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La segunda muerte: una crítica bíblico-teológica del mito pagano del infierno que sustituyó la verdad bíblica acerca del terrible destino de los malvados (A.H. Toledo, 2015)

La segunda muerte: una crítica bíblico-teológica del mito pagano del infierno que sustituyó la verdad bíblica acerca del terrible destino de los malvados (A.H. Toledo, 2015)

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Debido a su innegable compromiso teológico y denominacional, los traductores de la Biblia por años han generado una confusión entre los lectores no especializados al traducir dos términos griegos (GÉ.HEN.NA y HAI.DES) y uno hebreo (SHE’OL) por un mismo término latino: “infierno”. El término bíblico hebreo original SHE’OL fue sustituido indebidamente en nuestras traducciones bíblicas por un término de origen claramente pagano: IN.FÉR.NUS. Aún así, el Seol/infierno hace referencia al sepulcro o tumba, es decir al lugar donde vamos a parar todos, hayamos sido buenos o malos. Por su parte, los autores de las Sagradas Escrituras Cristianas (Nuevo Testamento) usaron el término griego HAI.DES para referirse al antiguo She’ol hebreo, y afirmaron que todos los que están en el Hades/Seol/infierno duermen en el sueño de la muerte pero que resucitarán: unos “para tener vida” y otros “para ser juzgados” (Juan 5:28). Una vez juzgados, los malvados que murieron sin arrepentirse de sus pecados son condenados a morir por segunda vez. Esta “Segunda Muerte” está expresada por el término griego GÉ.HEN.NA., y alude a un tipo de muerte que ahora implica una destrucción absoluta y definitiva del ser completo tanto de las personas angélicas como de las humanas, lo cual las imposibilita para resucitar. Nuestra investigación explica por qué, tras la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el apóstol Pedro pudo decir que Jesús “no fue dejado en el infierno [Hades/Seol]” (Hechos 2:27, 31, 32; Salmo 16:10), y por qué −hablando proféticamente de la futura resurrección pero en tiempo pasado− el libro de las Revelaciones de Juan dice que “el mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno devolvieron los suyos” (Apocalipsis 20:13-14). Al final de la historia como la conocemos, el “infierno” se vaciará, es decir, las tumbas vomitarán a sus muertos porque todos ellos ‘oirán la voz del Hijo del hombre, y saldrán de allí’. Enseguida, “la muerte y el infierno [Hades] fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14). El que la muerte y el Hades sean “arrojados” al Lago de Fuego significa que serán eliminados cuando la raza humana quede liberada de (1) el pecado, (2) la consecuencia del pecado: la muerte, y (3) la morada última de los muertos: el sepulcro/seol/hades/infierno.

Solicite gratuitamente esta monografía en formato pdf en : a.h.toledo@hotmail.com

Debido a su innegable compromiso teológico y denominacional, los traductores de la Biblia por años han generado una confusión entre los lectores no especializados al traducir dos términos griegos (GÉ.HEN.NA y HAI.DES) y uno hebreo (SHE’OL) por un mismo término latino: “infierno”. El término bíblico hebreo original SHE’OL fue sustituido indebidamente en nuestras traducciones bíblicas por un término de origen claramente pagano: IN.FÉR.NUS. Aún así, el Seol/infierno hace referencia al sepulcro o tumba, es decir al lugar donde vamos a parar todos, hayamos sido buenos o malos. Por su parte, los autores de las Sagradas Escrituras Cristianas (Nuevo Testamento) usaron el término griego HAI.DES para referirse al antiguo She’ol hebreo, y afirmaron que todos los que están en el Hades/Seol/infierno duermen en el sueño de la muerte pero que resucitarán: unos “para tener vida” y otros “para ser juzgados” (Juan 5:28). Una vez juzgados, los malvados que murieron sin arrepentirse de sus pecados son condenados a morir por segunda vez. Esta “Segunda Muerte” está expresada por el término griego GÉ.HEN.NA., y alude a un tipo de muerte que ahora implica una destrucción absoluta y definitiva del ser completo tanto de las personas angélicas como de las humanas, lo cual las imposibilita para resucitar. Nuestra investigación explica por qué, tras la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el apóstol Pedro pudo decir que Jesús “no fue dejado en el infierno [Hades/Seol]” (Hechos 2:27, 31, 32; Salmo 16:10), y por qué −hablando proféticamente de la futura resurrección pero en tiempo pasado− el libro de las Revelaciones de Juan dice que “el mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno devolvieron los suyos” (Apocalipsis 20:13-14). Al final de la historia como la conocemos, el “infierno” se vaciará, es decir, las tumbas vomitarán a sus muertos porque todos ellos ‘oirán la voz del Hijo del hombre, y saldrán de allí’. Enseguida, “la muerte y el infierno [Hades] fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14). El que la muerte y el Hades sean “arrojados” al Lago de Fuego significa que serán eliminados cuando la raza humana quede liberada de (1) el pecado, (2) la consecuencia del pecado: la muerte, y (3) la morada última de los muertos: el sepulcro/seol/hades/infierno.

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Armando H.

Toledo











UNA CRÍTICA BÍBLICO-TEOLÓGICA DEL MITO PAGANO
DEL INFIERNO QUE SUSTITUYÓ LA VERDAD BÍBLICA
ACERCA DEL TERRIBLE DESTINO DE LOS MALVADOS
La
Muerte
Segunda
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

2
UCLi PRESS, INTL.

















La presente obra digital es el resultado de cientos de horas de
investigación bíblica y teológica. Es una edición de autor y se
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Latina y el resto del mundo. El autor, que es un investigador
mexicano (n. 1965), no tiene compromisos denominacionales con
ninguna iglesia establecida, llámese católica, evangélica o de
cualquier otra denominación. La UCLi es un ministerio mundial
cristiano de investigación y docencia de carácter independiente.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

3
Cuernavaca, México
Armando H. Toledo











una crítica bíblico-teológica del mito pagano del infierno
que sustituyó la verdad bíblica acerca del terrible destino de
los malvados




Cuernavaca, México


La
Muerte
Segunda
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

4
CONTENIDO


Resumen……………………………………………… 7

I. Infiernos cristianos y no cristianos………...…….. 9

I.A. La oficialidad del infierno……………………... 9
I.B. Otros infiernos no cristianos…………………….... 12
I.C. La creencia en el infierno hoy…………………….. 13
I.D. Planteamiento del problema……………………….14

II. El infierno se enfría……………………………..…. 17

II.A. Nuevos enfoques sobre el infierno. …………..…. 17

III. Breve reseña histórica del infierno…………….... 19

III.A. La idea del infierno nace de
creencias paganas…………………………………….… 19
III.B. La doctrina del infierno se infiltró en
las sectas judías……………………………….……..…. 20
III.C. La doctrina se introdujo en
el cristianismo apócrifo…………………...……………. 20
III.D. Los primeros padres y
la naturaleza del infierno……………….………………. 21
III.E. El agónico infierno de la
Edad Media …………………………………….……. 22
III.F. El infierno durante el renacimiento
y la época clásica. …………………..…………………..22
III.G. El infierno en el siglo XX. ………………..…. 23

IV. Sobre la muerte y el morir…………………….... 25

IV.A. Muerte y conciencia……………………………... 25
IV.B. “Lázaro duerme”……………………………….... 25
IV.C. Morir es dormir………………………………….. 26



La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

5



V. Jesucristo, el infierno y el lago de fuego………….. 29

V.A. Pero Jesús sí dijo “infierno”………………….…. 29
V.B. El “infierno” de fuego………….………………. 30
V.C. Los “gusanos inmortales”………………………... 33
V.D. El “fuego que no se apaga”………………………. 34
V.E. El “castigo eterno”……………………………..…. 35

VI. Géhenna, hades, seol e infierno……...……...…. 37

VI.A. Diferencias o semejanzas entre
los términos en debate………………………………….. 37
VI.B. Confusión terminológica……………………….... 37
VI.C. Un compromiso teológico-denominacional…..…. 37
VI.D. Las Escrituras hacen distinción entre el Hades
(“infierno”) y el fuego………………………………….. 39
VI.E. “El mar devolvió sus muertos;
la muerte y el infierno devolvieron los suyos”….……... 40

VII. Reflexión final………………………………..…. 41

Otros temas y preguntas a considerar………………. 47

Bibliografía…………………………………..………... 49

Acerca del autor………………………………………. 51





La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

6
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

7

RESUMEN


Debido a su innegable compromiso teológico y denominacional, los
traductores de la Biblia por años han generado una confusión entre los
lectores no especializados al traducir dos términos griegos
(GÉ.HEN.NA y HAI.DES) y uno hebreo (SHE’OL) por un mismo
término latino: “infierno”. El término bíblico hebreo original SHE’OL
fue sustituido indebidamente en nuestras traducciones bíblicas por un
término de origen claramente pagano: IN.FÉR.NUS. Aún así, el
Seol/infierno hace referencia al sepulcro o tumba, es decir al lugar
donde vamos a parar todos, hayamos sido buenos o malos. Por su
parte, los autores de las Sagradas Escrituras Cristianas (Nuevo
Testamento) usaron el término griego HAI.DES para referirse al
antiguo She’ol hebreo, y afirmaron que todos los que están en el
Hades/Seol/infierno duermen en el sueño de la muerte pero que
resucitarán: unos “para tener vida” y otros “para ser juzgados” (Juan
5:28). Una vez juzgados, los malvados que murieron sin arrepentirse
de sus pecados son condenados a morir una segunda vez. Esta
“Segunda Muerte” está expresada por el término griego
GÉ.HEN.NA., y alude a un tipo de muerte que ahora implica una
destrucción absoluta y definitiva del ser completo tanto de las
personas angélicas como de las humanas, lo cual las imposibilita para
resucitar. Nuestra investigación explica por qué, tras la muerte y
resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el apóstol Pedro pudo decir
que Jesús “no fue dejado en el infierno [Hades/Seol]” (Hechos 2:27,
31, 32; Salmo 16:10), y por qué −hablando proféticamente de la futura
resurrección en tiempo pasado− el libro de las Revelaciones de Juan
dice que “el mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno
devolvieron los suyos” (Apocalipsis 20:13-14). Al final de la historia
como la conocemos, el “infierno” se vaciará, es decir, las tumbas
vomitarán a sus muertos porque todos ellos ‘oirán la voz del Hijo del
hombre, y saldrán de allí’. Enseguida, “la muerte y el infierno [Hades]
fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte
segunda” (Apocalipsis 20:14). El que la muerte y el Hades sean
“arrojados” al Lago de Fuego significa que serán eliminados cuando
la raza humana quede liberada de (1) el pecado, (2) la consecuencia
del pecado: la muerte, y (3) la morada última de los muertos: el
sepulcro/seol/hades/infierno.
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

8
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

9

I. Infiernos cristianos






I.A. La “oficialidad” del infierno.

Durante mucho tiempo, los líderes religiosos de las más de 37
mil confesiones cristianas denominacionales de todo el
mundo han afirmado que, después de morir, los pecadores van
inevitablemente a un abismo físico, un universo debajo de la
tierra llamado infierno (del latín inférnum o ínferus: “inferior,
subterráneo”) en el que conscientemente experimentan un
sufrimiento espantoso e infinito. Veamos algunos ejemplos:

I.A.1 LA VERSIÓN CATÓLICA.

a. El Catecismo de la Iglesia Católica, tercera edición
revisada:

“La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del
infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en
estado de pecado mortal descienden a los infiernos
inmediatamente después de la muerte y allí sufren las
penas del infierno, ‘el fuego eterno’ […]. La pena
principal del infierno consiste en la separación eterna de
Dios” (p. 242).

b. Según la New Catholic Enciclopedia:

“La principal característica del infierno es su fuego
inextinguible […] y eterno […] Cualquier cosa que se
quiera dar a entender por los términos ‘fuego
inextinguible y ‘fuego eterno’, estas no deben
considerarse como insignificantes”.
y no cristianos
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

10

c. Contra lo que ya había establecido el papa Juan Pablo II
en 1999 (ver sección II.A.4), su sucesor, el papa
Benedicto XVI, sostuvo que “el infierno, del que se
habla poco en este tiempo, es el lugar donde los
pecadores arden de verdad en un fuego interminable; no
es un simple símbolo religioso destinado a galvanizar a
los fieles: existe y es eterno”.
1


I.A.2. LA VERSIÓN EVANGÉLICA (PROTESTANTE).

a. Albert Mohler, presidente del centro teológico Southern
Baptist Theological Seminary, de Lousville, Kentucky,
EE.UU., dice:

“La Escritura enseña claramente que el infierno es un
lugar físico donde se atormenta con fuego a la gente.
[Esta doctrina] es una realidad bíblica.”

b. En The Nature of Hell (informe de la comisión de la
Alianza Evangélica Americana) se afirma:

“El infierno es una experiencia consciente de rechazo y
tormento. […] En el infierno, el castigo y el sufrimiento
varían dependiendo de la gravedad de los pecados
cometidos en la Tierra.”

c. El teólogo pentecostal norteamericano Myer Pearlman
dijo:

“El destino de los malvados es la separación eterna de
Dios, y eterno sufrimiento. […] El Cristo tierno y
amoroso advirtió a los hombres con respecto a los
sufrimientos del infierno. […] El infierno es un lugar de
extremo sufrimiento […], deseos insatisfechos […],
menosprecio […], malas compañías [y] desesperanza”
(1958:447-48).
2


1
http://elpais.com/diario/2007/04/23/sociedad/1177279205_850215.html
2
Pearlman, Myer (1958): Teología bíblica y sistemática.
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

11

d. El famoso evangelizador estadounidense, Billy Graham
dijo:

“La enseñanza de un infierno literal se halla en los
credos de todas las principales iglesias […] Dios
consideró el infierno como algo tan real que envió a su
Hijo Unigénito al mundo para salvar del infierno a los
hombres”.

e. Por su parte, William Franklin Graham IV, nieto del
aquel famoso evangelizador, afirmó:

“La mayoría de la gente con quien me cruzo aún cree
en el infierno. Ahora bien, lo que está cambiando es la
idea misma de lo que el infierno es, aunque hay cosas
que sabemos con certeza porque la Biblia lo dice. Una
de ellas es que hay, efectivamente, un lugar llamado
infierno. La razón última por la cual Dios vino a
buscarnos a los seres humanos fue para salvarnos del
infierno. […] tenemos muchos mal entendidos sobre el
infierno, pero es un lugar muy real. Sabemos también
que es un lugar de oscuridad extrema”.
3


f. El famoso teólogo evangélico norteamericano, Robert
C. Sproul ha dicho lo siguiente con respecto al infierno:

“La Biblia nos describe al infierno como un lugar de
oscuridad, un lago de fuego, un lugar de llanto y de
crujir de dientes, un lugar de eterna separación de las
bendiciones de Dios, una prisión, un lugar de tormento
donde el gusano no morirá jamás”. Y añade:

“Posiblemente el aspecto más aterrador del infierno es
su eternidad. Las personas pueden soportar la más

3
Puede leer la entrevista completa que le hizo Christine A. Scheller en la
edición electrónica de la revista Christianity Today:
http://www.christianitytoday.com/ct/2011/aprilweb-only/willgraham.html
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

12
angustiante de las agonías siempre y cuando sepan que
en algún momento ha de terminar. En el infierno esta
esperanza no existirá. La Biblia nos enseña con claridad
que el castigo ha de ser eterno […], es una eternidad
frente a la ira de Dios justa y siempre ardiendo; un
tormento en el sufrimiento, del cual no hay escapatoria
posible ni alivio”. Y concluye:

“El problema que [los impíos] tendrán en el infierno no
será la separación de Dios, será la presencia de Dios lo
que los atormentará. En el infierno Dios estará presente
en toda la plenitud de su ira divina. Estará allí para
ejercer su justo castigo sobre los malditos. Lo
conocerán entonces como el fuego consumidor”
(1996:317-318).
4


Más tarde ahondaremos un poco en el carácter perverso
de estas perspectivas pro-infernales, como la que
defiende Sproul.

I.B. Otros infiernos no cristianos.

Es posible que el cristianismo institucional sea responsable de
haber difundido el concepto del infierno de fuego y de haberlo
impreso profundamente en el inconsciente colectivo. Sin
embargo, no tiene el monopolio de la doctrina. La amenaza de
un doloroso castigo en la otra vida tiene su equivalente en casi
todas las religiones principales del mundo, así como en algunas
minoritarias:

I.B.1. LA ENSEÑANZA HINDÚ SOBRE EL
INFIERNO.

a. “Cuando se destruyen las leyes de la familia, Janardana,
entonces ciertamente comienza para los hombres el morar en
el infierno” (Bhagavad Gita 1:44).
5


4
Sproul, R.C. (1996): Las grandes doctrinas de la Biblia. Colombia: Unilit.
5
Harvard Oriental Series, tomo 38, 1952.
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

13

b. “La persona pecaminosa, arrastrada por los terribles
emisarios y comida por centenares de chacales, va a la casa
de Yama a través de un paso espantoso. […] Cuando se le
quema el cuerpo experimenta una gran sensación de quema;
y cuando le golpean o cortan el cuerpo siente gran dolor. La
criatura cuyo cuerpo es destruido así, aunque entra en otro
cuerpo, sufre dolor eterno por sus propias malas acciones”
(Citado del Markandeya Purana).

I.B.2. LA ENSEÑANZA MUSULMANA SOBRE EL
INFIERNO.

a. “Preguntan: ‘¿Cuándo llegará el día del juicio final?’ ¡El día
en que sean torturados en el fuego! Se les dirá: ‘¡Sufrid
vuestra tortura!’.” (El Corán. Sura 51:12-14).

b. “[Los pecadores] tendrán un castigo en la vida de acá, pero
en la otra tendrán un castigo más penoso. No tendrán quién
les proteja contra Dios” (Sura 13:34).

c. “Por cierto que, a quienes niegan nuestras aleyas
6
les
introduciremos en el fuego infernal. Cada vez que su piel se
haya abrasado, se la cambiaremos por otra piel, para que
experimenten el suplicio; porque, Dios es poderoso y
prudente” (Sura 4:56).

d. “Por cierto que el infierno será una emboscada, […] donde
permanecerán siglos. En que no probarán sueño ni más
bebida que agua hirviente” (Sura 78:21).

I.C. En el amanecer del nuevo siglo, la creencia en el
infierno sigue muy extendida entre los habitantes de muchos
países.

I.C.1. Según un sondeo realizado en Escocia en 2005 por
un investigador de la Universidad de Saint Andrews, 1 de
cada 3 ministros religiosos creía que quienes se apartaban
de Dios sufrirían una “eterna angustia mental en el

6
Aleyas: Versículos de Corán.
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

14
infierno”. 1 de cada 5 pensaba que experimentarían
tormento físico.

I.C.2. En Estados Unidos, una encuesta Gallup llevada a
cabo en 2007 reveló que el 70% de los entrevistados creían
en el infierno.

I.C.3. Un estudio realizado en 2000 mostró que el 71% de
los mexicanos, el 40% de los argentinos y el 30% de los
españoles también estaban convencidos de la existencia del
infierno.
7


I.C.4. Otra encuesta Gallup efectuada en 2004 mostró que
el 42% de los canadienses y el 32% de los británicos
opinaban lo mismo: los malvados se van al infierno después
de morir como paga por su maldad.

I.D. El problema que abordamos en este documento queda
planteado en los siguientes términos:

I.D.1. “De todos los millones de personas que han vivido,
¿solo un selecto número irá a un mejor lugar y todos los
demás seres individuales sufrirán en tormento y castigo por
siempre? ¿Es esto algo aceptable para Dios? ¿Ha permitido
Dios el nacimiento de millones de personas a lo largo de
decenas de miles de años que van a pasar ‘la eternidad’ en
angustia? ¿Puede Dios hacer esto, o siquiera permitirlo, y
seguir afirmando ser un Dios de amor? ¿Castiga Dios a las
personas por miles de años con tormentos infinitos por
cosas que hicieron en los pocos y finitos años de su vida?”
(Bell, 2011:2).
8


I.D.2. ¿Es el infierno de fuego un lugar de tormento eterno
o de aniquilación, o es sencillamente el estado en que se
hallan las personas apartadas de Dios? ¿Qué es realmente el

7
¿Qué relación podrá haber entre estos porcentajes y los niveles de
secularización cultural de estas naciones? Por ejemplo, ¿qué país está más
secularizado: España o México? ¿Se corresponden los porcentajes?
8
Bell, R.H. (2011): Love Wins. A Book About Heaven, Hell and the Fate of
Every Person Who Ever Lived. New York: HarperOne. P. 2.
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

15
infierno? ¿Qué dice la Biblia al respecto? ¿La doctrina del
infierno de fuego infinito no será, más bien, una proyección
de la perversidad de quienes la promueven y defienden más
que una manifestación del verdadero carácter de Dios? Esta
y otras preguntas cruciales abordaremos en este estudio.


La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

16
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

17

II. El infierno







II.A. Nuevos enfoques sobre el infierno.

Aunque la amplia aceptación mundial del concepto tradicional
de infierno como lugar de eterno tormento físico y mental
sigue teniendo sus adeptos, se ha empezado a ver la perdición
eterna de manera diferente.

II.A.1. “La pena principal del infierno consiste en la
separación eterna de Dios” (Catecismo de la Iglesia
Católica, edición de 1993).

II.A.2. “Es erróneo pensar que por medio de los demonios,
Dios inflige a los condenados tormentos horribles como el
del fuego. […] El infierno existe, pero no es un lugar, sino
la condición en que se hallan quien sufre el dolor de verse
separado de Dios” (La Civiltà Cattolica, revista jesuita.
Énfasis mío.).

II.A.3. “Naturalmente el infierno no es un lugar de flamas
que queman, imagen utilizada para representar el lugar de
la condenación. Es más bien un estado de situación en la
cual se encuentran las criaturas que se alejan de Dios […]
El infierno no debe ser representado en las llamas sino en
el hielo, porque es la ausencia de amor, el terror y el
rechinar de dientes” (Gianfranco Ravasi.
9
Énfasis mío.).

9
Gianfranco Ravasi es presidente del Pontificio Consejo de la Cultura del
Vaticano. Notimex. El Universal, Ciudad del Vaticano, martes 08 de abril de
2008.
se enfría
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

18

II.A.4. “El infierno, más que un lugar, indica la situación
en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se
aleja de Dios, manantial de vida y alegría” (Juan Pablo II,
papa católico de 1978 a 2005).
10


II.A.5. “El infierno no es el tormento eterno; es la elección
final e irrevocable de un proceder que se opone de forma
tan absoluta a Dios, que lleva irremediablemente a la
inexistencia total” (Comisión Doctrinal de la Iglesia
Anglicana, Informe 1995).

II.A.6. “[El infierno es] la muerte eterna que deriva del
rechazo a Dios” (Catecismo de la Iglesia Episcopal de
Estados Unidos).

II.A.7. “Se ha empezado a ver la perdición eterna como un
confinamiento solitario especialmente desagradable. […] El
fin de los malvados es la destrucción, no el sufrimiento
eterno. [Quienes] en última instancia rechacen a Dios
sencillamente desaparecerán de la existencia en el ‘fuego
consumidor’ del infierno” (U.S. News & World Report).






10
Audiencia: “El infierno como rechazo definitivo de Dios” del miércoles 28
de julio de 1999.
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/audiences/1999/documents/hf
_jp-ii_aud_28071999_sp.html
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

19

III. Breve reseña histórica











¿Fue la doctrina del infierno de fuego una que se creía y
enseñaba en la Iglesia Cristiana desde el principio? Enseguida
veremos que no; que la creencia en el castigo consciente y
eterno fue adoptada por la religión cristiana mucho tiempo
después de Jesucristo y sus apóstoles.

III.A. La idea del infierno nace de creencias paganas

III.A.1. Los antiguos egipcios creían en la existencia de un
infierno de fuego. El Libro del Amduat, que data del año
1375 a.C., habla de quienes “han caído en los hoyos de
fuego” y les dice: “No escaparéis [de las llamas]. No lo
evitaréis”.

III.A.2. “De todos los filósofos griegos de la época clásica,
Platón es quien más ha influido en el pensamiento
tradicional sobre el infierno” (Minois, 2005:64).
11


III.A.3. El filósofo griego Plutarco (c.46 – 120 d.C.) dijo
que los que están en el mundo de ultratumba reciben
“castigos, y entre atroces sufrimientos y tormentos
ignominiosos se lamentan llorando”.


11
Minois, G. (2005): Historia de los infiernos.
del infierno
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

20

III.B. La doctrina del infierno se infiltró en las sectas
judías

III.B.1. Según el historiador Flavio Josefo (37 – c.100
d.C.), la secta judía de los esenios creía que “el alma es
inmortal e imperecedera”. Estaban “de acuerdo con los
griegos” en que “las almas impuras […] van a parar a un
abismo tenebroso agitado por tempestades, lleno de
sufrimientos eternos.”

III.B.2. Muchos judíos del siglo I, después de estudiar el
Antiguo Testamento (particularmente Daniel 12),
desarrollaron ciertas creencias sobre el infierno. Aunque
estas creencias en sí mismas no están inspiradas por el
Espíritu, pintan un escenario de castigo retributivo, no
remedial ni correctivo, posterior a la muerte:

“Las cámaras entregarán las almas que han sido destinadas
a ellas. Y el Altísimo se manifestará sobre el trono del
juicio […] vendrá la recompensa […] las acciones injustas
no hallarán descanso. Entonces el pozo del tormento
aparecerá […] y el horno del Gehenna será abierto […]
fuego y tormentos [donde los malvados] deambulan en
tormentos, siempre en duelo y aflicción […] ellos ya no
pueden arrepentirse y vivir” (4 Ezra 7:32–36, 38, 80, 82.
Siglo I).

III.C. La doctrina se introdujo en el cristianismo apócrifo

III.C.1. “El Apocalipsis de Pedro (s. II d.C.) fue la primera
obra [apócrifa] cristiana que describió el castigo y las
torturas con que se afligía a los pecadores en el infierno”
(Encyclopedia Universalis). Literalmente dice:

“Se les prepara un fuego inextinguible. […] Ezreel, el ángel
de la ira, viene con hombres y mujeres con la mitad de sus
cuerpos en llamas y los arroja a un lugar oscuro, el infierno
de los hombres; y un espíritu de la ira los castiga.”
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

21

III.C.2. Teófilo de Antioquía (s. II d.C.) citó en uno de sus
escritos las palabras de cierta profetisa griega conocida
como la Sibila, quien describía así el castigo que sufrirían
los malvados: “Una llama de fuego abrasador ha de veniros,
y por siempre, el día entero, seréis en su ardor abrasados”.
Sin embargo, para Teófilo, estas palabras estaban entre lo
que es “verdadero y provechoso y justo y digno de amarse
por todos los hombres”.

III.C.3. “Desde mediados del siglo II d.C., algunos
cristianos educados en la filosofía griega empezaron a
sentir la necesidad de expresar sus creencias en los términos
de ésta […] La filosofía que más les convino fue el
platonismo” (La Nueva Enciclopedia Británica, 1988).

III.D. Los primeros padres de la iglesia discreparon en
cuanto a la naturaleza del infierno

III.D.1. Ignacio de Antioquía (c35 – c107): “[Todo aquel
que] por su pésima doctrina corrompiere la fe de Dios por
la cual fue crucificado Jesucristo, irá al fuego inextinguible,
él y los que le escuchan” (Ef. 16, 2).

III.D.2. Justino Mártir (c100 – 165) fundamenta el castigo
del infierno en la idea de la justicia divina, la cual no deja
impune a los transgresores de la ley.

III.D.3. Orígenes (185 – 254) y el teólogo Gregorio de
Nisa (c335 – 394) concebían el infierno como un estado de
separación de Dios y de eterno sufrimiento espiritual.

III.D.4. Agustín de Hipona (354 – 430) sostenía que el
sufrimiento que se padecía en el infierno era tanto sensorial
como espiritual, idea que llegó a ganar bastante aceptación.

III.D.5. “En el siglo V ya se había impuesto en todas
partes la severa doctrina de que los pecadores no reciben
una segunda oportunidad en la otra vida y que el fuego que
los devora nunca se extingue” (John Kelly).
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

22

III.E. El agónico infierno de la Edad Media.

III.E.1. El concepto medieval era que el infierno era un
lugar subterráneo donde pecadores impenitentes sufrían
intensa agonía para siempre. Dante Alighieri, famoso poeta
del siglo XIII, escribió en su obra titulada Los once dolores
del infierno:

“Hay árboles ardientes de los cuales cuelgan las almas de
los que nunca asistían a la iglesia en esta vida […] Hay un
horno ardiente, y al lado hay siete diablos parados que
echan las almas culpables en el horno […] Las almas
culpables no tienen descanso”.

III.E.2. Miguel Ángel representó dicho infierno espantoso
en una pintura que hizo en la Capilla Sixtina del Vaticano.
Se dice que esta obra asustó muchísimo al papa Paulo III,
quien había dado la autorización para que se hiciera la
pintura.

III.F. Durante el renacimiento y la época clásica, las
definiciones y usos de la idea del infierno variaron
notablemente.

III.F.1. María I Tudor, quien fuera reina de Inglaterra de
1553 a 1558, recibió el apodo de Bloody Mary (“María la
Sanguinaria”) por mandar a la hoguera a casi 300
protestantes. Se dice que se justificó diciendo: “Si las almas
de los herejes van a arder eternamente en el infierno, no hay
nada de malo en que yo imite la venganza divina y los
mande a la hoguera aquí en la Tierra”.

III.F.2. En el siglo XVI, reformadores protestantes como
Martín Lutero y Juan Calvino llegaron a la conclusión de
que el tormento abrasador del infierno solo simboliza la
separación eterna de Dios. Esta posición ha sido
fuertemente criticada por el teólogo contemporáneo R.C
Sproul, quien dijo:
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

23

a. “Un suspiro de alivio parece escucharse cuando alguien
declara: ‘el infierno es el símbolo de la eterna separación de
Dios’. Ser separado de Dios por la eternidad no representa
una gran amenaza para la persona impenitente. Los impíos no
quieren otra cosa que estar separados de Dios.”

b. “Si estas imágenes [del infierno] son símbolos, entonces
debemos concluir que la realidad es peor que la que el
símbolo sugiere. La función de los símbolos es señalar algo
más allá de ellos, hacia un estado más intenso que el
contenido del símbolo. No puede servir de ningún consuelo
para aquellos que los consideran simplemente como símbolos
el que Jesús haya utilizado los símbolos más espantosos que
sea posible imaginar” (Sproul, op. cit., 1996:318).

III.F.3. El pastor protestante Jonathan Edwards
(1703−1758) solía atemorizar a los colonos americanos del
siglo XVIII con sus gráficas descripciones del infierno. Al
predicar sobre Apocalipsis 6:15-16 dijo que el infierno era
una agonía tan grande que “los hombres malvados de aquí
en más desearán con todas sus fuerzas convertirse en nada y
dejar de ser para poder escapar de la ira de Dios” (Gerstner,
1991:75).
12


III.G. El infierno en el siglo XX.

III.G.1. “Durante casi todo el siglo XX, el infierno hizo poca
mella en la gente. Atacado por el intelectualismo moderno y
opacado por las llamas de Hiroshima y el Holocausto, las
imágenes espantosas del infierno perdieron mucho de su poder
atemorizador”.
13


III.G.2. “Es evidente que la idea del infierno ha evolucionado,
pasando de la noción de castigo infligido por una falta moral a la
de angustia existencial […]. Pero el infierno conserva un
significado más profundo que justifica, más que en cualquier
época pasada, la utilización de este término […]. Guerras,

12
Gerstner, J.H. (1991): Heaven & Hell. Orlando: Ligonier.
13
http://vampiroerudito.blogspot.com/2009/12/el-averno.html
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

24
mundiales o locales, campos de concentración y prisiones,
pasando por la bomba atómica, las armas químicas, el desempleo
masivo, el hambre crónica, la contaminación generalizada, las
dictaduras totalitarias, la locura colectiva de masas fanáticas o
inteligentemente embrutecidas e idiotizadas, y tantos otros
infiernos artificiales creados por nuestras sociedades”.
14


14
Minois, G. (2005): Historia de los infiernos.
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

25

IV. Sobre la muerte





IV.A. Muerte y conciencia.

La doctrina del infierno de fuego inmediatamente posterior a la
muerte de los malvados implica otra idea paralela: la necesidad
de una vida no física pero consciente. Sin embargo, contra la
idea popular de la continuidad de la conciencia posterior a la
muerte, las Sagradas Escrituras enseñan otra cosa.

IV.A.1. El sabio rey Salomón afirmó, bajo inspiración
divina, que “los vivos saben que han de morir, pero los
muertos no saben nada ni esperan nada, pues su memoria
cae en el olvido. […] En el sepulcro, adonde te diriges, no
hay trabajo ni planes ni conocimiento ni sabiduría.”
(Eclesiastés 9:5, 10)

IV.A.2. El rey David explicó que, cuando los hombres
mueren, estos “exhalan el espíritu y vuelven al polvo, y ese
mismo día se desbaratan sus planes” (Salmo 146:4).

IV.A.3. En base a lo anterior: Si los muertos “no saben
nada”, y cuando mueren sus cuerpos “vuelven al polvo”,
entonces es imposible que puedan sentir los tormentos del
infierno, si es que este existe.

IV.B. “Lázaro duerme”.

Jesucristo nunca dio a entender que los muertos estuvieran
conscientes; muy al contrario, comparó la muerte con el estado
de dormir.


y el morir
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

26

IV.B.1. “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a
despertarlo. ‘Señor ―respondieron sus discípulos―, si
duerme, es que va a recuperarse’. Jesús les hablaba de la
muerte de Lázaro, pero sus discípulos pensaron que se
refería al sueño natural. Por eso les dijo claramente:
―Lázaro ha muerto…” (Juan 11:1-14)

IV.B.2. Al comparar la muerte con el dormir, Jesús dejó
claro que los muertos están inconscientes ―como quien
duerme, pero sin soñar. Por lo demás, Lázaro llevaba
cuatros días muerto cuando Jesús lo resucitó. Sin embargo,
la Biblia no indica que él contara ninguna experiencia sobre
el tiempo que permaneció muerto.

IV.B.3. Jesús resucitó al menos a tres personas, y así
demostró que existe la esperanza de que los muertos
vuelvan a la vida (Lucas 7:11-17; 8:49-56; Juan 11:1-45).

IV.B.4. Jesús dijo: “Viene la hora en que todos los que
están en los sepulcros oirán [la voz del Hijo del Hombre], y
saldrán de ahí. Los que han hecho el bien resucitarán para
tener vida, pero los que han practicado el mal resucitarán
para ser juzgados.” (Juan 5:28-29)

IV.C. Morir es dormir.

Muchos creyentes sinceros han malentendido 2ª Corintios 5:8,
que dice “…pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes
del cuerpo, y presentes al Señor.”

IV.C.1. La mayoría de los líderes religiosos
denominacionales usan este versículo —aunque muchas
veces de manera inadecuada— para probar que los
creyentes en Cristo vamos directamente con el Señor en una
existencia anímica inmediatamente posterior a la muerte.

IV.C.2. Para poder entender 2ª Corintios 5:8, uno debe
leer desde que el capítulo empieza.
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

27
a. Pablo deseaba estar “revestido” con su “morada”, la
“habitación celestial” (5:2), cuando miraba adelante hacia la
“resurrección”, también llamada “transformación”, porque
sabía que “no todos moriremos pero todos seremos
transformados.”
(1ª Corintios 15:51)

b. Él sabía que cuando tomemos posesión de nuestros nuevos
cuerpos, estaremos “presentes al Señor,” pero que mientras
estuviéramos en estos cuerpos estaríamos “ausentes al
Señor.”

c. Obsérvese con atención la idea de los versos 3 y 4: Pablo no
quería ser “hallado desnudo”, significando contextualmente
que no quería ser hallado sin cuerpo. Si en el verso 8 Pablo
hubiera querido decir que deseaba estar en presencia del
señor en el momento mismo de su muerte, se estaría
contradiciendo, pues tendría que hacerlo sin cuerpo, es decir
desnudo, y todo lo dicho en los versículos anteriores no
tendría sentido.

IV.C.3. El hecho es el siguiente: con nuestros presentes
cuerpos nos encontramos ausentes del Señor en una
“morada terrestre,” en un “tabernáculo” o “tienda de
campaña” que se “deshace” y que por su naturaleza
pecadora, heredada de Adán, no puede participar de lo
celestial, porque “el cuerpo mortal no puede heredar el
reino de Dios, ni lo corruptible puede heredar lo
incorruptible.” (1ª Corintios 15:50, énfasis mío.)

a. Cuando Dios nos dé un nuevo cuerpo, “el edificio, [la] casa
eterna [que tenemos] en el cielo, no construida por manos
humanas” (2ª Corintios 5:1), entonces seremos “revestidos” y
podremos estar “presentes al Señor”.

b. De acuerdo con Pablo, si somos fieles hasta el final,
recibiremos estos cuerpos celestiales en la Segunda Venida
de Cristo, porque “los muertos resucitarán con un cuerpo
incorruptible” (1ª Corintios 15: 52), pero “los que estemos
vivos y hallamos quedado hasta la venida del Señor” (1ª
Tesalonicenses 4: 15) también “seremos transformados” (1ª
Corintios 15:51).
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

28

c. Así que cuando Pablo habla de que los muertos duermen, está
hablando literalmente. Después de todo, si él se hubiera
estado refiriendo a que los creyentes van a la presencia del
Señor en una existencia espiritual inmediatamente posterior a
la muerte, ¿por qué entonces lo encontramos consolando a
los tesalonicenses con el mensaje de la Segunda Venida del
Señor y la esperanza de la resurrección de los muertos? ¿Por
qué no simplemente les dijo que sus muertos ya estaban en el
cielo con Dios?

d. Además, si Pablo estuviera enseñando que los creyentes van
a la presencia de Dios inmediatamente después de morir,
¿dónde quedaría una de las doctrinas básicas del cristianismo,
es decir, la doctrina de la resurrección de los muertos? Si un
cristiano ha muerto y ya se encuentra cómodamente
establecido en el cielo, ¿para qué incomodarlo haciéndolo
revivir en un cuerpo físico una vez más? ¿Qué propósito
tendría volver a la vida ―resucitar?
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

29

V. Jesucristo, el infierno y









V.A. “Pero Jesús sí dijo infierno.”

V.A.1. Jesús dijo: “…si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Más te
vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser arrojado con los
dos ojos al infierno, donde ‘su gusano no muere, y el fuego
no se apaga” (Marcos 9:47-48). En otra ocasión, habló de un
periodo de juicio durante el cual les diría a los malvados:
“Apártense de mi, malditos, al fuego eterno preparado para el
diablo y sus ángeles”. Y luego dijo que esos malvados irían al
“castigo eterno.” (Mateo 25:41, 46. Los énfasis y subrayados
son míos.)

V.A.2. Si el Antiguo Testamento indica claramente que “los
muertos no saben nada ni esperan nada”, y suponemos
correctamente que Jesús nunca diría algo contrario a lo que dice
la Palabra de Dios, entonces ¿a qué se refería cuando habló de
‘arrojar a alguien al infierno’? Por lo demás, cuando empleó
la expresión “al fuego eterno”, ¿hablaba literalmente o hablaba
de manera metafórica?

Analicemos, pues, cada uno de estos conceptos complejos:

• Infierno de fuego

• Gusanos inmortales

• Fuego que no se apaga

• Castigo eterno

el lago de fuego
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

30
V.B. El “infierno” de fuego.

El vocablo griego mal traducido en Marcos 9:47 como
“infierno” es GÉ.HEN.NA, un término procedente de la voz
hebrea Gai Ben Hinnom, o Gai Hinnom, es decir, “valle del hijo
de Hinón”, o simplemente “valle de Hinón”.

V.B.1. El término GÉ.HEN.NA aparece 12 veces en los
Evangelios, y se refiere en realidad al antiguo incinerador
de basura situado en la cañada o barranco en las afueras de
la muralla sudoeste de la antigua Jerusalén.

a. “En el Antiguo Testamento, el Valle de Hinón era el lugar en
el que algunos israelitas se embarcaron en la adoración
idolátrica de los dioses cananeos Moloc y Baal. Fue allí, de
hecho, donde sacrificaban sus
hijos a estas deidades (2 Reyes
16:3; 21:6) haciéndolos ‘pasar
por fuego’ (Ezequiel 16:20-21.
NASB)” (Chan y Sprinkle,
2011:61).

b. Dios condenaba esta repugnante
práctica, así que prometió
ejecutar a quienes realizaban
estos actos abominables.
Cuando Jeremías comenzó a
predicar, el valle de Hinón
comenzó a tomar una referencia metafórica del lugar donde
los cuerpos de los malvados serían arrojados (Jeremías 7:29-
34; 19:6-9; 32:35):

‘He aquí vendrán días […] que no se dirá más […] valle del
hijo de Hinom, sino valle de la Matanza’ (Jeremías 7:32.
RV).

c. Desde entonces, el valle fue conocido como “valle de la
Matanza”, donde yacerían sin enterrar “los cadáveres de este
pueblo [Israel]” (Jeremías 7:33). De esta manera, Dios estaba
prediciendo que el valle de Hinón dejaría de ser un lugar
donde se torturaba a seres vivos inocentes y se convertiría en
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

31
un lugar para depositar grandes cantidades de cadáveres y así
deshacerse de ellos convirtiéndolos en cenizas, es decir, en
“nada”.

d. En los días del rey Josías, el valle fue limpiado y sus malas
prácticas fueron prohibidas (2 Reyes 23:10). Sin embargo, su
infamia persistió, y el valle llegó a convertirse en el basurero
oficial de la ciudad, y en símbolo de la destrucción. Los
judíos que vivieron entre los Testamentos recogieron esta
metáfora y vivieron con ella. La palabra gehenna fue
ampliamente usada por los judíos durante la época de Jesús
para referirse al lugar ardiente del juicio para los malhechores
al final de los tiempos (Freedman, 1992).

e. Según el Smith’s Dictionary of the Bible, en tiempos de Jesús
el Gehena era un basurero “donde se echaban los cadáveres
de los delincuentes, los animales muertos y toda clase de
inmundicias”. Este valle efectivamente se usaba como
vertedero de basura, y a fin de eliminar los desperdicios se
mantenía el fuego siempre encendido añadiéndole azufre.

f. “Para este propósito y para evitar el hedor de la putrefacción,
se mantenía el fuego ardiendo continuamente; los cadáveres
que el fuego no alcanzaba a consumir eran devorados por los
gusanos. De esta manera el valle de Hinón, posteriormente
llamado Gehena, vino a ser sinónimo de muerte y destrucción
inexorables”.
15


V.B.2. En este sentido, algunos escritores judíos creían
correctamente que los malvados serían aniquilados del todo
en un “Gehenna” espiritual. Ese era el sentido último de la
metáfora del Gehenna como vertedero de basura: los
malvados (hombres y ángeles) serán echados por Dios a
una especie de poderoso vertedero de escoria donde
serán aniquilados y borrados del tejido del universo, y
de los cuales no quedará ni su recuerdo.

15
Shadowcool, en: http://www.deguate.com/foros/messages/1870/19560.html
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

32


a. Un escritor judío del siglo I dijo que “en el día del juicio,
Dios arrastrará a Beliar [el diablo], y a sus huestes también,
al Gehenna”, y entonces El resucitará a los muertos y
“producirá fuego [para] consumir a todos los impíos, y luego
será como si nunca hubieran sido creados” (Ascen. Is. 4:14-
18).

b. Otro escritor, que vivió en Israel alrededor de la época del
Señor Jesús, lo dijo así:

“…y su lugar de habitación será en la oscuridad y en el lugar
de destrucción; y no morirán sino que serán derretidos, hasta
que me acuerde del mundo y renueve la Tierra. Y entonces
morirán y no vivirán, y su vida les será arrebatada de en
medio de todos los hombres” (L.A.B. 16:3).
16


c. “El hecho de que [los penitentes] no mueren inmediatamente
sino que son ‘derretidos’, sugiere algún periodo de
sufrimiento. Pero en última instancia, [al menos] para este
escritor judío, habrá una aniquilación del malvado” (Chan y
Sprinkle, 2011:54).

V.C.3. El rabino David Kimhi, hizo una referencia al Valle
de Hinón como vertedero de basura en un comentario
escrito hacia 1200 d.C.:

16
Ver también Wis. 4:14-15; 1 QS 4:11-14; 1 En 91:9-14.
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

33

“El Gehenna es un lugar repugnante, en el que son
arrojados la inmundicia y los cadáveres, y donde el
fuego arde perpetuamente a fin de consumir la suciedad
y los huesos; en cuya cuenta, por analogía, el juicio de
los malvados es llamado Gehenna” (Citado en Bailey,
1986:188).


V.C. Los “gusanos inmortales”.

Parece que cuando Jesús habló de ‘gusanos que no mueren’ y
de un ‘fuego que no se apaga’, estaba citando de Isaías 66:24.

V.C.1. El profeta Isaías menciona “los cadáveres de los
que se rebelaron contra [Dios]” y dice que “no morirá el
gusano que los devora, ni se apagará el fuego que los
consume”.

V.C.2. Tanto Jesús como sus oyentes sabían que Isaías
estaba aludiendo al fin que les esperaba a los cadáveres de
quienes no merecían un entierro. Así, cuando Jesús habló
de ser echados en el Valle de Hinón, es decir en el Gehena,
en realidad se refería a morir sin la posibilidad de volver a
vivir ―resucitar.

V.C.3. Por si quedaban dudas, Jesús dejó claro ese punto
cuando advirtió que Dios “puede destruir alma y cuerpo en
el infierno” (Mateo 10:28. Énfasis mío.), donde la voz
griega para “alma” (psique) puede ser también traducido
como “vida”, y donde se traduce erróneamente la palabra
Géhenna como “infierno”, a pesar de que usa la palabra
“destruir”. Así pues, el Gé.hen.na (erróneamente llamado
“infierno”) es símbolo de muerte (destrucción y
aniquilación) permanente para ángeles y hombres, pero
no de cruel tormento sin fin.



La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

34
V.D. El “fuego que no se apaga”.

Está bien claro a partir de Mateo 25:41, que ese “fuego eterno”
fue “preparado para el diablo y sus ángeles”, por lo mismo no
hace referencia a un fuego literal natural fruto de la combustión.

V.D.1. Piensen por un momento lo siguiente: ¿Es posible
quemar criaturas de naturaleza espiritual con fuego natural
producto de la combustión? (cf. Daniel 3:24-25). ¿Será
posible que Jesús esté utilizando el término “fuego” de
manera metafórica para hacer alusión a algo parecido al
fuego pero capaz de consumirlo todo, incluso la naturaleza
angélica? ¿Qué pudiera haber en el universo capaz de
desintegrar cualquier tipo de creación por más
poderosa, compleja o especial que sea?

V.D.2. Es claro también que las “ovejas” y las “cabras”
que se mencionan en ese mismo pasaje no son ovejas y
cabras literales, sino metafóricas: representan a dos tipos de
personas miembros de “las naciones” (25:32). Por lo
mismo, ese “fuego eterno” hace “arder” también a los
humanos malvados, al igual que a los ángeles, de manera
literal, pero no en el sentido en que hace arder el fuego de
la combustión, sino en el sentido en que lo hace algo que
desintegra definitivamente tanto a los hombres como a los
poderosos ángeles.

V.D.3. “Figuras bien conocidas como Juan Calvino,
Martin Lutero, C.S. Lewis, Billy Graham, D.A. Carson, J.I.
Packer y Sinclair Ferguson, todos entienden de forma no
literal la imagen del fuego. Otros teólogos y comentaristas
conservadores, como Charles Hodge, Carl Henry, F.F.
Bruce, Roger Nicole, Leon Morris y Robert Peterson,
piensan igual. […] Yo también estoy de acuerdo con esta
multitud de académicos de que el fuego probablemente no
deba ser tomado de manera literal cuando se usa para
describir el infierno. […] Dado el amplio uso del fuego
como metáfora en la Escritura, encuentro que es mejor
tomar esta imagen de forma no literal” (Chan y Sprinkle,
2011:154).
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

35
V.E. El “castigo eterno”.

V.E.1. Una mirada de cerca a los términos griegos usados
en el pasaje de Mateo 25:46 nos muestra que este “castigo”
no será permanente, ya que las palabras griegas para
“castigo eterno” (aionios kolasis) no significan que el
castigo es sin fin.

a. Sabemos que el término aionios significa realmente “un
periodo de tiempo” mientras que kolasis es un término
extraído de la jerga de la horticultura que significa
“poda” o “recorte”.

“Dependiendo de cómo usted traduzca aion y kolazo,
entonces, la frase puede significar ‘un periodo de poda’
o ‘un tiempo de recorte’ o bien una intensa experiencia
de corrección” (Bell, 2011:91).

b. El académico neotestamentario William Barclay dice
con respecto al término kolasis que

“originalmente significaba la poda de los árboles para
hacerlos crecer mejor. Pienso que es verdad decir que
en toda la literatura griega secular kolasis nunca es
usada para otra cosa que no sea castigo remedial”
(Barclay, 1977:66).

V.E.2. La entrada al “Lago de Fuego” del Gehena implica
vergüenza para los condenados por la consciencia de haber
sido echados allí como resultado de su rechazo abierto a
Dios y a su Mesías.

a. Pero también significa castigo correctivo: la gente es
consciente no solo de que va a morir (que va a ser
aniquilada) sino que su actitud opuesta a la Divinidad
quedará corregida antes de ser borrada (desintegrada)
del todo del tejido cósmico, “como si nunca hubieran
sido creados”.

La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

36
b. Esta “poda correctiva” será dolorosa y angustiante
(como toda angustia que precede a la consciencia del
fin), pero será temporal. Será una experiencia de “lloro
y crujir de dientes” (Mateo 8:12; 22:13), pero que
terminará en la muerte definitiva, y sin posibilidad de
recuperación ni rescate.





La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

37

VI. Géhenna, hades,







VI.A. El individuo promedio se encuentra confundido
respecto a la naturaleza del infierno y no conoce las
diferencias o semejanzas entre los términos en debate:
gehena, hades, seol, infierno, etc.

VI.B. Confusión terminológica.

“Ha causado mucha confusión y desconcierto el que los
primeros traductores de la Biblia tradujesen sistemáticamente el
Sheol hebreo, el Hades y el Gehena griegos por la palabra
‘infierno’. La simple transliteración de esas palabras en
ediciones revisadas de la Biblia no ha bastado para paliar de
modo importante esta confusión y malentendido” (Enciclopedia
Americana, 1956; vol. XIV, p. 81).

VI.C. Un compromiso teológico-denominacional.

Este autor piensa que ha sido el innegable compromiso
teológico y denominacional de los traductores lo que ha llevado
a que en la mayoría de las versiones bíblicas se hayan traducido
incorrectamente los términos originales GÉ.HEN.NA,
HAI.DES, y SHE’OL por una misma palabra: “infierno”.

VI.C.1. GÉ.HEN.NA (Gehena)

a. Como ya hemos visto en el anterior apartado V.C., en la
Biblia el término griego GÉ.HEN.NA (Gehena) alude a una
destrucción absoluta y permanente de los cuerpos
humanos y angélicos y su personalidad, de modo que
seol e infierno

La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

38
queda imposibilitado para volver a la vida (resucitar). Por el
contrario, quienes están en el HAI.DES (Hades) sí tienen la
esperanza de volver a vivir algún día.

b. Se dice de Judas Iscariote que el haber traicionado a Jesús fue
de verdadera gravedad para él, ya que obró en contra del Hijo
unigénito de Dios. En una oración que pronunció al final de
su ministerio público, Jesús dijo acerca de sus discípulos:
“Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba
mediante el nombre que me diste, y ninguno se perdió sino
aquel que nació para perderse, a fin de que se cumpliera la
Escritura” (Juan 17:12). Al llamar a Judas ‘nacido para
perderse’, Jesús dejó claro que no habría esperanza de
resurrección para Judas. Dios lo borraría de su memoria,
destruyéndolo para siempre en el Gehena.

VI.C.2. HAI.DES (Hades)

a. Lucas cuenta que el apóstol Pedro declaró ante una multitud
que, tras la muerte de Jesús, “su alma no fue dejada en el
infierno [Hades], ni su carne vio corrupción.” (Hechos 2:31,
Reina-Valera, 1909). Pedro, de hecho, estaba parafraseando
el pasaje mesiánico localizado en el Salmo 16:10, donde el
equivalente del Hades es Seol en el hebreo original.

b. En la revisión 1909 de la versión Reina-Valera, el término
griego Haides (Hades) se traduce “infierno” o “infiernos” las
10 veces que aparece en el Nuevo Testamento. Lo mismo
hacen muchas otras versiones católicas y evangélicas.

c. ¿Dónde estaba el “infierno” (Hades/Seol) al que hasta Jesús
fue? El apóstol Pablo afirma que “Cristo murió por nuestros
pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó
al tercer día según las Escrituras…” (1 Corintios 15:3, 4). Si
se dice que Jesús estuvo en el “infierno” solo puede significar
que estuvo en la “tumba”, como correctamente traduce el
término HAI.DES la Nueva Versión Internacional.

d. “Originariamente, la voz [Inférnum] designaba lo que queda
situado ‘más abajo’ o ‘inferior’ al espectador. Así pues, la
palabra ‘infierno’ originalmente no comunicó ninguna idea
de calor o tormento, sino simplemente la de un lugar ‘más
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

39
abajo’ o ‘inferior’, de modo que su significado era muy
similar al del she’ól hebreo”.
17


VI.C.3. SHE’OL (Seol)

a. El término hebreo SHE’OL aparece 65 veces en el Antiguo
Testamento. En la revisión de 1909 de la versión Reina-
Valera se traduce “infierno”, “sepulcro”, “sepultura”,
“abismo”, “profundo”, “huesa”, “fosa” y “hoyo”.

b. La primera vez que aparece la palabra Seol en la Biblia es en
Génesis 37:35. El patriarca Jacob creía que había perdido a
su amado hijo José en la muerte y no se dejó consolar; de ahí
que exclamara: “Por tristeza bajaré adonde está mi hijo, al
scheol” (Straubinger). Por supuesto, Jacob quería morir y
estar junto a su hijo en el Seol. Este pasaje, junto con el de
Génesis 42: 36, 38, relacionan el Seol con la tumba, no con
ninguna vida en el más allá.

c. Se dice también que Job fue un hombre justo que sufrió
mucho. Dado que no sabía cómo salir de la difícil situación
en que se hallaba, le rogó a Dios diciendo: “¿Quién me dará,
que me cubras en el infierno [Seol], y me escondas, hasta que
pase tu furor, y me aplaces el tiempo, en que te acuerdes de
mí?” (Job 14:13. Scío de San Miguel). No resulta razonable
pensar que Job deseaba buscar protección en un lugar
abrasador. Para él, el “infierno” era simplemente la tumba,
donde terminaría su sufrimiento. Así, el infierno del que
habla la Biblia hace referencia al sepulcro o tumba, donde
vamos a parar todos, hayamos sido buenos o hayamos sido
malos.

VI.D. Las Escrituras hacen distinción entre el Hades
(“infierno”) y el fuego.

VI.D.1. “La muerte y el infierno [Hades] fueron arrojados
al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda”
(Apocalipsis 20:14). Como ya dijimos, la muerte segunda
es una muerte sin la esperanza de resucitar.

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Enciclopedia Larousse (1981), Vol. 5, p. 5201.
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VI.D.2. Al igual que el Gehena del que ya hemos hablado,
el lago de fuego representa la aniquilación definitiva. El
que la muerte y el Hades sean “arrojados” en él significa
que serán eliminados cuando la raza humana quede liberada
de (1) el pecado, (2) la consecuencia del pecado: la muerte,
y (3) la morada última de los muertos: el sepulcro.

VI.D.3. Todos aquellos que pecan de manera deliberada y
mueren sin arrepentirse de sus pecados “recibirán su
herencia” en dicho lago, es decir, serán echados en un
medio que los aniquilará para siempre (Apocalipsis 21:8).

VI.D.4. Por su parte, los fieles que se encuentren en el
“infierno” (en “la parte de más abajo”, en “la parte
inferior”), es decir en su respectiva tumba, pero también en
la memoria de Dios, serán resucitados y vivirán durante mil
años en el Reino de Dios, encabezado por Jesucristo, el
Mesías.

VI.E. Finalmente, se nos dice que “el mar devolvió sus
muertos; la muerte y el infierno devolvieron los suyos”
(Apocalipsis 20:13).

VI.E.1. Todo parece indicar que el mismo infierno, o
Hades, ‘será arrojado al lago de fuego’ debido a que ya será
inútil, pues no podrá contener ya más muertos, ya que los
devolverá a todos.

VI.E.2. Se sobreentiende que el infierno (o sea, las
tumbas) vomita a sus muertos porque todos ellos ‘oirán la
voz del Hijo del hombre, y saldrán de allí’. “Los que han
hecho el bien resucitarán para tener vida, pero los que han
practicado el mal resucitarán para ser juzgados” (Juan
5:28).

VI.E.3. Así pues, tanto los malvados como el “infierno”
(las tumbas) que los contenía serán echados al lago de
fuego para hacerlos desaparecer, es decir, para
desintegrarlos en el sentido más amplio de la palabra. No
quedará ni su recuerdo después de ser borrados del todo.
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

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VII. Reflexión final







La Biblia no enseña la creencia pagana de que Dios torturará
eternamente a los malhechores en un fuego sin fin. Al contrario,
dice que “tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo
unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que
tenga vida eterna” (Juan 3:16. Énfasis mío). Con estas palabras,
Jesús dio a entender que el verdadero peligro en el que se
encuentra el individuo humano es ese: el de perderlo para
siempre, el de no poder recuperarlo de algún modo.
Usando una analogía proveniente de la informática, podemos
decir que “la primera muerte”, la que nos lleva al “infierno”, es
decir el Hades o tumba, se asemeja a lo que le sucede a un
archivo cuando lo borramos de alguna carpeta: “va a dar” a la
papelera de reciclaje, que representa la tumba. El objeto puede
quedar indefinidamente allí, incluso si nos olvidamos de él,
pero la memoria general del disco duro de nuestra computadora
no lo olvidará; ha quedado registrado en un enorme campo de
memoria que, aunque también es parte del sistema, no lo olvida
“nunca”. Supongamos que tú te acuerdas de aquel archivo y
deseas recuperarlo: lo único que tienes que hacer es abrir la
“tumba” de la papelera y “llamarlo” nuevamente a la “vida”.
¡Lo haz “resucitado”!
Sin embargo, una computadora podría ser permanentemente
dañada si un objeto virtual peligroso como un virus informático
comienza a reproducirse dentro los valiosos archivos que has
acumulado en tu unidad. A menos que seas un estudioso de la
estructura interna de los virus informáticos y trabajes en la
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

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creación de programas antivirus, no tiene sentido que los
almacenes y los colecciones, ¿no es así? ¿Cuál es la mejor
manera de deshacerse para siempre de un virus o de un archivo
cualquiera que ha sido contaminado con un virus? ¡Reformatear
toda la computadora! Es decir, si no queremos volver a saber de
ese virus ni tenerlo cerca de modo que se convierta en un
peligro potencial para el sistema, hay que darle formato
nuevamente a la computadora, salvando la mayor cantidad de
archivos posibles que no estén infectados o que ya han sido
limpiados.
De algún modo, la “muerte primera” (la que nos lleva al
sepulcro) recicla la naturaleza humana, de modo que elimina al
pecado que está en nosotros. Pero de ese “infierno”, o Hades,
uno puede volver a la vida solamente si ha depositado su fe en
Jesucristo y ha creído que él ha pagado en la cruz la deuda de
pecado que tenía con Dios. Quien “vuelve” de la muerte
primera ya no puede morir otra vez, y cuando regresa, lo hace
limpio del pecado que lo mandó allí. En ese sentido se puede
decir que son “dichosos los que de ahora en adelante mueren en
el Señor” (Apocalipsis 14:13); o “dichosos y santos los que
tienen parte en la primera resurrección”; ¿por qué? Porque “la
segunda muerte no tiene poder sobre ellos” (Apocalipsis 20:4-
6).
Esta es parte esencial de las buenas nuevas: Dios va a
”reformatear” todo el sistema de cosas creadas, y lo va a
depurar del pecado que lo mantiene oprimido y lo lleva a la
muerte, de modo que muchos “archivos” infectados se van a
perder para siempre, no porque Dios no haya podido limpiarlos
sino porque ellos no quisieron ser limpiados. Con respecto a
estos seres humanos que involuntariamente han sido infectados
por el “virus”, Dios quisiera que “nadie se pierda sino que
todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9. RV). Con
respecto a los que no solo supieron que el mundo está repleto de
maldad sino que voluntariamente decidieron participar de esa
infección en franca y consciente rebelión contra el carácter de
Dios, la Biblia deja claro que serán borrados del tejido del
universo de manera permanente y sin posibilidad de ser
recuperados. Esa es la Segunda Muerte: la destrucción total
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y absoluta del cuerpo y del alma de la persona (angélica o
humana).
Todos esos teólogos y ministros religiosos que creen y enseñan
que el infierno es un lugar real de tormentos infinitos, tienen
una imagen muy distorsionada de Dios y de su carácter. Creo
que quienes enseñan esa doctrina, de claro origen pagano, lo
único que hacen es proyectar su propia perversión personal, y
piensan que la justicia de Dios debe acomodarse a lo que ellos
creen que es justo. Pero no me malentiendan: por supuesto que
la Biblia dice que Dios destruirá a las personas malas (2
Tesalonicenses 1:6-9), pero la justa indignación que lo llevará a
tomar esa decisión no es el rasgo dominante de su personalidad.
Dios no es perverso, como sí lo son algunas personas que, si
tuvieran la oportunidad, nos torturarían por siempre; y tampoco
es rencoroso, como sí lo somos los seres humanos, debido a
nuestra naturaleza caída.
El teólogo protestante norteamericano Robert Charles Sproul
dice que “si hay algún consuelo en el concepto del infierno es la
plena seguridad de que no habrá crueldad allí. Es imposible que
Dios sea cruel. La crueldad implica infligir un castigo que sea
más severo o más duro que el crimen” (Sproul, 1996:318). Sin
embargo, contra este punto de vista que implica que el infierno
de sufrimiento infinito es justo y retributivo para cualquier tipo
de delito, haya sido éste una mentira deliberada o un genocidio
masivo, Dios mismo pregunta: “¿Acaso creen que me complace
la muerte del malvado? ¿No quiero más bien que abandone su
mala conducta y que viva?” (Ezequiel 18:23).
Sproul desarrolla su severo, cruel, perverso y medieval punto de
vista al extremo de afirmar que “el problema que tendrán [los
impíos] en el infierno no será la separación de Dios, será la
presencia de Dios lo que los atormentará. En el infierno, Dios
estará presente en la plenitud de su ira divina. Estará allí para
ejercer su justo castigo sobre los malditos. Lo conocerán
entonces como el fuego consumidor” (Sproul, 1996:318.
Énfasis mío.). Pero si a Dios ni siquiera le agrada tener que
destruir a los pecadores, ¿cómo creer que le complacerá
atormentarlos para siempre? Piensen en esto un momento: ¿qué
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horrible crimen podrá cometer alguien para merecer que el Dios
de amor no solo lo torture por los siglos de los siglos sino que
incluso se complazca en ello? (Cf. 1 Juan 4:8). Como dijo el
sabio filósofo hindú Nikhilananda: “La teoría del sufrimiento
eterno no es compatible con la creencia de que Dios ama las
cosas creadas. Creer que se castiga eternamente al alma por los
errores de unos cuantos años, sin darle la oportunidad de
enmendarse, va contra los dictados de la razón”.
Debido a que Dios es justo, él va a destruir al mal y a los
malvados, ¡pero los destruirá para siempre! No va a torturar a
nadie, precisamente porque es justo y no cruel, y mucho menos
perverso —como sí lo son algunos teólogos que, si recibieran el
poder religioso suficiente, nos harían soportar legítimamente “la
más angustiante de las agonías”, procurando que no
muriéramos en el proceso, y quitándonos cualquier esperanza
de que todo terminara alguna vez.
En este sentido se puede afirmar que el Señor Jesucristo
experimentó la pena de muerte en nuestro lugar en la cruz, y
que después fue llevado al infierno (Hades) donde esperó su
momento de ser recuperado por Dios. Pero Jesús fue muerto
definitivamente, ¡no torturado sin fin! Y aunque es verdad que
antes de morir sufrió una horrible agonía, también es verdad
que él tomo nuestro lugar en la muerte, no en la agonía
permanente. ¿O acaso sigue Jesús clavado, vivo y agonizante en
la cruz hasta el día de hoy? ¡Claro que no! ¿Por qué? ¡Porque
“la paga del pecado es muerte definitiva”, no agonía sin fin!
Al destruir a los malvados (ángeles y hombres) en la Muerte
Segunda, el Señor estará aplicando el equivalente a la pena de
muerte, una pena que es justa y retributiva. Pero no los enviará
a un infierno de fuego de sufrimiento infinito, que vendría a ser
el equivalente al sistema de cárceles con que los humanos
castigan incluso a los más malvados para que, supuestamente,
paguen por los crímenes cometidos, en vez de cortarlos del
pueblo, como la justicia divina precisamente lo exige (Por lo
demás, no olvidéis que hasta los condenados a cadena perpetua
algún día mueren). Estoy casi seguro que Sproul y otros líderes
religiosos perversos como él, votarían a favor de un sistema de
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cárceles, pero no lo harían a favor de un sistema de pena capital
por lo mismo, porque ya no creen en la doctrina bíblica de la
Segunda Muerte, pero sí en la doctrina pagana del infierno.
Por lo demás, es de notar que solo las culturas de fondo
católico-evangélico más secularizadas impulsan los sistemas
carcelarios, y me parece que ello obedece a la introyección en el
inconsciente colectivo de los falsos conceptos y temores
relacionados con el infierno y con el resto de la topología
pagana del más allá. Aún así, es curioso que la antigua cultura
judía no haya tenido cárceles; solo tenía la pena de muerte que
Dios exigía.

Dios es justo, pero su principal cualidad es el amor (1 Juan 4:8).
“El Señor es bueno con todos; él se compadece de toda su
creación” (Salmo 145:9, NVI). Y lo único que pide a cambio es
que lo amemos con todo el corazón y le guardemos todo el
respeto y el agradecimiento posibles.
Quienes llegan a creer que ciertas almas sufren en el infierno
sienten por Dios un angustioso temor, al que mejor podríamos
llamar miedo. Pero esto no tiene que ver nada con el verdadero
temor de Dios. Este temor no es un terror paralizante hacia
Dios, sino un profundo sentimiento de respeto por el Creador
que nos impide hacer cualquier cosa que le desagrade. Este es el
sano temor que llegan a desarrollar quienes conocen la verdad
sobre su carácter y llegan a conocerlo y amarlo personalmente.
Como dice el Salmo 111:10: “El principio de la sabiduría es el
temor del Señor; buen juicio demuestran quienes cumplen sus
preceptos”.
Así es: el profundo amor, gratitud y respeto reverente que
sentimos por el carácter de Dios ―y no el enfermizo miedo al
infierno― es lo que debe motivarnos a cumplir su buena
voluntad. Si así lo hacemos, podremos disfrutar de felicidad sin
fin. Como escribió el salmista: “Dichosos todos los que temen al
Señor, los que van por sus caminos” (Salmo 128:1).


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Otros temas y preguntas a
considerar:


1. Si la idea tradicional del infierno es falsa, ¿por qué la
creen y la enseñan los líderes religiosos de las
diferentes denominaciones? ¿Existe algún motivo
ideológico metadoctrinal detrás de esta enseñanza?

2. ¿Dónde está el Lago de Fuego en el que se experimenta
la Segunda Muerte? ¿Puede estar en el centro de la
Tierra?

3. ¿Todo lo expuesto en esta monografía nos está
conduciendo a la idea de que el “Lago de Fuego” no
literal hace referencia a alguna tipo de estructura
cósmica como, por ejemplo, los agujeros negros?

4. ¿Qué pasará con aquellas personas que nunca habrían
escuchado el Evangelio ni recibido la oportunidad de
conocer a Dios y a su Hijo y aceptar la salvación?

5. ¿En qué sentido el Señor Jesús, entre su muerte y su
resurrección, “fue y predicó a los espíritus
encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”
(1 Pedro 3:19-20). ¿Fue para darles alguna segunda
oportunidad?

6. ¿Qué es la “primera resurrección” de Apocalipsis 20:5-
6? ¿Habrá al menos alguna “segunda resurrección”?
¿Habrá una resurrección general o más bien habrá una
resurrección de los justos separada por un periodo de
mil años de una resurrección final de los injustos?



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Bibliografía

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Sproul, R.C. (1996): Las grandes doctrinas de la Biblia.
Colombia: Unilit.
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ACERCA DEL
AUTOR



Armando H. Toledo es licenciado en psicología por la
Universidad Autónoma del Estado de Morelos (México).
Estudió además filosofía y teología cristianas. En 1997 inició el
ministerio de investigación y docencia de La Universidad
Cristiana Libre (La UCLi). Ha publicado artículos de corte
teológico y filosófico en varias revistas de circulación
internacional y sitios Web (www.google.com / buscar: Armando
H. Toledo). Visite las bibliotecas virtuales del profesor A.H.
Toledo en: www.scribd.com; www.academia.edu, y
www.researchgate.net.


Haga contacto en:


a.h.toledo@hotmail.com
n.paradigm@hotmail.com


01-737-373-18-24

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