—Yo, los vi batirse en la barricada cerea de la iglesia... Unos leones! Serian quinientos no seiscientos!..... A la cabeza Juan Roule y Magdalena... que dirigian la carga... en las manos la bandera roja... un trapo rojo... jCaracoles! Qué sangre fa... Y de repente, corriendo... sofocado... desorbitados los ojos. Uega don Roberto CURIOSO.—, Quién es ese don Roberto? CAMILLERO 10.--Hombre, ,de dénde caes? Don Roberto Hargand CURIOSO.—HI hijo dei patron CAMILLERO 1°.—El mismo. CURIOSO. CAMILLERO 10.—Sefas a un seflas a los otros... gritos a la tropa... gritos a los huelguistas... Pero jquién iba a oirle! Pan gritar a unos y otros: {Detenerse! Detenerse! ‘CURIOSO.—Y entonces CAMILLERO 1¢.—Un tiro de revélver suena en la barricada Vuelan adoquine os de hierro... qué se yo! Todo sobre la tro- pa... ;"'Se acabo' Y a la una, a las dos: ;Fuego!. Magdalena, Roule Don Roberto. y unos treinta huelguistas caen... confundidos... Pero los claros se Henan. Y los de- mas gritan... cantan, multiplican las pedradas... La tropa queda atur- dida... ;Fuego! Adelante!... Ah, les aseguro que costé hacerlos entrar en vereda... (Se quita el casquete y se seca el sudor). {Qué calor! Da- me tu cantimplora! (El otro eamillero se la da. Bebe vidamente), CURIOSO.—Entonces... don Roberto?, CAMILLERO 10.—Liquidado! CURIOSO.— s grave... grave... gy el patron, qué dice? CAMILLERO 1°.—No Io hemos visto... No es como pata estar *2 tisfeeh . CURIOSO.—z¥ el cadaver? GAMILLERO 1°.—Ha de estar junto a los otros... alld. (El Curio- so mira a los cuatro Camilleros que se alejan, Hevando sus camillas, Una 5 mujer, con dos chicos de la mano, viene tras Ia reja, por el fondo). ; ESCENA II k MARIANA RENAUD, el CURIOSO : MARIANA.—Mi hombre... lo busco, oo a pan 7 col amar, Garcia Vellona—t La mujer fuerte, C. 1 Fa Mal talon be Meiwrin etn Pagano ie. St Caudiiios V. Martines Guttia—it "Lee Previnelancs,” A. Nevién.—ih El reayer pr Ma" Onstia—is. Conservatories “La Armenia”, A. * 3 Discépoic Me Aetase, D. Miccaecn, trad. de J. F Mwoobar—th La nits a . Resdan-“ik. Ml secrete 0 lee otros, J. L. Pagano —it. El R Picken is. El Dipetaée per mi pusdie, D. Novea—19. La sobre rev kanta, ¥. Bdnches 20, E| campo alegre, J. de Maturan -(SUpl. : Mmbree deciog CDi Paoli2. La vida inutll, C. BM. Pacheco 22 El Masco Velose.—38. Blacenee de. plata, J. A. Saldinu—21. E1 Chu Ms."Un ley eculta, C. Martner Payv9.— Sta Ténica ‘we Tuege, 8. Linnig.— 28" El patio ae. lee, ainorea, “A. Pe parayent oy HLS Seto te. Mas na dein vida, 3 Campo, N. Granada. 3h Gain, Garcia. Vallovo 33. Ch Megaea atalien, J. Samenes Garded—36. J eso ie Pan ane I, Vo Peres Fetit--s1. Lacan de is Saldies.a8. EI aritiote, J el utime Cauailie; T. Livio Foppa.—4#. ‘Busnes. Airas Igleias Paa4l. Loe Colombint, Hmnot—is. La Previnclanita, C._ Sehae! : nied ’en terée ‘Rarmons, A. Mendes Caldsira=-45, La here CO Saasier Gallo at, El Principe Hare whicfew Gardeiccas, Bl idole roto, FH. Aguine 7 La Cita, C. Golece- Fa EE Conquistador de lo Imprevinte, D. Novoe y Ei abanice, fer Gaito.~ "30 a Se toe Inutliee y Sin mula, KL. Cayol-$1 PUGS RO dada Caidelra—si denis Nazarene, E. Garcla, Velloso. Xao SEGUNDO ca Mar CAndido Buenate 1 ieiny 9 F) inarte.—(Supl. 29) La Impertanela Jo ser hombre wert, Oncar Wide, tad. de A Rernén.— #4. Los z wa, F Bandkoe 4s. El sofier Corregidor, B. Roldan y May a ee TS tin duventud J. dee Vedin—J. Mola Pancha Ia Brava. y Cwidad 1 We ladrones!, A. Mevidu.—OK Jaque al Rey, Collaso ¢ Inseustl CSeldddo “con ia ‘mujeresl, 7. BX Uolinm.—4u. Le prucca aw tous, et eer aimee woe leben, Le Pamaia.—#1, inettture Interna M. Garcia Yelleos.—(Supl %) El Abanice ae Lady Windermors, ied ee Vo dole td. El Ho lego, J. Le Paceno.—C3. come He eter coe te Cese OF le cucrves, novea de Ui. Marines ate Ee eae tie TE Fey 46 Les “Contigies, Bb Kolaan.—tn, Mentenera.y Patit, Gslén, J. A. Baiflaa—€T. La Leyenda del Kecuy © Les Bs Tere" Schecter ello. (Supt 49) Una mujer sin Importanaia, Usear Wil: iad, da A hwmba. 8, La etesed Ingredul Re ae Ef Magn miancer, V, Bartimen Cultinie. 70. Salveder, Sita ded Fr Mewobat TE. El Gabe wcamio Ho eOetint ee ia RU Novel #e las Raines, B. Koldéa.—(sunt, b+) Fr Pewrater ie Chiarelli trod. de J.P. Mosobar 1G La Gaueha; Le eT Sbera, hi Novibn¥5. Cancion oe Primevers, 3. de Maturans te NA eeentat nd. Ml CassiaciT. Nirvana, J. Iaéa, Pagano. {3 Lee Mille Se eet eme AL Vereourt y 2. Beyer tread de F. J. folie. tv. Et @aucne Tee ee set dot uorets Co Bedecter Gallo. 98. La Ley dai Hombre, V1 Jegies oe eee Garitie ‘erie; De Roldan. ¢2 Perdiges on Is luz. Bien rete Suan Moreita, Mo Outisrren tt) La Cadena, BR. Garcia Mangccne Vo ered rotits 46. El eplidptice y lou Entenados, J Riutiee de aqusita neche, Ie Cayol. 7 La ficka Blanc es eyro ty Chlepas dein Hoguers, bey ci Comite, A, B. Vaearesea—oi. Amor, F So se eectet Pela Pet 98. Melgareje, F. Tarrnvicini 04. EI Bronce Wake sy ‘preveser Maller, wget “Sinton Vooa, L, Bayon He: Frere. (Supk. 6). La Gaviota, So Chesol, trad. de H.C. Frere eee ad ore, Re Le ee, Kowa, A. Diewépoto, i. Foico,—0t ML Gent ay. Et Vasco se “Olavarria, “A. Novién. Se Ee Gre vuger- atl: pucMom mea yanciavor EW Gaus, 5 a eee ee cme, 0. Schacter Gallo—108, Gente Bien, F. Mertens Li Derrumibe got Pals, A. Remon. ‘Ano Tercero 105 La viuda Influyente, Betisario Roldan.—106. La tla del campo Gore He tea de entrente, Arturo Lorusso, — 108. | Corrientes Gorontnrat— 107, k* @eldias 108, La mujer de ml hijo, Ricardo Hi Esmeralda: Jos¢ ae Edmundo Bianchi. =~ 111, Log maios pastores, Oct 120, Orgullo, 36, poprey Norge Bowton. —=, Supl, N.o 7. Percanta que me aru raste, de M. Romero y P. Contursi, 112. Gaile Giego, Paja Brava, Otto Miz raate ge Meer ot 8 Palabra de Cagamiento, Julio F. Bscobar 11h. bres falo a ta virtud, Ulises Favaro. = Supl. No 9. Un romance turco. PLR. nee: \ 8. Eichelbaum: 114qTi cuna fué un conventillo, A, Vaca-e7zay Ibero-Amerikanisches Institut PreuBischer Kulturbesitz intanda Viewer Ibero-Amerikanisches Institut intranda viewer PreuBischer Kulturbesitz

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