Cuerpos sexuados.

Fausto Sterling
Pág 23.
INTERSEXUALIDAD
Desde el punto de vista de la práctica médica, el progreso en el tratamiento de la
intersexualidad implica mantener la normalidad. En consecuencia, debería haber sólo
dos categorías: macho y hembra. El conocimiento promovido por las disciplinas
médicas autoriza a los facultativos a mantener una mitología de lo normal a base de
modificar el cuerpo intersexual para embutirlo en una u otra clase. Sin embargo, el
progreso médico de una persona, puede ser la disciplina y el control de otra. Los
intersexuales como María Patiño tienen cuerpos disidentes, incluso heréticos. No
encajan de manera natural en una clasificación binaria, si no es con un calzador
quirúrgico. Ahora bien, ¿por qué debería preocuparnos que una «mujer» (con sus
mamas, su vagina, su útero, sus ovarios y su menstruación) tenga un «clítoris» lo
bastante grande para penetrar a otra mujer? ¿Por qué debería preocuparnos que haya
personas cuyo «equipamiento biológico natural» les permita mantener relaciones
sexuales «naturales» tanto con hombres como con mujeres? ¿Por qué deberíamos
amputar o esconder quirúrgicarnenre un clítoris «ofensivamente» grande? La
respuesta: para mantener la división de géneros, debemos controlar los cuerpos que se
salen de la norma. Puesto que los intersexuales encarnan literalmente ambos sexos, su
existencia debilita las convicciones sobre las diferencias sexuales.

https://www.youtube.com/watch?v=DTC9UnCgdOQ

Cuerpos sexuados. Fausto Sterling
Pág. 65
SÓLO DOS GÉNEROS
Un niño nace en un gran hospital metropolitano de Estados Unidos o en la Europa
occidental. El obstetra, tras advertir que los genitales del recién nacido no son ni
masculinos ni femeninos, o las dos cosas a la vez, consulta con un endocrinólogo
pediátrico (especialista en hormonas) y un cirujano. Se declara el estado de emergencia
médica. De acuerdo con los estándares de tratamiento vigentes, no hay tiempo que
perder en reflexiones sosegadas o consultas con los progenitores. No hay tiempo para
que los nuevos padres consulten a otros que hayan tenido hijos de sexo mixto antes que
ellos o hablen con intersexuales adultos. Antes de veinticuatro horas, el bebé debe
abandonar el hospital con un solo sexo, y los progenitores deben estar convencidos de
que la decisión ha sido la correcta.

SÓLO DOS GÉNEROS
La cirugía genital infantil es cirugía estética con un fin social: remodelar un cuerpo
sexualmente ambiguo conforme a nuestro sistema de dos sexos. Este imperativo social
es tan fuerte que los médicos lo asumen como un imperativo clínico, a pesar de la
categórica evidencia de que la cirugía genital temprana es inadecuada: requiere
múltiples operaciones, deja múltiples cicatrices y a menudo elimina la capacidad
orgásmica. En muchos de los casos reportados de cirugía clitorídea, el único criterio de
éxito es el estético, en vez de la función sexual ulterior.

AL INICIO LA INDETERMINACIÓN
En un estudio, la pscóloga Sandra Bem mostró a niños de 3, 4 Y 5 años forografías de
niños o niñas desnudos y luego de los mismos niños o niñas vestidos de tales. Los
niños de menos de tres años tenían dificultades para clasificar un cuerpo infantil
desnudo como masculino o femenino, pero eran capaces de clasificar los niños vestidos
valiéndose de Indicadores sociales como la indumentaria o el corte de pelo." Cerca del
40 por ciento de los niños de 3, 4 Y 5 años eran capaces de identificar el sexo de todas
las fotos una vez tenían conocimiento de los genitales. El resto aún no habla adquirido
la noción de constancia del sexo (esto es, se valían de indicadores genéricos como el
peinado o la vestimenta para decidir quién era niño y quién niña). Esto también
significaba que algunos de estos niños creían que podían pasarse al sexo opuesto con
sólo cambiar la vestimenta. Su propia identidad de género aún no estaba fijada.

Cuerpos sexuados. Fausto Sterling
Pág. 20
EL PODER DE LAS VERDADES CIENTÍFICAS SOBRE EL GÉNERO
Las verdades sobre la sexualidad humana creadas por los intelectuales, en general, y
los biólogos, en particular, forman parte de los debates políticos, sociales y morales
sobre nuestras culturas y economías. Al mismo tiempo, los ingredientes de nuestros
debates políticos, sociales y morales se incorporan, en un sentido muy literal, a nuestro
ser fisiológico. Mi intención es mostrar la dependencia mutua de estas afirmaciones, en
parte abordando temas como la manera en que los científicos (a través de su vida
diaria, experimentos y prácticas médicas) crean verdades sobre la sexualidad;
cómo nuestros cuerpos incorporan y confirman estas verdades; y cómo estas
verdades, esculpidas por el medio social en el que los biólogos ejercen su profesión,
remodelan a su vez nuestro entorno cultural.

Marco intelectual de las muñecas rusas para hablar del género y la sexualidad

Cuerpos sexuados. Fausto Sterling
Pág. 303
La adopción de la muñecas rusas como marco intelectual sugiere que la historia, la
cultura, las relaciones, la psique, el organismo y la célula son localizaciones apropiadas
a partir de las cuales estudiar la adquisición y los significados de la sexualidad y el
género. No podremos comprenderlas bien a menos que consideremos todos estos
componentes. Para llevar a cabo esta tarea, los estudiosos harían bien en trabajar en
grupos interdisciplinarios. Y aunque no es razonable, por ejemplo, pedir a los biólogos
que adquieran competencia en teoría feminista, ni a las pensadoras feministas que
adquieran competencia en biología celular, sí es razonable pedir a cada grupo de
estudiosos que entienda las limitaciones del conocimiento procedente de una sola
disciplina. Sólo equipos no jerárquicos, pluridisciplinarios, pueden fraguar un
conocimiento más completo (o, como dice Sandra Harding, «menos falso») de la
sexualidad humana.

Máscara como objeto simbólico
de deconstrucción identitaria.
MASCULINO Y FEMENINO
COMO MÁSCARAS.

LA FEMINEIDAD COMO
MÁSCARA. Joan Rivière
Las
mujeres
que
aspiran
a
la
masculinidad pueden
adoptar la máscara de
la femeneidad para
evitar la angustia y las
represalias que temen
de los hombres.

Si la identidad femenina es una mascarada
(frente a los hombres, sobre todo), la
masculinidad se refuerza con ésta, y por tanto,
dicha masculinidad también será una
mascarada. Entonces estamos hablando de un
esencialismo de los géneros que no existe, y
que se entiende de forma polarizada y en
coercitiva,
hombre/mujer,
masculino/femenino, activo/pasivo, y por tanto
uno no existe sin el otro que le refuerce.

La femeneidad, por lo tanto, podía ser asumida y utilizada como una máscara para ocultar
la posesión de la masculinidad, así como para evitar las temidas represalias que se
tomarían contra ella si esto se llegara a descubrir; al igual que un ladrón vacía sus
bolsillos y pide ser registrado para demostrar que no ha robado nada. El lector podrá tal
vez preguntarse ahora cómo defino la femeneidad o dónde trazo la línea que separa la
genuina femineidad de la “máscara”. Sin embargo, mi opinión es que no existe tal
distinción; ya sea de manera radical o superficial, son una misma cosa.
En la vida diaria se puede observar cómo la máscara de la femeneidad adopta formas
curiosas […] se siente como si estuviera “representando un papel”.

La tecnología del género
Teresa de Lauretis
Pág. 7
El primer límite de diferencia(s) sexual(es), entonces, es que constriñe al pensamiento
crítico feminista dentro del marco conceptual de una oposición sexual universal (la mujer
como la diferencia respecto del varón, ambos universalizados; o la mujer como diferencia
tout court, y por esto igualmente universalizada) que hace muy difícil, si no imposible,
articular las diferencias de las mujeres respecto de la Mujer, es decir, las diferencias entre
las mujeres o, quizás más exactamente, las diferencias dentro de las mujeres. Por ejemplo,
las diferencias entre las mujeres que usan velo, las mujeres que “visten la máscara” (en
palabras de Paul Laurence Dunbar, frecuentemente citado por las mujeres escritoras
norteamericanas negras), y las mujeres que “se enmascaran” (el término es de Joan
Riviere) no pueden entenderse como diferencias sexuales. Desde ese punto de vista, no
existirían diferencias en absoluto, y todas las mujeres no serían sino copias de diferentes
personificaciones de alguna arquetípica esencia de mujer, representaciones más o menos
sofisticadas de una femineidad metafísico- discursiva.

¿Masculino? ¿Femenino? Pues depende del caso… El neutro es el único género
que siempre me encaja

¿Bisexualidad o neutralidad?
La risa de la medusa. Hélène
Cixous
Págs. 44, 45.
Ella es bisexual:
Lo
aquí
apuntado
lleva
directamente a una reconsideración
de la bisexualidad. A revalorizar la
idea de la bisexualidad para
arrancarla a la etiquetación que
tradicionalmente se ha reservado,
que
la
conceptualiza
como
«neutra», en tanto que precisamente
aspira a evitar la castración. Así,
pues,
distinguiría
dos
bisexualidades,
dos
maneras
opuestas de pensar la posibilidad y
la práctica de la bisexualidad:

1) La bisexualidad como fantasía de un ser total que sustituye el miedo a la castración,
y oculta la diferencia sexual en la medida en que se experimenta como marca de una
separación mítica, indicio de una separación peligrosa y dolorosa. Es el
Hermafrodita, de Ovidio, menos bisexual que asexuado, compuesto no de dos
géneros, sino de dos mitades. Fantasía, pues, de unidad. Dos en uno, y ni siquiera
dos.
2) A esta bisexualidad fusional, eliminadora, que quiere conjurar la castración,
opongomla otra bisexualidad, aquella en la que cada sujeto no encerrado en el falso
teatro de la representación falocéntrica, instituye su universo erótico. Bisexualidad,
es decir, localización en sí, individualmente, de la presencia, diversamente
manifiesta e insistente según cada uno o una, de dos sexos, no-exclusión de la
diferencia ni de un sexo, y a partir de este «permiso» otorgado, multiplicación de
los efectos de inscripción del deseo en todas las partes de mi cuerpo y del otro
cuerpo”.

La tecnología del género
Teresa de Lauretis
Pág. 7

Tanto la sexualidad como el género no son propiedades de los cuerpos o algo
originalmente existente en los seres humanos, sino el conjunto de efectos producidos
en los cuerpos, los comportamientos y las relaciones sociales, en palabras de Foucault,
por el despliegue de una tecnología política compleja:

1) El género es (una) representación, lo que no quiere decir que no tenga implicaciones
concretas o reales, tanto sociales como subjetivas, para la vida material de los
individuos. Todo lo contrario.

2) La representación del género es su construcción, y en el sentido más simple se puede
afirmar que todo el arte y la cultura occidental es el cincelado de la historia.

3) La construcción del género continúa hoy tan diligentemente como en épocas
anteriores, por ejemplo, como en la era victoriana. Y continúa no sólo donde podría
suponerse -en los medios, en la escuela estatal o privada, en los campos de deportes, en
la familia, nuclear o extendida o de progenitura única para resumir, en lo que Louis
Althusser ha llamado los aparatos ideológicos del Estado. La construcción del género
continúa también, aunque menos obviamente, en la academia, en la comunidad
intelectual, en las prácticas artísticas de vanguardia y en las teorías radicales y hasta y
por cierto especialmente, en el feminismo

4) En consecuencia, paradójicamente, la construcción del género es también afectada
por su deconstrucción; es decir por cualquier discurso, feminista u otro, que pudiera
dejarla de lado como una tergiversación ideológica. Porque el género, como lo real,
es no sólo el efecto de la representación sino también su exceso, lo que permanece
fuera del discurso como trauma potencial que, si no se lo contiene, puede romper o
desestabilizar cualquier representación

Jacques Derrida.
La ley de género.
Pág. 2-3

A partir del momento que se escucha la palabra
género”, desde que aparece, desde que se le
intenta pensar, se dibuja un límite. Cuando se
asigna un límite, la norma y lo prohibido no se
hacen esperar: “Hay que, “no hay que”, dice el
“género”, la palabra “género”, la figura, la voz
o la ley del género. Y eso puede decirse del
género en todos los géneros, ya se trate de una
determinación genérica o general de lo que se
llama la “naturaleza”.

Restricciones y límites de género ¿qué han producido?

Si se comprende la restricción como restricción constitutiva, aún es posible formular la
siguiente pregunta crítica: ¿cómo tales restricciones producen, no sólo el terreno de los
cuerpos inteligibles, sino también un dominio de cuerpos impensables, abyectos,
invivibles?

Cuerpos que importan
Judith Buttler

ADOPCIÓN Y CONSTRUCCIÓN
El "sexo" no es pues sencillamente algo que uno tiene o una descripción estática de lo que
uno es: será una de las normas mediante las cuales ese "uno" puede llegar a ser viable, esa
norma que califica un cuerpo para toda la vida dentro de la esfera de la inteligibilidad cultural.
Lo esencial estriba entonces en que la construcción no es un acto único ni un proceso causal
iniciado por un sujeto y que culmina en una serie de efectos fijados. La construcción no sólo
se realiza en el tiempo, sino que es en sí misma un proceso temporal que opera a través de la
reiteración de normas: en el curso de esta reiteración el sexo se produce y a la vez se
desestabiliza." Como un efecto sedimentado de una práctica reiterativa o ritual, el sexo
adquiere su efecto naturalizado y, sin embargo, en virtud de esta misma reiteración se abren
brechas y fisuras que representan inestabilidades constitutivas de tales construcciones, como
aquello que escapa a la norma o que la rebasa, como aquello que no puede definirse ni fijarse
completamente mediante la labor repetitiva de esa norma. Esta inestabilidad es la posibilidad
desconstituyente del proceso mismo de repetición, la fuerza que deshace los efectos mismos
mediante los cuales se estabiliza el "sexo", la posibilidad de hacer entrar en una crisis
potencialmente productiva la consolidación de las normas del "sexo".

PERVERSIÓN,
NORMALIDAD,
ANOMALÍA.
¿QUÉ SE DEBE Y NO EN
LAS PRÁCTICAS SEXUALES?

http://www.yeswefuck.org/

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