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Seix Barral Biblioteca Formentor - Claude Lanzmann La liebre de la Patagonia @ ‘CAPITULO XVIII Pprowrquot tre tuvo un extraiio destino, Un buen dia, el roda: te vio interrumpido bruscamente por una productors ingots ble, que consideraba que ya habia reunido bastante wnatenay como para montar el fm y se nego a comprar la pelicula suple, mentara que necesitaba. Mi operador jefe, Willam Lubtchansy, quien aumentsy afiné mi educacion cinematogrifica, ebs tan desesperado como yo. La misma productora volvi6 ala carga ene transcurso del montaj, después de una proyeccién de trabajo qué” habia entusiasmado a las personas invitadas, quienes justficaban sus aplausos mediante tna categoria de pensamiento nueva para mi: «Es una pelicula de autor, una pelicula de autor.» Al dia si: guiente por la mafiana, acompafiado de las dos montadoras, Francoise Beloux y Ziva Postec, legué leno de entusiasmo a lo ris recéndito de Neuilly, donde se hallaba el agobiante cuchite que nos servia de sela de montaje, pero me fue prohibida la entra- da, Me informaron de que la produccin no tenfa mas dinero yl montaje se habia detenido sine die. En resumidas cuentas, que tendria que apafidrmelas yo solo como pudiera: la producto ju- ¢gaba con ventaja, sabia que era mi primera pelicula y que estaba dispuesto a cualquier sacrificio para terminarla, No se equivoca- ba, encontré el dinero, se lo di, y la sala de montaje volvié a abrit- se, Con el fin de dedicarme por entero a Pourquoi Isat, le habla pedido un permiso sin sueldo a Pierre Lazareff, que me lo conce- di, Novato como era, loco de deseo por la pelicula y por Ange- lika, firmé el contrato que me pusieron delante sin discutir sus clausulas, la verdad es que habia firmado cualquier cosa. Me pagi- ron el minimo, yes0 que yo habia conseguido una parte del dine- roy gracias a ello, acabar la pelicula, En comparacién con mi an- terior Salario, el retroceso era considerable. Terminé Pourquoi f- rmél en la més absoluta pobreza, que empafiaba de ansiedad incertidumbre sobre mi futuro la enorme alegeta de haber realiza- dose film. ‘Como ya dije, fue seleccionado para el Festival de Nueva York de octubre de 1973, con la condicién impuesta por Richard Rowd, tor encargado de las selecciones, de que redujera su metra- jediez minutos, ni uno menos, Era su manera de demostratme y decjercer su omnipotencia. Con toda honestidad traté de hacerlo pero no consegut reducirlo, ni siquiera un mi sesperacién dela productora. Sin embargo, habia plegado a su voluntad, que habia hecho la reduccién, con- vencido de que no se daria cuenta de nada. Y - En Ise rat) ya slo el titulo espantaba 2 los distribuidores profesionales, que no velan ninguna rezén para plantear lo que no tenia que set ana pregunta —de hecho no hay signo de interrogacién en Pour- quoi Israél— y menos ain que fuera respondida. Su larga dura- ci6n Te supuso el tiro de gracia, Asi que organicé algunas proyec- clones privadas, fuera de los balbucientes circuitos comerciales y del pablico corriente de los cines israelfes. Mis espectadores eran intelectuales, escritores, artistas, periodistas, politicos, directores sgenerales de los ministerios, y todos acogieron muy favorable- mente la pelicula, Estar al fondo de la sala, comprobar el atento silencio, recibir las rsas que se producian en el momento justo en que yo las esperaba, o sentir la inquietud que se aduefiaba de los oficiales en algunas escenas —porque Pourquoi [srl no es en abso- Tuto una pelicula de propaganda, su aprobacién después de que tuna dura secuencia fuera, por asi decir, ecorregida» por otra que le aba mayor complejidad y testimoniaba la empatia que inunda toda la pelicula, todo eso era para mi una experiencia nueva y exaltante, Una exclamacin de Gershom Sholem, que se levant6 se volvi6 hacia el publico tras las tres horas y veinte de proyec- ci6n, diciendo: «jNunca se ha visto nada iguall, fue para mi como ‘una suprema recompensa y una culminacién de alegria. Lo mis- ‘no se dijo de manera mas matizada en un largo articulo del pe- "iédico Maariv salido de la pluma de su critico de cine, Moshe Nathan, atropellado unos meses més tarde por un autobus en una Wenida de Tel Aviv. SEE Laaventura de Shoah empieza aqu: mi amigo Alout Ha angen Seep Aodhan econvocs un diay me hablé con una gravedad pn solemnidad como munca le habia visto. Dspues de flctarme propésito de Pourquoi Iadl, me vino a decir en sistance et gulente: «No hay ninguna pelicula sob la Shoah, unasceees abarque el aconteimiento en su totldady su magni, ni oe sola que la cuente desde nuestro punto de Vista el punto de vgn de los judios, No se trata de realizar una pelicula sobre a Shes sino una pelicula que seala Shoab, Penssmos que slo tiers paz de hacerla, Pignstel. Sabernos todas las dfcultades con kg ue te has encontrado pare levara cabo Pouruoi fal Siac, taste ayudaremos todo lo que podamos.» La idea de hacer Sha, Por tanto, no fue mia, no pensaba lo més minimo en algo ah, Aunque la Shoah estéen el centro de Pourquoi Isat, nine m habia planteado acometer de Ileno un tema se Alouf estupefacto y tembloroso —aquela conversa tener gar acomienzos del ao 1973— y regest a Paris sin saber qué decisén tomar, sopesando la inmensidad del taea, ui, posibilidades, que me parecian innumerabl capaz de llevara buen término este incre algo muy fuerte y a ‘en mi me empujaba a jendo a mi viejo trabajo de periodista ese perfodo de mi vida ya habia pasado. Pero decir que si signifcaba renunciar a todas las prudencias y seguridades, embarcarme en una empresa de la que desconocia su final y el tiempo que iba a ‘escoger lo desconocido, tal vez hasta el peli- ie de una terrible cara norte inexplorada, euya cima no era visible desde abajo sino tenebrosa por sus nubes opa- cas, Anduve por Paris toda una noche, una noche de fuego; lec{ mi resoluci6n diciéndome a m{ mismo que lo que me habian oftecido era una oportunidad tinica, que exigia como contrapar- tida el mayor coraje, que seria indigno y cobarde no cogerla. Por otra parte, me interrogaba preguntindome qué sabia yo de la Shoah, Nada en realidad, mi saber era nul, no alcanzaba més que al resultado, una cifra abstracta: seis millones de los nuestros ha- bian sido asesinados. Pero como la mayoria de los judios de mi generacién, creia poseer un conocimiento innato, levarlo en la sangre, lo que me libraba del esfuerzo de aprenderlo, de tener que 0 g ——_____________ cafrentarme sin escapatoria a la mis espantosa realided. Yo habia so strictamente contempordneo de la Shoah, habria podido ser aa victima més, pero habfa relegado a otro tiempo el horror que ie inspiraba cada vez que me atrevia a pensar en esa posibilidad, asia otto mundo situado a distancias siderales, fuera dea dura {jon humana, en un illo tempore casi legendario. Una cosa asi no tubia podido pasar en mi gohoy en clato, y me duele hacerlo, los pensamientos mas bien confusos que luchaban dentro de mi durante aquella noche pas- caiana. Por la mafiana, al limite de mis fuerzas, antes de caer en un tranguilo y negro steno, telefoneé @ Alouf Hareven para decir- leque aceptabe. Necesitaba tiempo para delimitar el tema. Mientras esperaba a Festival de Nueva York y la proyeccién alli de Pourquoi Israel, pesé con Angelika todo el verano de 1973 en Jerusalén. Viviamos a Mishkenot Sha’ananim, une fundacién para intelectuales y ar- tists del mundo entero, frente a las murallas de la ciudad vi donde me habian asignado un apartamento. Repartia mi entre la lectura de Reitlinger y de Hilberg, tomando notas mente sin saber adénde me llevaria €30, los archivos y la bi de Yad Vashem, el Yad Vashem modesto, sencllo, emocionante que imostré en Pourquoi Israél —la mayor parte de sus miembros eran la gigantesca y americanizada ciu- ‘museistico, producto de compe- tencias orgullosas entre arquitectos de fama mundial, orquesta- cién multimedia de una emocién que nombra el lamemoria, Contraté como asistente a Iréne Steinfeldt, una joven estudiante, hija de una amiga de Angelika, que hablabe ala perfec- ci6n, ademés de hebreo, alemén, inglés y francés. Dernostré tener aun talento tinico para la interpretacién simulténea, que me fue muy itil durante el trabajo exploratorio de Shoah y en especial durante mis indagaciones alemanas. No sabia en absoluto adénde iba, daba estocadas al aire, sondeaba por todas las direcciones. En pequeito despacho que Yad Vashem habia puesto a mi disposi- cin, y a medida que avanzaba en la lectura de La destruccién de bos judios de Europe, de Hilberg, en su primera edicin norteame- rican, de una aridez sin concesiones —mnil paginas, en letra muy pequeia, 2 dos columnas por pagina, auténticos picados vertica- ‘ks que agotaban, de 1933 en adelante, mediante wna rigurosa di- an seccién estructural de la cronologi: cronclogia, cada una de ieee ceaaiciontame eee guetizacion, jecucion) con una multitud de tone toe portant de nota Borin au os enn lo nombres de as po jnistas nazis, yo elaboraba, haciendo y deshaciendo wee Deeg enc, mpeg a ésians sion imate ras asta dey deta gus ceyendo conocer todo abi ignorado ae ha. Las fuentes de Hilberg eran eencialmenteslmanee ges ya sabia, de hecho lo supe muy pronto, que no podis hcg, > patel sin gurls asses fguasenen a a jesconocia por completo como tendria a que proc getineie cnn ya gues mesa a Eee ove do qm azar ingens de an mis lara y mas poderosa para esa negativa no me st a edit ino gue hizo evident vend compen cee les montado pare imigenes archivo como gorge no ee ioe ieer en irae ees porguenocinb ss aetna edb ocndendnde ldo guia miso leeds pers ganda Komapanien, ls companias de propaga d Welimacht— flmados nel gues de Vaso pura ar scone cet al mundo, ya Alemania qué hermosa er lide rectores» de las PK a acer esa esas estas simuladas. Nadie nega que hubieraen los gutos so. bre todo al principio, una estructura de clase Shoah—, pero cabe la posibilidad de preguntarse ae Sic 2 pensar epetadorno avid de semen ingens esa por ules dado su vata de documentos Reeverdo tes las de locra en Londres, pasos en compania de un a con ¥ enérgico, que de verdad habia deteni tempo del get, lj de aul tempo y habla epizado odes ls fabiaciones del pio donde viva con fotografia en banen neo decile at ade baer eh acto Yarovia.Dseminadas por el seo sobre as mess sobre lors lores enc de as cams, pls en cas grandes opeads paredes, uno podia encontrar unas fotos que refiejaban una 42 “Gali arifcisn pero también otras fotos arocee Porat las fotografiaban todo, cadéveres por la calles tapados con pe- Udios cazretas con cuerpostiradas por hombres esqueléticos, “gues donde zumbaban enormes moscas negra, demoetan er rasinacign que la muerte y la desgracia jus eerian &) seats profesional con talento formados en las escuelas de yep Goebbels. En ess valiosaLeonera macabra see, cuida- Mpgo guard de un raundo enterrado, iba de sae pabitacion a otra, compro obstinado de la agonia ds os sipos més ain al acerarse, me To habia dicho, la hora Gs 8 propia desaparicion —padecia de un cess de cuerdas voca- vj era capa de sugerir cosas que yo no podia ni imagines ¢ tercat tao cual copia de una misma serie de aguellas fotografias aque siempre estaba revelando sin paras porgue min ése era viva de elo, y los innumerables documentales sobre los gortos que realizaban en el mundo entero tenfan come Pare apa sus imagenes, con distintos comentarios cada vex Me fabian hablado de Kissel en Jerusalém ys sin saber por dénde em: paar, deci ira verlo: «Es muy importante para ts peliculan,me ebtan dicho, Nose equvocaron los tres des que pasé a su lado ae guraron para siempre de las imagenes de archivo, En cambio, fa quese trataba de una pelicula y me encontraba as bisa We personajes: me planteé que Kissel bien podria ser uno de eos que ély todo su firago podtian dar pie a una escens inaugural. ‘No-era una buena idea, Su muerte me libr6 de tener que const2- tarlo. ‘De lectura en lectura, de mes en mes, mi pelicula, sise puede decir asi, se construla negativamente, mediante tants Y error. FI desencadenamiento de la guerra de Yom Kipur el 6 de octubre de 1973, la proyeccion ese mismo dla de Pourquoi saél en Nueva ‘York, y sa salida en Parise 11 de octubre interrumpieron mi ‘fa> bajo por una temporada bastante larga. Los israel comprender que lo que habia estado a punto de ser una catéstrofe pura la naci6n, acarceando un cambio de gobierno y la dimision at ane Primera Ministra tan inolvidable como Golda Meir, ne podia por menos que relegar a un segundo plano el interes Poe tre manifestado unos meses antes por un fil sobre la ShoaP. “Aquell significa que habia legado el dia en que tenia 007 tinuar yo solo y queen adelante nadie me iba a ahortar es éificul” suofi 3 tades que hasta ahora hablanprocurado evitarme. Al da te dela proyeccién neoyorguina, Angelika habia cogida a Sa avi para Tel Aviv porque no soportaba estar en otto gar can do ral estaba en peligro. Me eun con la una semana depen de exteno frencés del pelicula, Los combate rosegulan are szadamente, cungue la tenaza mortal del inicio habia afjedsny resa.Enlas horas posterioces al alto el fuego, Sharon, grr cedor dea guerce, qu, 95a terrible Batala dela Granja habfa tenido la ides de lanzar hacia Egipto unas unidades bs das con el finde que, a pesar de un intenso bombarde,crunen, el canal de Suersobze barcazas mvilestenddas de uns ork ‘otra por los zapadoresisaelies,mellevé con élen su gion, amos en tuna pista improvisad en la ibera del canal ycrosaney uno de los puentes que hablan tomado los cartos pata lanaane sobre la ciudad de Suez y mae allen diteccin a El Caio, donde ala altura del kilémetro 101 los detuvo el armisticio solitade ‘oda prisa por Egipto. Genilidad de corte napolesnieo, iro com pleto dela situacin, con el Il ejército egipci totalmente ailady 4e su retaguardia yprisionero dels isaelies, que les imap ratirada ene Sinai, Uno de los teminos el alto el fuego fue qué Inrael permitiera el abastecimiento del Il ercito enemigo ha bia algo de cémico al observar el trasiegoincesante de pequetas éembarcaciones con oficiales ysoldados egipcios que veniane biren su propia orila del canal el agua y los viveres de manos is. relies, ala vee irénicasy faternales. A diferencia de lo que me habia ocurrido con el némero es pecial de Les Temps modernes aparecd el primer da dela guerra de os Ses Dias, lacoincidencia del desencadenamiento del de ‘Yorn Kipur con la proyeccin de Pourquoi Iatlen el Festival deNus, va York no le trajo suerte ala pelicula. Aunque euvo una etica ‘muy elogioss, era muy mal momento para su di Estados Unidos: Israel ocupaba el lugar central, dia y noche, en todas las cadenas de televisin. Algunos distribuidores esuban dispuestos sin embargo a asumir el riesgo de programarl,perola productora exigia un antcipo sobre la recaudacién que cons raban excesvo en este caso, y yo también, En Francia, en e ese a atravesar por idénticascircunstancias ya mi sali pe tada para Israel, la pelicula conocié un éxito de etic y publica uundnime, Adem, los aticulos de los cronistas de cine habituales cn diatios y revistas, como Claude Roy, Francois Furet, Pierre Nora o Philippe Labro, escribieron en la prensa textos magnificos. laverdad es que el film estaba listo desde primavera y su estreno f retras6 para su selecci6n en el Festival de Nueva York, que se «lebraba en octubre, Antes en Paris se habian hecho algunas pro- cciones privadas. Philippe Labro me llamé después de una de clas para decirme que habia dado mi niimero de telefono a Jean- Pierre Melville, entusiasta del film y que estaba desesperado por dar conmigo, Melville, cuyo apellido original era Grumbach, era judio, hecho que yo ignoraba; por otra parte yo no habia visto todas sus peliculas. Aquél fue el inicio de una amistad may fuerte muy breve porque la muerte se llevé a Jean-Pierre demasiado pido. Bl vivia en el distrito XIII, en un sorprendente y sombrio aseron convertido en hotel particular, donde habia instalado me- .asde montaje y una sala de cine privada ultramoderna para unos ‘espectadores. La primera vez me recibié sentado, amazacota- io, nmévil, con un Stetson sobre el crdneo pelado de su enorme abeza, la mitada inasequible por estar oculta tras unas gafas ne- ‘en una habitacién apenas iluminada, Hablaba poco, salvo de lapelicula dela que me dijo maravillesy dela que su fe sus enmascaramientos. Estoy seguro de que Pourquoi Israél lo Iberaba y de que se iluminaba cuando hablabamos de Jerusalén, En cada una de mis visitas se producia el mismo ritual: primero, 4idlogos fraternales cortados por largos silencios en su sombrio éespacho —tampoco se habla mucho en sus peliculas—, luego, descenso ceremonioso al sétano donde habia un amplio garae, estuche para un rutilante y sobrio Rolls-Royce Silver Shadow, joya carisima que me impresionaba en grado sumo. Melville se ponia éentonces al volante, sin quitarse nunca sus gafas negras, ni siquie- 12 de noche, subiamos la pendiente del garaje y legabamos a la autopista del Sur por la Porte d'talie. Recorriamos unos veinte ¥ilometros en el admirable silencio amortiguado del Rolls, sin intercamabiar ni una palabra, y luego volviamos a la casa. Me invi- aba a cenar en una brasserie de los Gobelinos, donde era conoci- doy reverenciado; ¢s el primer hombre al que he visto pagar con 1, Tipico sombrero vaquero tejano, una tarjeta de crédito, American Express creo que era, lo que me impresionaba casi tanto como el Silver Shadow. El apogeo de la lad empezaba después de la cena, en su sala de cine, donde sdbamos siempre solos. He visto junto a él varias veces todas. as, en ocasiones dos por noche —<él dormia muy poco—y ‘quiso ast y para m{ fue un placer aprobé, rogindome que lo tuviera al tanto. Su brusca muerte impidi6, Me dijeron que estaba précticamente arruinado, que e Silver Shadow habia sido comprado en leasing... ‘Acabada la guerra del Yorn Kipur, y antes de volver a mi bajo, quse intentar por mi mismo un estreno de Pourquoi lai! en los Estados Unidos. Arthur Krim, el presidente de United Ar ‘organiz6 una proyecciOn en tna sala privada de su suntuosa propiedad, a orillas de Long Island Sound. Krim queria la pel Ja, pero la productora seguia teniendo los dientes demasiad gos. Se hizo una segunda proyeccidn en otra residencia princi cade Long Island, a casa de un tycoon neoyorguino, Larry Tise propietario del célebre rascacielos 666, el Tischmann Building en la Quinta Avenida. Larry era un pelirrojo alto, de pie! muy blan se les veia a él y 2 su mujer en muchas fotos enmarcadas cchando la mano de presidentes, ministros, americanos 0 is demostrando que eran serios donantes y fervientes sionistas. Un matrimonio amigo se habia unido a ellos, se sirvi6 un piscolabis notablemente frugal y sin alcohol, y entramos en la sala Jo sofis y los sillones eran tan blandos y hondos que uno desapa- recia en ellos en cuanto se sentaba, habia que inclinarse mucho hacia delante y contonearse para llegar a ver el rostro del vecino. La proyeccién empez6 con los cantos spartakistas de Gert Gi nach y enseguida supe, mientras me esforzaba por desaparectr mis aiin en mi sof’, que aquel no era el lugar ni aquellas las sonas para mi pelicula y que me esperaba un rato de suplicio. El primer ronquido, sonoro de tan esponténeo, hizo su aparicién a los diez minutos, me di la vuelta y vi a Larry sobar con la boca abierta, seguido al poco rato por su esposa. El matrimonio amigo ni roncaba ni dormia, sus ojos estaban vividos y brillantes cuando Ja sala se encendié de nuevo tres horas después, me dirigion 1. Arrendamiento financier. 6 sonrisas de conveniencia puntuadas por alzamientos de hombros al mirar al sefior y a la seora Tisch. Larry debié de sentir algin remordimiento porque me dio cita tres dias més tarde en su des- pacho del sexagésimo sexto piso del 666, desde donde la vista pa- sordmica de 360 grados cortaba el aliento, Pero a él le importaba un pito el espectéculo, él miraba otra cosa y yolo estuve observan- do durante cuarenta y cinco minutos sin que fuera consciente de i presencia de tan absorto que se encontraba ante decenas de pantallas de ordenador y televisores en los que aparecian las coti- raciones de bolse de todo el mundo y ante el ruido de méquinas sonoras,teléfonos y demés aparatos demasiado modernas como ara que yo supiera el nombre, por los que vociferaba sin parar drdenes de compra o de venta, Aquellos momentos me compen- saron, le perdoné en lo mis profundo de mi corazén, era todo un genio. Por fin me vio, me sonrié, volvié a agradecerme yfelicitar- ime por mi pelicula como sila hubiera visto hasta el final. Delante de mi telefone6 a tno de sus colaboradores, recomendéndome a fj6 sitio y hora para un proximo encuentro entre nosoteos. Porque Larry —cosa que yo ignoraba— posefa por todo el pais varias cadenas de cines, Para mi estupefaccién, me acababa de dar cuenta de que estaba dispuesto a distribuie Pourquoi Isrél. Pero tira vez se repitié la misma historia con la productora. Fue el col- no, tiré la toalla; decid volver a Europa y meterme nuevamente endl trabajo. [ Hiabia visto Nuie et Browillard, lefdo a Primo Levi, a Antelme, aRousset, més de cien libros y monografias, me pasé horas con supervivientes, algunos conocidos mios, otros sobre los que me labian dicho: «Es imprescindible que los oigas», con todos me po- en una postura de atenta escucha y les hacfa hablar antes de reguntarles nada, Supe més adelante que se requiere mucha des- ‘reza para ser capaz de interrogar, yentonces yo no tenia suficien- ‘8 Todos los relatos y testimonios que recogia, incluso los més dssgarradores, se detentan en torno a algo central que me hacta (aio aprehender, Los comienzos —el arresto, las redadas, las, trampas, el «transporte», la promiscuidad, la hedionder, la sed, el Tembre, el engaito, la violencia, la seleccién al legar al campo— ‘eparecian todos se entraba muy répidamente en la rutina atroz la vida concentracionaria. No se trataba de que mi pelicula de- ttendiera todo es0, pero echaba de menos lo esencial las cimaras 47 caba: los muertos no pueden hablar de los muertos. Pere eoeee fue una iluminacién de una fuerza tal que supe Toned cotando esa evidencia se impuso ante mi, que ira hasta al eg que nada me ara aanner Mi pall eb sores ra timo desafo: suplir ls imagenes inexistentes dela mueitéayig, céenaras de gas. Habta que reconstrurlotodot no hay niurseae fotografia del campo de exterminio de Belzec donde 800.000;j ios perecieron asfixiados, ni una sola de Sobibor (250.050 mos, tos), ni una sola de Chelmno (400.000 victimas de fo de gas). De Treblinka (600.000) se conserva tinicamente la ‘imagen Jejana de una excavadora. El caso de Auschwi inmensa fabri. aya le ver campo de concentracion y de exterminio, no e He, rente en lo fundamental: existen numerosas fotografas dc ‘sss de la muerte, tomadas en la rampa por las SS, b: ent deTos convoyes de judios de Hungria en espera del ‘una foto de las luchas atroces por conseguir leccién, pero tin un poco de aire y ‘espirar unos segundos mas que tuvieron lugar en las grandes cd ‘maras de gas de Birkenau, donde 3.000 personas, hombi res ynitios, eran asfixiados ala vez. Hiubo dos lecturas importantes para mf: la de las actas del proceso de Treblinka, que se llevé a cabo en Frincfort en 1960, donde descubri los testimonios de dos de los protegonista de mi pelicula, el §S Suchomel y Richard Glazar, judio checo que sobre- vivi6 a la revuelta del campo, y el del fiscal alemn del proceso, Alfred Spiess, quien més tarde acepté muy amablemente recibir. me y converts l mismo en uno de los personajes de Shoah; let también, durante ese periodo, En lo profundo de las tnieblas, de Gitta Sereny, periodistainglesa de origen hiingaro que, ademés dea Suchomel y @ Glazay, interrogo ampliamente en la cércel a Fran Stangl, el segundo comandante de Treblinka. El tema de Sereny ‘era por supuesto la muerte, pero en mi opinién su planteamiento 4quedaba en un plano puramente psicolégico, ya que ella preten- dia pensar sobre el mal, saber cémo unos padtes de familia pue- Gen teanquilamente asesinar en masa, tSpico de toda una posteri- me dad bist6rico-literaria. En mi caso, por el contrario, desde el prin, cipio de la investigacion, la estupefaccién fue tan enorme que yo | ne agarraba con todas mis fuerzas a no tratar de comprender. P sereny perpetré més tarde otro libro consagrado a Albert Speer el anquitecto supremo de fen plena guerra su ministro de ‘Armamento, uno de los acusados del proceso de Nuremberg, con- denado a veinte afios de prisién. Una vez liberado, publi rmemorias, que fueron un best-seller. Sereny cayé en el hechizo de ss encanto y el de toda su familia, spose ehijas, y, arrastrada por dd refinamiento propio de la psicologia como modo de indage- cién, redact6 un enorme libro a la mayor gloria de él. Para ella todo era comprensible, Demasiado comprensi un encuentro con Speer después de la publ ras; me recibi6 en su residencia seforial de Heidelberg, al lado del Schloss, sobre el altozano que domina el vale del Neckar. La con- versaci6n habia empezado alas tres de la tarde , pese a ls largos afios de reclusién que tendrian que haberlo liberado a favor de la verdad, me pareci6 increfblemente huuidizo y acartonado, més cuidadoso en sus poses y posturas que en responder honestamen- tea mis preguntas, Le habia interrogado sobre arquitectura, sobre |. el talento arquitectonico del Fahrer y sobre los monumentos de ‘una geometria glacial que él edificaba para el Reich milenario. Me acordé de la Exposicién universal de 1937 en Paris, donde los pa- bellones hitleriano y soviético estaban uno enfrentado al otro: era laprimera ver que vefa a mi matire después de que se marchara de casa, me ensefié la pareja marmérea formada por una gigenta y un gigante arios, que desafiaba a la pareja sovitica, tambin gi- ¢gantesca, con la mujer segando el espacio con su hoz y el hombre blandiendo un formidable martillo de acero. Speer no era el autor deaquella maravillaalemana, de la que le hablé, pero se fue a bus- | car unos cartones con dibujos y me vi obligado a mirar su pro- ducci6n; a cada momento me indicaba las cotas y las escalas de los proyectos acabados. Cayé la tarde mientras hablabamos, nos vol- vvimos a sentar cada uno en un amplio sill6n, No dio la luz ni es- ‘bo26 el menor gesto para hacerlo; proseguimos en la negrura ab- soluta, sin ofrecerme nada de beber ni de comer; a medianoche me fui, sin ninguna gana de volver a verlo. Se habfa creado un comité cientifico, presidido por Yehuda Bauer, profesor de historia judfa en la universidad hebraica de Je~ Oe rusalén, ante el que yo debia exponer las grandes lineas de mi ty bajo y rendir cuentas de su avance. Al cabo de unos meses, ene comité espacio sus euniones y yo terminé por discuti mis po, bblemas solo con Yehuda Bauer. Tuve claro desde ese momento ue en adelante los protagonistas judios de mi pelicula deberian ser, 5 bien los miembros de los Sonderkommandos, «comandos espe aleéysegin la terminologia nazi, que eran quienes se hllabanrgy a asfixiados en las cémaras de gas —en el ca Miller, -meses, superviviente de milagro a cinco liquidaciones del coman. do especial, o bien los hombres que, despues de pasar una larga temporada en los campos, habian acabado por ocupar en ellos les hacia particularmente aptos para describir con el més minimo detalle el funcionamiento de a ‘maquinaria de la muerte, Bauer comprendia de sobra lo que yo ‘queria hacer y me daba la razén, era de origen checo y conocia a fondo los sintomas previos y las diversas etapas de la Solucién Final en Checostovaquia: entre los judfos de Europa, sin duda a causa de la proximidad geogréfica de Auschwitz, los checos y los eslovacos fueron los primeros deportados. No es sorprendente ue de los protagonistas mas importantes de Shoah dos sean che- cos, como Glazar y Filip Maller, y uno eslovaco, como Rudolf Verba. Por mediacién de Yehuda Bauer supe de la existencia de los dos tltimos. Encontrarlos y convencerlos para que aparecieran en Ja pelicula, eso ya fue otta cosa, Pero todavia habia otra razén de Jo necesaria que era para mi su presencia: parte del hecho de que Jos tres eran personalidades excepcionales por su inteligencia, por haber sobrevivido milagrosamente, por su hero{smo y por su ca- pacidad de articular su experiencia, yo no podia hablarles mis ‘que en una lengua extranjera y ese extrafamiento, sinénimo él alejamiento del que he hablado més arriba, se me hacta parad6j- camente una condicin para poder aproximarme al horror. No me planteé la cuestién sobre qué habria hecho si hubiera existido un Filip Maller francés, ademas no habria podido plantedrmela porque no habria habido jamas dos Filip Muller, es irrepetible ese 420 eo yor de bronce y la reverberacin vibrante de su timbre, que conti- nia mucho tiempo después de que sus justas y dramaticas pala bras han sido pronunciadas, es irrepetible esa profundidad de pensamiento, esa clevade reflexion sobre la vida y la muerte, for jadas por tes aos de infierno, Conoct a casi todos los miembros del comando especial de ‘Auschwitz, oda vez.que me puse tras su pista en cuanto compren- dihasta qué punto eran esenciales para mi empresa, Pero ninguno | jgualé a Filip Maller, y no tardé en saber que no saldrian en la pelicula. Salvo Dov Paisikovich, carnicero en Hadera, una peque- fia ciudad israeli, Era el hombre més silencioso que jams he co- rocido. Un bloque de silencio. Originario de Transilvania, habia sido deportado a Bitkenau con su familia en el momento en que Jnexterminacién de los judios de Hungria estaba en su apogeo, en de 1944, donde los hornos no bastaban para reducir a ceni- as los miles de cadaveres que las camaras de gas producian dia- riamente y habian cavado unas fosasa toda prisa para quemar en alls a quienes no podian ubicar en las gargantas incandescentes, dz los crematorios IV y V. Golpeado, molido a palos al bajar del | ten, separado de fos suyos, Dox, que no habia cumplido ain los dieciocho afos, fue conducido a la carrera hasta una de ls fosas taj los porrazos y las mordeduras de los per: junto con ‘otros, tuvo que rociar de gasolina los cuerpos, aplastar con trozos de madera 0 de ladrillo los huesos més grandes que no habfan ardido y recoger en unos cubos la grasa judia que se habia fundi- do, Desempens esta espantosa tarea como pudo y sobrevivid a ‘Auschwitz gracias a una mezcla de suerte y de extraordinatio va- lor. No era comparable a Filip Male, pero me caia bien ylo visité varias veces en su carniceria, convencido de que su juventud y su absoluto mutismo tenian su lugar destacado en la tragedia que el film deberta de encarnar. El silencio también es una auténtica mo- dalidad del lenguaje. Lo nico que yo habla conseguido Saber por saboca era que a. de Cesarea, lanzando al atardecer unos es fas de pe una infinita paciencia la matraca del carreteindicindole que una presa habla mordido el anzuelo, Como a mé también me gusta la pesca, la espera, la inminencia, me dije: «No se hable ms, pesca- emos juntos y yo contaré su historia con voz en off» Dov acepts an 7 ‘i proposici6n, pero desgraciadamente muri6 de un ataque cae. diaco antes de que yo pudiera rodar. Lo lamenté muchisime. Y me ‘caus6 una gran pena, Como Shoah es una pelicula indomefiabe, a la cual se puede ‘cceder por mil caminos, no tiene mucho sentido tratar de relat de modo ordenado cémo se fue edificando dia tras dia, ao tras so partir del momento en que me convenci de que no habs imagenes de archivo ni historias individuales, de que los vivos ce- .» {QUE significaba, por ejemplo, esperar desnuudo, a més de veinte grados bajo cero, su turno de entrada para morir en una de las cAmaras de gas de Treblinka o de Sobibor? Me planteaba una y otra vez.cuestiones asi, me taladraban, pero no pens ni por asomo en ir a los mismos lugares del exterminio, por mucho que Ja l6gica pidiese que lo hiciera, que empezara por abt. No queria por nada del mundo ira Polonia, un rechazo profundo me prohi- bia emprender ese viaje, Pensaba que no habris por alli nada que ver, nada que aprender, que Polonia era un no-lugar y que si el Holocausto —ésa era entonces la expresioa— existia en alguna patte, era en las conciencias yen las memorias, las de los supervi- vientes'y las de los asesinos, y que por tanto se podia hablar de é] desde Jerusalén como desde Berlin, Paris, Nueva York, Australia o Sudameérica Dar con los miembros de los Sonderkommandos no era en si algo dificil. Eran poco numerosos y bastante conocidos, algunos habia sido testigos en el juicio de Bichmann, El problema no era saber cémo contactar con ellos, sino convencerlos para que habla- sen, sobre todo para hablar delante de una cmara y de un equipo cinematogréfico, Si aceptaban participar en la aventura, sélo lo podian hacer pagando por ello el precio més alto, no otto que volver a revivirio todo de nuevo. Eso supondria una tarea précti- ‘amente imposible, El juicio de Eichmann no podia ser de ningu- na ayuda. Después de leer las actas, me convenci de que fue un proceso de ignorantes: los historiadores habian trabajado dema- siado poco todavia, el presidente y los jueces estaban mal infor- ‘mados, el fiscal Hausner pensaba que las soflamas morales y pom- posas suplantarian su falta de conocimiento —confundia Chelm con Chelmno, entre otros cien errores més—, los testigos entre ligrimas hacfan una especie de desfile de pasarela que no permita ninguna recreacién delo que hablan vivido y la escandalosa direc. ‘in del proceso hacia recaer injustamente una gran parte de la responsabilidad y de la culpa en los Consejos Judios. Este fue e] origen de una violenta polémica entre Gershom Scholem y Han- nah Arendt, quien habia seguido el juicio yen st libro Eichmann en Jerusalén, mostraba una parcialidad, una ausencia de compa. sin, una arrogancia y una incomprension de la situacién tales que él se las reproch6 con razén, [Abraham Bomba, el peluquero de Treblinka y uno de os hé- roes de mi pelicula, no testficé en el juicio de Eichmann, Me ha- bian hablado de él en Yad Vashem, sabia que habfa sido miembro del Sonderkommando de Treblinka, que les habia cortado el pelo a las mujeres judias dentro de las mismas cdmaras de gas, que habia logrado con éxito una extraordinaria evasi6n y que, después de su regreso al gueto de Czestochowa, la ciudad polaca de donde cera originario y desde la que habia sido deportado, sus hermanos no le habian querido creer lo increible cuando se lo contaba,in- ‘luso le habian acusado de sembrar el pénico y hasta algunos, con tal de hacerlo callar, quisieron entregarlo a la policts. Evadido en la primavera de 1943, Bomba'no he ido otra eleccion que regresar al gueto de su ciudad natal porque, paradgjicamente, para él era el tnico refugio posible, ya que no habria tenido nin- guna oportunidad de sobrevivir solo entre polacos. Conviene ber también que los alemanes no vaciaban nunca un gueto de una sola vez. La liquidacién del gueto de Czestochowa duré varios ‘meses y Bomba escap6 de milagro a otro «transporte» para Tre- blinks. Un hombre como él era capital para mi. Sélo sabia que vvivia en Nueva York, donde ejercia su oficio de peluquero, pero nadie conocia su direccién. En una ocasi6n ya habia tratado de dar con él, durante una breve estancia alli, cuando, a peticién mia, asisti tan sélo como oyente a un coloquio de historiadores espe- cializados en el Holocausto. No encontré mencién alguna de st nombre por ningin sitio, en ningtin listin telef6nico privado 0 profesional de los boroughs’ de Manhattan, Aquel coloquio internacional debio de tener lugar a comien- 1. Forma de administracion municipal de os cinco condados que integran la ciudad de Nueva York 42g 7 20s de 1975 y fue entonces cuando conoci a Raul Hilberg, Desta- caba sobre sus colegas por la sequedad de su voz su total ausencia de énfasis y de pathos, su ironia en ocasiones mordaz. Recomen- dado por Yehuda Bauer, una tarde tuve un encuentro a solas con {ile hablé de su libro, que yo habia leido y asimilado por entero, y de mi proyecto cinematogréfico; le pregunté si aceptaria ser uno de mis personajes. Volvi a verlo varias veces mas en su casa, en la universidad de Burlington, en Vermont, y nos volvimos muy cer- ‘anos. Finalmente acept6. Me llam6 la atenci6n la alegria de los que intervenian en aquel cologuio, muchos de ellos ampliamente reconocidos en sus respectivos campos de investigacién. El sim- posio derrochaba vitalidad, todos se felicitaban, habia risas,y eso me parecia muy contradictorio con el tema que los ocupaba. Es~ taba yo tan poseido y atormentado por la muerte que no com- prendia muy bien la despreocupacion manifiesta del punto de académico, Hablé de ello un dia con Yehuda Bat aconsejé distraerme: No se puede pensar en ello las veinticuatro horas del dia, uno se volveria loco.» Tal vez fuera precisamente eso Joque me ocurria, no dejaba de pensar y pensar, llegando cada vez és lejos, hasta el punto de que me imaginaba que todo el mundo estaba muerto, tanto las victimas como los asesinos, Cuando des- caibria a uno vivo, mi sorpresa era absoluta, experimentaba lo mismo que en una exhumacién de orden arqueolégico, el hallaz- go se me aparecia simulténeamente como un signo y como un vestigio dela inmensidad de la catéstrofe. Finalmente conseguf hacerme con una direccién muy anti- gua de Abraham Bomba en un barrio del Bronx. Aprovechando ‘uno de mis viajes a Nueva York, después de haber examinado en ‘vano una vez mds todos los listines telefOnicos, decidt ir directa- mente al lugar. Se trataba de un edificio ruinoso, sin ascensor, con. las paredes ennegrecidas por el hollin de un incendio reciente, ‘como muchos otros del vecindario. Por lo visto, los propietarios, que vivian en zonas mis elegantes y rezongaban ante cualquier obra de reparacion indispensable, eran los verdaderos autores de los incendios, lo que les permitia beneficiarse de las primas del seguro. Puede que Bomba hubiera vivido allt, pero en tiempos ‘muy lejanos; al no hallar en ningiin buz6n el nombre que busca- ba,tuve que ir subiendo piso por piso hasta llegar al timo y la ‘mar a todas las puertas; los inquilinos que encontré eran todos de ps origen hispano, esencialmente puertorriquettos. Desconc L resistiéndome a la idea de haber perdido para siempre a Tae tan vital para la pelicula, eché a caminar, a vagar durante h ; dando vueltas por aqui ey que me dera muche prisa no consepils alcanzarlo antes de que seer quedarme ali iso ya encantadora muchsche as entrarcon ell. La inmediata y extrema simpatie 45° pnt hacia Bomiba en cuanto [0 vi foe proporcional als irritacién frumeroy le exasperacion después aie inspiré le actitud de arses: ela seguramente que lo aris con Busha intenci6n, pero we le dejé hablar ni una palabra. Se fadelantaba a todas sus res- | puesta, haciendo que la conversion resultase imposible. Muy peta, tomé a Abraham pore brazo y ed «Salgamos unos creates, necesito caminar Yaen Ja calle le expliqué que lo bus- sae geede hacis varios alos le expuse en grandes ineas ls peli- xpos muy temprano por la mafiana,cruanice 1 Hudson River fps orillas de muevo mundo por el Puente de Tarrytown y subi ys ald de upstate New Yorkendsession a Alb=0Y Nolleva- ps conmigo nada con que grabar, ni cémara nt magnet6fono, alo mesmo algo para tomar notas, Mis manos taba desnudas, tenia te invuicién de que 4 lo quercia asi, Me pasé con ‘Bomba toda la fande del sdbado, una parte dela noche y el doming? entero; Yara hora avanzada cuando lo volsi a dejar en so ott de Pelham Parkway. Fueron dos das craciales no s6lo por lo ‘mucho que me nse, que yo ignoraba, que todos ignorsban ¥ aie Jo convertia salen un testgo excepciona, sino sobre todo poraus horas aa arom la clave de lo que tena que set mi posture fenté & los. protagonistas judios de mi pelicula, En se 4spe® smal inglés, Deluguero Borba era un orador magni ycr#0 me hablo, Morante aquellas cuarenta y ocho horas, como si 90 hhubjera ha- ‘ado jis delante de nadie, como silo hier pos PUES vet Jamée hasta entonces ningin otro habia escuchado 6 testimonio sare eternal ymeticulosaatenci6n como YO: e809 obligabs sea tea etalle con gue yo le pedia que excavase e® 84 MINOT? ellos tistes parajes,exarinando cada i ee eee arene Serer sxe un inmprobabe tenderete de remend6n. Via través del ‘ucia tecaparate aun hombre que clavteaba una selacon un mare Yn a dud ni por un ntant: nto po el nig oso gu {Gere como por los rasgos desu cara, aquel emendén o Src tora que ser sudo, Me equivoco pocss veces aria sido un gran Sauadar de caras. No sélo era judo, sino que ademas era wade pol comm pronuncad eno yds un oe perio, sganvade de Sin y de la Europa oriental en quel mundo hpano como no,eraademés deportado €l mismo, Porsupues te ubta conocido ¢ Bomba, pero me dijo que se habia mudada reeda veinte ahos 2 otra parte del Bronx, tna zona de pequeta argues y poblada sayortariamente por judios, Peltam Parkway, Me preciité hacia all, empecé a examinar con pals telephone diresoie de Pelham Parkway, pero Bombs no aparecld vas, Como era peluquero, pense yo, puede que tal vz tuvira eres le preguntaba a otros colgas. As qe ful de un aides. Song salona otro, sin evita as barber shops para hombres que fi osortando en casino, eur cwano tetaba miso mers Since intertogatorios, en un salon para mores no sé como e; Soa ole, pero una cleatasaé de golpe, como na torts St a esa erizada de trabuzones y de horquillas dl secador con el Ge se estaba haciendo lo que creo que se lama una perma ee y exam ry altos ow hr Lov where he ives it tot foro No era lejos en efecto, Bomba vvia en una expeie de hele adosado parecido otros miles. Puls el imbre. No hubo respuesta, Decdi quedarme a esperar, Ya cala la noche cuando qTego una adolescente, me acerqué a ella le pregunté si Borba tik lla me respondis: «Es mi padre, zqué desea usted de ‘ity Cuando pronunciéla palabra pelicula 10 ojos dela chica em- pearon a dar vuelas: Hollywood.» murmur6 interrogate rere, Me cjo que sus padres volverian juntos, pero no antes @e Tre nevede a noche, Habriaentonces que esperar al menos ots dos horas, Bomba, me dij ela, era peluquero en los bajos de Grand Central Station, la gran estai6n de Nueva York, ero aun “7 a volver a sumergirse cada vez més profundamente en los indes. criptibles momentos que él habia pasado en el interior de la cd. mara de gas. Comprendi que para ser capaz de filmarlos a ly 4 otros como él, yo deberia saberlo todo de antemano acerca de ellos, o al menos saber lo més posible, porque nunca se llega 3 saberlo todo, Obtener una reviviscencia semejante requerta que yo puiera apoztarles mi ayuda en fodo momento, sin que aude signifique aqui ninguna especie de auxilio compasivo, sino més bien la posesién del conocimiento necesario para atrevermeainte- rrogar 0 interrumpir oa retomar el hilo, para plantear la cuestién adecuada en el instante preciso. En todo caso, entre Bomba y yo, cuando lo dejé, una de esas cuestiones estaba clara la cuestion de la confianza, él sabia que podia contar conmigo porque sabia con ‘quién hablaba, De regreso, en la carretera, le pregunte si aceptaria salir en mi pelicula, aunque no era capaz de decirle ain cudndo seria eso, si dentro de un afio, dos o tal vez tres, ya que los proble- ‘mas de dinero no estaban resueltos del todo. Acept6 con seriedad, ¥cteo yo que tambien con alegria, porque le constaba la necesidad absoluta de dar testimonio. Le dije también que volveria a poner- me en contacto con él en cuanto pudiera fijar una fecha, Lo pude hacer dos anos mas tarde; tedos dias sin obtener ninguna respues fueron devueltas. No podia retrasar el estaban ya concertadas con otros como Vrba o Karski Iegado a Nueva York, para saber a qué atenerme, decidi dejarme caer por Pelham Parkway. Cuando llamé al timbre, me abrié le puerta alguien que no era Bomba, no sé si seria el nuevo inquilino 0 el propietario. Le pregunté, pero aquel hombs cosa: que Bomba y su familia, a quienes no habi cer, habfan dejado los Estados Unidos para ir vian desde entonces. Se habia marchado sin dejar sefas, sin si- quiera avisarme como yo le habia dicho cuando le dejé los medios de dar conmigo si era nevesario, Pero no cabia duda de que le culpa era mia, habia dejado pasar demasiado tiempo sin darleno- ticias, él habia podido pensar perfectamente que la pelicula no se hharia. Legué a Israel en el otofio de 1979, con un programa de rodaje ali'ya preestablecido, pero mi preocupacién prioritaria fue ‘encontrar de nuevo a Bomba. Recurri alo més sencillo yevidente: todas las ciudades de Polonia tienen ali sus asociaciones de su- 8 pervivientes, Abraham era nativo de Czestochowa, santuario, como se sabe, de la famosa Virgen negra acariciada por tantos ‘ dirig{ ala asociacion de veteranos de esa ciudad, la recientemente. Cuando por fin lo encontré, me dijo que habia llegado a creer que lo de la pelicula cera un espejismo. Que lo hubiera buscado a través de medio mun- do, como hice, suponia para él una prueba complementaria de mi setiedad y de la importancia que yo le concedia. Vivia en Holon, enel extrarradio de Tal Aviv, donde volv'a vera su hijayasu mu- jen més tranquila. Pero temiendo que desapareciese una vex més «intuyendo ya las dificultades del rodaje con él, decid invertir mi plan de trabajo y empezar por Bomba sin més dilacién. Lo filmé frente al Mediterraneo, en la hermosa terraza de un piso de Yafo {que me habia prestado Théo Klein, y una vez més, Abraham, al escribir su deportacién de Czestochowa, los suftimientos infer- nales dela sed padecidos durante el viaje por su bebe y su primera esposa, ambos gaseados nada més llegar a Treblinka, desplegé su innato don para la oratoria, a capacidad para encarnar su relato {que tanto me habja impresionado y seducido en las montafas del Estado de Nueva York. La noche estaba a punto de caer brusca- ‘mente como suele ocurrir siempre en el Mediterrineo oriental y Dominique Chapuis, mi operador jefe, me dijo: «Hay que parar, no hay suficiente luz.» Pero me importaba tan poco la luz, cautiva- do como estaba por la elevacién y la magia de la palabra de aquel peluquero, que le contesté a Chapuis: «No, continda, que se vea ‘cémo see va difuminando el rostro, que siga hablando a oscuras.» Era una idiotez por mi parte, no se podria utilizar, y de hecho no se utiliz6, Lo menciono aqui para ilustrar hasta qué punto todos en el equipo estébamos fascinados por aquel hombre. Pero a medida que progresaba el rodaje, yo percibia que Bom- ba iba siendo dominado por un nerviosismo al que yo respondia con mi propia ansiedad. Sabfamos él y yo que lo mis dificil estaba por llegar, que pronto llegaria el momento de hablar del rapado de las mujeres judias en el interior dela cémara de gas, nota aguda del instante peor, raz6n esencial de nuestra comiin empresa. En varias ocasiones, al término de las jornadas precedentes, me habia llevado aparte para advertirme: «Esto va a set muy di podré hacerlo.» Yo queria ayudarlo, y de paso ayudarme a mi mis- ‘mos no tenia sentido continuar hasta hacerle hablar en aquella ery 7 @ ‘Yossilevska. Era una mujer alta, muy delgada, con un rostro in- © decir, de crefblemente doloroso, todo ella era daveres ensangrentados, abatidos junto a ella en Liepaja, en Leto- nia, y haba logrado salir dela fosa poco tiempo después de que la cubrieran de tierra. Por nada del mundo quiso contar su historia delante de la cAmara, no tenia fuerza para ello y no cedié ante mis siplicas. Una de las razones por las cuales, pese a mis reservas, he sido benévolo con Las Benévolas el libro de Jonathan Littell, es porque, al menos en toda su primera parte, pone en escena a los Einsatz- {gruppen con una exactitud que, gracias al trabajo que yo Tlevé cabo, puedo calibrar con precision. He encontrado en came y hhueso a muchos de los gue él habla ¥ que él no ha visto james, hemos hecho las mismas lecturas, principalmente a Hilberg, y en- ccuentro perfecta su recreacién novelesca de Babi Yar, por ejemplo, dela marcha de los judios de Kiev hacia los barrancos de la muer- te, si como los monélogos, imaginados por él, que adjudica a Paul Blobel, uno de los ahorcados del proceso, el Blobel que, al pasar un dia en coche cerca de una fosa donde la tierra todavia se removia por los gases exhalados por los cuerpos, declaraba con orgullo a su ‘acompatiante: «Hier sind meine Juden begrabers («Aqui estén en- jos pasgjes de Las Benévolas con- sagrados a los EG, dij: «Solamente dos personas son capaces de comprenderios en toda su extensién, Hilberg y yo.» Esto, evidente- ‘mente, no ha sido entendido, ha sido estipidamente achacado ano sé qué acceso de vanidad. Lo que importaba era el «en toda su ex- tensi6n»: los nombres de Streckenbach, los de Pretzsch 0 Duben, de quienes he hablado més arriba y que estan en el libro, no son, ni para Hilberg ni para mi, unos nombres inventados o reemplaza- bles, ni son nombres reales pero abstractos, son el eco de un in- ‘meno trabsjo objetivo que los funda y les da vida y WA A incimprensin. La imagen fotogrsic,l parecer, tha convert do en nuevo idol hacen falta imigenes, de todo y de todas partes, sélo ella es la medida, el atestado dela verdad. Estaba comiinmen- © te admitido que no existian imagenes de ‘hombres, ls mujeres y ios nfios judios en el trance de ser asfixiados. Algunos incrédulos pretendian, sin embargo, que 463 on el tiempo y un buen investigador acabaria ‘uz. zPor qué no? El hecho era que la gente moria a oscuras sasta el dia de hoy, sesenta y cinco aos después de jos ac tientos, no ha aparecido ninguna. Hace unos aiios, se organize y promovis con mucho bombo una exposicién de fotografias en el Hotel de Sully, en el corazén del Marais. Exposicion que ambicio- tnaba acapararlo todo, reunir todo lo que habian sido «los cam- os» y que se titulaba precisamente «Memoria de los campos, Exposicién que inclufa un grueso catilogo de imagenes y de tex- tos debidos a las plumas de un chistoriador de la fotografia», de un edirector del patrimonio fotogréfico», de un fotdgrafo, de un shistoriador del arte», y de un «historiador sin més. La exposi- sién propiamente dicha era un batiburrillo confuso que se pre- tendia exhaustivo —aunque cada fotografia ya se habia visto mil veces—, en el que mezclaban de modo desordenado las épocas del tnazismo, los verdugos y las vietimas, los cadéveres amontonados ¥'l0s vivos. Se podia ver, uno junto al otro, dos rostros hinchados a golpes, uno de un detenido golpeado por un $5, el otto de un verdugo con los ojos amoratados por un prisionero que hizo jus- ticia una vea liberado después de la apertura de un campo. Evi- dentemente, nada de los campos de exterminio de Polonia, Tre- blinka, Belzec, Sobibor o Chelmno: ninguna imagen de allt Aun- que sea aceptable que las intenciones de los creadores de la exposicién eran puras, habia en el origen de esta coleccién algo profundamente chocante, que producia malestar y ponia en evi- dencia todo el regocijo inconsciente que habia presidido cada de- cisién a la hora de distribuir las fotos por las salas. La rebelidn bbramé y explot6, tanto en mi como en muchos otros, cuando des- ccubri que el batiburrillo aquel servia para hacer engastar, como si fueran no», proyectores, n nacidn panordmica sobre los sujetos de las fotos, tentativa inmo- ral de deconstruccién con infulas pedag6gicas, cual espectaculo mudo de «luz y sonido» en Birkenau, con el tinico propésito de _grabarlo en el coraz6n del visitante al término de su recorrido. Las cuatro fotogratias también son de las conocidas desde hace tiem- po, no sélo par los especialistas, sino por muchos otros, porque han sido mostradas y re-mostradas una y otra vez. Las hicieron 464 unos miembros del Sonderkommando de Auschwitz-Birkenau y representan, en medio de la muy calurosa primavera de 1944, @ tunos judios con gorzos y en mangas de camisa quemando en el exterior del crematorio V los cadaveres de quienes acababan de ser gaseados, porque los hornos no daban abasto para reducir @ ‘cenizas a todas las victimas, de lo numerosas que eran. También ve, en otra fotografia, en el escuslido bosque de abedules de Bir- kenau, a unas mujeres desnudas esperando su turno pare entrar ena camara de gas. En este punto, las panorémicas de luz parecen pasirselo en grande. Esas fotografias fueron tomadas con gran riesgo por algunos hombres del comando especial. Yo he conoci- do avarios, como por ejemplo a David Szmulewski, que trabejaba como Dachdecker, es decir, techador, que en Birkenau era plazarse con relativa libertad. En el catélogo de la exposici6 rnovato extralicido que se ha encargado de comentar estas foto- sgrafias deja caer, sin la menor sombra de una prueba, que fueron tomadas desde el interior de la cAmara de gas del crematorio V. {sta afirmacién pretende pasar por el nuncio de un extraordina~ rio descubrimiento: jexisten imagenes de la muerte en las cAmaras de gas! Para acabar de una vez con la fantasmagoria de fotografias, tomadas desde el interior de la cimara de gas del crematorio V, verdadero motivo de la exposicién del Hotel de Sully, basta con remitise al relato radicalmente preciso de Filip Miller en Shoale™ quella cdmara de gas no daba hacia fuera, para acceder a ella ha- ‘bia que pasar obligatoriamente por el gran Auskleiderau (el ves- tuario), donde las victimas se desvestian antes de entrar en la cé- mara de la muerte, y que después de los gaseados era utilizado como morgue o depésito de cadaveres, en espera de su incinera- cién. Las fotos, por tanto, no pudieron ser tomadas més que desde ‘una puerta de ese vestuario, entreabierta hacia la explanada don- de estaban quemando los cuerpos. O bien, en el caso de a foto de Jas mujeres desnudas, con la cémara a a altura de la cadera, desde €ltejado de ese mismo edificio. Pero nuestro comentarista es un falsificador: si las cuatro fotos fueron tomadas desde el interior de la cimara de gas, es posible, burléndose de la verdad y equivocan- do a los lectores, por contighidad, deriva, confusion 0 desliza- * Shoah, leHvre, Gallimard, «Folion, p. 224. 465 SS niento del sentido, imaginar que existen fotografias de la muerte sn las cémaras de gas, lo que sugiere el titulo dado a su texto: dmagenes pese a todo.» [No basta con desear, como él, unas imagenes. Ya dije un ve2, lespués del estreno de la pelicula de Spielberg, La lista de Schind- er,y para elevar al absurdo la postura inclemente de Shoah, que si ‘a huubiera encontrado un hipotético film mudo de apenas unos ninutos, rodado en secreto por un SS, en el que se mostrase la ‘muerte de tres mil personas en una camara de gas, no s6lo no la aabria integrado en mi pelicula, sino que la habria destruido, Es- Andalo, ataques por todas partes: «Quiere destruir las pruebas!» dos que me estigmatizaban asi, sinsinuaban con ello, tal vez sin ‘aberlo, que acabarian siendo necesarias? No he realizado Shoah sara responder alos revisionistas 0 negacionistas: no hay que dis- stir con esa gente, nunca me he propuesto hacerlo. Un coro in- nnenso de voces en mi pelicula —judias, polaces, alemanas— tes- imonia, en una verdadera construcci6n de la memoria, lo que ha idoperperaion] 466 | Tas cuestion del situlo que le daria a la pelicula se pl inal de los doce afios de trabajo, en 1985, slo unas semanas antes ? del estreno que tuvo lugar en el wvenida ce Wagram, yal que as Frnt Mitesrand Dur ods euclor ate note sey posponiendo siempre para més tarde el momento de pensar se. ramente. cHoloceusto», por su connotacin sacrificial, era inacep- table, y dems ya habia sido uilizado. La verdad es que no habia nombre para lo que sdlo me atrevia a lamar entonees como «el acontecimiento». Para mis adentras y en secreto, yo lo llamaba wa Coss. Era una manera de nomibrar lo innombrable. ;Cémo era posible que hubiera un nombre para lo que careciaabsolutamente de precedente en la historia de a humanided? Si hubiera podido +o ponereningin nombre ami pelicula lo habria hecho, La pala- bra «Shoah» se me reveld una noche como una evidencia, porque, al no entender el hebreo, no comprendia del todo su sentido, lo aque seguasiendo una manera de no tener que nombra. Peto para uienes hablan hebreo, «Shoah es también inadecuada. El térmi- rho aparece en la Biblia varias veces. Significa acatdstrofen, «des- ‘rucciér», «eniquilamiento», puede referrse a un terremoto, @ un dlijuvio, a un huracén, Unos rabinos, al acabar la guerra, decrets- zon aitariamente que elo designase como sla Cosa. Para mi «Shosh» era un significante sin significado, una expresin breve, paca, un término impenetrable, que no podria fracasar. Cuando Georar Cravens, qu abi auido a ogni dl eteno de la pelfeula, legado el momento de imprimir los tarjetones invitacién me pregunt6 cual era el titulo, le respond: oo —Shoah, AY qué quiere decic? lo,nadie lo va a entender. Eso es precisamente lo que quiero, que nadie entienda, Me costs imponer «Shoah» sin saber que con ello estaba pro- cediendo a un acto radical de nominacién, porque enseguide a] titulo de la pelicula pas6 a ser, en numerosas lenguss y n0 solo ex hnebreo, el nombre mismo del acontecimiento en su absolute ssn Bularidad La pelicula fue de pronto un epénimo, en todas pores empezaron a decir «Shoah» para suplantara colocaustos, ange Rocidio», 0a «Solucién Finals; yo lo introduje, Los demas son todos nombres comunes. «Shoah» es ahora un nombre propio, Unico por tanto, y como tal intraduc i La proyeccién en el teatro de L’Emprre, que, con los debidos Gescansos, duré desde las trece horas hasta las dos y media dela ‘adrugida, me compens6 de todo. Ni un solo espectador, por muy de noche que fuese, dejé la atestada sala, como si todov de. ‘fean compartir y vivic juntos hasta el fina el terrible viaje que tes habia anunciado al comienco mediante unas pocas palabras 2 €poce» el gran rabino René-Samuel Sirat se levant6 como mo. {ide Por tun resort, me buseé y me espe: «Es espantosor,y se fue corriendo, Me acuerdo que su sombrero de ala anche arecta {riat hacia la sada. Me pregunté: «Volver para ver la segunda épocat» No volvi6 por alli ni lo vi ionales judeo-cris- tianas. Me di cuenta enseguida de que, para ovtos, me habia vuelto culpable de una transgresin mayor Esta Pelicula sin cadéveres, sin aventura individual, cuyo asunto tnice Sh siecucién dé un pueblo y no la supervivencia, ‘mente un escéndalo, La Shosh debe permanecer etemamente ea. Pre era invitado, Fui al primero, con el énimo tranquilo y puso,